All language subtitles for Así en el cielo como en la tierra (1995)1h37Com

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Original subtitles

¿Quién va?

El alma de Luis Matacanes.

¿Y de dónde viene usted?

¿Del mundo?

Yo no diría tanto.

Depende de las cosas. De la provincia de Albacete.

Vengo porque el apocalipsis me ha pillado.

¿Tan pronto?

No me diga.

A mí es que me ha ahorrado enseguida.

El día que estaba flojo, falta de vitaminas o el mismo alcohol que me

gotica.

¿Y usted quién es?

Yo soy San Pedro.

¡Hombre, San Pedro!

Pero bueno, tanto gusto, me alegro de conocerlo.

No, no, no, no cruce todavía.

Antes tiene que decirme cómo ha sido su tránsito a esta vida.

Pues sí, señor, yo se lo cuento todo.

Yo estaba borracho cuando oí por mis adentros ¡el apocalipsis! ¡el

apocalipsis!

Y como ya no tenía un duro para seguir bebiendo, pues me dejé llevar.

Y eso es todo.

¿Puedo pasar ahora?

Antes tienes que decirme si has sido bueno o no en la otra vida.

Yo bueno, un alma bendita.

Bebía por lo que beben todos los pobres.

Ya sabéis.

Pues por la injusticia, por la incomprensión, por la propia mujer de

Pero yo no he hecho daño a nadie.

Entonces venga para acá y me cuenta con detalle lo del apocalipsis, que no lo

tengo yo del todo claro.

Usted me va a perdonar, jefe Falco.

Pero ¿y qué se nota que sucede a San Pedro? Vamos a ver.

Mire, mire, mire, mire, mire.

¿Y ahora qué?

¿Por qué habré dudado yo?

Encáñenme a la palabra.

No se preocupe, al mar el cántaro.

¿Quién no duda alguna vez?

Oiga, otra cosa.

¿No estará por aquí el que le diese por casualidad?

Yo tenía ilusión de verle.

Esa es tontería.

Mira usted, aquí viene gente a un tono igual.

¿Y este es el cielo de verdad?

Sí, señor.

Hombre, tanto hablar del reino de los cielos, del reino de los cielos, a mí me

parece un poco exagerado, visto lo visto. Hombre, es que este es el cielo

queda justo, justo encima de España.

¿Me entiende?

Si quiere, un fin de semana nos acercamos al cielo de al lado, al de

Y a ver usted qué comercio y qué mujeres tienen allí.

Muy distinto.

Y esta es la Plaza Mayor.

No es que tenga mucho mérito, pero a lo largo de aquí nos gusta.

¿Y de cuándo es el cielo?

¿Del tiempo de los moros?

Yo llevo aquí casi dos mil años, pero los del Antiguo Testamento llevan más.

Últimamente hemos puesto rumbrado eléctrico, alcantarillado, agua en las

Lo que pasa es que como Dios se empeña en que a los ricos...

pasen por ojos de agujas antes de entrar aquí, pues nos llegan muy pocos. Y el

ayuntamiento anda siendo un duro.

No le gusta a Dios que hagamos estas cosas así, a lo tonto.

Pero es que me da rabia, hombre, que piense usted que la plaza está siempre

sosa.

Este es el mercadillo de los jueves. Lo que más se vende son piononos, huesos de

San Espíritu, estampas, también muchas, y reliquias. Por ejemplo, los santos

compran estampas o reliquias de las santas y al revés.

Luego se las regalan unos a otros.

Una vez vino un santo austriaco a comprar una reliquia suya, de él mismo,

presumir, se supone. Y lo mandamos al purgatorio.

Por chulo.

Bien hecho.

Me gustaría presentarle a Dios cuanto antes, pero a estas horas está todavía

echado, porque por las noches duerme fatal, ¿sabes?

Bueno, puestos a hacer tiempo, lo mismo hay un mar.

Cerrados.

Yo lo decía por tomar algo, porque en todo el camino es que no había ninguno.

Ande, venga conmigo, que le voy a hacer ahora una salida de misa de doce, que

también es muy bonita.

La misa de doce es la que dice Jesucristo nuestro Señor en persona.

Y tiene un éxito.

Y es en nuestro Señor Jesucristo.

Anda, que no tiene delito.

Tenían que vernos los que dibujan las estampas.

Vamos a este.

Muchísimo mejor.

¿Qué hacen las mujeres estas?

Las malas lenguas.

Que también aquí las hay.

Menos que en el mundo, pero las hay.

Dicen que aprovechó la resurrección para quitarse años.

Pero eso es mentira.

Pero bueno, hay dos setas, ¿no?

Hombre, lo que pasa es que uno puede eternizarse a los 30 o a los 60 y

como me pasó a mí.

Ahora sale la Virgen María.

María Magdalena.

y la mujer del Cebedeo, que es la madre de San Juan Evangelista y de Santiago el

Mayor.

Todo esto es maravilloso, magnífico, primitivo de todo, de la

historia... Perdóname, yo estoy seco, por favor, lo juro.

No, no, no, no.

El bar no lo abro yo con estas manecillas.

Se entera Dios de ella, estamos en milagros en esas cosas.

Y se nos cae el pelo.

Y menos he estado como están los nervios esta temporada.

¿Dios está mal de los nervios?

Anda.

Dios Padre había fijado su aguante, ya cuando era creación, en un grupo

determinado de blasfemos, otro de ateos y otro de agnósticos.

Pues bueno.

En 1815, año más o menos, los tres cupos se habían colmado con creces.

¿Y sabe lo que hizo Dios?

Tragar.

Dios trajo.

Pero en los últimos tiempos están pasando cosas que... Lo de Lopus, por

el papa este, o el hecho de que guste Julio Ilecha sin ir más lejos, total que

una mañana decidió cortar por lo sano.

A ver, venga.

Se ha terminado el pleno de este excelentísimo ayuntamiento.

Vayan levantando el campo que se ha desarrollado.

¿Quiere usted algo de mí, padre?

Nada, hijo.

¿Come con tu madre?

No, como con un amigo.

Hace tiempo que no nos vemos.

Dale recuerdos y le conozco. Pero hazle caso a María de vez en cuando.

Siempre que me ve se queja de lo abandonada que la tenemos.

Muy bien, padre.

¿Y usted qué tal anda?

¿Quiere que me pase luego por su casa y le haga una visita?

No, te lo agradezco mucho, pero esta noche he dormido fatal y me voy a meter

la cama en cuanto despache las cuatro cosas urgentes que quedan. Ah, por

que no se me vaya el arcángel San Gabriel.

¡San Gabriel!

Ven un momento, que quiere hablar contigo mi padre.

Esperamos la vizcaína.

Yo pago unos chetes.

¿No te ibas?

Ah, sí.

Hasta luego.

Adiós, hijo.

Hasta luego.

Ya te habrá llegado porque aquí todo se sabe que tengo un disgusto enorme.

Y estoy dispuesto a tomar medidas para que la cosa no llegue a más.

Pues la verdad, ahora mismo no caigo.

¿Cuánto tiempo hace que no bajas al mundo, Gabrielito?

Uy, la tierra.

1962 años, Padre Eterno.

Sí, hace mucho tiempo.

Pues aquello anda manga por hombro. Un desastre.

Y yo tengo la sensación de haber hecho el tonto. Pero el tonto, tonto a

conciencia. ¿Pero qué cosas dice? No es por consolarlo, pero yo creo que no es

para ponerse así.

Al fin y al cabo, usted les dio el libre albedrío.

¿Y si ellos no saben usarlo?

