All language subtitles for Sigfrido (Giacomo Gentilomo, 1957) ESP

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Original subtitles

Una versión libre de: "LA LEYENDA DE LOS NIBELUNGOS"

La vida humana, la exaltación del mito, se convierte en casi divina.

¡Socorro!

¡Socorro!

Te lo suplico...

cuida de mi hijo...

de Sigfrido.

Te lo ruego.

Su padre, Sigmund...

murió como un valiente. Ésta es su espada.

¡No, no, no!

- ¡Echa a ese animal, echa a ese animal! - ¡Cómetelo!

¡Cómete a este inútil herrero incapaz de hacerme una espada. ¡Cómetelo!

¡Fuera, échalo fuera!

- Te he hecho la mejor espada del mundo. Mira. - Vamos, bruno. Fuera.

¿Esta era según tú la espada más hermosa del mundo?

¡Embustero fanfarrón!

¿Por qué me tratas así? ¿Este es el agradecimiento que le debes a un padre?

¿Tú mi padre?

¿Has intentado alguna vez verte reflejado en el agua del torrente?

¿Es que podría la oveja engendrar al oso, la serpiente al jabalí?

¿Por qué me sigues ocultando la verdad? ¡Tienes que decirme quién es mi padre!

¡Déjame, me haces daño!

¿Si me aprietas así, como voy a poder hablar?

- ¡Pues no sigas diciendo que soy tu hijo! - No. Es verdad, no eres mi hijo.

Tu madre te confió a mí cuando se estaba muriendo.

- Estaba herida, murió en la nieve. - ¿Y mi padre?

No lo sé, creo que fue un valeroso guerrero. Sigmund era su nombre

- ¿Puedes darme una prueba? - ¡Si!

Esta fue la única recompensa que me dio tu madre.

¡La espada de mi padre!

¡La espada de Sigmund!

¡Esta será mi espada! ¡Rápido, aviva el fuego!

Fundiré las dos piezas y haré una nueva hoja.

¡Largo, curioso! Siempre dando vueltas alrededor de mi fragua.

¿Así tratas a tu hermanito? Mis consejos son siempre preciosos: oro.

- No me sirves. - ¿No te gusta el oro, Mime?

¿Ni el de los Nibelungos?

¡No me interesa!

¿Crees que soy tan ingenuo como Sigfrido? ¡Pero si te leo los pensamientos a través

- de tu sucia calavera! - ¿Qué quieres decir?

Del corderito has hecho un león fuerte y robusto

para que pueda acabar con el dragón que custodia el tesoro.

Mime, el oro de los nibelungos es mucho, mucho, y es para los dos.

- Puedo ayudarte a llevarlo. - A llevártelo, codicioso traidor. Vete.

- ¿Te crees que Sigfrido no te traicionará? - No sabe nada, y tampoco se atreverá.

¿Y cuándo lo sepa? Escúchame, hermano, tengo veneno.

- ¡Mime! - Vete, vete. Ya hablaremos.

¡Mime!

¡Mira!

¡Mira! ¡Por fin tengo mi espada!

¿Has visto?

Y con esta espada conquistaré el mundo y me enfrentaré al dragón

- del que me has hablado desde niño. - ¿No tienes miedo?

- ¿Miedo? ¿Por qué no me lo enseñas? - No puedo,

pero el dragón te lo enseñará. Mátalo y verás.

- Será un auténtico juego de niños. - El dragón es horroroso, enorme,

- y más fuerte que 100 osos feroces. - Y yo querría que fuesen más que 100.000.

- Indícame el camino. - Hay para 2 días con sus noches

hasta el bosque de las rocas verdes.

¿Quieres decirme algo?

Sí, ¿qué quieres decir?

¿Quién se bañe en la sangre del dragón se hace invulnerable?

No te creía capaz de tanto.

Bebe ahora, estás cansado. Bebe.

¡Quieto, ladrón!

¡Quieto! ¡Quieto! ¡Quieto!

- ¡El tesoro me pertenece! - ¡La idea del veneno ha sido mía!

¿Y quién lo ha traído? Yo.

¡No, no, no, piedad, Sigfrido

No sabía nada. No me hagas daño. ¡Perdóname la vida!

Te haré el hombre más rico del mundo. En la cueva está el tesoro de los Nibelungos.

¡La tesoro más fabuloso de la tierra! ¡Quieto, soy tu amigo!

Con el tesoro podrás conquistar el corazón de Crimilda,

la mujer que todos querrían para sí.

Ven.

Ven.

Ven.

Monstruo maldito, ¿dónde está el tesoro del que hablabas?

No... espera.

Ponte este anillo en el dedo, y ya verás.

Sólo el que posee el anillo será dueño del tesoro.

También tú estás hecho de la carne podrida de tu hermano.

