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La verdad es que...
Teresa, Carlos.
Apúrense que Diego tarda en respetar. Espérame, mamá.
Vamos.
Leyó del concurso de Chazwaye y Hedy Lamarr, como si le fuéramos a creer.
Su verdadero amor es una francesa mucho más bonita que Hedy, más carnal.
Él es un hombre carnal.
Lamarr es chulita nomás, con sensualidad.
Como la mía.
Se me entiende el pecarón.
Cuarto.
Cierra de la bata.
Yo, don Dimas.
Gorda. Gorda, chiquitosa.
¿Qué dijiste? Escucha, cabrona. ¿Qué dijiste?
Sí, gorda. Gorda por estar aquí cuidándolos. Aquí encerrada. Y se van a
chiquitos. Y bañes a tu hermano. Porque estoy muy ocupada con don Dimas.
Juntos. Juntos.
¿Porque tienes una madre nerviosa? Porque lo digo yo, la gorda.
No puede ser.
No tengo tiempo.
Estoy ocupada, lo tengo que mantener.
No me voy a enojar.
Chiquitito. Ya me acaché. Ya ni la ruina.
Mire que están martirizando a mi papá. Ya ni la friega.
¿Es que no le encontraba la vena? Seguro. Pero mire, por esta que me
se enteren en el barrio. Además, yo tengo amigos.
Vámonos, papá.
Y no le hice nada.
Un pequitito nomás.
Chiquito. Chiquito.
Chiquito.
¿Ahora qué?
Ahora a dormir.
No sé.
No sé.
Así no vas a ser gorda como yo.
Hoy no tolero accidentes.
Caballero español, guardo cierto parecido con Charles Boyer.
Dame a compartir sin duda.
Espero ansioso.
Pide foto, pero no dice nada de bien formada, de esbelta ni nada de nada.
¿Por qué no?
Total, se pierde.
O tal vez gano a un español parecido a Charles Boyer.
Lea junto una foto.
Y espero que...
Lo más pronto posible.
Tengo un carácter
romántico.
Me gustan las tardes
de lluvia y las
novelas.
Yo como usted amo el cine y bailar a la luz de la luna.
Por ello lo invito a mi casa.
Sin más intención que una visita recuerdada en la decencia y el decoro.
Yo también cuento los minutos y los segundos para nuestro encuentro.
Sí, sí, ya sé, ya sé, ya sé.
Vas a decir que las fotografías siempre son falsas.
Como la que me mandaste tú para nuestra boda.
Esta tiene dos años y pico, o sea, es joven aún.
Entonces dirás, seguro hay gato encerrado.
Y te contestaré, querida, y me perdonarás la rudeza.
Tu herencia era mucho más menguada de lo que presumías en vida.
Y hace meses que no damos, o más bien, que no doy un golpe que me dictúe.
Así que, a saber.
A saber, ABCDF.
Sabe, sabe cuál.
Dirección, dirección. Aquí está.
Aquí está.
Ay, sí.
Tienes razón.
Es un palaburro.
El peor de todas las integrantes del buzón sentimental.
Pero nadie es culpable.
De su nombre.
Se lo ponen los padres.
Y ya sabes, en asuntos del corazón, sistema,
sistema, no corazónadas.
Y bueno, si el negocio no rinde, ya me cobraré el
boleto hasta allá.
Medias de cera.
Dicen que es de mujeres.
Cera por dulce.
Seguro dirá que el dulce no me conviene.
Ahorita estoy pasadita de peso, pero es temporada.
Pero cuando me decido, bajo de peso, si no más.
Qué fortuna la suya, controlar así su cuerpo.
No mencionó a sus adorables criaturitas.
Es que son tan buenos, tan calladitos, que ni me acuerdo que existen.
Ya, claro.
¿Y los mantiene?
Soy enfermera. De los enfermos terminales, graves y esas cosas.
Hasta fui encargada de la morgue. Embalsamaba cadáveres.
Y ahora también aquí atiendo pacientes. ¿Quieres? No, gracias.
Mejor no la borro.
No, no.
Fascina oírla hablar.
Podría bajar el volumen.
Sufro migrañas.
Y en este momento me ataca una terminal.
Así que disculpará la brevedad de la cita.
Más adelante, vía conocimiento epistolar, nuestras almas se
¿Epistolar? Se presta el diálogo espiritual.
Es por mi aliento, seguro.
¿Aliento?
Seguro me oyó, no es mi culpa.
Tomo pastillas de clavo, hago enjuagues.
Estos dolores son por trabajar con formol cuando la morgue.
Son los dolores de mi cuerpo.
¿Y qué con olor a cuerpo?
La mujer debe ir cocinada en su jugo.
Disculpa mi franqueza.
Disculpar no.
Solo un caballero puede hablar así.
Me voy. Viene lluvia.
Nunca sea vergüenza de su cuerpo.
El cuerpo es el templo que Dios hizo para el amor.
Fue un accidente.
Voy a guardar los pedazos.
Serán un recuerdo del caballero español.
Fue un accidente, perdón.
No importa, están en todos lados. Es el éxito del momento.
Ya lo seguiré.
¿Quién?
¿Quién?
¿Quién?
¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?
¿Quién?
En España, el Quijote nos enseñó a ver a las dulcineas con los ojos del alma,
sin que importen los aceites.