¿Qué libre albedrío ni qué puñetas?

No vengas con filosofías, Gabrielito.

Si supieras la desandeces que han inventado con lo de la creación.

Que si hice al hombre así o asado, que si la luz se hizo de no sé qué manera.

Claro, luego llegan los científicos, les echan por tierra todas las teorías y a

mí me ponen a caer un burro.

O sea, que va todo fatal.

Pero fatal, fatal.

Así que voy a darte trabajo.

No se preocupe, usted a mandar.

¿Tú te has preguntado alguna vez de qué me valió a mí mandar un hijo al mundo?

Le tuve 15 o 16 años predicando de la ceca a la meca. Se hartó

de hacer milagros.

Inventó no sé cuántas parábolas preciosas, por cierto.

Yo de comer al hambriento.

Yo de beber al sediento.

Y a última hora...

Me lo ponen hecho un excehomo, se lo cargan y me lo devuelven. Me quedaba

lástima verlo.

¿Y de qué ha servido todo esto?

Dime tú, Gabrielito.

Pues la verdad no sabría qué decirle al Eterno. Claro, ¿tú qué vas a decir?

Tú ya tienes bastante con pasear el palmito por la Plaza Mayor, ¿eh?

Y presumir para que te vean las santas y las muertas que te he visto yo.

Yo le pido perdón, pero es que... No te preocupes, hombre.

Estás en la edad.

Yo lo que quiero es tener otro hijo.

Menudo disgusto que se va a llevar Cristo cuando se entere.

Pobre hijo.

La verdad es que no hemos parado de meter la pata con él.

Tenía que haber nacido en Roma.

Pero nos dio miedo.

Una ciudad tan grande, con tantos dioses.

Queríamos algo más recogido, más familiar.

Y nos pasamos.

De viaje, en un PCR.

Y después, pobre de pedir.

Sin una mujer que lo animase en su carrera.

Él se defendió como gato panza arriba el chaval.

Menudo labio.

Menudos milagros mal bien hechos.

Pero a última hora... Un despide.

Exceso de confianza.

Esta vez voy a tener el hijo aquí. Lo voy a educar a mi manera.

Voy a estar más encima de él.

En realidad esta vez voy a ser yo el que se ocupe de todo personalmente.

Buenos días.

Aquí lo tienes.

¿Se creía tu padre putativo que te había olvidado lo de la comida?

No, pero va.

Es que está un poquillo liado.

Pues, yo me voy.

Quédate a comer si quieres. Hay de sobra. He hecho migas por regimiento.

No, no puedo.

Tengo que sentar con la banda a primera hora de la tarde.

Además, así hablo yo de vuestras cosas.

Otro día, ¿eh? ¡Hala! ¡Hasta luego!

Adiós.

Siéntate un segundo y dale un tiempo a porrón.

Ahora mismo comemos.

¿Traes hambre?

Ninguna. ¿Y eso? ¿Tú qué eres tan comiente?

¿Te pasa algo?

Que Dios quiera tener otro hijo.

No me digas, no es posible.

Ah, pues conmigo que no cuente, ¿eh? A mí no me pilla dos veces, de eso nada.

Bastante he pasado yo con lo que he pasado.

Mira tú, este es el primero del apocalipsis.

Hombre, ya van llegando. Este nada más.

Pero no lo digas hasta que no hablemos con Dios.

Yo, mutatis mutandis.

Venga, ¿qué se bebe? Bermuda o ginebra es lo que tomo yo.

¿A estas horas?

¿Cuándo invitan? Como esto no depende de uno.

Aquí de alcohol, vino o cerveza, no hay más.

Pues me voy a tomar unos vinitos, que en el fondo es lo más sano.

No lo entiendo, padre, de verdad.

Si ahora va a tener otro hijo, ¿para qué bajé allí y me dejé la vida?

Este es el pago por andar yo diciendo por ahí que si Dios es amor, que si es

padre de todas las criaturas, el del Antiguo Testamento, ese es el que es

No hay derecho, hombre.

¿Y tu madre?

Menudo papelón para tu madre también.

Mira, chico, yo no me lo tomaría tan a lo tremendo.

A los hombres es que enseguida os entra el orgullo y... Pero, madre, que hay una

civilización entera basada en que yo soy el hijo único de Dios.

Que me crucificaron, que resucité y que salvé a la humanidad.

La redimirte del pecado.

Bueno, para ti la perra gorda. La redimí.

Pero duró muy poquito.

Durase lo que durase.

A mí me clavaron.

Me escupieron, madre.

Me dieron vinagre.

Me dieron bien.

Y al que venga le harán lo mismo, ¿qué te crees?

En cuanto que se descuide Dios.

Por cierto, ¿te has leído el Apocalipsis?

¿El Apocalipsis? Dice usted.

Oye, San Juan Evangelista, vamos a ver.

Tal y como está el texto del Apocalipsis, yo se lo doy ahora mismo a

¿y tú crees que lo entiende?

Pues creo que sí.

Pues yo creo que no.

Las entendederas de Dios, a su edad, no son las de hace unos siglos, ¿sabes?

¿Qué le parece la paillita?

Excelente, majo.

Vale, pues ahora decimos los platitos y a comer.

Que aproveche.

Si Dios está harto de su creación, lo que tiene que hacer es quitársela del

medio. El apocalipsis, esa es la solución.

¿Y tú, Juanito?

¿Podrías ponerme el dichoso librejo en prosa para que lo entienda mi padre?

No, no, no, no puedo.

No puedo.

Es poesía.

¿La poesía si la tocas?

Mira, Juan, no me fastidies.

¿Ya has parado a pensar que ese otro hijo podría muy bien ser el famoso

anticristo, engendrado además por el mismo Dios?

El anticlisto.

Tú hace tiempo que te tienes muy creído a eso del evangelista poeta.

Y más que lírico, estás resultando un poco novelero, ¿no te parece?

Pero sí.

Apocalipsis. Seguro que le gusta.

Pero si luego no entiende lo que dice el libro... Lo del Espíritu Santo ya se

entiende mal porque... ¿Qué necesidad hay del Espíritu Santo?

Ninguna.

Un gasto más.

Que Dios está viejo, doctor.

Está solo, se aburre.

Cree que nadie le hace caso y no sabe qué inventar.

Otro hijo.

Menudo disparate.

¿Por qué vamos a ser el cuarteto divino?

Eso si no me despiden a mí.

Bueno, nosotros es que... habíamos superado claramente los problemas del

único.

Pero claro, no estábamos preparados para asumir los del primogénito,

ya mayor, al que le vino el maní.

Anda, ¿y tú qué haces aquí?

¿Qué hago?

Ahora te lo digo.

Dios te salve, Lola Fajardo.

Llenares de gracia. El Señor es contigo. Ah, no, no, no. A mí no me anuncias tú,

¿eh?

¿Pero qué dices, insensata? Si esto es cosa de Dios, tú no puedes... Anda, que

sí puedo. Ya lo estás viendo.

Soy yo muy joven para anuncios.

Pero si Dios quiere... Lo mismo me da.

Mira, Lola, a mí no me ríes.

Yo soy un mandado. Y lo de que el Espíritu descenderá sobre ti y todo eso,

que decírtelo.

Di lo que quieras. Yo cierro los ojos, me tapo los oídos, digo la, la, la, la,

la, la, la. Y como no te veo ni te oigo, se acabó el anuncio.

Bueno, pero de verdad no quieres ser madre santísima del segundo hijo de

Ni por pienso.

Bueno, bueno, chica.

Me dejas de piedra.

¿Qué tal esta cena?

Muy bien, madre.

