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Zulu
¡Simonete!
Mi mentor, mi hermano, mi padre.
-Simonete. -y a veces, mi niñero.
Hay un instituto secular, "La Hermandad".
Uno de los fundadores, Joaquín Bustamante,
los recibirá.
Soy su confesor.
No nos gusta llamar la atención.
Seremos discretos, Joaquín.
La impresentable de la alcaldesa.
Mira, nuestro padre no te educó así.
No nombres a nuestro padre. Bastante le arruinaron la vida
tú y los curas frustrados con los que vives.
Hace casi 20 años,
secuestraron a una niña del pueblo.
Puse a la niña en su cunita
y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente, despertamos y ya no estaba.
No la volvimos a ver.
La monja que tiene visiones nos dijo la dirección exacta
de dónde se encontraba la niña secuestrada.
¿Y ustedes han venido...?
Por lo que pasó con sus visiones,
que nos sorprendieron a todos.
¿Dónde vas?
¡No!
Es Joaquín.
¿Pero qué demonios hacen? ¡No!
¡Basta, por favor!
¡Detente! ¡No!
¡Por favor, por favor!
Rápido.
Más rápido. Por allá.
Vamos.
No, espera.
Cuando cuente tres.
Uno. Dos. Tres.
Uno...
Dos...
Tres.
¡Dios!
Ayúdame a bajarlo, Pedro.
¿Qué? No, no toques nada. No toques nada.
-Ayúdame a bajarlo. -Es evidencia. No toques.
¿Cuál es el número de Emergencias aquí?
El 112.
¿112?
-Qué bestias... -112.
No, al 062. Llama al 062, la Guardia Civil.
062.
Esto no es obra humana.
Lo bajaré.
-No lo puedo dejar así. -¡No toques nada!
¿Estás loco? ¡Es evidencia!
Es evidencia de la bestialidad de este pueblo.
El cuerpo todavía está caliente, Simón.
-No me extraña. -Está caliente.
Debe llevar poco tiempo aquí.
Tal vez una o dos horas. ¡No toques nada, carajo!
Ya verás, nos echarán la culpa a nosotros.
¡Ya verás, nos culparán a nosotros!
Está bien. Tenemos una coartada. Estábamos haciendo el ridículo
-cantando en ese bar. -¡Y tú no querías beber!
-¿Ves? Siempre es bueno beber. -Hola, Hermana.
¿Qué? ¿Que encontró qué?
Escúcheme, esto no es una competencia,
pero creo que lo que encontramos nosotros
-es mucho más importante. -¡Hermana!
Tiene que venir a la antigua iglesia.
-Dios mío. -No sabe dónde está.
-¿Qué? -No sabe dónde está.
-¡Mándale nuestra ubicación! -¿Qué dices?
-¡Que le mandes la ubicación! -¡El bar!
¿Sabe dónde está el bar? Bien...
Hermana, le mandaremos nuestra ubicación, ¿de acuerdo?
Hasta luego.
¿Ella sabrá lo de la ubicación?
Sí, ella es hermana, pero también es milennial.
Dios mío, ¿quién hizo esto?
-Dios mío. -Carajo.
Dios mío.
¿Qué es esto, Dios mío?
-Cielos. -¡Hola!
Sí. ¿Podría comunicarme con la Guardia Civil?
Gracias.
No logro imaginarlo.
Usted dice que sintió una sensación.
Sí, oficial.
Generalmente, eso es lo que pasa con las sensaciones:
-Uno las siente. -No, bueno...
En realidad, fue más sencillo que todo eso.
Somos dos curas, vimos esta iglesia antigua,
y bueno, la pasión...
¡Mateo, dime que no es verdad!
No es verdad. En este pueblo nunca pasa nada,
-y hoy se nos da por innovar. -Espera, Pilar, por favor.
No quería que lo vieras así.
¿Por qué no me dijiste que era él?
¿Cómo te lo voy a decir por teléfono?
Lo siento mucho.
¿Qué haces? Esto no es una boda.
Bueno, Pilar. Están haciendo su trabajo.
Mateo, esto no puede salir de aquí.
Hoy no.
¿Cómo voy a ocultar una muerte?
No, no ocultes la muerte.
Oculta...
Dios, esto.
Si los periodistas se enteran,
mañana será la portada y no...
Necesitamos que la fiesta sea la protagonista.
¿Tiene ganas de hacer la fiesta?
Pero no.
-No tengo ganas de hacerla. -¿Y entonces?
Es que los inversores y los turistas llegan mañana,
y el pueblo entero depende de eso.
¿Entiendes?
No tengo ganas de hacer una fiesta.
Esto es trabajo.
Y el trabajo no se suspende por problemas familiares.
La fiesta se hace.
Y quiero discreción.
-¿Discreción? -Sí, discreción.