Nunca he sido de un caballero.
Hazmelo.
Así, como si nada.
Hazme el favor.
¿Fue lástima?
Lástima o no, esta noche es mía.
No me la quita nadie.
Fue como haber hecho el amor con Charles Ballet.
Igual, igualito.
Nunca conocí una mujer así.
Carne y aroma.
Carne y aroma solo para mí.
Tienes el físico de una diosa antigua.
Nunca te avergüences de él.
Y ahora a dormir.
con los números.
Nico, ¿te acuerdas de mí?
Soy Coral.
Seguro piensas lo peor y estás en tu derecho.
Pero te aseguro que solo fue un préstamo.
Una cosa natural en una relación íntima como la nuestra.
¿El dinero?
Vi cuando me robabas.
¿Será que te cobraste mi gordura?
El peso de mi sobrepeso.
También.
Ya casi se secan.
Son como animalitos los pobres. Están empapados. Es una incertidumbre atraerle
tulipes en una noche.
Vine a quedarme contigo.
Somos el uno para el otro.
Tú mismo lo viste.
Para los míos serás su padre.
Ya lo verás.
Quédate.
¿Hablas en serio?
Loca de atar.
La providencia nos puso juntos.
El destino y la providencia. Tú mismo lo dijiste.
No, no, no se pueden tomar las cosas así a la ligera.
Eres una mujer con hijos.
Te debes a ellos.
Tienes que cuidarlos.
Eres la madre.
Son tu primera obligación.
Los niños van después que tú.
Pero yo, lo sabes tú.
Coral, nos tocó un destino terrible.
Yo no te puedo recibir aquí con tus hijos. Fíjate dónde vivo.
No cabría una familia.
No les daría la vida que se merecen.
Ni más.
Trabajaría.
Trabajaríamos otra cosa.
Trabajaría por los dos, por los cuatro. No. Lo juro, lo prometo. No, no, no. Así
no son las cosas.
Yo no puedo dejar que una mujer me mantenga.
Y menos aún ocuparme de los niños de otros.
No tiene su honor.
Y más si es español.
¿No lo es por mis hijos?
Es nuestro destino.
Encontrarnos. Separarnos.
Y guardar el recuerdo.
Recuerdo de terciopelo.
¿Puedo quedarme esta noche?
Finalmente tratáis con un caballero.
¿Así que por caballero no podéis tenerlos?
¿Y por caballero los reciben?
Hasta mañana.
Hasta que el destino nos reencuentre.
Cerebro estallado solo, ¿sí?
No, no lo haría.
Vas a hacer lo que te dije.
No sabes mi nombre, ni dónde vives, ni nada de nada, chiquita.
Tengo que hacerlo.
Tú bien.
Alguien los va a domar y les va a dar una casa así grande, y juguetes, y una
muñeca de celulose para ti.
En la carta pido que los deje cumplidos.
Que no lo sepas.
Mejor.
Yo no convengo, chiquita.
Perméteme. Porque nunca te voy a dejar.
Hay que aprender a cuidar el corazón.
Muy valiente, mi niña.
Quédate aquí.
Me quedamos que te irías.
Te expliqué, te di mis motivos.
Ya no, todo cambió.
Me quedaste sin motivos.
Me los quité de encima.
Regalé a mis hijos.
Estás feliz de todo.
No soy buena madre.
Soy mejor amante, ¿no?
¿Qué hiciste?
Los regalaste.
Ahora ya nada puede separarnos.
Perdón.
Estuviste revisando mis cosas.
Estás loca.
Regalas a tus hijos y mis tías. Loca.
Loca, pero no pendeja.
Vives de extorsionar a mujeres.
No fui la primera que te escribió. No me chupó el dedo. Ni siquiera eres
español. Finges.
No te perdí, Ana.
Ayudo a... Hacer soledad a mujeres solitarias.
Nací en España, pero me crié poco.
Vine muy poco.
Y se hace algo porque les gusta, porque es la ilusión.
Y yo las ayudo.
Es regalar ilusiones.
Algunas son generosas conmigo.
No es delito que me den regalos.
Las obligas a ser generosas.
Como Ángel, la tu esposa.
Fue tan generosa que le costó la vida. ¿Qué dices?
¿Qué coño dices?
Una enfermera sabe que con insulina se provoca un coma diabético.
Encontré las recetas falsificadas de insulina y el acto de defunción. Todo.
Pero solo lo sé yo. Yo.
Y si me dejas quedarme aquí, seré la única que lo sabré.
Lo único que quiero es quedarme contigo. Aquí.
Juntos. Siempre contigo.
Si me echas, prefiero morirme. Sí, me mato.
Y si me mato, ¿qué vas a hacer?
¿Qué vas a hacer? Se va a saber todo.
Ni siquiera puede sacar mi cuerpo.
Por gordo.
Entonces llega la policía y me encuentra y tus cartas y todo.
Matarte aquí.
Aquí por ti.
Sabiéndolo todo.
¿De verdad?
Sí, para cuidarte.
Me haré cargo, te lo juro.
Tú seguirás con tu negocio y yo jugaré a ser tu hermana.
Ibas a matarte por mí.
Por mí.
Haré respetable el negocio.
Seleccionaré candidatas.
Nunca te voy a traicionar.
Y a veces me has costado mucho.
Me cortaste a mis hijos.
Eres mi mejor garantía.
