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El poder de controlar el agua, en cualquiera de sus estados,
es el más importante para una sirena. El agua es la esencia de nuestro espíritu.
Tiene el poder místico de curar y de infligir daño.
Vale, ahora.
- Mola. - Ha sido excelente.
¿Por qué no dejamos el agua y aprendemos algo de, no sé, los anillos de luna?
No hasta que estés preparada como sirena.
Tu hermana te lo regaló con buena intención,
pero si no lo dominas, es demasiado peligroso.
Bueno, podría aprender un poquito, ya casi lo controlo.
No, debes tener control absoluto sobre el anillo.
Nadie sabe qué podría pasar si no.
Los anillos contienen un poder que aún no comprendéis.
- ¿Qué quieres decir? - Que no vamos a estudiarlo hoy.
- Hoy no lloverá, ¿no? - Un par de gotas no molestan a nadie.
Y si llueve, podemos ir dentro.
No sé si a la directora Santos le gustará el marisco.
- Podría ser alérgica. - ¿Viviendo aquí? Lo dudo.
- Qué bonito ha quedado. - Sí, es cierto.
¿Por qué tarda tanto Zac?
¿No te has vestido? La directora Santos viene a comer.
Papá, sé que eres de la asociación de padres y que tienes que invitarla,
pero yo no pinto nada. - Zac, es una invitada y vas a ser cortés.
Además, si la conoces mejor, dejarás de verla solo como tu directora.
A lo mejor hasta descubres que tiene otro lado.
- No he pedido esto. - Invita la casa.
- Sandía y lima, tu favorito. - Gracias.
En serio, Sirena. Dime cuándo vas a volver cantar.
- La gente lo pide. - ¿Y no quieres probar a más chicas?
- ¿Qué? - No sé por qué quieres que cante yo.
Porque el negocio va mejor, eres preciosa y tienes una gran voz...
...y tendríamos que ensayar juntos.
- ¿Ensayamos ahora? - Por mí, vale.
¡Bien! Vuelvo enseguida.
- ¿Qué es? - Bueno, mi último regalo se rompió.
¡Hala! Es precioso. ¿No he visto uno igual en alguna parte?
Quizá, pero me ha parecido que era especial, igual que tú.
Mira lo que me ha regalado Zac.
Es impresionante.
- Venid a ver esto. - Bonito detalle.
Qué suerte que Zac tenga tan buen gusto. Sirena, ¿lo has visto?
¿A qué es precioso?
Sí, lo es.
Oye, Sirena, empieza a prepararte. Salgo en un minuto.
Ahora no puedo ensayar.
- ¿Pero no me has dicho que sí podías? - Pero ahora no.
Me acabo de acordar de que he quedado con Lyla y con Nixie para estudiar.
Lo siento, se lo prometí. Te llamo luego.
No lo entiendo.
¿De dónde habrá sacado Zac un anillo de luna?
- Solo hay una posibilidad: de una sirena. - Ninguna sirena daría su anillo de luna.
- Excepto Aquata. - Solo me lo dio para protegerme.
Tal vez esa sirena no tuvo elección.
Sería una soldado que pereció en la batalla entre sirenas y tritones.
Y después de mil años, Zac se lo ha encontrado.
¿Qué pasa si una chica de tierra tiene un anillo de luna?
Si se lo pone cuando salga la luna, podría pasar cualquier cosa.
No podemos arriesgarnos.
¿Y cómo se lo vamos a quitar?
Se lo ha dado Zac, quizá él lo recupere.
Démonos prisa. Tenemos hasta la puesta de sol.
¿Hablar de qué?
De nada importante. No tardamos nada.
Venga, vale.
Es privado.
No pienso irme.
Le cubro las espaldas.
El anillo que le has regalado a Evie...
...es peligroso. - ¿Peligroso?
Posee un poder que no puedo describir.
Si es tan peligroso, ¿por qué llevas tú uno?
Yo sé lo que hago.
Más o menos.
Se lo tienes que quitar.
