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Muy bien, niños.
¿Estáis cómodos?
Entonces empezaré.
Esta historia comenzó hace miles y miles de años, pero terminó en tan solo siete
días. Por aquel entonces, ninguna de las cosas que podemos ver ahora, el sol, la
luna, las estrellas, la tierra, los animales y las plantas, ninguna de ellas
existía.
Solo existía Dios, y solo Él pudo hacerlas.
Supongo que habrá muerto, como todos.
Ah, de tiempos aquel.
Señor Tartle, su pelo.
Sí. Buenos días, señora.
Verá, veníamos para... Ah, sí, claro.
No les esperaba tanto.
¿Usted es?
Soy Berta Mills, señora.
Y este es Edmund Tatel.
Encantado, señora.
Usted debe ser el jardinero.
Sí, claro, el jardinero.
Y esta jovencita se llama Lidia.
¿Tienes mucha experiencia sirviendo?
No deje que su cara angelical la confunda.
Es mayor de lo que parece.
¿Sabe plantar?
¿Qué te pasa? ¿Te ha comido la lengua el quinto?
Señora, no puede hablar.
La pobrecita es muda.
Pero es muy trabajadora.
Se lo prometo.
¿Está bien?
Está bien. Después de todo lo anterior hablaba demasiado.
Síganme. Señora Mills, usted y la chica dormirán en la habitación del desván, al
final de la escalera.
Y usted, señor... Date, señora.
Usted puede dormir en la cabaña, en la parte de atrás.
Como ven, las tareas domésticas están muy descuidadas.
Los criados desaparecieron hace casi una semana.
¿Quiere decir que se esfumaron?
Sin dejar rastro.
Sin avisar nada, ni siquiera cobraron su salario. Simplemente se fueron sin más.
Pronto descubrirán que a veces esta casa no es precisamente un hogar ideal.
Por eso en el anuncio del periódico pedía gente seria y trabajadora.
Nosotros somos muy serios y trabajadores. ¿No es cierto, señor
muy serios. Y muy trabajadores.
La cocina.
Yo desayuno a las ocho.
Los niños a las nueve. La comida... Sirve a la una y la cena a las siete y
media. ¿Y el señor, señora?
El señor se fue al frente.
Hace año y medio.
No he recibido noticias desde el final de la guerra.
¿Quién se encarga de la cocina?
Lo siento mucho, señora.
¿Quién se encarga de la cocina?
¿Se han fijado en lo que estoy haciendo?
En esta casa.
Ninguna puerta debe abrirse sin cerrar primero la anterior. Es vital que
recuerden esto.
No es tan fácil como parece.
Hay 15 llaves diferentes para las 50 puertas, dependiendo de la zona de la
en la que se encuentren.
Señora Mill, a partir de mañana dejaré un juego de llaves a su cargo.
Sí, señora.
La sala de música.
Este viejo piano ya estaba aquí cuando llegamos. Por favor, no permitan que los
niños lo aburran.
El silencio es algo que apreciamos mucho en la casa.
Por eso no hay teléfono, ni radio, ni nada que haga ruido.
Oh, y tampoco tenemos electricidad.
Durante la guerra los alemanes la cortaban continuamente y aprendimos a
sin ella.
Sigamos. Señora, ¿no es necesario que nos enseñe toda la casa? Sí.
Sí que lo es.
Porque la mayor parte del tiempo apenas verán por dónde van y les costará
distinguir si hay una mesa, una silla, una puerta.
Una para dos.
O uno de mis hijos jugando al escondite.
¿Qué quiere decir, señora?
Creo que es hora de que les presente a los niños.
Señor Tuttle, usted ya puede ir al jardín. Encontrará herramientas en la
Sí, señora.
Ustedes vayan cerrando las bombillas.
Todo.
Voy a despertarlos. Esperen aquí.
Y no se les ocurra abrir las cóspidas.
Venga, vamos.
Los ojos cerrados, las manos juntas.
Bendigo en la luz del día a Jesús que me la envía.
Bendigo a la Virgen pura que con ella me saluda.
Jesús, José y María, todos los santos y buenos días.
Aún están medio dormidos.
¡Qué encanto de chiquillos!
Bien.
¿Qué se dice?
¿Cómo está usted?
¿Cómo está usted?
Bien. ¿Y vosotros, niños?
Yo soy la señora mía. Pero podéis llamarme Berta, si queréis.
¿Cómo os llamáis?
Anne. Nicolás. Anne y Nicolás.
¡Qué nombres tan bonitos!
¿Usted va a ser nuestra nueva nanny?
Sí, preciosos. Soy vuestra nueva nanny.
Es hora de desayunar.
Lidia, ve a la cocina y cierra todos los postigos.
