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¿Qué hay, mi patuleco?
¿Qué hubo, don Damián?
¿Por qué esa fe y ese choque?
Es que ya me llega el agua a los zapanejos.
¿Es que no encuentras amor?
¿Qué es eso?
Amor, trabajo.
Ni de pepenador.
A veces porque quiere.
¿Verdad, mi pocho?
Shurely. Nomás lica.
Aquí sobran varos.
¿Qué hubo, mis criminales?
Esto es de ley.
Le damos la sangre.
¿Le entras?
¿A qué?
A juntar de estos.
¿Haciendo? Pues dije.
Pues la mera verdad es que no sé hacer nada.
Aprendes. Aquí donde nos ves, somos los del domine.
Por algo nos dicen los maestros, cada quien en su especialidad.
Aquí el tlaconete pa 'l dos de bajo.
Pa 'l espadazo y el cristalazo, el angustia. Te abre el carro y desaparece
radio en dos minutos.
Para la nieve de París, el catarro. Ah, y el químico, que es el del refini. Le
decimos el sinfonola. Es mudo, ¿sabes? Estudió de verdad.
No más que las buenas compañías le abrimos los ojos.
Era antes así, medio güey.
Y para conseguir Venus es... el siete machos.
¿Y el pocho?
¿Qué le hace a todo?
En resumidas cuentas se trata de que yo escoja entre ladrón carterista,
traficante de drogas, o cacahuate,
o técnico de radios. No discrimines.
Caray, pues tengo mucha necesidad, pero déjenme pensar. Nomás no lo pienses
mucho porque te nos mueres de hambre.
No, no es burlar.
Es la verdad, pero es que yo... ¿Y qué eres honrado? Ni lo digas, se te nota el
ego en lo amolado que estás.
Y más que vas a estarlo, porque tu Jaime está esperando un hijo, ¿no?
Sí. Nosotros solo queremos ayudarte, Ponce.
Tú sabes, medicinas, hospital, comida, tacuchitos,
buena vida, ¿eh?
Y quitarla de trabajar.
No, corazón.
¿Qué te pasa?
Es que me siento un poco mal.
Pero no es nada, no te preocupes.
¿Cómo no me voy a preocupar?
Trabajas mucho, no comes, no duermes.
Pero... ¿Cómo?
¿Cincuenta pesos?
A cuenta de... Mañana te lo diré, duérmete.
¿Conseguiste trabajo?
¿Es que no ves?
No, nada.
Mira. Mira lo que encontré.
Ingeniero Antonio Merino, gerente general de Oxanchemi Cartodux Laboratis.
¿Y este quién es?
Es aquel señor que te prestó dinero la noche en que... ¿En qué?
Murió nuestro hijo.
¿Por qué no vas a verlo?
Prometió ayudarte.
Estaba borracho.
Además ya pasaron dos meses. Bueno, ¿quién quita?
Chaparra, ¿todavía crees en los santos reyes?
Yo sí.
¿Tú no?
También, Chaparra, también.
Es tan difícil dejar de ser tarugo.
Si yo hiciera algo malo para salir de esta miseria, Chaparra.
Si todos los pobres hicieran algo malo para salir de su miseria, ¿qué sería del
mundo?
Lo que tiene su mujer es hambre.
Necesita descansar.
Comer, ¿me entiende?
Comer, comer.
Sí, doctor. Sí, doctor, sí, doctor. La misma contestación de siempre.
Pero salen de aquí, ni comen ni nada y vuelta a lo mismo. ¿Y qué quiere que
haga? ¿Recetele algo que no cueste dinero?
¿O démelo usted?
¿Qué cree que no me duele?
¿Qué cree que no sé mejor que usted lo que le pasa?
Pedro.
Dispensen.
Es que se me parte el alma al ver diariamente en estos consultorios
multitud de mujeres hambrientas, miserables, tratando de dar vida a un
Y yo teniendo que recetarles comida, descanso, aire puro.
Precisamente las cosas que no pueden conseguir. La receta más cara del mundo,
sabiendo que van a perder un hijo.
O van a traer al mundo un ser enfermizo, condenado ya a arrastrarse vencido por
la vida.
con un organismo propenso a todas las enfermedades y a todos los vicios.
Nadie se preocupa porque la madre tenga vitalidad para crear durante la
formación un cerebro perfecto en sus células, en el que aniden la
el amor a sus semejantes, el ansia de conocimiento, el temor a Dios, a los
ideales.
Usted quiere tener un hijo así, ¿verdad?
Usted quiere tener un hijo que sea todo lo que usted no es.
Un hijo que sea su ayuda, su orgullo, su fortaleza.
Pues bien, luche por él.
Dele a su esposa todo lo necesario para que pueda traer al mundo un ser normal y
no un desecho.
Ahora sí estoy decidido a todo.
Me urge.
Muy abusado, ¿eh?
¿Y ese loco?
A ver qué pasa.
Gracias.
Ya faltan varios meses para que nazca nuestro hijo.
Cálmate.
Cálmate.
Yo no pensé hacerle daño.
Yo no soy un asesino. No dejes que se muera Dios mío.
Sálvalo y te juro que nunca más, nunca más volveré a hacer mal.
Pero sálvalo.
La noche que murió mi hijo, murieron muchas cosas para mí.
Murió todo.
El respeto, la fe en mí mismo, el deseo de luchar, de vencer.
Me sentí culpable de su miseria, hasta de su muerte.
Y quise escapar de vergüenza.
Suicidándome. Y ya ve usted cómo quedé.
Hasta en eso fracasé.
Tiene usted razón.
No sirvo ni para limosnero ni para ladrón.
Porque si sirviera no tendría necesidad de estarle pidiendo aquí un trabajo de
velador o portero.
O de lo que sea, pero que sea honrado.
Porque es lo único que sé hacer.
Es lo único que soy.
Y no cree usted que es una cualidad.
Es sencillamente mi destino.
Velador o portero, ¿qué no tiene usted más aspiraciones?
Ninguna ya.
Antes fui distinto.
Pero por fin he comprendido quién soy.
Un hombre honrado, eso es todo. Y es mucho.
Usted está equivocado, Pedro. ¿No sabe aún de lo que es capaz?
Porque desgraciadamente nadie le ha dado la oportunidad ya no de triunfar, ni
siquiera de fracasar.
Yo creo en usted.
