All language subtitles for Der Schatz der Azteken (1965) ESPANHOLripdf

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil) Download
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

México había sido ocupado por los franceses.

Napoleón Ill había nombrado al Archiduque Maximiliano de Austria

Emperador de México, contra la voluntad del pueblo.

Juárez no cesó en su lucha contra los franceses.

Y se desató la guerra civil.

Karja, nunca debes olvidar tu juramento.

Eres la última descendiente de la estirpe de Montezuma.

Tu padre murió sin hijos varones.

Eres nuestro futuro. Jamás deberás ser la esposa de un hombre blanco.

Solamente podrás tomar a un Azteca por esposo.

Él te engendrará un hijo.

El secreto del tesoro de los aztecas sólo a él se le podrá confiar.

¿Dónde está ese tesoro, Gran Maestro?

Hoy te enseñaré el camino que a él conduce. Tienes que saberlo antes de que yo muera.

Por éso, te he pedido que vengas. ¡Vamos, hija mía! Come on, kid.

Un hombre quiso descubrir nuestro secreto. Y murió.

Montezuma ...

Éste es el sagrado Tesoro de los Aztecas.

Codiciado por forajidos, aventureros y por los enemigos que dominan a nuestro pueblo.

Tú eres, Karja, el único ser vivo con quien he compartido este secreto.

Guárdalo en tu corazón. Guárdalo hasta el día en que lo compartas con tu esposo,

el padre de tu hijo.

Gran Maestro, escúchame. ¿Para qué necesitamos tanto oro?

Démoslo a Juárez para que tenga soldados, caballos, armas con que liberar a nuestro país.

No, debemos preservar el tesoro.

No tenemos derecho alguno para violar este santuario.

Sólo cuando los herederos de Montezuma rijan de nuevo sobre nuestra tierra,

saldrá el tesoro a la luz.

Sólo, entonces, nuestro antiguo dios, el dios de la vida,

el dios de la luz, el dios del sol, será consagrado.

Simultáneamente, en la Casa Blanca, en Washington.

Éso es todo, caballeros. Sr. Presidente...

Dr. Sternau, el Presidente Lincoln le recibirá ahora.

Dr. Sternau, señor.

Ha hecho Ud. un largo viaje, Dr. Sternau. Tome asiento, por favor.

Muy amable de su parte recibirme, Sr. Presidente. Cierto, muy amable de mi parte.

Especialmente, por el asunto del que trata esta carta.

Presumo que es importante, señor. Extremadamente importante.

Dígame. Gracias.

¿De cuánto tiempo dispone Ud. para mí?

Éso depende. Cuando comience Ud. a aburrirme, tengo bajo mi mesa un pequeño invento.

Si lo piso, entrará mi Secretario, el cual me dirá:

"Perdone si interrumpo, Sr. Presidente. Pero, ha ocurrido algo importante"

"Acabamos de ganar la Guerra Civil" o algo similar.

Espero que ésto ocurra pronto.

Y si ahora me río y bromeo sobre ello, es para no llorar.

No sólo es Ud. médico y cirujano,

sino también, correo diplomático, con un mensaje confidencial de Benito Juárez.

No pertenezco a la carrera diplomática, Sr. Presidente.

Pero de joven estuve en México. Allí participé en cacerías, pesqué, tuve aventuras.

Y tengo allí muchos amigos.

Como médico de la Corte del Conde Bismarck, se me pidió que regresara a México,

para observar cómo los franceses son aceptados por el pueblo mexicano.

¿Y cuál es su diagnóstico, Dr. Sternau?

Fué una táctica inteligente por parte de Francia entronizar a Maximiliano de Austria,

ya que, con ello, se ha reducido la popularidad de Juárez.

Lo que significa que Juárez necesita más dinero... ...Para poder continuar la guerra.

Juárez sabe que una guerra sin su ayuda financiera puede durar aún mucho.

Pero Ud. sólo puede ir contra los franceses, una vez que haya ganado su propia guerra civil.

Yo tengo tanta necesidad de dinero como Juárez.

Los ideales tienen un precio.

Y grandes ideales cuestan el doble. Ambos lo sabemos. Y ahí radica la ironía de la historia.

Maximiliano y Juárez, ambos hombres honorables con íntegras convicciones, luchan uno contra el otro,

cada uno para imponer su derecho.

Mire Ud, Maximiliano cree en la monarquía por la Gracia de Dios.

Juárez quiere un gobierno por y para el pueblo.

Es innecesario que le diga que estoy de parte de Juárez,

pero, desafortunadamente, en este momento no puedo hacer nada por él..

Pero, espere...

No me parece bien que se vaya Ud. con las manos vacías.

Lleve Ud. esta carta a Juárez. Por supuesto, estrictamente confidencial.

Me siento muy honrado, Sr. Presidente. Haré honor a su confianza.

He aprendido que una promesa por escrito

pesa más que la palabra hablada.

Creo que hay ciertas posibilidades de ayudar a Juárez.

Naturalmente, sin reconocer oficialmente que yo sepa de ello.

Esta carta le infundirá, de nuevo, valor.

En todo caso, sabrá que no está solo.

Algo es algo.

Buen viaje, Dr. Sternau, y tenga Ud. cuidado.

Vivimos tiempos peligrosos. Muy agradecido, señor.

Hasta el día de hoy no había sabido, que también una podía marearse en tierra.

Con cada tumbo, se me va la cabeza.

Madre, ¿qué haremos si los franceses nos impiden llegar a Ciudad de México? ¡Éso es impensable!

Pero, ese Mariscal Bazaine ha declarado el estado de sitio.

Sólo se puede entrar en la ciudad si se conoce la contraseña.

