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Zulu
Adam, espérame, no corras.
Vamos,
más rápido. Luisa, ahora no me
alcanzas. Espera.
¿Jugamos a la rayuela?
No tengo ganas de jugar. A partir de mañana mi
padre me manda a servir. Entonces dejo
la escuela yo también. Seremos costureras
sin patrones.
¿Te parece sencillo?
¿Por qué no?
Mi padre nunca querrá y tu madre
tampoco.
Entonces cuando seamos grandes porque nadie
podrá impedírnoslo.
Vamos, juguemos.
Discúlpeme, señor, lo siento, no
quería, estábamos jugando, se me escapó,
no lo hice a propósito.
Pero no importa, no pasó nada.
No pongan esas caras, no estoy
enojado de verdad. Al contrario, ahora les
traigo algo bueno.
Tomen, prueben.
Gracias, señor. Pero mi mamá me
dijo que nunca acepte caramelos
de desconocidos.
Yo no soy un desconocido. En Perugia
todos conocen a Leandro Corelli y
estos no son caramelos, son
confites.
Prueben
vamos.
Mm. Nunca comí nada tan bueno.
¿Qué hay dentro?
Es un secreto. En ningún otro lado encontrarán
nada parecido.
Discúlpenos señor, gracias por todo, debemos
irnos.
Fue muy amable.
Hasta luego.
Hasta luego, chicas.
¿Sabes una cosa? Tampoco estaría mal abrir una
pastelería. Yo las
mermeladas ya sé hacerlas,
pero yo no sé hacer nada. Lo que haré
yo lo harás tú también.
Ya voy.
Son los de Asís. Son buenísimos.
¿Los ves lindos, eh? Ah, finalmente te
das cuenta de que no solo existe Raúl.
Raúl, cuando se nombra al diablo aparecen sus
rizos.
Hacía falta la banda para hacerte salir de
casa. ¿Dónde te habías metido? Dijiste que estabas en
casa. En cambio hace días que te
busca.
Aníbal a tiempo.
¿Pero tú siempre andas con el abogado
defensor?
Estuve un poco dando vueltas
¿por tabernas?
No, por trabajo.
Ah, trabajo. Dale, Luisa.
¿Pero qué tendrá para mirar ese?
Oh, cuidado que esta muerde
siempre hace lo que ella quiere
porque no le teme a nadie.
Claro. Vamos.
Chau Luisa.
¿Qué hacen? ¿No hablan? ¿Les dieron
miedo?
Yo con las palabras me las arreglo poco.
Con esto sí, en cambio.
Pero una cosa tengo que decir. Usted
es la mujer más bella que existe.
Es el primero que me lo dice.
Lo digo en serio.
Aníbal Spagnoli.
Eh, bajen las manos.
Vamos, vamos.
[símbolo musical]
Espera.
¡Qué hermoso!
Aníbal.
Luisa adorada, esperaba poder
obtener una licencia por el nacimiento de
nuestro hijo, pero el sargento me tiene
en la mira y no me la concedió.
Espero ir pronto con ustedes.
Amor mío. Mario es un niño fuerte y
sano. No sé si será músico como el
papá, pero seguro ya tiene la voz de un
tenor. Te esperamos.
Pero que esa pastelería esté en venta
ahora es una señal del destino.
Si logro comprarla Aníbal no tendrá
que quedarse más en el ejército
y además podríamos llevarla adelante juntas
tú y yo.
Pero te lo dije, yo no soy buena con
los dulces.
Bueno, yo tampoco, pero aprenderemos.
No puedo. Raúl volvió y se
irá como siempre. No, esta vez es
diferente, estoy segura.
Me juró que cambiará.
Eso también ya pasó,
pero esta no.
¿Estás embarazada?
Pensá qué lindo. Nacerá pocos meses de
diferencia con Mario y si es varón
serán amigos inseparables como vos y yo. ¿Qué
pasa?
¿No estás contenta?
Sí, quisiera estarlo. Mira,
yo por vos lo estoy.
Ada, vos sabés lo que pienso sobre Raúl.
Pero te dije que cambió. Está loco
de alegría con la idea de tener un hijo.
Deberías verlo.
Estoy segura de que será el mejor de los
padres. De las otras ya no le importará
nada. Pero si ni vos misma le creés.
Sí que le creo. Vos no sabés
nada de él, quizás tampoco de mí.
De Raúl sé lo que veo. ¿Cómo te
trata?
¿Pero qué querés de mí?
A mí no me importa nada de tu
pastelería. Nunca me importó
nada.
Me casaré con Raúl y tendré su bebé y
creas o no, todo saldrá bien.
Pero vos no estás aquí por el local.
¿Y ustedes cómo lo saben?
Confites, del latín conficere, componer,
unir, hacer grato,
placentero. Era lo que quería hacer
con mi amiga Ada, pero tal vez me
equivocaba.
Si querés algo tenés que luchar por
conseguirlo, aunque te equivoques,
aunque los demás te crean loca
o peor te dejen sola.
¿Y si me equivoco?
Lo intentarás de nuevo. Quizás te equivocarás otra vez,
pero al final lo lograrás. Dale, vení,
entrá.
Eh, pero aquí hay mucho que hacer.
Bueno, antes no era así. Antes aquí
todo era un espejo.
¿Antes cuándo?
Cuando me ayudaba Aurelio, mi
asistente, la pastelería estaba llena de
gente,
pero él se fue muy joven y yo
me volví muy viejo.
Pero vamos, no diga eso.
Vení, te muestro el taller.
Todo nace aquí.
Un confite es una forma de arte. Es una
cuestión de equilibrio de sabores. Se
necesita mano.
Mire, no sé si tengo esa mano.
Nunca hice confites.
¿Puedo darte algunas lecciones?
Gracias. Pero antes de comprometerme debo
hablar con mi marido que es militar en
Mantua. Ah, me parecías una que hace lo que
quiere.
De todas formas yo no tengo tiempo de esperar.
Si querés mi pastelería tenés
que decidirte ahora.
Carmela, pero vos sos su hermana. ¿No
entendés que es justamente la pastelería la que
nos dará estabilidad y nos permitirá
quedarnos cerca? Si en cambio Aníbal
tuviera que reengancharse en el ejército, quién sabe
dónde lo mandarán.
Pero el ejército le daría un
sueldo seguro y además ya se sabe, quien actúa
fracasa.
Aníbal quiere reengancharse solo porque está
preocupado por nosotros, pero no sería
feliz. Pasar la vida en el ejército
no es para él. Vos lo conocés bien,
sabés que es así.
¿Pero qué dice de la pastelería?
Bueno, piensa como yo que es una linda
oportunidad.
Sí, pero es mucho dinero, casi todo
lo que me dejó Olmo.
Pero es importante que tu familia
se mantenga unida. Tu hijo Mario debe tener
a su padre al lado.
Olmo estaría de acuerdo.
Quedate tranquila, apenas Aníbal sea
licenciado, tendrá la liquidación y te
devolveremos todo. Gracias.
No me equivoqué contigo.
Yeah.
No hay ni un granito de polvo, está todo
reluciente. Pensá cómo estará llena
de confites, de luces, de colores, de
perfumes. Volvió como antes, un
espejo, es más, mejor que antes. Y quizás
yo también volví como antes.
Gracias a vos.
Dale, fuerza una vez más. Dale, dale, dale.
Dale Luisa, una vez más. Fuerza,
dale.
No, no, no, no está bien. No, no
llegamos.
Hice exactamente como usted me dijo,
o sea
Me equivoqué otra vez.
Sí, pero no para mejor, no de la forma
correcta. ¿Y sabés por qué? Porque querés
hacerlo rápido. Le tenés miedo al tiempo,
mientras que el tiempo no existe.
Solo existe lo que hacemos
cuando lo hacemos bien.
Empezá de nuevo.
Es perfecto. Yo no sabría hacer
mejor.
Quiero ver
Aníbal
espera.
Decíselo ahora. ¿No ves cómo está feliz?
Sí, mamá.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Aníbal hay una gran novedad. Quería
escribírtelo, pero la carta no te
habría llegado a tiempo.
¿Y de qué se trata?
No quisiera que te enojaras y te
enfadaras conmigo.
Pero nunca podría enojarme con vos.
Aníbal,
Aníbal,
Aníbal.
Le mentiste a mi hermana. Le
pediste dinero prestado y todo
esto sin que yo lo supiera.
