All language subtitles for Los enviados - Temporada 2 - Episódio 5_Subtitles01.SPA

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Original subtitles

¡Te voy a meter una sanción que te va destruir!

-¡Blasfema! -¡Desgraciado!

-¡Eres un cretino! -¡Blasfema!

La única certeza ahora es que...

esto... es muy importante.

Estamos hablando de un negocio narco.

No tienes la mínima idea de con quién te estás metiendo.

No sabes lo que soy capaz de hacer

para conseguir lo que quiero.

-Nuno, Nuno, ven aquí. -¡Nuno!

Hay un asesino por ahí suelto.

No somos policías. No somos detectives.

Nos darán un balazo entre ceja y ceja, ya verá.

¡Mamá! ¡Mamá!

Por favor, dime dónde estabas y con quién

la noche que mataron a Joaquín.

¿Qué móvil tendría yo, si puede saberse,

para matar a mi hermano?

Bustamante te la estaba haciendo difícil.

Tengo cinco testigos que te vieron ir a su casa

-y amenazarlo. -Está bien.

Ya puede respirar. Llamen a una ambulancia.

Hoy entierro aquí

a ese hermano que amé...

El atacante de Nuno debe estar por aquí.

¿Lo conoces?

¿Es malo de verdad?

Mira, Pilar. Podemos hacer esto de la manera que quieras.

vienes por las buenas o a la fuerza.

Pilar, está bien.

Acompáñalos y nosotros vamos detrás de ti.

Belisario,

uno de los hombres más importantes de La Hermandad

¿compra droga?

No, no compra droga, Pedro.

La vende.

¿Corina?

¿Corina?

Ven.

-¿Otro sueño? -Sí.

Tranquila.

Corina, despierta.

Era...

Era un perrito.

Tiene la pata rota y le duele.

Y está atrapado.

Tranquila.

Hablaremos con la Madre Superiora.

¡No, no, no!

No le gusta que le cuente lo que veo.

Tengo una idea mejor.

¿Pero tú estás segura de lo que vio Corina?

Corina dijo: "En el camino de la costa,

derecho desde el faro,

junto a la rompiente". Así que tiene que estar por aquí.

-No lo veo. -¡Allí!

¡Nuno, cuidado!

-¡Cuidado, con cuidado! -Vamos, vamos.

Cuidado. No lo toques. ¿Qué tal si te muerde?

¿Dónde está?

Está aquí, le estoy quitando esto.

-Aquí, ven. -¿Dónde?

Hola. ¡Hola!

¡Hola!

-¿Corina? -¿Sí?

-¿Franca? -¡Anabel!

-¡Aquí! -¡Lo encontramos!

-¡Sí! ¿Dónde está? -¿Dónde está?

-Tengan cuidado. Está herido. -¿Dónde?

-Corina, es tu perro. -Es el perro.

Gracias, Joaquín.

No, yo no hice nada. Fue...

-fue Nuno. -¡Nuno!

¡Eres el mejor! ¡Lo salvaste!

-¡Nuno! ¡Nuno! -¡Nuno! ¡Nuno!

-¡Nuno! ¡Nuno! -¡Nuno! ¡Nuno!

¡Nuno! ¡Nuno!

¿Pero qué es todo este alboroto?

¿Y ese perro?

No sabe lo que pasó, madre.

Corina soñó anoche con un perro atrapado...

Ya es suficiente, niña.

No empecemos de nuevo con eso de las visiones.

Nuno, lleva al perro con la hermana Belinda.

Seguro podrá hacer algo con esa herida.

Ya se los dije muchas veces, niñas.

La iluminación es un don del Espíritu Santo

que solo bendice a personas muy especiales.

Y si el Altísimo estuviera dispuesto

a elegir a Corina de ese modo,

no le diría el paradero de un perrito

por más hermoso que sea.

Dones así solo se merecen para ayudar a las almas humanas.

Y punto.

Y no traten a Nuno como a un hijo.

Pronto, alguna familia lo querrá y deberemos darlo en adopción.

Pero es una locura. Nuno es casi un hombre.

Lo es, y al mismo tiempo, no lo es, madre.

Tiene una pureza... Y están las hermanas.

Ellas perdieron tanto. Lo perdieron todo.

Pero ganaron a Dios.

¡Madre, por favor!

Sé que, como están los tiempos, no es fácil

alimentar una boca más en el convento.

Ese no es el problema, Joaquín.

Pensé, pienso que me haría muy feliz

poder colaborar con ustedes de manera regular.

Regular y generosa.

Para mí sería un honor.

Y me pondría feliz que Nuno pueda seguir cerca

de todos nosotros.

El dinero no es la solución, pero ayuda, madre.

Debes querer mucho a ese muchacho, Joaquín.

Sí.

Está bien. Está bien.

