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-¿Quién es? -Soy la vecina, no nos conocemos.
¿Se puede apartar un poco? No la veo.
Imbécil.
Hola, ¿qué quería?
-Veníamos a saludar. -¿Veníamos?
-¡Ayuda! -¡Que abra!
-¡Ayuda! -¡Cállate!
¿Hoy no hay cámara?
No.
No te he contado dónde empecé.
Comisaría de Verdasco, cogiendo denuncias.
Para cualquier policía sería un trabajo cualquiera.
Para mí fue una escuela. Aprendí a ver quién tenía delante.
Si les habían robado, estafado o agredido. Como a ti ahora.
Todas las víctimas tienen una mirada. Como tú.
Me parece que sé a qué vienes.
-He venido a despedirme. -Deberías dejar que respire.
El golpe que te han dado necesita aire, no maquillaje.
Siento haberte hecho perder el tiempo.
Has venido hasta aquí cuando podrías haber llamado.
No sería lo correcto.
Lo siento.
Por eso te escogí a ti, ¿sabes?
Me parecía que sabías qué era correcto y qué no lo era.
¿Ah, sí?
Pensé que me escogiste porque era fácil de manipular.
Porque buscaba ambición o porque tú eras un pajillero.
Sí, todo eso también.
¿Dónde fue?
-¿En tu casa, en la calle? -No quiero hablar.
-¿Y con la policía? -Ya he denunciado.
Bien. ¿Y conmigo? Tenemos aún 40 minutos por delante.
Hablar contigo ha sido el problema.
¿Eso crees?
Tienes miedo, ¿verdad?
-Los que te han hecho eso, también. -No quiero ser una mártir.
-Ni siquiera sé dónde acaba esto. -Nadie te pide que lo seas.
Pero, ¿no tienes curiosidad?
Ya tienes la entrada, no te quedarás fuera.
-El mal ya está hecho, ¿no? -Sí.
Y todavía podríamos hacer algo de bien.
Solo hoy.
Y porque ya estoy aquí.
Procuraré que valga la pena.
Año 2012.
Luis se estaba recuperando de sus heridas.
¡Yago!
Unas heridas que tendría que haber sufrido yo.
Te tenía que haber traído flores.
No me hagas reír, por favor.
Las flores para un muerto.
¿Cómo estás?
Si me vuelves a dar otro beso, te lo digo.
-Luis... Ya lo hablamos. -Tenía que intentarlo.
-Creo que es mucho mejor. -Sí, ya lo sé.
Oye, que no te culpo.
Yo tampoco me soporto, pero a mí no me queda otra.
¿Te duele?
Estoy hecho mierda.
Pero bueno, supongo que tengo lo que me merezco.
Tienes mucho mérito.
Le salvaste la vida a Yago.
Solo hice lo que tenía que hacer.
Si alguien tiene que vivir, mejor él que yo.
¿No?
Cuídate.
-Lola. -¿Qué?
Adiós.
Al final son los otros los que reciben los golpes.
-Es el precio que tuvo que pagar. -Por salvarte la vida.
Bueno, sí. Luis siempre fue muy destructivo.
Y tú un poco desagradecido, ¿no?
Déjame acabar la historia y a lo mejor cambias de opinión.
-Por ahora sigo aquí sentada. -Luis cayó en barrena.
El agujero que le dejó Lola lo llenó con prostitutas, whisky...
Dejó a su mujer, a su hija.
Se endeudó. Ocho meses de malas decisiones.
Pero seguía siendo mi compañero.
Y a un compañero no lo dejas nunca tirado.
¿Cómo estás?
¿La misma ropa de ayer?
Toma, acábatelo tú. Creo que te hace más falta a ti.
¿Por qué no te vas a casa? Te cubro con la jefa.
Celia no quiere verme. Me sobé en el coche.
¿Necesitas algo?
-¿Me prestas pasta? -No me refería a eso y lo sabes.
Oye, Luis.
Deja de hacer el idiota, pero ya.
Antes me pongo tetas.
¡Atención, por favor!
Hoy tenemos visita de arriba. Los de Régimen Disciplinario.
Asuntos Internos investiga una red de robos,
porque, al parecer, alguien sustrae pruebas del almacén judicial.
¿Qué tiene que ver con nosotros?
Todos los casos son de esta comisaría y sospechan de alguien de aquí.
-¿Qué han robado? -Cocaína, principalmente.
¿Para venta o consumo?
Eso me gustaría saber.
Os pido la colaboración de todos.
Claro, que nos chivemos.
Inspector, los trapos sucios los lavamos en casa.
Así que ya sabéis,
la puerta de mi despacho está abierta.