Pero no hubo tiempo de avisarte.
Pero por favor. Y además tomar
lecciones sola con un hombre. Sos mi
esposa y ¿qué pensará la gente?
¿Pero qué te importa la gente?
Esa pastelería es nuestro futuro.
Lo había previsto, pero la seña, señor
Spagnoli, esa realmente no se la puedo
devolver.
¿Pero por qué no? Porque temo que dentro de poco
me voy a morir. Y ya que
estoy solo, pensé en hacer las cosas
bien y a tiempo.
Con el dinero compré un ataúd
todo forrado de raso. Un lugar en
el cementerio cerca de Aurelio y el más
lindo coche fúnebre que pude
encontrar. Dos caballos negros todos
engalanados,
cosa de príncipes.
Y ahora, señor Spagnoli,
pruebe los confites de su esposa.
Yo soy músico,
los caramelos, los confites, yo de esas
cosas no sé nada.
Pero yo tampoco sabía nada y
aprendí a fuerza de equivocarme.
Pero vos sos una mujer.
Yo nunca podría trabajar en una
pastelería. No me veo haciendo
dulces.
¿Pero qué tiene de malo hacer cosas dulces? Si
las cosas salen mal, en 6 meses estamos
en bancarrota.
El comercio es riesgoso.
Pero no, ya verás, saldrá bien. Trabajaremos,
trabajaremos y los clientes llegarán.
Ada,
hola.
¿Desde cuándo abrimos que te espero?
Cada santo día me pregunto cuándo
vendrás.
Pero vení,
¿cómo estás?
Muy bien,
feliz de volver a verte, Raúl.
Yo también.
Buenos días Raúl. Ah, también está Aníbal.
Lindo el delantalcito.
Por favor.
No veía la hora de probar estas
delicias.
¿Necesitás ayuda? No, gracias.
Yo no sé lo que pensás, pero te
equivocás.
Yo soy feliz.
Estos los llevo para el viaje.
¿Qué viaje?
Nos vamos a América.
Allá sí que uno como yo puede encontrar
fortuna.
Ada,
te vas a América sin despedirte.
¿Cuándo pensarás en mí?
Acordate de cuando éramos niñas.
Vamos.
Vení, vení.
Mirá, en mi opinión este es
buenísimo.
Hola.
Hola amor.
Hola. Estos son de chocolate. Estos
son de naranja. Este es de limón.
Estos son de jengibre.
Buenos días.
¿Me dan unas zanahorias? ¿Un repollo?
Estás muy cansada, eh, amor mío.
No, estoy bien.
Es solo que desde que no está más mamá
todo es más difícil.
Hola,
buenos días.
Me lo habían dicho y diría que tenían
razón.
Hubo un gran cambio.
Quisiera probar sus confites.
Termino con el señor, enseguida lo atiendo.
¿Señor?
¿Qué señor? Que yo sepa, Vanni
Casodi es el carnicero de la calle de las
violetas.
Los clientes son todos iguales, señor.
No, no todos. Verás, querida, yo soy un
conde y no estoy acostumbrado a esperar,
¿verdad, Vanni?
Claro, señor Conde.
¿Viste?
Gracias.
Mm
ásperos afuera pero dulces adentro.
Como vos apuesto.
Son confites que hago con mi marido.
¿Le gustan?
Oh, sí, me gustan mucho
y no solo ellos. Y además el hecho de que haya
un marido no me preocupa ni
me molesta.
Escuche, señor
No, verás, mi querida, los como yo están
acostumbrados a ser llamados con su
propio título. Conde Egidio San Giorgio de
Poggio Molino.
Yo en cambio me llamo solo Luisa Spagnoli.
Yo vendo confites y ya que los
probó, ¿quiere comprar?
Probar es fundamental, ¿no? Un poco
como con las mujeres.
Sí, sí. Creo que vendré muy seguido.
Soy un apasionado de la conversación
ingeniosa y de la belleza
femenina y vos ofrecés tanto una como
la otra.
Buenos días.
¿Necesitás ayuda, querido?
Para nada.
Nos estábamos arreglando bastante bien,
¿verdad?
Señores,
¿pero qué tenés?
Me dan ganas de vomitar.
No tenés que hacerle caso a cierta gente,
no es por él.
Chau mamá.
Chau.
No te vi mamá.
Buenos días.
Buenos días.
Nos hicimos una linda clientela. Hasta
los Buitoni, los de la pasta, mandan
siempre a un empleado. Perdieron la
cabeza por nuestros confites. Los ordenan
en gran cantidad.
Los Buitoni son clientes importantes.
Sí. Y Aníbal dice que más de lo que
podíamos esperar. Dentro de poco podremos
permitirnos también un empleado.
¿Y vos qué decís?
Que estoy contenta como él.
Pero
pero siento que hay mucho más que
podría hacer. Probé trabajar el
chocolate, pero no logro
orientarme bien. Debería probar y probar. Pero
¿dónde encuentro el tiempo? Son los niños
la tienda, ya es mucho si logro
desvestirme y meterme en la cama.
Entonces el chocolate sería la idea
en las Américas. Estaba aromatizado con
vainilla, ají y pimienta por motivos,
digamos así, estimulantes.
De hecho un obispo decidió hacer
quitar el ají y la pimienta y hacer
poner azúcar.
Cuidado.
¿Cómo está?
Está buenísimo,
de verdad.
Mm.
Buenísimo.
Bien hecho.
Espero que allá arriba encuentre más dulzura de
la que le reservaron acá.
Me gusta mucho lo que hiciste
grabar en la lápida.
Creo que él también aprobaría
finalmente junto a Aurelia.
Tenía solo 37 años.
Ni siquiera con él la vida fue
generosa.
¿Qué te parece si podemos llevar
más flores a mis padres? Claro.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
Supe que se hizo llevar en un
carruaje.
Aunque a decir verdad ya es mucho
que lo hayan enterrado en tierra
consagrada.
Ah, quisiera absolutamente también una
bolsita de estos. Ya no puedo
prescindir de sus confites. Son
verdaderas delicias. Mire, pero estos
bombones, bueno, estos bombones casi los
superan, ¿sabe? Sí, porque son delicados,
pero al final golpean el paladar con un
toque de, de
jengibre.
Exacto, jengibre,
una invención demoníaca del señor
Leandro.
Finalmente te saqué del cascarón.
Es muy agradable hablar con vos, ¿sabés? Y
quizás no solo hablar.
¿Le molesta tratarme de usted?
Pero claro,
claro que me molesta porque verás, querida,
existen escalas sociales que deben
respetarse y yo las bajo para venir acá
a verte y luego las subo para volver al
palacio. De todas formas
parece que el señor Leandro y ese
joven, ese buen mozo, ¿cómo se
llamaba? Aurelio, ahora son vecinos de
tumba.
No de círculo, sin embargo eh no, porque
Aurelio está con los suicidas.
¿No lo sabías?
Bueno, sucedió cuando salió a la luz que él
y el señor Leandro, en fin,
Váyase.
¿Qué?
Váyase de mi tienda ahora mismo.
¿Estás loca?
No, pero lo estaré si no se va
ahora mismo.
No, te lo digo yo. Lo estarás cuando
descubras que causaste tu ruina.
Ninguna plebeya se ha
atrevido a tratarme así. Sepa que yo soy
capaz de cosas peores.
Ah, ¿sí? Y entonces terminarás cerrando
como le pasó a él. Yo soy
un grandísimo maleducado. ¿Un
maleducado?
Pero la señora hace así porque me
vendió mercadería de descarte y yo le
estaba haciendo mis reclamos.
Imaginen que mi madre le encontró
adentro un gusano.
Pero yo yo no volveré a poner un pie
acá adentro y les aconsejo hacer lo
mismo.
¿Pero adónde van? Pero está hablando en serio,
por otra parte, ¿qué se podía
esperar de la hija de un
pescadero? Y también usted, buen hombre,
deténgase mientras está a tiempo. Acá
adentro hay productos malsanos. Créame,
no perjudique la salud de
su patrón.
El señor Buitoni de comida sí que entiende,
ya que la produce. Y los dulces de
este negocio los encuentra exquisitos.
Debería haberme mordido la lengua.
¿Pero no serías vos? Ese es un
conde, conoce a todos en la ciudad. Imaginate,
estará hablando mal de nosotros. Ya se sabe. Los
chismes pueden matar.