Aquí está.

Que me han entretenido.

¿Sabes que te querían hacer madre santísima del segundo hijo de Dios?

Qué poca vergüenza.

¿Quién ha sido el ángelos?

Como le pide un día.

Aunque hay que reconocer...

Que no todo eran dificultades y negativas para Dios.

Mariví, hija, muévete un poquito para que te vea el arcángel San Gabriel.

Haz un debole con gracia, hija.

Vale, pues ahora toca un poquito el piano.

No va a encontrar otra, se lo digo yo.

De orden de Dios Padre se hace saber que lo mismo que se está buscando virgen, a

lo mejor pudiera hacer falta buscar un San José.

Y que lo primero de todo esto se haría de entre los que lleven más tiempo

apuntados en el paro.

Después con los jubilados y luego ya con los demás, de los que queden por ahí.

Pues a mí me han ofrecido ser la Santísima Madre del Segundo Hijo de Dios

dicho que no. ¿Que has dicho que no?

Pues Dios te va a castigar.

Pues parece poco castigo vivir en este pueblucho.

Es que nadie os ha contado lo que se hace en el cielo de Francia o en el

purgatorio, si no es más lejos.

Oye, Mariví, perdona. Vengo todo el camino dándole vueltas a un asunto.

¿Tú eres virgen de verdad?

Conceptualmente, sí.

¿Conceptualmente? No me jodas, Mariví.

Y ahora se empeña en que yo mire por aquí para vigilar el mundo y yo por ahí

veo nada.

Bueno, vamos a ver qué nos ha traído esta mañana Gabrielito.

¿Y esto?

Traigo dos, Padre Eterno.

Es que habría que elegir.

A ver si me explico.

Las virtudes que no tiene una, las tiene la otra.

¿A qué cosas dices?

Todos sois distintos.

Esa es la grandeza de mi creación.

No querrás ponerme en un dilema.

Sería absurdo.

¿Tú cómo te llamas, criatura?

Marivis y Fuentes Dios Padre.

¿Y qué problemas le ves tú a Marivis?

¿Problema? No, ningún problema.

¿Entonces?

Esta otra chica se llama Amparo.

Anda.

Saluda a Dios.

Hola, hija.

Tanto gusto en conocerte.

¿Podéis salir un momentito para que yo hable con el amigo Gabriel?

¿Se puede saber qué apunienta se está pasando aquí?

¿Quieres que te sustituya el arcángel San Rafael?

La verdad, Padre Eterno, si es que estoy encontrando muchas dificultades.

Para traerle el género que usted merece.

Algo que me guste a mí.

¿No está a tu gusto la mariví?

Sí, claro.

Pero... Sí, es que esta chica veranea con su familia en el cielo de Francia, a

la altura de Biarritz.

Y... Bueno, en resumen.

Que ha vuelto de ahí virgen, pero solo conceptualmente.

¡Qué barbaridad!

¡Pero qué disparate!

Y no hay más vírgenes en todo un cielo.

Si es que no quieren que las anuncie, Padre Eterno.

¿Cómo que no quieren?

¿Quién no quiere?

Coño, el otro día la Lola Fajardo, sin ir más lejos, empecé a anunciarla y me

dejó con la palabra en la boca.

¡La Lola!

salir, que está en la cama.

Me da lo mismo, dígale que baje.

Uy, buena es, como para irle con exigencias.

Usted dígale que está aquí la ira divina.

¿Quién? La ira divina.

Ah, la ira divina, perdóneme, no la había reconocido.

Voy a ver qué dice.

Que suba usted si quiere, pero que ella no se mueve.

Pero no ve que si subo.

Tengo que romper los cacharros, tirar los muebles y pegar patadas a las

Soy la ira divina, señora. ¿No se da usted cuenta?

¿Quién está ahí?

Que no os voy a pegar, somemos. Que hoy no va a la guerra con vosotros.

¿Tú crees que le puedes decir adiós que no así como así?

¿Quieres ver que te he reo de guantazos?

¿Pero en qué estáis pensando las mocitas de hoy en día?

¿Tú por qué le dijiste a Dios que no, si se puede saber?

Pues porque soy muy joven. ¿Y qué?

Que Dios está muy mayor, que no me gusta.

¿Que no te gusta Dios?

¿Pero qué pasa? ¿Que aquí no se puede hablar con sinceridad o qué?

¡Baja inmediatamente!

Entonces soy una persona mayor, chica.

Y luego la posición que tiene este hombre, que es que es Dios, criatura.

Ya, pero no sé, no sé. Por eso, porque no sabes, me tienes que hacer caso a mí.

Mira, tú le dices que sí a Dios, te anuncia el arcángel y tienes el crío.

Lo demás ya lo hace la historia sagrada.

No sé, de verdad.

Es que no sé.

Bueno, pero en el caso que dijese que sí, el San José me lo busco yo, ¿eh?

¿De verdad no te importa?

Hombre, padre, claro que me importa.

Es una decisión que pone patas arriba toda la historia sagrada.

Habrá que hacer arreglos en la teología, ver cómo se resuelve lo de la Santísima

Trinidad, establecer si se le crucifica o no.

No, este no va a tener nada que ver contigo.

De entrada, va a nacer aquí y lo voy a educar yo.

Solo cuando esté maduro... Caerá a la tierra por su propio peso, dará una

conferencia en la ONU y convencerá a todos los hombres de que sean buenos.

Algo... algo así.

¿Qué te parece?

¿Correcto? Chico, no sabes la preocupación que me quitas de encima.

¿Y cómo se va a llamar el crío?

¿Lo va a bautizar también San Juan?

Hasta ahora no tenemos madre.

San Gabriel lo encuentra.

No me diga. ¡Qué disparate!

¿Cómo es posible que no haya nadie en todo el cielo para madre de...? Porque

esto será también Dios, ¿no? Igual que yo.

Bueno, eso no tiene que serlo.

Fíjese si yo siéndolo, le fallé como le fallé.

Cualquiera manda a uno que no lo sea. Tú no fallaste en nada, hijo.

No, claro.

Por eso tiene que mandar ahora a otro.

¿Por qué no fallé? Que no, de verdad.

Fui yo el que metió la pata.

¿Oírte todo mal?

Hombre, no tan mal como acelerar los escritos desde el Génesis para acá.

Pero mal, muy mal.

Mire, padre, usted no tiene por qué cargar con el muchuelo.

Bastante hace con pagarme el psicoanálisis.

No me salieron las cosas bien, punto.

¿Por qué no me salieron bien?

No lo sé.

O no supe explicarme, o fui poco diplomático.

Aunque también hay otra manera de verlo.

¿Cuál?

Echarles las culpas a los hombres.

¿Qué? No son libres.

¿Libres? Mira, hijo, yo... Hay palabras que no... Libertad.

Bueno, aceptemos que son libres. Pues entonces, si hacen las cosas que hacen

siendo libres, la culpa es suya.

No seas injusto, hijo.

¿Tú no crees que nosotros podríamos haber evitado el mal y el dolor del

¿Por qué sufren los niños, por ejemplo?

Por el pecado original, padre, no le dé vueltas.

Se quita el dolor como se distingue el placer.

Se quita el mal como se sabe dónde está el bien.

Mira, hijo, yo a estas horas no tengo ya la cabeza para estas exquisiteces.

Un buen apocalipsis no hace mal a nadie.

¿Un qué?

El apocalipsis, padre.

¿No leyó usted el libro que escribió San Juan Evangelista?

Uh, sí, hace mucho tiempo.

Me lo regaló alguien por mi cumpleaños.