Los médicos aún no han encontrado un cura.
¿Para qué?
Para su afección.
Los niños padecen una grave alergia a la luz.
Son fotosensibles y jamás deben exponerse a una luz más fuerte que esta.
De hacerlo en cuestión de minutos se llenarían de llagas y de ampollas.
Y empezarían a asfixiarse. A largo plazo podría ser fatal.
Dios mío.
No me gusta esa tostada.
¿Por qué no?
Sabe rara.
Me gustaban más las de antes.
Bueno, sería porque antes las hacían otras personas.
¿Y cuándo volverán?
No volverán, cielo.
Igual que papá.
Papá sí que va a volver.
Señora Mills, nuestro padre está luchando en la guerra de Francia, ¿sabe?
Es la guerra mundial. Ya lo sé, pero es en Francia. Ya está bien, charlatanes.
Acaban de desayunar.
¿Usted nos dejará también?
Por supuesto que no.
¿Por qué iba a dejaros?
Los otros dijeron lo mismo, pero se fueron. Y luego pasó.
¿Por qué no te callas?
¿Qué quieres decir, Ana?
No pasó nada.
Sí que pasó. No pasó nada.
Sí que pasó.
Silencio.
¿Qué ocurre aquí?
Quiero ver esos platos vacíos en menos de un minuto. ¿Está claro?
Señora Mills, ¿puede venir un momento?
Tengo que hablar con usted.
El cartero suele venir los miércoles.
Pero acabo de mirar el burlón y esta semana no ha pasado.
Señora, me temo que no la comprendo.
Esta carta debería haber sido recogida y entregada al telético hace cinco días.
Es un anuncio solicitando servicio.
Puesto que no se ha publicado, ¿podría explicarme qué están haciendo aquí?
Ahora lo entiendo.
Verá, eso es exactamente lo que iba a decirle cuando usted nos abrió la
Lo cierto es que solo vinimos por si acaso.
Una casa tan grande siempre necesita a alguien que la conozca a fondo.
¿Quiere decir que ya han servido en una cara como esta?
Puede que le sorprenda, señora.
Pero de hecho ya hemos trabajado aquí.
¿Sí?
Sí, bueno, fue hace algunos años.
Y si me permite decirlo, señora, fueron los mejores años de mi vida.
Por eso vinimos, porque esta casa significa mucho para nosotros.
Será mejor que le enseñe mis referencias, señora.
No, no, no.
No se moleste, no es necesario.
Dice usted que conoce bien la casa.
Como la palma de mi mano.
Suponiendo que a las paredes no les hayan salido patas y se hayan movido
mientras tanto.
Lo único que se mueve aquí es la luz.
Pero lo cambia todo.
No me gustan las pantallas.
Las ideas extrañas, ¿me comprende?
Sí, creo que la comprendo. A veces mis hijos tienen ideas extrañas.
Pero no debe hacerles caso, señora Mills.
Son cosas de niños.
Sí, claro, por supuesto.
De acuerdo.
Pueden quedarse.
Muchas gracias, señora.
El pretor romano intentó hacerles cambiar de idea después.
Hacerles cambiar de idea, punto.
Después ordenó que los asaltaran. Pero justo y pastor, en vez de asustarse, se
regocijaron y se mostraron dispuestos a morir por Cristo.
Al ver esto, el pretor romano montó en colera y mandó que les cortaran la
cabeza.
¿Qué os hace tan padre?
Bueno, ¿qué?
Esos niños eran estúpidos.
¿Por qué?
Porque dijeron que solo creían en Jesús y los mataron por eso.
¿Y qué habrías hecho tú? ¿Negar a Cristo?
Pues sí.
Por dentro seguiría creyendo en él, pero a los romanos no se lo habría dicho.
¿Eso piensas tú también, Nicolás?
Entiendo.
Así que los dos habríais mentido hasta el punto de negar a Cristo.
Os habríais librado de que los romanos os cortaran la cabeza, claro.
Pero ¿qué habría pasado después?
¿Cuándo? En la otra vida.
La que nos espera después de la muerte. ¿A dónde habríais ido?
¿Nícolas? Los niños que mienten van al limbo. ¿Y qué es el limbo, Anne?
Uno de los cuatro infiernos.
¿Qué son?
¿Qué son?
Está el infierno donde van los condenados, luego el purgatorio, el seno
Abraham donde van los justos y el limbo donde van los niños. En el centro de la
tierra, donde hace mucho, mucho calor.
Ahí es donde van los niños que dicen mentiras, pero no se quedan allí mucho
tiempo. No, no, están condenados.
Para siempre.
En el mundo.
Tratad de imaginar.
Cerrad los ojos.
Cerrad los ojos y tratad de imaginarlo.