- No, no me mates. Seré tu esclavo. - Si quieres que te perdone la vida,

- debes decirme quién es Crimilda. - Es la hermana del rey Gunther.

- ¿La hermana de un rey? - Pero será tuya,

- porque tú eres más que un rey. - Todavía no, pero lo seré.

El camino que me separa de ella será allanado con mis victorias,

y el soberano de todos los reinos por los que pase serán mi vasallo.

Dime dónde se encuentra Crimilda.

En el castillo de Worms, sobre el Rhin, en el país de los Burgundios.

¡Vete! ¡Vete!

¡El oro encantado tiene sed de sangre!

¿Has visto? También esta vez ha vencido Hagen.

¡Por ti, Crimilda!

Séame concedido ofrecerte otra muestra de mi devoción.

Hagen es invencible de verdad.

Comprendo porque el rey, mi hermano, le tiene en tanta estima.

- ¿Y tú no? - Sí, yo también.

- Pero no te casarás con él. - Por favor, madre.

He oído decir que el amor da al mismo tiempo alegría y larga pena.

Y de ti he aprendido que cuando se pierde, el dolor es inmenso.

¿Pero qué dices, hija? Todas las lágrimas que yo he derramado fueron compensadas

anticipadamente, con el primer beso que recibí de tu padre.

Yo no me casaré nunca. Es mucho mejor no poseer que perder.

¿Ningún otro de estos nobles caballeros quiere medirse con Hagen de Tronje?

Salud, Gunther, rey de los Burgundios.

¿Quién eres tú que te presentas de improviso en mi corte?

Me llamo Sigfrido, hijo de Sigmund.

Traigo conmigo a 12 reyes a los que he derrotado y hecho vasallos.

¿Qué buscas aquí?

Luchar con el más valiente de los burgundios, y ofrecerte mi espada.

Vuélvete por dónde has venido extranjero,

si no quieres perder lo que has conquistado.

Arriesgo mis 12 reinos por el privilegio de tu hospitalidad, rey Gunther.

Sé entonces bienvenido a mi corte.

Encontrarás en Hagen de Tronje un digno adversario.

¿Te pesan tanto tus días, noble caballero, que pones en peligro tu vida?

¿La vida?

¡Sea!

¿Por qué te retiras y te ruborizas?

¿Desde cuándo es costumbre en nuestra corte dar hospitalidad a los extranjeros?

¿Por qué te enojas?

En el cortejo hay un descarado insolente que me observa con su mirada altiva.

Es un insolente, aún mira...

pero no a mí.

¿Qué está pasando? ¿Por qué te ríes?

Mal ha hecho el extranjero al enfrentarse con Hagen.

Vieja como soy sería más fuerte que él.

Sin embargo cuando ha entrado a caballo...

El caballo si está de pie, pero el caballero no verá la señal de la victoria.

Ahora Hagen le dará el golpe definitivo.

¡No creo lo que ven mis ojos! ¡Es la primera vez que desarman a Hagen!

Espera al final.

¡Basta, Sigfrido!

¡Te proclamo vencedor!

Jamás habría teñido mi espada con la sangre de un Burgundio.

Lo único que quiero es tu amistad.

Insolente quizás, pero no petulante.

Es un valiente.

¿Qué me importan a mí los huéspedes de mi hermano?

- Me basta con poder evitarlos. - Y harás bien.

Ese tiene mujer e hijos.

- ¿Lo conoces? - Por supuesto.

¿Quién es?

No lo sé, pero ahora te conozco a ti.

Nuestro héroe parece cansado, ¿o acaso se aburre en la corte de los Burgundios?

- En verdad es más brillante cuándo lucha. - ¿O le aburre la música de Folker?

- ¿Prefieres una música más alegre? - No.

¿Y nuestro Hagen que dice?

Oh, Hagen pediría música de instrumentos hechos con las tripas del enemigo.

Folker, ¿no tienes una música que pueda alegrar a nuestro invitado?

Hermano, no es eso lo que consiga poner alegre a Sigfrido,

- quiere otra cosa. - ¿Soy acaso culpable de algún olvido?

De una vieja costumbre. Recuerda el proverbio...

"Banquete sin mujeres, es como un cielo sin estrellas."

Perdona, Sigfrido, esta era una buena costumbre de nuestra corte,

- pero no tengo una reina. - Solo depende de ti, rey Gunther.

- ¿Qué esperas? - No tienes más que elegir.

- Cualquier mujer desearía sentarse a tu lado. - Pero no la que yo quiero.

Hay alguna que...

- ¿Quién ha herido tu corazón, rey Gunther? - Brunilda.

¿La reina de Islandia? Que nombre ha salido de tus labios, olvídala.

- ¿Acaso no es digna? - Oh, sí.

