Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Una Producción de Florentine Films.
Jane Kamensky: Pienso que creer en Estados Unidos,
enraizado en la Revolución Americana,
es creer en la posibilidad.
Para mí, eso es lo extraordinario
sobre el bando patriota de esta lucha.
Creo que en ambos bandos, todos,
incluso a quienes se les negaba la propiedad de sí mismos,
tenían ese sentido de posibilidad
por el que valía la pena luchar.
Stephen Conway: La Revolución Americana cambió el mundo.
No se trata nada más
del nacimiento de Estados Unidos,
tuvo repercusiones en todo el mundo.
Así que creo que estudiar la Revolución Americana,
entenderla y ponerla en un contexto global,
es de vital importancia para que podamos comprender
por qué estamos donde estamos en este momento.
La Revolución Americana
"Nuestro país se sumió en una gran confusión
"debido a la prolongación de la guerra.
"Casi todas las iglesias de Virginia permanecían cerradas
"y sus santos oficios, sin celebrarse.
"La mayoría de nuestros hombres
"estaban involucrados en el conflicto.
"Nuestro pueblo
se había convertido en una guarnición".
Betsy Ambler.
Betsy Ambler de Yorktown, Virginia,
tenía diez años cuando la guerra comenzó.
Ahora tenía quince años,
y la mayoría de ese tiempo había vivido lejos de casa.
En la primavera de 1780,
ya había regresado a Yorktown con su familia.
Allí, la vida había cambiado.
Las regiones más pobladas de Virginia
estaban al alcance de la Armada Real,
así como de los soldados
que los británicos desembarcaran.
El gobernador Thomas Jefferson y la asamblea de Virginia
decidieron trasladar la capital
de la cercana Williamsburg a Richmond,
y puesto que el padre de Betsy Ambler
había sido designado en el Gobierno estatal,
su familia tendría que mudarse de nuevo.
George Washington sabía desde hacía mucho tiempo
que Yorktown era especialmente vulnerable.
Desde 1777
había advertido al comandante de la milicia de Virginia
que no apostara soldados allí.
"En ningún caso considero prudente
"mantener una fuerza considerable en Yorktown.
"Al estar situada en un estrecho de tierra,
"corre el riesgo de quedar aislada.
"Para el enemigo sería muy fácil enviar unos cuantos barcos
"y desembarcar varias tropas allí,
"quienes, después de levantar algunas fortificaciones,
interceptarían su retirada y los obligarían a rendirse".
George Washington.
Episodio Seis Lo más Sagrado.
De mayo de 1780 en adelante.
A finales de mayo de 1780,
poco después de que los británicos
capturaran a Charleston, en Carolina del Sur,
un grupo élite leal
compuesto por caballería e infantería montada,
de uniforme verde
y conocido como Legión Británica,
perseguía de cerca a los soldados continentales
que huían al norte.
Su comandante
era el oficial británico de 25 años Banastre Tarleton:
apuesto, libertino, despiadado
y decidido a convertirse en un soldado célebre.
El cronista británico Horace Walpole escribió:
"Tarleton se ufana de haber asesinado a más hombres
y de haberse acostado con más mujeres que nadie"
en el ejército.
Tarleton alcanzó a los rebeldes cerca de la frontera
con Carolina del Norte, en una región llamada Waxhaws,
y les exigió que se rindieran.
"Le ordenarán
"a todas las personas bajo su mando
"que entreguen las armas en una hora.
"Si se atreven a rechazar estos términos,
el derramamiento de sangre será su culpa".
Banastre Tarleton.
Los patriotas decidieron luchar.
Los hombres de Tarleton no tardaron en superarlos.
Algunos,
que soltaron sus armas y pidieron clemencia,
no la recibieron.
Tarleton escribió: "rechazaron mis términos.
Descuarticé a 170 hombres, entre oficiales y soldados".
Si bien había acabado con la última fuerza continental
en Carolina del Sur,
también inspiró a patriotas locales
a oponerse a la ocupación británica.
En los meses siguientes, cuando entraron en combate,
muchos estuvieron dispuestos a ofrecer lo que llamaron
la "clemencia de Tarleton" a cualquier leal
con la mala suerte de caer en sus manos.
Vincent Brown: La guerra en Carolina del Sur
fue sangrienta, fue un conflicto de guerrillas.
En ocasiones, son hermanos
los que se enfrentan en esta guerra en el bosque.
Fue un conflicto en verdad horrible.
Si esperan una historia de origen nacional pulcra,
y que señale
quiénes eran los buenos y quiénes los malos,
la historia de la Revolución Americana
en Carolina del Sur no es esa historia.
Christopher Brown: El Gobierno británico era muy bueno
tomándose y ocupando ciudades.
Newport, Filadelfia, Nueva York, Charleston, Savannah,
ese tipo de puertos son los que los británicos
lograron tomarse durante la guerra,
pero ocupar esos lugares
no significaba tener a Estados Unidos.
Pacificar el campo por completo es una tarea
completamente distinta
a la de tomarse posiciones estratégicas.
El general Charles Cornwallis
había quedado a cargo del Sur y había recibido órdenes claras
del general Henry Clinton desde Nueva York.
No debía avanzar
hacia Carolina del Norte ni Virginia
hasta que pacificaran Carolina del Sur por completo.
Debía ser la primera ocupación militar a gran escala
de una colonia entera en América del Norte.
Desde Charleston, tropas británicas
rápidamente ocuparon puestos en un gran arco,
desde Savannah y Augusta en Georgia,
atravesando la aldea llamada Ninety Six,
hasta Camden y después Georgetown,
a sesenta millas de la costa desde Charleston.
Vincent Brown: Cuando los británicos
decidieron trasladar la guerra con contundencia al Sur,
creo que buscaban aprovechar el hecho
de que en esos territorios
había menos colonos blancos y más personas esclavizadas.
Los colonos eran más vulnerables.
"No necesitamos ir en busca de su propiedad,
"los esclavos, que vienen por su cuenta,
"y la hambruna viene después.
"Podemos aniquilar su comercio y la miseria será inevitable.
"Y cuando un ejército no encuentra cómo subsistir,
¿con qué esperanza resiste el pueblo?"
Mayor John André.
"Decidí ir a Charleston
"y arrojarme a los brazos de los ingleses.
"Me recibieron con gusto y comencé a sentir
"la felicidad de la libertad,
algo que nunca antes había tenido".
Boston King.
"Mis esclavos me robaron y me abandonaron.
"Vendería algunos de mis negros, pero los esclavos de este país
"se han comportado de forma tan infame
"y su valor es tan insignificante
que vender en este momento sería la ruina total".
Eliza Lucas Pinckney.
En su cuartel general en Nueva York,
el general Clinton seguía creyendo
que la mayoría de personas en Carolina del Sur eran leales.
Había insistido en que los patriotas
juraran lealtad a la Corona
o serían "considerados enemigos,
y tratados como tal".
Quienes juraron lealtad pronto quedaron decepcionados
cuando sus vecinos leales
comenzaron a ajustar cuentas pendientes.
Aquellos "insurgentes" que se negaron a jurar
y se atrevieron a tomar las armas en contra del rey,
según dijo Tarleton al general Cornwallis,
"no merecen misericordia",
y ni él ni sus hombres la tendrían con ellos.
Stephen Conway: El juramento de lealtad iba demasiado lejos
porque los obligaba a admitir públicamente
que estaban del bando británico.
Pero creo que el problema fundamental
es que los británicos estaban reacios
a restaurar el gobierno civil en los territorios que ocupaban.
Mantienen un gobierno militar,
eso, claro está,
refuerza lo que sostienen los estadounidenses,
que los británicos están decididos
a imponer una tiranía en las colonias.
"Los tiempos comenzaron a tornarse difíciles
"y la gente empezó a dividirse en bandos.
"Aquellos que habían sido buenos amigos en el pasado
"ahora eran enemigos.
Comenzaron a mirarse entre sí con recelo".
James Collins.
James Collins, de 16 años,
vivía en la granja de su familia justo al sur de la frontera
con Carolina del Norte.
Su padre, Daniel, era un inmigrante irlandés
que despreciaba a los británicos,
e instó a su hijo a convertirse en "recolector de información",
en espía,
para informar sobre sus vecinos leales.
Christopher Brown: Algo que sucede durante la guerra
es que, aquellos que son excelentes políticos,
crean binarismos.
O están con ellos o en su contra.
La realidad es que eso nunca es cierto en la vida real,
por lo general hay más de dos posibilidades.
A muchas personas en las trece colonias
poco les importaba el resultado,
solo querían que acabara la guerra.
Stephen Conway: Los británicos dependían bastante
de reclutar leales como soldados.
Y los leales solían ser muy resentidos.
Y, claro, si tienes soldados con sed de venganza,
no son los mejores instrumentos para la pacificación.
El 22 de junio de 1780,
el padre de James Collins estaba con otros hombres
en un asentamiento diminuto llamado Brown's Crossroads,
quienes habían sido convocados por el capitán Christian Huck,
un leal con una reputación de crueldad bien merecida.
Estaba allí para tomar el juramento de lealtad.
El capitán sorprendió a la multitud al advertirles
que "incluso si los rebeldes son tan grandes como los árboles
"y Jesucristo bajara a liderarlos,
él, de todos modos, los derrotaría".
Su público, presbiterianos todos,
lo consideraron una blasfemia.
Debemos luchar, dijo el padre de James
tan pronto llegó a casa,
o "someternos y ser sus esclavos".
A la mañana siguiente,
se fue a unirse a la milicia patriota.
James fue con él con una vieja escopeta.
Durante las semanas siguientes,
Christian Huck siguió quemando casas,
amenazando mujeres y asesinando rebeldes.
En julio, después de tomar
a una familia patriota como rehenes,
la milicia de los Collins
le dio alcance y lo mató junto con muchos de sus hombres.
Nuevos voluntarios engrosaban las filas patriotas.
A comienzos de agosto,
Cornwallis tuvo que admitir que todo el territorio
que antes aseguró haber pacificado,
estaba en "un estado de rebelión absoluto".
Rocky Mount y Hanging Rock, Blue Savannah y Black Mingo,
Tearcoat Swamp y Halfway Swamp, Horse Shoe y Quinby Bridge:
las batallas y escaramuzas que tuvieron lugar
en Carolina del Sur entre 1780 y 1781,
102 en total según algunos registros,
representaron una quinta parte de las muertes en combate
ocurridas durante toda la guerra.
Y casi todas las muertes estadounidenses
fueron a manos de otros estadounidenses.
Maya Jasanoff: La violencia radicaliza,
polariza,
y durante la revolución, personas de ambos bandos,
cuando eran víctimas de violencia,
se convertían entonces en perpetradores de violencia.
"No había nadie en las calles,
"tan solo algunos rostros tristes y asustados
"asomados a las ventanas.
"Hablé con algunos
"de los ciudadanos más prominentes
"y les informé que esto era la avanzada
"de una fuerza más grande que venía en camino,
"y que nuestro rey había decidido apoyarlos
con todo su poder y fuerza".
General Rochambeau.
El 11 de julio de 1780,
cinco barcos de guerra franceses
y un montón de navíos de transporte
emergieron de la neblina
que cubría el puerto de Newport, Rhode Island.
Desembarcaron unos 4,600 oficiales y soldados
bajo el mando del conde de Rochambeau.
Los habitantes de Rhode Island no habían olvidado
que la última flota francesa que llegó los había abandonado,
sus residentes protestantes no estaban seguros
de si aquellos católicos extranjeros
habían llegado a ayudar o a conquistarlos.
Pero cuando el comandante francés
les prometió que sus hombres
pagarían por todo lo que necesitaran
con monedas de plata
en lugar del papel continental sin valor alguno,
un oficial francés recordó
que "sus rostros se iluminaron
cuando mencionamos una moneda fuerte".
Al día siguiente,
el general Rochambeau le escribió a Washington:
"Aquí estamos, señor, a sus órdenes".
Entretanto,
el Congreso, sin consultar a George Washington,
había nombrado al general Horatio Gates,
el héroe de Saratoga,
comandante de todo el departamento del Sur.
A finales de julio, él y varios de sus ayudantes
llegaron a un campamento
de unos 1,200 continentales de Maryland y Delaware
que se extendía a lo largo del río Deep en Cox's Mill
en Carolina del Norte.
El objetivo de Gates era Camden, Carolina del Sur,
un puesto de avanzada y depósito de suministros británico
en el corazón del estado.
Cuando llegó a Rugeley's Mill, a 12 millas al norte de Camden,
Gates estaba convencido de que tenía 7,000 soldados
a su disposición.
De hecho, solo tenía un poco más de 3,000 hombres,
entre continentales y milicianos,
y para ese momento,
Cornwallis ya había llegado a Camden con refuerzos.
A las 10 de la noche del 15 de agosto de 1780,
Gates comenzó a avanzar al sur hacia Camden.
Por pura casualidad,
Cornwallis decidió conducir a sus hombres
hacia el norte
por el mismo camino de arena esa noche,
con la esperanza de sorprender a Gates.
