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Original subtitles

Una Producción de Florentine Films.

"La humanidad siempre ha estado propensa

"a obedecer de manera implícita a la autoridad

"a la que han estado acostumbrados tanto tiempo,

"que son pocos los ejemplos de resistencia,

"a menos que haya sido necesario

"debido al abuso desenfrenado de poder.

"Cuando ese es el caso,

"afloran los sentimientos del hombre y del patriota,

"y tanto el campesino como el estadista

"sienten el impulso de luchar incluso con sangre.

"Ningún sufrimiento que Gran Bretaña pueda infligir

"hará que Estados Unidos se someta.

"Los truenos de su artillería podrán devastar las ciudades,

pero el espíritu del pueblo es inconquistable".

Mercy Otis Warren.

Christopher Brown: Cuando pensamos

en los movimientos independentistas,

levantamientos anticoloniales insurgentes del siglo XX,

creemos que eran el tercer mundo que luchaba

en contra de las potencias coloniales imperiales.

No se reconoce que fue Estados Unidos

el que dio inicio a todo eso.

La Revolución Americana

"Inglaterra es el enemigo natural de Francia.

"Es un enemigo avaro, ambicioso y pérfido.

"El objetivo constante y más anhelado de su política

"ha sido, si no la destrucción de Francia,

por lo menos su debilitamiento y ruina".

Charles Gravier, conde de Vergennes.

El conde de Vergennes,

ministro de relaciones exteriores francés,

estaba decidido a vengar la humillante derrota de su país

en la guerra de los Siete Años.

Ya había convencido a Luis XVI de abrir los puertos franceses

a los comerciantes estadounidenses

para que vendieran sus productos y compraran productos franceses,

e incluso de dar fondos para que los estadounidenses

compraran armas y municiones,

siempre y cuando se hiciera en secreto.

Iris De Rode: Los franceses

tenían que reorganizar su ejército.

Estaban mejorando su armada.

Entonces, empezaron a enviar armas de forma clandestina,

también dinero y uniformes

para los insurgentes en América del Norte

porque en ese momento no querían

tener una guerra abierta contra Gran Bretaña, todavía.

A finales de 1776, el Congreso Continental

había enviado a Benjamin Franklin de 72 años,

el estadounidense más admirado en todo el mundo,

para que convenciera a Francia de proporcionar mucha más ayuda.

Franklin sabía que los estadounidenses

no podrían luchar

con el ejército y la armada británicos

a menos que Francia entrara a la guerra,

y que los franceses no se atreverían

a menos que los estadounidenses demostraran que podían ganar.

La última vez que tuvo noticias desde Estados Unidos,

las perspectivas no eran muy positivas.

La Declaración de Independencia había demostrado

que Estados Unidos hablaba en serio,

pero la invasión de Canadá había sido un desastre

y las fuerzas británicas

habían derrotado a Washington en Long Island

y después,

lo expulsaron de la ciudad de Nueva York.

Después de reunirse en secreto con Vergennes en París

en enero de 1777,

Franklin prometió que si Francia y su aliado España

se unían a los estadounidenses, Gran Bretaña quedaría reducida

a un estado de "debilidad y humillación".

Pero los constantes informes

sobre las derrotas estadounidenses

no eran alentadores

y Vergennes se negó a reunirse de nuevo con él.

También temía que las trece excolonias

nunca se unieran como nación.

En público,

Franklin seguía siendo optimista,

pero en privado,

estaba ansioso por recibir mejores noticias de casa

que convencieran a los franceses

de unirse a la Revolución Americana.

"Aquellos que viven bajo un gobierno arbitrario,

"a pesar de eso,

"están a favor de la libertad y la desean.

"Aquí el comentario recurrente es que nuestra causa

"es la causa de toda la humanidad

"y que al defender nuestra libertad,

estamos luchando por la suya". Benjamin Franklin.

Episodio Cuatro.

Vencer por un empate.

Aunque Benjamin Franklin

todavía no lo sabía,

el ejército de George Washington había aturdido a los británicos,

y levantado el ánimo de los patriotas,

al tomarse la guarnición en Trenton, Nueva Jersey,

el día después de Navidad de 1776.

"Aunque los rebeldes parecen desconocer

"la precisión, el orden e incluso los principios

"por los cuales se mueven los grandes cuerpos,

"poseen algunos de los requisitos

"para formar buenas tropas,

"como una astucia extrema, una gran laboriosidad

"y un espíritu emprendedor ante cualquier ventaja.

"Si bien la costumbre de este ejército

"solía ser tratarlos con el mayor desprecio,

ahora se ha convertido en un ejército formidable".

Teniente William Harcourt.

Pero ahora,

los británicos avanzaban de nuevo.

El general William Howe

envió al general Charles Cornwallis

y a unos 9,000 casacas rojas y hessianos a retomar Trenton

y acorralar al ejército rebelde contra el río Delaware.

Washington decidió luchar en lugar de retirarse.

No hacerlo, afirmó,

acabaría con el "amanecer de la esperanza".

El 2 de enero de 1777,

apostó mil hombres a lo largo del camino desde Princeton,

un pueblo universitario a doce millas,

y les ordenó retrasar la columna de Cornwallis

hasta la noche.

Los patriotas disputaron cada centímetro de terreno

a medida que se replegaban por Trenton

para unirse a la mayoría del ejército de Washington

desplegado al sur del arroyo Assunpink.

Al anochecer,

cuando la vanguardia de la columna de Cornwallis

empezó a cruzar el único puente de piedra

sobre el Assunpink,

la artillería estadounidense abrió fuego contra ellos

con lo que Henry Knox

describió con orgullo como un "gran estruendo".

Los casacas rojas

intentaron cruzar el puente tres veces.

Y tres veces,

la artillería estadounidense los hizo retroceder.

