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El cuerpo aún está caliente, Simón.
-¿De dónde sacó eso? -Del vivero del convento.
¡No! ¡Papá, no!
-Yo no soy tu padre. -No, eres más.
Por lo menos, Xiana es hija del amor.
-¿Lo sabías? -Por supuesto. Siempre lo supe.
Tú, tú y tu séquito, a la calle.
La única manera de despedir a Sebastián
y a su delegado es demostrando
que cometieron un delito.
-¡Mamá! -El atacante de Nuno
debe estar por aquí.
-¿Recuerdas que le pasó a Nuno? -Sí.
¡Pombo!
Usted conocía muy bien a Bustamante.
Él era su confesor.
¿Qué pasó el día que las hermanas Olivares
quedaron ciegas?
¿Ustedes saben quiénes son los padres de Nuno?
Siempre tuve
-un presentimiento. -¿De qué?
La ermita.
Allí vive el Demonio.
¡El cuerpo de Belisario! Hermana, ¡llame a la policía!
Desgraciado.
Quédense con ellas.
¡No, no! ¡Por favor, no!
¡No! ¡Gaitán!
Hestia...
No sé, Anabel. ¿Hacer que ningún barco
salga del puerto por un sueño?
Danos hoy nuestro pan de cada día
y perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal. Amén.
-Un médico, un médico. -Estarás bien.
-¡Dios mío, está muerto! -¡Tranquilos!
Rescatamos con vida a cuatro marineros.
¿Cómo que cuatro si iban nueve en el barco?
Recuperamos dos cuerpos más. Seguimos patrullando la zona.
¿Estás bien? ¿Cómo estás?
Tranquilo, te pondrás bien.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Fue un accidente en altamar?
¿Y? ¿No nos dirá nada de lo que está pasando?
No digas estupideces, Sebastián. No es momento.
¿Estupideces?
Barcos viejos y descuidados.
¿Cuándo fue la última vez que revisaron el "Hestia"?
Manda a la gente al mar
en cascarones destruidos.
Los barcos están perfectos. Fue un accidente.
Fue el castigo a un pecado.
Traes aquí a esta zorra
y a su hija nacida de la lujuria como si fueran familia.
Lávate la boca para hablar de mi familia.
-¡Son unos locos fanáticos! -Abandonaste la empresa
por vivir una vida de pecado. El que las hace las paga.
-¿Qué diablos sabrás tú? -Sí.
Es cierto, estoy equivocado.
Tú las haces y ellos las pagan.
¡No lo toques!
-¡Oigan! -¡Paren!
¡Deténganse, por favor!
¡Por favor!
¡Sebastián, para!
-¡Vamos! -¡Para, para!
-¡Ven aquí! ¡Ven aquí! -¡Quietos!
¡Quietos! ¡Vámonos!
¡Vámonos!
¿Qué hacen aquí?
¿Llegaste a decírselo a tu padre?
-¿Qué? -La visión de Corina.
¿Se lo dijiste a tu padre?
Sí, Anabel, se lo dije. Claro que sí.
No importa lo que diga la Madre Superiora.
Tienes un don, y no puedes quedarte callada.
El Espíritu Santo habla a través de ti,
y dirás lo que tengas que decir.
Anabel y yo nunca te dejaremos sola.
Nunca.
¡Gaitán!
Gaitán...
¿Lo dejará ahí para que se muera?
Que se muera o no es designio del Señor.
No blasfemes, Gaitán.
¿Y qué hará con nosotras?
Sálvate.
Puedes redimirte.
¿Matará a dos monjas?
A ver si tiene los huevos.
Vamos, hermana.
No se trata de huevos. Se trata de fe.
Y eso me sobra.
Pasaron muchos años. Estás...
Estás a tiempo.
¿Qué le pide su fe?
-¿Matar a sangre fría? -Rezo por ti, Gaitán.
Si nos matas, moriré rezando por tu alma.
Simón...
Contesta, por favor, Simón.
Carajo. No hay señal.
Manda la ubicación.
Ubicación.
¡Maldita sea!
Carajo...
¡Carajo!
Arturo, fíjate por allá.
Martínez, Flores, ustedes vayan por los laterales.
Felipe, ve por la derecha, y tú, Flores, el final.
Yo voy por el tejado. Vamos.
Estos olieron los problemas y se fueron a Lourdes
a rezarle a la Virgen para que los libre de la cárcel
porque eso necesitan, un milagro.
Por favor, alcaldesa. Dejemos a la Virgen a un lado.
No es que sea el cura más beato de la historia,
pero me tiemblan los oídos, de verdad.
Vamos, Pedro.
Atiende el teléfono, por Dios.
Sagrado Corazón de Jesús, Sagrado Corazón de Jesús.
Señor, por favor... ¡Sí!
-¡Cretinos! ¡Asesinos! -Hablemos, por favor.
Tienen a una señora mayor, por favor.
Gaitán, recapacita.
Por favor, haga tiempo.
¡No, despacio!
¡Despacio!
Simón, estamos en la iglesia abandonada,
en una cripta detrás del altar. Hay una loza.
Están los de La Hermandad y Gaitán, armados.
Despacio, que es una Sierva del Señor.
Despacio, por favor.
Señor, por favor. Señor, por favor.
