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Ya hemos llegado. La suite principal.
-Debería acompañarla dentro. -No se preocupe, estaré bien.
Costa.
A ver cómo te comportas.
Ya me contará cómo le han dado permiso para esto.
Esperaré fuera. Cualquier cosa, dé un golpe en la puerta.
Se puede saber qué haces aquí.
Me dijiste que no había tiempo que perder.
Ya.
Y has venido corriendo. ¿Ya se te ha pasado el miedo?
Soy yo quien elige dónde y cuándo, Sara.
Lo sé, te tendría que haber avisado.
He oído tus tacones desde abajo, ahora todos saben que hablo contigo.
Perdón.
Quería que supieras que iré hasta el final.
¿Crees que puedes entrar aquí cuando quieras?
¿Para saberlo todo de mí? ¿Quién soy?
-¿Lo que siento y pienso? -No es eso.
¿Qué pasa? Dime.
¿Te pone la curiosidad? ¿Es eso?
¿O estás buscando otra cosa? Dime.
Darle un poco de alegría a tu vida. Un poco de excitación.
¿Quieres saber por qué maté a Luis?
Maté a Luis.
Por la misma razón que te mataré a ti.
Por placer.
ACCIDENTE CAMIÓN 2011
DESAPARICIÓN DE LOLA 2012
SUSTANCIAS QUÍMICAS ROBADAS 2013
¿2014?
¿2014?
¿Estás bien? Vamos.
Te has enfrentado al miedo.
Y has elegido el camino de la verdad.
He escogido el camino de seguir escuchándote.
Ya veremos si es lo correcto.
-¿Empezamos? -Terminamos.
-Se hace cuando llega el final. -¿Ya estamos cerca?
-Te dije que te explicaría casos. -Servicios.
Y que quizá así entenderías algo de mí.
¿Lo has hecho?
-Creo que sí. -Muy bien.
Todavía no sabes por qué maté a Luis.
Placer.
El tiempo se nos acaba, tendremos que darnos prisa.
Muy bien.
¿Por qué lo mataste?
Te faltan piezas para entender eso.
Pensaba que llegábamos al final.
Es el principio del final.
Año 2014. Yo estaba bajo arresto domiciliario.
Como estar en la cárcel, pero con un colchón decente.
Gracias.
Te han tenido que poner esa pulsera para que me invitaras.
Bueno, te necesitaba para que me subieras el café del supermercado.
-¿Solo eso? -Y el azúcar también.
-Qué lástima. -¿Por qué?
Tenía otras cosas anotadas en mi lista de la compra.
¿Qué cosas?
Chocolate.
-Es afrodisíaco. -¿Ah, sí?
¿Quieres chocolate?
¿Cómo lo quieres?
-¿Almendras? ¿Avellanas? -Me da igual.
Entiendo que necesitemos idealizar los recuerdos, pero esto es pasarse.
-Perdona, no sé qué quieres decir. -No, nada.
Solo que no te imagino siendo tan...
-...encantador -Ya.
No es propio de un asesino.
No, es solo que no te imagino siendo así.
Vaya, vaya.
¿Ya me conoces tan bien?
No, pero sé que no dejaste la investigación.
Exacto.
Lo siento.
-¿Qué es esto, Yago? -Eso es todo.
Toda la investigación está ahí.
Pistas, conexiones, pruebas.
La muerte de Marga. Fue Tachenko, puedo demostrarlo.
Estás suspendido, Yago. No deberías pensar en eso.
La pulsera me impide salir de casa, pero no hacer mi trabajo.
Tachenko y Miranda, el marido de Marga, estaban conectados.
-Tengo una testigo que... -Sin pruebas no tienes nada.
-Está en curso. -Es una obsesión.
-¿Eso crees? -Sí.
Entiendo perfectamente cómo te sientes.
-Dedica el tiempo a otras cosas. -¿A follar contigo? Ya lo hago.
Sí, a follar conmigo pero más. Es mucho más real.
¿Y eso no es real? ¿Marga, Tachenko, todas esas niñas no son reales?
Sabes a qué me refiero.
Yo no puedo con esto.
Y si sigues por ahí, tengo miedo
de que lo que quiera que tengamos
acabe estropeándose, Yago.
Tienes razón.
-Lola no quería saber nada. -Ya.
Lola no era la jueza de instrucción en el pasado, ¿verdad?
¿Qué es eso?
Ensalada de tofu y berenjenas rellenas al vapor.
Te los ha hecho Celia, especialmente para ti.
¿Has hecho lo que te pedí?
¿No lo abres? Esta comida me ha salvado la vida.
-¿Le has dicho a Frade que me llame? -Dale un bocado y te lo digo.
