All language subtitles for El castillo de la pureza (1973)1h48Drm

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Original subtitles

Ya acabé. ¿Te ayudo?

Silencio. No interrumpas. No se habla durante el trabajo.

Quedas una hora, voluntad.

Beatriz, alguien tocó mis cosas.

Nadie entra en tu cuarto, Gabriel.

Solo tú tienes llave.

Por venir.

¿Estuviste en mi cuarto?

No, yo no.

Entonces fue utopía.

No, papá. Ni siquiera he subido.

No, no, no.

Hazme la estatua de la alegría.

Haz la estatua de la muerte. No, no, esa no.

Sí, esa, esa.

Mejor haz la estatua de la guerra, mamá.

No, yo pido.

Hazla de la muerte.

¡Oiga!

¿Qué hiciste?

En esa casa vive un señor solo y salió desde temprano.

¡Ah, usted perdone!

Cuélgalo.

¿Todo bien? Sí, papá.

¿Puede?

Traigo un regalo.

Siéntate conmigo.

Huele lo que te gusta.

Sí.

Esta crema es buenísima para las manos.

A

ver,

déjame ponerte un poquito de esta loción.

Voy a estar abajo.

Gabriel.

Gracias, Jackie.

Dame un pan.

¿No te secaste las manos?

Hablar durante la comida es una imprudencia.

Sí, uno.

5, 6, 7, 8, 8, 7,

6, 5, 4, 3, 2,

1 y 1, 2, 3, 4.

Cuatro, tres, dos, uno.

Quiero agua.

Espérate.

Bueno, lo siguiente.

Lo que más quiero es ver el mar.

No lo repites porque se enoja papá.

Le voy a decir a mamá que nos lleve.

¿Para qué lo dices?

Si sabes que nunca hemos salido ni vamos a salir.

De todos modos yo quiero ver el mar.

¿Te acuerdas?

Mamá nos contó.

Dice que es muy bonito.

Pero es malo salir.

Acuérdate.

Y la diosa del sol, digna, ofendida y triste, se metió en una cueva enclavada

en la falda de un monte grandioso.

Y una vez en la gruta, deseando olvidarse del mundo y de la

ingratitud de su esposo, cerró su entrada con una inmensa piedra

Gracias a la ayuda de unos pages invisibles que llegaron montados en

rayos procedentes... Procedentes.

Procedentes del astro rey.

¿Qué es el astro rey? El sol.

Mejor ya no leamos. Cuéntanos algo.

¿Qué quieren que les cuente?

Cosas.

Cuando yo tenía la edad de voluntad, todas las tardes iba a jugar al río.

Hacía unos barquitos de papel.

Como los que sabe hacer por venir. Hermano.

Espérate.

Entonces una vez llevaban unos toros y de repente uno se soltó y... ¿Cómo son

los toros?

Ya los viste en tu libro de estampas. Son esos animales con cuernos.

Muy bonitos pero muy bravos.

¿Qué comen?

La gente que come carne, sí.

Nosotros no. ¿Qué te hizo el toro? Me persiguió.

Pegué de gritos y salí corriendo muy asustada.

¿Pero no te alcanzó? No.

Lo mataron a balazos.

Vengan a sentarse.

¿Estudiaron las máximas?

Sí.

A ver, la de Goethe.

El hombre de recia voluntad moldea el mundo a su gusto.

Guete. Muy bien.

La de Eli.

Para guiar a los hombres es necesario volver la espalda a la humanidad.

Eli.

No entiendo.

Esto quiere decir que... Si vas a elevarte por encima de la gente...

No debes hacer caso de lo que dicen ni lo que hacen, sino vivir como tú sabes

que se debe vivir, para que después sepas dar tu ejemplo.

Sí. ¡No bosteces, estoy hablando!

¿Entendiste? Sí, papá.

La de Chesterton.

Todos los hombres son hombres comunes.

Los extraordinarios son quienes están seguros de serlo.

Vete a tu cuarto.

Sí, papá.

No te muevas, hijito.

Te puedo cortar mal.

Tú deténme la cabeza.

Tienes el pelo muy bonito.

Se te ha hecho muy grueso.

Mira. Es el primero que te corté.

