All language subtitles for ARDERAS-CONMIGO-2002

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Original subtitles

Pasó la noche y al día siguiente, a primera hora de la tarde, emprendimos la marcha.

Me despedí de mi madre, de la bahía que tan familiar me era

y de la vieja posada que desde que había sido repintada ya no me parecía tan agradable y acogedora como antes.

Uno de mis últimos recuerdos nostálgicos fue para el pirata

que tantas veces había paseado por la playa con el sombrero roto y el catalejo...

Israel, llegas tarde.

Estamos haciendo un dictado, ¿quieres copiar?

Poco después, al doblar el recodo de la carretera,

aquel paisaje al que había estado vinculada toda mi infancia, desapareció de mi vista.

Marisol, ¿has ido a ver a la gente que te dije?

No, no he podido, pero esta semana voy seguro.

Ven, vamos a llamar.

Déjalo, Laura. No tengo con quien dejar a la niña.

Yo me quedo con ella.

Además, no sé si quiero ir.

Esas reuniones son para gente que está muy mal y yo no...

Y tú no, ¿verdad?

Marisol, hemos hablado mil veces de este asunto.

Tienes un problema con el alcohol. Es así, te guste o no.

Si no lo asumes nunca, conseguirás solucionarlo.

Esther, soy Laura, de Educación de Adultos.

Muy bien.

Oye, mira, mañana va a ir a veros una chica de aquí que se llama Marisol.

Marisol, ¿a las cuatro?

Sí, muy bien.

Sí, sí, claro que quiere.

Venga, un abrazo.

Mañana a las tres me paso por tu casa, ¿vale?

Vale.

Venga, verás como no es tan terrible.

Hasta luego.

Oye, me ha parecido ver a Israel.

¿Está viniendo más a menudo?

A mis clases desde luego no aparece.

Ya.

Pues como no apruebe este examen,

habrá que derivarlo garantía social.

Así por lo menos aprenderá un oficio.

Los de graduado escolar necesitan libros y más cuadernos.

Pues cómpralos y lo facturas a la ONG.

¿Tienes el CIF?

¿Te vas?

Espera, me voy contigo.

Tomamos el ciego.

No te comas el coco.

Tú por eso no te preocupes, ya me encargo yo de todo.

¿Te parece?

¿Eh?

Bueno.

¿No nos tomamos una crinita?

Otro día, tengo que ir a llevar ropa a un sal.

Yo llego tarde.

¿Mañana nos hacemos un cine?

Te pensarás que esto ya es acoso sexual, pero...

Pero sí.

No, venga, en serio.

¿Nos hacemos un cine?

No, Ricardo, te lo agradezco, pero casi no salgo.

La abuela me quita mucho tiempo.

No me rindo tan fácilmente, ¿eh?

Hasta el lunes.

¡Ay, los troncos!

¡Eh!

¿Quieres más o te parece suficiente?

Dios, ¿qué te han hecho?

Eres hijoputa.

¿Te duele?

Venga.

Venga.

Venga, vamos a mi coche.

No, déjalo, que estoy bien.

¿Pero qué dices? Venga, te llevo al hospital.

Que no, que solo la sangre, que mosca andalosa.

Sube ahora mismo.

Ya al hospital no voy.

Ven.

Hostia.

¿Tú vienes aquí?

Ven, vamos a curarte.

¿Laura?

Es mi abuela.

¿Estás ahí?

La cocina está ahí.

Yo voy enseguida.

Hola, me voy con Laura.

Hola Milagros, ¿qué tal?

Solo me faltan los baldosines.

Ya me ocupo yo.

Déjalo Milagros.

Para los chicos.

Muchas gracias, Laura.

Bueno.

¿Si no mandas otra cosa?

No, nada.

Buen fin de semana.

Hasta el martes.

¿Tienes hambre?

Me tomaría una birra.

Luego te voy de cenar.

Primero vamos a ver ese ojo.

Ven.

Está muy hinchado.

Todavía no me has dicho por qué te pegaban.

Debía ser algo muy importante, ¿no?

¿Estás metido en drogas?

No.

¿Seguro?

Seguro.

Oye, yo no soy uno de esos pringados que se meten en jaco.

Es solo una bronca.

Pero si ya no nos podemos ver.

Ya.

Y lo resolvéis de ese modo, ¿no?

Tienes una herida muy fea.

¿De verdad?

