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Tranquilo. Estás más y más tranquilo.
Ahora imagina una pantalla.
Una pantalla de cine que se despliega y se abre ante ti.
Crea en ella el lugar que prefieras.
Concéntrate en tu respiración, ayudando a todo tu cuerpo a relajarse, a sentirse
en paz.
No tienes que cambiarla.
Tan solo déjala ir y venir.
Ir y venir.
Ya estás allí.
Fíjate en los detalles.
Los colores.
Las texturas.
La luz.
La temperatura.
Siente la temperatura.
Permite que esta escena tranquila se desarrolle ante ti.
La sensación de paz.
La que está cayendo.
Oye, seguro que está bien cerrado, ¿no?
¿Estás ya más tranquilo?
Bueno, es difícil.
Con el panorama que tengo delante.
¿Qué panorama?
¿Estás transponiendo la palma?
Eres más marrano.
¿No sabes qué? Que ya no te sigo leyendo.
Uy, además es la hora.
Me voy a buscarla.
Pues ya me levanto yo ahora y me voy preparando café.
¿Te pongo algo de música?
Bueno, lo que haya puesto.
Pues hala, ahí te dejo con tu Wagner.
Hasta un rato.
Entra en el coche, que te vas a congelar.
Mira que esto suena de verdad.
¿Y la Julia?
Parece que el galiciano nos quiere.
Sí, bueno, en febrero ya se sabe.
¿Qué tal el vuelo?
Bien. Pues bien, nos vemos.
Sí, oye, ¿te importaría venir conmigo en el coche?
Quedamos en que vendría una persona, nada más.
Claro. Sí, ¿y? Ah, más.
Solo viene a tomar notas. Ya, pero es de confianza.
Sí.
Bueno, trabaja en el bufete. Mira, no sé si sabes el paso que tiene que dar
Ramón. Claro que es el paso que tiene que dar Ramón, si lo hemos hablado.
pues entonces hoy venís vosotros, mañana será la prensa, luego puede ser la
televisión y Ramón tiene pánico de que todo esto se enfoque mal desde el
principio, ¿me entiendes? Mira, lo único que te puedo decir es que venid a hacer
las cosas lo mejor posible.
Espero.
Y te recuerdo que para mí todo esto es muy importante, no solo por la parte
profesional.
Bien, entiendo muy bien algo.
Me llamo Julia.
Tú eres la abogada.
Es Manuela, la cuñada de Ramón.
¿Quieres que te ayude? No, no, no.
Ya están aquí.
¿Hola?
Perdona, que no te doy la mano.
¿Cómo que no?
Me han dicho que estás un poco nerviosa.
Bueno, a ver.
Lo primero, el desayuno.
¿A qué hora?
A las nueve y media.
Tampoco te creas que me gusta mucho madrugar, ¿eh?
Y después, oigo un poco la radio.
¿Qué te gusta escuchar?
Todo un poco.
Lo que más debates.
¿Que te gustan los debates?
Sí.
Sí. No va a la marcha.
¿Ves? Es mi ordenador personal.
¿Y lo has diseñado aquí?
Sí, me gustan los inventos.
Después ya los fabrica mi padre o mi sobrino.
¿Qué serie te pusiste?
Ramón.
¿Por qué morir?
A ver... Quiero morir porque... La vida para mí en este
estado... La vida así no es digna.
Entonces, bueno... Yo entiendo que otros tetraplégicos... Puedan sentirse
ofendidos cuando yo digo que... Que la vida así no es digna.
Pero es que... Yo no juzgo a nadie, ¿no?
¿Y quién soy yo para juzgar a los que quieren vivir?
Por eso pido que no se me juzgue ni a mí ni a la persona que me preste la ayuda
necesaria para morir. ¿Y tú crees que alguien te va a ayudar?
Bueno, eso dependerá de los que manejan el cotarro.
Dependerá de que ellos venzan su miedo.
Que no, hombre, que no.
Que no es para tanto.
Si la muerte siempre ha estado ahí y siempre estará.
Al final nos toca a todos.
A todos.
Si fuera parte de nosotros.
Entonces, ¿por qué se escandalizan porque yo digo que me quiero morir?
Como si fuera algo contagioso.
Si finalmente vamos a juicio, te preguntarán que por qué no buscas una
alternativa a tu incapacidad.
¿Por qué rechazas, por ejemplo, la silla de ruedas?
Aceptar la silla de ruedas sería como aceptar migajas.
Lo que fue mi libertad.
Mira, fíjate en esto.
Tú estás ahí sentado, ¿no?
A menos de dos metros.
Bueno, ¿y qué son dos metros?
Un recorrido insignificante para cualquier ser humano, ¿no?
Pues para mí, esos dos metros necesarios para poder llegar hasta ti y
poder siquiera tocarte, es un viaje imposible.
Es una quimera.
Es un sueño.
Por eso quiero morir.
Ya pasaron las tres horas, Ramón.
Pues venga, me tienen que cambiar de postura.
¿Os importa esperar abajo?
Nos llamó hace un año.
Pretendía que literalmente le ayudáramos a morir.
Yo le dije lo que había. Nosotros podemos ofrecer apoyo psicológico,
asesoramiento legal, pero no le vamos a poner el cianuro en la boca.
Se enfadó muchísimo.
Nos llamó farsante. Bueno, tuve que colgarle.
A los pocos días vuelve a llamar, ya más tranquilo. Me sorprendió lo claro que
lo tenía.
¿No ha vacilado nunca?
Nunca.
Eso es importante.
¿Y cuánto tiempo lleva así? 26 años.
Primero cuidaba de él su madre, pero cuando murió se hizo cargo su cuñada.
¿Qué tal así?
Este brazo es un poco más horrible.
Te voy a cambiar la sonda.
Ahora no, Manuela.
Pero si es un momento.
Y si tienen que esperar, que esperen.
Está casada con José, el hermano de Ramón.
Viven todos de la granja y de una pequeña huerta que tienen.
¿Y ellos?
¿Qué piensan de todo esto?
Yo, las ideas son libres.
Pero yo pienso que eso que él pide no está bien.
¿Pero por qué no?
Yo quiero lo mejor para él. Todos en esta casa queremos lo mejor para él.
Entonces, ¿por qué va a querer morirse?
Eso no entra en la cabeza de nadie.
No es racional, como él dice.
Yo no puedo dársela, ni me autorizo, ni me autorizo a que la casa se lo haga.
Hola.
Eso ahí no, ¿eh, Javi? Que sí, mamá, que sí.
Pues lo subes a tu cuarto.
Ah, tu tío quiere que le mires la máquina.
La mocha.
¿Qué le pasa?
El rodillo, que está un poco duro.
¿No tenías el salmón hoy?
¿Y el abogado?
Es abogado.
Por ahí anda, con... Llené con un abuelo. Se los llevo a la plaza.
A ver si van a acabar en Coluña.
Con lo que se le va la olla.
No hablas así de tu abuelo.
Es que está que no se entera de nada.
Sí, claro.
Es mayor.
¿Qué quieres?
Pues que no se meta tanto.
Está todo el día en casa.
Como si lo necesitáramos.
¿Qué?
Mira, un día, un día no sé cuándo, igual dentro de mucho, ¿eh?
Un día digo, te vas a arrepentir tanto, pero tanto de lo que acabas de decir,
que creas que te traiga la tierra.
¿Pero por qué?
Un día,
ya lo verás.
Un día.
Aquí el mar es muy traicionero.
Si es que te atreves a bañarte, tienes que andar muy espabilado.
Desde aquí salto a mí.
