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Adiós.
Desnúdenlo y lávenlo.
Lavaron el cadáver. Sí.
Amén.
Puedes venir a casa.
Quiero que estés conmigo y con tus hermanos.
Imposible. Debo volver al convento antes de que anochezca.
Luis, Mariana, Baltasar, despídanse de su hermano.
Serénate.
Ve a verme a Santo Domingo cuando puedas. Sí.
Voy a decir misas por nuestro padre.
Líbrame de mis enemigos, Dios mío.
Ponme a salvo de los que se levantan contra mí.
Líbrame de los que cometen iniquidad y sálvame de los sanguinarios.
Porque están acechando mi vida.
Contra mí se han juntado los poderosos.
No por falta mía ni delito mío.
Sin delito mío se preparan a combatirme.
Sepan que es necesario y conveniente para nuestra santa fe cristiana el uso y
práctica del santo oficio de la infección.
Es preciso informarnos si saben o han oído decir que algunas personas guardan
sábado por honra de la ley muerta de Moisés y no encenden lumbre desde la
del viernes. Si degüellan los animales que comen y embadurnan con sangre las
paredes. Si esperan la llegada del Mesías para que los saque del cautiverio
que dicen estar.
Si se circuncidan, si lavan a los muertos o hacen otras prácticas ajenas a
nuestras costumbres.
¿O si algún habla temado que la verdadera ley es la de Moisés y no la de
Redentor Jesucristo?
En virtud de la santa obediencia y bajo pena de excomunión mayor, ordenamos y
exigimos decir y manifestar lo que sepan acerca de estas cosas, para que la
verdad prevalezca y los malos sean castigados, y nuestra santa fe católica
aumentada y ensalzada.
Alabada Jehová porque Él es bueno, porque para siempre es su misericordia.
Un libro de Salmos que me prestó el Rabino Morales.
Guárdalo, no te atrevas, estamos en el camino real.
María Purísima. Sin pecado concebida. Podrían darnos agua por caridad.
Venga usted, padre. ¿A dónde van?
A las minas de Taxco a vender.
¿Son criollos?
Penisulares.
Gracias. Dios los bendiga.
Tengan cuidado.
¿Por qué? Hay epidemia.
Dicen que los judíos están envenenando los pozos.
Respecto a mi madre y a mis hermanos, creo que viven en pecado.
Sé más preciso.
Temo que practiquen la ley muerta de Moisés.
¿Qué dices?
Noté ritos extraños en el entierro de mi padre.
Piensa en la gravedad de tu sospecha.
¿Estás seguro?
No, padre Lorenzo.
De todo corazón quisiera no estar.
Por eso he pecado al no decirlo antes.
¿Y tú eres o has sido judaizante?
No, nunca.
desde que entré en el convento a los diez años.
Jamás me dijeron nada contrario a la fe.
Desde entonces los veo muy poco.
No salgo y ellos no me visitan.
Fui solamente porque se trataba de enterrar a mi padre.
No te puedo dar la absolución.
Para salvar tu alma tienes que denunciar tus sospechas ante el santo oficio.
No tengo ninguna certeza.
Es mi familia.
Debes hacerlo.
Sí, padre Lorenzo.
Padre Lorenzo, venimos a solicitar audiencia con el inquisidor Peralta.
Espere, veré si puede recibirlos.
Está bien, pueden pasar.
Padre Alonso, Fray Gaspar de Carvajal necesita hablarle. Por favor.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Comparezco voluntariamente y juro decir verdad.
Su nombre.
Fray Gaspar de Carvajal.
de la orden de predicadores, morador de su convento en México.
¿Edad?
Treinta años.
¿Natural de?
Benavente, en Castilla.
Hable.
En cumplimiento de mi deber cristiano y en descargo de mi conciencia, acuso a
Francisca, mi madre, a Luis, Baltasar y Mariana, mis hermanos, de ser
judaizantes y practicar ritos contrarios a nuestra santa fe católica.
¿Desde cuándo viven en la ley muerta de Moisés?
No sé.
¿Cómo que no sabe?
Hablo en su descargo. Lo conozco. Ha estado en el convento desde niño.
¿Guardan los sábados en observancia de su ley? ¿No encienden luces desde la
tarde del viernes?
No sabría decirlo.
¿Practican el ayuno de Esther u otros ayunos de judíos?
¿Sacrifican corderos y embadurnan de sangre las puertas interiores de la
¿Dehuellan alzaves y reces que comen, probando antes si el cuchillo no tiene
mella? Lo ignoro.
Desde pequeño me entregaron a la Santa Madre Iglesia para que hubiera en la
familia un religioso.