Pero deja que sea yo quien de la buena noticia.

Si, sí, madre. La novedad es toda suya.

¿Y tú de dónde saliste?

¿Tengo algo en la cara?

¿Qué pasó esta mañana en el cementerio?

¿Qué va a pasar?

Algo pasó.

Cada uno lleva el dolor como sabe.

O como puede.

Yo a ti no te digo cómo tienes que comportarte.

¡Qué rico aroma!

Huele bien, pero sabe mejor. Ya verás.

¿Esto está bien para el mar, capitán?

Perfecto.

¿Van a salir ahora?

Solo daremos una vuelta por la costa. Nada más.

Bernal.

Es importante que estemos todos en la reunión de esta tarde.

Llegaré a tiempo.

Aquí tienes el café que a ti te gusta,

aguachento para extranjeros.

No soy una extranjera, soy tu hija.

-Prueba este tomate. -¿Tomate?

En Canadá ni lo hueles.

Es del huerto.

¿Qué es eso?

Alba, te luciste como nunca.

De verdad, las lentejas están buenísimas.

Hermana, ¿puede bajar la velocidad?

Aún tengo muchas cosas que hacer en la vida.

Su colega me pidió que acelerara.

No quiero que Pombo interrogue a Pilar

antes de que lleguemos.

Y después ¿podemos terminar con la sección

"Me hago el detective" de este programa?

-No sabe lo que me gustaría. -No vinimos a esto, Simón.

Estamos aquí para verificar un milagro

¿Qué estamos haciendo

investigando compraventa de drogas?

-¡Por Dios! -No lo sé.

En este punto, a mí ya no me interesa.

No puedo obligarlos a que se queden aquí.

Vayan a Roma. Estarán más tranquilos.

No te hagas la madre culposa. Ya has uado esa carta conmigo.

Pedro, de verdad. Yo estoy igual que tú.

Estoy perdido. No sé qué está pasando.

Por eso mismo, no me puedo olvidar de esto.

A ti te está pasando lo mismo que a mí.

¿O me equivoco?

Hermana, venga por mí luego.

-Tiene que esperar a que... -Está bien, Canosa.

Disculpen el retraso. Alcaldesa.

Bueno, vamos a lo nuestro.

¿Por dónde íbamos?

Empezábamos con lo serio.

Muy bien.

Estoy dispuesto a darte una última oportunidad.

No sabes cuánto te lo agradezco.

Es justo lo que necesito, un ultimátum.

Ayer te dije que cuando tuviera un testimonio

que te situara cerca de la escena del crimen,

tendría que ir por ti.

-Bueno, tenemos... -Ese testimonio.

Ya lo dijo, sargento.

Alcaldesa, por favor, no complique más las cosas.

Cielos, el muñeco habla.

Esto es sencillo, Pilar.

Cualquiera sabe dónde estaba hace tres días.

Si no tiene nada que ocultar, lo dice y ya está.

Si me dices dónde estabas, me limitaré a corroborarlo.

Y si no hay nada raro, damos por terminado el asunto.

Pero no me digas que estabas durmiendo en tu cama

porque a esta altura del partido

a eso no se lo cree ni el curita de los milagros.

Dime la verdad.

No me gusta perder el tiempo. Ya lo sabes.

Así que dime tú quién me vio cerca de la escena del crimen

y seguimos por ahí.

La cosa no es así.

Si me lo permiten, voy a llamar a monseñor Cañola

para que les aclare el malentendido.

¿Qué tiene que ver el arzobispo?

Ella estaba con él. La alcaldesa tuvo que viajar

a Santiago de Compostela la noche del crimen

para atender temas directamente relacionados

con el milagro de la hermana Corina.

Tenía que armar una estrategia de comunicación a los medios,

como usted comprenderá, para monseñor Cañola.

Es un tema muy delicado,

y lo quería tratar con el cuidado que se merece.

¿Y por qué no lo dijo la señora alcaldesa

cuando se lo pregunté?

La señora alcaldesa está delante de ti.

Te recomiendo que, si tienes preguntas,

me las hagas a mí.

¿Quiere recomendarme algo más?

Ahora que lo dices, tengo una crema exfoliante

que le vendría de maravillas a ese manantial de pus.

Acaba de perder un voto, alcaldesa.

-Pilar... -Qué mal.

Pilar.

Ella no dijo nada porque yo, su abogado,

le dije que no diera ningún tipo de información

a menos que fuera por orden judicial.

Ahora que lo tenemos a usted aquí,

es el mejor momento para que ella

-de una declaración. -Confiese su coartada.

¿No les parece?

Así que, si ya no tienen más preguntas,

ella y yo tenemos muchas cosas que hablar.

Aunque, de verdad...

Si quiere, podemos llamar a monseñor.

-Estará encantado de... -No, no.

No, ya estoy cansado de hablar con curas.