Cerca de las 2 de la mañana del 16 de agosto,
exploradores a caballo de ambos ejércitos se cruzaron.
Hubo un breve intercambio de disparos,
se separaron y se prepararon para la batalla.
Al amanecer,
Cornwallis siguió la costumbre británica
de ubicar a sus mejores tropas a su derecha.
Gates, quien era un exoficial británico
y debía haberlo sabido,
inexplicablemente ordenó a sus hombres
menos experimentados que los enfrentaran:
milicianos,
muchos de los cuales nunca habían estado en combate.
Cuando los patriotas trataban de formar sus líneas,
una gran muralla roja de soldados británicos
se abalanzó sobre ellos al grito de guerra.
La milicia se dispersó y huyó.
"Debo confesar que fui de los primeros en huir.
"No podría decir por qué, más allá de que vi
"que todos estaban a punto de hacer lo mismo.
Lancé mi arma".
Soldado Garret Watts.
Los continentales a la derecha
resistieron durante un tiempo.
Al segundo al mando de Gates, el general Johann De Kalb,
un voluntario nacido en Baviera, le dispararon,
lo cortaron y lo hirieron con bayonetas una y otra vez,
pero logró ordenar un contraataque tras otro,
hasta que finalmente,
lo derribaron, herido de muerte.
Sus hombres comenzaron a huir también.
El general Gates no vio nada de eso,
poco después de que comenzaran los disparos,
huyó del campo de batalla en su caballo
y siguió corriendo hasta llegar a Hillsborough,
Carolina del Norte, a 180 millas.
La derrota en Camden
y la historia sobre la fuga de Gates,
destruyeron su reputación.
Cuando llegó el momento de nombrar a un sucesor,
el Congreso se remitió a George Washington.
Si bien Carolina del Sur no había sido pacificada,
el general Cornwallis
estaba ansioso por invadir Carolina del Norte,
el siguiente paso en el camino al premio mayor:
Virginia,
y lo que esperaba pudiera ser
el sometimiento total de los estados del Sur.
Iris De Rode: La reputación de Washington en Francia
era interesante.
En Francia lo veneraban, lo admiraban.
La gente admiraba tanto a George Washington
que a veces parecía exagerado,
pero era real.
No solo lo admiraban por ser un general
y porque respetaba la faceta militar,
es más que eso,
es un símbolo de liderazgo republicano.
Para los franceses, Washington se convirtió
en un símbolo de lo que era posible
en un mundo igualitario,
en el que incluso un agricultor podía convertirse en general.
Lo admiraban por el talento militar que tenía,
que no se basaba
en aristocracia, títulos o dinero.
Estaba allí por mérito propio.
El 21 de septiembre de 1780,
Washington y cuatro de sus ayudantes más cercanos
se reunieron en Hartford, Connecticut,
con el general Rochambeau y su séquito.
El ejército francés se quedó en Newport.
El ejército de Washington
estaba desplegado por Nueva York.
Los comandantes aliados hablaron durante dos días
sobre las acciones que podrían desarrollar juntos
para derrotar a los británicos.
Washington y Rochambeau estuvieron de acuerdo
en que el objetivo más importante
seguía siendo la ciudad de Nueva York,
pero antes de poder lanzar un ataque,
necesitaban tener una armada superior
y un ejército combinado mucho más grande.
Washington le rogó a Rochambeau que le pidiera ayuda a su rey.
Rochambeau dijo que "lo intentaría".
"Me he dado cuenta que en esta guerra,
"en ocasiones hemos estado en el sur
"cuando debíamos estar en el norte,
"y más a menudo en el norte cuando debíamos estar en el sur.
"Pero si logramos hacernos con el río Hudson,
podremos derrotar a las provincias del norte".
Henry Clinton.
El 25 de septiembre, Washington y sus subordinados
inspeccionaron las fortificaciones
en West Point sobre el Hudson.
Tenían una cena con el general
a quien Washington acababa de nombrar
comandante del fuerte.
Uno de sus mejores soldados, Benedict Arnold.
Washington se alarmó por las malas condiciones
en las que estaban las fortificaciones
y se inquietó por el hecho de que Arnold
no hubiera ido a recibirlo.
Tampoco estaba en su cuartel general
cuando su comandante llegó a cenar.
"Nadie me daba información alguna
"sobre su paradero.
"La indecencia de su conducta
"a sabiendas de que yo iba a estar allí,
"me impresionó bastante.
No tenía ni la menor idea de la verdadera causa".
George Washington.
Esa noche,
cuando su asistente de confianza Alexander Hamilton
le trajo un paquete de papeles,
Washington descubrió "la verdadera causa",
Benedict Arnold, el comandante de West Point,
el lugar que para Washington
era "el puesto más importante de Estados Unidos",
había desertado esa mañana para unirse a los británicos.
Peor aún, había planeado entregar el fuerte
y a todos los hombres estacionados allí al enemigo.
Pocos soldados habían contribuido tanto
a la causa revolucionaria como Benedict Arnold.
Demostró una iniciativa y valentía extraordinarias
repetidas veces en el campo de batalla
y dos veces resultó gravemente herido
en Quebec y en Saratoga.
Nathaniel Philbrick: Había hecho muchos milagros
en el campo de batalla, pero no estaba recibiendo nada
del reconocimiento que creía que se merecía.
"¿Por qué estoy haciendo esto?
Mis finanzas personales están destruidas,
mi cuerpo está destruido.
¿Para qué?"
Dos años antes, Washington nombró a Arnold
comandante militar de Filadelfia.
Eso no salió bien.
Aprovechó su posición para ganar dinero
de la venta de propiedades confiscadas a los leales.
También se instaló en la misma mansión
que había ocupado el comandante británico
y fue acusado de ser demasiado cercano
a comerciantes adinerados
sospechosos de tener afinidad con los leales.
Nathaniel Philbrick: Mientras Arnold estaba en medio
de esa tremenda frustración en Filadelfia,
se enamoró de una joven llamada Peggy Shippen,
cuya familia tiene afinidad con los leales
y que había llegado a conocer muy bien
a los oficiales británicos
durante la ocupación británica de Filadelfia.
Uno de ellos era un tal mayor André,
quien, como ocurrió después, se convirtió en el jefe
de la red de espionaje británica.
Y fuera Peggy o no
quien hizo que todo eso sucediera,
poco después de que se casaran,
Arnold comenzó a intentar acercarse a los británicos.
Bajo la más estricta reserva,
comenzó a comunicarse por medio del mayor John André
y afirmó que solo había ido a la guerra
para rectificar agravios legítimos
de los estadounidenses, no por la independencia,
y que se sintió horrorizado
cuando el Congreso se alió con la Francia católica,
a quienes consideraba
enemigos de la libertad y el protestantismo.
Ahora se ofrecía a enlistarse al servicio del rey,
ya fuera como oficial del ejército británico
o "cooperando en algún plan concertado"
para sabotear la causa revolucionaria.
Durante 17 meses,
hubo mensajes codificados de un lado a otro
antes de llegar a un acuerdo sobre un plan concreto.
Arnold debía convencer a Washington
de nombrarlo comandante en West Point
y de todos los puestos de avanzada sobre el Hudson,
y después debilitar sus defensas
para que las fuerzas del general Clinton
pudieran navegar por el río y tomárselos todos.
A cambio,
Arnold sería nombrado general en el ejército británico
y recibiría 20,000 libras británicas,
además de 500 libras al año durante el resto de su vida.
Las fuerzas de Clinton
estaban listas para avanzar por el Hudson,
solo faltaba que André y Arnold se encontraran
y definieran algunos detalles finales.
André tenía órdenes explícitas
de no cruzar al territorio rebelde,
vestir de civil ni llevar papeles.
Desobedeció las tres
y, cuando iba de regreso a las líneas británicas,
fue capturado por tres milicianos de Nueva York
con documentos incriminatorios ocultos en sus medias,
del puño y letra de Benedict Arnold.
Nathaniel Philbrick: Ese golpe fue devastador para Washington
y para los estadounidenses fue devastador darse cuenta
de que uno de los suyos,
uno de los suyos que había sido un gran héroe,
podía tomar la decisión de entregarlos a todos.
Joseph Ellis: Él era la última persona
que Washington pensó que lo traicionaría.
Puesto que el mayor André
fue capturado vestido de civil,
lo colgaron como espía.
Arnold, que logró escapar, recibió su comisión
y fue nombrado comandante de un regimiento
formado por leales y desertores del Ejército Continental
llamado la "Legión Americana".
"Nada se compara a la caída de Arnold
"desde la caída de Lucifer.
"Ahora caerá tan bajo como tan alto llegó a estar,
"y al igual que el diablo
"que se fue a la guerra contra el cielo
"después de su caída,
"espero que Arnold haga lo mismo contra Estados Unidos.
"Si llega a caer en nuestras manos,
será un dulce sacrificio".
General Nathanael Greene.
La invasión de Carolina del Norte
por parte del general Cornwallis sería un ataque en tres frentes.
Por la derecha,
una columna se tomaría el puerto de Willmington
para garantizar que los suministros
llegaran a tierra desde la costa sin problema.
En el centro,
Cornwallis guiaría al grueso de su ejército
hacia el pequeño pueblo de Charlotte,
que tan solo era
una intersección y un ayuntamiento.
Por la izquierda,
Patrick Ferguson y unos 1,000 leales
debían vigilar su flanco
y tratar de movilizar más hombres de la zona rural.
Ferguson, un soldado escocés de carrera,
que dirigía a sus hombres en batalla
con un silbato de plata,
guio a su fuerza leal
hacia el oeste de Carolina del Norte.
Liberó a los prisioneros rebeldes
y los envió a través de la Cordillera Azul
con mensaje para los patriotas que se hacían llamar
"hombres de montaña",
colonos que habían desafiado la Proclama de 1763
en la que se les prohibía ocupar territorio indígena.
Ferguson les dijo
que una victoria británica era inevitable,
y que todos aquellos que depusieran sus armas
serían tratados de manera amable y justa.
Pero los hombres de la frontera no le creyeron.
Las noticias sobre la crueldad de Tarleton
y los abusos de los leales eran muy recientes.
En lugar de rendirse,
llegaron en hordas por las montañas tras Ferguson,
quien se dio cuenta de que estaba en problemas,
cambió de rumbo y avanzó hacia Charlotte.
Por el camino,
emitió una proclamación para movilizar a los leales.
"Caballeros, si deciden dejarse humillar
"por una pandilla de bastardos para siempre,
"díganlo de una vez y dejen que sus mujeres
"les den la espalda
"y busquen hombres de verdad que las protejan.
"Si desean o merecen vivir
"y llevar con honor el nombre de hombres,
"alcen las armas de inmediato y corran al campamento.
Los hombres de Backwater ya han cruzado las montañas".
Patrick Ferguson.
Edward Lengel: Ese no es el tono adecuado
para comunicarse con esos hombres del bosque,
del otro lado de la montaña,
con esos colonos escoceses irlandeses.
En la frontera con Carolina del Sur,
Ferguson, de manera inexplicable,
decidió hacer frente desde una colina
con el pomposo nombre de Kings Mountain,
o montaña del rey.
Casi 1,000 milicianos patriotas, la mitad hombres de frontera
y la otra mitad
de las zonas rurales de Virginia y Carolina,
incluido James Collins, estaban detrás de él.
"Cada líder pronunció
"un breve discurso a su manera para sus hombres
"pidiendo a los cobardes que se fueran de inmediato.
Para ser honesto, con gusto me hubiera retirado".
James Collins.
El 7 de octubre de 1780,
mientras esperaban por la señal para subir por la ladera,
según recordó Collins,
cada hombre se metió cuatro o cinco balas de mosquete
en la boca para frenar la sed y recargar rápido.
Los patriotas atacaron con una ferocidad aterradora.
¡aah, pum!
"Aparecieron como demonios
"provenientes de las regiones infernales.
"Eran los hombres de aspecto más imponente
"que se hayan visto,
"altos, huesudos y vigorosos con pelo largo y enmarañado;
hombres como nunca antes vistos en las Carolinas".
Drury Mathis.
A medida que los patriotas
se acercaban a la cima,
Ferguson siguió cabalgando de un punto a otro
agitando su sable y sonando su silbato
en un intento para que sus leales resistieran.
Varias balas impactaron en él al mismo tiempo.
Cayó de su silla de montar.
Su pie se enredó en el estribo
y fue arrastrado de un lado a otro por el suelo
hasta que sus hombres lograron agarrar las riendas.
Ferguson había sido el único soldado británico
en la batalla de ese día.
Todos los demás, en ambos bandos,
eran estadounidenses.
Los leales se rindieron.
"Montones de muertos yacían en todas partes,
"al tiempo que los lamentos de los heridos
"se escuchaban por todas partes.
"Dije, '¡Santo Dios!
"¿Es este el destino de los mortales?
"¿Fue para esto que los hombres vinieron a este mundo?'
