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Zulu
¿Nidia?
¿Cristina?
Hay una pequeña dificultad
a la hora de conjugar...
...los verbos del pasado. Nada grave.
- Nada que no podamos solucionar... - ¿Aló?
- ...con estos ejercicios. - ¿Sí?
¿Cómo que se volvió a caer? ¿Por qué la dejaron salir sola?
Mi abuela otra vez.
No, pues ya mismo consigo un taxi y me voy para allá. Gracias.
Me perdona, Jeremías, nos tenemos que ir.
¿"Nos"?
Claro, niña. No se puede quedar aquí sola.
El profe me puede cuidar.
¿Sí?
Doña Nidia, si usted quiere, yo me puedo quedar con la niña.
Aprovechamos y adelantamos trabajo,
y así se puede ir tranquila a resolver el tema de su mamá.
¿Seguro no tiene problema?
No, ningún problema, pero lo que usted me diga, hacemos.
Lo que usted diga.
- No me demoro, ¿mmm? - Perfecto.
Y usted se porta bien.
- Gracias. - Con mucho gusto.
He bailado
en tus ojos.
¿Cómo podría ser real?
¿De verdad quieres herirme?
¿De verdad me quieres hacer llorar?
Besos valiosos, palabras que queman.
Los amantes nunca preguntan por qué.
En mi corazón, el fuego quema.
Profe, ¿lo hice muy mal?
- ¿Ah? - Escribí la canción,
pero, la verdad, yo no estoy segura de si la entendí bien.
Ni siquiera sé si es de amor o de despecho.
Y...
¿Esto es para una presentación del colegio?
No.
Es para dedicársela a mi traga.
Profe, ¿a usted qué canciones le han dedicado?
Yo no sé si usted sabía,
pero los canarios en cautiverio tienen la posibilidad
de vivir hasta tres años más que los que están en libertad.
¿Qué le voy a decir a la sobrina de Berta cuando venga a recogerlos?
Que ese no tuvo suerte.
¿Aló?
¿Aló?
Hable, pues, carajo.
¡Aló! Buenas. Qué pena, no se escucha bien.
Estoy buscando al señor Rodrigo Azuero.
¿Aló?
Él se fue del país hace dos años. No tengo sus datos.
¿Está seguro de que estos tipos se llevaron a mi papá?
Absolutamente.
Mis contactos son gente seria.
Si las autoridades saben perfectamente lo que pasó,
¿por qué no han hecho nada?
Porque eran agentes del Estado.
¿Qué? ¿Y entonces que no paguen o qué?
No necesariamente.
Lo que pasa es que a la gente del común le hace falta mucha imaginación.
Lo que hay son formas de hacerle pagar a alguien lo que se merece.
- ¿Aló? - Aló, buenas.
- Buenas. - Estoy buscando al señor Jorge Ocampo.
Con él.
¿Qué necesi...?
Mi papá murió de forma violenta
cuando yo tenía siete años.
Él también fue una víctima inocente.
A mí me...
me ha servido mucho saber
que la persona responsable de su muerte
lleva una vida miserable.
Hacer justicia por mano propia
es algo tan personal.
Por lo general,
los torturadores,
los asesinos seriales,
los psicópatas...
son gente común y corriente.
Trabajan, pagan sus impuestos,
tienen familia, hijos,
deudas...
esposas con las que ya no conversan.
Normal.
Son gente normal.
¿A usted no le da por lo menos curiosidad
saber quiénes son?
¡Pa!
¿De dónde sacó esto?
¿Está seguro de que estas fueron las personas que se llevaron a su papá?
No.
¿Y quiere abrir esa puerta?
¿Para qué?
¿No es mejor ver cómo puede ayudar a su papá de ahora en adelante?
Pues sí, obvio.
- ¿Y si sí fueron estos hijos de puta? - Exactamente.
Y, si sí fueron, ¿qué?
¿Qué va a hacer? ¿Los va a demandar?
¿Con qué pruebas? ¿O los quiere ir a encarar?
¿Los quiere matar? ¿Se quiere vengar?
¿Usted quiere hacer pasar a su papá por este horror otra vez?
Ya, Elen. Obvio, no. Cálmese.
León, acuérdese.
El colgado, el diablo,
la invitación de un viaje hacia el abismo.
No transite esa vía.
El que mira hacia atrás corre el riesgo de convertirse en estatua de sal.
¿Por qué lo hizo?
- No sé. - ¡Usted tiene que saber!
