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Original subtitles

Una producción de Florentine Films.

"Últimamente he perdido a demasiados amigos íntimos.

"La cantidad de jóvenes valientes

"de entre 15 y 25 años que han perdido extremidades

"me duele más de lo que puedo expresar.

"Y todos los días maldigo a Colón

"y a todos los descubridores de este país infernal.

"Estamos lejos de imaginar

cómo actuará el Parlamento en esta ocasión".

Mayor John Bowater.

"No pueden, permítanme decirlo,

"no pueden conquistar América del Norte.

"Señores, no hemos conseguido nada en tres campañas,

"y hemos sufrido mucho.

"Pueden incrementar

"todos los gastos y los esfuerzos,

"apilar y acumular toda la ayuda

"que puedan comprar o pedir prestada,

"comerciar y negociar con cualquier pequeño

"y detestable príncipe alemán que venda

"y envíe a sus súbditos al matadero a otro país;

"sus esfuerzos siempre serán en vano e ineficaces.

"Si yo fuera norteamericano, pues soy inglés,

"mientras hubiera un ejército extranjero en mi país,

"jamás depondría las armas.

"¡Jamás! ¡Jamás!

¡Jamás!"

William Pitt, conde de Chatham.

La Revolución Americana

Jane Kamensky: Por un lado,

la Revolución Americana es una guerra sumamente local,

pero por el otro, una gran guerra global.

Como guerra global, la Revolución Americana

es una continuación en una serie de guerras

entre imperios por el premio de América del Norte.

Gran Bretaña, España y Francia

están buscando cualquier tipo de victoria o ventaja.

Pero a comienzos de 1778,

la causa rebelde de Estados Unidos

estaba al borde de desaparecer por completo.

"Llega un soldado y sus pies descalzos

"se ven a través de sus zapatos desgastados,

"sus piernas casi desnudas por los restos harapientos

"de un solo par de calcetines y sus pantalones

"no son suficientes para cubrir su desnudez.

"Todo su aspecto es el reflejo

de una persona abandonada y desanimada".

Doctor Albigence Waldo,

cirujano primera infantería de Connecticut.

Los agotados continentales,

a quienes George Washington llevó a cuarteles de invierno

en Valley Forge en diciembre de 1777,

según dijo un visitante, eran un "ejército esquelético".

Llevaban meses marchando y luchando,

pero a muchos no se les pagaba desde agosto.

Casi 3,000 de ellos

eran oficialmente no aptos para servir.

En los siguientes seis meses 2,500 soldados morirían,

en su mayoría por tifus, fiebre tifoidea,

influenza y disentería.

La ropa era tan escasa que cuando un hombre fallecía,

se lavaba lo que quedaba de su uniforme

y se conservaba con cuidado

para que otro miembro de su unidad

pudiera al menos calentarse un poco.

"Ahora estoy convencido de que,

"a menos que ocurra un gran cambio,

"este ejército inevitablemente se verá enfrentado

"a alguna de estas situaciones:

"morir de hambre, disolverse o dispersarse

para conseguir un sustento como puedan".

George Washington, cuartel general Valley Forge.

El nombre de Valley Forge

provenía de una herrería

que se encontraba en la intersección

entre un pequeño arroyo y el río Schuylkill,

a unas 20 millas al noroeste de Filadelfia.

El mismo Washington lo llamó "un lugar deprimente",

pero lo eligió

porque estaba lo suficientemente cerca de Filadelfia

para actuar rápido

contra los buscadores de alimento británicos

que se atrevían a salir de la ciudad,

y lo suficientemente lejos

para reducir las posibilidades de un ataque sorpresa.

Los legisladores de Pensilvania se quejaron de que,

en lugar de replegarse hacia Valley Forge,

Washington debía ocuparse de recapturar Filadelfia.

Puedo asegurarles a esos caballeros

que es mucho más fácil y menos angustiante

redactar reclamaciones en un cómodo salón

junto a una buena chimenea

que habitar en una colina fría y desolada

y dormir bajo escarcha y nieve sin ropa ni mantas.

Me produciría un infinito placer poder dar protección

a cada individuo y a cada rincón

en todo el territorio de Estados Unidos.

Es lo que más deseo,

pero con nuestro ejército actual es imposible.

George Washington.

Episodio Cinco.

El Alma de Estados Unidos

"El año anterior había padecido las que creí

"más que suficientes penurias de la vida militar,

"pero ahora estábamos, literalmente,

"en peligro de fallecer,

y eso en medio de un país abundante".

Joseph Plumb Martin.

El soldado Joseph Plumb Martin

había sobrevivido a las batallas de Long Island, Kips Bay,

el desastre de Germantown y el asedio al fuerte Mifflin,

y tan solo tenía 17 años.

Ahora, amontonados en carpas de lona raídas,

los soldados pasaban días sin comer

nada más que tortas de ceniza, solo agua con harina,

horneadas sobre piedras calientes.

Pasaron varios días

en los que muchos soldados no pudieron comer nada.

Se habló de un motín.

Rick Atkinson: El aparato bélico que sostiene al ejército

se desmoronó.

Todas las funciones de apoyo que permiten que un ejército

prospere y se mantenga sano habían comenzado a colapsar.

El Congreso,

que seguía exiliado en York, Pensilvania,

le dijo a Washington

que incautara comida y forraje del campo en los alrededores.

Pero este se resistió, ya que le preocupaba

poner a los civiles en contra de la causa.

En lugar de eso,

intentó comprar todo lo que necesitaban sus hombres,

pero la constante depreciación de la moneda continental

dificultó las cosas.

William Hogeland: Nunca se había librado una guerra

como la Revolución Americana.

Nunca se había emprendido un proyecto público

de tal magnitud, y era extremadamente caro.

Un papel moneda, si no tiene buen respaldo,

si no se maneja correctamente,

lo que sucede es que se deprecia terriblemente

contra el oro y la plata.

Era una moneda inservible,

y en ese sentido, el Congreso se quebró.

Stephen Conway: El ejército británico, por el contrario,

tiene mucho dinero en efectivo.

Y muchos estadounidenses

que no estaban de parte de ningún bando político,

ven la oportunidad de sacar un beneficio comercial.

Vender productos,

vender bienes y servicios al ejército británico.

El ejército de Washington

se estaba reduciendo de nuevo.

Los hombres simplemente se iban a casa.

Miles se enlistaron en regimientos leales.

Otros se unieron a bandas de forajidos errantes

que saqueaban granjas aisladas.

Otros fueron hasta Filadelfia a entregarse,

con la esperanza

de que los trataran mejor como prisioneros de guerra

que como soldados en Valley Forge.

Los oficiales de Washington también se iban.

"El número de renuncias en la Línea de Virginia

"se debe a que los oficiales

"ven que los hombres que se quedan en casa

"hacen una fortuna

"mientras ellos gastan lo que tienen

en la defensa de su país".

Thomas Nelson.

En los meses siguientes

renunciaron más de 500 oficiales de Washington.

Para empeorar las cosas,

algunos congresistas y unos cuantos comandantes

habían comenzado a comentar que Washington

había demostrado ser débil e indeciso en batalla.

Algunos afirmaron que,

para que la revolución triunfara,

la comandancia del Ejército Continental

debía pasar a manos de Horatio Gates,

quien hace poco había aceptado la rendición

de un ejército británico entero en Saratoga.

"Yo no solicité esta comandancia,

"pero acepté tras muchas súplicas.

"Tan pronto como el público esté inconforme con mi servicio,

"dejaré el mando con la misma satisfacción

"y me retiraré a una posición privada

"con la misma alegría que sintió el peregrino más agotado

al llegar sano y salvo a Tierra Santa".

George Washington.

Hasta que ese momento llegó,

Washington trabajó sin descanso, primero para mantener

y después para mejorar su ejército.

Primero el refugio.

Ordenó a sus hombres que talaran árboles,

que desmantelaran construcciones anexas y cercas de las granjas,

y que pusieran unas filas sobre otras

para hacer cabañas de madera, unas 2,000 quizás,

de 14 por 16 pies cada una para albergar doce hombres.

Por un tiempo, Valley Forge,

fue la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos:

20,000 hombres, mujeres y niños de los trece estados.

El inglés no era el idioma nativo de muchos.

Hablaban alemán, irlandés, escocés, galés, neerlandés,

sueco, francés, mohicano, oneida, wolóf, kikongo,

y muchos otros.

Casi un diez por ciento eran afroamericanos,

y la mayoría servía junto a blancos

en regimientos integrados.

Unos 60 hombres se enlistaron

en una compañía nueva de solo negros

perteneciente al Primer Regimiento

de Rhode Island.

La asamblea legislativa

prometió la libertad a los esclavizados

al final de la guerra,

y se comprometió a pagar compensación

a quienes hubieran sido sus "dueños".

Entre los soldados y exploradores indígenas

en Valley Forge había tuscaroras, oneidas,

así como mohicanos y wappingers de Stockbridge, Massachusetts.

Los cientos de mujeres que vivían con los hombres

lavaban la ropa,

cuidaban a los enfermos y heridos

y se encargaban de un número desconocido de niños.

Serena Zabin: Cuando los hombres iban a la guerra, se iban.

Y con ellos se iba la paga que fueran a recibir.

Y muchas mujeres simplemente

no podían sobrevivir por su cuenta.

Por lo tanto, de hecho, lo mejor para todos

era que las mujeres viajaran con el ejército.

Martha Washington

se unió a su esposo en Valley Forge.

Al menos nueve sirvientes, hombres y mujeres,

blancos y negros, esclavizados y libres,

vivían con los Washington en una casa de piedra

que rentaban a la familia del dueño del molino

que la había construido.

Ocho de los ayudantes

más cercanos al general Washington

estaban apiñados allí también.

Entre ellos había dos jóvenes oficiales idealistas

de un poco más de 20 años:

John Laurens y el marqués de La Fayette.

Iris de Rode: Tan pronto La Fayette llegó,

comenzó a mirar a su alrededor

y a inspirarse por todo lo que veía.

Es joven y está emocionado de estar en un nuevo país,

en el que para él es un nuevo mundo,

y quiere explorar y entender.

Empieza a creer realmente en la causa por la igualdad,

por la libertad.

John Laurens de Carolina del Sur

era el hijo de Henry Laurens,

el actual presidente del Congreso

y uno de los principales comerciantes esclavistas

de América del Norte.

Desde Valley Forge,

el joven Laurens le escribió a su padre.

Le solicito me ceda una cantidad

de sus esclavos fuertes y sanos en lugar de dejarme una fortuna.

Así conseguiría un bien doble: primero, avanzaría

a aquellos que están injustamente privados

de los derechos de la humanidad;

y también reforzaría a los defensores de la libertad

con varios soldados gallardos.

Mi querido amigo y padre,

espero que mi plan para servir a mi país

y a la oprimida raza negra

no le parezca la quimera de una mente joven,

sino un sacrificio loable de un interés privado

a favor de la justicia y el bien común.

John Laurens.

Henry Laurens rechazó la propuesta de su hijo.

Según dijo, liberar a algunos esclavizados

simplemente sería "lograr que la esclavitud

sea más tediosa para quienes siguen en ella".

En febrero,

las malas condiciones en Valley Forge

siguieron empeorando.

Unos 1,000 soldados enfermaron y murieron ese mes.

