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Bienvenido a bordo.
Me presento, soy el doctor Enrique Ferrari.
Quique, como me dicen mis pacientes.
¿Estás ahí?
Hola.
Hola. Muy bien.
Soy el dueño de la camioneta.
En mi vida me robaron 28 veces. Parece mentira, pero si haces la cuenta fueron
28. Más la tuya de hoy, 29.
¡Déjame salir!
Déjame hablar a mí.
Ya vamos a tener mucho tiempo para conversar.
Estás adentro de mi 4x4.
Tiene una alarma conectada a mi celular y pudo trabar todas las puertas desde mi
teléfono.
Está toda blindada.
No se mueve, tiene la amortiguación trabada.
Está insonorizada.
Vidrios blindados y polarizados.
También el parabrisas delantero.
Lo único que no está blindado es el tanque de Narta.
Carga 120 litros y está lleno.
Es una bomba en potencia.
Pues si te haces el loco, digo.
Sabes lo que pasa.
¡Pum!
Soy viudo.
Nací en Quilmes hace 60 años.
Tuve una infancia normal, la que tenía un chico de clase media en esa época.
Las puertas de las casas quedaban sin llave.
Fíjate cómo estaríamos que extrañamos vivir como hace medio siglo.
¿Vos qué harías si sorprendes a tu hijo robando?
Repuesta equivocada.
Tengo sed.
¿Me escuchas?
¡Hola!
Te voy a denunciar, hijo de puta.
Me estoy cagando de calor acá adentro. ¡Quiero agua!
Te juro que salgo de acá y te mato, hijo de puta. Te mato, ¿eh? A vos y a toda
tu familia.
¡Sácame de acá!
Vamos de nuevo.
¿Qué harías si sorprendes a tu hijo robando?
Déjame salir, hijo de puta.
Si respondes bien, te doy agua.
¿Qué harías si sorprendes a tu hijo robando?
Lo agarro de la oreja y se lo llevo a la gorra. ¿A quién?
A la policía.
No, error.
Ni policía, ni jueces, ni maestros, ni abogados.
Es tu hijo, el ejemplo se lo tenés que dar vos.
Ya está.
Ya aprendí.
¿Te cuento una cosa?
Escucha esto.
Diciembre de este año se le meten dos tipos a mi hija cuando estaba entrando
auto a su casa.
Ella sabe, porque yo siempre le expliqué, que no tiene que mirarlo a los
que tiene que darle todo el dinero guardado para estos casos.
Pero no fue suficiente.
Le afanaron hasta los cepillos de dientes.
Bauta, por favor.
Quiero salir.
Agarraron a mi nieto y le pusieron un revólver en la cabeza.
Cinco años tiene, ¿entendés?
Tres horas apuntándole con el arma.
Después de eso vendieron la casa y se fueron a vivir a Barcelona.
Estoy muriéndose.
¿Qué clase de médico sos?
Buena pregunta.
¿Adiviná?
¿Médico en qué soy?
Dale, adiviná.
No sé.
Déjame salir.
No soy cardiólogo, ni clínico, ni cirujano.
Vamos, arriesgá. No quedan tantas.
No me rompas más las pelotas. Te doy una ayuda.
Yo trabajo donde los demás juegan.
¡Agua!
Tu DNI, por favor.
Agua. Tu DNI, querido.
Tengo sed.
Dame tu nombre, apellido, DNI, y yo te doy agua.
Siro.
Siro Bermúdez.
36, 87, 90, 27, 0, 2,
7. Bien.
El agua, fíjate el sapito de atrás.
Vecinos en alerta.
¿Qué es ello?
Las usan en autos, casas, negocios.
No sirven para nada.
En este momento en la ciudad deben estar sonando miles de alarmas.
Muchas.
Como un concierto.
Está herida.
Y tengo fiebre. ¿Qué hago?
¿Es una consulta?
Sí.
Bueno, claro, todo depende del estado general de la persona.
Si hay fiebre y estás herido, la cosa cambia.
Los tiempos se aceleran. ¿Qué te pasó?
Dieron la pierna.
¡Epa! ¿Y cómo fue?
Disparé. Sin querer.
¿Y sigue sangrando?
No.
Uno murió.
¿De qué color está la piel alrededor de la herida?
Amarilla. ¿Y está caliente?
Sí.
