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El general Perón, que este pueblo quiere vivir y trabajar tranquilo
para elaborar la grandeza de la nación. ¡Que no seamos débil!
el excelentísimo señor presidente de la Nación General, Juan Perón.
que tenemos indecisiones o designios inobjetables.
La consigna para todo periodista que esté a mi lado o esté
dentro de mi organización es contestar a una acción violenta con obra mágica.
Nombre completo, señora.
Rosa Carmen de Allende.
¿Edad?
Treinta y tres.
¿Estado civil?
Casada.
¿Hijos?
No.
¿Qué me pude contar del momento de la discusión?
¿Qué discusión?
Los vecinos aseguran que hubo una discusión.
Es que los hechos no fueron así.
Sino de otra manera.
Yo estaba en mi casa.
Lo estaba esperando.
Esta cosa a veces sucede.
Y no es malo cuando es la primera vez.
Uno de cada tres embarazos se interrumpe.
No es algo tan inusual.
No puede ser otro error.
Los análisis son concluyentes.
¿Su marido?
Está de viaje.
Rosa. ¿Paulino, sos vos?
¿Quién quiere que esté? Abre y dale.
Estaba esperando.
¿Cómo sabías que iba hoy?
No, no sabía.
Te esperaba.
¿Te preparas el baño, nena?
Sí.
¿Te sirvo algo para tomar?
No.
Ya salgo al baño.
Bueno.
¿Novedades?
No mucho.
Estuve terminando algunos pedidos.
Pero viene floja la cosa.
El otro día fui al cine.
Vino buenísima.
Días de odio se llama.
Un libreto y unas actuaciones.
Muy emocionante.
El que anda tramando algo raro es Vargas.
Está muy sospechoso últimamente.
Este tipo no es agua clara y nadie dice nada.
Rosa, no seas metiche.
¿Qué te importa qué curro tendrá?
Sí, me importa.
Me importa porque me da miedo.
Tanto miedo que no veo nada.
Tanto miedo que lo tengo metido dentro de los huesos.
Yo te expliqué, está todo muy sensible.
Tenés que estar tranquila.
Y andar con cuidado.
Vení, que te quiero mostrar algo.
Quiero que te pruebes el taco de la fiesta.
Que estés bien empichado.
Van a estar todos.
Bueno.
Pero vos, rápido, ¿sí? Que estoy apurado.
¿Apurado para qué?
Me tengo que ir.
Te acabas de llevar.
A ver qué comprarte una camisa nueva.
No tenés ninguna decente.
Rosa, no andes gastando en cosas que no necesitamos, ¿sí?
Mejor guardá, por las dudas.
No sabemos cómo viene la mano.
¿Qué te dije de los cuadros?
Bájalo.
¿A ella también?
Ya está.
A veces me pregunto si soy una buena esposa.
Realmente una buena.
Es que se necesita un hombre en la casa para que haga las cosas que uno no
puede.
Pasan semanas que ni lo veo.
No sé.
No sé nada de él.
Y me preocupa.
Porque no se ofenda, pero... No sé qué puede estar haciendo Paulino si no está
conmigo.
Él tampoco es un santo, ¿no?
Gracias.
¡Hola! ¡Ey!
¿Estás aspirada?
Ah, estaba limpiando justo.
¿Con esos zapatos?
Eh, sí.
¿Dónde te habías metido?
Te estuve buscando hace rato.
Son lindos, ¿no? ¿Qué pensás?
Preciosos. Tendrías que usarlos más seguidos.
¿Vos qué te vas a poner?
Mira.
Pero ¿dónde lo vas a comprar?
No, no lo compro, me lo hago.
Quietita.
Más cortita mejor, ¿no? Sí.
Ahora déjame agarrarte.
Levanta el brazo.
Ojalá. ¿Lo sentís cómodo?
Sí.
Ya está. Déjamelo que en unos días te lo tengo listo.
Rosa,
te admiro.
Sos tan buena y tan hacedora.
Vos estás para otra cosa.
¿Qué pasa?