¡Éso son falsas calumnias! Los franceses no son mala gente.

Disculpen Uds. si me entrometo en su interesante conversación.

Ha sido muy "reformativa".

Bazaine ha cerrado las puertas y ahora tenemos que lidiar con un hecho consumado.

¡Éso es terrible! Una se halla indefensa ante tal brutalidad.

Si uno fuera a hablar de brutalidad, pensaría en la que sufrieron mis antepasados, en gloria estén.

Pero, les puedo asegurar que muchos lamentarán no haber comprendido la situación,

antes de que fueran enviados al más allá.

¿Cómo quiere Ud., entonces, entrar en la ciudad? ¿Vestido como un jefe indio?

Permítanme que me presente. Andreas Hasenpfeffer de Plochingen en el Valle del Neckar.

2413 habitantes, de los cuales, 99 católicos.

¿Qué ha sido éso? ¡Oh, Dios mío! ¿Indios?

Espero que no sean los Chichimecas. ¡Nos van a atacar!

No, no, sólo ha sido mi maletín.

Soy representante comercial de relojes de cuco de la Selva Negra.

Confíen Uds. en mí. Estoy bien informado de lo que pasa aquí.

Este mes celebran los mexicanos una gran fiesta religiosa.

Por ello, me he comprado un México,

ya que me es imposible recordar los nombres de todos sus dioses.

Todos los Fulanos, Menganos y Zutanos.

¿De qué se ríe Ud.? Perdone, "Mexico", dijo Ud.

Querría decir "Léxico". Es ahora cuando le voy a dar una lección.

¿Dónde nos encontramos ahora? En México.

Correcto. ¿Y de qué trata este libro exclusivamente?

Sobre México. De ahí que este libro es un México religioso. Punto.

Tiene Ud. razón. Me rindo. Éso es lo que yo le aconsejaría.

Y le ruego que de aquí en adelante se libre de desacreditarme.

¡Parad el carruaje!

¡Alto ahí!

¡Alto, todos abajo! ¡Bajad las maletas!

¡Abrid la puerta!

¡Fuera! ¡Salid todos!

¡Caramba! ¿Qué pasa aquí?

¿Son indios?

En realidad, no. Pero tampoco son franceses.

Son bandidos. No. Somos soldados de Benito Juárez.

¡Control de equipajes!

Andreas Hasenpfeffer de Plochingen.

2413 habitantes, de los cuales, 99 católicos.

Comerciante de los mejores relojes de cuco del mundo.

Quizá le interesarían para su señora esposa...

¡Cierre la boca!

¿Y Ud.?

Acompaño a mi hija a Ciudad de México. Se va a casar allí.

Le ruego no saque todo. Se trata de su ajuar de novia.

Hemos tardado tanto en elegirlo y ahora Ud. lo va a destruir.

¿Qué hay ahí? Material médico.

¡Ábralo!

¿Y qué va Ud. a hacer en Ciudad de México? Tratar a los enfermos.

Bueno. ¡Volved a colocar el equipaje!

Venga Ud.

No tenga miedo. Deje de temblar.

Ya ha pasado todo.

Ud. se queda acá.

No puede hacer éso. Esta joven no ha hecho nada malo. Pués, ya es hora.

Deje a mi inocente niña. No tiene experiencia. Ya la adquirirá aquí.

Todos arriba. ¡Venga!

¡Oiga, Capitán! ¡Lárguense!

Suba al coche. ¡Deprisa!

¡Márchense!

Debemos regresar a por él. Si no, está perdido.

Necesita ayuda.

Quédese ahí y escúcheme.

Soy Correo diplomático y traigo un mensaje para su Presidente.

Lléveme inmediatamente ante Benito Juárez.

¿No tiene Ud. mejor excusa? Se lo advierto.

El Presidente Juárez me espera. Subterfugio barato.

Suelte la pistola. Le doy tres segundos.

Dejen a ese hombre en paz. No le hagan nada.

¿Qué pasa ahora?

Ésto no es justo. Uds. son muchos contra un solo hombre.

¿Dónde está su sentido de la justicia? Sujetádle y hacédle callar.

¿Es que no me ha entendido Ud.?

¡Que Dios nos ampare!

Ud. ha violado la ley y atacado a un oficial de Juárez.

Sólo merece un castigo. Ejecución inmediata.

Cuatro hombres para el pelotón de fusilamiento.

Oigan Uds, pero oigan Uds.

Su Excelencia, oiga Ud....

Una palabra más y le pasará a Ud. lo mismo. ¡Capitán, por favor!

¡Ponédle contra el muro!

¡Alcanzád al carruaje y traédlo!

Capitán Verdoja ¿Qué quiere, Potoca?

¿Y si dice la verdad y es un Correo para Juárez? Por fin, habla la razón.

¡Una orden es una orden! Espere Ud. a que hable primero con Juárez.

Se niega Ud. a obedecerme.

Según el reglamente, estamos obligados a llevarle ante Juárez.

De acuerdo.

¡Soltádle! Sigamos al carruaje. ¡En marcha!

Está Ud. libre. ¡Largo de aquí!

Le estoy muy agradecido, Teniente.

¿Y a mí me ha olvidado?

Por supuesto que no. Muchas gracias, Herr Hasenpfeffer.

Ud. se queja de que se le retenga prisionero, sin que se haya dictado sentencia.

Sr. Presidente, hace tres días me sacaron de mi casa y me encerraron.

¿Qué motivo se adujo? Disparé a un sirviente desobediente.

¿Por qué? Se negó a dar latigazos a la criada que me quemó la camisa.

Entonces, disparó al criado y castigó Ud. mismo a la chica.