Yo no sé nada de lo que estaba pensando.
Yo no sé.
Lo que pasó es que se tiró justo cuando la rescate llevara el agua.
Y tronchó el cuello.
Contra la arena.
Esto es una pena. Muy grande.
Este es algo que yo...
¿O qué pasa?
Pues, mente, su querida Dios, ¿será que se sirve bien?
Pero usted sabe que Él no quiere que se sirva bien.
Pero Él no me dice nada.
A mí nunca me dice.
Él no me dice nada.
...denaremos el cielo... ...porque en el infierno... ...hemos pasado toda...
...la vida... ...bueno... ...si queremos la imagen... ...es porque tal vez...
...los jueces o los juristas o... ...o los políticos o... ...quienes tengan que
decidir... ...entiendan un poco... ...porque como parece que no pueden...
...entrar en el dolor psicológico de la persona... ...tal vez así...
puedan entender que la vida no es esto.
¿Por qué sonríes tanto, Ramón?
Cuando uno no puede escapar y... y depende constantemente de los demás,
a... a llorar riendo.
¿Vive aquí Ramos San Pedro?
Sí. ¿Qué quieres?
Estaba dando un paseo y se me ocurrió hacerle una visita. Ah.
Oye que mucha gente viene a verlo.
Bueno.
Un ratito.
Me llamo Rosa.
Acércate, mujer.
¿De dónde eres?
De Boiro.
Viene en la bici dando un paseo.
Ay, Dios, qué... qué tonta me siento ahora.
¿Por qué?
Pues porque no sé qué decir.
Como no te conozco.
Pues tú por eso no te preocupes, hombre.
No es que yo no pueda hacer otra cosa.
Apresiéndate.
¿De qué viniste?
Vaya, no estás poniendo difícil.
¿A qué te dedicas?
Trabajo en una conservera.
Y también estoy de locutor en Radio Boiro, los miércoles y los viernes.
Entonces, pues, ¿te oigo alguna vez?
Sí, pero luego como aficionada, ¿eh? No te creas.
Lo haces muy bien, lo haces bien.
Sí, entre comillas, ¿no?
Si yo la cuestión es arrancar, después ya me envalen a quien me pare.
Tengo dos hijos pequeños.
¿Tu marido?
No. Bueno, sí, pero lo dejamos.
¿Ahora no estás con nadie?
Vamos a ver.
Tenía un novio, el padre de mi segundo hijo.
Pero también me dejó lo dejamos.
Así que ahora estoy sola.
Y tan a gusto, ¿eh? No te creas.
No, yo la preguntaba por si tenía alguna posibilidad.
¿Por qué te ríes?
Ay, perdona.
Tranquila, que era broma, mujer.
No sé si iba a querer cargar con todas las criaturas.
Bastante tengo ya con mi sobrino.
Te vi en la tele el otro día.
Pues ya nos vamos acercando.
¿A qué?
A la razón por la que viniste.
Oí lo que decías.
Y después me fijé en tus ojos, que son preciosos. Y pensé, unos ojos tan llenos
de vida.
¿Cómo va a querer morir alguien con esos ojos?
Mira, todos tenemos problemas a veces.
Y no hay que huir de ellos, ¿sabes?
No, y...
Yo no huyo de mis problemas.
Al contrario.
Sí, sí que huyes.
Por eso quería venir.
¿Para?
Pues... Para darte ganas de vivir.
Para decirte que la vida... ¿Que la vida qué?
Que vale la pena, ¿no?
Vamos a ver.
Tú viniste aquí a verme.
¿O a convencerme?
No, yo vine porque quiero ser tu amiga, Ramón.
Pues si quieres ser mi amiga, Rosa, empieza por respetar mi voluntad.
¿Cómo puedes ser tan cerrado? Y no me juzgues.
No me juzgues, Rosa. No me juzgues. No, en mi propia casa.
¿O quieres que te juzgue yo a ti?
¿Eh? ¿Quieres que te juzgue yo a ti?
¿Por qué no hablamos de... ¿Por qué no hablamos de la verdadera razón por la
estás aquí?
¿Por qué no hablamos de que claramente sabes que eres una mujer frustrada?
Que te levantaste este sábado con ganas de encontrarle un sentido a tu propia
vida.
¿Eh?
Eso. Corre tú que puedas.
Muchas gracias.
¿Entonces no quieres que te ponga nada?
No, bonita. Tú sigas así tan alegre. Buenas noches. Buenas noches.
Pues... Son las nueve menos cuarto y aquí estamos en Radio Boiro.
Os recuerdo que podéis llamar y hacer peticiones musicales.
Antes de seguir, me gustaría dedicar la próxima canción a una persona que, no
sé, a lo mejor me está escuchando.
Yo sé que lo oye mucho la radio.
A mí me encantaría que llamara algún día y me pidiera algún tema.
Aunque ya sé que no lo hará, porque bueno, la última vez que nos vimos no
acabamos muy bien.
Pero por si sirve de algo.
Me gustaría decirle que lo siento.
Siento haberte juzgado, Ramón.
Yo es que soy muy bruta. ¿Qué le vamos a hacer?
Pues nada.
Para ti, amigo Ramón, negra sombra.
¿Qué tal?
Bien. Bueno, todavía en la oficina.
Es que das más trabajo que un tonto, Ramón.
Qué broma, qué broma.
Oye, lo del reportaje ha sido espectacular.
No hemos parado de recibir llamadas de apoyo, Ramón. Esto nos llena de miedo
para el juicio.
Ay, ay, ya estamos.
Hay que mejorar ese ánimo porque así no vamos a ningún lado.
Hay demasiadas vías que teníamos que pasar por esto. Sí, mujer, sí, sí.
Oye, Julia, la abogada, quiere volver a verte y esta vez...
Por más tiempo.
A ver si se enamora de mí.
¡Qué mal quisiera, el guapo!
Y además está casada. No, no, dice que... Necesita conocerte a fondo para
preparar bien el caso.
Espera.
Dos minutos suelto.
Oye, ¿sabes que el tío que vino con ella me está echando los pejos?
¿Me vas a dejar por un abogado?
Tú te lo pierdes.
Pues yo la veo muy bien.
¿Tu pierna?
Sí, moverse se mueve.
A ver.
A ver, va a ser muy fácil. Solo tienes que responder con el corazón.
Con la cabeza, querrás decir, ¿no?
Con la cabeza.
No te importa que te agrave, ¿verdad?
A ver, vamos a empezar por tu juventud, antes del accidente.
¿Qué hacías por esa época?
Uy, eso es necesario.
Mira que yo había desde entonces, ¿eh?
¿Tan mala memoria tienes?
No, pero es que, bueno, pensé que hablaríamos sobre mi demanda de
A ver, así será, Ramón, solo que es muy importante que el juez se identifique
contigo y que te entienda.
Y para eso necesito saber quién es Ramón San Pedro y saber quién era.
A ver si después lo vas a utilizar en mi contra.
Pero mira que eres gallego.
Que soy tu abogada, Ramón, que estoy de tu parte.
Bueno.
Bueno, pues, a ver, a los 19 años cogí mis cosas.
Y, bueno, a dar la vuelta al mundo, ¿no?
Y así estuve unos años hasta el accidente.
Espera un momento, perdona. ¿Que te diste la vuelta al mundo con 20 años?
¿Qué no sabes cómo?
Mecánico de barcos.
Siempre se lo digo a mi sobrino.
Para viajar sin dinero, marinero.
¿Qué?
¿Buscando pruebas?
No, es que no veía ninguna foto tuya por aquí.
¿Cómo eras de joven?