Nada. ¿Qué va a pasar, mami?
Ay, dale. No vengas de nuevo con eso.
Vos sos joven, ya vas a quedar, vas a ver.
Tenés que tener fe.
Dios te salve María, llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
tu vientre Jesús Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora
y en la hora de nuestra muerte
Si Mary y el general estuvieron juntos, él no la va a ayudar a salvar a Camilo.
No, porque eso fue en otra época, cuando ella era mucho más joven.
Le había muerto toda su familia en la guerra y no sabía qué hacer.
Él fue muy bueno con ella.
¿Y él ahora la va a querer de nuevo?
Tres hombres alrededor y dos propuestas de casamiento.
No es justo.
Tres, no dos.
Ay, bueno, es igual. No es poca cosa.
Ay, carajo, cómo pica.
Cada día me arde más.
¿Serán los años?
Soplame un poquito.
Che, basta.
Se va a dar cuenta.
Pero medio dedo le puse. No te hagas agua fiesta.
Después le rellenamos con un poquito de agua.
A ver,
correte.
Che, Mecha.
¿No sabés bien de qué la avanzarda?
No se deja ver muy seguido, ¿no?
Algunos dicen que el tipo es como un santo,
que hace caridad para los pobres y que por eso siempre anda con un cana que le
cuida la espalda.
¡Ay, Rosa, por favor!
No podés ser tan ingenua.
Ese la va de prestar plata, pero sobre todo de cobrarla.
A la viuda del ticero no le tuvo ni piedad.
La dejó en la calle.
Además dicen que los nenes que trabajan para Ansarda son de los que saben
apretar en serio.
Por plata son capaces hasta de prenderte fuego.
Es de lo peor.
Ya hasta se armó un quilombo ahí adentro.
¿Acaso no te diste cuenta los giros que pasan a todas horas?
Además se hace bien amigo del que le conviene.
Parece que tiene un zangote.
Para mí que la mete toda abajo del colchón.
No, Meche.
Mirá que la va a guardar abajo de la cama.
¿En serio te digo?
¿Y dónde si no?
Fortuna tiene ese viejo.
Todo suyo. Gracias.
Que lo disfruten.
Debo quedar pintado, amor.
Gracias. Este es hermoso.
Gracias.
¿Vuelvan pronto?
Hasta luego.
Buenos días, señora.
Buen día.
¿Puedo ayudarle en algo?
Sí, busco camisa blanca de hombre.
Acompáñeme.
¿Qué talle?
Cuarenta y dos.
¿Qué le parece?
¿Qué precio tiene?
450 pesos.
Pareces un actor de cine así.
¿Y eso te gustaría, chinita?
No sé, porque todas te mirarían.
Voy a buscar tu abrigo.
A ver.
No sé.
¿De cuánto que no te veía así?
Me pone tan feliz.
Podríamos ir al cine un día de estas, ¿no?
Ya no me acuerdo la última vez que fuimos a ver una película juntos.
Cuando se calme todo un poco, vamos a ir, te lo prometo.
Al final nunca está si a mí se me empiezan a pasar los años.
Basta con eso, Che.
Ya vas a llegar, no seas ansiosa.
Siempre te falta algo.
¿No querías ir al baile? ¿No estamos yendo?
Vamos a bailar.
Gracias.
La de que te rías.
¿Qué haces despierto a esta hora?
¿Te sentís bien?
¿Dónde te habías metido?
¿Dónde te habías metido vos, Rosa?
Salí un rato y cuando volví no estabas más allá.
Después salí a tomar algo con los muchachos y no me di cuenta de la hora.
Te tendrías que haber quedado, Rosa.
Estuvo muy divertido.
Tengo que contarte algo.
Ayer cuando volví a casa no me sentía muy bien.
Estaba un poco mareada.
Fui a la terraza a tomar aire y me pareció ver algo raro en lo de Ansarda.
No sé muy bien qué era.
Como un destello.
Y ahí apareció la morocha amaneciéndolo al viejo.
Entraron, la sarda subió y todo se volvió muy confuso.