Exacto. Hice uso de mis derechos como amo.

Entiendo. ¿Un cigarro? Gracias, Excelencia.

Será el último que fume.

Tome su tiempo. Un buen cigarro hay que disfrutarlo. Uno debe siempre disfrutar de un buen cigarro.

No será verdad que.. Ya sé que es desagradable cuando afecta a uno mismo. It's annoying when it goes to yourself.

Ha matado Ud. a alguien y ahora es su turno.

Ya sé que es duro. Duro, pero justo.

Lleváosle. Y ahora, me disculpa.

¡No, Excellencia! ¡No!

Sed rápidos con la ejecución.

¡Ah, Dr. Sternau! Sr. Presidente

Por fin ha llegado Ud. Hace tiempo que le esperaba.

¿Por qué no le dijo al Capitán Verdoja quién era Ud.?

Mi misión era secreta. Los espías del Mariscal Bazaine acechan por todas partes.

El más mínimo detalle sobre mi persona se le habría informado inmediatamente.

Para mí fue sólo un civil que atacó a un soldado. Así que, dí mis órdenes.

Pero el Teniente Potoca rehusó cumplirlas. Sr. Presidente, yo vine para luchar por la libertad,

no para ayudar al Capitán Verdoja a molestar a jóvenes señoritas.

Capitán Verdoja, Ud. es un oficial, no un bandido.

Su grado exige obligaciones. Tómelo como advertencia.

Ahora, discúlpese ante las señoras.

Señoras...

¡No se mueva!

¡Detenédle. Que no se escape ese hombre!

¿Yo? Sr. Excelencia, me llamo Andreas Hasenpfeffer.

Soy neutral y comerciante de relojes de cuco.

No comprendo porqué este caballero, a quien yo salvé de una penosa situación...

¿Me permite, Herr Hasenpfeffer?

La carta...¿dónde mejor podría haberla escondido?

Por favor, Sr. Presidente. Gracias.

Venga Ud., Doctor.

Gracias. Para mí era demasiado peligroso.

Demasiado peligroso para él... Y confianza en mí no la tuvo, metiendo la carta en el bolsillo sin yo saberlo.

Y me quedé a su lado ante el peligro. Y le protegí para que nada le pasase

en este país de fulanos, menganos y zutanos...

¿Le apetecería una copa? Sí, sí, por favor.

Ya sé que Verdoja es un problema. Pero una joven revolución no puede ser exigente.

Necesitamos hombres valientes. Los métodos para la victoria no son siempre los mejores.

Napoleón permitió a sus soldados que saquearan Italia.

¿Y Ud. quiere permitirlo en México? Desde luego que no.

Pero él siempre me fue leal y, por esta vez, le puedo perdonar.

Pero vayamos con la carta del Presidente Lincoln.

Verdaderamente buenas noticias.

Sólo nos falta el dinero.

Luchamos por una causa justa. Y Dios está con nosotros.

Pero incluso Dios necesita dinero, como todo buen Arzobispo lo puede ratificar.

He oído que los Aztecas poseen una gran reserva de oro.

¿El tesoro de los Aztecas? ¿Cree Ud. que existe realmente?

Maximiliano lo cree. Sus ingenieros están haciendo excavaciones en el Templo del Dios Sol.

Déjeles que excaven. Si encuentran algo, será para mí.

Podría ser, pero Ud. puede disponer de otras fuentes de riqueza.

Mi amigo, el Conde Fernando de Rodriganda y Sevilla, el terrateniente más rico de México.

¿Cree Ud. que un aristócrata español ayudaría al hijo de un campesino indio?

Lo hace ya. Todos los vaqueros y agricultores en su hacienda son Aztecas

y están dispuestos a luchar por Ud. Lo que yo necesito es dinero, dinero y más dinero.

Y provisiones y caballos.

Yo establecería inmediatamente contacto entre ambos.

El Teniente Potoca, el hombre que le salvó, también es Azteca.

Le diré que le acompañe. Gracias. Confío en él.

¡Vaya con Dios! Gracias

¿Se duerme? Casi se cae del caballo.

¿Cómo se le ocurre? ¡A un avezado jinete como yo!

No sabe Ud. la de batallas que yo he librado en mi aventurera vida.

¿Conoce Ud., por ejemplo, al famoso Matawasee?

El Señor del Peñón. ¿Cómo no ha oído hablar de él?

Hasta ahora, no. Pués, yo le vencí. Y él era el más grande.

Mexico es, seguro, un país curioso.

Ud. puede hacer buen uso de un experto de mi calibre.

Tiene razón. Puedo darme por feliz de que alguien como Ud. se preocupe por mí.

Dr. Sternau, ¿qué hace Ud. por acá?

Frank, ¿qué tal le va? ¿Dónde se había escondido?

Me alegro de volver a verle, amigo Matawasee.

¿Ud. es Matawasee? ¿El Señor del Peñón?

A quién Ud. venció. Me he debido confundir.

Claro que me refería a otro famoso guerrero. A Flecha del Trueno, ése era.

Tampoco está mal ese cuento. Frank, le presento al Teniente Potoca.

¿Qué le pasa a su caballo?

Iba tan tranquilo, cuando me topo con un grupo de guerreros chichimecas que apresaban a dos chicas.

Intenté liberarlas, pero hirieron a mi caballo.

¿Dónde sucedió el ataque? En la gran llanura. Vinieron de esa dirección. Su campamento debe estar cerca.

Tenemos que liberar a esas chicas. Mr. Wilson...

Podría Ud. montar mi caballo. Yo les seguiría más despacio con el suyo.

Así no le agotaríamos.

