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Tú eres Martita, ¿verdad?
¿Qué pasa
con el
timbre, caray?
Tía Alejandra.
Es la tía Alejandra, niños.
Pero pase, tía, no se quede ahí.
Ayúdenme. Muérdense.
Qué sorpresa, tía Alejandra.
Le esperábamos el lunes.
Rodolfo me dijo que llegaba el lunes a mediodía. Me adelanté.
Permíteme. No, yo la llevo.
Qué pena que se haya venido sola.
¿En qué se vino? ¿En el autobús? No, en tren.
Nos hubiera avisado para ir por usted a la estación. Qué pena.
Además, mire nada más. Me agarró desprevenida.
Va a encontrar toda la casa tirada. No te preocupes.
Qué pena.
Ayuda, floja.
¿Esa es la tía Alejandra?
Escogimos este cuarto, tía.
Espero que le guste.
Era el de Marilena.
Es muy calientito y está cerca del baño.
Perdón el desorden, tía.
Es que, como le esperábamos el lunes, de haberlo sabido... Ahorita le digo a
Marilena que le cambie las sábanas y le dé una barrera. Lo que no quiere es dar
molestias. Pero usted no da molestias, Alejandro.
Al contrario.
Una gente extraña que llega a vivir a una casa ajena siempre es un estorbo.
Pero usted no es gente extraña.
Rodolfo y yo la queremos muchísimo.
Además, nos daba mucha ilusión que llegara.
¡Hijos! ¡Cómo pesa!
Gracias, Andrésito.
Qué lindos son.
¿Tienes llave de este cuarto, Lucía?
No.
Creo que no.
Pero mañana mismo le mando hacer una.
Te lo voy a agradecer porque me gusta estar encerrada.
Manías de vieja.
Marilena va a cumplir 13 años.
Va a secundaria.
Estudia ciencias químicas, ¿verdad, hija? Ciencias químicas.
En eso soy una experta.
Te puedo ayudar.
Andrés va en quinto y Martita va a pasar a tercero. Sí, ¿y a qué escuela van?
A una de gobierno que queda por aquí, tía.
Deberían ir a una escuela particular, Rodolfo. La educación en una escuela
particular es muy importante.
¿Pero son tan altas las colegiaturas?
¿Todavía trabajas en educación?
Y ganando casi lo mismo.
Con muchas deudas.
La hipoteca de la casa, los abonos del coche.
Ay, el dinero no te preocupes.
Yo me encargo. No lo digas, Alejandra.
¿Cómo que no?
Vendí la casa.
La abuela me dejó algún dinero.
¿Es que sirva de algo?
Yo... ¿en qué voy a gastarlo?
Ay, qué pena, tía.
¿De qué murió la abuela, tía?
No murió.
Se quedó convertida en una silla.
Bueno, niños, acostarse.
Martita.
¿Cuántos años tenía la abuela?
Muchos. ¿Más que tú?
Y es hora de irse a la cama.
Yo tengo más, hija.
¿Cuántos te imaginas?
Ochenta.
Yo tengo mil, Martita.
Casi mil años.
Bueno, su papá tiene razón. Es hora de irse a acostarse.
Que pasen buena noche todos.
Acompaña a su tía Malena.
Está loca, ¿verdad?
Cállate.
Parece milagro.
Ahora sí vamos a salir de todos nuestros problemas.
Ya no hables de eso.
¿Por qué?
Me siento mal.
Como si fuéramos a extorsionarla.
Ella fue la que habló de dinero.
De todos modos me siento mal.
¿Te imaginas lo que nos puede ayudar?
Pobre Alejandra.
Consagró su vida al cuidado de mi abuela.
Por ella no se casó.
Por ella se pasó los años encerrada.
¿Cómo cuánto dinero tendrá?
No sé.
Mújame.
Como dos millones de pesos.
Uf.
Te quiero mucho.
Te quiero más que nunca.
Ahora sí vamos a ser muy felices.
esos ruidos.
No. No.
Mira.
