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Travers.
Ben Connolly, encantado. ¿Qué tal el viaje?
Bien.
He arreglado todo para que se quede con nosotros.
No creo que sea buena idea.
- Como usted quiera. - Vamos.
Por lo que se refiere a los demás, recuerde que nos conoceremos mañana.
No, pero pensé que llevaba mucho tiempo en el cuarto de baño y entré.
Estaba devolviendo y le pregunte que le ocurría.
Hola, Tom.
Se puso... no te lo puedes figurar. - ¿Vamos a entrenar hoy, Tom?
- ¿Te viene bien? - Si, díselo a los chicos.
- De acuerdo. - No podía preguntárselo de otra manera.
Así que le dije: ¿otra vez en estado interesante?
Nada más que eso, pero se disparó. La furia italiana.
Se disparó y me chilló, no quieras saber cómo.
Todo lo que quiso.
Los italianos se irritan enseguida.
- ¡Tom! - Hola, Fredy.
¿No te apetece esta mañana?
Hola, ¿qué tal?
¿Qué pasa, no saludas a los amigos?
Yo creo que no era para ponerse así.
Tampoco era una pregunta absurda...
Es que tiene un genio...
Mira que preciosidades.
Está de dos meses, así que será...
en mayo.
A finales de mayo.
Ni siquiera tendré derecho al dto. de los impuestos.
Sí que es mala suerte..
- ¿No estarías tú preocupado? - Supongo que sí pero es distinto.
No estoy casado.
Perdona un momento.
Léelo, te interesa.
¿Seguro? Muy bien.
¿Qué hace la vieja Doris?
¿Qué haces, Doris?
¡No me llaméis Doris!
Oye, Chuck, empápate de esto.
Te divertirá.
¿Yo? ¿Por qué?
¿Es que no sabes leen?
Es un sindicalista puro.
No, del Ejército de Salvación.
Bien, Eddie.
Vamos a tomar una copa. ¡Habrá chicas!
- Pide una de tapa. - Mick ha dicho su gracia.
¡Cuidado! Davis.
Así que no nos permite estudiar las noticias del sindicato.
Espero que estaréis todos dispuestos a apoyarme.
Estábamos informándonos, señor Davis.
Mejor sería que os informarais de las señas de algún peluquero.
Un día de estos os van a afeitar la cabeza.
Me pareceré a Yul Brynner.
¡Señor Connolly!
Ha sido culpa mía.
- ¿Se encuentra bien? - Si.
No sé en qué pensaba.
- Vaya a que la vea la enfermera. - No merece la pena.
Vaya de todos modos, puede doler más tarde.
Haga un informe de accidente de trabajo con la reclamación a la compañía.
Estas máquinas deberían tener dispositivos de seguridad.
¡Mira que lo vengo diciendo!
Vaya a que le vea la enfermera.
Venía a explicarle que...
Váyase.
La verdad es que me siento un poco mareada.
Fue tan tontamente.
Me llamo Connolly.
Vamos, muchachos, se acabó la función.
Ponla en marcha, Ted.
Tú conoces estas máquinas. Échales un vistazo. Vuelvo enseguida.
¿Qué ha pasado, Ben?
A una de sus viejas la enganchó la correa de una máquina.
¿Está herida?
La he mandado a la enfermería.
Entonces no volverá en todo el día.
Pudo perder un brazo.
El dispositivo de seguridad no estaba puesto.
Manda a buscarlos al sótano.
Están allí enmoheciéndose.
Los quitan ellos, no yo.
Es la ley y usted no debería permitírselo.
Los obreros los quitan porque les es más cómodo.
Pero si quieres que se pongan, se pondrán.
¿Qué tal el nuevo, sirve para algo?
Si se refiere a si podemos emplearlo, sí.
Bien, que empiece.
Al fin lo conseguí, muchacho.
¿Conoces al bombón de la oficina de pagos?
Llevo varias semanas detrás de ella.
Me ha dicho que sí para el domingo próximo.
Tendré que cambiar de turno con alguien.
Me he deshecho en atenciones con ella abriéndole las puertas...
llevándole la bandeja en la cantina y todo eso...
Oye, Joe, perdona. Otra vez será.
¿Qué te pasa?
Lo siento.
Pueden ocurrir cosas peores.
Ya tienes dos hijos y con uno más serían tres.
¿Supongo que no estarás preocupado por mí?
Puedo mudarme, si quieres. sentiré mucho irme de tu casa pero...
Es mejor que dispongáis de la habitación hasta...
Tampoco el chico va a llegar mañana.
Anna.
¿Estabas aquí?
¿Te encuentras bien?
- ¿Y los chicos? - Con la vecina.
¿De verdad, bien?
Si, muy bien.
Siento lo de esta mañana, siento haber chillado.
Han venido mis padres esta tarde, ¿verdad?
Si, han merendado aquí.
Ya sabía que algo te había trastornado. ¿Qué querían?
¿Les dijiste que estabas esperando?
Se lo dije a tu madre.
¿Qué te dijo?
Nada.
No dijo nada, por lo menos del niño.
De ti, sí, que eres igual a tu padre.
Eso debe alegrarte.
¿Qué le ocurre a la tele? ¿La han tocado los niños?
No, que yo sepa.
¿Querías ver algo especial?
Si, un gran partido de fútbol.
- Come antes de que se enfríe. - Tenía que fastidiarse ahora.
Acabamos de pagarla la semana pasada.
- Ya tiene salsa. - Son las lámparas. Le daba una patada...
Brian, Cathy, es hora de acostaros.
- Todavía no, mamá. - Ahora mismo.
Han sido malísimos.
Tenía que ser hoy.
Para una vez que hay algo interesante...
Brian, ¿qué estás haciendo?
Nada mamá. Cathy no quiere salir.
No quiero volver a repetirlo, vamos, a la cama.
Brian me encerró en el baño.
¡Mentira! ¿Me das algo de comer?
Yo también quiero.
No, ya habéis comido bastante por esta noche.
No les hagas caso, Tom.
¿Ni siquiera un poco de pan, papá?
¿Tiene hambre?
- Ha cenado más que tú. - Por favor.
Toma.
- Pero sólo una. - Ahora ella también querrá una.
Mujer, está creciendo.
- ¿Quieres probarlas? - Si.
Una a cada uno,.
He dicho que no.
Estuve jugando con Rony.
Un juego estupendo, se llama los seis maniáticos.
¿Cómo dices?
El viejo Rony es el que lo ha inventado.
¿Me das más dulce, mamá?
A la cama los dos.
- ¿Has oído lo que ha dicho? - Papito...
Cuando vine de la escuela...
puse la tele e hizo "bang"...
se llenó... - ¿Quieres subir a acostarte?
- ¿Podemos jugar mañana con el viejo Ron? - Ya veremos.
Lo inventó él solo.
¡A que no me coges!
Ya le diré yo a Ron, tengo que hablar con su padre.
No sabe lo que han hecho.
Los nuestros puede que no, pero de Ron no estoy tan seguro.
Y esto sin funcionar. Los hijos lo vuelven a uno loco.
¿Qué te ocurre?
¿Estás contento tú con lo del niño?
¿Crees que acabará gustándote?
Claro que sí, amor mío.
Algunas veces no sé lo que piensas.
No me importa hoy por hoy...
pero no podría sobrellevarlo si no fueses feliz.
Soy feliz ya.
Puedo asegurarme.
Comprendo que en nuestra situación...
no es muy agradable.
- Pero no quiero que estés fingiendo. - No estoy fingiendo, Anny.
Ann)-
Mírame.
¿Tú crees que estoy fingiendo?
- No. - Claro que no.
