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"Este es López, uno de esos hombres de 1936
a quien nadie puede quitar de la cabeza
que una parte del odio que encontró en su juventud
era porque unos podíamos vivir y otros no.
Y este es un relato sincero y emocionante
de una generación española de hombres jóvenes,
que arriesgó un día su existencia con la ilusión de poner a su pueblo,
amargado por la ruina, otra vez en pie.
López quería una nación unida,
una justicia social
y una patria libre.
1 millón de muertos caben en esta historia".
(Música)
(SILBA)
(Alboroto)
(Música de radio)
¿Pero esto? -¡Toma!
(Continúa la música)
López, Fernando, salid.
Tú, Jorge.
Y...
¡Arriba España!
(Gritos, disparos)
¡Eh! ¿Qué ha pasado? -Los fascistas.
-Esta vez ha sido fácil. -Yo creí que te cazaban.
-¿Qué te pasa?
Estaba pensando en esos hombres que dispararon contra nosotros
y a los que nosotros pudimos haber matado.
Cuando entramos en el bar, pensé de golpe en esos hombres.
Todos están contra nosotros,
pero muchos de ellos quieren lo que nosotros.
Va...
La primera vez que se cumple un servicio, siempre pasa eso.
Se pregunta uno muchas cosas.
-Seguramente, los que murieron en el bar de la calle de Torrijos
pensaban igual que tú.
Ni siquiera sacaron las pistolas... Y los mataron como a perros.
¿Pero por qué, si todos buscamos lo mismo? La justicia.
Seguramente, porque es demasiado tarde.
(Música)
Buenas noches. Buenas noches.
(Continúa la música)
(Llaman a la puerta)
¿Sí?
Han traído esta carta para usted. Ah, gracias.
¿Qué miras?
No. Nada...
(Música)
Paula me dice en su carta
que la situación en el pueblo es cada vez peor.
Se han desatado los odios.
Los hombres se niegan a trabajar en el campo.
Ya no se trata solo de Madrid, sino de toda España.
Estamos llegando al final.
La gente se está repartiendo los bienes por adelantado.
Ahí ya quien ha elegido borrica y hasta mujer.
Yo pienso marcharme mañana.
Son las fiestas del pueblo
y quiero pasarlas con mi madre y con Paula.
Ya está bien, hombre. Mira la cara que tienen esas.
-Qué época nos ha tocado vivir. -A mí me parece maravillosa,
porque nosotros podemos cambiarlo todo, ¿no?
Mi jaca, galopa y corta el viento cuando pasa por el puerto
camini... to de Jerez.
(CONTINÚAN CANTANDO TODOS)
-Está bien, hombre. (CANTAN Y RÍEN)
-Es tarde ya, vamos a apretar el paso.
(RÍEN)
-¡Eh, esperadme!
(Disparo)
¡Cuidado!
(Disparos, música)
(Música triste)
Quería... Quería cambiarlo todo. (LLORA)
(Banda de música)
¡Al corro, al corro! (RÍEN)
Vamos a jugar a las prendas, ¿eh? No, mejor al escondite.
¡Eso, eso! Sí, eso. Vamos, Paula.
(Banda de música)
(RÍEN)
Pero Paula... Mujer, ¿qué te pasa?
Que esto no está bien. Pueden vernos.
Pero si todos los demás...
No importa, es mejor así.
(RÍE) ¿En qué piensas? En nada.
Me apena que te tengas que marchar a Madrid.
Ten cuidado, que eres muy amigo de meterte en jaleos.
Tu madre también está preocupada.
¡Está ardiendo la ermita! ¿Oyes?
¿Qué pasa? ¡La ermita!
Vamos.
(Música)
Ya han empezado aquí también.
Hola.
Hola, Fortunato.
No sabía que estabas aquí. Ya ves.
No creerás que la he quemado yo.
Por lo pronto, parece que necesitas disculparte.
Estás metido de lleno con todo lo que nos explota.
Yo defiendo la justicia que tú quieres
desde un lugar donde no hace falta quemar las ermitas.
¿Te molesta la explotación del hombre?
Sí.
¿Te duele el hambre de tu pueblo? Sí.
¿Quieres mudar el país de arriba abajo,
que no lo conozcan y su padre? ¡Sí!
Tú te has equivocado, chico. Déjalo, Juan.
Esta es tu único acierto.
-¡Hijo!
Paula... Os estaba buscando. ¿Habéis visto qué horror?
(RADIO) "Se ha frustrado un nuevo intento contra la república.
El Gobierno no ha querido dirigirse al país
hasta tener conocimiento exacto de lo sucedido
y poner las medidas para combatirlo.
Una parte del Ejército que representa a España en Marruecos
se ha levantado en armas contra su propia patria.
Las fuerzas de aire, mar y tierra
permanecen fieles en el cumplimiento de su deber.
El Gobierno afirma que no tardará muchas horas
en dar cuenta al país de estar normalizada la situación".
Esto se veía venir. -Los aplastarán enseguida.
El Gobierno de la República tiene la fuerza suficiente
para dominar la situación.
Sí, la fuerza suficiente
para no impedir la quema de iglesias y conventos.
-Entonces, ¿cree usted que no pasará nada?
-Seguro. Y esta vez, los fusilarán a todos.
Hay que hacer un escarmiento.
Hola.
Buenos días. Hola.
Micaela, ¿quiere servirme la comida enseguida, por favor?
Va enseguida...
¿Qué le pasa a Micaela?
¿No ha oído usted la noticia? ¿Qué noticia?
Se ha sublevado el Ejército en África.
Lo ha dicho la radio. ¿Qué?
¡Todos a terminar con los traidores!
(Música)
Toma.
Tal vez pase mucho tiempo antes de que pueda ofrecerte otro.
Ya es hora de que nos separemos. Sí, Jorge. Quisiera decirte...
No, no digas nada. Digámonos adiós.
Como si fuéramos a vernos dentro de un rato. Es mejor así.
Como quieras.
Adiós. Adiós.
¿Puedo hablar por teléfono? -Sí, llame.
(Teléfono)
Jorge, al fin... ¿Cómo estás?
Jorge, por Dios, no vayas a tu casa, te buscan.
Sí, un grupo de milicianos. Lo han revuelto todo.
¿Tu madre? Ya verás.
De la impresión, tuvo una especie de ataque.
La han llevado al Hospital General.
Sí, sala 24. Pero no será nada, ya verás.
(Música)
¡Eh, tú!
(Continúa la música)
¡A ese!
(Continúa la música)
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
(Continúa la música)
Por aquí.
(Continúa la música)
Vaya, al fin volvió el pajarito a su jaula.
No esperabas este recibimiento, ¿verdad?
Vamos, llevadle a la camioneta. -Vamos, anda. Tira para adelante.
(Música)
Vamos, todos abajo. Y deprisa.
-Echad para adelante. -Venga.
-Venga, daos prisa. -¡Venga!
-¡Andando!
-¿A qué esperar más?
-¿Pero qué haces, chalado?
(Disparos, música)
¡A ese! ¡Alto!
(Música)
(Disparo)
(Música)
(Puerta)
(Puerta)
Ahí arriba está, en la torre.
¡Eh, tú, ríndete, estás cercado! -¡Venid por mí!
-¡No podrás escapar! ¡Sal y no te haremos nada!
(Disparos)
No disparar más, voy a salir. -Sal con los brazos en alto.