¿O silencio?
Llámalo como quieras.
¿Y cómo voy a parar esto?
Por favor te lo pido, piensa en el pueblo,
-piensa en la gente. -Mira.
Haré lo que pueda.
Pero no prometo conseguirlo.
Tienes que prometerlo. Esto no puede salir de aquí.
Por favor, Mateo.
La fiesta de mañana es lo importante, por favor.
-¡Padres! -¡Emilia!
Perdón, ella viene con nosotros.
-Por favor. -Por favor.
-¿Qué pasa? -Deben ver esto.
-¿Por qué se fue del convento? -Espera.
¿Qué fue lo que encontró?
¿Qué pasa?
-¿Qué es eso? -¡Carajo! ¡Demonios!
-¿De dónde sacó eso? -Del vivero del convento.
-¿Del convento? -Sí, sí.
-¿Cuándo? -La semana pasada.
-Pero si llegaste hoy. -Entonces habrá sido hoy.
-¿Cuándo va a ser? -¿Cuándo exactamente?
No sé, hará una hora. Vi luz en el vivero.
Alguien lo estaba escondiendo. No vi quién.
Bueno, ¿pero qué quieres decir?
¿Qué tres monjitas ciegas,
ni miopes, ni bizcas, ni tuertas,
sino ciegas, ciegas, ciegas
crucificaron a un tipo cabeza abajo?
Esto es demasiado. Esto es otra cosa.
Tenemos que entregarle esto a las autoridades
y que ellos se encarguen.
Le prometí a Monseñor Cañola que lo ayudaría.
Bueno, te quedarás tú porque esta es otra cosa, Simón.
Te estoy hablando. Este es otro departamento.
Nuestro trabajo es verificar milagros, ¿no?
Nuestro trabajo es comprobar el trabajo divino,
y esto de divino no tiene nada.
Al César lo que es del César,
y a Dios lo que es de Dios.
-Sí, sí. -Rayos.
-¿Tienes alguna idea mejor? -No, no, está bien.
-Bien. -Espera, Pedro.
Oficial, ¿tiene un segundo?
Pedro.
-¿Qué pasó? -¡Quietos ahí!
No pueden marcharse.
Ya no tenemos nada que hacer aquí, oficial.
Ustedes descubrieron el cadáver.
-Tienen que esperar al juez. -¿Cuál juez?
¿De qué juez habla? Yo me tengo que ir.
Pedro, por favor.
Disculpe, sargento. Estamos todos muy nerviosos.
¡Yo no estoy nervioso, Simón, ya me quiero ir!
-¡Por favor! -Tú no lo estás, pero yo sí.
Y necesitaré un momento
para que me bajen las pulsaciones.
Sargento, nos quedamos hasta que venga el juez.
Tranquilo.
-¿Estás bien? -Perdón.
¿Qué te pasa?
Esta es la casa del Diablo, Simón.
Todos pensamos en algún momento:
"Cuidado".
"No vayas por ahí, por ese camino,
que no te lleva a nada bueno".
Y tomas otro.
Con más amor, más bello.
O con más paz al menos.
¿Guardia Civil?
¿Entonces
piensas que has evitado el desastre?
Mi nombre es Franca Olivares.
Y llamo porque hubo un crimen.
Pero una noche,
tocan a tu puerta...
Sí, la hermana Franca, sí.
...y cuando la abres,
ahí está el destino
que estaba en ese mismo camino.
Hubo un crimen en la vieja iglesia.
Y lo que ocurrió es lo que...
Y entonces te das cuenta
de que el camino no importaba.
Que el destino siempre te encuentra.
¿Ya lo encontraron?
No te preocupes, bonita.
Dios siempre nos sonríe.
Llamo para denunciar a las culpables.
Mis hermanas, Corina y Anabel,
y yo. Las tres.
Lo asesinamos las tres.
Todo saldrá bien.
Sí, señor. Fuimos nosotras.
Y queríamos saber:
¿Ahora qué?
Todo saldrá bien.
Vi algo.
Vi algo y... Tenemos que irnos de aquí.
Y no puedo devolver esto.
Por Dios, no te la puedes quedar.
Sí, hay algo aquí.
-Hay algo aquí. -Pedro, debes devolverlo.
-No. -Pedro, es una prueba.
-Confía en mí. -Es una prueba.
Tienes que confiar en mí. Aquí está la respuesta de todo.
-Aquí están las respuestas. -¿Qué respuestas?
Se lo damos a la policía y nos vamos a casa.
-¡Padres! -Simón, por favor...
Por favor.
Es una evidencia judicial.
Sargento.
No se imagina lo que pasó.
Empezamos mal.
La hermana Emilia
tiene una historia de vida que a usted...
lo sorprendería.
Encontró algo.
Y creo que es importante que usted lo vea.
