All language subtitles for Águila Roja-La película (2011)1h42Avtr

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Original subtitles

¿Nos vas a dar el mapa por las buenas o prefieres que te matemos antes?

Yo no tengo ningún mapa.

Matapa.

¿No pensáis poner tan siquiera el escudo de Portugal?

Portugal aparece en el pendón de las Españas. Es parte de nuestro territorio.

No parecéis muy dispuestos a hacer concesiones, Majestad.

Puede que la presencia de su santidad os haga cambiar de opinión.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Y Francia e Inglaterra, ellos también acuden a la cumbre como mediadores.

La única paz posible.

Es la rendición de Portugal, Cardenal.

Perdón, Majestad. Si estuvieran a mi servicio, tendrían el mismo final que se

echó.

Majestad.

Lucrecia.

Eminente. Marquesa.

¿Por qué, Majestad?

Y confío en que sepáis disculpar mi atrevimiento.

Tengo entendido que últimamente no digerís bien la carne.

Así es.

Bueno, el otro día tuve la oportunidad de degustar un besugo excepcional en

de la marquesa.

Quizá podríais pedirle que os prepare uno para pasado mañana, el día del

encuentro.

¿Sería posible, marquesa?

Por supuesto, majestad.

Por cierto, ¿cómo van los preparativos para recibir a la comitiva francesa en

vuestro palacio?

Quedarán muy satisfechos.

Y vos no tendréis que verlos más de lo necesario.

Qué bien me comprendéis siempre, Lucrecia.

Acompañadme, quiero consultaros unas cosas.

Eminencia.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

Tan eficaz como siempre, comisario.

A veces es necesaria paciencia para alcanzar la perfección.

Venga al medio día al calabozo y le presentaré a alguien que ya lo ha

¿De qué diantres me estáis hablando?

Del mejor asesino del mundo.

El que matará a Aguilar Roja.

Los hombres que iban con el comisario no eran sus guardias.

Dios mío. Hay que orear este coleto, amo.

Que yo sé que usted es limpio, pero de los sofocos de la lucha, pues... Lo que

está claro es que gustaban un mapa.

A ver, a ver, a ver, que no me estoy enterando de nada.

Usted la salvó, ¿no?

Sí. ¿Y por qué no le pregunto todo eso?

Porque desapareció antes de que pudiera hablar con ella.

¿Desapareció?

¿Pero cómo desapareció? ¿Así, por las buenas?

Sí.

No, que ya sé por dónde va usted.

Saturn. Tengo que averiguar qué esconde ese mapa. Ya estamos.

Otro misterio.

Pues primero habrá que encontrar a esa muchacha, que estoy seguro que ni se

en cómo era.

Rubia.

Era rubia.

Es la primera vez que veo que pone usted interés en asuntos de hembras.

Se escurra el bulto ahora.

Con todo el reten que tiene ahí abajo, no sé cómo le llega la sangre a la

cabeza.

A ver, Cipri, si no lo sabes escribir en español, ¿cómo lo vas a poner en

francés? Además, coño, que aprendan ellos a hablar en cristiano, que estamos

España, ¿o no?

Si no lo entienden, no entran. Y si no entran, se van a otro sitio.

He comprado el doble de provisiones para los extranjeros. ¿Qué hacéis?

Ah, Cipri, ¿que quiere poner un cartel en francés? Mira tú.

¿Que tú sabes hablar en francés?

Pues no.

Ya está.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el garnate.

Satur. Satur.

Satur. Muy bien.

¿Qué quieres poner? ¿Vino?

Pues vin.

¿Qué quieres poner? ¿Tinto? Pues tin.

¿Vino tinto?

Vin tin.

Comprín pan.

¡Permátame!

¡Permátame! ¡Perma!

¡Perma!

No se puede permitir la picación de un preso. Es un hombre de Dios.

¿Qué te crees que por vestirte de escudas no te lo vas a reconocer?

Pues dale, dale un millón de gracias.

Es que yo me tengo que ir.

Su santidad desea que venga con nosotros.

¿Yo? Pero si yo... Pero si yo no soy...

Y yo soy un humilde sacerdote.

Además, que tengo misa ahora, me ha pillado con mucha... Creo que no me ha

entendido. Es una petición expresa de su santidad.

¿Y dónde dice que vamos?

Ahí lo tenéis.

Espero que no se quede solo en la apariencia, comisario.

A pesar de ser religioso, sois de los que necesitáis ver para creer, ¿no?

Atadlo.

Me impresiona demasiado ver cómo acaban con vuestros hombres, comisario.

Eso no tiene ningún mérito.

Les garantizo que la vida del Águila Roja está tocando su fin.

Pronto dejará de volar para siempre.

Esa promesa la he oído demasiadas veces.

Pero como sigo siendo un hombre de fe, os doy un voto de confianza.

Mejor dicho, se la doy a él.

...llevan al mar... ...y estos de amor...

...naufragados... ...cuentan

los viejos... ...que en este lugar... ¡Magnifique!

¿Canta usted como los ángeles?

¿San Moselle?

Muchas gracias, señor.

Perdón, no me he presentado.

Soy Luis XIV de Francia y tercero de Navarra.

¿Y usted?

Yo soy Margarita.

Margarita Hernando, de aquí, de la villa.

Buenos días.

¿Qué pasa?

¡Qué bonito!

¡Qué bonito esto de ver!

¡Qué lujo y qué majestuosidad!

¿Por qué puedo llevar semejante bazofia al Palacio Real? Es el más grande que

había, señora, y el más fresco.

No es suficiente.

Me da igual que tengas que pescarlo con tus propias manos.

Quiero un beso odígena de un rey. Sí, señora.

No entiendo por qué tenemos que cocinar nosotros su comida.

No lo sé, hijo.