"Me llamaron para ayudar a un soldado

"que se creía que estaba muriendo.

"Era indígena, un soldado excelente.

"Luchó por los mismos

"que desheredaron a sus antepasados.

"Cuando terminó su peregrinaje,

"lo licenciaron de la guerra de la vida y la muerte.

"Su memoria debe ser respetada, más que la de aquellos ricos

que abastecen el mundo con nada mejor que dinero y vicios".

Doctor Albigence Waldo.

Desesperado

por alimentar a sus hambrientos hombres,

Washington organizó lo que se llamó

la "gran búsqueda de alimentos".

Más de 1,500 hombres en total

exploraron la zona rural del este de Pensilvania,

al oeste de Nueva Jersey, Delaware y Maryland

para apoderarse de lo que pudieran encontrar

y dejaron pagarés a cambio.

"La milicia

"y algunos soldados regulares por un lado,

"y los refugiados leales con los ingleses por el otro,

"andaban por todos lados

"saqueando y destruyendo todo de forma salvaje.

"En todas partes se respiraba desconfianza, miedo, odio

y un egoísmo abominable".

Reverendo Nils Collin.

Nils Collin era un misionario sueco

enviado a América del Norte

para dirigir la Iglesia de Suecia en Swedesboro,

Nueva Jersey.

Puesto que se consideraba súbdito de la monarquía sueca,

su conciencia no le permitía jurar lealtad al rey británico

ni aliarse con la causa patriota.

Juró mantenerse neutral,

pero bandas de soldados estadounidenses y británicos

y sus simpatizantes,

se turnaban para ocupar el pueblo,

llevándose ganado y provisiones,

y castigando a quien se interpusiera en su camino.

"Muchos miembros de la congregación

"fueron ultrajados de muchas formas

"por esta locura.

"Refugiados leales incendiaron la casa del doctor Otto.

"James Stillman perdió gran parte de su ganado.

"Southerland, un escocés, junto con un joven sueco,

"Hendrickson,

"fueron tomados prisioneros y llevados a Nueva York.

"Por el bando opuesto,

"la milicia saqueó a los siguientes:

"Jacob y Anders Jones,

"quienes habían comerciado con los ingleses;

"a un capitán de barco, Jan Cox, le destrozaron las camas,

"la vajilla, las mesas de té y las cómodas.

"Todo esto deja en evidencia

"la furia de esta terrible guerra civil.

"El odio entre bandos

"ardía en los corazones de mi gente.

"Algunos no iban a la iglesia

"porque la presencia de su enemigo

les recordaba los males que habían padecido".

Nils Collin.

Vincent Brown: Entre la opción de luchar por la causa patriota

o de unirse al esfuerzo británico

para combatir a los rebeldes, la mayoría se hizo a un lado.

La mayoría intentó dejarlo pasar,

intentaron quitarse del camino.

Jane Kamensky: Son las personas del común,

la gente común y corriente, las que se preguntan eso

que creo que todos nos preguntamos

sobre la política todos los días:

¿qué tiene que ver eso conmigo?

"Las niñas, a los 12 y 13 años,

"necesitan el cuidado de una madre.

"Una niña de 13 años sin nadie que la oriente

"y creyéndose una mujer,

está al borde de un precipicio que tiembla bajo sus pies".

Betsy Ambler.

Betsy Ambler y Mary, su hermana menor,

pasaron aquel invierno en Winchester, Virginia.

Quedaron al cuidado de un tío y una tía

mientras sus padres y hermanas pequeñas

se fueron al sur huyendo del frío.

Betsy pasaba gran parte del tiempo

tratando de llamar la atención

de los "encantadores oficiales, continentales jóvenes".

"Aquí", dijo,

"se abrió un terreno ideal para una chica romántica".

"A comienzos de la primavera

"nuestro buen padre regresó.

"Y aunque nos trataba como niñas,

"se dio cuenta de que nos consideraban

de una edad que llamaba demasiado la atención".

Betsy Ambler.

La familia Ambler

se reencontró y juntos regresaron a Yorktown,

el lugar que Betsy llamaba su "amado pueblo natal".

Las finanzas de su padre se vieron muy afectadas

por la guerra.

Junto con sus dos hijas,

hicieron el largo y polvoriento viaje

de regreso en carreta en lugar de en coche.

"Nuestra caballería nos avergonzaba un poco",

recordó Betsy.

"Lo único bueno que resultó

"del cambio en nuestras circunstancias

"es que pudimos conocer

"la situación y las condiciones de nuestro país,

"algo que de otro modo jamás habríamos sabido.

"Nos vimos forzados a trabajar y a esforzarnos

"con una actitud amigable y dispuesta

para compensar nuestra caída en desgracia".

Betsy Ambler.

Cuando los Ambler por fin regresaron a Yorktown,

se establecieron no en "nuestra antigua mansión",

recordó,

sino en una casa mucho más pequeña

a las afueras del pueblo.

"Mi imaginación a menudo

"vuelve a ese lugar encantador ubicado en una pequeña loma

"que daba a una risueña pradera,

"donde un apacible arroyo serpenteaba por la ladera

"hasta perderse

"en uno de los ríos más majestuosos de nuestro país.

"Allí, mi hermana y yo solíamos caminar

"recogiendo flores silvestres para adornar nuestro cabello,

hasta que casi nos creíamos heroínas".

Betsy Ambler.

Christopher Brown: Una cualidad muy interesante de Washington

era su capacidad de proyectar autoridad y seguridad

y lograr que eso expandiera hacia los demás,

de modo que adquirían autoridad y seguridad

solo por estar cerca de él.

Creo que tenía la capacidad

de sacar lo mejor de las personas que lo rodeaban.

Para ofrecer a su ejército

el apoyo logístico tan desesperadamente necesitado,

Washington insistió

en que el Congreso nombrara jefe de intendencia

al oficial en quien más confiaba,

Nathanael Greene.

Pero Greene era un general de combate,

sabía que se aproximaban más batallas

y quería ser parte de lo que llamó:

"las travesuras".

Rick Atkinson: Greene dijo que nadie en la historia

ha oído hablar jamás del "jefe de intendencia".

No quiere el puesto, pero lo asume.

Al igual que Washington,

su cerebro está hecho para la acción ejecutiva

y es muy buen jefe de intendencia.

Gracias a la maestría de Nathanael Greene en logística

y a las peticiones de Washington a los gobernadores estatales,

a finales de marzo de 1778,

rebaños de ganado y ovejas

avanzaban lentamente hacia Valley Forge

desde distintos lugares,

junto con vagones de tren llenos de todo,

desde barriles de clavos hasta uniformes nuevos,

así como cajas de bayonetas y mosquetes.

Ahora que sus hombres

estaban mejor alimentados, vestidos y equipados,

y sus filas en Valley Forge se llenaban de reclutas nuevos,

regulares llamados nuevamente y convalecientes de regreso,

Washington quería que todos los hombres de su ejército

recibieran entrenamiento militar formal

para acabar con lo que llamó la confusión

que había debilitado su desempeño

en el campo de batalla tantas veces.

El elegido para supervisar esa tarea

era un recién llegado a Estados Unidos,

Friedrich Wilhelm Ludolf Gerhard August Heinrich

Ferdinand von Steuben.

"Nunca antes, ni desde entonces,

"tuve tal impresión del antiguo y mítico Dios de la Guerra

"como cuando vi al barón.

"Los arreos de su caballo

"y las enormes fundas de sus pistolas

"parecían reforzar esa idea.

"A mí me pareció

una personificación perfecta de Marte".

Soldado Ashbel Green.

Steuben decía ser un barón,

teniente general en el ejército prusiano

y un colaborador cercano a Federico el Grande.

En realidad, sí era un barón, aunque no tenía un centavo,

y había servido durante un tiempo

en el cuartel general de Federico.

Pero su carrera militar en Europa

se vio truncada por una acusación según la cual

se había "sobrepasado con algunos jovencitos".

Según dijo, en Estados Unidos quería poner "su talento

en el arte de la guerra al servicio de una república".

Steuben era temperamental y en un comienzo,

su inglés se limitaba a una sola palabra: "Maldición".

"Cuando algún movimiento o maniobra

"no se realizaba como él quería, comenzaba a maldecir en alemán,

"después en francés

"y después en ambos idiomas al tiempo.

"Cuando agotaba su artillería en improperios extranjeros,

"llamaba a sus ayudantes:

"'Vengan y maldigan por mí en inglés,

Estos hombres no hacen lo que les ordeno'".

Peter Stephen du Ponceau.

Edward Lengel: El barón Von Steuben

era una figura pintoresca cuando llegó al campamento.

Los hombres se burlaban de él,

pero era un hombre necesario que unió a los soldados

y les dio un sentido de propósito común.

Después de entrenar con él un tiempo, dejaron de reírse.

A pesar de sus fanfarronadas,

Steuben entendió

el carácter de los hombres con los que iba a trabajar.

"El espíritu de esta nación es incomparable

con el de los prusianos, austriacos o franceses",

le escribió a un viejo amigo en su país.

"Le dices a tu soldado, 'haz esto' y lo hace;

pero aquí, me veo obligado a decir,

'tienes que hacerlo por esta razón',

y entonces lo hace".

Steuben enseñó a sus hombres a marchar con un "paso uniforme"

a 75 pasos por minuto,

y con un "paso ligero" a 120 pasos por minuto,

a moverse en columnas

en lugar de dispersarse en fila india,

a formar la línea de batalla

y a deshacerla bajo fuego enemigo,

a cargar y disparar ráfagas de mosquete más rápido

y a dominar la bayoneta,

el arma que antes los había aterrorizado

en manos de los británicos y los hessianos.

A medida que mejoraban sus destrezas, subía la moral.

En primavera,

el peligro de un motín había disminuido,

al igual que los murmullos

sobre el liderazgo de Washington.

Quedó claro

que era indispensable para la causa de la libertad.

Ese año, en un almanaque en alemán

que se publicó en Lancaster, Pensilvania,

se refirieron a Washington

como "Das Landes Vater", o "el padre de la patria".

Annette Gordon-Reed: Él era el vínculo

que mantenía unido al pueblo.

Las trece colonias tenían que unirse

y él era la persona para lograrlo.

Sin él, no habríamos tenido un país.

Christopher Brown: De hecho, no lo sé,

bueno, es que no puedo creer que diga esto,

porque no me agradan mucho las teorías del "gran hombre"

en la historia,

o de las explicaciones históricas.

Pero, digámoslo así,

sin el liderazgo de Washington,

es muy probable que el esfuerzo

por la independencia estadounidense

hubiera fracasado.

Después de medianoche, el 23 de abril de 1778,

31 marineros y marines del balandro Ranger,

un buque de guerra de 20 cañones de la Armada Continental

que daba vueltas en el mar de Irlanda,

subieron a dos botes largos y comenzaron a remar

hacia el puerto de Whitehaven en la costa oeste de Inglaterra.

Su comandante de origen escocés conocía bien esas aguas.

Allí había empezado su vida en la navegación

como aprendiz de marinero cuando tenía 13 años,

su nombre era John Paul Jr.

En los años siguientes,

navegó a bordo de barcos esclavistas,

ascendió como comandante de buques mercantes

y luego, después de matar a un tripulante,

huyó a América del Norte.

Allí se cambió el nombre a John Paul Jones

y se ofreció como voluntario

en la incipiente Armada Continental.