-Pedro. -¿sí?
Pedro, por favor dale...
lo que encontró la hermana Emilia.
Lo encontró la hermana Emilia.
¿Pero qué es esto?
¿Qué tienen aquí?
¡Agente!
-¿Dónde lo encontró? -En el convento.
Habiendo entregado esto que es una prueba...
muy importante, nosotros...
damos por terminada nuestra participación en este...
caso.
Imagino que le llevará mucho tiempo...
Buenas noches, sargento.
Buenas noches, por decir algo.
-Ellos encontraron el cadáver. -¿Qué tal?
-¿Sus nombres? -Pedro Salinas.
-Emilia Graviano. -Y Simón Antequera.
Son sacerdotes.
Y yo soy hermana.
Y yo soy ateo.
Juan Trujillo. Soy el juez a cargo de la investigación.
Mucha suerte. Nosotros no entendemos nada.
Vinimos aquí de visita y...
Esto, claramente, es un caso local.
¿Qué tiene?
La hermana encontró esta daga con restos de sangre.
Nosotros nos tenemos que ir. Tenemos muchas cosas que hacer.
-Seguro, pero no se pueden ir. -¿Por qué no?
Debo ver la escena del crimen,
y hablar con las hermanas Olivares.
-¿Las hermanas Olivares? -¿Son sospechosas?
Tal vez sea porque acaban de confesar el crimen.
No se muevan de ahí.
¡Mierda!
Soy yo, Xiana. Tranquila.
-No te asustes. -Bernal, ¿qué demonios haces?
¿Qué dices?
¿Qué haces?
Mirarte, nada más.
Ver cómo duermes.
Ay, Bernal...
Puedes llamarme "papá" si quieres.
No sé.
El tiempo...
Sí, claro.
Con el tiempo, Xiana.
El tiempo todo lo cura.
Sigue durmiendo.
¿Bernal?
Sí, dime, Xiana.
Me llamo Maggie.
Claro.
Es que me cuesta.
Además "Xiana" es mucho más bonito.
Sigue durmiendo.
¡Mierda!
¿Qué hacías?
Nada.
No podía dormir.
¿Es por ella?
No es ella, Alba.
Es mi hija, nuestra hija.
Por favor, ¿me puedes decir qué sentiste en la iglesia?
No es solo lo que sentí, Simón. Es lo que vi.
Aquí hay algo muy oscuro, y no es solo lo de Bustamante.
No sé cómo explicarte. Es como una sensación...
Es pesado...
¿De verdad son necesarias las esposas, oficial?
-Por favor. -Quítense de en medio.
Las esposas son por protocolo.
¡Son tres madres ciegas, por favor!
Que acaban de confesar un homicidio.
No se peleen por nosotras.
Lo hacemos por propia voluntad.
Madre, por favor, hable conmigo.
Cuénteme que está pasando.
Nada extraño.
El destino tocó a la puerta.
Estaremos bien.
Madre, por favor...
¡Dios mío, Joaquín!
¿Dijeron por qué?
No, no...
Todavía no. Solo dicen que fueron ellas.
¿Sigues ahí?
Sí. Sí, sí, perdona.
Simón, necesito pedirte un favor.
No las dejes solas.
Iré para allá en cuanto pueda.
Necesito encontrar un abogado que se encargue de la defensa.
No quiero que nadie ajeno a la Casa
se les acerque.
-¿Cuento contigo? -Sí, sí, claro.
Está bien.
Gracias, Simón.
Señor Trujillo, Señor Trujillo.
Monseñor Cañola,
Arzobispo de Santiago de Compostela
me encomendó
la representación legal de las hermanas
hasta que encuentren a sus letrados definitivos.
No necesitamos abogados ni que nos defienda nadie.
Somos culpables.
-Terminemos con esto de una vez. -¿Usted es abogado? No parece.
Usted tampoco parece juez.
Ni siquiera parece adulto y yo no tengo ningún problema.
Soy miembro del ilustre Colegio de Abogados
de Madrid. Padre Salinas, hermana.
Vayan a buscar los documentos que tengo en la maleta.
Ellos serán mis asistentes, ¿de acuerdo?
Cámbiese la chaqueta. Está muy sucia.
Oiga, ¿está descompuesto?
-Mire, hermana. -¿Qué pasa?
Yo no sé qué le habrá dicho sobre mí
el padre Antequera, pero...
tengo una condición... No es una condición en realidad.
Mi niñera decía que son ausencias,
pero no son ausencias. En realidad, es como...
visiones, como imágenes...
Son más como una presencia...
-¡Diablos! -¿Qué pasó?
Me pinché con la maldita tijera...
¿Padre?
-¿Padre? -Abra, abra.
¡Por Dios!
¿Es verdad lo que nos contaron?
-Sí. -Dios mío.