Fue idea del cardenal. Espera, que te ayudo. A veces hay que convertir los

obstáculos en oportunidades y nosotros lo haremos.

Por cierto, han traído tu traje para la recepción de la cumbre.

¿Y enseñaremos a todos los nobles del reino que ya no eres un niño?

Señora Marquesa. Sí.

Madame, permítame que me presente.

Soy Claude Acheron, capitán de los mosqueteros del rey de Francia.

Ahora entiendo por qué tal institución tiene fama mundial.

También aquí en España hay cosas que admirar.

¿Y tú eres?

Yo soy Muño, marqués de Santillana. Y supongo que ya practicarás con la

Sí, claro.

Ligera y mortal.

Te enseñaré algunos trucos.

Espérame, ¿no?

Debo revisar las estencias donde va a alojarse el rey.

Pura rutina.

Por supuesto.

Ya están preparadas.

¿Me las enseñas tú, niño?

Así podemos ir hablando de la estrategia en las grimas.

Creo que usted y yo...

¿Tendremos ocasión de vernos más tranquilamente?

Vino, señor.

Estoy buscando a alguien.

¿Si me dice el nombre?

Le llaman Águila Roja.

Perdón, ahora lo limpio.

¿Lo conoce o no? Lo siento, nadie sabe quién es Águila Roja.

¿Qué pasa?

Él se pregunta por Águila Roja. Para mí que es un castrato y algo de eso.

Por la voz.

¿A dónde?

¿Vive aquí la señorita Margarita Hernando?

Sí. Le traigo este mensaje de parte del rey de Francia.

Gracias.

Con Dios, señor.

¿Y ese pinpollo?

Vamos, que tengo que hablar con usted. Un momento.

El rey de Francia ha escrito a mi tía.

¿El propio rey de Francia, el de la peluca?

Pues yo tengo unos conocimientos básicos de francés.

Por si hicieran falta...

¿Quieren que cante pasado mañana en la cumbre, en el escorial, delante de todos

los reyes y del Papa?

Virgen Santa, en la cumbre nada menos. Que ya la veo usted cantando por ahí,

toda Europa.

¿Pero te han elegido a ti entre todas las mujeres del mundo?

No, pero que no, que no voy a ir. No, no puedo.

Pero que no puede negarse que sería un desplante. Que igual provoca usted hasta

una guerra. Sato, no.

Margarita, nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres. No, amo, no.

empecemos a revirarlo todo, que esto es un honor.

Va a dejar usted a España ahí en todo lo más alto.

Vas a ser la más guapa. Además, que yo podría presentarla. Que yo soy actor y

los buenos.

O sea, tú que no tengo que ponerme, además.

Pues hazte un vestido.

Rojo. Como el estandarte español.

Muy bien, Alonso.

Bueno, voy a... Muy bien, voy a ver qué hago.

Espera.

Nosotros en la cumbre. ¿Se da cuenta, amo?

¿Qué querías contarme?

¿Yo?

Ah, bueno, sí.

Sí, sí, amo.

Una mujer que ha estado preguntando por Aguilar Rojas en la posada.

¿Sabes quién es?

No, no, pero es la mujer más bella que he visto en mi vida.

Parecía talmente, salía un cuadro.

Pero no de uno del Rubens ese que solo pinta gordas, ¿no?

En serio.

¿Eh?

Tengo que encontrarla.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Quizá deberíamos hablar el idioma del reino que nos vamos a repartir.

Lucrecia, ¿qué ocurre?

Hay una conspiración para matar al rey. Creen que yo sea la mano ejecutora.

Antonio, ¿tú eres Antonio?

Mi nombre es Antonio.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

¿Ha subido aquí alguna mujer?

¿Qué pasa a ti ahora? ¿No puedes seguir?

¡Pues pasa!

Solo soy un simple maestro.

¡Hey, James!

Lo quiero en las respañas. ¿Está en nuestras manos?

Sí, ¿no?

Está liado con el rey. Bueno, el rey. El rey, el papa, la rubia, los

mosqueteros, un cosaco, los ingleses, los franceses, los portugueses también.

Y yo ahí, en todo el medio.

Hay un ejército de soldados franceses e ingleses apostados a las afueras de la

villa. Yo no puedo hacer nada contra un ejército.

Pero puedes salvar al rey.

Si alguno de nosotros muere, será por depender a nuestra familia.

Margarita, tú estarás bien con cualquier cosa que te pongas.

¿Ha subido aquí alguna mujer?

¡Vamos! ¡Vamos!

¡La peluca!

Mi nombre es Antoine. Yo soy francés.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el gandate.

Te

vi,

mi amor. Le salvé la vida a la vida roja.

Sí, no.

¿Nos vas a dar el mapa por las buenas o prefieres que te matemos antes?

Yo no tengo ningún mapa.

Matapa.

¿No pensáis poner tan siquiera el escudo de Portugal?

Portugal aparece en el pendón de las Españas. Es parte de nuestro territorio.

No parecéis muy dispuestos a hacer concesiones, Majestad.

Puede que la presencia de su santidad os haga cambiar de opinión.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Francia e Inglaterra, ellos también acuden a la cumbre como mediadores.

La única paz posible...

Es la rendición de Portugal, Cardenal.

Perdón, Majestad. Si estuvieran a mi servicio, tendrían el mismo final que se

echó.

Majestad. Lucrecia.

Eminente. Marquesa.

Por cierto, Majestad.

Y confío en que sepáis disculpar mi atrevimiento.

Tengo entendido que últimamente no digerís bien la carne.

Así es.

Bueno, el otro día tuve la oportunidad de degustar un besugo excepcional en

de la marquesa.

Quizá podríais pedirle que os prepare uno para pasado mañana, el día del

encuentro.

¿Sería posible, marquesa?

Por supuesto, majestad.