Mmm, no suena bien.
Te pongo la calefacción porque si estás con fiebre seguro tenés frío.
No, no, no.
Hoy me levanté temprano.
Salí a las siete de la mañana a correr.
Desayuné.
Me fui al laboratorio a buscar los chequeos que me hice la semana pasada.
Ya está.
La manchita se extendió.
Estoy todo invadido por dentro.
No pasa nada.
Siendo optimista me queda un poco más de un año de vida.
No está tan mal.
En un año caben muchas cosas, ¿sabes?
Si uno se organiza, cambia el mundo.
O un pedacito del mundo que tenía más amar.
Estuve recordando fechas y lugares.
Cosa que me pasaron estos últimos años y anoche.
Escuchá.
Agosto del 98, fui a cenar a los de unos amigos cuando salimos me robaron las
dos ruedas del auto.
Un Peugeot 205.
Enero del 2001, entraron al patio de casa y robaron unos muebles de jardín.
Cosa de la pileta y un asado de canadera del pecho.
Marzo del 2006, robo a mano armada en el restaurante La Taba de Vicente López.
Me robaron a todas las mesas y a un viejo le pegaron un culatazo.
Abril del 2008. Se le subieron al auto a mi mujer en un semáforo en San Miguel y
la llevaron de compra con la tarjeta.
Ellos elegían y ella pagaba. Ia a comprarme el PCD, ia a comprarme el
le decía.
Octubre del 2009.
Voy a River.
Trapito me raya el auto por negarme a darle 700 pesos por adelantado.
Agosto del 2011.
Entrar eran los de mis viejos cuando mi papá estaba ingresando al garage con el
auto. Mi mamá estaba afuera abriendo el portón.
Ya estaban viejitos.
Afanaron sin armas, pero le pegaron feo.
Ustedes con N tengo una urgencia, pero la seguimos después.
Protrofos Biología del tercer año Todavía la debo
Son unos bichos de
mierda que se encargan de comer las sobras de otros
En la calle hay demasiada gente a la que le sobran cosas.
Y esas cosas tienen que pasar de mano para que todo el mundo pueda
Este lugar está lleno de pobres con leyes hechas por ricos para
ricos. Que no pienso obedecer aunque me caguen a tiros.
Sí, chorro.
Igual que mi viejo.
Igual que mi abuelo.
Hago lo que usted diga.
Lo que usted quiera, le juro que me voy a portar bien.
Pero me hay que ir a mi casa.
Tranquilo, que afuera no te perdés nada.
Justo acá estoy desayunando con Clarín.
Corea del Norte realiza un nuevo ensayo nuclear.
Está loco el gordo, ¿no?
Del Potro, entre los diez tenistas más altos de la historia. Mira vos, un
monstruo Del Potro.
¿El más te engorda?
15 mitos y verdades sobre nuestra bebida nacional.
Porteños, entre los más infieles del mundo.
Bueno, hoy me levanté de buen humor.
Así que tenés suerte. Atrás del freno y pegado a un alfajor.
Esperamos un segundo que tengo mi automóvil en el otro móvil.
Es una rápida que estoy con esta sanada.
Y sí, va a tener que venir al consultorio. ¿Pero qué pasó?
¿Con qué guancha? ¿No se la está poniendo puesto?
Decirle que se vaya rápido a la guayaba de San Antonio y que diga que es
paciente del doctor Ferrari.
Sí, dale, nos vemos después en un rato.
El tupán era mi secretario.
Ahí viene la piba de calzas con el perro.
Ese perro vale más de mil dólares.
Puntual.
Primero sale la esposa y se para unos metros de campana.
El tipo abre el portón y saca el auto, mientras ella sigue controlando todo
desde la vereda.
Este tiene la manguera trabando la puerta.
Regalado está.
Lo encarga y se la va a pasar rezando mientras yo busco toda la guita.
Cagón.
Los hermanitos esos, más que un celu y la mochila, no llevan.
El viejo pone primera y sale.
Ahora mira por el espejito que la vieja entra en la casa y se va.
Crot, hijo de puta.
Ayer dos manzanas podridas.
Hoy come pizza.
¡Ey! ¡Ey!
¡Acá! ¡Acá adentro!
¡Ayuda!
Hola, Chiro.
Novedad divina. Y Leonel.
¿Qué?