¡Por favor!
Eso, eso es...
¡Carajo!
¡Carajo, carajo!
Tranquila, hermana.
¿Dónde estamos?
¿Padre?
No están.
No se llevaron nada de ropa ni efectos personales.
Faltan ellos y otros más que salieron con armas.
¿Con armas?
Ustedes vayan a casa de Roque.
Que nadie entre en la casa, ¿me oíste?
Tú, llama al comandante.
Que localicen los teléfonos de Sebastián y de Gaitán.
Pedro,
¿dónde diablos estás, por el amor de Dios?
Cuando te cuente lo que pasó, no lo podrás creer.
¿Cómo que no hay señal? ¿Por qué?
¡Porque estamos en una cripta!
¡Por eso no hay señal, estamos "encriptados!
-O sacó un servicio de mierda. -¡No saqué ningún servicio!
¿Está con el "roaming"?
¡Esa basura de 3G no sirve de nada!
Lo primero que se hace al llegar a un país
es conseguir un chip local.
-¿Usted tiene un chip local? -Es lo primero.
Sin un chip local, no anda el GPS.
¡Felicidades! Entonces la nombro
la "community manager" de la compañía.
¿Por qué entonces no usa el suyo?
Se está cargando en el auto.
Entonces no es tan buena "community manager", ¿no?
¿Tiene idea de la batería que consume el GPS?
Hermana, ¿tiene un teléfono con un chip local?
¡Válgame Dios! ¿Qué dice?
¡Carajo, carajo!
-Tranquilo... -¿Quiere que esté tranquilo?
Mire cómo terminaremos.
¿Qué hace?
¿Qué hace?
Sí.
¡Por Dios! ¿Tiene señal?
-No sé, espere. -¿Tiene señal?
¡Espere, no lo sé!
¿Tiene señal?
-¡Sí! -¿Sí?
Uno, tres, cuatro...
Sí.
-Eso es. -¿Qué encontró?
Deme eso.
-¿Qué hace? -No escaparán, hijos de perra.
-¿A quién llama? -Perdón, hermana.
No es nada. Es más simpático en italiano.
Oye, José, vamos.
No sé. No lo tengo claro.
Deberíamos rematarlos nosotros.
Un asesinato es un asesinato
a los ojos de Dios y de los hombres.
Si los dejamos ahí, no matamos a nadie.
Morirán de todos modos.
Solo si Dios quiere.
Lo que hay que hacer es desaparecer el auto.
-¿Hola? -Hay que ser muy estúpido
para dejarnos enterrados con un teléfono que funciona.
Mejor entréguense. No pueden escapar.
Parece que el Señor nos está dando una orden.
¡Hará que nos maten! ¿Qué está haciendo?
Tranquilo. Llame al padre Antequera.
-¡Llame! -Sí, en eso estoy. En eso estoy.
¿Qué está pasando?
Tranquila, hermana. Estoy...
recordando la fase laica de mi vida,
por decirlo de alguna manera, ¿entiende?
Tranquila.
Esteban.
¿Te animas?
Que sea rápido.
-Pero solo me quedan dos balas. -No necesitas más.
Trae el teléfono de Belisario.
Y deja viva a la hermana Corina.
¡Padre, venga para acá!
Ahora tendrá mejor señal. Llame al padre Antequera.
Lo estoy llamando.
¿Hola?
¿Qué hace? ¿Qué hace?
Pedro, ¿eres tú?
¡Por el amor de Dios, Pedro!
Pedro, ¿estás bien?
-¿Pedro? -Tranquila, está bien.
¿Adónde va?
¿Adónde va, padre? ¡Venga para acá!
¿Qué hace, padre? ¿Está bien?
¿Está bien?
¡Por el amor de Dios! Pedro, ¿estás bien?
¡Di algo, por favor!
¿Está bien?
Sí, solo es el brazo.
-Es el brazo. -Cielos.
¡Asesinos!
Mira quién habla!
¿Qué sucede?
Le dispararon a Esteban.
Haz lo que tengas que hacer.
Pero rápido.
Gaitán, ¡recapacita, por favor!
¡Somos hombres de Dios, no somos brujos!
Tenemos que poder llegar a un arreglo,
aunque nos tenga
aquí en la cripta de la iglesia abandonada.
Podemos solucionarlo.
Están en la iglesia abandonada.
¡Vamos!
Salgan de a uno, y no les haremos daño.
Tengo una idea mejor.
Entren de a uno y los mato a todos.
Gaitán, ¡recapacita!
No sé lo que pasó, pero, por lo que oí,
esta monja no es como nosotras.
Nosotros somos más.
¡Testarudo como tu padre!
¡Ya deja de joder!
Estamos armados. No nos cuesta nada entrar.
Tenían dos escopetas y dos rifles.
Les quedan tres.
Un rifle de 61 centímetros de cañón
que lleva cinco balas de ocho,
una escopeta de 50 centímetros de cañón
que lleva seis balas de 12
y una escopeta de 60 centímetros de cañón
que lleva dos balas de 12.
Son 13. Usted disparó una, le quedan 12.
Yo tengo una Sig Sauer que lleva diez balas.
Usé una. Me quedan nueve.
Seguramente, está pensando:
"Seguro Belisario tenía el cartucho vacío
y a la monja no le queda ninguna".