Por cierto, ¿cómo van los preparativos para recibir a la comitiva francesa en

vuestro palacio?

Quedarán muy satisfechos.

Y vos no tendréis que verlos más de lo necesario.

Qué bien me comprendéis siempre, Lucrecia.

Acompañadme, quiero consultaros unas cosas.

Eminencia.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

Tan ineficaz como siempre, comisario.

A veces es necesaria paciencia para alcanzar la perfección.

Venga el mediodía al calabozo y le presentaré a alguien que ya lo ha

¿De qué diantres me estáis hablando?

Del mejor asesino del mundo.

El que matará a Aguilar Roja.

Los hombres que iban con el comisario no eran sus guardias.

Dios mío. Hay que orear este coleto, amo.

Que yo sé que usted es limpio, pero de los sofocos de la lucha, pues... Lo que

está claro es que buscaban un mapa.

A ver, a ver, a ver, que no me estoy enterando de nada.

Usted la salvó, ¿no?

Sí. ¿Y por qué no le pregunto todo eso?

Porque desapareció antes de que pudiera hablar con ella.

¿Desapareció?

¿Pero cómo desapareció? ¿Así, por las buenas?

Sí.

No, que ya sé por dónde va usted.

Satur. Tengo que averiguar qué esconde ese mapa. Ya estamos.

Otro misterio.

Pues primero habrá que encontrar a esa muchacha. Estoy seguro que ni se fijó en

cómo era.

Rubia.

Era rubia.

Es la primera vez que veo que pone usted interés en asuntos de hembras.

Descurra el bulto ahora.

Con todo el reten que tiene ahí abajo, no sé cómo le llega la sangre a la

cabeza.

Cipri, si no lo sabes escribir en español, ¿cómo lo vas a poner en

Además, coño, que aprendan ellos a hablar en cristiano, que estamos en

¿o no?

Si no lo entienden, no entran. Y si no entran, se van a otro sitio.

He comprado el doble de provisiones para los extranjeros. ¿Qué hacéis?

Ah, Cipri, que quiere poner un cartel en francés. Mira tú.

¿Pero tú sabes hablar en francés?

Pues no.

Ya está.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el garnate.

¿Qué quieres poner, vino?

Pues vin.

¿Qué quieres poner, tinto? Pues tin.

¿Vino tinto?

Vin tin.

Compré un pan.

¡Permátame! ¡Permátame!

¡Permá!

¡Permá!

No se puede permitir la implicación de un preto. Es un hombre de Dios.

¿Quién te cree que por vestirse de cura no te vamos a reconocer?

Déselas a su santidad, el Papa.

El Papa.

El Papa.

Pues dale.

Dale un millón de gracias.

Es que yo me tengo que ir.

Su santidad desea que venga con nosotros.

¿Yo? Pero si yo... Pero si yo no soy...

Si yo soy un humilde sacerdote, además que tengo misa ahora, me ha pillado con

mucha... Creo que no me ha entendido. Es una petición expresa de su santidad.

¿Y dónde dice que vamos?

Ahí lo tengo.

Espero que no se quede solo en la apariencia, comisario.

A pesar de ser religioso, sois de los que necesitáis ver para creer, ¿no?

¡Mátalo!

Tampoco me impresiona demasiado ver cómo acaban con vuestros hombres, comisario.

Eso no tiene ningún mérito.

Os garantizo que la vida del Águila Roja está tocando a su fin.

Pronto dejará de volar para siempre.

Esa promesa la he oído demasiadas veces.

Pero como sigo siendo un hombre de fe, os doy un voto de confianza.

O mejor dicho, se la doy a él.

¡Magnifique!

¿Canta usted como los ángeles?

¿No es él?

Muchas gracias, señor.

Perdone, no me he presentado.

Soy Luis XIV de Francia y tercero de Navarra.

¿Y usted?

Yo soy Margarita.

Margarita Hernando, de aquí, de la villa.

¿No es este?

Hay que ir.

Mademoiselle.

Majestad, el plan se desarrolla como previo.

Si hay dos días, Philippe Quintre será muerto.

¡Majestad!

¡Majestad! ¡Majestad!

Bonito. Qué bonito esto de ver.

Qué lujo y qué majestuosidad.

¿Crees que puedo llevar semejante bazofia al Palacio Real? Es el más

había, señora, y el más fresco.

No es suficiente.

Me da igual que tengas que pescarlo con tus propias manos.

Quiero un beso digno de un rey. Sí, señora.

No entiendo por qué tenemos que cocinar nosotros su comida.

No lo sé, hijo.

Fue idea del cardenal. Espera que te ayudo. A veces hay que convertir los

obstáculos en oportunidades y nosotros lo haremos.

Por cierto, han traído tu traje para la recepción de la cumbre.

¿Enseñaremos a todos los nobles del reino que ya no eres un niño?

Señora Marquesa. Sí.

Madame, permítame que me presente.

Soy Claude Acheron.

Capitán de los mosqueteros del rey de Francia. Ahora entiendo por qué tal

institución tiene fama mundial.

También aquí en España hay cosas que admirar.

¿Y tú eres?

Yo soy Núñez, marqués de Santillana.

Y supongo que ya practicarás con la espada.

Sí, claro.

Ligera y mortal.

Te enseñaré algunos trucos.

Será un honor.

Debo revisar las estancias donde va a alojarse el rey.

Pura rutina. Por supuesto.

Ya están preparadas.

¿Me las enseñas tú, niño?

Así podemos ir hablando de la estrategia en las grimas.

Creo que usted y yo tendremos ocasión de vernos más tranquilamente.

Vino, señor.

Estoy buscando a alguien.

¿Si me dice el nombre?

Le llaman Águila Roja.

Perdón, hablar olimpio.

¿Lo conoce o no?

Lo siento, nadie sabe quién es Águila Roja.