¿Por qué?
¿Tan feo te parezca ahora o qué?
Vale, no tengo ninguna pregunta más y ya está.
No te gusta mirar al pasado, ¿verdad?
No, claro.
Yo miro hacia el futuro.
¿Y qué es el futuro para ti?
La muerte.
Igual que para ti.
¿O tú no piensas en la muerte?
A ver si voy a ser yo el único que piense en la muerte. Sí, claro que
Solo que intento que no sea mi único pensamiento.
Mañana va a ir por la...
¿Qué quieres?
Ya empezó el partido.
Pero claro, si sabes que no me gusta el fútbol, hombre.
¿Y por qué no lo ves en la tele de abajo?
Oye, ¿sabes que si me quieres convencer me tienes que dar una justificación
racional, eh?
¿Eh? Y buena.
¿Juega al Depor?
Pues... Pues no es una justificación racional, hombre.
A ver, es importante.
¿Por qué? Porque es decisivo para la liga.
Si pierden este, ya solo pueden quedar segundos.
Venga, ponlo.
¿Ves bien?
Uy.
¿Qué tal me voy a disilbar?
Me dijo Ramón que preguntaste por las fotos.
¿Sí? Alguna debe haber.
Mañana las busco.
Gracias.
Si necesitas más mantas, hay en el armario.
Aquí en junio todavía hace frío por las noches.
Manuela.
No, no, no. ¿Sí? Sí, sí, sí. Pero es que yo no puedo aceptar esto. A ver,
Manuela, voy a estar aquí varios días, ¿no? Pues lo mínimo es que contribuyan
algo. Pero es que aún encima de que lo estás haciendo gratis.
Cualquier cosa que necesites, me lo dices.
Gracias. Oye, ¿qué tramáis por ahí?
Nada.
Qué pena que no se vea el mar desde aquí.
Yo lo prefiero.
Así lo veo cuando yo quiero.
¿Y cómo es eso?
Cuando me apetece, me concentro.
Doy un paso hasta el mar.
Lo voy volando.
Me imagino que el mar significa mucho para ti, ¿verdad?
El mar me dio la vida y después me la quitó.
No sé si eso significa algo.
Dame algunos datos sobre ese día. El día que cambió tu vida, ¿te parece?
¿Tu vida?
Pues, para empezar...
bien como tú, no calculo la resaca.
¿Y sigues viendo a toda esta gente?
Bueno, unas sí y otras no.
¿Tienes esa chica?
Una.
Pues, ¿salen muchas fotos?
Era una chica del pueblo. ¿Me das una calada?
¿Pero tú fumas?
De vez en cuando, por si me mato.
Pero nada.
Era mi novio.
Su novia.
¿Y qué fue de ella?
Pues nada.
Estuvo una temporada pasándose por el hospital.
Y un día, un día soltó más la que tontería de que nos casáramos.
Le dije, bueno, mira, vete de aquí y...
Y haz tu vida como puedas y... Olvídame.
¿Pero tú la querías?
Esa no era la cuestión.
¿Cómo que no?
No.
La cuestión era si... Si yo estaba dispuesto a amar en este estado.
¿Me estás diciendo que te niegas a amar por...? Porque no puedo amar.
O sea que lo que le tengo que decir a los jueces es que para ti los
tetrapléjicos no tienen derecho a enamorarse, ¿no? ¿Por qué me está
aquí de los tetrapléjicos?
Yo estoy hablando de mí, de Ramón San Pedro.
¿Hay otras formas de hacer el amor?
Sí, claro.
¿Te ha besado alguna chica en estos 27 años?
Y ahora vas a hacerme una demostración.
Está aquí la chica de Bonnie.
Está bueno.
Cristian, ¿qué vengas aquí conmigo?
Rosa.
Hola, Ramón.
¿Vengo aquí tenido?
Déjala, mujer.
Vamos a ver, ¿tú eres bueno o eres malo?
Uy, entonces nos ellos íbamos a llevarnos bien, ¿eh?
Yo soy Julia.
Yo Rosa, encantada.
Oye, que igual os interrumpí.
No, no, yo me voy un rato y os dejo solos.
¿Qué tal estás?
Bien.
Espero que no vengas a darme ganas de vivir de esas que traes tú siempre.
No, que va.
Bueno, yo qué sé.
Quería verte y que vieras a mis críos.
Eso ya me gusta más.
Cristian, Cristian.
Quietiño, ¿eh?
Que no estamos en casa.
Este es Samuel.
A ver, Sammy, di hola.
Hola, Sammy.
¿Qué te dice Ramón? Es muy tímido.
¿Por qué estás en la cama?
Porque no se puede mover, ya te lo expliqué.
¿Es verdad que no sientes nada?
Ay, ¿a este qué le pasó ahora?
A ver.
¿Tienes calor?
Es que con este tiempo nunca se sabe.
Pues es que como llevamos ya un mes para que nos paguen, hoy decidimos
plantarnos, a ver si ya nos toma más en serio.
Así que estamos como de domingo.
Les hice el desayuno, cogimos el autobús, ¿eh? A ver a Ramón.
¿Qué pasó?
Nada, nada.
Ay, Samuel, ¿por qué lloras ahora?
¿Manuela? Sí.
¿Tú qué piensas de todo esto, sinceramente?
¿Lo que pienso? ¿De qué?
De que... De que tu cuñado quiera morirse.
Y es lo que él quiere.
Ya, pero... Pero tú...
Es que lo que yo prefiera no importa.
Ramón quiere morir.
Para mí está todo muy claro.
¿Quieres ver una cosa?
Una cosa.
Casi todos son poesías.
Yo nunca tiré nada.
Es que me da tanta pena. Con lo que le cuesta escribir.
Y la letra.
Mira, fíjate.
Yo nunca vi una letra tan bonita.
Bueno, pues yo voy para algo.
Manuela.
Me va a ayudar un buen rato leer todo esto. ¿Te importaría decirle a Ramón
que... Que fuiste a la playa.
A dar un paseo.
Gracias.
Desde luego.
Es la primera y la última vez que os traigo.
Pero mamá, ese tío se está haciendo tieso. La última vez.
¿Y no te dijo nada de cuándo volvería?
Solo un paseo.
Así aprovecha y echa una siesta.
Tendrás tu queja.
¿Por qué?
Porque ya no pasa un minuto sin que entre una mujer en esta casa. Ni que te
fueras a hacer un harén.
Ay, Manuel.
¿Tú ya sabes que yo solo estoy casado con una?
No quieres nada más.
que estabas aquí y vino volando.
¿Qué tal ese paseo?
He estado leyendo, Ramón.
He estado leyendo todo lo que has hecho hasta ahora.
¿Sabes qué?
Que lo que has escrito es maravilloso.
Así que ahora además de abogada eres escritor.
Vale, tú ríete.
Pero te digo que esto es publicable. Claro que es publicable, mujer.
Si ahora se publica cualquier cosa.
Pues no conozco mejor forma de apoyar tu demanda.
Es tu voz.
Mira, Julia.
Yo no sé.
Esto estaba más claro en el principio, ¿sabes?
Tú se supone que viniste aquí con un propósito, ¿no?
Viniste aquí a ayudarme.
Bueno, y en vez de eso...
Te pones a cuestionarlo todo, buscando no sé bien el qué.
Te metes en mis sentimientos.
¿Quieres que me vaya?
Lo que quiero ahora es un...
Voy a por ellos.
Julia.
Julia. ¿Qué pasó?
Julia.
Julia.
Son las piernas, pero otro.
Te puedes quedar vieja.