Que si no se lo va a comer la niña rusa.
Por cierto, ¿dónde está?
Se aburrió de estar aquí, se ha marchado.
Se ha hartado del viejo, ¿eh? No me extraña, ¿dónde la has llevado?
-A un sitio seguro. -Un sitio seguro.
-¿Qué pasa? ¿Ahora no te fías de mí? -No, no me fío
de lo que harían algunos por sacarte esa información.
Bueno, entonces no hemos acertado con la comida, ¿no?
A ver si esto te abre el apetito.
No ha sido fácil conseguirlo, ¿eh? Me ha dicho que le llames tú.
Gracias.
Luis, a veces se me olvida que eres un buen policía.
Y lo eres.
El incidente del robo de pruebas se ha saldado
con Gerardo Miranda, libre de cargos y usted arrestado.
Hasta los callejones sin salida
tienen alcantarillas por las que escapar, ¿verdad?
Ya no recordaba que hablar con Yago es toda una experiencia.
Muchas gracias, pero también puedo serle útil.
Estoy investigando su caso. Con mi ayuda relanzaría el juicio.
¿Tiene pruebas?
Tengo un testigo que señala a Gerardo Miranda.
Un testigo solo sirve si corrobora evidencias.
Por eso la necesito a usted.
Miranda se me ha escapado una vez, dos veces dañaría mi reputación.
Sabe perfectamente que ya la tiene dañada.
Y lo estaría más colaborando.
No se ofenda, pero usted es sospechoso
de robar pruebas que incriminaban a Miranda.
Por no hablar de su relación con Marga Izquierdo.
No sabía que fuera de las que hace juicios paralelos.
Solo si puedo ganarlos.
Y este lo ha perdido, al menos con Miranda.
La anulación de una diligencia
por causas ajenas a mi competencia no es una derrota.
Puede que sea así para cualquier otra persona,
pero para la famosa jueza Frade,
implacable y exitosa excepto por un tachón en su historial.
Un tachón que todavía podría enmendar, ¿verdad?
Quiero que reanude la instrucción.
Legalmente no puede hacerse cargo. Su situación se lo impide.
Cierto, pero el inspector Corbalán, aquí a mi lado,
conoce el caso perfectamente.
-¿Está de acuerdo? -Sí, claro.
Está bien. Les recuerdo que esta es una investigación preliminar.
No podrán citar a nadie para ser interrogado
ni obtener permisos para realizar registros.
Quiero discreción absoluta.
Por supuesto, la tendrá.
Y Luis volvió a mi casa.
Consiguió las copias de los informes de las empresas de Gerardo.
Balances, recibos, incluso el impuesto de las basuras. Todo.
-¿Buscabais irregularidades? -Sí.
No es fácil leer a una persona con un balance trimestral.
-¿En serio? Nada. -Nada.
Todo parecía legal. Todo.
-Parecía. -Sí.
Lo único que sacamos en claro fue que no trabajaba solo.
Saber algo es lo de menos, lo importante es demostrarlo.
-Y estabais atados de pies y manos. -Exacto.
Por eso recurrí a lo único que no podían encerrar.
¿El qué?
Sé que Tachenko mató a su mujer.
Sí.
Sé que Tachenko mató a su mujer.
Y que usted lo conoce.
¿Tengo pinta de relacionarme con asesinos?
No juzgo a la gente por su aspecto, ni mi testigo.
-Es útil si corrobora evidencias. -Me basta con que diga la verdad.
No se preocupe, nunca miento. A no ser que se mienta a sí mismo.
A no ser que se mienta a sí mismo.
Tachenko os proporcionaba chicas y droga para vuestras fiestas, ¿no?
Sigo sin ver pruebas por ningún lado.
¿No tiene nada más?
Claro.
Ninguno de los dos somos libres.
No, no.
Yo estoy prisionero de esta pulsera.
Y usted lo está de su depravación sexual.
La única diferencia es que yo no me tengo que esconder.
Sí, muy bien. Para ustedes el anonimato es fundamental.
Pero eso tiene un precio.
Claro.
¿Qué estaría dispuesto a hacer para que nada se supiera?
¿Me está chantajeando, inspector Costa?
Claro que sí, es eso.
Sí señor, es eso. El silencio no sale barato.
Alguien tiene que tener pruebas.
Alguien tiene pruebas.
Alguien tiene pruebas. ¿Quién?
-Alguien que se beneficiaba de ellas. -Lo más lógico.
-Un chantaje. ¿De quién? -De cualquiera.
Gerardo y sus socios eran un entramado criminal, gente rica.
Pero criminales.
