All language subtitles for Amanece, que no es poco (1989)1h45Com

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Original subtitles

¡Viva el Cabo Santo!

¡Viva el ser impresionante e inspirado!

Fíjese usted, don Andrés, si no podría yo emborracharme con cualquier otra

Pues es pecado venial, eso que lo sepas.

Aparte de que nos produce un gasto del demonio.

Porque las monjitas le han puesto un precio que me cago yo en las monjitas.

digas esas cosas, padre.

Pero si lo digo sin sentido, hijo.

Yo creo que no va a haber bastante para consagrar.

Sí, hombre, sí. A poco que haya, en eso estamos muy cubiertos teológicamente.

Aparte de la sensación de pobreza que se da, van a pensar los fieles que nos

estamos ahorrando las colectas.

Un llenazo, como todos los días.

Salimos a lo calleno.

Hola, Labrador.

Sabes, nosotros somos jóvenes estudiantes de

la Universidad de Eton y estamos preparándonos para

ser futuros líderes que ejercen el poder omnívolo.

¿Usted, viejo labrador, sabe si el sacerdote dejará que

entremos a la celebración de la Santa Misa?

¡Qué lástima!

Yo no puedo contestarles.

Yo soy un hombre muy primario. Estoy sujeto terriblemente a las pasiones.

No pienso casi.

Cualquier cosa que les dijese sería una tontería.

Yo lo que más hago es... Siempre computas eso, ¿sí?

También bebo una gotita.

Creo que es un sacerdote que era admirable, ¿sabes? Porque el pueblo es

fervoroso por él porque es admirable como presbítero. Y la mano que tiene

decir musa.

¿Qué es usted?

¿Americano? Oh, sí, señor.

¿Y cómo anda por allí la política?

¿Qué? ¿Me quieres?

¿Qué? ¿Qué dice?

Que si me quieres.

Pero hombre, padre, no me jodas, no me jodas.

Pues mira, tampoco es que sea una cosa.

Venga, dale.

Aquí no hay ni Dios.

Pues es que todos son aquí unos hijos de puta, ¿eh, Teodoro?

Puede ser unos hijos de puta que se hacen pasar por fantasmas.

Pues desde luego, padre, este es el pueblo que nos ha dicho Pepe.

Ocho.

Vamos a ver.

Mira, un guardia civil que se persigue.

Ya no llego ni a comulgar.

Anda, coño, padre, y ahora un negro.

Déjame a mí, déjame a mí.

Buenos días.

Good morning.

My name is Jimmy.

Mi nombre es Jimmy.

¿Habla usted español?

Es lo único que hablo.

Buenos días.

Yo me llamo Jimmy.

Y mi hijo se llama Teodoro. Yo me llamo Engendomo.

Mi hijo es ingeniero y da clases en Oklahoma.

Ha venido de año sabático.

Ya sabe lo que es.

Trabajar seis años y descansar uno.

Yo soy su representante.

Tanto gusto.

¿Y cómo les va a los compañeros por Oklahoma?

¿Siguen con el algodón?

Bueno, yo es que estoy muy centrado en la universidad y no sabría decirle,

francamente.

Pero usted, ¿de dónde es?

Yo he nacido aquí, en este pueblo.

Pero estamos en un poblado negro.

Que va, hombre, que va.

Aquí el único negro soy yo.

Yo heredé de mi padre el nombre, la raza y el acento. Y de mi madre los dos

apellidos y el lugar de nacimiento.

Y que tengo muy buen fondo, igual que ella.

¿Y dónde está el resto del pueblo?

Ah, en misa.

Es que hoy es domingo.

No, no, no.

Es que se va a misa todos los días. No hace falta que sea domingo.

Yo no voy porque soy catecúmeno y no me dejan entrar.

Ni comunión ni leche.

¿Tú crees que los conocimientos que adquiramos ahora en la escuela sean de

inferior a los bienes espirituales que nos han sido dados en la misa? Pues

probablemente sí.

Ahí viene tu pretendienta.

Y lo que no puede ser, hijo, es que te pases a la luz del día del bracete de la

mujer de otro, como un pagano.

Y luego te quejas de que llevas 30 años de catecúmeno.

A este paso no vas a entrar nunca en el seno de la iglesia. No es por eso por lo

que no entro, madre. No entro porque soy negro.

Eres minoría étnica. Bueno, minoría étnica y negro como un tizón.

Álvarez, parece que a tu muchacho se le va aclarando el color del cuerpo.

No sé qué decirte. Como no sean las palmas de las manos o las plantas de los

pies, porque en el resto, si le vieras las ingles...

Sonatemi un balletto col mio amor voglio danzar.

Sonatemi un balletto col mio amor voglio danzar.

Io prendo gran piacere il ballo ad il bilbe.

Orvia che state a far cominciare a suonare. Orvia che state a far

suonare. Io prendo gran piacere il ballo ad il bilbe.

Contigo, Garciluño, la verdad es que no se sabe qué hacer.

Lo mismo da que se te riegue ese tabone.

Te da por no brotar y no brotas.

Buenos días, niños.

Buenos días.

Buenos días.

Buenos días, Jaime.

De poderosas piernas. Buenos días.

Vamos, vamos, deprisita, niña.

Me alegra verte, Mari Carmen, bella hija de hermosísima madre.

Vamos, niños, deprisa.

Hola, Rafaelito, veloz con el tirachinas. Buenos días.

Vamos, niños, deprisa.

Deprisita, que tienes que aceptar. Buenos días, buenos días.

¿Qué tal has dormido, Sixto? De eólica imaginación.

Pero qué buen maestro es usted, don Roberto.

Rural. Rural nada más, Elena.

De todas formas, tú eres un poquito llorón. Porque el respeto que se tiene

por las minorías étnicas... Fíjate en mi comportamiento contigo durante los

coitos, por ejemplo.

¿Pero qué ocurrencia, Carmelo?

¿Cómo has hecho eso?

¿El qué?

Pues lo de estar hacia atrás y aquí delante al mismo tiempo.

Ah, pues no sé.

Me habré desdoblado.

Será una de esas cosas que hacemos los borrachos sin darnos cuenta.

Pero eso tiene mucho mérito.

¿Te gusta?

Sí. ¿Quieres que lo haga todos los días?

Yo le doy unas prestaciones sexuales a tu mujer muy buenas.

¡Maestros no!

¡Maestros no!

¡Son de Eton, padre! ¡Son de Eton!

¡Nuestros no! ¡Es un delito, padre!

¿Y qué?

¡Americanos!

Lo de dar guantazos es un esquema muy sintético que conviene utilizar poco.

Y utilizarlo bien.

Casi en plan poético, diría yo.

Como algo prodigioso.

¿Tú me entiendes?

Sí, hombre. Raro.

No te voy a entender.

Buenos días. Un poco tarde se nos ha hecho, oye.

Ya, venga.

Vamos.

Todos en la misma fila.

Aquí te traigo al primero.

¿Cómo madrugamos para el vicio, eh, abuelo?

Para ir a labrar no se da tanta prisa, ¿eh?

Toma que no.

Anda, que he llegado yo alguna vez tarde al bancal.

Ahora ya porque se me están acabando las dotes para agricultura.

Pero me gusta mucho, por ejemplo, escribir a máquina.

Casi tanto como beber anís.

O andar con puta.

Lo que pasa es que

hay menos vocación.

¿Qué pasa?

¡Que te ha salido un hombre en medio del bancal!

¡Mala suerte!

Pues ya sabes lo que tienes que hacer.

Arrancarlo y trasplantarlo.

Se te puede morir en el cambio, pero si no estás perdida.

Tú no sabes lo que chupa un hombre.

Te deja la tierra seca.

¿Cómo lo voy a arrancar?

Me da lástima, es tan guapo.

Pues da lo mismo.

Lo tienes que arrancar.

Y mejor ahora que todavía no habla, ¿eh?

Luego da más guerra.

Y se le hace mayor el rizoma.

El rizoma de los replantados es como el del lirio común.

Ah.

¿Estás ya borracho?

Ponle otra.

¿Y ahora?

Mucho mejor.

Vale, pues hasta mañana.

Que pase el siguiente.

¿Cómo canta la jodida?

Buenos días.

¿Usted sabe dónde dan hospedaje en este pueblo?

No hay fonda, ¿eh?

Aquí todo lo que no sean casas particulares... ¿Y entonces qué? Y no le

fácil, porque este es un pueblo de mucha cultura, de una peculiaridad de gran

valor y de un folclore muy variado.

Pero un pueblo muy cerrado, ¿sabe?

Se tiene miedo de lo que venga de fuera.

Por lo que le pueda ocurrir a las mujeres, ¿usted ya me entiende?

Cuidado, ¿eh?

Que mi hijo es ingeniero y da placer en los plazos.

Pues yo creo que me voy a sacar la chorra.

Venga, a callarse todos, que voy a echar un pregón.

A callarse, que no lo digo más.

De orden del señor cura.

Se hace saber que Dios es uno y trino.

Te cambio el papel.