"Di mi mayor esfuerzo

"para poner fin a la atroz devastación

"que los ingleses habían llevado a cabo

"en Estados Unidos

provocando un gran incendio de navíos en Inglaterra".

John Paul Jones.

Cuando los hombres de Jones

llegaron al muelle de Whitehaven,

encontraron más de 200 embarcaciones

ancladas en su puerto.

Mientras Jones

intentaba iniciar un incendio en un bote cargado de carbón,

habitantes enojados corrían hacia la costa.

"Me paré entre ellos y el barco en llamas

"con pistola en mano y les ordené que se retiraran,

"lo que hicieron de manera apresurada.

"Las llamas ya habían alcanzado las jarcias

"y habían comenzado a subir por el mástil principal.

Era hora de retirarse".

John Paul Jones.

Jones y sus hombres regresaron al Ranger y zarparon.

Al día siguiente,

se enfrentaron al barco de guerra británico Drake

y, después de una batalla que Jones recordaba

como "cálida, cercana y obstinada",

lo capturaron junto con su tripulación

y lo llevaron al puerto francés de Brest.

Jones entendió su impacto en la opinión pública británica.

Las madres advertían a sus hijos que se portaran bien

o que el temible "pirata" John Paul Jones

vendría por ellos.

"Sin embargo, lo que se hizo

"basta para demostrar que ni toda su presumida armada

"puede proteger sus propias costas,

"y que las escenas de angustia

"que han provocado en Estados Unidos

podrían llegar pronto a la puerta de su propia casa".

John Paul Jones.

"Qué cambio tan milagroso en el mundo político.

"El Gobierno de Francia, defensor de la libertad,

"patrocina la causa de los protestantes

"y se arriesga a ir a la guerra para conseguir su independencia.

"Gran Bretaña en guerra con América del Norte,

"de la que Francia es su aliado.

Estos, amigo mío, son cambios asombrosos".

Elbridge Gerry.

La noticia de la nueva alianza militar con Francia

llegó a Washington casi tres meses después.

Los franceses enviarían soldados y una flota.

Su ejército ya no estaría solo.

"Esta gran gloriosa noticia", dijo,

"debe dejar la independencia de Estados Unidos

sin lugar a dudas".

Washington estaba ansioso por poner a su ejército

recién disciplinado a prueba contra el enemigo.

"El enemigo creyó que Filadelfia

"era más importante para nosotros

"de lo que era en realidad,

"y en esa creencia le sumó la absurda idea

"de que el alma de Estados Unidos

estaba centrada allí,

y que allí sería conquistada".

Thomas Paine.

Los soldados británicos, alemanes y leales

encerrados en Filadelfia

también tuvieron un invierno difícil.

Lograron subsistir con medias raciones.

Los soldados heridos

ocupaban todas las edificaciones públicas de la ciudad,

a excepción de la Casa de Estado,

en donde se había firmado la Declaración de Independencia,

y que estaba abarrotada de prisioneros patriotas.

El año 1777 terminó mal para los británicos.

El general Burgoyne

se rindió con todo su ejército en Saratoga.

Si bien el general Howe ocupó Filadelfia

y sus subordinados

seguían ocupando la ciudad de Nueva York y Newport,

no controlaban mucho más.

Y ahora que los franceses se habían unido a la guerra,

Gran Bretaña tendría que defender

todas sus posesiones imperiales en India, África, Irlanda,

el Mediterráneo y el Caribe, así como en América del Norte.

Kathleen DuVal: Los franceses decidieron entrar a la guerra

y eso lo cambió todo para Gran Bretaña.

Ellos saben que es posible que España y Países Bajos

sean los siguientes.

De repente, esas trece colonias que se rebelaron

pasaron a ser el enemigo menor de la guerra.

Ahora podían perder

sus rentables islas de plantaciones,

podrían perder Jamaica,

tienen mucho que perder en esta guerra.

Y las trece colonias ahora son un pequeño rincón de esta.

Lord North, el primer ministro británico,

envió comisionados de paz a Estados Unidos esa primavera

con una serie de concesiones

encaminadas a poner fin al conflicto.

Todo lo que los estadounidenses habían exigido durante años,

solo tenían que renunciar a la independencia.

Alan Taylor: Básicamente,

lo que les ofrecieron fueron términos

que los colonos habrían aceptado en 1774 o 1775.

El Congreso no quería saber nada de eso.

La mera idea de la dependencia,

dijo su presidente Henry Laurens,

"es inadmisible".

Los negociadores británicos

respondieron con una advertencia:

los estadounidenses

ahora recibirían un trato mucho más duro que nunca.

Y nombraron a un nuevo comandante

para darles ese trato.

"El 10 de mayo, Sir Henry Clinton

"llegó a Filadelfia

para relevar a Sir William Howe como comandante en jefe".

Capitán Johann Ewald.

Rick Atkinson: Henry Clinton

era un oficial militar formidable.

Tiene mucha experiencia en combate,

pero tiene una personalidad muy, muy difícil.

Se ofende con facilidad

y carga consigo sus reclamos y su rencor.

Fue comandante en jefe de los británicos

durante cuatro años,

más que cualquier otro general en la Revolución Americana.

El general Henry Clinton,

que había luchado en Estados Unidos

desde Bunker's Hill esperaba un alivio.

En lugar de eso, le pidieron que hiciera

por lo menos lo que había hecho su predecesor,

y que lo hiciera con muchos menos hombres.

Sus nuevas órdenes eran enviar a 8,000 de sus soldados

a que protegieran intereses británicos

en la Florida y el Caribe.

Debía dejar el resto de Nueva Inglaterra

y de los estados del Atlántico Medio

en su mayoría en manos de los patriotas,

y finalmente, organizar ataques por mar

contra las cuatro colonias del Sur.

Clinton concluyó que primero debía llevar su ejército

de regreso de Nueva York,

lo que significaba evacuar Filadelfia,

la cual se habían tomado hacía nueve meses.

Decidió que la mayoría de sus hombres

debían marchar hacia Nueva York.

Tenía muy pocos barcos para llevar a todo su ejército,

así como a unos 3,000 leales

que ahora estaban dispuestos a irse con él.

"Todos los habitantes leales

"que estaban bajo nuestra protección,

"se lamentaron

"de tener que renunciar a todas sus propiedades.

"Personas valientes

"que han prestado un gran servicio al rey

"y que tenemos que dejar atrás.

Solo Dios sabe qué pasará con ellos".

Johann Ewald.

Maya Jasanoff: La población de Filadelfia

quedó patas arriba varias veces durante la revolución.

La población de la ciudad de Nueva York cambia.

Los residentes leales y patriotas

iban y venían según el ejército que estuviera al mando.

Y cuando un ejército se va,

la población que había llegado para vivir bajo su protección,

tiene que arreglárselas y ver qué va a hacer después.

"Filadelfia, 18 de junio.

"Esta mañana cuando nos levantamos,

"no había casacas rojas por ningún lado.

"No habían pasado ni quince minutos

"desde la salida del coronel Gordon y los demás

cuando los estadounidenses entraron a la ciudad".

Elizabeth Drinker.

Como gobernador de Filadelfia,

George Washington

nombró al general Benedict Arnold,

que todavía padecía de heridas de guerra tan graves

que no podía montar a caballo.

Debía restaurar el orden y "mantener la tranquilidad".

Filadelfia estaba casi irreconocible.

Casacas rojas en retirada habían saqueado casas,

profanado iglesias, tumbado huertos para sacar leña

y, en las casas que usaron como barracas,

hicieron hoyos en el suelo para usar como letrinas.

Los refugiados patriotas que regresaron

estaban furiosos

por lo que le habían hecho a su ciudad

y estaban dispuestos a castigar a todo aquel

que hubiera colaborado con los invasores.

Los hogares y propiedades de veintenas de Tories acusados

fueron confiscados.

Llevaron a juicio a 23 hombres por traición.

Colgaron a dos cuáqueros.

Nathaniel Philbrick: Filadelfia estaba dividida

entre leales y patriotas,

que peleaban como perros y gatos.

Se requería a alguien con un gran tacto y simpatía

para mantener la ciudad bajo control.

Arnold no era esa persona.

El 18 de junio de 1778

la mayoría del ejército de Clinton

ya estaba en Nueva Jersey

y había empezado a marchar hacia Nueva York,

a unas 90 millas de distancia.

Se desplazaron en dos columnas enormes:

más de 18,000 soldados, casi 2,000 civiles,

46 piezas de artillería y 5,000 caballos.

A la mañana siguiente,

George Washington condujo a su ejército

afuera de Valley Forge por primera vez en meses,

y comenzó a seguir a los británicos

que avanzaban hacia el Este

en busca de una oportunidad para atacar.

Rick Atkinson: Washington decidió

que no quería interceptar esa columna directamente,

es muy poderosa.

Quiere hacer mella en ellos, picotearlos por detrás,

hacerles la vida miserable y esperar una oportunidad.

Una vez más, la milicia de Nueva Jersey

hizo que el tránsito de los británicos

fuera lo peor posible,

derribando árboles sobre el camino,

destruyendo puentes,

inundando arroyos para dificultar el vadeo

y emboscando a soldados solitarios.

"Toda la provincia estaba armada,

"nos seguían junto al ejército de Washington,

"nos rodeaban constantemente durante nuestras marchas

"y asediaban nuestros campamentos.

Cada paso costó sangre".

Johann Ewald.

El clima empeoraba las cosas:

calor que superaba los 32 grados,

aguaceros repentinos

que convertían caminos de arena en pantanos,

seguidos de una fuerte humedad,

enjambres de mosquitos y todavía más calor.

Veinte soldados británicos

murieron de agotamiento por calor en un solo día.

Se cree que hasta 500 hombres desertaron durante la marcha,

en su mayoría hessianos que se integraron

a las comunidades de habla alemana cercanas.

En la mañana del 24 de junio de 1778,

los estadounidenses, habitualmente desconectados

por la inmensidad de su continente,

presenciaron casi al mismo tiempo

un fenómeno fuera de este mundo: la luna eclipsó al sol.

Los indígenas y colonos españoles

en México y Texas lo vieron primero.

Cuando llegó a la Nueva Orleans española

y a la Mobile británica, las banderas imperiales ondearon

en una oscuridad repentina por más de cuatro minutos.

El eclipse total duró más para los muscoguis

en el río Chattahoochee

y las comunidades de "cimarrones"

de antiguos esclavizados emancipados

que se ocultaban en el Gran Pantano Tenebroso.

Cuando la oscuridad cubrió la capital de Virginia,

Williamsburg, a media mañana,

"las luciérnagas se veían como en la noche".

La misma oscuridad

arropó momentáneamente al ejército de Washington

que seguía al ejército británico hacia Nueva Jersey.

El soldado Joseph Plumb Martin recordó,

"si esto hubiera ocurrido en los viejos tiempos,

se hubiera considerado como algo siniestro

de buena o mala fortuna,

pero no le prestamos atención".

Martin se había separado de su regimiento de Connecticut

y fue asignado a la veloz infantería ligera

con órdenes de seguir al enemigo tan de cerca

como para capturar rezagados y recibir a desertores.

Al otro día del eclipse,

Clinton decidió dirigirse al este hacia Sandy Hook,

un bastión leal desde el cual el transporte real

podría llevar a sus hombres en ferry hasta Nueva York.