Supongo que trataban de encubrirse.
Entonces no tiene bases para su acusación.
Las tengo.
En el entierro de mi padre lavaron su cadáver, lo bajaron a la fosa sin caja y
rezaron en hebreo.
Es suficiente.
No hable con nadie ni salga del convento.
Permanezca en absoluta clausura hasta que el santo oficio lo disponga.
Sí, padre.
Bajo su responsabilidad, padre Lorenzo.
Entiendo.
Lea.
Cristi nomine invocato en la Ciudad de México viernes 12 del mes de mayo de
años. Estando los señores inquisidores licenciados Alonso de Peralta y Juan
Guerrero en su audiencia de la mañana, se presentaron por su propia voluntad
frailes dominicos Lorenzo de Albornoz, y Gaspar de Carvajal
Ilumíname, y os es misericordioso.
De los testigos, siete.
Los testigos domésticos, la mujer, los hijos, los parientes de un acusado, se
aceptarán para testiguar en su contra, aunque no en su favor.
Ha sido reglamentado de tal modo ya que tales testimonios son de mucho poder.
Puesto que el crimen de herejía se comete en el secreto de las casas, el
podrá atestiguar en contra del hermano y el hijo contra el padre, porque antes
es necesario obedecer a Dios que a la familia.
Igualmente se mantendrán en secreto para el reo la naturaleza de su delito y la
identidad de sus acusadores.
Ordenen la aprehensión.
Tengo miedo.
¿Por qué?
A esta hora no puede ser más que el santo oficio.
Prendanla.
Falta uno. Lo está.
Lo ocultó del mineral de Taxco.
Lo esperábamos esta noche.
Vamos.
Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo, bendita tú
entre todas las mujeres, y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega, Señora, por nosotros los pecadores, y
en la hora de nuestra muerte, amén, Jesús.
Dios te salve María, llena eres de gracia.
Por orden suprema del santo oficio, espiará todo lo que haga y diga el
Es luego que me dé otra misión.
No quiero convertirme en delator.
No le estoy pidiendo ninguna ayuda. Es el castigo que le impone el santo
Recuerde que es un prisionero. Usted ha faltado a la ley de Dios.
Un algo así lo traerá periódicamente para que venga a denunciar cuanto sepa.
Por lo demás, tiene que guardar riguroso secreto.
Lo juro en nombre de Dios.
Amén.
Ya se acostumbrará.
¿Quién eres?
Me llamo Luis de Carvajal.
¿Por qué estás aquí?
No sé.
He dicho que mi vicario me denunció.
Oigo voces.
Y veo cosas.
Yo era párroco en Santa Fe. ¿Santa Fe?
¿Conoces a Gregorio López?
No. ¿Quién es?
Un hombre sabio.
Hace vida de ermitaño.
No lo recuerdo.
No existen ermitaños.
Tengo frío.
Tápate. Yo dormiré en el suelo.
Está muy lodoso. No te sacrifiques por mí.
¿Ya fuiste a audiencia?
No. ¿No han venido a buscarte?
No, nadie, nunca.
Una noche entraron a casa los alguaciles y nos trajeron al santo oficio.
Mi madre y mi hermana deben estar en otra celda.
No sé.
¿Y dan de comer?
Sí, a mediodía traen el alimento.
No lo creerás, pero nunca había comido mejor.
¿Qué será de nosotros?
Lo ignoro.
En la Inquisición no se puede saber.
Pero ten fe.
Nuestro Señor nos ayudará.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre,
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén. Amén.
Huyen de la epidemia.
Pero los alcanzará.
Nadie se salva.
¿Y nosotros?
¿Moriremos también?
Tú no.
Dentro de poco tu barco zarpará de Veracruz.
Le debo la vida a Maestro Gregorio López.
Hazme saber de ti cuando llegues a Salónica.
Informaré a tu familia.
¿Qué pasará con ello?
Vamos a comer.
Mata a una gallina.
Sí, Maestro.
Ya sé por qué estás aquí.
Escribes cosas de judíos.
Aquí solo están aquellos a quienes la Inquisición pretende despojar de sus
bienes.
Mientes.
El santo oficio no ambiciona riquezas.
Solo quiere preservar la fe y la moral.
¿Eh?
Oral, quemando, atormentando, encarcelando.
Como sea, a cualquier precio.
La vida de la carne no importa.
Tu alma es la que debemos salvar.
Nadie puede salvarnos por medio del terror, fray Hernando.
La verdadera religión es búsqueda de la justicia.
La verdad de una religión depende del Dios que venera.
