All language subtitles for El diablo entre las piernas B&N (2019)2h25DrmRce

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Y si se queman, no puedo hacer nada por eso. Estoy

enfocada en la amor desde el corazón. Solo

puedo amar y nada más.

¿Qué queda en mis manos en su fuerte presión?

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Gracias.

¿De viaje, en el metro, en el avión?

Adivinaste.

Carajo, pura puta.

Pero te conozco.

Aunque te hagas la buenita.

Vaya, hasta que te apareces.

Ya me había dicho yo. En una de esas de Inora, para variar, se tomó su también.

Son casi las diez.

Ahí te encargo.

Y al señor déjalo en paz.

La verdad es que mi marido tiene el sueño muy ligero.

Es que él tiene sus horarios.

Que si de día, que si de noche.

Es mejor dejarlo en paz.

Y que sea la última vez que me llegas a esta hora, ¿eh? Y no me salgas que si el

metro, que si el tráfico.

¿No ves que yo... Sí.

Así usted no llega tarde a su menester.

Hace un ratitito.

¿Un ratitito? Es un ratitito.

Igual que tú.

Yo también tengo mis menesteres.

Y no te me pongas gallita.

Tan fácil que sería llevar la fiesta en paz.

Desde chiquita, tu mamá te encargó aquí.

Y yo dije, si su mamá la dejó, pues a mí me toca enderezarla.

Si no le gusta mi trabajo, está bien, pero agarro mis cosas y me voy.

Ay, ay, si será otra mera.

Que yo te diga que llegues a tiempo no quiere decir que no quiera que trabajes

conmigo.

Necesito que llegues a tiempo, pon un poco de tu parte.

Todo mundo llega tarde con el tráfico que hay.

Bueno, ahí te encargo, ¿eh?

Y de lo de la comida, pues ya se arregló de tiempo.

Tu topita de pasta.

Yo me las arreglo con las sobritas, pero él es bien chiquiado.

Te haría sopa de pasta.

Por Dios, Dinora, hazte de comer lo que quieras.

Y además no es igual.

Un día es de letras, otro de estrellitas, de caracolitos. Otro de

de moñitos.

Dale gracias a Dios que no te pido que hagas tamal de cazuela.

Para que veas lo que es trabajar en serio.

Ayer fui a tu cuarto y vi cómo tienes los monos.

¿Qué fue hacer a mi cuarto?

Ah, fui por unas fotografías.

¿Pero qué te explico si es mi hija?

Fui porque fui. Y ya.

¿Y los monos? ¿Y los monos?

¿Qué?

Ahí siguen.

Ah, sí.

Pero todos disfrazados.

Parecen mamarrachos.

Son monos.

Muñecos viejos.

Así dan menos no sé qué.

De noche dan miedo.

O sea, ya tú sin mi marido te cachas.

Desde chiquita te daban miedo.

Por más que te decía que eran de mi marido de cuando quería ser doctor y le

por la anatomía, nada.

Tú duro y dale contra ellos.

Ni le importan sus monos. Los tiene ahí olvidados y arrumbados.

Pero son sus monos y por eso los guarda.

Pobre.

Quería ser doctor y terminó de farmacéutico.

Pero de farmacia homeopática.

¿Sí?

Farmacia homeopática.

Varias. Farmacia.

Toda una cadena.

Él lo dice a cada rato.

Ahí te encargo.

Si le importan y no quiere que se los toque, que se los lleve a su cuarto.

Será su casa, pero es mi cuarto.

¡Dile que fui al gimnasio!

La vaca está... La vaca está... Pero eso sí que yo no me meta

con sus monos porque el señor...

¿Y ella qué?

¿O ella las andaba?

¿Ya viste la hora?

¿Y hoy qué?

No llegaba la muchacha y me entretuve.

Ya ves cómo soy.

Hoy por esto, ayer por otra cosa.

Tu pareja de baile ya se fue.

Ahorita me pongo al lleno.

Señor Ismael, ¿ves si se toma el baile en serio?

Hoy trajo a su señora para tomarles unas fotos.

Quería verte.

Lo que ella quería era verte.

Echarte el ojo, darte el visto bueno.

Pero si no te apareces dirá que será por algo.

Ay, Beatrizita, no te digo.

¿Preguntó por mí?

No más le dije que había ido al gimnasio.

Se metió a la cama y se volvió a dormir.

Sí.

Eso hace cuando está trasnochado.

¿Viste?

Sí.

Fui al gimnasio y después al masaje.

Tengo bursitis y en tiempo de aguas se pone peor.

¿Qué bursitis la tuya?

Sale en tiempo de aguas.

¿Y cuando no llueve también sale?

Con razón gastas tanto en calzones y brasieras.