Y te puedes recuperar o no.
Hasta ahora había tenido suerte.
Pero luego llega el siguiente infarto.
El siguiente, y el siguiente, y nadie te puede decir ni cuándo.
Ni cómo van a ser. Es que nadie te puede decir qué es lo que va a quedar de ti
si es que queda algo.
Tu marido es bastante optimista.
¿De qué sirve ser optimista?
Si ni siquiera hay medicación para esto.
¿De qué sirve tratar de ponerte en pie, trabajar, ilusionarte, si tarde o
temprano llega otro infarto y al final vuelves a caer otra vez? ¿Y te quedas
hecha una mierda otra vez?
Lo había pensado hace dos años cuando me lo diagnosticaron.
Y al final me eché atrás.
Pero después de esto no.
Después de esto no.
Es que no puedo más. Esto no es vida.
¿Lo sabe tu marido?
No sé si quiero decírselo.
Pues deberías.
Julia, el miedo es un arma muy poderosa.
El miedo no te deja libertad para decidir.
Esto que me estás contando ahora es por culpa de este miedo.
Quizás más adelante te vas a echar atrás por eso, por lo mismo, por el miedo.
No actúes por miedo.
Se supone que vosotros apoyáis a la gente que busca el suicidio, ¿no? No.
No.
Tú piensas que...
Que yo voy por ahí diciéndole a todos los que tengan un problema que lo mejor
que se quiten de en medio.
No.
No, lo que nosotros apoyamos es la libertad.
La de los que quieren vivir y la de los que quieren morir. Es muy distinto.
Y el cadastril es una enfermedad... Vale, vale, es una putada.
Pero yo solo te digo que te lo pienses un poco más.
Otro día, si quieres, hablamos.
Venga.
Bueno, ¿cómo lo has encontrado?
Bien.
Sí, ¿verdad?
También había bien.
Bueno, me alegro de haberte conocido.
Querida Julia, cuando Yana me dijo que una abogada se había ofrecido a llevar
caso, hubo un factor que pesaba más que ningún otro en mi decisión, y era que
esa abogada sufría una enfermedad degenerativa.
Pensé que solo alguien en ese estado podría comprender la verdad del mío y
compartir un infierno.
Ahora sé que a veces vale la pena vivir en ese infierno, si así se conoce a
personas como tú.
Vale la pena haber compartido un cigarrillo con ellas o, como ahora,
una caricia aunque siga escribiendo esta tontería.
Y hablando de tonterías, estoy corrigiendo mis escritos, con la
pronto puedas volver y echarme una mano.
De momento mi sobrino Javi empezó a ayudarme pasándolos a su ordenador.
Por lo demás, aquí la vida sigue como siempre, ya sabes.
Bueno, ahora estuvo todo el mes pendiente de arroparme para que en otoño
pilles prevenido.
Javi continúa riñendo con su abuelo.
Yo les invento pequeñas tareas para que estén más tiempo juntos.
Este mes vinieron a verme muchos amigos.
Algunos llevan haciéndolo desde hace 25 años, lo cual no deja de causar una
admiración.
Disfrutan contándome sus historias y yo encantado.
¿Te acuerdas de Rosa, la chica de la conserver? Creo que encontró aquí una
especie de refugio.
El otro día quiso ayudar a Manuela a cambiarme la ropa y acabaron
Comprobé de nuevo que cuando uno depende de los demás para todo, pues pierde su
intimidad. En fin.
Espero poder mantener en orden mi pequeño reino hasta que puedas alegrarme
vez más con tu presente.
Un fuerte abrazo.
¿Qué pasa?
Vamos a ver. ¿Qué pone aquí?
¿Aquí? ¿Qué pone?
¿No es así la vida que va?
No, señor.
Ahí tenía que decir, no es así la vida, punto.
¿Qué va? No. Sí, punto. ¿Aquí? Y ese que con un acento.
¿Ese qué concepto? Ahí, ¿no ves?
La muerte, mi amiga coma.
¿Y dónde está la coma ahí?
Pero bueno, a vosotros es que os enseñan en la escuela.
¿Y qué carayos? Si solo tienes que fijarte en lo que te doy, hombre.
Hasta tu abuelo lo haría mejor.
Mira, Javi, si vas a ayudarme así, prefiero que no lo hagas, ¿eh?
Porque me haces trabajar dos veces.
Dame el palo, hombre.
Dame el palo.
Pongo un poco más de tensión, ¿vale?
Javi,
¿qué
pasó?
Querido Ramón, perdona que haya tardado tanto en contestar tu carta.
Pero es que los médicos me han restringido el ordenador y, en general,
otra actividad que no me fuerce a ejercitar mis piernas.
Aseguran que aún puedo volver a caminar, aunque creen que no debería seguir con
tu caso.
En la sala de rehabilitación hay un inmenso ventanal.
A veces imagino que lo cruzo y vuelo, como tú, sobre Barcelona.
Llego al mar y sigo volando hasta ver solo esa línea de agua que nunca se
Y pienso, tonta de mí, que si tú haces lo mismo desde Coruña, quizá des la
vuelta al mundo otra vez y acabemos encontrándonos en algún punto del
Me he sentido muy identificada cuando mencionas la falta de intimidad y de
libertad.
Trato de sobrellevarlo, sobre todo por mi marido, que se ocupa de mí con
abnegación.
Pero al mismo tiempo me resisto a caer en esta inercia en la que solo puedo
agradecer lo que se me da porque no me queda más remedio que aceptarlo.
Deseo poder verte en unos meses y mantengo mi promesa de ayudarte con el
Hasta entonces, recibe el agradecimiento y el abrazo de una amiga.
¿Qué quieren? Que vayamos a Galicia y volvamos a comenzar. Eso es lo que
quieren.
Si la justicia fue tan rápida en este país.
No, y sobre todo yo la que le habría que decir Ramón, ¿sabes?
Jenny, escucha.
Jenny,
Jenny, Jenny.
Jenny, escucha, yo estoy dispuesto a dejarme todas las horas que calguen con
esto, ¿eh?
Ya, Marc, pero... A las horas no se dedican al matiz, pero tú, que para el
Ramón.
La demanda del tetraplégico Ramón San Pedro solicitando la eutanasia fue
rechazada ayer por los tribunales por defecto de forma. La sentencia señala
el proceso judicial debió haberse iniciado en La Coruña, lugar de
tetraplégico, y no en Barcelona.
Son muchas las voces que se han dejado oír a raíz de este caso, entre ellas la
del sacerdote Francisco de Galdar, tetraplégico como Ramón. Ramón dice que
quiere seguir viviendo, pero no sé, yo me pregunto...
¿No será que en realidad lo que Ramón está haciendo es reclamar de la
de todos nosotros, algún tipo de atención?
Porque la gente que le rodea, pues, su familia, sus amigos, no saben o no
darle el cariño o el apoyo que necesita.
No será, en definitiva, que lo que Ramón está pidiendo es un poco más de amor.
A mí me gustaría mucho, de verdad, me gustaría mucho hablar con él y
de que hay muchísimas razones para seguir viviendo.
Tiene un testigo de colegio.
¿Ahora se estará descontento, no? ¿Se estará descontento?
Toda tu familia humillada en la televisión.
Pero fíjate, hombre, fíjate.
Hasta que se nos quede toda esa cara de vergonza.
¡Vemos tele, papá! ¡No me va a decir nada!
Papá, no nos metas en esto, ¿eh? Lo que tengas que decir es mi dignotía, punto.
¡Muchas decir una cosa!
¿Qué pasa si te estoy un accidente mañana?