Cuando Luis me salvó la vida,
se ganó un favor.
Y si algo he aprendido, es que los favores se cobran.
Y no suelen salir baratos.
Es un poco tarde, ¿no?
¿Estás acompañado o qué?
¿Qué quieres?
-¿Te sobra una cama? -Depende.
Me da igual, un sofá también me vale.
Joder, Yago. Celia no me puede ver así.
Me ha echado de casa. Y mejor no te digo
lo que me ha dicho mi hija.
¿Dejarás de comportarte como un imbécil? ¿Sí o no?
-Lo voy a intentar, te lo juro. -¿Sí o no?
Mañana te entrevista Asuntos Internos. Tú verás.
Okay, voy a ser bueno.
No estoy hablando en broma.
Yago, en serio.
Déjame entrar, por favor.
Pasa.
Gracias, niño.
Hostias, no me jodas, Yago. ¿Qué hace la rusa aquí?
-Ivanka, es un amigo. -Íntimo.
-Soy amigo íntimo. -Se quedará unos días.
¿Qué tal?
Joder, qué maja la rusa, ¿no?
Ivanka. ¿Te parece bien?
-Sí. -¿O lo hablamos?
No, no. Ivanka.
Un culpable se esfuerza en parecer inocente, Luis lo aprendió conmigo.
Interrogatorio tras interrogatorio.
Un culpable intenta agradar, caer bien. Luis lo sabía.
-Y sabía que ellos lo sabían. -Se comportó como un cretino.
Un interrogatorio es como un baile, puedes llevar o ser llevado.
Yo le enseñé esos pasos.
-¿Le importaría parar? -¿Eh?
El ruido que está haciendo es molesto.
Veo que tiene tantos logros como expedientes disciplinarios.
A veces hay que mear fuera, ¿no? Es lo que toca.
-¿No me diga? -Cualquier poli de verdad lo sabe.
¿Y usted lo es? Un buen policía.
No sé. ¿Qué pone ahí?
¿Cuándo fue la última vez que fue a los registros?
Debe haber un registro de todo eso, ¿no?
-¿Se lo ha comido el gato? -Eso parece, por eso lo preguntamos.
No me acuerdo.
-Tampoco se acuerda de sustraer nada. -Cuando dices "nada",
te refieres a farlopa, ¿verdad?
-Me lo ha dicho un pajarito. -¿Y qué más sabe, inspector?
Un montón de cosas. Deberíais verme en el Trivial.
Os daría una paliza fijo.
Al Trivial, digo. ¿Dónde se jugó la final del mundial del 78?
Nosotros hacemos las preguntas.
En el Monumental. Ganó Argentina. Solo me sé las de deportes.
Busca una conexión y aférrate a ella.
Hasta que la música pare.
Perdonad, chicos, perdonad.
Perdonad, estoy hasta arriba de curro.
No tengo el cuerpo para estas historias.
Pero supongo que vosotros también. ¿Muchas entrevistas?
-Usted es de los últimos. -Llevamos todo el día.
Ánimo, supongo que lo que queremos es volver a casa cuanto antes.
Oye, de verdad.
No sé nada de estos robos. Si me entero de algo, os informo.
Solo quiero ayudar, en todo lo que pueda.
Bueno, pues al curro.
¿Le creyeron?
Ellos sí.
Qué bien has aprendido a mentir. ¿Cuánto tiempo los esquivarás?
Hoy los has engañado, pero no creo que aguantes.
-¿Has escuchado? -Por suerte para ti.
¡No me jodas! No puedes hacer eso.
¿En qué coño andas metido?
Ha sido un par de veces, nada más.
-Hablaré con Delacruz. -Ni de coña.
Sé que no lo harás.
¿Qué quieres hacer entonces?
Ayúdame. Para ti no sería nada.
Sería una mancha en un historial de la hostia. A mí esto me hunde.
-Me pides que... -Me mata directamente esto.
Celia me ha pedido el divorcio.
Si todo esto sale a la luz...
...yo no vuelvo a ver a mi niña.
Te suspenderán un par de meses, nada más.
Te devolveré la pasta que te quiten.
Eso es lo de menos.
-¿Lo vas a hacer? -No.
Quiero saber los detalles.
Luego ya veremos.
Aquí no.
Vamos.
-Veinte gramos, ¿eso es todo? -Ocho papelinas.
Necesito la pasta.
-¿Me vas a ayudar? -¿Tengo otra opción o qué?
Te juro que me salvas la vida.
Supongo que con esto estamos en paz, ¿verdad?
-¿Dónde vas? -A dormir.
Si mañana van a ir a por mí, prefiero estar descansado.