Su fama ha rebasado los confines de todos los reinos,

pero por sus venas corre hierro fundido, no sangre.

Tú serás el único que pueda domarla.

Y tú no podrás hacerle frente en el campo.

Si pierdes te matará, hermano. Es fuerte y feroz en la lucha.

Muchos lo han intentado, y ahora la tierra de Islandia los cubre.

- Su corazón es de bronce. - Pero su rostro no tiene parangón.

Es despiadada como un rayo.

Mil veces la muerte a sus manos...

antes que vivir 100 años en este sentimiento de impotencia y de vergüenza.

¿Acaso es vergüenza si la brasa te quema y la cuchilla te corta?

- Renuncia, Gunther. - ¿Sería ese tu consejo, noble caballero?

- ¿También tú tienes miedo? - No conozco esa palabra.

Contigo no he temblado.

¿Sabrías demostrar tu valor ante Brunilda?

La reina de Islandia no me interesa en absoluto.

Mi corazón... pertenece a otra mujer.

Ven, Crimilda. Nos tenemos que retirar ya.

- Es tarde. - No todavía no, madre, por favor.

Me asusta la noche con sus sueños.

Tu edad no es la de los sueños de miedo.

Sin embargo todas las noches veo un águila feroz

destrozar a un halcón mío fuerte y hermoso.

- ¿Qué significa ese sueño? - El halcón significa un esposo.

Dios le proteja del águila rapaz.

Reina, el rey ordena que tú con tus damas, le hagáis el honor de vuestra presencia.

- Nos acompaña un noble caballero. - Tu madre ya no es reina, y está ajada.

En mi corazón no existe mujer más hermosa.

Muchacho, di a mi hijo que perdone, pero estoy vieja y cansada.

En mi lugar irá Crimilda para hacer honor al huésped.

- Como quieras, madre. - ¿Yo?

- ¿Yo sola? - Tú con tus damas.

- ¿Ahora? ¿Vestida así? - Ahora, y vestida así.

Oh, no.

Kutruna, el broche de esmeraldas, el perfume y un pañuelo.

Rosmunda, el peine, el espejo y la diadema.

- Cuántas cosas. Empiezo a sospechar que... - ¿Qué?

- Me he herido un dedo. - Eso, que alguno te había herido.

- Sangre. - Venga, hermanita, vamos.

El huésped quiere verte antes de que te desangres del todo.

Si, vamos. Estoy preparada.

Lo confieso.

Cuándo llegué al castillo experimenté un sentimiento que no puedo explicar.

Ahora por el contrario no querría montar mi caballo y dejar tu corte.

Crimilda Gunther.

Este es el noble Sigfrido.

Sé bienvenido.

- Gracias. - ¿Nada más? ¿Has perdido el habla?

¿Y tú, por qué te ruborizas?

Hay que perdonarlo.

Es un gran tunante libre como un potro que no conoce bridas ni látigo.

Crimilda, te corresponde a ti ofrecer un regalo al vencedor del torneo.

- Sea este el regalo. - ¿No te gusta mi joya?

Las piedras son duras y frías, esto, por el contrario...

Pero está manchado de sangre.

¿Sangre tuya?

Eso aumenta el valor.

El bordado también es mío.

¡Hagen!

- ¿Qué quieres? - Tu ayuda.

Tenemos que apoderarnos del tesoro de los Nibelungos.

O estás loco, o una traición preparas. El tesoro lo guarda un dragón.

- Lo han matado. - ¡Imposible! ¿Quién lo ha hecho?

- ¡Sigfrido! - ¿Él?

- ¿Y el tesoro? - Es suyo.

Ahora él tiene el anillo.

¡Sigfrido!

- Ese demonio está en la corte de Gunther. - Lo sé, y por eso he venido.

El tesoro está en sus manos, pero él está en las mías.

- El oro de los Nibelungos será nuestro. - ¡No es empresa fácil!

Sigfrido es fuerte y posee la red mágica que lo hace invisible.

- ¡Lo mataré! - Es invulnerable.

Se ha bañado con la sangre del dragón.

Yo era el más fuerte de los Burgundios,

ahora lo es Sigfrido.

Yo amaba a Crimilda y me la ha quitado. ¡No podrá nada mi odio contra él!

Si el hierro no puede matarlo...

hay otros medios. Que la fiera cambie de aspecto,

y como el zorro, agudice bien el ingenio.

Si te miro a la cara, cualquier palabra me parece inadecuada.

Qué dulzura, cuanta luz brilla en tus ojos azules.

Puede que los escogiera mi madre antes de que yo naciera,

para alegría y gozo de quién me amara.

Tus ojos son límpidos como el rocío temprano de la primavera.

Mi madre lloró por los ojos que tú estás alabando,

cuando de niña me caí con mala fortuna. Solo el fervor de sus oraciones,

impidió que me quedase ciega. ¿Ves la cicatriz que tengo aquí en la sien?

