All language subtitles for El coronel no tiene quien le escriba (1999)1h50Drm

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Original subtitles

Gracias.

Me vas a decir que te ves miedo.

El que fuera sabe decorrar cualquiera.

Usted es gallo de lidia.

¿Cómo va a andar mariconeando con ratones?

Ya lo sé, Pandita.

Ahora tranquilo.

No vayas a despertar.

¿Y tú?

Ya tomé el mío.

¿Alcanzó?

Había una cucharada grande.

Otra vez va a llover.

A ver si mi asma libra las lluvias.

Tu asma y mis tripas.

No se te olvide pasar al entierro.

Lo llevan a mediodía al Camposanto para librar el agua.

Si llevas el paraguas, no lo abras.

No se vayan a dar cuenta.

Aquí la humedad no respeta ni el paraguas.

Nació el 9 de abril.

Un mes exacto después que nuestro hijo.

Todo es Agustín.

Que si antes de Agustín, que si luego de la muerte de Agustín, ¿hasta cuándo

vas a andar con él en la cabeza?

Hasta que se me termine el luto.

¿Vienes?

En fachas y muerta.

Además, el próximo entierro al que vaya será el mío.

¿Y el mío?

Tienes mala suerte.

Eres más sano que yo.

Otra vez contra el gallo.

Un gallo amontronado en el excusado.

¿Habrás visto?

¿No ves que el gallo es lo único que nos queda?

Veo un animal cruico arriba del minodoro.

Eso es lo que veo.

Veo que se me acabó el yodo. Que me seca las venas.

Veo que sigue llueve.

¿Cuándo volveremos a usar el excusado?

En la letrina todo el vecindario se entera de tus quehaceres.

Hasta estos mocosos se enteran.

¡Quieto! Y ya no me miren tanto al gallo.

¡Vámonos! ¡Vámonos!

Es viernes.

Y toca.

Nada, coronel.

No esperaba nada.

Nada más pasaba por aquí.

Mire qué guapo dejaron a mi muchacho, coronel.

Trabajo de don Dimas, el de la peluquería.

Hasta se ve más sano que de vivo.

Sí sonríe y toda la cosa.

Pero pase, pase.

Si hasta parece que sonríe.

Pobre. Le tocaba joven, igual que a nuestro Agustín.

Su hijo y mi ahijado que en paz descanse.

Quedaron iguales porque lo maquilló don Dimas.

Y ese usa el mismo colorete para todo.

Pues era el sereno.

Pero ahí te deja a los difuntos descartarlo en paz.

Miren nomás.

Más sano que de vivo.

Si hasta envidia me da la salud del muchacho con el debido respeto.

a los aires por donde corran.

Los tiempos cambian pero yo no me muevo de traje.

Es así, ¿no?

¿Entonces?

¿Entonces?

¿Entonces? El gallo.

El gallo.

Ahí nomás.

Así como yo.

Otro difunto joven.

Pero luego se meten en embrollos, broncas de sindicatos, argüendes y...

agarra la pelota.

Igual que a Aguspín.

¿Dónde cree?

Pobre hija de tu, nunca hace palento.

Cosas normales de las cosas que pagan.

Cosas de varón.

No agarró la mala hora nomás.

Mi hijo tenía ideales.

No fue el pleito cantinero el que lo llevó a la tumba.

No.

Faltaba mal.

Como usted diga, coronel, pero no se altere.

Vean nomás, hasta se puso colorado.

Hágase ver por el médico, compadre.

Parece vara seca.

Ve nomás cómo le cuelga el saco.

Un día de estos, Abbas. Un día de estos.

Hágame caso.

Cuídese.

Cuida el gallo.

Aquí te quedas, quietecito, ¿eh?

Quietecito.

Dos chupaditas y luego de la cena, las otras dos, para estirarlo.

Oye nomás.

Así, el Senado de la Nación otorga pensión íntegra correspondiente al 76 %

salario mensual a quienes combatieron en el Ejército Federal durante los

conflictos revolucionarios, incluyendo a aquellos que participaron en los

conflictos religiosos.

Conflictos religiosos.

Así le dicen ahora a la cartera de curas y de mochos persinados.

Lo hubieras visto hoy en el velorio.

Misas, rezos.

Así, a la luz del día.

Hasta beatas en latín.

Y pensar que un día luchamos contra los curas que le decían a la gente que el

gobierno era comunista y que no acatara la legalidad.

Luchamos contra la ignorancia y ganamos.

Y mira lo que son las cosas.

Todo siguió igual.

Yo esperé que espere una pensión que no llega.

Tres años de lucha cristera.

Tres años de muchos persinados.

Misas.

Y ni un peso de pensión.

Ni un misericordio.

No hay derecho.

¿Otra vez?

Veintisiete años esperando esa pensión.

¿No puedo quejarme?

¿Con el rayo? ¿Y con quién si no?

Conmigo. ¿Con quién si no?

Mírate.

Arregladita para baile.

Te toca cenar con este viejo latoso.

A ti ya no te quitan los señoritos madrileños.

Y te fuiste a casar conmigo, tú, tan nacionalista.

Para conquistar a los conquistadores.

Fueron cuatro campanadas.

Solo adultos.

Prohibida por costumbres perniciosas.

Es de llorar, seguro.

Para llorar es que el tal padre Ángel dicte lo que se debe ver en el cine.

Te voy a ver las películas, pero bien que las va a ver.

Escura, no salto.

Y al pobre le gustan las películas igual que a mí.

Me voy.

Si no me apuro llegaré ya con el cara.

No sabía que me querías.

Y otra vez, un poco de fuerza para que queden estos monstruos y botones.

También lo digo por usted, no se agarguen.

Con su fina y todo, pero con la da. Yo la veo.

Buenas noches. Mañana que te aparezcas, ¿por qué no te doy la por?

Claro. No es por el manoseo, sino por la película.

¿O está apuntado?

Quedó clarito.

Cuatro campanadas.

Película prohibida por la curia vaticana.

Antes de que el muchacho abandone a la muchacha, ni crea que me juego.

Usted puede ver con convicencia porque ya se le pasó el primer hervor.

Con todo respeto.

Aunque el luto no se le haya pasado.

El luto se lleva adentro.

Y no me amargue la noche.

Ya me agarro el aris porque no pagué la entrada.

Es un negocio. Como Vicente y todo, pero esto come.

¿Y yo?

¿Yo de qué como?

Mira nada más.

Es como arar en el mar.

Cine lleno, campanadas y todo.

Ojalá que al menos haya prohibido algo que valga la pena el pecado.