Ivanka.
No te vayas a dormir muy tarde, ¿de acuerdo?
¿Cómo estás, guapa?
¿Leche con cereales?
¿Me preparas unos a mí?
¿Qué pasa, que no tienes manos?
Deberías ser más agradecida, niña.
¿Sabes el marrón en el que le puedes meter por tenerte aquí?
No sales mucho por ahí, ¿verdad? Se te nota en la cara.
A ti también se te nota en la cara.
¿El qué se me nota?
¿Qué se me nota?
Hasta los cojones.
Nos han dicho que esta es su especialidad.
Soy un buen conversador, no lo niego.
Cazamos en su terreno.
Díganme, ¿qué necesitan?
¿Qué sabe de un robo de 20 gramos del depósito de pruebas?
No. Va a tener que ser más específica con sus preguntas.
Tranquilo, hay tiempo para especificar.
He llevado casos con documentación y pruebas. Pero, ¿cocaína?
-¿En qué casos estuvo? -¿Qué pruebas buscan?
-Se lo hemos dicho. -Han dicho cocaína. ¿Hay algo más?
Vayamos por partes.
Esas diligencias deberían estar en mi mesa, búsquenlas.
No, no me drogo. Nunca me drogué. Pueden hacerme un test de drogas.
La memoria es caprichosa.
Si les dijese que trabajaba y no robaba ocho papelinas
-podría caer en una contradicción. -Ya lo ha hecho.
-¿Cómo? -Al final cargaste con la culpa.
Sí, algo había leído en tu expediente.
Aun así, no tiene sentido.
Un policía como tú, impoluto,
asumiendo un cargo como ese.
Ya, no te encaja, ¿verdad?
Me creo más que estés intentando limpiar tu nombre
acusando a un muerto de lo que hiciste.
Cree lo que quieras. Te dije que a un compañero no se le deja tirado.
Y menos a uno que te ha salvado la vida.
¿Cómo sabía que eran ocho papelinas?
No lo sé.
Fue un cálculo aproximado.
No tanto.
No es propio de usted.
Está bien, de acuerdo.
La robé para mis confidentes, sí.
Los chivatos yonquis no hablan gratis.
Fue por eso que robé la droga.
Ocho papelinas no son para tanto, ¿verdad?
Si quieren mi confesión, la tienen. ¿Me puedo ir ya? ¿O hay algo más?
¿Había algo más?
-¿Luis robó algo más? -No me gustó.
No me gustó que no me lo contara.
Pero ya conoces la fábula del escorpión y la rana.
-Díganos, inspector Costa. -Sí.
-¿De qué conoce a Gerardo Miranda? -De lo mismo que ustedes, supongo.
Un empresario de éxito, emprendedor, amigo de gente importante.
-¿Y de usted? -¿Le parezco importante?
¿Me investigan a mí o a él?
Esté localizable.
-Nos pondremos en contacto. -Muy bien.
¿Y tu marido no sabía nada?
No, a mí Gerardo no me ha dicho nada.
-Seguramente no lo sepa. -¿Crees que debería decírselo?
Marga, he venido a avisarte a ti, no a él. No quiero que te salpique.
Es que ni siquiera sé qué puede ser.
Lo de la cocaína era una cortina de humo, seguro.
Pero a tu marido lo investigaban. Tenían pruebas.
-Y alguien las ha hecho desaparecer. -Creo que sé quién fue.
Y no me gusta la posición en que te deja todo esto.
Tú no te preocupes por mí, Yago. De verdad.
Todavía no sé por qué acabaste con él.
Antes no era así, ya lo sabes.
A mí siempre me lo ha parecido.
Porque estabas celoso.
Déjame que hable con él, anda.
Pero ten cuidado.
Oye, Antonio, dale.
Que lo paras tú, cabrón. ¿Eh?
¿Por qué no me explicaste lo de las otras pruebas?
Lo de las otras pruebas, Luis.
No me jodas, Yago.
No sé de qué hablas.
Una distracción para sacar lo importante. ¿Qué robaste?
-No lo sé, Yago. -¿Qué coño robaste del depósito?
Te juro que no lo sé. Solo entré,
cogí lo que me dijeron y lo dejé donde me dijeron.
-Punto. Eran informes, papeles. -Sacaste algo más, ¿no?
-¿Los leíste? -No me puedo complicar más la vida.
Tarde, Luis.
-Y me la has complicado a mí. -Lo sé.
Lo sé, lo siento mucho, ¿vale?
Te juro que no sé nada más.
-¿Conoces a Gerardo Miranda? -Claro.
No me jodas.
No me jodas.