Y le voy a dar la oportunidad.
Y desde mañana empiezo como vendedor ganando 700 pesos mensuales y el 4 % de
comisión. Tony dice que sacaré mucho.
A lo mejor hasta... Ay, que Dios lo bendiga.
Sí, chaparrita, que Dios lo bendiga.
¿Sabes lo que me dijo? Yo creo en usted, Pedro. Y mira, quiere que ande bien
vestido. Ah, y me pidió que le llamara Tony, porque así le llaman sus amigos y
yo también soy su amigo.
Palabra que me atalante todo, chaparrita. No supe ni qué le contesté.
Es que hace tanto tiempo que no tengo que agradecerle nada a nadie que ya
se me había olvidado que se siente.
Bueno, chaparrita, voy a ver si me compro un traje porque ya me anda por
este chinchero. Ay, apúrate, no te vayan a cerrar las tiendas.
A ver qué te compro, ¿eh? Sí, sí.
Órale, a ver si te sirve esto.
todo nuevecito.
Gracias, patrón. Que Dios le dé más.
Hijo, ya se ensució.
Qué contento vienes, patuleco.
¿Qué quieren?
¿Darte tu tajada?
¿Cuál tajada?
Voy. ¿Saya noche?
¿Saliste corriendo como un coyote?
Pues que mosca te picó, vato.
Cumplió con su parte, no le chupen la sangre.
¡Lárguense! ¿Pero qué?
¿No te da vergüenza?
No les hagas caso, están jugando.
Sí, eso sucede a los primerizos como tú.
Tan honrados.
Y de repente, tener que asilenciar a un pobre viejo.
¿Qué? ¿Qué le pasó a él?
Anciano velador salvajemente asesinado.
Siempre lo dije.
Tienes la mano pesadita.
Se te pasó un poquito, pero ni modo.
Chances del oficio.
Aquí tienes.
Ahí te avisaremos para la próxima.
Nos vimos.
Llévatelo y lárguese. No quiero saber más de ustedes.
No hay modo, mi patuleto.
Ahora somos hermanos de sangre.
Guárdalo. Te lo ganaste a ley. Es tuyo.
Ya tienes para tu chamaco y hasta para comprarte un remo nuevo. Y todavía te
sobrará. ¡No quiero!
Ahorita estás nervioso.
Traes los fríos como si le tronaran a uno los huesos, ¿verdad?
Es la novedad.
Tómate una purga y como nuevo. Y ya no te apures tanto.
¿Qué remedio ya?
Además, ya estaba muy viejito.
¿Ya qué?
último. ¡No se le olvide la renta, don Pedrito!
¿Eh?
Mío y tuyo. ¿Qué te parece? ¡Súbete!
¡Ay, Dios!
¡Nomás cuidado o lo vais a ensuciar!
¡Ay, pero cómo crees!
¡Sí está lindo!
Brillantito. Nuevecitos y no tiene más que 90 mil kilómetros corridos.
¿Te costó muy caro? Un resto, pero de aquí en adelante tú no te metas en
cuestiones de pesos. Déjamelo a mí. Tú disfrútalos. Ahora, vámonos.
Oye, pero tú sabes manejar. Ah, pero si cómo no. Si cualquier quien no maneja,
poco yo no.
Y además bien.
Fíjate.
Está frío, hombre. No seas ignorante.
Siempre que se jalonea, sí es que está frío.
Ay, los mojaste, Luisito, André de Pedro.
Que se mueran.
¿Qué, qué, qué?
Se me chorrearon los frenos.
Aquí vamos a vivir.
Ahora bájate.
Nomás deja hacernos para atrás.
Aquí tienes la sala.
El dining room.
Comedor, que es lo mismo.
Allá está la cocina.
Tienes refrigerador, lavadora, licuadora. Bueno, molcajete eléctrico,
mismo. Ahí está el break.
Bueno, el comedor chiquito.
Y acá tienes el baño.
Brillantito, brillantito. Este es nuestro recámara. ¿Qué te parece?
Qué diferencia el mugrero aquel, ¿verdad?
Mira, estos sí son muebles, no porquerías.
Ya verás cómo se ve todo esto terminadito y bien arreglado.
Pásale. Gracias.
¡Ya llegamos, chaparra!
¿Ya estás lista?
Sí, corazón.
Enseguida salgo.
¿Que tú tocas el piano?
No. ¿Y tu señora?
Tampoco, ¿cómo crees? Lo compré nada más para darnos lija.
Qué bien te ves así.
Como los que van a la ópera.
Te sienta muy bien.
¿Verdad? Como si lo hubiera usado toda mi vida. O que no.
Óyeme, ¿pero tú qué te pusiste?
¿Cómo me dijiste? No, no, no. No se te ve igual que la de la tienda.
Ya sé. Es que esto es de otro vestido.
Ahora sí, ven.
Tony, te presento a mi señora.
Chaparrita, este es Tony.
A los pies de usted, señora.
Mucho gusto.
¿Qué tal?
¿Qué le notas de malo? Nada, que está bellísima.
¿Pero qué traes? Bájese esa mano de ahí. ¿Qué tiene, frío?
No. Pues claro que no. Si lo elegante de las señoras es que ande con la pechuga
al aire. ¿Qué dirá Tony?
Que lo único que le hace falta a su tacado para ser perfecto es... Me tomé
libertad de traerle este pequeño obsequio a tu señora.
Espero me hará el honor de permitirle que lo use.
No, no, no faltaba más.
Agárralo, chaparra.
Póngaselo, señora. Ándale, ándale, póngaselo. Ándale, rápido.
Para que se vea más linda.
Aquí.
Ahí se le ve muy lindo, señora.
Pero, ¿qué le parece si mejor se lo pone ella?
Sí.
Se ve más bonito yo creo sin esto, ¿no cree?
Claro, claro. No, sí.
Nada más estaba viendo cómo me quedaba.
Nada más estaba viendo que no sabías dónde ponértela, Jeva.
Discúlpala, Tony, pero es que ella no está acostumbrada a estos refinamientos
popores. Pero ya se acostumbrará.
Ya ve yo, si fui pobre ni me acuerdo, ni ganas me dan.
Ya la iremos puliendo, algún día aprenderá, chaparrita.
Tu señora no tiene nada que aprender.
La sencillez es lo más elegante.
Pues es lo que yo digo.
Salud, Pedro.