Quizás unos cien estadounidenses murieron o resultaron heridos

antes de que cayera la noche,

pero los británicos perdieron tres veces más.

Cornwallis ordenó detener la marcha.

Sus fuerzas todavía superaban a las de Washington en número

y el arroyo era fácil de cruzar más arriba.

Se dice que Cornwallis dijo a sus comandantes,

"cruzaremos y los acorralaremos en la mañana".

Washington ordenó que un pequeño pelotón

se quedara esa noche en la ladera,

que iniciaran fogatas e hicieran sonar herramientas

para que el enemigo creyera que estaban excavando.

Entretanto,

el resto de su ejército se escabulló en silencio

por caminos rurales desprotegidos

para sorprender a Cornwallis por detrás

y atacar su retaguardia en Princeton.

Al amanecer, dos regimientos británicos

de camino a reforzar a Cornwallis

vieron a los estadounidenses marchar hacia ellos.

"Los británicos estaban igual de sorprendidos",

escribió el general patriota Henry Knox a su esposa Lucy,

"como si un ejército

les hubiera caído encima de forma perpendicular".

Los británicos dispararon sus cañones

y luego atacaron con bayonetas caladas.

El caballo del comandante estadounidense Hugh Mercer

recibió disparos desde abajo.

Luchó con su espada todo lo que pudo

antes de caer herido de muerte por bayonetas británicas.

Sus hombres comenzaron a retirarse.

Una vez más,

Washington galopó hasta el frente

ignorando las balas que volaban a su alrededor

y exhortó a sus hombres a seguir luchando.

Uno de sus ayudantes se cubrió los ojos

por miedo a ver a su comandante

caer de su caballo de un disparo.

Joseph Ellis: Tuvo mucha suerte.

Las balas volaban a su alrededor,

todos los demás morían y él, ni un rasguño.

Creía que nunca lo iban a matar.

Es muy probable que muchos en esa guerra creyeran eso

y terminaran muertos.

Y nunca supimos sobre ellos.

Él no cree en Dios en todo el sentido cristiano,

pero cree en la Providencia,

La Providencia.

De verdad cree que los dioses, o Dios,

está de nuestro lado, de su lado.

Los hombres de Washington resistieron.

Veteranos continentales se les unieron.

Ahora era su turno de atacar.

Alguien recordó,

"nunca vi hombres tan furiosos como ellos".

"El destino de este vasto continente

"parecía pender de un hilo.

"Pero para nuestra fortuna,

"para la fortuna de millones de no nacidos,

"teníamos a un general que sabía cómo sacar ventaja,

y con una maniobra magistral frustró los planes del enemigo".

Teniente Samuel Shaw.

Stephen Conway: George Washington

no era un coloso militar.

No era Federico el Grande ni Napoleón.

Creo que su instinto natural era el de preservar intactos

a los estadounidenses para luchar un día más.

Pero en ocasiones,

su cautela iba acompañada de osadía.

En gran medida,

Washington consideraba que su primera función

era mantener unido al Ejército Continental,

porque este representaba a la rebelión.

Sin el Ejército Continental, no habría Estados Unidos.

Setenta estadounidenses murieron

o resultaron heridos en la batalla de Princeton.

Pero el enemigo había perdido otros 450 que murieron,

fueron heridos o capturados.

Cuando Cornwallis se dio cuenta

de que Washington lo había engañado

en el arroyo Assunpink esa mañana,

ya era muy tarde para atraparlo.

Y cuando llegó

con el resto de su ejército a Princeton esa noche,

Washington y su ejército se habían ido de nuevo.

"Todos estaban tan aterrados

"que olvidaron por completo incluso obtener información

"sobre hacia dónde habían huido los norteamericanos.

"Pero el enemigo ahora tenía alas

"y se creía que había volado

hacia las montañas de Morristown".

Capitán Johann Ewald.

Morristown, Nueva Jersey,

una aldea diminuta en el corazón de las montañas Watchung,

cubiertas por espesos bosques,

sería el cuartel general de invierno de Washington

por los próximos cinco meses.

Estaba fuera del alcance de la armada británica,

pero era ideal para atacar puestos de avanzada británicos

y estar pendientes de algún avance británico

desde Nueva York.

La mayoría de los soldados que habían ofrecido quedarse

después de Trenton regresaron a casa

cuando su realistamiento se venció.

A finales de enero, en el campamento de Washington

había menos de 3,000 continentales.

Pero motivados por las victorias patriotas

en Trenton y Princeton,

y enojados por los excesos de la ocupación británica,

los milicianos de Nueva Jersey se le unieron.

"Ahora los impulsa el resentimiento.

"Y el resentimiento acompañado de principios

forman una razón muy poderosa".

John Adams.

Cuando las compañías británicas en busca de comida

salían de sus puestos de avanzada,

los patriotas los atacaban, en Maidenhead y Quibbletown,

Bound Brook y Drake's Farm,

Piscataway y English Neighborhood,

y en al menos 50 lugares más.

Ese invierno, murieron más soldados británicos

y hessianos luchando por buscar alimento,

que en batalla.

"Los británicos perdieron hombres

"que no eran fáciles de reemplazar.

"Las pérdidas de los rebeldes se suplieron fácilmente

"con el reclutamiento de milicias.

"Eso los acostumbró a las dificultades

"y los envalentonó a mirar

"a los soldados británicos y hessianos a los ojos,

"cuyo rostro hubiera espantado a cien de ellos

después de la batalla de Brooklyn".

Magistrado Thomas Jones.

Y ahora, los leales de Nueva Jersey

se habían convertido

en el objetivo de patriotas vengativos.

En Morristown,

los patriotas ahorcaron a dos oficiales leales

y lograron que 33 de sus hombres

se unieran al Ejército Continental

después de amenazarlos con ahorcarlos también.

El general Howe esperaba pacificar el estado

y en su lugar, provocó una guerra civil.