Ya empecé a trabajar.
Y cuando fui al pueblo, aproveché de enviar una cartita para anunciar tu
llegada.
Toma. Mi navaja. Te la regalo.
Te regalo mi navaja y mi vida.
Déjate a tus hijos dormir.
Y eso es lo asignado.
En las cartas nunca habló usted que era español.
Todos somos habitantes del país del corazón.
Las fronteras son... Por algo lo ocultó usted.
Todos los españoles que ahora andan por acá son puros rojos, comunistas.
Gente menesterosa, desempleados, derrotados.
Sin familia, sin referencia.
Y yo, pues, tengo una reputación que cuidar.
Consígame unas cartas. Referencias bancarias, laborales y... Y pues ya
hablaremos.
Mira, toditito sus ahorros de todita su vida.
Vida feca, flaca.
Gracias.
Seguro nos unió la providencia.
O el mismísimo diablo.
¿Cómo pude vivir sin ti?
No vivía, esperaba.
¿La próxima?
Viuda, mejor.
Las solteronas son entecas, recelosas.
Juanita Norton.
Uno tiene el sabor que tiene.
¿Y por qué nos habrás citado aquí?
Dama de Espina, un lugar tan solitario.
Gracias, Luis.
Es Coral, mi hermana.
Me acompaña en día. Llegué tarde porque no me dejaban sacar el coche y
sospecharon que venía acá.
Pero me lo escapé.
Aunque sospechen, siempre me lo escapo.
¿Acaso no puede salir?
Conversar con un amigo, intercambiar sentimientos es lo más precioso.
¡Ay, tiene acento!
En las cartas no se noche.
Tiene acento. No sabe cómo me gusta que hable como Sevilla. No.
de hable, hable.
Y se puso el sombrero de la foto.
¿Quién no la dejó venir?
Traigo unas cubas libres.
Las cervezas son de camionero, ¿no?
Con cubas libres se suelta la lengua, el alma, el
cuerpo.
Si Osvaldo sabe que me escapé a ver un tipo sevillano.
Gitano de pura cepa se muere. Y me mata antes.
No soy gitano. Soy español, de Huesca. Gente seria. Ay, casi igual, ¿no?
Mucho ron.
No se quiera pasar de listo.
Luego le echan un chisguete y no saben a nada.
Osvaldo no es cubero. Él es briago de cerveza. Solo cerveza. Panza de cerveza.
Caída redonda.
Asquerosa.
Voy a agasajar a mi amigo.
Mi nuevo friend.
Frencito. Como decían hortos.
Y a su hermana.
Nuestra querida hermana.
Hoy la cuenta y la juerga corren a nombre de Norton, el mío.
No entiendo por qué tenemos que vernos aquí.
Porque es el único lugar donde Osvaldo no me va a buscar y encontrar.
Mi marido.
Osvaldo es mi marido.
Dijo usted que era viuda.
Soy viuda.
Viuda de un verdadero hombre.
Con Osvaldo me arrejunto.
Copulo. Soy su barra de anda.
Después de Norton no puedo casarme, y menos que nadie con Osvaldo.
Pero era celos, celos del muerto.
Y lo que hace es encerrarme, vigilarme, rigonearme.
No odie a los tipos que vigilan, señora.
¿Sabes?
A mí los hombres me vigilan.
Osvaldo también.
Y por mucho que me vigile, ¿sabe qué voy a hacer?
La viuda.
Como me dicen allá en la laguna, la vida de Norton, el gringo.
Un caballero, así, güero, alto, callado.
De esos que abren la puerta del coche y prenden los cigarros.
Ya saben.
Nunca lo oí adoptar.
Nunca, de veras nunca.
No odien esta luz.
A las mujeres de mi edad.
Esta luz nos conviene.
Oculta el paso del tiempo.
Usted no necesita filtros.
Es llenita.
Y puede afrontar la luz del día.
En cambio, yo soy una mujer pelada.
Osvaldo dice...
Que me niego a que pase el tiempo.
Que vivo en la fantasía. Y yo le digo, sí.
Es lo único que me queda.
Nunca tuve hijos.
Familia.
Nada de nada.
Tengo mi fantasía.
Y esa es mía.
Solo mía.
Osvaldo, mi marido, dice y dice... Ese pobre diablo de Norton, mi otro
marido, tiene un quinto para enterrarlo.
Ya está muerto.
Pero si todos lo recordamos, era por algo, ¿no? ¿Era un muerto de hambre? En
carta decía que tenía recursos.
Sí, decía, decía.
Yo decía, siempre digo y digo.
Norton era rico.
Tiene un espíritu nomás.
De acá, como yo.
Igual que yo, que solo seré rica cuando Osvaldo se muera.
¿Saben cuánto me da el miedo?
Nada.
Ni una bicoca.
Para el gato se arregla con la criada.
Aprisiona su sensualidad en la jaula de la pobreza.
Vieja táctica del macho ignorante.
Me mata de hambre, de tedio, de encierro, de ahogo.
Tiene presa. Nadie puede aprisionarla. Él nunca podrá quitarle su libertad.
Esa es suya.
¿Libertad para qué? ¿Para ir dónde?
Dejarlo a él y a sus miseros centavos. ¿Cómo?
Soy una mujer pasada de tuerte.
Cocina de maquillaje.
Muerta de aburrimiento.