No, no hay ninguna parvada.
¿Pensaste en algún momento?
¿Pensaste qué pasaría conmigo?
Tenía que cuidar de tu familia, ¿no?
De tu mujer, de tu hijo, de tu papá, con mi emisora de pensión.
O más bien al revés.
Más bien sigo viviendo para aportar las cosas más difíciles.
Voy a decir una cosa, Ramón. Mira, yo soy un tónismán mayor.
Soy un tónismán mayor. Y mientras yo esté vivo, aquí no se va a matar a
En esta casa no se va a matar a nadie. ¿Oíste?
Meteo Belén a cabeza, Ramón.
¡Nadie!
Bueno, filo, es un marido.
Hasta mañana, papá.
Ya voy yo.
Buenas noches, Manuela. Vino a ver a Ramón.
Pero, mujer, ¿no ves la hora que es? Ya lo sé.
Es que no pude venir antes.
Se lo explico yo a Ramón. Mira, no creo que le apetezca ver a nadie, ¿sabes? Hoy
no tuvo un buen día.
¿Por qué no vienes mañana?
O pasado.
Es importante.
Cierra la conservera.
Que no van bien las cosas.
Que no hay dinero para pagaros.
Y hala, la calle.
No hay derecho, joder.
Perdona, Ramón.
¿Pero de qué te voy a perdonar, mujer?
Yo haré todo lo que quieras.
No pudiera levantarme y darte un abrazo.
Habrá que empezar a ahorrar algo de dinero.
Quería comprarte un telescopio por Reyes.
Por eso no tienes que comprarme nada, ¿eh?
Mira que me enfado si te gastas un duro en mí.
Pero es que me hacía ilusión.
Quería...
¿Pero por qué me tienes que dar nada?
Porque tú me diste mucho, Ramón.
No te lo imaginas.
A mí... A mí nunca me tratara un hombre tan bien como me trataste tú.
¿Y tan mal te trataron, mujer?
Y ahora ya no me confío con la vida.
Ahora ya sé...
Que debo de ser yo el problema, ¿no?
Que no le gustan los hombres o algo.
¿Cómo no le vas a gustar a los hombres?
¿No fue eso lo que me llamaste cuando vine la primera vez?
Mujer frustrada, dijiste.
Sí. Bueno, si te dije eso, ahora te digo mujer fuerte.
Y mujer valiente.
Y buena.
Y mujer hermosa. Y le digo imbécil al que no sepa verlo, carayo.
Rosa, por dios, deja eso.
Que me hace sentir como un cura y bastante bonita la estango ya.
Siéntate ahí.
Ven, siéntate, siéntate.
Y déjame a una mujer, si sabes que no la siento.
Mi hijo dice que estás fingiendo.
Que te haces el tieso.
Si pudiera ayudarte.
Daría cualquier cosa por... ¿Tú me ayudarías?
Sí.
No te asustes, lo tengo todo pensado desde hace años para que nadie acabe en
cárcel. Tengo ya varios amigos que están dispuestos a ayudarme.
Solo hace falta una persona.
Una persona valiente, como tú. No.
No.
Ayudarte a sanar.
No a morir.
Venga, chicos.
Vamos allá.
Ponte, ponte aquí conmigo. No, por aquí no cabe.
Que no cabe, por aquí no cabe.
Hermano Andrés.
Bueno.
Mira.
Vete tú arriba, por favor.
Y dile a Ramón lo siguiente.
Dile...
Y
como estamos dentro de la eternidad, no nos pertenece la vida. Entonces, claro,
llevamos a un extremo ridículo el sentido burgués.
¿De la propiedad privada?
Bueno... Ay, que me da algo.
Pero si... Pero si la iglesia fue siempre la primera en sacralizar la
privada.
Pero eso no se lo puedo decir.
¿Cómo que no? Se lo digo.
Mi vida. Mi libertad para elegir mis creencias. No, sus
creencias. Y decidir sobre su vida.
Bueno, pues tú dile que...
¿Por qué la Iglesia mantiene con tanta pasión esta postura de terror a la
muerte? ¿Por qué sabe que perdería gran parte de su clientela si la gente pierde
el miedo al más allá?
Al más allá.
Y le recuerda que según las encuestas, el 67 % de los españoles estaría a favor
de la OTAN. Muy bien, muy bien, muy bien. Pues tú dile que las cuestiones
morales no se resuelven mediante encuestas.
Porque la mayoría del pueblo alemán... Porque la mayoría del pueblo alemán
también estaba a favor de Hitler.
Bueno, hoy me comparo con Hitler. ¿Por qué eso no me jodería?
No, no, eso no, eso no.
Pregúntale qué tiene que ver Hitler con la magnesia y la gimnasia.
¿La magnesia? No, no, espera.
Padre Francisco,
¿me oye usted?
Sí, le oigo, Ramón, le oigo.
¿Pero por qué me trae el culo con las témoras?
Espero que no haya venido aquí a hacer demagogia, que de eso ustedes los
jesuitas saben mucho.
No, no, no, claro que no.
Pero, ya que habla usted de demagogia, amigo Ramón,
¿No le parece a usted que lo demagógico es decir muerte con dignidad?
¿Por qué no se deja usted de eufemismo si lo dice así, lisa y llanamente?
Con toda su crudeza. Me quito la vida y ya está.
No deja de ser el primero en el que muestre usted tanta sensibilidad ante mi
vida. Teniendo en cuenta que la institución que usted representa acepta
hoy nada menos que la pena de muerte. Y condenado durante siglos a la hoguera a
los que no pensaban correctamente.
Ahora el que está haciendo demagogia es usted.
Sí, claro.
Pero dejándonos de eufemismos, como usted dice, eso es lo que habrían hecho
conmigo, ¿no?
¿Eh? ¿Quemarme vivo?
¿Quemarme por defender mi libertad?
Amigo Ramón.
Amigo, dice. Amigo Ramón, una libertad que elimina la vida no es libertad. Y
vida que elimina la libertad tampoco es vida.
Y no veanme, amigo.
Y déjenme en paz.
Pues ustedes, ustedes que parece buena gente, denle ganas de vivir a este buen
hombre.
Demuéstrenle que la vida no es solo mover los brazos o correr de un lado
otro o pegarle patadas a un balón.
¿Qué coño?
La vida es otra cosa, de verdad.
La vida es mucho más.
Y se lo digo yo.
¿Y qué quiere que hagamos?
Que le pongamos una mordaza en la boca para que no hable.
O que le toquemos en un sonajero, como a los niños pequeños.
Mire, salió usted por la televisión y dijo una cosa que es que yo no me la
quitar de la cabeza.
No me la déjalo.
Dijo que la familia de Ramón no le daba suficiente cariño.
Pues para que lo sepa, que en esta casa no se dejó de querer a mi cuñado ni un
solo día, ni uno.
Que para eso vengo yo cuidándolos de hace muchísimos años y... Y lo quiero
a un hijo.
Yo no sé cuál de ustedes dos tiene la razón.
Y no sé si es verdad eso que dice usted de Dios, de que la vida le pertenece a
él, que no es nuestra.
Pero sí que sé una cosa.
Rosa, te dije que no hace falta. Que a Ramón ya lo afeité yo. Ya, pero es que
sé una manera para que quede mejor.
¿Jabón dónde tienes?
Yo no siento nada.
Seguro que hay un niño.
De siete meses, guapo.
Pues no se mueve.
Tú sí que no te mueves. Ahora, ahora. Ah, ¿ves?
Se alegra de verte.
¿Cómo se va a llamar?
No, no lo tenemos muy claro.