Formó una columna con sus dos divisiones

y recordó, con la esperanza de que,

"el señor Washington probablemente se decidiera"

a entrar en batalla,

"ubiqué a la élite de mi ejército entre él

y mi tren de suministros para protegerlo de un ataque".

Puso al general Charles Cornwallis

a cargo de esa fuerza.

En Hopewell,

Washington convocó a un consejo de guerra.

El general Nathanael Greene, de regreso a la batalla,

estaba ansioso por pelear.

"Si el enemigo logra atravesar Nueva Jersey

"sin que intentemos atacarlos,

"nos arrepentiremos para siempre.

"La gente espera que hagamos algo

y nuestra fortaleza lo exige". Nathanael Greene.

Pero la mayoría de los comandantes

pidieron cautela.

El mayor general Charles Lee,

segundo al mando después de Washington,

capturado dos años antes

y que había sido canjeado recientemente,

se opuso con mucha firmeza.

Afirmó que enviar a los estadounidenses

a luchar con soldados británicos sería "criminal".

Pero cuando Washington de todos modos

decidió enviar 4,500 soldados al frente,

Lee insistió en que él debía comandarlos por su antigüedad.

De lo contrario, dijo,

que sería una "deshonra" para él.

Washington cedió y le ordenó a Lee

seguir la retaguardia élite de Cornwallis

y esperar una oportunidad para atacar.

Los británicos salieron de su campamento

cerca a Monmouth Court House

mucho antes del amanecer del domingo 28 de junio.

A media mañana, los hombres de Lee

se habían desplegado al oeste de la línea británica,

en un esfuerzo por fragmentarla para atacar

y sacar a las fuerzas de Cornwallis.

Todos sus esfuerzos resultaron inútiles.

Mientras los patriotas lidiaban

con un calor cada vez más brutal,

Clinton envió una división entera

para reforzar a Cornwallis.

Más de 10,000 soldados británicos, alemanes y leales

contraatacaron.

Rick Atkinson: Las cosas se pusieron muy mal

para los estadounidenses en poco tiempo.

Lee perdió el control, y de repente,

la guardia estadounidense de avanzada,

la que se supone que debía estar atacando,

estaba huyendo.

Edward Lengel: Estaban confundidos.

Comenzaron a retroceder, pero entonces Washington llegó.

Cuando supieron que llegó,

la retirada se detuvo de manera instantánea,

sin que nadie dijera una palabra.

Quienes fueron testigos de ese momento

afirman que fue como una "descarga de electricidad

que recorrió a las fuerzas cuando se dieron cuenta

de que Washington había llegado".

"Su presencia puso fin a la retirada.

"Su imponente estampa a caballo y su valentía serena

"le daban un aire ideal para despertar entusiasmo.

"Cabalgó por todas las líneas

"entre los vítores de los soldados,

a quienes animaba con su voz y su ejemplo".

Marqués de La Fayette.

Edward Lengel: Washington dio varias órdenes

y los hombres regresaron a la formación.

Y enfrentaron el ataque británico.

Y no se quebraron.

¡pum, pum, pum!

El entrenamiento del general Steuben

había valido la pena.

Los británicos lanzaron una serie de ataques.

El mismo general Henry Clinton lideró uno de los ataques,

espada en mano.

Los coroneles Alexander Hamilton y Aaron Burr

perdieron sus caballos por disparos,

pero los estadounidenses resistieron.

Rick Atkinson: La forma en que Washington

ubicó sus defensas frenó el ataque británico.

Tiene un buen terreno para su artillería.

Les está dando una paliza.

El duelo de artillerías duró dos horas.

La infantería de ambos bandos buscó refugio como pudo.

"Con la temperatura a 35 grados,

"¿qué podíamos hacer en un árido pinar,

"sumado a todo lo que carga el pobre soldado?

"Me parte el corazón haberme visto obligado

a intentarlo bajo esas circunstancias".

General Henry Clinton.

Finalmente, cerca de las 3:45,

Clinton ordenó detener los disparos.

Ahora que su tren de suministros

iba por buen camino a Sandy Hook,

de mala gana comenzó a sacar a sus soldados agotados.

Los hombres de Washington también estaban exhaustos,

Joseph Plumb Martin recordó que el calor

era como "la puerta de un horno".

"En general, ambas partes entendieron

"que la batalla se reanudaría al amanecer.

"Pero cuando amaneció, escuché el grito de la victoria:

'¡Los británicos se han ido!'".

Doctor William Read.

La batalla de Monmouth

dejó a unos 362 hombres de Washington

y 411 de Clinton muertos, heridos o desaparecidos.

Había cadáveres hinchados y ennegreciéndose bajo el calor

esparcidos por todas partes.

Ambos bandos se adjudicaron la victoria.

La columna de Clinton llegó a Sandy Hook

sin mayores contratiempos

y se embarcó hacia Staten Island.

Su objetivo era llevar a su ejército hasta Nueva York,

y lo había logrado.

Pero cuando la batalla terminó,

los hombres de Washington mantuvieron su posición.

"Es glorioso para Estados Unidos",

escribió un coronel de Nueva Jersey a su esposa.

Al menos un oficial británico aceptó que su ejército

había sufrido una "paliza considerable".

Si bien hubo intensos combates y muchas escaramuzas

en Nueva Inglaterra

y los estados del Atlántico Medio,

Monmouth fue la última gran batalla

que se libró en el Norte durante la Revolución Americana.

Pasaron más de tres años para que George Washington

dirigiera a su ejército en una batalla.

Serena Zabin: Durante el transcurso de la guerra,

aprende que hay otras formas de ejercer liderazgo

más allá de hacer algo grande y audaz,

sino que esperar y frenarse, contenerse,

también podía ser una forma de demostrar su fortaleza.

"Por más cruel que ha sido esta guerra,

"que es la culpable de que esté separada

"de la persona que más quiero en esta vida,

"no cambiaría mi país

"por toda la riqueza de las Indias,

ni quisiera ser más que estadounidense".

Abigail Adams.

Stacy Schiff: Es una gran bendición

que John pase tanto tiempo en Filadelfia

cuando Abigail está en Massachusetts,

porque de ese modo contamos con la correspondencia

más rica y detallada de los años revolucionarios.

En el verano de 1778,

Abigail y John estaban separados,

como lo estuvieron casi siempre durante la guerra.

Ella estaba en casa en Braintree, Massachusetts,

a cargo del hogar,

y él acababa de llegar a París como enviado del Congreso

para unirse a Benjamin Franklin

y a la delegación estadounidense ante Francia.

Allí, el 4 de julio, Adams y Franklin

organizaron una celebración modesta

en el segundo aniversario

de la independencia de Estados Unidos.

"Tuvimos el honor

"de contar con la compañía de todas las damas

"y los caballeros estadounidenses

"en París y sus alrededores,

"con unos cuantos caballeros franceses del vecindario.

"No eran ministros de Estado ni embajadores,

"tampoco príncipes ni duques, pares ni marqueses,

cardenales ni arzobispos, tampoco obispos".

John Adams

A miles de millas al oeste de París,

en Filadelfia,

a donde el Congreso Continental había regresado del exilio,

el general Benedict Arnold presidió un festín

y un espectáculo para los dirigentes políticos,

militares y comerciales de la ciudad.

Fueron interrumpidos por lo que uno de ellos llamó

"una multitud de ordinarios" afuera,

que se burlaban

de la ostentación de los más ricos.

Kathleen DuVal: Creo que la Revolución Americana

generó la idea de que en Estados Unidos

no había clases.

Que en el momento de nuestra fundación,

se decidió acabar con eso.

No es cierto.

Siempre ha existido una amplia variedad

de riqueza y poder en Estados Unidos.

Y en las colonias

había más oportunidades de las que había en Europa.

Pero parte de esas oportunidades,

de la promesa de Estados Unidos,

se basa en la esclavitud

y en apropiarse de tierras indígenas.

Más tarde esa misma noche del 4 de julio,

en el corazón del continente, la milicia de Virginia

a cargo del teniente coronel George Rogers Clark

llegó al bastión británico de Kaskaskia,

una aldea sobre el río Misisipi en su mayoría francófona.

En medio de la noche, las fuerzas de Clark

superaron las defensas del pueblo.

A la mañana siguiente,

informó a los aterrados pobladores

que "el rey de Francia

se ha unido a los estadounidenses".

Clark les aseguró que serían libres

para practicar su fe católica, ya que "todas las religiones

serían permitidas en Estados Unidos",

siempre y cuando aceptaran someterse

a la autoridad de Estados Unidos.

Fue un inicio pacífico

de lo que sería la sangrienta campaña de Clark

para conquistar el Territorio Indígena

al oeste del Misisipi.

La flota francesa

que Washington había estado esperando

finalmente llegó a Nueva York

una semana después del Día de Independencia:

doce navíos de línea, cuatro fragatas

y más de 4,000 marines franceses,

todos al mando del vicealmirante Charles-Henri, conde d'Estaing,

un veterano de guerra

contra Gran Bretaña en India y Sumatra.

Iris de Rode: D'Estaing es un aristócrata francés.

Considera que es bastante superior

al ejército de chusma estadounidense,

y al mirarlos piensa,

"¿cómo voy a trabajar con esta gente?"

Porque pensó "soy el almirante francés.

Sé lo que tenemos que hacer,

así que más vale que me escuchen".

Washington esperaba que un ataque coordinado

junto a su nueva fuerza francesa

le permitiera atrapar a Clinton en Nueva York,

recuperar la ciudad,

y de ese modo persuadir a Gran Bretaña

de que no valía la pena seguir adelante con la guerra.

Puesto que d'Estaing estaba convencido

de que sus barcos más pesados iban a encallar

cuando entraran al puerto de Nueva York,

en lugar de eso decidió avanzar contra la guarnición británica

en Newport, Rhode Island.

Debía ser un ataque coordinado

con las fuerzas estadounidenses en tierra firme

a cargo del general John Sullivan,

pero ningún comandante hablaba el idioma del otro.

Sullivan, hijo de sirvientes por contrato irlandeses,

aborrecía a los aristócratas como el comandante francés

quien, a su vez,

creía que Sullivan era vulgar e inepto.

¡bum, bum!

Todo salió mal.

Sin informarles a los franceses,

Sullivan avanzó un día antes de lo planeado.

Cuando apareció una flota británica en el mar,

d'Estaing zarpó hacia la batalla.

Pero una tormenta terrible

dispersó y averió gravemente ambas flotas.

Iris de Rode: La guerra del siglo XVIII se basaba

principalmente en el clima.

No había alternativa

en caso de que se aproximara una tormenta

y no se podía hacer más que ser arrasado.

El almirante d'Estaing

tuvo que ir a Boston por reparaciones.

Edward Lengel: Básicamente, los franceses

dejaron a los estadounidenses a su suerte.

Sullivan a duras penas logró sacar a sus fuerzas

de lo que habría sido una catástrofe.

La primera operación conjunta

de franceses y estadounidenses había fracasado.

Cuando las reparaciones terminaron en Boston,

D'Estaing zarpó hacia las Indias Orientales francesas

sin siquiera informarle a Washington que se iba.

Los estadounidenses

solo tendrían a su disposición los barcos franceses

durante finales de verano y comienzos de otoño,

cuando los huracanes amenazaban al Caribe.