Siempre.
Penas.
Para siempre.
Me estoy mareando.
¿Entendéis ahora por qué justo y pastor dijeron la verdad?
Abrid vuestros manuales por la lección. ¿No podemos ir a jugar?
Por supuesto que no podéis. Primero os leeréis la lección y luego os la
aprenderéis de memoria.
¡Toda! Han una propuesta más y no podrás ir a jugar en todo el día.
De hecho, estudiaréis en ediciones separadas.
¡No, no, no! Sí, sí, sí.
Pero separados nos da miedo. Os da miedo, como si no conociérais esta casa.
¿Ya te ha contado tu hermana alguna de sus historias? Yo no le he contado nada.
Si ves un fantasma le dices hola y continúa acertudiendo.
Anden conmigo a la sala de música.
¿Por qué yo?
Porque yo lo digo. Vamos, coge tu libro.
Nicolás, quiero que te aprendas esa lección en menos de una hora.
Mami. ¿Qué?
Un beso. Dame un beso, dame un beso, dame un beso. Anne, espérame fuera.
Sabes que no puedo.
Ponte.
Señora, cierre todas las cortinas.
Mi hija va a pasar por el salón.
Sí, señora.
Ya.
Mamá no puede estar contigo.
Y así el miedo se irá. ¿No lo hará? Sí, claro que sí. En serio.
Todos vivimos en una casa con nuestra familia.
Normalmente la familia está compuesta por los padres, los hijos y los abuelos.
Debemos ser obedientes y amables con los demás miembros de nuestra familia.
Y nunca debemos discutir ni pelearnos con nuestros hermanos y hermanas.
¿Tiene usted hijos?
No.
El señor Tatri y la chica Lidia son todo lo que tengo.
Y ellos a mí.
Nació así.
¿Cómo dice, señora?
¿La chica nació muda?
No.
Aquí ya he terminado. Si me disculpa, iré a ver si el señor Tattel necesita
le eche una mano.
¡Nicolás, ya voy!
¡Nicolás! ¿Qué pasa?
¿Por qué llorabas? No estaba llorando, estaba leyendo.
Pero si acabo de oírte.
¿Por qué llorabas?
Yo no lloraba.
Acabo de oírte hace un momento.
No tienes por qué avergonzarte, cariño. No me avergüenzo. Si hubiera llorado, te
lo diría.
¿Ah, sí? ¿Entonces me lo he imaginado, es eso?
No, ha sido ese niño.
¿Qué niño?
Víctor.
¿Quién es Víctor?
El niño que estaba aquí hace un momento.
Le he dicho que me dejara estudiar, pero no paraba de llorar.
Creo que está muy mimado.
Dice que tenemos que irnos de la casa.
¿En serio?
¿Y por qué lloraba?
Porque no le gusta esta casa, pero tiene que vivir aquí.
Su padre es pianista. Su padre es pianista, ¿eh? Sí.
Y ya le he dicho que no puede tocar el piano.
¿A que no, mamá?
¿O sea que ha hablado con su padre también?
No, solo con Víctor. Su padre está con los otros en el vestíbulo. Acabo de
allí y no había nadie.
Puede que hayan ido arriba.
Están viendo la casa.
Basta ya, Anne.
Ya es suficiente.
¿Por qué llorabas? Era Víctor.
¿Y dónde está ahora? Se fue por ahí.
¿Te importaría decirme cómo un niño entra y sale de esta sala si está
Creí haberlo dejado muy claro.
Ninguna puerta debe abrirse sin cerrar primero la anterior. Es tan difícil de
entender.
Esta casa es como un barco. Hay que contener la luz como si fuera agua
y cerrando las puertas.
La vida de mis hijos está en juego.
Pero señora, yo... ¡No discuta conmigo! ¡Cállese!
¿Quién fue la última que entró en esa habitación?
¿Lidia?
Ella no tiene llave. Ya se lo he dicho.
Pues solo quédate.
Pero yo estuve en el vestíbulo todo el tiempo. Y luego salí al jardín y usted
vio con sus propios ojos. Espero que no esté insinuando que fui yo.
Creo que esta me olvidaría una cosa así que pondría en peligro la vida de mi
propia hija.
No deberías leer en la mesa.
No me digas. ¿Y quién se lo dirá a mamá?
¿Tú?
¿O a lo mejor tú?
¿En serio has visto a un niño?
Sí, se llama Víctor.
Es un fantasma. No seas tonto, los fantasmas no son así.
¿Cómo son?
Te lo he dicho miles de veces. Van vestidos con sábanas blancas y llevan
cadenas. ¿Cómo lo sabes?
Porque los he visto.
Salen por la noche.
Es mentira. ¿Dónde?
Eres tonta. No tanto como tú.