Se ve que no lo pagas con tu dinero.

Tienen más de cinco años.

Lavaste el tier.

¿Qué?

¿Qué dices?

Me fijo.

Yo sí me fijo.

Lo embarraste, Beto, a saber con qué.

O más bien tú y yo sabemos bien con qué lo embarraste.

Casi, casi sabemos con quién.

¿Sabes qué encontré?

En la mañana fuiste al masaje.

Y te pintaste las labias.

Dejaste la taza embarrada de bilé.

Mira.

Rojo.

Deberías llevarme.

A mí me duele la pierna y nunca se te ocurre llevarme.

O decílele a la que dé el masaje que venga para acá y nos dé a los dos.

A mí me da masaje y tú no tienes que salir.

Y si tú no sales, yo no empiezo a pensar.

Duro y dale.

Piensa lo que piensa.

Necesita una cama especial.

Alta.

Espacio y no sé cuántas cosas más.

¿Por qué últimamente lavas tanto tu ropa interior?

¿Traes una infección?

La lavas porque traes una infección.

El fosfús hirviendo de bichos.

Es mi brasier, no mis calzones.

Los de la infección serían los calzones.

No se sabe.

Hay mujeres capaces de todo. Hasta de agarrar una infección en las tetas de

tanto saltar de cama en cama.

Deberías decirme la verdad.

Luego no se queda con tantas cosas metidas en la mollera.

Sácatelas.

No vayas a empezar.

La que trae el suciate emponzoñado eres tú.

Así que la que empezó eres tú.

Me voy, no vengo a comer.

¿Y tú cuándo sales?

Otro susto más de estos y tú pagas la ambulancia.

Me vas a sacar un infarto.

Hacía tanto que ni te aparecía.

Que ya ni te imaginaba.

Vine.

Ahorita no puedo dejar el local, no tengo a quién encomendarlo.

Es un ratito nomás.

Bueno, es que fuiste el estanquillo.

Y la que pierde la clientela soy yo.

Y tú tan tranquilo.

Regresen una horita y entonces... No es por ti.

Es por mí.

Ándale.

Órale.

Pero nomás un rato.

¿No ves que estoy de trabajo?

Y la de los tintes no vino hoy.

Muy desgraciado.

Pero ya ves.

Siempre te acabo diciendo que sí.

Hoy en la mañana vi que habías levantado el chiquero.

Te quedó bien bonito.

Y con lo que encontraste en este tiradero.

Las películas de antes.

Cuando las limpiaban y quedaban bien chulas.

Como en La Cenicienta.

O Blancanieves.

Te voy a pasar una lámpara que era de Begoña, mija.

Debe andar arrumbada por ahí en la sala.

Se te va a ver bien bonita.

Era de ella.

De niña.

Hoy en la tarde andaba un poco nerviosa.

Uno a veces pierde la paciencia.

Mira, las cosas ahora en esta casa son así.

No sabes lo que pasa.

Y cuando pasa, no pasa nada.

El señor anda en las suyas.

Cuando comience la gresca, tú como si nada.

Ni te inmutes.

Ya entenderás.

La vida nos hace entender a todos.

O trompadas, pero nos hace entender.

¿Sabes?

Te pareces mucho a mi hija, a Begoña.

Ni al pelo igualito.

Lacio y despeinado.

Se fue hace años.

Me dejó su lámpara.

Es de moda.

Mi pelo es de moda.

El de su hija será lacio y despeinado.

El mío es de moda.

La conocí. Ella no te acuerda.

Al principio...

Venía a seguir.

Pues ya no.

Ya ni me pregunto dónde andará.

Igualita a mi Begoña.

A mi hija.

Regera como tú.

Pesada como tú.

Enfurruñada como tú.

El señor tiene razón, me la vas a echar a perder.

¿Qué?

Mi ropa.

No la laves hasta que yo te diga.

No quiero más taparranchos en esta casa.

Amén.

Aquí le dejo la ropa que yo le lave.

Del resto, usted me dirá cuándo.

Huele a ella.

¿Es por eso?

¿Porque huele a ella que quieres que me lo ponga?

Lo que quiero es que... Es que te lo frotes.

Aquí.

En los ovacos.

Y luego, ahí abajo.

Total.

Si al final huele a ella.

Lo tomas de risa.

Te diviertes.

Total, ¿a ti qué daño te puede hacer?

¿Cómo quieres que haya una ojariosa feliz de la vida en la cama?

Si lo que quieres es que uno huela a otro.

Ya sé.

Ella es ella y yo soy yo.

No voy a cambiarlo.

Ni tú quieres cambiar.

Pero duele.

Y yo con rabia.

No te vayas a creer que la rabia es por ti.

Es por el baboso con el que vivo.

Ni Heimota.

