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Creo será un desafío, como en la primera temporada.
Francamente, el nivel interpretativo es óptimo.
Y no hablemos de las imágenes...
He tenido la oportunidad de convertirme en espectador de mis cosas.
Estoy plenamente convencido que nuestra existencia está,
no diré determinada, pero sí fuertemente condicionada
por lo que han sido nuestros años de infancia.
Nuestros primeros contactos con el mundo exterior.
Nuestro primer contacto con el mundo de los afectos.
He tenido algunas cosas en común con Montalbano.
La soledad del hijo único.
Montalbano se dormía o con el sonido del mar o con el aire del mar.
Una vez que me fui con mi padre al interior de Sicilia,
a Caltanisetta,
mi padre me dijo que no conseguía dormirme.
¿Por qué no te duermes?
Echo de menos algo.
Si echas de menos a tu madre, mañana volvemos y estás con ella.
Pero después descubrí que echaba de menos el sonido del mar,
porque yo lo oía desde mi casa,
sobre todo en invierno.
Y con ese ruido me dormía.
Muchas de estas cosas, las he trasladado a Montalbano,
a su memoria.
Il giovane Montalbano 2x01 "El hombre que andaba tras los funerales"
Buenos días, Pasquale.
Buenos días, joven.
El próximo es el pobre Ciccio Storello,
creo que ya el cura le ha dado la extrema unción.
Hola Catarella.
Doctor, doctor.
Buenos días a todos.
No, Catarella, mejor luego, mejor luego.
A tu salud.
Hola.
Hola Livia, amor, ¿cómo estás?
¿Estás mejor?
Todavía tengo un poco de fiebre.
Respiro mal y el médico me ha dicho que repose algunos días.
Es raro.
Ya son cuatro días que esta gripe te obliga a estar en cama.
Se ve que mi cuerpo necesita reposo.
¿Por qué no te vienes aquí a reposar?
Está haciendo unos días muy buenos.
Y además no sabes lo que te echo de menos.
¿Cuánto me echas de menos?
Dímelo.
No. Me da vergüenza.
Te echo mucho de menos.
Muchísimo.
Oye, te tengo que dejar.
No, ¡venga!
No, tengo que ir a jefatura.
Te llamo luego. ¿Vale?
Adiós. Adiós. Adiós.
¿En jefatura saben que eres tan romántico?
Déjalo, Mimì, por favor.
Es Livia, que está un poco rara últimamente.
¿Y eso?
Nada.
Está demasiado cariñosa, un poco pegajosa.
Ay, ay.
¿Cómo que ay?
Te lo digo por experiencia.
Cuando las mujeres hacen eso, es que esconden algo.
¿Esconder? ¿El qué?
Salvo, tienes que ver las cosas como son.
Tenéis una relación a distancia,
Livia es muy guapa,
en Génova hay pescadores...
Me dio, doctor.
Pero, ¿qué coño haces delante de la puerta?
¡Cierra la puerta!
Perdón, doctor.
Si me permite y me concede permiso, doctor.
¿Eres idiota?
¿Ya puedo, doctor?
Se le ha caído esto.
¿Qué quieres, Catarè? ¿Qué quieres?
Quería decirle que han encontrado un cadáver, muerto matado,
en Contrada Fiumicello.
Se trata de un homicidio.
¿Y así me lo dices?
¿Quiere que se lo diga cantando, doctor?
Intenté decírselo antes, pero me dijo después
y después se lo estoy diciendo.
Catarè, cuando se trate de una información tan importante
me la tienes que decir enseguida, incluso si te mando callar.
Doctor, usted dígame lo que tengo que hacer y eso hago.
Luego me confundo.
Vete, anda. Dile a Fazio que venga y vete.
¿Puedo?
¿Qué pasa esta mañana? ¿Tú también delante de mi puerta?
No.
Ha habido un homicidio. Contrada Fiumicello.
Sí, lo sé.
¿Lo sabes?
Sí.
¿Y qué haces aquí? Llama a Pasquano, a la científica y a todo el circo.
Ya lo he hecho.
No me toques...
Ilustrísimo, buenos días.
Ya me parecía raro que no hubiera venido a tocarme los huevos.
¿Quién lo ha encontrado?
El cartero.
¿Qué quiere saber?
Un disparo en la cabeza, realizado de cerca.
Muy bien, matrícula de honor.
¿A qué hora lo mataron?
Ayer por la noche.
Los detalles cuando haga la autopsia.
Y ahora quítese de en medio, gracias.
Adiós.
Doctor, el muerto se llamaba Pasqualino Cutufà.
El cadáver lo encontró el cartero esta mañana temprano.
¿Que más sabemos?
Realmente, comisario, lo conocía personalmente.
Sobre los 50. No se había casado. Era buena persona.
Por lo que sé, cobraba una pensión de invalidez
por la prótesis de madera que tenía en la pierna.
Tiene un hermano, Giacomo, que le pagaba el alquiler de la casa.
Y del resto nada. Al contrario, si hemos de ser sinceros, tenía muchos amigos
por su costumbre de ir a los funerales.
De todos, incluso de los que no conocía.
Es ahí donde le vi.
Estaba en el coche, pasó un funeral y él iba detrás.
No se perdía ninguno.
Chicos, ¿no deberíais estar en el colegio?
Coño, la cara de la legalidad.
Diga.
Hola, soy Munno.
Quería comunicarte los primeros resultados del homicidio de esta mañana.
Sí, sí. Dime.
Hemos encontrado el casquillo.
Es un calibre 38.
Pero las estrías no se corresponden
con ningún arma involucrada recientemente en un acto criminal.
Eso es todo.
Muy bien. Gracias.
¡Fazio!
¡Fazio!
Pero, ¿no has oído que te estaba llamando?
Perdone, comisario.
Al contrario de lo que piensa, no estoy siempre delante
de su puerta. Estoy aquí, trabajando.
Ha llamado Munno.
Dice que el arma no está registrada.
¿Hay alguna novedad?
Ninguna. No hay testigos que hayan oído algo.
Tengo la impresión de que Cutufà conocía muy bien a su asesino.
También yo.
Creo que tenía que saber perfectamente cómo y dónde esperarlo.
Estaba muy cerca antes de disparar.
¿Sabes dónde vive el hermano?
Claro.
Cojo la chaqueta y nos vamos.
Le espero fuera, comisario.
Buenos días.
¿Giacomo Cutufà?
Sí.
Buenos días, soy el comisario Montalbano.
Disculpen, no queríamos molestar.
No. No molestan. Mi mujer Teresa.
Buenos días.
El inspector Fazio.
Buenos días.
Perdonen el olor pero íbamos a comer.
No es molestia.
Berenjenas al parmesano, ¿verdad señora?
Con mozzarella de búfala.
Mi mujer las borda.
¿Quieren probarlas? Por favor.
No, señora. No podemos. Estamos de servicio.
¡Qué pena! Están listas. Miren que buena pinta.
Una pena.
Sí, una pena.
¿Quieren un poco más?
No, gracias. Está bien así.
Como le contaba, después del accidente en la obra,
el pobre Pasqualino no consiguió encontrar trabajo.
Tenía un montón de tiempo libre.
La primera vez ni siquiera supo él el porqué.
Vio un funeral y lo siguió.
No conocía al difunto.
Desde entonces se convirtió en una costumbre.
Hombres, mujeres, niños, ancianos...
Para él no había diferencia.
Era tan querido que una vez que no fue al funeral de Totuccio Sfera,
que Simone, el hermano del difunto, un mafioso,
se lo tomó como una ofensa personal.
A mitad del funeral fue a casa de mi hermano.
Quería saber el motivo.
No le respondía nadie,
y cuando se iba le pareció oír a alguien dentro que se quejaba.
Forzó la puerta,
y encontró a mi hermano en un charco de sangre.
Se había caído y se había hecho una brecha en la cabeza.
Desde entonces se corrió la voz de que Pasqualino se había salvado
como agradecimiento por todos los muertos a los que acompañó.
Señor Cutufà,
le garantizo que haremos todo lo posible
para encontrar al que ha matado a Pasqualino.
¿Sabe si su hermano tenía algún enemigo?
No creo.
Solo Guarraci.
¿Qué tiene que ver?
Yo se lo cuento al comisario.
Cuando el hermano perdió la pierna,
ya que en la obra no había medidas de seguridad,
el abogado del sindicato le convenció para que demandara al dueño
Ernesto Guarraci.
La cosa ha tardado mucho, pero finalmente iba a haber sentencia.
Comisario, no creo que Guarraci sea capaz de algo por el estilo.
Sí, pero yo se lo cuento al comisario.
Ha hecho bien, señora.
¡Qué bonitas las gallinas! ¿Son vuestras?
Sí. Son una especie de afición, comisario.
Para traer a casa algo más de dinero. Tengo mucho tiempo.
- ¿Quiere alguno? - Sí, pero quiero pagarlos.
No, antes los prueba y si le gustan viene a buscarme al mercado de Vigata.
Tengo un puesto, hasta que me dejen.
¿Por qué hasta que le dejen?
Allí también rige la ley del más fuerte.