Terminamos aquí, sargento.

-¿De verdad se cree este cuento? -Cuento el que usted me vendió.

Por favor, acepte nuestras disculpas.

¿Así que con el obispo en Compostela?

Una mentira piadosa.

-Gracias. -Bueno, media mentira.

Lo de Compostela...

Eso sí, ¿no?

¿Qué sabes de mi hijo?

Bueno, lo conocí un día,

de casualidad, y estuvimos charlando.

Es muy buen chico.

¡Qué energía!

Lo noté un poquito perdido.

Pero...

todo saldrá bien.

Tiene muy buen corazón.

-De verdad, Pilar. -Sí.

Puedes confiar en mí para lo que quieras.

¿De acuerdo? Conmigo puedes estar tranquila.

Lo que necesites.

Se lo agradezco.

¡Padre!

¿Quiere que la llevemos a algún sitio?

Bueno, le agradezco. Tengo una reunión ahora.

Con los empleados de la empresa de mi hermano.

Un gran plan, ¿no?

Hola.

Y así son las cosas.

Y quería que lo supieran por mí,

que en este pueblo de chismosos todo se acaba sabiendo.

Pero quiero que quede bien claro que no tenía ni idea

de cuál era la última voluntad de mi hermano.

De su medio hermano. Medio hermano.

Si tienes algo que decir, dilo en voz alta.

Aquí estamos todos para escucharte.

Medio hermano.

-Joaquín era tu medio hermano. -Sí.

Era hijo de Saturnino Bustamante y Raquel Frías.

-Tú no puedes decir lo mismo. -No, no puedo.

Yo soy hija de Felicia Ríos. Y a mucha honra.

¿Honra dices? ¿Honra?

Pero de verdad, así nos va en las cosas.

¡Cuánta mierda hay en esas cabezas!

¡Y qué pocas cosas sensatas!

Mi padre, mi madre y yo tuvimos que irnos de aquí

porque nos hicieron la vida imposible.

Y ustedes lo saben.

Porque las decisiones de mi padre

no encajaban en su manera de ver las cosas.

Y nos echaron.

Mi padre siempre me dijo que habían ganado,

y murió con ese dolor.

Pero yo me pregunto, ¿de verdad ganaron?

-¿Qué ganaron? -Seguimos aquí.

Sí, tú sí. Tú sí.

Pero Anselmo, tu hijo se fue este año, ¿verdad?

Y tu hija, el año pasado.

Carmina, ¿cuánto hace que no ves a tus hijos?

Mucho, ¿verdad? Suso.

¿Te alcanza con verlos una vez al año, en Navidad,

si tienen suerte?

Hace cinco años, yo volví a este pueblo

con el firme propósito

de hacer de Puerto da Lúa un hogar

para mí y para todos los que lo sientan así.

Y parece que son muchos,

porque la mayoría me votó. La mayoría confía en mí.

Y lo que quieres es cerrar esta empresa

para llenar este puerto de yates de los esnobs de la capital.

Lo quiero hacer generando trabajo,

y esa es una idea. ¿Tienes una mejor?

Por supuesto. Dejar las cosas como están.

¡Claro, y que el pueblo se siga vaciando!

Y que nuestros hijos tengan que marcharse

porque aquí no hay trabajo y no hay futuro.

-Porque así están las cosas. -Puras mentiras.

Sabes que estás prometiéndoles cosas

que no les puedes dar.

-Es imposible. -No es imposible.

Y si te siguen en ese delirio de grandeza,

terminarán cerrando esta empresa

que es la única que le da vida a este pueblo.

Nuestro pueblo, no el tuyo.

Nos quedaremos todos sin nada.

Pero si ya no tenemos nada. Esta empresa no da para todos.

¿Acaso no lo ven?

Lo que yo veo es a una desertora que viene de la capital

a decirnos cómo tenemos que vivir

y cómo tenemos que cuidar a nuestras familias.

-Eso es lo que ustedes hacen. -No.

Como si todo lo que somos y todo lo que nos sacrificamos

no valiera nada.

Siempre fuiste una niña malcriada.

Bueno, y un poco promiscua.

-¿Perdona? -Sí.

Normal. Nacida del pecado.

Un padre degenerado, una madre indecente.

Además tienes un hijo cuyo padre nadie conoce.

Y al que educaste tan mal que terminó siendo un perdido.

¿Ya ven?

Soberbia, ira, avaricia...

¿Hay algún pecado capital que...

la socia mayoritaria de esta empresa no cometa?

¿De verdad quieren dejar el futuro de sus familias

en manos de esta mujer?

Hermana, no me contó en profundidad

cómo fue lo de su visión con Xiana.

Pero si ya lo hablamos.

Pero no con lujo de detalles,

y es importante para la investigación.

Si no es un buen momento, podemos hablar después.