Soy miembro de la Sociedad protectora de animales.

Ven, pequeño. Ya verás qué fácil.

Santa Virgen de Guadalupe,

Madre de Misericordia, ruega por nosotras.

¿Ve la chica a la derecha? Es Karja, la Princesa Azteca.

Vive en la hacienda. Rosita es la otra chica, la hija de Don Pedro.

Voy a ver lo que Sternau planea.

Potoca tiene que distraer al grupo.

Libere Ud. a las chicas. Yo atacaré desde aquí.

¡Los Chichimecas son débiles!

¡Los Chichimecas son cobardes! ¡Sólo atacan a mujeres!

¡Tienen cerebros de mosquito!

¡Ya vienen! ¡Ya llegan!

¿Y quién es Ud.? Frank Wilson.

Llamado Flecha de Trueno, otro famoso a quien Ud. ha vencido...

Siempre me confundo con los nombres de mis adversarios.

¡Señor Pedro, venga, rápido!

¡Rosita, hija mía! Ya estás aquí.

Casi me muero de miedo. Nunca más volverás a viajar sin escolta.

¡Karja! Tenemos que agradecerles a estos hombres, que nos han salvado.

Dr. Sternau, como tantas otras veces, llegó Ud. a tiempo.

Pura casualidad. Fue obra de mi amigo, Frank Wilson. Estoy en deuda con Ud.

Y también con Ud., señor. Es el Teniente Potoca.

Me acompaña por deseo del Presidente Juárez. ¡Encantado!

Andreas Hasenpfeffer, al servicio del famoso Dr. Sternau.

Ambos hicimos huir a los espantosos chichimecas, lo que se dice en un pispás.

¿Quién me está sujetando?

Las púas... Pinchan donde más duele...

Rosita, seguro que recuerdas al Dr. Sternau. Estuvo aquí con el Conde Fernando.

Éso fue ya hace 8 años. ¿Verdad que he cambiado mucho?

Apenas. Sigues siendo aquella niña de entonces. No sé cómo ha podido ocurrir...

Quería visitarle a Ud., Don Pedro, y también al Conde Fernando. ¿Podría hablar con él?

Lo siento. Está en Ciudad de México, en su palacio. Pero, considérese como mi huésped de honor.

Como administrador del conde, en su nombre, le digo "Mi casa es su casa".

Muy amable. Pero, desafortunadamente, necesito hablar con él de inmediato.

¿Se quiere marchar en seguida? Le daré un par de hombres.

Y al Conde se le debería informar sobre el asunto de los chichimecas.

Señor, ¿podría yo transmitirle ese mensaje? Si así lo desea, pero entonces se perdería Ud. algo.

Vamos a celebrar una fiesta en la hacienda, para celebrar el rescate de Karja y Rosita.

Me daré prisa, Don Pedro.

De momento, no puedo ni pensar en marcharme.

Voy a tener que dejar solo al Dr. Sternau,

en todas las peligrosas eventualidades que le surjan.

He traído una pomada curativa. ¿Quiere que se la ponga?

¡Pobrecillo!

¡No, no siga! Ya lo hago yo.

Con mis cosas privadas, soy muy peculiar.

¿Me podrías hacer un favor? Claro, por supuesto.

Tenía que reunirme con el Conde Alfonso en la ciudad. Díle que fue lo que lo impidió.

Así lo haré.

Nuestros hermanos comentan que quieres al hombre blanco.

Es cierto. ¿Lo sabe el Maestro Flathouani?

Karja, ¿estás completamente segura de que le amas?

Sí, le amo con toda mi alma, con todas mis fuerzas.

¿Tengo que decirle algo más?

Sí. Que le agradezco su nota

y el medallón.

Díle que se va a celebrar una fiesta en la hacienda. Quizá pueda venir.

¡Apuesto!

Siete. Yo pararía.

¿Otro juego más, Conde? Con mucho gusto.

Doble o nada. Por mí, de acuerdo.

Creo que ésto va a salir mal.

Carta, por favor. Primero, dinero en la mesa.

¿Para qué? Le doy un pagaré. Prefiero en efectivo.

Vivimos en México, la tierra del oro, Don Alfonso.

O paga, o paramos la partida. Un pagaré mío es tanto como oro.

Mi padre me avala, el Conde Fernando de Rodriganda y Sevilla.

Éso ya es otra cosa.

Si pierdo tendrá Ud. su firma o el dinero antes de la medianoche.

Doble o nada. De acuerdo.

Siete.

Mi coche. ¿El Conde Alfonso de Rodriganda?

Sí. ¿Qué quiere Ud.?

Tengo un mensaje para Ud. de la hacienda.

¡De Karja! Confío en que nada haya pasado. Por suerte, todo fue bien. Ambas se han recuperado.

Éso me tranquiliza.

Tenga. Oh, qué tontería... No se preocupe.

Lo he hecho con mucho gusto. Fue una pequeñez.

¡Josefa! ¿Qué haces tú aquí?

Me sentía sola. Y te he estado esperando.

Ya sabes que en el casino no admiten señoras.

Alfonso, has vuelto a perder. ¿Se me nota?

Me mirabas la garganta.

Me compras joyas, cuando ganas. Te las llevas, cuando pierdes.

¿Cuánto has perdido esta vez? Más de lo que vale tu collar.

¿Qué quería ese Azteca? Venía de la hacienda.

Tienen problemas y quieren que regrese allá. ¿Hacia la Princesa de los Aztecas?

¡Pero, Josefa! ¿Es que estás celosa?

¿Yo? ¿De una chica india? ¡No, querido!

Pero ella te puede ayudar con el oro de los Aztecas.