Lo que escuchás.
¿Cómo sabes el nombre de mi familia, hijo de puta?
Ni si te ocurra hacerles algo.
Tranquilo. Tranquilo que no les hice nada.
Al revés, estuve con ellos, les expliqué todo.
Que yo era un representante de la lotería, que Ciro Bermúdez había jugado
billete del Pozo Millonario y que eran acreedores de 100 mil dólares en el acto
en efectivo.
¿Estuviste en mi casa?
Sí.
Calle 106, Torre 3, Departamento 10E, San Benito.
Obviamente Irina aceptó el dinero que le di.
Me tomé el atrevimiento de sugerirle que intente dejar de alquilar, que compre
una propiedad y que el resto lo utilice para darle una buena educación al nene.
Ella es una chica joven, guapa y siempre va a tener la oportunidad de rehacer su
vida.
Yo no te hice nada, hijo de puta.
Hiciste muy poco para tener la linda familia que tenés.
No te la mereces, ¿sabés?
Acá me llegó tu plantuario.
Interesante.
¿Alguna vez mataste?
Digo, ¿qué se siente?
No.
No.
Yo no maté a nadie.
Dicen que con el primer muerto está todo mal y que el resto de las muertes...
Una vez que ya mataste, te hacen como si nada.
Yo no maté a nadie.
¿Estás loco?
No mataste a nadie.
Los hermanos Salerno de la gomería en Barracas.
¿Te acordás?
Entraste a robar y como el tipo se resistió, le disparaste.
El tipo sacó un cuchillo.
Teo Filo Mendoza, chofer de colectivo, 64 años.
Lo moliste a palo para robar a los pasajeros. Le faltaban dos días para
jubilarse. El viejo se me plantó.
Ajá, mira vos.
Villa Ballester roba a mano armada Cristina Beruti.
Vos y otro más le roban el auto y la cartera. Y a dos cuadras atropellan a
Mercedes Torres, que muere en el acto.
Estuviste en un instituto de menores.
Tenés un buen currículum.
Yo me equivoqué.
Y pagué.
¿Qué vas a querer?
Nada.
Sos el elegido.
Estás condenado.
Como yo.
Otra vez lo acabé.
¡Mierda!
Señor, te voy a pedir que pague la comida y se retire.
Mierda, ¿no escuchás lo que te estoy hablando?
¿Qué te pasa?
¿No sabes hablar?
Imposible. De ninguna manera.
Si no puedo salir, me mato.
¿Y?
¿Qué pasó?
¿Hola?
¿Se trabó?
El domingo es un día de mierda para todos.
Hasta para suicidarse.
¿Qué hacemos los domingos? Lavamos el auto.
Gritamos los goles.
Comemos todo el día esperando el lunes.
Mirame.
Mirame.
Mirame.
Mirame acá adelante.
Luz, cámara, acción.
¿Me ves?
Sí. Por fin nos conocemos.
Salí del hospital para saludarte.
Mucho gusto.
Soy Enrique.
Sorpresa.
Te traje lo que me pediste.
Tu último deseo.
Un churrito.
Lo compré para vos.
Yo no fumo.
Para mí traje... maní con chocolate.
Me encanta el maní con chocolate.
¿Una herida?
A ver.
Deja la mano ahí.
Tiene que drenar.
Tiene que gritar.
Tiene que drenar.
¿Duele? Sí.
¿Duele mucho?
Mucho.
Mucho. Pero uno al diez, ¿cuánto? Diez.
Va a mejorar.
Margarita, ¿cómo estás? ¿Bien?
Sí, sí, te puedo atender si estoy en un congreso en Dominicana.
¿Se adelantó la nena?
¿Cuántas son las contracciones?
Preparen el bolso con tu marido y vayan para el sanatorio, despacito, ¿eh?
Ahí los va a atender el doctor Ernesto Flores.
Él siempre atiende los casos cuando yo no estoy.
Anota el número 1531765432.
Y como yo siempre digo, en cada panza de una madre embarazada hay un tesoro,
mami. ¡Los!
¡Soltame, hijo de puta!
¡Soltame, hijo de puta!
No, la camioneta loca.
¡Ayuda!
¡Alto, policía!
¡Ayuda!
¡Ayuda! ¡Ayuda!
¡Ayuda!