Eran amigos, iban juntos al restaurante.
No le tembló la mano.
No erró un solo tiro.
¿Por qué no me mató a mí?
Vea, Diego.
Yo en este momento no tengo respuestas.
Yo solo tengo preguntas, ¿sí?
Y necesito que usted me ayude.
¿Yo estuve en el restaurante el día de la masacre?
No sea huevón.
No, espere, espere.
Espere, Diego, por favor, ¿sí?
Ayúdeme. Ayúdeme. Es que yo de verdad no me acuerdo.
- ¿En serio no se acuerda? - En serio.
Sí.
Usted estuvo en el restaurante ese día.
Se sentó en la misma mesa donde Jeremías se hacía siempre.
Pidió comida.
Estuvo esperando un rato. Me imagino que se cansó de esperar y se fue.
¿Y usted cómo lo vio?
Como siempre.
Lo único es que él siempre pedía la misma comida.
Y ese día pidió la carta.
Se tomó varios tragos, tres o cuatro.
Vodka.
A mí me parecía un buen tipo.
Y, después, toda esa confusión.
Solo disparos, llegó la policía, el ejército.
Había gente hablando en inglés.
- ¿En inglés? - ¡Que no sé!
No sé, no sé. Me pareció.
Lo que yo no me puedo sacar de la cabeza
es esa cantidad de muertos.
¿Por qué los mató así?
A sangre fría.
¿Sabe que no han reclamado el cuerpo?
Se merece eso. Es peor que una escoria.
¿Y sabe qué?
- No me vuelva a buscar. - Espere, Diego.
Una pregunta más.
¿Se suicidó o lo mataron?
Coma mierda.
Yo no sé. Se me ocurrió que, de pronto,
podía venirse la próxima semana aquí, a la casa.
Le hago un almuercito rico.
Celebremos su cumpleaños.
No, no creo que pueda.
Voy a ir unos días con mi papá de viaje a Guatavita.
Ya.
Bueno, no importa. Cuando vuelva, pues.
Sí, sí, sí.
Ahí miramos, mamá.
La tengo que dejar, ¿listo?
Bueno, mi amor.
Abrazo, pues.
- Uh, eso huele bueno. - A ver...
Vea, lo prometido es deuda.
Traje eso y nada más.
Y, antes de que pregunte, no tengo novedades del caso.
Gracias, huele bueno.
¿Qué hay?
¿De qué?
Rumores.
¿Qué hay? Yo lo conozco, me está ocultando algo.
Están diciendo que la policía,
el día de la masacre,
recibió ayuda de refuerzos.
Gringos.
¿Gringos?
Jeremías Salgado era ciudadano norteamericano.
A ver, estamos hablando de un exsoldado gringo.
Tampoco es que estemos hablando, pues, de...
qué sé yo, un agregado cultural.
Si los gringos están metidos en esta vaina,
esto se complica.
Esto es más grande de lo que pensamos
y nos estamos metiendo en un problema,
¡así que vamos a parar, y vamos a parar ya!
Mario, hermano.
Esto...
...nos va a cambiar la vida a los dos.
Claro.
Y es a eso a lo que le temo.
Arruinó el desayuno.
¿Cómo que se llevaron el cuerpo? ¿Quién?
No, no sabría decirle, Indira.
Ay, Vesga, no sea huevón.
No me ponga a ir a otro lado a buscar esta información.
Indirita,
acépteme el aguardiente después del trabajo, y yo puedo pensar en...
contarle todo.
Por esto, le puedo decir que no fue un familiar.
Y, por esto otro, le puedo asegurar que no le voy a decir a nadie
que está aquí haciendo preguntas que no le importan.
Indira, espere.
Pedraza, regáleme un formulario aquí para el señor.
- Vea, formulario y esferito... - No, yo no necesito formulario.
Yo solo quería saber si el cadáver... de mi amigo ya lo habían recogido.
¿Es que el señor no es familiar del occiso entonces?
Berraco. Ahí sí es más difícil.
Señor, ¿cuánto tiempo más nos tendrán esperando?
¿Por qué no me las entregan? ¿Qué más tienen que hacerles?
En algún momento, va a salir el encargado,
y le va a decir cuál es el paso a seguir.
Paciencia, señor. ¡Y todos, paciencia acá, por favor!
Y no desordenen la fila, ya les había dicho.
Ordénenme la fila ahí. Gracias.
- Llevamos tres horas aquí. - Tranquilos.