Mira...
es que esta mañana, no lo esperaba.
Me pilló tan de sorpresa que...
Además, lunes.
Tendremos que comprar todo el equipo otra vez.
Lo único...
Había pensado que este año podíamos mudamos.
Quizá pagar el primer plazo de un coche.
Pero también venderán coches el año que viene.
Desde que nos casamos estamos esperando. Por un poco más no pasa nada.
¿Qué crees que será, chico o chica?
Sólo sé que será nuestro hijo.
¿Me dejas que oiga su corazón?
A veces eres como un niño.
Entonces te quiero más.
Quédate ahí mientras te preparo un té.
¿Cómo estás, preciosa?
¡Oye, Marilyn, te estoy hablando!
¿Qué miras abuelo? Será mejor que entres.
La primera función ha empezado, vas a perdértela.
¡Viejo estúpido!
¿Qué hacemos?
¿Vamos al parque?
Cómo nos mira. Quiere pelea.
Mick dijo que estaría en el parque con dos guayabos.
Toma.
Bueno, hoy es un gran día.
Así es. Tienes que empezar a contados.
Vamos, papá.
VOY-
Que aprendas a contar mejor que yo.
¿A quién te animas hoy?
No la conoces, quita.
Se creerá que soy tonto. Es la de la oficina de pagos.
Mick la conoce, ha salido con ella.
¿Entonces qué vamos a hacer?
¿Qué quieres decir?
No pensarás que estemos aquí todo el día, sin habar.
Podemos hablar.
Ya sabes lo que quiero decir.
¿Qué piensas qué voy a hacer, romperte el vestido y abandonarte entre las zarzas?
¿Crees que es eso lo que estoy buscando?
He salido con muchas pero no me tomes por Jack el destripador.
¿O sí?
Te empeñas en no decir nada desde que llegamos.
Podíamos haber ahorrado la gasolina...
y habernos quedado en casa, en un bar o en otro sitio más divertido.
Pat, ten en cuenta que yo no te obligue a venir.
Te lo pedí delante de 50 personas, fue una invitación.
Y desde luego tú aceptaste.
No lo entiendo.
¿Quieres que te diga algo?
Dame una sorpresa: eres casada y con tres hijos.
No te esfuerces.
Escúchame, pequeña Pat.
Si estuvieras forzándome, conseguiría algo.
No me propongo nada pero...
No me gustan las burlas.
¿Quién se burla de ti?
Bien, dejémoslo.
En serio, ¿qué te pasa?
¿De verdad lo quieres saber?
SÍ.
Se dice que has salido con todo lo que tiene dos piernas y usa barra de labios.
Y que un par de ellas están en vísperas de aumentar la familia y que te da igual.
El día que entre a trabajar, ya me advirtieron que eras muy peligroso.
Te vi antes de que tú me vieras a mí.
Al verte no me importó nada lo que hicieras o dijeran de ti...
porque me gustaste.
Pensé que me agradaría salir contigo si algún día me lo pidieses.
Me lo pediste y sigo pensando igual.
Pero no vas a conseguirme el primer día.
Yo quiero algo más que eso.
Si no me lo puedes dar, es mejor que no perdamos el tiempo.
Comprendo.
Si, ya sé.
Bueno, no hay más que hablar, ¿no es eso?
¿Vamos?
Pan y salsa, compañero.
Pan y moja, lo llamábamos.
Durante años enteros sólo comíamos eso.
Mi padre encabezó la marcha del hambre hasta Londres.
Aquello era vivir, créeme.
Los obreros estaban unidos de verdad.
Ah, sí.
Apropósito de la reunión.
No puede haber ningún fallo.
No es mal sitio éste.
¿Y tú, no comes?
- ¿Qué has dicho? - Que siendo necesario...
tendrías que componer las cosas.
¿Qué quieres decir? - No precisamente componer.
Era una forma de expresarme.
Lo importante es que todos esperan que tú los guíes.
Son incapaces de pensar por sí mismos.
- Eso es cierto. - Así que tendrás que guiarles.
Hablarles de forma que entiendan pero sin decírselo todo.
- Eso los confundiría. - Sí, sí.
Comprendo.
La reunión, durante el almuerzo.
¿Qué dices?
Si emplearas menos tiempo en el fútbol, sabrías lo que digo.
Quiero que todos estéis allí.
Cierra la puerta, ¿quieres?
Supongo que no quedaste satisfecho...
con la contestación del encargado esta mañana.
No puedo discutir asuntos del sindicato.
No, claro que no.
Solo que como soy parte interesada...
me habría gustado conocer los hechos.
Lee en el cuestionario el orden del día.
Si, ya lo he hecho.
Pero ahora hablemos de hechos reales.
¿Quieres ser gracioso?
No tengo tiempo para ser gracioso.
Quiero saber de qué se trata.
Ya se lo he dicho, no puedo discutir en privado...
asuntos del sindicato.
Está bien, los discutiré yo por ti.
No soy chistoso, pero se reírme cuando un chiste tiene gracia.
Pensabais enfocar el asunto por falta de papel higiénico.
Ésa es una de las cosas, ¿no?
Servicios sanitarios inadecuados.
No conseguí este puesto por haberos pisado la cabeza.
Trabaje antes ahí. Yo también era de los que tiraban el jabón.
Ahora, al menos, tenéis tablas. En mis tiempos no había ni retretes.
Eso era en sus tiempos.
Se lo que te propones, Ben.
Quieres cerrar esto, ¿no?
Puede que tengas razón, pero ése no es el sistema.
No es la clase de fábrica que se cierra así.
No se daña a nadie.
Martin Dale nos explota.
Si alguien tiene que hacer una reclamación, se le atiende atentamente.
¿Hay alguno al que no se le ha escuchado cuando el caso lo ha merecido?
Conseguiréis cerrarla pero...
la cerraréis para siempre, tenlo en cuenta.
- No estoy preparado para discutir. - Está bien. Nada más.
Todo marcha bien.
¿Qué vas a votar, Doris?
¿Por qué me llamas Doris?
Te he preguntado qué vas a votar.
No sé de qué se trata.
¿Estás a favor de los matrimonios entre escoceses e ingleses?
Eddie, eso no se vota.
¿Nos pagan si hay huelga?
Oficialmente no.
¿Ni siquiera la mitad?
¿Qué pasa?
¡Hermanos!
En la última reunión...
se tomó el acuerdo...
de formar un comité...
que os representara para tratar con la empresa.
Esta decisión fue tomada...
de forma democrática...
por todos los hermanos presentes.
Voy a dar lectura a los acuerdos de dicha reunión.
- ¿Otra vez Connolly? - Si.
¿Cómo se ha hecho dueño de la situación...
si no sabe distinguir un huevo de una castaña?
Toma, acabala.
No comprendo cómo les habéis permitido organizarse.
Los tuvimos en un puño durante 30 años.
Tú sabes que los tiempos han cambiado.
Han cambiado mucho.
Pago más impuestos, pierdo encargos por no poder cumplidos.
Nos hemos quedado sin 4 pedidos de Alemania este año.
Debemos ayudarles a levantar la cabeza, ya que les hemos ganado la guerra.
No presumas de inteligente.
Tampoco esto es bueno.
- ¿Crees que es serio? - Según cómo se mire.
Quiero decir, ¿qué es lo que pretenden?
- ¿Cerrar esto? - Si.
Más o menos.
Connolly no debe olvidar...
que el único sindicato cuya actuación reconozco, es el de obreros fuertes.
Del que soy miembro fundador.
Esos para mí son sólo una pandilla.
Y puesto que la dirección ha decidido...
no tomar en cuenta nuestra reclamación principal...
debemos actuar con energía.