Ese es mi diagnóstico.
Le caí gorda, ¿no?
Siempre choco. Y a mí misma me choco.
Soy vieja y ridícula.
Nací cursi.
No lo elegí.
Poquito.
No es cursi. Quiere respirar.
Tome su libertad, amordisco. A la fuerza.
Quítese miedos.
Venga con nosotros. Vaya a su casa y saque el dinero que le corresponde.
¿Dinero cuál?
El cambio que deja la criada en la cocina junto para los cigarros.
Él nomás me da para la gasolina.
Mi sal.
Hadas de pájaro, hija.
Mi viejito.
Déjalo.
Venga conmigo.
¿Crees que puedo?
Estoy vieja y... Una mujer a mi edad sin un macho que la mantenga no es nada.
Nada, nada, mierda, nada.
No me hago guaje.
En un lugar me despierto y me agarra el miedo.
Miedo de estar vieja.
Ni modo de parar a la vejez porque ella siempre trae cuerda.
Ay, mejor hablemos de otras cosas.
Bailemos.
Ándale.
¿Quieres? Juanita te dará más.
Contigo. Y que a tu hermanita no le importa.
Te la doy en un ratito. ¿Somos?
¿Juntos? ¿Solitos?
Siempre hay ratas en estos hogares.
Ratas son lo único que hay en estos centros.
Rata.
¿Qué pasa?
Ahora, de aquí vuelto con ella.
¡Vámonos!
No quiero, no quiero, no quiero. No puedo ir a casa.
Voy a ver barracos.
Calladita, cita.
Vas a ir a casa.
Me da miedo, no quiero.
No quiero ir.
Cuidadito con vomitar.
Cuidadito. No se te vaya a ver la breja.
¿Qué le diste? ¿Por qué lo hiciste?
¿Por ti?
Sí, claro.
Por mí.
Y me vas a cuidar toda la vida.
Lo sé.
Señor.
Señor. Despierte, señor.
Señor.
Lo único que traía.
Ya no sirve.
Está roto, igual que yo.
Es un despojo.
Una puta garra.
Mi visoñe de pelo natural.
Es culpa del puto Dios que me odia. Cállate, ¿qué cosas dices?
No puedo vivir sin él.
Lo necesito.
Soy un monstruo.
No me veas, no me veas. Cierra los ojos.
¿No ves que soy un mico?
Es mi secreto.
Nadie sabe que soy deforme.
Yo vivo de mi cara.
Es culpa de la puta migraña.
Lo que me saca de perecer los médicos.
Nervios, dicen.
Para ellos es fácil.
Aguántese y se le pasa solo.
Y yo trato y trato.
Y nada.
No, no necesito tu lástima.
Te dieron celos.
Se los de Horta. Por eso hiciste lo que hiciste.
Y ahora... Tengo tu lástima.
Lástima de Horta.
No necesito tu lástima. Necesito tu peluca.
En la morgue el embalsamador me enseñó.
Decía, uno nunca sabe cuando se ofrece. Y ya se ofreció.
Churia, ¿no?
Dije que no quería tu lástima.
Lástima, lástima.
Tienes que gustar.
Eres nuestro sustento.
Nuestro pan y mantequilla.
A costa de tu pelo.
A costa tuya.
No, loca.
Coralito loca.
Va a crecer en un santiamén.
Te necesitamos, Juan.
Mira.
Perfecto.
¿Me da un aire francés?
A chance, voy a ir.
Igualmente.
No va a haber mujer que se te resienta.
¿Estás segura que esta es la que nos conviene?
Segura. Es viuda, doméstica de su casa. Feria de Gandimbalo Floria.
Ya no sé qué. Es la madre de Ariel.
Todos somos madres de Ariel.
Se buscó por católico y por español.
Y yo pedí tu ayuda ahí.
Esas puras mensajerías.
Además, no sé nada de rezos.
Si es española, me va a descubrir el acento.
Con ella no puedo fingir.
Podrás. Cosa de arreglar un poquito la historia.
Yo lo haré.
Termino la vuelta y nos vamos.
Mi madre me enseñó.
Salíamos al patio y hablábamos, tejíamos.
Tardes de mujeres durmía mi padre.
Veía que fuera un macho.
Y quién me viera.
Ahora vivo de las mujeres.
Todo un macho.
No sabes cómo duele verte con mujeres.
Verte tocarla.
Verla y aguantar.
Coral, eres mi aire.
Mi fuerza, mi todo.
Nunca tocaría a una mujer.
Son trabajo, sudor.
Para seducirlas voy a usar palabras, labios, un beso.
Sexo jamás.
Nada que te duela.
Te lo juro.
Te lo juro.
¿Traen maletas? Las dejamos en el coche.
Soy Coral, la hermana menor.
¿Acaso no lo esperaba?
Me la imaginaba casi una niña.
¿Se ve mayor?
Siempre me he visto mayor.
Y nada, o se le nota el acento, el peceo que dicen.
Será mi buena vida.
Coral llegó de niña igual que yo. Y nos amoldamos a las costumbres locales.
Se puede perder el acento.
Pero el corazón sigue, seguirá siendo español.
Eso no se pierde jamás.
Jamás. Uno lo hace con el quijote dentro.
Y dentro se queda.
Bueno, es la señora Silva, hermano. Mucho gusto.