¡Josefa! Acabo de perder un dineral y estoy cansado.

¿Cansado de mí? Simplemente, cansado.

Vámonos a mi casa. No.

Hoy, no.

Entonces, tienes que estar muy cansado.

Debo hablar con mi padre Le prometí a Embarez pagarle antes de la medianoche.

¿Y qué pasa conmigo? No va a ser la última noche.

Iré mañana. ¿Vendrás mañana?

Siempre mañana. Mañana me amarás, mañana te casarás conmigo ... ¿Por qué no hoy?

Ya sabes, mi padre.. .No soy suficientemente buena como nuera.

Es un caballero de la vieja escuela. Dále tiempo a que se haga a la idea.

Tienes razón. Es el perfecto caballero, orgulloso y aristócrata.

Sólo me fastidia una cosa en él.

Vive demasiado tiempo.

Sin escrúpulos e irresponsable. Jugador y mujeriego. Ése es mi hijo Alfonso.

Derrocha su herencia y destroza mi esperanza para la supervivencia de nuestra familia.

Todavía es joven. Es un hombre adulto, Sternau.

Único heredero de un gran nombre, una gran fortuna y una tradición centenaria.

Su comportamiento no tiene perdón.

¿Qué pasa, Alimpo?

¡Discúlpeme! El Conde Alfonso desea hablarle. ¿Ahora?

Dice que es urgente. Que pase.

¡Dr. Sternau! Hacía tiempo que no nos veíamos. ¿Qué tal, Alfonso?

El Dr. Sternau viene de los Estados Unidos.

¿Qué es lo que has oído sobre la hacienda? ¿Sobre el asalto chichimeca?

Pero tengo algo más importante. Debo hablarte, padre.

Te escucho. ¿Me permite despedirme?

No, Sternau. Quédese. No tengo secretos para Ud.

¿Qué tienes que decirme?

Esta noche he perdido 10.000 pesos de oro frente a Embarez.

Le he dado mi palabra de honor de pagarle la deuda antes de medianoche,

en efectivo o con un pagaré firmado por tí.

¿Y si tú no puedes hacerlo?

Entonces, sólo habría una salida. Un duelo con el Conde Embarez.

Con éso no me impresionas. Has dado tu palabra. Da tu dinero.

No tengo nada. Entonces, no juegues.

Una buena advertencia, que no me ayuda.

Has elegido esa forma de vivir. Aténte a sus consecuencias.

¿No me vas a ayudar? ¡No!

¿Por qué eres tan severo, padre? Porque mi generosidad te ha viciado y sólo la dureza te puede salvar.

Si es que una salvación fuera posible.

Discupe Ud. esta discusión familiar. No necesita disculparse, Conde.

Volvamos a la política. Haré todo lo que pueda. I will do whatever I can.

Lo sabía. No supone Ud. todo lo que ello significa para Juárez.

Aunque no implique que yo esté de acuerdo con sus ideas democráticas.

Pero no tengo otra opción.

Soy un patriota mexicano. Mi contribución deberá permanecer secreta.

Si el Mariscal Bazaine sospechara algo, todo habría sido en vano y yo estaría perdido.

Prometo absoluta confidencialidad.

Cada transporte deberá hacerse bajo una clave secreta. El primer...

Ud. ve fantasmas...

Sobre los caballos para la Caballería.

Juárez puede usar mis establos. ¿Un cigarro?

Le voy a dar una carta para Don Pedro.

¡Mi padre apoya a Juárez! Es un traidor.

Lo he oído yo mismo. Debe pagar mis deudas.

Tráeme mi abrigo y mi sombrero.

No me queda otra solución. ¡Ese traidor...!

Ya son las doce.

Como yo me temía.

Al Conde Alfonso de Rodriganda no le importa el honor de su nombre.

La firma de su padre revela un fuerte carácter.

Mi padre tiene un carácter fuerte.

Es bien conocido de todos.

Sospecho que se sorprenderá al ver su firma falsificada en este papel.

¿Me acusa Ud. de falsificación? No han sido mis palabras. Ud. lo ha hecho.

¿Quíén es su padrino? El Señor de Roca Negra.

Mi padrino se acercará a su casa para acordar las armas y la hora.

Me es indiferente cualquier arma y cualquier hora.

Señor Doscalando, por favor.

¿Estaría dispuesto a ser mi padrino en el duelo?

¿Un duelo con pistolas? ¿Mañana temprano a las seis?

No te voy a dejar ir. Estoy obligado por mi honor.

Soy el Conde Rodriganda.

Embarez te matará.

Hacemos las maletas y nos vamos con mi padre. Nadie nos reconocerá.

Así no resolvemos el problema, Josefa.

Quizá sea ésta nuestra última noche. Ven acá.

¿Podría dar esta carta a Su Excelencia el Conde Rodriganda?

Esta vez, es puntual.

Lo siento, Conde Fernando, pero protesto. Su hijo es quien me ha ofendido.

Por Ud. siento un gran respeto. El respeto es mutuo.

Como a mi hijo se le ha impedido venir, estoy yo para defender el honor de mi nombre.

No estoy dispuesto a ello, sólo con su hijo.

Me obliga Ud. a llamarle cobarde. Sabe que no lo soy.

Es Ud. un cobarde, Conde. No me puede Ud. obligar a luchar.

Sí puedo. Defíéndase Ud. si es que le queda una pizca de honor.

¡Atención!

Solamente un disparo.

Cuatro pasos. ¡Adelante!

No te levantes. Ya ha pasado todo. ¿Qué es lo que ha pasado?

El duelo. No son siquiera las seis.

He retrasado el reloj una hora. ¿Cómo te has atrevido a hacerlo, demonios?