Toca, que es suavecito.

No lo revuelvas.

Este es de utopía.

A ver.

Es más bonito el de porvenir.

¿Y yo?

Aquí está el tuyo.

Pero no lo toco.

No te muevas. No te muevas.

¿Qué estás diciendo?

No he dicho nada.

No, mi amor.

Mi amor, mi amor.

Allá abajo están los niños. Nos pueden oír.

Antiguo siempre es lo mismo.

Solo piensas en ti. No tienes derecho.

Por favor, Gabriel.

Vení.

Siempre estuviste llena de hombres.

Todo el tiempo estás pensando en ellos, aunque finjas no pensar en nada.

Ve a la cocina. Ya está lista la comida.

Tengo hambre.

Súbeme la comida a mi cuarto.

Gracias.

Ya te volví a enojar.

Ya se acabó el descanso.

Vuelvan al taller.

¿Te imaginas cuántos muertos cabrían apilados en este vuelo?

No comiste nada.

Tengo asco. Hay millones de ratas por todas partes. Ya no se mueren.

Hay que hacer raticidas más potentes.

Las ratas ya no se comen lo que les estoy dando.

De alguna forma se avisan del peligro.

Pasa una cosa. Las ratas y los ratones se odian.

¿Te imaginas darles algo para que se vuelvan locos y se maten y se destrocen

entre sí?

Porque cada día nacen millones.

Las hembritas recién nacidas antes de salir del nido ya están cargadas.

Si se estuvieran peleando o se comieran a sus hijos, no tendrían tiempo para

reproducirse.

Es el instinto.

Las bestias solo buscan el placer.

Y reproduciéndose perpetúan su horror y su asquerosidad.

Es una cadena que solo terminará con el fin de los tiempos.

Y con la gente es lo mismo.

Por las ratas he aprendido a conocer a los hombres.

¡Son iguales!

Por eso no quiero que ustedes tengan ningún contacto con el mundo.

Vale más que sigan encerrados aquí entre mis ratas, que verán mejor de los que

están allá afuera.

¿Por qué estás diciendo eso? No debes hablar así. No puedes comparar a la

con las ratas.

Además, tú siempre has querido mucho a tus hijos.

Sí, pero ellos son distintos.

¿Cómo no van a hacerlo si nunca han salido de esta casa? ¿Te das cuenta?

Tenemos 18 años sin salir de aquí.

18 años en que no hemos visto jamás la calle.

¿Te atreves a quejarte?

Al contrario, he sido siempre muy feliz contigo.

No hay nada mejor que vivir con un hombre como tú. No necesito ninguna otra

cosa.

Estos 18 años han sido maravillosos.

Ustedes son toda mi vida, ¿no? Me hace falta salir.

¿Te acuerdas cuando llegamos a esta casa? Utopía estaba recién nacida.

Por venir y voluntad, no han visto nunca como es afuera.

Que no hay otra salida.

De no haber sido por eso, ¿quién sabe qué hubiera sido de nosotros?

Tú conociste el mundo. Tú sabes lo que es.

Y yo lo veo cuando salgo.

La decisión fue buena.

La prueba está en que los niños son sanos, puros, felices.

En cambio, si estuvieran en el mundo, ya se habrían corrompido.

¿Te imaginas a Utopía?

¡Claro! Don Gabriel, qué gusto verle. Pues aquí, como siempre, dándole lata.

¿Ya se siente usted bien, doña María Luisa?

Igual. Los viejos no tenemos remedio. Diga eso, doña María Luisa. Usted nos va

enterrar a todos.

¿Cuántas bolsas le dejamos?

¿Qué será?

Docena y media, por favor.

Una docena nada más.

Todavía tenemos de la vez pasada.

¿Quién es?

La señora Latina.

Muchas gracias.

Que la sigan pasando bien.

¿Cuántos va a querer?

No, este, ¿sabe usted?

Me va a perdonar, señor Lima, pero ya no voy a poder tomarle más.

Es que, mire, señor Lima, este me costea más.

Lo piden mucho, por los anuncios.

Pero eso es una porquería. ¿No se da cuenta?

Justamente mi producto es mejor porque no está industrializado. Se hace a mano,

¿ve?

