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No lo sé. Tal vez me estoy salteando un paso, o algo de eso.
Vamos, ese tipo te te agarró desprevenido.
No. Lo vi venir.
Es sólo que no pude salir del medio a tiempo.
Tal vez estabas preocupado por ese árbol de dos metros.
Parecía más de dos metros y medio.
Es lo que digo. No es tan trágico que te golpeen por sorpresa.
-Hace unos años no me habría pasado. -¿Quieres olvidarlo?
-Te estás volviendo loco. -¿Cómo podría?
Esta mañana me encontré una cana.
-¡Aléjense de mí! ¡Aléjense de mí! -¡Eres muy bonita!
-¡Aléjense de mí! -¿Qué tienes para nosotros?
-¿Qué te parece un beso? -¡Déjenme!
-¡Yo primero! -¡Sí, un beso!
-¡Déjenme! -¿Qué está pasando aquí?
-No es problema tuyo. -¿Por qué no dejamos que la dama decida?
Iba camino a Apropus cuando estos hombres me pararon.
Ah, bueno, tal vez sólo están perdidos y necesitan orientación.
Verán, si ella va por ahí, ustedes deberían irse por allá.
Tal vez no sabes contar bien. Nosotros somos seis y ustedes, dos.
Tienes razón.
Iolaus, ¿qué opinas? Seis a dos.
Bueno, en realidad no es justo.
Tal vez deberíamos dejarlos ir.
¿Que nos vayamos? ¿Es un chiste?
Pueden irse.
¿Dónde se fue?
-De nada. -Creo que la asustaste.
Gracias, Leutis.
No deberías volver a luchar tan pronto, después de lo del oso.
El oso era mas rápido de lo que pensé.
-Tus heridas necesitan tiempo para sanar. -Dudo que la multitud quiera esperar.
¿La multitud? ¿O tu orgullo?
Anda, permíteme.
¡Salve, Maxius!
¡Salve, Postera!
¡Saludos, Maxius!
-¡Por la Diosa Hera! -¡Por Hera!
Nuestra gratitud para Hera, por nuestra prosperidad continua...
...en los negocios y el comercio.
-¡Sí! -¡Por Hera!
-¡Por Hera! -¡Sí!
-¿Y hoy quiénes son los oponentes, Maxius? -El valiente Gladius peleará contra un león.
Un león muy hambriento traído directamente de África.
Y estoy ofreciendo tres a uno.
A Gladius.
-¡Apostaré cincuenta denarios! -¡Y yo cien!
-Pon la mía al león. -¡Estás loca! Gladius seguro ganará.
Tres a uno.
El orgullo puede ser mortal, Gladius.
Voy a estar bien.
¡Gladius, Gladius!
Por tres a uno, apostaré al león.
-¿Sobre Gladius? ¿El mejor de los nuestros? -Presiento que se está agotando.
¿Ah, sí, Postera? Yo presiento que te estás hartando de él.
Tuvo suerte de sobrevivir al oso la semana pasada.
Bueno, salga como salga...
...igual será un buen espectáculo.
Hola, Maxius.
Esta es la historia de un tiempo remoto.
Un tiempo de mito y leyenda...
...cuando los dioses antiguos eran mezquinos y crueles...
...y azotaban a la humanidad con sufrimiento.
Sólo un hombre se atrevió a desafiar su poder.
Hércules poseía una fuerza que el mundo jamás había visto.
Una fuerza superada sólo por el poder de su corazón.
Viajó por la Tierra luchando contra los esbirros de su perversa madrastra...
...Hera, la reina todopoderosa de los dioses.
Pero allí donde había maldad...
...allí donde los inocentes sufrían...
...estaría Hércules.
¿Y ahora qué?
Esa mujer atrae problemas, como los perros a las pulgas. Vamos.
Iolaus.
Sí, sí.
Hola, de nuevo.
-Lo siento, no debí irme sin agradecer. -Pues quizá por eso se te salió la rueda.
No le prestes atención.
Él te va a arreglar la rueda.
Pero no tiene que hacerlo.
No, no, no. Insistimos.
-Gracias. -Discúlpame.
Este no es lugar para una mujer sola.
-Deberías tener un escolta. -Mi esposo está en prisión.
No es un criminal.
Es un esclavo.