Gracias.
¿Sabe lo que me consuela de la muerte de mi hermano?
Que estará mejor allí arriba,
en compañía de todos los muertos que no conoció...
pero a los que quiso acompañar en su último viaje.
Lo siento, señor Cutufà.
- Adiós. - Adiós.
¿Retomando fuerzas? ¿Viene Livia?
Livia está en Boccadasse. Tiene gripe.
¡Gripe! ¿Estás seguro de que solo se trata de la gripe?
- ¿Qué quieres insinuar? - ¿Yo? Nada.
Kilos de huevos, ¿puedo?
Claro.
- Buenos días, doctor. - Buenos días.
Giuseppe, ven.
¿Quieres tú también un huevo?
¿Para qué los quieres? Eres mayorcito, pero verás,
antes o después también tú los necesitarás.
Con permiso.
Siempre piensa en lo mismo.
¿Está loco el Dr. Augello?
Está enfermo, ¿no sabes que está enfermo?
Entonces la cosa cambia.
¿Vienes a informar?
Sí. Así, de primeras, resulta que la empresa de Guarraci está en quiebra.
El suegro, el difunto Carmelo Bonocore,
era un constructor respetado
que ha dejado varios pisos en herencia,
que la hija Giovanna, la mujer de Guarraci, tiene alquilados.
Además sabemos que a Guarraci le gusta el póker,
pero no tiene suerte, no gana casi nunca.
Es lo que tengo por ahora.
Mañana iremos a charlar con el tal Guarraci.
¿Llegas siempre tan tarde por la noche?
¡Livia! ¿Qué haces aquí?
- ¿Y la historia de la gripe? - Era verdad, hasta ayer.
Después me encontré mejor,
pedí unos días de vacaciones y aquí estoy.
- A ver si te pillaba con tu amante. - ¡Qué amante!
¿Es muy tarde para llamar a Adelina?
¿En qué piensas?
Ya te entiendo.
¿Diga?
- ¿Va todo bien, doctor? - Fazio, ¿qué quieres?
Le estoy esperando para ir a ver a Guarraci, ¿se acuerda?
¡Mierda! ¡Es verdad!
¡Me olvidé completamente! Perdona, voy enseguida.
- ¿Qué es? - Zabaglione.
No sé guisar pero el zabaglione me sale muy bien. Los huevos eran frescos.
¡Buenísimo!
Es tarde. Había quedado con Fazio y se me ha olvidado.
- ¿Qué vas a hacer hoy? - Nada.
- ¿Comemos juntos? - Sí. ¿Vienes a casa y cocino yo?
Vamos donde Calogero.
¿No te fías de mí?
¿Qué tiene que ver? Es que es más fácil... No te ofendas.
Estamos en Sicilia, hay mar. Es una forma diferente de preparar la comida...
También hay mar en Génova.
- ¿Qué tiene que ver? - Tiene que ver.
Es distinto.
Coño, Gallo, te dije que si querías cogieras el nuevo.
Doctor, es demasiado potente, no lo controlo.
Te crees que estás en una película americana.
En cuanto coja un poco de confianza...
Quítate de mi vista, joder.
Mierda, no doy ni una.
Buenos días, ¿es usted Ernesto Guarraci?
Sí, soy yo, buenos días.
Comisario Montalbano.
Encantado ¿Qué ha pasado?
Nada, tenemos que hablar con usted sobre Pasquale Cutufà.
La de Pasqualino ha sido una muerte horrible, y sobre todo injusta.
No consigo entender quien puede haberle deseado tanto mal como para hacerle eso.
Era una persona tranquila, simpática, con la que era imposible pelearse.
Es raro que sea usted el que diga eso.
¿Por qué?
Por lo que sé tenían un pleito pendiente.
Comisario, espero que esté bromeando.
No, no es para bromear.
Cutufà habría perdido el pleito.
El perito me dio la razón al cien por cien. Le enseño los papeles.
No hace falta, no se preocupe.
Aunque el juez le llevara la contraria,
usted no hubiera podido indemnizar a Cutufà,
ya que sus empresas están en quiebra.
Exacto. No sabría de donde sacar 50 millones de liras.
Así es.
Mire comisario, no me conoce,
pero no estoy acostumbrado a resolver las cosas de una forma tan brutal.
Le creo, pero tengo que hacer mi trabajo.
Claro que sí.
¿Por casualidad posee una pistola?
Sí, un revolver, de cañón corto, calibre 45. Si quiere se lo enseño.
Sí, gracias.
Discúlpenme.
¿Diga?
Sí, tengo gente en casa, dime.
¿Cómo que no ha llegado?
La he dejado esta mañana en la estación.
¿El tren ha llegado?
Quizás en el otro.
Madre mía, Lia, no lo sé.
No lo sé, dame cinco minutos, quédate ahí.
Te llamo yo, dame cinco minutos.
Vale. Adiós.
Perdonen. Era mi cuñada, de Caltanisetta.
Esperaba a mi mujer, debía llegar a la estación
pero no ha llegado ni con el primero, ni con el segundo tren.
La acompañé personalmente. Estoy preocupado.
Me lo puedo imaginar.
Nos habíamos quedado en la pistola.
Se la traigo enseguida, perdóneme.
Haga una cosa, llévela a comisaría junto con el permiso de armas.
Si necesita ayuda con su mujer, llámenos.
Gracias, gracias.
- Adiós. - Adiós.
Yo tenía una Lambretta y me la han robado ¿y ahora cómo trabajo?
¿Pero una Lambretta o una camioneta Ape?
Una Lambretta.
No, es diferente la Lambretta de la camioneta. No es lo mismo...
Adelante.
Veo que está ocupado con lo que más le gusta, papelujos, burocracia...
Carmine, Carmine, ¡qué bonita sorpresa!
¿A qué debemos el placer?
Mi mujer me ha mandado a hacer la compra,
y he aprovechado para venir hasta aquí y hacerle una visita.
La vida del jubilado, querido doctor...
Ha hecho bien, siéntese.
Realmente solo he venido a saludarle. Mi mujer me manda a la compra,
pero si no vuelvo a tiempo, se preocupa.
Cinco minutos, venga. El tiempo para charlar un poco.
Sí. ¿Cómo van por aquí las cosas?
Bastante bien. Ahora estamos trabajando en el homicidio de Pasqualino Cutufà.
No sé si lo ha sabido.
Por el momento estamos a oscuras pero...
Pobre Pasqualino. No habría hecho daño ni siquiera a una mosca.
Así es.
Estamos intentando averiguar quien
podría odiarlo tanto como para hacerle eso.
Si está buscando un móvil, comisario, déjelo estar.
En toda mi carrera descubrí,
que a parte de los dos más comunes, el interés y la pasión,
cualquier razón es buena para matar a alguien.
Encuentre primero al asesino y luego encontrará el móvil.
Y posiblemente descubrirá que es más extraño de lo que pudiera haber pensado.
¿Quién será, según usted?
Esta mierda de puerta está defectuosa, doctor.
Está ahí el Sr. Buaraccio que quiere hablarle urgentísimo.
¿Al teléfono?
- No ahí fuera. Está muy alterado. - Vale, ahora voy.
Carmine, lo siento, tengo que irme.
- Faltaría más. - Ha sido un placer verle.
- Para mí también. - Se lo ruego, vuelva.
Buen trabajo, doctor.
Adiós Catarella.
¿Buaraccio, se llamaba? Guarraci
¿Y qué es lo que he dicho, doctor?
Comisario, perdone si le molesto, pero me estoy volviendo loco.
¿Qué ha pasado?
Mi mujer ha desaparecido. No la encuentro.
¿Todavía no ha dado señales de vida?
No.
Vamos al bar de enfrente. Nos tomamos algo y me lo cuenta.
No sé qué ha pasado.
No entiendo nada.
Mi mujer no ha cogido ni el primer ni el segundo tren.
Fui esta mañana a la estación, hablé con la taquillera,
que nos conoce tanto a mí como a mi mujer.
Desaparecida. No la ha visto.
- ¿No acompañó a su mujer hasta el tren? - No. Al tren no.
En realidad llegamos a la plaza de la estación y
como había obras y mucho tráfico, mi mujer me dijo, bajo aquí.
Le dije que la llevaba a Caltanisetta, pero no, quiso coger el tren.
Perdone, ¿nos trae dos cafés y dos vasos de agua?
Mire, Sr. Guarraci, mañana por la mañana empezaremos a buscarla.
¿Por qué mañana por la mañana?
Es el procedimiento, tenemos que esperar 24 horas,
podría haberse ido voluntariamente.
No.
No estoy diciendo que lo haya hecho.
No tiene motivos. Giovanna y yo nos queremos desde siempre.
No digo lo contrario.
Creo que ha pasado algo malo, comisario, lo presiento.
Sr. Guarraci, hagamos una cosa. Cálmese, olvidemos el procedimiento,
y en cuanto vuelva al despacho me pongo a ello.
¿Está bien?
Ya verá como no ha pasado nada grave.
Esperemos.
¿Diga?
¿Por qué me llamas aquí? Te había dicho...
¿Qué ha cambiado?