¿Por qué lo has hecho? Muy sencillo.

Un amante vivo es mejor que uno muerto.

El anciano conde. Preparad el desayuno.

¡Venid, rápido!

Conde Fernando ¿le duele mucho? Sí.

Papel.......

¿Por qué no fue Ud. mismo? ¿Cómo le pudo hacer ésto al Conde?

No fue mi culpa. ¿Va a morir? El Dr. Sternau trata de salvarle.

¿Qué tiene ahí? Quiero verlo. Démelo.

Conde Alfonso, deje éso.

Necesito agua caliente y más toallas.

Yo estaría avergonzado en su lugar.

Lo vamos a conseguir, Conde.

La bala no está demasiado profunda.

Va a doler, pero será rápido.

Un paño, por favor.

¿Morirá?

Si no aparece la fiebre, se restablecerá.

¿Por qué no se presentó Ud. en el duelo?

Yo....

Excelencia, ha llegado.

Su padre desea estar solo. Venga conmigo.

Quédese aquí, Sternau. Tú, véte.

Pase Ud.

Por la presente, desheredo a mi hijo Alfonso.

Nombro al Dr. Sternau mi ejecutor testamentario.

Alimpo, me conoces desde que nací.

Díme qué es lo que pasa ahí.

He servido a mi señor durante treinta años y a Ud. casi lo mismo,

me tendría Ud. que conocer lo bastante bien como para saber que no voy a hablar.

¿Qué está sucediendo? Bien que estés aquí, hijo.

Te necesito como testigo. ¡Firma!

¿Un nuevo testamento? ¡Jamás!

Piénsatelo bien, hijo. ¿Quieres pagar tus deudas?

Alimpo. Firma tú también.

Gracias, Sternau. Ud. me ha dado los últimos minutos

que yo necesitaba para ordenar lo imprescindible.

Gracias de nuevo.

Toma una copa.

Estás muy callada, Karja. Tus pensamientos están muy lejos.

El Conde Fernando, muerto...

Voy a suspender la fiesta inmediatamente. No, todavía no.

Los franceses no deben saber aún que ya no vive. Primero tenemos que enviar a Juárez los refuerzos.

Tendrá la ayuda prometida. Yo soy el ejecutor del testamento.

En lo que a su posición respecta, Don Pedro, no habrá cambio alguno.

Mis vaqueros están todos por Juárez. Lo sé.

Le confío a Ud. su testamente, Don Pedro.

¿Y su hijo, Alfonso?

Su padre le desheredó.

Y él no debe saber que la hacienda abastece a Juárez.

Escoged los mejores caballos. No quiero ningún jamelgo.

¡Los demás hombres, a la hacienda!

Lo siento, pero por órdenes de Juárez debo confiscar sus caballos.

El Presidente puede coger todo lo que necesite,

pero su lugarteniente debe pedírmelo y dejarme a mí la elección.

No tenemos tiempo para formalidades. Ni para que el hombre adecuado ocupe el puesto idóneo.

¡Rosita! ¿Dónde estás?

Por todas partes encuentro amigos, pero nuestra gran tierra mexicana cada vez es más pequeña.

Demasiado pequeño para nosotros dos.

El Capitán Verdoja, lugarteniente de Juárez. Mi hija Rosita.

Este tipo nos va a dar un montón de problemas.

Espero que no hayamos perturbado la fiesta. Considérese nuestro invitado, Capitán Verdoja.

¡Amigos, estamos invitados! ¡Todos! ¡Música!

Perdone, aquí se acostumbra a invitar a las damas.

Justo como en Plochingen. Allá lo aprendemos en la primera lección de baile.

¿Nos acusa a los mexicanos de ser maleducados?

Estamos en guerra y me importan un bledo los buenos modales.

¿Me concede este baile?

Con mucho gusto.

Capitán Verdoja, por favor, acompáñeme.

Debo hablar con Ud. urgentemente.

Aquí se separan nuestros caminos.

Yo estaré en la Corte del Mariscal Bazaine y tú, cerca de la princesa Karja,

hasta que te confíe su secreto.

¿Qué quieres? ¿Aún no estás satisfecho?

Sé agradecido. De forma astuta, he logrado que salgas de la sombra de tu padre.

De poco me ha servido. Sternau es el ejecutor del testamento.

Confía en mí. Va a ser el próximo.

Entonces, nadie me quitará mi herencia. ¡Que te vaya bien! ¡Suerte!

Dos lunas. Una en el cielo. La otra en el lago.

and the other in the lake.

Me pregunto cuál es la verdadera.

El lago es el espejo que refleja la realidad.

Cierto. Pero si te beso y el lago lo refleja,

también éso es real.

Karja, mi padre ya no pone objeciones a nuestro matrimonio.

¿Ya no se opone? ¡Qué maravilloso!

Si sólo mi tutor lo aprobara también...

Temo que nunca lo hará. Es el adalid de todos los Aztecas.

El guardián del tesoro. No hablemos del oro. Háblame de tí.

Cuántas veces no se lo habré dicho. Dáselo todo a Juárez para liberar a nuestro pueblo.

El tesoro es sólo una leyenda. Una leyenda que es real.

Como la realidad en un espejo.

¿Nos vamos?

¡Eh, vosotros! Dormís acá.

¡Afuera!

¿Qué he hecho de malo?

Esta habitación es para el cabo, enano. ¡Lárgate!

¡Bestia dañina!

El hombre necesita dormir. ¡Es la norma más sagrada!

No es bueno para las blancas palomas revolotear de noche.

En la oscuridad, pueden ser acechadas por aves de rapiña.

Véte y haz caso de mi advertencia.