(Disparos)
(Música)
(Disparos)
(Música)
Tú no puedes hacer eso, Pedro.
No puedes denunciarlo. ¿Por qué no?
Es un enemigo del pueblo. Ahora, es solo un hombre herido
que no puede defenderse. A mí qué me importa.
Yo no puedo tener escondido en mi casa a un hombre como ese.
No sabemos quién es. Yo sí lo sé.
Y también sé lo que hacer con él. Esta noche no duerme en mi casa.
Si haces eso, yo tampoco dormiré en esta casa.
Ni esta noche ni nunca. ¿Qué dices? ¿Te has vuelto loca?
Óyelo, Pedro, tú puedes denunciarlo si quieres,
pero te aseguro que cuando se lleven a ese hombre, me marcho de esta casa
y no vuelves a verme nunca más.
No puedo vivir con un asesino.
Tú harás lo que yo diga. Es inútil, Pedro, está decidido.
Puedes matarme si quieres,
pero no conseguirás nada.
Voy a estar unos días fuera, en el frente.
Si cuando vuelva está todavía aquí, le mataré como un perro.
-Venga, hombre, que estamos esperando.
(SE QUEJAN)
¿Cómo se encuentra?
¿Por qué hace esto por mí? Lo habría hecho igual por un perro.
¿Se ríe de mí?
Eso es lo malo que tienen ustedes, los señoritos.
Se creen superiores a los demás. Está equivocada.
No me río de usted. Ah...
Y, además, no soy ningún señorito.
No tiene las manos de haber trabajado mucho.
¿Cómo se llama?
Quiero que su nombre no se me olvide nunca.
Eso mismo me prometieron hace mucho tiempo.
Me llamo Pura.
¿Por qué ha dudado?
Diga, ¿por qué ha dudado?
No entiendo nada. Ni falta que hace.
Es una historia... que le habrán contado muchas veces.
Es usted una mujer extraña.
Pedro ha dicho que le matará cuando regrese.
(RÍE)
Estoy seguro que ese hombre hará lo que usted quiera.
Y usted puede salvarme.
Necesito vivir.
¿Comprende?
(Ladridos)
¿Qué te pasa? Cállate.
(Disparos)
¿Qué hace aquí? ¿Por qué se levanta?
Quería hablar con usted.
Puede estar tranquilo, los disparos los oímos todas las noches
desde que empezó la guerra.
Es ahí abajo, en el río.
No podía estar más tiempo en esa habitación.
Es como si estuviera encerrado en una trampa.
Necesitaba hablar con alguien.
Lo ha debido pasar mal, ¿verdad?
¿Por qué quisieron matarle? (RÍE)
Seguramente, ellos pensaron que...
(Gritos en el exterior)
(Ladridos, disparos)
(Música)
Hola, Pura.
Has salido muy temprano.
No oí cuando te marchabas.
Oye, Pura,
no puedo continuar aquí por más tiempo, debo marcharme.
Te marcharás cuando estés curado del todo.
Ya estoy bien. Y tú lo sabes.
Yo he dispuesto todo lo tuyo hasta ahora.
Logré que no te desangrases en el río.
Convencí a Pedro para que no te denunciase.
Y ahora, dispondré tu marcha cuando me dé la gana.
Pura,
no debemos forzar las cosas.
Pedro puede llegar en cualquier momento
y no quisiera encontrarme con él. ¿Le tienes miedo?
Tú sabes que no es eso.
Él dijo que te mataría si te encontraba al volver.
Porque está enamorado de ti.
¿Y tú no?
Voy a quedarme aquí, en esta casa, hasta que llegue Pedro.
Y ahora, escúchame bien. Necesito ir al frente.
Para pasarme al otro lado donde luchan los míos.
Y tú vas a ayudarme. ¿Yo?
Solamente tú puedes convencer a Pedro
para que me lleve con él. Yo no quiero que te vayas.
Además, te mataría. Tengo que hacerlo.
No, no quiero que me dejes.
Si pudiera... te llevaría conmigo.
Eso no puede ser, sería demasiado para mí.
Acabarías por cansarte y no me soportarías.
(Música)
No sé lo que puede sucederme en el frente.
Pero antes de que lleguemos, quiero darte las gracias, Pedro.
(Música)
(Disparos)
Eh, clasista, hacia aquí vienen unos tíos.
-¡A por ellos!
-¿Quiénes serán?
¿No te habrás equivocado? -Son fachas.
-Cuidado, vamos a cazarlos sin gastar una bala.
López y vosotros, escondeos ahí abajo. ¡Vamos!
Tú, quédate aquí y procura que no te vean.
Cuando los tengas de espaldas... -Disparo.
-No, hombre, no.
No disparar a ninguno hasta que lo haga yo.
-Que se acercan. -Vamos, seguidme los demás.
(Disparos)
Descansar un momento. -¡Alto! Que no se mueva nadie.
-Echad los fusiles al suelo y levantad los brazos.
-Vaya... Buena visita.
No os gusta el aire de arriba, ¿eh? Vamos, a la comandancia.
-Yo que vosotros, no tendría tanta prisa.
Creo que os va a convenir tenernos un rato.
-¿Por qué?
-¿No nos harás creer que sois unos angelitos de la guarda?
(RÍEN) -Esperad un momento.
Para acabar con ellos hay tiempo. Que diga lo que quiera.
-Pues que lo diga. -Pero pronto.
-No hemos caído como pájaros atontados,
hemos venido a deciros que arriba
se está retirando la gente hacia San Rafael.
En el Alto del León, solo quedan dos o tres nidos de ametralladoras
para cubrir la retirada.
Barruntamos que por allí no hay nada que hacer.
-Y vosotros, más listos, os venís aquí para lavaros las manos, ¿no?
-A nosotros nos llevaron a la fuerza, ¡imbécil!
-¿Imbécil yo? -Estate quieto.
Son nuestros prisioneros. Sigue contando.
-Somos trabajadores, como vosotros.
Si nos la hemos jugado para llegar aquí es porque vale la pena.
Allá arriba no queda nadie. Apenas si quedan unas ametralladoras.
Vosotros solitos podéis llegar, tomar aquello y cubriros de gloria.
Ahora, si no queréis, allá vosotros.
Llevarnos a la comandancia. -Esperad.
Creo que esto merece la pena. Podríamos avisar a Puig.
-Claro, y después él habrá planeado la conquista, él lo habrá hecho todo.
Como ya me pasó en las Navas, que me la cepillé yo solito
y después fueron los otros los que la tomaron.
Yo no sé si estos dirán o no la verdad,
pero si nos decidimos a subir, lo haremos solitos.
A ver, tu plan.
-Primero, tenéis que darnos los fusiles.
-¿Qué? -¿Qué queréis,
que vayamos con las manos limpias para que nos sacudan?
-Es que vosotros no iréis,
os quedáis aquí a responder de que todo no sea un camelo.
-Pero vosotros no sabéis dónde están los nidos de ametralladoras.
Eso es razonable.
Ellos nos tienen que llevar hasta esos nidos.
Que se vayan arrastrando. -Lo haré montado encima de tu padre.
-¡Se acabó!
Iremos todos. Hala, tomad los fusiles.
Pero vosotros iréis delante.
Y tú, Chato, detrás de todos nosotros
con la ametralladora a punto hasta que yo vea claro. ¡Andando!