Sí. Necesitas una respuesta enseguida, pero tengo que verte.
- Apuesto a que se te resbaló la mano. - Sí, doctor.
Quería decirle que llamó un tal Giacomo
que quería verle en persona personalmente.
Pero hace falta que vaya al lugar en personal personalmente, doctor.
- ¿Qué lugar? - Al mercado.
Giacopo Cutufà, Catarè.
Vete, voy enseguida.
Mierda, todavía comunica. ¿Con quién habla?
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
¿Qué coño quieres? ¿Quién coño eres?
Policía.
¿Quiénes son?
Los hermanos Scarlata.
También venden huevos y no quieren que les haga la competencia.
¿Es que lo deciden ellos?
¿No hay una normativa?
La normativa existe pero a esa gente las normas...
Dejémoslo.
Ahora que me han visto con usted me dejarán en paz durante un tiempo.
Pero no le he llamado por eso, comisario.
¿Cuál es el motivo?
Mi mujer y yo nos acordamos ayer que hace unos años,
antes del accidente, mi hermano tuvo una pelea
con uno de la familia Cuffaro, un tal Ignazio Lapenna.
Una cuestión de mujeres. Antes de perder la pierna
mi hermano era un poco mujeriego.
Me acuerdo de Lapenna, estaba dentro por tentativa de homicidio,
pero ha salido por buena conducta.
Sí, lo he visto hace unos días
y he pensado que era interesante que se lo dijera.
Ha hecho bien,
haremos las oportunas comprobaciones.
Una última cosa, comisario.
Si fuera posible me gustaría saber
cuando me van a dar el cuerpo de mi hermano.
Para organizar el funeral con tiempo.
Si hubiera sabido que iba a morir
lo habría organizado él mismo, era importante para él.
Tiene razón, veré lo que se puede hacer.
Le tendré informado.
Gracias, comisario.
A usted.
Si sigue teniendo problemas con esos dos, dígamelo.
¿Diga?
¡Livia! ¡Livia!
Llevo mucho rato llamándote y siempre comunica.
Habré dejado el teléfono descolgado.
¿Qué querías?
Nada. Que no me da tiempo a volver para comer.
Ya me había dado cuenta. Me he hecho un bocadillo.
Yo, en cambio, no he comido todavía.
Me jamaría...
Un jabalí, lo sé.
Esta noche vamos a cenar donde tú quieras, ¿vale?
Comisario, ¿vuelvo luego?
Pasa, pasa.
Amor mío, te llamo luego, ¿vale?
- Adiós. - Adiós.
¿Puedo?
Siéntate.
¿Entonces?
Entonces, por lo que parece, he conseguido encontrar
una testigo de la desaparición de Giovanna Bonocore.
Dime.
He tomado algunos apuntes, comisario.
La Sra. Annunziata Locascio,
cuyo balcón da sobre Via Crocilla,
ha declarado que minutos antes de las seis
ha oído llegar un coche a toda velocidad
que se paró justo a la salida del paso subterráneo.
Ella no se acuerda qué modelo era o la matrícula,
pero se acuerda que era un coche muy viejo,
de color claro, blanco,
y un detalle que me ha parecido especialmente interesante.
Al coche le faltaba el parachoques delantero.
Después salieron dos hombres, pero no pudo verles la cara,
pasó todo muy deprisa.
Se metió en casa y poco después oyó el motor del coche
que se marchaba a toda velocidad.
Eso es lo que ha declarado.
Interesante.
Eso digo yo.
¿Hay más?
Sí, me he dado una vuelta por el pueblo.
Parece que la Bonocore tiene una relación con un médico, el Dr. Curatolo.
¿Qué piensas?
Creo que eso dos querían... aclarar su situación.
Y han huido, como dos adolescentes.
Esto también lo pensé yo, pero sin datos...
He citado al doctor en comisaría, por si quiere hablar usted con él.
Has hecho bien.
Voy a tomar un café al bar Italia.
¿Al bar Italia? ¿Al bar de los...?
De los Cuffaro. Seguramente el café será muy bueno.
Buenas tardes.
¿Me trae un café?
No hay servicio en las mesas.
- ¿No? - No.
Entonces tomaré un poco el aire.
De hecho estoy esperando a una persona, Ignazio Lapenna.
¿Por casualidad lo conoce?
Nunca oí hablar de él.
¿Qué quiere de mí?
Para empezar, que te sientes.
Así puede que me traigan el café.
Estoy aquí por el homicidio de Pasqualino Cutufà.
Hombre de mierda.
Por eso.
Estoy hablando del que lo ha matado. No de él.
Por lo que yo sé vosotros no hacíais buenas migas.
Hubo una mujer, hace unos diez años.
Se lo quise hacer pagar. Pero fui a la cárcel y no pude.
Cuando estaba dentro, el bastardo de Sinagra,
mató a mi hermano pequeño, Gaspare.
Bendita sea su alma.
Le esperaron tres debajo de su casa. Le dispararon más de 20 veces.
Por toda la cara.
Me acuerdo.
Los carabinieri prohibieron a mi familia participar en el funeral.
Tenían miedo que estallara una guerra.
Gaspare se iba a ir al otro mundo sin ni siquiera una persona que lo llorara.
Pasqualino fue el único en el funeral.
Por eso ya no le tengo rencor.
Adiós.
Giovannino, está todo pagado.
Perdone, comisario.
Estaba hablando con el Dr. Curatolo de la desaparición de la Bonocore.
¿Puedo decirle que entre un momento?
- Sí. - Por favor.
Por favor.
El Dr. Curatolo me estaba diciendo que
no cree que se haya ido por voluntad propia.
Pero, sobre todo, que no tiene nada que ver con su relación.
¿Puede repetir lo que me estaba diciendo antes?
Nosotros no teníamos ninguna intención de regularizar nuestra situación.
Si Giovanna no hubiera desaparecido habríamos seguido como antes.
Se lo dije también a Guarraci. No tengo nada que ver con todo esto.
¿Ha visto al Sr. Guarraci después de la desaparición de Giovanna?
Esta mañana.
Ha venido a mi consulta y ha empezado a gritar delante de todos mis pacientes
que conocía la relación entre Giovanna y yo.
Lo sabía hace tiempo, un año, creo.
Por otra parte, también él, Guarraci, tiene una amante, una tal Marisa.
¿Cree que la señora
pudiera tener otra relación además de la que tiene con usted?
No.
Giovanna estaba enamorada de mí
y yo de ella.
¿Tiene idea de por qué puede haber desaparecido?
Sr. Comisario, discúlpeme si le respondo con otra pregunta.
¿Sabe por qué iba a ver a la hermana a Caltanisetta?
Pensábamos que iba a hacerle una visita.
¿No les ha dicho nada Guarraci?
¿Sobre qué?
La hermana le había pedido ayuda económica,
para el marido, que tiene problemas.
Giovanna haría cualquier cosa por su hermana.
Creo, pero no estoy seguro,
que Giovanna llevaba encima una gran cantidad de dinero.
"En Sarajevo, nuestro enviado especial, Franco Di Mare."
"Hoy en Sarajevo, los francotiradores han retomado su tarea mortal.
Siembran el terror en la ciudad,
disparan a todo lo que se mueve, tiran sobre cualquiera..."
Hola amor mío.
Hola.
Perdona el retraso.
Ahora me cambio y salimos.
Ya no me apetece salir.
¿Nos quedamos en casa?
Sí, claro, sí.
Puedo cocinar yo.
Pero no hay comida.
Llamo a Calogero, puede que nos traiga algo, ¿qué dices?
He dicho que nos quedábamos en casa.
- ¿Y? - Tienes que prestar atención.
Es la primera vez que hablo de esta casa como si fuera mi casa.
Entonces me tengo que preocupar.
¿No te gusta la idea?
¿Y a ti?
No lo sé.
¿Qué quieres comer?
Lo que tomes tú.
Cuando murió mi padre, hace 15 años,
dejó a mi hermana los pisos y a mí las tierras.
Esta finca y dos más aquí cerca.
Pero no van bien las cosas,
como en todo el sector.
En cambio el ladrillo ha sido una buena inversión.
Por eso, en cuanto puede, Giovanna me ayuda.
Estamos endeudados con los bancos.
Tenemos un descubierto de 20 millones de liras.
Entonces es verdad que su hermana sacó dinero para traérselo.
No todo, obviamente.
Llevaba dos millones.
Hemos pactado con el banco un plan de pagos, dos millones al mes.
- ¿El Sr. Guarraci lo ignoraba? - Creo que sí.
Pero el dinero era de mi hermana.
Podía disponer de él como quisiera.
¡Veinte millones! ¡Veinte millones!
Si lo hubiera sabido seguramente habría intentado impedirlo.
¿Sabe de quién estamos hablando? De mi cuñado.
Un idiota, un inepto,
una persona que no sabe hacer nada, un inútil,
una persona que ha encadenado una quiebra tras otra.
Guarraci, cálmese, porque en la lista de las quiebras usted tampoco falta.
Claro que estoy yo también,
pero si no le importa,
yo he sido un empresario de la construcción muy respetado.