No puedo pedirle que me lo devuelva.
- Va a querer saber por qué. - Pues se te tendrá que ocurrir algo.
Tenemos que ponerlo a salvo.
¿Qué es eso de "tenemos"?
- ¿Te refieres a vosotras? - Es un anillo de sirena.
Y Zac os lo tiene que dar sin más.
Así seréis más fuertes que él la próxima luna llena.
Eso no tiene nada que ver.
Eso dices tú, pero no es que le hayas contado siempre la verdad, ¿no?
- Dejad que me lo piense. - No hay nada que pensar.
Si hay luna llena y se pone ese anillo, tendrá muchos problemas.
- Yo voy a ser el que decida cómo lo hago. - Pues decídelo rápido.
No irás a permitir que se lo queden, ¿no?
Claro que no, pero se lo tengo que quitar a Evie.
Pues no veo cómo.
Se te ha ocurrido algo.
Sí.
- No podemos perder de vista el anillo. - Yo hago el primer turno.
- Qué diligente. - Como Evie está en el café con el anillo
y le he dicho a David que ensayaba con él, es lo más lógico.
- Pero no pierdas de vista el anillo. - Está bien.
- ¿Ya has terminado de estudiar? - Sí, siento lo de antes.
No pasa nada, lo entiendo. ¿Lista para ensayar?
- Supongo. - ¡Perfecto! Voy a por la guitarra.
- ¿Cómo vas ahí dentro? - ¿Me pasas el vestido rosa, porfa?
Estoy listo.
He pensado que podíamos empezar con una lenta
y pasar a esa canción alegre que tanto gustó el otro día.
Sí, claro.
- ¿Qué tal estoy? - Estás estupenda.
¿Por qué necesitas un modelito nuevo?
Voy a comer en casa de Zac, con sus padres y con la directora Santos.
¿Y por qué va a comer Rita en casa de Zac?
- ¿Por algo del instituto? - Mirad, eso da igual.
Lo importante es que Evie va a ir y que va a llevar el anillo puesto.
- A Rita le va a dar algo cuando lo vea. - No es culpa nuestra, se lo regaló Zac.
Estos chicos de tierra. ¿Por qué les hacen regalos a sus novias?
- Es bonito, es una muestra de cariño. - Tenemos que quitarle ese anillo a Evie.
¿Cómo?
Comemos en su casa y pensamos una forma de quitárselo.
- A Zac no le haría gracia. - Dejádmelo a mí.
No podemos ir, no nos han invitado.
- ¿Y? - No podemos ir sin más.
¿O sí?
Vaya, me alegro mucho de que quieras comer con nosotros.
Qué bien, papá.
Espero que no te importe que invitara a Evie y Cam.
No, no me importa. Siempre nos sobra mucha comida.
Sí.
- ¿Todo listo? - Sí.
Cuando salga mi madre le hablaré del anillo.
- Es algo muy normal. - Evie se lo quitará para enseñárselo.
- Yo distraigo a todo el mundo. - ¡Y zas! De pronto, el anillo desaparece.
Y ya lo tienes.
Bien.
Y tenemos unas invitadas más.
Gracias, señora Blakely. Es muy generoso de su parte invitarnos.
¿Verdad, tía Rita?
- Así es. - Sois más que bienvenidas.
- ¿Qué hacéis aquí? - El dedo de Evie.
¿De dónde lo ha sacado?
Adivina.
Los panecillos aún no están, pero ¿por qué no nos sentamos?
Gracias de nuevo. Nuestra tía insistió en que viniéramos.
Lo siento. Olvidé comentárselo. Voy a toda prisa con todo.
Totalmente comprensible.
Además, siempre nos gusta que vengan amigos de Zac.
¿En serio? ¿Os autoinvitáis a la comida?
- Tenemos que quitarle ese anillo a Evie. - Ya tengo pensado cómo hacerlo.
- Es un anillo de sirena. Es cosa nuestra. - Me parece que no.
Bueno, quiero deciros que estoy muy contento de que estéis aquí,
porque nos gustaría anunciar algo.