Esa cosa no mata ni moscas.

Además no se ha fijado.

Está en bolsitas de polietileno.

¿Sabe que es un material indestructible?

Estará en los basureros hasta el fin de los tiempos.

De veras lo siento, señor.

Vamos a empezar el juego. ¿Ya terminaste?

Sí. Bueno, vamos.

Bueno. Uno, dos, tres.

Ya. Te alcanzo, voluntad.

Ahora voy por ti, utopía.

Utopía, ya. Ya, utopía.

¡No!

A tu papá no le gusta que leas lo que no te da.

Si no se encuentra con esto, se va a enojar.

Sigue, ahora vuelvo.

Voy a mi cuarto.

Un momento, por favor, don Gabriel.

Ya lo extrañábamos, don Gabriel, ¿verdad?

¿Le dejo su docena? ¿Cómo no, don Gabriel?

Con permiso, don Gabriel.

Necesito verte a solas. Me conviene.

Quiero que te acuestes conmigo.

Te pago.

¿Está usted loco?

Nomás deje que se entere mi mamá y ya va a ver.

Aquí tiene.

Cuéntelo.

Tengo que decirle una cosa.

¿No se enoja?

¿Qué pasa?

Cuide a su hija.

Es muy coqueta.

¿Mande? Es muy coqueta.

¿Cómo? Se me insinuó.

¿De verdad?

No se lo diría si no fuera cierto.

Yo nunca miento.

Cuídela, señora.

Cuídela mucho.

Puede perderse.

Gracias, don Gabriel.

Te llevaré a un sitio que solo yo conozco.

Qué bueno que llegaste.

Quiero estar tranquilo.

Ya llegó mi papá, ya llegó mi papá.

Gracias.

Terminaremos por morirnos de hambre.

¿Cómo?

Ya nadie quiere comprarnos el producto.

Dicen que les convienen más las porquerías que hacen las fábricas.

No te preocupes, el nuestro es mejor.

Pues no ha de serlo si ya no lo piden.

Pero, Gabriel... Nos vamos a morir de hambre, te digo.

Mañana mismo acortas las raciones de comida.

Y en esta casa se van a usar menos los focos y todos esos lujos.

Además, despídete de los cosméticos.

Pero si yo los uso para gustarme. Nos moriremos de hambre, verás.

No te pongas así, no te preocupes.

Estoy segura de que no va a pasar nada.

Descansé, ya no quiero trabajar.

No, no, hay que apurarte. Le faltan como 100 bolsas.

¿Cómo eran los hombres que tuviste antes de mí?

Nunca me dijiste exactamente cuántos fueron.

Por favor, Gabriel, no comiences.

Esa plática siempre acaba mal.

Te advierto que es peor no saber.

Gabriel, tú no sabes todo de mí.

Yo nada.

Te voy a matar.

¡Te voy a matar!

Quiso hacerse daño con la navaja.

Tuve que arrebatársela.

No le cuentes nada a tus hermanos.

Perdón.

Perdóname, Beatriz.

Es que me tienes que ayudar.

Tengo mucho miedo.

No tengas miedo. Yo te quiero, Gabriel.

No me importa no salir nunca. ¿Tú crees que con otro hombre hubiera aguantado

tantos años de encierro?

¿Cuántos habitantes habrá en el año 2000?

Siete mil millones.

Muy bien.

¿Cuántos niños mueren de hambre anualmente?

Tres millones y medio.

Mientras más gente haya, habrá más crímenes y más vicio.

Es natural.

La gente no sabe convivir.

Todo está mal.

Y se va a poner peor.

Ya puedo encender.

Sí. Nacimiento del gran céltico.

Bajo sombras nefastas nacido el rey será en el mundo por todos muy temido.

Su sangre muy antigua en él renacerá y su siglo de bronce en oro cambiará.

Quiere decir que este rey gobernará con paciencia y bondad.

Dará nueva fama a su raza.

Gracias a sus enseñanzas el siglo de bronce, o sea el tiempo de violencias y

guerras, se cambiará en una era de prosperidad, el siglo de oro.

Las puertas de bronce por la fuerza abrirá. El templo de la guerra el rey

demolerá.

Ciudadelas y puertas ya no utilizará.