Bueno, a ver. ¿Qué le gustaría saber?

Bueno, todo.

Cómo fue, cómo empezó...

si fue una petición de Alba.

Supongo que con la fama que usted tiene

y conociéndola de tanto tiempo,

tal vez Alba, en algún momento, le pidió ayuda,

y usted no quería defraudarla, no sé.

No, no, en realidad no.

Usted conoce el don que tengo.

Nunca lo oculté.

Aun así, ella nunca acudió a mí.

Cosa que, debo confesarle, padre,

para mí fue un alivio.

Cuénteme un poco más...

de cómo funciona este regalo, este don que tiene.

Bueno...

No sé, es como... como un sueño.

Bueno, no. La verdad es que no sé cómo funciona.

Lo que me pueda decir me ayuda.

Bueno, estábamos las tres descansando

después de rezar.

Nuno ya se había marchado, y, de repente,

empezaron a pasar imágenes frente a mí.

¿Qué imágenes?

Imágenes

de un pueblo, una joven, una casa,

Alba llorando...

Y, de repente, un número.

Y ya está.

¿Y llamaron a las autoridades?

No, no. Lo hablé con mis hermanas.

Rezamos mucho esa noche.

Decidimos hablar con Alba, y bueno, fue lo que hicimos.

¿Cómo reacciono?

Lloró.

Lloró mucho.

Con un dolor que me rompió el corazón,

se lo confieso.

Cuando se serenó, nos pidió que no dijéramos nada

hasta que no hablara con Bernal.

Por supuesto, estuvimos de acuerdo

con su deseo. Alba estaba destrozada.

Estuvimos muchos días sin decir absolutamente nada.

Una semana después,

Alba vino a decirnos que por ella estaba bien,

que habláramos con la Guardia Civil

para que activasen la búsqueda.

Claro. Bueno, supongo que usted

se debe haber puesto muy contenta, ¿no?

-De saber que tenía razón. -Sí.

Debería haberme sentido alegre.

Ya está. Vamos a casa.

Aún no.

¡Diablos! ¿También vamos a dedicarnos a la política?

Espera. Para el auto, por favor.

Mira, mira.

-No, no. ¡Que llame a la grúa! -Pare el auto, por favor.

Quédate aquí, ¿sí?

Mantenlo encendido, por si acaso.

Hola.

¿Quieres que te ayude?

-No, estoy bien. Gracias. -¿Seguro?

La cambiamos los dos en un momento.

Iba a hacerte una pregunta,

pero no te quiero molestar ahora.

No tengo prisa.

¿Qué pregunta, padre?

Te quería preguntar por un amigo mío.

Uno que anda en una moto de carrera.

Con un casco rojo y un dragón.

¿Sabes quién es?

-Ni idea. -Es uno que va y viene

siempre trayendo cosas,

con una moto de carrera.

Siempre está en el bar que está en el cuartel.

Seguro la viste.

¿Qué dices, hombre? Ni idea.

Cielos. Antes era "padre", ahora soy "hombre".

Nos estamos distanciando.

-¿Es una broma? -Pensaba que éramos amigos.

Hola.

-¿Algún problema? -No, nada.

-No, no. -Todo bien.

Aquí el señor cura...

que se ofreció a darme una mano...

pero ya se iba. ¿Verdad, padre?

Bueno, yo no tengo ninguna prisa.

Pero ahora que están los tres, pueden arreglar la rueda. No...

Muchas gracias.

Siga su camino, padre.

Cielos, ahora soy "padre" otra vez.

Y un poco estúpido también.

Le estaba preguntando al señor Belisario

por un amigo que estoy buscando.

Uno que va y viene y trae paquetes

con una moto azul.

Él dice que no lo conoce, pero tal vez ustedes sí.

Carajo.

Al final, te vas a ligar un golpe.

Ya capto la indirecta. Tranquilos.

¿De acuerdo? No pasa nada.

Ya me voy.

Si lo ven, díganle que tengo ganas de verlo.

Bien, no los molesto más.

Es contundente, Simón.

Es real.

-Es... -¡Es real!

Es bello, es...

Lo puedo ver. hasta lo puedo sentir, Simón.

Cada vez que hablo con la hermana Corina,

cuando veo cómo Franca defiende a sus hermanas

como si fuera una leona, cuando veo cómo Anabel...

abriga a Nuno como si fuera un niño,

como si fuera...

como si fuera su niño.

¿Qué?

¿Qué? ¿Qué de qué?

-¿Qué les pasa? -A mí no me pasa nada.

-¿A ti te pasa algo? -No, nada de nada.

-Quizá te está pasando a ti. -¿Y qué me pasaría?

No sé, como una ola de humanidad,

un golpe de optimismo No te preocupes,

-le pasa a todo el mundo. -Es verdad.