Abajo. En el comedor.
Avísale a tu tía Alejandra.
No sé dónde quiera poner todo.
¿Cuánto te dije?
Mira, oye.
¿Qué?
¿Quién sabe qué hay adentro?
Parece un animal.
Quítense de ahí.
Se ve enojada la tía Alejandra.
Vamos a huir.
¿Cómo te atreves?
¡Lárgate!
Perdóname, hija.
Pero es que... No te asustes.
Perdóname.
Son mis cosas de vieja. Por eso le pedí la llave a tu madre.
Solo vine a decirle que ya llegaron sus cosas.
Ah, sí, claro.
Bajo enseguida.
Me perdonas, ¿verdad?
Esos muebles a la sala.
Y el baúl al sótano.
Con cuidado.
No
pensé que
trajeras tantas cosas.
Vendí la mayor parte.
Solo me quedé con las cuentas.
Parece que no.
¿Te acuerdas?
Se la regalé hace siglos a la abuela.
Nunca imaginé que la conservaras.
Era el más valioso de nuestros tesoros.
Tal vez pueda arreglarla.
¿Ya no haces casitas de música?
Lo dejé hace mucho.
¿Por qué?
Eras un artista.
Sí, pero nadie pagaba lo que valían las cajas.
Ahora las fabrican en serio.
Pero no hay comparación.
Además, el trabajo en la oficina me quita todo el tiempo.
Déjalo y dedícate a esto.
No puedo.
¿Lo dices por el dinero?
Por todo.
A Lucía le parece tiempo perdido.
No le hagas caso a Lucy.
Y no te preocupes por el dinero.
No
entiendo
cómo nunca los habían traído a este lugar.
¿Para aprender todo?
Hay que venir a verlos, platicar con ellos, conocerlos.
Si solo ellos saben.
Estos lugares se construyeron para la paz.
¿Y todos los que vivían aquí eran buenos?
Tarde o temprano, el bien todo lo alcanza.
¿Son gente de verdad?
Son de verdad.
¿Pero están muertos?
No.
Están esperando.
No es cierto.
Están muertos.
No pueden hablar.
Claro que hablan.
Solo que muy querido.
Casi sin mover los labios.
Andrés no puede oírlas. Pero tú sí, Martita.
Porque estás hecha de sol.
En luz de luz.
Con cuidado, Malena. Es un finitivo.
Tuvimos suerte. Realmente no hubiéramos podido comprar una así igual.
¿Qué tiene?
Nada.
¿Cómo que nada?
Hace días que te noto rara.
¿Es por la que Alejandra? No me gusta.
¿Por qué? Es muy buena con nosotros.
Pero pasan cosas raras desde que llegó.
La otra noche. Bueno, si llega.
Es una cristalería muy fina.
No le pasa nada.
Todo es otra cosa.
Rodolfo. ¿No fuiste a trabajar hoy?
No.
¿Estás de vacaciones o te dieron el día?
Me lo tomé yo.
¿Por qué no me dijiste nada?
Decidí hacer lo que me gusta.
¿Ya viste?
Limpié el taller.
Estás loco.
Al contrario.
¿Vas a botar la chamba sin nada más?
No necesariamente.
Es una tontería, Rodolfo.
Es tu trabajo, de eso vivimos.
Tú fuiste la primera en celebrar el dinero de Alejandra.
Pero eso no significa que botes un trabajo que tanto esfuerzo te ha
Esto es lo que me gusta.
Rodolfo.
Hazme caso, por favor, deja eso.
No tengo nada más que decir.
No podemos vivir de la tía Alejandra.
Ella me lo sugirió. Pero no podemos.
Yo no puedo estarle pidiendo para el gasto, para pagar las colegiaturas.
Los niños necesitan zapatos.
Rodolfo, entiende que no puedo estar de limosnera con la tía.
Esto puede ser un buen negocio. Sueña.
Quítate quieto.
Estás más hermosa que nunca.
¡Vámonos! ¡Vámonos!
Gracias.