-Espera. ¿En Apropus hay esclavitud? -Bueno, oficialmente no.
Pero Menas Maxius es el hombre más rico de la zona, y hace lo que quiere.
Prometió dejar libre a mi esposo. Pero no lo hizo.
Ahora, a mí me desterró.
-¿Por qué quieres volver? -Mi esposo nunca ha visto a su hijo.
A nadie debe negársele eso.
Iremos contigo.
-Un minuto. Hércules, ¿no íbamos--? -¿Eres Hércules?
Me has ayudado dos veces aquí, y ni siquiera te pregunté tu nombre.
No hace falta que te disculpes. Digo, tú estás preocupada por tu esposo.
Eres muy parecido a él.
Fuerte como un buey, risueño...
...y apuesto como un dios.
Gracias.
¿Qué?
¿Te duele?
Sólo cuando respiro.
Ah, tienes suerte. Las heridas no son profundas.
Deberías ver al león. Fue una buena muerte.
Rápida y limpia.
Si fue tan rápido...
...¿por qué tienes las marcas de sus garras en tu hombro?
Por lo menos no torturé a la bestia, ni la hice sufrir.
A ti solo te importan las muertes rápidas y limpias, Gladius.
-La multitud sólo quiere sangre. -Bueno, la consiguieron. ¡La mía!
No deberías haber salido.
Una cosa es engañar a la multitud, pero no deberías engañarte a ti mismo.
¿Qué dices?
-¿Que ya no soy bueno? -Sólo digo que deberías parar un poco.
Si piensas que ya no soy bueno, podemos arreglarlo ya mismo cara a cara.
Gladius, no quiero luchar contigo.
-Soy tu amigo. Estoy preocupado por ti. -¡Estoy bien!
¡Preocúpate por ti mismo! O por el joven Turkos, que casi no tiene cerebro.
¡Cuidado con lo que dices, viejo!
¡Tú, ten cuidado!
No sé para qué hacemos esto.
-¿Cómo sabes que vas a entrar a verlo? -Estoy trabajando en eso.
Bueno, y aunque entres, ¿qué vas a hacer?
Hércules, no podemos ir por ahí...
-...sacando gente de la cárcel. -Estoy trabajando en eso.
¿Qué pasa, Felicita?
Esos son los cobradores de peaje de Maxius. Puede que me reconozcan.
Está bien.
¿Viste esa posada que pasamos hace poco? Quédate ahí hasta que te busquemos.
-Pero-- -No, no. Todo saldrá bien.
Encontraremos a tu esposo.
Vamos, Iolaus. Tenemos trabajo que hacer.
Por la gloria de Hera, y de los cofres de Menas Maxius.
-Son veinte denarios de peaje. -¿Veinte denarios?
¿Y si nos negamos?
Primero, tendremos el placer de partirles el cráneo.
Luego, irán a visitar los interiores de la prisión de Menas Maxius.
-No. -Eso fue lo que pensé.
Genial. Aquí vamos de nuevo.
No puedo creerlo.
-Nos vas a meter en prisión. -Ajá.
¡Quietos ahí! ¡No se muevan!
Ah, tranquilos. Iremos sin chistar.
¡Vamos!
Puedes escoger. Sopa de venado o guiso de jabalí.
-Bueno, ¿qué tal los dos? -¿Tienes cera en los oídos?
Dije que puedes escoger.
De acuerdo, mira, elijo el guiso.
-¿Qué tal una porción doble? -¿Qué tal si te parto la cabeza?
Tengo veinte bocas más para alimentar, y llega un grupo nuevo.
Ay, vamos, Spagos.
Voy a pelear contra un oso esta semana. Sólo un poquito más.
Pelearás contra un jabalí, y ya conoces las reglas.
Cuanto mejor es el luchador, mejor es la comida.
¿Tienes algún problema con eso? Podemos hablar con Bélicus.
Ah, mejor no.
No creo que nuestro carcelero sea capaz de tener un debate amistoso.
Sí, bueno, ¿por qué no se lo dices a él? Aquí viene con la carne fresca.
¿Seguro que esta es la mejor manera de encontrarlo?
-¿Tenías una idea mejor? -¡Sigue caminando!
Si me empujas con algo una vez más, te lo llevarás puesto.