Sabemos que le está costando conseguir fondos para la sala de dibujo,
así que a Robert y a mí nos gustaría aportar el dinero necesario.
¡Eso es increíblemente generoso!
En este momento, la consulta de Robert va muy bien y mi galería también.
Oye, mamá.
Tú que eres experta en arte, mira el anillo que le he regalado a Evie.
¿Me lo dejas?
Claro.
- Yo se lo paso. - Tranquila, se lo doy yo.
Un trabajo precioso.
Y es muy antiguo, pero no reconozco la piedra.
Es un regalo muy bonito.
¿De dónde lo has sacado?
Me lo encontré en la playa.
¿Te lo encontraste?
Pero cuando lo limpié, me pareció tan bonito que pensé en ti.
- Ay, Zac. - Es muy parecido al tuyo.
- Me lo regaló mi hermana. - ¿Sabes dónde lo consiguió?
Pues no lo sé, pero vive cerca de una playa.
- Deben de ser los panecillos. - Le echo una mano.
Qué pinta el ponche.
Perdón, perdón.
Ni se te ocurra.
Bueno, no pasa nada.
- ¿Dónde lo has lanzado? - No lo sé.
¡Genial!
En serio, si lo encuentras, ¿qué vas a hacer con él?
- No sabes cómo hay que cuidarlo. - Pero estará más seguro conmigo.
- ¿Crees que lo usaríamos contra ti? - ¿Qué estáis haciendo?
- Las hierbas. - ¿Qué?
- Mirábamos las hierbas aromáticas. - Así es. Le dije que estaban muy bonitas.
Y yo le he dicho: "Vamos a verlas".
¿Las hierbas?
¡Qué gran idea! Trae una rama para echarle al pan.
Bueno, tenemos unas gambas buenísimas.
- ¿Le van los crustáceos, señorita Santos? - Me encantan, lo que más me gusta.
- ¿Quiere pan, señorita Santos? - Gracias.
- Lo tengo. - Muy bien.
Esto está de vicio, cielo.
- ¿Le has dejado cogerlo? - No le he dejado.
- ¿Qué vas a hacer con él? - Esconderlo de ellas.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? - Evitar que lo esconda.
- Un mantel precioso. - Muchas gracias.
- Muy bonito. - ¿Le apetece a alguien más?
Me he dejado unos archivos descargándose. Voy a ver si se han descargado bien.
- ¿Ahora? Vamos a servir. - Tardo un segundo.
- Yo le ayudo. - A Lyla se le da muy bien la informática.
- Y yo. - Y a Sirena.
- Yo voy también. - Y yo.
¿Debería llevar la mesa allí?
¿Y mi anillo?
Venga, entrégamelo.
- Ni hablar. - No vas a poder esconderlo ahora.
- Lo haré luego. - No podemos permitirlo.
- Lo he dejado encima de la mesa. - Estaba aquí mismo.
- Tal vez Zac lo haya cogido. Iré a ver. - ¡Quieta!
No lo vayas a pisar.
- Ahí no está. - Eso no lo sabes.
Quizá sí, ni siquiera has mirado.
- Tendré cuidado. - ¡Bueno!
¿Y si te pasa lo de la tortuga y el cangrejo?
- ¿Cómo? - Ya sabes.
- La fábula de la tortuga y el cangrejo. - Es verdad, yo me la sé.
Es buenísima, ¿a que sí? Te va interesar.
Siéntate.
Vale.
Sí.
Hace mucho tiempo había una tortuga...
...que salía con un cangrejo. ¿Sabes?
Y un día el cangrejo le regaló un anillo de oro a la tortuga.
Y ella prometió no perderlo nunca.
Volved a la mesa. No os lo pienso dar.
- Pues tendremos que quitártelo. - ¿Cómo exactamente?
- Pues así. - Tendréis que ser más rápidas.
Ojalá la tortuga hubiera visto que el anillo estuvo ahí todo el tiempo.
Qué interesante.