A los franceses

solo les importaba la Revolución Americana

cuando sus éxitos profundizaban las fallas británicas,

y Washington sabía

que no podría ganar la batalla decisiva

sin ayuda de los franceses.

Edward Lengel: El sentimiento antifrancés

era tan fuerte después de eso

que La Fayette dijo que nunca, en ningún momento de la guerra,

sintió que su vida estuviera tan amenazada

como cuando caminaba por las calles de Boston

después de la catástrofe de Rhode Island.

Pensó que lo iban a colgar.

"Junto con algunos de mis camaradas

"con quienes estuvimos en la batalla de White Plains

"en el año 76,

"vimos varias de las tumbas

"de aquellos que murieron en batalla.

"Algunos de los cuerpos

"estaban tan cerca de la superficie

"que los perros, los cerdos, o ambos,

"los habían sacado de sus tumbas.

"En el suelo había cráneos hessianos.

"¡Pobres hombres!

"Los dejaron sin sepultar en un país extranjero.

"Quizás tenían amigos cercanos y queridos

"que lamentaban su triste destino,

"al igual que los estadounidenses

"que yacían junto a ellos.

Debieron haberse quedado en casa".

Joseph Plumb Martin.

En el otoño de 1778, el ejército de Washington

estaba desplegado en forma de arco

desde Middlebrook, Nueva Jersey, hasta Danbury, Connecticut.

Permaneció muy cerca de la ciudad de Nueva York,

decidido a recapturar el lugar

del que había sido obligado a salir en 1776.

Su ejército y el de Clinton habían estado sondeando

sus líneas entre sí durante meses.

En una misma tarde de verano cerca de Kingsbridge,

una patrulla de Maryland emboscó a una unidad alemana,

matando a seis soldados e hiriendo a seis más.

¡bum!

Y una caballería de leales emboscó y mató a hachazos

a la mayoría de indígenas de Stockbridge

que habían sido parte del ejército de Washington

desde 1775.

"Combatieron y sufrieron junto a nosotros",

dijo Washington.

"Los consideramos nuestros amigos y hermanos".

"En el gran camino de Nueva York a Boston

"no vimos ni un solo viajero solitario,

"de una semana a la otra ni de un mes al otro.

El mundo estaba inmóvil y en silencio".

Capellán Timothy Dwight.

Antes de la revolución,

el condado de Westchester en Nueva York

era uno de los más acaudalados de las colonias,

pero durante unos dos años, había sido parte

de lo que se denominaba "terreno neutral",

ningún ejército lo controlaba,

pero ambos lo saqueaban una y otra vez.

Bandas errantes de saqueadores sin ley

recorrían el campo y robaban ganado,

extorsionaban por dinero, saqueaban y quemaban casas,

y abusaban de las mujeres.

"Este año

"no ha sido muy glorioso para Estados Unidos.

"Sin embargo, nuestros enemigos

"no han tenido nada de qué jactarse,

"ya que no han conseguido ni una pulgada de territorio

"más del que ya tenían hace un año

"y hasta ahora han perdido Filadelfia.

"Desconozco qué deparará el invierno.

Ojalá nos trajera la paz, pero lo dudo".

Abigail Adams.

Alan Taylor: Estaba claro que los británicos

no iban a ganar la guerra en Nueva Inglaterra,

no contaban con el apoyo popular suficiente.

Probablemente,

tampoco van a ganar la guerra en el Atlántico Medio.

El lugar con mayor potencial en el que sus fuerzas

relativamente más pequeñas

podrían tener mayor ventaja es el Sur.

Entonces, el objetivo es ver con qué se pueden quedar.

Probablemente

no podrían conservar todas las trece colonias,

pero quizás podrían conservar

las colonias más valiosas de todas.

Stephen Conway: Las colonias del Sur eran vistas

como parte integral del sistema económico

que generaba gran poder y riqueza para Gran Bretaña.

Por lo tanto, conservar el Sur y su capacidad de abastecer

a las islas de las Indias Occidentales,

en especial a sus economías de plantaciones,

era visto como un interés vital de los británicos.

Y esa fue la principal razón

por la que en 1778 la guerra se trasladó al Sur.

Después de que el general Clinton

se enteró

de que la flota francesa había zarpado de Boston,

se preparó para la invasión del Sur,

tal y como se le había ordenado desde Londres.

Maya Jasanoff: Otra de las razones

por la que los británicos se enfocaron

en una estrategia en el Sur después de Saratoga

es que suponen que en el Sur

hay muchos más leales que los van a ayudar.

Claro está,

también está la cuestión de la población esclavizada.

"Una gran mayoría de los habitantes

"de Carolina del Norte y del Sur son súbditos leales.

"También es bien sabido

"que los principales recursos para llevar a cabo la rebelión

"provienen del trabajo

"de una multitud impresionante de negros

"en las colonias del Sur.

"Pero tan pronto las tropas del rey

"se pongan en marcha en esas colonias,

"esos pobres esclavos estarán listos

para levantarse en contra de sus amos rebeldes".

Moses Kirkland.

Kathleen DuVal: Entonces la estrategia del Sur

era recuperar las colonias sureñas,

una por una, comenzando por Georgia,

y subir a la costa.

En cada lugar esperaban poder poner leales a cargo

para que de esa manera el ejército británico

siguiera avanzando hacia el norte.

El general Clinton

envió un escuadrón desde Nueva York al Sur

para tratar de capturar Savannah,

la capital de Georgia y su única ciudad.

Con ayuda de un piloto fluvial afroamericano de nombre Sampson,

la flota británica zarpó por el río Savannah

y comenzó a desembarcar al sur de la ciudad

al amanecer del 29 de diciembre de 1778.

Unos 700 soldados continentales y 150 milicias locales

los estaban esperando.

El comandante británico se dio cuenta

de que un ataque directo sin duda sería sangriento.

Entonces Quamino Dolly, un anciano esclavizado,

guió a parte de las fuerzas británicas

por un pantano que les permitió ubicarse

detrás de los sorprendidos estadounidenses y disparar.

Los patriotas se asustaron.

Los británicos los persiguieron por la ciudad.

Murieron 83 estadounidenses y 30 más se ahogaron

tratando de cruzar el arroyo Yamacraw.

453 se rindieron.

Solo murieron siete soldados británicos.

En las semanas siguientes,

los británicos capturaron Augusta

y restablecieron el dominio real en Georgia.

Su comandante se jactó y dijo:

"he arrancado una de las estrellas

y una de las franjas de la bandera rebelde".

"Mi carácter, siempre activo,

"no me permitió quedarme en casa mientras mis compatriotas

libraban las batallas de mi país".

John Greenwood.

En enero de 1779,

el adolescente músico de pífano John Greenwood

decidió intentar algo nuevo:

se enlistó en un corsario de Boston

con la esperanza de dar más golpes a los británicos

y ganarse una fortuna.

Eligió el Cumberland, de 18 cañones y 130 hombres,

porque su comandante era el capitán John Manley,

quien había sido el corsario más exitoso

de la Armada Continental durante años

y que ahora era civil,

solo porque había muy pocas embarcaciones navales

como para que él pudiera comandar una.

Rick Atkinson: Los estadounidenses

no tenían armada.

El Congreso solicitó

que se construyeran trece fragatas.

Ninguna entró en acción de manera significativa.

Los británicos tenían 400 barcos de guerra.

Lo que los estadounidenses tenían era corsarios.

Nathaniel Philbrick: Los corsarios

convirtieron la guerra en una empresa lucrativa.

Por eso había incontables marineros

en Nueva Inglaterra y a lo largo de toda la costa

ofreciéndose para trabajar en corsarios,

tomarse navíos británicos y obtener ganancias

de lo que consiguieran en ellos.

Las ganancias del corsarismo

llamaron la atención

de varios líderes revolucionarios,

como los generales Nathanael Greene, Henry Knox

y el mismo George Washington.

Los inversionistas compartían las ganancias

de la venta de la carga

con los oficiales y los hombres que la conseguían,

como la tripulación del Cumberland,

el barco de John Greenwood.

"Todos los barcos tenían derecho o se lo tomaba,

"de ondear la bandera extravagante

"que el capitán quisiera.

"La bandera del capitán Manley era muy particular,

"tenía un pinto de color verde, y bajo el árbol

"había una representación de una gran serpiente cascabel

"en trece pedazos.

En letras grandes y negras decía: 'Únanse o mueran'".

John Greenwood.

¡bum!

Se cree que, a lo largo de la revolución,

unos 1,700 corsarios estadounidenses

acecharon los mares

y capturaron casi 2,000 embarcaciones británicas.

John Greenwood y el Cumberland zarparon hacia el Caribe,

la zona de caza más rentable.

Los estadounidenses

ya se habían tomado tantos barcos mercantes británicos

que el comercio de azúcar

se había reducido en dos terceras partes.

En un comienzo,

el viaje del Cumberland salió bien;

lograron confiscar sin problema

un barco británico cargado de soldados y vino.

A los pocos días avistaron el puerto de Bridgetown

en la isla de Barbados.

Pero a la mañana siguiente,

una fragata de la armada británica

llamada Pomona se abalanzó sobre ellos

con 36 cañones y 300 tripulantes.

Las balas de cañón destrozaron las velas

y las jarcias del Cumberland.

Un disparo "atravesó" el casco, recordó Greenwood,

y estremeció toda la embarcación.

La única opción era rendirse.

Los estadounidenses pasaron cinco meses nefastos

en la prisión de Bridgetown antes de ser canjeados.

John Greenwood sirvió en al menos

cuatro corsarios más antes del fin de la revolución.

Lo capturaron y fue a prisión tres veces más,

y de algún modo logró sobrevivir.

Después de la guerra, John Greenwood se convirtió

en un destacado dentista de Manhattan.

Su paciente más célebre fue su antiguo comandante,

George Washington,

para quién fabricó dentaduras

con dientes humanos y de caballos,

así como de marfil de hipopótamo.

"Me preguntan,

"¿puede el enemigo continuar con la guerra?

"Les respondo,

"¿podemos continuar en esta guerra por mucho tiempo?

"Ciertamente no.

"El verdadero punto de vista

"desde el que tenemos que analizar este tema

"no es simplemente si Gran Bretaña

"puede continuar la guerra,

"sino cuáles finanzas pueden fallar primero,

las de ellos o las de nosotros".

George Washington.

El general Washington fue convocado por el Congreso

y pasó las primeras cinco semanas de 1779

en Filadelfia.

No fue una visita agradable.

"Nunca tuve mucho miedo de las armas del enemigo",

escribió Washington a un amigo.

Pero sí temía que la gente se estuviera cansando

de una guerra que ya llevaba cuatro años

y aún no daba señales de terminar.

Según dijo, el Congreso parecía estancado

en "disputas partidistas y querellas personales".

Se quejó de que el valor de la moneda continental

se estaba "derritiendo como nieve bajo el sol",

al punto que,

"una carreta llena de dinero apenas alcanzaba para comprar

una carreta llena de provisiones".

Christopher Brown: Tanto en el bando norteamericano

como en el británico

se está empezando a sentir el agotamiento

y la realidad económica de ambos.

En el bando estadounidense está la cuestión

de conseguir los recursos cada año

para poder librar la guerra: uniformes, armas, pagar sueldos,

reemplazar a los que mueren y a los que desertan.