Dices provinciana.

Tiene un novio medio lelo. Y cojo, fíjese.

Llega a la ciudad, quiere bailar. ¿Con el cojo?

No, con otro.

Va a terminar de cabaretera.

Ya verán.

Anunciando a la mejor bailarina.

Tendrás joya, alargos, dinero.

Mañana es viernes.

Te toca.

Tampoco.

Doctor.

Sirve para hacer el jarabe para el pecho. Es medicinal.

No es un ron cualquiera.

Es temprano para que comience a preparar su jarabe.

En las mañanas se entona el cerebro.

Estos me llegan a mí.

Pero... Quédese con ellos.

Hay que me entero que el país terminó igual que yo.

He hecho una pizca.

Por eso.

Usted goza con el mal agüero, ¿no?

Si no, no sería doctor.

Goza por cínico, no por doctor.

Hacen así.

Cínico e incrédulo.

Usted, en cambio, peta.

Hacemos mala pareja. Por eso nos va mal en el dominó.

Nos va mal en el dominó porque hace años que no juego con usted.

¿Y sabe por qué?

Porque juego con el cura.

Pero él juega mejor que usted.

Conste que le ofrecí un traguito.

Y que conste que se lo dejé gozar solito.

Cuídeme a su señora, ¿eh? Desde lo de la hipoteca, el asma se le ha empeorado.

Que quiero enterarme de los ladronadas de esa bola de rateros.

Mejor así.

Sin saber en qué bolsillo acabaron mis dineros.

Todos se llenaron las arcas.

Todos se repartieron a manos llenas.

Que si el puesto Zutano, que si el dinero para Perengano.

Todos menos tú.

Te sigues esperando una mísera pensión que lleva 27 años de retraso. 26.

Ya viene agosto.

26 años y 8 meses.

Ten algo.

¿De qué?

¿De qué va a ser? ¿De los pensionados?

¿Qué quieres que diga?

Los que quedamos vivos en todo el país no hemos de ser ni cinco.

Pero cinco tienen derecho a saber.

A ti ni los años te quitan la necesidad hispana.

No traen nada.

¿Qué hay de la hipoteca?

¿Quién te dijo?

El médico. ¿Qué va a hacer?

Mandaron un aviso.

El último plazo es octubre.

El 24 de octubre.

Ni un día más ni un día menos.

La fecha es inaplazable.

Si mi pensión se aplaza, no veo por qué la hipoteca no.

Porque llegaron unos de Hacienda.

Porque trajeron la orden y la firmé.

Y porque se la enseñó al doctor y hasta él mismo dice que esta vez es en serio.

Y porque la vida es injusta y dispareja.

¿Y por qué no me lo habías dicho?

Esperaba que llegara el viernes y el correo y a lo mejor... A ver, estás

que yo.

¿Y ahora que lo sabes, te puedes saber qué piensas hacer?

Tenemos el gallo. El gallo paga la hipoteca.

El gallo.

Alimentado gallo.

¿Acaso crees que nos va a sacar de pobres el animal lejos ese?

Igual creía Agustín.

El gallo lo llevó a la muestra.

Deja a los muertos en paz.

Y deja su muerte a descansar en paz.

¿Y no me dijiste cómo vamos a pagar la hipoteca?

¿Eh? ¿O qué vamos a comer?

Yo también como.

Igual que el gallo.

Todavía está más chulo.

Si Agustín lo viera.

¿Y hay noticias?

Las de siempre.

A finales de noviembre llegan los palenques y está hecho.

El 20 % de las apuestas para los dueños. Lo de siempre, el uso.

Pero hay que entrenarlo, coronel.

Hay que confiarse.

Ya ve que luego todo puede pasar. La vida es bien ojete.

Cuida tu lengua, muchacho.

Tente respeto.

Al gallo la chamacada lo saca a pasear y yo le procuro sol y aire.

Y Purina, coronel.

Que no solo de pan vive el hombre, ni de paseadas los gallos.

¿De dónde voy a sacar para comprar Purina?

Es lo que se puede.

Y lo que no se puede también.

Tiene que entrenarlo alguien que le sepa.

No nos puede fallar.

A nosotros.

A Agustín.

Al pueblo.

Se me dan un adelanto.

Ya saben que va a pelear aquí, digo yo.

¿Saben que es un gallo de estepe?

Mi compadre preguntó por el gallo.

Ese no da paso sin guarache.

Seguro ya le echó loco a nuestro gallo.

Los tiempos están duros.

Peor.

Se sospecha que usted anda en apretura y se aprovecha segurito.

¿No ve que nadie se hizo rico gratis?

Todo rico le escarbó el bolsillo a otro.

Más en este mentado país.

Este mentado país es el país que hizo la revolución.

Nuestra revolución.

Tenga cuidado con su compadre.

Además de que le quiere bajar al gallo, es mal bicho.

El día de la redada a la imprenta del sindicato, él andaba merodeando.

Y traía uno de los periódicos que le dimos a usted.

Es soplón del gobernador.

Es birro a sueldo.

Y ahora le entró a lo de los gallos.

Pero denos un tiempito y entonces... Mis tiempos tienen plazo.

El de la hipoteca.

El plazo es hasta antes de noviembre.

Bien sabes que ya tenemos abogado.

¿Y para lo que nos ha servido?

Usted solo cobra porcentaje.

¿Qué pierde?

Mi tiempo.

Pierdo mi tiempo.

He tomado una decisión.

Cambio de abogado.

Y necesito dinero.

No es nada personal, es que... se me vence la hipoteca que tomé sobre la casa

cuando murió mi hijo y...

Ya ve cómo son.

Han pasado años y nada.

Lo único que pasó fue que mis compañeros se murieron esperando su pensión.

Hay modo, ¿no?

Pero a lo mejor hay modo.

Usted no quiere modos. Usted quiere milagros.

Y yo no sé hacer milagros.

Gasté hasta el último centavo en diligencias.

Necesito todos mis documentos.

Eso no se va a poder.

No, sus papeles han pasado de mano en mano. Son trámites muy complicados.

Yo se los busco, pero tendría que cobrar un estipendio para pagarle a un propio

en Jalapa.

O tal vez hasta en la Ciudad de México.

Son muy importantes.

Históricos. Estaba el acta que establecía la educación socialista y

cuando luchamos contra el clero.

Sus curitas, sus monaguillos y sus supersticiones.

De eso ya ni hable, coronel.

En la guerra cristera murió harta gente.

Y había que andarse bautizando en los sótanos. Eso a nadie le gustaba.

Todo mundo repelaba.