Y si le digo la verdad,
yo tampoco tengo idea.
Con tanta cosa, no pude ni revisarla.
Pero la pregunta que debe hacerse es:
"¿Me siento con suerte?"
¿Se siente con suerte, cretino?
¡Entramos! Cuidado, hay dos entradas.
Felipe, por el lateral, por allá.
-¿Qué demonios está pasando? -No lo sé.
Un hermano vio que entraba gente en la iglesia,
y como ahí mataron a Joaquín, vinimos corriendo.
Oí disparos, o al menos, eso creo.
Menos mal que vinieron. Estoy preocupadísimo.
No me atreví a entrar.
No viste nada, ¿no?
No, pero temo lo peor.
Fascista, inquisidor, retrógrado,
virgen y cobarde.
Lo tienes todo. Un hijo de perra del Renacimiento.
Y quiero...
Claro.
Gracias.
Al menos no tengo que dar misa este domingo.
Si no, se complicaría.
Y usted que se hace el héroe.
-¿Está bien? -Sí.
Sí, dijeron que no...
que no tocó nada importante.
Qué bien.
Mejor así.
-Lo maté. -No, no, no. No lo sabemos.
-Lo maté. Seguro. -No sabemos.
Acabo de hablar con Simón, y lo están operando.
Sí, está delicado, pero...
hay que rezar, ¿no?
Y esperar.
¿Sabe qué enorgullecía más a mi padre de mí?
No era la escuela, las notas.
Era la puntería.
"Mi hija nunca falla un tiro", decía.
Esperemos, porque le apunté al brazo.
No había nada que hacer.
No tenía otra opción, hermana. Eran ellos o nosotros.
Y yo le agradezco
porque nos salvó la vida a los dos.
Y de qué manera, además,
con ese discurso que dio.
"Ustedes tienen cinco escopetas
de no sé cuántos centímetros de cañón
y no sé cuántos tiros.
Y nosotros solamente tenemos una..."
¿Una qué le dijo? Una...
-Sig Sauer de nueve milímetros. -"Una Sig Sauer".
"¿Se siente con suerte? Yo me siento con suerte", dijo.
Eso es de "Harry, el sucio".
¿Cuál?
"Harry, el sucio". Una película de acción famosa.
¿No la conoce?
No, en mi casa no nos dejaban ver esas cosa.
En la mía la veíamos todas las Navidades.
Me imagino.
Muy bien. Gracias.
Disculpe, hermana. Tendrá que acompañarme.
¿De verdad es necesario eso?
-Ya estamos aquí, ¿no? -Seguro. No hace falta.
¿Cómo se llamaba?
Esteban.
¿Esteban?
¿Adónde se llevaron a Sebastián?
Está ahí fuera
haciendo lo posible para sacarnos de aquí.
Confíen en él.
Seguro esta noche dormimos en nuestras camas.
Por su bien, mejor que no.
Desgraciados, hijos de perra, se robaron a mi hija.
No era tu hija. Era hija del pecado.
Xiana no cometió ningún pecado.
Y yo haré justicia con todos ustedes.
Así que recen para nunca salir de aquí.
Señor juez, quiero decirle que, si no llamé a mi abogado,
es porque no quiero complicar la situación.
Dígame, Sr. Castro, ¿me ve cara de idiota?
Con el debido respeto, no contestaré esa pregunta
si no es en presencia de mi abogado.
¿Me dirá que realmente no sabe nada?
Es que no sé nada.
Al contrario. Le agradecería que me cuente qué pasó
y por qué estamos detenidos.
Lo que no puedo creer es que vinieran a denunciar
la desaparición de Belisario, preocupadísimos,
cuando lo tenían muerto y oculto en esa cripta.
Los primeros sorprendidos
en descubrir el macabro hallazgo fuimos nosotros.
Y espero, sargento, que no pretenda acusarnos
de la muerte de nuestro hermano.
El cadáver de Belisario nos será de gran utilidad.
Quienes asesinaron a Belisario tuvieron muy poco cuidado.
Habrán pensado que nadie lo encontraría allí.
Y no solo le dejaron todas sus pertenencias,
entre las que estaba una pistola Sig Sauer semiautomática,
sino que los asesinos dejaron su ADN por todas partes.
Y, seguramente,
también en las piedras que usaron para golpearlo.
No saben cuánto me alegra saber que la investigación
les resultará tan fácil.
Yo me ofrezco a colaborar en todo lo que pueda
para aclarar lo sucedido.
Tenemos intento de homicidio,
complicidad en asesinato en grado de tentativa,
-secuestro... -Perdón.
¿Todo eso pasó dentro de la iglesia?
Porque ya les dije que yo nunca entré en esa iglesia.
-¿Sigo? -Por favor.
El intento de asesinato contra Nuno.
¿Pero tienen algún testigo? ¿Me vio agredirlo?
¿Verdad que no, señor juez?
Entonces, ¿por qué no contesta mi pregunta?
¿Qué hago yo aquí?
El asesinato de Joaquín Bustamante...
Ahora entiendo todo. Claro que sí.
Trabajan para esa zorra
que quiere acabar con La Hermandad.
¿Qué les ofreció? ¿Dinero?
¿Una participación en la empresa?
¿No les da vergüenza?