Deja que la bese.

Eres un médico fogoso.

No dilapides así tu medicina.

La herida ya está curada desde hace tiempo.

Ahora la reavivan las llamas de tu rostro, como el primer día que te vi.

Es mi sangre que golpea así de rápida.

Mi madre me compara a un rosal que alterna las rosas blancas y las rojas.

Un rosal que habla sin decir nada, como el amor que no quiere palabras.

No creas, no es fácil dominar un potro salvaje.

Tú, hermano, miras y no ves. Aquellos dos ya se han puesto las bridas el uno al otro.

Rey Gunther, a cambio de mi espada que te he ofrecido,

me has dado hospitalidad real que me hace día a día más feliz.

Ahora ansía pedirte una recompensa mucho mayor,

- a tu hermana Crimilda como esposa. - ¿Qué te decía, hermano?

Como ves, las bridas son fuertes.

- ¿Dónde vas? - A ver a Crimilda y leerle la felicidad en el rostro.

No me cabe ninguna duda, Crimilda estará contenta de convertirse en tu esposa,

pero no nos prives demasiado pronto de su presencia.

- ¿Qué sería de esta corte sin su sonrisa? - Un momento, Gunther.

Antes de comprometerte te aconsejo que pongas una condición.

Pide a Sigfrido como contrapartida su ayuda para conquistar a Brunilda.

Hagen, ¿por qué empujas ahora a tu rey a una empresa de muerte?

Con la reina de Islandia tendré que luchar yo solo.

- Nadie podrá prestarme su ayuda. - Él si puede, y solo.

- No sé como. - Posee el tesoro de los Nibelungos.

Ha matado al dragón y se ha bañado con su sangre.

Suya es la red que le convierte en invisible.

¿Tendrás miedo de luchar con una mujer?

Sabes bien que la espada frente a ti no encuentra fácil presa.

Te equivocas, Hagen. El hierro puede herirme y darme muerte.

Doy gracias a la hoja de tilo que me cayó encima

mientras me bañaba en la sangre del dragón.

Tengo un punto vulnerable dónde la muerte puede encontrar su paso.

No se debe a eso el que no quiera,

es porque no nos conviene, y todo esto sabe a traición.

¿Te parece traición usar la espada dónde no basta el puño?

¿Qué fuerza tiene tu amor por Crimilda? Creía que por ella harías cualquier cosa.

Si puedes ayúdame, Sigfrido. Celebraremos juntos nuestras bodas.

Por Brunilda te daré a Crimilda.

- ¡Oh, Crimilda. ¡Por ti, por tu amor! - Ayúdame, Sigfrido.

Sea, te ayudaré.

Que la eternidad juzgue nuestros actos. estamos los tres y ningún otro testigo.

¡Que el cuarto sea la muerte!

Bienvenido a la corte de Islandia.

No es a mi a quién corresponde tu saludo, reina,

si no al rey Gunther de quién soy vasallo.

- ¿Tú eres vasallo? - Sí, reina.

- ¿Qué te ha traído a mi corte, rey Gunther? - La fama de tu valor, reina,

y el deseo de tenerte en Worms como mi esposa.

Seré tu esposa si me vences en las tres pruebas que te propondré,

- pero si pierdes... - Nadie ha vencido al rey Gunther.

Y ahora que te he visto, nada me hará desistir.

Estoy impaciente de medirme contigo para conquistar tu belleza.

Eres temerario, extranjero.

Tu cabeza caerá como la de tantos otros altaneros.

¡Mira sus armas!

No temo a la muerte si me viene de ti. ¡Estoy preparado!

¡Traed las armas!

¡Vamos, Gunther!

Estoy a tu lado, Gunther.

¡Lanza y escudo!

¡No te alegres, todavía no me has vencido!

FIN DE LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE

¿Por qué estás tan triste, mi reina?

La tuya no ha sido una derrota,

has vencido a mi corazón.

Y ahora a tus pies, no soy más que un esclavo.

Serás feliz en mi verde tierra,

lejos de las rocas solitarias.

No te ilusiones, Gunther.

Lo que te llevas es una prisionera.

No. Yo te llevo como Reina de los Burgundos.

Me tienes por la fuerza.

Te equivocas.

Serás mía por amor.

¡No me hables de amor!

Falta poco. La tierra está casi a la vista.

Enseña a tus chacales, a no entrar sin mi permiso.

- Perdóname, Gunther. - Hagen...

...creo que no ha sido un buen consejo el tuyo.

¿Por qué? Ha sido vencida.

Pero no por mí.

Y quizás Brunilda, lo sospecha confusamente.