Nuestro Dios es de amor, el tuyo de ira y de venganza.
Ciego, las femas, hay un solo Dios que es el
tuyo, el mío.
y verdadero. No hay más.
El Dios de Israel es también tu Dios, Fray Hernando.
Nunca lo había pensado.
No es cierto eso.
Si tu Dios es todopoderoso, ¿por qué guardas silencio y dejas que te pudras
esta cárcel?
Porque en tierra injusta, el justo debe sufrir.
No te entiendo, Luis.
Eres un pobre diablo, Fray Hernando.
En el fondo no crees en nada.
No tienes fe.
Gracias.
Dios lo ayude, padre.
Su comida la tocó un perro.
Ellos tienen la culpa de la epidemia.
¿No vas a comer?
No puedo.
¿Qué tienes?
Dios entregó a Moisés la ley que está escrita en la Santa Biblia.
Hay animales inmundos y no deben comerse.
Este plato hierve de impurezas.
Esa es la vieja ley.
No hay sino una ley.
No existe más que una palabra, la que Dios reveló a Moisés.
Todo lo demás es aire.
Los que no la obedezcan están condenados.
Perderán para siempre en el fuego eterno. Dios es único.
Tu profeta no es Dios porque fue tan mortal como tú y como yo.
No blasfemes.
No es contra él, es contra ellos.
La Inquisición es la cátedra de las pestilencias y la casa de las
Jesucristo murió para salvarnos.
Murió como hombre.
No es el Mesías.
El Mesías vendrá muy pronto.
Lo sé.
Cristo no es Dios.
Dios es uno y es inmortal como su ley.
¿Y entonces, el Mesías?
Llegará.
Estaré aquí para verlo.
Ya no estarás.
Te van a quemar.
No te das cuenta de dónde te hallas, Carvajal.
Yo sé que mi Redentor vive y al fin se levantará sobre el polvo. No grites.
Pueden oírnos.
Vamos a deshacernos de esta porquería.
Mañana nos darán... gallina y verduras.
Ray Gaspar.
Ray Gaspar. No te va a contestar. Se quedó mudo desde que encarcelaron a su
familia. Tampoco abre.
Estará.
¿Cómo no va a estar?
La epidemia. ¿Cómo se pudo haber contagiado? Nunca salía.
Vamos a avisar.
Corre.
Fray Hernando Ruiz se ha solicitado en audiencia.
Por reverencia de Dios, diga lo que ante usted haya hecho y dicho el Carvajal
contra nuestra santa fe católica.
Juro por Dios nuestro Señor que no lo he visto ni oído decir nada contrario a
nuestra santa fe católica.
Está bien, no pierda detalle.
Lo juro.
¿Qué te hicieron?
¿Sabes a qué fui?
¿No?
Me llamaron para que te denunciara.
Para que les dijera todo lo que hemos hablado en estos días.
¿Les dijiste?
Me pusieron aquí para espiarte.
¿Nada? Absolutamente.
¿Por qué?
Porque quisiera tener la fe que tú tienes.
Mi fe.
Te convencí de mi fe.
No te creo, fray Hernando.
Taba.
Tani.
Taba.
Taba.
Abre la puerta.
Sí, padre.
Doña Francisca de Carvajal es solicitada en audiencia.
No, no. Venga, no se resista. ¡No, no, no!
¡No, no, no!
¡Madre! ¡Madre!
¡Madre!
¡Silencio! ¡Silencio!
¡Mierda!
Padre del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén. Amén.
Acérquese.
Jure que dirá la verdad acerca de todo aquello que se le pregunte o exprese por
su propia cuenta.
Lo juro.
Siéntese.
Nombre, origen y residencia.
Francisca de Carvajal.
Nacida en Benavente, Castilla.
Vivo ahora en México, en el portal de la sequia.
Marido e hijos.
Soy viuda de Rodrigo de Carvajal, muerto hace poco.
Madre de Fray Gaspar, Fray Le Dominico. De Luis y Baltazar, comerciantes.
Y de Mariana, moza soltera que vive a mi lado.
¿De qué casta y generación provienen la declarante y su marido e hijos?
Cristianos viejos, sin ascendencia de ninguna secta.
¿Alguno de ellos ha sido penitenciado o condenado por el santo oficio? No.
Pero mi hija Mariana y creo que también mi hijo Luis están presos.
¿Es usted cristiana, bautizada y confirmada?
Sí, padre.
Reza el Padre Nuestro.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga a nos el tu reino.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
El Padre Nuestro de cada día, dánosle hoy.