Simón, aquí está pasando algo extraordinario.

-Aquí suceden cosas. -¿Qué cosas suceden?

Suceden cosas normales de un pueblo normal y corriente.

Gente buena siendo buena, gente mala siendo mala.

Es así, nada extraordinario.

Una monja que lleva ciega 50 años

de pronto ve una calle, ve un número, ve un lugar,

y encuentra a una muchacha que lleva 20 años desaparecida.

¿Qué quiere decir con eso?

Lo que quiero decir.

Y supongo que quiere decir que está de acuerdo

-con lo que digo. -No, tampoco.

-¿Tampoco? -¿Entonces qué quiere decir?

Madre mía. Quiere decir que no me fastidien ustedes dos.

Por favor, vámonos.

Pobre alcaldesa.

No le está saliendo bien su proyecto "Galicia Disney".

Yo me quedo. Iré caminando.

Oye, Simonete.

Cuidado.

¿Qué quieres decir?

Nada.

Alfonso.

-¿Qué pasa? -¿Qué tal?

¿Ya se van?

Sí, ya ves.

Se está despidiendo de los inversores.

Bueno, siempre nos quedará la tradición.

La culpa es de los hijos de puta de La Hermandad.

Perdón, padre.

No, tranquilo. Está bien blasfemar

y descargarse. Lo prefiero mil veces

antes que la mentira. No te preocupes.

Mírala.

-Pobre mamá. -¿Cómo que "Pobre mamá"?

Te digo que mires para que aprendas.

Ya me gustaría ponerle las ganas que le pone tu madre.

¿Tú sabes para qué volvimos a Porto da Lúa?

Para hacerles pagar a los hijos de puta

que echaron a su padre del pueblo.

Ni siquiera lucha por ella. Lucha por su padre.

Eso está bien.

A mí me gustaría tener un padre por el que luchar.

Bueno, ¿pero qué quieres que haga?

Es su lucha, padre, su problema.

-Seguro. -Yo no puedo hacer nada.

Si está sola, es porque quiere.

¿Pero aquí en el pueblo cómo se elige al alcalde?

Como en todo el mundo, con elecciones.

Si fue elegida alcaldesa, por algo será, ¿no?

No está sola.

-Alcaldesa, ¿cómo estás? -Hola.

-¿Ya se van los inversores? -Sí.

Todos, menos uno...

que quiere hacer senderismo.

Lo que me faltaba, romperme un tobillo

y que me coman los bichos.

¿Vienes a casa?

Quedé con unos amigos.

Pensaba hacer algo rico para cenar.

Bueno.

Oye, ¿te lo vas a perder?

¿Te perderás lo que cocinará tu madre? ¡Alcaldesa!

Espera.

No, que... Bueno, si cocinas tú...

no me puedo perder el acontecimiento.

-Di que sí, di que sí. -¿No?

Una vez que cocinas...

¡Qué bien!

Padre, espere.

Hola.

Veo que hizo amigos en el pueblo.

Cielos, ¿me está vigilando? Me siento protegido.

No, por favor, padre. No lo estoy vigilando.

-No es tan importante. -Ya lo sé.

-Mire, quería preguntarle... -¿Por Nuno me quería preguntar?

Está muy bien, gracias a Dios. Sí.

Por lo visto, el agresor era tan débil

que vio a una niña y tuvo que salir corriendo.

De verdad me alegro, padre.

Nuno debe recuperarse para enfrentarse a la justicia.

Con los tiempos de la justicia, ya estará fuerte como un roble.

Una verdad grande como un templo, padre.

La justicia de los hombres es lenta, es torpe, corrompible.

Es cualquier cosa menos justicia, ¿no le parece?

Sí, me parece. Soy abogado. No sé si lo sabe.

Le está predicando al coro.

Pero, como cura, sabrá que la justicia del Señor

no prescribe. Llega siempre.

Sí, siempre llega.

Y le llegará a Nuno.

Bueno, con estos buenos deseos...

Me esperan en el convento.

Padre, yo lo llevo.

-No, está bien. Gracias. -¡Padre!

Suba.

¿Usted dónde vive, padre?

En el Vaticano.

Pero yo soy de Madrid de pura cepa.

Entonces este pueblo le parecerá medieval,

como a la alcaldesa.

Bueno, todas las épocas tienen su encanto.

Sí, seguro que sí.

Pero nosotros vivimos en esta, no en el medioevo.

Como ve, conduzco una 4x4, no una carreta.

Todo lo bueno que tiene la modernidad

es aceptado.

Es bueno saberlo.

Lo que La Hermandad no acepta es lo que tiene de malo.

Ojalá se pudiera elegir, ¿no?

Siempre se puede elegir.

Nosotros elegimos lo bueno y controlamos lo malo.

No molestamos a nadie si nadie nos molesta a nosotros.