Vincent Brown: Si pensamos en que este es

el Imperio británico y que son súbditos británicos

quienes se enfrentan por sus derechos,

sí, entonces, es una guerra civil.

Entonces son parientes contra parientes,

a veces, hermano contra hermano.

Es difícil saber

quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Es un predicamento sumamente tenso

y sumamente difícil de decidir para la gente.

Friederike Baer: Esa incapacidad de definir de verdad

quién es el enemigo es un problema.

Avanzan por el campo y no lo saben,

esa granja, ¿será que es esa granja?

¿Será que son leales?

¿Será que ahí hay rebeldes?

¿Nos van a disparar desde la ventana?

Que era algo que pasaba.

¿En quién confiar?

Los constantes ataques obligaron a los británicos

a abandonar la mayoría de sus puestos de avanzada

en Nueva Jersey.

El invierno terminó con frustración y fracaso.

"La siguiente campaña será complicada.

"Y puesto que todo lo que nos es querido y valioso

"puede depender de lo que suceda,

"procuremos tener un ejército respetable

capaz de enfrentar cualquier exigencia".

George Washington.

La primavera se acercaba

y los ejércitos comenzarían a avanzar de nuevo.

Y Washington quería estar preparado

para lo que estuvieran planeando hacer los británicos.

El Congreso había regresado a Filadelfia,

pero mientras estaban exiliados en Baltimore,

quedó claro que esperar que los delegados

tomaran decisiones inmediatas sobre el campo de batalla

era inviable.

Habían votado para otorgar al general Washington

control total sobre su ejército por un periodo de seis meses,

y lo autorizaron a capturar sin un juicio

a los sospechosos de ser leales

o a cualquiera que se negara a surtir a su ejército.

Algunos delegados

temían que darle tanto poder a Washington

lo convirtiera en un dictador,

traicionando así los principios

por los que se suponía que luchaban.

El general Nathanael Greene quiso tranquilizarlos.

"No veo ningún mal ni peligro

"en que los estados deleguen tales facultades al general.

"Jamás ha existido un hombre en quien estuvieran más seguras

ni una necesidad tan apremiante de hacerlo".

Nathanael Greene.

La mayoría

de los nuevos reclutas de Washington

se enlistaron por tres años y un bono de diez dólares.

Pero a quienes se enlistaron

durante el tiempo que durara la guerra

se les prometió un bono de veinte dólares,

al igual que cien acres "gratis" de tierras indígenas

cuando terminara la guerra.

Philip Deloria: Cuando analizamos lo que le ofrecieron

al soldado continental,

tierras indígenas al final de la guerra,

esas tierras no han sido tomadas,

cedidas ni compradas.

Seguían siendo tierras indígenas, ¿verdad?

Eso nos indica que toda la revolución

se basaba en posibilidades futuras.

Esos soldados eran distintos a los hombres

que se habían alistado después de Lexington y Concord.

En su mayoría,

habían sido granjeros y artesanos,

hombres con propiedades que tenían impuestos por pagar,

acreedores que tranquilizar, cultivos que sembrar y cosechar.

Desde ese momento, el Ejército Continental

estuvo conformado principalmente

por los más pobres entre los pobres:

jornaleros sin empleo y aparceros sin tierra,

segundos y terceros hijos

sin esperanza de recibir una herencia,

deudores y desertores británicos,

sirvientes por contrato y aprendices,

delincuentes que esperaban ser indultados por su servicio,

inmigrantes de Irlanda e inmigrantes de Alemania

o sus descendientes que nunca habían aprendido inglés.

A John Adams,

le preocupaba que solo pudieran persuadir

a "los hombres más infames,

ociosos, desmedidos y despreciables"

de América del Norte

para que sirvieran por más de un año.

Pero sin ellos,

sería imposible conseguir la victoria.

Cuando los discursos patriotas y el ron gratis

no lograron atraer nuevos reclutas,

algunos estados implementaron reclutamientos.

Se sacaban nombres de un sombrero.

Los hombres casados estaban exentos.

Los reclutas con propiedades que quisieran evitar el servicio

podían contratar reemplazos y negociar un pago con ellos.

Algunos pueblos lograron evitar

que sus hombres fueran a la guerra

pagándoles a hombres de aldeas vecinas.

Carolina del Sur publicó avisos en busca de "vagabundos

y personas ociosas y desordenadas".

Miles de afroamericanos, esclavizados y libres,

sirvieron junto a blancos

en unidades desde Nueva Inglaterra

hasta el Sur, en Georgia.

Algunos eran voluntarios, otros habían sido reclutados

y muchos iban en lugar de sus esclavistas miedosos.

Más adelante, Connecticut y Rhode Island

prometieron la libertad a sus reclutas esclavizados

cuando terminara la guerra.

A partir de 1777,

la Revolución Americana, que en parte había empezado

para defender los intereses de los propietarios,

sería librada en su mayoría

por hombres con poco o nada a su nombre.

"Montreal.

"Dos desertores del país rebelde

"me informaron que mi propiedad ha sido tomada

"y que mi esposa e hijos fueron expulsados

"y enviados a través de bosques,

tormentas de nieve y caminos deficientes".

John Peters.

Para huir de la persecución

y luchar por su rey,

el leal de Vermont, John Peters,

había escapado hacia Canadá en 1776,

dejando atrás a su esposa Ann, y a sus seis hijos.

Luego de su deserción,

patriotas se tomaron su casa y expulsaron a su familia.

Con su hijo pequeño en brazos, Ann se las ingenió

para llevarlos a todos hasta el lago Champlain,

donde una embarcación británica los vio y los llevó al norte

para encontrarse con John.

Él recordó que estaban

"desnudos y sucios", pero a salvo.

En las semanas siguientes,

John Peters comenzó a reclutar leales norteamericanos

para su nuevo regimiento: los Leales Rangers de la Reina.