Toral. Qué nombre tan raro.
¿Está en el santoral?
No tengo la fortuna de conocer su tierra.
Zoria.
Segovia.
Mi mamá nació en Cantimparo.
Tiene mucha orilla.
¿Y usted?
¿Usted?
Yo soy de Ullo.
Igual que yo.
Claro, como buenos hermanos.
¿Y cuántos días vienen por acá?
Los necesarios para echar a andar la obra.
Nuestros niños nos esperan y no podemos fallar.
Están en la mano, amiga.
Vienen a hacer misiones en América Latina.
Pensé que ya era territorio cristiano.
Pensó bien y mal.
Es la grey más fiel del señor, pero las huestes de Lutero no la amenazan.
Llevamos comida, credo, y esas cosas a los pobres del continente.
La vez anterior que sus paisanos vinieron a traer consuelo al continente,
dejaron una sarta de indios muertos, pero con versos, claro.
No, esa es la leyenda negra creada por Inglaterra para desacreditar a España.
Usted no es de acá.
Yo no nací aquí. Yo elegí aquí.
Y aquí estoy.
Jodido igual que todos los de aquí.
A ti elegí.
La señora Silverman vive aquí al lado, pero no es de aquí.
Eso ya nos lo dejó claro.
¿Y qué van a hacer tú y tus pastores españoles con los fondos que recolecten?
Ay, ya me petaste.
Señora, nosotros no sacamos dinero de aquí.
Lo traemos, aunque no lo crean. No le creo, le creo, le creo todo.
que sean pastores, que vengan a traer dinero, todo.
Hoy ando de crédula.
Hasta que sean españoles les creo.
¿Qué es lo que no nos cree?
Soy atea y anarquista.
Incrédula profesional.
Pero no me haga caso. Puede que sean manías de vieja.
Sí, es atea y anarquista en todas esas cosas.
Y además ya se iba, ¿verdad?
Con permiso.
Voy a la sala.
Hasta mañana.
Ten cuidado, compadre.
No te metas. No te pedí consejo. Y yo te lo doy de cualquier modo.
Será que de pleito en pleito te ha agarrado cariño.
No les creo nada.
Eres incrédula de corazón, ¿no? Y haces mal.
Recuerda.
Bienaventurados los crédulos porque ellos verán a Dios.
Irene Gallardo.
¿Mía?
Disculpenla. Es imprudente. Es que está educada distinto.
Es judía, pero casi no se le nota.
El padre Mateo dice que no rompa mi amistad con ella.
¿Un tequinita?
El padre Mateo dice que robustece mi fe.
Yo creo que debemos agradecer a Dios.
Está feliz de unir.
Al cielo, al cielo quiero ir.
Si al cielo quieres ir. A recibir tu palma. A Dios con
cuerpo y alma.
Has de amar y servir.
Al cielo.
¿Cuándo se le fueron los hijos? ¿Por qué se quedó?
¿Va a creer que no tengo respuesta?
A veces me digo, vete con los tuyos.
Era por eso que cuando leí en la revista que era español, decidí escribir.
Le dije, paisano, no escribes todas estas cosas.
¿Pero qué es todo?
Sola y mi alma.
Con la única gente.
La señora Silverman.
Mi única amiga amiga.
¿Y las obras, tía?
¿Y las obras, tía?
Nuestras obras, tía.
¿Nuestras obras, tía?
¿Cantamos o no?
Sí.
Pero nada de punteras.
Cristo quiere misioneros con el júbilo de la gracia divina.
A ver si me acuerdo.
Cantemos al... Tú también cantas, ¿de acuerdo?
No. La que te gusta esa, la tirolesa, I love to yell.
Dije no.
Dije la y que ella haga su berrinche.
Si el cielo quiere ser pura humana vida y quieras... La mujer no nos puso
separados a propósito. ¿Acaso no somos hermanos? Sí, pero los hermanos no
duermen en la misma cama.
¿Y si le dices que así se usa en México?
Y ole, y ole.
Te va a oír. Y ole, y ole.
Ya me hartó, Leon. Que me oiga, ya me hartó. Bésame. No, no, aquí no, aquí no.
¿Aquí o dónde?
En el infierno.
Buenos días.
Perdí mi bata y fue la única que encontré.
Pues si me dice, le presto una mía.
Y si no le queda, no sé, una sábana.
Un mantel.
Así.
Le va a dar un aire.
A mí no me da el aire, soy sana.
Sí, ya se ve.
¿Café?
La señora y yo estábamos hablando de las cruzadas.
Casi la convenzo de que es una de nuestras causas por Cristo.
¿De qué sirve desperdiciar aquí la vida?
Entre estas cuatro paredes, aburrida.
Ustedes, en cambio, están llenos de planes y proyectos.
Sí, magnífico.
Magnífico, ¿verdad?
Coral, ¿por qué no después de ir a misa vas a arreglar el asunto ese del correo?
Yo me quedo. Así tejemos y nos hacemos compañía.
Con permiso.
Y de modo tímido, me tengo que cerrar desde ahora. Es tarde.
Por Dios, qué escuridad.
Irene y yo hemos estado hablando.
Ah, Irene.
Sí, sí, Irene y yo. Y viene con nosotros.
Se une a la causa de Cristo.
Ay, no, no.
Vamos a casarnos.
¿De ver?
Gracias a Dios.