¿Entiende?

Sí.

Antes le preguntaba a Belisario

por una moto de carrera. ¿Qué sabe usted, padre?

Soy amigo del chico de la moto.

No lo veo hace tiempo y le preguntaba por él.

¿Qué sabe usted, padre?

-Nada. -Vamos, padre. No le creo.

Yo le juro que no sé nada.

¿Qué pasa? ¿Tiene ganas de mear o qué?

¿A qué viene eso ahora?

Bueno, usted me recordó a "El Padrino".

No quiero hacerle un spoiler de la película, pero...

hay un momento en el que paran a mitad del camino,

supuestamente a mear...

y terminan matando a Paulie.

Es cierto. "El Padrino", qué gran película.

Y es cierto. Si lo matamos ahora,

no se entera nadie.

¿Usted qué quiere?

La moto de carrera. ¿Qué sabe usted, padre?

El otro día, por la noche,

había un chico molestando a Alfonso,

el hijo de la alcaldesa.

Es un muchacho que tiene muchos problemas con las drogas

y está intentando rehabilitarse.

Por eso quería decirle a Belisario

-que lo dejara en paz. -¿Por qué a Belisario?

¿Qué van a hacer sus amigos?

Tendrán ganas de mear.

¿Por qué Belisario?

Por favor, no lo sé. Vi que le estaba dando cosas.

-¿Qué cosas? -No lo sé. No lo sé.

De verdad, olvídelo, ¿sí? No quiero que el Vaticano

se meta en este lío. Mañana hago las maletas y me voy

y ustedes se quedan aquí con su pueblo,

con sus lanchas, con sus maletas,

con su moto, con todo. De verdad.

¿Qué lanchas?

-¿Qué? -Acaba de decir "las lanchas".

-No. -Acaba de decir "las lanchas".

No lo sé. Habrá sido una manera de hablar.

No lo sé, estamos en un pueblo de mar.

Fuera, padre.

Por favor, déjeme en el convento.

-¡Bájese! -¡No, no, no!

-¡Por favor, no, no! -¡Fuera!

¡Por favor!

¡De rodillas!

Yo solo me pongo de rodillas para rezarle a Dios.

Por favor. Por favor.

Por favor.

Gracias.

Gracias.

¡Se lo dije! ¿Se lo dije o no se lo dije?

Lo que pasa es que yo hablo y pasa un tren.

Sí, Emilia. Solo intentaban asustarme.

-Ya está. -¿Ya está? ¿Nada más?

"Ya está", dice. ¡Vámonos de aquí, por favor!

De verdad, no es para salir corriendo.

La hermana Emilia tiene razón.

Te estás metiendo en un policial,

y nosotros vinimos a otra cosa, Simón.

Pedro, ¿no deberías estar durmiendo?

Necesitas tus ocho horas.

¿Y cómo quieres que duerma si casi te secuestran?

Bueno, son unos cavernícolas.

-La forma en la que ellos se... -"Cavernícolas", dice.

¡Traficantes! ¡Vámonos, por favor!

Bueno, a ver, me advirtieron.

Me doy por advertido. Mañana recogemos las cosas

-y nos vamos. -No, yo me quedo.

Me voy a quedar.

-Tengo que seguir... -¿Qué dice?

investigando lo que pasa con la hermana Corina.

Hay cosas que no entiendo. ¿Se acuerdan que a eso vinimos?

No puedo dejar de pensar en la conversación

-que tuve con Corina. -No lo escuche.

Fue muy rara. Algo no me cuadra. Hay algo que no tiene sentido.

-¡Ustedes dos están locos! -¿Pero qué tal si...?

¡Emilia!

No sé, amigo.

¡Me cago en la puta madre!

No lo puedo creer.

Volvió a perder el Celta.

¿Cómo lo habrá tomado Alfonso?

Pobre chico, Pedro.

Me recuerda mucho a mí.

Y a mi hermano.

Todo el día perdido.

En eso te convierte la heroína, ¿sabes?

En alguien que está todo el día pidiendo,

humillándose.

El único futuro que tienes es...

una dosis más.

Hay mucha gente valiosa en este pueblo, de verdad.

¡Ya sé qué pasa!

¡Ya sé qué es lo que no cuadra!

¡Dios mío! Sagrado Corazón de Jesús,

-en ti confío. -¡Me asustaste!

Ya sé. Mira. Ya sé qué es lo que pasa.

-¿Qué? -Corina me dijo

que cuando habló con Alba... ¡Quítame esa luz de encima!

Corina me dijo que cuando habló con Alba...

¿Qué pasó?

¿Pueden dejar de interrumpir, por favor?

Corina me dijo que cuando habló con Alba,

Alba le pidió

que no dijera nada hasta que ella tuviera tiempo

de hablar con Bernal, con su esposo.