¿Por qué faltas tanto a clase?

¿Soy tan aburrida?

Qué va.

Si no es por ti.

Es que no sirve de nada.

El graduado escolar te lo van a pedir en cualquier sitio.

Bueno.

Por lo menos no se te infectarán las heridas.

¿Te acerco a casa?

Es que no duele aquí.

¿Mucho?

Teníamos que haber ido al hospital.

Si mañana no estás bien, ¿me prometes que vas a ir?

¿Y si me quedas a hablar aquí y me llevan mañana?

Es que me duele mogollón, de verdad.

Y no creo que mi vieja me haga en estas pintas.

Yo hablo con ella.

Venga, te llevo.

Que no.

Yo al barrio así no vuelvo.

Cuando me vea esta peña me mata.

Parece que va a caer en una tormenta.

¿Molaría?

Es este cabrón aquel de aguantes.

¿Era tuya?

No.

De mi madre.

Creo.

¿No vivías con tus viejos?

No.

Murieron en un accidente de coche cuando yo era muy pequeño.

Tu puta.

Casi no me acuerdo de ellos.

Siempre he vivido con los abuelos.

Bueno.

¿Te gusta la habitación?

Mazo.

¿Mola?

¿No te eras de mi?

No, si me gusta.

Te hubieras sonreír más a menudo, ¿eh?

Está muy guapa.

Gracias.

Oye, con todo esto se nos ha olvidado lo de la cena.

¿Quieres bajar?

¿Qué va?

Paso de cenar con tus abuelos.

Tienes que dar la charla y esas cosas.

Pero el día que lleve lo único que quiero es irme al catre.

Pues nada.

Que descanses.

Gracias.

Oye.

Gracias, ¿eh?

Estás enrollado.

Deberías haberme consultado.

No me gusta tener extraños en mi casa.

Ya te he dicho que no son extraños.

Para mí, sí.

Lo siento.

Además,

no sé por qué no podía volver a su casa a estas horas.

Está muy lejos.

Podrías haberle llevado.

Laura, mírame.

Seguro que es de fiar.

Sí, ya te he dicho que es un alumno mío.

Laura, Laura.

Una cosa es que dediques tu tiempo a enseñar a leer a esos analfabetos

y otra muy distinta que les metas en casa.

Eres la señorita protectora de los desamparados.

Y eso es cuanto más les das, más quieren.

Ya.

Te pongas como te pongas, Luis.

El caso es que han mantenido una reunión de la Junta sin avisarte.

Y al fin y al cabo, todavía eres el principal accionista.

Tú siempre viendo conspiraciones.

¿A quién tengo que ejecutar esta vez por alta traición?

Te están haciendo el vacío.

Mi padre dirigió la Junta durante 40 años y nunca le hicieron eso.

No sé.

Quizá tienes razón.

Tal vez voy a invitar a comer a Mendoza un día de estos.

Gracias, Laura.

La cena estaba deliciosa.

¿Has visto?

Ahora le da por traernos invitados a dormir.

¿Sólo por esta noche, mujer?

No quiero ni imaginar.

El tipo de gentuza que da clase.

Ella no suelta prenda.

Ya sabes cómo es.

Hasta en eso es distinta a Teresa.

¿Te acuerdas?

Tenía un carácter tan extrovertido.

¿Cuándo vas a dejar de comprarla con su madre?

¿Me voy a mi cuarto?

Sí, yo también me voy a acostar.

Hasta luego, querido.

Voy enseguida.

Hasta mañana.

Laura.

Dame un beso.

¿Sí?

Perdona.

No, no, pasa, pasa.

¿Cómo estás?

Bien, mejor.

Pensé que a lo mejor te apetecía leer un libro.

La isla del tesoro.

Mola el título.

Es el libro que estaba dictando ahí en clase.

¿Ah, sí?

Oye, ¿por qué no me lees un rato?

Ven.

Recuerdo como si fuera ayer el día en que llegó jadeante a la puerta de la posada, seguido por alguien que le llevaba su baúl de a bordo en una carretilla.

Era un hombre alto, fuerte, grueso, de tez curtida, con una coleta embriada que le caía sobre los hombros del sucio capote azul.

Tenía las manos callosas y llenas de cicatrices, y las uñas rotas y sucias, y en la mejilla la cicatriz de un sablazo, de color blanco, sucio y lívido.

No hagas ruido.