Él sería su comandante,

y su hijo de 15 años en ese entonces, John Jr.,

sería de los primeros en enlistarse.

George Washington: "La viruela ha avanzado tanto

"en todos los aposentos, que considero inevitable

que se siga propagando por todo el ejército".

Con la llegada de nuevos reclutas

a los campamentos del Ejército Continental,

también llegó la viruela,

el flagelo que había amenazado al ejército

al comienzo de la guerra.

Washington siempre se había resistido a la inoculación

porque dejaba a los hombres postrados durante semanas.

Pero ahora, decidió tomar el riesgo.

"No solo he decidido

"inocular a las tropas que están aquí

"que no han tenido viruela,

"también ordenaré a los médicos

que inoculen a los reclutas a medida que lleguen".

George Washington.

Joseph Ellis: Los soldados británicos

eran menos vulnerables a la viruela

porque habían estado más expuestos a ella

en Escocia, Irlanda e Inglaterra.

Washington decidió

que para servir en el Ejército Continental,

primero había que ser inoculado.

Esa fue quizás

la decisión militar más importante que tomó.

El soldado Joseph Plumb Martin

se realistó

y fue inoculado esa primavera junto a otros 400 reclutas

de Connecticut

en un depósito de suministros del Ejército Continental

en Peekskill, en Hudson Highlands.

Tenía tan solo 15 años

cuando se unió a la milicia de Connecticut.

Después de soportar combates, frío, hambre

y un episodio de una enfermedad casi mortal,

Martin decidió que había sido suficiente

y dejó su regimiento en diciembre.

Pero la vida en la granja de sus abuelos

pronto lo aburrió,

y cuando reclutas locales creyeron que lo convencerían

de servir en el Ejército Continental en su lugar,

comenzaron a apostar entre sí.

"Pensé

"que bien podía ofrecer mi pellejo al mejor postor.

"Se me olvidó la suma.

"Ahora ellos eran libres de cualquier otra preocupación,

"al menos por ahora,

pero yo volvía a ser soldado".

A mediados de mayo,

la fuerza de Washington en Morristown

alcanzaba casi los 12,000 hombres.

"En este momento reina una calma absoluta

"en los hemisferios político y militar.

"La superficie está tranquila y el aire, sereno.

"Ni un aliento, ni oleaje.

No hay noticias ni rumores".

John Adams.

"¿Por qué medios, si se puede saber,

"esperan derrotar a Estados Unidos?

"Si no lo lograron en verano,

"cuando nuestro ejército era menos que el de ustedes,

"ni en invierno,

"cuando no teníamos nada, ¿cómo piensan lograrlo?

"No es posible que sean tan insensatos

"para no darse cuenta

"que tenemos una ventaja de dos a uno,

"porque con un empate nosotros vencemos,

pero ustedes con un empate, pierden".

Thomas Paine.

En Londres, Lord George Germain,

secretario de Estado para América del Norte,

estaba avergonzado por lo prolongado de la guerra

y preocupado por la creciente oposición en el Parlamento.

Para Germain, los reveses en Trenton y Princeton

eran "extremadamente humillantes",

calificó el fracaso de Sir Guy Carleton

de injustificable,

de no tomarse el fuerte Ticonderoga

el otoño anterior.

Afirmó que las repetidas ofertas de indulto

por parte de los hermanos Howe a los rebeldes

eran "sentimentales"

e insistió que en su lugar sometieran a los norteamericanos

a padecer lo que llamó

"una vívida experiencia de pérdidas y padecimientos".

Stephen Conway: La dirección de la guerra

recae en gran medida en Lord George Germain,

quien coordina y organiza

las operaciones militares británicas.

En términos logísticos, librar una guerra

a tres mil millas de las islas británicas

era un esfuerzo tremendo

en la época de los barcos de vela.

Christopher Brown: Cuando el Gobierno británico

recibe información

sobre lo que sucede en el terreno,

ya tienen semanas de atraso.

Entonces, emiten órdenes

para cosas que van a pasar en dos o tres meses.

Ya se imaginarán lo que eso significa

en la toma de decisiones real.

El general John Burgoyne,

un galante favorito del rey, había convencido a Germain

de ponerlo a cargo de un ejército en Canadá

con la promesa de tener éxito

en una segunda invasión de las colonias,

donde había fracasado el general Carleton.

"No imagino

"que exista una expedición más formidable para el enemigo

"o más eficaz para poner fin a la guerra,

que una invasión desde Canadá por Ticonderoga".

John Burgoyne.

Burgoyne propuso un ataque de tres frentes.

Él lideraría un ejército hacia el sur

para tomarse Ticonderoga y luego se tomaría Albany.

Al oeste, una fuerza de distracción

avanzaría por el lago Ontario y el valle del río Mohawk,

consiguiendo el apoyo

de indígenas y leales en su camino.

Finalmente, Sir William Howe debía liderar a su ejército

por el Hudson desde Nueva York

para completar la unión de las tres fuerzas

y aislar a Nueva Inglaterra,

pero el general Howe tenía otros planes.

"Estoy plenamente convencido

"de que el ejército principal

"debe actuar de manera ofensiva para tomarse Filadelfia,

"donde sin duda se concentrará la mayor fuerza del enemigo.

"En este momento, los rebeldes están motivados

"por la esperanza de recibir ayuda de Francia.

"Si esa puerta se cerrara de algún modo,

en mi opinión, eso acabaría con la rebelión".

William Howe.

Stephen Conway: En las guerras europeas del siglo XVIII,

capturar la ciudad capital del enemigo

solía poner fin a la guerra.

Claro que Estados Unidos no tenía una ciudad capital

al estilo de París en Francia o Londres en Gran Bretaña,

pero tenía a Filadelfia, que era vista

como la sede política de la rebelión.

Howe se obsesionó con tomarse Filadelfia

y derrotar al ejército de Washington.