Salud, Pedro.
Salud.
¡Ay! ¿Pero qué traes tú, hombre?
¿Yo qué? ¿Qué culpa tengo yo? ¿Qué le hago?
Ya sabes cómo hacer una barra.
Es guapa, ¿no? ¿Qué parece?
Es amiga mía, por eso me saludó.
Un momento, por favor.
La variedad no ha terminado.
Señoras y señores, tenemos entre nosotros a un gran artista.
Un aplauso gentil de ustedes para que nos cante como él solo sabe hacer.
¿Cómo se enteraron que yo canto? Pedro,
Pedro.
Que canten, que canten, que canten.
Cuando pensé que tus labios
comenzaban a fingirme.
Me encontraba en el dilema de luchar o de
rendirme. Al escuchar tus
razones, cuando quise
despedirme, me pusiste en el dilema
de olvidarte o de rendirme.
Pero corres en mi sangre y a
mi alma vas unido.
Es inútil que pretendas...
repetirme hoy me encuentro en el dilema de
olvidarte
besé tu boca por primera vez.
Floreció entre los dos un ardo de
ilusión y cayó de tu
frente la regio altivez
y entornaste los ojos
con suprema
emoción.
Bésame, querido,
como aquella noche en
que las estrellas pálidas y bellas,
temblaban de amor.
Bésame, querido, bésame en la
boca, para que se ahuyente el
fantasma hiriente de mi cruel dolor.
Bésame.
Querido, cerrando los ojos,
y así tus pestañas, mágicas arañas,
tiendan su prisión.
Bésame, querido.
besame en la boca con tu boca loca
Buenas noches, Tony.
¿Cómo está, Salomé?
¿El señor Pedro González?
Mucho gusto, señor González.
El gusto es mío. ¿Su señora esposa?
¿Cómo estás, Pedro?
Tiene una voz maravillosa y canta con muchísimo sentimiento.
¿Qué va, señorita?
¿Quiere sentarse con nosotros?
Yo creo que no puedo y es porque tiene que atender su variedad.
No seas tonto, Tony. Te acaba de pasar.
Encantada los acompañaré.
Siéntate. ¿Estás segura que no te necesitan allá adentro? Ya te dijo que
hombre, no seas terco.
¿Así que le gustó?
Muchísimo. Su esposa es muy guapa y muy distinguida.
Di gracias, chaparrita.
Gracias. Eso.
¿Me permite?
Ah, pero cómo no. Me faltaba más, faltaba menos, ¿verdad?
Te hablan por teléfono, Salomé.
Siento mucho que tengas que ir.
Yo también lo siento.
Es difícil encontrar compañías tan agradables como...
Vámonos.
¿Cómo que vámonos? La cuenta, por favor.
Tiene jaqueca, ¿verdad?
Es el champán. Vámonos.
Bueno, pues vámonos.
Pero ya ni la muela tan sabroso que esté el chapán.
Y tan a gusto que estamos todos aquí, hombre.
Ándale, vete a acostar.
¿Y tú? Al rato regreso. Pero... No hay pero. ¿Qué no ve que me están esperando?
¿Qué quieres, ponerme el ridículo?
No, corazón.
Entonces obedece y vaya a acostarse.
Ándale. Sí, Pedro.
Es que vamos a hablar de negocios, Chaparra.
Sí.
De negocios y a estas horas.
¿Otra vez?
No. No te enojes.
Ya me voy.
Pero no te tardes.
No, más lo necesario.
Ya la acosté y vamos a seguirla. ¿A dónde, hombre?
Y lo preguntas todavía. Allá mismo.
Tengo que ver a la Salomea. Sí, es soltero. Qué bruto. Está re bonita, ¿eh?
Fíjate, tiene unas piernas suavecitas, suavecitas.
Oye, tiene unas curvas. Está bárbara, hombre.
Estará todo lo bonita que quieras, pero ya vayas a acostar, ándele.
Ah, ¿te me rajas?
¿Para qué le buscas tres pies al gato, hombre? Porque sé que tiene cuatro.
Además, toda mi vida lo he querido conocer.
Más ahora que tengo dinero, ¿con qué?
Es natural querer tener todo lo que no has tenido.
Pero te aseguro que mujer como Marga no la encuentras con todo el oro del mundo.
Si no quiero otra mujer, hombre, lo que quiero es vacilar un poco y nada más.
Mira, Pedro, no pongas en juego la tranquilidad de tu hogar.
Te hablo ya no como amigo, sino como jefe.
Te vas a acostar y mañana te emprendo en la oficina.
Hasta mañana.
Como jefe.
Como papá.
¿Qué quiere?
¡Que se vaya!
No te preocupes, rico. Es un primo mío. Ya, ya.
¿Nos dejas bailar una pieza? Una nada más, ¿eh? Una nada más.
Gracias, viejito lindo.
Pero separaditos, ¿eh? Que les estoy mirando.
¿Bailar? Ándale, primo.
Pero es que... Ven, si ya nos dieron permiso.
Bueno, vamos.
Sí.
¿No se había fijado?
Ahora bailamos.
¿Usted qué dijo?
Mejor me siento que hacer el ridículo con un desgraciado cojo.
Pues sépase que es más ridículo estarse besoteando con el viejo carcamarese que
trae. ¿Cuánto le paga por hacerlo?
Yo le pago el doble por bailar conmigo. ¿Qué hubo, cuánto?
Óigame, pero óigame bien.
Sentí feo que gustándome como me gusta tuviera la pata virola.
Pero a lo mejor por eso le hubiera querido más y hasta lo hubiera quitado
trabajar. Porque yo ando con quien me da la gana para quitarle el dinero o para
dárselo. Porque soy la golfa más golfa que se pueda imaginar.
Pero ahora con usted, ni por amor ni... ¡Ay, hace mucho el demonio!
La cojera no la tiene en la pata, sino en la mollera.
Ahora que tengo dinero, ¿qué pueden decirme
que... Todo me sobra.
Sé que la suerte es primero, que con el dinero no
todo se compra.
Siento que no soy el de antes y a veces mi vida
desprecio yo mismo.
Siento que estoy en las nubes.
Y a pesar de todo recuerdo el abismo.
No cabe duda.
Yo nací con el santo de espaldas.
La pobreza.
Sin embargo, ya quise matarme.