Que una tiene su corazoncito.

Y a veces digo. A ver.

Que me haga una escena de celos como Dios manda.

Pero, ¿sabes?

A mi marido le importa una pura y dos con sal.

A mí me dan celos.

Celos de un marido que no tiene celos.

Que puede en las noches ponerse a ver la tele.

Y que los pensamientos le corren los celos.

Y las entrañas.

Fíjate nomás.

A ti te dan celos. Mi mujer celada.

Y a mí tu marido.

Tengo celos o envidia.

Vaya alguien a saber cuál es la diferencia entre una cosa y la otra.

Me da frío.

No sé, frío... Pues a mí me da.

Antes no me importaba que me vieras.

Pero pues ahora sí.

Cuando te me quedas mirando, siento que me ves fea.

¿Por qué?

Se bajan los calzones.

Y lento, lento, me agarran la mano.

Ella es justo.

No puta de esquina.

Mira que te conozco, pero no te entiendo.

¿Te gusta acostarte conmigo?

¿A mí también?

Cogemos ritmo.

¿Pero qué tiene que ver tu señor en todo esto?

Déjala que haga su vida.

Si es con otro, pues que sea con otro.

Así como tú y yo nos encamamos.

Y todo está bien.

Cuando se puede, se puede.

Y si no, pues tampoco es para rasgarse las vestiduras.

Otro día será.

Y chance, si otro día a mí me sale mejor, a ti también.

Ay, ya te pusiste mal.

Esto es para sentir rico.

Para sentir placer.

Total.

Aquí voy a estar para cuando regreses.

Para mí es un bálsamo que siempre vas a estar aquí.

Sí.

Siempre voy a estar.

Ese es mi desgracia.

No me lo tomes tan mal.

Pero te juro, en la próxima... Va a ser la próxima.

Sí, la próxima.

Ya puedes pasar si quieres.

Te va a hacer daño sentado ahí, hace frío.

Si es tarde.

Pícale y ponte la tele en lo que yo caliento la cena.

Así que me dejas la evidencia en el patio.

Tus calzones chorreando cloro.

Para que no me dé cuenta que tengo razón.

Que agarraste bichos en esa panocha tuya.

Al alcance de cualquier sotano.

No se te ocurra verme bajo ninguna excusa.

Que te aplasto el cráneo como una nuez con las manos.

Tengo ganas.

Muchas ganas.

¿Por qué lo haces?

¿Limpiar la leche de los tipos esos en mi casa?

No puedes parar.

Nunca has podido parar.

Esa es tu desgracia.

Yo te quería.

Pensé que podía cambiarte.

Yo te lo haré.

¿Vienes a limpiar la leche de otros tipos aquí en mi casa?

No puedes parar.

Nunca has podido.

Esa es tu desgracia.

Yo te quería.

Pensé... ¿Qué podía cambiarle?

Quitarte de los Ramera.

Los Ivana.

Los Furcia.

Los Puta. Ni con los años se te aplacan las ansias.

Huila.

¿Que no te has visto las tetas de Wanga?

Caídas.

Lo haces porque la vida te ha dado muchos hombres.

¿Será... ...porque eres... ...y tú?

¿Puta?

Supongo que sí.

La leche de otros.

La

leche de

otros.

Puta naciste.

Puta envejeciste.

Puta me vas a enterrar.

Y puta te has de morir.

Dinora.

Dinora. Ven, rapidito.

¿Y esto?

Pensé que le interesaban.

De menos alguna.

Toma cambio de la cocina.

Te vas a la papelería y...

Y compras pegamento y unas hojas de cartulina, unas... Tres.

Esto queda entre nosotras.

Chitón.

¿Entendiste?

Chitón.

¿Cuando tenía a su hija, ella le ayudaba?

Esto no lo cuenta uno.

Y menos a los hijos.

Lo más inquieta.

¿Me lo está contando a mí?

Tú no eres mi hija.

Yo dije, ¿cómo me ves, chica?

Cosas pises.

¿De dónde se te ocurre?

Yo tengo una hija.

Hija.

Y esa no eres tú.

No más decía.

Está usted sola.

Sin visitas.

Dejada de la mano de Dios.

Dejada de la mano de Dios.

Ve a tenerle lástima a tu madre.

¿Tiene prisa?

Tenemos cita con el doctor.

Voy a esperar a mi mujer aquí afuera, porque si no, no llegamos.

Es que le quiero enseñar algo.

Una cosita, rapidita.

Usted es hombre y entiende de cosas de hombres.

Se me va a hacer tarde.

Y luego, hablar de cosas de hombres, usted y yo, no es propio.

Es sacar las cosas de su lugar.

Usted es mi pareja de baile, es una mujer casada.