¿Qué me dice del cuadro que tienen en su local?
Ese que es un Cristo crucificado cabeza abajo.
No es Cristo. Es San Pedro.
Pidió expresamente ser crucificado así
porque no se consideraba digno
de morir como Nuestro Señor en la cruz.
Es una muestra de humildad
que profesamos en nuestra Hermandad
y que más de uno debería imitar.
Ya conozco esa historia.
¿Pero qué más puede decir del cuadro?
Bueno, el original fue pintado
por Ventura Di Arcangelo Salimbeni
a fines del Siglo XVI y está en Roma.
Y es la manera en la que asesinaron a Joaquín.
Bueno, solo por curiosidad,
¿cuánto tiempo más necesitan tenerme encerrado?
Como sospechoso de varios asesinatos,
podemos retenerlo por 72 horas.
Tres días.
Bueno, Nuestro Señor
pasó mucho más tiempo en el desierto.
Así que,
puedo esperar.
Vamos.
¡Pedro!
Pedro.
¿Cómo estás?
Bien.
Cansado y...
adolorido, pero fue...
un roce de bala, nada más.
¿Cómo está la hermana Emilia?
Sana y salva, pero...
está mucho peor que yo.
Bueno, ve a descansar. Yo me quedo aquí con todo.
Te estaba esperando.
Quiero mostrarte algo.
¡Cielo santo!
-Fue en defensa propia. -Nos salvó a los dos.
¿Por qué no se lo mostraste al juez?
¿O al sargento?
Estaba esperando a mi abogado.
Seguro. Yo me encargo.
Ve a descansar.
Por lo menos, te curaron bien.
Bueno... con lo que había.
Sácala de esto.
Sí.
Padre Nuestro que estás en el Cielo,
santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día
y perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación...
Danos hoy nuestro pan de cada día
y perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...
...santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día
y perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación...
Padre Nuestro que estás en el Cielo,
santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo...
Bueno, Gunthram. ¿Listo para la aventura?
Último aviso, Pilar.
-Podemos dejarlo para otro día. -No, no hace falta.
-Sé que tienes mucho trabajo. -Siempre.
Pero aquí en Porto da Lúa
hago como en los libros de los niños:
elijo mi propia aventura.
¿Cómo estás?
-La voluntad está. -Perfecto.
Tú, la voluntad, tú, la experiencia
y yo, el encanto.
Nos falta la fuerza y somos la "Brigada A".
Ya verás, Gunthram. Es un sitio espectacular.
Pilar, la buscan.
-¿Qué quiere? -Dice que es su sobrina,
que es importante.
Hermana, por favor.
Hermana.
Vamos.
Ya todo está arreglado.
¿Nos vamos a casa? Ahora sí.
Hermana.
¡Pombo!
¿Tienes un minuto?
A ver, alcaldesa. Bernal confesó que fue él
quien incendió las oficinas. Lo confesó.
Qué honesto.
Qué buen hombre. No abundan en Porto da Lúa.
No abundan en ningún lado.
Pero eso no quita que él cometió el delito.
Pero es un delito contra mí propiedad
y no quiero denunciarlo. ¿No tengo ese derecho?
Aunque no haga la denuncia, debemos actuar de oficio.
Tenemos testigos.
-¿Qué testigos? -Su hija.
De Alba. Ya saben.
Ella no vio nada. ¿Tú viste algo?
-No vio nada. -Confesó, Pilar.
Pero estaba tratando de encubrir a alguien.
Eso es falso testimonio y obstrucción a la justicia.
Es casi peor.
Está bien. No lo estaba haciendo.
Lo siento, alcaldesa. Créame.
Pero hay leyes, hay incisos,
hay apartados que debo respetar.
Xiana, preciosa, ¿me esperas afuera?
Tengo que decir unas cosas no aptas para canadienses.
Sí, claro.
Cuidado con lo que dices.
A ver, no me jodan.
Bernal lleva sufriendo más de 18 años.
Más de 18 años buscando a una hija desaparecida.
Y de pronto, aparece y es feliz.
Pero luego resulta que no, que no es su hija.
Y que su mujer lo engañaba y su vida era una mentira.
Y en menos de una hora,
vuelve a perder a su hija, a su mujer
y su dignidad.
¿Y ustedes me hablan de incisos y de apartados?
No sé cómo este hombre no se subió a un campanario
y mató a medio pueblo con una ametralladora.
Bueno, sí lo sé.
Porque es un santo.
Y ya sufrió demasiado, ¿no les parece?
Es un hombre bueno.
Y tú no eres una máquina
que aplica de memoria los incisos y apartados.
Tú eres un hombre con corazón.
Y lo que te trajo aquí es tu afán de justicia.
Esta es tu oportunidad de oro, Trujillo.
Abrázala.
Abrázala.
Fue algo planeado. Hay testigos.
No hay testigos. Ella no vio nada.
¿Tú viste algo?
No, llegué tarde.
Él llegó tarde. No hay testigos.
No hay testigos del plan, no hay testigos del siniestro
y, desde luego, no hay testigos de esta conversación.
¿En eso estamos de acuerdo?
Trujillo.
Bernal Alonso Veiga.
-A casa. -¿Y nosotros qué?
Pablo.