¿Para qué pabonearse, coronel?

A usted no le gusta y a mí tampoco, hermano.

Este es un país católico, apostólico y romano. Para desgracia mía y de todos.

Contra eso luché tres años y cinco meses.

Pero de eso hasta añales.

¿De genio?

Ahora los tiempos son otros.

De eso ya ni quien quiera acordarse.

Yo.

¿No más usted?

Suerte, coronel.

Y siga esperando.

Espero.

para las bestias.

Cuídate de santos, que por mí serías cuchero.

Buscaba a doña Amalia.

Buscaba, pero no la va a encontrar.

Encuentra a mí en vez de a mi suegra.

Entonces regreso cuando la encuentre a ella.

Eso no se va a poder.

Le di una apoplejía.

El doctor ordenó reposo.

¿Y para cuándo la encuentro?

Para los que piden fiado no tiene para cuándo.

¿Y qué se le ofrecía?

No nada más venía a dar la vuelta.

No más venía a dar la vuelta.

Y a preguntar por la salud de su suegra.

¿No conoces nada?

Nada.

¿Y doña María?

Estaba la nuera.

Me contó uno de sus cuentos.

Esa es mi perra.

Es joven.

Por mí no hay apuro.

Ya ves que a los asmáticos nos falla el apetito.

Qué suerte, ¿no?

¿Y la olla en el fuego?

Cocido de col.

Solo verzas, como dicen en mi pueblo.

¿En esa ollota?

Para paventar. Hay que levantar lástimas.

Sí, hay que levantar lástimas ajenas.

Con las propias nos damos abasto.

Tengo una idea.

El alemán es buen pagador.

A lo mejor le interesa el reloj.

Hace años que no sirve.

Pues con más razón.

Si no anda, no más estorba.

Deje que le eche una mano, coronel. No se vaya a resbalar, hay mucho barro. Es

la lluvia. ¿La lluvia? ¿Cada año hay más lluvia y más barrones?

No, no. ¿Acaso se le descompuso? ¿Eh?

¿Dónde lo lleva?

Con el alemán. Ya ves, él sabe de todo.

Sabe de todo y cobra por todo. Deje que le eche un ojito y se lo compongo.

Aquí se había trabado.

Pero me advierto, este reloj ya está cargado.

Como dice mi mamá, a qué meterle dinero bueno al mal.

¿Sí? A qué meterle dinero bueno al mal.

Gracias. De nada.

¡Viene Santísimo!

¡Viene Santísimo!

¡Ven camino, coronel!

¡Viene Santísimo!

¡Viene Santísimo!

¿Te das cuenta?

Todavía lo pregonan como síndico.

Eso está prohibido por la ley.

Este es un país laico.

Luché tres años de mi vida para que los beatos se enteraran de que ahora en

adelante este iba a ser un país libre, nacional.

Mira nomás.

Yo llevo esperando mi pensión por esa guerra y ahorita se pabonea en la calle.

No se vale.

¿Para cómo ve cómo trae al chamaco con faldones de mariquita?

Cuando viene la española, ¿qué compra?

La mujer del coronel.

Doña Lola.

¿Qué va a comprar? Nada.

Si no tienen ni en qué caerse muertos.

Bueno, pero cuando tenían, ¿qué compraban?

Desde que yo nací, nunca han tenido.

Entonces dame unas latas de atún, unas de sardinas, café, guayabas.

No, mejor su dulce de guayaba.

Que le alimenta.

Que le gusta.

Un ojito, ¿no?

No te apures.

Las huilas siempre pagamos.

Siempre cobramos.

¿Ya funciona?

Se trataba de venderlo, no de que funcionara.

Se trataba de que el alemán te lo comprara.

Pues no lo vendí, pero ¿ya sirve?

No andabas dale y dale con que nunca sabías la hora.

Te encontraste a alguien y te dio vergüenza que supiera que lo vendías.

Te conozco.

Con tal de que no hayas gastado un quinto en componerlo en balde.

Mira nomás qué zapato.

Uroyo.

Así respira el pie.

Si yo pudiera te compraba otros nuevos.

Ahora que llegué a la pensión, la primera cosa, la primera.

¿No me vas a preguntar si hubo correo?

No.

Y ven desde Cedallo ahora mismo.

Tranquilo, güerito, tranquilo.

No le hagas caso a sus humores.

El asma le exaspera los nervios.

Un rato mal.

La vida es dura y los amigos pocos.

El tercer coronel desaparecido.

Míreme a mí nomás, encajándome esta monserga en el trasero, como diría

para no ofender.

Ándale, Jacinta, no andes de huevona.

Lávatelas, carajo.

Ofrécele algo al compadre. Ya ni parecemos compadre.

¿Hora? Ni su mujer aparece.

Antes venía a oír el monje loco.

Me tiene muy abandonada.

Nomás va al cine.

Fíjate.

No gana uno para penas y mortificaciones.

Si no fuera por mis carnes, me la pondría yo solo.

Es mi suplicio.

Quedaría yo por tener su salud, coronel.

Ando. Ando nomás.

¿Qué? ¿Un cafecito?

Gracias, compadre.

La cinta tiene razón.

Ya no se le ve nunca.

¿Qué lo trae por acá?

Mi gallo.

Anda, vale caído.

Uno se acongoja por las personas, no por las bestias.

No es bestia, es mi gallo. Sí, el gallo de mi compadre. Más aún, el

gallo de mi aicado.

Decía nomás, decía.

Es que le piquete para alegrar el alma.

Ya va a comenzar el monje loco. ¿Por qué no se queda y luego se lo platica a

doña Lola?

Aquí entre nos tienes razón.

Habla del gallo como si fuera gente.

Es que no es un gallo cualquiera.

Todo el mundo lo sabe.

Estoy pensando en entrenarlo.

Enseñarle el ataque prusiano.

El de los blancos.

Sin ánimo de ofender, compadre.

Usted no le sabe a los gallos.

Nunca se le vio en el palenque más que para recoger el cuerpo de Agustín cuando

entonces.

Y esto es un arte.

Un oficio.

Venda el gallo antes de que sea demasiado tarde.

Usted ya no está para esos trotes.

Se le está poniendo bien cuido.

Miren.

Ahorita.

Sé quién le daría esto.

Y puede que hasta más.

Haga sus cuentas nomás.

Yo lo conozco.

Podría hablar con él.

Exponerle su caso.

Lo haría.

Somos compadres o no.

Peleamos en la cristiada o no.

Envejecimos juntos o no.

No la debemos.

De verde a mitad.

¿A qué me dijo?

¿Seguro? ¿Palabra?