¿Qué pasa?

Ese pregunta por Aguilar Roja.

Para mí que es un castrati o algo de eso.

Por la voz.

¿A dónde?

¿Vive aquí la señorita Margarita Hernando?

Sí. Le traigo este mensaje de parte del rey de Francia.

Gracias.

Con Dios, señor.

¿Y ese pinpollo?

Vamos, que tengo que hablar con usted.

Un momento.

El rey de Francia ha escrito a mi tía.

¿Cómo el rey de Francia?

¿El propio rey de Francia, el de la peluca?

Pues yo tengo unos conocimientos básicos de francés.

Por si hicieran falta...

¿Quieren que cante pasado mañana en la cumbre en el Escorial?

Delante de todos los reyes y del Papa.

Virgen Santa, en la cumbre nada menos.

Que ya la veo usted cantando por ahí, por toda Europa.

¿Pero te han elegido a ti entre todas las mujeres del mundo?

No, pero que no, que no voy a ir. No, no puedo. Lo que no puede es negarse que

salió en desplante. Es que igual provoca usted hasta una guerra. Sato, no.

Margarita, nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres. No, vamos,

empecemos a revirarlo todo, que esto es un honor.

Va a dejar usted a España ahí en todo lo más alto.

Vas a ser la más guapa. Además, que yo podría presentarla. Que yo soy actor y

los buenos. O sea, tú que no tengo que ponerme, además.

Pues hazte un vestido.

Rojo. Como el estandarte español.

Muy bien, Alonso.

Bueno, voy a ver qué hago.

Espera.

Nosotros en la cumbre. ¿Se da cuenta, amo?

¿Qué querías contarme?

¿Yo?

Bueno, sí.

Sí, sí, amo.

Una mujer que ha estado preguntando por ahí la roja en la posada.

¿Sabes quién es?

No, no, pero la mujer más bella que he visto en mi vida.

Parecía talmente salía un cuadro, pero no de uno del Rubens ese que solo pinta

gordas, ¿no?

En serio.

¿Eh?

Tengo que encontrarla.

Mi papá sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Quizá deberíamos hablar el idioma del reino que nos vamos a repartir.

Lucrecia, ¿qué ocurre?

Hay una conspiración para matar al rey. Creen que yo sea la mano ejecutora.

Antonio, ¿tú eres Antonieto? Mi nombre es Anton.

Yo soy Hansen.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

¿Has oído aquí algo de una mujer?

¿Qué pasa a ti ahora? ¿No puedes seguir?

Solo soy un simple maestro.

Yo quiero hablar de España.

¿Está en nuestras manos?

Sí, ¿no?

Está liado con el rey. Bueno, el rey.

El rey, el papa, la rubia, los mosqueteros, un cosaco, los ingleses,

franceses, los portugueses también.

Y yo ahí, en todo el medio.

Hay un ejército de soldados franceses e ingleses apostados para las afueras de

la villa. Y no pudo hacer nada contra un ejército.

Pero puede salvar al rey.

Si alguno de nosotros muere, será por defender a nuestra familia.

Margarita, tú estarás bien con cualquier cosa que te pongas.

¿Ha subido aquí alguna mujer?

¡Vamos!

La peluca.

Mi nombre es Antonio Calcés.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el gandate.

Te

vi,

mi amor. Le salvé la vida a la vida roja.

en nuestras manos.

Sí, ¿no?

¿Nos vas a dar el mapa por las buenas o prefieres que te matemos antes?

Yo no tengo ningún mapa.

Matadla.

¿No pensáis poner tan siquiera el escudo de Portugal?

Portugal aparece en el pendón de las Españas. Es parte de nuestro territorio.

No parecéis muy dispuestos a hacer confesiones, Majestad.

Puede que la presencia de su santidad os haga cambiar de opinión.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Francia e Inglaterra, ellos también acuden a la cumbre como mediadores.

La única paz posible.

Es la rendición de Portugal, Cardenal.

Perdón, Majestad. Si estuvieran a mi servicio, tendrían el mismo final que se

echó.

Majestad. Lucrecia.

Eminencia. Marquesa.

Por cierto, Majestad.

Y confío en que sepáis disculpar mi atrevimiento.

Tengo entendido que últimamente no digerís bien la carne.

¿Así es?

Bueno, el otro día tuve la oportunidad de degustar un besugo excepcional en

de la marquesa.

Quizá podríais pedirle que os prepare uno para pasado mañana, el día del

encuentro.

¿Sería posible, marquesa?

Por supuesto, majestad.

Por cierto, ¿cómo van los preparativos para recibir a la comitiva francesa en

vuestro palacio?

Quedarán muy satisfechos.

Y vos no tendréis que verlos más de lo necesario.

Qué bien me comprendéis siempre, Lucrecia.

Acompañadme, quiero consultaros unas cosas.

Eminencia.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, Eminencia.

Muy eficaz como siempre, comisario.

A veces es necesaria paciencia para alcanzar la perfección.

Venga el mediodía al calabozo y le presentaré a alguien que ya lo ha

¿De qué diantres me estáis hablando?

Del mejor asesino del mundo.

El que matará a Aguilar Roja.

Los hombres que iban con el comisario no eran sus guardias.

Dios mío. Hay que orear este coleto, amo.

Que yo sé que usted es limpio, pero de los sofocos de la lucha, pues... Lo que

está claro es que buscaban un mapa.

A ver, a ver, a ver, que no me estoy enterando de nada.

Usted la salvó, ¿no?

Sí. ¿Y por qué no le pregunto todo eso?

Porque desapareció antes de que pudiera hablar con ella.

¿Desapareció?

¿Pero cómo desapareció? ¿Así, por las buenas?

Sí.

No, que ya sé por dónde va usted.

Está tú.