Es el pasatiempo preferido de los Sorgi, la
madre es aún peor. Algo sabe el
pobre Leandro. No,
primero él, ahora nosotros. ¿Por qué todo
este ensañamiento?
¿Por qué no agachamos la cabeza nosotros? Porque
nosotros no pensamos que quien nace pobre
deba aceptar cualquier cosa de quien
nace noble. Por eso.
Pero hoy entraron aún menos que
ayer.
Es un momento. Los clientes volverán a
comprar de nosotros.
Vos también sabés que no es así.
Está bien. ¿Qué querés hacer entonces? Eh,
¿querés pedirle disculpas al conde San Giorgio?
No,
tenemos que reaccionar.
Oh, ahora te reconozco.
Los como el conde San Giorgio no
saben que el mundo está cambiando. Pronto
no será un título nobiliario el que te dé
poder, ¿no? Serán las ganas de trabajar y
la capacidad de imaginar lo que
todavía no existe. Eso hará la
diferencia.
A veces me das miedo.
El empleado de la casa trajo una
orden de confites de cinco calidades
diferentes.
Te dije que los clientes
volverían. La verdad es que los Buitoni nunca se
fueron,
al menos ellos.
Si estos
chocolates
serán de su gusto.
Serán
de su gusto.
Podrían tomar en consideración
Podrían
tomar
¿Qué hacen?
Los deberes papá. Tienen un dictado.
Qué serio que está, Mario, ¿eh? ¿Viste?
¡Bravo!
Estimado señor Buitoni. Si estos
chocolates son de su gusto,
podrían tomar en consideración
la idea de asociarse con nosotros para
crear juntos la primera industria
de dulces umbra, confitería Spagnoli.
¿Y esto?
Buenos días.
No,
buenos días.
¿Y si lleváramos confites en cambio?
Sí,
quisiera hablar con el señor Spagnoli.
Sí. ¿En qué puedo serle útil?
¿Es suya esta carta?
Ahm,
no, señor
Buitoni.
Sin embargo estaba con la caja de
chocolates que me enviaron.
Es mía.
Con permiso.
Por favor, señora.
Luisa, pero cómo pudiste hacer
Vos nunca me lo habrías permitido,
efectivamente. Eh
eh pero los tiempos cambian. Dentro de poco también
en nuestra zona se podrá tener
en casa confites o chocolates.
En el norte existen industrias de
dulces que ya venden muy bien.
Esto se llama tener las ideas claras.
Disculpe, señor Buitoni, pero mi esposa
a veces
uno de mis hijos tiene su mismo
carácter, señora. Pero no
necesariamente las ideas claras son
las correctas. Ah.
Y además tienen grandes potencialidades y un
buen índice de productividad. Junto a
nosotros podrían convertirse en una industria.
Sí, pero nuestra empresa produce pasta.
¿Qué tienen que ver los dulces?
Para nosotros puede ser un negocio de esos
que dan más gusto a los conocedores. Los
grandes negocios los ven todos. Uno como
este, ¿no?
La sociedad está cambiando, Riccardo. Las
ciudades crecen y con ellas crece el
consumo.
Los que ahora son gastos suntuarios para
pocos se volverán pronto comunes a
todos. Yo creo que es una excelente
idea asociarnos con ellos.
Bien. Hay que arriesgar si se quieren
obtener resultados.
De todas formas quiero que de esta nueva
sociedad te encargues vos.
Adelante.
Creía que había llegado mi momento.
Llegará, Giovanni, ten paciencia. Sos poco
más que un muchacho.
Eh, Riccardo
tiene más experiencia que vos.
Porque ustedes me impiden conseguirla.
Giovanni, ¿qué es todo este apuro?
Las cosas van rápido, cada vez más, ¿no
se dan cuenta?
El apuro es mal consejero.
Sí, pero hoy se convirtió en el arma ganadora.
Está cambiando todo.
Y vos serás parte de este cambio.
Pero por ahora estoy yo y he decidido que
Riccardo es la persona indicada.
La discusión está cerrada,
como siempre.
¡Qué elegancia!
¿Decís que no parezco un
un buen mozo? Sí, digo que sí. Mirá
cómo te queda esa chaqueta.
La copié de un cliente, me había
pedido mi receta de mermelada de
durazno, pero le hice algunas pequeñas
modificaciones.
La copiaste a ojo,
¿eh? ¿Y qué tiene? Antes de hacer
confites quería ser modista.
Escuchá, nunca estuve en un
notario.
¿Y entonces? Tiene dos piernas y dos brazos
como nosotros. ¿Qué puede pasar?
¿Y si me dejan engañar los Buitoni?
Querrá decir que nos iremos y los
chocolates los harán ellos solos.
Nos necesitan como nosotros los
necesitamos a ellos.
Cuánto quisiera tener tu coraje. ¿Lo
tuviste al casarte conmigo?
Efectivamente
declaro oficialmente nacida la sociedad
Perugina para la fabricación de
confites.
Este es un gran momento, lo siento.
Por nuestro éxito.
Muy linda chaqueta. Sí, linda de verdad.
¿De qué sastrería?
Cuidado, despacio.
Pongámosla frente a la izquierda.
Así.
Buenos días señora. Sección confituras.
Sí. ¿Quién es usted?
Me llamo Iris. Acabo de ser
contratada.
Hice dos años de primaria, sé
leer y escribir.
Bien.
Y me dijeron que viniera aquí con la
directora.
¿La directora?
¿Y quién les dijo?
El señor director técnico. Sería
yo. A su servicio. Director
técnico todavía sin máquinas, pero
llegarán mañana a la mañana.
Por favor.
El impulso de viajar me vino de
su reticencia a involucrarme en los
asuntos de familia,
pero ahora debo agradecerles.
Al volver pienso abrir un estudio de
abogado.
Disculpen, interrumpo.
No, no. Una carta de Giovanni desde
Alemania.
Ah, ¿y cómo está? ¿Se encuentra bien? Claro que
yo ni aunque me cubrieran
de oro. ¿Qué tenés ahí?
Algunos recálculos y previsiones sobre esta
bendita Perugina.
Entonces,
el mejor mercado es sin duda el
del norte. Allá hay mayor bienestar y
una pequeña burguesía en crecimiento.
En el norte las ciudades están llenas de gente, de
negocios, de comercio. Las personas ya
están acostumbradas a comprar dulces y
chocolates para las fiestas, los cumpleaños.
Eh, justamente, ¿qué necesidad hay de ir a
conquistar un campo sembrado? Ya hay
industrias que venden mucho
más que nosotros. Por no hablar de los
problemas de distribución que podríamos
tener en ciudades como Turín, Génova,
Florencia.
Luisa, ¿pero vos qué sabés de estas
cosas? Se debe encargar alguien que
entienda.
Señor director, llegaron las
máquinas.
Son una belleza.
Esta máquina reduce las habas de cacao
en pedacitos. Ya no tenemos que romperlas a
mano. Los pedacitos luego se ponen en
esta mezcladora junto con el
azúcar, la manteca de cacao, las
avellanas. Vení Giuseppe, cuidado
acá. Eh,
bien. La pasta de chocolate espesa
se pone en esta refinadora que
reduce el chocolate en escamas. Esta
es exacto estas escamas de chocolate
luego se vuelcan en la conchadora
que elimina la acidez y hace que
nuestro chocolate sea brillante,
homogéneo y aterciopelado.
Ingeniero,
aquí está la bandeja de chocolates que me
habían pedido.
¿Qué estrategia tienen?
Querrían expandirse por todo el norte de
Italia.
¿Quién dirige el sector de productos de dulces?
Una mujer sin ninguna experiencia
previa. Luisa Spagnoli.
Una mujer dirigiendo un sector.
Me basta y sobra.
Bueno, el punto es que quieren distribuir
también acá con el apoyo de una
fábrica de pastas.
Pero por favor, nunca lo lograrán.
Son fuegos de artificio.
Bueno, ¿no están de acuerdo? Les pediría
que prueben.
Excelente producto.
No,
estos hay que cortarlos de raíz.
Avisen inmediatamente a nuestros distribuidores
que si aceptan los chocolates de
Perugina, no tendrán más nada que ver
con nosotros.
Es como una desafinación realmente.
Entendí qué es lo que hace ruido, es
esta ruedita acá. Ahora la
cambiamos y volverá a sonar exactamente
como era antes, ya verás.
Aníbal.
Sí, Luisa, ¿qué pasa?