Jefe, le voy a colaborar.
¿Nombre del finado?
- ¿El nombre del finado? - Es...
Jefe, sin el nombre...
Perdón, hombre.
Ni se le ocurra.
Aquí todos son familiares de las víctimas. ¿Quiere que lo linchen?
Siguiente.
Camine, tengo la información que está buscando.
¿Sí sabe quién es él?
Es el marido de Nidia Castro.
45 años, 15 puñaladas.
También mató a la hija, de 16.
¿Le habló de ellas?
Sí, era la alumna.
A Jeremías le gustaba enseñar.
Pues qué lección la que nos dejó, ¿no?
Pues alguien se le adelantó y vino a reclamar a su amigo:
el padre Parra,
Argimiro Parra.
¿Padre?
¿Sabe adónde se lo llevaron?
Sí.
Si usted quiere saber, viene conmigo.
Aprovechamos y de una vez me explica qué carajos hace buscando a ese cadáver.
Un cadáver que muere de forma violenta dice mucho sobre su asesino.
¿Usted dónde aprendió eso?
¿Jeremías?
¿En serio?
Le acabo de salvar el pellejo, ¿y no confía en mí?
No jodas.
En la vida, uno tiene que aprender a escoger a los enemigos
y a los amigos también.
Evidentemente, usted ambas cosas las está haciendo mal.
Qué ruidazo, ¿no?
¿Quiere un cafecito?
Gracias.
Nidia me contó
que usted le había cuidado a Cristina,
y estaba muy agradecida.
Sí. Es muy buena alumna.
Mmm. Ella dice que usted es buen profesor.
Tal vez, cuando se gradúe,
consiga un buen puesto allá en la universidad,
en la Facultad de Lenguas.
Usted sabe que esto es temporal.
Cuando me llamen, me voy.
Yo no regresé a Colombia para quedarme en este moridero.
No se puede tener
la vida en pausa eternamente.
Es parte del entrenamiento militar.
Un soldado sabe esperar.
A mí me gustaría que se quedara.
Que hiciera una vida, que consiguiera una mujer,
que formara una familia.
Vea, pues.
Yo no sabía que, para usted,
era tan importante la familia.
Hubiera cuidado mejor la suya.
Egaeus, protagonista de Berenice,
sufre de una condición muy particular:
un trastorno donde el personaje
no puede sino pensar en una sola cosa.
En el siglo XIX, a esto le llamaron "monomanía".
Este tipo de alteración mental
termina sometiendo la razón,
los afectos, la voluntad.
¡Teresa!
¡Teresa!
¡Salgado! Permítame.
Y su amigo León, ¿qué?
No sé por qué no vino, profesor.
No es habitual que falte a mi clase.
No sé.
Cuando lo vuelva a ver,
dígale que hizo falta en clase.
Yo le digo.
Gracias. Ah, Salgado.
Se me olvidaba decirle.
Me gustó muchísimo su último trabajo sobre Ligeia.
Gracias.
Y se parece bastante al que hizo León, ¿no?
No, pero le aseguro que no lo trabajamos juntos.
Sí, hombre. Tranquilo, ya sé.
Conozco bien a León.
Pero es indudable que entre ustedes dos
hay muchas coincidencias, ¿no?
Me pregunto quién está influenciando a quién.
Lo dejo, profesor.
- Ah, sí, está bien. - Permiso.
Gracias.
¿Qué hubo?
¿Por qué no fue a clase?
Estaba ocupado.
Téngame acá.
Siéntese, por favor.
¿Y dónde está su biblioteca?
- No tengo. - ¿Y esos son todos sus libros?
Pues estos son los que me quedan.
Los que pude recuperar hasta el momento, pero ese es un cuento largo.
Veo que sigue interesado en el tema.
Azuero vive por fuera del país
y Ocampo tiene una hija,
y como que es buen papá.
Por lo menos hizo la tarea.
- ¿Era una tarea? - Era una deuda con usted mismo.
Fue lo que me dijo, ¿no?
Y, entonces, ¿cuál es el objetivo de seguirlos?
En la medida en que usted los vaya conociendo,
va a ir descubriendo la misión.
¿Sabe qué? Mejor no. Voy a parar.
Sí.
Ahí hay algo como que no me gusta.
Estoy empezando como a imaginar cosas.
Esa es la materia prima del escritor.
Un artista serio no les tiene miedo a sus fantasías.
Llevar la imaginación al límite no tiene ningún problema.