¿Qué? Que te cambio mi personaje por el tuyo.

Sí, hombre, eso es.

Vamos, me chupo yo toda la carrera de ingeniero. Me saco una plaza cojonuda en

Oklahoma y ahora te paso a ti mi personaje para que a lo mejor te limpies

culo con él.

Vamos, no me jodas, hombre, no me jodas.

En el cuerpo humano hay algo que es

sensacional.

Pues día y noche trabaja sin parar.

Tampoco es un motor.

Solo.

Nuestra sangre roja, si él se detuviera, a las pocas horas negras

se volviera. Pues si estás jugando, estudiando, te vas a dormir.

El corazón, no deja de batir, everybody.

Nuestra admiración, nuestra admiración, nuestra admiración. Cómo trabaja el

corazón. Let's go, please.

Con sus dos ventrículos y sus dos aurículas, la sangre cabalga como el

las películas. Pues si algún día, poco a poco, deja de

latir, prepárate

que te vas a morir.

¡Una vez más!

¡Suscríbete!

¿Y qué hace aquí todo ese gentío?

No sé, padre, no sé.

Pues debe ser algo gordo.

¡Leche!

Ya están aquí.

Esta vez empiezo yo, ¿eh? ¿Me dejáis que empiece yo, eh?

Oye, señor macho, arrancamos ya. Tranquilo, tranquilo, ya os diré yo

una tía despamparante.

Qué pueblo más alegre tiene este alcalde. Muy sano, muy sano.

San Andelio, Santa Agueda y San Lucas Evangelista. ¿Y por qué gritas eso?

No sé, chico, porque me ha salido así.

Volvemos a empezar otra vez, ¿eh? ¡Viva el municipio por la autonomía!

¡Viva!

¡Viva!

¡Viva el señor alcalde! ¡Viva!

¡Viva la tía cojonuda que trae con él!

¡Viva!

¡Cállate! ¡Queremos que la muchacha sea comunal! ¡Eso! ¡Que tu gente!

¡Que tu gente ya es! ¡Tu gente!

¡Alcalde! ¡Todos somos contingentes! ¡Pero tú eres empresario!

¡Ay, Dios mío!

¡Pero qué exagerado, por Dios!

¡Pero qué exagerado, alcalde! ¿No quiere el señor alcalde un servicio de orden

en las filas?

Oye, a mí no me jodáis vosotros los americanos también, ¿eh? ¡A mí no me

Lo único que te digo, hijo, es que te está significando.

Hombre, es que si fueran fiestas señaladas, todavía.

Pero le ha cogido el gusto y quiere que se le monte el recibimiento cada vez que

vuelve de la capital.

Dos veces en lo que va de mes.

Vosotros decís lo que queráis, pero de tener un alcalde a favor, a tenerlo en

contra... ¿Cómo va a estar en contra, hombre? No se atreve.

La Guardia Civil tampoco sabe recibirlo. Lo tenemos hablado.

Peor me lo pone. A ver si yo voy a pensar que queremos meternos en una

religión y la cagamos.

Pero qué basto eres, tío.

¿Ves que estamos comiendo?

Por cierto, tú cuando ayunas así, como hoy, por los pobres...

¿Ellos cómo lo notan? Por el cuerpo místico de Cristo.

Ya.

¿Y no sería mejor que le dieras a los pobres lo que no te comes tú?

Ese es otro apartado, por así decirlo.

Eso es la Santa Limorna.

Ya.

Esta mañana he pregonado lo que me has dicho.

Eso de que Dios es un neutrino.

Yo creo que no se ha enterado nadie lo que quería decir.

Es que para eso está la fe, padre.

Me pasa a mí que tenéis un cuajo.

¡Qué barbaridad! ¡Qué disparate! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué has hecho?

No sé.

Una tontería.

Estaba yo pensando en la muchacha esa que ha traído al alcalde.

Y de repente me ha pegado un fogonazo el culo y ha empezado a arder.

No sé.

Algo psicosomático.

Como cuando a los místicos les salen los estigmas, las llagas y todas esas

cosas.

Buenas tardes. Buenas tardes. A lo tuyo.

Vamos a ello.

Pues que haya suerte, hombre.

Calabaza, se acaba un nuevo día y como todas las tardes quiero despedirme de

Quiero despedirme y darte las gracias una vez más por seguir aquí con

Tú que podías estar en la mesa de los ricos y de los poderosos, has elegido el

humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo.

Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi

hermana se quedó freñada del negro o cuando me caparon el hurón a mala leche,

solo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino.

Trabaja.

Yo te llevo en el corazón.

Yo hospedaje no le voy a dar, esa es la verdad.

Pero lo que me fastidia es que a lo mejor no llevo razón.

¿Me entiende?

Que sí, que le entendemos, sí.

O sea, que me quedo preocupado por el aspecto teórico de este asunto.

¿Ven lo que les quiero decir?

Sí lo vemos.

Pero mire usted, esto lo podría usted remediar dándonos posada.

Sería peor.

Tendría entonces la duda de si hago bien teniéndolos en casa y además viviría el

problema de una manera más acuciante.

Con ustedes por aquí todo el día.

No, no, perdónenme, pero no.

También, hijo, podías haber intervenido tú, ¿eh?

Porque esta es una discusión de cierta altura. Tú eres universitario.

Sí, pero era una discusión de letras, padre.

Y yo en eso me puedo equivocar con mucha facilidad. No es lo mío.

Mire usted, en Estados Unidos a veces hay tremendos problemas militares entre

las universidades.

Asuntos de verdad muy serios. Ha habido muerte.

Bueno, pues yo nunca interveno.

Soy famoso precisamente por eso, porque nunca interveno.

¡Lorincos!

¡Lorincos! ¿Cuándo me vas a hacer caso, hombre? Que me tienes muy abandonado.

Hoy no puedo, Garcinuño, que me he quemado el culo. Mira, mira cómo me he

puesto.

Pues te vas a casa y te lees gracias y desgracias del ojo del

mismo, del señor Quevedo, y ya verás cómo te alivias.

No creas.

Yo también tengo mis achaques. Ya vendré, García Luño, ya vendré. Ven

salte algo de góngora. Que tengo yo cuerpo de góngora.

Hazme el favor.

Jorge, que estoy saliendo. Me quedan cuatro días.

Si no te agotas, como yo.

¿No crees que me hace a mí muchas gracias la gente que anda todo el día

en bicicleta? A mí tampoco.

A mí me gustan más los días que les toca oler bien, cuando huelen al lomo de

ángel. Porque esto de que vayan en bici lo veo yo más artificial.

Aunque peor sería que levitasen como en Aina. ¿En dónde?

En Aina, un pueblo de la sierra de Albacete donde estuve yo sirviendo.

Allí los desquiliados de la política levitaban unos quince palmos del suelo.

Pues eso tiene peligro, porque te pueden caer encima si se les escacharra la

levitación. O cagarte como los pájaros que ya pasó alguna vez.

¿Y a ti?

¿A qué edad te ha dicho tu padre que podrás ir a los caballitos?

A los veintinueve.

Pues igual que a mí.

Oye, hace mucho tiempo que no me he acuesto con tu padre. Con lo putero que

Es que se está muriendo.

Ah, pues era de eso.

A mí la mujer me encanta.

Soy un joropo. Pero de un plano teórico, claro.

Y de la música, lo que más me ha gustado siempre.

El bombo.

Oye, ¿los sudamericanos esos que unos días van en bici y otros días huelen

¿Son estilados de qué? De la política.

No puede ser. ¿Que no puede ser?

No puede ser, no. ¿Qué pasa?

¿Tú quieres ver que te arrimo a dos pies?

¿Sabes qué?

Tener un negocio propio me ha frenado mucho para ser un hombre de acción.

Y eso que arma no me ha faltado.

Pero me ha frenado tener un negocio propio.

Mando al rey prender vergilios y a recaudo le poner.

Por una traición que hizo en los palacios del rey.

Por forzar a una doncella llamada Doña Isabel.

Siete años lo tuvo preso, sin que se acordara de él.

Y un domingo, estando en misa, vino la memoria de él.

Joder, qué bonito es eso.

Y qué antiguo, ¿no?

¡Hijo! ¡Hijo!

Mira que todas las tardes la misma... ¡Saluda, mi vida!

¡Que ya voy, madre!

Y todo por hacerse valer. Que demasiados saben que no nos pasa nada.

¡Carne de mi corazón!

¡Hijo mío de mi vida, de mi alma, de mis entrañas!

La mía es de las más exageradas, desde luego.

¡Que no grites tanto, madre! ¡Que se le va a salir al ombligo!

Se está muriendo divinamente, te lo juro.

Tenía ganas de que vinieras para poder decírtelo.

Puedes estar orgulloso, de verdad.

En los años que llevo de médico...

Nunca había visto a nadie morirse tan bien como se está muriendo tu padre.

¿Qué irse? ¿Qué apagarse?

¿Con qué parcimonia?

¿Con qué grabación?

Estoy disfrutando y no te lo puedes imaginar.