Mi mujer es muy comprensiva, me deja venir al baile y todo esto, pero...

intimidades con una señora... ¿Y si no le gusta que hable con otra?

¿Por qué lo deja venir a usted aquí?

Tiene malas sus rodillas.

Por eso no viene.

Y no viene por lo mismo que el suyo no viene.

¿O acaso yo le ando preguntando por qué la deja venir aquí?

A ver, ¿por qué él no viene?

Él bailando.

Ay, qué cosas se le ocurren.

Él es especial.

Oiga para que vea cómo es.

Escribo todo lo que me dice.

Te voy a leer tantito.

Vienes a limpiar tus trabas.

La leche de los tipos esos.

Aquí, a mi casa.

La leche de otros.

Hirviendo en la panoche.

¿Qué es eso?

¿Por qué me lee eso?

No siga, yo no quiero saber sus cosas.

¿Y por qué no?

Pues porque no, porque son... Una sarta de porquerías.

¿Por qué me lo lee?

Porque usted es varón y me puede decir.

Siéntese.

Él me cela.

Y yo digo, ¿por algo será?

Él me quiere.

No como usted a su señora, sino como hembra.

¿Usted también me ve como hembra y por eso su mujer se encela?

Mire, Beatricita, yo la respeto.

Usted es mi pareja de baile y ya.

No se haga imaginaciones.

Para ser francos, usted se me está lanzando.

¿Lanzándome yo?

Uso el tema de la carne porque está ofreciéndose.

Leyendo cochinadas.

Y eso en boca de una mujer decente son insinuaciones aquí y en China.

Yo no me lanzo.

Pregunto.

Y si usted cree que me estoy ofreciendo, se equivoca.

Yo no.

Yo... me mojo en las noches.

Por eso mi marido me cuida.

No como usted con su señor.

de andarse haciendo la rogola.

Y para que lo sepa, voy a pedir un cambio de pareja.

Y que le quede bien clarito.

Usted y yo no nos vamos a enredar.

Yo con usted, mi loca.

Su mujer ha de tenerte las arañas allá abajo. Y si no las tiene, mejor

pregúntese.

¿Por qué llega tan tarde mi mujer tan santita?

Mi marido siempre dice.

Todas las mujeres son furcia.

Toditas.

La suya también.

La próxima clase, quiero que me cambie de pareja. Esta mujer está loca de

Se me está ofreciendo y ofendiendo a mi mujer.

No.

¿Este? Sí, señor.

Muchas gracias.

adiós

Cortaste las fotos.

Todas.

Son recuerdos. Eran recuerdos.

Mis recuerdos.

Tus recuerdos de Fursia.

Si lo dices por mi historia.

Eso fue antes.

A ti nunca te he faltado.

Jamás te lo jamás.

Eran fotos.

Solo fotos.

Y las fotos se joden.

Igual que tú me jodiste el alma.

Tienes la casa llena de fotos.

Hasta de esa hija que ni ves.

Tú también tienes hijos.

Y tienes nietos.

Pon sus fotos.

¿Para qué?

Para recordar que no me salieron.

¿Por qué no te hagas?

Uno al final sabe que los hijos no salen como uno quería.

Por más que uno le haga, salen como salen.

Y como nunca salen como uno los imaginaba, me los quito de la mente.

Y sí, deberías hacer lo mismo con la tuya.

Que te salió torcida y mala bestia.

Olvídala y déjate de faramallas.

En vez de llenar la casa con fotos como cementerio de pueblo.

No te hagas guaje.

Yo lo sé.

Y tú lo sabes también.

Los hijos no le caen bien a uno.

Ni a mí.

Ni a ti.

Ni a nadie.

Mételo abajo de la orilla.

Se va a notar menos.

Así.

¿Así?

Manténlo más firme.

Así no se te desprende el borde.

Deja, yo lo hago.

Eres bien pascuata.

Yo creo que convendría más buscar los negativos.

Sabrá Dios dónde andarán.

No creo haberlos tenido jamás.

Se puede llamar al fotógrafo.

¿Qué?

¿Crees que guardaron las fotos por 30 años?

Ni que fueran archivos de la CIA.

Además, para entonces, el fotógrafo ya estaba bien carcamán, ¿te acuerdas?

¿Y cómo fuimos al fotógrafo?

Yo ni tenía coche, ¿te acuerdas?

A mí se me borra.

Tengo bromas de la cadera.

Y de ahí fuimos al registro civil.

Después a comer, creo.

Yo también lo borré.

Si no fuera por la foto, no sabría cómo estaba ese día.

Linda.

Las fotos a lo mejor andan ahí arriba.

Mañana que te las bajen ignoras.

¿Te haga algo alguna vez?

No me gusta la idea de que rebusque.