(Música)
¡Ahora!
(Disparos)
¡Cuidado!
(SE RESISTE)
(Disparos)
(Música tensión)
Hijo de...
(Continúa la música)
(Música épica)
¡Echaos al suelo y tirad los fusiles lejos!
Recoged las armas y llevaos a esos hacia arriba.
(Continúa la música)
(LLORA)
(Murmullo)
Me di cuenta de todo una noche,
en el frente.
Allí, en el puesto de guardia, las noches parecen más largas
y uno tiene tiempo de pensar en cosas que no había pensado nunca.
Y deseaba volver al pueblo,
pero solo para verte a ti.
No quiero que estés sola, Paula.
Necesitas a alguien que te proteja y López ha muerto.
Perdona.
Ya sé que no debería hablar de esto, pero es necesario.
Debemos esperar un poco más. En los tiempos que corren,
si uno encuentra la felicidad...,
no se debe de esperar nada.
No sabemos lo que puede pasar al día siguiente.
Maldita guerra...
(Estruendos)
(Disparos)
¡Venga! ¡Eso! ¡Traiga!
Seguid, seguid. ¡Vamos! ¡Rápido!
¡Adelante!
(Disparos)
(Estruendo)
(Música tensión)
La cigüeña tampoco vino este año. -No vendrán
hasta que acabe la guerra. -Claro.
(Motor)
¡Corre más deprisa! ¡Vamos!
-¡No puedo correr! ¡Espera, espérame!
-¡Corre! ¡Venga! -Llega Fortunato.
-¡Anda! ¡Fortunato!
(Golpe)
Me han dicho que lo han hecho general.
-Dios mío...
-Lo de Brunete ha sido horrible.
Una lucha desesperada...
solo por ocupar un montón de ruinas. Estás muy cansado.
Ahora ya estoy bien...
porque te tengo a ti.
Me gustaría que no tuvieras que marcharte nunca más.
Seríamos tan felices...
Recuerdo que en una ocasión
te dije que no me importaba morir si ganábamos la guerra.
No digas eso. Ahora es distinto.
Y cada día que pasa, me importa menos la guerra
y tengo más miedo.
¿Sabes por qué? No.
Porque soy muy feliz contigo.
Y tú eres lo más importante de mi vida.
Yo también te quiero mucho.
Tengo que decirte una cosa importante, Paula.
Pensaba ocultártela, pero creo que no debo hacerlo.
(SOPLA)
López vive.
Me encontré con él en Brunete. ¿Qué dices?
Sí.
Pude matarle,
pero no quise.
No podía defenderse.
Ahora no puede importarnos.
Paula...
¿Qué te pasa? Déjame.
¿Pero...?
¡No me toques!
(LLORA)
(Música)
(Portazos)
¡Fortunato! ¡Fortunato!
Ay, Fortunato...
(LLORA) ¿Es verdad que vive mi hijo?
¿Es verdad que vive? ¡Dímelo!
Por favor...
(SOLLOZA)
(Música)
(Motor)
(Estruendo)
(Música tensión)
(Música épica)
Mucha suerte, ¿eh? Adiós, que te vaya bien.
-Sí. -Hasta la vista. Adiós.
¿Don Jorge?
Aquí no vive ese señor. Cómo que no.
¿No es este el número 19? Sí, pero aquí no vive ningún Jorge.
Estoy seguro de que es aquí. Puede que ese señor viviera aquí
antes de la guerra, pero ahora no.
Bueno, gracias. Adiós, adiós.
(CANTAN) "Nos estás dando la lata. Este año nuestras tropas...
¡Tropas! ...han tenido pocas bajas.
¡Bajas! Y me duelen los riñones...".
¡Un coñac! ¡López!
¡Mencía!
Pero ¿de dónde sales? ¿De modo que lograste escapar?
Sí, en el Alto de los Leones. Pero de los demás nada sé.
Ahora mismo he estado buscando a Jorge.
A Jorge lo mataron en el Hospital Provincial,
donde estaba escondido.
Lo mataron a los dos días de separarnos.
¿Y los otros? De Pablo, no sé nada.
Pero a Fernando lo mataron, en el frente.
Y a Rueda le dieron el paseo con toda su familia.
No todos tuvieron la suerte que nosotros.
Pobre Carmina... Oye, ¿tú sabes la dirección de Carmina?
"Carrascal, qué bonita serenata".
Leganitos, número 7, o...
-Para mí, lo de Jorge fue espantoso. Creí volverme loca
cuando le vi muerto en el depósito. ¿Y su madre?
No llegó a enterarse. Murió dos o tres días después
sin recobrar el conocimiento.
No sé cómo he podido resistir tantas cosas.
Bueno, no tengo derecho a amargarte la tarde con mis penas.
Háblame de ti.
¿Y Paula?
Ya no vive en mi pueblo. Me creyó muerto
y... no sé dónde está. ¿La has buscado ya?
Prefiero no hablar de ella. Comprendo...
Pero yo quiero decirte una cosa. No culpes demasiado a Paula,
la guerra ha cambiado el destino de todos.
¿Y tú? ¿Qué piensas hacer?
No sé. Me han ofrecido una plaza importante
en el Ayuntamiento. Seguramente, me agarraré a eso.
Carmina, tú eres lo único que me liga a lo de antes.
Siento un gran consuelo estando contigo.
Es curioso, yo también lo siento.
(Música trágica)
(Estruendo)
(Música sacra)
(Música)
(Murmullo)
Ven, vamos al quiosco.
Buenos días. Hola.
Hola.
Gracias. Falta el "TBO".
-No ha salido esta semana. No sé lo que pasa,
pero sale cuando quiere. -Bah...
(SUSPIRA) Ya empieza el calor.
Sí, tenemos que pensar en lo del veraneo.
Yo, este año, no quiero que nos quedemos en Madrid.
Necesitamos cosas más urgentes... Cuidado.
...que el veraneo. Hay que comprar una cama al niño,
no puede seguir durmiendo en la cuna,
y pintar el comedor. Sí, lo sé.
Con ese criterio tuyo, no saldremos nunca.
A los niños les conviene cambiar de ambiente.
Es tan importante eso como lo demás. No podemos salir este año,
hay cosas que no pueden esperar. Y el año que viene,
habrá otras cosas. Si no nos liamos
la manta a la cabeza, no saldremos nunca.
No sé por qué hablo si no puedo discutir contigo.
Porque sabes que tengo razón.
(RÍE)
Adiós. No regreses tarde.
Ah, por favor, no me compres más cacharros
que no sé dónde dejarlos.
(RÍE)
¡Hasta luego!
(Murmullo)
¡El ratón corredor! ¡A 30 el ratón corredor!
¡El juguete más bonito y económico! ¡A 30, a 30!
¡A 30 el ratón corredor para el nene y la nena!
¡A 30! ¡El juguete de moda para el nene y la nena!
¡El más bonito y económico! ¿Cuánto?
¡A 30! Ya lo ha oído, tres gordas y la voluntad.
¡A 30 el ratón corredor! ¡A 30! ¿Me sigues odiando todavía?
¡A 30 el ratón corredor! ¡El juguete más bonito
y más divertido para el nene y la nena!
Bueno, te voy a comprar el ratón para mi hijo
y, como es hora de levantar el campo,
te invito a tomar unas copas donde quieras.
Está bien, vamos.