Cielos. Nos acaban de llamar, ¿qué pasó?
No me obligue a ser el...
el portador de este mensaje. ¿Sí? ¿De acuerdo?
No. Vayan a la morgue.
Vayan a la morgue, por favor.
El hermano Bustamante los necesita.
-Necesita su oración. -Y su presencia.
Y yo necesito darme un baño,
pero en un momento estoy con ustedes.
Vayan yendo, por favor. Lo siento mucho, de verdad.
Lo siento mucho.
¿Pero qué está pasando?
-¿Qué pasa? -No sé qué pasa, hermana.
Ahora solo puedo decirle que son como imágenes, como...
como sensaciones.
No tengo en claro que es, pero le puedo asegurar
que la única certeza ahora es que...
es que...
esto...
es muy importante.
No sabría decirle la hora exacta.
Dígame una hora aproximada.
-¿Por la tarde, por la noche? -Espera.
Primero, ya le dijo que no lo recuerda,
y segundo, este es su cuartel.
Es su caso. ¿Por qué pregunta él?
¿Podemos seguir?
Si era completamente de noche, sería tarde.
Yo me duermo muy temprano.
¿Entonces era de noche?
No sé. No tengo la bendición de ver
ocasos y amaneceres.
Debe ser hermoso.
¿Y el homicidio se produjo allí mismo
en la iglesia?
No conteste, hermana.
Allí mismo, sí.
Le dije que no contestara.
Usted a mí no me da órdenes.
¿Y se reunieron allí por iniciativa de la víctima
o fueron ustedes quienes lo citaron allí?
No conteste, hermana.
Padre, por favor. ¿Cómo instruiré el sumario
si no me deja determinar el grado de culpabilidad?
Si quieren hablar, que hablen.
Insisto, hermana...
-No conteste. -Nosotras lo citamos.
¿Conocían a la víctima con anterioridad?
A eso lo puede contestar.
¿A Joaquín? Sí, de toda la vida.
Aunque como dice Franca,
conocer, lo que se dice "conocer"
uno conoce a muy poca gente, ¿no?
Es una gran verdad. Sí.
Encontramos una daga con sangre
en el invernadero del convento.
¿La encontraron?
¿Con ella atacaron a la víctima?
No, no, para. No conteste, hermana.
A ver, a ver, sí. ¿Cómo se lo explico?
No tiene que explicarme nada.
De verdad, no les tiene que explicar nada.
Pero me está preguntando.
No es obligación. No es obligación, hermana.
No es una obligación. Lo hago con mucho gusto.
Soy monja, sí. Ciega también.
Pero maleducada no.
Hermana Corina...
Sí, sí, sí. Es la daga que usamos, sí.
-¿Y el teléfono? -¿Qué teléfono?
El de la víctima.
-¿Qué le pasa? -No aparece. ¿Qué lo hicieron?
Se le habrá caído quién sabe dónde.
Somos ciegas, ¿cómo vamos a saberlo?
A pesar de la ceguera, mataron a un hombre
y lo crucificaron.
Será lo que usted quiera,
así que, como usted vea.
Esos caminos y esa iglesia son como nuestra casa.
Podría dibujársela detalladamente.
Crucificarlo cabeza abajo tiene una carga simbólica.
No fue casualidad.
Quisieron decir algo.
¿Usted está dando por hecho que fueron ellas?
-No hay ninguna prueba. -Fuimos nosotras.
Bueno, y ahora habla.
Fantástico.
¿Y qué quisieron decir con esa puesta en escena?
"Y a vosotros, verdugos, os pido,
crucificadme así,
con la cabeza hacia abajo, no de otro modo".
¿Quién dijo eso? ¿La víctima, Bustamante?
No, Pedro.
-¿Qué Pedro? -San Pedro.
San Pedro lo dijo.
No entiendo.
Según San Jerónimo,
Pedro fue crucificado cabeza abajo
porque no se sentía digno
de ser crucificado como Jesucristo.
¿Y Bustamante no era digno?
Reformulo la pregunta:
¿Por qué lo mataron?
Es lo único que no quisieron contestar.
Porque Dios así nos lo pidió.
¿Y Dios suele pedirles cosas?
A todos.
Pero somos pocos los que escuchamos.
Y menos aun los que obedecen.
¿Y por qué Dios quería muerto a Joaquín Bustamante,
y así de esa manera?
Yo no soy nadie para juzgar...
los deseos de Nuestro Señor.
Por favor, dejen de perder el tiempo
y ya hagan lo que tengan que hacer.
Por favor, vamos.
Una pregunta más, hermana:
¿Por qué escondieron la daga
si tenían pensado confesar el crimen?
Esa pregunta es para un asesino. Nosotras somos monjas.
Pero mataron a un hombre.
¿Por qué ocultamos la daga?