Y perdona, Señor, nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros
deudores. Y no nos dejes caer en tentación y líbranos de todo mal.
Amén.
¿Sabe o presume la causa de su prisión?
No sé.
No sé.
Algún infundio.
Algún enemigo me levantó falso testimonio para hacerme mal.
En el santo oficio no se acostumbra a prender personas sin bastante
de haber hecho o dicho, visto hacer o decir a otras personas presentes,
o difuntas, alguna cosa que eso parece ser contra la santa fe católica, ley
evangélica que predica y enseña la santa madre iglesia de Roma, ya sea de la ley
vieja de Moisés y de los judíos, ritos y ceremonias de ella o de las sectas de
Mahoma y Lutero.
Y puesto que está presa, debe haber contra usted información de culpa. Así
por amor de Dios, se la amoneza para que diga la verdad y descargue su
conciencia. De este modo, el santo oficio usará con usted la misericordia
acostumbra.
En caso contrario, sepa que será justicia.
Entiendo la molestación, pero no he hecho nada contra la santa fe católica
puedo confesar nada.
Me han levantado falso testimonio.
Alguien quiere hacerme daño.
Es todo lo que puedo decir.
Pues bien, atentos a los indicios y sospechas que resultan de este proceso.
Fallamos que debemos condenar y condenamos a doña Francisca de Carvajal
apuesta en cuestión de tormento.
Se dispondrá de ella tanto tiempo como nuestra voluntad fuera para que diga y
confiese enteramente la verdad, sabiendo que si en dicho tormento muriera o
fuese lisiada, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra por no haber querido
decir la verdad.
Tú eres de mí y de mis hijos.
Por amor de Dios, no me afrenten.
Por reverencia de Dios, diga la verdad si no quiere pasar tantas penas.
He dicho la verdad.
Dios castilla quien tanto mal me hace.
Padeceré por él lo que él padeció por mí en la cruz.
Que entre el verdugo.
¡Verdugos!
Desnúdenla.
Mátenme, pero no me desnuden ni me afrenten.
Diga la verdad.
Ya dije todo lo que sé.
No.
¡No! ¡No!
¡No!
¡No! ¡No, por favor, no!
Diga la verdad.
No hay mayor tormento que verme desnuda y aprentada.
Diga la verdad.
Primero moriré que decir lo que ignoro.
Al potro.
Estará bien.
No se inquiete.
Póngale de este un cuento.
Es horrible.
Es espantoso.
No resistí.
Comencé todo.
No pude más.
Ya saben todo.
¿Qué?
Hable de ti.
De Luis.
Les dije todo.
Nos van a quemar.
Nos van a quemar.
Haces bien en mortificarte.
Mientras más sufras, menos dolor sentirás.
Todo pasa.
Hay que morir para alcanzar la vida eterna.
Tuve una visión.
y David llegó hasta mí para darme un elixir que me hace invulnerable al
Me ordenó que cambiara de nombre.
Ya no soy Luis de Carvajal.
Ahora me llamo José Lumbroso, el que alumbra, el que arde en su
fe.
Shema, Israel, Adonai Eloheinu.
Adonai Echad.
¡Carcelero!
¡Carcelero, pido audiencia!
¡Voy a abjurar!
¡Voy a abjurar!
No, Luis.
Yo, Luis de Carvajal, que presente estoy por mi libre y espontánea voluntad.
Abjuro y detesto y renuncio y aparto de mí toda y cualquier herejía, en especial
esta de que soy infamado, la ley vieja de Moisés, ritos y ceremonias de ella.
Y admito verdaderamente por mi boca la santa fe católica que tiene y predica y
sigue y enseña la santa madre iglesia de Roma.
Y añado que debo y quiero seguir en ella y en ella permanecer y morir sin
apartarme nunca.
Y juro a Dios nuestro Señor y a Jesucristo su único Hijo y a los santos
evangelios. y a la señal de la Santa Cruz, estar y ser sujeto de obediencia a
nuestro muy santo Padre sexto quinto que hoy gobierna la iglesia, y de perseguir
a todos los que contra ella estuvieran, y no favorecerlos, ni guiarlos, ni
visitarlos. Y si a esto faltare, que caiga e incurra en pena de impenitente
relapso, y sea maldito y excomulgado y muerto.
Ha vuelto una orca.
Ha vuelto una orca.
Ha vuelto una orca.
Adonai.
Adonai, ¿por qué me has abandonado?
Adonai.