Palabra la suya, coronel. Usted sí tiene palabra.

Ese sultano no.

Tiene razón.

Es que le anda mintiendo con que dice que tiene comprador para el gallo. Lo

quiere para él mismito.

¿Y eso qué es su compadre?

Créale si quiere. Es un sacrosanto derecho.

Quédese con nosotros, coronel. Le invitamos su traguito.

No le va a caer mal estar un rato fuera de su casa.

Corre, lotería.

Ande, juegue por aquí.

Me tenía una deuda de juego.

A nueve.

Es el día que nació.

Saludita, coronel. Gracias.

El quince.

Ni modo, coronel. Hasta la próxima.

Hasta la próxima. Mejor pruebe la suerte en los amores.

Gracias.

Léalo.

Este es en el que escribí a Agustín.

¿Qué pasó, muchachos? Ya llegamos.

Ya llegó el Nogales.

Trago para todos.

de cacahuate.

Órale, Julia, échate uno a tu salud.

A mi salud no le hacen falta cojones.

Nada más porque dejé pasar un año sin regresar, esta se me pone rejega.

¿O no?

Por algo será.

Por algo que te pesa en la conciencia.

¿Qué crees?

Puede no es tiempo de circo. Órale, hace trabajitos.

Trabajitos de los sucios al gobernador y su gente.

Tiene que regresar.

Regresar a ningún lugar.

Cállate, te voy del viejo.

Ronda pa' todos.

Obra y gracia del Nogales.

Para algo soy el mejor trapecista del sureste de la república.

Buenas noches.

Con permiso.

Pásenle, coronel.

¿Qué es mi culpa haberme lo topado aquí?

Aunque fuera a propósito.

Me hubieran avisado.

Alguno me hubiera dicho.

¿Qué se cae el asesino de mi hijo?

Ya viene el circo.

El Nogales sigue de cirquero.

El circo es hasta noviembre.

El Nogales siempre tiene asuntos.

Andará en sus cosas.

Quisiera saber cómo está su señora.

No quieres que esté la madre de un muerto.

Se veía más vieja y más flaca.

¿Necesitas algo?

No, no necesito nada.

Eras... la mujer de mi hijo, ¿no?

Lo pregunto porque dirás que qué cosas se me ocurren, pero a veces me he

preguntado si acaso tenías un hijo de él.

Ya sabes, estas cosas que pasan.

No, a nosotros no nos da por esas cosas.

Le espantan la clientela y luego... ¿Cómo saber quién es el padre?

Es que... A lo mejor son sandeces de viejo, pero...

Se me murió la sangre.

Se me acabó la sangre.

Me hubiera gustado cumplirle el gusto, coronel.

La destino.

Coronel.

Yo nomás quería que usted supiera que no fue mi culpa.

Fue el destino.

La culpa siempre es del destino.

¡Fulia!

¡Fulia!

¿Ya está?

¿Ya no más?

Se te está guardando todito el dulce de guayaba.

¿Y así qué?

Yo nomás decía.

Yo nomás decía.

¡Fuera! ¡Fuera!

Pero te juro que a mi regreso dejaré de ser lo que tú no quieres de mí. Para

convertirme en el compañero. Si estás a fin y te empueda.

Señora, por favor.

Bien. Que me quieras.

Parece que nunca voy a terminar de verla.

El otro día se rompió la película.

Y hoy nadie se lo corrió.

Ande, tómela.

Adentro va un dulce de guayaba.

Está un poco pasadito, pero si lo pones debajo del chorro del agua y le das

unjuagadita, todavía sirve.

Tómela.

La necesita.

Hágalo por su marido.

¿Mi marido?

Déselo a él, si tanto le preocupa. Ay, ¿cómo crees?

A los hombres no les gusta tomar cosas de las mujeres como yo.

Especialmente alguien como su marido.

Gente de respeto y esas cosas.

Nosotras no.

Las mujeres somos distintas.

Uno le rebusca el modo.

No nos queda de otra.

Ángela, no sea tonta.

Nadie se va a enterar.

Seré muy tonta, como usted dice.

Pero su rumbo y el mío solo se cruzaron una noche.

La mala dada noche en que murió mi hijo.

Y nunca más van a cruzarse.

Por toda el hambre del mundo.

Así que... Cambie su rumbo.

Ese es su marido.

Bueno.

Se ve que están necesitados.

Déjenos el resquicio del decoro. Deje el decoro para los hombres.

De mujer a mujer.

Tómela. Ni quien lo sepa, ni quien se entere.

Hablamos con Andrés de Guayaba.

A él le gustaba tanto.

A usted le gusta.

Bueno, es oído.

Dicen que tiene mucho ácido ascórbico.

Mire, señora, yo lo hago de buena fe.

No es por humillar ni por aquello de las culpas.

¿A poco se cree que a nadie matan por una como yo?

¿Eh?

¿Sabes?

Nosotras no podemos decir te quiero.

La palabra se nos atora aquí en el bicho.

Eso me pasó con su hijo.

Nunca le dije.

Y se me murió.

Se me murió como usted.

El día nos reíamos.

La pasábamos bien.

Pero es quererse, ¿no?

Agustín y yo.

Chito.

De corona y que ocho cuartos.

Eran los de la hipoteca.

¿Qué vamos a hacer?

¿Qué vas a hacer?

Buscar otro abogado.

Tú me lo dijiste el otro día.

Eso pasó el otro día.

Y viste mi respuesta.

Me equivoqué.

Te equivocaste.

Nos equivocamos.

Y vas a esperar otros 30 años a que te tome el pelo.

Que tenía tu guardatito.

Si lo remojamos un poco, va a quedar como un hongar de dioses.

Lo siento.

No me maljuzgue.

Ha de hacerse lo que ha de hacerse.

Compadre, usted sí que no pierde ni un minuto.

Le digo que conozco a un interesado y dos días después me cae con el mismito

animal.

Fueron más de quince.

Es un desfile, coronel.

Usted todo lo toma a pie juntillas.

¿Ha visto a ese militar?

Cae mal día.

Se me subió el azúcar.

¿Ve?

Pupila dilatada y toda la cosa.

Me pongo grave y usted no viene.

Se le mueren los enfermos a este paso, mi doc.

Y usted mariposeando por la calle.

No se queje.

Aprenda coronel.

Don Roble, nunca he visto un flaco enfermo.

Así que no.

Le decía aquí a mi compadre el flaco que cayó en mal momento.

La muchachada anda muy caliente con el gallo.

Le dicen el gallo del pueblo.

Estoy pensando si se lo doy a los muchachos.