¿Qué le damos, marchanda?
De Abril Malena.
Traje algo para ti.
Es para el mal de amor.
Porque estás enamorada, ¿verdad? No.
Estás enamorada, no digas mentiras.
Yo lo sé muy bien.
Luego te digo cómo.
¿Está preocupada por usted? Se me hizo tarde en las compras.
Malgaste su llave, tía Alejandra.
Qué bueno.
Muchas gracias.
Compró pájaros. No, no te aceptes.
Están embrujados.
Qué lindo.
Luego subes a verlos y te digo un secreto.
¡Qué barbaridad!
¡Ayúdenme, niños! ¡Mis pájaros! ¡Mis pájaros! ¡No se preocupen! ¿Dónde se
¿Dónde se pegó? ¿Dónde se pegó?
¡Ay, la rodilla!
¿Apoyas en mí?
Vamos a la sala.
¡No olvides! ¡Mis pájaros! ¡No te preocupes!
¡No tengo la culpa, papá! ¡No olvides a él!
¡No dejes las cosas regalas en el suelo! ¡Es que es levamoso!
¡Paco, no se preocupes!
No se
preocupe.
Todo irá bien.
Déjese de recetas, doctor.
No sé qué tomar.
Es cierto.
Afortunadamente no parece que haya fractura.
Pero a su edad estas cosas pueden ser muy molestas. Me imagino.
Yo le recomendaría que la llevaran a un hospital para que la atiendan mejor.
¿En cuánto tiempo cree que se reponga?
Dos o tres meses.
Doctor, usted ya conocía a mi tía.
¿Por qué me lo pregunta?
No sé.
Me pareció.
¿Te da miedo?
Todo pido. No, hombre, si a ti Alejandra sigue en el hospital.
Malena, ¿a ti te da gusto que ella no esté aquí?
¿Verdad? Desde que se fue todo está más tranquilo.
Yo ya estoy.
Yo no.
Mire, qué hermosura.
Déjalo, Malena.
A ver, ayúdame.
¿De dónde sacaron esas cosas?
Al ver la tía Alejandra. Estaba en el baúl.
No anden tomando eso.
Guárdennas.
Déjenlas en su lugar.
¿Cuántas pediste, papá?
Tengo un buen pedido.
¿Cuándo sale la tía Alejandra al hospital?
Creo que hoy la dan de alta.
Pero dijeron que iba a estar tres meses.
¿Ya tiene más de dos?
Sí, Lola.
Vente, mami.
¿Por qué no quiere Malena a su tía?
No sé.
¿Tú la quieres?
Muchísimo.
¿Y tu mamá? ¿Cuál?
Bienvenida a casa.
Déjame.
El doctor dijo que hiciera su vida normal.
Y hasta un poco de ejercicio.
Si Alejandra... Si Alejandra, ¿le traemos un desayuno? No, pasa
enseguida. No necesita molestarse.
Esa es la tía que ya baja a desayunar con nosotros.
Pásate allá, Malena.
Ese es el sitio de Alejandra.
Quiero advertirles que hoy más que nunca tienen que portarse muy bien con la tía
Alejandra. Y portarse bien significa ser muy buenos con ella.
Acomodarse en todo lo que necesite.
No quiero castigar a nadie por esto.
¿Me oíste, Andrés?
¿De acuerdo, María Elena? Chao. A ella le debemos todo lo que hay en esta casa.
Buenos días.
¿Cómo amanecieron?
Muy bien, Alejandra. ¿Tú cómo estás?
Muy agradecida con Martita.
Cuidaste con mucho cariño a mis pajaritos.
Tendrás un premio.
Así.
¿Por qué lloras, brujita? ¿Qué te pasa?
Nadie me quiere.
Un maldito me puso vinagre en lugar de miel. ¡Qué barbaridad, qué barbaridad!
Un maldito me puso sal en lugar de azúcar.
¡Qué barbaridad, qué barbaridad!
Un maldito me puso hormigas en mi cama.