Corro a casa, Armando tiene fiebre. Yo
vuelvo apenas pueda.
Les dije que estén del otro lado que dentro de poco
llega papá.
No es poco, es mucho lo que esperamos.
No es tanto.
Era de día y cayó la noche.
Se ve que tuvo que hacer en la tienda.
Cuando yo no estoy, él debe trabajar
por dos.
Aldo, lo puedo acostar yo, pero
no sé dónde.
Ponelo en la cama grande, andate vos también.
Mamá llega después. No.
No podemos seguir así.
Si los niños estuvieran acá con vos en
Asís, me sentiría más segura.
Luisa, los niños deben quedarse con la
mamá. Pará, no puedo más.
No, deben estar donde puedan vivir
tranquilos.
¿Y ustedes?
Y nosotros vendremos a verlos todos los
domingos y apenas sea posible los
traeremos de vuelta a Perugia. Pero ahora las
industrias del norte nos están haciendo la
guerra. Corremos riesgo de quebrar.
No podemos bajar el ritmo.
No hay otra forma.
No, si la hubiera no te lo pediría. Sabés
bien que mis padres ya no están,
de lo contrario me ayudarían ellos.
Por favor, Carmela, será solo por un
tiempo.
Pero a veces pienso que si te hubieras
sabido conformar,
si hubieras sido solo madre como
lo fueron nuestros padres y
nuestros abuelos, entonces ahora no te
encontrarías en esta situación y
podrías estar con ellos.
¿Pero vos creés que yo no pienso en eso? Mh. Pero
si mis hijos tendrán un future
mejor, será gracias a los sacrificios que
hicimos nosotros. Yo no pude
estudiar. Ellos podrán hacerlo.
Podrán leer todos los libros que
quieran y convertirse en lo que quieran
ser.
Te juzgarán mal.
Lo sé, pero no me importa.
A veces quisiera tener tu
carácter, pero luego lo pienso y agradezco
al Señor por no habérmelo dado.
También están estas. Eh,
sabía que terminaría
así. Ya no me animo a seguir
adelante, señor Buitoni. No puedo.
¿Pero deben?
No tenemos alternativas. Los pagarés
hay que firmarlos todos. Debemos hacerlo si
queremos insertarnos en el mercado. El primer
paso es respetar nuestros compromisos.
No lo lograremos. Nos están haciendo
tierra arrasada alrededor y además costamos
demasiado.
Por no hablar de la calidad siempre
inferior a la de la competencia.
Eso lo descarto.
Eh, cuestión de gustos. De todos modos,
debemos bajar los costos.
Pero ya están al hueso.
Pero ustedes nos habían garantizado
trabajar como mulas
y lo estamos haciendo.
Disculpalo, señor Spagnoli. Vení un
momento.
Riccardo, ¿pero qué estás haciendo? En un
momento como este hay que mantenerse
unidos.
Sí. Para ahogarnos todos juntos. Lo
saben que siempre estuve en contra,
pero vos quisiste el puesto de mando.
No, no, no, no. No nos entendimos. Yo
pensaba hacerte un favor.
Le hice un desprecio a Giovanni, se fue
por eso.
Pero llamalo entonces. No. ¿Y vos creés
que aceptará?
Yo creo que sí.
¿Vos lo harías?
No.
Es justamente por eso que estoy seguro que
él dirá que sí.
Pero no será para siempre. Y además podrán
venir a vernos cada vez que
quieran, ¿eh? Nos escribiremos. Les
recomiendo, ustedes estudien, hagan las
tareas, obedezcan a la tía, no la hagan
desesperar.
¿Podría jugar a la gallina ciega?
Claro.
Yo puedo tener un gato.
Sí.
Entonces, yo quiero un perrito.
Está bien, pero no exageremos ahora, ¿eh?
Escúchenme,
nosotros no los dejaremos solos nunca.
Recuerden que estarán siempre en nuestros
corazones, ¿eh?
Mamá y papá los quieren mucho
y pronto volveremos a estar todos juntos.
A mí me faltan solo tres meses para ser
¿a vos en cambio?
Trabajarme en el campo que haga también el
campo.
Giovanni, padre
Giovanni,
¿cómo están?
Gracias por haber vuelto.
Pero ni lo digan.
No será un paseo, las cosas van
mal.
¿Pero cuánto? Mucho, lamentablemente. Giovanni,
la situación es casi desesperada, pero yo
quiero intentarlo hasta el final. Quizás
como dice Riccardo, para no admitir
que me equivoqué en todo.
¿Quieren probar uno?
Claro,
recién hechos.
¿Hay algo que no está bien? ¿No es de su
agrado?
Al contrario, es exquisito.
El defecto no está en el producto, entonces hay
que buscarlo en otro lado.
Y este sector lo dirige
mi esposa.
Luisa Spagnoli, bienvenido.
Les agradezco.
Una mujer al frente de todo el sector.
No, no quisiera parecerle ofensivo, pero
estoy sorprendido.
Yo también a decir verdad estoy sorprendida.
Estoy sorprendida de que a un niño se le
confió la salvación de la empresa.
No soy un niño, señora. Y yo,
aunque sea una mujer, soy
perfectamente capaz de dirigir un
sector e incluso toda la fábrica.
Espero podamos decir lo mismo de
usted.
Les aseguro que mi esposa tiene muchas más
cualidades que muchos hombres.
Vamos, les muestro el resto.
Es un niñito mimado y arrogante.
Un viaje.
Pero
¿escuchaste cómo habla, cómo se pone de
patrón? No quisiera parecerle ofensivo.
Soy perfectamente capaz de gestionar
un sector entero y también toda la
fábrica. A mí me parece un muchacho
inteligente. No olvidemos que
llegó desde Alemania para ayudarnos.
No digo que esperara un poco de
gratitud, pero bueno
podía seguir siendo abogado con
una linda secretaria, en cambio
nadie la firma.
tuvo coraje.
Ella va derecho por su camino como una
locomotora.
Chau.
Chau. Nos vemos el miércoles próximo.
Sí.
Hola pequeña.
¿Sos la hija de Ada?
Sí.
¿Dónde está tu mamá?
¿Por qué vos la conocés?
Sí, soy una vieja amiga de ella.
Mamá no tiene amigas. ¿Papá?
Sí, tiene muchas. ¿Estás segura de que no
buscás a papá?
No, yo soy amiga de tu mamá.
¿Por qué yo nunca te vi? Y creía que
estaba en América. Solo hoy supe
que habían vuelto, así que vine
a buscarlos.
Solo papá fue a América. Nosotras
fuimos a Génova.
Ah,
yo soy Luisa.
Yo Loretta.
¿Me llevás con tu mamá?
Mamá.
Mamá
duerme siempre.
Ada.
Ada. Soy Luisa.
Luisa
¿está enferma?
No creo. Papá dice que finge.
¿Dónde está tu padre?
No sé. Está afuera hace dos días.
Ay papá, no le gusta quedarse quieto en los
lugares.
Ada
volvió.
No quiero que me vea así. Estoy
fea.
No, no estás fea.
Es justo que esté con una como yo.
Basta.
Vos no podés entender.
Yo lo amo.
Tenés razón.
No puedo entender.
No entiendo cómo podés permitir que los
trate así. A veces llega alegre
y nos lleva afuera. Nos habla de todos
sus proyectos.
Levanta a Loretta por el aire, la llama su
princesa.
Es verdad. Mh. Pero después la mirada se le
pone oscura de golpe así y se vuelve
se vuelve
malo.
Nos acusa de ser su ruina.
Basta,
basta.
Mañana vení a la calle Alessi. Tendrás un
trabajo y tendrán una vida nueva.
Mirá que llega.
Buenas tardes chicos.
Buenas tardes. Por favor que quiera decir
que no. Nunca tenés plata.
Buenas tardes, señora Spagnoli.
Buenas tardes conde.
Lugar extraño para una señora.
Como para un conde.
Bueno, pero ya se sabe, los hombres son débiles
en la carne,
no todos, por suerte.
Hay quien es noble en el alma y quien lo es
por título.
Claro,
como hay quien tuvo una fortuna
inmerecida y quien en cambio esa fortuna
la sueña cada noche en su cama.
También por esto andar sola de noche
por ciertos lugares puede ser muy
peligroso.
Tiene razón, se pueden hacer feos
encuentros.
¿Adónde creés que vas?
Déjeme si no me deja ahora mismo
le clavo esto en el corazón.