Pero creo recordar que un buen apocalipsis, un apocalipsis como Dios

costaba un dineral.

Aquí no tenemos presupuesto para eso.

Que sí, hombre.

Tampoco hay que seguir el libro al pie de la letra. ¿No ves que es poesía?

Aparte de que cuando se escribió eran otros tiempos.

Y es el Dios no digamos.

El acabose.

Con decirte que yo cenaba casi todas las noches del restaurante.

No le dé más vueltas.

Un buen apocalipsis es la mejor solución que hay.

No es bueno a disfrutar de nuestra presencia eternamente.

Los malos, al hoyo, a quemarse.

Muerto el perro, se acabó la rabia. Ve que fácil.

Claro.

Visto así... Nunca sabré por qué he metido a mi padre en lo del

apocalipsis.

Venganza por el calvario que me hicieron vivir.

Miedo a que otro Mesías lo hiciera mejor que yo.

Terror a que los nuevos capítulos de la Biblia...

de dejarse por ahí arrumbado como Avalú, Nahum o Abacú.

Ay, pero lo he hecho, lo he hecho.

Toda biografía la mía.

De orden de Dios Padre, a los muertos y las muertas, los santos y las santas,

los ángeles y todo el que lo oiga.

Que hay que empezar a prepararse para el apocalipsis.

Que como el libro donde viene el apocalipsis se entiende mal, San Isidoro

a explicar en la escuela para los hombres.

Y la Virgen María, nuestra madre, para las mujeres.

Y no hay más que rascar.

¿O sea que ya no quiere Dios tener otro hijo?

No, señorita, ya no quiere.

Pues yo venía a decirle que sí, que podía anunciarme el ángel. Es un

honor

para nuestra Asociación de Muertas Recientes tener hoy aquí

a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, que ha tenido a

dirigirnos la palabra.

Me alegro mucho de estar aquí, porque ya sabéis que por H o por B, que si la

casa, que si los críos, terminamos viéndonos los domingos en misa y poco

Quizá pueda asegurarse que las mujeres siempre hemos sido más inclinadas al

apocalipsis que los hombres.

Que ya sé que yo no tendría que estar aquí a no ser muerta reciente, pero...

Como ustedes conocen mejor el género de ahí abajo, pues quiero que me aconsejen.

Yo había hecho ya el ánimo de tener un hijo de Dios, pero él se ha echado atrás

a última hora.

Y ahora, pues me ha entrado el gusanillo y yo no sé si cargar con alguno de aquí

o esperar a ver lo que viene del apocalipsis.

¿Ustedes qué opinan?

Así que empezamos a hacer todo lo necesario para sacar adelante un

Bueno, vamos a ver si nos aclaramos a Pedro.

La red es colorada. Eso salta a la vista.

Y las blasfemias esas que tiene que llevar por el cuerpo, esas se las pinto

No hay ningún problema.

Ahora bien, si usted me dice que el bicho tiene que tener siete cabezas y

cuernos y que tiene que subirse encima de una puta, eso, mis sargentos, ni esta

cabra ni ninguna atrás del pueblo.

Porque vamos a ver qué tamaño tiene la puta.

Si es que además las siete cabezas...

Tienen que ser siete montes sobre los que hay una ciudad.

Babilonia, creo.

Y los diez cuernos son diez reyes.

No me preguntes cómo, pero son diez reyes.

Lo que yo le digo, eso no lo encuentra.

¿Dónde lo encuentra usted eso?

Venga, ir afinando.

Lo que más interés ponían en los ensayos eran los angelitos, los pobres.

Como sabían que el hueso de la batalla iba a caer sobre ellos.

Ya estoy con vosotros.

Por ejemplo, ¿tú qué papel haces?

Yo el del trompeta número cinco.

O sea que tienes que tocar de tal manera que... Escúchame bien, ¿eh?

Luzbel abre las puertas del infierno.

Sale un humo espantoso que se convierte en langostas que pican

como alacranes.

Que parecen caballos.

Y tienen dientes de león, cabellos de mujer y cabeza y cara de hombres.

Anda, anda, toca, a ver.

Deja,

deja.

¿Y tú quieres ir tocando de esta manera?

Vas a abrir las puertas del infierno y van a salir langostas como caballos. El

infierno me lo pueden abrir antiguos compañeros que tengo yo allí, oiga.

Que no.

Que hay que abrirlo con una trompeta.

Que esto es el apocalipsis, hijo.

¿Y por qué no te pasas a los que vierten cálices, eh?

Señor mío, Jesucristo, perdona.

¿Queda algún puesto libre aquí?

Es que vengo de ensayar con la trompeta, pero no consigo abrir el infierno y que

salgan langostas como caballos con dientes de león y no sé qué más. Es que

si hay plaza.

El sexto a última hora no ha venido, señor.

¿Quieres tus horas seis?

El número me da igual.

¿Qué es lo que tengo que hacer?

La prueba es, tienes que derramar el cáliz en el río Éufrates.

Entonces se seca para abrir camino a los reyes que vienen del oriente.

Después, de la boca del dragón, de la de la bestia... Y de la del falso profeta

salen tres ranas y éstas convencen a los reyes de todo el mundo para que entren

en batalla.

No voy a poder tampoco.

Me va a pasar lo mismo que con la trompeta.

No, porque mientras encuentro o no encuentro el río Eufrates, seguro que se

cae la mitad de lo que lleve la copa.

Y luego pongamos que encuentro el río, que acierto desde lo alto a echarle lo

que quede del líquido y que el Eufrates se seca.

Pero qué sé yo si las ranas van a convencer a los reyes, oiga.

El que elija la rueda de molino tiene que agarrarla, llevarla en volandas

el mar y allí tirarla.

¿Voluntarios?

Los que no queráis la rueda de molino os vais a ir con San Miguel Arcángel a

luchar contra el dragón.

Lo advierto, ¿eh?

Tú, por ejemplo, ¿qué prefieres?

No, no, no, no se preocupe por mí.

Yo vengo a mirar nada más.

¡Apocalipsis!

¡Apocalipsis! ¡Fin de la historia!

¡Fin de la historia!

¡Cuidio final y carne resurrecta!

¡Cuidio final y carne resurrecta!

No sé lo que quiere decir resurreta, pero sí sé lo que quiere decir

Venga, chao. Que al fin todos estemos reunidos y de una

vez los buenos de los malos

separar.

Ahora todos, apocalipsis.

Apocalipsis. Fin de la historia.

Fin de la historia.

Juicio final y carne resurrecta.

Juicio final y carne resurrecta. Yo lo siento, buen hombre, pero estoy

el apocalipsis, que no crea usted que es fácil.

Y aquí de uno en uno me apaño divinamente, pero cuando sean miles y

dirá usted como abarco.

Y con el himno a disto rey, interpretado por la banda, pusimos fin a los

ensayos.

La cosa está en que esta dice que si a 49 le quitamos 13 nos quedan 36.

Y yo digo que no lo sé.

¿Y?

Si una de las dos sabe restar y la otra no.

Las dos le están diciendo la verdad.

¿Dónde está el litigio?

Que no sabemos si hacemos bien diciendo esas cosas.

Porque ella asegura que lo mío es orgullo.

Que porque tengo yo que decir que si a tantas le quitamos tantas, nos quedan

tantas. Y yo digo que lo suyo es falsa modestia.

Tanto no sé, tanto no sé.

Ah, bueno.

Ustedes lo que quieren es que contemplemos el aspecto moral.

¿Todo listo?

Todo preparado, Padre Eterno.

Y bien preparado, me imagino. Lo mejor que se ha podido.