-¿Y qué? -Que tardó una semana

en hablar con él.

Pero cada uno se toma su tiempo, Pedro.

No en circunstancias así. Es diferente.

Ella estaba destrozada.

Corina me dijo

que estaba destrozada cuando se enteró de la noticia,

que lloraba. Dijo que...

que lloraba de una manera que le rompió el corazón.

Recapitulemos. Nosotros ya estuvimos con Alba.

En persona y en presencia de su esposo

y de su hija, que estuvo 20 años desaparecida.

Los tres reunidos otra vez.

¿Les parece que es una mujer que está feliz?

¿Les parece que es una mujer plena

después de recuperar a su familia?

¿O parece más bien una mujer que sigue...

con el corazón roto?

¡Nuno!

¡Nuno! ¡Nuno!

¿Estás bien?

Bien, ahora sí.

-¡Nuno, Nuno! -Ahora sí.

-¡Cariño! -¡Nuno!

¡Madre mía!

Ya estás en casa, Nuno. Estás en casa.

Vamos. Entremos que llueve.

-Vamos, vamos. -Adentro.

Tengo muchísima hambre.

-Qué lindo estar en casa. -Vamos, vamos.

Nuno.

-Qué rico. -Que bien.

La verdad es que en el hospital me trataron muy bien.

Todo el mundo era estupendo.

Te llevé una magdalenas. ¿Te las dieron?

-No. -Estupendo, sí.

-Usurpadores de magdalenas. -Bueno.

Alguien las habrá disfrutado.

Pero pueden hacerme más, si quieren.

El doctor dice que puedo comer lo que quiera.

-Qué bien. -Buenos días.

-Buenos días. -Buenos días.

Qué buena cara tienes, Nuno. Bienvenido de regreso.

El padre Salinas

se quedará unos días con nosotros. Nada más.

Fue el padre Salinas

quien te encontró cuando te atacaron.

Pero fue la hermana Corina

la que tuvo la intuición de ir a buscarte.

Gracias. Gracias a los dos.

-¿Un café, padre? -Estoy bien, gracias.

Hermana Corina.

¿Le podría robar un momento para hablar?

Sí, ¿cómo no? Claro.

Secretos en reunión es de mala educación.

Mire qué celosas se ponen, padre.

¡Chicas, por favor!

Lo nuestro no es más que una buena amistad.

Estará feliz de tener a Nuno de regreso en casa, ¿no?

Sí.

Quería hablar con usted, hermana...

porque no pude dormir en toda la noche

por estar pensando en lo que me contó sobre Alba.

Es lo que sabe todo el mundo. No cometí ninguna indiscreción.

Sí, claro. Era nada más que...

no podía dejar de darle vueltas

a tratar de entender

por qué tardó tanto en hablar con Bernal.

¿Qué...?

¿Pasó algo esos días? ¿Qué estaba haciendo Alba?

No sé. Lo estaría pensando.

¿Pero pensando qué?

Yo qué sé. No adivino el pensamiento, padre.

Claro.

Mire. Abusando... de sus capacidades,

me gustaría enseñarle algo.

Dado que soy ciega, estará un poco complicado.

No, claro.

No sé ni por dónde empezar, hermana.

Me refiero a que...

En el pasado

tuve sensaciones...

imágenes como las que usted también tuvo.

Nunca terminé de entenderlas, pero...

pero sí aprendí a escucharlas,

a hacerles caso.

La última vez que sentí algo así...

fue la noche en que asesinaron a Bustamante.

Y...

como estoy activando la modalidad

de medidas desesperadas,

quisiera probar algo con usted.

¿Puedo?

Sí.

¿Qué pasa?

¿Qué siente?

-¡No! -¿Qué ve?

-¡No! -Dígame qué ve.

No, no.

¿Qué pasa? ¿Qué ve?

¡No, no, no!

No, suélteme, por favor.

Suélteme, suélteme.

¡Suélteme!

-Ahí está. -Lo acompaño.

No. Creo que es mejor que vaya solo. Espéreme.

Alba, buenos días.

Buenos días.

Gracias por aceptar verme.

Podríamos habernos reunido en la oficina.

La verdad es que tengo bastante que hacer.

Perdóneme.

Quería darle un poco de privacidad, nada más.

Usted dirá.

Mire.

Yo no estoy aquí por elección.

Estoy aquí en una misión de la Iglesia Apostólica Romana

y para el Santo Padre

que es el vicario de Dios en la tierra.

A veces parece el sicario, ¿no?

Bueno...

Sí, supongo que sí. A veces.

Pero el vicario es siempre, Alba.

Y yo tengo un trabajo que hacer.

Y ese trabajo es saber cuál es la verdad

acerca de lo que vio la hermana Corina.

Pero las verdades nunca aparecen de a una, Alba.

Vienen de a montones, vienen de a puñados,

y yo necesito entender todo.