¿Estás loca?
Para nada.
Como usted bien dijo, andan malos
sujetos por estas partes.
Para un marido no hacer de Don Juan es una
invitación de bodas. Es un rol completo,
lleno de matices.
¿Escucharon qué fineza de fraseo?
¿Pero qué hacía por esos lugares?
Soy un caballero, no puedo
responderles.
No, no me digas que salía de un
burdel. La Spagnoli de los confites
es que ahora están tan mal que
tal vez pagan así los pagarés.
¿Puedo saber quién les enseñó
educación?
¿Nos conocemos?
Por suerte no.
Pero hablan de una señora que no
conocen como un caballero no haría
nunca.
Estoy esperando.
¿Prefieren sustraerse del desafío?
¿Un desafío? Acepto Salva Sandier. Dígame
cómo, dónde y cuándo.
Al amanecer. Pistolas naturalmente,
maziander
las pistolas
San Giorgio
se desmayó,
se cayó al suelo como si ya estuviera muerto,
todo azul por el miedo. El señor
Giovanni dice que porque no
conoce el alemán. Creía que él
lo había desafiado a duelo con
intención de matarlo. Y en cambio
Y en cambio el desafío que le había lanzado
nuestro conde era sí con pistola, pero
al tiro al blanco nacional quién hacía más
aciertos.
En el polígono terminó 15-3,
una humillación peor que una herida.
¿Y según ustedes por qué lo hizo? Para
darle una lección. Ya era hora de que alguien
lo hiciera.
Quizás lo juzgué mal.
Hola Luisa.
Esperaba a Ada.
Tendrás que conformarte conmigo.
¿Tuvo un contratiempo? No, no diría
una suerte, más bien.
Imagino que la suerte sos vos.
Claro, yo no soy el tipo de hombre que hace
trabajar a su mujer.
¿Qué mirás, Iris? Volvé a sentarte.
Siempre viviste de expedientes.
Es verdad, pero ahora decidí poner
la cabeza en su lugar.
Está bien, te doy un trabajo. Sabé que lo
hago solo por Ada, pero si descubro que
gastás plata en la taberna te echo.
Vení mañana a la mañana puntual.
Podés irte.
Escuché que acaban de contratar a un
nuevo obrero.
Sí.
Dada la difícil situación
financiera, sería bastante
necesario despedir y no contratar.
Quizás no entendió el momento.
Conozco la situación mejor que usted.
Sí,
claro. Y también las posibles salidas.
Ah, pero entonces le ruego, dígame cómo
debemos hacer para salir de esta
crisis.
Primero dejando de lado el norte y
ocupándonos del centro sur, donde hay un
mercado todavía libre y rico en
potencialidades inexploradas. Evitaremos así
tener que enfrentarnos contra los grandes
grupos de dulces. Segundo, ¿adónde va?
No terminé todavía.
¿Tiene las llaves de mi escritorio?
No.
¿Quién las tiene?
No entiendo.
No es importante.
Yo creo que sí. Si quieren que los ayude,
debo saber qué están buscando.
Tiene razón, señor Spagnoli,
perdóneme. No quería faltarle el
respeto y es que vengo de un
desagradable descubrimiento.
¿Un robo?
No. Su esposa conoce mi
informe sobre el estado de la empresa y sus
perspectivas futuras.
Luisa, ¿pero qué dice? Son
exactamente las cosas que quiero proponer
yo y me las acaba de exponer.
¿Y entonces?
¿Y entonces?
Y entonces ¿cómo las conocía?
Las pensé.
¿No me cree?
Mah, permítame dudar.
Usted piensa que yo se las robé. ¿Y
si fuera usted quien me las robó a mí?
Espero que esté bromeando.
Para nada.
Luisa Giovanni, basta. En fin,
yo me siento ofendido.
Ofendida
yo también.
Estas mermeladas están abiertas hace demasiado
tiempo, así se secan.
Y estos frasquitos
no están lo suficientemente limpios,
¿por qué el delantal está sucio? Discúlpeme
señora Luisa, no lo sabía.
Vamos, vaya a cambiarse. Los delantales
deben estar limpios. Estuve arriba no
es una buena razón.
Ah, hiciste realmente un buen trabajo.
Bien, continuá.
Disculpe.
No, discúlpeme usted.
La culpa es mía. No
no, es mía.
No, no, le digo es mía.
Está bien, entonces empecemos de nuevo.
Me llamo Giovanni Buitoni y mi padre
me pidió que diera una mano para
levantar las cuentas de esta empresa.
Luisa Spagnoli,
la directora del sector confituras.
Es un verdadero placer hacer su
conocimiento. Me dijeron muy bien
de usted, cómo dirige todo el sector
con firmeza y comprensión.
Es muy amable. Soy solo una mujer a
quien le gusta hacer dulces. De usted en cambio se
dice que es un joven de gran
calidad.
Le agradezco. Espero fervientemente podremos
trabajar juntos con recíproca confianza.
Estoy segura. Y compartir algunas
decisiones de fondo.
Venía, justamente, a pedirle ayuda.
En lo que pueda
lo tendrá.
Señores, yo entiendo que mi cura
pueda parecerles demasiado drástica, pero solo
una acción radical puede revertir
la marcha negativa de la sociedad.
Si entendí bien, vos proponés
saldar nuestras deudas haciendo
otras con los bancos. ¿Es correcto?
No, no, no puede ser correcto. No,
señor Spagnoli, si queremos
sobrevivir la única manera, debemos
innovar y cambiar estrategia y
lamentablemente son cosas que cuestan dinero y
nosotros dinero no tenemos.
¿Y si las cosas no salieran bien igual?
igualmente?
Pero nuestros productos no son inferiores a
nadie.
Seguramente será así, de lo contrario a
esta hora ya habríamos cerrado. Pero mi
pregunta era otra.
Si a pesar de la indiscutida calidad de
nuestros productos las cosas siguieran
sin andar bien,
basta con el pesimismo, andarán
muy bien.
Estoy muy contento de que ustedes tengan
esa certeza,
porque yo no la tengo.
Te pido disculpas,
señor Spagnoli,
señor Spagnoli, ¿cómo está?
Luisa
Aníbal,
¿cómo estás? ¿Mejor?
Sí,
mucho mejor. Gracias.
Pensé en una cosa.
Quiero dejarte mi puesto en el
consejo de administración.
¿Pero qué decís? Me interesan solamente las
máquinas.
Yo de emprendimiento industrial no
entiendo nada. Vos en cambio sí, tenés olfato.
Una gran pasión. No te asustás de
nada.
Sabés que no es posible.
Yo convenceré a Buitoni.
No. Y aunque lo lograras nunca
aceptaría.
Ahora estás también preocupado. Pero
ya verás, cambiarás de idea.
Pero no es eso.
¿No entendés? En la fábrica yo me siento un
pez fuera del agua. Es como si pusieras a los
Buitoni a tocar en una banda.
¿Cómo crees que se sentiría?
Entonces, vamos a Asís. Estemos allá un
par de semanas lejos de todo y de
todos. Mh, podría tocar y entretenerte y
al volver tendremos las ideas más claras. Está
bien.
No me parece el período más adecuado. El
préstamo que obtuvimos de los
bancos requiere sacrificios.
Nunca hubo un período adecuado,
nunca. Desde que empezamos.
Ah, si pudiera.
Yo también me sentiría mal como su
marido.
Si hubiera trabajado 14 horas al día
ininterrumpidamente durante años. Habría
pasado quizás también con usted. No
juzgue a mi marido, se lo ruego.
Yo solamente quería decir que nos espera
un período muy difícil. Deberíamos
hacer malabares y quizás retocar
los horarios de los obreros. Deberían
trabajar todos al menos una hora más.
A esto me opondré firmemente.
¿Pero por qué? Por el mismo motivo por el que
partiré con mi marido para Asís. Si
para llegar a tiempo matan caballos,
arriesgan no llegar en absoluto y de
perder más de lo que ganan.
Pero si tuviera que necesitarme,
no se preocupe, me las arreglaré
muy bien.
Le deseo buenas vacaciones y a su marido
pronta mejoría.
Hasta luego.
Hasta luego.
Miralo, parece renacido.
Pero las mañanas noté que va siempre
a encerrarse en el ático solo.
Cada uno tiene sus secretos, Carmela.