Espero le salga bien. Bueno, es que si no... No pueden esperar ahí fuera un

segundo. Pero no se vayan, ¿eh? Que el suyo es un caso de mucha sutileza moral

quiero resolverlo.

En confianza, Simón Pedro.

Hay garantías de que esta vez no meteremos la pata.

Hombre, garantías.

Usted sabe mejor que nadie que nos han faltado medios.

Pero si eso le tranquiliza, el mismo San Juan Evangelista nos ha dicho que no

hay que seguir el libro al pie de la letra.

No iremos a hacer el ridículo.

No creo, no, no.

No sería mejor ensayar más.

Qué va, hombre, qué va.

Ya hemos ensayado bastante.

Lo peor es pasarse, porque si se pasa uno de ensayos, entonces todo queda

Es mejor así, vivo, de verdad.

Valeriana, tómatela toda, verás que bien duermes.

¿Qué miras? Una araña.

Está ahí, meticulosa y precisa, tejiendo su tela.

¡Qué arco, por Dios!

Ven.

Vamos a ver esa arañita.

A mí me entretiene, fíjate.

Vas a dormir como un tronco.

Y no se atengue, que ya verás como todo va a salir sobre ruedas.

Duérmete, hijo.

Duerme, mi amor.

y yo te veo,

no habrá temor.

Duérmete, hijo, podrás soñar

con mercaderes para

sudar, con magdalena a

quien perdonar.

Y el primo Juan sin

decapitar.

Mañana nos la jugamos otra vez, amigo mío.

Yo sigo pensando que era más seguro lo de un segundo hijo, educado como Dios

manda.

Quizás menos hablador que el primero, todo hay que decirlo.

Más eficaz.

Más moderno.

Porque si esto nos sale mal, ¿qué podemos hacer?

Morirnos de vergüenza.

Y también morir, Jesús.

Pocas noches más verán los siglos.

Habrá que pensar qué hacemos.

Con este amasijo de estrellas y planetas que estos vendrán encima.

Buscarle alguna utilidad.

Vendérselo a alguien.

Ahora, sal a darte un buleo, que estarás harto de jaula.

Solo de vergüenza, solo de pesar que esto pueda acabar.

Menuda esferrona.

Padre, padre, aparta de mí este cáliz.

Yo estoy pasando una noche toledana.

La mañana siguiente, a las 8 y cuarto en punto, a la hora que yo había dicho,

empezó el desfile de los que se iban al apocalipsis.

Que se lo llevan, que se lo llevan.

¿Decimos algo?

¿Qué vas a decir?

Que no me parece bien una saeta ahora.

Lo mismo es orgullo mal sano.

Significarse así, Evangelina.

Bueno, pues no diré nada.

Esa señora es prostituta.

¿Qué te lo has creído? Esa señora lo que es es puto, es un tonto.

Resurrecta es latinismo. El participio vacío es el verbo resucitar, que

significa resucitar.

Pues que Dios me perdone, pero ahí no va suficiente personal para hacer todo lo

que hay que hacer en un fin del mundo.

¡Estáte quieto, Moisés!

Te voy a romper el callado, ¿sabes? Te lo voy a romper y lo voy a tirar a la

basura.

¿Cuántas veces te hemos dicho que eso es soberbia?

¡Que no hay que hacerlo!

Y menos hoy, que andan los nuestros con el apocalipsis en danza.

¿No te das cuenta de que se los puedes estropear?

¡Qué pesadito se pone el Moisés este!

¡Andes! Esto era un mar estupendo.

Pero rió Moisés por abrir las aguas y cada dos por tres se le olvidaba

cerrarlas. ¿Se acuerda usted de las inundaciones de Bangladesh?

Un retraso de un cuarto de hora de juntarlas.

Así que Dios dijo, fuera mar, un río.

El que quiera pescar, que pesque barbos.

Y entonces dije yo, nanay de barbos.

Y me metí, era buen decir.

Bien hecho.

Sí, pero me han salido juanetes por el carzal.

Fuese una venganza del viejo Moisés y su manía con las aguas, o fueran llantos

que nos subían del mundo ante su inapelable final, en el cielo no paró de

en varios días.

Eso sí, en cuanto claveó, Doña Asunción vino al despacho de Dios.

A plantear sus quejas.

¿Y me va a decir usted ahora mismo que tiene de malo mi mariví?

Señora, aquí no se grita. ¿Quiere que intervenga? Usted no se meta donde no lo

llaman. Quieren estarse quietos los dos.

No sé si usted sabe, señora, que desde que estuvieron en el cielo de aquí al

lado... Aquello sí que es un paraíso.

El reino de los cielos. Y huele a gloria.

Como usted diga, señora.

Pero que sepa que desde que volvió de Biarritz el verano pasado, su mariví es

virgen solo conceptualmente.

No sé si me entiende, por ir tanto a Francia.

Esta vez pósalo con sifón.

Mucho sifón y poco vino.

¿Y eso?

No conocí de ver a Dios bebido.

¿De qué va, abuelo? Si yo estoy acostumbradísimo.

Lo que pasa es que el sifón a mí no...

Ya está puesto.

Verá que bien le sienta.

Sigo explicándole.

Usted, a poco listo que sea, se dará cuenta que con el Apocalipsis se le

encima la resurrección de la carne también.

O sea, que esta vez los espíritus no iban a venir mondos y lirondos, sino con

sus chichas y sus bandejas.

Resumiendo, tenemos que hacerle sitio, meternos en obras en el pueblo.

Pero es que hay una zona de burro, te lo digo yo.

Bueno, la de burro no te la metes atrás, ¿eh? La de

burro se va a morir, pero la de burro tampoco.

Buenas tardes, señora.

Buenas tardes.

¿Usted dirá? Quiero pedirle perdón por si fuimos muy bruscos en el

No se preocupe. Vengo de familia de militares. Ya sé cómo son ustedes.

También quería pedirle que dejase que me sentara porque si le voy a explicar una

cosita un poco larga de contar y tengo problemas con los pies.

Juanete, ¿sabe?

Cuando era pescador no me pasaba como andaba descalzo.

Siéntese, siéntese. Gracias, doña Asunción.

Una vez terminado el apocalipsis y celebrado el juicio final, todo esto, el

cielo, vamos, tiene que ensanchar mucho y convertirse en la Nueva Jerusalén.

¿A qué es bonito?

Sí, puede estar bien. ¿Y eso en qué consiste?

De entrada, volveremos a ser de carne y hueso.

Porque, como usted bien sabe, nos toca la resurrección de la carne.

Pues no sé yo si eso va a ser práctico, fíjese usted.

Porque, ¿para qué quiero la carne yo a mi edad?

Mujer, a su edad.

¿Qué cosas dice?

No sé, para... El caso es, querida doña Asunción, que, como no quiero

molestarla más, bueno, El caso es, querida doña Asunción, que para

Nueva Jerusalén, para construirla como Dios manda... ¿Ha leído usted el

Apocalipsis? No, yo tenía el Misal del Padre Riera.

¡Ah, buen misal! ¡Uh, estupendo!

No, esto no. El Apocalipsis es este otro libro.

¿Si quiere leer aquí, donde le señalo? No, no, si yo sin gafas no veo.

Léalo usted si quiere.

Aquí está.

Capítulo 21, versículo 19 y siguientes.

Leo.

Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados con toda suerte de

piedras preciosas. Y las doce puertas son doce perlas. Y el pavimento

de la ciudad, órbulo.

Aquí lo dice.

Nosotros somos más humildes.

Ya sabemos que no podemos conseguir todo ese material.