Tranquila, esto lo vamos a arreglar entre hombres los dos.
Café por medio.
Vos no tenés nada que ver. Ni vos, ni yo. Ni la policía, ni nadie. Así que
nena.
¿Andás arriesgando la vida por un sueldito? Te felicito. Pero no es lo que
pensás. Estás equivocada. Este arma es de él. Él me quiso esterear la
Me disparó, mirá.
Y vos me apuntás a mí.
¡Basta, tira el arma!
Luego de dos horas de tensión, la situación aquí sigue igual.
Ahora yo les pregunto a ustedes, que están del otro lado, a ustedes, que
en el piso.
¿Qué quiere?
No quiero nada, quiero.
¡Ey, usted!
Quiero que voten.
Pongan en el zócalo. ¿Qué hago?
Lo mato y lo entrego a la policía para que mañana salga.
Yo voy a hacer lo que ustedes decidan.
Pero nos comprometemos todos, ¿eh?
Sin hipocresía. Con el corazón en la mano. Aunque quedemos mal.
La verdad.
La verdad.
¿Puede llamar a Madero al negociador?
Está retirado.
Imposible. Llámalo.
Señora, por favor.
Agente, acá traigo comida para el hombre y para el ladrón.
Señora.
Señora, por favor.
¿Qué tal? ¿Cómo le va?
¿Cómo le va? Muy bien. Gracias por venir, maestro. No, por favor. No tenía
para hacer.
Los estaba viendo por la tele, mira.
¿Chaleco? No, no, gracias.
¿Sí? Sígame, por acá.
Hola,
doctor.
Hola, pibe.
Me presento.
Soy Julio Amadeo, mediador de la policía de la ciudad.
Estoy acá para ver si...
Si puedo ayudar.
Doctor, ¿hay algo que yo pueda hacer por usted?
Sí hay algo que pueda hacer por mí.
El problema es la caca de perro.
Salgo de mi consultorio, República Árabe Siria, camino 10 cuadras hasta los
bosques de Palermo.
Hay 10 edificios por cuadra, son 100 edificios.
Hay 10 perros por edificio.
Son mil perros a dos deposiciones diarias.
Son dos mil soretes, Julio, que esquivo todos los días, porque los dueños llevan
la bolsa, pero si uno lo mira, no hace nada.
Disculpeme, Enrique.
Tire el arma y lárguelo al pibe.
Usted y yo sabemos que el pibe no tiene nada que ver en esto.
El problema es otro.
Es verdad, el problema es saber si lo que uno hace es justo o no.
Y eso es lo que estoy haciendo.
Estoy cansado de escuchar. Tuviste una desgracia con suerte.
La gracia es que no estaban drogados.
Por suerte eran profesionales.
¡Son unos negros, hijos de puta!
¡Son de acá del barrio!
¡Silencio!
¡Silencio!
Doctor, lo invito a que reflexionemos por un minuto.
Usted está enojado.
Pero no es con el pibe. El pibe no tiene nada que ver esto. Usted está enojado
con el mundo.
Y yo lo entiendo porque no es el único.
Todos estamos enojados.
Muy enojados. No importa.
Por lo menos hice algo.
Si no, ¿qué queda?
¿Y se va a vivir afuera?
Mire, mire toda la gente acá.
Mire este hermoso espectáculo, Julio.
El pibe ya prendió.
Lárguelo. No.
¿Para qué? ¿Para que lo agarre la justicia? Hijo de puta. Entra por una
sale por la otra.
Yo creo en mi propia justicia. Y punto.
A este lo que hace yo es mío.
Yo también estoy enojado.
¿Pero sabe cuál es la diferencia entre su enojo y el mío?
Es que yo sé que esto no sirve para nada.
A ver, ¿a cuánto le robaron?
Levanten la mano. ¿Cuántos tienen rejas?
¿Cuántos salarios?
¿Cuántos tienen miedo de llevar a los chicos al colegio y mirar los portones
antes de entrar? Este tipo no tiene nada para perder. Por eso en su lógica va a
ganar siempre.
Es un samurái el hijo de puta. Un aplauso para la policía aquí presente.
Muy bien.
Oye, tira un poco la cosa.
A ver si lo canso.
Doctor.
Déjenme llevarles un poco de agua.
No,
no, no. La chica, mi amiga.
Gracias, hija.
Dame, doctor.