¿Qué tenemos que hacer?
Apelo al hermano Matthews para que proponga un solución concreta.
Señor presidente, hermanos...
el comité de trabajadores propone:
que si en 24 horas a partir de hoy a mediodía...
la dirección no atiende las reclamaciones...
todos abandonaremos el trabajo...
hasta que se avenga a razones.
¡Pero bueno!
¡Orden!
¿Quién apoya la resolución?
Gracias hermano.
Cállate y dejadle hablar.
¿Queréis callar?
¿Tienes algo que decir, hermano Arkwright?
- Si, si me escucháis. - Adelante.
- Todos me conocéis. - ¿Quién eres?
Siéntate, Klipen.
Soy un obrero.
Lo que no todos pueden decir.
¡Que se siente!
He tomado parte en muchas huelgas...
y puedo aseguraros que no conseguiréis nada...
si no os asiste la razón.
¡Pido la palabra, hermano presidente! - ¡Sí, que hable!
Basta de estupideces.
Estoy sindicado...
pero no gano nada con estos revuelos.
Si queréis ir a la huelga...
hacedlo con el apoyo del sindicato.
Todos pertenecemos al sindicato.
Pues actuad como sindicados.
Basta de discursos sin sentido...
y dinos cómo comeremos mientras dure la huelga.
- ¿Cómo comeréis? - Ya me has oído.
En respuesta...
a la objeción del hermano Amwright, sincera...
pero mal enfocada...
sólo digo que en situaciones de cierta trascendencia...
como ésta, es preciso hacer algún sacrificio.
Contesta a la pregunta.
Si no hay más objeciones...
procederemos a la votación...
para la adopción de las medidas propuestas.
¿A favor?
¿Qué haces, Eddie?
Levanta la mano, qué más da.
A ti te es lo mismo, no tienes que mantener una familia.
Oficialmente, al menos.
Es una huelga no oficial.
Ciento siete.
¿En contra?
Vamos, deprisa.
Treinta y nueve.
El resultado es 107 a favor.
Treinta y nueve en contra.
Mayoría a favor, 68.
La propuesta queda aprobada...
y se la presentaremos a la dirección esta tarde.
Ha terminado la reunión.
Menos mal que las esposas no vamos a la huelga...
si no, ya sabríais lo que es bueno.
¿Tenéis que hacer lo que os mandan?
Si, si así lo deciden.
No necesariamente.
Claro que sí.
¿Por qué? No lo comprendo.
Pues porque tú solo no puedes hacer funcionar una fábrica.
¿Quién habla de mí solo?
Hay varios que no quieren la huelga.
Sí, pero seguramente seréis minoría.
Ya sabes que a nadie le importa todo eso menos que a mí.
Esos ladridos de hermano me aburren.
Yo opino que lo mejor es no votar ni a favor ni en contra.
De todos modos, se salen con la suya hagas lo que hagas.
Vamos, ¿vienes?
No, nos vamos a reunir unos cuantos en casa de Billy para charlar un rato.
- Bueno, hasta luego. - Buenas noches, Joe.
Nada le interesa, su cerveza y sus conquistas.
Él puede permitirse ese lujo.
¿Eras tan malo como él?
- ¿Cuándo? - Antes de que nos casáramos.
¿Por qué me haces siempre la misma pregunta?
- Era mucho peor. - Eso no puede ofenderme.
- ¿De pequeño? - Si, de pequeño.
Empecé temprano y lleve bozal hasta los 14 años.
¿Bozal que quieres decir?
Habla un poco más bajo, por favor.
No te lo diré delante del niño.
A lo mejor nos oye.
¿Por qué dices el niño?
O la niña.
Estoy de acuerdo con Joe, puede permitirse el lujo de no trabajar.
- ¿De qué hablas ahora, Tom? - De la huelga.
No me importaría si fuera una huelga seria pero...
es una tormenta en un vaso de agua.
Lo siento, la respuesta es no.
Pero no es definitiva, ya que piensa estudiar vuestras reclamaciones.
- Derechos. - Ben, no te precipites.
- Piénsalo. - No tenemos nada más que hablar.
Creo que la situación es muy clara.
El veto tan temido. ¿vienes?
¡Vamos todos!
Vamos.
Vamos, moveos.
- ¿Qué puedo hacer por vosotros? - Hemos estado hablando...
y hemos pensado que le parecería...
si alguno de nosotros quisiera continuar trabajando.
¿En qué situación estaría?
Por lo que a mí se refiere, como la huelga no está apoyada por el sindicato...
las puertas se abrirán para el que quiera trabajar.
¿Adónde vais?
Os esperan, os van a deshacer.
- ¡Apuntad sus nombres! - Os acordaréis de ésta.
- ¿Todos están conmigo, Bill? - Sí, señor.
Muy bien.
Continúen con una rutina de mantenimiento.
He conseguido algo de la cantina y hoy tendrán su ración.
No puedo prometer nada para mañana.
Traigan algo si piensan mantener esta postura.
Se han quedado boquiabiertos al vernos.
¿Qué pasa?
Hola, Philimos, ahí los tienes.
- ¡Cuidado, muchacho! - ¡Qué bueno! ¡Philimos!
¿Qué se proponen sus jefes?
Estuve con ellos anoche y no han debido enviarle.
Yo no sé nada, ¿qué ocurre?
Estamos en huelga, la fábrica está en cuarentena.
- ¿En cuarentena? ¿Tú sabías algo? - No.
Pues cuéntenselo cuando regresen.
- ¿De acuerdo, Charlie? - Si, así iremos pronto a casa.
Por mí...
Yo sé lo que haría.
¡Barret!
Ven aquí.
Te digo que vengas.
La Policía me ha interrogado hoy.
¿Ah, sí?
Te advierto que quiero que esta huelga sea limpia.
Si necesito tu ayuda, te la pediré.
Y cuidado, porque la próxima vez les diré dónde tienen que mirar.
Sería una pena.
¿Qué piensas hacer, Bill?
Creo que debemos abandonar.
Mi pobre mujer es ya muy vieja para estos trotes.
Anoche no dormimos nada.
Nos rompieron otras dos ventanas.
Me servirá de escarmiento.
Eso creo yo.
No conseguiremos nada.
¿Tú qué dices, Tom?
Haré lo que decidáis.
Mis ventanas se libraron porque es un 1er piso, pero...
mi casera recibió el ladrillo.
¿Entonces de acuerdo?
Tampoco la dirección nos ha hecho caso.
Abandonamos, será mucho mejor.
Me cuesta trabajo, os lo aseguro.
Siempre he estado dispuesto a luchar contra quien fuera...
pero estoy harto de todo esto.
En realidad estoy cansado.
Creí que la habrías arreglado, como no has salido de casa...
No, no he hecho nada.
¿Por qué no llamas para que la arreglen?
Y cómo pago. Acuérdate de que estoy sin trabajo.
¡Señora Curtis!
¿Qué querrá esa vieja lechuza?
Iré a ver.
Si quiere cobrar la renta, que espere a la semana que viene.
¡Por fin!
- Preguntan por su marido. - ¿Quién es, señora Jackson?
No sé, se equivocó de timbre.
Soy yo, señora Curtis, Ben Connolly.
Llamando toda la noche.
- ¿Desea ver a mi marido? - Si puede ser...
Suba, por favor.
Lamento lo del timbre.
- ¡Ben Connolly. - ¿Aquí?
Pase, señor Connolly.
Nos perdonará que lo recibamos con este desorden.
No sé preocupe, estoy acostumbrado.
- ¿Quiere tomar una taza de té? - Me gustaría.