"Procedimos a sepultar a los muertos,
"pero quedó mal hecho.
"Los cerdos en las cercanías llegaron al lugar
"para devorar la carne de los hombres.
"Y había tantos lobos
que esa noche se volvió un peligro salir".
Soldado James Collins.
Edward Lengel: Después de Kings Mountain,
los patriotas asesinaron a muchos de sus prisioneros.
Si veían que alguno de los prisioneros
los miraba mal, decían: "Ah, yo lo conozco,
quemó una granja en la colina de allá,
además mató a la familia de alguien.
Vamos a colgarlo".
Y así se dieron toda clase de atrocidades.
Cuando Cornwallis se enteró de que los patriotas
habían aniquilado
a una fuerza leal de mil hombres,
sacó a su ejército de Charlotte
y se fue de regreso a Carolina del Sur.
"Las mujeres estadounidenses,
"animadas por el patriotismo más puro,
"sienten hoy la tristeza
"de no poder ofrecer más que deseos vacíos
"por el éxito de tan gloriosa revolución.
"Si la opinión y las costumbres
"no nos impidieran marchar hacia la gloria
"por el mismo camino que los hombres,
"deberíamos al menos igualar, e incluso a veces superar,
su amor por el bien común".
Esther Reed.
En Filadelfia,
una mujer prominente llamada Esther Reed
publicó un panfleto en el que instó a las mujeres
a renunciar a los lujos
y en su lugar recaudar fondos para ayudar a los soldados.
Recaudaron 300,000 dólares continentales
con la esperanza de repartirlos entre las tropas.
George Washington vetó la idea, dijo que solo comprarían ron,
lo que necesitaban eran camisas.
Las mujeres confeccionaron más de 2,000.
"Y ver que el espíritu se contagia de un estado a otro.
"Estados Unidos no usará cadenas
mientras sus hijas sean virtuosas".
Abigail Adams.
Rick Atkinson: Las condiciones en las que vivían los soldados
eran bastante rudimentarias.
Su creencia en la causa les ayudaba a seguir adelante,
pero eso no los mantenía calientes,
no los refrescaba en verano,
no los alimentaba,
así es que era una lucha constante
del día a día, sin contar las batallas.
"Nunca estuvimos en un terreno tan peligroso.
"Nuestras tropas no tienen ropa, alimento y son mal pagadas.
"Hace casi doce meses que no ven un dólar
en forma de pago".
General Anthony Wayne.
En el Día de Año Nuevo de 1781,
impulsados por el ron y una indignación justificada,
unos 1,500 continentales de Pensilvania
apostados cerca de Morristown, Nueva Jersey, se amotinaron.
Mataron a dos oficiales que intentaron detenerlos,
se hicieron con seis cañones
y comenzaron a avanzar hacia Filadelfia
para confrontar al Congreso con sus reclamos.
Pero antes de que los amotinados llegaran,
la legislatura de Pensilvania intervino
y cedió a la mayoría de sus demandas,
incluyendo la promesa de un pago retroactivo completo
y la opción de dejar el ejército o enlistarse de nuevo.
Nadie debía ser castigado.
La mitad de los hombres dejaron el ejército,
los demás se enlistaron de nuevo.
Tres semanas después, cuando se amotinaron
tres regimientos de Nueva Jersey,
Washington ordenó a las tropas de Nueva Inglaterra
que los rodearan.
Reunieron a los hombres y los hicieron presenciar
como un pelotón de fusilamiento,
formado por sus compañeros amotinados,
ejecutaba a dos de sus cabecillas.
Nathaniel Philbrick: Washington se dio cuenta
de que lo único que podía hacer
era derrotarlos con una brutalidad tremenda.
Ese era el momento para que Washington
le pusiera fin a eso de forma muy rápida.
"Ahora todo está en silencio",
escribió Washington después,
pero temía que, a menos
que se hallara la forma de pagar,
de vestir y alimentar a sus hombres,
habría más amotinamientos.
"Tengan por seguro
"que el día no sigue a la noche
"con más certeza de la que trae una prueba adicional
"de la inviabilidad de continuar con la guerra sin apoyo.
"Estamos al límite.
La salvación debe llegar ahora o nunca".
George Washington.
"Richmond, Virginia.
"La guerra, si bien es distante, es terrible sin duda.
"Pero cuando toca a nuestra puerta,
"la imagen es ciertamente abrumadora.
"Me espera una época sombría.
"Nuestros caballeros han comenzado a comprender
"que el enemigo avanzará hacia nuestro territorio.
Si lo logra, solo Dios sabe lo que será de nosotros".
Betsy Ambler.
Los patriotas de Virginia
no estaban preparados para resistir una invasión.
Los hombres se negaban al reclutamiento,
los plantadores adinerados se habían eximido a sí mismos,
a sus hijos y a sus capataces porque, según ellos,
necesitaban quedarse en casa
para mantener a sus esclavos a raya.
Un agricultor recordó,
"los ricos querían que los pobres
lucharan por ellos en defensa de su propiedad
mientras ellos se negaban a luchar por sí mismos".
Entonces, en enero de 1781,
tropas leales, soldados británicos y alemanes
zarparon de la bahía de Chesapeake por el río James.
Su comandante era Benedict Arnold,
ahora brigadier general del ejército británico,
y deseoso de demostrar
su renovada devoción a la Corona.
Marchó con la mitad de sus hombres hacia Richmond,
la nueva capital del estado.
Al ver a los hombres de Arnold, los milicianos de Virginia,
muchos sin armas, desaparecieron.
Muchos años después,
un esclavizado del hogar del gobernador Jefferson,
recordó que "en diez minutos
no quedaba un solo hombre blanco en Richmond".
"Mi madre estaba tan asustada,
"que no sabía si quedarse adentro o salir.
"Los británicos se formaron en línea
"y marcharon al ritmo de tambores.
"Fue un espectáculo horrible,
parecía que había llegado el día del juicio final".
Isaac Granger.
Los hombres de Arnold
incendiaron depósitos llenos de sal y tabaco
y se hicieron con 2,000 armas pequeñas,
casi 40 cañones y 503 barriles de ron.
Hasta las imprentas, en palabras de Arnold,
fueron "purificadas por las llamas".
Arnold y sus hombres regresaron por el río James,
saqueando en el camino,
y se instalaron durante el resto del invierno
en Portsmouth,
cerca de la desembocadura del Chesapeake,
en donde podían recibir apoyo de la armada real.
Nathaniel Philbrick: Enviar a Benedict Arnold a Virginia
era enviar al hombre que Washington
más despreciaba a su estado natal.
Lo que Washington hizo fue enviar al oficial
en quien más confiaba de muchas formas, La Fayette,
a contener a ese perro traicionero.
"Si Arnold cae en tus manos",
le dijo Washington al marqués de La Fayette
cuando le ordenó dirigirse al sur
para proteger Virginia, "lo ejecutarás,
el castigo que merece por su traición,
de la forma más rápida y eficaz".
"Carolina del Sur.
"Cuando dejé el ejército del norte,
"esperaba encontrarme con miles de dificultades
"en el departamento del Sur que serían nuevas para mí.
"Pero los desconciertos superaron mis peores temores.
Tengo la sombra de un ejército".
Nathanael Greene.
Nathaniel Philbrick: Creo que Nathanael Greene
es el héroe desconocido de la Revolución Americana.
Sin Nathanael Greene en el Sur trabajando como mula,
una batalla tras otra en el Sur devastado por la guerra,
fácilmente habríamos podido perder la guerra.
Después del desastre en Camden,
George Washington envió a Nathanael Greene
como reemplazo del desprestigiado Horatio Gates
como comandante
de lo que quedaba del ejército del Sur.
"Creo que le estoy entregando un general",
dijo Washington a un congresista de Carolina del Sur.
"Pero, ¿qué puede hacer un general sin hombres,
sin armas, sin ropa y sin suministros?"
Las fuerzas de Greene
eran superadas en número por más de dos a uno.
A pesar de eso,
decidió dividir su pequeño ejército.
"Así aprovecho mi ejército inferior al máximo,
ya que obliga a mi enemigo a dividir el suyo", explicó.
El mismo Greene y la mayoría de sus hombres
avanzaron hacia Carolina del Sur
a un campamento cerca de Cheraw sobre el río Pee Dee.
Entretanto, Daniel Morgan guio al que Greene llamó
su "ejército volador" hacia el oeste,
"para hostigar al enemigo en esa región"
y "animar al pueblo".
En respuesta, Cornwallis
envió a Banastre Tarleton tras Daniel Morgan.
Morgan esperaba que sus hombres cruzaran el río Broad a salvo
antes de enfrentar a su enemigo,
pero Tarleton estaba a menos de cinco millas.
Morgan decidió hacerle frente en Cowpens,
una pradera ondulada de 500 yardas de largo
y casi igual de ancho, a la que los pastores
llevaban su ganado a pastar de camino al mercado.
Esperaba que Tarleton atacara sus filas de frente
y planeaba aprovechar la imprudencia de su enemigo.
Edward Lengel: Daniel Morgan es un maestro estratega,
su planificación de la batalla de Cowpens es brillante
por la forma en que lleva a Tarleton hacia su trampa.
Morgan sabía que su milicia,
que era menos confiable, al ver a un enemigo atacante,
seguramente se dispersaría y huiría,
por eso trató de convertir esa debilidad en fortaleza.
Para la batalla del día siguiente,
ubicó a sus hombres
en tres líneas a 150 yardas de distancia entre sí.
Las dos primeras eran de milicianos.
Morgan les ordenó disparar solo dos descargas
hacia el enemigo que se acercaba
y después retirarse detrás de la tercera línea
de continentales experimentados.
Esperaba que el enemigo,
convencido de que las milicias estaban huyendo de nuevo,
atacara y de repente se encontrara bajo fuego enemigo
de sus combatientes más experimentados
escondidos tras una cuesta.
Morgan pasó la noche anterior
fomentando la confianza de la milicia.
"Pasó entre los voluntarios y les dijo
"que mantuvieran el ánimo y que el día sería nuestro.
"'Solo mantengan la cabeza en alto, muchachos.
Dos descargas', dijo, 'y serán libres.
"Y cuando regresen a casa, los ancianos los bendecirán
y las chicas los besarán por su valerosa conducta'".
Mayor Thomas Young.
Edward Lengel: La apreciación de Morgan hacia ellos,
y la de ellos hacia Morgan
como un hombre rudo de las montañas igual a ellos,
les dio la confianza y claridad para pensar
y para seguir órdenes de una forma
en que no lo habrían hecho por nadie más.
"Cuando salió el sol el 17 de enero de 1781,
"vimos al enemigo claramente.
"Su presencia,
"al menos para mí, era algo imponente.
"Se detuvieron por un momento y después avanzaron rápidamente,
seguros de su victoria".
Soldado James Collins.
La primera línea de milicianos
logró abatir a unos cuantos soldados
y después, siguiendo órdenes, retrocedió.
Cuando el enemigo estuvo a 50 yardas de la segunda línea,
los milicianos dispararon dos descargas contra ellos,
"fuego intenso y molesto", recordó Morgan,
que acabó con dos tercios de los oficiales
de infantería de Tarleton.
Pero tal y como se lo imaginó Tarleton,
la segunda línea también pareció dispersarse.
Los británicos intensificaron su ritmo,
ansiosos por alcanzar a los milicianos que huían.
Tarleton pensó que, sin duda, la batalla estaba casi ganada.
Sus hombres subieron corriendo por una ladera,
y en la cima se encontraron de repente frente a frente
con la tercera línea,
y bajo lo que un oficial continental recordó
como "un fuego muy destructor que para nada se esperaban".
Esta vez fueron los patriotas los que atacaron con bayonetas
mientras lanzaban un grito de guerra
que helaba la sangre
y que adaptaron de los guerreros indígenas,
un grito que retumbó
en los campos de batallas del Sur durante décadas.
"Morgan cabalgó al frente y, agitando su espada,
"gritó: 'un disparo más y la victoria será nuestra'.
"Entonces, avanzamos vigorosamente.
Comenzaron a dejar sus armas y a rendirse".
Soldado James Collins.
Entretanto, la caballería estadounidense
atacó la retaguardia del enemigo,
según dijo un patriota,
"gritando y atacando como locos".
La línea británica se rompió.
Todo acabó en 35 minutos.
Los británicos perdieron 300 hombres, muertos o heridos,
y 525 quedaron como prisioneros.
Tarleton logró escapar,
pero Daniel Morgan estaba jubiloso.
"le acabo de dar una paliza tremenda".
La noticia de la derrota de Tarleton
dejó al general Cornwallis atónito,
había perdido casi un tercio de su ejército,
se dispuso a alcanzar a la fuerza rebelde.
Dos meses después, en la batalla
del Palacio de Justicia de Guilford
en Carolina del Norte,
Nathanael Greene intentó usar contra Cornwallis
la misma estrategia que Morgan había usado contra Tarleton.