Dale tiempo,

todavía odia el graznar de los cuervos y la cornejas.

pero cuando oiga cantar a la alondra, y al ruiseñor,

le cambiará el corazón.

Pareces orgulloso de guiar la nave, que me lleva prisionera a Burgundia.

Te equivocas, mi señora.

Tu eres mi Reina.

Una reina conseguida por la fuerza.

No te lamentes, fuiste tú quien propuso la lucha.

¿Y dónde estabas tú, mientras luchaba el rey?

En la nave, para que a la hermosa esposa, no le faltase una digna acogida.

- Estabas pues, tan seguro de su victoria. - Sí.

Lo estimas mucho.

¿Se ha dignado a batirse alguna vez contigo?

¡Oh, sí!

- ¿Te venció? - Por su puesto.

Sin embargo al verte...

...pensé que tú eras el Rey.

Y que la lucha sería contigo.

Y se apoderó de mi un temor,

un temor mezclado con el desanimo.

Miedo, sí, miedo.

No sé, si por tu vida...

...o por la mía.

Y pensé, me vencerá.

¡Cuéntame cosas!

Te lo ruego.

Háblame de tu tierra.

Tierra maravillosa, donde el sol enaltece todos los colores.

Pero las piedras preciosas de Islandia,

tienen un brillo, que no conocen parangón en todo el mundo.

Pero son frías. ¡Gélidas como rocas!

Las flores que crecen en Burgundia, por el contrario son colores,

que perfuman el aire, que parecen hablar de amor.

Mira, mira que vivo es el azul de este cielo... inmenso.

Oh, sí.

Es hermoso.

Un color semejante,

no lo he visto en mi tierra, más que en tus ojos, Sigfrido.

Querría que este viaje, no tuviera fin.

¡Tierra a la vista!

¡Arriad las velas!

¡A los remos!

¡Iza la enseña del Rey!

Mi señora, ¡es la señal de victoria!

Vuelve, es él, Kutruna.

¡Es él, mi alma y mi vida!

¡Rápido, volvamos!

- Gisselher - ¡Ánimo hermanita!

El hermano ha acudido en tu ayuda.

Vamos, nuestra madre nos espera.

Bienvenido, Gunther.

Salud a ti, Brunilda.

No le podía suceder a mi corazón, una alegría mayor.

Bienvenida seas a Burgundia.

Eres en realidad hermosa y digna de ser nuestra reina.

Seremos hermanas.

Me alivias la vergüenza de haber sido vencida.

Hablas tú de vergüenza.

Con la sinceridad de mi tierra.

Mi hermano te venció por amor.

Es suya por derecho de armas.

¡Cállate, Hagen!

Es la esposa del Rey.

Solamente el amor mueve a mi hermano.

Y que Dios os conceda a ambos larga felicidad.

Gracias Crimilda, para ti deseo la misma alegría que yo siento.

Si se me permite elegir un esposo para ti

Mi señor, dispón como quieras.

¿Qué dices tú madre?

Tu eres el Rey.

Entonces te lo ruego. Cumplo una promesa y un juramento.

Concedo tu mano a Sigfrido.

No conozco palabras, ¡Oh, Rey...!

para expresarte mi gratitud y mi inmensa alegría.

Y a ti, Crimilda...

...juro amarte fielmente toda la vida...

...y más allá de ella.

No te pongas nerviosa hija.

¿Cómo conseguirá Kutruna, abrocharte el vestido?

No puedo, madre, no puedo.

La felicidad la vuelve impaciente.

¡El corazón me late tan fuerte!

Que ya no sabes si el collar va en el lugar de la pulsera o al revés.

Es verdad, madre. Pero soy tan feliz.

¡Calla, eso no se dice!

No la escuchéis, Enfinorne. Es fea, coja y tiene un ojo tuerto.

Pero soy igual de feliz.

Y no solo por mí, sino también por Gunther.

Todo el reino estará de fiesta.

Por fin tendremos una Reina.

Te he buscado por todas partes.

Crimilda está casi preparada.

Y ansiosa de llegar al templo.

¿Cómo puedes permitir que un vasallo se case con tu hermana?

Sigfrido es más rico que un rey.

Ponlo entonces en el escaño más próximo a tu trono.

Si es que aquí basta la riqueza para no ser siervo.

Es el primero de mis guerreros.

Ha conquistado 12 reinos.

¿Y tú?

Que has sabido vencer a Brunilda.

¿Acaso le debes algo,...

...si ha hecho lo que a ti te hubiera sido mil veces más fácil de hacer?

Estas bodas me ofenden a mí y a tu casa.

¡Y no soporto tal deshonor!

Te lo suplico Brunilda, pídeme cualquier otra cosa,

seré feliz de satisfacer cualquier deseo tuyo,

pero reflexiona, te lo ruego.

¿En cuanto a Sigfrido?