O al cliente que usted dijo.

¿Qué dije? ¿Qué dije?

¿No se le hace miedo que aquí el coronel ya peina muchas canas para andar de

crédulo? Me parece que el coronel hace bien en reclamarle su palabra.

Le debe la verdad además de la carrera.

Usted también peca de crédulo.

De una vez píqueme que no tengo toda la tarde para estar a disposición de un

camillero que trae aliento de briago.

con él.

Más roja que su penitente madre, con todo respeto.

Este azúcar lo está matando antes de tiempo.

Gordo, rosado, tiernito.

Por eso nadie me toma serio.

Hasta parece que para dar lástima tiene uno que tener cutis delirioso.

Respecto a lo suyo, hablé con el interesado e hizo sus cálculos.

Ahora se oye Vox por radio.

Katy, nadie va a los palinques.

Paga la mitad de lo dicho.

Usted sabe que si la afición ha bajado, la apuesta ha subido.

Y mantener al gallo cuesta caro. Si fuera por mí le daría cuatro tantos.

Pero nomás habla por su amigo.

No le sabía la vena de intermediario.

La única vena que me sabe es la que me picó.

¿Qué dice, coronel?

Pero... No, en los negocios no hay peros. Mire.

Ahora le doy un adelanto para que se alimente como Dios manda.

Y en diciembre, antes de la primera posada, le termino el pago. En nombre de

amigo.

Bueno.

Ahí se lo encargo.

Le gusta dar sus vueltecitas.

Se llama Tadeo.

Es muy sensible.

Yo le digo güerito.

Ni le digo hasta dónde trae la diabetes.

Como dicen en mi tierra, déjeme morir, idiota.

Güerito, güerito, güerito.

Atrasó.

Y eso que yo de gallos no sea ni pío.

Valga la redundancia.

¿Y qué remedio?

Usted mismo lo dijo.

Mi mujer, más que asma, tiene hambre.

Hay hombres malos, pero malo y mal averiguado solo en los corridos.

Buenas, mi doc.

Lo de siempre.

Y para usted, coronel, lo de siempre. Sí, mi agua, la de siempre.

Todo, porque vengo en las mañanas a sentarme y le tomo su agua.

Como si el agua costara.

Les confié de los pelirrojos.

Por algo los mataban en la Edad Media.

Tienen pelo casero.

Caoba rojizo.

Insuficiente.

Doctor, el coronel se puede sentar aquí. Ni sotana traigo.

Esta vez apueste algo.

Si no, ¿qué chiste?

Ahorita trae el adelanto.

Si lo apuesto, mi mujer me mata.

Si ya vendió su gallo, por lo menos que lo deje gozarlo.

Déjelo.

Seguro doña Lola le va a apretar el cinturón por apostar.

Gané. ¿Ya ve?

Hubiera apostado.

Tiene alma de aguafiestas, doctor.

Segurito goza con inyecta.

¿Qué come, qué adivina?

Años.

Y me voy porque aquí hay mucho buitre. Además, mi mujer me espera.

Ni se lo diga.

Seguro lo va a regañar por no apostar.

¿Cuánto falta para que acabe tu turno?

Un rato.

El rato de cinco.

Su turno termina a la hora que termina.

Y si alguna parentela o amistad lo quiere esperar, tendrá que esperar en el

callejón de atrás.

Así son las cosas, mi doc.

Ya sabe.

Este es un lugar para familias.

Y usted está casado y toda la cosa.

¿Para qué, mi doc?

Traigo en la mano tres años de pensión y el remedio que pidió el doctor.

Traigo café para las mañanas, café que pinte y toda la cosa.

Zapatos de gente decente, como le piden.

Traigo la hipoteca.

¿O cae?

Casi.

Y lo que falta, negociamos una prórroga para después de los palenques.

¿Cuándo dices que son?

Por Navidad, después de ir todo el circo.

Pensar que llevo toda mi vida encerrada en este pueblo y no sé cuándo cae el

palenque.

Como si hubiera tantas cosas que hacer por acá.

A ver, enséñame los zapatos otra vez.

Te ves bien guapo.

Extrañas al animal ese.

¿Qué cosa se pinta?

Levantaba las plumas para que luego no me des lata.

Hace dos semanas que levanté la última pluma.

Sí, lo extraño.

Pero ya se me va a pasar.

Si ya no me mata la muerte de Agustín, ¿cómo no se me va a pasar este

extrañamiento?

Ve por él.

No me sienta bien verte tristeando.

Me agobita el asma.

Lo dices en serio.

¿Crees que estoy para perder mi mañana en bromas?

Anda, levántate y ve con Saba.

Al gallo de por mientras me hago cargo.

Al gallo, de por mientras me hago cargo.

Al gallo, de por mientras me hago...

Del

animalito me hago cargo hasta el palenque.

Seguro que es mojo. Me lo jura, sotero.

Treinta años en el negocio, si lo sabré yo.

Es lo que llaman lirio blanco.

Una plaga terrible.

Y de los entrenamientos yo me hago cargo.

Los chamacos y yo.

Si no hacemos algo en tres días nos vamos a llenar hasta las orejas.

Ya le tienen la mona lista y todo.

¿Quién lo diría?

Un gallo preparado por tres escuintes sin desvirgar y por un viejo pensionado.

Lo van a malear.

¿Alguien te pidió consejo?

Coronel, la verdad.

¿Por qué lo quiere?

La casa está a solas en el gallo.

Triste. Me hace compañía.

Por ahí hubiera empezado.

Llévenselo.

Nomás quiero que me lo mantenga en forma, compadre.

Alimentado y entrenado.

Jacinta, el gallo.

¿Lo vas a devolver?

Jacinta. Ya estaba palabrado a su anticipo, le diste. Jacinta.

¿Prestado, coronel?

Muy bien.

Muy bien.

Dejen tranquilo al animal.

El coronel nos pidió entrenarlo. Y además, es el gallo del pueblo.

Era del pueblo.

Ahora tiene nuevo dueño.

Así que se me van jiritos.

Y no me hagan enojar de mañana.

Anda enojada mañana y tarde.

Siempre a muy nada. Por eso le cayó el chagüiste. Por su culpa, la suerte mató

Agustín. ¡Gachupina!

¡Fuera de aquí!

¡Largo!

Y les dije... ¡Fuera!

¡Fuera!

Guay de aquel que se vuelva a meter conmigo.

Conmigo y con la memoria de mi hijo.

Guay de aquel y del pueblo entero.

Que le haga chupín a todas sus providencias.