El mundo con su guía la paz encontrará.

Esta sí se entiende.

La gran ciudad será como un desierto.

De quienes la poblaban ya todos habrán muerto.

Sus calles destruidas por saqueo y violación.

Y sus templos en ruinas por la profanación.

Nostradamus vio muy claro todo lo que está pasando.

Ustedes ya se pueden ir a dormir.

Nosotros nos quedaremos a trabajar un rato.

Hasta mañana, papá.

Hasta mañana, mamá.

Te duermen bien.

Estimado señor ministro, durante un mes

esperé en vano respuesta tuya.

Supongo que no me ha contestado porque mis enemigos

han ido a decirle que hay una contradicción gravísima entre mis ideas

mi vida personal y de trabajo.

¿Por qué?

Si defiendo la existencia en todas sus formas, me gano el pan haciendo

raticidas. ¿Me gano el pan?

Haciendo raticidas.

Pues bien, respondo. No hay tal contradicción.

Las ratas son enemigas del género humano.

Destruyen sus cosechas, saquean sus bodegas, transmiten enfermedades,

incluso... han llegado a devorar a niños pequeños.

Entonces, deben ser totalmente aniquiladas por el más fuerte.

Su única fuerza verdadera, como la de todos los débiles, es su enorme

capacidad de reproducción.

No debe haber piedad.

Es asunto de vida o muerte.

Y solo con esta energía inexorable podremos conjurar la catástrofe final.

Atentamente los saluda su servidor, Gabriel Lima J.

Correcto.

Muy bonita la carta que me dictaste.

Creo que ahora sí me va a contestar.

Tus pensamientos son extraordinarios.

Lo que dices es verdad.

Ojalá todo se cumpla.

Para que la gente sepa quién es.

Llévanme a acostar.

Gabriel, ¿qué estás haciendo?

Nada.

Un experimento.

Está tocando la puerta desde el corazón.

Ya voy.

Don Gabriel, creí que no estaba.

Perdona, señor inspector.

No lo oí. Es que hay mucho ruido. Pase, pase.

Óigame, esta casa necesita refranes. ¿Por qué no mete albañiles?

No, lo haré personalmente.

Pues tenga cuidado porque es peligroso.

Con esta lluvia, estas casas viejas pueden venirse abajo.

Hola, ¿cómo está? ¿Qué me cuenta?

Buenos días.

Aquí tiene los papeles.

A ver.

Sabe que las cosas se han puesto muy duras y no sé si puedo seguir

su producto.

¿A qué se refiere? Con ustedes nunca he tenido problemas. Mis papeles están

todos en regla.

Pues sí, pero ya ve cómo andan las cosas, hombre. ¿Cuáles cosas?

Oiga, ¿qué no es peligroso tener tantas ratas?

Todas están vacunadas.

Ah, menos mal.

¿Y usted no les tiene miedo?

Ya estoy acostumbrada.

¿Sabe qué dice? ¿Lo autorizo o no lo autorizo?

Eh... Sí, autóricelo.

Bueno, que conste.

Porque usted lo dice.

Tiene son 47 .50 de derechos.

Enséñeme su permiso de venta.

Ah, que lo tiene en trámite, ¿verdad? Sí.

Gracias, ingeniero.

¿Me da unas pruebas para el laboratorio? Cómo no, tómela si quiera.

Gracias. Hasta luego, señorita. Mucho gusto.

No te metas. Yo sé lo que hago. Es por su bien. ¿Tú crees que es por su bien?

Mira lo que haces con tus hijos. Así no son mis hijos.

Ustedes están contra mí.

Yo les he dado todo.

Pues mira lo que has hecho.

¡Voy a matar!

Pobrecita misita, mi amor.

Dime qué pasó.

No sé, mamá.

Ya no llores, mi amor.

Ya cálmate.

Ya no quiero que me pegue.

Ya no llores.

Vas a quedar más bonita.

Mírate en el espejo.

¿Ves?

Así me peinaba yo cuando conocí a tu papá.

Entonces, ¿quién se hubiera imaginado todo esto?

Fui a mi casa a visitarme.

Y les pasábamos horas conversando.

Me decía, cuando nos casemos vamos a tener muchos hijos y nuestra familia

como ninguna.