¿Qué puedo hacer en el mundo si voy por caminos de
pena sembrado?
la pobreza
Ya vas a empezar con tus celos de siempre.
Vengo de cumplir con mis obligaciones sociales.
No empieces con tus lagrimitas porque... Me voy.
Y no estás para perder un marido rico como yo.
Faltaron. No es mentira.
¿Qué me importa el dinero? Me duele perderte porque te quiero a pesar de que
dinero te está haciendo cambiar.
¿Y cómo no va a cambiar una mujer?
Antes éramos gusanos.
Ahora somos águilas.
El águila.
cómo han cambiado las cosas, ¿verdad?
Tú comprendes.
Éramos pobres.
Ahora somos ricos.
Llorábamos mucho.
Yo no era cojo, no era cojo.
¿Tú te acuerdas de la chaparrita?
Caminaba bien, derechito caminaba, firme como
un soldado.
Las mujeres me veían.
y se callan las condenadas.
¿Cómo la soy, chaparrito?
Porque no son como tú.
No son como tú.
No.
Yo soy... ¿Me permites?
Sí.
Son las únicas, hijo.
Y no las suelto ni para bañarme. Me imagino. Es una gran responsabilidad
esto. Bueno, creo que ya no me necesitas por verme.
No me vuelvas a desobedecer.
Te hablo como jefe.
¿Un pistachito?
No, gracias.
Y estaría bueno que le fueras a pedir perdón a Marga por lo de anoche.
Si ya lo tenía pensado, mi mira.
Muy bonito.
Muy bonito, pero creo que tratándose de Marga equivocas la táctica, viejo.
Pero en fin, inténtalo.
Bueno, entonces ahí nos vemos, ¿eh? Muchas gracias.
Ahí nos vemos.
Buenas tardes, don Pedro.
¿Por qué no abres? ¿Qué está sordo?
Dispense, don Pedro. Es que...
Mi nieta, don Pedro. Lo único que tengo en la vida.
Pues que escondidita te la tenías, Tachito.
Ni tanto.
Yo ya había venido otras veces y lo había visto.
Pero usted que se iba a fijar en mí. Y hoy, ¿por qué no?
Una muchacha fea y mal vestida. Ah, eso tiene remedio. Con comprarse ropa nueva
es todo.
Lo que no se puede comprar es lo demás, ¿verdad, Tachito?
Como usted diga, don Pedro.
Ándale, niña.
Ya no le estás quitando el tiempo al señor. Vete a la casa.
¿Me lleva don Pedro? Ay, mi loco. Mira, Dios, ¿cómo se va a molestar don Pedro?
No, no es ninguna molestia, Tachito. Ya ves, el señor quiere, abuelo. No seas
terco, hombre.
Adiós. Hasta luego, Tachito.
Chiqui, así me ha dicho siempre porque era muy chiquita.
Pues ya has desarrollado...
¿Usted cree?
Estoy seguro.
Ya no cabes en el vestido, mira nomás.
Es que mi abuela me sigue creyendo una escuinza y me compra unos vestidos de
idiota. Con la chochez está más pesadito que nunca.
No me deja platicar con nadie.
Ahorita mismo me estaba regañando por esto.
¿Tienes novio?
¿Novio? Pues, novio, novio, lo que se llama novio, no.
Amigos, amigos.
Ándele, con que... de amigos y toda la cosa, ¿eh? A poco, a poco.
¿Y de verdad?
Bueno, ni amigos.
Conocidos. Ellos sí me han dicho, ¿verdad? Pero, ¿uno qué caso les va a
Puros escuinques muertos de hambre. Ni para invitarla a uno al cine tienes.
Y la mera verdad, para pasar miserias, mejor sol. Ay, estoy fastidiada.
Ay, qué cosa.
Es muy especial para dedicar sus vidas a la enseñanza de otros.
Y es tan difícil lidiar con muchachos.
Claro que hay excepciones. Hay niños aplicados, estudiosos, como lo fui yo,
ejemplo. ¿Usted?
¿Usted estudioso?
Celia, yo era el niño más aplicado de mi familia. De veras.
Yo recuerdo que cuando estábamos en clase, mi maestro me decía, Alicia,
que tú... ¿Alicia?
Sí, se me olvidó decir.
Ah, qué panzón ese tan chistoso.
¿Qué?
Todavía no me perdona.
¿A que ahora sí?
Mira.
¿Qué es, Poco?
¿Qué quieres, pues?
Cariño como antes.
Cariño. Si te estoy dando algo más que cariño, no seas malagradecida.
Qué lejos están los tiempos en que las disculpas me las pedías a besos.
Mira nomás con lo que sales.
Entonces éramos pobres y te pedía las disculpas como los pobres.
Ahora somos ricos y te las pido como los ricos. ¿Cómo comparas?
Este collar vale más que un beso mío.
Gracias. Y que me perdonas.
Te perdono.
¿Y tú?
¿A ti?
A ti mismo.
Les dije, hasta Pálido se puso de la alegría de verme.
¿Qué quieren? ¡Lárguense!
¿Qué modales son esos, patuleco?
No querrás ofendernos.
Se cansa uno y después anda uno diciendo cosas de ti.
Chismes, tú sabes.
Que si un velador... ¡Cállate, hombre!
Dime ya qué quieren.
¿Qué dirían tu mujer y tu patrón si se enteraran de que eres un asesino?
No tengo dinero, Daniel.
Adiós. ¿Podrías conseguir una mercancía?
¿Qué mercancía?
Drogas, hombre, no te hagas.
Adiós. Pues mira, hay mucho.
¿Solo robándolas?
Tú sabes que yo no sirvo para eso. Así es que hagan lo que quieran. No seas
precipitado. Piénsalo bien.
¿O prefieres ir a la cárcel y que los tuyos vuelvan a la miseria?
Acuérdate que ya perdiste un hijo por falta de medicinas.
Así es que yo te recomiendo que me gustes. Pero que sea pronto.
Todos ganaremos mucho dinero.
Adiós, mi patuleco.
Qué milagro que llegas temprano.
Mira, mira todo lo que compré.
¿Te gusta?
¿Qué te pasa?
Nada, ¿qué quieres que me pase?
¿Estás preocupado?
No, no es nada.
Cansado es todo lo que tengo.
Se va a ver muy lindo con esta ropita, ¿verdad?
que dijo el médico del dispensario público.