No lo haga sólo por mí.
Hola, Joe.
- ¿Qué hay, Tom? - Hola Ben.
¿Ha venido para ver cómo vivimos los ricos?
¿Se le agotaron las lámparas?
No, la garantía.
Deja que la vea, se me dan bien estos aparatos.
Perdona.
Aquí está.
Prueba ahora.
¿Disfrutando del descanso, Joe?
Si, voy a cambiar de trabajo.
Podríamos utilizarte como vigilante.
- ¿Lo ves, Tom? - Si, pero todavía falla un poco.
Gracias, de todos modos.
¿Qué es lo que quiere de mí?
He oído que abandonáis.
Bill me ha dicho que estáis dispuestos a apoyar a la mayoría.
Hemos decidido abandonar el trabajo, eso es cierto.
Fue una pena que no lo hicieras desde el principio como tu amigo Joe.
Si, ha sido una pena.
Sabes también como yo que hay que ir con la mayoría.
Eso es la democracia.
Te diré que me dolió ver que...
te salías de la línea para irte con los otros.
Ahora todo eso pasó, pero no quiero...
que vuelvas a hacer nada parecido, debemos estar unidos.
Cometiste un error y eres mayorcito para admitido.
Nunca te lo tendré en cuenta.
Comprenderás que no habría venido a tu casa...
a amenazarte o cosa parecida.
No, ya lo sé, Connolly.
No me importa decirte...
que he tenido una gran discusión con los demás.
No les gustan los esquiroles.
Hablaban continuamente de represalias.
Creo que han hecho más que hablar.
¿Qué quieres decir?
Han quemado todos los coches que valían algo.
No sé nada de eso.
Es posible que no.
Pero quiero advertirle una cosa.
Tengo dos hijos que están durmiendo ahí dentro.
Tengo 2 hijos que están durmiendo ahí dentro.
Ahí estaban cuando hace 2 noches...
lanzaron un ladrillo contra la ventana de la Sra. Jackson.
Su intención no era tirárselo a ella, sino a mí.
Y con peligro para ellos.
- Te aseguro que no sé nada de eso. - Está bien, pero póngase en mi caso.
A usted no le han arrojado ladrillos por la ventana.
- ¿Por ejemplo? - Nada, simplemente...
que si alguien molesta a mi mujer ya mis hijos...
yo también empezare a ladrillazos.
No se quejen.
- No te excites. - No, si no me excito.
Digo sólo que esta es mi casa, no la fábrica.
No lo olviden usted y los demás.
Me he unido a su cochina huelga, ¿qué más quiere?
Fuera de todo esto no quiero nada.
Pero no olvides que tú...
y los demás esquiroles...
nunca os saldréis con la vuestra fácilmente.
Tenemos medios, compañero.
Medios y no sólo ladrillos.
¿Tienen qué?
- Dejémoslo así. - No, quiero oírlo. ¿Qué medios tienen?
- Te lo digo por tu bien. - ¿Que lo dice por mi bien?
No me cuente ese cuento, compañero.
Aquí pago yo la renta. Es muy generoso en sus consejos.
¡Tom!
¡No te metas en esto, Anny, no te metas en nada!
¡Venir aquí hablando de la Ley!
Señor todopoderoso, compañero Ben Connolly.
Ho decido si trabajo o no.
Haré lo que me dé la gana.
Puede ahorrarse sus consejos.
Me traen sin cuidado.
Ya lo veremos.
Otra vez será, señora Curtis, buenas noches.
¡Atreverse a venir a coaccionarme!
¿Quién empezó la discusión?
Nadie empezó nada. Y haz el favor de no meterte en cosas...
de las que no sabes nada.
Te he oído, no soy sorda.
- ¿Joe, tú qué piensas? - Joe no piensa.
Cierra la boca y no pierdas el tiempo preguntando a Joe.
Algún día, querido...
vas a dar un tropezón tan fuerte que no podrás levantarte.
Ya les dije con lo que teníamos que enfrentamos.
Estos son los hechos reales...
y no cabe tratar de disfrazarlos.
- ¿Le molesta que me sirva, Charly? - No.
La situación está clara.
No han contado con el sindicato. Se lo han saltado.
Pero aún así, el Gobierno no ofrece contratos todos los días.
Menos de esta importancia.
Es la mejor oferta que hemos recibido.
No es cosa segura mientras no esté firmada.
Para que trabajen hay que hacer concesiones.
¿Qué clase de concesiones?
Mayores medidas de seguridad.
Algunos retretes más...
y protectores faciales para los soldadores.
Eso hará que las máquinas funcionen sin problemas.
¿Quiere decir que espera que con eso se arregle todo?
Conozco muy bien a los obreros.
Si queremos ese contrato...
no tenemos más solución que echar agua al vino.
Es el contrato del Pakistan, ¿verdad?
¿Por qué no te metes en tu Rolls y vuelves a Londres?
A estas horas deberías estar en la cama.
¡Pakistan! Si acabamos ese trabajo las Navidades pasadas.
De todos modos voto por este nuevo asunto, sea el que sea.
Hay que darle una lección.
Pero una buena lección.
Es Curtis y solo. ¿Qué se propone?
Ni idea.
Extraño muchacho.
Mi mujer no le perdonó nunca que se casara con esa chica italiana.
¿Cómo se llama? ¡Anna!
La trajimos nosotros. La mejor doncella que hemos tenido.
Extraño muchacho.
No me gustan los lobos solitarios en ningún bando.
Gracias.
No sé que se propone demostrar Curtis, pero podía haberse ahorrado la molestia.
Todos volverán pronto.
Suponía que te extrañarías.
No apagues, por favor.
Perdona.
He preparado este escrito para que se lo entregues a Connolly.
Ya verás lo que me propongo.
Si, cambia todo de aspecto.
Claro que Martin Dale sabe de que lado está lo bueno.
Exactamente, un contrato del Gobierno.
¿Cómo lo tomará, quién?
Yo me ocupare de Connolly.
Seguirá luchando por la huelga general.
Si, aficionado.
Volverán al trabajo y lo abandonarán oportunamente.
Seguro.
Sí.
¿Qué hay?
Al habla.
Phil, precisamente iba a llamarte.
¿Qué te parece la oferta de Martin Dale? ¿Crees que la mantendrá?
¿Aceptada?
Sí, pero...
Estuviste en Londres, ¿no?
Parece extraño que hayan cedido tan pronto, ¿no?
Londres opina que has actuado muy bien. Me han encargado decírtelo.
Sí, que te lo diga.
Las concesiones no son muchas, pero Martin Dale ha abierto los ojos.
Así es.
Ahora tendrán que escucharte.
Cuanto antes, mejor.
Convócales para mañana por la noche.
A propósito...
Tengo una idea sobre Tom Curtis.
Venga, deprisa.
- Tú eres amigo de Curtis, ¿verdad? - Claro.
Quisiera que le dieras un recado.
¿Por qué no se lo das tú?
¡Eh, ponme una!
- ¿Te importa no empujan? - ¿Estás con ella?
- No. A lo mejor me interesa a mí.
¿Eres amigo de Curtis, verdad? Pues dale un mensaje.
- ¿Que mensaje? - Espera un momento.
Vamos a ver qué pasa ahora.
¿Habéis traído las botas?
Eddie, ¿qué te dijo ella?
Nada.
Esas cosas no son para niños.
Eso, aquí.
Vamos, preparadlo.
¿Oyes hablara alguien?
No, no oigo nada.
Dejaos de bromas, vamos.
Está bien, poned alguno aquí.
¿Qué?
¡Ah, eso!
¿A qué juegas, Doris? Estás un poco obstruccionista.