Todo porque soy una bruja buena que no hago mal a nadie.
Ay, brujita, eso merece un castigo. ¿Tú crees, payasito?
Desde luego que sí.
Yo faltaba más.
Burlarse de ti.
¿Y qué castigo le pondrías tú al malvado payasito?
Déjame pensar.
Lo convertiría en elefante.
No me gusta. No, me aplastaría.
Me comería.
Entonces lo convertiría en globo y lo reventaría.
¡Eso sí!
¡Eso sí!
¿Quieres hacerme un favor, payasito?
El que tú digas, brujita.
Traeme una escoba mágica.
¡Enseguida!
¿Y para qué quieres la escoba mágica, se puede saber?
Para hacer mi maleficio, payaso hipócrita.
¡Maldito! ¡A la una!
Corín Colorado, este cuento se ha acabado.
Abre por favor la puerta, Malena.
Es que ya no aguanto.
Me estoy bañando, no mueras.
Por favor, Malena.
La desgraciada.
Sigue, sigue. No te preocupes por mí.
Solo entré a lavarme las manos.
Pero la puerta estaba cerrada.
No está caliente el agua.
Es malo bañarse con el agua tan caliente.
Una experta en química como tú debería saberlo.
Está tibio.
No está tibio, Malena. Está caliente.
Muy caliente.
Cada vez más caliente.
Caliente, caliente.
Hurgiendo.
amigo, ¿sí?
Eso es de vieja.
¿Por qué no le dices a la tía Alejandra que juegue contigo?
¿Cómo eres malo?
¿Cómo?
¿En qué quedamos, Andrés?
Es que me llamaste. ¿En qué quedamos?
Nomás subí porque me hablaste. No te hablé y quedamos, que no ibas a subir a
piezas en patines.
Tu papá te lo prohibió terminantemente.
¡Fuera de aquí, vámonos!
Nadie nos lo cree.
Pues sí, Gaten.
Cada día las haces mejor.
¿Cómo va la venta?
Regular.
Solo tengo tiempo para pensar en mi hijo.
Tu mujer y tu familia necesitan de ti.
De tu ejemplo.
Lo sé.
Lucía no sale de su dolor.
Ayúdala.
Voy a tratar.
Pero así no.
Esta mañana fui al banco.
Y quité la hipoteca de esta casa.
Alejandro.
Espera. Que eso te haga sentir un poco mejor.
No llores.
Tu hermanito sigue viviendo ahí.
El fuego es el alma de los que se han ido.
Tenda siempre prendidas para que su vida no se apague.
Para que su vida ilumine como una lámpara, como un sol, como un universo
ardiendo nuestras vidas miserables.
Gracias.
Es un té de los que yo preparo.
Me sentarás.
Gracias.
También para ti.
No le hagan nada a Malena. No, por favor.
No la castiguen.
Dicen que las quemaduras no son graves.
Con el picrato se va a aliviar.
¿Te sientes bien, Alejandra?
Te espero en el coche.
¡Mascar! ¡Mascar!
¡Miscacha!
¡Atrás, atrás, por favor!
Debieron llamarme inmediatamente.
Nos dijeron que usted estaba fuera de la ciudad.
¿Cuánto tiempo lleva inconsciente?
Tres días.
Aunque ha tenido algunos momentos de lucidez.
No pudo ir al entierro.
Bebiendo.
Desde el entierro no ha vuelto a casa.
¿Y usted qué va a hacer?
Nada.
¿Qué puedo hacer?
Únicamente cuidar de Lucía y de la niña.
Necesitan mucha atención.
Para eso estoy aquí.
Hagan saber cualquier cosa.
La tendré informada.
¿Cómo amaneciste? ¿Dónde está Martita? El camión de la escuela acaba de venir
por ella.
Cierto. Le preparé su desayuno, como todos estos días.
Te ves mejor semblante. Ay, tienes hambre.
Esa es muy buena señal.
¿Sabe algo de Rodolfo, tía Alejandra?
Nada.
Los clientes preguntan por él todos los días.