Al comienzo, la estrategia pareció funcionar,
la fuerza a la izquierda de Cornwallis comenzó a ceder.
Si Greene hubiera tenido reservas,
quizá habría ganado.
No tenía reservas.
Cornwallis ganó la batalla, pero perdió 500 hombres más.
Cuando las noticias por fin llegaron a Gran Bretaña,
no impresionaron
al líder de la oposición en el Parlamento.
"Otra victoria como esa", dijo,
"acabaría con el ejército británico".
Cornwallis y sus agotados hombres
se tambalearon al este hasta Willmington,
ya estaba harto de las Carolinas.
Cornwallis decidió desafiar las órdenes del general Clinton
y llevó a su ejército hacia el norte
para unirse a las fuerzas británicas y leales
que ya estaban en Virginia.
"No puedo evitar expresar mi deseo
"de que Chesapeake se convierta en el escenario de la guerra,
"incluso si eso implica
"que tengamos que abandonar Nueva York.
"Hasta que no logremos someter a Virginia de alguna manera,
"nuestro control de las Carolinas
será difícil, si no precario".
Lord Cornwallis.
El 25 de abril de 1781,
Cornwallis comenzó su marcha hacia el norte.
La noticia de su desobediencia
no llegó al cuartel general de Clinton en Nueva York
sino hasta más de un mes después.
"Mi asombro ante esa decisión jamás desaparecerá",
escribió Clinton cuando supo la noticia.
"Pero Cornwallis ya la tomó y no diremos nada,
más que aprovecharla lo mejor que podamos".
"El escenario de la guerra
"se concentra en los estados sureños,
"donde nuestros enemigos se desgastan día a día,
"entre triunfos y derrotas.
"Nuestros asuntos en Estados Unidos
"son más agradables.
"Maryland se unió a la Confederación
"justo cuando Gran Bretaña se engaña a sí misma
con la idea de que nos estamos desmoronando".
Abigail Adams.
A comienzos de 1781,
Maryland se convirtió en el último estado
en ratificar los Artículos de la Confederación.
Casi cinco años después de declarar su independencia,
Estados Unidos por fin tenía el tipo de confederación
que pensaba que querían.
Pero era tan solo una alianza, no un gobierno central.
Todas las leyes quedaron en manos
de los estados individuales,
hasta las relacionadas con la esclavitud,
que seguía siendo legal en todos,
pero ahora, había personas en todo Estados Unidos
que buscaban abolirla.
Sus primeros éxitos serían en el Norte.
Christopher Brown: En ese momento fue que comenzaron
a tomar forma
las primeras organizaciones antiesclavitud,
en particular en aquellos lugares
en donde la esclavitud no era tan importante
para el orden económico y social:
Pensilvania,
Massachusetts,
Connecticut.
Annette Gordon-Reed: En el Norte era más fácil
porque había menos personas negras.
Algunas de las cosas que se decían era que el Sur
era una "sociedad esclava"
y que el Norte era una sociedad que tenía esclavos.
Bernard Bailyn: Antes de la revolución,
la esclavitud nunca fue un problema público relevante.
Algunas personas hablaban en contra
y presentaban buenas razones
para argumentar lo terrible que era,
pero no era un problema público relevante.
Después de la revolución, siempre fue un problema serio.
En 1780,
la Ley de Emancipación Gradual de Pensilvania
afirmaba que todo aquel nacido en la esclavitud
en el estado después de su aprobación,
quedaría libre automáticamente a los 28 años,
pero cualquier hombre, mujer o niño esclavizado
antes de su aprobación
permanecería esclavizado hasta su muerte,
a menos que se compraran su libertad
o que su dueño se las otorgara.
"Si en cualquier momento,
"en cualquier momento mientras fui esclava,
"me hubieran ofrecido un minuto de libertad,
"y me hubieran dicho que debía morir
"cuando acabara ese minuto, habría aceptado,
"solo por estar un minuto en la tierra de Dios
como una mujer libre, lo habría aceptado".
Elizabeth Freeman
Cuando una mujer esclavizada
en el oeste de Massachusetts llamada Mumbet
recibió un golpe con una pala de cocina
por parte de su dueña,
huyó de la casa y se negaba a volver.
Su dueña fue a los tribunales para recuperarla.
El abogado de Mumbet
convenció a un jurado compuesto de personas blancas
que en el preámbulo
de la nueva constitución del estado de Massachusetts
se declaraba a todos los hombres libres e iguales,
y puesto que su cliente era un ser humano,
debía ser libre.
La Corte Suprema de Massachusetts
estuvo de acuerdo.
Mumbet se cambió el nombre a Elizabeth Freeman
y vivió casi 50 años en Stockbridge,
trabajando con sus vecinos como curandera,
enfermera y partera.
En su lápida en el cementerio de Stockbridge dice:
"Nació siendo esclava,
pero en su ámbito nadie la superó ni la igualó".
Al momento de su muerte en 1829, todos los estados
desde Nueva Jersey al norte hasta Nueva Inglaterra
habían pedido abolir la esclavitud.
Pero pasaría otra generación y una guerra más terrible
para que se aboliera en todo Estados Unidos.
"Son pocos los generales
"que han corrido más a menudo que yo.
"Pero yo me he cuidado de no correr muy lejos,
"y por lo general corro igual de rápido
"hacia adelante y hacia atrás,
"para convencer al enemigo de que somos como un cangrejo
que corre en ambas direcciones".
Nathanael Greene.
Uno por uno, por todo el Bajo Sur,
los puestos de avanzada británicos
se rindieron a los patriotas o quedaron abandonados:
fuerte Watson,
Camden,
Orangeburg,
fuerte Motte,
fuerte Granby,
fuerte Galphin,
Georgetown y Augusta.
El general Greene combatió en tres batallas
a gran escala con los británicos:
Hobkirk Hill,
Ninety Six
y Eutaw Springs,
y las perdió todas,
pero provocó tantas bajas en todas
que el enemigo se vio obligado a retirarse
y acercarse cada vez más a Charleston.
Greene dijo: "peleamos, nos vencen,
nos levantamos y peleamos de nuevo".
No lo hubiera logrado
sin las milicias patriotas locales.
La unidad de Francis Marion
eludía a los británicos escondiéndose en los pantanos,
y era tan eficaz que Banastre Tarleton dijo:
"en cuanto a ese viejo zorro,
ni el mismo Diablo podría atraparlo".
Al tiempo que el control de la región
por parte de Gran Bretaña se debilitaba,
la anarquía que había caracterizado
a la zona rural por meses se salió de control.
Seguidores de ambos bandos parecían empeñados
en ser más crueles que el otro bando.
Torturaban y asesinaban prisioneros,
quemaban hogares y azotaban a sus dueños,
violaban mujeres y colgaban a sus esposos.
Pandillas de bandidos
detenían viajeros y saqueaban granjas.
"Para nosotros en el Norte, la diferencia entre whig y tory
"no es más que una diferencia de opinión,
"pero aquí, se persiguen unos a otros
"con una furia casi salvaje.
"No se alcanzan a imaginar la angustia y la miseria
que reinan en esta región".
Nathanael Greene.
A finales del verano de 1781,
los británicos estaban acorralados
en tan solo tres pueblos costeros
de las Carolinas y Georgia:
Willmington,
Charleston
y Savannah.
La estrategia sureña de Londres estaba colapsando.
"El rey ha decidido
"que el principal objetivo de su ejército en Estados Unidos
"durante la guerra con los ingleses
"es sacarlos del golfo de México y de las riberas del Misisipi,
"que debe ser considerado el baluarte
del vasto imperio de Nueva España".
Bernardo De Gálvez.
Bernardo de Gálvez,
el audaz joven gobernador de la Luisiana española
vio una oportunidad en la Revolución Americana
de recuperar el oeste de la Florida para su rey,
incluso antes de que España entrara a la guerra en 1779.
Kathleen Duval: Bernardo de Gálvez
tenía grandes ambiciones para España
y también para sí mismo.
Creía que una guerra contra Gran Bretaña
sería su oportunidad para hacer que las colonias españolas
crecieran más en América del Norte
más allá de Luisiana,
hacia el resto de la costa del golfo,
los Apalaches
e incluso la mayoría del este de América del Norte.
Tan pronto Gálvez se enteró de que España
había entrado a la guerra de manera oficial,
salió de Nueva Orleans y formó un ejército
que reflejaba la extraordinaria diversidad
de la costa del golfo:
españoles, franceses, acadianos, irlandeses;
hombres blancos y mestizos de África y las Américas;
choctaws, houmas, alabamas;
hombres de México, Puerto Rico, Cuba, La Española,
y un puñado de voluntarios de Estados Unidos.
Kathleen Duval: Gálvez
comenzó a tomarse puestos británicos.
Se tomó Baton Rouge, Natchez y después navegó con su milicia
y se tomó el puesto de Mobile.
En la primavera de 1781,
el único objetivo que le faltaba a Gálvez
en la Florida del oeste británica
era su capital y baluarte: Pensacola.
La defendían milicianos negros y blancos del lugar;
soldados británicos, alemanes y leales;
así como cientos de choctaws, chickasaws y muskogees
que se oponían a cualquier expansión imperial
que amenazara sus tierras en el interior del sureste.
Gálvez llegó con su ejército y dio inicio a un asedio.
Durante mes y medio,
los españoles se acercaron cada vez más
al corazón de las defensas británicas.
Finalmente, el 8 de mayo de 1781,
un proyectil le dio al polvorín de los británicos.
La explosión mató casi cien hombres,
en su mayoría soldados leales,
e hizo un gran hoyo en los muros del fuerte.
Los hombres de Gálvez entraron por el hoyo
y el comandante británico se rindió en cuestión de horas.
El dominio español
se restableció en el oeste de Florida
y, junto con él,
el control español del golfo de México.
Kathleen Duval: El oeste de Florida
es la primera colonia no rebelde que perdió Gran Bretaña.
Después de la victoria de España en Pensacola,
muchas, muchas personas en Gran Bretaña
creen que es hora de poner fin a la guerra
antes de que las cosas empeoren.
Gran Bretaña estaba más sola que nunca.
Ahora estaba en guerra con Países Bajos,
así como con Francia y España.
Y sus islas en las Indias Occidentales
y Gibraltar en el Mediterráneo estaban bajo ataque.
Para Londres, América del Norte importaba cada vez menos,
y era poco lo que podía hacer el general Clinton
desde Nueva York para asegurarse de que la ciudad
siguiera en manos de los británicos.
Iris De Rode: El bastión británico está en Nueva York.
Allí es donde ganaron la batalla contra George Washington
en 1776,
que es una de las razones por las que George Washington
está empeñado en tomarse Nueva York,
porque esa batalla en particular le genera una gran humillación.
Así que para él, desde esa época,
se convirtió casi en una obsesión.
"Si nos tomamos Nueva York, ganaremos la guerra".
Cuando se supo que barcos de guerra franceses
y más soldados franceses
llegarían a la costa este durante el verano,
Washington y Rochambeau
se volvieron a reunir en Connecticut
para hablar sobre en dónde sería más beneficiosa esa flota:
en Nueva York o en Virginia,
que era hacia donde se dirigía ahora Cornwallis.
Washington seguía a favor de Nueva York.
Rochambeau le dijo que prefería
que la decisión la tomara el conde de Grasse,
el almirante que ahora comandaba la flota francesa en el Caribe.
Pero en cartas privadas a de Grasse,
Rochambeau argumentó que bloquear el Chesapeake
debería ser la prioridad.
Entretanto, Rochambeau salió de Newport
con sus más de 4,000 hombres
para unirse al ejército de Washington
en el condado de Westchester, en Nueva York.
Lo que vieron los franceses los dejó sorprendidos.
"No puedo repetir suficientes veces
"el asombro que me produce el ejército estadounidense.
"Es inconcebible que tropas casi desnudas,
"mal pagadas y conformadas por ancianos, negros y niños,
marchen tan bien". Cromot Du Bourg.
"En el regimiento de Rhode Island
"hay muchos negros.
"Y ese es el regimiento mejor vestido,
"con la mejor formación
y el que hace las maniobras más precisas".
Ludwig Von Closen.
Al tiempo que los soldados estadounidenses
y franceses
sondeaban las defensas británicas en Nueva York,
Washington esperaba a que el almirante de Grasse
eligiera su objetivo: Nueva York o Virginia.
El 20 de mayo de 1781,
Lord Cornwallis llegó a Petersburg, Virginia.
Estaba al mando de unos 7,000 soldados británicos,
alemanes y leales.
Benedict Arnold no estaba entre ellos,
ya que había sido llamado a Nueva York,
y finalmente viajaría hacia Inglaterra
para jamás volver a su país.
Cornwallis
primero trato de capturar al marqués de La Fayette,
que había estado hostigando a las fuerzas británicas
en Virginia,
pero La Fayette logró escapar.
"Pueden estar completamente tranquilos
"con respecto a las rápidas marchas de Lord Cornwallis.