Está bien, nadie lo pone en duda.
Me han obligado a cerrar mi actividad,
porque este es un país fiscalmente punitivo,
que penaliza.
Ahórrenos el discurso.
Díganos dónde tenía su mujer el dinero, ¿en el banco?
El dinero en el banco, el resto aquí.
Venga.
Tenemos una bonita caja fuerte.
Aquí está.
Mi mujer lleva siempre la llave al cuello.
- ¿Nos da autorización para abrirla? - Claro que sí. Hágalo.
Llama a la científica y que te dé la autorización el juez.
- ¿Puedo utilizar su teléfono? - Sí, sí, hágalo.
En resumen, este Pasqualino no se perdía ni un funeral.
Presentaba sus respetos hasta al más desgraciado.
Por eso en Vigata todos le querían.
- ¿Me estás escuchando? - Sí, claro.
Estaba pensando que
ya no estamos acostumbrados
a que se puedan hacer cosas por los demás
sin esperar nada a cambio.
Ir al funeral de un extraño es una gran demostración de altruismo,
porque un muerto no puede darte nada a cambio.
Perdonen, ¿molesto?
- No, Fazio, siéntate. - Gracias.
Solo le quería decir que
hemos abierto la caja fuerte de la Bonocore.
Dentro había 100 millones en
bonos del Tesoro y acciones,
y muchas joyas de valor.
- ¿Nada de efectivo? - Ni su sombra.
Doctor, el comisario general quiere hablar urgentemente con usted.
Señor comisario, dígame, soy Montalbano.
Buenas, Montalbano.
¿Podría venir a verme junto con el subcomisario Augello?
Quería felicitarle personalmente.
Perdone, pero,
¿por qué?
Veo que no comparten la información en la comisaría de Vigata.
Por el arresto de la banda que desvalijaba joyerías.
Estamos hablando de hace unas pocas semanas.
Ah, sí, ya me acuerdo.
Está bien, iremos a verle.
- Les espero. - Adiós.
Buenos días.
Descansen, descansen.
Salvuzzo, que bueno verte.
Antes de nada quita los pies de la mesa.
¿Te parece que son maneras, subcomisario?
Me ha llamado el comisario general, quiere vernos.
Parece que hay una felicitación para ti,
por el arresto de la banda que robaba en la joyerías.
¿Qué dices?
¿Y tú ni siquiera te habías enterado?
¿Cómo no me voy a enterar?
¿Te crees que no sigo las investigaciones de la comisaría?
Te observo, de lejos, pero te observo.
Y estoy orgulloso de tus resultados.
¡Salvo!
- Pero, ¿qué haces? - Perdona, perdona,
pero es que a veces tengo la sensación de que no me valoras.
- ¿Qué dices? - Como si no estuviera.
Sí, sí,
como si fuera transparente.
Dejemos los sentimentalismos,
vamos, Mimì.
Livia llegó hace un par de días.
¿Y no me dices nada? ¿Cómo ha sido el reencuentro?
¿Qué quieres que te dijera?
Es mejor que no hable contigo de Livia, eres malévolo.
Yo no soy malévolo.
Eres malévolo, mal pensado, dices algunas cosas que es mejor que...
- Es mejor que me esté callado. - Eso es, exactamente.
Soy sincero,
que es distinto.
¡Coño!
Mimì, Mimì, ¿cómo estás?
Coño.
Herida en la frente, herida en la frente, herida en la frente,
y menos mal que él freno, que si no encima...
Me acuerdo...
¿Conociste a mi madre? Cuando era pequeño me llevaba a los tiovivos.
Qué guapa eres Livia.
Mimì, Mimì, hace media hora que estás hablando.
Es demasiado guapa.
Basta ya.
Está hablando desde ayer por la noche.
- Hola Livia - Hola Mimì.
Doctor, doctor, mi amigo está mal, está empeorando. Haga algo.
La herida en la frente. Ha frenado. Salvo ha frenado, que si no encima...
Mi madre me llevaba a los tiovivos.
Livia es demasiado guapa.
Mira a Livia, que guapa Livia.
Tengo ganas de vomitar.
Vomita, Mimì, vomita, que te sentará bien.
Te quiero, Salvo.
De verdad que te quiero mucho.
Montalbano, en jefatura y los periodistas están
súper convencidos que haya sido un ataque de la mafia.
Pero como te estimo y sé que te funciona bien el cerebro
querría saber qué piensas tú.
No fue la mafia, Cosimato.
Si hubieran sido ellos a esta hora no estaría hablando con vosotros.
Estoy convencido que los dos de la moto no me estaban siguiendo.
Me han encontrado por casualidad.
Tanto es así que han tenido que dar la vuelta para asegurarse que fuera yo.
¿Sí?
Me he dado cuenta por el rabillo del ojo pero no le dí importancia.
Imagino que no te acordarás del modelo de la moto o del número de matrícula.
Vale, intentaré hablar con Augello.
No, es inútil, tampoco él te podrá decir nada.
Estábamos hablando en ese momento. Estábamos distraídos.
Está bien, Montalbano. Muchas gracias.
Recupérate, anda.
Se me olvidaba.
Quieren ponerte escolta.
Dile que si lo intenta voy a ir a pedir el ingreso en los carabinieri.
Adiós Montalbano.
A todo esto, ¿le han dado a Cutufà el cuerpo del hermano?
Sí, se lo han dado hoy. El funeral es ahora mismo.
Entonces vamos.
¿Por qué, comisario, por qué?
Mire, el doctor quiere que se quede en casa, y punto.
No me importa lo que haya dicho el doctor. Tú haces lo que yo te diga.
Muy bien, entendido.
- ¿Es que tú trabajas para el IMPS? - ¿Qué tiene que ver, comisario?
Lo decía por usted.
No ha faltado nadie.
Veo que estás mejorando.
- Espera que te echo una mano. - No, no, ya lo hago yo.
Tienes que estarte quieto.
- Fazio se ha chivado, ¿no? - Solo porque te aprecia.
Mañana tengo que volver al despacho, ¿vale?
Tengo un montón de cosas que hacer.
No tienes que justificarte conmigo.
Basta con que no te esfuerces demasiado.
- ¿Diga? - ¿El doctor Montalbano?
Sí.
El abogado Guttadauro al habla.
Qué placer ver que coge el teléfono,
no se puede ni imaginar nuestra alegría al ver que el vil atentado,
por suerte, no tenido graves consecuencias.
Sí, perdone, pero todavía no he entendido
con quien tengo el placer de hablar.
El abogado Alfonso Maria Guttadauro.
Ahora me imagino que necesitará descansar,
por lo que no le molesto más.
Para cualquier cosa, ya sabe,
estamos a su completa disposición.
¿Quién era?
A decir verdad, no lo tengo claro.
Un tal abogado Guttadauro.
Me deseaba que me recuperara pronto.
Creo que es el abogado de una de las dos familias de la mafia de la zona.
Quería hacerme saber que no tenían nada que ver con el atentado.
¿Qué te pasa?
Nada.
¿Qué lees?
"A cada cual, lo suyo", lo he encontrado en la librería.
- No lo recuerdo. - Es muy famoso.
El farmacéutico que recibe una carta de amenaza anónima
y después le matan en una cacería.
Tendré que releerlo.
El doctor ha dicho que nada de esfuerzos.
Mira que para mí no es un esfuerzo.
Y además, solo está celoso, he visto como te miraba.
Para, para.
Te leo un poco así te calmas y te duermes.
A ver, ¿dónde me había quedado?
"Tenía razón la niña, pensó Laura Ana,
una mujer guapa...
un bonito cuerpo, esbelto"
Te escucho, te escucho...
Doctor, le acompaño yo, venga aquí.
- Adiós. - Adiós.
¿Qué haces?
- No exageres, Gallo, ¿qué haces? - Déjeme hacerlo, doctor.
¿Es que soy un enfermo terminal?
Ya le cuido yo.
- Si corres te despido. - No se preocupes, doctor.
Sabe que conmigo está sano y salvo.
Cuídate.
- ¡Venga, que ya hemos llegado, Gallo! - Es por su salud.
Hace seis hora que estamos en medio de la calle.
Hace una hora que les estamos esperando.
- No tiene sentido de la medida. - Lo hago por su salud.
¿En qué quedamos? Cuando voy despacio, porque voy despacio.
Cuando voy deprisa, porque voy deprisa.
- Ya vale, quiero una cosa justa. - Vete a la mierda.
- Doctor, doctor, ¡cuánta preocupación! - Catarella, puedo andar.
- No exageres también tú. - Apóyese en mí, doctor.
Estoy bien, Catarella. Estoy bien.
Estoy aquí doctor.
- ¿Se ha roto las costillas? - Sí, me rompí las costillas.
¿Cómo está el Dr. Augello?
Esta mañana ha dicho que tenía dolor de cabeza.
El doctor le ha dado seis días de reposo.
¿Qué te parece?
Ayer por la mañana, como no tenía nada que hacer,
he pensado en la desaparición de la Sra. Guarraci.
La pregunta es,
¿cuántas personas sabían que iba a coger ese tren?