Mala chica.
Ven aquí, Bill.
Llegas muy tarde.
Hola, Anna.
No digas que te he servido demasiado.
Necesitas comer mucho, ahora que estás esperando.
Joe me decía que todo el mundo estaba contento de haber vuelto al trabajo.
¿Ah, sí?
Apuesto que también lo estaba el viejo Martin Dale.
Fui de compras esta mañana y oí los comentarios de las mujeres.
Estás muy callado esta noche.
¿Yo?
Fue un día muy silencioso.
Vamos, toma otra.
No, gracias. Hay que conducir.
¿Qué dices?
¿Puedo hablar contigo, Joe?
- Sí, claro. - A solas, si es posible.
Está bien.
Tú tranquila.
- No te escapes. - No te preocupes.
¿Qué hay?
Hemos estado hablando de Tom.
Tú le conoces mejor que nadie.
Bueno, vives en su casa.
Estuvimos hablando de fútbol.
Nos hemos quedado sin jugar dos partidos...
con eso de la huelga y...
Se trata de saber quién nos entrenaría si él no lo hace.
No es posible que sea él porque...
no puede ignoramos durante el día...
y entrenarnos más tarde.
- No debe ser así. - ¿comprendes?
- Tenemos que resolverlo de alguna manera. - Os voy a dar mi opinión.
Joe, seamos francos.
Tú eres como yo.
A mí no me importa lo que haga un hombre.
Ya sabes, religión y otras cosas...
Tengo muy buenos amigos que son judíos.
No me meto en política, pero...
éste es un caso especial.
- Si, además... - ¿Te importa que termine de explicarle?
Conozco a Tom y...
en muchos aspectos estoy de acuerdo con él.
Pero tenemos que pensar en el equipo.
La temporada ha empezado ya.
Alguien tiene que hablarte.
Todo es por el bien del equipo, que conste.
¿Queréis que se lo diga yo?
Sí.
¿Qué haces levantado a estas horas?
- Se me paró el corazón. - ¿Ah, sí?
Pero has conseguido hacerlo funcionar otra vez.
Si, marcha perfectamente.
Seguro que lo has sacudido como haces con el reloj.
A la cama, deprisa.
Que duermas bien.
Brian tuvo una pesadilla.
¿Crees que les afectarán todos estos jaleos?
¿Fuiste al médico, Anna?
No, es pronto.
¿Qué más ocurrió hoy?
Nada más, no me hablan.
¿Joe te habla?
No.
Es posible que...
¿Quién decide esas cosas?
- Vamos, contéstame. - Las deciden los hombres.
- ¿Qué hombres? - Todos.
¿Lo deciden entre todos y ninguno se levanta y grita lo estúpido que es?
No estuve en la reunión, no sé lo que acordaron.
¿A quién se le ocurrió? Eso es lo que quiero saber.
Supongo que al comité, a Connolly a los demás.
- Al sindicato. - Ellos no son el sindicato.
Yo soy el sindicato tanto como ellos.
- ¿Entonces quien decide? - ¡No lo sé, Anna!
No sé quién lo decidió.
Siento haberte gritado. Es que no me hablan.
Ni siquiera el viejo Arkwright.
- ¿Qué es lo que temen? - No lo sé.
No puede uno salirse de la línea así como así.
Todos juntos si, uno a uno no.
¿Recuerdas aquel caso en el periódico?
- Era un ferroviario, ¿no? - Ah, sí.
Entonces pensé qué se sentiría.
Pues ya lo sé.
¿Durante cuánto tiempo lo hacen?
No me acuerdo exactamente de aquel caso.
Creo que fue bastante tiempo.
¿Cuánto?
¿Una semana o dos?
Creo que un poco más.
Creo que fue por mucho tiempo.
¿Anna se ha ido a la cama?
Sí.
Todavía no he hecho la mía esta semana.
¿Quieres?
Gracias.
Siento todo esto.
¿Qué es lo que sientes?
¿Hablar de ti y de mí?
Lo tuyo, Tom.
No digas nada, se lo que estás pensando.
A ver si me entiendes.
A mí no me gusta este lío.
No fui al mitin, no vote.
No intervine en nada pero...
ya sabes lo que pasa.
- No puedes enfrentarte con todos. - Ya me he dado cuenta.
Ahí está.
Por menos de nada te comprometen.
Y el caso es, que como tienes que convivir con ellos...
no sirve pretender destacar continuamente.
Me parece bien estudiar los pros y los contras.
Pero la triste realidad es que hay que seguirles...
aun reconociendo que son una perfecta colección de locos.
Pero no me convence, Joe, lo siento.
¿Qué te obliga a inclinarte hacia ellos y no hacia mí?
No lo sé.
La verdad es que no saco nada en limpio.
Pero me siento despreciable desde que ocurrió.
Por lo que a mí respecta, puedes dejar de despreciarte.
Me alegro que te hayas decidido a hablar de ello.
Me pidieron que te hablara.
¿Te lo pidieron?
Verás...
No es precisamente eso.
Los del equipo de fútbol...
querían que yo“.
Están preocupados por los partidos.
¿En qué sentido?
Tú sabes de esto más que yo.
Hubo que dejar dejugar dos encuentros y...
parece ser que el equipo ahora...
Están nerviosos, preocupados.
¿Qué más?
Me eligieron a mí para hablarte, será porque vivo aquí.
¿Hablarme de qué?
Quieren que ceses como entrenador.
Joe ha estado dándome noticias.
¿Verdad Joe?
¿En serio?
¿Se aseguró antes de que estaba cerrado todo?
Nunca se sabe lo que hay detrás de las puertas.
Pueden estar espiándote...
y descubrir que estabas hablando con Tom Curtis.
- Está bien. - ¡No, no está nada bien!
Tiene que escoger. Si tú no eres capaz de decírselo, se lo diré yo.
Si no puede hablar contigo en el trabajo, tampoco aquí.
- Tenía algo especial que decirme. - Si, algo como, ¿qué tal estás o adiós?
- Son cosas entre él y yo. - Nada de eso.
Ésta es mi casa también y no aguanto más al señor Wallace.
- Despenarás a los niños. - Y también al hipócrita de Joe Wallace.
Esto es un hogar, no una funeraria.
Las personas se hablan las unas a las otras.
Se saludan por la mañana y por la noche.
No tratan a los amigos como repugnantes apestados.
¿Qué era eso que tenía que decirte esta noche y no esta mañana?
¿Qué era? Mírame a la cara y óyeme.
Te fuiste esta mañana de mi casa sin decir una palabra.
Sin despedirte si quiera de mí.
No se trata ya de mi mando. Yo no trabajo en tu maldita fábrica.
Yo no pertenezco a tus asquerosos comités o sindicatos...
y desde luego, nadie me ha hecho el vacío.
No quiero que estés aquí ni un minuto más.
No quiero estar a tu lado dentro de esta casa...
ni que lo estén mis hijos.
Márchate y no vuelvas.
- ¡Cállate Anna! - ¿Sabes una cosa?
Me das mucha pena. Ni siquiera puedes pensar por tu cuenta.
Lo siento, Joe.
Claro que lo sientes. Mereces los amigos que tienes.
Estar aquí sentado, leyendo, como si fueras un desconocido.
Esto es lo que me faltaba hoy.
Será mejor que me vaya.
Será mejor para todos.
Señor Curtis.
Me llamo Ball, de Largus.
Usted dirá.
Lamento abordarle tan temprano, pero era la mejor hora de...
de pescarle. Lo de la fábrica...
He oído decir que le han hecho el vacío.
Tuvo alguna diferencia con el comité obrero, ¿verdad?