Ojalá que se hubieran podrido en el vientre de su madre.

madre los encuentre un día destripados en un callejón.

Y ojalá que yo esté allí para gozarlo.

Es tu culpa.

Les has olvidado el sexo.

Como él.

Artón.

Vienen los de Internet.

Como uno de los dos que tenga problemas con el vecindario.

¿Lo traías?

¿Te oí regañar a los chamacos?

Que ya no vengan.

Me tienen mala sangre.

Qué imaginación la tuya.

Además, me van a entrenar al gallo. Le van a traer una mona para que aprenda

taku.

Entré en la doctora.

No, yo no sé de gallos. Por eso se los dije.

No quiero que sepan que no sé de gallos.

Soy coronel de rango y toda la cosa.

A ti eso no entra en más.

Que le quede claro.

Te la presto solo un ratito.

Si algo le pasa, paga.

Le di mi palabra.

¿Cuándo se ha visto usar una gallina de mona para entrenar a un gallo?

Se les entrena con los de Lidia.

¿Y tú qué opinas?

Ni que fueras gallera, el coronel sabrá.

Sí sabe, ¿verdad?

Al ratito nos vemos.

Aquí te traigo al enemigo.

Igualito en el espejo.

Imagínate que no eres tú, que es el contrario.

Esto es igual que en la guerra. El que da el primer golpe gana.

Ley de estrategia, ley prusiana.

Aquí está el enemigo.

Ataca, ataca.

Es ley prusiana, ya te dije.

¿Y la gallina cloaca de dónde la sacaste?

¿De doña Amalia?

¿Comprada? No, prestada.

No gasté un centavo.

Me hiciste venir a buscarte aquí.

Aquí donde murió él.

En el mismo lugar.

Y tú como si nada.

Nadie te dijo que vinieras.

Tuve una corazonada.

Las corazonadas no son más que corazonadas.

Esa noche tuve una corazonada.

Ya tuve tantas noches.

Pero esa noche se cumplió.

Dime dónde lo encontraste.

Dímelo.

Ahí.

Abajito del carro.

Los faros esos lo alumbraban.

Así.

Vete.

Anda.

No te hagas más daño.

Se lo dije bien clarito.

Se lo advertí.

Y cuando lo vi salir tan pindongo y perfumado me dije, se va con ella.

Y con ella después.

Y por ella.

Y por ese gallo con el que estás tan encariñado, lo mataron.

Me lo mataron.

Lo mataste.

Sí.

Y nunca voy a terminar.

Nunca. Vete.

Anda, vete y sigue con tus historias en otro lado.

La Julia, esa... Esa también andaba con el Nogales.

Me hiciste decir su nombre.

Nogales.

Me contaron que ese...

El que mató a mi hijo llegó con sombrero y todo.

Llegó a buscar a la Julia esa.

Traía gallo.

Es como si de veras le escribieran a esas, a las que cobran.

Lo digo así con todas las letras, porque no está mi marido.

Las puercas.

Esta era peor.

Esta le hacía creer que con él era distinto.

Si nada más hubiera habido noche de trago, nada hubiera pasado.

Pero esa andaba rondando.

rondando como un moscardón.

Esa le traía la mala suerte.

Pero un muchacho se empeñó en que ella madrina era el gallo.

Y luego el otro, este dijo que ella se había arreglado con mi hijo, que era su

celestino.

Que le encajó un pasador en el vientre, al gallo en el vientre.

Y la tonta seguro que lo hizo.

Quería atraparlo.

Son capaces de cualquier cosa por atrapar a un hombre.

Encajarle un pasador al gallo como si el otro no se fuera a dar cuenta.

Dicen que ella tenía sangre en la mano.

¿Sangre del gallo? ¿De quién si no?

La sangre de mi hijo corrió después.

Yo lo sabía desde que lo vi salir de la casa tan arregladito.

A veces me digo... Si no le hubiera cosido el botón...

No va y no me lo mata.

Es pecado vivir más que los hijos de uno.

Pecado despertar en las mañanas viva.

Yo y la tal Julia seguimos vivas.

Por eso que mi marido salude a esa me duele.

No son celos, es rabia.

Rabia de seguir viva.

Y hoy voy al palenque y lo encuentro con una gallina y me da la misma

corazonada. La misma corazonada y la misma rabia.

Y usted, chitón, la ira me la quedo.

El pecado no me importa.

Mire, escupo en Dios.

Escupo en mi Dios.

Y entonces... Y

entonces me vinieron a avisar.

¿Sabes cuándo salió el entierro, Lluvia?

Sí, me contó.

Si no quieres que los mocosos vengan a entrenarlo, tengo que hacerlo yo.

Por ti fui por la gallina.

Por ti.

Por ti lo entreno.

Eres más al gallo ese que a mí.

Los de la hipoteca pegaron el edicto de desalojo.

Dicen que les choca.

Poquetas.

Quieren dinero.

Quieren la casa.

Ves muros con tranchete.

Veo que el gobernador y tu compadre don Sabas se están haciendo uno a uno de

todos los terrenos del pueblo para su fábrica.

No.

Lo busqué por todos lados y me dijeron que andaba por

aquí. Le vine a decir de lo de la hipoteca. Usted sabe las reglas,

Las reglas son para romperse.

¿Pero cómo se le puede ocurrir sacar una hipoteca en estos tiempos?

Me dijeron que iban a enterrar a mi hijo en la fosa común.

Y si uno ni siquiera puede pagar el entierro de su propia sangre, ¿dónde

uno?

Es por tres meses. El gallo ya está vendido.

Ya me dieron mi adelanto.

¿Ve? Hasta estoy entrenando zapatos.

Pues dígale al dueño del gallo que le liquide.

Me va a perdonar, coronel, pero estoy ocupado.

El gallo es cosa viva.

¿Qué tal que mi amigo lo liquida completo y el animal se muere?

Y ahora que usted se lo llevó a cuidar, ¿quién responde?

Y usted, el coronel, se gasta la lana muy rápido.

Zapatos nuevos y toda la cosa.

Yo le cumplí y se llevó el gallo.

De compadre a compadre, voy a ver qué se hace.

Pero le adelanto.

Va a estar durísimo.

Caray, sotero. Ni para resolver problemas sirves.

Ya les he dicho.

Compórtense como de país civilizado.

Así no se puede prosperar. Nomás no se puede.

¿Desde cuándo la silla de ruedas?

Pues desde la lluvia.

Nada más me distraigo un ratito.

Entiendo afuera para que se lo vea. Y de repente está el chaparrón.

Así no se puede.

¿Qué te pasa?