¡No puedes imponerme su presencia como familiar!

Es un Rey, lo mismo que yo.

A mí se me presentó como vasallo.

Es un secreto que jamás podré revelar.

¡Un secreto, un pacto con los siervos que la Reina no puede conocer!

¡Ahora escúchame!

Hasta que no hayas hablado, Gunther, seré tu esposa.

¡Pero no tu mujer!

Hagen, has oído.

¿Qué me aconseja tu sabiduría?

No te preocupes, ni te atormentes.

Volverá a ser tomada.

Como lo fue en Islandia.

¿Cómo en Islandia?

Con artes mágicas hemos comenzado...

...y con artes mágicas terminaremos.

Escuchad...

Solo un poco más y el oro será nuestro.

Tengo un arma que en mis manos, que será más poderosa que una espada.

¿Cuál?

El amor de Gunther por Brunilda, que ella rechaza.

Mi astucia... lo conducirá hasta él.

Pero después pondré en su oído...

...una insinuación venenosa, que completará mi juego.

Quien me tendrá por mal cortesano,

si mis consejos son beneficiosos al rey y aparentemente honrados.

Hablas enigmáticamente.

He persuadido a Gunther, para que solicite de Sigfrido otra vez su ayuda.

Brunilda, será sometida,

y entregada al Rey, precisamente, por el hombre que ella tanto ama.

Así los metes a todos en la misma red.

La reina lo puede todo.

Y cualquier deseo suyo será realizado.

Y cuando ella, descubra el engaño.

Que ni el aire lo sospeche.

¡Brunilda!

¿Dónde has encontrado esta magnífica joya?

Entre la ropa de tu esposo.

Seguramente es su regalo de bodas.

Pero quizás se haya olvidado.

¿Qué raro?

- Te desafío a una carrera, Sigfrido. - Gerenot hará de juez.

¡Ya!

No te rías, Sigfrido.

Quien me asegura que no te has parado, por miedo a ser derrotado.

Hermanita, he vencido a tu marido.

Vamos Gisselher, aquí estamos de más.

Así lo creo.

¿No ves nada en mi, que me hace más hermosa?

Todo.

Todo es maravilloso y perfecto en ti.

Pero hay algo que adorna mi vestido.

Magnífico.

Pero yo querría poner, alrededor de tu cuerpo el arco iris,

para que tuviera envidia.

Y yo lo aceptaría.

Pero no deberías olvidarlo, como has hecho con esto.

¿Es que no recuerdas tu regalo?

¿Qué regalo?

Fue Kutruna, quién lo encontró en tu dormitorio.

Lo habrá perdido tu madre.

No. Conozco sus joyas.

¿Has dicho en el dormitorio?

Entre tus ropas.

¿Entre mis ropas?

Ya entiendo.

Dámelo, tirémoslo al Rhin.

¿Encierra algún maleficio, que tanto te asusta?

Un terrible secreto, no puedo decirte más.

¿A mí?

Sin embargo me has confiado un secreto más grave.

El punto vulnerable, por el que se puede escapar la vida.

Era solo un secreto mío.

- ¿Y esto? - No del todo.

O sea, tuyo, y de otro.

O de una mujer.

¡Pronto Crimilda, esconde esa joya, escóndela!

No, si no hablas.

Te lo diré todo, te lo juro.

Obedecí una orden del Rey.

¿Quizás la joya se quedó prendida en mi ropa?

Y no me di cuenta.

¡Detente Crimilda!

¡A la Reina le corresponde aquí la preferencia!

Te espero, así podremos bañarnos juntas.

Renuncio gustosamente.

Recuerda que eres la mujer de un vasallo.

Pero, ¿qué dices hermana? No te entiendo.

¡No me llames hermana! Por mis venas corre sangre real.

Acaso no tengo yo la misma sangre del Rey.

¡Ya no! Desde que un siervo te ha contaminado.

¡Basta, Brunilda!

No tolero ni de la reina, una insolencia semejante.

¡Cómo te atreves a responderme así!

¡Te desprecio!

Mi esposo al que tu llamas vasallo, podría hacerte morder el polvo.

¡Desvarías, insolente!

¡El es un siervo, y yo soy una Reina!

¡Una reina vencida por la fuerza!

- ¡Por un Rey! - Por un Rey...

...al que tu llamas vasallo.

Y por dos veces.

¡No, mientes, no puedes probarlo!

¿Conoces esta joya?

Claro.

Me pertenece.

Y puesto que la veo en manos ajenas, me la deben haber robado.

Pues no me lo ha dado un ladrón.

- ¿Y quién entonces? - El hombre que te ha sometido.

Pero no mi hermano, no Gunther.

¡Estás loca, es una infamia!

Me lo dijo Sigfrido.