No hay nada de malo con eso.
Póngase a pensar en Edgar Allan Poe.
¿Un Edgar Allan Poe avergonzándose de sus obsesiones?
Eso no tiene sentido.
¿A qué vino?
Lo que le dije,
Vidal quería saber por qué no había ido a clase.
¿Estuvo buena?
Sí.
Vea,
de hecho,
yo le saqué copias a mis apuntes.
- Ahí están. - Uy...
Oiga, gracias. Me sirve.
¿Quiere ir a comer algo? Yo lo invito.
No, no puedo.
La abuela de Elena volvió de Francia, me invitaron a una fiesta y me toca ir.
Pero camine, ¿no?
¿Yo?
Sí, usted.
No. Imagínese, yo...
llegar allá...
todo aparecido, sin ser invitado. No.
¿Qué va? Si está invitado porque es mi amigo
y allá siempre me reciben con mis amigos.
Hágale.
- No, no. - Hágale. Hágale.
No, me da pena.
Sin miedo.
¡Ay, mi amor!
Jeremías. Jeremías, Aura.
Interesante.
¿Eso quiere decir que ya estamos bien?
¿Ya me terminó de perdonar?
Quiere decir que vine a ver si vale la pena hacerlo.
Ey, ¿está buscando novia o qué?
Sí, una novia.
-¿Novia? - Sí.
Más o menos, ¿cuál es su tipo de mujer? ¿Cómo es?
No, no sé. Pues que sea una mujer.
Mujer normal.
Venga.
Gracias.
Tómese esto, ¿sí?
- Listo. - Salud.
¿Sí ve a esa de allá, la que está poniendo la música?
- Es mi mejor amiga, Elena. - A ver, esta.
¿Uno sí puede ser amigo de las mujeres?
Si de alguien hay que ser amigo en esta vida, es de las mujeres.
¿Y es que usted no levanta mucho o qué?
A veces.
- ¿Cuántos idiomas habla usted? ¿Tres? - Cinco.
¿Cinco idiomas? Por eso, imagínese.
Sí, pero ¿sabe qué pasa?
A las mujeres no las atrae el intelecto.
Las atrae, sobre todo, el sentido del humor.
Y yo, de humor, poco.
Pues sí, pero...
¿Cuál es el idioma más raro que habla?
¿Vietnamita?
Vietnamita. Por eso, huevón.
¿Sabe lo chistoso que debe sonar un chiste en vietnamita?
Se lo cuenta, no entiende la vieja, se ríen. ¡Obvio!
¿Cómo están? ¿Cómo la han pasado?
Bien.
¿Ustedes se conocen? Elena, Jeremías.
- Sí, nos hemos visto. - Sí...
Jeremías.
Elena.
¿Un porrito?
¿Porro?
- No. - ¿Seguro?
- Sí, no. - ¿Seguro? Bueno. Me espera, ¿sí?
Es que es raro el tipo.
- No... - Sí.
No, dele una oportunidad. Vea que ahí está intentando.
No me gusta.
Es que no... Le hablo y ni siquiera mira a los ojos.
Porque usted seguro lo intimida, ahí, toda bonita.
Intimida a todo el mundo.
¿Quiere algo más fuerte?
- Mi abuela trajo absenta de Francia. Mmm. - Oui.
Por nosotros.
- Salud. - Salud.
No se... ¡No se lo tome todo, que es muy fuerte! Perdón.
No le alcancé a avisar. ¿Está bien?
- ¿Ya está bien? - Estoy bien...
- ¿Quiere agua? Perdón. - Me fue por el otro...
- Ya. Ya estoy bien. - ¿Está bien?
Mi abuela me leyó las cartas hoy.
¿Sí? ¿Y qué dijo?
Que usted y yo somos almas gemelas.
Pero que, en esta vida, nos tocó la amistad, no el amor.
No... ¿En serio Aura dijo eso?
Dígale que mucha aguafiestas.
¿Usted me puede prometer una cosa?
¿Qué?
Que me prometa que no hará ninguna locura.
León, por favor, deje en paz a los muertos.
No están muertos, Elena. Ese es el problema.
Perdón, los interrumpo.
Te traje un regalito de París y quiero dártelo antes de que te vayas.
- ¿Para mí? ¿Otro regalo? - Sí, un regalito. Ven.
- Iré con la señorita, tengo... - Perdón. Ya te lo devuelvo.
- ...curiosidad. - No mires mal.