La verdad es que conmigo es muy cariñoso.

Hago lo que dice porque sé que es por nuestro bien.

Pero nunca debió haberte tocado.

Eres tan chiquita.

Gabriel ha cambiado mucho. Está muy raro.

A veces hasta yo le tengo miedo.

Dos tacos de carnitas, por favor. ¿Con chile o sin chile? Chile.

Estuvieron tocando mucho tiempo.

¿No viste quién era? No.

Ah, debe haber sido el que viene a revisar el medidor de agua.

Ya le he dicho que nunca venga después de las nueve de la mañana porque no

en casa.

Llámanos niños.

Les tengo una sorpresa.

Les traje estos juguetes.

Véanlos. No se los voy a dar ahora, sino hasta dentro de unos días para que los

disfruten más. Están muy bonitos, papá.

Gracias. ¿No me pediste una pala? No, pero te compré otros libros de estampas

animales. Gracias, papá.

Tengo que decirles algo.

Desde mañana en esta casa no va a haber regaños.

Quiero que todos nos llevemos bien.

Gabriel.

Dime. Está pasando el carro de la basura.

Quítate, niña.

¡Métanse!

Gracias.

¡Espérenme, Nazara!

¿Por qué dejaste que se salieran?

¡Abrazo! Por favor, Gabriel.

Tú, eres igual que tu madre.

¿Por qué?

¿Por qué?

Apenas le di la espalda, buscó la cárcel.

No se puede vivir en esta casa.

Todo es por ti. Tú tienes la culpa.

Quise salvar del mundo y no pude.

Es tu herencia.

Pero Gabriel, si no ha pasado nada.

Siéntate ahí.

Casé contigo por compasión.

Siempre me diste lástima.

Nunca sentí otra cosa hacia ti.

No es culpa tuya.

¡Mamá, se van a salir con la suya!

¡Voluntad!

¡Voluntad!

No está, ¿qué quiere?

Dile que me traiga la toalla.

Te presto la mía.

Espérate.

Ya, pídamela.

¡Infelices perros! ¡Qué asco! ¡Servos!

¡Desgraciadas!

¡Infelices desgraciados!

¡Servos! ¡Qué asco!

¡Desgraciados! ¡Desgraciados!

¡Infelices desgraciados! ¡Servos!

¡Qué asco!

¡Salvo! ¡Vas a ver!

¡No lo toques!

¡No tienes derecho!

¡Cómo que no!

¡Cálmate! ¿Estás segura de que no han hecho nada malo? ¿Nada malo? ¡Son peor

la rata! ¡Gabriel!

¡Quítate! ¡No tienes derecho!

¡Cómo que no! ¡Vas a ver!

Mira lo que has hecho.

Mira.

¡Gracias!

Por tu culpa.

Tú tienes la culpa.

¡Mira lo que has hecho!

Acabaste con todo.

Tienes la culpa.

Nadie me ha entendido jamás.

Nadie. Ni siquiera tú.

No, Gabriel. Todo será igual.

Tenía que suceder.

Tú nunca has querido hablarles de esas cosas.

Pero son niños chiquitos.

Ellos te quieren tanto como yo.

Siempre te he querido, Gabriel.

¿Te acuerdas de cuando éramos novias y salíamos al campo?

Todo era tan bonito.

Siempre estabas contenta.

No.

Fueron buenos momentos.

Y miraba, me decía, teníamos que vivir sin que nadie se mete en nuestra vida.

Y todo anduvo bien.

Pero yo sabía que algo iba a pasar.

Nunca pensaste en lo que se iba a convertir esto con el tiempo.

Todo va a cambiar.

Hice tu voluntad por nosotros.

Por ellos y por la paz que hubo en esta casa. La paz que ya no ves, ni

entiendes, ni aprecias.

Pero sabes que te quiero tanto.

Y te aprovecho.

A ver, dale de este que es nuevo.

Con las dos manos.

Ya está, papá. Muy bien, déjala.

¿Las ratas comen carne?

Sí, nada más animales de este tipo comen carne.

¿A qué sabe?

A sangre, horrible.

Ya. Ya se murió, papá.

Y la voluntad.