-¿Las pruebas son contra él? -Eso parece.
Espero que al menos te pagaran una pasta.
-Porque te has metido en un buen lío. -Lo sé.
Nos has metido en un buen lío, Luis.
Lo siento, tío.
Lo mismo para él y un whisky para mí.
Discúlpame un momento, anda.
Pensaba que dormías fuera.
Me retrasé.
-¿Y tu amigo? -Se quedó en el bar.
Mejor.
Oye, ¿cómo es que no estás durmiendo?
Yo mañana no tengo que ir a ningún sitio. Tú sí.
Ya.
¿Me esperabas?
Buenas noches, Yago.
Buenas noches, Ivanka.
MARGA
Yago, soy Marga. Cuando puedas, llámame.
He descubierto algo y tenemos que hablar.
Que no se te olvide. Llámame, por favor.
-¿No te dijo qué era? -No.
Solo que era urgente.
-¿Voy a la central y les pregunto? -Por favor.
Pensé que hoy te quedabas en casa, Yago.
Estoy en casa.
Deberías tomarte unas semanas libres. Hablo en serio.
¿Estoy suspendido, jefa?
Hasta que se aclare lo de las pruebas, será lo mejor.
Ya.
Lo siento, Yago.
Está bien.
Yago, anda, venga.
Te acerco a casa, vamos.
No.
No.
Yago, aquí no.
Luis, déjame. Déjame en paz, Luis.
Ha aparecido el bolso vacío.
Ese corte en el cuello...
Demasiada violencia para un robo.
Lo siento, Yago. Lo siento mucho.
¿Un ruso blanco?
Esto es lo único que bebía Marga.
Yo no puedo con él. No lo soporto.
Me alegro de que me llamases.
-¿Quieres hablar? -Bueno, prefiero seguir bebiendo.
Eso también puedo hacerlo.
No fue un robo, Lola.
Eso es lo que dicen.
Ya.
¿Un corte en el cuello no te parece demasiado evidente?
-¿Tachenko? -Sí.
Tachenko.
Yago, entiendo cómo te sientes, pero no te precipites.
Ya lo he hecho.
Le dije a Marga que investigaban a su marido.
Y que habían robado las pruebas.
Me dijo que hablaría con él. Así que la eché directamente a...
Tachenko trabaja para ellos, está implicado en la trama.
Eh, para.
Especulas demasiado.
Ruso blanco. Siempre en vaso bajo.
Cuando la conocí se los bebía como si fueran agua.
-¿Cuándo la conociste? -Con 16, en el centro de acogida.
Era asistenta social antes de casarse, Marga.
-O sea que cuidaba de ti. -Bueno, sí.
Nos cuidábamos el uno al otro.
Siempre me hacía prepararle esta porquería.
Cinco partes de vodka, tres de nata y dos de...
...licor de café.
Gracias.
Por venir.
Y escucharme.
¿La querías?
¿Por qué me preguntas eso?
Supongo que nunca te imaginé queriendo.
No así. No hasta ahora.
-Perdona, si me he metido demasiado. -No, está bien.
La quería, sí.
¿Como a una madre?
Hay muchas maneras de querer, supongo.
Y las tuyas implican una relación paterno-filial.
Tú con Marga. Ivanka.
No lo sé.
Soy muy bueno interpretando a los demás, pero incapaz...
...de descifrarme a mí mismo.
¿Supiste quién la mató?
¿Vuelve a interesarte la historia?
Hay muchas maneras de interesarse, supongo.
MARGARITA IZQUIERDO MARTÍN
-Deja, ya me encargo yo. -Jefa.
Voy yo.
Hasta aquí tienen que venir a tocar las pelotas.
¿Qué quieren? ¿No ven cómo está? Hijos de puta.
Corbalán.
Que se dediquen a buscar al asesino de Marga.
-¿Alguna novedad sobre eso? -No, nada.
Lo que necesitéis, ya sabéis. Aparecerá.
Por mis cojones que sí. Aunque tenga que poner la ciudad del revés.
¿A dónde se lo llevan?
¿Cree en las casualidades, Costa?
Mejor, porque esto sería una casualidad muy grande, ¿verdad?
-No le sigo. -Sí que lo hace.
Destruye unas pruebas, absolviendo a Miranda, y su mujer aparece muerta.
¿Me están hablando de las papelinas? No me lo puedo creer.
No se haga el idiota, no nos lo creemos.
Sabemos que robó algo más que un poco de cocaína.
-En esa libreta había nombres. -No sé de qué me hablan.
¿Y Marga lo sabía?
Por eso la mató, ¿verdad?