A la madre hay que darle todo para que así nos pueda dar un hijo normal,
inteligente.
Que sea nuestro orgullo, nuestra fuerza.
Y no me lo estás dando todo.
Me das tantas cosas que si es cierto lo que dijo el doctor, es que...
Nuestro hijo va a ser por lo menos un genio, campeón de lucha.
¡Qué bárbaro!
Heredándotelo a ti, chaparrita.
Nuestro hijo tiene que ser tal como lo hemos soñado.
Empujando muy parejito para abajo, con el matapiojos, para que no patine y nos
dé mala medida.
Eso es, así, con jabón corrientito de lavadero.
Porque es más suave a nosotros que nos importa el perfume.
Además que no deja dolorosa la llave, se vayan a dar cuenta, ¿no?
Me retrasé porque hoy también tuve que cenar con Tony y unos clientes. Pero no
te quejarás del premio por haberte dejado sola.
Ay, chiquita, le debes estar rogando a Dios que tenga muchos compromisos como
de hoy. A ti te conviene.
Muchas gracias.
Mira, es la Virgen del Carmen.
Está preciosa.
Ah, cómo me duele el cerebro.
del señor Pedro González.
Sí, ¿qué desea?
Le traigo sus muebles.
¿Cuáles? Los que pidió el señor.
Ah, pasen.
Muchachos, por favor.
¿Dónde está la recámara, señora?
¿Qué van a hacer?
Armarla ahí es más cómodo y desarmar la otra para llevarla.
¿Qué? La cama.
Sí, la matrimonial, ¿no? Y poner ahí las gemelas. Eso dijo el señor.
No, no lo creo.
Están ustedes equivocados. No, señora.
Aquí está el pedido.
No, le digo que están ustedes equivocados. Aquí nadie ha pedido camas
Haga usted el favor de llevárselas. Pero si ya están pagadas.
No me importa. Usted se las lleva porque yo lo mando.
Por favor, muchachos.
¡Aprisita, aprisita!
¿Quién te dijo que íbamos al cine?
¿Entonces a dónde vas?
A ningún lado, ¿por qué?
Te veo muy arregladita.
¿Te gustó?
Te ves bonita.
¿Tú crees?
Gracias, mi vida.
¿Para qué me llamabas?
¿Qué pasó con las camas gemelas? Me hablaron de la mueblería y que los
¡Contesta! ¿Por qué las devolviste?
Porque se querían llevar esta. ¿Y qué? Yo se los ordené.
¿Por qué?
Dímelo.
¿Por qué?
¿Qué pregunta? ¿Para qué queremos tres camas?
Y dos.
Va.
Dímelo.
No tengas miedo de herirme.
Cansado de mí, ¿verdad?
Ya no te gusto.
Me he puesto vieja y... y fea.
La otra es más bonita.
¿La otra? ¿Qué otra? ¿Qué chismes te vinieron a contar?
Ninguno. Tú tienes otra.
Tienes otra. No lo niegues.
Que ya no me quieres.
¿Estás loca o qué?
¿De dónde sacas esas cosas?
¿De cómo has cambiado? ¿Qué crees que no me has dado cuenta?
Y ahora camas gemelas.
Bueno, bueno, se me ocurrió. Lo hice por comodidad, por higiene.
Además, es lo elegante. Así lo acostumbra la gente rica.
Nunca pensé que tú y yo durmiéramos en la misma cama por no tener dinero para
comprar otra.
Creí que era porque te quiero y me quieres.
Mira nomás cómo te sales.
¿Cómo no te voy a querer, chaparita?
Si eres tan buena.
Eres tan lindo.
Ya, ya le vamos a parar aquí.
A ver, a ver.
Yo no sabía cómo duermen los ricos.
Pero si es como tú dices, ahora comprendo por qué se quieren menos que
y por qué se divorcian tanto.
Bueno, ¿para qué se casan si siguen solos?
¿O es que no saben nuestro secreto?
Eso ha de ser.
Si tuvieran que dormir juntos,
Una noche y otra y otra y toda la vida acabarían por
sentirse uno solo como tú y yo.
Y ya no podrían separarse nunca.
Porque ni teniendo todo el oro del mundo hubiera querido dormir lejos de ti.
Yo no recuerdo si nuestra cama era incómoda o no.
Nunca pude saberlo.
Tus brazos eran suaves y tibios.
Y me rodeaban de cariño.
Y me protegían.
Y me dormía entre ellos sintiéndome la más rica del mundo.
Porque tenía tus besos y el calor de tu cuerpo.
Ni sé tampoco si es más higiénico o no dormir separados.
Yo lo único que sé es que necesito verte a mi lado y besarte mientras duermes.
Y acompasar mi respiración a la tuya.
Irme quedando dormida, sintiendo como nuestros alientos se van confundiendo
hasta formar uno solo.
Y acurrucarme contra tu pecho, para que tu corazón me arrulle diciéndome en cada
latido, te quiero, te quiero, te quiero.
Con palabras que no mienten, que son las verdaderas.
perdonarte cada noche todo lo que de día puedas hacerme o decirme.
Y tú quieres quitarme ahora la única forma de verte, de sentirte mío, la
fuente de confianza, ahora cuando más lo necesito.
No, chaparrita.
Si por torpe te hice sufrir, perdóname.
Estás equivocada, créeme.
Júrame que no tienes otra.
No, no, no te rías.
Bueno, bueno, te lo juro.
Por la memoria de nuestro hijo muerto.
Por nuestro hijo te lo juro.
No tengo a nadie, te quiero a ti solo.
Gracias, corazón.
¿Sabes por qué me arreglé tanto?
Pero antes sí nomás porque sí.
Ella me estaba preparando para luchar.
Última carta que me escribiste es Luterio.
Y hablando de ella y su contenido, debo expresarte lo que a renglón te digo.
Si ves motivo de rompimiento, ten en su ley lo que pienso. ¿Y tú qué
dijiste, chaparrita? Este ya se fue y ni se acordó que hoy es el aniversario de
nuestra boda, ¿eh?
Muchas felicidades y muchas gracias por tanta felicidad como me has dado. Y a la
noche nos vemos.
Prepárese para la gran pachanga.
Su chancludo.
Posdata.
Invité a Tony. Hazle sopes. Ya ves que le gustan mucho.
¿No está Don Pedro?
No, a estas horas nunca está aquí. Ha de estar en la oficina. No, no está ya.