Tengo que averiguar qué esconde ese mapa. Ya estamos.

Otro misterio.

Pues primero habrá que encontrar a esa muchacha, que estoy seguro que ni se

en cómo era.

Rubia.

Era rubia.

Es la primera vez que veo que pone usted interés en asuntos de hembras.

Se escurra el bulto ahora.

Con todo el reten que tiene ahí abajo, no sé cómo le llega la sangre a la

cabeza.

A ver, Cipri, si no lo sabes escribir en español, ¿cómo lo vas a poner en

francés? Además, coño, que aprendan ellos a hablar en cristiano, que estamos

España, ¿o no?

Si no lo entienden, no entran. Y si no entran, se van a otro sitio.

He comprado el doble de provisiones para los extranjeros. ¿Qué hacéis?

Ah, Cipri, que quiere poner un cartel en francés. Mira tú.

¿Que tú sabes hablar en francés?

Pues no.

Ya está.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el garnate.

Muy bien.

¿Qué quieres poner, vino?

Pues vin.

¿Qué quieres poner, tinto? Pues tin.

¿Vino tinto?

Vin tin.

Comprín pan.

¡Permátame!

¡Permátame! ¡Permá!

¡Permá!

No se puede permitir la picación de un preto. Es un hombre de Dios.

¿Qué te crees? ¿Que por vestirte de escudo no te lo vas a reconocer?

Su santidad desea que venga con nosotros.

¿Yo? Pero si yo... Pero si yo no soy...

Y yo soy un humilde sacerdote. Además, que tengo misa ahora, me ha pillado con

mucha... Creo que no me ha entendido. Es una petición expresa de su santidad.

Ah.

¿Y dónde dice que vamos?

Ahí lo tenéis.

Espero que no se quede solo en la apariencia, comisario.

A pesar de ser religioso, sois de los que necesitáis ver para creer, ¿no?

¡Mátalo!

¡Basta!

¡Basta!

Tampoco me impresiona demasiado ver cómo acaban con vuestros hombres, comisario.

Eso no tiene ningún mérito.

Les garantizo que la vida del Águila Roja está tocando a su fin.

Pronto dejará de volar para siempre.

Esa promesa la he oído demasiadas veces.

Pero como sigo siendo un hombre de fe, os doy un voto de confianza.

Mejor dicho, se la doy a él.

...llevan al mar... ...estos de amor...

...naufragados... ...cuentan

los viejos... ...que en este lugar... ¡Manific!

¿Canta usted como los ángeles?

¿No es de él?

Muchas gracias, señor.

Perdón, no me he presentado.

Soy Luis XIV de Francia y tercero de Navarra.

¿Y usted?

Yo soy Margarita.

Margarita Hernando, de aquí, de la villa.

Majesté. ¿Qué pasa?

Mademoiselle.

Majestad, el plan se desarrolla como previo. En dos días, Filipe IV será

¡Qué bonito!

¡Qué bonito esto de ver!

¡Qué lujo y qué majestuosidad!

que puedo llevar semejante bazofia al Palacio Real. Es el más grande que

señora, y el más fresco.

No es suficiente.

Me da igual que tengas que pescarlo con tus propias manos.

Quiero un beso odígena de un rey. Sí, señora.

No entiendo por qué tenemos que cocinar nosotros su comida.

No lo sé, hijo.

Fue idea del cardenal. Espera, que te ayudo. A veces hay que convertir los

obstáculos en oportunidades y nosotros lo haremos.

Por cierto, han traído tu traje para la recepción de la cumbre.

¿Les enseñaremos a todos los nobles del reino que ya no eres un niño?

Señora Marquesa. Sí.

Madame, permítame que me presente.

Soy Claude Acheron, capitán de los mosqueteros del rey de Francia.

Ahora entiendo por qué tal institución tiene fama mundial.

También aquí en España hay cosas que admirar.

¿Y tú eres?

Yo soy Nuno, marqués de Santillana.

Y supongo que ya practicarás con la espada.

Sí, claro.

Ligera y mortal.

Te enseñaré algunos trucos.

Déjame, ¿no?

Debo revisar las estancias donde va a alojarse el rey.

Pura rutina.

Por supuesto.

Ya están preparadas.

¿Me las enseñas tú, niño?

Así podemos ir hablando de la estrategia en la esgrima.

Creo que usted y yo...

¿Tendremos ocasión de vernos más tranquilamente?

¡Más ver!

¿Qué vino, señor?

Estoy buscando a alguien.

¿Si me dice el nombre?

Le llaman Águila Roja.

Perdón, ahora lo limpio.

¿Lo conoce o no?

Lo siento, nadie sabe quién es Águila Roja.

¿Qué pasa?

Él se pregunta por Águila Roja. Para mí que es un castrati o algo de eso.

Por la voz.

¿A dónde?

¿Vive aquí la señorita Margarita Hernando?

Sí. Le traigo este mensaje de parte del rey de Francia.

Gracias.

Con Dios, señor.

¿Y ese pinpollo?

Vamos, que tengo que hablar con usted.

Sato, un momento.

El rey de Francia ha escrito a mi tía.

¿Cómo el rey de Francia?

¿El propio rey de Francia, el de la peluca?

Pues yo tengo unos conocimientos básicos de francés.

Pues si hicieran falta...

¿Quieren que cante pasado mañana en la cumbre en el Escorial?

Delante de todos los reyes y del Papa.

Virgen Santa, en la cumbre nada menos. Que ya la veo usted cantando por ahí,

toda Europa.

¿Pero te han elegido a ti entre todas las mujeres del mundo?

No, pero que no, que no voy a ir. No, no puedo. Pero que no puedes negarse que

sería un desplante. Que igual provoca usted hasta una guerra. Sato, no.

Margarita, nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres. No, vámonos,

empecemos a revirarlo todo, que esto es un honor.