-¿Dijiste algo? -Sí. Yo--
Si estás pensando en ayudar, adelante. Dale una excusa a Rankus.
-Discutiremos esto más tarde. -Ah, claro que sí.
Estarán con nosotros un buen rato.
¿Estás seguro de que no hay una forma más fácil de encontrar a este tipo?
Lo siento, Iolaus.
Te prometo que no nos quedaremos más tiempo del que sea necesario.
Estoy tratando de ubicar a un hombre llamado Gladius.
Tal vez no quiere que lo encuentres.
¿Por qué lo estás buscando?
-Es asunto mío. -¿Y qué hicieron para terminar aquí?
Nos negamos a pagar el peaje.
-¿Eso es todo? -Nos negamos con prejuicios extremos.
Y por esa transgresión tan grave, déjenme adivinar...
...¿dos años de trabajos forzados?
Treinta días.
¿Oíste eso, Turkos? Treinta días, nada más.
Maxius se está poniendo más indulgente con sus sentencias.
Para él, sólo es un número. Treinta días, treinta años. ¿Cuál es la diferencia?
¿A qué te refieres con cuál es la diferencia?
Me condenaron a dos años. Ya estuve aquí tres.
Igual que yo. Me dieron dos. Y hasta ahora estuve cinco.
A él le dijeron tres, y ha estado aquí quince años.
¿Quince?
Si yo fuera ustedes, muchachos, no haría más planes a largo plazo.
La única manera de salir de aquí, es en un cajón.
Genial.
-Cuidado. -¡Trabajen más rápido!
¡Muévanse! ¡Rápido! ¡Rápido!
¡Llévenlo para allá!
¡Trabajen con ganas!
¡Muévete, esclavo!
¿No podrías hacerlas más pequeñas?
No le hagan caso a Turkos. Se ríe de las desgracias de los demás.
¿Sí? Qué sentido del humor enfermo. Eso de que estaremos aquí por siempre.
-Turkos no tiene sentido del humor. -¿Sí?
-Bueno, sólo estaremos treinta días. -Eso está sujeto a discusión.
Tendría más sentido que se consideraran esclavos y no prisioneros.
Hace muchos años luché para erradicar la esclavitud en esta provincia.
Entonces considérense prisioneros. Para Menas Maxius es lo mismo.
Parece que no todos los esclavos son creados iguales.
-¿Qué se hace para tener ese trabajo? -Ganárselo.
Si no quieres trabajar en la cantera, lucha con animales.
Cuanto mejor luchas, más comes.
Y si eres realmente bueno, como Gladius...
...bueno, hasta puede que te manden una chica o dos.
-¿Él es Gladius? -Sí, él es el mejor.
-Y se ganó cada cicatriz que tiene. -¿Y qué lo hace tan bueno?
¡Trabajen! ¡No hablen!
Van dos.
-Los juegos ya empiezan a aburrirme. -¿Ah, sí?
¿Qué juegos, mi amor?
Todos.
Bueno, tendremos que arreglar eso, ¿no?
Haz...
...algo distinto.
Algo...
...excitante.
Oye.
Se me ocurrió algo que te va a encantar. Te lo prometo.
Tengo noticias de tu esposa.
¿No me oíste? Tengo noticias de Felicita.
-¡Tranquilos! -No tengo esposa.
Y si vuelves a pronunciar su nombre, te mato.
Veo que vas a dar muchos problemas.
-Gladius, continúa. -¡Vamos!
¡Tú también!
¿Qué fue todo eso?
Quisiera saber.
¿Planeas escaparte?
Sólo estoy estirando los músculos.
Conserva tu fuerza. Más de uno lo intentó.
Demasiado esfuerzo, y por lo general terminan azotados o muertos.
-Igual parece mejor que envejecer aquí. -Mira, nadie tendría que vivir así.
Pero uno elige sus batallas. Y la hora y el lugar.
-Como tu amigo, Gladius. -Gladius es valiente.
Ya estuvo aquí quince años.
Y su espíritu se ha quebrado y curado más veces de las que tú podrías contar.
Pero nunca he conocido a alguien más honorable y valiente.
-¿Y por qué niega la existencia de su mujer? -Porque no tiene.
Murió al dar a luz.