¿Entonces para qué le pagamos?

Para el trajín.

No para que conozca nuestros padres, nuestros rumores, nuestras mañas.

Andar derrapando de pleito en pleito.

¿Cuándo carajos pasó?

Da lo mismo cuando nos pasó.

Nos pasó.

Tú te llenaste de silencios y yo de rabia.

Y al final nos quedamos los dos solos.

Sin más compañía que la de las fotos.

Que te empeñas en colgar.

Al menos quedan las fotos.

Fotos de hijos que al final no elegiste.

Por más que los hayas parido y criado.

Ya te dije.

Todos los hijos son así.

No nada más los tuyos o la mía.

Los hijos son trampas de la biología.

No me gusta que Dinora ande husmeando allá arriba.

Allá están mis cosas.

Y nomás está a mí de que mire.

¿Por qué te importa tanto que andes rigoneando?

¿Eh? De que tuvieras tus escondrijos.

Cambiarte de marca.

En el estanquillo no tenían de mi cigarro.

Si hubieras encargado que trajera tu marca para mañana.

La verdad, saben casi igual.

Mañana le doy dinero a Dinora para que vaya al mandado y compre una cajetilla

cigarros.

Y estos los tiro y ya.

O me los fumo y ya.

Voy a echarme una fumadita.

Voy al patio.

Es que no te quiero.

Creí que ya te habías dormido.

Sabía que venías por tu trago.

Cuando discutimos... Bebo.

Ya sácate toda esa porquería de la cabeza.

Yo me acuerdo.

No puedo olvidar nada.

Sé los días, la ropa, el olor de las calles, el color del cielo.

Todo lo tengo aquí y no se sale.

Ronda como si fuera una víbora ponzoñosa.

Sé que siempre traes el ardor ahí abajo.

Perdonarme de permitirte me contaras tu vida.

Me contaste todo.

Y todo se me quedó aquí a cabeza.

Ya no era una niñita.

¿Qué quería que hiciera?

Que me hiciera esa operación que dicen que te deja virgencita con himen nuevo y

toda la cosa.

Te limpiaba las culpas contarme tus andadas.

¿O querías joderme?

Me conociste con una vida.

Como las mujeres de la vida.

¿Sabes? Era la forma de las señoras de antes de llamar a las putas.

Tú eres así.

Joven puta.

Vieja puta.

Ley de vida.

¿Sabes qué quería?

Que de verdad fueras limpita.

Sin...

Que nadie se hubiera mojado dentro de ti.

Todo eso pasó antes de conocerte.

Ahora soy una vieja enteca.

¿Crees que estoy para levantar pasiones?

O peor aún, para levantar pitos.

Te veo y digo, está quebrada.

Quebrada por los años de vivir conmigo.

Por la hija que creó y que como todos los hijos se fue y ni la duración.

¿Y entonces?

Entonces cierro los ojos y te veo como antes.

Peor aún, te veo como hoy.

Pero chupándole la verga a viejos, a chamacos pendejos, a

barrigones.

¿Crees que voy a andar torciéndome el pez cuello por una caterva de tipos de

octava?

¿Por qué solo una piltrada cogería con una vieja?

Porque está en tu naturaleza.

Naciste puta y caliente.

Así te tengo metida en el cobote.

En mis párpados.

En mis sueños.

Te lo he dicho mil y un veces.

Cogía, sí, pero no cobraba.

Entonces... Me gustaba y ya.

¿Te acuerdas hace mucho que me contaste que te ibas hasta con tres tipos

distintos en un día?

Sí.

Y te dejaron el coño floreado.

Sí.

¿Y entonces por qué lo hacías?

Porque... Porque estaba malita del alma.

Nunca se me va a olvidar.

Ya lo sé.

¿Y si lo sabes?

¿Por qué me lo mandaste?

Por pendeja será.

Lo peor es que nadie manda en la memoria.

Ella lo manda a uno.

Estoy acostado.

Y de repente digo...

Lo hacía con el jefe de la oficina.

Y lo hacían arriba de la escritoria.

Y terminando secundaria con el que lo acompañaba a su casa.

Y luego aparecía el vecino.

El vecino de la juventud.

Era el que te metía la mano en la blusa.

El que te chupaba las tetas en el saguán.

Era ese, ¿verdad?

Y te veo en plena calle, con las tetas al aire.

Y él... Lame.

Que lame.

Deja.

Deja esos recuerdos en paz.

En el pozo de la memoria.

¿Qué carajos importa lo que te conté hace años?

Si pasó hace más años.

Estoy vieja.

Estás viejo.

Vamos a envejecer en paz.

Ya dejamos la edad de las pasiones.

Dejemos los reclamos en las bolsas del olvido. Dime.