Alguien tenía que tener pruebas de esas fiestas. Fotos, vídeos.
Y yo iba a encontrarlas. Solo era cuestión de tiempo.
Pasé las siguientes semanas investigando a sus socios.
Gente que debería estar encerrada.
En ocasiones, creía que iba por el buen camino,
pero siempre me daba con el mismo muro.
La invisibilidad.
¿Y Lola?
Quizá...
-No le era del todo sincero. -O sea, que le mentías.
-Más bien se dejaba engañar. -¿Se dejaba?
¿Por qué?
No querría que eligiera entre ella o la investigación.
Porque intuía cuál sería mi elección.
¿Qué lees?
Nada.
¿Te he despertado?
¿Qué haces, Yago?
Es una SICAV a nombre de Gerardo Miranda.
Uno de los accionistas es Villanueva.
-Échale un vistazo. -No. No quiero verlo.
Tú conoces a Villanueva, ¿verdad? ¿Qué trato tienen?
-¿En serio quieres hablar de eso? -Sí.
Bueno, por qué no. Sí.
-Ya que te has despertado... -Son las tres de la mañana.
No puedo tener información de un caso de Frade.
El caso no lo llevo yo, lo lleva Luis.
Yago.
-No quiero que esto te consuma. -Pero lo hacía.
-Y no podías parar. -Era como un picor en la cabeza.
Pensé que Lola podría aliviarlo, pero no.
El único alivio era resolver el caso.
Y para eso tenía que aislarme del mundo.
Pero el mundo se empeñaba en molestarme.
Cuando robaste la cocaína pensé que habías tocado fondo, pero no.
No necesito una madre.
No soy tu madre, soy tu jefa.
La que ha evitado que terminaras en la cárcel.
Aunque esto no es mucho mejor, la verdad.
Y, ¿qué quieres, jefa?
Luis colabora con la jueza Frade, investigan de nuevo a Miranda.
-¿Ah, sí? -Sí.
-¿Qué tal le va? -No sé, dímelo tú.
Esa jueza no se da nunca por vencida, ¿verdad?
Al parecer, tú tampoco, ¿no?
Creí que habías venido a visitarme.
Si me interesara solo por tu estado de ánimo, te llamaría, ¿no crees?
Si te lo preguntas...
-No, no estoy ayudando a Luis. -Yo no he dicho eso.
¿Has descubierto algo nuevo sobre Tachenko?
-Estoy en ello. -Pues no estés, que no te salpique.
-¿Eso es una orden, jefa? -No.
Es un consejo de amiga.
-Creí que solo eras la jefa. -Yago.
Estás bajo arresto domiciliario.
Así que por tu bien, aparca la investigación.
A sus órdenes.
Jefa.
Marga no se merecía que lo dejara.
-¿Aunque Delacruz tuviera razón? -No es un término absoluto.
Yago, por favor, quería ayudarte. Solo se preocupaba por ti.
Por experiencia, la gente se preocupa de sí misma.
Por experiencia propia dices, ¿no?
A un loco no se le ayuda diciéndole que está loco, ¿no?
Se le ayuda participando en su delirio.
El silencio no sale barato. Alguien tiene pruebas.
Sé que le conoce.
Como todos. Es José Luis Cortina, tiene varios medios de comunicación.
Solía invertir dos millones en publicidad al año en uno de ellos.
Una cifra desmesurada para una televisión local.
¿Y para una con mucha audiencia?
No, todos sabemos que era un auténtico fracaso.
Ya, pero era el auténtico fracaso de un amigo.
Ninguna amistad vale tanto.
Yo conozco a este empresario. ¿Es al que le dieron una paliza?
Le reventaron dos costillas, un ojo y el pulmón izquierdo.
Y casualmente justo después, usted deja de invertir.
Está todo ahí, todo.
Las cancelaciones de las transferencias a InterplayVideo.
-Una hipótesis no es una prueba. -Cierto.
Pero mi intuición me dice que Cortina
tenía imágenes comprometidas de sus fiestas con menores.
Sí.
Y le chantajeaba con airearlas a cambio de que invirtiera.
Hasta que un día se cansó y se lo hizo saber.
No fue usted, contrató a alguien para que lo hiciera.
Solo hace falta un...
...pequeño empujón
para que una hipótesis se convierta en una prueba.
Y José Luis Cortina es ese empujón.
Revisé estas cuentas mil veces, ¿cómo se me ha podido pasar?
-Lo importante es que lo tenemos. -Habrá que llevarlo a comisaría,
a interrogarlo.
Me ha llamado la atención lo fácil que ha sido contactar con usted.
-¿Perdone? -Sí, digo...