No lo sé.
A veces, uno hace cosas de las que luego se arrepiente.
Sin duda, alguna vez le habrá pasado a usted.
¿De qué se arrepiente?
¿De cometer un crimen o de esconder la daga?
¿Por qué decidieron confesar?
Joaquín Bustamante está muerto
porque la justicia divina lo pidió así.
Nosotras debemos pagar
ante la justicia del hombre.
Todos deben pagar.
Espéreme aquí.
¿Cómo están?
Hablando como cotorras, lo digo con respeto.
Se mueren de ganas de ir a la cárcel.
No, tengo un abogado
que ya trabajó antes en la diócesis
con nosotros.
Llegará a primera hora de la tarde.
-Te debo una. -No, no me debes nada.
Por favor, no me dejaron hacer nada.
¿Tienes idea de lo que está pasando aquí?
No.
-Tengo que hablar con ellas. -Monseñor, un momento.
-Tenemos una charla pendiente. -No.
-Ahora no es el momento. -Sí.
Tú fuiste el confesor de Bustamante, ¿no?
Tengo que hablar con ellas.
Monseñor...
Bueno, quiero decir, no es culpa de ellos.
Sí, son muy agradables.
¡Pero muy agradables!
Tal vez incluso hasta demasiado.
A ustedes los extraño tanto.
¡Xiana!
Me tengo que ir. Luego te llamo. Te amo. Adiós.
-¿Sí? -Ven.
Preparemos algo para comer.
Nada complicado, algo para picar.
Vendrán tus tíos. Se mueren por conocerte.
¡No sabes cuánto insistieron para verte!
¿Con quién hablabas?
Con los señores de Canadá.
No me importa, de verdad.
Vamos.
Será mejor que me ayudes
porque tu madre es capaz de reparar comida
como para 30 negros hambrientos.
Vamos.
¿Qué?
Lo de negros va sin discriminar, no soy racista.
Lo digo por la gente de África, los que tienen hambre.
No todos tienen hambre tampoco.
Solo lo dije como un ejemplo.
Perdona.
Si esto es difícil para ti, imagínate para mí.
No sé si puedo abrazarte,
darte un beso, tocarte, porque...
ya eres una adulta, y cuando te perdí
ni siquiera llegabas a niña.
Y me molesta que sea tan raro.
Pero...
¿Por qué sería raro, si soy tu padre?
Bueno, quédate si tienes ganas,
o sigue con las llamadas, que también está bien.
Encontraron a Bustamante en la iglesia abandonada.
Soy periodista, no policía.
No quieren soltar una palabra más.
Hay algo que están ocultando.
Todavía no sé qué, pero estoy seguro
de que hay algo que no dicen.
¿Es la ausencia que le dicen?
Por favor, ¿podrían bajar un poquito la radio?
Por favor, ¿les podría decir que bajen el volumen?
Como poder, puedo. Pero no lo haré.
Mejor dígales usted.
Está bien.
¿Por lo menos nos traes un pulpito a la gallega?
-Sí, ¿cómo no? -Y un vinito.
Blanco, fresquito. Uno bueno que tengas por ahí.
-Claro. -Perfecto.
Trabajar nos da mucha hambre.
Es como si quisieran ir a la cárcel.
-Como si quisieran ir presas. -Y lo van a conseguir.
Criminales confesas,
cuerpo del delito encontrado,
un pueblo pequeño,
un juez con muchas ganas de fastidiar,
y una alcaldesa con ganas de tapar todo.
Está todo hecho.
Estas van al cielo entre rejas y aquí no pasó nada.
¡Oigan!
La radio está muy... muy... ¿eh?
Un poquito...
Estamos intentando rezar aquí.
Por favor. ¿De acuerdo?
-¿Qué pasa? -Hola, muchachos.
-El pulpo ya sale. -Sí, perfecto.
Solo necesito reírme un poco. ¿Qué están escuchando?
"Las mañanas de Xulio".
¿Es bueno, es divertido?
-¿No conoce a Xulio Nova? -No.
No sabe de lo que se pierde.
-Escuche. -A ver.
Mientras esperamos las llamadas...
Nada, no quieren saber nada de abogados
ni de apoyo de la Curia.
No se dejan ayudar.
Ya confesaron,
entregaron el arma del crimen,
y no quieren saber nada de nosotros.
-No se puede hacer nada. -Claro.
Monseñor, por favor.
-¿Qué quieres que haga? -Quiero que me cuentes la vedad.
Ya te la conté.
Vamos, Monseñor.
No hace dos días que nos conocemos.
No contaste la verdad.
¿Recuerdas cuando me encontraste en Madrid?
Estaba hecho una porquería.
Había consumido heroína, me dio un mal viaje
y te dije que estaba de maravillas.