Así es.
Es la misma pregunta que me hice yo en su momento.
Evidentemente dos,
el marido y la asistenta, que se llama Teresina Brucato.
¿Has hablado con la tal Teresina?
Claro, me dijo que sabía perfectamente
que la señora llevaba dos millones al contado en el bolso.
Y como me lo dijo me dio la impresión de que era una mujer honesta.
Solo nos queda el marido.
¿Has descubierto algo sobre su amante?
Se llama Marisa Lo Schiavo,
tiene veinte años y es una mujer explosiva.
Tanto es así que está volviendo loco al aparejador porque se ve con otro.
¿Quién es el otro?
Se llama Stefano Di Giovanni,
también casado.
La mujer se divide
equitativamente entre los dos.
Pero el aparejador quiere la exclusiva.
Tráela que quiero charlar con ella.
Por supuesto, será un placer.
Buenas tardes.
Soy Marisa Lo Schiavo.
- ¿Qué pasa? - Doctor, una mujer para usted.
Guapa, guapísima. Me dejó sin palabras.
Quiere hablar en persona, personalmente.
Fulgurado, con el corazón a mil estoy, doctor.
Y, ¿quién es?
No lo sé, doctor. No he tenido tiempo de entenderlo.
- Buenas tardes, comisario. - Buenas tardes.
Soy Marisa Lo Schiavo.
Sra. Lo Schiavo, por favor, siéntese.
Discúlpeme, sé que quería hablar conmigo.
Sí, la estaba esperando.
Gracias Catarella, puedes irte, gracias.
Por favor.
Mire, ahorremos tiempo.
Le presento al inspector Fazio.
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
Imagino que quiere verme
porque quiere saber sobre mi relación con Guarraci, ¿verdad?
Verdad.
Entonces, mire, comisario,
hace dos meses que no nos vemos.
Le dejé yo.
¿Por qué?
Por el motivo más banal del mundo.
Me había prometido que se iba a separar de la mujer
y que nos íbamos a ir a vivir juntos.
Y no lo ha hecho.
Entiendo.
Entonces usted, consecuentemente, ha dejado también al Sr. Di Giovanna.
¿Qué tiene que ver Stefano?
- ¿Ha dejado él a su mujer? - No.
Pero nunca me prometió que lo haría.
Claro.
Dígame, desde que desapareció su mujer,
¿el Sr. Guarraci se ha puesto en contacto con usted?
No.
Pero estoy segura que lo hará antes o después.
Señorita, adiós.
¿Qué le parece?
Qué me parece,
también la has oído tú.
Nos ha hecho ver que el aparejador
tenía un excelente motivo para librarse de la mujer.
Con el estilo de vida que lleva no habría podido permitirse una amante así.
Y tampoco podría permitirse divorciarse,
ya que no tiene una lira, no tiene trabajo y se juega todo a las cartas.
¿Sabes si el juez ha ordenado el embargo de los bienes?
Sí. Las cuentas, tanto de la mujer como de Guarraci ya están bloqueadas.
Bien. Desde hoy hay que seguir al aparejador día y noche.
Pon a alguien a seguirlo.
Has ido a la peluquería.
Estás muy guapa.
¿Te has dado cuenta como policía atento a los detalles
o como enamorado pendiente de mí?
Obvio, como policía atento a los detalles.
Oye, quería alquilar un coche. Quisiera ir a Selinunte.
Mira, si esperas algunos días, vamos juntos este fin de semana.
Tu coche está todavía en el taller, no se sabe durante cuanto tiempo,
y me aburro en casa sola.
Si hago una llamada estoy seguro que consigo que me lo den antes del viernes.
¿No puedo ir sola?
Claro que puedes ir sola, Livia. No empieces, puedes ir sola perfectamente.
No es que...
mira hay un alquiler de coches aquí al lado.
Cuando acabemos de comer vamos y vemos lo que nos dicen.
Si ya no estuviera aquí, ¿qué harías?
- ¿En qué sentido? ¿Si murieras? - No una cosa definitiva como la muerte.
¿Si me dejases?
Livia, no te entiendo, perdona,
¿Por qué? ¿Debería empezar a pensarlo?
Estaba bromeando.
Sí, voy. Un minuto.
Mimì.
Salvo, ¿qué haces aquí a esta hora?
Tengo que hablar de algo serio, es importante.
¿Cómo estás?
Hoy todavía un poco mareado.
Es sobre todo por las pastillas que tomo.
Pero mañana empiezo a hacer fisioterapia y me han dicho...
¿Puedes hablar de mujeres en serio?
Lo intento.
Mira,
se trata de Livia.
Desde que llegó, a veces parece muy enamorada,
a veces muy dulce, pero otras veces parece lejana, muy distante.
¿Quién la entiende?
Hoy ha ido a la peluquería.
- ¿Qué? - Sigue, sigue.
Y después, dice que quiere alquilar un coche y quiere ir a Selinunte.
Sola.
- Salvo, ¿te puedo hace una pregunta? - Sí.
Pero presta mucha atención, porque de la respuesta que me des,
puede depender tu tranquilidad en los próximos días.
Sí.
Livia, exactamente, ¿qué se ha hecho en el pelo?
¿El corte?
El peinado, ¿vistoso, modesto?
Yo que sé, Mimì. No entiendo de estas cosas.
¿Cómo que no sabes? ¿Se ha hecho un peinado vaporoso o todo liso?
- ¿Se ha teñido? - No, el color me parece el mismo.
Menos mal.
El peinado...
me parece vistoso, pero no lo sé.
Porque cuando se tiñen está clarísimo.
¿Otras señales inquietantes?
Cuando llamo a casa,
siempre comunica.
Dice que es porque cuelga mal el teléfono.
Y tengo uno inalámbrico, Mimì.
Mierda.
¿Pinta mal?
De por sí no, pero es una mentira.
Y quizás junto con otras, hacen sospechar.
¿Sospecha, de qué?
De traición.
Mierda.
Lo sabía, lo sabía.
Salvo, tranquilízate.
Estoy hablando de forma hipotética.
Pudiera ser que fuera a Selinunte, alquile el coche,
saque algunas fotos y estemos todos tranquilos y en paz.
Pero si hay algo que notes,
y te parece que Livia no tiene la más minima intención de ir a Selinunte,
porque te puede haber dicho una mentira para ver a otra persona.
Un hombre.
Entonces la cosa pinta muy mal.
¿Y qué hace? ¿Se hace todos estos kilómetros para venir a traicionarme?
En Sicilia, además.
¿Por qué no? Es cómodo.
Y además, evidentemente, a Livia le gustan los sicilianos.
Antes yo y después tú.
Tú, ¿qué?,
tú ¿qué?
A mi me tuvo en cuenta, pero luego, inexplicablemente te eligió a ti.
¿El médico ha excluido la conmoción cerebral?
El médico está seguro.
Entonces te la voy a provocar yo, si no paras.
¿Diga?
Montalbano, soy Cosumato. ¿Molesto?
No, no. Dime, Cosumato.
Novedades de la patrulla móvil.
La moto desde la que te dispararon casi atropelló,
cuatro kilómetros más adelante, al perro de un agricultor,
que luego les dijo a los carabinieri la matrícula que creía recordar.
La matrícula resultó ser inexistente.
- ¿Puede haber invertido algún número? - Eso pensé yo también.
De hecho he encargado a un experto que haga
una comprobación en el ordenador para ver si otra combinación corresponde
a una matrícula existente, pero hará falta un poco de tiempo.
Está bien. Buena suerte.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Era Cosumato, desde Montelusa.
Mira lo que he encontrado, una guía de Selinunte.
Mañana te puede servir.
Gracias, me la llevaré.
¿Permiso?
Paternò, entra, entra.
- Buenos días, comisario. - Buenos días.
Le traigo noticias de Guarraci.
Siéntate, dime.
Por lo que parece, Guarraci,
ayer por la noche fue a jugar al póker a un bar de Fiacca.
Perdió 500 000 liras.
Y no solo eso, me han dicho que hizo lo mismo ayer y antes de ayer.
- Siempre perdiendo. - De forma regular.
Las cuentas están todas bloqueadas.
La mujer desaparecida desde hace una semana...
comisario, me pregunto,
¿de dónde saca el dinero?
Una buena observación.
¿En qué banco tiene el dinero la señora?
En el Commerciale de Montelusa.
- ¿Comisario Montalbano? - Sí.
- Encantada. Stella Parenti. - Mucho gusto.
¿En qué puedo serle útil?
Mire, en realidad, me gustaría hablar con el director.
Es una cuestión un poco delicada.
- Por supuesto, sígame. - Sí.
Por favor.
Aquí está el director.
Perdone, no me había dado cuenta.
Los hombres sicilianos no están acostumbrados
a ver a una mujer en una posición de mando.
Efectivamente, no.
Dígame en qué puedo ayudarle.
Me imagino que habrá venido por la Sra. Bonocore.
Sí.
¿Tienen alguna noticia?
Lamentablemente, no. Pero estamos seguros que ha sido un secuestro.
- Pobre, ¿de verdad? - Ya.
¿Quién podría...?