Y ahí de la sombra apareció y lo mató.
Como un animal.
La varga.
Creo que fue con un palo.
¿Te sentís bien, Rosa?
¿Si el viejo de Vargas estaba en el club?
Sí, sí, ya sé. Bueno, entonces, ¿cuándo?
No sé, después, más tarde.
Yo volví, subí a la terraza, vi todo desde ahí.
Primero entró él, después tan sarda con la mujer esta.
Rosa.
La cosa no está como para que te estés inventando una de tus novelas.
¿Cuánto tomaste anoche?
Tenés que tener cuidado con las cosas que decís.
¿O crees que se metan la cara en revisar nuestra casa y dar vuelta todo?
No, no, yo no quiero eso. Entonces tranquilízate.
Si pasó algo yo lo voy a averiguar.
¿Sí? Ah,
sí, en mi casa.
Cálmate.
¿Y haces de un té?
No, padre. Yo no sé nada.
Solo por curiosidad.
Ya sé que el chisme es pecado.
Yo no quiero andar contando por ahí.
¿A qué te refieres, hija?
Que si uno sabe algo y no lo dice, es pecado.
¿Cómo? Si uno sabe algo y lo carga.
¿Algo grave?
Sí.
Algo grave.
Entonces es pecado.
¡Curiosa Rosa!
¿Vienes a hacer alguna compra?
¿O vienes de la iglesia?
Debe ser difícil para usted en estos tiempos ser creyente y peronista, ¿no?
Eso es lo que me gusta de usted.
Que sea tan silenciosa.
Una pregunta, Rosa.
¿Usted que viene de la calle no vio nada raro?
No. No sé, no me fijé.
Claro.
¿Y por qué siempre está tan sola?
¿No está su marido?
Sí.
Está adentro.
¿Paulino?
Tengo que decirte algo.
Ahora no, Rosa.
¡Vengan, vengan!
No te iba a ir sin saludarme, quiero creer.
En la radio dicen que va a llover.
Te aviso para que no laves la ropa.
Bueno, gracias, muy amable.
Tiene rosa.
Entre vecinos tenemos que llevarnos bien.
¿No le parece?
¿Se siente bien?
No.
Déjeme acabar.
¿Qué vas a hacer con él?
Relájate.
Permítame.
¿Vio que le dije?
Que no había que tener miedo.
Son buenos tiempos estos.
Para festejar cuando las cosas salen bien.
¿No le parece?
Yo no tengo nada que festejar.
Siempre hay algo.
Créame.
Permiso.
Así que resultó romántica.
No solamente le gusta esta canción.
¿Y con esto qué?
Simplemente le pregunto porque creo que escucha con mucha atención.
A lo mejor los versos le llegan mucho.
Menos pregunta, Dios te perdona.
Sí.
En eso estamos de acuerdo.
No.
¿Estás segura que no vio nada en la noche del baile?
No, nada.
¿No le parece extraño no haberlo visto de ese día?
No me fijé.
Pensé que se había pasado con los festejos del baile.
Que estaba descansando.
¿No se fijó, pensó?
Las dos cosas.
No presté atención.
Y semejante olor a podrido tampoco le llamó la atención.
Pensé que venía de la fábrica, que el viento lo estaba trayendo.
¿Alguien lo visitaba estos últimos días?
No, no me fijé.
Una mujer morocha que lo acompañaba.
Es que yo no miro esas cosas, ¿sabes? Mi marido dice que no está bien meterse en
la vida de los demás.
¿Y su marido?
Tampoco.
¿Tampoco qué?
¿Estaba?
No.
Bueno, por el momento sería todo, señora.
Cualquier cosa la estaremos contactando.
Gracias por el café.
No te aparezcas así.
A ver si todavía tenemos que soportar otra desgracia.
¿Qué vamos a hacer con todo esto?
Los policías estuvieron todo el día en la casa del viejo.
Y el tumorío ya está corriendo por el barrio.
¿Y?
¿Qué otras novedades traes?
Esto que te digo.