"Que marche de San Agustín a Boston,
"lo que gana al frente, lo pierde en la retaguardia.
"Su ejército se enterrará así mismo
sin que tengamos que pelear contra él".
La Fayette.
Cornwallis desplegó dos grupos de asalto
hacia el corazón de Virginia.
250 hombres a caballo comandados por Banastre Tarleton
recibieron la orden de intentar capturar
a Thomas Jefferson y a la asamblea de Virginia,
que ahora se reunía en Charlottesville,
en donde Tarleton logró capturar a varios legisladores,
como a Daniel Boone del condado de Kentucky.
Por muy poco, Jefferson logró escapar a caballo
de sus potenciales captores.
"Semejante terror y confusión.
"Qué crisis tan alarmante es esta.
"Huimos en un abrir y cerrar de ojos.
"Concluimos que cuánto más cerca de las montañas,
"más seguros estábamos,
así que avanzamos entre senderos y zarzales".
Betsty Ambler.
La familia de Betsy Ambler
también estaba huyendo.
A la larga encontraron un refugio temporal
en la zona rural, en la plantación de un amigo.
Después de tres semanas, en su mayoría infructuosas,
marchando por la zona rural, Cornwallis y sus hombres
se dirigieron al sureste hacia Williamsburg.
Ahora lo seguían unos 4,500 antiguos esclavos.
Al llevar la guerra a Virginia, Cornwallis le ofreció
al grupo más grande de personas negras
en América del Norte la posibilidad de ser libres.
Entre quienes unieron su suerte a la de los británicos
había 23 de las propiedades de Thomas Jefferson
y 16 de Mount Vernon, de George Washington.
Annette Gordon-Reed: ¿Qué hacer entonces?
¿Se quedan?
¿O se arriesgan a ser libres y abandonan a su familia?
¿Cuántas personas pueden acompañarlos?
En ocasiones, las familias se iban completas.
Supongo que era aterrador, pero, también les daba esperanza
porque el sistema del que eran parte
podía ser destruido,
y podrían tener la oportunidad de ser libres.
"¿Acaso el dios
"que creó al hombre blanco y al hombre negro
"dejó algún registro que indique que somos especies distintas?
"¿No nos sostiene el mismo poder?,
"¿no nos alimentamos de lo mismo?,
"¿no sufrimos las mismas heridas?,
"¿no nos deleitamos con los mismos placeres?
"¿y nos reproducimos de la misma manera?
"¿No deberíamos entonces gozar de la misma libertad
"y ser protegidos por las mismas leyes?
"Algunos nos consideran una propiedad,
"como una casa o un barco,
"y piensan en lo ansiosos que debemos estar
por salir de este estado degradante".
James Forten.
James Forten
nació como un hombre libre en Filadelfia.
A sus nueve años estuvo entre la multitud
en la Casa de Estado de Filadelfia
y escuchó cuando se leyó la Declaración de Independencia
por primera vez.
Forten se tomó muy en serio la promesa de la declaración
y nunca se cuestionó si sus "verdades evidentes"
lo incluían a él.
Ahora, en el verano de 1781, Forten tenía 14 años
y tenía edad para luchar por su país.
Con el permiso de su madre, bajó a los muelles,
se enlistó en un corsario y se hizo a la mar.
Forten era uno de los 20 hombres y niños de color
en una tripulación de 200.
Para los corsarios, deseosos por atraer voluntarios,
la raza no era un impedimento.
Su primer viaje fue victorioso, pero el segundo fue un desastre.
Un barco británico de guerra los superó y los capturó,
cuando estuvo a bordo,
el hijo del capitán se hizo su amigo
y el capitán ofreció liberarlo
si estaba dispuesto a viajar con su hijo a Inglaterra.
Forten se negó,
no podía darle la espalda a su país.
En lugar de eso,
se unió a cientos de prisioneros estadounidenses
amontonados bajo cubierta
a bordo del infame barco prisión británico, el Jersey,
anclado en el río East en Brooklyn,
oscuro, fétido, plagado de enfermedades.
Entretanto, desde junio de 1781,
Cornwallis comenzó a recibir
una serie de comunicaciones contradictorias
por parte del general Clinton
que estaba en la ciudad de Nueva York.
Primero, Cornwallis debía enviar casi la mitad de su ejército
a Nueva York,
ya que Clinton seguía creyendo que era el objetivo
más probable de Washington.
Después, Clinton cambió de parecer.
Ahora Cornwallis
debía enviar a esas mismas tropas
a la bahía de Delaware
para que navegaran hacia el norte
y amenazaran a Filadelfia.
Finalmente,
cuando sus hombres ya estaban en botes en Portsmouth
listos para partir,
Cornwallis debía olvidarse de enviarlos al norte,
ahora, debía ubicar y fortificar un puerto de aguas profundas
permanente en Virginia,
apto para recibir a los barcos de guerra
más grandes de la Armada Real.
Los ingenieros de Cornwallis recomendaron Yorktown.
Allí llegó el 2 de agosto de 1781.
El 14 de agosto, Washington se enteró
de que la flota francesa al mando del almirante de Grasse
iba de camino a Chesapeake y no a Nueva York.
"Cuando las cosas alcanzaron
"un momento crítico
"y se debía definir un plan decisivo,
me vi obligado a renunciar a la idea de atacar Nueva York".
George Washington.
Iris De Rode: George Washington es un hombre militar realista
que sabe cuándo no atacar.
Entonces,
escucha los consejos de los franceses,
que tenían mucha más experiencia en la guerra,
y decide marchar hacia el Sur.
Entonces, llegaron noticias de La Fayette.
Cornwallis estaba estableciendo su ejército en Yorktown.
Si la armada francesa lograba controlar el Chesapeake
y mantener alejada a la flota británica,
La Fayette escribió:
"creo que el ejército británico sería nuestro".
Pero antes de poder llevar su ejército hacia el Sur,
Washington debía buscar la forma de pagarles a sus hombres.
El Congreso estaba quebrado.
"Mi crédito personal,
"que gracias al cielo he logrado conservar
"durante las tempestades de la guerra,
"ha quedado a disposición del país
"en reemplazo del que ha perdido.
Ahora aspiro a transferir ese crédito a la causa pública".
Robert Morris.
Washington acudió a un viejo amigo,
Robert Morris,
el hombre más rico de Estados Unidos.
Morris había usado su propio dinero varias veces
para abastecer al Ejército Continental.
También había usado fondos públicos
para especulaciones personales
y había ganado millones en contratos gubernamentales.
William Hogeland: Robert Morris era un especulador de la guerra
que mezclaba fondos públicos y privados sin el menor reparo.
Y sin él, es casi seguro
que no hubiéramos ganado la revolución
ni que hubiéramos podido luchar por mucho tiempo,
porque él puso de su propio dinero
para mantener al ejército en batalla.
Se decía que él financió la Revolución Americana.
Eso es cierto en gran medida.
Los críticos de Morris
decían que la revolución lo financió a él,
y eso también es cierto.
Ahora, Morris combinó sus fondos
con oro y plata que prestó España
para pagarles a los hombres.
"Todos recibimos el pago de un mes.
"Era el primer pago que podía llamarse dinero
que habíamos recibido como salario desde el año 76".
Joseph Plumb Martin.
El 18 de agosto,
el ejército francés y el estadounidense
dejaron 4,000 continentales en Nueva York
y comenzaron su travesía hacia el Sur
en tres grandes columnas.
Aquella campaña era una empresa enorme,
y una gran apuesta.
Para impedir que Cornwallis escapara hacia el mar,
las fuerzas armadas francesas del Caribe
y de Newport, Rhode Island,
tendrían que eludir a los barcos de guerra británicos
que patrullaban la costa atlántica
e ingresar a la bahía de Chesapeake.
Al mismo tiempo,
miles de tropas francesas y estadounidenses,
que no podían hablar entre sí por el idioma,
debían seguir avanzando juntas durante unas 450 millas
desde el condado de Westchester hasta Virginia
bajo el calor del verano.
Iris De Rode: Es caluroso y húmedo,
y como escribieron los franceses,
está "infestado de mosquitos".
Por lo tanto, es una marcha muy complicada.
Hay que pensar en los miles de hombres
que caminan por esos caminos estrechos.
Tienen que levantar puentes,
tienen que quitar los obstáculos del camino,
y entre los marchantes no hay solo hombres,
detrás de ellos van muchos animales.
Para no caminar en pleno día, salen a media noche,
está muy oscuro,
caminan por caminos estrechos, probablemente llenos de lodo,
pero hay que caminar.
Y entonces, más tarde durante unas horas,
deben parar para levantar su nuevo campamento.
Reciben comida,
que por lo general llegaba demasiado tarde.
Para hacer creer a los británicos
que estaba planeando un ataque anfibio
contra Staten Island o Sandy Hook,
Washington se había asegurado de que documentos falsos
que indicaban un ataque inminente
cayeran en manos de los británicos.
Nathaniel Philbrick: Washington logró convencer a Clinton
de que va a atacar Nueva York.
Washington logró llevar a cabo una sucesión brillante
de maniobras engañosas.
Cuando Clinton se dio cuenta de que Washington no iba tras él
sino en dirección al Sur,
Washington ya estaba en Filadelfia.
En Yorktown, Cornwallis detestaba
la especie de guerra defensiva que le habían pedido dirigir,
y creía que el puerto y Gloucester,
al otro lado del río eran "puestos peligrosos",
ya que ninguno controlaba la zona rural circundante.
Había comenzado por fortificar Gloucester.
Los trabajos habían sido lentos.
Él y sus hombres esperaban que cualquier día
llegara una flota británica al río York,
pero ahora estaban oyendo rumores inquietantes
de que una flota francesa
"había salido de las Indias Occidentales
y se acercaba a la costa de América del Norte".
A finales del verano,
habían comenzado los trabajos en la fortificación de Yorktown.
Entretanto, en Portsmouth,
en donde quedaban algunos hombres de Cornwallis,
la viruela estaba asolando a los antiguos esclavos
que habían seguido al ejército británico hasta ese lugar.
El comandante de Portsmouth le escribió a Cornwallis
preguntando qué debía hacer
"con los cientos que mueren por veintenas todos los días".
"Es escalofriante pensar en el estado de los negros,
"pero no podemos traer a un montón de enfermos
"e inútiles a este lugar.
"Dejo a su humanidad
"para que haga lo que sea mejor para ellos.
"Pero cuando lleguen aquí, debemos adoptar algún plan
"para prevenir algún mal que sin duda
propagaría una enfermedad fatal entre las tropas".
Lord Cornwallis.
Evacuaron Portsmouth y las tropas se unieron
al ejército de Cornwallis en Yorktown.
Fue desde allí
que en la mañana del 30 de agosto,
el capitán Johann Ewald
miró hacia la bahía de Chesapeake.
"Pude vislumbrar
"tres embarcaciones robustas a lo lejos.
"Pronto nos enteramos de que esas tres embarcaciones
frente a nuestras narices eran francesas".
Johann Ewald.
El almirante de Grasse estaba anclado
justo al interior de la estrecha entrada
hacia la bahía de Chesapeake
entre el cabo Charles y el cabo Henry.
Nathaniel Philbrick: La bahía de Chesapeake es inmensa,
pero su punto de acceso son los dos cabos.
Es muy estrecho.
Cualquiera que lograra controlarlo,
controlaba esa inmensa masa de agua.
En la mañana del 5 de septiembre,
un mensajero alcanzó a George Washington
cerca de Head of Elk, Maryland, con la buena noticia
de que la flota francesa había llegado.
Sin embargo, ese mismo día,
marineros a bordo del buque insignia de De Grasse
avistaron velas que se acercaban desde el norte.
Eran 19 barcos británicos que salieron desde Nueva York
con la orden de hallar a la flota francesa
y destruirla.
De Grasse podría haberse quedado en donde estaba,
bloqueando la entrada a la bahía,
pero de haberlo hecho, los ocho barcos franceses
cargados con artillería pesada para el asedio
que venían desde Newport
no habrían podido llegar al Chesapeake.
De Grasse salió a mar abierto a enfrentar a su enemigo.
Ambas flotas maniobraron durante seis horas.
Los comandantes esparcieron arena en las cubiertas
para que absorbiera la sangre de los soldados
que ya sabían que se derramaría.
A las cuatro de la tarde abrieron fuego.
¡pum, pum!
El intercambio de disparos continuó hasta la noche.
El resultado fue un punto muerto,
pero los navíos británicos se llevaron la peor parte
y tuvieron que regresar a rastras a Nueva York.
Entretanto,
el escuadrón francés que venía de Newport
con la artillería pesada para el asedio
había entrado desapercibido a la bahía,
y después de eludir las defensas de Cornwallis en Yorktown,
navegó río arriba por el río James.
Los ejércitos de Washington y Rochambeau
estaban llegando a Williamsburg.
Cornwallis estaba atrapado.
Edward Lengel: Desde el comienzo,
Washington se dio cuenta de que esta guerra se acabaría
cuando las estrellas se alinearan.