¿Y él sufre? ¿A la fuerza?

Seguro que sí.

¿No ves que se le está yendo la vida?

¡Madre! ¡Que aquí hay un hombre que quiere hablar con usted!

Tiene usted un jardín muy hermoso, ¿eh?

¿Es usted quien los riega?

Va en días, mire.

A veces pasan temporadas muy largas y no le hacemos caso.

Dejamos que se estropee.

Buenas noches.

Que quería yo hablarle de Dostoyevsky.

Ah, pues muy bien, encantada. Ahora mismo bajo.

Ay, pues esto ha tenido que ser.

Como lo he cogido con tanto gusto, me ha obrado enseguida.

Diga usted lo que quiera, doña Remedios.

Pero no es normal que a los diez minutos de terminar el acto, dé usted a luz.

No es normal.

Pero tampoco es normal que por primera vez yo haya disfrutado de esto a mi

Todo es muy raro.

Yo no sé qué va a decir su marido.

Un hombre de ciencia.

Sí, aunque sea médico, ya verás como lo único que le preocupa es llenar estas

dos boquitas.

Es un tacaño. Y no tiene ninguna curiosidad científica.

Ay, imagínate. Qué chollo para otro cualquiera.

Este prodigio que hemos hecho tú y yo.

¿Te acuerdas si te di lo del viernes pasado?

Creo que sí. Me parece que era un uso con penetración vaginal.

Lo que no me acuerdo es si había sido satisfactorio o insatisfactorio.

¿Satisfactorio o satisfactorio?

Siempre se los apunta satisfactorios.

¿Y qué pasa? ¿Eso es malo?

Fija que va.

Sí es buenísimo.

Por eso deberías decirnos con quién es.

Sí, para tus morros.

Che, che, che. Si se van a pelear yo me largo, ¿eh?

Porque está bien que me quede todos los días que hay asamblea para que tengan un

hombre de quien reírse.

Pero si se van a pelear yo me voy.

Hoy me están esperando.

¿Qué hacemos entonces?

¿Nos reímos ya?

Ah, sí, sí. Y eso estaría bueno.

Otro día me quedo más rato.

¡Que no valéis para nada!

¡Más que estrafalarios!

¡Más que estrafalarios!

¡Aparatosos! ¡Qué gilipollas! ¡Eso!

Como tenía la quemazonesa en el culo.

Me pasé por casa del médico para que me echase un vistazo, pero no estaba.

Estaba con mi padre, que se ha muerto.

Ah, pues eso sería.

El caso es que su mujer se empeñó en coserme la culera del pantalón. Y cuando

vi en pelota, tened en cuenta que los calzoncillos, como eran de nylon azul,

el fogonazo, vistos y no vistos.

Así que al quitarme los pantalones me quedé en bolas.

Empezó a meter mi mano.

Oye, y qué arte, y qué cosa marzorra de tía.

Total que me excité.

Y con Amírito Gardero otra vez no supe decirle que no y... Yacimos.

Yacimos un ratito, no creas, pero es suficiente.

¡Bramaba! ¡Qué entrega! ¡Qué receptividad!

El más mínimo movimiento de mi pelvis actuaba en ella como ganzúa en su

sensibilidad más cercana.

No sé si me explico.

Bueno, pues a los diez minutos que me iba yo a levantar a hacer pis, se ha

puesto a parir como una coneja y ha soltado a dos críos.

¡Mellizos! ¿Estaba preñada? ¿Qué coño va a estar preñada? La ha tenido de mí, de

mí, a los diez minutos, mellizos.

Pues le has dado el día al médico.

Porque el hombre estaba tan contento con lo bien que se le había muerto mi

padre.

Pero claro, con esto que me cuentas ahora... ¿Y qué le va a pensar?

Anda, que no me he acostado yo a veces con mujeres y nunca ha pasado nada

Bueno, a lo mejor al ser tan mayor, mi padre... Ella, ella dice que es que se

ha pasado muy bien.

Que era la primera vez que disfrutaba en su vida y que por eso la habrá dado tan

pronto.

Hoy las mujeres estaban revolucionadas.

Toma, che, la novela. La terminé.

Yo también he tenido un día... Se me prendió el culo.

Tenés que leértela ahora mismo, ¿eh?

Me senté pensando en la muchacha que trajo el alcalde y me dio un fogonazo el

culo. Es que recién terminó de escribirla y las cosas que no se leen en

momento... A mí se me ha muerto mi padre.

¿A usted le había hablado, Pepe, de esta casa, padre?

No, no, ¿qué va?

¿Cómo se le ocurrió lo de Dostoyevsky?

Ah, pues no lo sé, hijo, la verdad.

Pero mira, gracias a esa tontería vamos a dormir, pajote. Chao.

¿Qué te parece?

Supongo que me respetarás, ¿eh, Teodoro?

¿Qué guarrados tú estás pensando, padre?

Déjate, déjate.

Que un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama, ¿eh?

¡Quieta!

Anda, que no debe estar bonito esto.

Las cabras ahí quietas.

Y yo aquí, de perfil como un mazay.

Pues no viene nadie a verme.

¿En qué?

¿En qué?

Ya te has traído otra vez las cabras, jodido.

Nosotros estamos con vosotros para ver cómo hacen.

Lo que sigue en estos momentos de después me parece mal.

Es lo mismo.

¿Me vas a dejar leer a mí la novela?

No, te voy a dejar.

¿Vos sos intelectual? No, pero... ¿Y entonces para qué te voy a dejar? ¿Para

me la lea mal y me la jodas? A la novela no le va a pasar nada. ¿Por qué no?

Va a ser la primera novela que se jode por leerla mal. Hombre, nunca había

oído... ¿Por qué no sos intelectual?

¿Nos ha gustado mucho la manera y el modo de cómo han discutido la discusión?

Todos la hemos admirado, la manera.

Porque ha habido mucha naturalidad.

Y las pausas, es muy bien.

Y el tono, muy bien. No entiendo nada.

¿A vos no se te murió tu padre esta tarde?

Sí, hace un rato.

Yo sé que no estás velándolo.

No, no, no.

Mejor dejarlo solo. Lo digo por pudor.

Si yo estuviera muerto, me daría mucha vergüenza tener allí a los familiares y

los amigos mirándome.

Y yo sin vida.

¿Y? ¿Qué te parece?

Excepcional. Ahora no vamos a interrumpir ni nada.

Por mucho respeto de la situación del hablar de ustedes.

Pero no sea boludo, che, no me joda, cállese la boca.

Oh, ahora callados, jóvenes estudiantes, para respeto del hablar

de ustedes.

Bueno, dígame, ¿qué te pareció?

Excepcional.

Excepcional, ya te lo he dicho.

¿De veras?

Bueno, ya está bien.

Eso lo sabes tú mejor que yo.

Bueno, no, no es lo mismo porque a veces el autor... ¿El autor?

Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo,

que era mejor que hiciese lo que hacen los otros sudamericanos, que unos días

van en bici y otros huelen bien.

Son cosas vistosas, no hacen mal a nadie y llaman la atención lo justo, sin

armar escándalo.

Pero parece que a usted lo que le gusta precisamente... Son los escándalos y las

extravagancias. De entrada, se casó usted con la Paddington, que había

casada otras tres veces cuando había muchas que no se habían casado ninguna.

Y usted podía haber elegido.

Después, se compró un sombrero espantoso y anduvo con él todo el invierno.

Un sombrero que no nos gustaba a nadie.

Lo tengo yo hablado con todo el pueblo.

Pregunte, pregunte por ahí si quiere. A nadie nos gustaba aquel sombrero.

Y ahora, Para rematar, me dicen estos amigos que adquirí tu fe, Luz de Agosto.

La novela de Fulgner, de William Fulgner.

¿Y no podía usted haber plagiado a otro?

Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por

Bueno, Fulgner y yo...

No te sabe.

Al ser los dos americanos... Coño, Bruno, no seas cínico.

Que tu novela La traducción de Luz de Agosto que hizo Pedro Lecuona para

Leitonelgo llenarte palabra por palabra.

¿Y vos qué hablas?

Si esta tarde te ardió el culo por culpa de una mujer. Y a usted le vienen

muchos asuntos de estos... de intelectuales.

Ya sabe usted que a mí me gusta que me los confiese antes de detenerlos.

Así la parte del alma la llevan ya resuelta, por lo menos.

O sea, A este le confieso del plagio de Fulmer.

No podía ser elegido otro.

¿Y a estos dos también los va a detener?

No.

A Morencos me lo confiesa porque parece que le ha pegado hoy un buen repaso al

sexto. De pensamiento y de obra.

Y con unos resultados tremendos. Qué disparate se ha hecho, hijo.

Muchas porquerías, tactos torpes, rozamientos.

¡Tío! ¿Qué ha pasado?

Nada, que el cabo ha traído a Morencos y a Bruno para que los confiese Andrés.

Parece que el argentino ha plagiado al Faunek. ¿De verdad?

Sí, y a Morencos le ha ardido el culo pensando en una mujer.