¿Qué tienes?

¿No te puedes morir?

¿Tú no?

¿Tú no eres un traidor?

¿Tú no sabes que todavía no llegó el valiente?

¿Y si tu padre se muere contigo?

¿Tú no?

¿Tú no?

¿Aunque sea por él?

¿Te tienes que morir?

Te llevo el doctor.

Eso es.

¿Doctor?

¿Doctor?

Te va a empapar, doña Lola. Pásele. ¿Cómo se le ocurre salir en un día así?

¿Dónde está el doctor?

Salió a la sierra.

Dice que tenía consulta.

Y luego... Dice que le toca guardia de luz.

Ya no pasa por acá.

El gallo no aguanta hasta mañana.

El doctor, no veterinaria.

Yo no te dije nada.

Nada.

Se puso así desde media tarde.

Fueron los relámpagos.

Está en la sierra.

Muévete.

¿Y tú desde cuándo te importas de ella?

Insulina. Me lo recomendó el doctor.

Eso levanta hasta muerto.

¿Se lo hubiera dado él?

Bueno, me lo recomendó su mujer.

Casi igual.

Segurito que el doctorcito anda de andadas otra vuelta.

Un héroe doctor en todo el pueblo y que ande de marica escondido entre los

matorrales. Así no se puede.

¿Qué es eso de inyectar a un gallo?

Eso es para humanos.

Insulina a un animal.

Faltaba más.

Traguito, compadre.

No lo oiga.

Cada día es más bruto.

Pero una inyección.

Se la va a tener que cobrar.

Es que cada día está más cara.

Imagínese. Hay días en que Saba se pone hasta dos diarias por su dinero.

Ya casi va a comenzar el monje loco. Venga, y así se lo cuenta su mujer.

Nomás que no nos vea la bruja.

Se mete en todo.

Me cuenta las inyecciones.

Dice y dispone.

Yo qué más quisiera, compadre, qué más.

A veces quisiera andar por ahí solo sin darle explicaciones a nadie.

Hacer lo que se me diera la gana.

Respirar la sierra.

Hablar con amigos, con compadres.

Con usted como cuando guerreábamos.

Nos hemos vuelto viejos, coronel.

Cuando saliste de Tabasco, eras un mocoso de un palmo de altura.

Ahora estás viejo y panzón.

Me diga que me agarra la nostalgia.

Nostalgia de mí.

De usted.

De entonces.

Nostalgia sin sentido.

Ojalá y se componga el gallo.

De corazón.

Lo digo por usted.

Es como si le hubiera agarrado entraña de hijo.

¿Ayudo? No, te lo pones nervioso.

¿Te sabe la antipatía?

No digas tonterías.

Podía solo.

Hace años que no haces nada solo.

Ya pasó, abuelito, ya.

Si son revolucionarios, deberían de aprender a imprimir.

Mira nada más.

Ya se le despintaron toditas las letras.

El letrario.

Al servicio del gobernador atacaron al local del sindicato.

Y los desvirlos atacaron a los sindicalistas.

Desvirlos.

Como aquel día.

Igual.

Igual.

Igual que esa noche.

Este en mi casa.

Igual que esa noche.

Sépalo bien.

No me voy a morir.

Aunque sea para no darle el gusto de que me embarre sus aceites.

Me acompañó nomás porque estábamos en el dominó.

No me meto donde no me llaman. Esa noche tampoco lo llamaron.

Tampoco lo llamé yo.

Si ya comenzó a blasfemar, ya va a sanar.

Bueno, doña Lola.

Pero ya está.

Vamos a aclarar, doña.

Mira.

Lo que usted dijo al mismo.

Llegué por el cuerpo como a las dos horas.

Y allí está usted.

Seguro dijeron. ¿Ya para qué llamar al doctor?

¿Mejor al cura?

Si le preocupa que le diera los santos óleos. Llegué tarde hasta para eso.

No, no es eso de lo que quiero hablar.

Usted cuando llegó, seguía ahí el cadáver.

Seguía ahí el Nogales, tan campante.

¿Cree usted que si hubiera sido una pelea de gallos, el Nogales se hubiera

quedado?

Conteste o se quede callado.

No, no se hubiera quedado.

Usted igual vio.

Yo vi cuando Agustín se metía al periódico debajo de la camisa.

Vi y le dije, en el baile se te va a despintar la propaganda esa y vas a

con la evidencia pintada en el pecho.

Y se rió como se reía él.

De ladito, como mi mujer, misma risa.

Hoy no bailo, voy de gallero.

Pero a la hora de la pelea sudó.

No sé si lo ha visto, pero en ese palenque, con eso de que no les dan el

permiso, usan los paros de los coches para alumbrar.

Pero los que están con los gallos trabajando, sudan.

Y Bea, si no tenía razón, igual quedó el espejo del baño.

Azul añige.

De la tinta escurrida del mismo periódico.

Nunca aprendieron a imprimir.

Nunca. Si no se calma. Le digo al doctor que le ponga un golpe de morfina y...

Santa paz.

¿Paz?

¿Desde esa noche cuál paz?

Usted sabe.

Usted vio.

Mi muchacho andaba en política.

Me hicieron firmar en el acta de defunción riña de galleros.

Como un borracho cualquiera.

Usted firmó el acta de defunción porque el doctor para variar estaba en la

sierra.

Usted sabe igual que yo.

El muchacho está muerto.

Da lo mismo.

No.

No da lo mismo.

No vaya a tomar esto como que me confieso.

Ni me pasó por la cabeza.

De todas maneras, guarda el secreto de confesión.

Él tiene razón.

No da lo mismo porque matan al hijo de uno.

Ponerse así por un gallo se dan cuerdas solos.

¿Acaso no te traje la camisa?

¿Acaso no estaba manchada de tinta?

Estaba manchada de sangre.

Estaba manchada de sangre y de tinta.

Y de una vez por todas te lo digo.

A tu hijo lo mataron por ideales y no por otra cosa.

Tú quieres a toda costa que el gallo no tenga nada que ver en el entierro.

En nuestro entierro.

Nuestro entierro.

Ven. Saca tu costura y ponte a trabajar junto a mí.

Eso tranquiliza.

Me tranquiliza.

No tengo costura trazada.

Pues invéntatela.

¿Sabes a cuál es el único entierro que vamos a ir juntos?

Esta humedad te va a dar una pulmonía. Con esta humedad me da lo mismo el baño

que la cama.

¿Me quieres matar de un susto, de una rabia?

Vamos a la cama.

Hoy es viernes.

¿Sí?

Pero todavía tienes un ratito.