Bueno, póndale Ramón.
Y así cuando un día se pregunte por qué, pues le contéis mi historia.
Ya. Mejor se la cuentas tú, ¿no?
Hay alguien más que también se va a alegrar mucho de verte.
A modo, Javier, ¿no?
No, así no.
Sí, es que sí. Ah, bueno, cállese.
¿Y cómo lo dijisteis?
Bueno, pues era una sorpresa. Claro.
Esto sí que es un regalo de rey.
Voy a abrir un poco, que aquí hace un calor.
Mejor vamos saliendo, si dejamos de los un rato. Venga.
¿Vamos?
Vamos.
¿Qué tal, Marimero?
Tomas café.
¿Qué tal, Rosa?
Bien.
Me contó Ramón que ya habías conseguido otro trabajo.
Sí, cuidando a unos viejitos.
Oye, ¿la mujer esta se va a quedar mucho?
Un par de semanas.
Depende de lo que les lleve a trabajar en el libro.
Bueno, pues supongo que hoy ya no voy a poder afeitarlo.
Venga, hasta otro día.
Adiós. Adiós, Rosa.
Bien, los jueces tienen las manos atadas por la legislación.
Bueno, lo que vamos a intentar es conseguir un pronunciamiento en el que
recomiende al gobierno... La reforma del Código Penal. El Gobierno.
El Gobierno no está más que para servirnos, Javi. Tu tío es mucho más
importante.
El juzgado de primera instancia no se atreverá a darnos la razón. Con eso ya
contamos.
Pero donde no podemos fallar es en la audiencia provincial.
Javier,
ayúdame con las vacas.
Venga.
Mira.
Hay que convencer a los jueces de que Ramón es una persona serena y
completamente lúcida.
Si declarase el mismo, nos ayudaría muchísimo.
Manuela, hay que sacar a Ramón de Carla.
¿Puedes saber qué facías ahí dentro?
¿Sabes lo que estás hablando?
¿Qué es lo que quieren?
¿Qué es lo que hago?
Cérrame en la habitación. ¿Te das cuenta de qué es lo que quieren, Javier?
A ver, ¿qué es lo que pasa si caen en los servicios?
Que a tu tío le ponen una inyección y daña la muerte, como a un can.
Pero no lo vuelves a ver.
No lo vuelves a ver, Javier.
¿O crees que la muerte va a ir bien, eh?
A ver si pesas con la cabeza, que la muerte es una cosa muy seria.
¿Oyes? Tu tío muere a poderes y no lo vuelves a ver. Déjame.
¡Javier!
No es que no le apetezca, es que no quiere la silla.
No la quiere.
Para sacarlo de casa una vez o dos al año es un triunfo. Pues esta tiene que
una de las veces, Manuela. Es muy importante que Ramón haga este viaje.
¿Y eso cuándo sería?
Yo calculo que la vista tendrá lugar en primavera.
O sea que hay tiempo para planteárselo.
Solo hay una cosa peor.
Que se te muera un hijo.
Que quiera morirse.
Bueno, a trabajar.
Eternamente, mi seductor amante.
Amado amor.
¿Realmente hueles el mar desde aquí?
Sí, a veces por la mañana sí hay brisa.
Y está la ventana abierta, sí. No huele como si estuviera ahí mismo.
Sí que tienes buen olfato.
Sí, el olor es probablemente lo que me provoca sensaciones más intensas.
Más fantasías.
¿Velor? Sí.
Es lo primero que imagino cuando tengo alguna ensoñación contigo.
Vaya.
¿Y de qué van esas ensoñaciones?
De muchas cosas.
Solo tienen algo en común.
En todas puedo moverme.
Entonces...
Me levanto y viajo hacia donde imagino que estarás en ese momento.
Y si me imagino que estás aquí, por ejemplo, pues simplemente me acerco
hacia ti y hago lo que tantas veces desee poder hacerte.
Entonces, el dolor se vuelve más fuerte.
Pero si le traigo unas pilloas.
¿Ves? Pero Rosa, que sé que le gusta. Entiende. Las hice yo. Pero mujer, mira,
ya te dije que no tienes que cocinarle nada.
Ni lavarlo, ni afeitarlo, ni nada de nada. Que a Ramón yo lo atiendo yo. ¿Me
entiendes?
Bueno, pues entonces que me lo diga él.
No, ya me lo dijo él a mí.
Y además ahora está muy ocupado, ¿sabes?
¿Qué está? ¿Con ella?
Ojalá fuera yo también abogada.
Pero claro.
Pero no llores, Rosa. No llores.
Claro que quiero verte, mujer.
De verdad, que solo eres... Rosa.
Rosa.
¿Te importa marcarme el número otra vez?
Y dejarme solo un momento.
¿Qué hay entre esa chica y tú, Ramón?
¿Por qué?
¿Por qué tengo que darte ninguna explicación?
Aquí no está ocurriendo nada.
Que me avisaras ayer no significó nada.
Mírate.
Mírate ahí sentado.
Mírate.
Mírame a mí.
¿Dónde vamos, Julia?
Míranos.
No he terminado.
No pienso en lo que me ha pasado.
Pues sí, lo pienso.
Muchas veces.
Todos los días es como si fuera una pesadilla.
Y sé que esto solo puede ir a peor y a peor hasta quedarme como un vegetal.
Así que he llegado a la conclusión.
Decirlo.
Me gustaría ayudarte.
No lo conto.
No dices nada.
Yo sé que no te lo esperaba.
Casi hemos terminado el libro y... Yo me voy a Barcelona y busco un editor y...
Y lo publicas.
Y luego vuelvo.
Con el primer ejemplar.
Este mismo día, Ramón.
Este mismo día.
Escúchame, escúchame. En el peor de los casos se ganaría la opinión pública.
Mira, si el fallo es negativo, la polémica será mucho mayor.
Ay, no seas cabezona, de verdad, ¿eh? Es que no entiendo por qué... Sí, sí.
Una noticia que noticia.
Marco, por favor, ¿fes a favor de Miranda Van? Vale, a esticlos, esticlos.
¿Qué es lo que ha pasado, Ramón?
Entiendo, entiendo, Ramón, pero aún así, aún así.
Escúchame, escúchame.
Nadie da este paso.
¿Ves que todo el mundo esconde la cabeza?
Y actúa de caparillo.
No intenta, al menos, plantarle cara al Estado, a los jueces o a diferentes...
Tengo, tengo.
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no,
Pues igual es perder el tiempo, pero mañana, eso que tú hiciste, lo mismo le
vale a alguien.
Bueno, pues vamos a verle la cara a esos jueces, hombre.
Javi, ¿dónde está la silla?
La silla.
Yo qué sé, estará en el trastero. Bueno, pues quiero que la saques y la limpies.
Después traes aquí a abuelo y os explico.
Que le vamos a hacer unos arreglos.
Venga, hombre.
¿Vas a poner el motor?
Tienes que cortar por aquí y por aquí. Que se mueva el respaldo, ¿no? Eso es.
Mira, ves ese tubo de abajo.
Pues hay que cortarlo.
Y después lo subís con tuercas para que se muevan como una bisagra.
¿Te estás enterando?
Que sí, que sí.
Me gusta, papá.
Va a tener que estar medio tumbado, Fidín.
A ver si va a dormir en el servicio.
Tú mirá, si no es nada interesante, papá.
Y si abres una almohada para apoyar la cabeza, no vaya a ser que caiga para
atrás y me rompa el cuello.
Déjame. No pilles.
Me rompo el cuello.
Me rompo el cuello.
Abuelo.