Al abjurar los Carvajales, les fue mandado que bajo juramento guarden
todo lo ocurrido durante el proceso.
y cuanto vieron y oyeron en las cárceles del santo oficio, y que no lo revelen
ni descubran en manera alguna, directa ni indirectamente, Francisca de Carvajal
y su hija Mariana vivirán confinadas bajo severa vigilancia en el barrio de
Tlatelolco.
Luis de Carvajal llevará a San Benito y servirá en el manicomio de San Hipólito.
Si tornan a incurrir en herejía, sepan que no encontrarán igual misericordia.
Serán entregados a la justicia seglar y arderán en llamas vivas de fuego.
¡Judío perro, Nahual!
¡Judío, tú tienes la culpa de la epidemia!
¡Judío perro maldito!
Cuando veas que una persona es impaciente, cuando veas que no tiene
relámpagos de fervor, unos caprichos de devoción, cuando veas que no busca sino
sus propios intereses, su satisfacción, su propia gloria, no creas, no te
persuadas que ama a Dios.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Carvajal.
Mande usted, padre.
Me dijeron que eras calígrafo. Lo fui.
¿Recuerdas tus latines?
Sí, padre.
Tuve suerte.
Necesito a alguien que escriba y traduzca.
Ven conmigo.
y el varón incircunciso.
La incircuncidad de la carne, su prepucio,
será excluido en el pueblo.
¿Terminaste?
Aquí está, revíselo, padre.
No hace falta.
¿Es usted bondadoso conmigo? Soy justo.
Lo mereces.
No más que nadie sabe que la Santa Biblia no debe leerse.
Sí, padre.
No solo cometes pecados, sino que puedes agravar tu situación.
Perdóneme.
Es lamentable que me desobedezcas cuando acabo de permitirte que vayas a dormir
en casa de tu madre.
No eres humilde.
No tienes mansedumbre cristiana.
Padre... Juraste, Carvajal.
Es mi culpa.
Perdonen.
Padre Oroz, ¿podré seguir yendo a casa de mi madre?
Sí, Luis.
El legado.
Aquí tiene.
Dios te bendiga, hijo.
Pasa, te esperábamos.
Adonai Eloheinu
Adonai
Echad
Te vi bailar, Justa Méndez.
¿Bailar?
Bailabas con unos soldados.
¿Me viste?
No.
Me contaron.
No es cierto.
Haz con hombres.
Sí.
Me dan celos.
¿Por qué?
No te quito nada.
Me haces daño.
¿Me quieres?
Ya lo pasé limpio, padre.
A ver.
Pequé, señor, mas no porque he pecado de tu amor y clemencia me despido.
Temo según mi culpa ser punido, y espero en tu bondad ser perdonado.
Resfélome según me has aguardado, ser por mi ingratitud aborrecido.
Y vuelve mi pecado más crecido, el ser tan digno tú de ser amado. Si no fuera
por ti de mí que fuera, y a mí de mí sin ti quien me librara, si tu mano la
gracia no me diera, y a no ser yo mi Dios quien no te amara, y a no ser tu
quien me sufriera, y a ti sin ti mi Dios quien me llevara.
Bueno, tienes rimas en un mismo verso, y a mí de mí sin ti, por ejemplo,
según la preceptiva es un defecto, pero también puede ser una audacia tuya.
Importes tu sincera contrición, tu sentimiento cristiano.
Es magnífico.
de la epidemia.
Rabino, Rabino, ¿dónde dejaste el rabo?
Judío, miserable, mierda.
¿Qué haces ahí?
Nada.
¿Por qué no tocas?
No me atrevo.
¿Te pasa algo?
No.
¿A qué vienes?
A traerte esto justo a donde...
Pequé, señor, mas no porque he pecado.
¿Por qué lo escribiste?
Tú sabes por qué.
Quiero verte.
Mañana. Sí.
Aquí no puedo.
Hermosa eres, Justa Méndez.
Me amas.
¿Me habrán visto?
¿Se darán cuenta?
No seas cobarde, Luis.
¿Cobarde? Sí.
La cárcel te doblegó.
Te aterra el dolor.
No tuviste la fuerza de tu rey.
Y aburraste por miedo.
No, Justa Méndez.
No abjuré porque yo no reconozco a sus dioses.
Debía salir.
En la cárcel descubrí que tengo el poder de llevar a la gente a la verdadera
religión.
Cállate.
En mi celda tuve una visión.
El ojo celumbroso precisaba estar libre para engendrar al Mesías.
Engéndralo en mí.
Luis.
Luis.
Vaya el sacrificio de mi circuncisión para expiar mis pecados y para tu mayor
gloria, Adonai.
No puedo más.
No puedo más.
Yo sé lo que es el dolor.
Quiero volver a la Inquisición.