Algo parecido.
No fue a la huelga, ¿no es eso?
- No. - Por qué no lo hizo.
Razones personales.
En otras palabras, no estaba de acuerdo con la huelga.
- ¿Puedo decirlo? - Si, no estaba de acuerdo.
Digamos que no la creía justificada.
Eso es.
¿Cómo se encuentra ahora?
¿En qué sentido?
Con respecto a sus compañeros.
Es difícil de explicar.
Sería diferente si el sindicato me hubiera sancionado...
multado... que se yo.
Comprendo. Opina que le persiguen.
¿De todos modos lo considera injusto?
Así es.
Es lo habitual.
Muchas gracias, señor Curtis.
Ha sido muy amable. Espero no haberle importunado.
No se preocupe.
¿Quién era?
- Un pelmazo de Largus. - ¿Qué quería?
Saber que opino de todo esto.
- ¿Y qué le has dicho? - Pues la verdad.
La verdad que nos ha sido manifestada por Tom Curtis...
- es que... - ¡Déjame ver eso!
Ha sido víctima...
- Sí, claro que sí. - de los responsables...
de una huelga ilegítima que no contaba con el apoyo del sindicato.
Lo está pidiendo a gritos.
Lea el resto, más abajo. Lo que se refiere a Martin Dale, es interesante.
¡Qué desgracia! ¡Es peor que un crimen!
Me llamó anoche, le dije que no había nada que hacer.
¿Qué quieres que haga yo?
Impedirlo, convencer a Connolly, deshacerte de Curtis.
Deshacerte de Curtis, sí.
Lo que quieras...
pero impídelo.
Si, el viejo está también preocupado.
Todo el mundo lo está.
- Nosotros tenemos derecho... - No hablemos de derechos.
No hace falta sacar las cosas de quicio.
Quiero estar seguro de que todo esto no seguirá adelante.
Nada más sencillo, despida a Curtis.
No te sería más fácil terminar con esa represalia.
Ya os habéis divertido bastante.
Así los periódicos no tendrán de que hablar.
¿Qué quiere decir con diversión?
Lo que digo.
¿Cómo lo quieres llamar? ¿Justicia?
Llámalo como quieras, pero abandónalo de una vez.
No es mía la decisión.
- Sólo soy el portavoz de los demás. - No me cuentes cuentos, Ben.
Estás patinando estos días, ¿qué te pasa, hombre?
- Termina con ello. - Hubiera podido hace unos días, ahora no.
No les ha gustado el artículo.
¿Una palabreja en un periodicucho local?
Acabarán en el clavo de un retrete o en el fogón de una cocina.
¿Por eso te excitas tanto?
Lo han tomado como ofensa personal.
Emplea tu influencia para que no lo tomen así.
Es que yo también lo considero así.
Prácticamente me nombra.
No me gusta eso.
No me digas que has visto a tu abogado.
Curtis es un esquirol y no lo quiero aquí.
Escuche lo que voy a decide.
No es usted el encargado de esta fábrica...
y mientras yo sea el jefe de personal, yo decido quien se va.
Se necesitan muchos más artículos en el Largus para que yo despida a Curtis.
Y ponga atención, que esto le afecta a Ud. directamente.
No me gusta lo que está haciendo.
Será mejor que se busque un abogado.
Va a necesitarlo un día de estos.
- Me acordare de lo que me ha dicho, Davis. - Señor Davis para usted a partir de ahora.
Parecen muy felices.
¿Cómo se llaman?
Brian y Cathy, Cathalina.
Preciosas criaturas.
¿No le importaría prestármelas, se las devolverá enseguida.
Mandare que hagan una copia.
Usted no es inglesa, ¿verdad?
Soy italiana.
¿Cómo se llama? Me gustaría saber su nombre también.
Anna.
No Gina.
Bonito nombre.
Como una amiga mía.
¿Es cierto que está esperando otro hijo?
- Sí. - Enhorabuena.
¿Todo esto para qué es?
Gracias.
Hay mucha gente interesada en su vida, señora Curtis.
Nos interesa el punto de vista de la mujer.
No irá a escribir nada malo, ¿no? - ¿Cómo?
¡No irá a escribir nada malo!
¿Por qué no lo despiden?
¿Por qué no me despide?
Si el señor Martin Dale está tan seguro, ¿por qué no me despide?
No crea que no lo he pensado.
Si no lo hacemos es porque daría mucho que hablar a la prensa.
Pero deseamos que se disculpe ante el comité obrero.
- Así se terminará todo. - ¿Usted se disculparía?
- No hablamos de mí. - No, pero se lo pregunto yo.
No sé lo que haría.
Para empezar, yo no habría llegado a esta situación.
Sin embargo, haría lo que fuera necesario...
para terminar pronto.
¿Pronto? No basta con eso.
Tiene que ser ahora.
Estamos comprometidos y lo sabes, he firmado el contrato.
Hay una cláusula que los autoriza a anularlo si continúan los disturbios.
No pueden esperar.
Creo que acabará arreglándose.
Eso dijiste la última vez.
¿Qué determinación tomamos?
Tú no quieres despedirle.
Él no se disculpa, los otros no quieren ceder.
Es un callejón sin salida.
Pero no vamos a perder un negocio como éste por un solo hombre.
Sería una estupidez.
Cuál es su opinión.
¿De qué?
Un paso atrás, por favor.
Usted fue uno de los hombres que condenaron a Curtis.
Más o menos.
¿Está orgulloso de la evidente solidaridad entre los obreros de la fábrica...
o se siente avergonzado de lo que algunas personas consideran un acto de crueldad?
Será mejor que se lo pregunte a otro. Yo no sé nada.
Los tres trabajan aquí, ¿verdad?
No, somos los propietarios.
¿Qué esperan conseguir con ese castigo?
¿O acaso es por placer?
Creo que se lo merece.
¿Usted opina lo mismo?
Desde luego.
Creo que se lo ha buscado.
Tengo entendido que ésta fue una huelga no oficial...
así que Curtis actuó dentro de sus derechos...
negándose a participar. - No estoy de acuerdo.
¿No hay diferencia para usted entre huelgas oficiales y no oficiales?
No.
¿Siempre se unen?
Si, cuando nos lo piden. - ¿Cuando se lo pide quién?
Pues... los otros.
¿Qué otros?
¿Habría ido a la huelga si él se lo pide?
Yo no se lo pido.
Sin embargo asistió al mitin en el que se acordó castigar a Curtis.
- Si, estuve. - Y votó.
Si, levante la mano.
¿Sabía bien lo que significaba para Curtis levantar la mano?
¿Vota siempre aun sin saber por qué vota?
¿Si él no lo sabe, lo sabe usted?
¿Qué le hace votar a favor o en contra?
Depende de lo que se ventile.
Para averiguar las decisiones que ha tomado la dirección de la fábrica...
dirigimos nuestras cámaras...
hacia el director gerente de la compañía Martin Dale.
Escucha esto.
¡Maldito cacharro!
Un arma rastrera e indigna...
ha sido utilizada en esta pequeña ciudad industrial.
el arma del silencio.
Melsan está hoy confusa y preocupada.
Los habitantes tienen los nervios a flor de piel.
Durante la últimas semanas...
han conocido la violencia.
Tal vez piensen ustedes como yo.
Que está a punto de estallar otra tormenta...
sin que nadie llegue a comprender...
el por qué de esta amenaza.
En centro de todo ello es Tom Curtis.
El hombre contra el que se ha empleado esa arma miserable...
el hombre que ha sido condenado al silencio.