Estaba esperando esto.
Y lo aprovecha.
"Nos preparamos para avanzar
"y hacerle una visita a nuestros viejos conocidos,
"los británicos.
"No dudo que no desearan que tantos de nosotros
"llegaran al mismo tiempo,
"porque no tenían habitaciones suficientes.
"Pensaron, 'mientras menos, mejor'.
"Nosotros pensamos, 'cuantos más, mejor'".
Joseph Plumb Martin.
El 28 de septiembre de 1781 a las 5 de la mañana,
los ejércitos francés y estadounidense,
que ahora contaban con 18,000 tropas,
comenzaron a avanzar hacia Yorktown.
Los aliados formaron un campamento
alrededor del pueblo en forma de medialuna:
franceses a la izquierda y estadounidenses a la derecha.
Washington y Rochambeau
establecieron sus cuarteles generales
a unos cientos de yardas entre sí.
Ambos comandantes cabalgaron para hacer reconocimiento.
Hace mucho que Washington
conocía las limitaciones estratégicas de Yorktown
y la trampa en la que los británicos
se habían metido.
A unas 800 o 1,000 yardas de Yorktown
había una línea exterior de trincheras y reductos,
sus bases plagadas de abatís,
troncos afilados para repeler a los invasores.
Se podía ver a trabajadores negros
luchando por terminar un anillo interno
alrededor del pueblo.
Los pantanos y arroyos pantanosos
hacían inviable un ataque directo.
Los aliados tampoco tenían tiempo
de matar de hambre a las defensas,
la flota francesa debía regresar al Caribe
en pocas semanas.
La respuesta parecía ser
un tradicional asedio al estilo europeo.
Washington
le dejó la planificación a los franceses.
Los estadounidenses
"no tenían idea de cómo funcionaba un asedio",
dijo Rochambeau,
quién había participado en catorce.
Al amanecer del 30 de septiembre,
tropas francesas y estadounidenses
se acercaron con cautela
a las defensas exteriores británicas
esperando una resistencia feroz.
En lugar de eso, las encontraron vacías.
Cornwallis, superado tres a uno en número,
había retirado a sus hombres hacia el pueblo.
Edward Lengel: Cornwallis cometió un error fatal.
Estaba agotado, deprimido.
Un comandante que de otro modo era muy eficaz,
no estaba en su mejor momento.
Durante cinco días con sus noches,
los soldados aliados trabajaron
para transformar las posiciones que abandonaron los británicos
en sus reductos y llevar artillería,
equipo y palas de trinchera necesarios para cavar
su primera trinchera paralela y dar inicio al asedio.
La artillería británica lanzó tiros y bombas
a los estadounidenses y franceses
mientras trabajaban.
Sarah Osborn,
esposa de un soldado de Nueva Jersey,
era una de las mujeres que les llevaba carne,
pan y café caliente a los hombres mientras cavaban.
Un día, recordó, George Washington pasó por ahí
y le preguntó si no tenía miedo
de las balas de cañón británicas.
"No", dijo.
"No sería bueno que los hombres lucharan
y también pasaran hambre".
Cuando el paralelo estuvo finalizado,
se extendía por más de una milla.
Una trinchera de diez pies de ancho
y casi cuatro de profundidad.
A las tres de la tarde del 9 de octubre,
los franceses abrieron fuego.
Dos horas después, Washington recibió el honor
de encender el primer cañón estadounidense.
A lo largo de las filas aliadas
comenzaron a disparar cañones y morteros hacia Yorktown.
"El resto de la noche
"transcurrió en medio de una matanza espantosa.
"Varias partes de la guarnición estaban en llamas
y toda la escena era espantosa y terrible".
Bartholomew James.
"Era como presenciar el impacto de un terremoto.
"Contamos 3,600 disparos
"por parte del enemigo en 24 horas.
"Dispararon contra la ciudad,
nuestras líneas y los barcos en el puerto".
Soldado Johann Conrad Doehla.
En la noche del 11 de octubre,
los aliados ya habían comenzado a cavar un segundo paralelo,
pero antes de poder apretar bien la soga,
debían tomarse dos reductos, los números nueve y diez.
El objetivo estadounidense era el reducto número diez.
Los hombres pertenecían a las fuerzas de La Fayette,
al mando estaba Alexander Hamilton.
Joseph Plumb Martin y su compañía
marcaron el camino.
Joseph Plumb Martin: Avanzamos más allá de las trincheras
y nos acostamos en el suelo a la espera de la señal.
Nuestro santo y seña era "Rochambeau".
Era un buen santo y seña.
Al decirla así, "rosh-am-bo", se escuchaba como
"rush out, boys" o "deprisa, chicos".
Cuando les dieron la señal,
Martin y sus compañeros avanzaron.
Tras ellos venía el primer regimiento
de Rhode Island,
entre quienes había muchos hombres negros libres
y antiguos esclavos.
Cuando llegaron a los abatís,
las defensas del reducto comenzaron a dispararles.
"Pero ya nada podía detenernos.
"Abrí paso por un punto donde vi que nuestros disparos
"habían destruido parte del abatís.
"Mientras avanzábamos, un hombre a mi lado
"recibió una bala en la cabeza
"y cayó a mis pies mientras gritaba desesperado.
"Nos tomamos el fuerte
y en poco tiempo todo estaba en calma".
Joseph Plumb Martin
La Fayette
envió un mensajero a un oficial francés
de la columna encargada
de capturar el reducto número nueve
para informarle que sus hombres ya estaban en su reducto.
"¿Dónde están?"
"Dile al marqués que no estoy en el mío",
respondió el oficial francés.
"Pero lo estaremos en cinco minutos".
"Esa noche no tuvimos piedad.
"Se podían oír quejas y gemidos por todas partes.
"Alguien gritaba por aquí, otro por allá,
"rogando que por amor a Dios los mataran.
"El reducto estaba tan lleno de muertos y heridos
que teníamos que caminar sobre ellos".
Georg Daniel Flohr.
Los aliados no tardaron
en llevar su artillería pesada a ambos reductos
para abrir fuego contra Yorktown.
Friederike Baer: Fue absolutamente espantoso.
No había momento para descansar.
No había dónde esconderse.
El bombardeo fue constante durante días.
¡pum, pum!
Cornwallis sabía que no había esperanza,
pero parecía incapaz de soportar lo que Banastre Tarleton llamó:
"la vergüenza de la rendición".
Hacia las 10 de la mañana del 17 de octubre de 1781,
apareció un tamborilero en un parapeto británico
tocando su tambor,
la señal de que Cornwallis quería negociar.
Cuando el trueno de las armas acalló el tambor,
un oficial se paró junto al soldado
y agitó un pañuelo blanco.
"Podría haber seguido disparando
"hasta el Juicio Final
"si los hombres de la primera línea
"no lo hubieran avistado.
"Pero cuando los disparos cesaron,
"fue como un tamborileo que no había oído jamás.
La música más maravillosa para todos nosotros".
Ebenezer Denny.
La batalla de Yorktown había terminado.
Los patriotas y sus aliados franceses habían ganado.
El mundo nunca volvería a ser el mismo.
Octubre 17 de 1781.
El teniente general Cornwallis
se rindió con más de 5,000 soldados.
Las negociaciones de la rendición
duraron un día y medio.
Cornwallis
quería que sus soldados británicos y alemanes
fueran libres de volver a casa.
Washington se negó.
Recordó la forma irrespetuosa en que el general patriota
Benjamin Lincoln y sus hombres
habían sido tratados después de que Charleston cayó.
Hasta que se acordara una paz formal,
los soldados que se rendían
debían permanecer en Estados Unidos
como prisioneros de guerra.
Cornwallis no tuvo más opción que aceptar.
Mientras los británicos y alemanes
salían de lo que quedaba de Yorktown,
con sus banderas guardadas
y con menos hombres por heridas y enfermedades,
recibieron órdenes de evitar siquiera mirar
a los triunfantes estadounidenses,
les dijeron que los únicos oponentes dignos
eran los franceses.
Washington y Rochambeau esperaban a caballo.
Lord Cornwallis no estaba por ninguna parte.
Dijo estar enfermo, pero como soldado profesional,
quizás se sentía demasiado humillado
de tener que rendirse con su ejército
ante un grupo de rebeldes como para dar la cara.
El segundo al mando de Cornwallis,
el general Charles O'Hara fue en su lugar
e intentó entregar su espada al general Rochambeau.
Rochambeau se negó a aceptarla.
"Estamos al mando de los estadounidenses", dijo.
"El general Washington le dirá qué hacer".
Washington tampoco la aceptó.
Le indicó a O'Hara que pasara con su segundo al mando,
Benjamin Lincoln,
quien aceptó formalmente la espada
y después se la devolvió, como mandaba la costumbre.
Stephen Conway: Fue la peor humillación.
No solo tener que rendirse ante los estadounidenses,
sino tener que hacerlo
ante el segundo al mando de los estadounidenses.
"¿Con qué soldados del mundo se podría haber hecho
lo que hicieron esos hombres?
"Uno puede darse cuenta de lo que un entusiasmo,
"lo que esos hombres llaman '¡libertad!' puede hacer.
"¿Quién hubiera creído hace cien años
"que de esta multitud de gentuza
surgiría un pueblo capaz de desafiar a reyes?"
Johann Ewald.
"Mi lord, es un fuerte golpe
"que me genera la más profunda preocupación,
"ya que sus consecuencias serán sumamente perjudiciales
para los intereses del rey en este país".
Henry Clinton.
Cuando el primer ministro, lord North,
se enteró por fin de la rendición en Yorktown,
cinco semanas después de ocurrida,
se tambaleó
como si hubiera recibido un disparo de mosquete,
agitando los brazos y gritando una y otra vez:
"¡por Dios, se acabó!"
En un discurso ante el Parlamento,
el rey Jorge III dijo que si bien
los últimos acontecimientos en Virginia
habían sido "desafortunados",
seguía decidido a luchar
para "devolver a mis súbditos engañados
a ese estado de felicidad y prosperidad
que antes provenía de obedecer las leyes".
Pero Gran Bretaña estaba hastiada de la guerra.
Más de 30,000 soldados británicos, alemanes y leales
habían perdido la vida en América del Norte.
La deuda nacional británica se había duplicado.
Otros campos de batalla parecían ser más importantes:
en el Caribe, donde pronto acabarían
con la flota del almirante de Grasse;
en el Mediterráneo,
donde todavía tenían a Gibraltar;
y en India,
donde siguieron expandiendo su imperio.
El 27 de febrero de 1782,
el Parlamento votó a favor
de frenar todas las acciones ofensivas en América del Norte.
El gobierno del lord North cayó.
Alan Taylor: ¿Habrían podido seguir adelante con la guerra
desde el punto de vista meramente militar?
Claro.
Pero a nivel político, el deseo de luchar se desvanece.
Entonces,
la administración proguerra cayó.
El rey se vio obligado a aceptar un gobierno nuevo
con una nueva coalición política
que estaba decidida a negociar un acuerdo de paz
con los rebeldes estadounidenses.
"¡Ay!
"¿Qué queda de Yorktown?
"Aquello que lo hacía tan privilegiado,
"ser accesible por todas partes,
"terminó siendo su peor desgracia.
"Su excelente puerto lo convirtió
"en el más favorable de todos para un enemigo invasor.
"Supieron aprovecharlo con gran rapidez,
y este Edén quedó desolado".
Betsy Ambler.
Betsy Ambler y su familia
nunca regresaron a Yorktown
y se establecieron en Richmond de forma permanente.
Poco después de la rendición,
esclavistas comenzaron a llegar a Yorktown,
ansiosos por recuperar a los fugitivos sobrevivientes
que habían huido con los británicos.
Washington estableció dos puestos fortificados
en donde los esclavizados permanecían bajo vigilancia
hasta que su dueño los reclamaba.
Se instó a los soldados patriotas
que ayudaran a buscarlos.
"Los negros parecían condenados",
recordó un miliciano.
"Los británicos les habían prometido su libertad".
Cinco personas esclavizadas capturadas en Yorktown
regresaron con Thomas Jefferson.
Dos más, ambas mujeres,
regresaron a Mount Vernon de George Washington.
Poco después,
el ejército de Washington se dirigió al norte.
Los hombres de Rochambeau
marcharon hacia Boston al año siguiente y zarparon.
Los hombres derrotados de Cornwallis
fueron llevados a campos de prisioneros al interior.
El Parlamento, ansioso por recuperarlos,
finalmente reconoció a los estadounidenses capturados
como prisioneros de guerra.
Se esperaba que tanto casacas rojas como rebeldes
pudieran ser intercambiados.
Tras siete meses de sufrimiento
a bordo del barco prisión Jersey,
James Forten fue liberado.
Demacrado, pero con suerte de estar vivo.
Caminó de regreso a casa desde Filadelfia a Nueva York,
descalzo gran parte del recorrido.
Cuando llegó, sorprendió a su madre,
hace mucho tiempo ella lo había dado por muerto.