Resiste. No seas cobarde, Luis.
No puedo.
Me muero. Va a sanar.
Pero fue una estupidez no pedirme que lo circuncidara.
¿Crees que me lo puedo llevar a casa?
No.
Es mejor que lo siga ocultando el revino Morales.
A nosotras nos vigilan.
De un médico no pueden sospechar.
Si se dan cuenta de la circuncisión, volveremos al santo oficio y nos
torturarán.
Aquí está bien.
Díganle al padre Oroz que tiene fiebres tercieras.
La epidemia se extiende por los cuatro confines de la Nueva España.
Son los judíos.
Descuartizan niños en sus ceremonias.
Envenenan las aguas y los alimentos.
Es su culpa.
Los judíos tienen la culpa de todo.
Por amor de Dios, no diga insensateces.
Vinieron a las indias a buscar la Nueva Jerusalén.
Quieren acabar con nosotros y quedarse con todo.
Hay que exterminarlos sin piedad.
El santo oficio persigue a los herejes, pero nuestro Señor quiere arrepentidos y
no muertos.
¿Y la epidemia?
Usted es el principal de la real audiencia.
Pida ayuda al virrey. Ore y tenga fe.
El ángel luz de la tarde.
¡Gracias!
a echarse adentro que de mis
hojas compuse por cuantos comunes premios
adoraba estatuas miles devoto en
profanos templos de estas ignorantes culpas
Ven.
¿Qué te pasa?
¿Lasene?
¿Cómo?
Usé el nombre de Dios en vano.
Y se tenera justamente si le dije que era para engendrar al Mesías.
Ojalá que la circuncisión me devuelva la castidad.
Quiera Dios que de hoy en adelante tu fe sea mayor que tu concupiscencia.
Eres un hombre bueno, Luis.
Cásate con mi hija.
Me alegra verte, hijo.
Gracias, padre Oroz.
Se te han quitado las fiebres.
Ya estoy bien.
Me pondré el corriente en el trabajo.
Amén.
No quiero volver. Es mejor morir. Que no me vuelvan a torturar.
Mariana, no pasa nada. Nadie te hace daño. Es culpa de Luis.
Vieron la sangre.
No quiero volver a la Inquisición.
Suéntenme. Prefiero morir.
Al cuarto.
Todo está perdido.
Me quiero morir.
En un rato más se tranquilizará.
¡Gracias!
Ilumíname, Señor.
No permites que sea capaz de injusticias ni de errores.
Todo lo que hago es por tu gloria y por conducir las almas a cantar tu alabanza
eterna.
Ilumíname, Señor.
No me abandones.
Vino justo a por ti para llevarte a casa del Rabino Morales.
Me pidió que le devolviera su libro de salmos.
Entrégaselo, por favor.
¿Te sientes bien?
Sí.
¿Qué dices? Luis me dio un librito. Lo perdí. Ayúdame a buscarlo.
Cálmate, Mariana.
Tiene su nombre. Nos van a agarrar por mi culpa. Por mi culpa. No quiero
No quiero volver.
Mariana, cállate. Lo vamos a encontrar.
¿Qué sucede? ¿Puedo ayudar?
Déjela. Le dan ataques. Está loca.
Le dio la epidemia.
Váyanse. Me van a quemar. Me van a quemar.
Es la obra del santo oficio.
Así tratan de convencer.
Quieren que todos sean como ellos y que logran.
El terror, la locura, la muerte.
¿Se pondrá bien?
No sé.
Padre, puedo faltar mañana.
Tengo que ir a buscar dinero.
El santo oficio me lo exige para quitarme el San Benito.
¿A dónde vas?
A una hacienda cerca de Santa Fe.
Te daré unas cartas para amigos que pueden ayudarte.
Cuando reúnas el dinero yo hablaré por ti ante el santo oficio.
Gracias, padre.
Me voy.
Vuelvo pronto.
¿Y el libro?
No te preocupes.
Nadie lo encontrará.
Adonai es misericordioso con nosotros.
Luis.
No me toques, Justa Méndez.
Maestro. Maestro Gregorio López.
¿Quién llama?
Soy yo, José Lumbroso.
Faltase tu palabra, Lumbroso.
Nunca vienes a verme.
Maestro, es difícil salir del convento cuando uno está penitenciado.
¿Tiene un poco de agua?
Tengo noticias de tu hermano Baltasar.
Llegó a Salónica.
Dile a tu madre que ya no se preocupe por él.
Me alegro.
El problema ahora es Mariana.
Enloquecieron las torturas del santo oficio.