¿Te parece?
Dios los bendiga.
¿Y buscaron al cura?
Sí, bueno, en eso estábamos, pero... No quiero que sea el padre Mateo.
Por Dios, ¿por qué no?
Pues porque... me avergüenzo con él.
Déjenme en manos.
Mañana por la mañana yo lo resuelvo.
Y ahora, a celebrar.
Perdónalo, Señor.
Perdónalo, Señor.
Perdónalo, Señor.
Nunca hice nada de lo que pudiera avergonzarme.
Irme así.
Y mi familia.
Lo remediamos.
Verá cómo le ponemos remedio.
No sé si en un cementerio valga.
Los cementerios son tierra santa.
Tal vez los que tienen la capillita cerca de la iglesia, pero esto es puro
pelón. Dios está en todo lugar. Además, los muertos santifican.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén. Así, ante Dios Todopoderoso.
Nos consagramos marido y mujer.
En la salud y en la enfermedad.
En la alegría y en la tristeza.
Hasta que la muerte nos separe.
Por los siglos de los siglos.
Buenas noches. ¿Tiene un cuarto?
Sí, estaciona su coche en aquellos mundos.
Estos son sus cuartos.
Perdonarán el estado en el que se encuentran, pero estamos en
Pasen buena noche. Gracias.
Irene.
Mañana hay que madrugar.
¿Ahora qué?
Nos consagramos en el seminario.
La iglesia en ciertos casos acepta matrimonios sin cura.
¿Y él está allá y yo acá?
La iglesia y la ley de Dios no es todo.
Los papeles, la reputación, ¿qué?
¿Reputación? Aquí no nos conoce nadie. ¿Qué importa?
¿Qué importa? ¿Qué importa? Sí importa.
Yo soy una mujer digna, de honra.
No iba a entrar a un hotel acompañada de dos adulteros.
Adulteros son los que engañan al marido.
Nicolás y yo somos viudos.
No engañamos a nadie.
Estamos casados.
Bajo el rito de emergencia, pero casados.
Tenemos derecho.
Derecho canónico.
Aquí está en obra, mira el porquería o la tierra.
No, además allá está igual.
Regresa, te van a ver.
Es lo mismo que dice la bruja. ¿Quién?
Tu hermana.
Me gritó, me zangoloteó, me dijo adultera y yo soy una viuda.
Además no es como tú.
Tú eres fino y elegante y ella... Ella apesta.
No puedo dormir, parece que trae un muerto en la boca.
Tú y yo estamos consagrados en la iglesia.
No, bueno, no fue en una iglesia, iglesia.
Tú dijiste que los cementerios son tierra santa.
Sí, sí, pero ya lo pensé.
Y si es pecado, yo no puedo hacerte pecar.
Tú eres una mujer pura.
No, no soy una mujer pura.
Soy viuda, conozco el matrimonio, tuve hijos.
Además ya no quiero ser pura, ya no, ya no. No puedo faltarle el respeto, ni a
ti, ni a mi hermana.
Tu hermana.
Somos tú y yo los que importamos.
Ven conmigo.
Hace tanto que la cama se me hace ancha.
Ahora nos une Dios.
Porque no va a ser bueno.
Deja que tu vino se derrame en mi carne.
No, no, no puede.
No está bien.
Tú eres una mujer decente.
Soy, soy tu carne.
Tu esposa.
Una sola alma, una sola carne.
¿Qué carajos tienes aquí?
¿Qué haces, está loca?
Somos marido y mujer.
Tenemos derecho a estar solos.
Échala, no es más que una gorda. Sin nombre, amargada.
Sin nombre.
Si quieras, puta vieja, que este hombre es mío.
Que el que crees que es tu hombre es mío de mí.
Que mi carne sí es su carne.
Es mío, es mío, es mío, es mío.
¡Celda! ¡Saca esa mano de ahí!
¡Eso no se perdona ni en el cielo! ¡Es incesto!
¡Celda! ¡Eso no lo hacen ni los salvajes!
¡Ni los salvajes en África!
¡Celda!
Soy la víctima, la víctima propiciatoria, el Cordero Pastual.
¿Podemos dejarla viva, sí?
Tienes que detenerla.
Es necesario mantenerla en posición para cuando le venga el rigor mortis. Es
que... Es que yo no tengo la... Es que nada.
Si pierde la posición sentada va a ser necesario quebrarle los huesos de las
piernas con el fierro.
Y te dan cuenta que falta la pala. Pues creerán que se la robaron.
Que siempre es mejor a ti. Crean que se encontraron un cadáver.
El amor ya aprendí a darle su retocadita.
Las dejaba como muñecos.
Como durmiendo la cierta.
Mírala. Hasta se ve mejor que de viva.
Y es que con la luz del día se le va a notar.
Y si se le nota, nos van a descubrir.
¿Y qué quieres?
¿Saler de mucho con los asesinos?
No, por Dios.
Los asesinos no.
¿Y entonces qué somos?
De paso sirve que la velamos.
Y así nos compañía.
Gracias. Para servirle, tenga buen viaje.
¿Cuál es la próxima cita?
Otra viuda.
San Pedro o algo así.
Por su letra parece una mujer de edad.
Tiene un negocio de coches. Y tú te ocuparás de... ¿Yo?
para poder cocinar sin el pelo en la cara.