Te dije: "Yo controlo,
yo consumo cuando quiero", y era mentira.
Tú lo sabías perfectamente.
Y aun así me dijiste: "Simón,
deja que te ayude. Confía en mí".
Y yo confié en ti, ¿no?
Gracias a Dios. Por eso hoy estoy aquí.
Yo te quiero devolver este favor en vida.
Y te estoy diciendo lo mismo: "Confía en mí".
Cuéntamelo. Tú fuiste el confesor de Bustamante.
Déjame ayudarte, por favor.
Tú sabes perfectamente lo que es el secreto de confesión.
Si ese es el problema, no te preocupes.
Ya estuve en esa situación.
Te confiesas conmigo
me lo cuentas, y así, por lo menos,
tengo algo con lo que empezar a trabajar.
¿Es una broma?
Es un tipo de argumento legal.
¿Argumento legal?
O sea que quieres engañar a Dios con...
con artimañas de abogados, ¿no?
No, lo que quiero es ayudarte.
Bueno, no te vayas.
¿Entonces qué puedo hacer?
-Algo harás. -Simón.
Ayúdalas.
Haré lo que pueda, ¿sí?
Hola. Uno, dos, tres. Probando, probando.
Hol... ¡Ah!
Pilar, Pilar.
-¿Qué pasó? -Mira.
Y mientras la noticia de este terrible asesinato
llega a la calle, a los medios,
¿dónde están las autoridades policiales?
¿Qué tienen que decir los dirigentes políticos
de Porto da Lua?
Como decía un hombre sabio:
"Ni están ni se los espera".
Pon la radio. Xulio está hablando del caso.
-¿Qué? -Tienes que escucharlo.
Parece un cuento de terror, pero de los más horribles,
de los que están llenos de sangre,
vísceras y barbarie.
Las tres asesinas de Joaquín Bustamante
no solo lo asesinaron.
Le grabaron la espalda con un cuchillo,
dejándole la marca de dos tajos cruzados
con un extraño símbolo,
como si fueran llaves.
Dos llaves cruzadas.
Consultamos con expertos
y nos dijeron que pueden simbolizar
las llaves del Reino.
Aún no sabemos si la marca fue hecha
cuando la víctima estaba viva, ¿pero qué importa?
Evidentemente lo hicieron como un castigo más.
Como si asesinarlo y colgarlo cabeza abajo
no fuese suficiente.
Hay que perseguir al fanatismo religioso.
¿No lo hacemos en otras partes del mundo?
Hagámoslo en nuestra propia casa.
Ya basta, por favor.
Amigas, amigos míos,
ahora, lo único que pido
es que no dejen salir a esas tres mujeres
de donde las tengan encerradas
porque tienen la cabeza muy perturbada.
Son peligrosísimas.
¡Mateo!
-¿Quién fue? -No tengo ni idea.
Te pedí una cosa: Discreción.
¡Carajo, Mateo! ¿No puedes controlar a tu gente?
Primero, no te olvides de dónde estás.
Yo soy un guardia civil. No respondo a ti.
Y segundo,
pongo las manos en el fuego por mi gente.
No sé cuál es la fuente de ese periodista,
pero de aquí no sacó nada.
Tú dirás.
Solo estaban ustedes y no me guardé los detalles.
La crucifixión, las llaves del Reino.
No sé. Si me avisaban hacíamos "La semana del terror"
en vez de las fiestas vecinales.
Señora, aquí murió un hombre.
Me parece que es más importante que su fiesta.
¡Demonios, no es una fiesta!
Es un evento para el pueblo.
Para ver si alguien se entera de que este sucio pueblo existe
y logramos salir de la mierda en la que estamos.
Vendrán inversores de media Europa.
Por mí no.
No lo necesito.
Vendrán por el pueblo.
Porque en este pueblo hay mucha gente sin trabajo
que no llega a fin de mes y lo pasa horrible.
Y me pidieron a mí que les ayude a arreglar sus miserables vidas
-y es exactamente lo que haré. -El muerto es su herma...
¡Cállate, Trujillo, que no terminé
y está hablando una mujer!
Mateo, si la muerta hubiese sido yo,
te habría pedido exactamente lo mismo.
No me olvido de lo que eres ni de dónde estoy.
No te olvides tú de lo que soy capaz.
Si vuelve a haber filtraciones a la prensa,
te las verás conmigo.
La fiesta sigue adelante porque la gente lo necesita.
¿Está claro?
¿Sí? ¿Sí?
-Perfecto. -Alcaldesa.
-Perdón. -¿Y usted qué quiere?
Entiendo su enfado,
pero hay algo que me gustaría que supieran.
Imagino que ya sabrán quienes somos...
a estas alturas.
Claro.
La hermana Emilia les manda saludos.
No la dejaron pasar.