Va a dejar usted a España ahí en todo lo más alto. Vas a ser la más guapa.

Además, que yo podría presentarla. Que yo soy actor y de los buenos.

O sea, tú que no tengo que ponerme, además.

Pues hazte un vestido.

Rojo. Como el estandarte español.

Muy bien, Alonso.

Bueno, voy a... Muy bien, voy a ver qué hago.

Espera.

Nosotros en la cumbre. ¿Se da cuenta, amo?

¿Qué querías contarme?

¿Yo?

Ah, bueno, sí.

Sí, sí, amo.

Una mujer que ha estado preguntando por ahí la roja en la posada.

¿Sabes quién es?

No, no, pero es la mujer más bella que he visto en mi vida.

Parecía talmente, salía un cuadro.

Pero no de uno del Rubens ese que solo pinta gordas, ¿no?

Bien, señor.

¿Eh?

Tengo que encontrarla.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Quizá deberíamos hablar el idioma del reino que nos vamos a repartir.

Lucrecia, ¿qué ocurre?

Hay una conspiración para matar al rey. Quieren que yo sea la mano ejecutora.

Antonio, ¿tú eres Antonieto?

No, hombre.

Entrad, yo soy francés.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

¡Ayuda!

¿Has olvidado que hay una mujer?

¡Ayuda, por favor!

¿Qué pasa a ti ahora? ¿No puedes seguir?

¡Por la espalda!

Solo soy un simple maestro.

¡Hey, Dave!

Lo tiro a la España.

¿Está en nuestras manos?

Sí, ¿no?

Está liado con el rey. Bueno, el rey. El rey, el papa, la rubia, los

mosqueteros, un cosaco, los ingleses, los franceses, los portugueses también.

Y yo ahí, en todo el medio.

Hay un ejército de soldados franceses e ingleses apostados a las afueras de la

villa. Yo no puedo hacer nada contra un ejército.

Pero puedes salvar al rey.

Si alguno de nosotros muere, será por depender a nuestras familias.

Margarita, tú estarás bien con cualquier cosa que te pongas.

¿Ha subido aquí alguna mujer?

¡Vamos! ¡Vamos!

Mi nombre es Anton. Yo soy un francés.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el garnate.

¿Te vi, mi amor? Le

salvé la vida a la vida roja.

Sí,

¿no?

¿Nos vas a dar el mapa por las buenas o prefieres que te matemos antes?

Yo no tengo ningún mapa.

Matadla.

¿No pensáis poner tan siquiera el escudo de Portugal?

Portugal aparece en el pendón de las Españas. Es parte de nuestro territorio.

No parecéis muy dispuestos a hacer concesiones, Majestad.

Puede que la presencia de su santidad os haga cambiar de opinión.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Francia e Inglaterra, ellos también acuden a la cumbre como mediadores.

La única paz posible.

Es la rendición de Portugal, Cardenal.

Perdón, Majestad. Si estuvieran a mi servicio, tendrían el mismo final que su

lechón.

Majestad. Lucrecia.

Eminente. Marquesa.

Por cierto, Majestad.

Y confío en que sepáis disculpar mi atrevimiento.

Tengo entendido que últimamente no digerís bien la carne.

¿Así es?

Bueno, el otro día tuve la oportunidad de degustar un besugo excepcional en

de la Marquesa.

Quizá podríais pedirle que os prepare uno para pasado mañana, el día del

encuentro. ¿Sería posible, Marquesa?

Por supuesto, Majestad.

Por cierto, ¿cómo van los preparativos para recibir a la comitiva francesa en

vuestro palacio?

Quedarán muy satisfechos.

Y vos no tendréis que verlos más de lo necesario.

Qué bien me comprendéis siempre, Lucrecia.

Acompañadme, quiero consultaros unas cosas.

Eminencia.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, Eminencia.

Tan eficaz como siempre, comisario.

A veces es necesaria paciencia para alcanzar la perfección.

Venga el mediodía al calabozo y le presentaré a alguien que ya lo ha

¿De qué diantres me estáis hablando?

Del mejor asesino del mundo.

El que matará a Aguilar Roja.

Los hombres que iban con el comisario no eran sus guardias.

Dios mío. Hay que orear este coleto, amo.

Que yo sé que usted es limpio, pero de los sofocos de la lucha, pues... Lo que

está claro es que buscaban un mapa.

A ver, a ver, a ver, que no me estoy enterando de nada.

Usted la salvó, ¿no?

Sí. ¿Y por qué no le pregunto todo eso?

Porque desapareció antes de que pudiera hablar con ella.

¿Desapareció?

¿Pero cómo desapareció? ¿Así, por las buenas?

Sí.

No, que ya sé por dónde va usted.

Sáturo. Tengo que averiguar qué esconde ese mapa. Ya estamos.

Otro misterio.

Pues primero habrá que encontrar a esa muchacha, que estoy seguro que ni se

en cómo era.

Rubia.

Era rubia.

Es la primera vez que veo que pone usted interés en asuntos de hembras.

Se escurra el bulto ahora.

Con todo el reten que tiene ahí abajo, no sé cómo le llega la sangre a la

cabeza.

Cipri, si no lo sabes escribir en español, ¿cómo lo vas a poner en

Además, coño, que aprendan ellos a hablar en cristiano, que estamos en

¿o no?

Si no lo entienden, no entran. Y si no entran, se van a otro sitio.

He comprado el doble de provisiones para los extranjeros. ¿Qué hacéis?

Ah, Cipri, que quiere poner un cartel en francés. Mira tú.

¿Pero tú sabes hablar en francés?

Pues no.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el garnate.

¿Qué quieres poner, vino?

Pues vin.

¿Qué quieres poner, tinto? Pues tin.

¿Vino tinto?

Vin tin.

Comprín pan.