Bah...
Me agarraron en Alicante cuando intentaba escapar en un barco.
Después, el penal de Santa María, El Dueso...
Total, cinco años a la sombra. Y si ahora quiero
que no se me pegue la piel en los huesos,
ya se sabe...
A mangar y a engañar al que se deje.
(RÍE) Con esto, solo podrás engañar al nene y a la nena.
Hago lo que sale, bueno o malo. A ver qué vida...
¿Y Pura?
¿Se marchó?
No.
Un día tuve que matarla porque no pude más.
Pero... ¿qué pasó?
Cuando empezaron los bombardeos aquí,
la mandé a Valencia. Yo iba a verla de vez en cuando,
pero se había puesto imposible. Un día me enteré
que se había liado con uno de Intendencia.
Entonces, fui a buscarla, los pillé juntos y...
(GRITA) Pero ¿por qué me haces hablar de estas cosas?
Ya está bien, ¿no?
No debiste hacerlo, Pedro.
Pura, en el fondo...,
era una gran mujer.
Claro... Por eso, tú y otros como tú
hicisteis lo posible para quitármela.
(SUSPIRA) Yo tenía en juego la vida, no podía andarme con miramientos.
Claro, pero fui yo quien dio la cara para sacarla de una vida vergonzosa
y ofrecerla otra mas decente, ¿te enteras?
Me hubiera casado con ella en cuanto me lo hubiera pedido.
Por ella, estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera.
Y ya ves lo que tuve que acabar haciendo.
Bueno, a otra cosa.
Tú ahora te darás la gran vida, ¿no?
Pues no.
No lo creas.
Ni creas tampoco que yo luché en la guerra
para poderme dar la gran vida.
Por lo visto, tú eres de los primos,
de los que dan el callo para que otros chupen.
Si te decidieras, tú, con tu influencia,
y yo con mi... necesidad,
podíamos hacer buenos negocios, ¿no crees?
Ni lo sueñes.
Yo no sirvo para eso. Piénsalo bien, no seas idiota.
Escucha, Pedro. Cuando nos conocimos,
a pesar de todo, estabas más cerca de mí que ahora.
Tenías un ideal, Pura. Tú mismo lo has dicho.
Por ella, eras capaz de cualquier cosa.
Pero ahora la has matado, Pedro.
Ya sin ella... eres un pobre diablo.
Eh, amigo, te dejas el ratón para tu hijo.
Ahí va eso.
Por el ratón. No, amigo, es obsequio mío.
Regalo de la casa.
Gracias, hombre. Adiós.
(Música)
(Murmullo)
Yo no sé si seremos muchos. La gente es cómoda, perezosa...
¡Pero hay que ir a gritar! No te preocupes, seremos muchos.
Seremos todos.
(Música)
(Aplausos)
(Continúa la música)
(Murmullo)
Ya viste el otro día el ejemplo de unidad que dimos los españoles.
Pero esa unidad que el país necesita para construir su futuro...
podría estar en peligro.
¿Es que se prepara algo?
No, no es eso. Me refiero a las partidas,
en Asturias, al maquis.
(ASIENTE)
Esa gente está amenazando nuestra paz.
La tuya, la mía...
La de todos los españoles. ¿Qué puedo hacer yo?
Tengo un hijo cada año. Trabajo por las mañanas
en el ayuntamiento; por las tardes, en la imprenta.
Yo me he construido una vida de trabajo.
Además, hay organizaciones de sobra para combatirlo.
Sí, lo están haciendo.
Pero tú te has pasado la vida luchando.
(SOPLA)
Eres un hombre de experiencia y sangre fría.
(RÍE) Y, por eso, has pensado en que yo liquide a los maquis.
No he sido yo quien lo ha pensado.
Han sido otros. Pero sabiendo que soy amigo tuyo,
me han dado el encargo de... convencerte.
¿Convencerme?
¿De qué?
Quieren...
Queremos que te ocupes de llevar a cabo una operación
de limpieza de maquis en Asturias.
(RESOPLA) Me dais demasiada importancia.
Yo ya no soy el hombre de hace 10 años.
Tal vez...
Y nadie puede obligarte a aceptar.
Pero... quiero que me acompañes a Gaviria
porque tengo que enseñarte algo. Como quieras.
(Motor)
Bueno, no vayas tan preocupado, hombre,
tampoco es para ponerse así. Tenemos derecho a estar tranquilos.
Lo comprendo.
Pero... tú y yo y muchos más estaremos así
hasta el fin. ¡Por qué nosotros precisamente!
Pertenecemos a un grupo de españoles a quienes ha tocado...
renunciar a nuestra paz, a nuestra intimidad familiar.
Para nosotros, López...,
la paz empieza nunca.
Es cierto.
Hemos llegado.
(Murmullo)
(Risas lejanas)
¿Qué toman los señores? -Dos solos.
(Continúan las risas)
Fíjate en esa pareja. No les veo la cara.
¿Quién es ese individuo?
Se apellida Dóriga y pertenece a las partidas de Asturias.
Es el hilo que nos puede llevar hasta ellas, ¿comprendes?
Sí, creo que sí.
No los pierdas de vista, pero con disimulo, ¿eh?
Empecemos por llamarle tonto.
(RÍE)
¡No!
(RÍE)
Sí...
(SUSURRA) López, López, pero ¿qué te pasa, hombre?
Nada.
Perdóname.
Estaba pensando en otra cosa. Has estado a punto
de echarlo todo a rodar. Menos mal que ella ha salido
al quite enseguida. Echa una última mirada a Dóriga.
Aún puedes hacerlo.
(RÍEN)
¿Pero qué me dices? ¿Qué te parece?
Es suficiente.
La cara de ese tipo no se me olvidará nunca.
Cuidado, que salen.
Hola.
Bien, López, ¿qué decides?
Que tengo que hacerlo.
Verás, a este Dóriga le echará el guante mañana la Policía
y lo llevarán a un penal.
Tú también serás detenido.
Allí tendrás que ganarte su confianza, para que...
(Murmullo)
¿Conocéis a ese? Es nuevo.
-Estuvo incomunicado hasta hoy. -Sí, le han sacado de la celular,
está en nuestra celda. -Cuando llegó,
tú estabas en la carpintería.
No me gusta su cara. Pues la vas a tener que aguantar
una temporadita.
(RÍE MALICIOSAMENTE)
¿Sabéis cómo se llama?
No, se ha tumbado en su catre y no ha abierto en la boca
más que para pedirle a Sebastián que le comprara tabaco.
Oye, Sebastián,
me interesa saber quién es ese y por qué está aquí.
Oye, Teodoro, tú que fuiste maestro en tu pueblo,
dile a ese qué es lo que debe hacer una persona educada
cuando viene de visita a una casa.
Primero, debe uno presentarse decir:
"Soy fulano de tal y vengo aquí por esto y por esto".
Luego, contestar a las preguntas que le hagan.
(Risas)
Me llamo Rufo.
Lo demás no os importa.
(Risas)
(RÍE)
Apaga esa luz.
Estoy leyendo. ¡Apaga esa luz!
Aquí se hace lo que yo mando.
Cuando vuelvas al norte, si algún día sales de aquí,
haz lo que quieras.
Pero aquí... no.
No quiero ver tu cara de chivato.
Me di cuenta desde el principio de que la habías tomado conmigo.