-¿Qué pasa? -Necesito hablar en privado
con el hermano Gaitán. Aquí es imposible.
Búsqueme un lugar, por favor.
¿Cansado?
¿Qué dices?
Estoy encantado, feliz.
Un poco fuera de forma, eso sí,
pero ya le voy agarrando la mano.
¿Vamos bien a...?
¿Cómo era?
-Punta do Rei. -Punta do Rei.
Exacto.
Ya verá, el mirador le resultará fascinante.
Es uno de los lugares favoritos de mi madre.
-Imagínese. -Tu madre.
Qué gran mujer.
Magnífica.
-¿Estás bien? -Sí.
-¿Seguro? -Sí.
Vamos, aún nos queda un tramo.
Gracias, y saluda a tu padre de mi parte.
Lo haré. Lo espero aquí.
De acuerdo.
Es el primo del hermano Palmiro.
Nunca estamos solos, José. Nunca estamos solos.
El Señor no permitiría
que nos ahogáramos en la desesperación.
-¿Cómo te trataron? -Bien.
Bien, pero hay un problema grave.
Dime.
El hecho de que apareciera el cadáver de Belisario...
es una mala noticia. Pésima.
¿Por lo que dicen del ADN y esas tonterías?
-¿Tú te las crees? -No se trata de lo que yo crea.
Pasa que esto puede incriminar a La Hermandad.
¿Cómo?
Sin duda, tu ADN estará por todas partes
en el cuerpo de Belisario.
Y quizá también el del hermano José
y el del hermano Palmiro, ya que ellos llevaron el cuerpo.
Por eso es muy importante...
Dios santo. No sé ni cómo decírtelo.
Es tan, pero tan absurdo.
Dime lo que sea. Sabes que puedes confiar en mí.
Si confiesas la muerte de Belisario,
puedes parar esto aquí y ahora, justo a tiempo.
Pasé la noche dándole vueltas.
Le pedí al Espíritu Santo que me ilumine.
Pero lo que le hiciste a Belisario...
Lo que le hice a Belisario
no fue ni más ni menos que lo que merecía.
-Hacer justicia. -Claro que sí.
Tú lo sabes, yo lo sé,
el resto de los hermanos lo saben.
Pero estos fariseos no.
Y ellos tienen el poder terrenal en sus manos.
¿El poder para qué?
Para juzgarnos y encerrarnos, y lo que es peor, José,
para destruir la obra de La Hermandad.
Esto es una batalla,
y nosotros somos los soldados de la fe.
Sabes bien que a Nuestro Señor no le gustan
los soldados mediocres en la batalla.
Eres puesto a prueba, amigo mío.
Eres puesto a prueba, como lo fue Simón Pedro
en la víspera de la Pasión.
Pero yo sé que tú no nos negarás.
Sé que tú salvarás tu fe y salvarás a tus hermanos.
¿Te preparo algo?
No, estoy bien.
Si alguien tiene que marcharse, debo ser yo. ¿No crees?
Sí, puede que tengas razón.
¿Adónde vas?
Al mar. Necesito aire.
Hablé con Alba. Ella se va.
Tú puedes quedarte el tiempo que quieras.
No basta con encarcelar
a algunas personas, monseñor.
La Hermandad tiene que disolverse.
La mala hierba se arranca de raíz.
Oficialmente, un instituto secular
depende de la Sagrada Congregación
para los religiosos y, en última instancia,
-del Vaticano. -Bueno.
Disolver La Hermandad le corresponde exclusivamente
a ellos.
Pero, después de una larga y discreta investigación,
muy larga y muy discreta...
Pero mataron a esa pareja,
a los padres de Nuno.
Suponiendo que eso pudiera probarse,
ya habría prescrito.
-¿Y Belisario? -Es eso estamos.
¿Y Bustamante?
Ya vimos el cuadro de La Crucifixión
que tienen ahí a la vista de todos.
Es que la posesión de un cuadro no es un delito
-tipificado en el Código Penal. -Bueno, bueno.
Pero es lo que los inspira.
Hacer justicia, el castigo divino, la culpa.
Ya vio lo que le hicieron a Salinas y a la hermana Emilia.
Justamente.
Debemos probar que fue cosa de toda La Hermandad
y no solo de Gaitán y unos cuantos...
secuaces.
¡Maldita sea!
¡Gunthram!
-¡Gunthram! -¡Aquí!
-Hice una parada técnica. -¡Avise, diablos, avise!
Casi me da un infarto, y usted ahí.
¿Estaba meando?
Bebí mucho.
-Vamos. -Tú no estás bien.
Claro que sí. Estoy de maravillas. Vamos.
Ya verá que bonito paisaje. Vamos, vamos.
¡Alfonso!
¡Alfonso! Tú no estás bien.
¿Te lastimaste el tobillo?
Sí, estoy bien. Vamos.
-¿Puedes caminar? -Sí.
-Volvamos al pueblo. -¡No!
-No puedes caminar. -Escúcheme.
Ya estamos muy cerca del mirador.
Déjeme enseñárselo.
Es como Porto da Lúa, pero solo lo bonito.
Me lo encomendó mi madre, y lo quiero hacer.
-De acuerdo. -Vamos.
Eso es.
¿Está grabando?
Sí, cuando quiera.