-No, si se llama Felicita. -¿Cómo sabes eso?
Porque la conocí. Está tan viva como tú y yo.
-¿Está viva? -Está viva.
-Por los dioses. -Ellos mintieron.
-La pregunta es por qué. -Para diversión de los terratenientes.
Gladius es el mejor luchador que hay en el campo.
Maxius gana dinero con él.
Con las apuestas.
Una vez luchó contra un búfalo marino africano con un puñal.
Así conoció a Felicita.
Era esclava de la esposa de Maxius, y se la ofrecieron a Gladius.
Ninguno pensó que se enamorarían.
-Ella dijo que le ofrecieron la libertad. -Así fue.
Gladius aceptó cualquier reto si Maxius lo dejaba casarse con la chica y ser libres.
-¿Y qué paso? -Luchó contra dos pumas a la vez.
Y los mató a ambos.
Pero luego Maxius no cumplió su promesa. Le dijo que ella había muerto.
Está viva.
Lo está esperando en las afueras de la ciudad, con el hijo de Gladius.
Ah, bueno.
Si no es la desterrada esposa de Gladius.
Creo que prefieres la muerte al exilio.
-¿Qué esta haciendo? -Skoros va a luchar hoy en el foso.
Cree que si echa suficiente sal y pimienta por encima de su hombro...
...le dará buena suerte.
Quizás el cocinero debería intentar eso.
Tú. Afuera.
¡Escuchen!
Hoy comienza una nueva regla.
De ahora en más, dos hombres lucharán en el pozo.
Comenzando con Skoros...
...y tú.
-No lucharé. -No es decisión tuya.
Ya decidí.
¿Hombres luchando contra animales para divertimento de otros?
No creo en eso. Y no seré participante dispuesto.
Como tú quieras.
Serás participante forzado.
¡Arrástrenlo!
-¡Por la gran Hera! -¡Por Hera!
Hoy, para honrar a nuestra gran diosa, inventé una prueba nueva.
Algo aun más emocionante que todo lo que hemos visto en el pasado.
La multitud se está sentando. Skoros ya está afuera.
Está armado con una espada.
Han sacado al nuevo. Todavía está inconsciente.
Ahora se está moviendo.
Hoy, tenemos dos hombres en el foso.
Pero no lucharán contra animales. Lucharán entre ellos... ¡a muerte!
¡Sí! ¡Sí!
Empiecen.
-No tenemos que hacer esto. -Mátalo o muere.
No voy a matarte.
Podemos bajar nuestras armas y ponernos del mismo lado.
¡No quiero lastimarte!
¡Skoros lo ataca! ¡Un golpe de revés!
¡El nuevo lo bloquea! ¡Ahora da vuelta!
¡Mátalo!
¡Mátalo!
¡Mátalo!
¡Yo no mato por placer!
¡Ni mato por deporte!
Y me quemaré en el Hades antes de matar para divertirlos a ustedes.
Has violado las reglas, esclavo.
-Esta pelea era a muerte. -¿Y quién eres tú para ordenar tal cosa?
Soy un hombre generoso. Te daré otra oportunidad.
-Mátalo o tú morirás. -No voy a matar a un inocente.
Ni para tu diversión, ni para la de nadie.
Muy bien, entonces.
Guardias.
Mátenlo.
Ustedes dos, desháganse de él.
¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Mátenlo!
¡Avancen! ¿Qué esperan?
¡Alto!
Lleven al esclavo a mis aposentos.
¡Vamos, esclavo!
¡Muévete!
Has dejado una buena impresión en corto tiempo.
Quítenle la ropa.
Eres grande.
Linda tonicidad muscular.
-Te tengo una propuesta. -Déjame adivinar.
-Quieres un esclavo personal. -Ay, no lo hagas sonar tan mal.
-Tú vida sería mucho más fácil que ahora. -Aun así, no sería mucha vida.
Hablas como Gladius.
Ah, ¿él también te rechazó?
Pagó por su falta de respeto.
Su esposa también.
Debes estar muy orgullosa.
Estás empezando a desgastar la bienvenida que te doy.
¿Cuál es tu respuesta?
Prefiero dormir en un calabozo con ratas a compartir sábanas de seda con una víbora.
-Tienes un raro sentido del humor. -¿Me estoy riendo?