Pero a mí no me gustan los matones.
Los hombres como tú no le interesan al partido.
¡Hora de dormir!
(RÍE)
(Ruido estridente)
¿Te has enterado? Sí.
Se llama Rufino García, pero le dicen el Rufo.
Y es de los que envió el partido desde Toulouse.
Organizó todas las partidas de Levante
y le han cazado en Madrid.
De Toulouse...
Ha dado mucha guerra en Levante,
pero ahora me parece que se ha caído con todo el equipo.
Le va a salir la barba aquí. Gracias.
(Murmullo)
Hola, Rufo.
¿Qué hay, Dóriga?
¿Qué tal por Levante?
Mucho calor.
¿Y por Asturias? Bah...
Siempre lloviendo.
(RÍEN)
¿Me conocías? De referencias.
Has estado en Toulouse... Resido allí.
¿Cómo viven esos? Impacientes, van tirando.
¿Te suena el nombre de Carazo?
Bastante.
Mucho genio, ¿no? Bah, se le aguanta.
Estuve con él una temporada. Dimos unos cuantos golpes buenos
y me vine a Madrid para pasarlo bien unos días...
Y en Madrid me echaron la zarpa.
Espero volver si existe algún medio de salir de aquí.
Puede que exista.
(Gritos lejanos)
¿Qué quieres decir? ¿Tienes algún plan?
A lo mejor...
Oye, Rufo, hablemos abiertamente y sin rodeos.
Servimos a la misma causa y debemos trabajar en común.
¿Olvidado lo de anoche?
(RÍE) Olvidado.
Tenemos mucho que hablar, Rufo. Hablaremos, Dóriga.
Todo lo que sea necesario.
(Corneta)
¡Rufino García!
-Te llaman a ti, Rufo.
Eh, presente. Sígueme, interrogatorio.
Pasa.
¿Un cigarrillo, López? ¿Qué...?
¿Te extraña? Usted dirá.
De tú, López, soy de la organización.
Ya te lo habrán comunicado, ¿no?
(RÍE) Buen susto me has dado.
Tengo una carta para ti. Ah.
¿Algo nuevo? De Mencía.
Dice que debo apresurarme, que mi mujer está tranquila
creyendo que estoy en viaje de negocios.
¿Has intimado con Dóriga? Necesito unos días más
para eliminar todo recelo. El jueves de la próxima
podemos considerarlo listo. Mejor el viernes,
vuelvo a estar de servicio ese día.
De acuerdo, el viernes. ¿Hora?
Tres de la madrugada, ¿hace? Vale.
¿Quién nos abrirá la puerta? Yo mismo.
Distraeré al oficial con cualquier pretexto.
¿Estará el andamiaje colocado? Descuida,
te será fácil escalar el muro. La dificultad está en el centinela,
tiene orden de disparar al menor intento de evasión.
Sí, pero de eso me ocuparé yo. Pues no hay nada más.
¿Necesitas algo que pueda facilitarte?
¡Sí! Trabajar en la carpintería. De esa manera,
estaré más tiempo junto a Dóriga. De acuerdo. ¿Algo más?
No, nada. Entonces, el viernes próximo
a las tres de la madrugada. En la carretera,
te esperará un coche. Para Dóriga,
será el partido quien lo envía. Recibirás en el coche
las instrucciones. Muy bien.
Bien, suerte. Gracias.
Vamos.
Apaga el cigarrillo. Sí.
(Ruido estridente)
Pensar en escapar es perder el tiempo, Rufo.
No, el partido trabaja fuera. Si pudiéramos salir de aquí,
yo te llevaría conmigo a Asturias. Conozco mucho a Carazo.
Hay que pensarlo bien, Dóriga. Cuidado.
(SUSURRA) Eso de las partidas es muy interesante.
Creo que hay que reorganizarlas bajo un mando central.
Mira, Rufo, en las partidas nadie se fía de nadie.
Los jefes hacen la guerra por su cuenta
y han perdido toda noción de disciplina.
¡Eso no puede ser! Una de las cosas
para las que le han mandado a España es para intentar unir a esa gente.
¡Ja! Pues te has lucido con el encarguito.
Lo primero que van a decirte es que necesitan armas,
no discursos. Y tienen razón,
claro que necesitan armas.
Pero necesitan también una táctica, no tan solo militar,
sino política. Yo traigo las dos cosas.
¿Traes armas también?
Armas no, pero sí la manera de tenerlas.
Escucha, Dóriga, yo no he venido solo.
Traigo también conmigo un grupo de radios.
La emisora central está en Toulouse.
Uniéndonos en combinación con ella podemos lograr
que las partidas próximas a la costa recojan envíos de armas
en puntos y días concretos. Eso sería estupendo.
¿Qué ha sido de los demás que venían contigo?
Creo que no están inactivos. Harán lo imposible
por facilitarme la fuga.
(CHISTA)
No conviene comer tanto con este calor.
-Lo que te sucede es que no estás acostumbrado
a la grasa y, en cuanto comes, ¡zas! el estómago...
(RÍEN)
Mi novia dice que cuándo pienso volver.
(RÍEN)
Que está muy sola.
(RÍEN)
(Murmullo)
Un jefe de servicio...
Pertenece al partido y ha recibido órdenes de facilitarnos la fuga.
Él nos abrirá la puerta de la celda...
y la de ese patio clausurado por las obras,
pero es todo lo que puede hacer. Eso y escaparse con nosotros.
Claro.
Por esos andamios...
en dos saltos alcanzaremos el borde de la tapia.
¿Y el centinela de la garita?
Es un riesgo que hay que correr. No lo veo claro.
En tres segundos, no habrán achicharrado a los tres.
Por eso, lo que necesitamos es gente para hacer bulto.
Unos correrán hacia el andamio, mientras los otros subimos
por las escaleras. Un par de segundos.
Fuera estará un coche esperándonos. Tendremos que convencer a los otros.
(Murmullo)
¿Tú crees que Sebastián...?
Ese será el más difícil, pero yo sé cómo convencerle.
¿A qué hora te decía la nota? Mañana a las tres.
Ya empezaba a dudar de ti.
(RÍE)
(Música intriga)
Oye, ¿ese guardia va estar con nosotros de verdad?
Es lo convenido.
No me fío nada. Ese guardia ya está empaquetado
para Toulouse. El consuelo es que si falla
la pringamos todos. -No me gustaría nada
morir acribillado en la tapia. Aún estás a tiempo
para quedarte aquí si quieres...
Yo no soy ningún cobarde.
Es hablar por hablar.
-Lo mejor es dormir un poco.
(Música intriga)
(Motor)
(Continúa la música)
(SUSURRA) Vamos, sin ruido.
(Música)
Preparados. Ya lo sabéis. Vosotros, a la derecha.
Nosotros, a la izquierda. De acuerdo.
¡Ya!
(Música tensión)
¡Alto!
(SUSURRA) Ahora, Dóriga.
¡Alto!
(Disparos)
(Sirena)
Ahí está el coche.
¿Qué tal, camaradas? Muy bien. Salud.
Todo fue bien, ¿verdad? Sí.
Documentación, billetes para el expreso de Asturias
y dinero. Ahí dentro tenéis ropa.
¿A dónde vamos ahora? Hasta Madrid.
Allí os dejaran. Tomaréis cada uno un taxi.
A este nombre tenéis reservadas habitaciones.