Hoy en día, tanta laja vale un capitalazo.

Así que en eso, como en todo, vamos a actuar por aproximación.

¿Usted nos daría sus joyas, señora?

No, quiero que digas esto.

¿Podría usted repetir lo que ha dicho?

Es que necesitamos...

Unas cosas para construir los fundamentos de la nueva Jerusalén.

Y le he pedido a tu madre sus joyas.

Por aquí, San Pedro.

Así tú también, Mariví. Por aquí te vamos a dar las joyas, San Pedro.

Doña Asunción no nos da sus joyas.

No podemos cimentar la nueva Jerusalén.

En verdad, en verdad os digo que no os entiendo.

Pero no os deis cuenta de que todo esto que estáis haciendo es un puro sarcasmo.

¿El qué?

Todo.

¿Cuántas veces os he dicho que el Apocalipsis es poesía y que es imposible

tomarlo al pie de la letra?

Hasta que esta mañana llegó usted.

Pues el Cádiz ese no sé si está aquí o no.

Comprenda usted que es imposible que me quede por los nombres de todos los que

entra aquí.

Oiga, ¿y la Parilín? ¿No le suena?

¿Parilín?

¿Parilín?

No sé.

Entonces, ¿según usted cómo está funcionando?

¿El apocalipsis?

Como un trueno.

Si de lo que se trata es de que usted nos mande a todos para...

Pero siéntese, buen hombre, que me da no sé qué verlo ahí de rodillas.

Muchas gracias.

Perdón, padre.

Pero es que me he enterado que había venido este señor del mundo. Y me

interesaba saber.

Este es mi hijo, Jesucristo.

¡Hombre, hombre!

El famoso Jesucristo.

Yo tendría que haber traído una estampa para que se viese.

De toda diferencia.

Siéntese, siéntese.

¿Y el apocalipsis, cómo lo ha visto usted?

¿Funciona? De eso estaba hablando yo con su padre.

Bueno, y con el apóstol San Pedro.

Que el apocalipsis va muy bien.

A mí es que me ahorró enseguida.

Y oí una voz por dentro.

El apocalipsis, el apocalipsis.

Y aquí estoy.

¿Y los demás?

Ya llegarán, no se preocupe.

Es que a mí me pilló un poco flojo.

Porque... Tengo que reconocerlo.

Es que yo... Bueno, yo me vendé un poco.

Le preparamos el juicio final.

No, no.

Vamos a esperar a que se junten unos cuantos, por lo menos.

Mejor cuando estén todos.

A mí me parece que el que haya venido este señor del mundo, y mucho antes de

previsto, es buena señal, ¿no, padre?

Que sí, que es verdad, que ha venido uno, un señor, un señor,

pero el juicio final no se va a hacer hasta que no estén todos, para que no

tanto gasto.

Y tampoco se sabe si van a ir llegando de uno en uno, en grupos, ni a qué hora

llegan. De todas maneras, lo vamos a sacar antes de comer a darle una vuelta,

por si queréis verlo.

Ahora es que está hablando con Jesucristo y con su Padre.

Ven, ven a verlo.

En mi vida me han tratado también.

Aquí está uno en la gloria.

Allá abajo, o tienes cuartos o no te comas cuartos.

Quiero decir, por la costa.

¿Qué vino? ¿Miro, claro?

¿No?

¿A usted usted va a mi Julián que iba en lo del apocalipsis? No sé nada, no lo

he visto.

Lo mío fue mayormente oír.

Oír una cosa así por dentro.

¿A usted?

Es que mi Julián iba en un muro haciendo de jinete, de peste.

De los cuatro que iba en el más apañado.

Moreno él, fuerte.

Pero como hacía mucho que no se montaba en caballerías, pues tengo miedo de que

pueda pasarle algo.

¿Qué le va a pasar, señora?

Vaya usted tranquila.

Dale.

Oiga, buen hombre.

¿Vienen chicos mejor?

Yo no sé. ¿Qué son? ¿Qué buscan ustedes por ahí?

¿Me voy para la tribuna o para los carros? ¡No! ¡Qué buen hombre se va para

carros! ¡Vamos!

¡Vamos, por el amor de Dios!

¡Venga, abre, venga! ¿Y ese cuello?

Vamos a ver ustedes, ustedes por este lado y ustedes por este, como lo hemos

ensayado, vamos a decir ya, vamos.

Buenas tardes.

Hola, buenas tardes.

¿Qué tal hemos hecho el viaje?

Muy bien, gracias.

¿Y por aquí qué tal estamos?

Bien, esperando.

Bueno, esperando.

Oye, ¿qué tal está yendo el apocalipsis?

¿Qué tengo que contestar a eso?

Lo que tú piensas sinceramente.

Sin miedo.

Pues la verdad es que no tengo ni idea, ¿para qué mentirte?

Ahora, si quieres hacerme otra pregunta, mira, para que te hagas una idea de las

preguntas que sabemos contestar, la mayoría hemos terminado el bachillerato.

¿Ciencias todos?

Bueno, luego hay tres chicos que han estudiado económicas y una chica

¿Estabais en la universidad cuando ha llegado el apocalipsis?

¿A eso se hace contestarte?

No, no estábamos en la universidad, ¿cuando qué? Perdona, yo soy la de

y... Yo soy Jesucristo.

No, que quería decirte, Jesucristo, que nosotros donde estábamos... Era en el

baile. Y entonces fue cuando se desplomó el suelo.

Y que es por eso por lo que hemos estado tantos años en el purgatorio.

Por el baile y por el desplome. ¿Y se puede saber a quién demonios se le ha

ocurrido soltaros del purgatorio precisamente hoy? Al encargado.

Don Eusebio me parece que se llama.

Don Eusebio, don Eusebio.

Un ganso ese, don Eusebio ese. Un simple, un jadeón. Dame el palomo.

A que en el purgatorio también se baila mucho.

¿Y qué estabais bailando cuando os hundió el suelo?

Pues Pitágoras que está ahí en el purgatorio se sabe de memoria los

toda la cornisa cantábrica pueblo por pueblo. Y se saltan orden las casas de

prostitución y los que terminan en seis.

Pero Pitágoras no canta y San Isidoro sí.

Cante usted el romance del gato de Manolete. No, por favor, no, no, no,

es una tontería.

Venga, maestro, no se haga rogar.

Bueno, pues, allá va.

Manolete, Manolete tuvo un gato.

Aquí se dice que como más se goza, más que del baile, es con la

presencia de Dios.

Que en latín es conspecto de.

Ahora, lo que no me han dicho es si con la conspecto de gozan mal las muertas

o los muertos.

Tres veces le diría al

gato, y el gato a la

nube sube.

Ya sé que es una tontería, pero no lo puedo evitar.

Yo también estoy muy emocionado.

Me llevaron a la casa de San José a comer y a conocerle.

Enseguida llegaron a tomar un cafetito, Jesucristo y su madre.

¿Cómo? ¿La Virgen María en casa de San José?

Y me hicieron una foto con toda la Sagrada Familia al completo.

Es que Jesucristo las revela en un periquete.

Las miras y un rostro.

Y ya está.

Perdona, señor, si queréis.

Es que veníamos yo hablándolo por el camino.

¿Cómo era aquello tuyo de yo soy no sé qué y no sé cuánto?

Será lo de yo soy el pan de la vida y el que viene a mí no tendrá hambre. O yo

soy la luz del mundo, el que me sigue no caminará en tinieblas.

¿Estás tomando notas? Pero si me acuerdo de memoria, ¿cómo me voy a olvidar de

estas cosas?