Necesito entender las relaciones,

las dinámicas entre los distintos personajes,

para saber si la visión fue eso.

¿Fue una visión?

¿O fue...

provocada por una sugestión?

-¿Entiende lo que digo? -No.

Bueno, imagínese que sí o nos tomará todo el día.

Además, eso no es importante.

Lo importante

es que la hermana Corina me dijo que, cuando tuvo su visión,

usted le pidió que no le dijera nada a Bernal

hasta que usted pudiera pensarlo.

Lo normal, ¿no?

¿Una semana?

¿Una semana para pensarlo? ¿Una semana

para hablar con su esposo?

¿Para hablar con el padre de la niña desaparecida?

Es raro, ¿no?

En esta historia no hay nada que no sea raro, padre.

No, ya sé.

Eso lo sé, Alba.

Y de verdad, créame que entiendo.

Entiendo...

Entiendo la incertidumbre.

Entiendo las ganas de que sea verdad.

El miedo de que sea verdad.

Pero, sinceramente, lo único que no entiendo es...

¿por qué no compartirlo con su pareja?

Por eso deberían casarse los curas.

Hay tantas cosas que podrían entender mejor.

¿Y por qué no me lo explica?

Explíquemelo ahora.

Tengo que trabajar, padre.

¿Y?

Nada.

Todos tenemos nuestros tiempos, padre.

Quizá no creyó la historia de la niña.

No, sí la creyó.

Quizá pensó que no era su hija.

Sí lo creyó.

Confió en Corina desde el principio.

Momento, ¿y si Bernal no es el padre?

En mi pueblo pasa todo el tiempo.

Les hicieron pruebas de ADN a los dos.

¿Y si...?

¿Y si nos vamos?

No, hermana.

No, por favor.

Por lo que más quieran.

-Yo no hice nada. -¿No hiciste nada?

-Se los juro. -¿Eres un maldito traficante

y no hiciste nada?

No. No. ¡No, por favor! ¡Por favor!

¿Para quién trabajas, perro?

¿Para quién trabajas?

Para el búlgaro.

-¿El búlgaro? -Sí.

Vende por Compostela.

Yo solo le compro de vez en cuando.

Lo juro. Lo juro por lo más...

No blasfemes. No jures.

¿Y tú qué tienes que decir en tu defensa, Judas?

Por favor, hermano Sebastián.

No me haga daño.

Haré propósito de enmienda.

Haré juramento de...

No jures, blasfemo. ¿Qué querías?

¿Qué buscabas haciendo negocios con ese veneno del demonio?

Dinero.

Solo quería dinero.

Cometí...

el pecado de la avaricia.

No me hagan daño, por favor.

Se los pido en nombre del Señor.

Ni se te ocurra invocar al Señor, cerdo.

Usaste a La Hermandad para enriquecerte.

Nos pusiste en peligro.

¡Incumpliste todos nuestros votos,

nuestros sagrados juramentos!

Perdón.

Perdón, hermano Sebastián.

¡No, no me maten!

¡No!

Basta.

Tu arrepentimiento es falso y ofende a Dios.

No quiero escucharlo.

Ahora, volverás a Compostela para decirle a tu jefe

que Porto da Lúa está cerrado para siempre

para él, para ti y para cualquiera que venga

a intentar envenenar la sangre de nuestra gente.

No, por favor.

¡No!

No, por favor. Por favor, no.

No, por favor.

¡No, por favor!

¡Por favor!

¡No!

Suéltenme.

¡Suéltenme!

¡Suéltenme, por favor!

¡Suéltenme!

Nosotros ya no podemos hacer nada por ti, Belisario.

Fíjate, ya ni siquiera te llamo "hermano Belisario".

Perdiste esa condición.

Ese derecho.

Nos manchaste.

Y pagarás.

En el Antiguo Testamento,

Dios reserva el castigo de la lapidación

para los adúlteros.

Y lo que tú hiciste es una forma de adulterio.

La peor de todas.

Hermanos.

Ni siquiera buscabas la recompensa

del demonio de la carne, ¿no?

Buscabas saciar tu codicia.

¡Piedad!

¡Piedad!

No.

¡Hermanos!

¡Piedad!

¡No!

¡No!

¡No!

Hola.

Tengo que hablar contigo, Xiana.

Claro.

¿Estás bien?

En este pueblo los secretos duran cinco minutos.

Y los que duran más pudren a la gente por dentro.

Te contaré un secreto que llevo guardando 20 años.

Así que imagínate lo podrida que estoy.

-Me estás asustando. -No.

No es para que te asustes.

Tal vez para que te enfades y para que me insultes.

Pero no para que te asustes.

Es sobre quién es en realidad tu padre.

Yo no... No entiendo.

Que Bernal no es tu padre.

Eso.

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