No hagas ruido.

¿Te ha gustado?

¿Y a ti?

Claro, si ha sido de puta madre.

Qué locura.

No quisiera que la gente de clase se enterara.

Pues se lo pienso contra la talabaja.

Te puedes comer un buen marrón, por corrupción de menores.

Eso sí que no, tienes 18.

¿Y tú cómo lo sabes?

Tengo que informarme de mis alumnos.

Ya, de mí sobre todo, ¿no?

No seas bobo, me informo de todos.

¿No sé? ¿Y qué más sabes?

Sé que tu padre desapareció.

Que nunca le conociste.

Sé que vives con tu madre y tres hermanos.

Te lo ha contado el bocal de Ricardo, ¿no?

Estás estudiando gracias a él.

Aprecio mucho a tu madre.

Y dejas una puta.

Eso no es verdad.

Ahora se enrolla con las notas que me da más de asco.

Hace lo que puede, supongo.

Culpabilizar a tu madre no te va a servir de nada.

¿Y tú qué?

¿Sabes con algún tío?

¿Por qué?

No sé.

Lo rica que estás.

Estuve saliendo con un chico, pero se acabó.

¿De verdad te gusto?

No, vaya.

Tengo que irme.

¡Va, coño!

Quédate un rato más.

¿Estás aquí?

Sí.

¿Cómo tienes eso?

Mejor.

No me gusta el aspecto.

¿Y la costilla?

Duele un poco.

¿Vamos al médico?

No.

Ya se pasará.

Como quieras.

¿Te pongo el desayuno?

Vale.

¿Lo has empezado?

Sí.

¿Ves cómo te gusta leer?

No lo he probado mucho.

En mi casa no hay libros.

Bueno, yo puedo dejarte alguno.

Tienes capacidad de asimilación.

Es una pena que no te tomes los estudios más en serie.

Ya.

Quiero que me ayudes.

Voy a currármelo más.

¡Laura!

Buenos días.

¿Qué quieres?

No, nada.

Levantarme.

El médico ha dicho que necesita reposo.

No digas tonterías, Laura.

Si no, hago otra cosa.

No te quedes ahí.

Acércame un vestido.

¿Se ha marchado ya?

No, está desayunando.

Ahora se va.

No sé qué ponerme hoy.

Hace calor, ¿no?

¿El vestido gris?

¿El vestido gris?

Por favor, Laura.

El gris es un vestido de invierno.

Además, me hace diez años mayor.

Todo el mundo lo dice.

Desde luego.

Qué poco gusto has tenido siempre en el vestir.

Dame la azulanda.

El de raso.

Pero no.

Quiero algo más liviano.

Más de andar por casa.

El de flores.

Enséñame el de flores.

Es evidente que no.

Ya sé.

El malva.

Bueno, gracias por todo.

Espero que te pases por clase más a menudo.

Te veo el martes.

Por fin se va.

Sí.

Eso está bien.

Cada cual debe estar en el lugar al que pertenece.

Lo hago yo.

Me llevan cinco tareas.

Hasta que te salen, cabrón.

Ya te voy.

Cuéntanos otra vez cómo te la follaste.

Está colgada, tronco.

Se lo he contado por unas quince veces.

No la ves un baño en su vida.

No la ves un baño en su vida.

Esas personas que tal vez ahora se disponen a traicionarme, no solo han sido mis colaboradores, sino también mis amigos.

Pero nosotros somos hombres de negocios y tenemos la obligación de pensar mal.

En nuestra profesión los intereses son móviles más fuertes que los afectos.

¿Puedo informarme?

Se lo agradecería, mi querido amigo.

Incluso estoy dispuesto a apoyar su candidatura como consejero delegado.

Es muy generoso por su parte.

Pero yo no sé si podré...

Claro que podrá, Carlos.

Usted es la única persona en la que ya podemos confiar.

La última película que he visto era una de Kung Fu, una de esas de chino.

Había un pavo que era el más fuerte y tenía que luchar contra una banda que tenía acojonada a todo el personal.

Es mejor que no pongas palabrotas.

Podías haber dicho que tenía dominada a la gente o atemorizada.

Entonces su novia, que era china también, muy guapa, se ve que está liada con el malo.

Pero el tío se entera y la da bola.

Al final tiene una pelea con el malo y después da tos.

Y la piba vuelve.

No me gustó porque había...

Había, esconde.