Puesto que, Lord Germain,

no logró conciliar las estrategias,

incompatibles entre sí,

sus dos comandantes, Howe y Burgoyne,

planificaron dos campañas distintas sin apoyo mutuo.

No se encontrarían en el Hudson,

pero Burgoyne estaba tan seguro de su victoria

que, incluso antes de zarpar, apostó una suma considerable

con el líder de la oposición en el Parlamento

y afirmó

"que volvería a casa victorioso en el día de Navidad" de 1777.

"Si el frenesí de la hostilidad persiste,

"los emisarios de la justicia y la ira

"los esperan en el campo de batalla,

"así como devastación, hambruna

"y todos los horrores simultáneos

"que una operación militar,

reacia pero indispensable, debe provocar".

John Burgoyne

Cuando Burgoyne llegó a Quebec,

estaba convencido de que miles de indígenas americanos

se unirían a su ejército.

De hecho, menos de 500 hombres acudieron a su llamado:

mohawks, algonquinos, abenakis y wyandots,

provenientes de siete aldeas a lo largo del río San Lorenzo,

se le unieron por varias razones:

en busca de los honores de la guerra,

para recibir bienes británicos en pago por su servicio

y por el afán de saldar viejas cuentas

con aquel pueblo que odiaban y que llamaban "bostonianos".

Darren Bonaparte: El valle del río Hudson,

el valle del río Mohawk, las montañas Adirondack,

el lago Champlain

hasta el valle del río San Lorenzo.

Ese había sido el campo de batalla

de las potencias coloniales durante siglos.

Nuestro pueblo fue arrasado en esas guerras,

y gran parte de lo que sucedió se debió a las decisiones

que tomaban reyes y reinas en Europa.

Aquí tuvo lugar un importante torneo de ajedrez

y nosotros éramos los peones.

El 20 de junio de 1777,

el enorme ejército de Burgoyne comenzó a avanzar hacia el sur

por el lago Champlain.

Primero iban veintenas de canoas de abedul

con indígenas americanos,

seguidas por barcos de guerra de la Armada Real

y 200 botes

con más de 6,500 soldados británicos y alemanes,

tropas leales y canadienses francófonos,

junto con varios niños y cientos de mujeres.

El fuerte Ticonderoga, en el costado oeste del lago,

era el primer objetivo de Burgoyne.

Ahora estaba conectado por un puente flotante

a una fortificación a otra cima en el Este

llamada monte Independencia.

Empeñado en tomarse ambos puestos de avanzada,

Burgoyne

envió fuerzas por tierra a ambos costados del lago.

Esperaba tener que montar un asedio a gran escala.

Pero un oficial británico rápidamente reconoció

un error fatal en las defensas rebeldes.

Casi a una milla al suroeste de Ticonderoga

se alzaba una colina con vista a ambos fuertes.

Estaba desprotegida.

Si lograban llevar armas británicas

a ese terreno elevado,

el fuerte Ticonderoga y el monte Independencia

quedarían totalmente expuestos.

Cuando los patriotas vieron atónitos

a los casacas rojas

mirando desde la cima en la tarde del 5 de julio,

el general estadounidense Arthur St. Clair

ordenó abandonar ambas fortificaciones.

A la mañana siguiente, las tropas británicas

izaron la bandera del rey en el fuerte Ticonderoga.

Los estadounidenses huyeron en dos direcciones

mientras los hombres de Burgoyne los seguían de cerca.

Después de horas de caminar bajo el calor,

los patriotas que se dirigían al Este

hicieron un alto temporal

en un pequeño y desierto asentamiento fronterizo

llamado Hubbardton.

"La mañana después de nuestra retirada,

"recibimos órdenes muy temprano

"de refrescarnos y prepararnos para marchar.

"Algunos comían, otros cocinaban,

"ninguno estaba en posición para una batalla.

"Entonces se escuchó un grito:

¡El enemigo está sobre nosotros!"

Ebenezer Fletcher,

segundo regimiento Nueva Hampshire.

Ebenezer Fletcher tenía 16 años

y era de New Ipswich, Nueva Hampshire.

A medida que la amenazante línea de casacas rojas se acercaba,

disparando mientras avanzaban,

el segundo regimiento de Nueva Hampshire

respondió al fuego y comenzó a buscar refugio.

"Gran parte de nuestro destacamento

"huyó al bosque.

"Yo logré refugiarme y descargué mi arma,

"pero antes de poder recargarla, recibí un disparo de mosquete

en la parte baja de la espalda y caí con el arma cargada".

Ebenezer Fletcher

La lucha se intensificó en otros frentes.

En el feroz combate que siguió,

los estadounidenses resistieron bastante bien

el embate de algunos de los soldados profesionales

mejor entrenados de Gran Bretaña.

Al final, los británicos ganaron,

pero estaban muy agotados

como para ir tras los estadounidenses en retirada.

Aunque estaba muy adolorido,

Ebenezer Fletcher decidió escapar.

Se escabulló hacia el bosque,

evadió lobos hambrientos y grupos de leales,

y finalmente, llegó a casa a New Ipswich, Nueva Hampshire.

Cuando sanó,

regresó a servir su alistamiento de tres años

en el Ejército Continental.

"En nada me afecta que mi vecino diga

que existen veinte dioses o ninguno.

No me afecta el bolsillo ni me lastima físicamente".

Thomas Jefferson.

La mayoría de revolucionarios

pertenecían a denominaciones protestantes,

pero también había católicos y judíos,

al igual que musulmanes,

que habían cruzado al otro lado del Atlántico

con su fe en barcos esclavistas.

En la filosofía

de algunos de los Fundadores de Estados Unidos

más influyentes

era central la creencia en un ser supremo,

pero uno que no interferiría en los asuntos de los hombres

ni hacía distinción entre una fe y otra.