¡Permátame! ¡Permátame!

¡Permá!

¡Permá!

No se puede permitir la picación de un príncipe. Es un hombre de Dios.

¿Qué te crees que por vestirte de cura no te vamos a reconocer?

De ser hasta su santidad, el Papa.

El Papa.

El Papa.

Pues dale.

Dale un millón de gracias.

Es que yo me tengo que ir.

Su santidad desea que venga con nosotros.

¿Yo? Pero si yo... Pero si yo no soy...

Y yo soy un humilde sacerdote. Además, que tengo misa ahora.

Creo que no me ha entendido. Es una petición expresa de su santidad.

¿Y dónde dice que vamos?

Ahí lo tenéis.

Espero que no se quede solo en la apariencia, comisario.

A pesar de ser religioso, sois de los que necesitáis ver para creer, ¿no?

¡Mátalo!

Tampoco me impresiona demasiado ver cómo acaban con vuestros hombres, comisario.

Eso no tiene ningún mérito.

Les garantizo que la vida del Águila Roja está tocando a su fin.

Pronto dejará de volar para siempre.

Esa promesa la he oído demasiadas veces.

Pero como sigo siendo un hombre de fe, os doy un voto de confianza.

O mejor dicho, se la doy a él.

Que en este lugar... ¡Magnifique!

¿Canta usted como los ángeles?

¿San Muesel?

Muchas gracias, señor.

Perdona, no me he presentado.

Soy Luis XIV de Francia y tercero de Navarra.

¿Y usted?

Yo soy Margarita.

Margarita Hernando, de aquí de la villa.

Majestad, tenemos que ir.

Mademoiselle.

Majestad,

el plan se desarrolla como previsto. En dos días, Philippe Quintre será muerto.

¡Atención, mosqueteros!

Bonito. Qué bonito esto de ver.

Qué lujo y qué majestuosidad.

¿Crees que puedo llevar semejante bazofia al Palacio Real? Es el más

había, señora, y el más fresco.

No es suficiente.

Me da igual que tengas que pescarlo con tus propias manos.

Quiero un beso digno de un rey. Sí, señora.

No entiendo por qué tenemos que cocinar nosotros su comida.

No lo sé, hijo.

Fue idea del cardenal. Espera que te ayudo. A veces hay que convertir los

obstáculos en oportunidades y nosotros lo haremos.

Por cierto, han traído tu traje para la recepción de la cumbre. Les enseñaremos

a todos los nobles del reino que ya no eres un niño.

Señora Marqués. Sí.

Madame, permítame que me presente.

Soy Claude Acheron.

Capitán de los mosqueteros del rey de Francia. Ahora entiendo por qué tal

institución tiene fama mundial.

También aquí en España hay cosas que admirar.

¿Y tú eres?

Yo soy Nuno, marqués de Santillana.

Y supongo que ya practicarás con la espada.

Sí, claro.

Ligera y mortal.

Te enseñaré algunos trucos.

Espérame un momento.

Debo revisar las estancias donde va a alojarse el rey.

Pura rutina.

Por supuesto.

Ya están preparadas.

¿Me las enseñas tú, niño?

Así podemos ir hablando de la estrategia en la esgrima.

Creo que usted y yo tendremos ocasión de vernos más tranquilamente.

¡Más verde!

Tu vino, señor.

Estoy buscando a alguien.

¿Si me dice el nombre?

Le llaman Águila Roja.

Perdón, a la Olimpia.

¿Lo conoce o no?

Lo siento, nadie sabe quién es Águila Roja.

¿Qué pasa?

Y se pregunta por Aguilar Roja.

Para mí que es un castrato y algo de eso.

¿A dónde?

¿Vive aquí la señorita Margarita Hernando?

Sí. Le traigo este mensaje de parte del rey de Francia.

Gracias.

Con Dios, señor.

¿Y ese pinpollo?

Vamos, que tengo que hablar con usted.

Cato, un momento.

El rey de Francia ha escrito a mi tía.

¿Cómo el rey de Francia?

¿El propio rey de Francia, el de la peluca?

Pues yo tengo unos conocimientos básicos de francés.

Pues si hicieran falta...

¿Quieren que cante pasado mañana en la cumbre en el escorial delante de todos

los reyes y del Papa?

Virgen Santa, en la cumbre nada menos. Que ya la veo usted cantando por ahí por

toda Europa.

¿Pero te han elegido a ti entre todas las mujeres del mundo?

No, pero que no, que no voy a ir. No, no puedo. Lo que no puede es negarse que

sería un desplante. Es que igual provoca usted hasta una guerra. Zato, no.

Margarita, nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres. No, vamos,

empecemos a revirarlo todo, que esto es un honor.

Va a dejar usted a España ahí en todo lo más alto.

Vas a ser la más guapa. Además, que yo podría presentarla. Que yo soy actor y

los buenos. O sea, tú que no tengo que ponerme, además.

Pues hazte un vestido.

Rojo. Como el estandarte español.

Muy bien, Alonso.

Bueno, voy a... Muy bien, voy a ver qué hago.

Espera.

Nosotros en la cumbre. ¿Se da cuenta, amo?

¿Qué querías contarme?

¿Yo?

Bueno, sí.

Sí, sí, amo.

Una mujer que ha estado preguntando por ahí la roja en la posada.

¿Sabes quién es?

No, no, pero es la mujer más bella que he visto en mi vida.

Parecía talmente salía un cuadro, pero no de uno del Rubens ese que solo pinta

gordas, ¿no?

En serio.

¿Eh?

Tengo que encontrarla.

Mi papá sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Quizá deberíamos hablar el idioma del reino que nos vamos a repartir.

Lucrecia, ¿qué ocurre?

Hay una conspiración para matar al rey. Quieren que yo sea la mano ejecutora.