Se quedó enganchada en su ropa la noche de tu boda,

cuando fuiste vencida por segunda vez.

Y ahora, humíllalo otra vez.

Crimilda, si lo que dices es cierto...

Despiadada será mi venganza.

Sólo yo, soy el culpable.

Yo he querido el engaño, solo justificado por un inmenso amor.

Fui esclavo y soy esclavo de este sentimiento...

que no quiere que yo viva, donde tú no estás.

¡Puedo renunciar a todo,

vida, reino, honores!

¡Pero no a ti!

Te lo ruego, Brunilda...

espero un gesto tuyo de perdón, que apague mi tormento.

¡Un gesto tuyo, sólo!

Un deseo tuyo, es ley aquí en Burgundia...

...y yo lo cumpliré sin dudar.

¿Qué puedo hacer para reparar la ofensa?

¿Dime?

¿Dime, que deseas?

Juicio de vida o muerte.

¡Hagen!

Ha hablado.

- Ha quebrantado el juramento. - Será expulsado de Burgundia.

El hombre que ha hecho esto,

¡debe morir! - ¡Sí!

¡Debe morir!

Eso es lo que quiero.

Tu lo exiges, y yo lo apruebo.

Rey Gunther perdona si he hablado yo antes,

a ti te corresponde la decisión, elige pues entre Sigfrido...

... y la Reina.

¡No puedo!

¡No puedo querer la muerte de un hermano!

¡Yo fui quien le empujó y él me obedeció!

- Sería más que un asesinato. - El ultraje a la Reina es tal,

que mientras Sigfrido viva, la sombra del engaño caerá sobre Brunilda.

¡No puedo!

¡Y tú Brunilda no puedes, no debes querer esta infamia!

- ¡Debe morir! - ¡No, jamás!

¡No lo consentiré jamás!

Él morirá, si tú...

Sí, yo...

Si tú no te interpones entre él y tu vengador.

Fui escarnecida,

regalada,

¡vendida!

Sí, fuiste la moneda que le procuró Crimilda.

¡Qué vergüenza!

¡Quiero venganza!

Es espantoso, horrible. ¡No quiero!

¿Qué culpa tiene Sigfrido, si la joya se le quedó enganchada en la ropa?

Ha traicionado tu secreto.

¿Y qué dirán Crimilda, y mis hermanos?

No dirán nada, son demasiado comprensivos para entender la exigencia.

Pero no temas,

Pensaré en como representar la comedia.

Una falsa declaración de guerra y Crimilda revelará su secreto.

Como yo sé dónde es vulnerable,

para llevar a cabo la empresa me basto yo solo.

¿Callas?

Bien.

El resto es cosa mía.

Golpe al flanco.

¡Cabeza!

¡No, Gisselher! Golpe al flanco.

¡Cabeza!

Golpe al flanco.

¡Cabeza!

¡Golpe al flanco!

¡Cabeza!

¿Por qué estás tan triste, Crimilda?

¿No has hecho las paces con tu marido?

Sigfrido es bueno, no me ha hecho ningún reproche.

Pero ahora me atormenta un temor más fuerte.

¿Un temor?

La guerra.

¿Y por qué temes?

Lanzas y flechas resbalan sobre el cuerpo de tu marido como sobre duro acero.

¿Lanzas y flechas? Eso es lo que me asusta.

Para penetrar con su punta, hace falta menos espacio que la uña de mi pulgar.

¿Qué quieres decir?

Sigfrido es vulnerable en un punto.

Y eso es lo que me asusta.

Ya recuerdo, el mismo me habló de una hoja de...

- ... de tilo que le cayó sobre... - La espalda.

Ah, sí, eso dijo.

No temas Crimilda, una hoja es tan pequeña.

Pero inmensa es la temeridad.

Nos ocuparemos todos de protegerle la espalda.

Es tu esposo y nadie se negará a hacer de escudo.

Gracias, Hagen. Hablas con nobleza.

No temas, cabalgaré a su lado.

Eso me tranquiliza.

Tienes valor y el brazo fuerte y presto.

No te preocupes, le protegeré. Te lo prometo.

¡Qué generoso eres!

Pero deberías indicarme el punto exacto,

borda sobre su traje de campaña, una crucecita que lo indique.

¿Una crucecita?

Es casi una locura, se burlaría de ti si se lo contaras.

Pero desde el momento en que yo sea su guardián, verás...

cómo no le pasa nada.

Aquí es.

Demasiado deprisa se han ido los días felices.

¿Y quién sabe cuánto tiempo estarás lejos?

Rezaré por ti, durante todo ese tiempo.

Será breve, te lo prometo.

No tardarán los sajones en arrepentirse de su insolencia.

¿Qué pasará?

¡Alarma!

Voy a ver.

¡Señora!