Espero que tenga algo más sólido para lanzarme una acusación así.
Debería aprender a controlarse. Su cuerpo habla por usted.
No es lo mismo oír que escuchar, agentes.
Y ustedes oyen voces, sí.
Pero no saben escuchar lo que dicen.
Ilústrenos.
No.
¿Quieren acusarme de asesinato? Bien, pues aquí me tienen.
¿Entonces, va a colaborar?
No, pero no seré yo quien les ahorre el ridículo.
POLICÍA
¿Qué está pasando aquí?
Tenemos indicios para creer que mató a Marga Izquierdo.
En relación con una diligencia abierta.
-¿Qué? -Me parece que os columpiáis.
Tenemos al asesino de Marga.
Ayer hice horas extras.
Me pateé la calle, pregunté donde hay que preguntar.
Trabajo policial de verdad.
Vicente Roldán. El Pitona. Delincuente y consumidor habitual.
Cuando lo encontré, llevaba las pertenencias de Marga.
-¿El arma del crimen? -Cuchillo curvo.
¿Cuchillo curvo?
¿Soltarán a mi hombre?
-Gracias. -No hay de qué.
-Quiero hablar con el sospechoso. -¿Con el Pitona?
Lo siento, amigo.
-¿Qué? -Cuando lo encontré, era tarde.
Sobredosis. El gilipollas se había metido en vena lo que había pillado.
Por fin. ¿Qué haces aquí?
Bueno, ya sabe, este lugar me relaja.
Eres el único al que le sucede eso.
Pensé que estarías mejor. Dimos con el asesino.
Eso parece, ¿verdad?
Sigues creyendo en tu conspiración.
Traigo otra noticia, pero ya no sé si es buena o no.
No han podido demostrar que robases las pruebas de Miranda.
Aunque sigues bajo vigilancia.
Y mantienen la acusación por lo de la cocaína.
-Yago, pero en qué momento... -No pregunte, jefa.
Mejor no pregunte.
Te has ganado tener algunos secretos, supongo.
Pero no quiero ningún otro.
Les he dicho que eres mi mejor hombre.
Les ha mentido, ¿verdad?
Les he enseñado tu historial y te han rebajado la condena
a seis meses de arresto domiciliario.
-Bueno, eso está bien para usted. -¿Para mí?
Me dijo que me tomara unas vacaciones.
Yago, te vendrán bien.
La Comisión Europea...
-¿Te duele? -No.
-Pero... -¿Qué?
¿Te aprieta?
Pues la verdad es que no, tampoco. ¿Por qué?
Es bonita.
-¿Te gusta? -Sí.
-¿Pedimos una para ti? -Qué tonto.
No, gracias.
Va. A comer. Vamos a bajar el volumen de la televisión.
-No. -El caso parece cerrado...
-Ese hombre... -Un varón blanco de 30 años...
¿Quién? ¿Miranda?
Un robo con agresión.
Se estudia la posibilidad de que el acusado...
Lo conozco. Venía mucho por...
¿Dónde? ¿El sitio donde te tenían?
Era cliente.
-Y amigo de Tachenko. -A ver, Ivanka.
Ivanka, escúchame. ¿Estás segura de lo que dices?
Recuerdo todo.
Cada cara.
Cada arruga, cada lunar. Todo.
¿Podrías contárselo a un juez? ¿Estarías dispuesta a hacerlo?
Sí.
¿Qué haces? Ivanka, no puedes quedarte, no es seguro.
-No, Yago, por favor. -Escúchame.
Estoy bien aquí, de verdad.
Marga sabe que vivías conmigo igual se lo contó a su marido.
-Yo estoy bien. No me quiero ir. -Tranquila, Ivanka.
Conozco el lugar más seguro del mundo.
-Madre, soy Yago. Necesito ayuda. -¿Y qué hiciste con ella?
-Se nos acabó el tiempo. -¿Ya?
Vuelve mañana y seguimos con la historia.
¿Mañana?
Algo me dice que tenemos que darnos prisa.
-No te he dicho que vaya a seguir. -Lo sé.
-Tú decides. -Yago.
Dime por qué debería seguir con esto.
Porque sabes que es lo correcto, no vas a dejar que ganen,
no ahora que sabes cómo empezamos.
-¿Cómo? -Sí.
-Lo de Miranda fue... -El principio.
Descubrimos que no era solo corrupción, iba más allá.
Y que implicaba a gente muy poderosa.
¿Vas a quedarte a las puertas de saber la verdad?
Quizás no me compensa cruzarlas.
Tendrás que decidirlo tú.
Entre el miedo o la verdad.
ASESINADA POR TACHENKO
MARGA 2013
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