Gran Bretaña tiene dinero,

pero cada vez más parece que será un costo irrecuperable.

¿Van a seguir gastando dinero en un esfuerzo

que parece no tener fin?

William Hogeland: Una de las principales formas

en las que se financió la Guerra de Independencia

fue el endeudamiento.

Había varias formas de recaudar dinero,

pero la mejor era mediante préstamos,

así que era necesario acudir a prestamistas,

en su mayoría comerciantes, pero también plantadores

e incluso, algunos agricultores adinerados.

Era una inversión algo riesgosa,

ya que el pago del dinero y los intereses

dependían de algo sumamente improbable:

ganar la guerra.

De todos modos,

era una excelente forma de conseguir dinero

para luchar en la revolución.

Además, dio origen

a toda una clase de prestamistas estadounidenses

con un firme interés

en establecer un gobierno fuerte,

ya que esa era la única forma en la que creían

que les pagarían los intereses.

"¿Acaso terminamos siendo víctimas

"de nuestra abominable codicia?

"Dios no lo quiera.

"Que Dios no lo permita.

"Nuestra causa es noble, es la causa de la humanidad

y la amenaza en su contra proviene de nosotros mismos".

George Washington.

"Cuando atacamos a los virginianos,

"hacha en mano,

"nuestra nación estaba sola y ellos la tenían rodeada.

"Y después de que perdimos

"algunos de nuestros mejores guerreros,

"nos vimos obligados a dejar nuestros pueblos.

"Ahora vivimos en la hierba, como pueden ver,

pero aún no hemos sido conquistados".

Arrastrando Canoa.

Colin Calloway: El Territorio Indígena

era un mosaico de numerosas naciones indígenas.

Cada una de ellas tiene sus propios intereses

y su propia política exterior.

En el valle del río Ohio,

los delawares y sus aliados shawnees

tenían una prolongada y conflictiva historia

con sus vecinos expansionistas.

Cuando la revolución comenzó,

ambas naciones lucharon por mantenerse al margen,

pero después de que milicianos de Virginia violaran una tregua,

la mayoría de los shawnees se aliaron con los británicos.

En 1778, Ojos Blancos, un jefe de los delawares

que estaba a favor de apoyar a Estados Unidos,

viajó a Pittsburgh para negociar con los estadounidenses.

El Tratado de Fort Pitt que resultó del encuentro

parecía ser un acuerdo histórico.

Philip Deloria: El Tratado de Fort Pitt

es un documento muy formal y jurídico.

En un artículo casi al final del tratado dice:

"Ah, por cierto, cuando todo esto termine,

los indígenas podrán tener un estado como los demás.

Y los delawares

este es un acuerdo con los delawares,

"ellos serán los dirigentes del estado".

Se hace una promesa muy interesante

sobre la posibilidad de que los pueblos indígenas

formen parte de la república estadounidense.

Ojos Blancos fue nombrado coronel

en el Ejército Continental

y se unió a una expedición estadounidense

en contra de los británicos en el fuerte Detroit.

Pero en algún punto del camino,

milicianos patriotas lo asesinaron.

Con su muerte,

los estadounidenses perdieron al mejor aliado indígena

en el Territorio de Ohio,

y la promesa del tratado quedó en el olvido.

En un consejo en Detroit,

una delegación de shawnees y delawares

prometieron a los británicos que tomarían el hacha tomahawk,

"la afilarían y atacarían a su Enemigo Común".

Colin Calloway: Los británicos siempre les decían:

"no confíen en los estadounidenses

porque ellos quieren quedarse con sus tierras y matarlos".

"Siempre supe que estaban a favor de una guerra abierta,

"pero nunca antes había tenido la excusa perfecta

"para exterminarlos.

"La única forma de hacer la guerra

"es superarlos en barbarie

"y hacerse un nombre entre los indígenas.

"Los lamentos de las viudas y de los huérfanos

"en la frontera

demandaban su sangre en mis manos".

George Rogers Clark.

Michael Witgen: George Rogers Clark

luchaba contra los indígenas y los odiaba.

Se ve a sí mismo como alguien que busca justicia

para los colonos blancos que han muerto en la frontera

a manos de los indígenas.

Se imagina como una especie de "ángel vengador"

de esas comunidades.

De hecho hay mucha violencia en esa zona rural,

en parte debido a que los colonos blancos

están ocupando territorio indígena.

En febrero de 1779,

Clark lideró a sus virginianos hacia el este del Misisipi

para tomarse puestos de avanzada británicos

y acabar con cualquier indígena

que se atreviera a apoyar al enemigo.

Su primer objetivo fue el fuerte Vincennes

sobre el río Wabash en la actual Indiana.

Allí hizo alinear a cuatro prisioneros indígenas atados

a la vista de todo el fuerte y los ejecutó a hachazos.

Clark advirtió que si Vincennes no se rendía,

todos sus defensores correrían la misma suerte.

El comandante británico se rindió.

Entonces, Clark envió un ultimátum

a cualquier indígena que se sintiera tentado

a ir a la guerra contra los colonos estadounidenses.

"No me importa si están a favor

"de la paz o la guerra, porque disfruto de la guerra.

"Este es el último discurso que pueden esperar,

"porque lo siguiente será la tomahawk.

"Y en cuatro lunas pueden esperar ver

"a sus mujeres y niños como alimento para los perros,

"mientras las naciones

"que han cumplido su palabra conmigo florecen

y crecen como los sauces a la orilla de los ríos".

George Rogers Clark

"Su nombre produce terror

tanto a británicos como a indígenas",

le dijo a Clark uno de sus capitanes,

pero "si no se pone fin

"a la matanza de nuestros amigos indígenas,

todos serán nuestros enemigos".

Clark no lo escuchó.

Indígenas

desde las Montañas Humeantes hasta los Grandes Lagos

se estaban acercando

para "olvidar las viejas rencillas y unirse"

en contra de Estados Unidos.

Colin Calloway: La mayoría de los indígenas americanos

son conscientes que el nuevo Estados Unidos

representa una amenaza existencial para ellos,

para su forma de vida y su soberanía.

Por eso, para los indígenas, en su mayoría,

tiene sentido aliarse con los británicos

como la mejor forma de preservar su propia independencia

y proteger sus tierras.

En la primavera de 1779,

cientos de personas, indígenas y colonos,

ya habían sido asesinadas en el oeste.

Philip Deloria: También hay cierta aleatoriedad.

Esos indígenas mataron a unas personas,

entonces vamos a matar a estos indígenas,

pero ellos no tuvieron nada que ver.

Nunca se sabe quién vendrá por ti

ni cuál es la lógica,

y la mayoría de las veces no hay una lógica

sobre por qué matar a esa persona y no a otra.

Hay mucha incertidumbre y eso generó una violencia

bastante intensa en esa región.

Un niño shawnee llamado Tecumseh,

uno de los tantos refugiados de la guerra,

jamás pudo olvidar la devastación

que la Revolución Americana produjo en su país.

Pero para él y su pueblo,

la revolución era tan solo un capítulo

en su lucha por la independencia.

Una guerra que persistiría durante décadas.

"Si el enemigo cuenta con el poder de presionarnos

en esta campaña,

no sé cuáles podrían ser las consecuencias".

George Washington

Al igual que Washington,

el general británico Clinton también estaba al límite

y solo podía desarrollar acciones a pequeña escala.

En mayo de 1779,

ordenó saqueos en la bahía de Chesapeake

y acabar con astilleros,

diques secos y bodegas de tabaco en Virginia.

Se necesitaron 17 barcos tan solo

para transportar el botín hasta Nueva York.

Pocas semanas después,

envió barcos río arriba del Hudson

para tomarse dos fuertes

en Stony Point y Verplanck's Point.

La facilidad con la que cayeron esos fuertes

convenció a Washington

de reforzar las fortificaciones diez millas al norte,

en una curva cerrada en el río, llamada West Point.

Washington creía que West Point

era "la base más importante en Estados Unidos".

Al ingeniero polaco, el coronel Tadeusz Kosciuszko,

se le encomendó diseñar una serie de fortificaciones

interconectadas en ambos lados del río.

Se instaló una enorme cadena que pesaba 65 toneladas,

cubierta con baterías de cañones en ambos extremos

para bloquear el paso del enemigo.

A comienzos de julio, Clinton ordenó otra expedición

en contra de los corsarios patriotas

que habían causado tanto daño a los barcos británicos,

en la que quemaron Norwalk, Fairfield y New Haven.

Había pasado más de un año desde la batalla de Monmouth.

Washington seguía ansioso por recuperar Nueva York,

pero no tenía hombres ni barcos suficientes.

Igual, sabía que no contraatacar en algún lugar

sería perjudicial para la "reputación"

de su ejército.

Así es que, en la noche del 15 de julio,

ordenó al general Anthony Wayne

y a una fuerza de 1,350 hombres que eligió personalmente

que atacaran Stony Point en el Hudson.

Se lo tomaron bajo el manto de la oscuridad.

"El fuerte y la guarnición son nuestros",

informó Wayne a Washington a las dos de la mañana.

"Nuestros oficiales y soldados

se desempeñaron como hombres decididos a ser libres".

Entretanto,

cuando los afroamericanos esclavizados

desde Nueva Inglaterra hasta Georgia

se enteraron ese verano que el general Clinton

había emitido una proclama

prometiendo "refugio" en el ejército británico

a "cualquier negro

que fuera propiedad de un rebelde",

muchos comenzaron a ver la bandera británica

como un símbolo de esperanza.

Al igual que Lord Dunmore antes que él,

Clinton no era abolicionista:

decretó que cualquier hombre negro capturado

al servicio del ejército rebelde sería vendido como esclavo

y las ganancias se repartirían entre sus captores.

Las motivaciones del comandante británico

eran militares nada más:

despojar a los rebeldes de su "propiedad" humana

y formar una gran mano de obra que apoyara a su ejército.

Pero para muchos afroamericanos,

su guerra era para acabar con la esclavitud,

por ellos, por sus hijos y por los hijos de sus hijos.

Vincent Brown: Sabemos de unas 15,000 personas negras

que se unieron a los británicos

o que huyeron hacía las líneas británicas

en comparación con unos 5,000

que finalmente hicieron parte de la causa patriota.

Y eso se debió a que,

para muchos de esos esclavizados,

los británicos representaban la libertad,

los patriotas no.

Es un relato difícil de contar a los estadounidenses.

¡pum, pum, pum!

En junio de 1779, el rey Carlos III de España

se unió a Francia en la guerra contra Inglaterra.

Su objetivo era recuperar para su imperio

todo lo que España había perdido a manos de Gran Bretaña

en la guerra de los Siete Años, y a eso sumarle Gibraltar,

una franja de tierra bajo control británico

que controlaba la estrecha entrada al Mediterráneo.

Para el rey español, al igual que para el francés,

la Revolución Americana

solo le era útil para socavar a Gran Bretaña.

Christopher Brown: No se trataba

de conseguir la independencia de Estados Unidos,

se trataba

de reducir el tamaño del poderío económico y comercial

de Gran Bretaña.

Pero era arriesgado, sobre todo para España,

ya que España tenía un imperio en América

que se parecía un poco al imperio norteamericano

de Gran Bretaña,

solo que era mucho más grande y había mucha, mucha más gente.