Después de la guerra,
Forten amasó una fortuna haciendo velas
para la flota mercante estadounidense
y con parte de sus ganancias
financió el movimiento abolicionista.
Décadas más tarde, cuando un amigo lo instó
a aplicar por una de las pensiones
que estaban recibiendo los veteranos,
Forten se negó.
"Yo fui un voluntario, señor", dijo.
No quería dinero.
Quería la ciudadanía.
"Nuestro país se atribuye la gloria de ser
"el más libre sobre la faz de la Tierra,
"proclamó la libertad para toda la humanidad,
"el brillo de su gloria era radiante,
"pero una mancha oscura seguía empañando su resplandor.
"En el mundo se está haciendo mucho
"para mejorar la condición de los seres humanos,
"y el espíritu de la libertad avanza a pasos agigantados,
"haciendo temblar a los tiranos.
"Ojalá Estados Unidos despierte de la apatía
"en la que ha estado sumida hace tanto.
"Tarde o temprano, tendrá que unirse
a la irresistible corriente de la causa de la libertad".
James Forten.
Maya Jasanoff: Los leales sabían que habían perdido la guerra.
Entonces, la cuestión para ellos era,
"¿qué pasará ahora con nosotros?"
Y, debido a la violencia insurgente,
contrainsurgente, de un lado a otro,
lucha despiadada en la zona rural,
los leales tenían motivos para temer
que ahora que los patriotas estaban a cargo,
ellos terminarían recibiendo
la peor parte de las recriminaciones.
En todas partes,
los patriotas querían vengarse de los hombres y mujeres
que solían ser sus vecinos y compañeros súbditos del rey.
Un leal escribió:
"ahora reina la turba por completo y sin control".
En Georgia, los patriotas persiguieron y asesinaron
a leales que se habían resguardado en los pantanos.
Otros leales fueron exiliados y sus propiedades confiscadas.
"No puedo decir que me arrepiento
"del papel que tuve por la lealtad
"y el amor hacia mi país, así como mi deber hacia mi rey.
"A pesar de todo lo que padecí, si se presentara la oportunidad,
lo haría de nuevo".
John Peters.
John Peters y su esposa Ann
se establecieron en Nueva Escocia.
La mayoría de leales decidió quedarse
a pesar del peligro y arriesgarse,
con la esperanza de retomar su antigua vida
en el nuevo país.
Pero miles decidieron irse.
Se apiñaron en los últimos bastiones británicos
de la ciudad de Nueva York, Charleston y Savannah
a esperar que aparecieran barcos que los sacaran de allí.
Maya Jasanoff: En un increíble gesto
al final de la Revolución Americana,
el Gobierno británico
siguió protegiendo a los leales estadounidenses.
No conozco ningún otro precedente
de una evacuación masiva de civiles de esta magnitud
por parte de un gobierno, a cargo del ejército,
con el objetivo de que esos refugiados
iniciaran una nueva vida
lejos del lugar que siempre había sido su hogar.
Se esperaba que el general Guy Carleton,
quien había reemplazado a Henry Clinton
como comandante de las fuerzas británicas,
sacara de Estados Unidos a más de 30,000 soldados
con sus montañas de suministros,
así como a 60,000 leales y 15,000 personas esclavizadas.
Carleton comenzó ese verano en Savannah.
Unos 30,000 blancos y quizás unos 5,000 negros
zarparon hacia otras colonias británicas.
La siguiente fue Charleston,
casi 11,000 personas entre blancos y negros,
la mayoría terminaron en las Bahamas y Jamaica.
Solo Nueva York permanecía bajo control británico.
Entretanto, en París,
Benjamin Franklin, John Adams, John Jay y Henry Laurens
estaban trabajando en una paz permanente.
Haciendo caso omiso a la orden de incluir a los franceses,
cuya ayuda había garantizado su extraordinaria victoria,
los enviados estadounidenses
decidieron negociar solos con los emisarios británicos.
"Seamos honestos y agradecidos con Francia", dijo John Jay,
"pero pensemos por nosotros mismos".
Una semana después tenían un tratado en borrador.
Los términos eran generosos con los estadounidenses,
tanto que provocarían también
el colapso del nuevo Gobierno británico.
Se declaró a las trece antiguas colonias
"estados libres, soberanos e independientes",
y estableció fronteras expansivas
que iban desde los Grandes Lagos hasta Florida
y al oeste desde los Apalaches hasta el Misisipi,
un territorio más grande
que Inglaterra, Francia y España juntos.
Los soldados británicos debían evacuar
"de manera expedita"
y no tenían permitido, según el acuerdo,
"llevarse ningún negro ni cualquier otra propiedad
de los habitantes de Estados Unidos".
Los negociadores estadounidenses y británicos
firmaron este tratado provisional
el 30 de noviembre de 1782.
El tratado final e integral tardaría nueve meses más.
Joseph Ellis: Al final,
el consenso entre todos los negociadores,
incluidos los británicos,
fue que estaban siendo testigos
de la creación del Imperio estadounidense.
Iris De Rode: Algunos podrían decir que los británicos
perdieron la guerra,
pero ganaron en el periodo posterior.
Francia perdió en ese periodo,
no lograron reinventarse para evitar su colapso.
La promesa de la Revolución Americana
era, claro está,
la promesa de la democracia, la igualdad, las libertades,
tantos conceptos nuevos en una época en la que,
en Europa, solo había monarquías.
Una república había derrotado a una monarquía.
Eso inspiró a muchos.
La Revolución Americana sería la primera señal
de más de dos siglos de revolución:
primero en Europa,
después en el Caribe,
América del Sur, Asia y África.
Friederike Baer: Las ideas son muy poderosas,
cuando habló de libertad, cuando habló de igualdad,
cuando habló de oportunidades, de librarse de la opresión,
el movimiento de la Revolución Americana
se convirtió en el ejemplo
de otras sociedades y comunidades en todo el mundo.
Pero a comienzos de 1783,
en el campamento de invierno del Ejército Continental
en Newburgh, Nueva York, las cosas no iban tan bien.
Un manifiesto anónimo comenzó a circular
entre los oficiales de Washington
que llamaba abiertamente a un motín.
Si en verdad se lograba la paz, ellos no dejarían las armas
y podrían valerse del ejército
para obligar al Congreso y a los estados
a que les pagaran los sueldos atrasados.
El 15 de marzo,
en una reunión para saber más sobre la conspiración,
los oficiales oyeron cascos de caballos,
la puerta se abrió de golpe,
Washington y sus ayudantes entraron,
el general subió al atril,
habló durante 20 minutos
e instó a sus oficiales que se rehusaran a ahogar
"nuestro creciente imperio en sangre".
La mayoría
se movía en sus asientos, escépticos.
Entonces, Washington preguntó si podía leer una carta
de un congresista de Virginia
que había prometido apoyar al ejército.
Se trabó al comienzo,
paró y sacó unos lentes de su abrigo.
"Sabrán perdonarme, caballeros,
"he envejecido a su servicio
y ahora cada vez veo menos". George Washington.
El resto de la carta no importó.
Muchos oficiales,
hombres duros que la batalla había endurecido más,
comenzaron a llorar.
El motín se acabó antes de que pudiera empezar.
"La perseverancia inigualable
"de los ejércitos de Estados Unidos
"durante casi todo el sufrimiento
"y desánimo posibles,
"por un lapso de ocho largos años,
fue poco menos que un milagro".
George Washington.
Cuando el Ejército Continental
comenzó a disolverse,
Washington intentó convencer al Congreso una vez más
de dar a sus hombres
por lo menos tres meses de sueldo atrasado,
pero lo máximo que pudieron hacer
fue emitir un aluvión de certificados
en los que apenas prometían pagarles algún día.
"Algunos soldados
"regresaron a casa el mismo día que les quitaron los grilletes.
"Otros se quedaron para recibir sus certificados de pago final
"y los vendieron para adquirir ropa decente
"y dinero suficiente
"para atravesar el país con decoro,
"y para verse más como sí mismos
"antes de reencontrarse con sus amigos.
"Yo fui uno de esos.
"Cuando el país terminó de exprimir
"la última gota de servicio posible
"de los pobres soldados, nos dejaron sin rumbo
como caballos viejos y cansados".
Joseph Plumb Martin.
Joseph Ellis: Ese grupo de personas
eran estadounidenses del común, por debajo del nivel común,
y ganaron la guerra porque nunca se fueron,
se quedaron,
así de simple,
se negaron a irse.
Y bueno, puede sonar bastante patriota,
pero no hay patriotismo suficiente que los describa.
Joseph Plumb Martin: Vivimos juntos
como una familia de hermanos durante muchos años,
compartimos las adversidades, los peligros
y el sufrimiento natural en la vida de un soldado,
y nos acompañamos en la tristeza y la enfermedad,
y ahora, nos separábamos para siempre,
una separación tan definitiva
como si una tumba se interpusiera entre nosotros.
En la primavera de 1783,
más de 30,000 leales y casi el mismo número
de soldados británicos y alemanes
permanecían en la ciudad de Nueva York,
todos a la espera de barcos que los sacaran de ahí.
Eran tantos que el general Carleton
no pudo darle a George Washington
una fecha exacta en que todos se irían.
Los soldados se fueron a casa o a las Indias Occidentales.
Algunos leales planeaban navegar hacia Quebec o a las Bahamas,
pero la gran mayoría,
casi 30,000 hombres, mujeres y niños estadounidenses,
decidieron comenzar una nueva vida,
al igual que John y Ann Peters, en el norte en Nueva Escocia.
De los más de 3,000 negros
que encontraron refugio en Nueva York,
la mitad eran considerados propiedad de leales,
por lo que tendrían que acompañar a sus dueños
a donde ellos quisieran ir,
pero la mayoría de los demás eran fugitivos,
como Harry Washington,
quien había sido propiedad de George Washington,
y Boston King, a quien le prometieron
que sería libre si huía de sus dueños patriotas.
Esa libertad ahora estaba en riesgo.
"Se restableció la paz
"entre Estados Unidos y Gran Bretaña,
"lo que provocó una alegría general
"entre todas las partes, menos nosotros,
"que habíamos escapado de la esclavitud
"y nos habíamos refugiado en el ejército británico.
"En Nueva York
"circulaba el rumor de que todos los esclavos
"debían ser devueltos a sus amos.
"Ese rumor espantoso nos llenó de angustia
"y un terror indescriptible,
"sobre todo cuando vimos a nuestros amos
"llegar y apoderarse de sus esclavos
"en las calles de Nueva York,
"e incluso sacarlos a la fuerza de su cama.
"Muchos de los esclavos tenían amos muy crueles,
"por lo que la sola idea de regresar a casa con ellos
"nos hacía la vida insoportable.
"Durante varios días perdimos el apetito
y el sueño abandonó nuestros ojos".
Boston King.
Desde su cuartel general en el Hudson,
George Washington siguió insistiendo
en que todos los fugitivos debían regresar con sus dueños.
El general Carleton se negó.
Le dijo a Washington que el "honor nacional"
le exigía honrar las promesas que los oficiales británicos
les hicieron a las personas "de cualquier color".
"Los ingleses tuvieron compasión de nosotros
"en nuestras tribulaciones.
"Debido a eso,
"cada uno de nosotros recibió un certificado
"del comandante a cargo en Nueva York
que disipó nuestros temores". Boston King.
Carleton decretó que las personas esclavizadas
que hubieran escapado de dueños patriotas
y hubieran servido en las líneas británicas
por doce meses eran libres.
Las disputas entre fugitivos y dueños o cazadores de esclavos
decididos a devolverlos a la esclavitud
se dirimían por parte de un comité
de cuatro oficiales británicos y tres estadounidenses
que se reunían una vez a la semana
en la taberna Fraunces de la calle Pearl.
"Llegué de Virginia.
"Estaba con Lord Dunmore, le lavaba y planchaba la ropa.
"Llegué con él a Nueva York
"y estuve a su servicio hasta que se fue.
"Mi amo vino a buscarme.
"Le dije que no me iría con él.
"Se llevó mi dinero y se robó a mi hija
y la envió a Virginia".
Judith Jackson.
Judith Jackson consiguió el permiso
para irse a Nueva Escocia, pero se quedó en Nueva York,
desesperada por tratar de recuperar a su hija
hasta que se vio obligada a irse sin ella.
En el muelle hubo más momentos de tensión.
Antes de que cualquier embarcación
con pasajeros negros, esclavizados o libres,
pudiera dejar Nueva York,
inspectores británicos y estadounidenses
debían ver sus certificados y registraban sus nombres
y descripciones en cuadernos diferentes.
Pero ya de camino, Boston King, Harry Washington
y cientos más de personas libres a quienes los británicos
les permitieron viajar al norte, sentían, como escribió King,
"una gran alegría y gratitud".
A la larga, Nueva Escocia fue fría y despiadada,
a los refugiados negros no los recibieron bien.