Dime qué quieres que haga.

Nada.

Nada puedes hacer.

Lo que se puede, se puede.

Lo que no se puede, no se puede.

Y esto no se puede.

¿Hace cuánto estás aquí?

¿Estabas jizgando?

Estaba aquí.

Vine por agua.

Lo que se oye desde aquí no es mi culpa.

No le hagas caso.

Son... imaginaciones, delirios.

Así es él.

Lo devoran recuerdos que...

Que nada más pasan dentro de la cabeza.

Me gusta pensar que usted se iba por ahí y se daba a sus gustos.

Porque así, de menos algo le valió la pena.

Si no, imagínese la de años que lleva soterrada en este caserón caído.

A de años de encierro que le faltan.

No le vayas a decir nada a nadie.

No te lo ordeno.

Tus calzones de puta.

Transparentes.

Se ve que la quiere mucho.

Siéntate. Quiero hablar contigo.

Mira.

Lo compré para ti.

Seguro te queda.

Conozco tu cuerpo.

Están nuevecitos.

Te estreno.

Huele.

Huele para que veas que están nevecitos.

No me salgas con que los compraste para mí.

Di la verdad.

Entre tú y yo siempre no ha habido más que verdad.

Será por eso que nunca nos hemos querido.

Querido así de... de amor.

Qué cosa.

A los hombres si les mientes se encandilan.

Y si te sinceras, te desdeñan.

Pensa en ella.

Que bendiga al cielo que después de tantos años todavía su marido le haga la

corte.

Toma.

Con los quiero.

Llévatelos, ni nuevos ni usados.

Me hacen sentir plato de segunda mano.

Ella tiene pasado.

Tiene pasado.

Todas tenemos pasado.

Nomás que unas lo entierran y se andan con remilgos.

Ella no tiene remilgos.

Nunca los ha tenido.

¿Y?

Lo sabes desde siempre, me lo ha dicho mil veces.

¿Para qué la faramalla?

Fui a su cuarto.

No sé por qué después de tantos años la busco.

La busqué y se mojó.

Se mojó mucho, mucho.

Por eso ahora sé que lo que creo es cierto.

Ella sigue con calenturas.

Y cuando ella tiene calenturas, no para hasta que se salga.

¿Siente?

Siente.

Ella siente.

Y va.

Y busca quien le apague la entrepierna.

Dale gracias al cielo de que tienes una vieja jariosa.

A tantas con los años, se les seca la panocha, se agrietan.

Si te hubiera quedado un ratito más el otro día, le hubiera pedido una disculpa

y todo estaría en su lugar.

No, no, todo estaría en su lugar.

¿Está ni baila?

La señora es mi nueva pareja de baile y ni ella ni yo toleramos escándalos.

¿Ya vio cómo baila?

Parece un palo de escoba.

Cualquier asunto, arréglelo con la responsable.

Yo no estoy acostumbrado a tratar con mujeres de su calaña.

Usted puede parecer una señora de su casa, pero es una ofrecida.

Pobre de su marido.

Fuera. Fuera de aquí y déjenos en paz que estamos en medio de una rutina de

baile.

Me cambió por una que ni bailar sabe.

Te pusiste grosera.

Él es un señor muy decente.

Dice que... que te le... ¿Que me le insinué?

Insinuármele yo.

Faltaba más.

Pues ya te reemplazo por otra y no hay vuelta atrás.

¿Y yo?

Dime.

¿Y yo?

Y tú, bye bye.

Las parejas ya están formadas.

Así que chao y ya no pases por la pista.

Ella ha sido huila desde siempre.

Antes, ahora.

Y lo sabe.

Si tu señora esposa se moja todita, pues préndele unas velas a Santa Rita de

Casi.

Patrona de las causas difíciles.

Vuela.

Ay, no seas marica.

Si ella tiene ansias de macho, pues compórtate como macho.

Me siento una pendeja diciéndote que te vayas a acostar con tu mujercita.

¿Pendeja? ¿Por qué?

Pues ya te dije.

Soy tu amante.

Tu concubina.

Tu manceba.

Tu segundo frente.

Tu... Tu la otra.

Somos amigos y conversamos.

Cogemos y nos encamamos.

No me debería importar. Ya lo sé.

Siempre cogemos y cada cual para su carne.

¿Y ya?

Pero las cosas cambian.

No sé qué me pasa, pero ya nada es igual.

Chances que ya me harté.

Antes no me importaba.

Y ahora duele.

No sé por qué, pero es distinto.

¿Sabes?

Le voy a poner un hasta aquí a lo nuestro.

¿Hoy?

Hoy. ¿Por qué no?

¿Hoy?

¿Me puedo quedar con los calzones?

¿Para? Para recordar el día que terminamos.