Por lo tanto,

fomentan un movimiento independentista colonial

en el Imperio británico,

¿quién dice que su propio pueblo no pensará en hacer lo mismo?

Debido a la repentina expansión de la guerra global,

la oposición en el Parlamento pidió al rey Jorge

"acciones directas

para restablecer la paz en América del Norte".

No los escuchó.

"No puedo evitar ver el conflicto actual

"con América del Norte como el más serio

"en el que se haya involucrado país alguno.

"Las exigencias de América del Norte

"han aumentado paso a paso.

"Su objetivo es la independencia.

"De conseguirlo,

"las Indias Occidentales vendrán después.

"Pronto Irlanda será un estado aparte.

"Entonces esta isla quedaría reducida a sí misma,

y sin duda pronto sería una isla empobrecida".

Jorge III.

Hombre 1: London Morning Post.

John Paul Jones

se parece a una calabaza de Halloween,

desorienta a nuestros marineros y aterroriza nuestras costas.

Apenas se le ve, ya ha desaparecido.

John Paul Jones

ahora estaba al mando de otro barco,

un navío mercante francés lento y maltrecho.

Lo equipó con 40 cañones franceses viejos,

reunió una tripulación de 320 hombres

de 8 países diferentes

y le cambió el nombre a Bonhomme Richard

en honor a la versión francesa

del Almanaque del pobre Richard de Benjamin Franklin.

En agosto, el Richard

y varios barcos de guerra más pequeños

navegaron hasta las Islas Británicas

en busca de botines mercantes.

Jones se tomó 17 barcos,

capturó a 100 marineros británicos

y los encerró bajo sus cubiertas.

Al final de la tarde del 23 de septiembre,

frente a los acantilados de piedra caliza

del cabo Flamborough,

Jones alcanzó a un convoy

de unos 40 barcos de suministros británicos.

Ordenó a su escuadrón formar una línea de batalla,

pero al no recibir respuesta,

el Bonhomme Richard se enfrentó solo al Serapis,

el más grande de los dos barcos escolta

de la Armada Real.

El Serapis estaba al mando de un marinero veterano,

Richard Pearson,

y era una fragata británica nueva, veloz,

y tenía 44 cañones.

¡bum!

Cuando la batalla comenzó,

cientos de aldeanos ingleses se ubicaron en los acantilados

con la esperanza de ver a un navío británico

destruir al temido rebelde al que llamaban "pirata Jones".

Un ataque de costado hizo estallar varios cañones

en la cubierta inferior del Richard.

Varios hombres murieron

y el resto de la batería quedó fuera de combate.

En un momento dado,

el Serapis embistió al Richard y sus jarcias se enredaron.

Antes de que el barco británico pudiera zafarse,

Jones ordenó a sus hombres lanzar rezones

para unir a ambos barcos, cañón frente a cañón.

Las tripulaciones se dispararon entre sí a quemarropa.

¡bum!

El Bonhomme Richard se llevó la peor parte:

la mitad de su tripulación había muerto o estaban heridos,

había incendios por todas partes,

las cubiertas estaban resbalosas llenas de sangre

y el casco se llenaba de agua

por los huecos que dejaron los cañonazos.

Entonces, un marinero en lo alto en la jarcia del Richard

logró lanzar una granada

por la escotilla principal del barco británico

y provocó explosiones en el Serapis de proa a popa.

La mitad de su tripulación murió o resultó herida.

El capitán Pearson se rindió.

Jones trepó a bordo del barco de guerra británico

y zarpó hacia aguas neutrales neerlandesas.

El Bonhomme Richard se hundió al día siguiente.

En París,

proclamaron a John Paul Jones como un héroe.

Conoció a Luis XVI y a su reina, María Antonieta.

Y cuando se enteró de que Jorge III había nombrado

al capitán Pearson caballero por luchar con tanta valentía,

a Jones no le sorprendió.

"Si tengo la fortuna de volverme a topar con él",

dijo, "lo convertiré en lord".

¡tun!

"No pensamos permitir que el enemigo

"se adentre en nuestro país, ya que sabemos muy bien

"que hasta donde logren poner un pie,

reclamarán ese territorio como conquistado".

Humo Viejo.

En el verano de 1777,

los británicos y sus aliados mohawks y senecas

superaron a sus enemigos en la emboscada

cerca al arroyo Oriskany.

En los meses siguientes, hubo un ataque tras otro

y una escaramuza tras otra en Nueva York y Pensilvania.

Los patriotas sacaron a los leales de sus hogares.

Los leales y sus aliados indígenas

quemaron asentamientos

en Cherry Valley y en Wyoming Valley.

Murieron cientos en ambos bandos.

Rick Atkinson: Llegó a un punto en el que Washington

estaba bajo una presión tremenda por parte del Congreso,

de los estados de Nueva York y Pensilvania

para que hiciera algo al respecto.

Y, dado que la guerra había quedado inactiva

en el Norte después de Monmouth,

acepta formar una expedición de castigo

en contra de los indígenas

a cargo de uno de sus mayores generales,

John Sullivan, para expulsarlos de la frontera.

Colin Calloway: Una de las cosas que creo que Washington

siempre tenía en mente durante la guerra

era el final de la guerra.

Washington básicamente se da cuenta

de que va a conseguir la independencia

porque Francia está en la guerra y España también.

Entonces él debe asegurarse

de poder presentar un reclamo legítimo y sólido

sobre el territorio del oeste.

Una de las verdades fundacionales

de la historia de Estados Unidos

es que es un país que se fundó en territorio indígena.

Y no creo ni por un segundo

que Washington pusiera eso en duda.

Las órdenes de Washington

al general Sullivan en mayo de 1779

fueron claras y contundentes.

"Los objetivos inmediatos son la destrucción

"y devastación total de sus asentamientos,

"y la captura de la mayor cantidad de prisioneros

"de todas las edades y sexos posibles.

"Será fundamental que arruinen sus cultivos en la tierra

"y les impidan seguir cultivando.

"No se trata solo de invadir el territorio,

sino de destruirlo".

"De ninguna manera deben prestar atención

"a ninguna propuesta de paz

antes de que sus asentamientos estén en la ruina".

George Washington.

El Ejército Continental

invadió desde tres flancos.

A comienzos de agosto, el coronel Daniel Brodhead

comandó 600 soldados hacia el norte desde Fort Pitt

para destruir las aldeas senecas

en la parte alta del río Alleghany.

Sullivan se dirigió al norte

junto con tres brigadas continentales

a lo largo del Susquehanna,

al tiempo que otra se dirigió al este desde el valle Mohawk.

Al final del mes,

sus fuerzas combinadas de 4,500 hombres

comenzaron a marchar hacia el norte.

Michael Witgen: No se encontraron

con aldeas desamparadas o diseminadas

llenas de salvajes.

Encuentran lo que para ellos son, sin duda,

y de manera evidente aldeas prósperas.

Tienen edificaciones de tablón de cedro,

edificios de varios pisos

que suelen tener chimeneas y ventanas de cristal.

Esas personas tienen riquezas materiales

que han acumulado durante los años,

y tienen casas en las que,

las personas de la costa este quisieran vivir.

El 29 de agosto,

unos 600 senecas, mohawks, cayugas, delawares y leales

intentaron detener la invasión, pero fueron derrotados.

"Enviamos un grupo pequeño

"en busca de algunos de los indígenas muertos.

"Los encontraron

"y desnudaron a dos de ellos de la cintura para abajo

"para quitarles las botas,

un par para el mayor y el otro para mí".

Teniente William Barton.

"Nuestra brigada acabó con cerca de 150 acres

"del mejor maíz que he visto,

"algunos tallos medían casi cinco metros,

"así como una gran cantidad de frijoles, papas, zapallos,

"pepinos, calabazas y sandías.

El enemigo nos observaba desde las colinas".

Teniente Erkuries Beatty.

"Hay tanta crueldad en destruir las viviendas

"de cualquier pueblo, por insignificante que parezca,

que podría decir que la posibilidad me duele".

Dr. Jabez Campfield.

Cuando algunos soldados

le preguntaron al general Sullivan

si podían por lo menos evitar huertos frutales

que habían tardado años en crecer, se negó.

Dijo, "los indígenas verán que en nuestros corazones

hay maldad suficiente

para acabar con todo lo que contribuya

a su sustento".

Philip Deloria: La expedición de Sullivan

al final mapeó Nueva York para futuros asentamientos.

Todos se desplazan por Nueva York y comentan,

"vaya, estos huertos de manzanos son increíbles".

"Estos campos de maíz son maravillosos".

"Cuando esto termine, voy a regresar", ¿no?

Y en cierto modo

no es una campaña meramente militar,

es una expedición de reconocimiento.

Las tropas incendiaron una aldea tras otra:

Catherine's Town,

Appletown,

Cayuga Town,

Kanadaseaga,

Canadaigua y Honeoye.

En ese momento, Sullivan ya estaba

a pocas millas de Little Beard's Town,

que según le habían dicho

era la "gran capital del Territorio Indígena".

Little Beard's Town era el hogar de Mary Jemison,

a quien unos senecas habían adoptado años antes

después de que sus padres irlandeses

fueran asesinados en un ataque.

"Estaba a punto de entrar a nuestro pueblo

"cuando nuestros indígenas

"decidieron enfrentarlo en el camino.

"Enviaron a todas las mujeres y niños al bosque,

y entonces, bien armados,

se dirigieron a enfrentar al enemigo conquistador".

Mary Jemison.

Un grupo de avanzada de 26 continentales,

guiados por un explorador oneida

y comandados por el teniente Thomas Boyd,

estaba avanzando por delante de la columna principal

el 13 de septiembre,

cuando se toparon con una emboscada

de senecas y leales.

Rodearon a 16 hombres.

Asesinaron y les quitaron el cuero cabelludo

a 14 de ellos.

Capturaron a Boyd y a otro hombre.

Al otro día,

el ejército de Sullivan llegó a Little Beard's Town.

"Al entrar al pueblo,

"encontramos los cuerpos de Boyd y de un fusilero

"en un estado atroz, brutalmente mutilados.

"Ambos estaban completamente desnudos

y habían sido decapitados". Erkuries Beatty.

Los hombres de Sullivan

sepultaron lo que quedaba de sus compañeros,

saquearon y quemaron

las 128 viviendas de Little Beard's Town

y después pasaron ocho horas arrancando

y destruyendo cultivos de forma metódica.

Al final Sullivan informó a Washington

que su ejército había incendiado un total de 40 pueblos.

Más hacia el oeste,

el coronel Brodhead había destruido diez más.

La mayoría de los refugiados senecas

se dirigieron al fuerte Niágara en el lago Ontario,

en donde 5,000 hombres, mujeres y niños

que hacían parte de varias Naciones

se amontonaron en campamentos enlodados.

"Nosotros de las Seis Naciones

"hemos sido profundamente abatidos

"por la gran pérdida que sufrimos,

"pero aun así no perdemos la esperanza.

"Estamos decididos a perseverar en la causa

"en la que estamos empeñados.

"Esperamos poder sobrevivir al invierno,

"y entonces nos volveremos a enfrentar a nuestros enemigos

"para saber si hemos de vivir o morir.

"Y si esa es la voluntad del Gran Espíritu,

"dejaremos nuestros huesos junto a los de nuestros hermanos

"antes de salir de nuestra tierra

"o de dar a nuestros enemigos

la oportunidad de decir que huimos de ellos".