Con el tiempo, ambos hombres se unieron
a casi 1,200 afroamericanos que volvieron a emigrar,
esta vez a Sierra Leona en África Occidental,
donde establecieron una nueva colonia británica
con una nueva ciudad capital a la que llamaron Freetown,
o pueblo libre.
"Si tuviéramos los medios para presentar al mundo
"los muchos actos de traición y crueldad que ellos cometieron
"contra nuestras mujeres y niños,
"sería evidente que el título de salvajes
les haría mucha más justicia a ellos que a nosotros".
Humo Viejo.
Los 150,000 indígenas americanos
que vivían en el vasto territorio
que ahora es Estados Unidos
ni siquiera fueron mencionados en el tratado.
"Cuando supimos
"que se habían olvidado de nosotros,
"quedamos atónitos.
"No podíamos creer que fuera posible
"que amigos y aliados tan firmes
"pudieran ser abandonados así por Inglaterra,
a quienes habíamos servido con tanto fervor y lealtad".
Thayendanegea.
Joseph Brant.
Joseph Ellis: Los perdedores de la negociación en París
fueron los indígenas americanos.
Es que difícilmente se puede decir
que les habría ido mejor
si hubieran ganado los británicos,
pero probablemente así habría sido.
La contribución que los indígenas americanos
habían hecho a la independencia de Estados Unidos
pronto quedó en el olvido también,
como los oneidas, tuscarosas, delawares, catawbas,
y la comunidad indígena de Stockbridge, Massachusetts.
"Hemos sufrido mucho en esta guerra.
"Nuestra sangre se derramó junto a la de ustedes
"y muchos de nuestros jóvenes cayeron junto a sus guerreros.
"Casi en todos los lugares
"donde quedaron los huesos de sus guerreros,
también se ven los nuestros".
Philip Deloria: Los indígenas de Stockbridge
perdieron su hogar, sus tierras,
no lograron conservar eso,
además, los trasladaron a Nueva York,
después terminaron en Wisconsin.
Al igual que muchas tribus, los terminaron echando
y desplazando de un lugar a otro.
Claramente, esta es la historia
de los indígenas americanos en Estados Unidos.
"Apreciados hombres y guerreros de Estados Unidos,
"les hablamos nosotras,
"las mujeres de la Nación Cheroqui.
"Somos madres y tenemos muchos hijos,
"algunos de ellos guerreros y apreciados hombres.
"Nuestro clamor es por la paz.
"Esta paz debe durar para siempre.
¡Qué sus mujeres escuchen nuestras palabras!"
La paz nunca llegó.
Mientras Estados Unidos se expandía de manera inexorable
hacia el Oeste,
las Naciones indígenas seguirían luchando
por su independencia durante otro siglo.
Los indígenas americanos no se convirtieron
en ciudadanos de Estados Unidos sino hasta 1924,
y su lucha por seguir siendo soberanos jamás terminó.
A la una de la tarde del 25 de noviembre de 1783,
George Washington, "recto como una flecha"
según dijo un testigo, "y tan noble como podía ser",
encabezó una procesión de soldados y civiles
por Bowery Lane y Queen Street,
cruzando hacia el oeste por Wall Street
y luego bajando por Broadway.
Los británicos por fin se habían ido.
Washington estaba de regreso en la ciudad
que se había visto forzado a abandonar en 1776.
Los neoyorquinos celebraron durante días
con luces, fogatas y fuegos artificiales.
Y ahora, a George Washington le quedaba un deber más.
Cabalgó a Annapolis, Maryland,
en donde se encontraba reunido el Congreso de la Confederación,
para renunciar formalmente a su cargo.
Joseph Ellis: Sabía lo que estaba haciendo,
se apartó del poder,
no iba a ser un Cromwell,
no iba a ser un César,
no iba a ser lo que Napoleón después fue.
Fácilmente hubiera podido convertirse en un dictador,
pero es algo
que no le interesaba en lo más mínimo.
Junto con dos ayudantes militares
y su acompañante esclavizado, William Lee,
Washington se dirigió de inmediato a Mount Vernon,
con la esperanza de llegar para la Nochebuena.
"Estos tiempos que pusieron a prueba
"el alma de los hombres han quedado atrás,
"y la revolución más grande y completa
"que el mundo haya conocido
"se consiguió de forma gloriosa y feliz.
"Como Estados Unidos,
"estamos a la altura de la importancia de ese título,
"pero no en otros aspectos.
"Nuestra unión es lo más sagrado,
"y es de lo que todos los hombres
"deberían sentirse más orgullosos y cuidar más.
Nuestro gran título es estadounidenses".
Thomas Paine.
La guerra unió a los estados,
pero pronto la paz amenazó con separarlos.
Los estados pequeños
seguían temerosos de los más grandes.
Los estados del Norte y del Sur
competían por poder y tenían disputas fronterizas.
Vermont ya se había declarado una república independiente.
Los colonos hombres de montaña de Carolina del Norte
querían independizarse
y formar su propio estado llamado Franklin.
En otras partes,
los granjeros recurrieron a la violencia
para protestar por los impuestos estatales
que les parecían excesivos.
En Massachusetts,
las protestas se volvieron una insurrección,
la rebelión de Shays, que solo se reprimió
después de que antiguos camaradas en armas
se atacaran entre sí.
Una "nube de males", escribió George Washington,
amenazaba "la tranquilidad de la Unión".
"Nuestra situación es sumamente delicada y crítica.
"Por un lado, necesitamos con urgencia
"un gobierno federal sólido basado en principios
"que financien la prosperidad y la unión de los estados.
"Por el otro, hemos luchado por la libertad
"y hecho nobles sacrificios ante su altar,
"y entre nosotros todavía son muchos
"los que veneran demasiado su nombre
"como para renunciar a los derechos del hombre
por la dignidad del gobierno".
Mercy Ottis Warren.
El nuevo Congreso,
establecido en los Artículos de la Confederación
y sin poder efectivo,
estaba cargado de deudas colosales
y no podía recaudar impuestos para pagarlas.
Christopher Brown: No es difícil de imaginar, para nada.
Gran Bretaña, Francia y España aprovecharon la situación
para atraer a los estados individuales
y formar alianzas comerciales, políticas y militares
como si fueran estados satélites,
toda clase de cosas.
Parece una locura, pero no es peor que de hecho
haber formado un gobierno federal
que funcionara de verdad.
Muchos observadores británicos
durante la década de 1780 decían:
"denles unos pocos años, todo se vendrá abajo".
Nathaniel Philbrick: Una de las lecciones
que Washington aprendió durante la Revolución Americana
es que sin un gobierno central poderoso,
no se puede hacer nada eficaz.
Las frustraciones que experimentó
al tratar de que las trece colonias
trabajaran al unísono
y al fracasar siempre en el Congreso Continental,
le enseñaron que algo tenía que cambiar.
A finales de mayo de 1787,
55 delegados se reunieron en Filadelfia
para redactar una constitución,
casi la mitad eran esclavistas,
treinta habían luchado en la guerra.
George Washington cedió su prestigio
y aceptó presidir la Convención.
Cuatro meses después,
habían elaborado un documento de cuatro páginas.
Idear un gobierno que los estadounidenses
aceptaran que los gobernara requirió compromisos históricos,
algunos creativos y otros, trágicos.
La Constitución demarcó los poderes que quedaban
bajo el gobierno central
y los que quedaban bajo los estados,
un sistema de soberanía compartida llamado federalismo.
Los arquitectos de la Constitución
dividieron el gobierno federal en tres ramas:
legislativa,
ejecutiva
y judicial.
En un equilibrio delicado en la que cada una
debía controlar a las demás para impedir excesos
que pudieran conducir a una tiranía.
Temían que un demagogo pudiera incitar a los ciudadanos
a traicionar el experimento estadounidense.
A Alexander Hamilton
le preocupaba que un hombre "sin principios"
pudiera "montar el caballito de batalla de la popularidad
y sembrar la confusión".
"En un gobierno como el nuestro", escribió,
"nadie está por encima de la ley".
"Quisiera que la Constitución
"que se presentó fuera más perfecta,
"pero de todo corazón creo que es la mejor
"que podríamos formular en este momento.
"Y puesto que se abre la puerta a la enmienda constitucional
"en el futuro,
es mi opinión que adoptarla es lo mejor".
George Washington.
Bernard Bailyn: Estaban intentando formar un sistema
en el que el gobierno tuviera el poder suficiente
para trabajar adecuadamente por su pueblo
y las grandes potencias del mundo,
y al tiempo mantener las libertades de las personas.
Y esa es la gran cuestión
que atraviesa toda la revolución.
Es la lucha
entre las posibilidades del poder y de la libertad.
Los estados
tenían que ratificar la Constitución
para que esta entrara en vigor.
Eso propició los debates públicos
más exhaustivos de la historia.
Annette Gordon-Reed: Quienes dieron inicio
a la Revolución Americana
y formaron la nación estadounidense
asumieron que los estadounidenses
participarían,
que serían ciudadanos activos, no súbditos.
Ser ciudadano exige el tipo de participación
en democracia que la mantiene dinámica.
Al final,
los trece estados ratificaron la Constitución,
pero antes de aceptar vivir bajo el nuevo gobierno federal,
el pueblo estadounidense quería consagrar las libertades
que habían conseguido en la revolución.
La Constitución se enmendó casi de inmediato
con la Declaración de Derechos,
que garantizaba la libertad de culto
y la separación de la iglesia y el Estado,
la libertad de expresión y de reunión;
el derecho a poseer y portar armas;
el juicio con un jurado;
y prohibió los castigos crueles e inusuales.
James Madison, quien escribió la Declaración de Derechos,
se refirió a la Constitución
como "nada más que el esbozo de un plan,
"nada más que una carta muerta
hasta que la voz del pueblo le dio vida y validez".
Vincent Brown: La idea de que la autoridad del gobierno
se deriva del consentimiento de los gobernados
fue bastante radical, sigue siendo bastante radical.
Si tomamos las palabras
de la Declaración de Independencia
que escribió Thomas Jefferson:
"Todos los hombres", digamos "hombres y mujeres
son creados iguales", ¿verdad?
Jefferson claramente no se tomó esas palabras
tan en serio siendo esclavista, pero yo sí.
Y creo que a todos nosotros nos corresponde
tomar esas palabras de Jefferson
y hacerlas realidad en nuestra vida,
incluso si no lo fueron en la suya.
Cuando llegó el momento de elegir
a su primer presidente bajo la Constitución,
George Washington era la única opción
y consiguió el voto de todos los electores.
Asumió la presidencia en la ciudad de Nueva York
el 30 de abril de 1789.
John Adams, el primer vicepresidente,
creía que el jefe ejecutivo debía tener un "título real,
o por lo menos, noble".
Pero para Washington, "presidente de Estados Unidos"
era honor suficiente.
Y cuando dejó la presidencia en 1797,
el mismo rey Jorge le rindió tributo.
Al renunciar primero a su poder militar
y después a su poder político,
afirmó, George Washington se había convertido
en "la persona más grande de la época".
"Nuestro gobierno
"se hace más sólido y estable cada día.
"La unión está completa.
"Nada entorpece la felicidad y prosperidad de nuestro pueblo,
"siempre y cuando tengamos la sabiduría
"de valorar adecuadamente nuestras bendiciones
y el corazón para mejorarlas".
Abigail Adams.
Señor presidente,
¿cuánto más deben esperar las mujeres para ser libres?
"No creeré
"que nuestros esfuerzos han sido en vano.
"No moriré sin la esperanza de que la luz y la libertad
"avancen con paso firme.
"E incluso si la nube del barbarismo y el despotismo
"oscurecieran de nuevo
"la ciencia y las libertades en Europa,
"este país permanecerá para preservar
"y devolverles la luz y la libertad.
"En resumen,
"las llamas que se encendieron el 4 de julio de 1776
"se han esparcido por demasiadas partes del mundo
"como para que los débiles artificios del despotismo
las extingan".
Thomas Jefferson.
Rick Atkinson: Estados Unidos se basó en una idea.
Esa idea debe ser nuestra estrella polar
que nos marque el norte verdadero,
que nos indique qué es
lo que creemos que podemos lograr como pueblo.
El desafío permanente del experimento estadounidense
es tomar esos ideales aspiracionales,
hacerlos nuestros,
entregárselos a nuestros hijos y nietos,
y usarlos como el motor para convertirnos en la nación
que aquellos antepasados
imaginaron que podíamos llegar a ser.
"La guerra de independencia terminó,
"pero la Revolución Americana está lejos de finalizar.
"Al contrario, tan solo terminó el primer acto de la gran obra.
"Todavía falta establecer y perfeccionar
"nuestras nuevas formas de gobierno.
"¡Patriotas, un paso al frente!
"Su país necesita de sus servicios.
"Óiganlo proclamar, entre suspiros y gemidos,
"en sus gobiernos, en sus finanzas,
"en su comercio, en sus fábricas,
"en su moral y en sus costumbres.
¡La revolución no ha terminado!"
Benjamin Rush.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.