También hay otra muy buena que dice, yo soy la puerta, si alguno entra por mí,

se salvará.

Entrará y saldrá y encontrará paz.

Bueno, pues nos vamos ahí, maestro, que no queremos entretenerte.

¿Queréis alguna más?

No, te buscamos, te buscamos si nos hace falta, gracias.

Así que sí, que vienen de verdad y peguen a todo el mundo. Venga, vamos a

plaza.

Bueno, bueno, bueno, ¿dónde hemos venido?

Lo mismo que el otro día. ¡Venga! ¡Vamos!

¡Venga!

¡Cada uno a su lugar!

¡Vamos!

Oye, ¿qué viene ahí?

¿No será que ha hecho efecto aquí también el apocalipsis?

Pero si no nos hemos cargado tú.

Yo lo que tengo es ser chico.

Gracias.

¿No hay más?

¿Cómo que no hay más?

Lo que yo le digo.

¿Pero qué pasa?

Porque no hemos podido con ellos.

Eran un montón y bien armados.

Con el pertrecho adecuado, munición moderna, los últimos adelantos.

Se reían de las trompetas, nos han quitado los cálices.

Con lo bonitos que eran.

¿Puede saber dónde está el resto?

Se han quedado abajo, jefe.

¿Pero cuándo suben?

Pues cada uno cuando le llegue su hora.

Digo yo.

¿Que no han muerto?

De muertos nada.

Vivitos y coleando se han quedado allí.

Al dragón me lo he cargado, eso sí. Yo por mi parte cumplo.

¿Y qué ha pasado con los demás?

Que no hemos podido con ellos.

Les hemos dicho a los curas y a los frailes que nos echaran una mano. Y han

dicho que no, Ness. Que lo nuestro lo mismo era cosa del diablo.

Menudo diablo.

O sea, que tome usted nota.

Y los otros eran más y mejor preparados, con armamento actual.

Si viera usted qué cosas han inventado, lo hacen todo con ordenadores.

Le dan a un botón y te machacan a mil kilómetros.

Tú ni los ves.

O sea que una escaramuza como la nuestra no te vale ni para cogerle rabia al que

te dispara.

Como no sabes quién ha sido.

Y nosotros allí, con las espaditas, las trompetas, los cálices...

Que, por cierto, los cálices no los han robado.

Entonces, ¿el fin del mundo?

Eso ya depende de la consideración e importancia que usted quiera darle al

lance, pero... A ver, a ver... Esto es lo que hay.

No es justo.

Interpreto que usted es Dios.

Yo soy Esteban Ruiz del Río y afirmo que no es justo.

Y no lo es, porque si lo que se pretendía con este hecho de armas era

la vida en la tierra, el tal hecho de armas ha sido un fracaso rotundo.

Bueno, bueno.

No tanto.

No te pases tú, ¿eh?

Oye, San Pedro, pégale una patada en la boca al chiese.

¿Quieres que intervenga Dios?

Silencio.

Déjale hablar.

No se puede perjudicar a una parte del género humano.

Exigo, además.

Cuando el mal previsto era para todos.

Porque de hacerlo así, se estaría cayendo en un agravio comparativo

la divinidad.

¡Hijo de oro, cállate!

¡Elocuente, que es elocuente!

¡He dicho que silencio todo el mundo!

¡O desalojo!

Yo el juicio final lo hacía. No podemos andar con nuestra gente para abajo y

para arriba cada dos por tres.

La próxima vez dirán que naranjas de la China.

Sobre todo después de lo que ha contado el arcángel Dan Miguel.

Lleva razón el compañero. ¿Qué pasa? ¿Que esto del fin del mundo va a ser

que al que le toque, le toque?

Ya está bien, ¿eh?

Esto va a ser lo que Dios quiera.

Nosotros estamos para hacer su santa voluntad.

Muy bien, amigo Notarate.

Pero la santa voluntad de Dios no puede querer nada injusto.

¿La santa voluntad de Dios puede hacer lo que le dé la gana?

No, señor.

¿Y usted que parece dárselas de exégeta, en el fondo es un ignorante?

Y un pelota. Yo.

¿Un pelota? Y un tonto. ¿Y Jesucristo dónde está?

¿Es que no va a dar la cara?

Aquí estoy.

Yo estaba preparando una oposición a registradora de la propiedad.

Bueno, que de hecho la tenía ya preparada.

Y ya en la vida más íntima, así en las cosas más personales de una, pues la

verdad es que llevaba tres meses sin ver a mi novio.

Y hoy que habíamos quedado, el apocalipsis me ha cogido a mí y a él no.

O sea que la cita... Abre usted ahora si quiere.

No, no, lo mío es más simple. Yo no voy a estar a gusto aquí, eso es todo.

Bueno, me llamo Norberto y he venido obligado.

Soy ateo. Y me importa un bledo ver ahí a toda la directiva. Voy a seguirte

ateo porque me da la gana.

Con su permiso, señor presidente.

Yo principalmente lo que quiero es una aclaración.

O sea, a mí es que me ha pillado el toro, el cuarto, un manso pregonado, por

arrimarme. Y lo que yo no sé es si eso es por cuenta del apocalipsis también o

cosa del toreo nada más.

A mí interesarme me interesa que sea del toreo, claro, para que digan los libros

Angelino Camuñas, muerto en la plaza de toros de Jim, por un toro de concha y

sierra, del hombre relojero, negro, meano, veleto y manso pregonado, con dos

cojones, como un figura, madre.

Y no que vayan a decir luego que morí del apocalipsis, como todo el mundo.

Ahora, si estos del apocalipsis van a volver a la otra vida, en este caso, por

poner un ejemplo, a lo mejor a mí me conviene más que lo mío sí sea del

apocalipsis. No sé si me explico.

Cristo, cuéntales una parábola. No, déjate de parábolas, que no estamos para

parábolas. Tampoco hace falta que digas nada.

Lo que queremos es que hagas algo.

¿Qué queréis que haga?

Pues que no sueltes. Me llamo Norberto. Acuérdate, Norberto.

¿Qué hacemos?

Yo qué sé.

¿El juicio final? ¿Qué vais a hacer?

¿Pero qué juicio final y qué gaitas? ¿Qué tienes todo de final?

¿No ves que son cuatro gatos?

Tú haz el juicio final que es para lo que se ha juntado aquí todo el pueblo.

Y el pueblo lo que quiere es ver cómo condenas a todos esos.

¿Pero qué disparates dices? ¡La madre de Dios!

Las señoras es que cuando se os calienta el pico sois peor que los tíos.

Pero no ves que se están riendo de todos nosotros.

No se están riendo de nadie, María.

Déjalo ya.

Y llevan razón en muchas cosas.

¿Qué hacemos?

Si quieres que te diga la verdad, a mí a estas alturas me da lo mismo ocho que

ochenta. El ridículo está hecho.

Y ahora no penques con toda la culpa.

Porque es que parece que te gusta.

¿Cómo estás?

No sé.

Bien.

Hablaré con el psicoanalista.

No sé.

Yo creo que estoy bien.

No sé.

¿Acabamos ya con los secreticos?

A algunos se le ocurre algo.

Lo que sea. Si me permiten hablar, yo creo que tengo una solución.

Me explico.

Nosotros ya le hemos visto las orejas al lobo. Y a nadie se le escapa que allí

abajo... hay mucho indiferente, mucho incrédulo, mucho agnóstico, mucho ateo.

Pues bien, nosotros, desde el torero a la opositora, desde el obrero, que debe

de ser este matado, hasta el empresario, y yo mismo me pongo como ejemplo,

nosotros todos, repito, nos comprometemos solemnemente a difundir,

los medios y fuerzas a nuestro alcance, que hay otra vida.