Si tienen alguna pregunta, los podemos ayudar.
Vamos, Pedro. De verdad.
Basta ya. Está bien.
Está bien. Confía en mí. Vamos, por favor.
Pedro, hazme caso.
¿Qué pasó?
Bueno...
No hay mucho que podamos hacer a estas alturas, hermanas.
Ustedes confesaron,
ya encontraron el arma del crimen...
Las van a llevar a Santiago de Compostela
y después de las declaraciones pertinentes
y una vista oral,
las meterán en la cárcel.
Son asesinas confesas.
No podrán salir hasta después del juicio.
Haremos todo lo posible para que estén bien cuidadas,
para que estén...
bien alimentadas.
Les mandarán ropa desde aquí, pero...
No hay mucho más que podamos hacer.
Ya averiguaremos en que...
en qué prisión estarán.
Hermana Corina.
¿Usted dice si yo tengo alguna pregunta?
No tengo una. Tengo mil.
Y solo hay una que importa:
¿Por qué se niegan a contar la verdadera razón
del asesinato?
Y no me venga con el cuento del plan divino
porque soy cura, pero no soy imbécil.
¡Ay, por Dios! ¡Por favor!
Pedro, por favor.
Sagrado Corazón de Jesús, a ti acudimos...
Por favor. Pedro, ¿dónde vas?
¿Cómo se apaga esta mierda?
-Para, para. -¿Cómo se apaga esta...?
Sagrado corazón de Jesús, en vos confío...
Ya está. Hermanas, escúchenme, por favor.
Esta es la última oportunidad. Nadie nos está escuchando
y nadie nos está viendo. Y mire, aquí...
aquí en mi cuello hay más información.
Aquí puede sentir más información,
Aquí puede ver, puede sentir mis latidos, ¿sí?
Puede ver si estoy nervioso,
o puede sentir si estoy mintiendo, ¿cierto?
Bueno, entonces...
Sienta, por favor, que aquí hay amor.
Que hay compasión y que hay empatía
por lo que les está pasando.
Apenas las conozco, solo las vi un par de veces.
No entiendo por qué...
por qué se condenaron, o por qué asesinaron,
pero aquí hay amor.
¿Lo puede sentir o...?
¿O estoy mintiendo?
-No, no. -¿Entonces?
Perdone, no se lo tome a mal,
pero no siga porque me hace sentir terrible.
No hablaremos.
Pero no sufran por nosotras.
Fuimos tres niñas obligadas a crecer muy rápido.
Hubo un tiempo
en el que soñábamos con matrimonio, con niños,
con tener una familia.
Sueños que se esfumaron de un día para otro.
Pero supimos encontrar nuestro camino.
Pudimos ayudar a muchas personas.
Dimos consejos y consuelo,
comida y trabajo.
Y cuidamos de nuestro jardín.
Quizá en la cárcel
también podamos ayudar a la gente.
Si pudiéramos hacer eso,
la cárcel no sería algo tan malo.
Y si pudiéramos estar juntas,
¿qué más podríamos pedir?
Gracias de todos modos
por lo que intentaron.
Claro.
Bueno...
Vamos, Simón.
Pedro. Pedro. Pedro, espera.
Oye, Pedro.
¿Seguro de que no quieres seguir con lo de las llaves?
¿Para qué? Ya no tiene sentido, ¿no?
¿Qué pasa con las llaves?
Las llaves del Reino.
Las llaves del Reino de los Cielos.
Yo solo te lo digo:
Lo sabe todo el pueblo, se está armando un revuelo.
"La Insignia de la Santa Sede", "Las Llaves del Escudo Papal".
Terminarán enterándose, Pedro. Les tengo que contar.
Además, es...
un agravante judicial. Es alevosía.
¿Alevosía?
Ese es un tema para el juez, pero usted no...
Da igual. No se preocupe. De verdad.
¿Para un juez qué? ¿Qué quiere decir?
Hermana, las marcas que le hicieron a Bustamante
en la espalda con la daga...
Nunca vi nada igual.
¿Por qué las hicieron?
Y no me diga que no tiene ningún significado,
porque para cortarle la espalda con forma de cruz a un hombre
hay que tener la sangre muy fría.
Eso es alevosía.
Y la pena es más dura.
Está en el Artículo 22 Primero de la cláusula...
Simón, no creo que sea necesario.
-Si no lo digo por morbo. -¿Entonces?
Es una cuestión legal.
Si dos de ellas asumen el asesinato,
la tercera podría tener una posibilidad ante el juez.
Y si a eso le sumamos la edad avanzada
y la minusvalía visual, no lo sé.
A lo mejor, podría conseguir prisión domiciliaria.
No estoy seguro, pero lo intentaré.
Bueno, si no hablaron antes,
no creo que quieran confesar eso ahora.