No.

Podría presumir que yo no nací para plato recalentado.

Y contigo nunca he dejado de serlo.

Nunca te dije mentiras.

Y nadie quiere oír verdades.

Por lo menos yo no.

Ya se quedó cerrado el salón.

¿Por qué no vemos un ratito en la tele y así ocupamos la mañana?

Uno de concursos.

O de los que venden cosas.

instantáneamente se combinará con tu complexión natural y permanecerá

las 24 horas.

Tus pares de pestañas postizas, magnéticos, que podrás aplicar sin

prácticamente sin espejo.

Una mirada embriagadora en la punta de tus dedos.

Un make -up compacto que no se derramará dentro de tu bolso.

Nunca más perderás dinero en maquillajes carísimos que te desparraman y te

deshebrajan, incluyendo los top.

Un maquillaje compacto con especial blender.

Servida.

¿Qué hace?

Mire nomás.

¿Te interesan los zapatos?

Son del estilo.

Sirven para bailar.

Tenía brillitos.

Están casi nuevos.

Lo hizo a escondidas.

Te voy a dar un consejo.

En esta casa, no te metas en lo que hacen tus patrones.

Somos tu comedia de las cinco de la tarde.

No es mi culpa que el señor le sepa acosar.

¿Qué me sabe?

A ver, ¿qué me sabe?

Que usted tiene sus... ¿Por eso lo trozó?

Dime en la cara.

¿Qué dices?

Ayer la oí.

Jadeada.

El señor le sabe, yo igual.

Se tiene celos porque la quiere y usted no lo agradece.

Ya estamos cerrados.

Nada más quiero el peinado.

Tengo unos quince.

¿Para qué se distraiga?

¿Distraiga de qué? De lo que la trae tristeando.

Y son unos quince.

Será levantado, ¿no?

No, chongo, no.

Así suelto, como ella.

No te queda.

Ya tiene mucho pelo.

De tu tuyo. Es pura babita.

Le va a caer bien trabajar tantito.

Estaba llorando.

La vi de afuera.

Nomás me desahogaba.

¿Tú qué sabes?

Yo sé.

Lo sé todo.

Los vi.

La vi con él.

Vi dónde entraban.

¿Qué, qué?

¿Que seguiste a quién?

Te levantas y te vas.

No lo hice por la señora.

Lo hice por él.

¿Quién eres?

¿La hija?

¿Ella te manda?

Nadie.

Llegaste tarde.

Es un clametiche.

Se finí.

Finito.

Dile a ella que su marido ya no era amante.

Ni mío ni de nadie.

Nomás andaba con la cantinela de que ella lo engañó.

Es que él le sabe a su esposa.

Ella se anda por ahí.

A mí no me engaña. Ni a él tampoco.

Dile a la señora que yo no lo quería.

Ni me importaba.

Me distraía.

Y él igual.

Igual a ranas.

De quererme nada.

Fierte.

Puro duro y dale con ella.

Uno tiene su corazoncito, su vanidad.

Le acabó.

Mi regalo es el recadito.

Sí, alérgate.

Nomás me estás jeringando la paciencia.

¿Te lo vas a decir?

Anda.

Brindemos por la hecatombe que viene.

Brindemos por lo que viene.

La vi.

Fui a verla.

¿A quién?

A ella.

La otra señora del señor.

¿A quién?

A la señora esa con la que anda el señor.

No inventes cosas.

El señor no anda con nadie.

¿Crees que si anduviera con alguien estaría aquí todo el día rumiando sus

contra mí?

¿Violándome?

Lo inventas eso para molestarme.

Eso que te regalé mis zapatos.

A ella usted sí no me cree.

Pero la vi y hablé con ella.

Pensó que yo era la hija de usted.

No del señor.

De usted.

La señora esa sabe que usted tiene una hija.

Muy infeliz.

Haciéndome genital.

Toma.

Llévatelo, te lo regalo.

Ojalá te guste y si no te gusta, pues... Lo tiras y ya.

Pero no me lo vuelvas a poner enfrente.

Oye.

¿Era... más joven?

Señor.

Métase.

Mire nomás.

Está dejando el charquerío.

Lo que se le ocurre.

A su edad.

Cuando ya está a punto de que lo alcance la muerte sin ayuda de nadie.

Véndame.

No tiene nada.

Tú véndame.

¿Me ayudas?

Ayúdame a cachar a la puta.

Es un favor.

Mírame la cara.

Nunca te he pedido un favor.

Te lo suplico.

Ayúdame.

¿Yo?

¿Quién más?

Tú sabes lo que ella hace.

Tú sabes lo que es cuando una mujer se te encona.

¿Qué vas a saber?

Dime que me vas a ayudar.

Yo lo ayudo.