Te prohíbo que vuelvas a ver a Karja. Déjeme explicarle...

No intentes confundirme, hombre blanco. Tu lengua es viperina.

Perdóneme. He buscado acomodo para mis hombres, pero para mí no he encontrado nada.

Y me he dicho, me quedo aquí. ¡Váyase!

La puerta no estaba cerrada. Aquí no cerramos nunca las puertas.

Créame, no ha sido con mala intención.

No se moleste en mentir y lárguese.

¿Por qué tan pudorosa? Váyase o pediré ayuda.

No te lo aconsejaría, tesoro.

Imagina que alguien me encuentra en tu dormitorio.

Sería una situación muy penosa.

Suélteme. ¡Socorro!

¡Qué hermosa estás, así, furiosa...! !Frank, socorro!

¿Qué ha sido éso?

¡Socorro! Ven acá, gatita salvaje...

¿Qué pasa?

Ya te domaré. ¡Dr. Sternau!.

¡Ayúdenme!

Me he perdido la fiesta, pero creo que su vino era demasiado fuerte, Don Pedro.

Por lo menos, para el Capitán Verdoja. Teníamos una disputa personal, Sr. Presidente.

¿Por qué motivo? Haga Ud. un informe, Capitán Verdoja.

De acuerdo con mis obligaciones como su Lugarteniente...

entré en un dormitorio, que creí vacío.

Cuando me dí cuenta de mi error, fui atacado. Está mintiendo.

Se bebió demasiado en la fiesta.

Dr. Sternau, Ud. considera indigno desacreditar a un hombre ante sus superiores.

Pero yo soy una mujer y afirmo que él irrumpió en mi cuarto.

¿Es éso verdad, Verdoja? La joven malinterpretó mis intenciones.

Si Frank y el Dr. Sternau no hubieran intervenido... ¿Qué alega en su defensa?

La señorita tiene mucha imaginación.

Ya me he hecho yo una idea. ¡Váyase, Verdoja!

No quiero verle más.

Sr. Presidente, ¿me expulsa Ud. de su ejército?

Sí, está despedido.

¡Es una orden!

La última orden que voy a obedecer.

Potoca, tome Ud. el mando de su gente.

Asegúrese Ud. de que haya calma y orden.

México tiene ahora un nuevo bandido. Pero no, con uniforme.

¿Por qué le ha dejado marcharse, Sr. Presidente?

Ha cambiado mucho. Le ascendí demasiado pronto. Se le subieron los humos.

Un error por mi parte.

Ahora luchará contra Ud., uniéndose al enemigo.

Mis enemigos se merecen a un Verdoja.

Discúlpeme. debo hablar al Dr. Sternau.

Señor Hasenpfeffer, venga conmigo.

¡Mi caballo! Dejo el ejército.

¿Quién viene conmigo?

Le estoy muy agradecido, Dr. Sternau.

La ayuda que nos aporta el Conde Fernando es de un valor inestimable.

Pero le sigo necesitando a Ud.

¿Está dispuesto a emprender una nueva misión?

Para mí será un honor, Señor.

Maximiliano y el Mariscal Bazaine preparan un nuevo ataque.

Tienen 12.000 hombres.

Se podrían salvar muchas vidas, si yo supiera el lugar exacto de la ofensiva.

¿Querría Ud. ayudarme? Por supuesto, Señor.

Se lo agradezco.

¿Cuándo piensa marcharse?

Si Ud. no tiene inconveniente, mañana de madrugada.

Una cena deliciosa. Preparada por el mismísimo Chef de Su Majestad.

Que conoce bien el paladar del Mariscal Bazaine. Un Mariscal hambriento no gana batallas.

Pero, dígame Ud., ¿por qué no ha traído al Conde Alfonso?

Yo deseaba estar a solas con Ud., Mariscal. ¡Qué feliz coincidencia!

Tal es también mi anhelo.

Dejemos que las palomas de Venus hagan su nido en el lecho del guerrero.

Si desea Ud. que me quede. Sería la coronación de esta noche, señora.

Siempre he admirado a hombres fuertes.

O quizá odiado, según su humor y su capricho.

Dígame, ¿por qué odia Ud. al Dr Sternau?

Porque sé lo peligroso que puede ser.

El Servicio Secreto francés también lo es, querida mía.

Y estamos bien informados acerca de Sternau.

Pronto tendré el placer de servirle su cabeza en una fuente de plata.

Con una hoja de laurel en su boca.

Sería el momento más feliz de mi vida.

Ya estoy aquí. Por mí, podemos irnos cuando quieras.

Lo siento, Frank. Esta vez me voy solo.

Flecha del Trueno y yo, como hombres con un conocimiento especial de este maldito México,

seríamos imbatibles. Ud. se queda aquí, Herr Hasenpfeffer.

¿Cuándo regresará? Espero que pronto.

Siempre con esta imprecisión sobre el tiempo... ¡Buena suerte!

Deberíamos habernos ido con él.

Sí, tengo esa sensación en el estómago, como si fuera a pasar algo.

Le podíamos haber seguido...

¡Alto! Ha pasado por aquí.

¡Por acá! En esa dirección. Vayamos tras él.

¡Ahí está!

¿Hacia dónde se dirige, Monsieur? ¿Podemos serle de ayuda?

Muchas gracias. Conozco el camino.

Posiblemente será cierto, Dr. Sternau, pero el Mariscal Bazaine le espera.

¿Como prisionero o como invitado?

Esa pregunta la podrá respoder personalmente el Mariscal.

Desgraciadamente, le tengo que arrestar, señor doctor. ¿Por qué motivos, Mariscal Bazaine?