Hay 2 maneras de ver a Curtis:
como un obstinado, egoísta...
y loco que ha abandonado a sus compañeros...
y merece el castigo que le han impuesto...
o como un valiente...
un hombre honrado y reflexivo que esta atormentado por los camaradas...
con quienes convive.
A la mayoría no les importa nada de lo que ocurre.
Pero siguen como corderos a unos dirigentes llenos de rencor...
y de maldad.
Quienquiera que sea el culpable, flota en el ambiente una sensación de amenaza.
Desde Melsan, la ciudad del "amargo silencio", cumplida la misión informativa...
nos trasladamos de nuevo a nuestros estudios. Buenas tardes.
¿Qué ibas a decir?
Iba a leerte esto.
Para usted habrá siempre un empleo en nuestra fábrica de Brisbane.
- ¿Dónde? - Brisbane, Australia.
Se llama Fraser, tiene una fábrica allí.
Estoy seguro de que usted y su familia podrían rehacer su vida aquí.
Todos los que luchan por su libertad personal han estado cerca de mi corazón.
- Bonita cana. - Si te interesa vivir en Australia...
Es un ofrecimiento muy amable.
No puedo creer que nos escriba tanta gente.
Hay muchos que me paran en la calle.
¿Te acuerdas del señor Bud, el de los comestibles?
- Me dio una lata de zumo de limón para los niños y no me la cobró.
Se habrá equivocado.
No, me lo dijo bien claro.
Por esto no voy a pensar que todos están a nuestro favor.
¿Qué quieren de mí?
¿Qué quieren que haga?
¿Qué pretenden de mí?
Supongo que quieren que te rindas.
¿Y tú, que quieres tú?
¿Quieres que rompa con todo y volvamos a empezar?
Yo no se...
De verdad que no.
Sólo quiero lo que tú quieras, Tom.
Toma, nena, cógela.
- ¿Dónde está Brian? - ¿Qué?
- ¿Por qué no viene contigo? - No sé.
- ¿Quién da esos portazos? - Vamos, deprisa.
- Lo siento, señora Jackson, fue el viento. - Si, el viento.
Te he dicho muchas veces que no des portazos.
- ¿Dónde está Brian? - No sé, mamá.
¿No estaba esperándote? Kathy, escúchame bien.
¿No estaba Brian esperándote a la puerta?
No.
- ¿Lo esperaste tú? - Si, pero no vino.
Kathy, atiende.
- ¿No se te ocurrió preguntar a los otros chicos si lo habían visto?
Tú sabes que tenéis que esperaros el uno al otro siempre.
Yo lo estuve esperando, pero no vino a buscarme.
Está bien, merienda.
A ver si lo encuentro. Vuelvo enseguida.
Puedes tomar bizcochos pero sólo un pastel.
El otro es para él.
Ahora vuelvo, hija.
¡Brian!
¿Qué es lo que te han hecho?
¿Cómo está?
He tenido que acostarlo en nuestra cama, por la niña.
Me costó mucho trabajo quitárselo.
Pero se lo quite casi todo con el líquido de limpiar metal.
¡Qué horror! Parecía un pez.
¿Dijo quién se lo hizo?
Unos chicos mayores que él, de la clase superior.
He traído que traerlo en brazos.
No has debido hacerlo.
¿Adónde vas?
Quiero verlo.
- No, por favor. - ¿Cómo que no? Tengo que verlo.
Brian...
Déjale dormir.
Brian, soy papá.
No duermes, ¿verdad?
¿Por qué no me contestas?
Porque eres un puerco esquirol.
¡Callad!
¡Callad he dicho!
No me importa que ninguno de vosotros me hable.
Yo tampoco os quiero hablar.
Os pido que dejéis en paz a mi familia.
Quiero que os apartéis de ellos.
No te preocupes, necio.
No me importa vuestro silencio, desgraciados, no tenéis nada que decir.
No sois nada.
No toquéis a ninguno de los míos.
Os arrepentiríais.
¿No vais al baile el viernes por la noche?
Señor Curtis.
Señor Curtis, ¿qué le pasa?
- ¿Se encuentra mal? - Gracias.
- Parecía un poco... - Estoy bien.
¡Joe!
¿Qué ha ocurrido?
¿Dónde?
- ¿Qué le ha ocurrido a Tom Curtis? - Nada que te importe.
- Sí que me importa. - Te digo que no.
Te he hecho una pregunta. ¿Qué ha pasado ahí ahora mismo?
Estoy cansado de que todo el mundo me culpe.
Lo que le haya ocurrido se lo ha buscado él.
Todo el mundo me mira como si yo fuera el responsable.
Yo no tengo nada que ver con lo que le pasa.
Yo sólo me ocupo de lo mío, ¿porqué no hacéis lo mismo?
Tú no tendrías opinión propia aunque te fuera en ello la vida.
Te trae sin cuidado.
No sé porque me preocupo de ti.
Eres más despreciable que los otros.
No tienes hombría para defender una opinión.
Basta con ser un hombre.
¿Puedo hablan?
¿Qué tal las cosas? ¿Instrucciones para mí?
Ah, ya.
Le he pedido que me llamara porque hoy ha ocurrido algo extraño.
No, se refiere a Curtis.
He pensado que si consideran el momento oportuno...
el ambiente está bien preparado.
Utilizando a Curtis para ir de nuevo a la huelga...
haría fracasar el nuevo contrato.
Siete fábricas y todas dependen de Martin Dale.
No se preocupe, ya verá.
Tom Curtis sin saberlo ha favorecido mis planes.
¡Connolly!
¡Venga un momento!
¿Qué pasa?
- ¿Qué pasa de qué? - Hablo del Departamento de Producción.
El turno dos reemplaza al cuatro, ¿por qué?
Porque hacen la jornada normal.
¿Desde cuándo?
Lo ha decidido el comité obrero.
No haremos más horas extra hasta que se determine el despido de Curtis.
Así que volvéis otra vez a lo mismo.
Teméis que Curtis pueda ganar a final.
No, eso no nos preocupa, señor Davis.
¿Ah, no?
Le voy a decir una cosa para que vaya meditándola.
Cuando se empieza a despedir a la gente porque no está de acuerdo con uno...
o porque no nos gusta su raya del pelo...
cuando se establece un precedente así, pueden ocurrir muchas cosas.
A mí puede ocurrírseme que no estoy satisfecho con usted.
¿Quién sabe adónde se puede llegar?
Puede que sean muchos los despedidos.
¿Está amenazándome? - Tómelo como quiera. ¡Fuera de aquí!
Dijo que podrían ser varios los despedidos.
- ¿Qué dice? - No sé.
- Va a cerrar. - ¿Quién lo ha dicho?
Ya lo has oído, Davis se lo dijo a Connolly.
Esto es intimidarlo.
¿Sí? ¿Qué pasa?
Van a dar un escarmiento.
Despidiendo, eso dicen.
No he oído nada de eso. ¿Despedir?
Eso se rumorea.
Quiero hablar con el secretario del sindicato.
¿Quién está?
¿Tiene alguna autoridad? No quiero hablar con el botones.
Ya te dije que ocurriría esto.
Dijiste que se solucionaría solo y no hay manera de solucionado.
Debimos despedir a Curtis el mismo día que dejaron de hablarle.
Es cuestión de opinión.
Diga.
- Claro que es urgente. - Temo que se están amotinando.
Si, al habla.
¿Quién es? ¿Thompson?
Lamento hacerle salir de la reunión, pero aquí se ha amotinado la gente...
y es necesario un representante del sindicato.
¿Qué vas a hacer entonces?
No lo sé.
Esta tarde he rezado por nosotros.
No he ido a casa de tu madre, he ido a misa.