Algún día vamos a hacer de estas trampas. Se llama El Castillo.

La vi en una revista alemana hace tiempo, pero la he perfeccionado.

Es como un caracol.

La rata entra por esta puerta que ya no le permite salir.

Llega al centro, donde hay un queso.

Cuando va a comérselo, el piso se hunde.

Entonces la rata cae en una ollita de agua y se muere.

Pueden ahogarse hasta diez cada noche.

Está muy bonito.

Ten, ya sácalos.

Juégalo.

No me gusta esto, tiene mucho ácido.

Y ahora en adelante Utopía estará siempre lejos de su hermano.

Dormirá con la luz prendida.

Y cuando yo salga a la calle se quedará encerrada en su cuarto.

Las mujeres tienen la culpa de todo.

¡Por tu culpa!

¡Fui débil solo por tu culpa!

¡Tú hiciste que me desobedecieran!

¡Tú tramaste todo!

¡Tú tienes la culpa!

Ten, lleva hasta mi cuarto.

¿Qué dice?

Nada.

No me habló.

Pero tengo mucho miedo, nunca lo había visto así.

Lo que hicieron no está bien, debes tratar de entenderlo.

No tengas miedo, este de tu parte.

Sabes que a nadie quiero como a ti a nadie.

No es cierto.

¿Quieres más a mi papá?

Me recuerdas tanto a como era él.

Y además eres distinto.

Me gustó mucho como es afuera.

¿Afuera?

Sí.

¿Tienes azúcar?

Sí.

Cometí un pedacito.

Bueno.

Te quiero mucho por venir.

Yo también, mamá.

Ayúdenme. No, mejor... Por favor, ayúdenme.

Sí, así está bien.

Mi papá nos tiene encerrados.

A todos dice que nacimos.

Y ahora nos quiere matar.

Vivimos en la fila.

99. Vengan pronto.

¿Tu tía?

Sí.

¿Gabriel?

Vengo de estar con una muchacha.

Muy joven.

Y fiera, virgen, no como tú.

Con razón, aquí nunca ha existido la pureza.

Todas son mentiras. ¿Por qué me dices eso?

Tú no tienes ningún derecho.

No he sido sino fiel y tolerante contigo.

Hice todo lo que quisiste y cumplí siempre tu voluntad.

Has tenido que vivir las cosas que tú me inventas.

Ya no puedo más.

Ya no lo tolero. ¿Qué te pasa? ¿Cómo que qué me pasa?

¿Cómo te atreves?

Déjame sola, déjame en paz.

¡Sal de mi cuarto en este instante!

Mi amor.

No te pongas así, mi amor.

No te pongas así.

Beatriz, mi amor, ¿qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?

Yo te quiero mucho.

Yo te quiero mucho, Beatriz.

Lupita, ya no estés enojada.

Dime qué quieres que te traiga para que estés contenta.

No, papá, no estoy enojada.

Sí, sí estás. Yo sé.

Pero eres muy buena y pronto se te va a quitar.

Lupita, ¿me pasas la tina?

Te dije que no quiero que la toques.

Te voy a encerrar.

Y esta vez no tendrás ni agua.

¿Ustedes lo vieron? ¡Me pegó!

¿Se dan cuenta? ¡Me pegó!

Ustedes también tienen la culpa.

De esta no se salvan.

¡Se van a morir!

¿Me confías?

Saquenlo.

No. Saben nadar.

¿De veras?

Claro.

Todos los animales saben nadar.

Vengan.

¿Utopía?

¿Utopía?

Sí, sí, ya voy.

Yo tengo tanto miedo como usted.

No entiendo nada, no sé qué hacer.

Pero debemos tener paciencia.

¿Qué le pasará?

Siempre hemos sido muy felices.

Realmente no entiendo, nunca se había portado así.

Se volvió loco.

Se volvió loco, es malo.

No, no es malo.

Es muy bueno.

Se quiere mucho.

Yo ya no lo quiero.

Conozcan a la gente.

Escuchen esto.

El zoológico de Detroit, Michigan, ha tenido que emplear a cuatro guardias más

para proteger a los animales de ataques por parte de los visitantes.

La crueldad de que hacen gala los asistentes al zoológico causa con

la muerte de estos animales.