Además de que quiero impresionar.
Un negocio es un negocio.
Bueno, así es.
Un día es un día.
Buenas noches, buenas noches.
La señora Rebeca San Pedro.
Nicolás Estrella.
Cocido, como los de allá.
Comida de casa, de hogar.
Mi marido, él me enseñó.
Sabía de todo, a todo le entraba.
Todo lo hacía bien.
De él aprendí que una mujer necesita un hombre fuerte.
Un caballero.
Debe extrañarlo.
Más de lo que se imaginó.
No, no, déjenme.
¿Queréis irme antes de irme a dormir?
Estoy cansada y ustedes tendrán muchas cosas de que hablar.
Ninguna.
Ninguna sola.
Yo hago un negocio y ustedes... Ustedes hacen otro.
¿Negocio?
¿Así le llaman ahora a los encuentros del corazón?
Señora, yo... Así les llamo yo.
Lo llamé porque necesito un hombre.
Toda mujer necesita un... No, no como usted cree.
Dijo que sabía de mecánicas.
En España fue mecánico muchos años.
Si no quiere un hombre, ¿qué quiere?
Necesito alguien que se haga cargo del taller.
Alguien que cuide a mi hija.
Alguien que me respalde en el pueblo.
Que no sabe lo que es vivir en un pueblo pelón.
Jodido.
Ser duda joven y aguantar la mirada de los hombres.
No sabe.
No, no sé.
¿Quiere un empleado?
No voy a pagar un empleado.
Yo sobrevivo apenas hasta que amortice el préstamo.
Antes de morir, él compró 40 hectáreas.
Victorias buenas no tiene hierba pelona como esta.
Algo será distinto.
Pero mientras, pura friega.
Los hombres mediterráneos son buenos maridos.
Chapados a la antigua, respondedores.
Necesito conocerlo.
Ver si es de ellos, si me sirve.
Te propongo que nos tratemos dos meses.
Luego vendrá la boda.
Si no funciona, le pago su... salario de mecánico se alojara con su
hermana
Buenas noches.
Es que estas americanas no las conozco muy bien.
Yo lo que trabajo bien son las europeas.
Es una ubicación temporal.
No pensé que viniera ni su hermana.
No hace nada sin mí. Me adora.
¿Como hermano? Claro está. Como era el correo sentimental el que teníamos,
pensé... No es la única que tiene que tomar providencia.
Venga. Al rato le traigo sabana.
Ven, Mercedes.
Oiga, Rebeca, préstemela un ratito.
Un ratito. Un ratito, mamá.
Hasta el curso.
Media hora, Mercedes.
Te voy a cantar la canción favorita de mi hija, Cereza.
Mira.
Una tarde muy linda de agosto, cuando yo...
Ya no te la vuelvo a cantar.
Lárgate, nunca.
Nunca te la vuelvo a cantar.
Lárgate, monigota.
Monigota.
Lárgate, lárgate.
¿Te despertaste?
Y siempre me despierto mientras roncas.
Y revisa sus cuentas. Miente. Tú también me mientes.
Y dijo que era un trato de negocio.
No, no es mi culpa. Es la única manera como se trabaja.
Y ella responde.
Ay.
Perdón.
Perdón, Coral.
Coralito mío.
Es una puta.
Ya has visto. Ella siempre empieza.
Y yo... Yo no sé cómo pone el coche. Yo solo sé esto.
Esto.
No es mi culpa.
Ella me buscó.
Me busca. Me busca.
Me busca, la buscó.
Buscamos a otra.
Vamos. Yo no la elegí, fuiste tú.
Fuiste tú la que dijiste que era viuda y vieja y fea y rica. Y me equivoqué,
fíjate tú.
Me equivoqué en todo, menos en que es rica.
Está cargadita de lana hasta los bollos.
Era a largo plazo.
Sin liquidez.
Me equivoqué.
Y ahora nos vamos a quedar aquí a sacarle toda la lana que tiene.
Todo, todo por puta. Sí, claro.
Por puta, claro.
¿Por qué juegas con la niña?
Juego, juego porque juego. Porque aquí me gano a la madre. Porque es una cría
simpática.
¿Y mis hijos qué?
Mis hijos eran más simpáticos que la monigota esa.
Mis hijos eran queridos simpáticos.
Tú los echaste.
Me obligaste a echarlos de mi vida.
¿Yo?
Tú, tú me hiciste elegir. En cambio a ella, no le dices que deje a la niña. Al
contrario, te te cae la baba y juegas con ella. Es distinto. ¡El trabajo!
Es siempre distinto.
No dejé a mis hijos.
No querían ni me pedían. Ni lloraban ni los dejaban.
Lo que es peor, los volvería a dejar.
Come. En esta casa nadie come a propuesta.
Nadie.
Aunque usted no entienda cómo se come, debe clarito.
Ella tiene que irse.
Maldrata a mi hija, la he visto.
Coraz, mi hermana.
Hace ya dos meses que te fuiste.
Y desde entonces no hago más que pensar en ti.
Solo en ti.
Ahora estás en todos mis actos.
Somos cómplices.
Cómplices. La misma carne. La misma sangre.
Ya nada puede rompernos.
Separarnos. Ven, coño.
Con el calor y tu ausencia la migraña ha vuelto.
Ya caché tu secreto.
¿Y? ¿Caso me ibas a engañar siempre?