Pensé que tal vez nos ayudaría.
Me da igual si tenemos que irnos.
A Australia o a donde sea.
Alguien me ha dicho que Australia está muy bien.
La gente es simpática y hace calor.
Como en casa.
También podríamos volver a casa.
Si, es verdad.
- Esto no es un hogar para ti. - No quería decir eso.
Lo sé.
Lo he complicado todo, ¿verdad?
Ni siquiera sé por qué.
Tengo que tomar una decisión.
Tengo que hacerlo, si no...
Ni sé cómo me metí en esto.
Te metiste porque pensabas que lo tenías que hacer.
Sí.
Espero que esa sea la razón porque si no, lo mismo da que nos vayamos.
Si la gente no puede cambiar, si te quitan hasta eso...
Nada tiene sentido. No tiene sentido tener hijos...
ni nada. Todo da igual.
Lo gracioso es que entiendo a las dos partes.
Ellos también creen que hacen lo que deben.
¿No te parece divertido?
No.
No es divertido.
¡Tom, espera!
No, Tom.
No vayas.
¡Abran paso!
Señor Curtis, ¿por qué continúa sin unirse a los huelguistas?
Nadie me ha dicho que hay huelga.
¿Puedo hablar contigo un momento?
- Acerca una silla. - Es muy importante.
No te irás, ¿eh?
Es de Tom Curtis, lo han herido.
- ¿Cómo herido? - No lo sé.
Estaba trabajando y llamó la Policía.
Han dicho que fue un accidente. Querían saber su dirección.
- ¿Dónde está? - Creo que en el hospital.
Vamos.
Hola, Anna.
Hola, Joe.
Me he enterado de lo de Tom...
Me lo ha dicho Pat, una chica con la que he salido alguna vez.
Tú no la conoces.
¿Y tú cómo estás?
Ya ves.
He tenido que dejar a los niños con la señora Jackson.
Puedo pedirle a Pat que vaya a acompañarles un rato.
¿Qué tal está.
No saben nada todavía.
Nunca dicen mucho.
Hasta cuando no es nada, acostumbran...
a guardárselo para ellos, supongo que...
formula del reglamento o algo así.
¿De verdad estás bien?
¿Saben lo que ha pasado?
Creen que le atropelló un coche.
Parece que tendrán que operar.
No te preocupes...
¡Qué tontería! Claro que te preocupa, pero quiero decir...
Hoy día consiguen cosas fenomenales.
Con el viejo Tom no se acaba fácilmente.
Voy a hablar con Pat.
Vuelvo enseguida.
Me quedare contigo, si tú quieres.
Gracias, Joe. Quiero que te quedes.
Perdonen.
¿Señora Curtis?
La enfermera desea hablar con usted.
- ¿Cómo está mi marido? - Ya ha vuelto en sí, la enfermera le dirá.
Anny...
te acompaño.
Vete a hablar con Pat.
No se preocupe, señor.
Perdone, ha visto a un herido llamado Curtis, doctor. Fue atropellado.
Le vi cuando ingresó.
¿Está muy grave?
- ¿Es el conductor? - No, amigo suyo.
Hay malas noticias.
Temo que perderá un ojo.
Vamos Pierce.
- ¿Nos tomamos una taza? - ¡Qué nochecita!
¿Qué traes?
Otro suicidio. No sabe ni utilizar una pistola.
Vino preguntando por su compañero herido.
El del atropello que trajiste.
Sin testigos, claro.
Siempre pasa lo mismo.
Estaba consciente cuando ingresó.
Pero no pudo decir nada a la Policía.
Sólo hablaba de Doris.
¿Quién es, su mujer?
- ¡Doris! - Si, eso decía.
Doris no es su mujer.
Su mujer se llama Anna.
Pues a ella, desde luego, no la nombró.
Enfermera.
¿Es usted, enfermera?
Sí, soy yo, señor Curtis.
¿Quiere hacerme un favor?
No le digan nada a mi esposa.
No debe sabana.
Ahora no debe sufrir.
Está esperando un hijo.
¡Hermanos, por favor!
Os pido que escuchéis a Sic Thompson, presidente.
¡Cállense los de atrás!
¡Silencio, por favor!
Presidente del comité de negociaciones del sindicato.
Hermanos...
he venido especialmente para deciros...
que volváis al trabajo sin demora.
¡Fuera!
Estoy seguro...
de que hemos encontrado una fórmula aceptable en las negociaciones.
- ¿Aceptable para quién? - ¿Has visto a Eddie Barret?
Esta mañana no.
Volved al trabajo en vuestro propio interés.
¡Doris, ven aquí! Quiero hablar contigo.
- ¿De qué? - De Tom Curtis.
No le hagas caso.
No fui yo. No hice nada.
Sólo mirar. Fue Eddie.
No te muevas de ahí si quieres seguir viviendo.
Quiero arreglarte las cuentas antes de que te coja la Policía.
¿Qué broma es ésta?
Tú pegaste a Curtis anoche, ¿no?
Tú estás loco.
Si me tocas te la clavo.
¿Es lo que hiciste con Curtis?
No sé nada de Tom Curtis.
¡No te acerques a mí!
¡Te repito que no te acerques!
¿Qué es lo que hiciste con Tom Curtis?
La total resolución de estos problemas...
se llevará a cabo, sólo con bases oficiales.
Por esa razón he venido...
Todos estáis empeñados en un trabajo... - ¿Que me dice de los despidos?
Os aseguro que nadie ha sido despedido.
Enseñadme alguno que haya sido despedido.
¿Por quién nos toma?
- La dirección me ha asegurado... - ¡Váyase!
que no ha despedido a nadie. - ¡Que se calle!
Se han cometido errores por ambos lados.
No sé, señor, pero creo que será mejor que lo deje.
¿Cree que ha habido interferencias extrañas en esta huelga?
Sin duda alguna.
¿Puedo nombrarlo?
¡Disuelvan los grupos!
Si, puede nombrarme.
¿Qué sabías tú de la huelga? Pelmazo.
¿Ve por qué clase de gente estoy luchando?
¡Hermanos!
En todo momento...
habéis demostrado...
que estamos unidos.
Perdone, por favor.
¿Puedo hablar con usted?
- ¿Cómo se llama? - Joe Wallace.
¿Trabajan los dos en Martin Dale?
- Si, así es. - ¿Qué le ha ocurrido?
Anoche pegó a un hombre.
- ¿A quién? - A Tom Curtis.
¡El hombre al que condenaron al silencio!
- y nuestra respuesta es... - ¡Cuidado, por favor!
Que no queremos máquinas, que nos esclavizan.
Déjeme el micrófono.
- Nadie quiere escucharme. - Será mejor que lo hagan y usted también.
Ahora silencio, por favor.
¡Silencio!
Aquí hay alguien que todos conocen.
¿Quieren callar y escuchar?
No me harán caso, dígaselo usted.
Un cuento más.
Tengo noticias de Tom Curtis.
Tengo noticias de Tom Curtis y vais a oídas.
Anoche tuvo un accidente.
Eso es lo que algunos quisieran que creamos.
Pero yo sé que es mentira.
He estado en el hospital.
Él está yaciendo en el hospital, y ha perdido un ojo.
Y puedo decirles cómo lo perdió.
Alguien lo pateó en la cara.
Fue así como lo perdió.
Así que, lo que sea que pensemos que él no hizo, ya lo ha pagado.
Y si ha pagado, es porque nosotros permitimos que sucediera.
Nosotros sólo... miramos y nos reímos.
Y yo hice lo mismo que todos ustedes.
Todo lo que sé...
es que me siento como si hubiera hecho algo sucio.
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