Tú en el Florida y tú en el emperador.
Nos conoceréis en el tren. A nuestra llegada a Oviedo os reunís.
Allí podéis tomar el camino que más os convenga.
Gracias, camarada. Como ves, Dóriga, el partido funciona.
Ya, ya.
Mucha suerte y hasta pronto. Gracias.
(Claxon)
¿Está usted seguro de haberse ganado la confianza de Dóriga?
Dóriga es un zorro que no se fía de nadie.
Pero, si hubiera sospechado, no se habría embarcado conmigo
en la aventura de la fuga. Bien.
A cada partida le suministrará usted una emisora portátil
para la recepción de noticias.
Mencía le explicará el plan en detalle.
Desde Oviedo estaremos en contacto para preparar la operación final.
¿Tiene que hacer alguna pregunta?
Creo que no.
Una cosa le advierto... No se ande con escrúpulos, López.
Usted tendrá que ser en todo un guerrillero como ellos
y hacer lo que ellos hagan. Constantemente le estarán vigilando.
Observando. Y si hubiera que disparar...
Sé que no será fácil para usted, pero tendrá que hacerlo.
No lo olvide.
Perfectamente.
No podemos engañarte, López.
Se han hecho ya varias intentonas sin resultado.
Todos lo pagaron con la vida.
Me doy cuenta.
Pero estoy seguro que lo tuyo saldrá bien.
Has estado en Ocaña,
te va a presentar un hombre de confianza de Carazo...
Todo se ha preparado mejor esta vez.
-La organización del golpe final lo dejamos a su iniciativa.
Usted será quien diga lo que hay que hacer.
De acuerdo.
Al llegar ese momento estaré a tu lado.
No quiero que pienses de mí que soy un capitán araña.
(RÍEN)
-¿Está usted cansado, López?
No, no es eso.
Creo que entiendo lo que le pasa, López.
Pero nuestro servicio por la patria
tiene que ser un sacrificio permanente
y, ¿quiere que le diga una cosa?
Muchas noches, cuando llego a mi casa y veo mis hijos dormidos,
pienso que ellos no podrán comprender nunca las razones que hemos tenido.
No los comprenderán ni ellos ni los que vengan después.
Es muy tarde, señores.
Hemos terminado.
(Música suspense)
Eh, alto. Levantad los brazos y nos mováis de ahí.
Soy yo, soy Dóriga. Hola, Dóriga.
No te había conocido. ¿Qué tal por Oviedo?
Bien. Aquello es vivir, y no esto.
Diles a los de arriba que me manden el relevo.
Llevo ya tres horas haciendo compañía a las ardillas.
Bueno, se lo diré.
Salud. Salud.
(Música triunfal)
Salud, Carazo. Hola, Dóriga.
Bien, aquí está. Este es un Rufo, de quien te hablé.
Me lo suponía. Hola.
Me han hablado mucho de ti.
Pretendo unir a las partidas para que actúen conjuntamente
con arreglo a unos planes.
Es la única forma de que su lucha sea eficaz.
¿Qué estratega te envía?
Oye, Carazo, si quieres que hablemos de chunga,
lo dices y le doy la vuelta al disco.
¿Qué os parece, muchachos?
(RÍEN)
Yo me estoy jugando el tipo como tú desde hace muchos años.
Y el valor lo demuestro con los que vienen a arrearme,
no con las visitas. ¿Te enteras?
Oye, ¿es que yo les vuelvo la espalda a los civiles?
Bueno, bueno, que aquí hemos venido a hablar, no a otra cosa.
Díselo este tipo, que tiene el genio muy vivo.
Debes comprender que yo no he venido a aguantar chuflas.
He venido a organizar las partidas y armarlas en lo que de mi dependa.
Y ya, de paso, a dar la cara aquí, como el primero.
Hombre, haber empezado por ahí.
Pero para andar por el monte hacen falta muchas agallas.
Dame un puesto en tu partida y te demostraré si sirvo.
Está bien.
Te quedarás conmigo.
Tendrás que presentarme a las otras partidas
y ayudarme a reunirlas.
En lo de presentarte... bueno. Lo otro será cosa tuya.
(Música suspense)
Eh, Mirín, ¿hay asilo?
-Salud, Carazo. ¿Me dejas ver el fusil?
-Hola, Juanín. Ahora no, pero cuando seas mayor vendrás conmigo.
-¿De veras? -Claro que sí. En mi partida.
-Sal fuera. Y si ves venir los civiles corre a avisarnos.
-Bien, padre.
-Es un compañero. Trátale como sabes, Mirín.
-Os traeré un poco de sidra.
Oye..., ¿este Mirín es de fiar del todo?
A Mirín le conozco bien. Ojalá te conociera a ti como a él.
Si no me conoces no será porque no hayamos hablado estos días.
Lo que tú seas tendré que verlo por lo que hagas,
no por lo que digas.
¿Qué hay por aquí de nuevo, Mirín?
-Mucha puerta, si es eso lo que te interesa.
-¿Guardia Civil? -De todo.
Barrunto gente rara.
-¿Te refieres a las contrapartidas? -Sí.
Me da el olfato que quieren acabar con vosotros... de una vez.
-Pues aquí estamos. Que vengan. ¿Qué te parece, Rufo?
¿Crees que se saldrán con la suya?
Te lo he dicho mil veces.
Partida por partida nos exterminarán.
pero si todas forman una organización
no podrán con nosotros. Vaya... Ya salió aquello.
¿Sabes, Mirín?
Este compañero viene de Francia y quiere organizar aquí
un ejército republicano con Estado mayor y todo.
(RÍEN)
Sabes que eso no es cierto, Carazo.
Yo quiero es reunir las partidas
y traerles armas, municiones y todo lo que necesiten.
Ya has oído lo que te han contestado.
Que cuando traigas las armas hablaremos de reunir.
Las traeré antes de lo que piensas.
Tú que vienes de Francia, ¿cómo ves esto?
Yo lo veo claro. Como lo ven ellos.
Unas partidas armadas, disciplinadas,
darían la impresión al mundo de que la guerra no terminó
y se podría justificar, incluso,
una intervención en España... ¡Padre, los civiles!
¡Que vienen los civiles!. -A los hórreos.
-Por la otra puerta. -¿Por dónde?
-Por allí. -Mariuga, ponte a la costura.
Y tú, Juanín, ponte a jugar como si nada pasara.
(Silba)
(Música tensión)
Ya están ahí. Prepárate.
Si suben aquí es el momento.
Vamos a ver, sabio, qué haces ahora.
-Tú por aquí y tú por allí.
(RECUERDA) "Sé que no será fácil para usted,
pero, si hay que disparar, usted dispara".
-Tira.
(RECUERDA) "Tendrá que hacerlo".
(Disparos)
(Música tensión)
¿Traes el dinero?
Ahora lárgate.
Sin volver la cabeza y sin bajar los brazos.
¡Quieto!
Estamos aquí para luchar.
No para asesinar por la espalda.
No he sido yo, os juro que no he sido yo.
-Lleváoslo. Ya sabéis lo que hay que hacer.
Esperad aquí. Voy a rezar un Padre Nuestro.
-Qué beato se ha vuelto Carazo.
-¡Largaros!
Eh, tú, cura, date la vuelta.
(REZA EN LATÍN)
Mira, Rufo, a mí no me vengas con más sermones.