Solo usted puede hacernos el milagro de curarla.
¿Podríamos esconderla aquí?
Es imperdonable lo que le hicieron.
También mi madre está deshecha.
Ya no es la que fue.
Todo es maldad.
Piense en los naturales de esta tierra.
Mira cómo los saquean.
Y la esclavitud a que los han reducido.
Los poderosos cometen iniquidades.
Pero Jehová convertirá en polvo a todos los que gobiernan este mundo.
Dale a tu hermano una infusión con estas hierbas.
Los antiguos mexicanos las usaban.
Mitigarán su dolor.
Y le ayudarán a recobrar al menos parcialmente su lucidez.
Maestro.
Maestro, mi hermano se muere. La epidemia, creo.
Luis, las hierbas.
Salgan, por favor.
Estás en trance de morir, Domingo de Lucena.
Arrepiéntete de tus pecados.
Vuelve la ley de Moisés.
La verdadera fe de tus mayores.
Aún puedes ganar la salvación.
No.
Soy católico, apostólico y romano.
No tengo nada que temer.
Cristo me salvará.
La nuestra es la única religión.
Lo demás es aire.
Es polvo.
Es nada.
Déjame en paz.
No quiero.
Bebe. No te acerques, Gregorio López.
Bebe, te salvará.
Aún estás a tiempo.
Vuelve al único Dios verdadero.
Lucía.
¡Lucía!
¿Qué pasa?
Échalos. Échalos.
Pobre ciego.
No sabes lo que haces.
¿En qué puedo servirle, padre Oroz? El inquisidor Peralta citó a Luis de
Carvajal para su audiencia de hoy.
Vengo a hablar en su favor.
Ya reunió la suma exigida para que le permitan quitarse el San Benito.
Debo decir que creo en su sincera contrición, en su cristiandad y su buena
Está bien.
Voy a decirle que ya están aquí.
Llegaron el padre Oroz y el Carvajal.
Vaya y mira, por la puerta pequeña.
Sí, ese es el hombre que acompañaba a Gregorio López.
Además iba sin San Benito.
Di toda la verdad.
Todo lo que sepas que se ha hecho en ofensa de Dios nuestro Señor y de la
fe católica.
Ya dije toda la verdad.
No niego ser judío.
He de morir.
¿A quién tendría interés en ocultar?
No quiero por miedo a la tortura hablar más de lo que debo.
Carvajal, tu proceso ha sido visto por personas de recta conciencia que han
considerado se te ponga en cuestión de tormento in caput alienum para que digas
toda la verdad.
Lo que diga en el potro será para librarme de él y que Dios me perdone.
Verdugo.
¡Verdugos!
Por reverencia de Dios, di la verdad para que no sufras.
Por reverencia de Dios, duélanse de mí, pues me dan tormento sin culpa.
Ayúdame, señor, para que resistas sin decir mentiras.
Al podio.
Dile la verdad.
No tengo nada que añadir.
Primera vuelta.
Dile la verdad.
Hablaré. Basta.
Es cierto que mi madre, mi hermano y yo juramos en falso.
Y nunca hemos dejado de creer en la santa ley que Dios entregó a Moisés en
cumbre del Sinaí.
¿Qué más?
Nada más.
Dile la verdad.
He dicho todo.
Segunda vuelta.
Señor, ten misericordia de mí. Toma esto en cuenta de mis abominaciones.
Di la verdad.
Tercera vuelta.
Di la verdad.
Sí, sí, sí. ¡Basta!
Y también Gregorio López.
Miguel de Lucena.
Juan de Almeida.
Constanza Rodríguez.
Clara Enríquez.
Sebastián de la Peña.
Tomás Cardoso.
Antonio Díaz Márquez y su mujer Beatriz.
Cristóbal Gómez.
Ana Zúñiga y su hijo Carlos.
Y Elena Báez.
¿Y quién más?
No sé.
Cuarta vuelta.
¡Señor Dios de Israel!
¡Me voy a decir mentiras!
¡Ay de mí!
¡He dicho todo lo que sé!
¡Háganme conmigo de una vez!
Sí, la verdad.
Catalina y justamente
Un montón de piedras.
Jure que nunca denunciaría a nadie y he cumplido.
El que nos acusó no solo nos perdió a todos, sino que hizo que nos arrebataran
nuestros bienes.
Es lo que la Inquisición quiere.
No le importa salvar las almas, sino quedarse con los saberes.
Del santo oficio nadie sale vivo.
Si suelta a alguien es porque lo ha doblegado.
¿Qué tratas de decir?
¿No me crees?
Soy judío.