No puedo decirle nada, la investigación avanza y
cuanto más tiempo pasa, más urgente es la cosa.
Por eso he venido.
Mire, ya que los tiempos burocráticos
para la petición de una autorización son eternos, yo...
He entendido a dónde quiere llegar.
Lo siento pero no puedo darle acceso a la cuenta de la señora.
Directora, a lo mejor no nos hemos entendido.
Su banco, dentro de unos días, estará obligado
a proporcionar a la fiscalía todos los
elementos que nos sirvan para la investigación.
Solo le pido que me ahorre un poco de tiempo. Es importante.
De acuerdo.
Pero no puedo mostrarle toda la situación patrimonial.
Muy bien.
Si me hiciera una petición precisa y razonada...
Sí.
¿Cuál fue el último movimiento realizado por la señora?
El último fue el día antes de su desaparición.
Sacó cinco millones.
¿Cinco millones?
- Creía que había sacado dos. - No. Cinco.
Si quiere hablamos con el colega de la ventanilla.
No. No hace falta.
- Normalmente, ¿cuánto sacaba? - Estábamos de acuerdo en una petición.
Forma parte de la misma pregunta...
Normalmente no sacaba más de un millón, o un millón y medio.
Y con esto ya le he dicho demasiado.
Está bien. Entonces le doy las gracias.
Espero poder devolverle el favor, algún día.
Siempre puede abrir una cuenta aquí, con nosotros.
Para el poco dinero que tengo, mejor si lo sigo teniendo debajo del colchón.
Un óptimo sistema, solo hay que tener cuidado a quién duerme contigo.
Así es.
- Adiós. - Adiós.
La señora sacó cinco millones. Bien, dos eran para la hermana.
¿Dónde han ido a parar los otros tres?
Por mis huevos que estaban dentro de la caja fuerte.
Y que Guarraci se los ha dejado en alguna mesa de juego.
Sí, puede ser. Pero nosotros, en la caja fuerte, no los hemos encontrado.
Claro.
Fazio, ese nos mintió. La llave la tenía él.
Cuando llegamos cogió el dinero y lo hizo desaparecer.
¿Por qué razón la Sra. Bonocore sacó tres millones más de lo previsto?
No podemos saberlo.
Puede que se los pidiera él.
Se inventaría una excusa, qué sé yo,
un coche estropeado, una deuda que pagar, no lo podemos saber.
¿Y los dos millones que había al contado en el bolso?
Será la cifra pactada con los secuestradores.
Sí. Efectivamente, puede ser.
Pero no tenemos ni rastro de prueba, comisario.
Quiero decir, deberíamos conseguir demostrar
que él tiene llaves de la caja fuerte.
¿Qué llave?
Ya no la tendrá,
seguramente la habrá tirado.
- Entonces, ¿qué podemos hacer? - ¿Qué podemos hacer?
No podemos hacer nada.
Tenemos que esperar a que haga un paso en falso.
Eso es lo que podemos hacer.
Necesita dinero, y ya no tiene más.
Tiene que retirarlos lo antes posible.
Si las cosas están como yo digo,
ahora empieza la segunda parte de la representación.
¿La segunda parte?
El hallazgo del cuerpo de la Sra. Bonocore.
Muerta por un secuestro.
Gallo has hecho que se me suba todo el desayuno.
Doctor, iba muy despacio.
¿Qué quiere que haga si toda la calle está llena de agujeros?
- Sr. Cutufà. - Comisario, buenos días.
¿Está llevándose las cosas de su hermano?
Sí, el propietario quiere realquilar la casa a
alguna de estas familias de inmigrantes.
Que por lo menos tengan un techo sobre la cabeza.
Escuche, hemos venido aquí para hacer el registro.
Con esta historia del atentado,
no hemos tenido tiempo de hacerlo antes.
- ¿Podemos entrar? - Acabo de empezar.
- Todavía está todo aquí. - Perfecto.
¿Va a tardar mucho en registrar, comisario?
Esto es todo lo que Pasqualino poseía.
Esos ya los he vaciado yo.
Ésa era la verdadera pasión de Pasqualino, las necrológicas.
Las conservaba con mucho cuidado desde hacía años.
¿Dónde están?
No es posible.
Me los enseñó hace solo algunas semanas.
Cuando llegó esta mañana,
¿ha tenido la sensación de que alguien haya entrado a la casa?
- Estaba todo en su sitio. - ¿Y la puerta?
¿Se ha fijado usted en si la había forzado?
No, creo que Pasquale ni siquiera puso cerradura.
Así que aquí entraba y salía el que quisiera.
De todas formas, Pasqualino no tenía nada que pudiera interesar a nadie.
Evidentemente se equivocaba.
¡Doctor!
Debe de haberse caído cuando vaciaron la basura.
Lo han hecho para deshacerse de ellos. Muy bien, Gallo.
¿Ve como yo también soy un buen policía?
- Me infravalora, doctor. - Yo no te infravaloro, yo te valoro.
Porque yo estoy siempre muy atento.
Usted me valora muy poco como investigador.
- ¿Cómo se te da jugar al balón, Gallo? - ¿Quién yo?
Modestamente, he jugando el campeonato Eccellenza hasta hace diez años.
He sido un excelente lateral derecho.
Cuando volaba por la banda parecía el rápido de Messina.
Pero, ¿cómo te llamaban? ¿Modesto te llamaban?
¡Eras experto en todo!
Soy un ecléctico.
Juega al balón y cállate.
Mil lira, mil liras para el que meta el primer gol, ¿vale?
Dejad un poco de espacio que sois diez y nosotros solo dos.
- ¿Y las mil liras? - ¿Mil liras? Es justo.
- Deberías pagarlas tu, las mil liras. - No he tenido tiempo, doctor.
¿Pero vosotros nunca vais al colegio?
Yo sí voy, de vez en cuando.
¿Tú vas?
Y Pasqualino lo conocíais, el señor que...
Nos dejaba siempre beber en la fuente de su casa.
- Era muy simpático, era muy simpático. - Pobrecito,
¿pero alguna vez lo visteis hablar con alguien?
No, nunca, nunca.
- Yo sí. - ¿Tú sí?
Pero cállate, Vito, que solo dices chorradas.
- Cállate tú, déjalo hablar. - Las chorradas las dirás tú.
Habla, dime, Vito, dime.
Hace dos semanas, por la tarde,
me dejé aquí los libros, y volví con la bici.
Entonces escuché a alguien que gritaba allí en la casa.
¿Era Pasqualino?
No, no, otro. Decía algo así como: "Tú a mí no me vas a acompañar".
Estaba muy enfadado, daba miedo.
¿Y tú le has visto la cara a ese hombre?
No, estaba oscuro y además yo estaba lejos.
Pero vi que era un señor alto y que además caminaba mal.
Está bien.
Id al colegio, sed buenos y no os volváis unos criminales.
- Esperemos. - Adiós.
Gracias por el partido.
Cállate.
"Tú a mí no me vas a acompañar".
¿Qué puede querer decir? ¿Tú a mi funeral no vienes?
Entonces, piensa que quien ha disparado al pobre Pasqualino,
es alguien que no soportaba la idea de que viviese más que él.
¿Por qué no? Puede ser.
Tu padre, anteayer, me dijo una cosa
que me ha afectado mucho.
Me dijo que encontrase primero al asesino, y luego el móvil.
Así que... se trata de alguien...
De alguien que tiene la certeza de morir pronto.
Un enfermo terminal.
¿Y quién puede ser este enfermo terminal?
¿El hombre que le ha dicho el niño?
Sí.
¿Te acuerdas de ese hombre que vimos en el funeral de Pasqualino?
Ése que cojeaba al final de la fila.
Diría que es él.
No tiene que ser difícil encontrarlo.
Haz que venga aquí.
Está bien.
Gracias.
- Hola, Livia. - Hola.
- ¿Todo bien? - Sí.
¡Livia!
¡Livia! ¿Estás ahí?
Todavía no ha vuelto.
Hola, perdona el retraso.
Ya. ¿Hace falta que te excuses?
- No, solo he llegado tarde. - Así es, solo has llegado tarde.
¿Qué tal Selenunte, Livia?
Me he olvidado la guía, ¿y qué?
- ¿Es un crimen? - No. No, no, no.
Solo es que aquí dice que el parque arqueológico
cierra una hora antes de la puesta de sol.
Bien, puesto que de aquí a Selenunte
hay 40 minutos de coche, nada, me preguntaba, simplemente...
¿Me estás pidiendo una coartada?
No, te estoy pidiendo que no me digas mentiras.
¿Te parece demasiado?
No he ido a Selenunte.
¿Y dónde has estado?
- En Palermo. - En Palermo.
¿Sola?
Me he visto con una persona.
¿Un hombre?
¿Pero te has vuelto loco?
- ¿Se puede saber que te pasa? - ¿Qué qué me pasa?
¿Qué me pasa? Nada, que tenía razón Mimì.
¿Pero qué tiene que ver Mimì?
La jodienda de Mimì. Eres increíble.
A ti los sicilianos te vuelven loca.