No creo que hayas visto a ese niño.
Peor para ti. Ya nos pedirás que juguemos contigo.
Nicolás.
Nicolás.
¿Qué?
Mira.
¿Por qué has abierto las cortinas?
No he sido yo.
¿Entonces quién ha sido?
Ha sido Víctor.
Lo lleva viendo toda la noche.
Eres una mentirosa, se lo diré a mamá.
¿Soy una mentirosa?
Sí.
Víctor, sal de detrás de la cortina para que el tonto de mi hermano pueda verte.
Déjame tranquilo.
Es un cobarde.
Conoces a mis padres.
Voy a contarse una mamá.
Mira que eres bobo, no soy yo, ¿no lo ves?
Había sido tomado.
Expulsó al hombre y puso delante del jardín del Edén un querubín que blandía
espada flameante para guardar el camino del árbol de la vida.
Ya está. He terminado.
Muy bien.
Ahora puedes pedir a la Virgen que te perdone.
¿Qué? Eso no es lo que acordamos. No acordamos nada, jovencita.
Hoy estás castigada y harás lo que yo te diga. No puedes obligarme a pedir
perdón a la Virgen.
¿Cómo te atreves? Mamá, no voy a pedir perdón por algo que no he hecho. Le
dijiste a tu hermano que había alguien más en la habitación. Y lo había.
¡Mientes! ¡No miento!
Anne.
Anne, ¿recuerdas la historia que leímos de Hurst y Pastor?
Los niños que no dicen la verdad acaban en el limbo.
¿Eso es lo que tú dices?
Pero yo leí el otro día que el limbo es solo para los niños que no están
bautizados. ¡Y yo lo estoy!
Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo.
Él tomó en la mano el fuego y se fueron los dos.
Y dijo Isaac a Abraham, su padre.
Padre mío, ¿qué quieres, hijo mío? contestó. Y él...
¿Ha ido a ver a Nicolás?
Sí, señora.
Está durmiendo como un angelito.
Ian, ¿sigue en la escalera?
Sí, señora.
Preferiría que estuviese donde yo pudiera verla, pero es imposible portar
tan poca luz.
¿Cuánto tiempo más va a durar el castigo? Ya lleva tres días.
Depende de ella.
Tiene que aprender a tragarse el orgullo y a pedir perdón.
Además, ya es hora de que empiece a leer la Biblia.
Bueno, al párroco le complacerá mucho saberlo.
Si se digna hacernos otra visita.
Sabe perfectamente que los niños no pueden salir.
Ayer mismo me dijo que vendría en cuanto pudiera.
Empieza a sentirme totalmente aislada del mundo.
Y esta niebla no es ninguna ayuda. Nunca había durado tanto.
Tiene razón, señora.
Ni siquiera oigo a las gaviotas.
¿Anne?
¡Anne, no te oigo!
Por cierto, señora Mills, he tenido que aguantar el ruido de Lidia correteando
sobre mi cabeza. Ha organizado tal revuelo que parecía que había tres
Por favor, dígale que no es necesario armar tanto alboroto para hacer la
limpieza.
No quiero tener otro ataque de jaqueca.
Se lo diré ahora mismo.
Gracias.
Esta vez ha ido demasiado lejos.
¡Lidia!
¡Lidia!
El ángel de Yahvé... ¿Qué pasa allá arriba?
Nada, mamá. Solo estoy leyendo como me dijiste.
¿Lo has oído tú también?
¿El qué?
Y el ángel de Yahvé llamó a Abraham antes de los cielos por segunda vez y
por mí mismo juro, palabra de Yahvé...
No lo sé.
Ann, dime quién ha hecho ese ruido.
No puedo decírtelo, mamá.
Dímelo. Te dije que había alguien en la habitación y me castigaste.
Ahora ya no sé qué decir. Ann, quiero la verdad.
Dime si hay alguien aquí arriba.
Y por ahí. Y también por allí.
Están por todas partes. Dicen que la casa es
suya.
Y también dicen que van a quitar las cortinas.
Por favor, señora, cálmese. No quiero calmarme.
Durante cinco años de ocupación me las arreglé para que ni un solo nazi pisara
esta casa y ahora hay alguien delante de mis narices.
Abriendo y cerrando las puertas.
Pero, señora, esta casa... La casa es muy antigua. El suelo cruje y las
hacen mucho ruido. Mira un pozo, se lo aseguro. Dos mujeres y un niño. Mamá,
mira.
Lo hice ayer.
Este es el padre, esta es la madre, este es Víctor y esta es la vieja. ¿Y esos
números qué significan?
Las veces que los he visto, a la que más veo es a la vieja.