Porque había demasiada violencia y poco de pensar.

Bueno, muy bien. Con esto terminamos por hoy.

Dejad vuestra redacción sobre la mesa.

No se os olvide repasar para mañana la primera lección de geografía.

El examen está a la vuelta de la esquina.

Hay que empezar a estudiar.

¿Has traído el libro?

¿El libro?

Ah, te lo dejaste en casa.

Laura, bajo un momento.

Si vienen los de Asuntos Sociales estoy en el bar.

Hombre, Israel, me alegro de verte por aquí.

¿Qué tal mejor?

¿Tu madre?

Dale recuerdos.

No me han mirado en toda la clase.

¿Te ha gustado la relación?

Tienes demasiadas faltas de ortografía.

Pero no estaba mal.

Y esas heridas, seguro que ni te las has mirado.

¿Te vas a presentar al examen?

Sí.

Y te lo debo a ti.

Ahora, Jim, vamos a salir en busca de ese tesoro.

Y además con una orden sellada.

Y eso no me gusta.

Tú y yo no podemos separarnos.

Tenemos que ir como si dijéramos hombro con hombro.

Y salvaremos el pellejo a pesar de todos los pesares.

¿Por qué no sigues?

Tengo que bajar.

¿No te cansas de leer?

No.

Si solo venía para saber el final.

¿Ah, sí?

Entonces te leeré solo una página cada noche.

Después una palabra.

Y al final solo una sílaba.

Pues, ¿sabes a quién le he pillado con una chuleta?

¿A quién?

No te lo vas a creer.

A Lola.

¿A Lola? No.

Es que la voy a matar.

Yo que le he dicho a todo el mundo que es mi mejor alumna, no fastidies.

Y así está Carlos.

Sí, pobre, está hablando con él.

Está cagado.

Es que estaba sudando como un fallo.

Has podido muchísimo para este examen.

Es que siempre los nervios, ¿eh?

Hombre, ¿qué tal?

Nada, Buti. Creo que ha probado.

Muy bien, tío.

Oye, mira, Carlos.

¿Sí?

Ah, hola, Mendoza. Buenas noches.

No, no se preocupe. Todavía estamos levantados.

Ya.

¿Está usted seguro?

¿Qué te pasa?

Acabo de hablar con Mendoza.

Dice que Macías ha comprado las acciones de todos.

Que lleva meses intrigando contra mí.

Que me haya enterado así.

Te lo dije.

Ya lo sé.

Y no te creí.

Maldito Judas.

Ahora ya no hay nada que se interponga en su camino.

¿Qué piensas hacer?

¿Resignarte?

¿A que te jubilen con una comida de homenaje y una placa?

¿Que reconozca los servicios prestados?

¿Quedarte al margen contemplando cómo se apropian

de lo que nos ha costado tantos años levantar?

¿Qué quieres que haga?

Tantarles cara.

Utilizar tus influencias.

Demostrarles que todavía eres imprescindible.

¡Que sepan quiénes somos!

¿Qué haces?

Esta noche me lo hace con premio.

Ay, no.

No haces daño.

Cállate, zorra.

Sí.

Así.

El viejo se ha ido.

¿Quieres desayunar abajo?

¿Laura?

¡Laura!

¡Laura, quiero levantarme!

Ya te he dicho que te llamé dos veces antes de que pusieras música.

¿Tuviste que oírme?

Pues no te oí.

Debes estar quedándote sorda.

Yo, sin embargo, conservo un oído finísimo y me pareció que no estaba sola.

¡Qué tontería!

¿Era ese alumno tan amigo tuyo?

¿Israel?

Hace casi un mes que no le veo, desde que estuvo aquí.

Escuché su voz.

Ya te he dicho que estuve sola.

Me estás llamando mentirosa.

¿Te he hecho una pregunta?

No digo que mientas, pero a lo mejor te pareció oír su voz, que es distinto.

¿Primero me llamas mentirosa y ahora insinúas que estoy loca?

Pues no, cariño.

Estoy segura.

Ha estado aquí y no es la primera vez.

Por favor.

No había vuelto a pensar en ese chico desde entonces.

Sigues mintiendo, Laura.

Pero a mí no me engañas.

Te conozco muy bien.

Tengo ojos para ver.

Y vi como le mirabas el día que estuvo aquí.

Perdóname la expresión, pero babeabas por él.

Esto es absurdo.