De hecho
vos, por ejemplo, a las mismas horas vas
siempre hacia la basílica y te encontrás con ese
obrero tuyo de los bigotes que te
trae noticias de Perugia. ¿O me equivoco?
¿Quiénes son tus agentes secretos?
Es de Aldo, ¿verdad? Reconozco la mano.
Es un verdadero talento para el dibujo.
Sí, es verdad.
Señora Spagnoli,
buenas tardes. Giuseppe.
Iris quiso que le trajera los nuevos
chocolates para tener su
aprobación. Pensé en ponerlos en
esta caja para preservarlos bien,
así tal vez si quiere podrá
probarlos y ofrecerlos a sus hijos.
¿Hice mal? Oh, al contrario,
Giuseppe, al contrario. Tuvo
una idea genial.
Gracias.
Yo conocía a una anciana señora
del sur que cuando uno de sus
nietos levantaba la cabeza o le daba una
respuesta poco respetuosa, ella decía:
"Miren, hasta las pulgas
tienen tos".
Se podría decir lo mismo de la
Perugina. Sí, pero esta tos podría
costarnos cara, ingeniero. Es verdad que los
barrimos de nuestro
territorio, pero ellos se están tomando
todo el centro sur.
Pero no irán lejos vamos.
Vean sin embargo, ingeniero,
esta caja
la gente la lleva de regalo y hace buena
figura. Eso significa que los revendedores
confían ciegamente en la Perugina, que
no necesitan controlar lo que
compran porque compran a caja
cerrada.
Si entendí bien, entonces su fuerza
es la capacidad innovadora, ¿correcto? Y
entonces es simple, se trata solo de
vigilarlos para saber de antemano qué
están tramando. Eso es todo.
Vigilarlos,
¿quiere decir espiarlos? Quiero decir Arnaudi,
quiero decir.
Pero perdone ingeniero, pero se
trataría de una movida desleal.
No, yo la llamo libre competencia y desde
este momento quiero un informe
semanal sobre la Perugina.
Sí, pero la ley del libre mercado.
Pero libre mercado, las leyes. El libre
mercado es un zorro libre en un gallinero libre.
Vamos, vamos, pónganse a trabajar.
Vamos.
Ah, entraste donde no debías, ¿eh? Pero
ahora que estás acá,
¿qué hacés acá, papá?
Vení acá que ahora te lo
muestro.
¡Mirá, Mario!
Cada uno de nosotros debería tener un lugar
todo propio donde poder ser verdaderamente
lo que es. Y yo acá hago lo que
no logro hacer en la fábrica. Invento
máquinas que tocan.
¿Pero también en la fábrica te ocupás de
máquinas?
Eh, sí, pero siempre apurado, con todos
que me persiguen, que me piden,
que me ordenan.
En cambio, Mario, las cosas necesarias
solo para vos son las más lindas.
Y luego cuando lográs crearlas
a menudo ya no te parecen importantes.
¿De verdad, papá? Y no, se vuelven después,
mirá.
Y ahora que sabés qué hago acá, si
querés podés convertirte en mi ayudante, pero
agua en la boca con mamá sin embargo, eh,
debe ser nuestro secreto.
Compraron un terreno en las afueras
de la ciudad
porque
fue idea de Giovanni Buitoni.
Queremos construirnos una nueva fábrica
cerca del ferrocarril.
Y claro, me facilitará muchísimo los
envíos.
Arnaudi, preferiría que no hablaras con
tanto entusiasmo. Por si no quedara claro,
son adversarios que debemos aplastar.
Por suerte no es un problema inminente.
Quién sabe cuánto tiempo llevará antes de que
la fábrica esté lista. Como en las más
modernas fábricas que pude visitar
durante mis viajes por Europa, acá en
Fontivegge cada ambiente fue
concebido para realizar una acción
precisa. No queremos ser inferiores a
nadie. Allá adelante está el sector donde
ocurre la elaboración del chocolate
desde la incorporación de la materia prima
hasta el nacimiento del producto final.
Detrás del sector chocolate hay una
vía conectada directamente a la
estación de Perugia que nos permitirá
enviar nuestros productos a cualquier lugar y más
rápidamente, naturalmente también a
Europa.
por la Perugina, por nuestra fábrica de
Fontivegge construida contra toda
expectativa en poco más de un año, por el
éxito de nuestra producción que
empezará a pleno ritmo mañana mismo
y por el joven que logró llevar
nuestras cuentas al equilibrio
y por los esposos Spagnoli, gracias a quienes
todo esto fue posible y a su
creatividad.
Quisiera decir algo que me importa mucho.
Los resultados excepcionales que
obtuvimos fueron gracias también a la
dedicación y al trabajo de nuestros obreros
que siempre nos garantizaron una gran
calidad a pesar de las dificultades.
¿Por casualidad estás pensando en un aumento?
No, Riccardo, sé bien que no es
posible, pero pienso que es justo
hacerlos partícipes de alguna manera de los
resultados obtenidos. Y entonces, en fin,
pensaba en un paseo de empresa.
¿Un paseo?
Sí, quizás al Lago Trasimeno.
Nunca se hizo. Es una costumbre
anglosajona.
Bueno, entonces ellos son ingleses ¿por qué
deben ser mejores que los Peruginos?
Ada, qué feliz estoy de verte. ¿Cómo
estás?
Bien, gracias.
¿Qué te hizo? No, nada.
No es nada. Me caí. Sabés cómo, soy
siempre distraída.
No, no lo sé. Fue él.
Dice que me volví fea.
Es justo que sea así.
Ella es linda. Iris
está embarazada.
¿Qué hacés acá?
Te había dicho que no vinieras.
La mandé a buscar yo.
¿Y desde cuándo una amiga cuenta más
que el marido? ¿Pero qué querés? ¿Querés que
dé espectáculo? ¿Querés que arruine tu
fiesta? Porque es esto lo que hace
últimamente. Grita, chilla,
no se lo habrás dicho.
Vení Iris, vámonos.
Muchos obreros se preparan para partir al
frente.
Bien.
Como si no bastara, se metió
también la señora Spagnoli con sus
pretensiones de mejorar las condiciones de
trabajo.
Pero no está equivocada. Riccardo,
si los socialistas hacen proselitismo es porque
a menudo en Italia, como en Europa, los
obreros son tratados como bestias.
Tratémoslos mejor, no habrá
problemas.
Esto te lo enseñó ella.
¿Pero ustedes lo sabían?
No,
tené cuidado, Giov, disculpá. Volvamos a
bailar entonces.
Señores, disculpen.
Luisa ¿qué tienen? Parecen conmovidos.
Uno de nuestros obreros casado, dejó
embarazada a una chica que trabaja con nosotros.
Pero un modo de despedirla ¿dónde está?
Se fue con ella y no creo que lo
veamos pronto.
Con permiso,
despedir a Raúl no es la solución.
Deberíamos en cambio contratar a Ada,
la miseria,
la falta de autonomía de las mujeres.
¿Cómo hacen para dejar a un marido violento
si no tienen un trabajo? Pero estas son
ideas que tenemos solo nosotras las mujeres.
¿Se equivocan?
Yo estoy de acuerdo.
Quizás porque todavía sos un muchacho
y también en esto me equivoco.
Salvo dos
vos sos la más joven.
¿Te gustaría?
Pero no es así.
Aníbal,
amor,
¿por qué dejaste de tocar?
Quería bailar con vos.
Hace tanto que no lo hacemos.
Sí, muchísimo.
Será el ejército el que me dará todas las
camisetas de lana. Es inútil llevar
tanto.
¿Es posible que no hayamos encontrado un
modo para que te reformen? Tenés tres hijos.
Ya le diste 3 años de tu vida
al ejército.
Mis obreros están partiendo todos
y cada uno. Si tratara de no partir con
esta excusa, no podría
mirarlos a la cara.
Volveré
y si no pudiera lograrlo vos, señora
Spagnoli, te las arreglarás muy bien.
Papá, ¿dónde estás?
Quiero partir yo también.
¿Pero adónde querés ir vos? Por suerte no
tenés edad todavía. Y además acá en la fábrica, además de
Giovanni que fue reformado, un
Spagnoli debe quedarse
¿o no?
Luisa,
recién me hice revisar por un
cardiólogo como corresponde. Su diagnóstico
revierte completamente el de los médicos
militares.
Ahora lo llevo enseguida al distrito, así
podré finalmente alistarnos.
¿Me estás diciendo que partirías a una
guerra que no sentís justa? Lo mismo,
aunque pudieras evitarla.