Eran deístas

y creían que era responsabilidad de cada persona

llevar una vida virtuosa que solo era posible

a partir de la tolerancia y de una vida de aprendizaje:

la búsqueda de la felicidad.

Gordon Wood: Los revolucionarios

creían que el pueblo estadounidense

debía recibir educación.

Sin educación,

no habría virtud entre la población,

y sin virtud entre la población, el gobierno fracasaría.

Las repúblicas se basan

en que la autoridad viene desde abajo,

a diferencia de las monarquías, donde viene desde arriba.

Así que se necesita una población educada, virtuosa,

y usan ese término una y otra vez,

lo toman de la antigüedad, una población virtuosa

para que un gobierno republicano sobreviva.

"Nuestros estados hermanos de Pensilvania y Nueva York

"han subsistido durante mucho tiempo

"sin ninguna religión establecida.

"Han hecho el feliz descubrimiento

"de que la forma de poner fin a las disputas religiosas

"es no prestarles atención.

"Demos también una justa oportunidad

a este experimento".

Thomas Jefferson.

"Para Lord Germain.

"Tengo el honor de informar a su señoría

"que el enemigo

"fue expulsado de Ticonderoga y monte Independencia,

"y ese mismo día fue llevado

"más allá de Skenesborough por la derecha

y de Hubbardton por la izquierda".

General John Burgoyne.

Los ejércitos avanzaban

a un ritmo vertiginoso.

Las fuerzas de Burgoyne

llegaron a Skenesborough el 9 de julio.

Pero habían rebasado su inmenso tren de suministros.

Burgoyne

decidió enviar sus armas por agua

al sur del lago George.

Pero sus hombres debían marchar por el bosque

hasta el fuerte Edward en la ribera este del Hudson,

a tan solo 23 millas.

El general Philip Schuyler,

comandante del Departamento Norte del Ejército Continental,

envió hacheros al bosque para retrasar

la avanzada terrestre de Burgoyne.

Dejaría que el bosque peleara por él.

El estrecho camino

entre Skenesborough y el fuerte Edward

pasaba a lo largo de una corriente serpenteante

llamada arroyo Wood.

Los estadounidenses talaron árboles

cada unos cuantos pies a ambos lados del camino

para que las ramas enmarañadas hicieran imposible cruzar.

También destruyeron

unos 40 puentes rudimentarios que cruzaban el arroyo

y con bloques de piedra

inundaron el terreno pantanoso que lo rodeaba.

Los hombres de Burgoyne tardaron tres agotadoras semanas

para transformar el camino en un sendero

para llevar sus carretas.

Y todavía le quedaba un largo camino

hasta su principal objetivo:

Albany.

"¡Oh, la guerra americana!

"Oí, vi, sentí, olí y saboreé sus infortunios

"durante 92 largos meses:

"hambrunas, llagas, enfermedades, plagas, batallas,

"casas saqueadas y quemadas, pueblos despoblados,

jardines convertidos en tumbas".

Roger Lamb.

Entre los hombres del ejército de Burgoyne

estaba el cabo irlandés Roger Lamb,

quien registró sus memorias por escrito y con acuarelas.

En ese entonces, otros 400 indígenas americanos

de los Grandes Lagos: Fox, menomini, ojibwes, potawatomis,

sauk y winnebagos, se habían unido a Burgoyne.

Sus aliados indígenas

atacaron a las fuerzas patriotas en retirada.

En una ocasión, mataron a 22 hombres

y les quitaron el cuero cabelludo

para aterrorizar

a quienes fueran enviados en su búsqueda.

"Eso infunde pánico en nuestros hombres.

"Y no es de sorprender cuando tenemos en cuenta

"los peligros que corren

"al ser atacados desde residencias,

"en bosques tan espesos

"que no les permiten ver más allá de tres yardas,

"para después oír el maldito alarido de la guerra

que hace retumbar los bosques por millas a la redonda".

General John Glover.

Los colonos también eran atacados,

sin importar en qué bando estaban.

Una joven llamada Jane McCrae

fue asesinada cuando iba de camino

a verse con su prometido leal.

Cuando llevaron su cuero cabelludo

al campamento de Burgoyne,

amenazó con colgar al perpetrador.

Philip Deloria: Es poco lo que se sabe de Jane McCrea.

Al parecer su cabello era castaño rojizo

y era una persona promedio.

Pero rápidamente Jane McCrea pasó a ser rubia,

y su cabello era muy largo y hermoso.

Era pura y bella.

Y le arrebataron la vida en la flor de la juventud.

Darren Bonaparte: Fue algo demasiado cautivador,

trágico y aterrador.

Se volvió parte de la propaganda de la guerra.

Lo usaron en nuestra contra.

Philip Deloria: Sucedió

que los propagandistas estadounidenses

no solo atacan a los indígenas, también lo usan para atacar

a los británicos y las políticas británicas.

Jane McCrea murió por el apoyo militar

de los británicos a los indígenas.

Se convirtió en un argumento cultural muy, pero muy poderoso.

Cientos de soldados patriotas

siguieron en su huida hacia el sur.

A finales de julio de 1777,

la mayoría de las fuerzas estadounidenses

que quedaban en la región

se habían retirado hacia Saratoga,

un pequeño grupo de casas al norte de Albany.

"Para el general Washington.

"Nuestro ejército es escaso en números.

"Anticipo que esta región del país

"pronto caerá en sus manos

a menos que recibamos refuerzos rápidamente y en gran cantidad".

General Philip Schuyler.

Washington quedó consternado

cuando supo de la caída de Ticonderoga.

Pero también compartía la opinión de Nathanael Greene

de que "las victorias del general Burgoyne

bien podrían alimentar su vanidad

y conducirlo a la ruina total".