Mire, para ayudar más y mejor no haga nada.
No te estaré apretando mucho.
A mí me lo preguntas.
Eh, un momento, por favor.
Ramón. Manuel, por Dios, que así aún voy a estar más ridículo.
Mejor esto que pillar un resfriado.
Y vosotros nada de quitarse.
De Ramos San Pedro, ¿verdad?
Yo tenía yo ganas de llevarlo, hombre.
Carayo, ¿cómo está esto?
¿De quién hemos matado?
Ramón, ¿te sientes solo teniendo en cuenta que hasta ahora eres el único
que ha solicitado la eutanasia activa?
Bueno, soy el primero en solicitarla públicamente, ¿no? Pero esto lleva
haciéndose de modo clandestino desde hace muchos años.
¿Qué esperas de los jueces? ¿Qué vas a decirles?
Bueno, yo solo quiero decirles que estoy en plena posición de mis facultades
mentales.
Silencio.
Silencio, por favor.
En un Estado que se declara laico, que reconoce el derecho a la propiedad
privada y cuya Constitución recoge también el derecho a no sufrir torturas
tratos degradantes,
Cabe deducir que quien considere su condición degradante, como Ramón San
pueda disponer de su propia vida.
De hecho, nadie que intente suicidarse y sobreviva es procesado después.
Pero cuando se necesita la ayuda de otra persona para morir con dignidad,
entonces el Estado interfiere en la independencia de las personas y les dice
la vida que viven no es suya, que no pueden disponer de ella.
Esto, señoría, solo puede hacerse... basándose en creencias metafísicas, es
decir, religiosas, en un Estado, repito, que se declara
laico.
Señorías, yo les pido una respuesta jurídica, pero sobre todo racional y
Y ahora, con la venia de la sala, Ramón San Pedro, que se encuentra sentado
entre el público, querría leerles un breve escrito.
No ha lugar.
Señorías, mi cliente desea dirigirse a ustedes directamente para que oigan de
propia voz. ¿Usted conoce el procedimiento tan bien como nosotros,
Por supuesto que lo conozco, lo conozco perfectamente.
Pero discúlpenme, señorías, no pensé que fuera tan irrelevante o tan
improcedente dedicar tres minutos de su tiempo, tres, para escuchar a un hombre
que lleva esperando 28 años. Si usted quiere cambiar el procedimiento, cambie
las leyes.
Sí, ya, desde luego, eso ya lo sé yo. Muy bien.
Este caso queda pues visto para sentencia.
Bueno,
ya
sabía yo que te lo ibas a tomar al guaso.
Eso es lo que hacen todos los hombres, reírse de mí.
Tú me ibas a echar menos. Rosa, perdóname.
Es que últimamente me...
Está pasando un poco de todo, ¿sabes? Y... Y bueno, estoy un poco abrumado.
qué? ¿No se puede enamorar nadie de un tetrapléjico o qué?
¿Tan raro te parece?
Bueno... Quizá deberíamos aclarar algunas cosas, ¿no?
Sobre todo si estamos hablando de algo tan complejo como es el amor.
¿Complejo? Sí, complejo, Ross.
Por mucho que tú me digas ahora que... Que me amas... Pues yo nunca podré estar
seguro de cuánto de real hay en tu amor y... O cuánto de idealización...
De un hombre que quisiste encontrar y no pudiste. O no duró. ¿Pero qué novia me
estás soltando, Ramón?
A mí no me líes.
O se ama o no se ama. El amor no se puede razonar.
Bueno, si ya sabes así.
A ver, ¿qué quieres que haga? Me voy a vivir contigo.
A mí me basta con saber que puedo ir a verte de vez en cuando.
Pues claro que puedes, mujer.
Sí,
pero ¿por cuánto tiempo?
Pero, Rosa, no miras a pedir ahora que siga viviendo por ti, ¿no?
¿Y si te dijera que... que tú me
das fuerzas para vivir, Ramón? A ver, a ver.
Para, para este momento.
Para.
Siéntate ahí.
Vamos a ver.
¿Tú quieres a tus hijos?
Claro. ¿Cómo no los voy a querer?
Bueno, pues ahí tienes la fuerza para vivir.
No me caigas con esa responsabilidad, Rosa.
¿A eso le llamas a amar?
¿A retenerme contra mi voluntad?
Mira, la persona que de verdad me ama es precisamente la que me ayuda a morir.
Eso es amarme, Rosa.
Eso es amarme.
Querida Julia.
Ayer me fue comunicada la sentencia de la audiencia provincial.
Los jueces entienden que quiera morir, pero recuerdan que auxiliarme sería un
delito penalizado.
En otro tiempo, esto me habría afectado mucho, sumiéndome en ese callejón sin
salida, donde los días y las noches no acaban nunca.
Pero ahora, siendo que todo se precipita y que la publicación del libro llegará
de un momento a otro.
Y con él volverás tú, Julia.
Mi Julieta.
Será la muerte más dulce que jamás hubiera imaginado.
Será amor puro y compartido.
Y será el regreso al equilibrio.
Por fin, el equilibrio.
Un beso, querida amiga.
Venga, hasta luego.
¿Te lo haces?
Es el libro.
Mira, es el libro. Sale esto en la portada.
Qué bien huele.
Es para ti.
Voy a enseñárselo a mamá.
Con esta vida Te voy a dar un tranquilizante ¿Por qué? ¿Por qué me
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Qué tal estás?
Bien.
¿Qué hora es?
Las once.
Hoy no te quise despertar.
La chica de Boiro ya llamó tres veces.
¿Y qué quiere?
Dice que tiene que hablar contigo de una cosa importante.
Para ella siempre es importante.
Bárcame el número.
Pero vas a llamarla tú.
Espera que llame ella, mejor. Casi casi no tiene para el teléfono.
Marca el número, por favor.
Ay, desde luego, Ramón.
Eres un pedazo de pan.
¿Ramón?
Tengo que verte, quiero hablar contigo.
Como dijiste, que te llamara siempre antes de visitarte.
Voy a ir ahora.
Mira, Ramón.
Tú dijiste que tenías un plan o algo así.
Que... Que pensaras una manera de hacer eso que quieres.
Si los jueces no te daban la razón. Sí, pero ya te pedí perdón por eso, ¿no? Te
dije que lo olvidaras.
Sí, pero es que no puedo.
No puedo, ¿sabes?
Porque ahora, el mes pasado, por ejemplo, la audiencia ya dijo que no.
O sea que igual lo estás pensando hacer.
Y eso es lo que tanto te preocupa.
Que me salga con la mía.
¿Entonces lo vas a hacer?
No es tan fácil, pero tranquila.
Que tú serás la última persona en enterarte.
Ramón.
Es que me di cuenta.
¿Entiendes? Me di cuenta de lo que me dijiste en Coruña.
La persona que de verdad me ame será la que me ayude.
Yo estoy bien segura de lo que siento, Ramón.
Yo te amo.
¿Tú quieres que yo te ayude?
No bromees, Ramón.
¿Tú quieres que yo te ayude?
¡Oíches! ¡No podéis hacer que eso pase! ¿Qué vas a hacer?
¿Qué vas a hacer?
¿No vas a traer a la cama más de lo que ya estoy?
¿Eh? ¿O me vas a atiborrar las omníferas como hacían en el hospital?
Nadie va a impedir que salga de aquí, ¿eh? ¡Ay, no! ¡Y menos tú! ¡Ay, no! ¡Y
menos tú! ¡Eso ya veremos!
¡Oye, que no pinto nada en esta casa!
¡Sobo todo, Iván Mayor!