Está aquí.
Usted lo esconde.
¿Cómo es posible que tenga usted tan poca dignidad? Usted, su propia esposa
sirviéndole de tapadera.
¿Tapadera de qué?
Ah, pero usted no sabe nada.
Pues sepa usted que don Pedro es un canalla.
Que sedujo a mi nieta abusando de su dinero.
Abusando de nuestra miseria.
Está viviendo con ella.
Le ha puesto casa.
En esta noche de estrellas yo vengo a verte
para decirte que tú eres mi
adoración.
Vengo a ofrecerte un canto que ha
de arrullar de mi dulce amor.
Sal al balcón un momento, prenda querida,
sal a alegrarme la vida.
Y así olvidarme del mundo y pasarme la noche
cantándote en tu balcón.
En esta noche de estrellas.
Muchas felicidades, chaparrita.
Muchas felicidades.
Muchos días de estos, Marga. ¡Abraza al hombre!
Mira, chaparrita, aunque Tony me cree un mal hombre que no te merezco, y quién
sabe cuántas cosas más, aquí tienes.
¿Encontraste el recadito?
Muchas gracias.
Déjame que te lo ponga, vas a parecer osito.
¿Y ese disfraz?
Óyeme, si no estamos en carnaval.
¿Ya no recuerdas estas ropas?
¿Cómo no?
Es la que usaba antes.
¿Y para qué te lo pusiste?
Ya sé para qué te lo pusiste. Para sentir la diferencia entre este
los de antes. Pero antes no había de estos regalitos, chaparrita.
Se va a ver preciosa mi chaparrita.
A ver, dígame.
¿Qué se siente ser rica y feliz?
Pedro.
¿Te acuerdas de Sonia?
¿Cómo no? ¿Y de Chemita?
¿Qué? ¿Se les ofrece algo? ¿Dinero o qué?
Dinero. Mucho dinero.
Tanto como el que abusó de su miseria.
¿Te acuerdas de lo que pensaba aquel?
¿Cómo no?
No te he contado, ¿verdad, Tony?
Ese Martín Araujo era un sinvergüenza.
Pero no tanto como tú.
Estuvo aquí, Martín.
Ah,
el viejo ese.
Pedro. Muchas gracias por la música.
Pueden retirarse si gustan.
Vámonos, muchachos.
Con su permiso, Mark.
Buenas noches, Pedro.
Ningún irse.
Buenas noches, Pedro.
Entonces me voy con ustedes.
¿Tienes miedo?
¿A quién, a ti?
A la verdad.
Ya no, ¿ya qué?
Ya lo sabes.
¿Cómo es posible que hayas caído tan bajo?
Que haya subido tan alto, dirás. El que ha caído bajo es el viejo ese. ¿Yo por
qué? ¿Qué culpa tengo de que en el mundo haya miseria?
Pero sí de aprovecharte de ella para hacer sufrir a los pobres.
A los débiles. Es la ley del hombre.
El fuerte sobre el débil.
Además, no sufrió Chemita. No pudimos evitarlo, ¿no?
Pues que sufra, don Tacho. Ya que tampoco podemos evitarlo.
Si los que yo he querido han sufrido, que sufran los demás, que nada me
Hasta yo.
Pues no lo hubiera querido, pero ni modo. Tu deber es comprenderme.
Tengo miedo de hacerlo.
Porque no podría seguir amándote.
Por eso me voy antes de que logres matar nuestro amor.
Pues estás loca si te vas.
¿Qué te vas a ir?
Dejar todo esto.
Yo lo cambiaría por un solo beso tuyo.
Pues no necesitas.
Toma los que quieras, ándale.
De los de antes.
¿Qué les falta a los de ahora?
Mira,
chaparra, no te precipites.
Deja esa ropa.
Vamos a arreglar las cosas bien.
Ya nada respetas. Ni a mí, ni a ti mismo.
¿Y qué querías?
¿Que te confesara así nomás a la primera?
¿Hacerte sufrir?
No te lo hubiera pasado.
Pero jurar por la memoria de nuestro hijo muerto, eso no, Pedro.
Bueno, sí te juré, ¿y qué?
No tengo que darte más explicaciones ni aguantar más regaños.
Como si fuera el único marido infiel en el mundo.
Primera vez que te engaño y ya está.
Primera vez.
¿Y qué crees? ¿Que no sé lo que significan todos estos regalos?
Son el precio de cada uno de tus engaños.
ir por las buenas, porque de todos modos me voy a ir.
Ah, me desafías. A ver, vete.
Atrévete. Ándale.
Me das lástima.
También tú me tienes lástima.
También tú.
Eras el hombre más bueno.
Yo, perdóneme, pero me quedé por si algo se le ofrecía.
No, no sucede nada.
Puede irse.
Pero, ¿a dónde va usted sola y a estas horas?
A donde fui feliz.
Entonces permítame que la acompañe.
Vamos.
No me quedo sola.
Me acompañan Dios, mis recuerdos y mi hijo.
Aquí esperaré que nazca.
Adiós, Tony.
Vuelva con él. La necesita.
Ya no. Ahora más que nunca. Yo no sé qué pasaría entre ustedes dos esta noche.
Lo que sí sé es que Pedro no sabe lo que hace.
Su coger es la culpable.
Y usted luchó y logró hacer de él un hombre nuevo.
Inténtelo otra vez, Marga.
No lo abandone.
Usted no es cobarde.
Pero soy su mujer y estoy enamorada y espero un hijo de él.
Y me ha engañado y ha jurado en falso por lo más sagrado para nosotros.
Y este intento... Tiene razón.
Pero recuerde que usted es cristiana y que de cristianos es perdonar.
Y nuestras mujeres son abnegación, amor, sacrificio.
Mi esposa era extranjera.
Rubia.
De una raza que ella creía superior.
Por eso su orgullo y su amor propio le impidió perdonarme y comprenderme.
Ella se dedicaba a las fiestas, a los tés de sociedad.
Yo buscaba su amor como un perro busca un mendrugo.
La engañé.
Buscaba un refugio a mi soledad.
Si ella me hubiera comprendido, nuestras vidas serían aún tan felices.
Y no me encontraría como ahora rico, pero fracasado.
Le hablo con el corazón, Marga.
No le haga eso a Pedro.
Perdónelo.
Tiene usted razón.
que estoy muy ofendida.