Por el apasionamiento, parece.

Y luego se ha acostado con otra.

De todas maneras, para contarme esto no tenías por qué meterte en mi cama.

Ay, qué tonto, pues es verdad.

¡Pero ya que estoy aquí!

Yo me enamoré una vez, don Alonso.

Y me dio muy buen resultado.

Fue una experiencia agradable.

En fin, ya sabe usted lo exagerado que es el amor.

Una patología tentadora y gratificante en muchos momentos.

Pero siempre deja su pozo de hielo.

Es cierto que deja su pozo de hierro. ¿Pozo de hierro?

Bueno, no vamos a hacer ahora una asamblea sobre el tema, ¿no?

Oh, no, por supuesto, perdón.

Uno tiene que sobreponerse a ciertos accidentes, a ciertos disturbios

dialécticos en el fluir de la convivencia con la persona amada.

Oh, perdón, un momento, exclusivamente.

You know, habla usted un pijo de bien.

Really, un pijo de bien habla.

Oh, sí.

Oh, puede seguir.

No quiero recordarle poemas de Pedro Salinas, heterosexualmente hablando, o

de Cavafis, desde un punto de vista homosexual.

A ustedes los médicos se les reconoce una formación humanística muy por encima

de la de los demás científicos. Me cago en todos tus muertos, tío.

Me cago en todos tus muertos uno a uno.

La tabarra que me estás dando, Virgen Santísima.

¿Pero yo qué te echo a ti? Vamos a ver.

¡Nada! ¡Me esquivan!

¡Que me esquivan!

Cualquier día va a haber una desgracia, ¿eh? Por esquivarme a mí, se va a salir

alguno de la carretera y se va a matar él.

Tú fíjate qué trabajo les costaría.

Seguir derecho, ¿no? Y atropellarme, ¿eh?

Pues no.

¡Me esquivan!

Es probable la posibilidad de que el buen mesonero no le

responda a su conversación.

Porque el doctor ebrio le ha insultado de muchas palabras hace ya

nada.

¿Está durmiendo?

No, ¿qué va, hijo? No, ¿qué va?

Me acuerdo de madre, padre.

No, pero ¿no te gusta la moto que te he comprado?

Sí, sí, la moto es cojonuda, pero eso no tiene nada que ver.

¿Usted se acuerda de lo que yo les decía en las cartas?

Yo les decía, me apetece mucho verles a los dos cuando vuelva.

A los dos decía yo, a madre y a usted, y cuando vuelvo, la ha matado.

¿Por qué la ha matado, padre?

Porque era muy mala.

Pero hombre, padre, es muy duro decírselo a un hijo, pero tu madre era

Yo he esperado a que estuvieses criado y a que tuvieses una buena ocupación,

pero ahora que tienes una plaza en Oklahoma, ¿para qué quieres a tu madre?

No sé, pero como tengo todo el año sabático por delante, sin nada que

Pero para eso mejor es una moto.

Una moto con sidecar para ver el mundo.

Porque también todo el santo día metido allí en Oklahoma.

Bueno, pues hasta mañana.

Mañana iré a buscarte otra vez.

¿Pero a usted le gusta la estampa que hago yo allí con las cabras? Hombre,

que me gustan. Son muy bonitas.

Muy curiosas. Se lo digo porque así al menos no pierde su viaje todas las

noches.

No te preocupes, hombre, no te preocupes. Mañana voy a por ti.

Perdón usted la molestia, pero no le veo otra salida.

Hasta mañana.

Hasta mañana y que descanses.

¡Madre!

¡Madre!

Écheme las llaves.

Si me dieran la llave de portar, no tendría por qué despertarla todas las

noches.

Me parece a mí que con 40 años que tengo, ya van siendo horas.

Pero es que el tío Pedro no quiere.

Mira, se lo he dicho 20 veces y no quiere.

Ya sabes, es un cabezón.

Además, a mí no me importa que me despiertes.

¡Cuyo, el negro!

¡Me cago en mi nombre!

¿Es que no se va a acostumbrar nunca a este hombre?

¿Es que tiene que dar un respingo y echar a correr cada vez que me ve?

Tu tío es un campesino, Engué.

No puedes tenerle en cuenta esas cosas.

Pero es que son 40 años viviendo juntos.

Pues a su edad, si no lo ha aceptado, ya no lo acepta. ¿Para qué nos vamos a

engañar? ¿Pero cómo no me voy a enfadar, hombre?

¿Cómo no me voy a enfadar?

Que no es para tanto, alcalde.

Que no es para tanto. Que no es para tanto. Tú eres joven y aún te queda

vida. Y luego, el trabajo que me ha costado encontrarla.

Pero vosotros sabéis el trabajo que cuesta encontrar una mujer de estas

características. Y que además sea limpia y prudente.

¿Vosotros qué vais a saber?

Si es que soy usted de uno exagerado.

Porque vamos a ver, ¿por qué no habéis dejado ustedes que el señor alcalde y yo

arreglásemos nuestras cosas sin darle este berrinche y este pesar al hombre?

Y luego, con el tiempo, todo hubiésemos terminado, amigo.

Susán, coño.

Hija, no me vengas ahora también con indirectas.

Que no lo ponga, Rocío.

Estoy seguro que no es sonámbulo.

Que lo hace para humillarnos.

Estoy seguro, estoy seguro.

Y si hace pis en el salón, ¿quién lo limpia? ¿Ah? Yo.

Ay, qué nochecitas nos estás dando.

¡Cabo Gutiérrez!

¡Cabo Gutiérrez!

¡Venga, hombre!

Que se nos ha ahorcado el alcalde.

¿Cómo?

Que se nos ha ahorcado.

¿Sabes si el alcalde estaba enfadado porque el cura y yo no hayamos salido a

recibirlo? Nah.

No creo ni que se haya enterado.

¿Le has contado esto al cura?

No. Pero yo creo que la cosa no va con ustedes.

Lo que le molesta al alcalde es que quieran quitarle a una chavala imponente

se ha traído.

Uy.

Qué asunto más feo.

Razón de más para avisar al cura.

Porque tú eres un ámbulo, ¿verdad, mi hijo?

Voy a darme una vuelta por el ayuntamiento. No, hijo, si yo te lo

Ya sé que lo haces para que no esté solo.

La soledad es muy mala, señor alcalde.

A no ser que le moleste que siendo yo negro... No, hombre, no. Qué disparate.

¿No estuvo Jesucristo en el Gólgota clavado entre dos ladrones?

Aparte de que hoy se tiene un respeto imponente por las minorías étnicas.

Por eso me extraña que quieras colgarte conmigo.

Además, a ti en el pueblo no te falta de nada.

Hasta tienes una novia guapísima.

Y blanca.

Como usted sabe, la Gabriela está casada con Carmelo, el borracho.

Que por culpa del alcohol o por inhibiciones de tipo psicológico, padece

impotencia acuadonda y de mil pares de cojones.

Pero como el cura entiende que esta puede ser una situación reversible, pues

cancele el matrimonio para que nosotros podamos legalizar nuestra situación.

¿Tiene tabaco?

El negro se ahorcaba también.

Se ha ahorcado el alcalde.

Y en qué endomo.

No, hombre, no sea usted pesado.

Si vengo yo de allí, se ha ahorcado el alcalde y el negro, que lo sé yo.

Pero ¿quién se lo ha dicho?

Yo que lo he notado.

¿Que lo ha notado?

Sí, cosas que me pasan.

Tú de lo del cuerpo místico de Cristo ya ni te acuerdas, ¿verdad?

Fíjese, don Andrés, y a mí, ¿Que me se olvidan las cosas de iglesia?

Me acuerdo mucho de la historia de España.

Pero mucho.

Es más, yo creo que siempre tengo presente la historia de España.

Pero las cosas de iglesia me se olvidan. O sea, que usted no cree que yo deba

entrar ahí y hacerme valer delante de mi mujer.

Si es que la tienes perdida, Carmelo.

Mientras que padezcas la impotencia, cohe undi. Claro, eso es muy bonito

decirlo.

Pero ella es mi mujer legítima y yo estoy haciendo un papelón. Yo, en tu

aunque esto es una manera de hablar porque yo ni estoy ni voy a estar en tu

caso, Dios mediante, aplicaría el principio de a enemigo que huye, puente

plata.

Hombre, puente de plata encima... Oye, oye, mira a ver, vete para la iglesia y

vigílame a tu otro yo, que no he dejado la sacristía enganchada a la garrafa y

mañana no encuentro ni gota de vino para consagrar. Anda.

No me extraña nada, padre, que me conozco yo a ese. A cambio, don Andrés,

un ojo a la Gabriela, que la tengo ahí con el querido y me puede dejar la

Pues eso, echa una mierda. Ya miro yo eso ahora, no te preocupes. Anda.

¿No se habrá ahorcado el alcalde porque no hemos salido a recibirlo? No, parece

que no.

Parece que se ha ahorcado porque la gente joven quiere que la muchacha que

traído sea comunal.