No sé, con su categoría...
-Pensé que sería más complicado. -No soy alguien que se esconda.
Tampoco pasaría nada. Sería comprensible.
Con la paliza que le dieron...
Yo no saldría mucho a que me diese el sol.
¿Por eso me ha hecho venir?
-¿Han retomado la investigación? -Algo así.
Aunque algo me dice que le interesa dejarla como está. Sin resolver.
¿Por qué piensa eso?
Tiene contactos, amigos, podría haber presionado.
Pero no lo hizo.
Vaya, ahora es mi culpa que ustedes hagan mal su trabajo.
Los que entraron en su casa no eran ladrones, fue Tachenko
y su banda los que le decoraron la cara a hostias.
Los que fueron a su casa no eran ladrones,
fue Tachenko y su banda los que le decoraron la cara a hostias.
Y fue...
...este hombre quien dio la orden.
-Por favor, Gerardo era mi amigo. -¿Era?
Le proporcionaba a él y a sus socios las casas para las orgías.
Y luego, los chantajeaba.
Amenazándoles con hacer público todo lo que pasaba ahí dentro.
Tiene una gran imaginación. Debería dedicarse a la televisión.
Tal vez le contrate algún día.
Discúlpeme, pero no se ofenda.
Su cadena ya no es lo que era.
¿Contratarme?
Oiga, no se ofenda, pero...
Su cadena ya no es lo que era.
Ni usted tampoco. Usted antes tenía poder,
infundía respeto, ¿no? Pero todo eso...
-...desapareció. -La suerte es voluble.
Una mala racha.
No me diga que es una mala racha, porque esta le dura demasiado.
¿Cuánto tiempo hace que nadie le llama?
O mejor, que no le contestan sus llamadas.
Con lo que usted era, ¿cuántos de esos que ahora le giran la cara
se peleaban por hacer negocios?
-Se ha convertido en un don nadie. -Me he retirado.
No, le han retirado a base de golpes.
-Golpes que ahora puede devolver. -Uno no se pelea con esa gente.
Pero usted lo hizo.
Sí, se resistió cuando entraron en su casa, usted peleó.
Entonces estaba usted solo, ahora ya no.
Encerrarlos a todos, a Tachenko, a su banda y a Gerardo.
Pero para eso necesitamos pruebas.
-Se lo llevaron. No dejaron nada. -Guardaría copias.
Se aseguraron bien.
Miranda tiene que pagar por lo que hizo.
Gerardo jamás se hubiera atrevido por sí solo.
Le debe su lealtad a alguien más grande.
¿Quién dio la orden?
Luis, ¿quién dio la orden?
Luis, pregúntaselo. ¿Quién dio la orden?
¡Hazlo! ¡Luis, pregúntaselo!
¿Quién? ¿Quién manejaba los hilos?
¿Quién convirtió su vida en una mierda?
-¿Quién? -¿Quién?
Iñigo... Iñigo Villanueva.
¿Iñigo Villanueva?
La operación Vulcano se extendía mucho más allá.
¿Y Frade lo sabía?
Puso la misma cara que tú cuando se enteró.
Un momento, a ver si me aclaro.
El principal sospechoso de una trama de corrupción
está implicado en otra de prostitución de menores.
Frade hizo registrar su casa y su despacho.
Habían formateado los discos duros un día antes.
Alguien les había avisado.
-¿Y Lola qué pensaba de todo esto? -Lola.
Lola no fue la única consecuencia de esos registros.
Me llamó Delacruz y no me lo podía creer.
¿En serio?
-¿Un interrogatorio a distancia? -No debía decírtelo.
-Pero me lo dijo. -Algo querrá.
Protegerte.
Quiero que se haga justicia con Marga.
-Espero que lo entiendas. -Y lo entiendo.
Pero tú confundes justicia con otra cosa.
¿Con qué?
Con vivir en paz.
Marga ya no está. Déjalo descansar, Yago.
No puedo.
No puedo, tengo que seguir con Marga.
¿Hasta dónde? ¿Hasta que no quede nada de ti?
Sin ti me hundo, Lola.
Pues no me sueltes, Yago.
Lola me mantenía a flote, pero para mí la única manera de coger aire
era resolver el caso y para eso
tenía que descubrir quién había alertado a Villanueva.
-No, no lo veo muy probable. -Formatearon los ordenadores
24 horas antes del registro.
La casualidad suele ser muchas veces la respuesta a muchos misterios.
No, no creo en las casualidades, pero sí en los traidores.
Estoy con él, cuando registramos su despacho no había ni un moco.
Demasiada limpieza es sospechosa.
Lo que cuenta es el registro.