Y mientras tanto...
...el cangrejo se preguntaba: "¿Por qué no me llama nunca la tortuga?".
- ¿Os rendís? - Ni hablar.
A la vez.
- ¿Qué están haciendo ahí? - Iré yo.
Tengo mucha experiencia con adolescentes rebeldes.
- Estaréis contentas. - No hasta que recuperemos el anillo.
¿Cuál? ¿Este?
Yo lo guardo.
- Respira. - Te hemos dicho que era peligroso.
- Solo con vosotras. - ¿Qué hacemos ahora?
Así que la tortuga se acerca al cangrejo y le dice: "¿Qué le pasa, señor?".
Y el cangrejo le contesta: "No, no, tía. ¿Qué te pasa a ti?".
- Esta es la mejor parte. - Sí.
Os vais a partir.
¿Sabes lo que te digo? Que espero a que salga la peli.
- Tenemos que pensar en algo. - ¿Zac?
¿Qué pasa ahí?
Nada, se han caído unos libros.
- ¿Y por qué está echado el cerrojo? - ¿Lo está?
Sí, abre la puerta.
Ahora mismo, por favor. ¡Zac!
Esta mañana, cuando Rita nos habló de los anillos.
¡Agua! ¡Dijo algo sobre el agua!
El poder de controlar el agua, en cualquiera de sus estados,
es el más importante para una sirena.
El agua es la esencia de nuestro espíritu.
Tiene el poder místico de curar y de infligir daño.
- El agua es la esencia del espíritu. - Es cierto.
Tiene el poder de curar.
- Ojalá funcione. - Peor no podemos estar.
- Menos mal que no podíamos estar peor. - Ahora sí que no podemos estar peor.
- Deja de decir eso. - Necesitamos agua de mar.
Esa es la esencia de nuestro espíritu.
Rita nació en el mar, tenemos que llevarla hasta el océano.
- ¡Zac! - ¿Y cómo lo hacemos?
Cam.
¡Evie! Creo que he encontrado tu anillo.
Ahí debajo, mira. Yo no llego.
- Mira tú. Aquí debajo. - Ah, sí. Ya lo veo.
- ¿Dónde está? - Creo que se ha metido por estas grietas.
- Puede ser. - Pensaba que estaba en la maceta.
- ¿Pero cómo...? - Dale con un palito.
- Yo no lo veo. - Acércate.
- Está ahí. ¿Podría ser eso? - No lo sé, no estoy segura.
- Está ahí mismo. Sí, ahí. - Yo no lo veo, Nixie.
Robert, ¿cómo lo sacamos de ahí?
- Yo tampoco lo veo. - Si Nixie dice que lo ha visto.
- ¿Pero, dónde? - Tal vez tienes que acercarte más.
Pero ¿cómo habrá llegado de allí hasta aquí abajo?
- Sí, lo veo. - ¿Lo ves?
- Sí, lo acabo de ver. - ¿Qué? Está aquí mismo.
- ¿Tú no lo ves? - No, aquí no está.
- ¡Qué raro! ¿No os parece? - Si está ahí.
- ¿Tú lo ves? - Sí que lo veo.
Hola.
Sigo sin encontrar el anillo. Lo siento mucho.
Me encanta.
- ¿Cómo? - Estaba aquí, para cuando llegara.
Es preciosa.
No ha sido culpa tuya que perdiera el anillo.
- No tenías por qué regalármela. - ¿No?
¿Dónde la has comprado?
Tengo mis contactos.
Te lo prometo, no la voy a perder nunca.
Eres el mejor de los novios.
Es increíble lo natural que es llevarlo.
- Tendrás el tuyo pronto. - No tengo ninguna prisa.
La cierto es que son un poco bastos.
- Yo creo que me queda bien. - Por poco tiempo.
- ¿Por qué no me lo puedo quedar? - ¿Después de lo de hoy?
Ya os lo dije, no estáis preparadas para llevarlos.
Tiene razón, el poder de controlar el agua es mucho más importante.
¡No!
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