Se está haciendo todo por los aires.
Y yo no quiero estar acá cuando eso pase.
Se ve que el viejo tenía bien guardada la plata.
¿Por qué no aparece?
¿La habrá agarrado Salcido?
No creo.
Si no, no andaría con la cara de culo con la que anda.
Dame unos días.
Voy a tantear a alguno de los compañeros que tenemos adentro. A ver si alguno
sabe algo más.
Vas a tener tu parte, como acordamos.
¿Y tu mujer?
¿Qué hacemos con ella? ¿Qué tiene?
Está metiendo las narices donde no corresponde.
Yo me ocupo de ella.
Vos no te metás.
Solamente voy a decirte dos cosas.
Quiero mi plata.
Espero que esto no se vaya al diablo.
Tranquilo, Art.
Nada de eso va a pasar.
Lo vamos a resolver.
Y apaga eso.
Es combustible acá.
Ya te dije, no pasó nada.
¿Pero qué te preguntaron? ¿Qué querían saber?
A ese Paulino todo.
Nombre, edad, estado civil.
¿Qué más?
Se había visto o escuchado algo la noche del asesinato.
¿Y qué dijiste?
Que no, que me había quedado con la radio prendida.
¿Te preguntaron por mí?
Sí.
¿Qué dijiste?
Que no estabas.
Vos no tenés idea de lo que estoy haciendo para que estemos bien nosotros,
Tenés que confiar en mí.
No quiero que la cana se ande metiendo en otras cosas.
No podemos seguir viviendo con ese tipo ahí al lado.
Bueno, no es momento ahora.
Te paso a buscar cómo termine la misa.
¿Que no venís?
Bésame, Dios mío. Me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido.
Bésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí.
Pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande
como vos.
Moriani, pase.
Estoy todo el día cansada.
Me quedo dormida, sentada.
Me duele la cabeza.
Y yo así no puedo trabajar. Tengo muchas cosas que hacer en casa.
¿Recuerda la fecha de su último periodo?
No.
Bueno, le voy a indicar un análisis de sangre para no dejar espacio a dudas.
Aunque su marido se va a poner muy contento.
Le va a dar una muy linda noticia.
¿Qué le preguntaron, Rosa?
Nada.
Si yo no sé nada.
Claro.
Por eso vine acá.
A mirar sin que nadie la vea.
No sé a qué se refiere.
El viejo Ansarda se quejaba de que usted les pillaba la ventana.
¿Quién dijo eso?
Ansarda.
¿La comida a fuego?
Y se lo decía a todo el mundo, además.
Mire, Rosa, hay historias que está bueno que no se sepan, ¿vio?
Y más ahora, como está todo con los peronistas.
Algunos que visitaban al señor Ansarda no estarían contentos de saber que
alguien los espiaba.
Si yo casi ni venía.
No se ponga la defensiva porque yo de usted no voy a decir nada.
Yo le guardo un secreto a usted y usted me guarda un secreto a mí.
¿Qué le parece?
No vaya a hacer cosas que en el barrio se corra el chusmerío y se digan cosas
que no son propias de una mujer de la casa.
Vamos, Paulino. Es tarde.
Ya voy.
una de las jornadas efectivas de la historia económica de la nueva
La revolución justicialista abate uno de los más extensos monopolios del país y
un acto de justiciera reivindicación en un ejemplo para el mundo entero entrega
a los verdaderos trabajadores una empresa de vital importancia económica.
En la ciudad de Quilmes una apoteótica recepción se brinda al general Perón
cuando el primer magistrado llega al lugar en que en sencilla ceremonia se
transferirá al auténtico pueblo lo que ayer era un baluarte de la oligarquía.
El
presidente
de la Federación Obrera Cervecera entrega al general Perón un recuerdo del
trascendental acto.
Rosa.
Parece todo salido de una novela de misterio.
Y asesinatos, interrogatorios.
¿A vos qué te preguntaron?
Ya te dije que a mí nada.
A mí de todo.
Si lo conocí al viejo, si sospechaba de alguien.