Que hay que ser buenos.

Que Dios, su familia y toda la corte celestial son gente misericordiosa que

desean más que el bien del género humano y que han querido, con esta prueba,

doble prueba de exterminio y perdón, demostrar a cuantos habitamos en el

universo mundo que si quieren, pueden.

Que lo mismo nos hunden, que nos levantan. Y sobre todo, y sobre todo,

Nos aman.

Tienen compasión de nosotros.

No vamos a encontrar mejor solución.

Ni mejor ocasión. ¿Qué te parece?

Pues... Que se haga tu voluntad, padre.

Hombre, más vale tarde que nunca.

De eso hablaremos.

Vaya desastre de apocalipsis ese que habéis organizado.

Yo me he limitado a cumplir órdenes, o sea que... Órdenes, órdenes.

Un momentito, San Pedro, por favor.

Porque whisky no tiene entonces, ¿verdad?

No, señor.

Cerveza, vino, gaseosa, mistela y refresco de naranja.

Eso es lo que hay. Pues pónganos usted dos cervezas.

Muy frías, por favor.

Me pagará un vinito para recocinearnos, ¿eh?

A mí no importa celebrar su éxito.

En otro momento, amigo. ¿No ve usted que estoy con la señorita, eh?

Perdone que le diga a San Pedro, pero eso del apocalipsis no es en lo que

habíamos quedado, ¿eh? Ya, chico, ¿qué quieres que haga?

¿Dónde hay patrón? No manda para dinero.

Cumplí órdenes.

Es todo lo que podía hacer.

Ya, ya, todo lo que usted quiera.

Pero al que le va a salir la bebida que he traído por las orejas va a ser a mí.

Menudo esto que tengo.

Padre, ¿qué haces aquí a estas horas?

Leyendo. Venga, lo acompaña a su casa. ¿Ya le da mañana?

No, no, mañana no puede ser.

Son libros prestados.

Me los ha dejado uno del Apocalipsis.

Son libros de ateos.

de Nietzsche, de Sartre, dicen que he muerto, que no existo.

Bueno, que no existo yo, ni tú, ni nada que huela a divino. Son

interesantísimos. No tienes ni idea la de vueltas que le han dado a la cabeza

para escribir esto.

Tiene mucho mérito, no creas.

Padre, no lea eso, no vaya a ser el diablo que termine gustándole.

Y me haga ateo.

Si no fuera una idea tan retorcida, me lo pensaría, fíjate.

A lo mejor era una solución.

Venga, padre, vámonos. Que no son horas de estar aquí de charleta y menos

leyendo. Que se va a pillar cualquier mal.

No hay Dios que pueda conmigo.

Sartre es más lioso. Pero este Nietzsche es divertidísimo.

Parece que escribe a gritos.

Lanza las ideas como trompetazos. Con gran elocuencia.

Y no carece de profundidad.

¿Qué hace aquí, doña Asunción?

Buscando a mi mariví.

Por cierto, usted que teóricamente mantiene el orden en este pueblo, ¿por

me dice dónde está?

Creo que debe ser de vientre, señora.

Pues para que se entere, a ustedes el apocalipsis les ha quedado como el culo,

señor mío. ¿Y a mí qué me cuenta?

Eso dígaselo a los responsables.

Ya me has negado otra vez, Pedro.

Más o menos.

Tres veces también.

Son cuatro.

Si es que no hace más que meterse conmigo.

Venga, no seas tonto. No llores.

No les hagas caso.

Estás estupendamente y muy guapa.

No creas.

Últimamente se me ha agriado mucho el carácter, fíjate.

Me he dado cuenta hoy.

De repente se me ha metido en la cabeza que le tenía que hacer el juicio final a

todos esos.

Y no sabes la perra que me ha entrado.

Irá en días, como todo el mundo.

Yo también creo que ya tendrían que estar juzgados. Pero los tiempos son los

tiempos. Antes ya estarían juzgados, condenados y ardiendo. Pero todos, ¿has

visto qué manera de hablar y de decir impertinencias?

San José, ¿y no será que nosotros estamos un poco anticuados?

Yo sí, desde luego.

Pero tú no, que va.

Ese traje te sienta divinamente. Y como tú siempre has sido un poco pálida, pues

el gris es lo que tiene.

¡Ay, madre mía!

Esto aquí es un disparate como la copa de un pino. Y una temeridad.

Pero tú aquí vas a durar muy poco, niña.

¿Pero qué estás pensando, loco?

Que te vienes conmigo mañana de vuelta al mundo.

¿Para casarnos?

Para lo que haga falta, criatura.

De entrada te voy a colocar al frente de la sección de corsetería de mi

comercio. Quién sabe si con el tiempo lo mismo te haces cargo de toda la tienda.

¿Qué te parece?

Mira que me juego en no poder volver aquí, ¿eh?

Pero vas a vivir.

A vivir, ¿entiendes?

Y al lado mío, ahí es nada.

Como una reina.

Pero qué canalla eres, Ruiz del Río.

Dios.

¿Qué quieres, hija?

¿Sabe usted quién soy?

Pues así, con esta luz.

Soy la Lola.

La que no me dejó anunciar.

Hombre, la Lola.

La que no quería saber nada de mí.

Es que he cambiado de idea.

Y si a usted le apetece, en vista de cómo ha salido esto del apocalipsis, a

no me importaría tener un crío suyo.

Eso usted verá.

Este sería mi salvación.

Que es que yo no vivo en Madrid, que vivo en Móstoles. Y usted no se hace

de lo que es eso.

Mire,

usted se acerca a la corredera alta.

De las dos a la alta.

Y pregunta por Anselmo.

Anselmo es mi cuñado.

Mi hermana se llama Iluminada.

El nombre se lo puso la abuela porque se empeñó.

Y les dicen que yo lo vuelvo.

Y a mi cuñado...

Que deje el collar y que se acostumbre a tomar vino.

Que aquí no hay otra cosa.

¿Pero usted cree de verdad que yo voy a bajar desde Montores a dar semejante

recado?

Al final la decisión la tomó San Isidoro.

Me dijo, mira, tú vuelves allí y lo aclaras todo con los médicos.

Y a eso voy, lo que me digan ellos de que he muerto.

Vamos, hombre, denos algo, señorito.

Me vais a dar un viajecito, ¿eh?

¿Pero por qué no os habéis quedado ahí? Que estabais en la gloria. En vez de

volver al mundo aquel, miserable, lleno de injusticia.

Yo que vosotros.

Vamos, vamos.

Pues que nada o pereza volver otra vez allí con la mujer, con la miseria.

¿Y qué le ha cogido usted, Gustavo?

Sí es natural, hombre.

Y algún fin de semana nos vamos a ir a Francia.

Allí tienen una cosa que se llama... Fernández.

Lo va a probar usted.

Y hablando de... No se debe hacer ni son horas,

pero un día...

Es un día.

Hombre, San Pedro, usted sí que es un gran amigo, ¿eh?

Y hablando de extraordinarios, ¿no podía haber hoy Bermuda o Gidebra?

Usted mismo lo ha dicho.

Un día es un día.

Estoy seguro de que los angelitos se han liado.

Si el cabezón de San Juan Evangelista hubiera hecho una versión más sencillita

del puñetero Apocalipsis.

No sé, como un manual para la cría de champiñones, por ejemplo.

¿Qué salida le damos a esto, doctor?

Un diluvio.

¿Y tú, Palomo, qué miras?

El lampín.

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