No llores.
Piensa en tu salud.
Eso es lo único que importa.
He estado pensando mucho en la muerte de nuestros hijos.
Dios nos castigo.
Fueron desgracias horribles.
Sí, sí, pero que empezaron a suceder desde que llegó Alejandra.
He estado pensando mucho en eso.
Tía Alejandra no tiene nada que ver.
¿Quién sabe?
Ella es muy buena con nosotros.
Nos ha ayudado mucho.
Necesitas descansar, Rúbal. Lo que necesito es que Alejandro se vaya de
inmediatamente.
Charla. Ahora mismo.
Sería una injusticia. No nos ha hecho nada.
Es que no te das cuenta.
Es una mujer sola.
Entonces vámonos de aquí tú y yo, con Marta. Estás loco.
A Guadalajara.
Tu cuñado me ofreció trabajo varias veces.
¿Y dejar la casa?
No puedo vivir un día más con esa bruja.
Rúbal.
Vámonos a Guadalajara, Lucía.
No, Rodolfo.
Yo no voy.
Esta es mi casa.
Dame
el
frasco verde.
Házame el azul.
Dame el matra.
Con esto
serán del color del sol y luego serán como el cielo.
Como el fuego.
Tendrán todos los tonos de la arcoíris.
¿Te gustaría convertirte en un pájaro?
No.
¿Por qué no?
Un pájaro grado de alas doradas.
Podrías volar sobre los mares.
Más allá de las montañas.
Llegar hasta el sol.
Y encenderte con su fuego.
Conocerías...
Todos los secretos de la vida.
¿Te gustaría?
Si tú quieres.
Yo voy a hacer contigo un milagro, Martita.
Un maravilloso milagro.
Era de la abuela.
¿Van a ir a Guadalajara?
Lo soy cuando hablaba con tu papá en el patio.
No vamos a ir a ninguna parte.
¿Unas vacaciones les caerían muy bien?
No.
Yo me puedo quedar con Martita.
Por eso no hay problema.
Adolfo.
¿Dónde está empapado?
Vine a cambiarte.
Al final de nuestra casa sigo siendo yo.
Adolfo. Cárgate de aquí. Adolfo. Vamos. Adolfo, no. No más muertas.
Adolfo. Cárgate.
Fuera.
Cárgate.
Que Alejandra va a volver.
No va a volver nunca.
Ella me lo dijo.
¿Te lo dijo?
¿Cuándo? Pero ya no hay puertas cerradas. Ni paredes.
Va a volver porque me quiere.
Me dijo esa señora que Alejandra va a volver.
Va a volver.
linda de cabellos de oro
de dientes de perlas
me
quieres
Integración.
Vete, Martita.
Estaba muy borracho, no supo lo que... De todas maneras, no se lo voy a
perdonar nunca.
¿Cómo se hace?
¿Y qué?
Eres un infeliz.
¿Sabes que la tía Alejandra se pasó la noche en la calle bajo la tormenta?
Sálvense.
¿Qué te pasa?
Vete con Marta.
Vete con Marta.
Las va a matar.
Las va a matar.
Júrame.
¡No!
Me asombra verla tan entera.
Ya no es tiempo de llorar.
Tal vez le haría bien.
Estoy perfectamente. No.
No lo creo.
De cualquier modo, usted necesita atención médica.
Desgraciadamente yo tengo que viajar a un congreso a Guadalajara.
Guadalajara. Entre tanto, podría recomendarle a otro médico.
¿Cómo encuentra a Lucía?
Aparentemente bien.
Pero debe cuidarse.
Eso es lo que le digo.
Ojalá usted la convenza. Eso trato.
Voy al mercado, Lucía.
No tarde.
Me da mucho gusto saludarlo, doctor.
Con permiso.
Si usted va a Guadalajara, ¿me podría hacer un favor, doctor?
¿De qué se trata?
Prométame que no le dirá nada a la tía Alejandra.
¿Me lo prometí?
Se lo prometo. ¿De qué se trata?