Si no fuera porque eres un tío bueno a la hora de la verdad
te había echado a patadas. Entérate de una vez.
Teso de la agrupación de las partidas a mí me importa un pimiento.
Lo que está en juego es mi piel. La mía. Y la defiendo a mi manera.
Armas. Armas es lo que necesito.
No pretenderás que te las manden a ti solo, ¿verdad?
Hay que agrupar y organizar las partidas
aunque solo sea para entregar las armas.
Por eso pasó, pero nada más.
Está bien.
Yo voy a Madrid a traerme las emisoras
y a preparar el envío del armamento de Francia,
tú hablas con los jefes de las demás partidas.
¿De acuerdo?
¿Cuánto tiempo necesitas estar en Madrid para eso?
Creo que bastará una semana.
Está bien. Pero vuelve con ellas.
(Claxon)
Bien. Ya está totalmente trazado el plan de la operación final.
Ahora hay que realizarlo punto por punto.
Nos conviene mantenernos en contacto casi constantemente por radio
para prevenir cualquier anomalía que se produzca,
aunque estoy seguro de que todo saldrá bien.
Así lo espero. Nos lo jugamos todo.
Yo estaré contigo, ya lo sabes.
-¿Cuándo piensa marchar?
Mañana.
Los grupos de radio estarán ya en Oviedo.
No conviene que esperen.
¿Quieres que cenemos juntos esta noche?
No.
Esta noche deseo dedicarla a un asunto...
personal.
Como quieras. En ese caso...
Hasta que nos veamos en Asturias. Mucha suerte.
Gracias, Mencía.
Hola, Paula.
Me llamo Maripaz.
Para mí te llamas Paula.
¿Cómo te va?
Ya lo ves.
He venido solamente para verte. Para hablar contigo.
Quiero decirte que... que si deseas dejar esta vida...
puedes contar conmigo.
¿Y quién te ha dicho a ti que yo quiero cambiar de vida?
A mí me gusta. No es verdad.
Este mundo no es el tuyo.
Este mundo no es peor que el otro.
Todo es cosa de querer.
Puedes construirse una vida nueva.
Ha pasado mucho tiempo. Ya es demasiado tarde.
Nunca es demasiado tarde. (RÍE)
Perdona. Es que estoy un poco nerviosa.
Hacía tanto tiempo que no nos hablábamos...
Sí...
Mucho.
Pero, ¿lo ves? Seguimos siendo los mismos.
No. Yo no.
Yo soy ahora Maripaz. Hola.
Todas esas que ves ahí tienen también su historia.
Historias que hemos contado muchas veces
a los hombres que querían escucharnos.
Casi todas empiezan igual.
"Yo tuve una vez un novio...". Por favor.
¿Qué te pasa? ¿Te estoy poniendo triste?
¿Tú no lo estás?
Sí. Yo también.
Quiero ser su amigo, Paula.
Ya lo eres.
Pero prefiero que no vengas a verme.
¿Para qué?
¿Qué fue de Fortunato?
Lo mataron en la guerra.
Señorita.
Es un imbécil que me da la lata todas las noches.
Siempre está borracho.
Oye, ¿qué tienes tú que ver con Mencía?
Es amigo mío.
No te metas en ese jaleo de los maquis.
¿Y tú cómo lo sabes? Aquí se entera una de todo.
Déjalo. Es un negocio peligroso.
Sin embargo, tú estás metida en él. Relativamente.
Además, yo no tengo nada que perder.
Ni le importo a nadie ni a mí me importa nada.
Mira.
Ah, vaya. (SUSURRA) ¡Dóriga!
Escucha, Paula, tú no me conoces. ¿Comprendes? Te he llamado y en paz.
Hola.
Hola, hombre, Rufo, qué casualidad.
En buena compañía estás. ¿Me la presentas?
Pues, mira, acabo de conocerla y no sé cómo se llama,
pero te presento a una chica guapa, ¿vale?
Mucho gusto, nena.
Me había invitado a bailar a Casablanca
pero esta noche no estoy para jolgorios.
Pues haces mal, porque con esta te lo ibas a pasar en grande.
Ah, ¿sí? ¿La conocías?
¿Que si la conocías?
(RÍE) ¿Qué te parece, nena? ¿Somos amigos o no?
Conocidos de después de la guerra. Y ya es mucho.
Pero ¿verdad que puedo darle a este algunos informes muy interesantes?
Qué delicado eres, hijo. (RÍE)
Ahora vengo. Voy a hablar con esa.
¿Qué haces aquí?
¿Quieres que te vuelvan a echar el guante?
¿No quedamos tú y yo
en que nos iríamos a Francia cuando llegan las armas?
Pues... he querido despedirme de Madrid.
No me iba a marchar sin decir adiós a todo esto.
No creo que esto sea tan importante.
Oye, Rufo, te veo un poco nervioso. Pues, francamente, sí.
Hasta que no lleguen las armas no estaré tranquilo.
Ya faltan pocos días. Y las radios están esperándome en Oviedo
así que hay que volver enseguida.
Hombre, que yo acabo de llegar.
Pensaba estarme aquí una semana viviendo mi vida...
Pues te quedan solamente 24 horas, así que aprovéchalas bien.
Gracias, hombre. Eres muy generoso.
¿Es que te marchas? Sí, me estoy cayendo de sueño.
Adiós.
Durante todo este tiempo he tenido el mismo pensamiento en la cabeza,
que ya no eres un hombre solo,
tienes una mujer y unos hijos.
¿Por qué dices eso?
Porque tu vida ya no solo te pertenece a ti.
Tienes una familia.
Pero, Carmina, mi viaje no tiene ninguna importancia.
Si todo el mundo pensara como tú nadie saldría de casa.
Tú sabes que tengo razón.
Todo el tiempo que hemos estado separados...
No solo ha sido un simple viaje.
Desde el principio me di cuenta que era algo más importante.
Más peligroso.
Carmina, yo te aseguro... No me asegures nada, por favor.
No me opongo a lo que haces porque sé que todo sería inútil.
Pero ten cuidado.
Piensa que has dado muchas cosas para los demás olvidándote de ti mismo.
Esa es la única satisfacción que me queda.
Que durante todos estos años nunca he pensado en mí mismo.
Pero ahora es distinto, Carmina,
porque sé que te tengo a ti.
Y tengo unos hijos.
Procura descansar.
Mañana tienes que levantarte temprano.
-¿Qué hay, chica?
Nada.
Lo de siempre.
Que me canso de vivir.
No es para ponerse así, hija.
Al fin y al cabo, tú, si no sacas más planes, nadie te obliga más.
Tú tienes mejores clientes que yo.
¿Tan grave es lo que te pasa?
Si no es nada, Concha. Es una tontería. Te reirías de mí.
Anda, dímelo.
Si fuera una bobada tú no estarías así.
Estoy segura de que necesitas contárselo a alguien.
(LLORA)
Maripaz, mujer... Anda, cálmate. No llores.
Tienes que decirme lo que te pasa. Venga, habla.
Esta noche he visto a mi primer novio.
Desde hace muchos años.
Y todo el pasado se me ha venido encima.
Ese hombre y yo nos conocimos de niños y...
la guerra nos separó.
Yo creí que él había muerto y... bueno, ya te lo figuras.
El caso es que hace un rato le vi...
¿Y él te ha visto a ti? Sí.