Déjeme castigarlo un poquito para que aprenda y sienta lo que ha perdido.
Mañana volveré con él porque lo quiero más que nunca.
Gracias, madre.
Así la quería olvidar.
Castíguele, pues.
Y ojalá y pueda dormir bien esta noche.
Hasta mañana.
Me daban de cariño y me protegían.
Y acurrucarme contra tu pecho para que tu corazón me arrulle diciéndome en cada
latido.
estás oyendo.
Vengo a pedirte perdón.
No lo merezco, pero créeme, Marga, estaba loco.
Sé que ninguna mujer perdonaría lo que hice, pero tú sí.
Tú sí me perdonarás, ¿verdad, corazón?
Porque eres la más santa, la más buena.
Contéstame, Marga.
No me hagas sufrir más, te lo ruego.
No me hagas pensar que eres como las demás.
Tú no eres orgullosa.
Y sé que no me guardarías rencor.
¡Abre, por favor, Marga!
Vuelve conmigo.
Quiero que vuelvas.
Te quiero, te necesito.
Tengo miedo de caer más bajo si tú no vuelves a mi lado.
Mira, te juro que no la vuelvo a ver nunca más, ni a ella ni a ninguna otra.
Está bien.
Que sea lo que tú quieras.
No te volveré a molestar nunca, ¿lo oyes?
¡Nunca!
Me condenas a lo peor.
A vivir sin ti sabiendo que no sé.
Me quiere.
Me quiere.
¿Usted, Tony?
Ábrame, por favor.
Un momentito.
¿Qué sucede?
No se asuste. Cálmese.
Pero, Pedro... ¿Qué? Me acaban de avisar de la Cruz Roja que tuvo un accidente
en la carretera.
Espéreme. Ahorita bajo.
Urgencia. Rápido, rápido.
¿Qué tiene, doctor?
¿Es grave?
No, solo una pierna lastimada. La muchacha sí está de cuidado.
Que se preparen en cirugía de maternidad por si acaso. Que esté en estado esa
muchacha. Se ha perdido mucha sangre.
Aquí se ven huellas de fractura que fue en minuta antigua.
Este hombre tiene destrozada la pierna.
Creo que va a quedar peor que antes.
Doctor, le doy lo que pida, lo que sea, pero déjelo bien, doctor.
La Cruz Roja no cobra, señor.
Y aunque así fuera, no es cuestión de querer, sino de saber.
Y el único que sabe lo bastante es el doctor Velasco.
Quizás él... Doctor Velasco, ¿dónde vive?
Me voy a morir.
No. Ni su hijo.
Todo va bien.
Cálmese. No se agite.
Llore todo lo que quiera. Pero suavemente. Sin esfuerzos.
Tengo mucho miedo.
Fue horrible.
Estaba como loco. Más que nunca.
¿No quieres saber cómo está él?
No. ¿A mí qué me importa a él?
Se fue por su culpa.
Ay, me siento muy mal.
Yo no me quiero morir. ¡No quiero!
No se asuste.
Cálmese. Todo saldrá bien.
Cálmate.
¿Cuántos años tienes?
Dieciocho.
Bueno, lo voy a cumplir.
Diecisiete años.
¿Vas a ser una madre muy joven?
No, no quiero.
Tengo miedo.
Sé que voy a sufrir mucho y no me gusta.
A nadie le gusta eso.
Pero si todos los dolores fueran así.
¿Usted ha tenido hijos?
Sí.
Murió ya grande.
para hacer sufrir a una. Porque nace.
Porque se muere.
Y yo no quiero tenerlo.
Dios te lo manda. No puedes negarte.
Es lo que no entiendo.
¿Por qué me lo manda a mí y no a una que esté casada?
Es lo peor.
Si yo ni lo quería ni nada.
Nada más vino a hacer que me metiera en lío.
Ya verás cómo piensas distinto cuando lo veas.
Tan desvalido en tus manos.
Y cuando lo sientas en tus brazos.
Y su boquita tigre y mordelona como...
Vamos a tener que injertar hueso.
Así que consígame un donador, ¿eh?
Pensamos en eso, maestra, pero no lo encontramos.
En este momento las condiciones para operar con éxito serían ideales.
Más tarde no respondería yo.
¿Cómo no se va a conseguir?
Usted, usted, doctor, le doy lo que me pidan.
Cinco, diez mil pesos.
Usted que está joven, usted.
Usted es que puede disfrutar del dinero.
Tú, Tony, tú que eres mi amigo.
Alguien tiene que querer.
Algún pordiosero, búscalo por ahí, ofrécele lo que quiera. Yo después te
Cálmese, cálmese.
Vamos a hacer todo lo que sea posible.
Caramba, con tanto dinero como usted ofrece, ¿cómo no vamos a conseguir un
hueso? Sí, ¿verdad? Pues ándale, pues. Claro, tenga confianza. Sí, señor.
Ya van a operar a Pedro, María. El doctor Velasco es una eminencia y cree
dejarlo perfectamente bien de la pierna. No volverá a cojear.
Lo único que necesita es un... ¿Ustedes?
Sí, la esposa de Pedro. Por favor, Tony, se lo ruego. Ya ha sufrido bastante la
inocente. No sea cruel.
Adiós, usted. ¿Quién soy yo?
Y a pesar de todo... No llores, te hace daño.
¿Y a usted qué le importa?
¿Por qué no me odias y me debe odiar?
¿Odiar?
Porque tú no tienes la culpa de nada.
Son cosas que suceden.
¿Y sabes?
Yo también estoy esperando un hijo de él.
Gracias, señora.
Usted se merece todo.
La verdad, ni él ni yo somos buenos.
Somos basura los dos.
Usted no debe sufrir más.
Yo quería escapar de la miseria.
Por eso lo busqué.
Para que me protegiera al nacer mi hijo.
Este hijo que no es de él.
sino de una canalla que me engañó.
Pero usted debe ser feliz, señora.
Y yo no voy a estorbar esa felicidad.
Bueno, ya estamos listos.
¿Cuánto le costó el donador?
¿Cómo? ¿Pero decía que no le importaba el dinero?
Así nomás por curiosidad.
Por ver si hay alguien capaz de vender sus huesos.
Así le dije, el dinero no falla, no falla.
Ándele pues, que ya quiero andar bien.
No
hayan
cosquillas, doctor.