Para tratar de provocar esa ruina,

Washington tomó un riesgo calculado

y envió varios de sus mejores oficiales al norte:

al general Benedict Arnold,

cuyo "proceder y valentía" admiraba profundamente,

así como al coronel Daniel Morgan

y sus rifleros hombres de la frontera de Virginia.

"El general Washington

"es sin duda un hombre sorprendente,

"un genio natural, un general nacido en el cielo,

"si es que tal cosa es posible.

"Que un capataz de esclavos haya logrado,

"con una banda de andrajosos e indisciplinados,

"la escoria y la basura

"de todas las naciones de la Tierra,

"mantener a raya a un general británico

por tanto tiempo es asombroso, es demasiado".

Nicholas Cresswell.

Burgoyne

seguía confiado en que se tomaría Albany.

Le aseguró a Lord Germain

que los obstáculos que los patriotas

estaban poniendo en el camino de su ejército

eran meros actos de "desesperación y locura".

En algún momento tuvo la esperanza

de unir fuerzas con el general Howe

en el río Hudson,

pero Howe ya iba camino a Filadelfia.

Rick Atkinson: El general Howe

no puede atravesar Nueva Jersey por tierra

porque los estadounidenses son lo suficientemente fuertes

para hostigar a la columna que debe enviar por ahí.

Así que decide que su ejército viaje en barco.

Con los vientos a su favor,

la flota habría tardado un poco más de una semana.

Pero los vientos amainaron

o soplaron en dirección contraria.

Tormentas eléctricas

rompieron mástiles y rasgaron velas.

El agua y las provisiones escaseaban.

En lugar de ir río arriba por el río Delaware

bajo fuego patriota,

los británicos navegaron hacia el sur

y se aproximaron a Filadelfia por la bahía de Chesapeake.

"Ojalá pudiéramos enfocarnos en su objetivo.

"Su comportamiento es tan misterioso

"que nos es imposible analizarlo

de modo que lleguemos a una conclusión certera".

George Washington.

Cuando Washington finalmente se enteró

de que los británicos habían llegado a Chesapeake,

se dio cuenta hacia dónde se dirigían

y se apresuró con su ejército para defender Filadelfia.

"Creo que no cabe la menor duda de que Howe

"tiene la mira puesta aquí.

"Nos da la oportunidad de desplegar la fuerza

"de todos los estados del centro en su contra,

"mientras que Nueva York y Nueva Inglaterra

"destruyen a Burgoyne.

"Este es el momento.

"Nunca ha habido una mejor oportunidad

"para que mis compatriotas salgan

y hagan trizas a ese bravucón fanfarrón y botarate".

John Adams.

A comienzos de agosto,

el general Burgoyne estaba en problemas.

Había llegado al Hudson por el fuerte Edward,

pero estaba a 50 millas de Albany.

Quería seguir adelante,

pero para hacerlo necesitaba más provisiones.

Cuando se enteró de que tan solo un puñado de milicianos,

vigilaba un depósito de los rebeldes

de tamaño considerable en Bennington,

ordenó que casi 800 hombres, británicos, alemanes,

indígenas americanos, francocanadienses y leales,

se lo tomaran.

Los hombres hablaban unos cinco idiomas distintos.

Su comandante,

el teniente coronel Friedrich Baum,

estaba seguro de que sus fuerzas disciplinadas

no tenían nada que temer de lo que llamó

una "vulgar milicia".

Friederike Baer: Baum no hablaba inglés.

No conocía bien el terreno.

Había cierta confusión

sobre hacia dónde se dirigían y a quién se enfrentaban.

Se dirigen a Bennington y se encuentran

a una gran cantidad de estadounidenses

apostados allí, que no habían previsto.

Había mucho más que un "puñado" de milicianos.

Unos 1,800 neoingleses y neoyorquinos

los estaban esperando.

A cuatro millas al oeste de Bennington,

el coronel Baum desplegó su ejército

en un arco amplio con dos puntos sólidos:

un reducto construido apresuradamente

en el centro de una colina boscosa

de 300 pies

con soldados británicos y alemanes,

y un segundo reducto en una colina menos elevada

que defendía John Peters,

quien había llevado a sus Leales Rangers de la Reina

desde Canadá hasta cerca de su antiguo hogar en Vermont.

El 16 de agosto a las tres de la tarde,

el comandante patriota John Stark de Nueva Hampshire,

un veterano combatiente de Breed's Hill,

Trenton y Princeton, envió a sus hombres.

Rápidamente,

rodearon y superaron a los alemanes en número.

Baum instó a sus dragones

para que trataran de abrirse camino

entre la nube de milicianos.

Cayó momentos más tarde herido de muerte.

Entretanto,

en el reducto de los leales y su alrededor,

viejos amigos luchaban unos contra otros.

"A medida que se acercaban los rebeldes,

"vi a un hombre que me disparó, y yo se lo devolví.

"Él volvió a cargar su arma y salió gritando,

"Peters, maldito leal, ¡te tengo!"

"Me di cuenta de que era un capitán rebelde,

"Jeremiah Post,

"un compañero de escuela, de juegos y primo de mi esposa.

"Se me abalanzó con su bayoneta,

"me la clavó justo por debajo del pecho izquierdo,

"pero el hueso la giró.

"Aunque su bayoneta estaba clavada en mi cuerpo,

sentí pena de verme obligado a acabar con él".

Teniente coronel John Peters, Leales Rangers de la Reina.

La batalla continuó toda la tarde.

Finalmente, los patriotas se impusieron.

Herido y acompañado por su hijo,

John Peters

guió a los sobrevivientes de su regimiento

de regreso al campamento de Burgoyne.

Fueron pocos los hombres de Baum

que se salvaron de morir, ser heridos o capturados.

A los prisioneros los amontonaron

en la casa de reuniones de Bennington,

y muchos estaban heridos de gravedad.

Mujer 1: "Pasaban por todas las etapas del sufrimiento

"y algunos agonizaban.