Fíjese un poco.
Usted es un hombre formado.
Mire, les voy a contar una historia.
La historia de un chico que vive en su casa con su hermanito menor, su mamá, un
ama de casa, y su papá, un empleado de un frigorífico.
Una familia normal, digamos.
Un día cualquiera el hombre se va de su casa para el trabajo y no aparece nunca
más.
Fueron meses complicados para la familia sin el padre, pero...
Bueno, el tiempo fue curando las cosas, los chicos siguieron con sus amigos,
siguieron estudiando. La mujer encontró un hombre, un dentista viudo del barrio.
Usted me pregunta qué quiero decir con esto.
Quiero decir que pase lo que pase, haga lo que haga, el mundo sigue
girando.
Pasaron los años, este chico se convirtió en un muchacho, tenía 20 años.
día, por la ventana de su casa, ve a un tipo zaparrastroso, un
menesteroso, bajo la lluvia, en medio de la calle, mirándolo fijo.
Pero no le dio importancia.
Unos días más tarde sale de su casa para ir a estudiar y ve un tumulto en medio
de la calle.
Y alguien tirado en el suelo, estaba muerto, lo habían atropellado.
Era el mismo indigente que unos días antes había estado mirando su hogar.
Y ahí sí lo reconoce.
Ese indigente era el padre.
Y el muchacho era yo.
Mira, doctor, lo voy a tutear.
Mírame a los ojos.
Estos ojos vieron de todo.
Yo esposa no tengo, se me murió.
Hijos no tuvimos, no pudimos, qué sé yo.
Amigos tengo pocos.
Mi mejor amigo era Coquito, un gato que se murió de viejo.
No tengo ahorro, no tengo un dólar vivo de la jubilación de la poli.
Te aseguro...
Que no deseo tener nada que no tenga.
No tengo un carajo que perder.
Menos que vos.
¿Sabés lo único que tengo?
Tres cervezas en la heladera.
Dale, largalo al pibe, ya aprendió.
Y tira el arma.
Que cuando todo esto pase, un día te venís a casa, tomamos una cerveza con
y charlamos tranquilamente.
Dale, dale, soltalo.
¿Qué? Si no quiero, ¿qué pasa?
Sabes perfectamente qué pasa.
¿Lo mato y me matan?
Matalo.
Disparale.
Disparales de una vez, así se le terminan todos los problemas al pibe. El
no va a sentir más nada.
Ahora, eso sí, el peso de esa muerte te lo vas a llevar vos solo.
Largá la arma, podría ser tu hijo.
Hija, hija tengo.
Bueno, tu hija. Mi hija no mataría a nadie.
De acuerdo, pero seguiría siendo la hija de un hombre que hace cinco horas que
está amenazando con matar a un pibe.
¿Qué querés, matarlo delante de todos, para las cámaras?
Para las cámaras.
A mí me decís, traje toneladas de bebés al mundo.
¿Qué sos en definitiva? ¿Un asesino cualquiera?
Bajá el arma, por favor.
Ya está, Enrique.
Por favor.
¡Atrás! ¡Atrás!
¡Atrás! ¡Todos vamos!
Todavía la presión es especial.
El país no sale de la tumba con el caso de Enrique Ferrari, el médico obstetra.
El hecho tuvo un final trágico y sorpresivo.
Ya todos conocemos.
Se suma la lista de otros casos de justicia por bueno propio.
En esta ocasión, Enrique Ferrari, el médico samurai, como lo tituló la
corrió todos los límites hasta el punto de convertirse en un leading case.
Caso emblemático que abrió un nuevo debate sobre el tema que más preocupa a
todos los argentinos, la inseguridad.
Ciro Bermúdez, el ladrón que padeció el cautiverio dentro de la camioneta, podía
recuperar la libertad en las próximas horas. Los restos de una madrugada de
furia se observan en el vecindario. En este local en alquiler estaba
la camioneta 4x4. Una jaula con ruedas, digamos, una trampa casa ratones.
Colegas y compañeros del hospital aseguran que los tetra...
Era un médico muy querido y respetado en la clínica San Julián. Salimos a la
calle para ver qué opina la gente.
Confía en mí.
Negro, quiero tenerte toda la noche,
quiero apretarte toda la noche en el coche.
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toda la noche quiero apretarte toda la noche
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