Te veo ahora desde hace una temporada.

Llegas a las tantas.

Te llamo y no vienes.

Lo dejas todo desordenado.

Confondes el azúcar con la sal.

Te está volviendo loca, cariño.

No hay más que verte con esas ojeras de enferma.

Le estás viendo a escondidas.

Y estoy segura que algunas noches, mientras dormimos,

le has subido al piso de arriba.

Vale, tienes razón.

Le he tenido escondido durante todos estos días.

Lo reconozco.

Ahora mismo, sin ir más lejos, está aquí.

¡Metido en este mueble!

¡Basta!

¡Laura!

Está loca.

No lo ves.

Cállate.

Lévame a la cama, por favor.

¿No vas a hablar con ella?

Sí, luego, cuando se le pase.

Venga, tómate eso.

Tienes que relajarte.

Ah, no, por favor, no te vayas.

No puedo faltar.

Sabes perfectamente cómo están las cosas.

No quiero quedarme sola con ella.

Llevas años que no te asolas con ella cuando me voy al banco.

Pero ha cambiado.

¿Cómo puedes no darte cuenta?

Tan callada, tan misteriosa.

Como si estuviera tramando algo.

Me da miedo, Luis.

Son solo imaginaciones tuyas.

Te está viendo con ese golfo.

Aquí, en nuestra casa.

¿Por qué no la echas?

¿Echarla?

¿Pero cómo puedes decir eso?

Queremos a Laura.

Nos ayuda mucho.

No quieres que se vaya, ¿verdad?

Nunca has querido que se vaya.

Ofrécele dinero hasta que encuentre un trabajo como es debido.

¿Pero por qué?

¿No la has visto con ese chico?

¿No puedes asegurarlo?

Lleo eso.

Vale.

Tienes razón.

Hablaré con ella y te aseguro que no volveré a traerle a casa.

Últimamente has estado muy crispada, cariño.

Relájate.

Intenta descansar.

¿Qué haces aquí?

Tranqui.

Lo he visto salir al viejo.

Venía a darte una sorpresa.

Me tomas por idiota.

Estabas robando.

No te basta con dormir aquí.

Ni con acostarte conmigo cuando te da la gana.

Además, quieres dinero, ¿no?

¿Es la primera vez o ya lo habías hecho antes?

Pero que no.

Lo estabas robando.

Si me lo hubieras pedido te lo hubiera dado, ¿sabes?

Pero ya no.

Ya no puedo confiar en ti.

Perdona, joder.

Es claro que no hay amoros en la costa.

Ha sido una gilipollas, ¿vale?

Pero no te mosques.

Vete, por favor.

Yo no soy ningún choro.

Tú me importas, te lo juro.

No me has oído.

Vete, fuera.

No te quiero ver más.

Ya vendrás a buscarme.

¿Ah, sí?

¿Quién te has creído que eres?

¿Te has visto en el espejo?

No eres de esas pijas que les mola pagar para que se las follen.

Sí, claro.

Para ti todas somos unas putas, ¿no?

Como tu madre.

Sí.

¿Qué pasa, chavales?

Hombre, birra, ya nos lleva el pelo.

Está encoñado.

¿Van a hacer unas birras o qué?

Tenemos plan.

Nos vamos a ir a pillar un par de gramos.

Bueno, pues andamos todos una birra.

¿Cómo otra cerveza?

Bueno, ¿qué?

¿Querías verme?

Sí.

Quiero hablar contigo.

Laura, ¿sigues afirmando que no has escondido a ese chico en esta casa?

Sí.

Ya te lo he dicho.

Y yo te lo pregunto para darte la oportunidad de rectificarlo.

Tienes dos caminos, Laura.

El de la verdad

y el de la mentira.

Piénsalo muy bien.

¿Lo has traído aquí?

¿No te he oído?

No.

Vengo.

Estoy cansado.

Pórtate bien con tu abuelo.

Vamos, Laura.

Hijo de puta.

¡Laura!

Vamos, señorita, de aquí a un día sin día.

Venga, vamos a brindar por Laura.

¿Sí, por Laura?

No, no.

¿Y los que lo hemos aprobado, qué?

¿Vamos a salir el año que viene?

Supongo que sí.

Preguntarle a Ricardo.

Seguro que sí, con lo bien que has estado este curso.

Sí, ¿y qué?

¿Tú crees que le intereseamos a los de arriba?