Señora Mills, busque al señor Patel. Dígale que hay que registrar la casa
inmediatamente. Antes de que anochezca. Sí, señora.
Vamos. Mamá.
No puede pasarte nada estando con mamá.
Mira, mamá.
Ella sí que me da miedo.
Es como si no te mirara, pero puede verte.
Y siempre anda por ahí diciendo, ven conmigo. Ah, no me mientas. Es la
mamá. Y me pregunta cosas.
Víctor me ha dicho que es una bruja. ¿Qué te pregunta?
Cosas.
Tenemos que abrir todas las cortinas. No quiero ningún rincón oscuro donde
alguien pueda escotar.
Ustedes registrarán el lado derecho y yo el izquierdo.
Luego iremos arriba.
A lo mejor son fantasmas que ya vivían en esta casa y que... No seas estúpido,
ya te lo he dicho.
Los fantasmas van de blanco, arrastran cadenas y hacen... Pero Anne, ¿por qué
inventas todas esas historias? No las invento, las leo en los libros. Pues no
deberías creerte todo lo que pone en los libros. Eso es lo que mamá dice.
Dice que todo eso de los fantasmas son chismes. Y luego espera que nos creamos
todo lo que dice la Biblia.
¿Y tú no lo crees todo?
Me creo algunas cosas, pero, por ejemplo, no creo que Dios hiciera el
en siete días.
Y no creo que Noé metiera a todos esos animales en un barco. Ni que el Espíritu
Santo sea una paloma. No, yo tampoco me lo creo. Las palomas no tienen nada de
santas. Y hacen caca en nuestra ventana.
¿Le habéis mencionado algo de esto a vuestra madre?
Señora.
Sí.
Han registrado por todas partes.
No hay nadie.
De acuerdo.
Señora Mill.
Sí, señora.
Sabía usted que puede ser ella.
Es un álbum de fotografías. Pero mire, están todos dormidos.
No están dormidos, están muertos.
Es un libro de difuntos.
En el siglo pasado, según creo, solían retratar a los muertos con la esperanza
de que sus almas siguieran viviendo en las fotografías.
Hay incluso retratos de grupo.
Y niños.
Sí. Es macabro.
¿Cómo es posible que fueran tan supersticiosos?
El dolor por la muerte de un ser querido puede llevar a la gente a hacer cosas
extrañas.
Deshágase de él. No lo creo en la casa.
Sí, señora.
Señora Mill, está de frío. ¿Por qué no viene a sentarse junto al fuego?
Háblame de la otra vez que trabajó aquí.
¿Tenía que cuidar de los niños también?
No, yo era la encargada de organizar las tareas domésticas.
¿Tantas criados había?
Oh, unos quince.
Aunque al final solo quedamos nosotros tres.
¿Por qué?
Mis señores se mudaron a Londres.
Ellos cada vez venían menos, como esto está tan apartado.
Y poco a poco la casa se quedó vacía.
Todo el mundo se va de esta maldita isla.
Mi familia se fue en el verano de 1940, justo antes de la invasión.
Nunca volví a saber de ellos.
No les cuelgo.
El caso es que nosotros también nos fuimos.
Aunque a veces... Cuando abandonas un sitio es como... Sí.
Siguiera contigo todo el tiempo.
Yo siempre sentí que no dejaba esta casa.
¿Por qué se fue?
Oh, a causa de la tuberculosis. Toda la zona fue evacuada.
¿Fue cuando Lidia se quedó muda?
Sí, creo que sí.
Aunque la memoria me falla últimamente.
¿Qué le pasó?
De repente, un día, ella no volvió a hablar. ¿Pero habría
alguna razón?
Las personas no dejan de hablar sin más.
Esas cosas suelen ser consecuencia de algún tipo de trauma.
Algo tuvo que pasarle.
Sus señores les trataban bien.
Eran muy amables. Nos trataban como si fuéramos de la familia.
Bueno, señora, creo que voy a acostarme o mañana no habrá quien me levante. Ah,
que descanse.
Yo me quedaré aquí un rato.
Mamá. ¿Qué?
¿Cuándo volverá papá a casa?
Cuando acabe la guerra.
¿Y por qué se fue a la guerra?
Si a nosotros nadie nos había hecho nada.
Papá se fue.
Se fue porque es muy valiente.
Y porque no soportaba que los alemanes le dijeran lo que tenía que hacer.
¿Por qué?
¿Qué ocurre, señora?
¡Déjame de la sala de música!
¡Déjame! ¡Rápido! ¿Qué pasa, señora? ¡Vamos!
¡Déjame! ¡Déjame!
¡Déjame!
¡Déjame!
¡Déjame!
¡Déjame!
Me sentarán bien. Aún me sentí como si hubiera alguien allí.
Y no era humano.