Yo cuando la he visto me he dicho, vaya un pijo.

Porque he comprendido a la gente joven, ya que la muchacha es un pinpollo

reventón.

Todo eso lo he pensado para mí, no lo he exteriorizado. Es decir, tanto lo de

vaya un pijo como lo del pinpollo reventón ha sido para mis adentros.

Y después no he querido intervenir porque lo primero que se me ha venido a

cabeza ha sido el tema del libre albedrío.

Hombre, es que el tema del libre albedrío viene aquí imparado.

¿Verdad que sí?

Con lo bonito que tiene el tema.

Dentro de la Guardia Civil no podemos usarlo prácticamente.

Todo lo que es buena voluntad en los primeros escalones del mando. Cuando se

llega a la altura de teniente, coronel o así, se ponen las cosas de una manera

que ni libre al bebrío ni nada.

Se encierran en que las ordenanzas esto, las ordenanzas lo otro, y de ahí no hay

quien lo saque.

Pues es una pena, pero le advierto.

Que con los nuestros pasa lo mismo.

Que no se entere un arcipreste que andas tú por ahí un poco ligero con lo del

libre albedrío. Se te cae el pelo.

Y es que no hay confianza. No hay confianza. Porque el libre albedrío,

usado, no tiene ningún peligro. Ahora, si eres un atolondrado con la tejera

hueca, ¿verdad?

Claro que los que son así se van de mujeres antes.

Es el vicio que más pilla.

Y eso que nos ponen a todas las sotanas, que son como faldas, para que, hartos

de verlas, no nos llamen tanto la atención, ¿verdad?

Pero claro, el vicioso, el que es vicioso, va a lo que hay debajo, ¿me

Se refiere usted al sexo.

Al sexo femenino.

Exactamente. Que ofrece un enorme atractivo desde el punto de vista del

Y una eficacia impresionante.

¿En qué sentido?

Usted, fíjese en las gallinas.

Bájese de ahí, señor alcalde, hombre. ¿Qué está haciendo usted el ridículo?

A estos, ni caso les vamos a hacer.

¿Verdad, Ngué?

¿Mi caso?

Hombre, alcalde, en una situación tan apurada como esta, tengo yo el gusto de

dedicarle unos fandangos.

Pues no tenía donde sentarme.

Yo me senté en una piedra, pues no tenía donde

sentarme.

La piedra al verme tan pobre, se rompió por

no aguantarme.

Ay, provee del hombre que es pobre.

Y ahora me voy a marchar porque es que tengo la caballería de empate.

¿De qué parte de Andalucía eres tú?

No, yo soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar.

Pues como le iba diciendo, los compañeros de Harlem tienen otros

infraestructura.

Aquí, por ejemplo, yo puedo ser ilegal, pero si quisiera ser clandestino me

costaría mucho trabajo.

¿Comprende el matiz?

¿Y para qué quieres tú ser clandestino? Si no digo que quiera, digo si quisiera.

Mira qué jersey te estoy haciendo, Engage.

Mira qué alegre.

¿Quieres que te lo deje cortito, tipo mambo, o le doy el largo normal?

Mira, chica, me da lo mismo.

Ahora, si dentro de un rato tuve que refrescarme, lo he hecho por encima de

hombros. ¡Ale!

¡Venga!

¡A bajarse!

¿Os quiero una ayuda de hechos o de masacre?

He dicho que los dos abajo.

Que no lo digo más.

¿Y si yo no quiero?

Que este hombre es la autoridad civil.

A ver si no vamos a confundir las cosas que a bajarse de coño.

Fijaos bien.

Distancia buena de manos.

Ni mucha ni poca.

Si no apuntas, ¿cómo me vas a memorizar luego?

Sí que estoy deprimido. Déjeme en paz.

Que no te preocupes, hija. Que no te asustes.

Y por ahí hemos pasado todas.

Eso lo único que quiere decir es que yo era mujer.

Si tu padre, que en gloria este te viese hoy, con lo que a él le gustaban esas

cosas.

Vamos a llegar tarde a misa. Es que no tengo cuerpo, madre.

A mí hasta ahora no me lo habían detenido nunca. O sea que no tengo

Por eso te digo que si cuando pillan a Tuengue con las cabras, ¿lo retienen o

sueltan enseguida?

Al principio lo llevaban al cuartelillo, pero ahora ni eso.

Claro, que no es lo mismo sacar las cabras al monte para hacer estampas que

plagiar a Follner.

¿Cómo huele hoy al homo de ángel?

Huele, hija, huele. No, madre, no, no tengo humo.

Ay, pero qué sosa y qué pava eres, Adelaida.

Pero tú no sabes eso.

Delíbreme, Dios, de los males físicos. Que de los espirituales ya me libraré

¿eh? Lo que pasa es que tú no tienes carácter ni hombría ni nada.

¡A la vete por ahí a pasear la depresión esa!

Y los estudiantes de la Universidad de Tona. Es un desastre completo.

Pero nosotros somos meteorólogos belgas católicos.

Si me importa, es formidable.

Sí, sobre todo desde el punto de vista humano.

Exactamente. Entonces, ¿podemos entrar?

No. Pero voy a entrar.

Fabiola.

Fabiola. Fabiola.

Fabiola.

Quítate de en medio, ¿eh? Que después del susto que me pegaste anoche y del

ridículo que hice delante de todo el mundo por tu culpa... ¿Y por qué te hice

hacer el ridículo? Porque sí.

Porque parecía yo también una cualquiera.

Allí, con la Susanés al lado, esperando que bajases el alcalde y tú.

¿Y qué tiene de malo eso?

¿O es que da vergüenza esperar un negro? No digas tonterías.

Porque tú, mucha minoría étnica y mucho camelo, pero luego te da vergüenza

esperar un negro. Déjame en paz.

Para los coitos sí valgo, ¿eh?

Y para bailar, para changó.

¿En qué?

Te cambio el personaje.

Sois lo más bajo y miserable que hay en la tierra.

Las serpientes usarían sombra.

Si ni siquiera eres negro, ¿cómo vas a ser mi personaje?

¿Cuándo es precisamente, señor Enrique?

Porque así se tarda más en hacer el recorrido y se piensa mejor a dónde va

hijo.

Que no es el momento, hombre, que no es el momento.

Me gustan más con sus uniformes.

Hombre, es que el uniforme...

Pero al ser disidentes... Se les pone esta otra cara, ¿verdad usted?

La traición carcome, corroe y afila los rasgos.

Lo decía Cicerón de Catilina.

Decía usted algo, señora.

Oye, ¿te duele el cuello? No, no.

Dolor no, solo un poco rosado.

Pues, Rosado, yo también lo tengo. Pero además me duele por dentro, por el

galillo. Te voy a poner yo, Arcarde, unos fomentos muy buenos que se hacen en

pueblo.

Así llevan desde la consagración.

Paquito, mira acá.

Pata, echa un pregón de esos que tú sabes y que a mí me gustan tanto.

De orden del señor alcalde, se hace saber que estemos todos a las

doce en la plaza.

¡Para hacer flashbacks!

¿Se podía meter el fablá donde yo le dije? ¡Eh, que yo soy gallineja y a las

doce dicen misa!

Elena, muchas gracias por no haberme arrancado.

Yo sé que es la costumbre, pero... También sé que cuando te quedas con el

rizomaraire, pues... Cualquier malviento o... La simple cagada de una moscarda

te pueden enviar al otro barrio.

A los de este pueblo no hay que hacerles caso para nada.

A veces he pensado que hubiese sido mejor quedarse ahí abajo.

Aunque, viéndote a ti, pienso que merece la pena haberlo notado.

Te voy a bautizar, ¿eh?

Lo que tú digas.

No consiste en echarte un poco de agua en la cabeza.

No, si el agua me vendrá incluso bien para crecer.

Yo te bautizo con el nombre de Mariana.

¿Cómo que Mariano? ¿Cómo que Mariano?

¿Mi abuelo?

Pero no me fastidies, mujer. No me fastidies. A mí me apetecía llamarme

Enrique.

Yo es que he pensado que a mí también me interesaría ser intelectual.

Como no tengo nada que perder.

Mira tú.

Labras como todo el mundo.

Con la misma fuerza y sin torcer.

Sigues siendo una persona sencilla.

Llevas dos o tres inviernos que ni un mal constipado.

Y si además se puede hacer lo que haces con la mujer del médico, leer novelas

sin estropearlas, decir... grande, víscera,

paradigmático.

Pues no sé, chico, no sé.

Pero yo no le veo más que ventajas a esto de ser intelectual.

Sobre todo ahora que me he quedado huérfano.

Pues entonces conviene que empecemos por el materialismo dialéctico.

Por tener una base, ¿sabe?

Pero en resumidas cuentas, ¿usted qué es lo que mide?

Matar a mi mujer.

Pero eso es un disparate. No, señor, que va, ni mucho menos.

¿Qué?

¿Por qué la mató usted?

Porque era muy mala.

A mí me fastidia decirlo delante de mi hijo.