¿Qué tal?

Llevo toda la tarde queriendo hablar contigo.

Me voy.

¿Ya?

Laura, no me vas a dejar solo con estos firas el día de la fiesta de fin de curso.

Venga, va, vamos a tomar algo con ellos.

Estoy mareado, no me encuentro bien.

Ya.

¿Quieres que te lleve a casa?

No.

Me voy.

Quería hablar contigo.

Ya sabes de tu valoración del curso y de cómo ves las cosas de cara al año que viene.

¿Te puedo llamar esta semana?

Sí.

Sí, adiós.

Tonto.

Venga, vamos.

Estoy harta de ellos.

Quiero irme.

Sí, pero ¿cómo?

La vieja tiene joyas que nunca usa.

Las iré robando poco a poco, no se dará cuenta.

Sé dónde colocarla.

Y luego, cuando hayamos reunido el dinero suficiente, podemos llevarnos la vajilla de plata.

Es muy valiosa.

¿Qué pasa?

Hace una semana alucina porque miró en un cajón y ahora quiere darles el palo.

Quiero robarles hasta las pestañas.

Y después nos vamos.

Muy lejos.

¿Se ha ido?

Sí.

¿Bajamos?

No puedes ir pensando marcharte.

Mañana mismo coges tus cosas y te vas.

Y tú la gata ahora mismo si no quieres que llame a la policía.

Pues ya no hemos hecho nada.

Pero yo diré que sí.

Lo siento.

Me creerán a mí.

Luis.

¿Eres tú?

¡Sí!

Voy enseguida, Irene.

¿No me has oído?

No la tome con ella, jefe.

Su nieta no tiene culpa de nada.

Encima chulo.

Ahora verás.

Deja eso, abuelo.

estate ahí.

Venga, vamos, no es para tanto.

Ya se va.

Baja la pistola, por favor.

No me toques, puta.

¡No quiero!

¿Laura?

¿Qué pasa?

¿Qué haces?

¡Luis!

No!

No.

No.

No.

No.

Vamos a una habitación con llave.

El despacho.

Métela ahí.

Nada.

¿Qué le parece?

No está mal.

Tía, tenemos el puto mundo en nuestras manos. Podemos hacer lo que queramos.

Ya te lo dije.

Ven, siéntate. ¿Dónde quieres que te lleve?

Mi héroe.

A mí me molaría un sitio con playa. Uno de esos que sale en los anuncios.

¿Eh?

El Caribe.

El Caribe.

¿No sabía dónde pasaba la Isla del Tesoro?

¿Dónde vas?

¡Pero coño!

Si es el abuelete.

¿Tú qué?

¿Qué miras?

¿Quién es el pringao ahora, eh?

¿Quién está sentado ahora, eh?

Tú estás sentado, tío. Yo estoy arriba porque yo soy el jefe, tío.

¿Ves esta pasta?

¿La ves? ¿La ves, tronco?

¡Pues es mía!

¿Tienes hora, abuelo?

¿Que si tienes hora?

¡Que me contestes, tronco! ¡Que me contestes!

Yo sí tengo hora.

Tengo hora porque tengo un puto reloj de oro.

¿Te mola?

¡Pues es mío!

¡Como los cuadros!

¡Como estas mierdas tan caras!

Ahora voy a darte de comer, pero no se te ocurra gritar.

No serviría de nada.

¿Cómo está Irene?

¿Qué habéis hecho con ella?

¿Desde cuándo te preocupas por la abuela?

¡Basta ya! ¡Tuéltame inmediatamente!

Ahí lo entregaremos a la policía.

¿Pero tú quedarlas libre?

¡No dile nada, te lo juro!

¡No quiero comer más!

¡Quiero que me sueltes!

¡Ahora mismo!

¿Ya no tienes hambre?

Llevabas muchos años sin querer probar tu plato favorito.

¡Espera, Laura!

¡No diré nada, te lo juro, Laura! ¡Vamos a ver!

¡No!

Es una pena que no tengas las manos libres, ¿verdad?

¡No, Laura!

Pero, abuela, qué mal huele. Debería darte vergüenza.

Quiero agua.

Tendré que levantarte para lavarte un poco.

¿Qué te pones hoy?

El escotado.

El escotado.

El de raso.

El gris perla.

Antes nunca te lo ponías, ¿te acuerdas?