¿Cuándo se va usted?
La semana próxima, el martes.
Tengo un cuñado en Guadalajara.
Quiero que Martita se vaya a vivir con él.
Al menos un tiempo.
¿Podría usted llevársela, doctor?
Desde luego, pero... No me diga que no.
Lo haré con mucho gusto, Lucía.
Solo pensaba que por qué no se va usted con la niña.
Le caerían bien unas vacaciones.
Yo no puedo.
¿Por qué?
Mi deber es quedarme aquí.
¿Qué estás haciendo?
Ay, mira que me parezco.
Quítate eso.
¡Quítate eso inmediatamente!
Hijita.
¿Me entiendes, Lidia?
No. A nadie.
¿A tu cuñado de Guadalajara?
No.
¿No me habías dicho que pensabas mandar a Martita afuera?
¿Quién no lo sabe?
Yo lo sé todo, Lucía.
¿La piensa mandar?
¿Tiene algo de malo? Es un error.
¿Por qué?
No es.
Y si yo lo decido...
Martita no saldrá nunca de esta casa.
Sí. Sí, Lucía, la escucho perfectamente.
Ya compré el boleto para Martita, no se preocupe.
Sí, para el martes.
El tren sale a las ocho.
Pasaré a recogerla a las seis de la tarde, si le parece.
No, no tiene nada que agradecer, Lucía.
Hasta el martes.
Tranquilícese.
Prefiero que no se lleve usted a Martita.
¿Qué hace este doctor?
Voy por Martita.
Ya está listo su equipaje. Tenemos poco tiempo.
No sabe cómo le agradezco esto, doctor.
No se lo imagina.
Martita no puede viajar.
Tiene mucha fiebre.
Pero hace unos minutos estaba bien, doctor.
Seguramente una infección sin importancia.
Pero de cualquier modo no puede viajar.
Lástima.
Pero hay cosas con las que uno no cuenta.
Te alejando.
Te vas a poner bien, hijita.
Me perdona, Lucía, pero tengo que retirarme.
Aquí tiene el boleto de la niña.
Salga de aquí inmediatamente, Alejandra.
Yo cuido a mi hija.
Ahora serás como un pájaro, Martita.
Aprenderás a volar.
Tus brazos se extenderán como alas. Y volarás muy lejos, muy lejos,
hasta lo profundo de la noche.
Hasta la luz.
Vuela, Martita.
Vuela.
Te lo dejo.
Pensé que no iba a venir, Lucía.
¿Le entregaste a mi cuñado, por favor?
Doctor, no sabe cómo le agradezco todo lo que ha hecho por nosotros.
Lo hago con todo gusto, Lucía.
Pero sigo creyendo que debería acompañar a la niña.
Todavía no.
Suéltame la receta, por favor.
Un momentito.
Son 50 pesos.
Traje su tetia, Alejandro. No te hubieras molestado.
¿Se fue Martita?
Creo que ha sido lo mejor para ti.
Y para mí.
Ahora sabremos quién pone más.
Tome su tetia, se enfría.
Muchas gracias.
Que duerma bien, Alejandra.
Mientras la fuente va por sus ojos corriendo el llanto, y en el
bosque vecino del Gilgarillo se escucha el canto.
Calla Gilgar, no sabes tú la pena que da un
cariño si es traicionero.
Mientras la fuente corre por sus ojos.
Se murieron todos anoche.
Tal vez fue por el frío.
Buenas noticias.
¿Cómo está Martita?
Bien. Adoro mucho.
Has estado tomando dinero de mi cuarto, ¿verdad?
Me olvidé de avisar. No te preocupes para eso.
Viviendo mil años más alcanzaría a gastármelo.
Cuando yo muera, todo ese dinero será para tú.
Si tú no te mueres, Santos, conmigo no va a poder.
Te alteras.
Conmigo no podrás, Alejandra.
¡Ahhh!
no va a poder.
Conmigo no va a poder.
¡Ah!
Adiós.
Amén.
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