Una cría de canguro fue abatida a pedradas.

A un pato lo atravesaron con una flecha.

Al hipopótamo, que esperaba una golosina, le lanzaron una pelota de hule

que se asfixió.

En la jaula de las águilas, arrojaron carne envenenada.

Los empleados del... Papá.

No interrumpas.

Papá, ¿puedo ir al baño?

Tienes tus horas.

Es otra cosa.

Ve.

Los empleados del zoológico...

No saben cómo poner fin a esta situación.

Se espera que las autoridades municipales tomen cartas en el asunto.

Cuidado, con cuidado.

No las vayas a matar.

No se mueren, saben la edad.

Déjame mojarme.

No, ya.

Sí, déjame.

No hay voluntad.

A veces con el pelo así te ves como una señorita.

Estás muy linda.

Me arden los ojos.

Parece el polvo del tapete.

Es que dormí muy mal.

¿Qué tienes?

Estoy muy emocionada.

¿Por qué, mi amor? ¿Qué te pasa?

No te lo puedo decir.

Siempre me has dicho todo.

¿Eh?

¿Qué acusé a mi papá?

¿Cómo? Lo acusé con la policía.

¿Qué estás diciendo?

Le mandé un papel.

A la policía acusamos.

Me dije que nos iba a matar.

O sea, mi amor, ¿por qué hiciste eso?

Porque tengo mucho miedo, mamá.

No tengas miedo, no pasa nada.

Ya ves que contentos estamos. Además me tienes a mí, yo te protejo.

No debes tener miedo.

Dios,

¿qué has hecho?

¿Qué tienes, mi chita?

Mi amor.

Es que se siente mal.

¿Tú también?

¿Qué te pasa, Beatriz?

Dime, por favor, ¿qué te pasa?

No sé.

¿Dónde está?

¿Dónde está mi mamá?

No importa, me dejo las cosas.

Después me paga.

¿Quién es el señor Gabriel Lima?

¿Quién es el señor Gabriel Lima? ¿Quién es el señor Gabriel Lima? ¿Quién es el

señor Gabriel Lima? ¿Quién quiere mostrarme su permiso para vender este

producto?

No lo traigo, como nunca me lo han pedido.

¿Pero lo tiene?

Naturalmente. Solo que lo dejo en casa.

Si ustedes gustan acompañarme, con gusto se los enseño. Muy bien.

Además, señor, se reportó que el vulcano 214 contiene seminares. Está prohibido.

Tengo un permiso especial. El director es íntimo amigo mío.

Oiga, ¿la bolsa?

Sí, la regreso.

Esperen un momento, por favor.

Tenemos que acompañarles. Le estoy diciendo que me espere.

No me grites, señor.

A mí no me vas a decir lo que tengo que hacer, y menos en mi propia casa.

A ver, Héctor, va peor.

¡Bésiles! ¡No saben lo que hacen!

Espérate.

Yo voy.

¡La policía!

¡El recado es mentira! ¡Váyanse, por favor!

¡Yo no los quería tener encerrados! ¡Todo lo hice para que no les pasara

mis hijos!

¡Vayan! ¿Qué tiene? ¿De qué habla? Es lo que cerró. Él tiene la llave. Yo no

hice nada. ¡Fuera, fuera! ¡Fuera de mi casa! ¡Abre! ¡Si me toca lo mato!

¡Déjalo!

¡Vengan! ¡Vengan para acá!

¡Ay, arriba!

¡Ábrete!

¡Por favor!

¡Métete!

¡Vayan! ¡Yo mato a toda mi familia!

¡Fuera! ¡Fuera de aquí!

¡Esta es mi casa! ¡Fuera de aquí!

Tuve una silla aquí arriba. Tu voluntad.

¡Rápido!

Tuve el quinqué. ¡El quinqué! ¡Aprisa!

¡Aprisa!

¡Tú no ahí!

¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Cállate!

Espérense. No hagan nada.

Salud.

¡Aquí estoy!

¡Sáquense ya!

¡Por favor!

¡No me dejen! ¡Por favor, háganme!

¡Quieto! ¡Quieto!

¡No se muevan! ¡No se mueren todos!

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