Hay algo en esta casa.
Algo diabólico.
Señora. Algo que no está.
En paz.
Sé que no me creen.
No me cree, ¿verdad?
No la cuerpo.
Yo tampoco creí en todo esto.
Yo sí creo, señora.
Siempre he creído en estas cosas.
No son fáciles de explicar, pero suceden.
Todos hemos oído historias de él, más allá, antes y ahora.
Y yo creo.
que a veces el mundo de los muertos se mezcla
con el de los vivos.
Pero es imposible. El Señor nunca permitiría semejante aberración. Los
los muertos solo se reunirán al final de los tiempos.
Está escrito en la Biblia. Señora, no siempre hay una respuesta.
¿A dónde vas?
Voy al pueblo a ver al padre Legrand.
Si él lo viene, iré yo a buscarlo.
Y me traeré conmigo. Pero debería esperar a que el tiempo mejorara. Ya he
esperado bastante.
Señora, el párroco me dijo que... No me importa lo que le dijera. Quiero que me
lo diga a mí, personalmente.
Tiene que venir hoy.
¿Pero qué piensa contarle?
Hemos registrado todas las habitaciones, palmo a palmo. Y ahora quiero que sean
bendecidas.
Buenos días, señora.
Quiero que registre todo el jardín en busca de lápidas.
¿Lápidas? Sí, cuando mi esposo compró esta casa nos dijeron que había un
cementerio.
Creo que por allí, entre los árboles.
Yo no he visto nada.
Mire bien.
Pueden estar entre la maleta.
Sí, señora. Quiero saber si hay una familia enterrada aquí.
Y si tenían un niño. Víctor.
Ahora cree que la casa está embrujada.
¿No es arriesgado dejarla salir?
No se preocupe, la niebla no dejará que llegue muy lejos.
Oh, sí, la niebla, la niebla, claro.
¿Y cuándo cree usted que deberíamos destapar todo esto?
Todo a su tiempo, señor Tattel, todo a su tiempo.
Por cierto, mire.
Señora.
Señora Mills.
Este es mi esposo.
Es un placer conocerle, señor.
Es muy débil.
Quiero que le dejare un baño caliente y ropa limpia.
Y algo de comer.
Sí, señora, ahora mismo.
Hola, Nicolás.
Te lo dije. Te dije que volvería.
¿Os habéis portado bien?
Hemos sido muy buenos.
¿Habéis sido buenos con vuestra madre?
Muy buenos.
Estudiamos todos los días para la primera comunión.
¿Has matado a alguien?
Cariño, te hemos preparado el almuerzo.
¿Vas a bajar o prefieres que...
Paciencia, Anne. Papá no está bien.
Dice que ha visto muchos muertos.
Mamá, si una persona muere en la guerra, ¿a dónde va?
Vaya pregunta.
Depende.
¿De qué?
Pues, decía luchar en el lado de los buenos o de los malos.
Vuestro padre, por ejemplo, luchó por Inglaterra con los buenos.
Vamos a ver quiénes son los buenos y los malos.
Basta de preguntas. Seguid comiendo. Nunca iréis a la guerra.
Nunca iremos a ninguna parte.
No os estáis perdiendo nada.
Estáis mejor en casa, con papá y con mamá, que os quieren muchísimo.
¿Y con los intrusos?
Aquí no hay intrusos.
Pero tú dijiste que... He dicho que aquí no hay intrusos y no quiero oír ni una
palabra más sobre ese asunto.
¡Ya es suficiente!
¿Puedo decir algo más?
¡No! ¿Por qué no? ¿Por qué? ¿Por qué no?
Ah, no respires así.
¿No me has oído? ¡Basta!
¡No respires!
Muy bien, vete a tu cuarto.
Vete a tu cuarto. Hoy te quedarás sin postre.
No llores, no llores.
Vamos, vamos.
Mira qué cara más fea se te pone cuando lloras. Me da igual.
Vamos, vamos.
Escúchame.
Yo los he visto también.
Lo dice mi madre. Seguro que entonces me creería. Hay cosas que tu madre no
quiere oír.
Solo cree en lo que le han enseñado. Pero no te preocupes.
Tarde o temprano los verá.
Todo será diferente.
¿Cómo?
Ya te enterarás.
Y habrá sorpresas muy grandes.
Ahora se comporta como si nada hubiera ocurrido.
¿Y qué pasa con su hija?
No es tan obstinada.
Los niños eran fáciles de convencer.
No, es la madre la que puede causarnos problemas.
¿Cree que su marido sospecha algo?
No.
No creo que sepa ni dónde está.
Mira qué niña más preciosa tengo.
Mamá ha hecho este velo especialmente para ti.
Parezco una novia.
Sí.
Es verdad.