A petición del detenido, José Gaitán,
-siendo las 13:32... -Perdón.
Evitemos los rodeos, si son tan amables.
Yo maté a Belisario Barrios. Punto y aparte.
Lo maté y lo tiré a la cripta de la iglesia abandonada.
Fue un acto de justicia.
Bernal.
-¿Qué pasa? -¿Podemos hablar?
Tengo una propuesta.
Claro.
Ahora subo.
Mis padres...
canadienses...
-Adoptivos. -Eso, adoptivos...
nunca me mintieron.
Me dicen siempre lo que saben,
que no es mucho. Un...
"órfano"...
Orfanato.
-"Frans". -Francés.
Sí.
Muchas veces quise saber sobre mis padres biológicos
y por qué me abandonaron.
Estaba...
incompleta, pero bien.
No pedí que...
una monja ciega adivinara mi casa.
Seguro.
Pero hubo algo cuando llegué aquí...
que respondió viejas preguntas.
¿Por qué
me deslumbra el mar cada vez que lo ves?
¿"Deslumbra"?
Muy bien.
Porque necesito
más besos y más abrazos
que los que dan los canadienses.
Y es injusto porque vengo aquí
y conozco este lugar y a su gente,
y, de repente,
siento que todo...
Encastra, encaja.
Encaja.
Todo encaja.
No todo, porque...
mi supuesta madre se aleja,
pero mi supuesto padre...
es el padre que soñé toda mi vida.
El pueblo es del tamaño que me gusta un pueblo,
y el mar, y...
Lo siento, Xiana. Lo siento mucho.
Tengo una propuesta.
Tú pensabas que eras mi padre.
Bueno, eres mi padre.
Me adoptaron una vez. Adóptame otra.
Sin papeles.
Tú me adoptas como hija y yo te adopto como padre.
Y sanseacabó.
-¿"Sanseacabó"? -¿Está mal usado?
No, está muy bien.
Está muy bien.
Está muy bien.
Llegamos.
Mi madre me pidió que le dijera
que la construcción del hotel debe respetar el entorno
en los materiales, las alturas,
y lo mismo con la iluminación nocturna.
Insistió en que...
Gracias.
Y la reunión de mañana
a las siete, ¿sí? Gracias.
¡Bueno, llegaron los "Indiana Jones"
de Porto da Lúa!
¿Qué tal? ¿Cómo les fue?
-Maravilloso. -¿Sí?
-Es un lugar increíble. -Sabía que te gustaría.
¡Qué alegría!
Estoy seguro de que podré convencer a mis socios.
Y, si no, te convocaré a ti
para que los arengues en vivo y en directo.
Genial. ¿Y el guía qué tal?
Espectacular.
Es un gran guía y un gran compañero.
Lo sabía. Qué alegría me das.
-Ya me voy. -De acuerdo.
Nos vemos luego.
-Es un gran chico. -Sí, lo es.
-Tengo una hija de su edad. -¿Sí?
Bueno, un poco mayor que él.
Tuvo el mismo problema.
No es fácil. Pero se sale.
Es un gran chico.
Alfonso, ¡a cenar!
Amor, ¡se enfría y lo pedí con todo el cariño!
¿Qué estás...?
¿Alfonso?
¡Alfonso!
¡Alfonso!
Mi amor, escúchame.
Estoy aquí, mi vida.
Mi amor.
Escúchame. ¿Me oyes? ¿Me ves?
Mírame, por favor. Mírame.
Saldremos de esta, mi vida, ¿de acuerdo?
Saldremos de esta, ¿me oyes?
También saldremos de esta.
Pero...
Nuno estaba en su barco.
Nuno estaba en el barco.
Nuno...
Simón.
Simón. ¡Simón!
¿Por qué? ¡Pedro!
-Ya sé. -¿Otra vez, Pedro?
¿Quieres matarme de un susto?
Está todo clarísimo, Simón.
¿Qué cosa?
Todo.
¡Despierte, hermana, despierte!
¡Despierte, hermana! ¡Se llevaron a Nuno!
-¿Qué? -Dicen que mató a Bustamante.
Encontraron su teléfono en la escena del crimen.
¡No, no, es imposible!
No, no, no, es imposible.
Es imposible.
¿Qué pasó?
¿Anabel? ¿Estás bien?
Mil disculpas. Sí, todo bien, hermanas.
Tuve un sueño horrible en el que se llevaban a Nuno.
De verdad, no sé qué me pasó.
Nos diste un buen susto, hija.
¿Estás bien, Anabel?
Sí, sí.
Sí, estoy bien.
No... No pasó nada. Vuelvan a la cama.
Lo lamento tanto.
De verdad, sigo temblando. Tuve un sueño horrible.
Seguro comió cualquier porquería.
¡Con los días que estamos teniendo,
como para no soñar!
Vamos, a la cama.
¿Quiere un poco?
Prefiero café.
Claro.
Bendita sea.
¿Puedo preguntarle cómo lo supo?
Pasaron tantas cosas
que olvidamos el principio.
La primera noche, cuando Emilia encontró
la daga en el vivero.
En teoría, la única persona
que necesitaba luz para trabajar ahí
era Nuno.
Pero esa noche, Nuno estaba en su barco.
En el mar.
La persona que estaba ahí esa noche
necesitaba luz.