¡Ya vengo!
Pero tiene dos intenciones: que tengas el libro que querías
y que aprendas francés, porque está en francés.
- ¿Está en francés? - Sí.
¿Se está divirtiendo?
¿Tiene fuego?
No. No.
- ¿No? - No fumo.
¿No fuma?
Mmm... Hace bien.
Este es mi número 1341.
Cuando llegue al 3000, lo voy a dejar.
Se lo prometí a mi consejero espiritual.
Los vicios son el camino...
hacia la liberación.
Salud.
- Salud. - Salud.
¿Y con quién vino?
- No, con León. - ¿León?
¿León? ¡Ah, León!
- Ya. - Sí, ahí. Con León.
Ah... ya, ya.
¿Quiere bailar?
No, yo...
- No sé. - ¿No sabe bailar?
¿Quiere?
Doble para mí.
A los 40, también voy a dejar el sexo.
Todavía no. Todavía no, porque...
el cuerpo físico tiene que hacer un viaje
a las profundidades de la matriz, ¿mmm?
Agotar todos los recursos eróticos
hasta vaciarse.
Y después...
no sentir nada.
Pero antes...
Antes uno tiene que sentir.
Sentir.
Sentir...
dolor, placer,
amor...
Pero después ya...
no sentir nada.
¿Usted qué piensa?
Ay... ¿Qué le pasa, huevón?
Estúpido.
¡Flaco! Flaco.
¿Camilo? Camilo.
¡Ey, denle espacio! Denle espacio.
¿Por qué tan bravito?
Venga, yo le quito ese mal genio.
¿Cuánto?
Allá arreglamos.
Espere.
¿Se va a hacer el difícil?
Vaya, báñese.
¿Le huelo muy feo, papi?
Báñese.
Como mande, capitán.
Respire...
Respire, flaco. Va a llegar al centro, que acá estamos.
¿Llamamos a un doctor?
Él está en un viaje muy difícil y solo él puede regresar de ahí.
Confiemos en que así sea.
Dejémoslo descansar un rato.
Vamos, mi amor, ¿sí?
Yo me quedo con él.
Bueno...
Respire, flaco.
Me avisa cualquier cosa.
Tranquilo, papi.
Ahí.
Espere. Espere.
Venga, yo le ayudo.
Tranquilo, eso.
No, ya.
Ay, papi, pero eso no es culpa mía.
Mr. Hyde está suelto.
Váyase.
¡Váyase!
¿Qué?
Uno nunca sabe.
Dios no existe, por si no le han dicho.
Mire, aproveche,
por si acaso tiene algo que confesar.
¿Dónde habrá estado Dios el día de la masacre?
Para ser una religión en donde el sacrificio es tan importante,
son muy pocas las personas
que están dispuestas a sacrificarse por el otro.
Preferimos el sufrimiento al sacrificio.
No veo la diferencia.
El sufrimiento es autoinfligido, es un acto narcisista
para sentir que pagamos por nuestras culpas.
El sacrificio es otra cosa. Es para alguien más.
Mmm.
¿Usted cree que su amigo merece perdón?
Pregúntele al crucificado.
Padre.
Ay, perdón, ya no haré más confesiones.
No, tranquilo. No se preocupe, no venimos a eso.
Venga, hábleme del padre Argimiro Parra.
¿Argimiro Parra?
Ese padre no pertenece a esta comunidad.
¿Seguro?
Vea, tan raro. Nos habían dicho que sí era parte de esta iglesia.
Es más, que venía a traer el cadáver de...
- De un... - Feligrés.
Feligrés.
No, en esta iglesia,
ningún otro padre, aparte de mí,
ha oficiado en los últimos cinco años.
Lamento no poder ayudarlos.
Vayan con Dios.
Tengo un amigo en la policía.
Nos puede ayudar a averiguar por el padre Parra.
No quiero hablar con la policía, no me interesa.
En este punto, es la mejor fuente que tenemos.
Ah, ¿sí? Entonces, ¿por qué no me dice la verdad?
¿Qué quiere?
Recuperar mi trabajo.
Camine, lo llevo. ¿Para dónde va?
¿Segura?
Sí, camine.
- Una llamada... - Tranquila.
Cuéntenos qué fue lo que pasó.
Pues eso fue hace como una hora más o menos.
Yo no sé, pero era muy horrible, muy horrible...
¡Ese!
¡Ese malparido es el culpable de todo!
¡Ese! ¡Háganle algo!
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