Pero la verdad... ¿Y esto lo saben en Madrid?

Hombre, claro.

Lo primero que hice después de matarla fue ir a la comisaría y decirle al

comisario. Señor comisario, yo he matado a mi mujer porque era muy mala.

¿Y qué dijo el comisario?

Hombre, ¿y qué quiere usted que diga? ¿Un comisario siempre es un comisario o

no? Pues hombre, ¿qué tampoco hay que llegar a esto?

y que las cosas hay que tomarlas con calma.

¿Y no lo detuvo?

No, no lo detuvo.

Es un caso sencillo. Lo ha entendido muy bien.

¿Se ha confesado usted de esto?

No, pero a mí en la comisaría no me han dicho nada de confesarme.

Pues se lo digo yo, alma de cántaro.

Pero ¿cómo puede usted andar por ahí tan tranquilo con un pecado tan gordo en la

conciencia? Pero no ve que si se muere, va a las calderas de Pedro Botero de

cabeza.

Ah, pues mire, sí, tiene usted razón.

Pero yo no había caído en eso.

No se preocupe, ahora mismo voy yo a confesarme.

¿Y entonces de detenerlo no...? Hombre, tampoco voy a ser yo más papista que el

Papa. Si en Madrid no lo han detenido, no querrá que me meta en camisas de once

varas y que se crean que quiero enmendarles la plana a los de la

Yo no soy de esos.

Yo no ando por ahí dando de pisto.

¿Y usted dónde da clases?

En Oklahoma.

¿En los Estados Unidos?

Sí, señor.

¿Y cómo anda por ahí la política?

Revuelcilla, ¿eh?

Hay mucho opus.

¡Callarse!

¡Callarse! ¡Callarse un momento para que se me oiga bien!

¿Os acordáis de lo que estábamos haciendo el 24 de agosto de 1947?

Pues hala, hacer lo mismo, hacer flashback.

¡Que se ha cargado usted a los belgas, alcalde!

¡Callarse! ¡Venga!

Como en el año 47 estarían en Bélgica, pues allí que se han tenido que ir. ¡Qué

gente tan formal!

Cuando nosotros notamos, como hace un ratito, que algo, you know, nos empuja

en prisión para irnos, nos concentramos por la técnica del carnero, que se

llama, o también, del no go home.

Y nos quedamos sin irnos.

Yo en el 47 era niño de teta y se me ha muerto mi madre.

En algún sitio tendría yo que mamar, alcalde. No sé si entiende lo que le

decir.

Venga, venga, dejados de tonterías. Y ahora hacer flashback. Queremos la

muchacha y déjese de historia.

Que no me quiero enfadar, que no me quiero enfadar. Déjame tocarla para ver

está tu gente de verdad.

Que a usted le sobra y mujer, no sea farolero.

Venga, alcalde, no te enfades y déjales a la muchacha.

Vosotros sois unos salvajes y os vais a acordar de esta como no hagáis

inmediatamente flashback.

Este alcalde nos toca las pilotas.

¿Se dice así? ¿Se dice nos toca las pilotas? Oh, sí, oh, bien.

Queremos la muchacha para ponernos ciegos y para que ella se entere de lo

bueno.

Pues ni muchacha ni nada. Y pongo mi cargo a disposición del pueblo soberano.

Mañana, elecciones generales. ¿Me habéis oído?

Pero alcalde, es que se ha vuelto loco.

Habrá que hacer campaña, pegar carteles.

Tampoco somos tantos.

El que quiera hacer campaña, que la haga esta tarde.

Carteles, no quiero ver ni uno. Que ya nos conocemos todos la jeta.

Así que nada de carteles.

Eh, vosotros, venid.

Venid todos, oídme.

Que me he enterado de que mañana hay elecciones. Bueno pues, si mañana hay

elecciones, esta tarde a las 7 hay rogativas.

Os quiero ver a todos aquí, en la puerta de la iglesia, a las 7 en punto, ¿eh? Y

no lo digo mal.

Mañana va a votar su padre, ¿eh?

Bruno, no se enfade. Vos no sabéis la noticita que me hicieron pasar aquí

adentro.

Se me vinieron encima todos los recuerdos. Y por poco no confieso a las

mismísimas paredes del calabozo que yo maté a Perón. ¿Y qué quiere que yo le

haga, Bruno?

Es muy gordo haber plagiado a Fultner.

Había que enmendar sus extravagancias. He quemado el manuscrito y le he dicho a

su señora que tire el sombrero ese horrible que llevó usted todo el

Ahora ya puede salir.

Está libre.

¿Libre?

Pero vos no entendés nada.

Hace años que estoy intentando andar en bici.

Le compré al boticario todas las colonias y no hay ni una que se parezca

de Ángel.

No puedo dar dos pedaleadas sin caerme ni oler como los otros sudamericanos.

Anoche mismo, entre...

Sueño y sueño de humillación y tortura estuve pedaleando en el aire. Y lo único

que saqué en claro es este hormigueo que tengo en las piernas.

Perdónenos, Bruno.

O sabíamos.

Además me casé con la Paddington por el dinero.

O es que están ciegos o es que no se nota.

Ya comprendo.

Ya comprendo.

Usted ya se ha dado cuenta.

¿Me di cuenta de qué? De que estamos ocupando el pueblo.

Pero mire qué capricho invadir este pueblo. Yo soy del pueblo de arriba.

invadiéndoles.

Ale, aquí os dejamos.

Portaos bien, ¿eh?

No deis guerra.

Se han empeñado y... Si no nos molestan, hombre. Si nos alegra verlas por aquí.

Primer punto, elecciones.

Segundo punto, novedades.

Como ya sabéis, mañana hay elecciones.

Siguiendo nuestra costumbre, tenemos que decidir primero quién se presenta a

puta. Segundo, quiénes se presentan adúlteras.

Tercero, si hay alguna que quiera meterse monja. Y cuarto, si hay alguna

interese ser marimayo.

Primero, ¿quién se presenta puta?

Perdonadme, es una cuestión de orden.

¿Vamos a elegir nosotros esta vez también al tonto del pueblo?

Es que mi hermano ya está harto. No, no, esta vez no. Ese era un embolao que nos

metían los hombres, porque decían que nosotros teníamos más sensibilidad y que

distinguíamos mejor al tonto que podía darnos más juego.

Pero este año eligen ellos, que nosotras bastante tenemos con lo nuestro.

Yo quería comentar otra cosa.

Es que tengo una amiga que le ha salido un hombre en el bancal y no sabe si...

si para tener relaciones con él hace falta un acuerdo aquí de todas nosotras

hay libertad.

Esta lo que es, es una fe.

¿Ea? Pues yo no creo que un acuerdo haga falta.

Pero lo que sí es importante es saber si la relación la hay o no la hay. Tendría

que ser por acuerdo.

Tampoco salen tantos hombres en los bancales. Vamos a dejarnos de esas cosas

seguir el orden del día.

A ver, puta entonces, ¿te animas otra vez, Mercedes?

A mí me da igual.

Llevo ya tres ejercicios, pero si nadie quiere el relevo, a mí me da igual.

Podría interesarte a ti, Merceditas.

Mujer, siendo la prima del cura, no sé yo si es lo más propio.

Anda, hija, ¿y qué más da?

Bueno que sí da.

Claro que da.

Pues haría lo mismo que hace ahora con su tío, pero cobrando. Bueno, si no

inconveniente, te elegimos por aclamación. ¿Eh, Mercedes?

Por mí, si no se cansan los hombres... Ya te encargarás tú de que no.

Elegida por aclamación.

Segundo punto.

Adúlteras. Yo aquí haría una salvedad.

Las mujeres de los guardias civiles no deberían entrar en la elección.

Porque sabiendo el carácter de esos hombres, me pareció un riesgo, la

No, si no nos importa.

Se habrán visto ustedes que ni siquiera venimos a las reuniones normales. Pero

como ahora parece que hay más ambiente en el pueblo, pues tampoco queríamos

pasar por tontas.

Elba.

Mura.

Clave.

Sabe.

¡Ochenta estrellas!

La verdad es que yo termino todos los días destrozado. Pero se aprende,

¿eh?

Ya es triste morirse sin terminar de brotar.

Y que empezó a salir en el siglo XVI, se dice pronto.

Parece ser que es que en el siglo XVIII se dio a las mujeres con muchísimo

exceso y que por eso se le plantó el crecimiento.

Yo, cuando termine de brotar, me voy a dedicar a las mujeres también

prácticamente todo el rato.

A estar con ellas en la cama, quiero decir.

¿Por qué es tanto lo que tiene uno oído?

¡Santa María, Madre de Dios!

¡Por los santos pecadores!

¡Ole, ole, ole!

¡Alechanías de los que están en los cielos! ¡Por los querubines!

¡Danos, santos del cielo, claridad y frío!

¡Por los serafines!

¡Danos, santos del cielo, mejor tiempo y pecado!

¡Por los tronos!

¡Danos, santos del cielo, cuerpo de doctrina!

Por las dominaciones.