¡Dámelo!
¡Dámelo, pinche puta!
¡Dámelo! ¡Dámelo!
¡Dámelo, puta de mierda!
¿Querías que supiera que estás calvo? ¡Dámelo o te mato!
¡Ya me lo vas a... ¡Suéltame!
¡Te voy a enseñar!
¡Te voy a enseñar la prudencia!
¡La prudencia y el decoro! ¡Suéltame!
¡Te vas a burlar de tu puta madre! ¡Y de tu cría de mierda!
¡Mírate!
Ríale de tu marido. De él.
Porque de mí no ha nacido una ofrecida que se ría de mí.
A ver, aprende.
Aprende a burlarte de un hombre.
Yo soy un hombre de honor.
Eso. ¡Búrlate!
¡Búrlate, mierda!
¡Búrlate!
Cato sabe lo que es el honor.
El dolor.
Quiere abortar.
Y juraste que no le ibas a tocar.
Júrate.
Júrate.
Júrate.
Castígame.
Anda, písame.
Písame.
Te traigo bien, no te merezco.
Písame, písame como un gusano.
Anda.
Vine a ayudarla.
Espérame afuera.
¿Qué va a ayudarme?
Usted lo dijo, soy enfermera.
¿Duele?
Aunque duele hay ánimo.
¿Dónde está su silla?
Tú me ayudas, mi niña.
El niño es de Nico, ¿no?
Es el que voy a dejar que nazca.
Quieta, quieta.
Son cosas de grandes.
¿Encontraste la firma del muerto?
No.
¿Viste la cámara?
Todavía no.
Esperaba que terminara.
Que todo terminara.
He perdido la sangre que debe perder.
Yo sé hacerlo mejor.
Por mi culpa, ¿no?
No supe salvar.
rosa, rosa, con patitos que giraban.
Ahora tú eres mío.
El agua es así tibiecita para que el cuerpo ni lo sienta.
A los 23 grados, el cuerpo no da la diferencia entre el agua y el ambiente.
de mi vida.
Llegó él con su mamá. Dámela.
Nos tenemos que ir.
Tenemos que ir. Nos van a venir por nosotros.
Y ella tiene que descansar con su mamá. Su mamá soy yo. Tiene mi boca. Boca de
corazón.
Dámela. No, dámela.
Mía. No te lo faltes. Dámela.
Para siempre.
Somos cúmplices.
Cúmplices eternos.
Nada ni nadie podrá separarnos.
Estamos unidos por la sangre.
Sí.
Unidos por la sangre de la muerte.
Por siempre y para siempre.
¿Qué mejor?
El cadáver de Irene Gallardo está en la carretera de la comunidad.
Seguro. La ley dice que los detenidos no tendrán en su poder prendas que pongan
en entredicho su identidad.
¿Por qué preferiría usarla?
Porque tal vez al rato viene la prensa y va a decir que es una idiotez, pero yo
preferiría que no me vieran en ella.
Ya ven, la prensa siempre anda en casa del ridículo y cuando lleguen, claro,
segurito mañana llenos de prensa y fotógrafos para tomarle fotos.
Segurito.
¿Qué piensan y qué ocho cuartos?
Y la peluca se la quita.
Es la regla.
Andy, finalmente la regla son para romperla, ¿no?
Esta no.
¿Por qué no?
¿Por qué no?
Además, ya pagó.
¿Por qué crees, monito?
Además, ¿dónde los meto?
Dime tú.
La gorda esta la tengo en préstamo en la escuela de al lado.
De por mientras, porque es sábado.
Luego, ¿dónde la meto? En la iglesia.
Aquí la tengo al lado y le echo tu vigilada.
Antonio.
Antonio.
¿Y ella también?
¿Y que ella no hizo lo mismo?
Aquí no hay telas para viejas.
Aquí las mujeres no dejen.
Cuando llegue el momento, me puedo poner la peluca.
Es que no me gustaría que me viera sin ella.
Se quede con otra imagen, ¿no?
Yo qué sé.
Solo me mandaron a hacer el aseo.
Solo me dijeron que había una presa, esposada y toda la cosa.
¿Tiene hambre?
La comida de mi sándwich.
Ya me viste la cara de gorda.
Tienen estos trances, se me quita el hambre.
¿Qué nos va a pasar?
Yo qué sé.
Yo aquí nomás trapeo.
Sí, ¿qué vas a saber?
Porque nomás vas a saber qué hacer.
Si de puro gente me diste tu torta.
Nunca compartas tu comida con una gorda.
Yo casi me la acabo.
Allá agárrense por ese caminito.
Ven, ven, ven. Deja que pase lo que haya pasado. Mejor de una vez.
No se le puede dar vuelta al destino.
¿Nos va a dar la hijuga? Déjame.
Déjame, tontito.
Déjame echarse de ir a visitar a mis hijos.
Déjame, tontito, ya.
Déjame, tontito, ya.
Piedad, imagínense nomás.
Ya pélense, cabrones.
Antes con dejar que este mono ande con peluca.
Piedad.
Nos quiere casar como animales.
Como puros animales.
Coral, deja.
Deja que te den.
Deja que te den así no duele.
Quieta.
Quietecita, ya viene.
Ya viene, princesa.
Juntitos.
¿Qué cosa?
Creo que es el día más feliz de mi vida.
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