Yo lo digo por Anabel, que es la más joven.
Asesinato con alevosía son 25 años.
Y sin posibilidad de revisar la condena.
Eso significa que las tres morirían en la cárcel.
Pero si las tres se quieren hundir...
Entonces, bueno...
Las tres lo mataron, las tres lo crucificaron y...
las tres le tallaron la espalda.
¿Usted dice que...
Anabel podría librarse de la cárcel?
Digo que si pudiera conseguir
que Anabel se quedara en el convento,
haría todo lo posible.
Bien. Sí.
Yo le tallé con la daga
las llaves del Reino de los Cielos,
para que muriera como San Pedro, no como Jesús.
Lo hice para humillarlo.
-¿Entonces usted lo hizo? -Sí.
¿Estaba vivo mientras lo hacía?
No lo sé.
No sé si respiraba o no.
¿Y yo cómo sé que no fue Anabel?
Porque Dios me lo pidió a mí.
Y a mí también.
Eso es.
Corina y yo marcamos a Bustamante.
Anabel es inocente.
Nunca hubo marcas en la espalda de Bustamante.
No existieron las llaves del Reino de los Cielos.
Las noticias eran falsas.
La hermana Emilia...
llamó a la radio.
"Las mañanas de Xulio".
Es... un programa muy...
-popular. -Sí.
Lo conozco.
Ustedes no mataron a nadie, ¿verdad?
Bueno.
Si me necesitan, estaré emborrachándome
en alguna tapería
y rezando un Rosario.
Qué bien suena eso, Pedro.
Lo acompaño, padre.
Usted no puede ir.
Es menor.
Perdón por burlarme tanto de usted. No lo hago queriendo.
Solo me llama la atención un juez tan joven.
-Tengo 32. -¿En serio?
Pero la apariencia juvenil me vendrá bien a su edad.
Eso duele.
Se nota que es mi segundo casi, ¿no?
No, para nada.
Parece el primero.
Cuidado. No tendré experiencia, pero sé usar la cabeza.
Me gradué con honores de la Universidad de Salamanca.
¿Entonces qué hace aquí?
Tendría que estar en Madrid, en un bufete de abogados
ayudando a las grandes corporaciones
a evadir impuestos.
¿Cómo terminó en este pueblo?
Yo no terminé aquí. Yo soy de aquí.
Mateo, la alcaldesa, las tres hermanas,
Bustamante.
Somos todos de aquí.
Gracias.
Muchísimas gracias a la agrupación folclórica
de Porto da Lua
por este precioso acto de apertura.
Muchísimas gracias a todos por venir, por estar aquí.
Después de tanto tiempo de silencio,
nos tocaba un poco de fiesta, ¿verdad?
Quiero dar las gracias de una manera muy especial
a nuestros invitados de honor,
delegados del Grupo Hoffmann
por acompañarnos
en estos días tan importantes para nosotros.
Y son días importantes
porque estamos sembrando nuestro futuro.
Como todos saben, estamos trabajando
en un proyecto turístico
que pondrá a Puerto da Lua y a toda la comarca
en el lugar que se merece.
Oye, murió tu hermano.
Deberías estar de luto y no de fiesta.
Ya sabíamos que no tienes corazón.
Lo que no sabíamos es que tampoco tienes vergüenza.
Por favor, un poco de respeto.
-¡Y nos pide respeto! -Respétanos tú.
Nosotros sí estamos de luto.
Todo el pueblo debería estar de luto.
¿Cómo puede sonreír siquiera?
Termina ya con esta payasada.
Sí los hay que muestran su dolor
y su luto,
y luego resulta que es pura fachada.
Yo no soy así.
Si sufro o no sufro es asunto mío.
Y respondiendo a tu pregunta, Gaitán,
puedo sonreír porque también estoy feliz
de poder llevar a cabo
el trabajo que todos me encomendaron.
Muchos de ustedes se habrán enterado
de la triste noticia que me afecta.
A mí y a muchos de ustedes
porque en Porto da Lua somos una pequeña gran familia.
Y les aseguro que no descansaré
hasta saber qué fue lo que pasó
y quienes son los culpables.
Y quiero decir algo más:
En este pueblo ya no hay lugar para el miedo
ni para el oscurantismo
ni para la osadía de unos pocos
que quieren decirnos a los demás
cómo tenemos que vivir.
No. Ya no.
Hay mucha luz fuera de la cueva
donde nos quisieron meter.
Y sé que la mayoría piensa como yo.
Por eso me votaron.
Tenemos el futuro al alcance de la mano.
Así que quiero pedirles por favor
a todos los que sienten que tienen derecho
a una vida mejor,
que sonrían conmigo.
¡Viva Porto da Lua!
¡Viva!
¡Viva nuestro futuro!
¡Viva!
¡Y que empiece la fiesta!
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