Igualito que en una película.
Claro que yo le dije que el viejo tenía sus enemigos.
Ah, y le dije también de la tipa esa que lo visitaba seguido.
Es tan emocionante que ni la novela escuché ayer.
¿Para vos quién fue?
Rosa.
¿Qué? ¿Qué pasa? ¿En qué andas?
Ay, Rosa, no sé. Te veo rara. ¿Qué te pasa?
No, no me quiero meter, pero me preocupo.
Nada, no me pasa nada.
Te cansa.
Ay, Rosa, por favor, ¿qué pasó?
¿Estás enferma?
¿Qué pasa, algo con Paulino?
Dale, nena, desembucha.
Es que no sé cómo decírtelo.
Con palabras, Rosa.
Dale, vamos.
Es complicado, Mecha.
Bueno, no... Estoy metida en un lío.
No puede ser tan grave.
Confía en mí.
¿Qué pasó?
Yo sé quién mató a un sarda.
¿Qué?
¿Pero qué decís?
¿Quién?
La noche del baile lo vi a un sarda que volvía con la morocha, la que lo
merodeaba últimamente.
Yo estaba en la terraza de casualidad.
Bueno, la cosa es que se meten en la casa del viejo y ahí se complica todo.
Se pone todo muy confuso y aparece desde la sombra este tipo y le encaja un
hachazo en la cabeza al viejo.
Era Vargas.
Es de esa noche que no puedo dormir, Mecha.
Y no sé qué hacer.
Tenés que ir a la policía, tenés que denunciarlo, ¿sí? Contar lo que viste.
No, ¿qué voy a decir? No me van a creer.
Además que venga la cana a meterse en mi casa como está la cosa, no.
Bueno, pero esto no puede quedar así.
Vos no podés aceptar tener que vivir con un asesino en la puerta de al lado. Es
muy peligroso.
No, no, no, no. Algo hay que hacer.
Paulino me prohibió que abriera la boca.
Dice que no quiere a nadie dando vueltas por acá.
Menos la policía. Está con esa idea de que lo tienen marcado por peronista.
Que va a terminar en la cana.
Yo sin Paulino me muero, Mecha. Me muero.
Bueno, está bien, está bien.
Tenemos que... que pensar alguna manera de que la policía sepa la verdad sin que
tengas que ir vos.
¿Pero quién?
¿Voy yo?
No, no, Mecha, es muy peligroso. ¿Ah, sí? ¿Más peligroso es tener a ese tipo
suelto dando vueltas por acá?
¿Eh?
Vos contame con detalles, ¿eh? Que yo lo voy armando todo en mi cabeza como si
hubiera estado ahí.
Bueno, te voy a contar.
La noche del baile lo vi en sarda que volvía con la morocha, la que lo
últimamente. Yo estaba en la terraza de casualidad.
Bueno, la cosa es que se meten en la casa del viejo, prenden la luz del
piso y ahí se complica todo.
Se empiezan a escuchar golpes.
Gritos, cosas que se rompen.
Y de repente aparece el taita ese como salido de la nada y le pega un palazo al
viejo.
Madre mía, qué fiero le pido.
Ahí va.
Un momento.
¿Qué fecha es hoy? Me olvidé de algo.
No.
¿Cómo te fue?
Bien.
¿Algo fresco para tomar?
Me voy a dar un baño primero.
No, no, no, espera.
Después te duchas.
Rosa.
¿No son días para andar festejando?
Sí que son.
Tengo algo que contarte.
Estoy embarazada.
Vamos a tener un bebé.
¿Cómo estás?
Bien.
¿Vos? Bien.
¿Pero cuándo?
Fines de junio, dijo el médico.
Mecha dice que seguro va a estar para la última semana.
Que va a estar de cáncer.
¿Qué pasó?
¿Te emocionaste?
La cosa se está poniendo muy jodida, Rosa.
No sé cómo vamos a hacer cuando todo se vaya al diablo.
No pienses en eso ahora.
Se espera un futuro muy lindo.