¡Cerdo insolente!
Tu deseo se hará realidad. Dormirás en un calabozo.
Pero antes, tal vez cuarenta latigazos te saquen esa insolencia de la sangre.
¡Llévenlo con Bélicus!
¿Qué pasó?
Estoy bien, Iolaus.
Sabes que podemos escapar como si nada.
-Vamos. -Todavía no.
¡Muévete!
Oye, ¿dónde lo llevan?
A las tumbas.
Postera cree que debe experimentar lo que es dormir con víboras de verdad.
Ah, y ya eligió a los próximos contrincantes.
Turkos y Gladius.
Y si no dan un mejor espectáculo que el de los últimos dos, ambos mueren.
El esclavo nuevo tiene razón. Esto está mal.
Me estoy poniendo demasiado viejo para luchar.
-¿Puedes matar a Turkos? -Haré lo que sea necesario.
-¿Te has vuelto loco? -Esto no te concierne.
¿Qué es esto?
Gladius está enfermo. Seguramente le cayó mal el guiso de Spagos.
Dile a Maxius y Postera que yo lucharé en su lugar.
Es una locura.
No tenemos muchas opciones. Vamos.
Leutis.
Vuelve entero.
Gladius no puede luchar. Leutis peleará en su lugar.
¡Recuerden! ¡Sólo uno saldrá vivo de aquí!
-¡Por honor y gloria de Hera! -¡Por Hera!
¡Por Hera! ¡Por Hera!
Y por vuestro placer.
No olvides mi placer, Maxius.
¡Empiecen!
-Preferirás haber dejado luchar a tu amigo. -Ya veremos. Quizá tú quieras eso.
¿Qué?
-¿Qué pasa? -Leutis está luchando en tu lugar.
-Spagos. ¿Qué está pasando? -Turkos arremete.
¡Leutis lo esquiva! ¡Golpe de escudo!
¡Leutis tambalea!
¡Ahora contraataca! ¡Turkos se repliega!
¡Mátalo! ¡Mátalo!
Me niego. El esclavo nuevo tiene razón.
No somos animales para usar como deporte.
-Somos seres humanos. -¡Estás colmando mi paciencia, esclavo!
-Por última vez. -¡No!
¡No habrá mas opciones!
¡Maten a los dos!
¡Spagos!
-¿Qué pasa? -Los mataron a los dos.
No.
¡No!
¡Bastardos de sangre fría!
¡Cerdos!
Cuando Maxius dice pelear a muerte, lo dice en serio.
¡Y esto servirá para que lo recuerden!
¡Cuélguenlos!
Pagarás por esto, Bélicus. ¡Lo juro por los dioses!
Esto es lo que consiguen si se niegan a pelear.
Entiérrenlos como corresponde.
O te juro que yo te enterraré a ti.
No tenemos que soportar esto.
-¿Por qué no nos escapamos de aquí? -No hemos logrado nada.
-Gladius, esos hombres-- -Esos hombres...
...ya no tienen importancia. Renunciaron hasta a pensar en ser libres.
O en cómo es la vida afuera.
Entonces tenemos que recordárselos.
Tú.
Vienes con nosotros.
-¿Para qué? -Te enterarás pronto.
Sacaron a Leutis...
...y lo pasearon ante nosotros, como los animales que yo solía matar.
Lo lamento.
Él peleó en mi lugar.
La última persona viva que he querido.
Era valiente.
Por doce años fui como estos barrotes.
Fuerte, duro. Nada podía calar hondo en mí.
Y llegó Leutis. Era como el hermano que nunca tuve.
Me dio esperanzas para llegar hasta Felicita.
Y conocerla fue como la noche atravesada de repente por el sol.
Ella está viva, Gladius.
-Te está esperando con tu hijo. -No.
-Te lo advertí. No-- -Yo la vi.
No me mientas.
Te lo juro. Está a salvo, fuera de la ciudad.
-Quiero verla. -La verás.
Pero primero tenemos que buscar la forma de salir de aquí.
Parece que vas a necesitar tu armadura, Gladius.
Tus armas te serán entregadas en la arena.
Ustedes dos son los siguientes.
Podemos poner fin a esto, Gladius.
-Si luchamos, esto seguirá por siempre. -Si nos negamos...