- ¿Pero qué estás diciendo? - ¿Qué qué estoy diciendo?
Hoy uno de Palermo,
- mañana uno de Catania... - ¡Es genovés!
Es genovés.
Es el decano de la facultad de arquitectura.
Fue mi profesor durante muchos años y lo han transferido a Palermo.
¡Y de todas formas estás exagerando!
- ¡Yo estoy exagerando! - Sí, estás exagerando.
¡Mi novia me miente, viene a Sicilia no para verme a mí,
sino para ver a un profesor suyo de la universidad y yo estoy exagerando!
¡Livia, ni siquiera eres original! ¡Un profesor, la estudiante!
Sabemos bien como terminan estas situaciones.
- ¿Y cómo terminan? Escuchémoslo. - ¿Qué cómo terminan?
- ¿Ha intentado algo? - No. Ha sido muy correcto.
¿Y entonces qué quería?
Un colega suyo quería el nombre de un estudiante
que pudiera dirigir un estudio de arquitectura.
Y él pensó en mí.
- ¿Una propuesta de trabajo? - Sí.
Y una de ésas que no se pueden rechazar.
- Solo que... - ¿Solo qué?
Es en Canadá, en Toronto.
- ¿En Canadá? - Sí.
No sé qué debo hacer.
- ¿Tienes que decidir ya? - No. No.
Para tampoco tengo mucho tiempo.
Entonces piensa en ti.
Yo aceptaré la decisión que tomes.
Sí, pero yo no quiero hacerte daño.
Lo sé.
Pero sé también que tu trabajo es importante.
Y si dices que ésta es una propuesta a la que no puedes decir que no.
Sí, pero, si te hago daño a ti, y por tanto, a nosotros,
yo renuncio.
¿Tú harías eso?
¿De verdad pensabas que tenía a otro?
Dejémoslo. Es Mimì que me mete ideas en la cabeza.
¿Y nosotros dos?
No lo sé.
Encontraremos una solución.
Buenos días.
Tengo novedades sobre el caso de Pasqualino Cutufà.
¿Qué novedades?
El tipo que usted decía, el llegó el último al funeral.
Se llama Gigì Nicotra, no vive lejos de Pasqualino.
Que venga enseguida. Quiero hablar con él.
No puede moverse, comisario.
Le han encontrado un tumor en el cerebro.
Le han dado pocas semanas de vida.
No se puede mover de casa, también porque vive solo.
- La dirección, ¿la tienes? - Claro.
Pregúntale a Gallo si me puede acompañar.
En realidad, esta mañana le han devuelto su coche.
Si quiere lo acompaño yo.
No, voy solo entonces.
Está bien.
Entonces aquí está la dirección
y éstas son sus llaves.
¿Se puede?
¿No hay nadie?
¡Señor Nicotra! ¿Dónde está?
Venga, venga, estoy aquí.
Venga, comisario.
Por desgracia no estoy condiciones de ofrecerle ni siquiera un café.
Mi cuidadora ha salido a comprarme las medicinas.
Total, para lo que sirven.
He venido para hablar con usted de Pasqualino Cutufà.
¿Lo conocía?
¿Y quién no conocía a Pasqualino?
Era imposible no conocerlo.
Era como el recuerdo perenne
del hecho de que tarde o temprano se muere.
Una presencia insoportable.
Tengo un testigo
que jura haberos visto discutir,
algunos días antes del homicidio.
Discutir ferozmente.
Es verdad.
Justo ese día mi médico me había dicho que me quedaba poco de vida.
Así que fui a su casa a pedirle
que por favor no viniese a mi funeral.
¿Y él qué le respondió?
Ese imbécil.
En lugar de seguirme el rollo, intentó consolarme.
Me dijo que no tenía que preocuparme
por el día de mi funeral, sino por vivir bien
cada día que Dios me diese.
Como si uno pudiese resignarse a morir a los cincuenta años,
De una forma tan injusta.
¿Y por eso lo mató como a un perro?
Me arrepentí un instante después.
¿Me cree, comisario?
No, no lo creo.
No lo creo ya que después fue a su casa,
cogió sus necrológicas y las tiró a la basura.
No.
No, eso lo había hecho antes.
Fui a buscarlo para hablarle otra vez.
Pero como no estaba, entré en la casa
y robé las carpetas.
Estaba tan enfadado que fui a tirarlo todo a la basura.
Después lo esperé,
y pasó lo que pasó.
Después de dispararle volví aquí, a casa.
Quería llamarle, comisario, y entregarme al momento.
Pero después pensé,
que de todas formas me queda poco tiempo de vida
y que mi pena ya la estoy cumpliendo así.
¿Sabe qué pienso?
Con todo el respeto y piedad por su condición.
Que usted me da muchísima rabia.
Aunque le quede tan poco de vida,
usted sigue pensando solo en usted mismo.
Ignorando completamente el daño que le ha hecho a Pasqualino
y el dolor que le está causando a todos sus familiares.
Haga lo que tenga que hacer.
¿Dónde está la pistola?
En el piso de arriba.
En el cajón de mi mesilla de noche.
No, ¡no!
¿Nostalgia de Adelina?
Perdona, he hecho lo que he podido.
No, está buenísimo.
Es que no consigo dejar de pensar en esta historia de Canadá.
¿Toronto tiene playa?
Lago, Ontario.
"Después de algunos días de la desaparición de Giovanna Bonocore,
las investigaciones parecen haber llegado a un punto muerto.
Hoy hemos recogido el testimonio del marido de la mujer, Ernesto Guarraci."
"Mire, no sé qué decir, estoy destrozado.
Póngase en mi lugar, la fiscalía ha bloqueado todas mis cuentas corrientes,
la situación se ha vuelto insostenible, cada día más.
Y además, no sabemos nada de cómo van las investigaciones.
¿Le parece normal?"
"Probablemente el comisario Montalbano se está recuperando todavía
del atentado que sufrió.
Nos preguntamos si no sería el momento
de confiarle la investigación a otra persona, ¿usted qué piensa?"
"Lo más importante es que se llegue a una solución pronto, en breve.
Porque ya no podemos más. Disculpe."
"Comprendemos las dificultades de este hombre.
Esperemos que sus protestas, santas protestas,
lleguen a los oídos adecuados, donde tengan que llegar."
¿Por qué estás escuchando a ese imbécil?
Ya ves.
Escucha,
la otra noche, cuando hablabas de esfuerzos físicos,
¿en qué estabas pensando?
¿Diga?
Hola, doctor. Siento llamarle a esta hora
pero han encontrado el cadáver de una mujer fuera del pueblo.
¿Es Bonocore?
No lo sé, ya estoy yendo con Paternò.
He avisado a la científica y a Pasquano hace diez minutos.
Gallo está yendo a buscarle. Nos vemos allí directamente.
Muy bien, llego enseguida.
Ha acertado. Junto al cadáver de la señora estaba también su bolso.
Obviamente estaba vacío.
La encontró el pescador que viene aquí todos los días.
Ya he hablado con él. No ha visto nada.
Si viene aquí todos los días, quiere decir que la trajeron anoche.
Se me despierta a las 5 de la mañana,
vengo a este sitio asqueroso para ver a un cadáver,
y como por si fuera poco, tengo que verle.
Es verdad, lo malo nunca acaba.
Le concedo dos preguntas.
¿Cómo murió?
Fue estrangulada con una cuerda.
¿Cuándo?
¿Quiere saber la hora exacta como en las películas americanas?
No, me basta una idea aproximada.
Murió hace varios días, casi una semana.
El tiempo se ha acabado.
Adiós.
La mataron el mismo día del secuestro.
Y guardaron el cuerpo durante una semana.
Antes de venir a tirarlo aquí.
Con su permiso, doctor.
¿Quiere que revisemos el estado de la situación del caso Bonocore?
El estado de la situación, quieres revisar...
¿Sobre qué lo hacemos?
No tenemos nada.
Hasta ahora se trata solo de un homicidio casual.
Dos criminales, dos necios que han tenido la suerte de encontrarse
con una señora con dos millones en efectivo en el bolso.
Eso es lo que tenemos.
A Guarraci, no le podemos hacer nada.
Creo que tenemos que empezar por los cómplices.
Guarraci no se ha dirigido al crimen organizado.
Sobre esto no me equivoco.
También yo lo he pensado,
se habrá dirigido a unos simples secuestradores.
Cabos sueltos.
Y como cabos sueltos, será difícil encontrarlos.
Tenemos pocos elementos en la mano.
Un coche viejo, blanco, sin parachoques...
Prácticamente estamos buscando una aguja en un pajar.
Es lo único que tenemos y tenemos que buscarlo.
¿Alguna novedad de Pasquano?
Todavía no he hablado con él.
¿Diga?
Hola doctor. Soy Montalbano. Con usted quería hablar.
Marca mi número y le respondo yo, ¡mire que coincidencia!
¿Pensaba que había llamado a Raffaella Carrà?
¿Quiere adivinar cuántas judías hay en la caja?
Doctor, ese programa hace años que no lo ponen.
Le llamaba para pedirle información sobre el cuerpo de la Bonocore.
¿Tiene novedades?