Danos, santos del cielo, mucho discernimiento.

Por las virtudes. Danos, santos del cielo, la capacidad de relativizar.

Por las potencias.

Danos, santos del cielo, una visión global bastante aproximada.

Parece bueno, ¿eh?

Yo creo que de calaparra. Fíjate lo que te digo. ¿Os acordáis de cuando nos

mandaron los santos con polidad?

Toma que sí me acuerdo.

Como que nos quedamos todos. Que lo mismo nos daba un solo que un arre.

Mejor este arroz.

Y los higos.

Y echadas, amigos.

También es la costumbre tocarse las manos.

Apretárselas.

Juguetear con los dedos.

Y luego vienen los besos.

Los besos se dan con los labios.

Y depende de dónde beses, da más o menos gusto.

Se suele empezar de menos a más.

Te pongo un ejemplo.

Tú me besas a mí en la mejilla.

Y eso a mí me gusta.

Pero es como si me besara un pariente o un amigo.

Es decir, como ya tengo costumbre, se disfruta menos.

Pero luego,

Cierro los ojos y tú me besas los párpados.

Pues ahí se ve algo más de amor.

¿Me entiendes?

Un tío tuyo no te besa los párpados.

Primero me besas los párpados.

Y luego me besas los labios.

Primero besos pequeñitos.

Y luego besos de más reto.

Ya los vas dejando más blandos, ¿eh? Y los vas abretando un rodillo.

¿Pero qué pasa?

¿Por qué te me vas para adentro ahora?

Coño, pues no me hables de esas cosas.

¿No ves que hago palanca con la punta del pijo y me voy para abajo?

¡Alto ahí! ¿Qué es eso?

¿Qué están haciendo?

Pues no ve usted.

¡Eso es!

Sin preparar, sin nada, a lo bruto.

Pero no ves que la muchacha así no va a disfrutar.

Eso hay que prepararlo un poco.

Unas caricias, unos besos aquí y allá.

No sé, coño, lo que sé, una preparación.

Claro, animal.

Pues esta yo normalmente lo hacemos así.

Venga, venga, acaricia un poco y aprende a hacer las cosas como Dios manda.

Pero pijo.

Nosotros nos movemos de espaldas para que estéis más a gusto.

¿Te está acariciando? Sí.

¿Y a qué es mejor?

¿Dónde va a parar? Mucho mejor.

Hemos rotido.

No sé.

Yo creo que seguir.

Es que yo estoy casi seguro de que no es sonámbulo.

Tú sigue y déjalo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Y fueron felices y comieron perdices.

Y a nosotros nos dieron con la puerta de las narices, señora Ramírez.

Ya, pues nosotros nos vamos, que es muy tarde.

Dale buenas noches, hija mía. Buenas noches. Buenas noches. Buenas noches.

Que descansen.

Igualmente, señora.

Esta mañana, niños queridos, hay algo nuevo en el aula.

Hay algo nuevo que vosotros podéis ver.

Me refiero a esos dos señores que hay allá al fondo.

Y hay algo nuevo que vosotros no podéis ver todavía, porque sois muy pequeños.

Pero que yo os voy a enseñar a ver. O por lo menos lo voy a intentar porque

es mi obligación.

Quizás mi única obligación.

Hoy hay en esta clase...

Una falta absoluta de libertad.

Esos dos señores, que no son niños, que no son yo mismo y a quienes he intentado

impedir que entrasen en el aula, se han colado. Y lo que es mucho más grave aún,

me han exigido que os haga un examen para que ellos puedan calibrar cuál es

estado actual de vuestros conocimientos.

Y después de todo esto, os diré que pretenden...

Reíros conmigo, oh niños, que la suya es una ocupación pacífica del pueblo.

¿Qué mayor violencia que la que se ejerce contra el espíritu?

Examen.

Tomad nota de las preguntas.

Las ingles, su importancia geográfica. ¿Son verdad las ingles?

Historia de las ingles. Las ingles en la antigüedad.

Las ingles de los americanos. ¿Cómo hay que tocar las ingles? El ruido de las

ingles. Las ingles más famosas.

Las ingles y la literatura. Un kilo de ingles. Las ingles de los niños. Las

ingles y la cabeza.

Relación si la hubiera.

Las ingles en Andalucía.

Y el clavel.

Teoría general del estado y las ingles. Las ingles negras. ¿Hay una ingles o hay

muchas ingles?

Las ingles de los actores. La ingle y Dios.

¿No ha nacido todavía la ingle que me domine? Las ingles descabaladas. ¿Su por

qué? Las ingles putas. Dibujo a mano de las ingles. ¿Es carne la ingle? ¿El

jaque a la ingle?

¿Satisface hoy en día una ingle?

¿Qué ingle?

Contéstalo a las preguntas.

¿Ha terminado usted ya?

Sí, señor.

Endomo Álvarez Martín.

Vota.

Catalina Álvarez Martín.

Vota.

Pero bueno, ¿y ahora qué tripa se te ha roto?

Es que no puedo remediarlo, madre.

Me emociono cada vez que voto.

Es que son muchos años de lucha.

Lincoln, Lumumba, Casus Clay.

Esto sí que es llegar y besar el santo.

Acabo de venir al mundo, como quien dice, y lo primero, ale, a votar. A

de ciudadano de pleno derecho.

Qué adelanto, ¿verdad?

Por cierto, padre, que me dejaron ahí al muerto y he pasado la noche con unas

náuseas. Ahora lo que he pensado es que quiero ser torero.

¿Qué hay que hacer?

No es decente, Remedios. Claro que no.

Salgo yo a diagnosticar un cólico nefrítico, que luego no es un cólico

nefrítico, sino un crujido de riñones por mala postura, y a ejercer el derecho

al voto.

Y cuando vuelvo, me encuentro con otras dos bocas que alimentar.

Tú me dirás remedios. ¿Qué régimen de vida es este?

Se lo he dicho, don Alonso.

Se lo he advertido.

¿Cuál de los dos vota?

¿O votamos los dos?

Hombre, vota tú, que estarás más espabilado.

Les advierto que ese tiene mejor gusto.

Aparte de que es más desinhibido y más progresista.

Pues que vote él, si no.

Porque además los intereses no serán los mismos.

¿O que voten los dos?

Por cierto, esto de desdoblarte que haces ahora tanto, ¿a qué viene?

Antes no lo hacías.

Es que la Gabriela me dijo que le gustaba y yo, pues, bueno.

Pero la Gabriela, mientras tengas impotencia coeundi, no te va a hacer

eso miro a ver si estando sereno a media se me va quitando la impotencia

coeundi.

Pues a mí el otro día me se puso tiesa.

Pero sí, hombre, lo entiendo.

Es mejor que yo siga así y no meterse en los gastos de una edición.

Para que después venga el cabo y en lugar de quemar el manuscrito queme dos

tres mil ejemplares con lo que cuesta.

Me alegro que lo entiendas. ¿Por qué estas cosas si no se asimilan?

Enhorabuena. Están votando ustedes divinamente.

Muchas gracias.

¿Cómo lleva la invasión?

Ay, tirandillo.

No se sabe que las cosas de palacio... Bueno, pues... ¡Suerte!

Quería hacerte una pregunta.

Dime.

Y a Nabocod, ¿te lo lee mucho aquí en el pueblo?

Te lo preguntaba porque... Bueno, he vuelto a escribir.

Y me está saliendo Hada o El Ardor. Pero sin querer, ¿eh? Sin querer.

Pensé, quizá, que nosotros somos exilados.

A ti te voy a coger yo un día y te vas a enterar.

Sí, será por la suerte que tengo. Me da lo mismo.

Eso que haces tú no se hace. ¿Me entiendes? Pues ahora no voto.

Vota, hombre, no seas tonto.

También usted ha elegido el momento, ¿eh? Tú vota, luego hablo yo contigo.

Venga, daos prisa, que estamos rendidos.

Pues estoy por decirte que sí, fíjate. Claro, hombre, y así cambias de aire,

porque lo tuyo es obsesivo.

Paquito, ¿pero qué haces? ¿Estás tonto o qué?

Que tiraban de mí hacia arriba.

Ah, bueno.

No te asustes. Eso ya pasó aquí una vez.

Eso es que vas a subir a los cielos en cuerpo y alma.

Pero hoy no, hombre, hoy no. Que me ha palabrado una viuda del pueblo de arriba

para esta noche. ¡No me jodas!

¡Ay, que alguien se equivoca ahí arriba!

Mañana, dicen ustedes.

Pues sí, señora.

Mañana.

Bueno, vamos a sentir.

Mi hija y yo habíamos pensado comprarnos ropa nueva.

Camisones y todo.

¿Eh? ¿Qué se lo va a hacer?

Pues mire, nosotros hemos votado y nos vamos.

Ah, ¿pero venían a eso, a votar?

No, vinimos porque nos lo dijo Pepe.

Y porque mi hijo está de año sabático y yo le he comprado una moto con serie

car. Por lo mismo que nos vamos, ¿eh?

¿Y no podían quedarse unos días más?