En base a eso no hay manera de reconducir la investigación.
Tendremos que jugar igual de fuerte que ellos entonces. Claro.
Ponerles unos micrófonos.
Las escuchas siempre son un asunto delicado.
Después de todo esto, estará sobre aviso.
Tendremos que darnos prisa. No esperarán que actuemos tan pronto.
Ni él ni su topo.
Es vital que la investigación siga teniendo legitimidad jurídica.
Por supuesto, y para eso la necesitamos a usted.
Decidimos hacerlo en Luna Rosa.
Un restaurante al que Villanueva iba todos los domingos.
¿Y? ¿Tuvisteis suerte?
Demasiada. Lo cazamos a la primera.
-¿Cuándo nos venimos con el comité? -El jueves, como siempre.
Espera un momento, viene ahora.
¿Dices que no conocemos de nada al tipo que está reunido con él?
-Es la primera vez que se reúnen. -Parece que se conocen de siempre.
-¿Dará tiempo? -No hay más remedio.
Va a ser complicado tener listo todo el papeleo.
Viene ahora. Ahora.
Lo tenemos no va a ser difícil relacionar a Villanueva con la paliza
-y de ahí hay que tirar del hilo. -No.
-Luis es demasiado fácil. -Para una vez que tenemos suerte,
¿nos vamos a poner exquisitos?
¿Esas fueron las famosas escuchas que inhabilitaron a la jueza Frade?
El tipo al que no habíamos visto con Villanueva era su abogado.
El Supremo desestimó las escuchas por vulnerar
el derecho fundamental a la defensa.
-Os tendieron una trampa. -Y acabaron con la jueza Frade.
-¿Quién lo sabía? -Cualquiera.
Delacruz, los técnicos que lo microfonaron.
-¿Alguien del juzgado? -Es posible.
O quizá simplemente se lo olían. No lo sé.
¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Sí, sí.
¿Pensabas que podía pasar algo así?
-¿Utilizaste a Frade? -Puede ser, sí.
También puede ser que ella me utilizara a mí.
-Pero fue su carrera la que terminó. -Sí.
Y ahora está jubilada, feliz con sus dos gatos.
En cambio, mírame a mí.
¿Cómo sé que no me haces lo mismo?
¿Utilizarte?
No tienes manera de saberlo.
¿Y tú? ¿Me estás utilizando?
Pronto podrás decidir si las razones por las que maté a Luis
son legítimas.
O si, por el contrario, solo soy un asesino manipulador.
Pero mientras tanto, podemos seguir con la historia.
Sí, perdona.
Tras la destitución de Frade, la jueza Solozábal heredó el caso.
Sí, ese caso del cual no quería saber nada.
Para ella fue un ascenso, ¿no?
De jueza de instrucción a la audiencia nacional.
Ya lo creo. Esa fue una época de muchos ascensos.
Hoy porque estamos de fiesta, ¿eh? Pero no me jodáis.
No os acostumbréis a beber
cuando estamos de servicio. No seáis capullos.
Todavía no me lo creo.
¿Dónde está la jefa? ¡Jefa! ¿Dónde está?
-Ya no soy tu jefa. -Anda que no.
Una cosa es que te prejubiles, pero de mi corazón no te irás nunca.
¡Por la comisaria Delacruz!
Por que se toque los huevos todo lo que nosotros no podemos.
Y por el nuevo comisario Corbalán, por favor.
Por que esté a la altura de su predecesora.
¿Qué me he perdido?
Delacruz decidió prejubilarse
-y recomendó a Luis para su puesto. -¿A Luis?
Lo hará bien, seguro.
No lo dudo, pero tampoco mejor que tú.
Todavía tenías unos buenos años por delante.
Ya, pero una no siempre puede hacer lo que le pide el cuerpo.
No, tú no. Siempre has hecho lo que has querido.
Pero antes no estaba tan cansada como ahora.
¡El más grande!
Oye, Pepe. Esto es una nueva etapa, ¿eh?
Supongo que nos pasa a todos.
Descubrí que la habían presionado para abandonar.
Ahora ya no me cabía ninguna duda.
-Había un topo. -¿Luis?
Yo no creo en las casualidades.
Pero si en los traidores.
Y por eso le mataste.
Has acertado en la primera frase.
En serio, no sé cómo no le aburren las batallitas de este.
Ya, yo tampoco lo entiendo.
Espere, ¿podría quedarse un minuto más por favor?
Sí.
Pedimos unas cervezas y algo de picar.
Mañana seguimos, a la misma hora. Y continuaré con la historia.
Misma hora.
Me aseguraré de cruzar los semáforos en verde.
Más te vale.
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