Hay que acortar un poco las mangas.
¿Ya puedes quitártelo?
¡No! Anne, el vestido tiene que estar limpio para tu primera comunión. Prometo
que no lo ensuciaré.
Déjame llevarlo un poco más. Solo un poquito.
Solo un poquito.
Está bien.
Volveré enseguida.
No te sientes en el suelo ni te apoyes en las paredes.
¡Mi cielo!
Me encantaría.
Charles no puedes...
Anne, tienes que quitarte el vestido ya.
Anne, ¿me estás oyendo?
¿Anne?
¿No te dije que no te sentaras en el suelo?
Pero si está limpio. Esto da igual. ¿Por qué nunca haces lo que yo te dije?
¿Qué te pasa?
¿Dónde está mi hija?
¿Qué es lo que ha hecho con mi hija?
¿Estás loca?
Yo soy tu hija.
No consigue calmarse.
La he dejado con su padre.
Insiste en hablar con él.
¿Qué pasó?
¿Por qué se pelearon? No era ella.
Era esa anciana.
De ojos extraños se estaba imitando la voz de mi hija. Le juro por Dios que no
era mi hija.
Ayúdame, ¿qué me está pasando?
No sé qué me está pasando.
Debería descansar más.
No puede cargar con todas las responsabilidades de la casa.
Déjenos a nosotros.
Sabemos lo que hay que hacer.
¿Qué quiere decir con eso?
¿Qué significa que sabe lo que hay que hacer?
Nada, solamente estaba sugiriendo... No hay nada que sugieras.
¿Quién se cree que es? Usted no tiene ni idea de lo que hay que hacer.
¿Qué es esto?
Señoras, son las pastillas para la jaqueta.
Las que toma siempre.
Por favor, déjenme sola.
Sí, señora.
Han me lo apuntado todo.
Ojalá tuviera una explicación, pero no la tengo.
Al principio creí que había alguien más en la casa. Pensé incluso que eran
fantasmas. No estoy hablando de los fantasmas.
Estoy hablando de lo que ocurrió aquel día.
No sé de qué...
No sé qué me pasó aquel día.
Los criados se habían marchado...
Se ha vuelto loca igual que a...
mujer y mis hijos.
Ahora debo irme.
¿A dónde?
Al frente.
La guerra ha acabado.
La guerra no ha acabado. ¿Pero qué estás diciendo?
No te marcharás, ¿me oyes? Ya nos abandonaste una vez. ¡No te puedes ir!
¿Por qué?
¿Por qué tenías que irte a esa estúpida guerra que no tenía nada que ver con
nosotros?
Los demás se rendieron. ¡Nos rendimos todos!
¡Toda la isla estaba ocupada! ¿Qué es lo que esperabas?
¿Qué tratabas de demostrar yendo a la guerra? Tu puesto estaba aquí, con
nosotros.
Gracias.
Dímelo.
Dímelo.
Tú sabes qué está pasando aquí.
Lo sabes porque te pasó a ti también.
Dímelo.
Escrímelo.
Escrímelo. Con esa actitud no resolverá nada, señora.
Además, ella no sabe escribir.
¿Dónde están?
¿Qué?
Señora, ya me he dado cuenta. No hace falta que levante la voz.
Señor Tate, estaba a punto de llamarle.
¿Sabe que alguien se ha llevado todas las cortinas?
¿Las cortinas?
Oh, vaya.
¿Y para qué iban a llevarse todas las cortinas?
Para dejar que la luz del día entre en esta casa, imagino.
¿La luz?
Oh, claro.
¿Por qué cree que la luz los mataría?
Está loca.
Se lo dije.
Yo se lo dije. Los niños son fotosensibles. La luz del día los puede
eso era antes.
Su enfermedad podría haberse curado por sí sola.
Si nunca los exponía la luz, ¿cómo sabe que no están curados?
Mi cuñada tenía a menudo unos terribles ataques al reumatismo en las piernas y
en la espalda.
Un buen día desaparecieron.
Voy a encontrarlas por ti. Y cuando me hayan ayudado a colgarlas, abandonarán
esta casa.
¿Qué opina él de todo esto?
Deme las llaves.
¡Demelas ahora mismo!
Ya sé lo que quieren.
Quieren asustarnos.
Quieren echarme a mí y a mis hijos. Han querido apoderarse de esta casa desde el
día que llegaron.
Entréguenme las llaves.
No se los repetiré. Señora, debería calmarse.
¡Entréguenme las llaves!
Y ahora, márchense.
¿Sabe una cosa, señor?
Creo que ya se me ha agotado la paciencia.
¿Y a usted?
Oh, sí.
Desde luego.
Será mejor que vayamos a destapar las tumbas.