Quiero morir como judío y ser quemado en sábado.
Si como ellos dicen, Cristo es el Mesías y lo creó Dios y fue engendrado,
yo me iré con Él.
Los inquisidores irán a los infiernos.
¿A dónde los pienso ver ardiendo en tormentos?
¿Estás loco de miedo, Luis?
¿A dónde los pienso ver ardiendo en tormentos?
El Carvajal.
¿Estás loco de miedo, Luis?
Le contestan.
No sé quién.
La loca no puede permanecer aquí.
Hay que confinarla en San Hipólito.
Al considerar terminado el proceso, nos, los inquisidores del santo oficio,
acusamos criminalmente a Luis de Carvajal por las siguientes razones.
Cambiar su nombre de pila por el de José Lumbroso.
Ser de casa y generación de judíos.
Haber creído y practicado la ley de Moisés.
Y tras abjurar, haber vuelto a su creencia y observancia como el perro
vómito. Lo acusamos de esperar al Mesías.
De tener por cosa de risa la ley de Cristo.
De blasfemar de él y decirle injurias. De tratar de convertir a su herejía a
fieles cristianos.
Por tanto, solicitamos sea declarado hereje, judaizante, impenitente,
apóstata, pertinaz, protervo, dogmatista y enseñador de la ley de Moisés, fautor
y encubridor de herejes judaizantes, perpetrador y culpable de los delitos de
que lo acusamos y de haber incurrido en sentencia de excomunión mayor.
Así pues, pedimos sea entregado a la justicia y brazo seglar, a fin de que
sea quemado en llamas de fuego.
para que a él sea castigo y a otros ejemplo.
Además, pronunciamos sus bienes por confiscados y pertenecientes a la Cámara
Arca de Su Majestad.
Felipe II, Rey de las Españas.
¿Cómo te llamas?
Mariana.
Mariana de Carvajal.
Alabado sea Dios.
Recobró la razón.
Puede escuchar su sentencia y recibir su castigo en el auto de fe.
¡Bornicarios!
¡Hechiceras!
¡Lo hacemos!
¡Judaizantes!
Primero los muertos y los ausentes que serán quemados en Efigie.
los reconciliados.
Relapsos y dogmatistas de la ley muerta de Moisés.
Amén.
Gracias.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Yo, Alonso de Peralta, inquisidor mayor de la Nueva España, al servicio de Dios
y de su majestad, el Rey Felipe II, digo y declaro que el santo oficio tiene la
sagrada misión de preservar la santa fe católica, que es la misericordia mayor
que han recibido los naturales de esta tierra.
es necesario tener especial cuidado y vigilancia en conservar a la nueva
población de estas provincias como fieles católicos cristianos y verdaderos
españoles. Para evitar los increíbles escándalos y movimientos que han
en otros reinos extraños, consideramos que el verdadero remedio de estos males
radica en no permitir la menor desviación de la doctrina de nuestra
católica y castigar y extirpar errores y herejías con el rigor que disponen los
sagrados cánones y las leyes vigentes.
Por este santo medio, por la clemencia y gracia del cielo, nuestros reinos y
señoríos se han visto libres de abominaciones.
Se ha evitado esta pestilencia y contagio y esperamos de la bondad divina
preservarán de aquí en adelante.
Celebramos este auto de fe para pena de algunos y ejemplo de todos.
Se castigarán delitos contra la religión y la moral.
Estos judaizantes serán entregados a la justicia del brazo seglar, a la cual
pedimos clemencia y compasión.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Confirmamos las sentencias dadas en justicia a estos reos y consistentes
sus culpas en azotes, destierro.
Galeras, prisión perpetua, confiscación de bienes y a los judaizantes relapsos
presentes y ausentes se les condena a ser quemados en llamas vivas de fuego
hasta que se conviertan en ceniza y no quede de ellos memoria en esta tierra.
Laus Deo.
Vamos.
Arrepiéntete, Luis.
Aún hay tiempo para confesarte.
Puedes escoger todavía y salvarte de este suplicio.
¿Quieres morir en la fe de Cristo?
Sí, padre.
Muerte por garrote y fuego al cadáver.
La fe de Cristo.
La cruz.
Recobró la razón.
Muerte por garrote y fuego al cadáver.
¿Te arrepientes?
¿Mueres en la fe de Cristo?
No.
Bueno, en la ley de Moche.
Quemada viva.
¿Te arrepientes?
¿Mueres en la fe de Cristo?
Besa la cruz.
Muerte por garrote y fuego al cadáver.
Yo sé que mi reentor vive y al fin se levantará sobre el polvo.
Amén.
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