¿Qué sentido tendría quedarme acá?
¿Por qué decís eso? Es la fábrica. No
pensás en la fábrica.
Estamos económicamente sólidos, finalmente.
Sí, pero ¿por cuánto? El costo del
azúcar está subiendo a las nubes, luego
dentro de poco será difícil, en fin, hará
falta una fortuna para hacer caramelos,
confituras.
Yo apuesto a que ya tenés algo en
mente.
Bueno, sí, deberíamos apostar al
chocolate inmediatamente.
Sé que pronto habrá una licitación
para un gran pedido del ejército y
quieren tabletas de chocolate muy
nutritivas.
Una licitación. Mh. Mm.
Participarán también todas las fábricas
del norte. No será fácil.
No, pero vos los vencerás con nuestra
calidad.
Lo lograrás,
creeme.
Sí, pero no sola.
Y en cambio sí.
La llevarás adelante vos esta fábrica y
lo harás muy bien.
Al fin y al cabo ¿no es lo que siempre
quisiste?
Pero no a este precio.
Un precio siempre se paga.
Disculpe, señora, ¿puedo hablarle?
Claro,
Giuseppe,
tengo noticias de Raúl.
¿Lo encontraron?
No, encontramos a Iris.
Mamá, pero quedate tranquila, en casa va
todo bien.
Pero mirá todos
Luisa.
Vení.
Antes de desaparecer la golpeó
brutalmente.
Perdió el bebé y no creo que
pueda tener más. Admitiendo que
sobreviva.
Quería que vieras cómo la dejó.
Ada
por favor, no acá, no acá, no acá.
Gracias hermana.
De todas formas
Ada Ada, vos me tenés que decir dónde fue a parar
Raúl, dónde se escondió.
Yo no lo sé.
Te juro que no lo sé.
Esperá,
yo me quedo acá.
Está bien, está bien. Quedate vos con ella.
Giulia Riosto, Evelina Carrieri,
Santina Falchi,
Irene Giannelli,
Gioconda Lucarelli,
Isolina Lucarelli,
Ada Laudani.
Bienvenida.
Gracias.
Hasta hoy las mujeres fueron excluidas
del trabajo,
pero ahora que nuestros hombres están en el
frente, debemos demostrar que valemos
tanto como ellos y que la fábrica está en buenas
manos.
Recién ganamos la licitación
del ejército.
De ahora en adelante nuestros hombres,
nuestros hijos
comerán nuestro chocolate y por
esto
debe ser el mejor, el más
energético. Debe alimentarlos, mantenerlos
despiertos y cuando lo coman deben
sentir que los amamos
y que no vemos la hora de
abrazarlos de nuevo.
Pero para hacer esto debemos realizar una
pequeña revolución.
Yo sé lo que significa ser
madre, esposa y tener que trabajar.
Y justamente porque lo sé, decidí que
nosotras nos organizaremos diferente de
como siempre se hizo.
De ahora en adelante quien tenga hijos pequeños podrá
confiarlos a una vigilante que los hará
jugar aquí en la fábrica.
Para los recién nacidos habrá una habitación
donde podrán dormir todos juntos
y cuando sea el momento de amamantar
las mamás serán avisadas de inmediato por
teléfono
y podrán dejar inmediatamente su
puesto de trabajo,
pero sobre todo el tiempo que dediquen
a la lactancia les será pagado.
Yo nací pobre como ustedes y sé cuán
difícil puede ser la vida, pero he
jurado a mí misma querer hacerla
más simple y más dulce
para nosotras
y para nuestros hijos.
Lo lograremos, estoy segura, si
trabajamos todas juntas como una sola
persona.
Gracias Luisa.
Y me sale llamarte Luisa, ¿puedo
hacerlo?
Sí, por supuesto.
Gracias por haberme llamado en lugar de
mi marido. Tú eres Amabile, la esposa de
Giuseppe Randi, ¿verdad?
Sí. Y verás que trabajaré el doble que
él,
también porque él es tan enclenque.
Mamá,
¿y yo qué hago? No soy una mujer.
Tú te ocuparás del futuro.
Emboscada.
JPE
JPE
Te daré una carga de lo que puedes hacer
tú, que sea distribuido rápidamente a los
departamentos.
Sí, Luisa, claro, pero personalmente.
Y luego hay algo que no va en el departamento
de empaque, son lentos, estamos un poco
atrasados con la distribución.
¿Puedo, Iris?
Ven, ven.
¿Pero qué haces aquí? No pensarás
volver al trabajo.
Me dieron el alta, no tienen más camas.
Cada día siguen llegando del
frente tantos pobres muchachos heridos.
Pero si no me quieren retomar
yo lo entiendo.
Pero no, no es por eso. No digas
tonterías.
No, es que aún no estás en condiciones. No
estás bien.
Pero yo debo trabajar.
¿Cómo hago para seguir adelante? Pero de
eso no te debes preocupar, ¿verdad
Luisa?
Por supuesto, por supuesto.
Tú sabes leer, ¿verdad?
¿Leer? Por supuesto.
Me leerás para nosotras entonces.
Amabile, han llamado del frente.
Giuseppe,
no,
no.
Giuseppe mío, no. Giuseppe, no.
Giusa,
la noche, a orillas de aquella desierta
laguna, al margen de un bosque infestado
de bestias hambrientas, se anunciaba
terrible para la valerosa doncella.
Tanto más que Morgan, retomado por la
fiebre, comenzaba a delirar nuevamente.
Yolanda se había acurrucado bajo el
pequeño cobertizo junto al herido y
detrás de dos fuegos que enviaban
resplandores siniestros sobre las plantas cercanas.
El amor es como una flor preciosa, pero
hay que tener el coraje de ir a
cogerla al borde de un abismo
espantoso.
El amor es como la fiebre.
Nace y se apaga sin que la voluntad
tenga la mínima parte.
¿Entienden? Ahora estas señoras se
interesan hasta por la literatura, hacen
la república de las hembras. Es realmente
un mundo al revés.
Cartas
servidas.
Dos cartas,
pero se las están arreglando bien. No, dale
tiempo al tiempo y verás que terminarán
patas arriba, y sé lo que digo.
Tú en cambio patas arriba ya has
terminado,
¿seguro?
Trío de mujeres
full.
Se ve que hoy no es mi
día.
No es tu año, querido. Es más,
perdóname, eh, si te lo recuerdo, pero
habría algunas deudas pendientes.
Pero por supuesto, por supuesto. Se encargará mamá.
Ya no tenemos el pedido
del ejército. La nueva licitación
la ganó Leone Cravero con el mismo
idéntico producto del año pasado,
por lo tanto inferior al nuestro y realmente
no entiendo por qué.
Y yo les digo por qué, habrá engrasado alguna
rueda.
Debemos inventarnos un nuevo
bombón para poner en el mercado.
No es fácil con esta maldita guerra
que continúa. Y tiene razón, Iris, será
difícil, quizás imposible.
Loretta, suelta inmediatamente ese
plátano y pide disculpas a Luisa enseguida.
Pero no, Ada, déjala.
Loretta, equivócate otra vez.
¡Pero qué bueno!
Eh, ¿me dejas probarlo?
Buenísimo.
Yo acabo de... aquello que he sufrido
para ganar la licitación
y la Perugina estaba liquidada, acabada.
Pero le bastó poner en el mercado el
plátano con chocolate y enseguida
se recuperó.
El plátano con chocolate. Una idea
simplísima, pero ninguno de ustedes fue
capaz de pensarla.
¿Pero para qué les pago?
De todas formas he entendido, es solo cuestión de
materia prima.
Si yo tuviera
una Luisa Spagnoli.
Permítame, ingeniero, pero si con usted
estuviera Luisa Spagnoli,
usted debería lidiar con las guarderías
y los tiempos de lactancia.
Sí, es verdad. Al menos esto es una
ventaja. ¿Pero cuánto durará?
Terminada la guerra, los hombres volverán
a la fábrica.
No necesariamente. Si he entendido algo de
Luisa Spagnoli, terminada la guerra, ella
podría no mandar a casa a sus
obreras.
Bueno, entonces en tal caso
finalmente lograremos saldar las cuentas.
El plátano con chocolate.
Han demostrado saber arreglárselas
como más que los hombres. Hemos trabajado,
inventado nuevos productos, mientras han
amamantado y criado a sus hijos,
cuidado a los ancianos y mantenido limpia la
casa. ¿Pero cuántas cosas puede hacer un hombre?