Ah, está muy bien, muy bien.
Gracias a su dinero está usted muy bien.
Y a usted.
Pero no me negará que gracias a mi dinero logré que me operara, ¿o no? Ah,
eso sí también es cierto, sí es verdad.
Bueno, doctor, ¿y de a cómo va a ser el ramalazo?
Pues, ¿qué le parecen diez mil pesos?
Hombre, pues me parece bastante, pero no le voy a regatear.
¿A nombre suyo? No, perdón, de la Cruz Roja.
Está haciendo falta una ambulancia.
Oiga, no creí que hubiera hombres como usted.
¿Que a poco los otros son distintos?
Pues viera usted que sí.
Tenga.
Camil, vamos al jardín a tomar un poquito de sol, ¿eh? Bueno, pero ¿cuándo
a bajar de este caballo? Ah, no, si dentro de muy poco.
¿No quiere darle las gracias personalmente a su donador?
¿Para qué? Bien pagado queda.
No quiero verlo.
Qué coincidencia.
Eso mismo dijo él cuando me endosó este cheque.
Si es el mismo que yo le di cuando me operaron, ¿no?
Sí.
Me pidió que se lo diera a una enferma que va a tener un hijo.
Su donador quiere mucho a los niños.
Tal vez perdió uno. Lo mismo que usted.
Quizá sea el mismo.
¿Su donador?
Tú eres tan bueno y yo tan miserable.
O la verdad que clavado me voy a echar.
Súbete para que veas.
¿Qué?
¿Qué te pasa?
¿Qué?
Mejor regresamos.
Vengo rendida.
Habrá la que lleva balas.
Contesta, ¿quieres? Ha de ser Tony.
¿Cómo se habrá enterado que ya estamos aquí?
Nomás recojo esto.
Deja eso, yo lo recojo después.
Ándale, tú no se apaguen sus trotes.
Ha de ser brujo.
¿Tony? Ah, usted perdone.
Sí, ¿de parte de quién?
Ah, un momentito.
No es Tony. ¿Quién?
Damián.
Oye. ¿Quién es Damián?
Bueno.
Sí.
No seas imbécil. ¿Cómo te atreves a llamar aquí? ¿Qué? Hay bolos en la
Nomás vete al periódico de hoy.
Y me vuelves a llamar en cuanto puedas.
Nos tenemos que poner de acuerdo, ¿eh?
Bueno, sí.
Adiós.
Era un amigo.
Un amigo.
¿No tendrá algo que ver con tus pasados líos de faldas?
No.
Sí.
Francamente, sí.
Tonto, si ya pasó todo.
Bueno, voy a tirar todo este mugrero.
Déjame los periódicos, quiero leerlos.
Ahorita no, señor.
Usted viene muy cansado.
Mañana sí.
Que me los dejes, te digo.
Bueno, bueno.
Caray, chiquito, qué mal te prueba el aire de México.
Perdóname, chaparra, es que el viaje en avión me pone muy nervioso.
Ándale, vete a acostar.
Bueno, pero no te tardes, ¿eh? Y me llevas la maleta. Sí, sí, allá te la
La aplicante de drogas heroicas, Antonio Merino, prominente hombre de negocios,
ha sido aprendido.
El gerente de importantes laboratorios inunda el mercado de drogas heroicas.
Le espero una larga condena por atentar contra la salud pública.
Me he hecho... ¡Idiotas!
No me dejes seguir pensando.
Dime algo.
No, Pedro, no.
Te estás acusando.
Tony es inocente, ¿verdad?
Has sido tú.
¡Ya cállate! ¡Déjame pensar!
¿Cómo podías, Pedro?
¡Déjate, Pedro!
No me pidas eso, Chaparra.
Te quiero a ti sola.
Y así será siempre.
para volver a la miseria compréndete
a Tony de la cárcel.
Tengo dinero con que... Además, haremos todas las obras de caridad
que tú quieras para que Dios te perdone.
Él nos está bien.
Él sabrá salvar a Tony y castigarte a ti.
Y no quiero estar contigo cuando eso suceda.
Compréndeme, chaparrita.
que no debo por él.
¿Qué quieres que le digan a nuestro hijo? ¿Que su padre es un criminal?
Sí.
Prefiero que le digan que su padre es un criminal y no que su padre es un
cobarde que no supo hacerle frente a sus errores.
mañana mismo.
Perdóname. No tengo valor para entregarme. Me voy.
Pero estaré cerca velando por ti.
Y espero la gracia de Dios para que nuestro hijo nazca con ventura.
Soy culpable del robo de las drogas y esta es mi confesión.
Si quieres, entrégame tu chaparra.
Estoy en tus manos queriéndote más que nunca.
Pedro.
Esta noche me voy de parranda para ver si me puedo
quitar una pena que traigo en el alma, que
me agobia y que me hace llorar.
Si me encuentro por ahí con la muerte, a los machos no
la heren de mí.
Que me importa la vida perder.
Ya traté de vivir sin mirar.
Ya luché por no ser infeliz.
Y tan solo encontré dos caminos. O lograrla o
dejar de vivir.
Esta noche le doy serenata.
No me importa perder.
ganar esta noche le canto a la ingrata tres
canciones que la hagan llorar si me matan al pie de su
reja a los machos me harían un favor que más puedo
pedirle a la vida que morirme juntito a mi amor
ya traté de vivir sin mirarla ya luché
por no ser infeliz y tan solo encontré dos
caminos o lograrla o dejarla
Tengo dinero en el mundo, dinero
maldito que nada vale.
Aunque me miren sonriendo, la pena que
traigo ni Dios la sabe.
conocí la pobreza y allí entre los pobres
jamás
y se fue si es necesario que llore
la vida completa por ella lloro
a
que me sirve el dinero si sufro una pena
si estoy tan solo
y dar
¿Qué se fue?
jejejeje
Yo lo maté.
Soy un hachicín.
Perdóname, chamamita.
¿Por qué no me has ayudado?
Si tú tienes las pruebas, ¿por qué no me has entregado?
se siente cantar este arrullo sintiéndose ya
Gracias.
Perdóname. Tú una vez me dijiste... ...ni limosnero...
...ni ladrón.
Tenías razón.
Solo un hombre honrado. Es todo.
Y es mucho.
¿Conoces a mi hijo?
Vamos.
Ven a por ellos.
De eso me encargo yo.
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