Es Ud. amigo del Conde Fernando de Rodriganda y Sevilla.

Fuí su amigo.

Claro. Porque ha muerto.

Resultó fatalmente herido en un duelo. ¿De veras?

O quizá falleció porque Ud. le operó sin tener licencia aquí, en México.

El Conde corría peligro de muerte. Hice lo que pude para salvarle.

Puede preguntarle a su sirviente, Alimpo. Lo puede atestiguar.

El Sr. Alimpo ha fallecido.

Pregunte a Pérez, su notario, quien redactó su último testamento.

Ha sido ajusticiado, por colaborar con Juárez.

Lo entiendo. Entonces, probaré mi inocencia ante un Tribunal.

Aquí se halla ante un Tribunal de Guerra, Dr. Sternau.

Se abre la sesión.

Que entre el testigo. Conde Alfonso, por favor.

Conde Rodriganda, está citado como testigo de cargo contra el Dr. Sternau.

El Dr. Sternau operó a mi padre con ánimo de matarle.

Le convenció para que me desheredara y dejara a Juárez toda su fortuna.

Éso es una mentira.

Mi función no es averiguar la verdad, sino salvaguardar mi ejército.

Ud. pone en peligro las operaciones militares francesas.

Ésto basta para condenarle a muerte. No está Ud. legitimado para ello, Mariscal.

Soy Correo diplomático del Conde Bismarck. Lo sé.

Conmuto su condena por 20 años destierro en la Isla del Diablo.

No está tan mal. Algo alejado del mundo, quizá.

Hace calor, pero buena comida criolla y las damas son encantadoras.

Si cree que se lo tengo que agradecer...

Si lo desea. En todo caso, está neutralizado como espía.

¡Váyase al diablo, Monsieur Sternau!

¡Llévense al preso!

Le doy las gracias, Mariscal Bazaine.

Al contrario, yo se lo agradezco a Ud. y a su encantadora prometida.

Me gustaría saber adónde se lo llevan.

Es nuestra oportunidad. Ud. les ataca, yo le libero y nos cubre las espaldas.

Son demasiados. Necesitamos refuerzos.

Quizá Potoca y sus Aztecas Es posible que le lleven a aquel fuerte.

¡Qué bien que les hayamos seguido!

Todos mis sentidos están en alerta: Ojos, oídos y nariz.

¿Y qué es lo que huelo? ¡Sopa de cebolla!

¡Con lo que me gustaría catarla!

Deberíamos hacer alguna señal, para que supiera que estamos aquí.

Lo siento, señor.

¡Ten cuidado!

No me interrumpas, tengo que modular bien la señal.

¡No! ¡Déjate de sandeces! Es la llamada de los colchotes.

¿Qué es un colchote? Como un perro salvaje.

Quieres decir un coyote. Ni se te ocurra. Entonces, tengo que pensar en otra cosa.

Ahora sí que sabe que estamos acá. Monta a caballo, corre y avisa a Potoca.

¡Al fin, algo de acción! ¡Lo que estaba esperando!

Ahora podré probar cuánta experiencia en mí dormita.

¡Cuidado, que te pueden disparar! No es fácil atravesar las líneas.

Mi intuición sobre los caminos de México me guiará.

¡Buena suerte!

Sternau está preso de Bazaine.

Corréd a la hacienda y traed refuerzos.

Aprisa a la hacienda a por refuerzos.

Hay que liberar al Dr Sternau. Buena suerte. Haré todo lo posible, señor.

¡Alto! ¿Quién está ahí?

Un amigo. ¿El Santo y Seña?

Hasenpfeffer. ¿La contraseña?

¡Ábrete sésamo! Tampoco va a ser ésa

Tomates, pepinos... Tampoco.

Mixteca, Zapoteca... Tampoco.

Chocholteco.. Maldito lenguaje, es como para romperse la lengua.

¿Por qué no me dijeron que venían? Olvidé la contraseña.

Soy su amigo. ¡Ahí, ahí está el enemigo!

¿Qué pasó? Nada. El preso sigue ahí.

¡Oiga!

Se ha escapado. Dad la alarma.

¡Alarma! ¡Guardia!

¿Quiénes son? Los refuerzos.

Necesitamos pensar estratégicamente.

¡El carromato!

¡Perséguidle! ¡Acabad con él!

¡Traédle, vivo o muerto!.

¡Alto! Regresemos.

¡Vaya un susto! Pero sabía que podía contar con mis amigos.

Fue la estrategia de Hasenpfeffer. Gracias, General.

Quítame los grilletes. Va a doler un poco.

Dí en la hacienda que Alfonso nos ha traicionado. Yo tengo una tarea importante.

Que os vaya bien y muchas gracias. Buena suerte.

Ahí viene Potoca. La mejor ocasión para adueñarnos de la hacienda.

Preparáos para atacar.

Tomád posiciones.

¡A cubierto!

¡Alto! Algo me huele mal.

¡Fuego!

¡Cubríos!

¡Atacád!

¡Maldición!

Rodeádles.

¡Dr. Sternau! Tenemos que ayudarle.

Bien. Le llevaremos dentro.

Nos quieren rodear.

¡Retroceded!

Perseguídles, hermanos Aztecas.

¡Acabad con los bandidos!

Que no escape nadie.

El hombre blanco debe morir. Sus ojos han visto el tesoro de los Aztecas.

¡No! Me salvó la vida. A mí y a Rosita. Está inconsciente. No recordará nada.

Si vive, traicionará nuestro secreto. Jamás.

Le llevaremos fuera de aquí, antes de que recobre el sentido.

Te doy las gracias, Gran Maestro, por tu magnanimidad.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.