Twethorechte.

El daño que las campañas patriotas

causaron a la tierra natal de los senecas, cayugas,

onondagas y mohawks fue profundo y permanente.

Algunos haudenosaunee

llegaron a referirse a Washington

como el "destructor de pueblos"

y recordaron la Revolución Americana

como "la Tempestad".

A finales del verano de 1779, tanto George Washington

como el general británico Henry Clinton

creían que el ataque estadounidense sin cuartel

contra la Nueva York ocupada por los británicos

sucedería en pocas semanas.

Ambos sabían que la flota francesa

estaba navegando hacia el norte desde las Indias Occidentales.

Ninguno estaba seguro de hacia dónde se dirigía.

Clinton ordenó a todas las tropas británicas

retirarse de la ocupada Newport

para reforzar las defensas de Nueva York.

Washington dispuso planes para el asedio de la ciudad

e hizo un llamado a cinco estados vecinos

para que le enviaran más milicias.

Pero el almirante francés d'Estaing nunca llegó.

En lugar de eso,

apareció en la desembocadura del río Savannah

con 32 barcos de guerra

para unir fuerzas con los patriotas del Sur

que ya habían recuperado Augusta

y estaban dispuestos a recuperar el resto de Georgia.

Había 4,000 soldados franceses a bordo,

incluyendo 750 "hombres libres de color",

soldados negros y mestizos de la que algún día sería Haití.

Mientras d'Estaing

esperaba a que sus aliados estadounidenses

se unieran al asedio,

rodeó Savannah con artillería pesada

y exigió que se rindieran.

Los británicos, superados en número,

se negaron e hicieron tiempo

para que sus refuerzos pudieran llegar a la ciudad.

Mientras se preparaban para el ataque,

casacas rojas y soldados leales,

así como veintenas de residentes

libres y esclavizados de Savannah,

tuvieron tiempo de terminar dos líneas defensivas

alrededor de la ciudad.

¡bum!

Después de la llegada de soldados continentales

y milicias patriotas desde Charleston,

d'Estaing lideró un ataque directo el 9 de octubre.

Varios estadounidenses

quedaron atrapados en un arrozal.

Los soldados franceses en uniformes blancos

resultaron ser un blanco fácil.

Los cañones británicos dispararon metralla,

clavos y fragmentos de hierro que atravesaron a los atacantes.

Un oficial británico recordó,

"la zanja estaba repleta de sus muertos".

Iris de Rode: Fue una grave derrota para la alianza

francoestadounidense.

Las personas perdieron la confianza

en la disposición de los franceses

para ayudar a los estadounidenses.

Estaban felices de haber firmado la alianza,

pero las primeras campañas, en plural,

fracasaron por completo.

D'Estaing, que recibió dos heridas,

se marchó a Francia.

El comandante estadounidense, el general Benjamin Lincoln,

regresó cojeando a Charleston, bajo el control patriota.

"Saben lo importante que es Charleston.

"Es el lazo que une a tres estados

"a la autoridad del Congreso.

"Si el enemigo se hace con esta ciudad,

los patriotas honestos no podrán sobrevivir".

David Ramsay.

Rick Atkinson: El invierno de 1779 a 1780

fue quizás el más duro en América del Norte

en el siglo XVIII.

El puerto de Nueva York se congeló por completo;

se podía arrastrar un cañón desde el extremo

de la isla de Manhattan hasta Staten Island.

Se podía cruzar el río Hudson a pie.

Y el invierno fue todavía peor en la parte alta

del estado de Nueva York para los indígenas.

"Ese fue el invierno más fuerte que he vivido

"desde que tengo memoria.

"Cayó más de metro y medio de nieve y siguió así.

"Casi todas las presas de las que dependíamos

"fallecieron

y casi quedamos condenados a morir de hambre".

Mary Jemison.

Para el general Washington

y la mayoría de su ejército en cuarteles de invierno

en Morristown, Nueva Jersey, y su alrededor

la temperatura rara vez superó los cero grados.

Joseph Plumb Martin recordó que "hacía tanto frío

como para cortar a un hombre en dos".

Joseph Ellis: El invierno en Nueva Jersey, en Morristown

fue peor que en Valley Forge.

Hacía años que el entusiasmo por la guerra

había comenzado a menguar,

y siguió menguando con el paso de los años.

"Estábamos realmente muriendo de hambre.

"No probé ni un solo bocado de comida en cuatro días,

"a excepción de un poco de corteza de abedul negro.

"Vi a muchos hombres rostizar sus viejos zapatos y comérselos,

"y después supe que algunos de los oficiales mataron

"y se comieron un perrito muy querido

que pertenecía a uno de ellos". Joseph Plumb Martin.

Para empeorar las cosas,

los hombres del octavo regimiento

de Joseph Plumb Martin

no habían recibido su salario durante meses.

En la primavera ya estaban hartos.

"Los hombres no vieron otra opción

"más que morir de hambre o desintegrar el ejército.

"Era algo que los soldados tenían que pensar detenidamente.

"Eran patriotas de verdad.

"Amaban a su país.

"Y por esta causa

"lo único que no habían padecido era la muerte.

¿Qué podían hacer?" Joseph Plumb Martin

Los regimientos cuarto y octavo de Connecticut

planearon desertar.

Cuando un coronel intentó convencerlos de quedarse,

alguien lo apuñaló con una bayoneta.

Se envió a un regimiento de Pensilvania a que los rodeara

y su coronel logró convencer a los hombres de quedarse.

Al final, Martin escribió:

"no estábamos dispuestos a abandonar la causa

"de nuestro país cuando nos necesitaba;

sabíamos que su causa era la nuestra".

"Este es el momento más importante

"para Gran Bretaña.

Si perdemos, no habrá otro momento igual".

Henry Clinton.

Ya habían pasado 21 meses

desde que el general Clinton

recibió la orden de tomarse las Carolinas.

Un día después de Navidad en 1779,

después de dejar una fuerza suficiente

para defender Nueva York,

Clinton finalmente zarpó hacia el Sur, a Charleston.

Rick Atkinson: Cada centavo de la riqueza

de Carolina del Sur se basa en la esclavitud.

Esa es una de las razones por las que Carolina del Sur

y los demás estados del Sur tienen milicias robustas.

No es para repeler a invasores extranjeros,

es para reprimir posibles levantamientos de esclavizados.

Charleston

era una de las ciudades más grandes de Estados Unidos

y el hogar de 12,000 personas, la mitad personas esclavizadas.

Los británicos creían que, de capturarla,

la mayoría leal de las Carolinas respaldaría a la Corona.

Edward Lengel: Charleston

ya había resistido ataques británicos.

Existía una sensación de confianza

en que podrían volver a resistir un ataque británico.

Los estadounidenses casi que desvarían al respecto.

No ven los hechos

sobre lo vulnerable que Charleston es en realidad.

La geografía es imposible.

Charleston está en la boca del lobo.

Los británicos van a aislar la ciudad y la van a capturar.

En lugar de reconocer ese hecho,

el Congreso sigue enviando hombres

para defender Charleston.

Envían a los mejores hombres del Ejército Continental.

Fue un gran error.

El 11 de febrero de 1780,

a unas 30 millas al suroeste de la ciudad,

las tropas de Clinton comenzaron a desembarcar.

Al mismo tiempo que el ejército británico

marchaba hacia Charleston,

primero cientos y después miles de hombres,

mujeres y niños esclavizados

huyeron de sus plantaciones para unirse a ellos.

Pasó más de un mes para que las fuerzas de Clinton

pudieran formar una línea a una milla y media al norte

de las fortificaciones rebeldes

e iniciara un asedio al estilo europeo.

Más tropas británicas de Nueva York y Savannah

consiguieron que el ejército británico

llegara a más de 10,000 hombres,

casi el doble del ejército

con el que el general patriota Benjamin Lincoln

esperaba defender la ciudad.

En su afán por refuerzos,

Lincoln propuso armar a los hombres esclavizados,

pero se lo negaron:

los blancos temían armar a las personas negras.

Además, los esclavistas no querían que su "propiedad"

muriera o quedara lisiada en batalla.

Las milicias de la zona rural también eran reticentes

a acudir a la concurrida ciudad, ya que temían a la viruela

y poco les importaban

las penurias de los plantadores y comerciantes,

cuyas riquezas y poder político resentían desde hace mucho.

El primero de abril de 1780,

los británicos comenzaron con la construcción

de una serie de "paralelos", trincheras de apoyo secuenciales

que les permitirían acercarse cada vez más a la ciudad.

Una semana después,

los barcos de guerra británicos entraron a la fuerza

al puerto de Charleston y se apoderaron de él.

El general Clinton hizo un llamado a los rebeldes

a que se rindieran para salvar la ciudad y a su gente

de lo que llamó "caos y desolación".

El general Lincoln se negó.

Los británicos abrieron fuego.

Los estadounidenses dispararon de vuelta.

Los disparos continuaron día y noche durante un mes.

Al mismo tiempo que se atacaban entre sí,

los paralelos británicos se acercaban cada vez más

a las líneas estadounidenses: 800 yardas, 450 yardas,

250.

No había escapatoria.

El general Lincoln

pidió que a sus hombres que se rindieran

les concedieran los honores habituales de la guerra,

pero el general Clinton se negó:

los rebeldes no merecían esa clase de honores.

Edward Lengel: La caída de Charleston fue un duro golpe

para la revolución y para la causa estadounidense.

Fue humillante,

porque no solo perdimos Charleston,

también perdimos varios

de los mejores soldados que teníamos.

Y los británicos, con sus términos de rendición,

remarcaron la humillación todavía más.

Fue la peor derrota de los patriotas

durante la revolución.

Capturaron a un ejército entero,

5,618 hombres según el conteo de Clinton,

incluido Benjamin Lincoln y seis generales más,

junto con más de 300 cañones, 376 barriles de pólvora

y 5,916 mosquetes.

Cientos de habitantes de Carolina del Sur

llegaron a la ciudad ocupada desde el campo,

ansiosos por jurar lealtad a la Corona.

"Para Lord Germain,

"su Señorío, con el mayor placer le informo

"que los habitantes de cada distrito

"declaran su lealtad al rey

"y ofrecen tomar las armas en apoyo a su gobierno.

"En muchas ocasiones han traído prisioneros,

"a sus antiguos opresores o dirigentes,

"y me aventuro a asegurar que en Carolina del Sur

"son pocos los hombres que no son nuestros prisioneros

o que no están de nuestro lado".

Henry Clinton.

El general Clinton regresó a Nueva York

junto con 4,000 hombres

y dejó al general Charles Cornwallis

a cargo de las operaciones en el Sur.

Los comandantes británicos creían que,

con unas cuantas victorias más así,

la lealtad a la Corona

por parte de todas las colonias sureñas

quedaría reconfirmada.

Un oficial alemán escribió:

"el león inglés se ha despertado de su sueño".

"A menos que al Congreso

"se le confieran los poderes acordes

"al gran objetivo de la guerra,

"nuestra causa estará perdida.

"No podemos seguir haciendo lo mismo de antes.

"Veo que, gradualmente,

"una cabeza se está transformando en trece.

"Veo un ejército que se transforma en trece,

y las consecuencias de ello me aterran".

George Washington.

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