¡Sobo cabeza de familia!
¿Tú piensas que eso significa sea algo para mí?
¿Eh? A mi edad.
Para mí lo que cuenta es lo que las personas tienen en la cabeza, hombre.
Y tú no tienes más que ese ritmo.
Pero yo no voy a seguir siendo esclavo de tu ignorancia, ¿eh? Y de tu
de monaguillo. ¿Yo qué?
¡Yo no soy un esclavo también!
¿O cómo crees que me sentí cuando tuve que dejar de ir al mar?
¿Para venir aquí? ¿A vivir en esta horta de verdad?
¿Eh?
¿Para estar contigo? ¿Para estar solo contigo?
¡Yo! ¡A mi mujer y a mi hijo!
Tu tío se va a Boiro.
¿A Boiro?
¿A qué?
A pasar una temporada, dice.
Se va con la mujer esa, Rosa.
¡Hala! ¿Se van a casar?
Se van a casar.
¿Y cómo es eso de que te vas?
¿Qué ves?
¿Por cuánto tiempo?
Quiero regalarte mi libro.
¿Lo ves ahí?
¿Pero no van a salir más o qué?
Sí, claro. Pero ese es el primer ejemplar.
Ábrelo por la marca.
¿A mi hijo?
Sí.
A mi hijo.
Perdóname, hijo, por no haber nacido.
No fue culpa mía el dejarte atrás.
Fueron las rosas las que tuvieron miedo.
Perdóname por no haber podido jugar contigo. No sé si habrás nacido después
pasar yo.
Recuerda siempre que te sigo queriendo.
Dale un beso a tu madre de mi parte.
Y no me guardes rencor.
Odiar no es bueno.
Muy bien.
¿Entendiste? Sí. A ver.
Pues trata de un hijo que nunca tuviste.
Entonces es como si le estuvieras hablando.
Y le pides perdón por no haberlo tenido.
Muy bien.
¿Pero qué añadí yo ahí abajo?
A Javier.
¿Entonces?
¿Entonces qué?
¿No ves lo que quiero decir?
Pero yo no soy tu hijo.
Claro que no.
Pero si yo te estoy dedicando ese poema, significará algo, ¿no?
Pero yo no soy tu hijo.
Yo no sé qué es lo que se enseñan en la escuela, ¿eh?
Venga, marcha, hombre.
Marcha.
Ahí soy todo más raro.
Sí,
me lo contó Rosa esta tarde.
Estará sin paciente.
Oye, Ramón, que he estado... me estoy informando sobre eso que ya sabes.
Bueno, pues eso, lo de... El polvito.
El polvito, sí.
Hay que calcular una dosis exacta de 200 miligramos.
De todas formas, es probable que sea un poco doloroso. Mejor que lo sepas.
Sí, sí, lo entiendo. O sea que esto es la despedida.
A lo mejor así.
Vale, vale, vale, pues déjame decirte una cosa.
Ramón, piénsatelo todas las veces que haga falta. No te sientas presionado.
Quiero decir que si vas a hacer lo que no sea por tratar de dar ejemplo, por no
defraudarlo... O a nosotros, a la asociación, que nadie te empuja a verlo
quieres, ¿me entiendes?
¿Me entiendes, Ramón?
Pero tú también, Gemma.
Perdóname, Ramón.
Pues buen viaje.
Adiós, conmola.
Y tú portate bien, ¿eh, Javi?
Ya entendí lo de la poesía.
Cuida de tu abuelo, ¿eh?
Cuida de tu abuelo.
Bueno, Ramón, ahí voy.
Cierra y abra la puerta, chaval.
Venga, tierra!
¿Por qué se le perdió a usted en Boiro, jefe?
Me voy a la playa.
A cambiar de aires.
¿Cambiar de aires?
Eso está bien, hombre.
Es lo mejor que encontré con el dinero que me diste.
Y les dije lo de las vistas.
¿Te gusta?
¿Dónde hay que firmar?
¿Para qué?
Para casarse contigo.
Se quedó frito.
Bueno, me muevo.
Si es verdad que he vivido después de la muerte.
Ya sé que te va a parecer una tontería, ¿no?
Pero... Por favor, mándame una señal.
¿Una señal? Lo que sea. Yo nunca le tuve miedo a los espíritus.
Estaré muy atenta, muy atenta.
Esperando. ¿Lo harás?
Claro que sí.
Lo que pasa... Lo que pasa es que... Entre tú y yo, yo creo que...
Después de morirnos, no hay nada.
Es igual que antes de nacer.
Nada.
¿Y cómo estás tan seguro, Ramón?
Eso no lo sabe nadie.
No estoy seguro. Lo sé que no.
Lo que pasa es que es un pálpito.
Es como cuando mi padre mira al cielo y dice, mañana vais a ver.
Y llueve.
Es un presentimiento.
Pero no olvides una cosa.
Yo voy a estar en tus sueños.
Voy a venir por la noche a tu cama y vamos a hacer el amor.
Y por si no te lo digo en tus sueños, te lo digo ahora.
Gracias, Rosa.
De todo corazón.
Señores jueces, autoridades políticas y religiosas, ¿qué significa para ustedes
la dignidad?
Sea cual sea la respuesta de sus conciencias, sepan que para mí esto no
dignamente.
Yo hubiera querido, al menos, morir dignamente.
Hoy, cansado de la desidia institucional, me veo obligado a hacerlo
escondidas, como un criminal.
Que el proceso que conducirá a mi muerte fue escrupulosamente dividido en
pequeñas acciones que no constituyen un delito en sí mismas y que han sido
llevadas a cabo por diferentes manos amigas.
Si aún así el Estado insiste en castigar a mis cooperadores, yo les aconsejo que
les sean cortadas las manos, porque eso es lo único que aportaron.
La cabeza, es decir, la conciencia, la puse yo.
Como pueden ver, a mi lado...
Tengo un vaso de agua conteniendo una dosis de cianuro potásico.
Cuando lo beba habré dejado de existir, renunciando a mi bien más preciado, mi
cuerpo.
Considero que vivir es un derecho, no una obligación, como ha sido en mi caso.
Obligado a soportar esta penosa situación durante 28 años, 4 meses y...
Y algunos días.
Pasado este tiempo, hago balance del camino recorrido y no me salen las
de la felicidad.
Solo el tiempo que discurrió contra mi voluntad durante casi toda mi vida
será a partir de ahora mi aliado.
Solo el tiempo y la evolución de las conciencias decidirán algún día
si mi petición Era razonable o no.
Oye, ¿me va a entender?
Bueno, quiero decir, si sigue bien las conversaciones.
Sí, sí.
Bueno, a ratos le cuesta un poco, pero... Bueno, pues voy a verla.
Hasta ahora. Hasta ahora.
Hola, Julia.
Hola. ¿Qué tal?
Muy bien. ¿Y tú?
Aquí.
Menuda casa que tenéis.
Es preciosa.
Bueno, ya sabes que Ramón me dejó muchas cartas.
Yo creo que hasta le divertía ir por ahí dejando escritos después de muerto.
El caso es que el otro día me encontré esta carta para ti.
¿Qué era?
¿Ramón?
Ramón San Pedro.
Tu amigo Ramón.
Ya os presenté.
Mal adentro.
Mal adentro.
Y en la ingravidad del fondo, donde se cumplen los sueños, se juntan dos
voluntades para cumplir un deseo.
Tu mirada y mi mirada.
Como un eco repitiendo, sin palabras, más adentro. Más adentro.
Hasta el más allá del todo, por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre.
Y siempre quiero estar muerto.
Para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.
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