¿Unos días más?

No haga que me jode, señora.

Perdone un momento, padre.

Mire usted, señora. A mi padre no le lleve la contraria. Te lo digo por su

A mi padre es mejor no llevarle la contraria.

¿De qué te ríes?

La luna llena que me da ataques de risa y me pongo malo, padre.

Oye, ¿y desde cuándo te pasa a ti eso?

Pues desde que llegué a Clajoma. Es como lo del hombre lobo, pero con la risa.

O tú eres genipollas o es que tienes una alergia.

Ya estoy mejor, padre, vamos.

En resumen, hemos ganado los de siempre.

O sea, yo, alcalde, de cura, don Andrés.

De maestro, no se ha presentado nadie, o sea que, dije, don Rubén.

¡Deputa Mercedes!

También han salido cinco adulteras. Pero bueno, esto ya se lo diremos a ellas

para que los maridos si quieren se enteren y si no, pues no.

Monja no hay.

¿Qué no ha salido?

La Cristina va a aprobar de marimacho unos meses.

Y don Cosme de homosexual.

¡No!

También ha salido que los de la invasión se tienen que ir.

Vale. Y si hay algún americano también.

No, tú no. Tú estás en Oklahoma cumpliendo con tu obligación. Así que si

te quedas. O si quieres te vas.

¿Qué quieres?

No, yo es que quería defender un poco a los americanos, porque también tienen

cosas positivas.

Vete a la mierda, hombre.

Bueno, lo primero que quiero deciros es que como ya conocéis mis ideas, la

muchacha me la quedo para mí sola.

¡Y que sea alcalde! ¡Que todos somos contingentes! ¡Pero tú eres necesario!

¡Viva el señor alcalde!

Bueno, falta una cosa. En cuanto a los elegidos para el orden público, tiene

deciros algo el cabo Gutiérrez.

¡Viva el cabo santo!

¡Viva!

Ha ocurrido algo que os tengo que comentar.

La Guardia Civil ha perdido las elecciones.

Las ha ganado la secreta.

Eso sí, la secreta somos nosotros mismos.

Menos Fermín.

El guardia Fermín queda fuera de las fuerzas de orden público.

En cualquier caso, yo pido un aplauso muy grande para el guardia Fermín.

Hemos discutido, alcalde del pueblo, entre nosotros, para ver si la técnica

del carnero era bien de aplicar aquí.

Y hemos votado, y hemos salido, que usted nos toca las pilotas,

alcalde, y que nos vamos.

Pero, sin embargo, cuando seamos líderes, con todo el poder

omnímodo, No nos olvidaremos, alcalde, que usted nos toca las pilotas.

Y ese es el resultado nuestro.

Y nos podemos quedarnos, you know, pero nos vamos.

Pues mire, mi hijo, aunque es ingeniero y da clases en Oklahoma, tiene alma de

artista.

¿Ha nacido así?

¿Qué se le va a hacer?

Por ejemplo, esta de la risa.

Pues no le ocurre a todo el mundo.

Pues en Oklahoma no es tan raro, padre. Pero aquí sí, aquí sí es raro. Coño, ¿me

oyes?

Es que yo soy su representante.

Esto de tener negocio propio me ha restado mucho para ser un hombre de

Yo hubiera podido ser una leyenda o una epopeya si no supiéramos un caballo.

Lo que yo quisiera conseguir en este ejercicio es que cuando vayáis a usarme

paséis antes por casa y os quitéis el mono, lo que yo dispuesto para labrar.

Porque llegar así, con traje de faena, da mucha sensación de pobreza y de prisa

y de falta de cariño.

En fin.

A los reyes hay que sacar el dinero.

Y aquí me tienes.

Ya sé que la luz no cura la ceguera y que la única patria del hombre es su

propia muerte.

Por eso, yo vivo mi vida de una manera muy personal.

De entrada, nunca pensé que fuera a perder la Guardia Civil.

Un cuerpo tan prestigioso y... Ya ves.

En fin, los electores son vereidosos.

Les gusta la novedad. Por eso al mando ya ni se nos ocurrió lo de la secreta.

Lo de que te quedases fuera fue ideal, lo confieso.

Pensé que en el peor de los casos tú eres un hombre que habla bien, que sabe

escribir a máquina.

Ustedes no habrán visto a Cascales, ¿eh?

El que quería cambiar siempre de personaje.

Yo tampoco, pero de mí no se fío mucho esta noche porque con estas gafas no

¿Qué, padre, nos vamos?

Hombre, realmente nos hemos divertido tanto ya que...

¿Podemos salir fumando?

Sí.

Padre, o se gana el vino aquí, al tiro, o mañana lo consagras, que te lo digo

yo. ¡Tú eres un borracho sinvergüenza!

que nos estás dejando sin el vino de consagrar todos los días y te voy a

la cabeza.

Ve tú, hijo, ve.

Gracias, mi cabo.

Ten cuidado.

Ten cuidado, mujer, que me estás torciendo el pie.

Ay,

ángel mío, ¿qué te he hecho?

Mírale tú, qué gracia.

Cogito para toda la vida.

Pues tampoco hemos elegido la mejor noche para irnos, padre.

Es que no me aprecio ni un burro.

Fíjate que con las gafas puestas me estoy sonriendo. O sea, que si me las

me descojono.

Joder, con la sonrisita de los huevos.

Mira, hijo, mira, no te preocupes.

Si falta muy poco para amanecer.

Y como las tías estas no nos han dejado dormir en su casa, pues paciencia.

La hija lloraba cuando nos íbamos, padre.

La vamos a encontrar mejor en Francia.

O sea que sigue usted empeñado en que nos vayamos a Francia.

Es que a ti está visto ya.

Claro, lo que pasa es que con esta mota, esta Francia, pues tiene mucha tela,

padre. ¿Qué quiere que le diga? Que ya verás tú qué mujeres y qué comercio nos

vamos a encontrar.

Oiga, padre, pero no decía usted que estas mujeres eran malas.

No, hombre, las francesas no.

Las francesas son como tíos que sirven para todo.

Allí lo malo son los tíos que parecen mujeres.

No sirven para nada, coño.

Hombre, ¿ya te ha salido el muchacho?

No, no, no he salido. De salido nada. Me ha arrancado de cuajo cuando aún estaba

verde. Y ahora, cojito para toda la vida.

Hombre, ¿ya te ha salido el muchacho? No, no, no he salido. Han tirado de mí y

cojito para toda la vida.

¿Se van ustedes?

Sí, como esto ya está visto, pues nos vamos a Francia.

Ah, república francesa.

República Francesa.

Nosotros vamos a despedir a Fermín.

Sí, como mi marido es así, se le ha ocurrido que vayamos todos juntos a ver

amanecer. Así que es bonito aquí el amanecer, ¿eh?

Precioso.

Fíjese que uno, por necesidades de servicio, ha visto tantas geografías que

le queda chico el mapa mundial.

Pues no hay amanecer como el de estos valles visto desde el capitón.

Hijo, yo creo que debíamos acompañarlos.

Porque una cosa tan sutil, y que llame tanto la atención de la Guardia Civil,

con los fieros que ellos son, es que tiene que ser algo muy llamativo. Bueno,

muy llamativo.

¿Vamos? Nosotros nos vamos.

Que lo disfruten. Gracias, adiós.

Coge usted el cerdo, padre.

Es allí, padre, es allí.

Y dice usted que es muy bonito.

Precioso, pero hostia.

El sol sale por allí, entre aquellos dos montes. Los montes se llaman el Mortero

de Pertusa y el Ituelo.

Poco después, el sol se refleja en el río Corcos y al mismo tiempo que brillan

las aguas en el río, se adoran las copas de los álamos de la orilla.

Al rato, la línea del sol empieza a trepar por las laderas de este lado y

que parece una película en blanco y negro, empieza a coger los colores de

flores y de los arbustos y se vuelve todo técnico.

Vamos a sentarnos para verlo mejor.

Te voy a quitar las gafas, hijo.

¿Qué hora tienes?

Las siete y cuarto.

Qué raro.

Yo diría que en este tiempo amanece a las siete.

Coño, padre, ¿que nos está manejando al contrario?

Porque yo decía... ¡Yo no aguanto este sin Dios!

¡Lo sé yo!

¿Qué hacen?

Pues arreglar esto va a llevar su tiempo, ¿eh? ¿Por qué esto tiene pinta

una avería?

Gorda, gorda, ¿eh? A mí me acojona.

¿Y nosotros nos vamos a Francia?

Pues hombre, ahí estarán igual, ¿no?

¿Qué va, hombre? ¿Qué va?

¿Cómo van a consentir los franceses?

¿Qué ocurre una cosa así?

Ellos son mucho más cuidadosos con sus cosas.

Ni un comercio tú, ni unas tías que tienen.

La verdad, padre, es que Pepe lo tiene cuadrado, ¿eh?

¡Dámela, Fermín! ¡Que a ti no te hace falta!

¡Es tu obligación devolvérmela!

¡Me cago en el misterio!

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