Antonio, tú eres Antonieto. No, hombre.

Es Anton. Yo soy Hansel.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

Me ha

subido aquí alguna

mujer.

¿Qué te pasa a ti ahora? ¿No puedes seguir?

Solo soy un simple maestro.

¿Está en nuestras manos?

Sí, ¿no?

Aquí está liado con el rey, bueno, el rey, el rey, el papa, la rubia, los

mosqueteros, un cosaco, los ingleses, los franceses, los portugueses también,

yo ahí en todo el medio.

Hay un ejército de soldados franceses e ingleses apostados a las afueras de la

villa. Y no pudo hacer nada contra un ejército.

Pero puede salvar al rey.

Si alguno de nosotros muere, será por depender a nuestra familia.

Margarita, tú estarás bien con cualquier cosa que te pongas.

¿Ha subido aquí alguna mujer?

¡Vamos! ¡Vamos!

Mi nombre es Pantón. Yo soy un falso.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el garnate.

¿Te

vi,

mi amor? Le salvé la vida a la vila roja.

Sí, no.

¿Nos vas a dar el mapa por las buenas o prefieres que te matemos antes?

Yo no tengo ningún mapa.

Matadla.

¡Adiós!

¿No pensáis poner tan siquiera el escudo de Portugal?

Portugal aparece en el pendón de las Españas. Es parte de nuestro territorio.

No parecéis muy dispuestos a hacer confesiones, Majestad.

Puede que la presencia de su santidad os haga cambiar de opinión.

El Papa sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Francia e Inglaterra, ellos también acuden a la cumbre como mediadores.

La única paz posible.

Es la rendición de Portugal, Cardenal.

Perdón, Majestad. Si estuvieran a mi servicio, tendrían el mismo final que se

echó.

Majestad.

Lucrecia.

Eminencia. Marqués Fer.

Por cierto, Majestad.

Y confío en que sepáis disculpar mi atrevimiento.

Tengo entendido que últimamente no digerís bien la carne.

¿Así es? Bueno, el otro día tuve la oportunidad de degustar un besugo

excepcional en casa de la marquesa.

Quizá podríais pedirle que os prepare uno para pasado mañana, el día del

encuentro.

¿Sería posible, marquesa?

Por supuesto, majestad.

Por cierto, ¿cómo van los preparativos para recibir a la comitiva francesa en

vuestro palacio?

Quedarán muy satisfechos.

Y vos no tendréis que verlos más de lo necesario.

Qué bien me comprendes siempre, Lucrecia.

Acompañadme, quiero consultaros unas cosas.

Eminencia.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, Eminencia.

Tan ineficaz como siempre, comisario.

A veces es necesaria paciencia para alcanzar la perfección.

Venga el mediodía al calabozo y le presentaré a alguien que ya lo ha

¿De qué dientes me estáis hablando?

Del mejor asesino del mundo.

El que matará a Aguilar Roja.

Los hombres que iban con el comisario no eran sus guardias.

Dios mío. Hay que orear este coleto, amo.

Que yo sé que usted es limpio, pero de los sofocos de la lucha, pues... Lo que

está claro es que buscaban un mapa.

A ver, a ver, a ver, que no me estoy enterando de nada.

Usted la salvó, ¿no?

Sí. ¿Y por qué no le pregunto todo eso?

Porque desapareció antes de que pudiera hablar con ella.

¿Desapareció?

¿Pero cómo desapareció? ¿Así, por las buenas?

Sí.

No, que ya sé por dónde va usted.

Está tú.

Tengo que averiguar qué esconde ese mapa. Ya estamos.

Otro misterio.

Pues primero habrá que encontrar a esa muchacha, que estoy seguro que ni se

en cómo era.

Rubia.

Era rubia.

Es la primera vez que veo que pone usted interés en asuntos de hembras.

Se escurra el bulto ahora.

Mi papá sabe muy bien quién lleva la razón en esta guerra con los

Quizá deberíamos hablar el idioma del reino que nos vamos a repartir.

Lucrecia, ¿qué ocurre?

Tienen una conspiración para matar al rey. Quieren que yo sea la mano

¡No!

Antonio, tú eres Antonieto. Mi nombre es Anton. Yo soy Hansen.

¿Habéis recuperado el mapa?

Águila Roja, eminencia.

No.

No. No. No.

No. No.

No.

No. No. No.

No.

¿Qué te pasa a ti ahora? ¿No puedes seguir?

Solo soy un simple maestro.

¿Están nuestras manos?

Sí, ¿no?

Está liado con el rey, bueno, el rey, el rey, el papa, la rubia, los

mosqueteros, un cosaco, los ingleses, los franceses, los portugueses también,

yo ahí en todo el medio.

Hay un ejército de soldados franceses e

ingleses apostados a las afueras de la villa. Y no pudo hacer nada contra un

ejército. Pero puede salvar al rey.

Si alguno de nosotros muere, será por depender a nuestra familia.

Margarita, tú estarás bien con cualquier cosa que te pongas.

¿Ha subido aquí alguna mujer?

¡Vamos! ¡Vamos!

¡La peluca!

Mi nombre es Antoine. Yo soy francés.

El francés es muy fácil.

Solo hay que quitar la última letra de cada palabra y pronunciar la R como si

tuvieras una flema ahí en el gandate.

Te

vi,

mi amor. Le salvé la vida a la vida roja.

Sí, ¿no?

Vamos, por Dios, quítense de allá.

No puede haber nadie, hombre.

Con la abstinencia que está pasando, puede ocurrir cualquier cosa.

Venga.

Vamos.

¿Dónde está?

¿Dónde?

¿Dónde está?

Nada, ustedes eso ya se va sin avisar.

Es que lo mío no está

apagado.

Todo el agua que he tragado me está aventando unos repartijones.

¡Gracias!

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