¿Qué está haciendo mamá?
Ya te lo he dicho, se ha vuelto loca.
Mentira. Se ha vuelto loca. ¡Mentira!
Se ha vuelto loca, se ha vuelto loca, se ha vuelto loca.
Ya es de noche.
Ana, ¿dónde vas?
Ya estoy aquí.
Me voy al bosque, a buscar a papá. Vas a escaparte.
Si me agarro a la tubería, puedo bajar hasta el suelo.
Es muy fácil.
Si mamá se entera, te la vas a cargar.
Sí, sí, sí.
Quiero ir a buscar a papá.
Mentira. Lo que pasa es que no quieres quedarte solo.
Miedica, miedica... ¡Cállate!
Creo que nos hemos perdido. Todavía no hemos salido del jardín, tonto.
Tengo miedo.
Pues no haber venido.
Dí algo.
¿Qué quieres que diga?
No sé, cualquier cosa.
A ver, me llamo Anne y estoy andando. Estoy andando y me llamo Anne.
¿Y si sale un fantasma? En las tumbas no hay fantasmas, solo esqueletos.
Aquí hay algo escrito.
Ahora tenéis que ser fuertes, niños.
¡Nícolas, ven aquí!
Señora Mills, por favor, no le diga a mamá que nos hemos escapado.
No se moleste, señora.
La tuberculosis ya nos mató.
Hace más de medio siglo.
¡Abran la puerta, señora!
¡Por favor!
¿Qué quieren?
¡Mamá! ¡Abran la puerta!
¡No! ¡Hemos visto sus tumbas!
¡Y derribas!
¡Y escondeos! ¡Vamos! ¡Tengo miedo!
¡No os separeis!
¡Pase lo que pase, no os separeis!
Hemos intentado hacerle comprender.
¿Comprender qué? Lo de la casa.
La nueva situación.
¿Qué situación?
Debemos aprender a vivir todos juntos.
Los vivos y los muertos.
Suponga que nosotros les dejamos en paz.
¿Cree que ellos lo harán?
¿Quiénes? Los intrusos.
Los intrusos. Ellos quitaron las cortinas.
Oh, sí, se lo puedo asegurar. Los intrusos.
Y ahora están ahí con usted y los niños.
Esperándole. ¡No!
Y créame, tarde o temprano, les encontrarán.
Los intrusos los han encontrado. Ya no podemos hacer nada.
Ahora tendrá que subir y hablar con ellos.
¿Por qué tenéis miedo, niños?
¿Por qué no queréis ser vuestros amigos?
Hablad con nosotros.
Hablad con nosotros.
Decidme, ¿qué pasó?
No se lo digas. No se lo digas.
No se lo digas.
Sí se lo digo.
Nos dejarán en paz.
Mamá.
Mamá.
¿Por qué lloráis, niños?
¿Qué pasó en esta habitación?
¿Qué os hizo vuestra madre?
Algo sobre una almohada.
Pues así como os mató.
Con una almohada. No nos mató. Niños, si estáis muertos, ¿por qué permanecéis en
esta casa?
No estamos muertos.
¿Por qué permanecéis en esta casa?
No estamos muertos.
No estamos muertos.
¿Por qué permanecéis en esta casa?
No estamos muertos.
No estamos muertos.
¿Y los dos niños?
Interesante, ¿no creen?
¿Interesante? Estoy muerta de miedo.
Cariño, cálmate.
No. Hasta hoy hemos llevado este asunto a tu manera.
Ahora vas a escucharme. No podemos seguir en esta casa por más tiempo.
Está claro que esos seres no quieren que la habitemos. Aún no sabemos nada sobre
ellos. Sí que sabemos.
Esa mujer se volvió loca.
Asfixió a sus dos hijos y luego se pegó un tiro.
Es suficiente.
Piensa en nuestro hijo. A Víctor no le pasa nada.
Sí que le pasa.
Tiene pesadillas. Dice que ha visto a esa niña.
Incluso esta señora ha sido poseída por ella.
Por favor, vámonos de esta casa.
Está bien.
Nos iremos mañana por la mañana.
Gracias a Dios.
Voy a ver cómo está Víctor.
Una vez más, muchas gracias por venir.
Ha sido un placer.
Gracias.
Eso es lo mismo que dijo Lidia cuando comprendió que los tres estábamos
Y esa fue la última vez que habló.
Pero no he podido contárselo hasta ahora.
¿Quieres que le prepare una taza de té, señora?
Los intrusos se marchan.
Pero otros vendrán.
Unas veces los percibiremos y otras veces no.
Pero es así como ha sido siempre.
Señora.
Mamá.
Papá murió en la guerra, ¿verdad?
Sí.
Volveremos a verle.
Vamos.
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