Esos kilitos demás que te afeaban un poco la figura.

Claro que ahora.

Con este régimen tan riguroso estoy segura de que te quedará muy bien.

¿No dices nada?

Ya veo.

A lo mejor prefieres quedarte en la cama, ¿no?

Se ve que no estás bien.

No quisiera asustarte, pero no me gusta nada tu aspecto.

Siempre has sido mal.

Tú lo sabías, ¿verdad?

Yo sospechaba que tú lo sabías.

Tal vez deberíamos haber hablado entonces.

Pero tú preferiste callar.

Y así has seguido.

Rumiando tu odio durante todos estos años.

¿Por qué no te acabas?

Os he cuidado tanto tiempo

que no sé por qué ahora habría de dejar de hacerlo.

Os tengo cariño.

¿Quieres agua?

Con una pastillita, ¿no?

Duerme.

La cuestión era saber a qué sentía él.

Cuántos poderes de las tinieblas le reclamaban como suya.

Esa era la reflexión que le hacía a uno estremecerse de arriba abajo.

Era imposible.

Y tampoco era bueno tratar de imaginarse él.

Él se había colocado literalmente en un alto sitial entre los demonios de la tierra.

No lo podéis entender.

¿Cómo podréis entenderlo vosotros, que tenéis los pies sobre el sólido pavimento,

que estéis rodeados de amables vecinos dispuestos siempre a prestaros ayuda,

o a caer sobre vosotros, que camináis delicadamente entre el carnicero y el policía,

bajo el sagrado terror del escándalo, la horca y los manicomios?

¿Qué coño haces, tía?

¿Qué pasa? Tómate una copa.

¡Que me contestes, hostia!

¡Suéltame! ¡Me haces daño!

Eh, vámonos.

Vámonos de una puta vez.

Laura.

Mañana.

La gente no es tonta.

Empezarán a preguntarse qué ha pasado.

Nunca viene nadie.

¿Y la asistenta?

Está de vacaciones.

Joder, da igual, vámonos, coño.

Mira, pillamos lo que nos deben del primer lote y nos damos el queo.

¿Qué pasa? ¿Que ya tienes suficiente?

¿Todavía quedan un montón de cosas por vender?

Mira esto.

¿Lo vas a dejar aquí?

¿Y esto?

¿Cuánto te darían por esto?

¿O es que ahora vas a tener miedo?

El juego ya ha dejado de ser divertido.

¡Para ya, hostias!

¡Suéltame!

¿A dónde quieres que vaya contigo, eh?

Eres maleducado y cruel y vulgar.

Y yo no sé qué he podido ver en ti, no lo sé.

Mira, no me jodas, ¿eh?

Sabes que tengo pasta de sobra para irme cuando me salga de los cojones.

¡Dile a que cierra el pico, tía!

¿Qué pasa, que no me expreso?

¡Trae las pastillas!

¡Haz algo, joder!

¡Laura!

¡Laura!

¿Qué?

¿No dices nada?

¡Ya tenemos que irnos!

¡Piramos la pasta y nos vamos!

¡Nos olvidamos de todo!

Ya verás, tía.

Voy a cuidar de ti.

Puedo darte trescientas.

Venga, ya.

¿No te has pensado que yo soy gilipollas?

¿Son de oro?

Trescientas.

¿Y lo del otro día, qué?

Pasado mañana.

¿Pasado mañana?

Venga ya, tío.

Tú lo que quieres es quedarte conmigo.

Las quiero ahora.

Mira, chico, es lo que hay.

Si te gusta bien, si no, llévate los cuadros.

Están ahí.

¡Que cagón, tu puta madre!

Afroja la mosca, ahora mismo te la saco a hostias.

Oye, chico.

Mi cliente no viene este pasado mañana, te lo juro.

Me toca la polla, ahora mismo digo, ¿eh?

¡Ahora!

Solo tengo lo que hay en la caja.

Pero bueno...

¿De qué va esto?

Oye...

La vieja las ha palmao.

Cuando venga la palma nos vamos a comer un marrón que te cagas.

¡Laura!

¡Oiga!

¡Laura!

¡Ven aquí!

¡Laura!

¡Laura, joder, ¿qué haces?!

¿Cómo conociste a la chica?

Era de profesora.

¿Qué dice?

Que salía con la nieta.

Y que se la cepillaba de vez en cuando.

Seguimos en comisaría.

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