¿De qué futuro me hablas?
Se nos están sacando a patadas.
¿Qué voy a hacer cuando todo se caiga?
¿Cómo lo voy a sostener?
Tenés que tener fe.
Va a estar todo bien.
Va a pasar.
Mira, te compré los de huevo como a vos te gustan.
Rosa.
Con ese huevo.
Me voy a tener que guardar un tiempo.
No, no, no.
No, no te vas a ir. No voy a dejar que te vuelvas a ir.
Confía en mí.
Tomá. Y hagamos un brindis.
Además, tengo que contarte otra cosa.
¿Qué?
Estuve pensando mucho y...
Quiero que estemos bien para cuando nazca el bebé.
¿De qué hablas, Rosa?
Que... Yo ya no aguantaba más con este miedo y con esta soledad que
me guía el a los huesos.
Contando los minutos para esperarte llegar.
Por eso ideé un plan para acabar con Vargas.
Rosa.
Te dije que no te metas.
Te dije que me hagas caso y que no te metas.
Yo te hice caso.
Te hice caso como siempre.
Como toda mi vida.
Descolgué los cuadros.
Me quedé encerrada.
No fui a ninguna comisaría. No vino ningún policía a hurgar nuestra casa.
Hice todo lo que me pediste.
Pero vos nunca te das cuenta de nada, Paulina.
Igual ya está, ya está.
No hay de qué preocuparse.
Hablé con Mecha.
Y la convencí para que fuera ella a hacer la denuncia.
¿Qué hicieron?
¿Qué?
¿Qué denunciaron?
Todo.
Paso por paso cómo había sido el asesinato.
Como un malandra este de Vargas le robó la plata, las cosas y después lo mató.
Tal cual lo vi yo con mis propios ojos.
En cualquier momento lo deben estar por venir a buscar.
¿Qué haces?
¿Paulino?
¿Por qué te pones así?
Pará. Si yo no fui a la policía. No entendés nada. No van a venir acá. No
venir. No entendés. Rosa, me enterraste. Rosa, no entendés nada.
¡Basta!
Dejá de tratarme como una estúpida.
Y hablar con verdad de esta media.
Y decir que no entiendo nada.
Voy a hacer la cosa más estúpida de tu vida. De nuestra vida.
Abrí los ojos, Rosa.
Despertate.
¿Verdad, Teresa?
¿No te das cuenta que estamos todos metidos en la misma basura?
¿No te das cuenta?
¿O vos creías realmente que nosotros éramos diferentes?
¿Realmente lo creías? ¿O sos realmente estúpida? ¡Basta!
¡Dejá de gritarme y de decirme lo que tengo que hacer!
Que no soy la única en esta casa que tiene los ojos vendados, ¿eh?
¿Cómo te pensás que me quedé embarazada?
¿Por qué no vas al fondo?
Para que te saquen la duda.
¡Vení! ¡Vení! ¡Vení por acá!
Cuénteme cómo sucedieron los hechos según tu versión.
Porque los vecinos aseguran que hubo una discusión entre los disparos.
Ya le dije.
Los hechos no fueron así.
Sino de otra manera.
Escuché unos ruidos.
Y después del primer disparo salí al pasillo.
Y ahí los encontré peleando.
¿Usted estaba al tanto de los negocios de su marido?
No.
Él no me hablaba de las cosas de política.
Y yo no me meto en lo que no entiendo.
A mí solo me importaba hacerlo sentir a sus anchas.
Y que no se preocupara.
Es así como debe ser.
para asumir su cargo de presidente provisional de la República Argentina.
La multitud aclama al contraalmirante Rojas.
A la llegada del general Lonardi se reproducen emocionantes escenas de
popular.
No puedo verte triste porque me matas.
de pena mi dulce amor me
duele tanto el llanto que tu derramas
que se llena de angustia mi corazón
yo sufro lo indecible si tu
entiriste
tu promesa sobre de mi cadáver
dejar caer todo el llanto que
brote de tu tristeza y que todos se
enteren de tu que
Yo te prometo.
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