Pero es que llené el recurso de apelación y estoy esperando respuesta.

Ya no es un trámite regular.

Si quiere, se lo repito.

El coronel no tiene quien le escriba.

Tengo algo que decirte.

Hoy que llegó el circo y luego... Quiero quedarme con el gallo.

Regresar la venta.

¿Regresar la venta?

¿Pero si hemos gastado todo en adelanto?

Germán tiene razón.

Sábado no se puede quedar con el gallo.

No puede amañar al gallo de Agustín.

Se lo va a dar al Nogales.

Chitón.

A ese aquí no se le nombra.

Pues a él se lo va a dar.

El gallo de Agustín no va a terminar en sus manos.

Quiero que sepas.

Voy a ir con Sabas a regresarle el dinero.

Los zapatos los limpio con jabón de calabaza y los devuelvo. O vendo el

El gallo de Agustín es el mejor del pueblo.

Al gallero que gana le dan el 20 % de la apuesta.

El triple de lo que da Sabas.

No te lo pregunto.

Te lo digo.

Te lo advierto.

Lo hago por él.

Por ti.

Y por mí.

Por mí.

Que para algo soy coronel.

Voy a tener que remendarte el pantalón con hilo blanco para que no se note.

Los galleros.

No viste nada, pues.

¿Cuánto por el anillo?

Váyase. Yo no uso esas cosas.

Padre Ángel, ¿cuánto?

¿Cuánto?

La iglesia prohíbe estas cosas.

Y yo soy cura.

Cura, no usurero.

Aunque la leyenda negra nos empaña.

Busque otro. Sí, a un usurero.

Yo, además de cura, soy su amigo.

Porque es usted mi único amigo, es que me atrevo.

Si no es con usted con quien voy, hágalo por piedad.

O por las veces que hemos ido al cine.

¿Y luego?

¿Yo qué hago con el anillo?

¿Lo vendo?

Trae su nombre inscrito.

En este pueblo se enteran de todo.

Entonces viene tu marido, quema la iglesia por segunda ocasión y viene

adentro.

Él entenderá.

No sé rogar.

Me engañaron.

Eso solo la vida me enseña. Es gorda.

Gracias.

No me dejó absorberla.

Dando y dando.

No pude devolver los zapatos.

Pero ya no vas a saber la hora.

¿Y esto?

Con lo flaca que estoy, un día se me iba a salir.

Te voy a poner los cuernos, coronel.

Nadie va a saber que estoy casada.

Sí.

Voy a ver al padre antes.

Al ensotanado.

Pero que guarde al menos un secreto de confesión.

Vamos a entrar con nuestra lluvia. Vamos a dar mis cuentas.

Las cuentas de mi gato.

Vengo a arreglar un negocio.

No vengo con el compadre.

Vengo con el compañero de armas.

¿A dónde tienen que ir?

¿Con qué derechos se metieron?

Hágase a un lado, se lo pido.

Se lo ruego.

Se lo aviso.

Este gallo no sale de aquí mientras yo esté viva. No me haga lastimarla, es la

madre de Agustín.

Pues vas a lastimarme.

Este gallo es mío.

Ni oí de mi hermano el coronel. Quédese, quédese tranquila.

Gallos del pueblo responde por el pueblo.

Nos lo vamos a llevar aunque sea por encima de sus cadáveres.

Mátame, pues.

yo no saldría de esta casa mientras yo estuviera vivo.

Pero sigues viva.

Usted no estaba en la casa.

Lo de Circo no tenemos nada que ver.

Lo que pasa es que quisieron aprovechar la carpa y armaron su palenque.

El único que dispone de este gallo soy yo.

El que lo cuidó soy yo.

El que lo entrenó soy yo.

El que lo pagó soy yo.

Ni sabes, mi compadre, ni ustedes, ni siquiera la memoria de Justino.

Díganle la verdad.

Que el Nogales allá andaba alardeando.

Baboneándose delante de todos.

Y pues el pueblo lo retó con el gallo de Agustín.

No quedaba de otra, coronel.

Contra este no pelea mi gallo.

Mientras a mí me quede una gota de aliento en el cuerpo, mi gallo no se

la sangre con la de este.

Es por las buenas, coronel.

No tengo buenas con usted.

Yo no fui de montonero a su casa a sacarle el gallo.

Fueron estos, los disque amigos de su hijo.

Yo se la debo.

Yo lo sé.

Pero no nomás fue culpa mía.

Los dos andábamos armados.

Los dos.

Tantito más y el muerto era yo.

Pero basta morirse para convertirse en santo.

De cualquier modo, yo se la debo.

Cirquero y todo, soy derecho.

Mire, tenga esto por el gallo.

Y mis conectes.

Tengo amigos.

Conectes.

Mañana le arreglo la pensión.

Su aumentada pensión que le sabe todo el pueblo.

En un santiamén, coronel.

En un acto de magia.

Nada más porque se la debo.

Nada más porque tengo papá.

Nada más porque... soy sentimental.

Ve.

Le hago la magia.

Y nunca más vuelve a esperar en el correo.

Y por el arte de su magia.

Y por sus conectes.

Y por todo el oro del mundo.

Y por todas las pensiones.

Vámonos, güerito.

Buenas tardes, señores.

Va a pasar otra vez.

Una y otra vez.

Van a acabar por llevárselo de vuelta.

Y la próxima vez no.

Ya no vas a poder tenerlo contigo.

El gallo no se vende.

Terco más que terco.

Mientras tanto, ¿qué?

¿Qué? ¿Te vas a sentar a esperar la pensión?

Deja pensión, que no viene.

Vendrá.

Vendrá en razón.

Estás viejo.

Hoy te la pasan por viejo.

Porque les caíste en novedad.

Mañana te apuchillan por viejo.

Ellos se quedan con el gallo y yo me quedo viuda y sola.

Ahora ya me di cuenta.

Igual tú.

Recapacita. No recapacito.

Llevas 20 años sin recapacitar.

Llevaré 20 más.

Yo me consumo lenta, como de la orata.

Y perco con el gallo.

¿Y si el gallo no gana?

¿Y si no te ganas la famosa comisión del 20 %?

Ese es nomás para el que gana. ¿Y si pierde?

¿Ya pensaste qué hacemos si el gallo pierde?

Ese gallo no puede perder.

Supongo que sí.

Tengo 45 días para suponerlo.

Mientras tanto, dime, ¿qué vamos a comer?

Dime.

Anda, responde.

No te quedes ahí palmada.

Dime, ¿para algo eres mi marido?

Dime que vamos a comer.

Dime.

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