Dos, trabajar y beber.
Bueno, también alguna otra de vez en cuando.
Este puesto se lo han ganado y yo
no permitiré que nadie se lo
quite, a nadie,
porque vean, estas nuevas máquinas no
solo hacen evaporar mucho más
rápidamente el agua y los ácidos
volátiles, sino que dan en pocas horas al
chocolate homogeneidad, equilibrio y
fusibilidad.
Magnífico. ¿De quién es el proyecto?
Es de Mario.
Visa,
no sabía que habías vuelto.
Te he pensado mucho tiempo.
Yo siempre.
Ven a mi laboratorio.
Tu hijo ha sido una gran adquisición
para la empresa.
Sí, yo también lo pienso. Pero háblame de ti.
No hay palabras para lo que he
visto y tenido que hacer.
Un verdadero infierno. Luisa, hay
problemas en el departamento de empaque. Voy
enseguida. Perdóname Giovanni, siempre hay
alguna emergencia.
¿Cuándo podré hablarte?
Mañana por la mañana. ¿Está bien? Mañana por la mañana
está bien.
Por favor, Amabile, muéstrale al doctor
Buitoni la fábrica.
Por supuesto.
Amabile Randi del departamento, tú serías el
hijo del doctor Francesco?
Sí.
¡Cuántas novedades que veo!
Modestamente no he hecho pocas cosas en
estos años.
Tutearse es una de ellas.
Sí, lo sé. También a la señora Luisa le
gusta, pero yo soy así. Cabeza dura
me lo decía siempre también el pobre
Giuseppe. Paz a su alma.
Era tu marido. Le tenía mucho cariño.
Yo en cambio lo regañaba siempre y me
arrepiento.
Hace dos días volvió del frente también
el marido de la señora Luisa. Casi no
parece él.
Señor Aníbal.
Lo siento, quedó herido
por dentro.
Se acabó, se acabó, amor.
Trata de olvidar,
trata de olvidar.
Perdona por el retraso.
Ningún problema. Aníbal, ¿cómo está? Me
han dicho que tiene dificultad para
reinsertarse. Sí, pero está un poco mejor.
Solo necesita que yo esté un poco
a su lado.
Ahora que estoy de nuevo aquí, yo
podría hacerlo.
Es una forma linda de apartarme.
¿Apartarte? Annibale ha apreciado
mucho tu trabajo.
Bueno, si he hecho bien como dices no veo
por qué motivo.
Pensaba solo en atender a una
necesidad tuya
o a la tuya.
¿Que sería?
Retomar el control de las cosas con la excusa
de mis deberes de esposa. Para la
mayoría de las mujeres ser esposa
no es un deber ni mucho menos una excusa,
sino una razón de vida.
Eres una mujer tú. Eh,
creo que tus obreras estarían muy
contentas de volver a casa.
No, de seguir trabajando.
Destinar un sector entero a guardería no
entra en las tareas de una industria.
Obligar a las mujeres a estar lejos de
sus hijos no las hace trabajar
mejor.
Y es por eso que debemos contratar
a los hombres. Cada uno tiene su
oficio. Luisa, a ti los bombones, a
mí la gestión del personal. Perdona, pero
es así.
Recordaba a un muchacho que quería
cambiar las cosas. Quizás me equivocaba. O
la guerra te ha vuelto quizás un poco
cínico.
Cuando estaba en la guerra
no sabía si volvería
y pensaba en ti,
en tus ojos que lanzan chispas
cuando luchas por lo que amas.
Y me decía, debo volver a ella para
pelear
y ahora que apenas hemos empezado de nuevo,
debo ir al sastre. Debo hacer
arreglar el vestido a mi madre que ha
organizado una fiesta para esta noche,
por mi regreso.
Giovanni,
he estado muy preocupada por ti.
En la fiesta del señor Giovanni, todas
las chicas estaban con los hombros
descubiertos. Me lo dijo mi prima que
trabajó de refuerzo como cocinera.
Eh, ahora así anda medio desnuda
la moda, Amabile.
La moda te has vuelto desvergonzada, las faldas
hasta aquí y además el pelo corto.
¿Pero no piensas que son más cómodos de
llevar? Eso da igual. No tenemos que
estar cómodas nosotras.
¿Giovanni cómo estaba vestido?
Elegantísimo, todo de negro. Mi prima
dice que todas querían bailar con él.
No va bien. Tiene un regusto.
Luisa, ha llegado de visita la mamá de
Giovanni con una invitada, una palidita con
aires de grandeza.
La chica, con solo mirarla se ve. Un
pedazo de hielo, Amabile. Quédate tranquila.
Déjamelo a mí.
Buenos días, señoras.
Luisa, qué gran trabajo han hecho.
Giovanni no habla de otra cosa. Claro,
verlo en persona es toda otra
cosa.
Gracias, gracias, muy gentil.
Olimpia della Stella, Luisa Spagnoli,
buenos días.
Quería mostrarle a Olimpia la fábrica.
Claro, claro. Vengan.
Gracias.
¿Dónde está mi esposa?
Señoras, disculpen, tengo un contratiempo.
Amabile, por favor, haz tú el recorrido
a las señoras.
Por supuesto.
¿Qué quieres?
Quiero recuperar lo que me corresponde.
Mi esposa y mi hija y también mi
trabajo.
Ada no necesita un marido violento
ni Loretta un padre como tú. Y en
la fábrica no pondrás más un pie.
Tú puedes mandar aquí, pero no en
mi casa.
No te permitiré que te les acerques.
Claro. Tengo una gran influencia en
la ciudad. La usaré.
Y yo usaré esto.
Hazlo,
hazlo,
hazlo.
Dame dinero y me voy.
Recuerda que no te tengo miedo.
Luisa, ¿cómo estás? Mi madre me acaba de
contar.
Mejor, gracias, solo un poco de tensión.
Lamento la escena a la que
asistieron tu madre y esa señorita.
No, no, soy yo quien debe pedir disculpas
por ellas. Deberían haberme pedido
antes de venir. Las fábricas no son
lugares para chicas como Olimpia.
Ah, no, claro. Una señorita muy
refinada.
Parece casi francesa,
pero de hecho lo es por parte de madre.
La acompañaré a París la semana
próxima. Por otro lado ya debía ir
para establecer nuevos contactos, ver si
hay posibilidades de mercado.
Buena idea.
¿Ir a París o acompañar a Olimpia?
Ambas cosas.
Bien.
Bien. Me alegra tener tu
bendición.
Mira, yo podría ser tu madre.
Pero no lo eres. Yo de madre ya tengo una
y te garantizo que no me hace falta
otra y tú lo sabes bien, aunque finjas
que no.
Y tú deberías saber que Perugina
no necesita la enésima variante de
bombones ya puestos en el mercado. Me
acabas de rechazar uno nuevo.
Ah, ¿cómo se llamaba?
Ya ni te acuerdas. Lágrimas
de amor.
Lágrimas de amor. Es por eso que lo
rechacé. Es algo que no tiene nada
que ver contigo.
Con mis productos, como si fuéramos
niñitas.
Pásame el cacao brasileño. Mejor no, con
este.
Pero esos son los restos del
procesamiento.
Amab, no te pongas tú también, eh.
¿Aquí sí, confitados?
Sí,
mejor no, la granilla de avellanas.
Aquí está.
Esto de que tengamos que pedirle
permiso para dar nombre a los
productos. Él que no entiende nada de
pastelería.
Antes de la guerra era así, sin embargo.
Eh, antes. Ahora estamos después.
¿Qué te parece?
Lindo, me parece un puñetazo.
Y lo llamaremos así, puñetazo.
Puñetazos.
He visto el nuevo producto.
¿No te satisface?
¿Te lo imaginas a un cliente entrando en una
tienda y pidiendo un puñetazo?
A las mujeres a veces les gustaría darle
uno a quien se lo merece.
Y si me lo das lo acepto. Quizás me lo
merezco.
Ese viaje que debía hacer a París
con Olimpia
te dije una mentira.
Es una chica encantadora, sí, pero mi corazón
ya está ocupado.
¿Tienes una propuesta alternativa al nombre del
bombón?
Sería mejor dejar de lado los
puñetazos
y pedir un beso.
Señora, ¿me da un beso?
Lo que ha sucedido entre nosotros no
debe ocurrir nunca más.
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