Los embajadores de Sajonia y Dinamarca, traen la alegre noticia.

¡Habla, rápido!

¡Han venido a pedir al Rey Gunther la paz!

¡La Paz, mi señora!

¡Oh, Kutruna! Bendita seas tú.

No podías darme una alegría mayor.

No me agrada,

ya estaba disfrutando la alegría de enseñar a esos perros como se hace la guerra.

Los he hecho expulsar del castillo, sin darles ocasión a hablar.

Has hecho bien, Hagen.

Debe haber sido tu fama, la que ha asustado a sajones y daneses.

¡Hubiera preferido que conocieran el temple de mi espada!

No te lamentes, hoy podrás usar igualmente las armas.

El Rey Gunther, ha convocado a sus caballeros para una cacería.

Una diversión más alegre que la guerra.

- ¿Vendrás con nosotros? - ¿Lo preguntas?

Aunque consiguieseis atarme, rompería la cuerda para acompañaros.

¡Brumold!

Darás la señal del final de la cacería.

- Pero no antes de la puesta del sol. - Bien, señor.

¡No te vayas! Tengo un triste presagio.

¿Qué mal sueño te ha asustado?

Una jabalina que te hería de muerte.

Va tener miedo de una jabalina, el que ha matado al dragón.

Dame el beso de despedida.

Vuelve.

¿Qué extraño augurio el tuyo?

Salgo con buenos amigos,

y si no se desmoronan los montes, no puede pasarme nada.

¿De qué temes?

¡Sigfrido!

- Quería decirte... - ¿Otro sueño?

Quería contemplarte una vez más.

¡Gunther!

Tenemos tanto que cazar en toda la Burgundia.

Y yo tengo el mismo apetito, para comérmelo todo.

¿No está con vosotros Sigfrido?

Se ha metido, en el bosque buscando un jabalí.

Gordo como un oso.

Entonces no le veremos, hasta que la presa no haya caído.

Este es el lugar.

Ha de pasar por aquí.

Estará muerto de sed, y feliz de poderla mitigar en esa fuente.

Piénsalo, no tendremos una ocasión más propicia.

Tan duro tienes el corazón, que no te sientes nervioso.

Mientras él viva, tú serás desgraciado.

El odio de Brunilda por él, tiene sus raíces en el amor.

¡No, Hagen!

No me acostumbro esa idea que no deja de atormentarme.

Ya no, si me escuchas.

¿Qué hacéis aquí, no habéis oído la señal para reunirse?

Es dulce el descanso después del esfuerzo.

Es todavía más dulce, la noche aquí entre sueño y vigilia.

Por la mañana se escucha el canto de los pájaros,

se ve el sol subir entre el follaje.

¿Pero qué te pasa, Gunther? No pareces contento.

El Rey está cansado.

Reposa tú también y cuéntanos entretanto lo que has cazado.

Gunther, ves a ese magnífico jabalí...

...lo perseguí más de una hora.

Pero dejemos la explicación.

Me muero de sed y por locuaz me quedaré mudo si no bebo.

Ahí tienes una fuente de aguas puras y cristalinas.

Voy a beber y vuelvo.

Diremos que han sido los bandidos los que le mataron.

Crimilda.

Crimilde.

Crimilde.

¡No!

Sigfrido.

Beso tu boca...

...y ya no respira.

Beso tus labios...

...y no tienen calor.

- Ven hija mía. - ¡Nooo!

¡Dejadme con él!

¡Siempre! ¡Enterradme con él!

Llevar sus vestidos, sus vestidos de seda y oro,

y recoged todas las flores que él adoraba.

¡Todas!

Para que iban a florecer ahora.

Ponedlo todo en el féretro,

también mi vestido de bodas.

Y yo con él.

¡Quiero recubrir su cuerpo conmigo misma!

Ha sido una terrible desgracia.

¡No!

¡Asesinato!

¡Traición!

Fue la lanza de un ladrón lo que le mató.

¡Yo sé quién es ese ladrón!

¡Oh, madre!

¡Quietos!

¡Como os atrevéis!

Lo llevamos a la catedral.

Ahora pertenece a Dios.

Ven hermana.

- Mi corazón está tan destrozado como el tuyo. - No.

No, quiero seguirlo,

estar cerca, si no me lo robarán,

para llevárselo donde no pueda encontrarlo jamás.

Tú afirmas que fue matado por los ladrones.

¡Quiero la prueba!

¡Exijo la prueba de los muertos!

¡Y que estén todos!

¡También alguien al que no veo aquí!

¡Un hombre ha sido asesinado!

¡Quiero verdad y justicia!

¿Estáis preparados para testimoniar?

¡Estamos preparados!

¡Tú!

¡Asesino!

¡Justicia!

¡Quiero justicia!

Responde Gunther.

¡La Reina!

FIN

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