Y la hermana Emilia me dijo que estuvo
a pocos centímetros de usted.
Y aun así, usted mantuvo el personaje.
Pobrecita.
Estaba aterrorizada.
¿Podrá perdonarme?
Después, empecé a rebobinar.
¿Recuerda ese día en el vivero que Nuno le regaló
esa flor blanca?
De tu color favorito.
Muchas gracias, Nuno.
Le dije que el rojo es mi color favorito,
y siempre que encuentra una, me la trae.
Decirme que el rojo era su color favorito
fue un muy buen detalle.
Un poco demasiado para mi gusto.
Eso lo hizo más efectivo.
Bueno.
Toda una profesional.
Hermana, cuéntenos.
¿Quién mató a Joaquín Bustamante?
Nadie.
Nadie mató a Joaquín Bustamante.
O mejor dicho...
Joaquín Bustamante
fue quien mató a Joaquín Bustamante.
Anabel.
Esa tarde, Nuno me trajo su teléfono.
Tenía muchísimas llamadas perdidas de Joaquín.
Y Nuno estaba...
estaba angustiado.
Él no sabe manejar estas cosas.
Yo intenté calmarlo
y llamé a Joaquín.
Hola, Nuno. Por fin contestas.
Soy Anabel, Joaquín.
Nuno me trajo su teléfono con todas tus llamadas perdidas.
¿Qué pasó?
Pobre muchacho. No quería asustarlo.
Quería pedirle perdón.
¿Perdón por qué?
Perdón por todo. Por su vida.
-Si tú lo salvaste. -Cuídalo mucho.
Sé que no hace falta que te lo diga, porque...
Dios le quitó una madre, pero a cambio le dio tres.
Joaquín.
¿Dónde estás?
Miento.
No fue Dios quien le quitó a su madre.
Fueron mis hermanos.
Y yo no hice nada para evitarlo.
Me pasé la vida tratando de compensar todo ese error.
-Pero ya no puedo más. -Joaquín.
Hicimos todo lo que pudimos, por favor.
Ese horror de nuestra niñez...
nunca se acabó.
Por lo menos para mí.
Más pecados.
Más dolor.
Y ahora todo viene a buscarme.
Joaquín, ¿qué vas a hacer?
Terminar la partida.
Ya no puedo mirar a nadie a la cara.
¡No!
Tú eres cristiano.
Joaquín, tú no puedes hacer eso.
¡No, el Señor no te lo perdonaría!
Lo sé, lo sé, lo sé.
Mejor.
Mucho mejor.
¡Por favor!
¡Nuno! ¡Nuno!
-¡Nuno! -¿Qué pasa?
Vete a tu barco
y aléjate de aquí.
Tira el teléfono lejos de la costa,
y no hables con nadie.
No contestes nada.
Si no contestas, no mientes.
-Si no contesto, no miento. -Si no contestas, no mientes.
Si no contesto, no miento.
El cortó sin decirme dónde estaba.
Pero yo podía imaginármelo.
El lugar donde todo empezó.
Llegué lo más rápido que pude, pero son casi tres kilómetros
y no podía dejar que nadie me viera.
La daga
era de él.
La mano era de él.
La sangre era de él.
Pero esto...
propiedad de La Hermandad.
De sus asesinos fanáticos
que dominan este pueblo desde que tengo memoria.
Causaron más muerte,
más tristeza y más dolor
que la misma Inquisición.
No fue un suicidio.
Fue un asesinato.
Solo tenía que hacer que pareciera.
Y allí estaba la cruz tirada, desde siempre.
No sé de dónde saqué fuerzas.
Entonces sí hizo un montaje.
Trató de imitar la pintura que tenía La Hermandad...
y esperó a que alguien atara los cabos.
Tenían que pagar por lo que habían hecho.
Pero todo salió mal.
Volví corriendo lo más rápido que pude
y cuando llegué,
yo tenía la daga en mis manos.
Quise ocultarla en el primer sitio
que se me ocurrió, pero...
Yo no sabía
si había descubierto la daga o no.
Yo estaba...
desesperada. No sabía qué hacer.
Yo tenía que ver si había encontrado la daga.
¿Corina?
¿Eres tú?
Cuando vi la daga en sus manos...
¿Quién anda ahí?
...no supe qué hacer.
No podía contarle nada a nadie.
Le dije a Franca
que habían matado a Bustamante
con una daga que apareció en el vivero
que usted encontró.
Franca dio por hecho que había sido Nuno,
y yo no podía decir nada.
Ella intentó encubrirlo.
Somos monjas.
No somos asesinas.
Ni siquiera somos luchadoras.
Pero, por una vez...
yo quise luchar contra esa gente.
Y lo único que conseguí
fue más dolor y más angustia.
Hay una cosa que todavía no me queda muy clara.
¿Sus hermanas...
saben que usted ve?
Y le pido que no se los diga nunca.
No se preocupe.
¿Y qué pasará ahora?
Mire...
Nosotros estamos aquí únicamente para corroborar
los dones de la hermana Corina,
que claramente fueron corroborados, ¿no?
-Corroboradísimos. -Es cierto.
Ahora, todo esto que nos acaba de confesar...
siento que es nuestra obligación como ciudadanos...
ir a la policía.