Caca de gallina.
Mire, no creo que deba ofender de este modo,
aquí estamos todos trabajando.
¿Qué ha entendido?
Sobre el cuerpo y sobre los vestidos de la señora había caca.
Si la palabra le molesta, estiércol, heces, excrementos de gallina.
Como si a la pobrecilla la hubieran tenido en un gallinero. Ahora...
Caca de gallina.
Dice que han encontrado sobre el cuerpo de la Bonocore excrementos de gallina.
Me he acordado de una cosa.
¿Diga?
Hola Sr. Cutufà. Soy Montalbano.
Perdone si me salto los prolegómenos,
pero tengo que preguntarle algo muy importante.
Dígame, comisario.
Esos dos bestias que le estaban agrediendo el otro día, ¿cómo se llaman?
¿Los hermanos Scarlato?
Los hermanos Scarlato.
Me dijo que también ellos tenían una granja de pollos y gallinas, ¿no?
Sí.
¿Me puede decir qué coche tienen? Quiero decir, el modelo.
Un viejo Ford blanco desvencijado.
¿Por casualidad le falta al Ford el parachoques delantero?
Sí, creo que sí.
Hemos hecho pleno. Llama a Gallo y a Paternò. Prepara el coche, enseguida.
¿Quién es?
Buenos días, mire...
Buenos días,
quería comprar huevos frescos.
Tiene que ir al mercado. Aquí no vendemos nada.
¿En qué mercado?
Mire, tengo un restaurante.
Necesitaría un centenar de huevos frescos.
Estoy dispuesto a pagar el mismo precio que en el puesto.
¿Cuál es el precio?
Había pensado que para un centenar de huevos, 20.000 liras.
¿Cómo que 20? Hacen falta 30.
¿30? Entonces 30.
Es una buena elección, ¿no?
Se ha desmayado, se ha desmayado,
se ha desmayado.
Ve a buscar a Paternò.
Paternò, ponle las esposas.
Y si se despierta apúntale con la pistola a la cara.
Vosotros, venid conmigo.
Doctor, está armado.
¡Quieto, no te muevas! ¡Quieto, levanta las manos!
¡Quieto, estás arrestado!
Estás arrestado por el homicidio de Giovanna Bonocore.
¿Qué coño dice?
- Yo ni siquiera sé quién es. - ¡Cállate!
Sabemos muy bien que la mataste con tu hermano,
con la ayuda de Guarraci.
Un testigo ha reconocido el coche con el que la raptasteis.
La señora tenía una bolsa, con dinero dentro, ¿dónde está?
No sé nada, ¿qué quiere que le diga?
¿Te parece que estoy bromeando?
¿Te parece que estoy bromeando?
Yo te mato.
Te mato como a un perro, porque tú no eres un hombre, eres un animal.
¿Dónde está el dinero? Te doy cinco segundos.
Uno,
dos,
tres.
Doctor, doctor.
Cuatro,
cinco.
Basta, basta. Está en el huerto,
enterrado. En una lata.
Es la verdad, se lo juro.
Pero no fui yo el que maté a la Sra. Bonocore.
Fue mi hermano con la ayuda de Guarraci.
Se lo juro.
Ponedle las esposas.
"Esta mañana ha sido arrestado el ingeniero Ernesto Guarraci,
bajo la acusación de haber sido el instigador,
el ejecutor del homicidio de la mujer, la Sra. Bonocore.
El comisario Montalbano, que hay que admitirlo,
ha resuelto brillantemente el caso,
tendrá que reconocernos el mérito de haber sido un acicate."
¿Sabes dónde te puedes meter el acicate, Ragonese?
"Y de esto pasamos a otra noticia.
Por lo que respecta... Técnico Granata..."
Apágala.
Claro.
Por qué ver la televisión cuando en cambio se puede...
¿Se puede...?
Se puede... Cuando en cambio se puede...
Leer un buen libro.
Por supuesto, en qué pensabas.
Leer un buen libro.
- ¡Chicos! - Doctor.
Aquí estoy, he vuelto, como nuevo.
¿Qué son esas caras? Os veo apagados, abatidos...
Entiendo que vérselas con Montalbano es duro, muy duro. Pero aquí estoy.
El sol vuelve a brillar.
Adelante.
- Buenos días, querido Salvo. - Mimì, entra, entra.
Cierra la puerta, entra.
¿Cómo estás?
- ¿Cómo estoy? Como Dios. - Ya se ve.
He conocido a una fisioterapeuta de 25 años.
¿Qué no te hace con esas manos? Salvo ¿Qué no te hace?
Ya se ve. Has vuelto de una forma espléndida. Muy bien, Mimì.
- ¿Cómo acabó todo con Livia? - Todo bien. No te preocupes.
¿Se buscó un amante?
No se lo buscó. No te preocupes.
Era un profesor para un asunto de trabajo. Déjalo estar.
Entonces,
¿conoces este libro, Mimì?
Sí.
- ¿Lo has leído? - No.
Tendrías que leerlo.
Es un libro muy bonito.
Es la historia de un farmacéutico
que un día recibe una carta de amenaza en la que le dicen que le van a matar.
Pero el farmacéutico
está convencido de no tener enemigos
y continúa con su vida normal.
Como le gusta ir a cazar,
un día va a cazar con su mejor amigo Roscio.
- Ya entiendo, es el que... - No, espera, espera, deja que acabe.
¿Qué sucede? Van juntos de caza y les disparan.
En el pueblo la gente empieza a pensar que a Roscio
le han matado porque podía ser un testigo incómodo...
- ¿Me vas a contar todo? - Ahora llega la parte más bonita.
En cambio se descubre que, tanto el homicidio del farmacéutico,
como la carta de amenaza,
en realidad no era más que una puesta en escena.
Que el verdadero objetivo del ataque
no era el farmacéutico, sino solo el amigo, Roscio.
¿Es una bonita historia, Mimì?
Bonita.
Coge el libro, léelo, léelo.
Gracias.
A mi me hizo pensar en un montón de cosas.
Por ejemplo, me hizo recordar
a cuando nos dispararon a nosotros dos.
Todos estábamos convencidos que el objetivo era yo,
que me querían disparar a mí.
Cuando, a lo mejor, el objetivo, puede que fuera otro, ¿verdad Mimì?
Sí.
Querían dispararte a ti.
- Así es. - Así es.
¿Por qué no me lo cuentas?
Mientras investigaba los robos en las joyerías,
conocí a la mujer de uno de los propietarios.
Una mujer guapa, honesta.
Y tanto hice y tanto dije,
que le hice perder la cabeza.
Una tarde me citó en su casa,
ya que el marido estaba de viaje, pero el marido...
Ha vuelto antes a casa y os ha encontrado juntos.
No, conseguí escapar por la ventana antes de que entrara,
pero él se dio cuenta igual, se asomó al balcón
y me vio en la calle corriendo.
Mimì, ¿qué vamos a hacer contigo, Mimì?
Todo esto, ¿por qué no me lo dijiste enseguida?
¿Por qué?
Porque habrías actuado conforme a la ley
y habrías arrestado a un pobre desgraciado,
que habría sido un cornudo procesado.
¿Un pobre desgraciado? ¿Un pobre desgraciado?
¿Uno que intenta disparar a otro es ahora un pobre desgraciado?
No, al día siguiente de salir del hospital, me llamó.
Estaba arrepentido de lo que había hecho. Lloraba.
Lloraba...
Sí, por la alegría de no haber matado
ni herido gravemente a nadie.
Vete a la mierda, Mimì.
¿Te has vuelto loco?
Ese por poco no nos mata, no nos ha matado de milagro.
A ti te hizo volverte loco con un golpe en la cabeza.
A mí, me rompió las costillas.
El sitio de ese señor es la cárcel.
Como quieras.
Si tienes intención de proceder
por intento de homicidio y arruinar a una familia,
puedes hacerlo.
Sé que en cinco minutos encontrarás el nombre
- y, si no, te lo digo yo, se llama... - No lo quiero saber.
Vete a tu despacho, por favor, vete.
Gracias, Salvo.
Gracias otra vez.
¿Estás segura que no quieres que te acompañe?
No, lo prefiero así.
Tendrías que volver desde Catania de noche y estaría preocupada.
Te llamo cuando llegue a Génova.
Muy bien.
Oye, decidas lo que decidas,
yo estaré a tu lado.
A 7.000 kilómetros de distancia.
Lo intentaré.
Lo he pensado. Y lo único cierto es lo que te dije cuando llegué.
En Marinella me siento en casa.
Estoy bien aquí, contigo.
- Entonces, ¿Toronto? - Nunca me han gustado los lagos.
Creo que nos deberíamos casar.
- ¿Qué? ¿Qué has dicho? - Nada.
- No te he oído. ¿Qué has dicho? - Nada, nada.
Le ha dicho que si se quiere casar, pero ahora tengo que irme, lo siento.
Sí, sí quiero.
Quiero.
Creo que nos deberíamos casar...
¿Qué dices? ¿Eres idiota?
En cuanto te entusiasmas un poco dices un montón de tonterías.
¿Cómo vas a salir de esta?
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