-...moriremos como Leutis y Turkos. -Entonces luchemos contra Maxius...
...sus guardias, la gente que ve estos espectáculos. Ellos son el enemigo.
¿No ves por qué nos enfrentan uno al otro? Porque nos tienen miedo.
Juntos podemos hacer la diferencia.
Espero que hoy tengamos un buen espectáculo.
Últimamente, nuestros invitados no han sido complacidos.
-Y eso ha afectado las apuestas. -Les gustará esto.
Espera a que nuestros guerreros vean la sorpresita que les tengo.
¡Quítenme las manos de encima!
¡Felicita!
-¡Me dijiste que estaba a salvo! -Se suponía que nos esperara.
Encontrarán una salida.
Eso creo.
¡Silencio!
Las reglas son las mismas. Pelearán a muerte.
Hoy, sin embargo, hay una leve modificación.
La cual explicará mi esposa.
Para el esclavo nuevo es simple.
Si te niegas a pelear, tu amigo muere.
Pero para ti, Gladius, es más interesante.
Si te opones, tu esposa...
...volverá a su antigua vida.
Servirá a todos los prisioneros, y a los guardias, y...
...a cualquiera que yo elija.
Ah, y tu hijo será mi esclavo personal.
Gladius.
Gladius, recuerda lo que hablamos.
¡Escúchame! Fingiremos luchar hasta que bajen la guardia.
-No puedo correr ese riesgo. -¡Tienes que hacerlo!
¡No puedes permitir que Leutis haya muerto en vano!
¡Mátalo, Gladius!
¡Cuidado abajo! ¡Los pies!
¡Buen trabajo de pies!
Si me matas, ¿realmente crees que te dejarán libre? ¿O a tu hijo?
Cállate.
Ya te mintieron antes. ¿Qué diferencia hay ahora?
¡Cállate!
Únete a mí, Gladius.
Ayúdame a pelear contra ellos.
Por Leutis, por Felicita, por tu hijo.
Ya dejé de pelear y de hablar.
Tú tendrás que decidir quién controla tu vida.
Tú...
...o Maxius y Postera.
¡Mátalo!
¡Mátalo, mátalo!
Las llaves. ¡Las llaves!
¡Las llaves, las llaves!
¡Sácanos, Spagos!
¡Déjanos salir!
-¡Somos libres! -¡No más cadenas!
Hércules.
Estaba esperando esto, esclavo.
Yo también.
Ríndete.
¡Maxius, salgamos de aquí!
¡Vuelve aquí!
Retira a tus hombres.
¡Retira a tus hombres!
¡O morirán los dos!
¡Alto! ¡Alto!
¡Bajen las armas!
-¡Ahora es nuestro turno! -¡Veremos quién muere ahora!
¡No! ¡No derramaremos más sangre!
La libertad vale más que la venganza.
Y los van a dejar libres, ¿no?
Claro.
Pero, ¿cómo lo haría? Digo, tendrá que haber alguna clase de decreto.
-¿Cómo lo redactaré? -Seguro que Gladius te ayudará a pensar.
Yo, Menas Maxius, decreto que a partir de ahora...
...ningún hombre será dueño de otro en Apropus ni en las provincias linderas.
Asimismo...
...nadie podrá ser encarcelado sin una causa justa.
De ahora en adelante, mi esposa y yo...
...iniciaremos un exilio voluntario.
¡Sí!
Por mi hijo.
Y una vida en libertad.
¡Y por Hércules, campeón de los hombres libres!
¿Él es Hércules?
Ah, sí.
-Te lo habría dicho yo, pero-- -Es modesto.
Hércules, pudiste haberme matado.
¿Y eso qué habría probado?
Vine a ayudar.
¿Sabes, Iolaus? No vi señales de que estuvieras decayendo.
Sí, bueno...
Estaba inspirado. Gladius, todos esos esclavos...
-Sí, peleaste bien. -Gracias, Hércules.
-Ah, ¿qué es eso? -¿Qué? ¿Sigo sangrando o--?
-Ah, no, no es nada. Sólo unas canas. -¡Oye!
Vamos, Hércules. Eso no es gracioso, ¿sabes? Soy sensible a esas cosas.
Tal vez encuentre algo para teñirlas. ¿Qué piensas?
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