Estuvimos hablando y...
Por eso me doy cuenta ahora de lo que pudo haber sido mi vida.
y de lo que es.
Tú al menos has tenido un hombre que te quiso de verdad.
Que no iba contigo solamente para pasar un rato.
Pero no se puede vivir solamente de recuerdos.
Después, cuando se marchó, sentí miedo.
Me he dado cuenta que no tengo a nadie.
Que estoy completamente sola.
No digas eso. Yo soy tu amiga.
¿Tú no has tenido nunca miedo? Muchísimas veces.
Pero lo mío era distinto. Una sensación extraña...
Como si mi vida hubiera terminado en ese momento.
Ay, chica, no me asustes. Eso no se dice ni en broma.
Anda, fuma, toma. Toma.
-¿Qué dicen los de Toulouse?
"Preparaos para recibir a tía Carmen. Llegará mañana por mar.
Mucho equipaje. Regalos para todos. Atendedla como merece. Saludos".
-La cosa marcha.
Mañana tendremos armas y municiones en abundancia.
Todo gracias a la tía Carmen. ¿Eh? ¿Qué os parece vuestra tía?
-Una tía buena.
(RÍEN)
-Contesta que estamos muy contentos con la llegada de tía Carmen.
Que llevamos mucho tiempo deseando verla
y que la esperamos con verdadera impaciencia.
Espera.
Ya que estamos en contacto con Toulouse
quisiera saber algo de Acevedo.
Es un compañero que se estableció allí después de la guerra.
Todos los exiliados reconocen
y en la emisora deben saber quién es.
¿No te parece?
Bueno, transmite todo eso enmascarándolo a tu gusto.
(Morse)
Escuche esto.
Dicen que de acuerdo y que están esperando.
Pero ahora viene lo bueno.
El abuelo desea que le deis noticias de Acevedo,
de que hace tiempo nada sabe. Esperamos respuesta.
¿Qué le parece? -Maldita sea.
Eso es que desconfían que esta sea realmente la emisora de Toulouse.
Y como no le contestemos a su gusto lo echaremos todo a rodar.
-Espera.
Acevedo...
Acevedo...
y en Toulouse.
Ya está. No puede ser nadie más que él.
Tome nota.
Acevedo marcha viento en popa.
Decid al abuelo que está mejor que nunca.
Operose de cataratas con éxito. Berta le ha dado otro hijo.
Le transmitiremos vuestro saludo.
Me alegro. Acevedo es un buen amigo.
Y ahora estoy más seguro.
(RÍE) Eres un perro viejo, Dóriga.
Escucha, Carazo, yo voy a Oviedo a esperar la ambulancia.
Mañana de madrugada nos encontraremos en el sitio señalado
para entregar las armas.
Y dos hombres míos controlarán el desembarco.
No lo olvides. De acuerdo.
Aquí están anotados los sitios y las horas
en que las partidas deben esperar el armamento.
Encárgate de que el radio se lo confirme y sean puntuales.
Si alguna partida se retrasa no podremos esperar.
¿Crees ahora, Carazo?
Tú eres el único que ha traído algo más que palabras.
(Música suspense)
Ya está ahí el barco. La señal, pronto.
(Continúa la música)
(Motor)
¿Qué hora es? Las cuatro menos diez.
La hora fijada es las cuatro. No tardarán en llegar.
¿En qué piensas?
Qué se yo.
En muchas cosas.
Esta es una lucha fea, Mencía.
No me gusta.
Sé que es un deber ineludible, pero...
yo he combatido siempre de otra manera.
Lo de los maquis hay que liquidarlo
para que el pueblo español pueda vivir en paz.
Es el último rescoldo de nuestra guerra civil.
Después de esto... se acabó.
Sí.
Ya no debe haber más luchas entre los españoles.
Quiero creer que cuando esto termine
viviremos todos unidos.
Para eso estamos aquí.
(Ruido)
Ha llegado el momento.
No sabemos si la trampa la preparamos nosotros...
o nos la preparan ellos.
Toma tu metralleta y sube a la ambulancia.
Ya sabes tu papel. -Está bien.
Bueno, Carazo. Aquí esta lo prometido.
Oye, Carazo, era cierto.
Bueno, muchachos, a la tarea.
Hala, venga, venga. Vamos.
¿Cuántas son para nosotros?
Una de metralletas, una de bombas de mano
y dos de municiones.
Oye, Rufo, queda esta metralleta que viene suelta.
¿Qué hago con ella?
Dásela a Carazo, que para eso es el jefe.
Y date prisa.
¡Cuidado!
(Música tensión)
Falta Dóriga. Se nos ha escapado. Espera, López. Voy por él.
No hay tiempo de buscarlo.
Hay que acabar antes de que pueda avisar a las otras partidas.
Al coche, rápido.
(Música acción)
Oye, Mencía...
Ahora que todo ha acabado, quiero que sepas una cosa.
¿Qué?
Yo conocí a Maripaz mucho antes que tú.
Desde que yo era niño.
¿Es posible?
Somos del mismo pueblo.
Cuando la guerra empezó era mi novia.
Paula. ¿Aquella?
Sí, Mencía.
No había vuelto a verla hasta que me llevaste a Gaviria.
Ahora comprendo. Te quedaste de piedra.
Y estuviste a punto de estropearlo todo.
Sí, cuando la vi allí con Dóriga...
¡Dóriga! ¡Nos hemos olvidado de él! ¿Qué pasa con Dóriga?
Que se ha escapado, ya lo sabes. ¿Y qué? No tardarán en echarle mano.
Pero es que Dóriga me ha visto con Paula.
Tiene que sospechar de ella. Y querrá vengarse en Paula.
Creo que tienes razón. En Oviedo comunicaré con Madrid
para que protejan a esa chica y hoy mismo emprenderemos el regreso.
-No, ni esta noche ni mañana ni nunca.
Adiós, chica. -Con permiso, guayabos.
Maripaz, ¿te vas? Sí. Esto está imposible esta noche.
No quiero perder el tiempo.
¿Te vienes? No, no tengo sueño.
Y ando mal de fondos. Pues ya me contarás.
(RÍE)
Ahí viene uno. Adiós.
Por favor... -Dígame.
-¿Se encuentra en el café una chica llamada Maripaz?
-¿Maripaz? Me parece que no, pero allí está una amiga suya.
-¿Quién es? -Aquella rubia con esos jóvenes.
-No sabéis nada de esto. -Señorita.
-Oye, ¿tú conoces a una chica que se llama Maripaz?
-¿Y si lo conociera, qué?
¿Y eso quién lo pregunta?
-La Policía. ¿Comprendes? Di lo que sepas.
-Lo siento, pero no puedo ayudarles. Yo no sé nada de ella.
Apenas la trato.
-Si la estimas, tienes que ayudarnos. Corre un gran peligro.
Un peligro de muerte. ¿Te das cuenta?
(Música tensión)
¡Dóriga!
No, Dóriga. ¡No!
¡Alto!
(Disparos)
¡Paula!
¡Paula!
(Música triste)
Vamos, López.
Hicimos lo que estaba en nuestras manos.
Sí...
¿Quieres tomar algo? ¿Te llevó a algún sitio?
No, no te preocupes. Voy a casa. Sí, voy a casa.
Te acompaño.
No, no.
Déjame solo.
¿Nos veremos?
(Música suspense)
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