-Pedro... -Pero...
como sacerdotes, bueno...
no podemos romper el secreto de confesión.
Cierto, lo olvidé. No podemos.
¿Usted qué dice, hermana?
-¿Qué cosa? -Lo que oyó.
Disculpe, pero yo hablo italiano.
No entendí nada.
Gracias.
Esperé hasta ahora para que se durmiera Xiana.
Pídele perdón por mí, por favor.
Pídeselo tú.
Yo ya me voy.
No te vayas.
¡Alcaldesa!
¡Pilar!
Ya me enteré de la buena nueva.
Conseguiste un inversor.
-Felicidades por el éxito. -Felicidades a ti
que te libraste de la cárcel. Por ahora.
Bueno, cosas que pasan. La vida.
Cuídate mucho, Pilar.
Estaremos observándote.
No te tengo miedo, Sebastián.
Ni a ti ni a tus fanáticos.
¿Fanáticos? No, no, no.
Nosotros somos soldados de la fe.
Por eso nunca podrás derrotarnos.
Veamos, Pilar.
Nuestro proyecto no es de este mundo, ¿entiendes?
No somos efímeros.
Nosotros estamos más allá de la moda del turismo
o esas industrias sostenibles.
Nosotros tenemos a Dios.
Y una iglesia que lleva 2000 años
edificándose.
¿Tú crees que debe preocuparnos una mujer como tú,
que cree que es la vanguardia
de este pueblo?
Bueno, sí.
De este pueblo que lleva siglos pariendo hombres y mujeres,
y a veces pare malnacidos como tú.
Vayan con cuidado tú y tu rebaño de inquisidores,
porque no te olvides que quien las hace
las paga.
Vaya con Dios.
La aventura continúa, ¿no?
¡Qué trabajo eligió, alcaldesa!
Hoy presento mi renuncia.
¿Cómo? No me diga que la asusta un tipo como ese.
No, no me conoce.
¿Entonces?
Alfonso tuvo una recaída...
y quiero cuidarlo.
Quiero estar con él. Debo estar con él.
Cielos.
Cielos, yo venía a despedirme.
Ya nos vamos.
Bueno.
Qué suerte.
Seguro lo pasaron muy bien.
Sí.
-Sí. -Bueno...
Espero que se lleve un buen recuerdo.
Sí.
Llámeme por cualquier cosa, por favor.
¿De acuerdo?
Hasta la próxima.
Hasta la próxima.
Gracias, Nuno.
Gracias.
Bueno, hermana.
Es la hora de las despedidas.
Quería decirle que...
fue un placer conocerla...
y compartir con usted este...
regalo...
o lo que sea que tenemos.
¿Seguro que no quieren quedarse un día más?
Me encantaría, pero creo que ya descansamos suficiente.
Además, tenemos que volver a trabajar.
Les traje un regalito.
Una docena de magdalenas para que nos recuerden.
Muchas gracias, hermana.
Le aseguro que con esto la recordaré,
por lo menos, el resto de la tarde.
¿Puede dárselo a Nuno? No puedo cargar nada
por lo de mi problema.
-Claro que sí, no se preocupe. -Gracias.
¡Nuno!
Aquí, aquí, aquí.
Toma. Llévalo allá con ellos.
¡Ya era hora! ¿Dónde estaba?
Estaba en el ayuntamiento. Tenía que despedirme.
Bueno.
Quería decirle que...
hace mucho tiempo
no sentía tanto respeto por alguien.
Sea feliz, padre.
Sea feliz
y no desaproveche sus dones.
Cuídese mucho.
Tendrá que...
perdonarme, pero no puedo irme sin preguntarle.
Cuando le di la tela con la sangre de Bustamante...
¿qué vio?
¿Usted sabe de Anabel?
Tú y yo tenemos una habilidad divina.
Atesórala.
Pero nunca descuides la discreción.
Esa es una gran habilidad humana.
En otras palabras,
"En boca cerrada no entran moscas".
Mi abuela, capítulo 21, versículo 12.
La extrañaré tanto, hermana.
Gracias.
¿Y su maleta?
No, yo no me voy.
-¿Cómo? -Me dijo el abogado
que no me puedo ir hasta que no termine el juicio.
¿Se quedará aquí sola?
No, viene mi marido.
Me quedo con las hermanas.
No, no. Yo me quedaré.
No puedo dejarla aquí sin abogado.
-Tengo abogado. -No, no. "Este" abogado.
Lo único que le pido son unos días de vacaciones
y luego, le damos con todo.
-¿Cómo? ¿Te quedas? -Me tengo que quedar.
-¿Por qué? -Alfonso.
El chico tuvo una recaída.
No puedo marcharme.
No lo puedo dejar así.
¿Me cubres en el Vaticano?
Claro que sí, Simonete.
Pedro. Pedrito.
Muchas gracias.
-Cuídate mucho. -Tú también.
Pedro, hazte un favor.
Cómete un pulpo a la gallega antes de irte. Lo extrañarás.
Recuerda lo que te digo.
Alcaldesa.
Mire, se me ocurrió algo.
No renuncie, por favor.
Organicemos un almuerzo con Alfonso.
¿Qué le parece?
Vamos a algún sitio donde haya buen pulpito,
buenos mariscos y un buen vino.
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