Porque ella se lo merece.

Tome.

Ella lo estaba atrozando.

¿Por algo será?

¿Te gusta que me duela?

Te conozco.

Mira.

Mira lo que hago por ti.

Buenas noches, señora.

Buenas.

A 27.

La puerta tiene su maña.

Hay que jalar un poco a la izquierda y ojo que no se le atore la llave.

Quiero el 17.

Es mi número de la suerte.

Todas son iguales, señora. La tarifa es igual para todas.

Quiero el 17.

El 17.

Está en el piso de arriba.

Si necesita algo, me llama.

Yo lo llamo.

¿Me puede subir una botella de agua, por favor?

Está abierto.

Tu botella de agua.

No me salga con que viene a hacer aquí su pendejada.

Aquí no es guarida de suicidas.

Las conozco.

Vienen a vengarse de su señor en el mero lugar de los hechos.

No es la primera que me cae.

Todas sin maleta, todas de madrugada, todas iguales.

Ni crea que a él le va a importar nadita.

Si el suicidio está aquí, en la cama de hotel, en el cuarto con su número de la

suerte, el de la luna de miel, cualquier cursilada por el estilo.

En cambio a mí sí me jode completo.

Señora, el hotel está a mi cuidado.

Así que se me va saliendo, pero ya.

¿Eh?

Estar buenderas.

No piensan en el prójimo.

Oiga.

No vine a matarme.

¿Y entonces a qué vino?

Cierre la puerta.

¿Qué? Que cierre la puerta.

Siéntese.

Acérquese la silla.

Vine a acostarme con usted.

Vine a coger.

Usted es una señora de su casa.

Digo, una mamá.

Quizá abuela.

Vieja.

Sí, estoy vieja.

Vieja y caliente.

¿Quieres ver como vieja y jodida?

¿Por qué yo?

¿Y por qué no?

¿Qué es lo que más teme mi marido?

Las lamiditas.

No me lo va a creer.

Nunca lo había hecho con una mujer así.

Así, con usted.

Decente, de su casa.

Me puse nervioso. No sé por qué.

Será por cómo es usted.

Seria.

Mayor.

¿Vieja?

Yo que la vi llegar y me dije...

Otra que trae broncas en casa, en el alma.

¿Por qué lo hizo?

¿Por celos?

¿Para vengarse? ¿Para joderlo?

Ni celos ni venganza.

Mejor divorcio y ya.

¿Y por qué habría de divorciarme?

Lo hice porque tenía ganas.

Él lo sabe.

Está en mi naturaleza.

Tenía ganas.

Ganas.

Dígame.

¿Por qué tendría que dejarlo?

Lo hice por ganas.

Dime, no me dejes ni saber.

¿Tienes leche de otro?

¿Tienes leche de otro en las verijas?

¿Por qué me lo enseñas?

¿Por qué?

Son mis recuerdos.

Y los tuyos... Nuestra vida.

Yo me voy.

Me voy de...

Si cree que lo jode y lo deja, se equivoca.

¡Se queda y apechuga! ¡Aquítate, imbécil!

¡Ese es mi artón!

¿Tú por qué te metes? ¿Por qué crees que soy imbécil?

¡Porque soy la que cuida al señor!

¡Así es, señor!

¿Qué es lo que te crees?

Está viva.

Ábrela.

Óigala.

Se queja.

Querido, pero se queja.

¿Qué hacemos?

Pues una de dos.

O la remata o la cura.

Yo.

O la remata o la cura.

Idiota.

Y dice que quería ser doctor.

Allá atrás está lleno de monos y de frasquitos.

Léeme.

Aquí nos quedamos.

Ni para esto me sirves.

Pero te conozco.

Por más que te hagas la buenita.

¡Mustia!

Limpiar la leche de esos tipos en mi casa.

No puedes parar.

Nunca has podido parar.

Ese es tu desgracia.

Pensé que podía cambiarte.

Quitarte la ramera.

Mustia.

Ni con los años se te apagan las ansias.

Huila.

¿Por qué no te has visto las tetas huangas?

¿Traídas?

Lo haces porque la vida te ha dado mucho sombra.

Puta naciste.

Puta envejeciste.

Puta me vas a enterrar.

Y puta te has de morir.

Te lavas porque traes una infección.

el fosfú sirviendo de dichos hay mujeres capaces de todo

te acuerdas hace mucho tiempo me contaste que te ibas hasta con tres

hombres distintos el mismo día y que te dejaban el coño

floreado nunca se me ha olvidado

Por eso sé que tuviste muchos tipos metidos en el sonfriate.

Furgia.

Eras mojada a las verijas.

Igual que siempre.

Así eres tú.

Con el diablo allá abajo, ardiendo con leche de otro.

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