"Varios de sus compañeros con heridas menos graves

"se acercaban a un camarada moribundo,

"se arrodillaban a su lado, lo tomaban por las manos,

"bajaban la cabeza,

"se movían hacia adelante y hacia atrás

"y murmuraban plegarias en su idioma.

Cuando la muerte llegaba, seguían con otro soldado".

En Bennington,

Burgoyne perdió casi el 15 por ciento de su ejército

y no consiguió nada.

Las garantías

sobre la casi universal simpatía de los leales

resultaron ser completamente erradas.

"En este momento en el país

"abunda la raza más activa y rebelde del continente,

y amenaza mi flanco izquierdo como una tormenta inminente".

John Burgoyne

Hombre 1: "Resuelve que la bandera de Estados Unidos

"sea de trece franjas alternando rojo y blanco.

"Que la unión tenga trece estrellas blancas

"sobre un fondo azul,

representando una nueva constelación".

En una breve reunión dedicada en su mayoría

a asuntos tributarios,

el Congreso Continental pidió una nueva bandera

para representar a su nuevo país.

Pero dos años más tarde, el comité del Congreso

a cargo del ejército seguía lamentándose

porque todavía no había un "estandarte nacional".

Algunas compañías de milicia y corsarios

diseñaron sus propias banderas

y pedían a sus esposas e hijas que las hicieran.

Si bien los artistas

solían incluir las estrellas y las franjas

en sus representaciones románticas

de sobre los sucesos de la revolución tras la guerra,

no hay certeza de que el Ejército Continental

la haya izado en un campo de batalla.

Tampoco se sabe con certeza quién confeccionó la primera.

"Sabemos que los indígenas

"tienen el concepto más elevado de libertad

"entre todos los pueblos de la Tierra,

"un pueblo que jamás piensa en las consecuencias

"cuando sienten que su libertad se ve amenazada,

así pueda significar su ruina".

George Croghan.

Los haudenosaunee

eran una unión centenaria integrada por las Seis Naciones:

Seneca, Cayuga, Onondaga, Tuscarora,

Oneida y Mohawk.

Todas podían actuar según sus intereses,

pero se esperaba que actuaran en conjunto

en asuntos que las afectaban a todas.

Comparaban su confederación con una Gran Casa Comunal.

Los senecas eran los guardianes de la puerta Oeste,

los mohawks, de la puerta Este.

En el centro estaban los onondaga,

donde los representantes se reunían

alrededor del Gran Fuego del Consejo.

Colin Calloway: Normalmente,

las cosas se debaten hasta que todos dicen,

"bien, esto es lo que haremos".

Y eso se había mantenido, ¿no?

A pesar de los golpes, los maltratos y los bombardeos

durante las guerras coloniales y todo lo demás,

eso se mantuvo, pero entonces llegó la revolución.

Darren Bonaparte: Para nosotros, el pueblo mohawk,

se trataba de sobrevivir.

Punto.

Nadie sabía qué bando sería la mejor decisión.

La mayoría nos inclinamos en cierto modo

por los británicos

porque se habían ganado nuestro respeto

al derrotar a los franceses

y defender nuestros intereses en gran medida

cuando lidiaban con los colonos.

"Los disturbios en América del Norte

"son de gran preocupación para todas nuestras naciones.

"Los mohawks, nuestra nación en particular,

"ha demostrado en todo momento

su fervor y lealtad al gran rey".

Thayendanegea.

Ningún mohawk se identificó tanto

con los británicos como Thayendanegea,

también conocido como Joseph Brant.

Su hermana Molly, se había casado

con el superintendente británico de asuntos indígenas,

y sus conexiones permitieron a Brant

hacerse un nombre entre los ingleses.

A los 15 años luchó por la Corona

en la guerra Franco-India,

asistió a una escuela misionera inglesa

y, en 1776, viajó a Londres,

donde reafirmó la lealtad de su pueblo hacia Gran Bretaña

en una audiencia con el rey Jorge III.

Colin Calloway: Muchos de los pueblos indígenas

de aquella época son desconocidos para nosotros

en cierta medida, porque no contamos

con representaciones precisas de ellos.

Pero Joseph Brant

es una de las principales excepciones,

cuyo retrato no se pintó una, sino muchas, muchas veces.

Estamos hablando del siglo XVIII.

No se pintaba el retrato de cualquiera.

Era poco común que pintaran tu retrato varias veces.

Creo que controlaba su espacio.

"Yo echo por tierra

el estereotipo de la imagen del indígena salvaje".

Brant había luchado contra los patriotas

en la batalla de Long Island

y luego comenzó a viajar de pueblo en pueblo

en las Seis Naciones,

instando a los jóvenes a unírsele.

Les dijo que era imperativo "defender nuestras tierras

y nuestra libertad contra los rebeldes quienes,

en gran medida, dieron inicio a la rebelión

para ser los únicos dueños del continente".

Pero debido a la forma en que Brant parecía moverse

entre los mundos indígena y británico,

a los dirigentes más tradicionales

les molestaba la ambición de este jefe secundario

de llevarlos a la guerra y prefirieron aguantar

hasta que quedara claro que Gran Bretaña iba a ganar.

Entonces, Brant reunió a sus "voluntarios" armados,

de los cuales solo unos cuantos eran de las Seis Naciones.

Quizás un 80 por ciento

eran colonos leales disfrazados de indígenas.

A comienzos de agosto, los hombres de Brant

estaban con las fuerzas británicas

cuando dieron inicio a la segunda parte

de la gran estrategia de Burgoyne

para tomarse el Hudson

y aislar a los estados de Nueva Inglaterra.

Comenzaron por sitiar el fuerte Stanwix,

un puesto de avanzada patriota

en el extremo Oeste del río Mohawk,

un lugar de encuentro crítico

que conectaba a los Grandes Lagos con el Este.

Los británicos creían que el fuerte

contaba con pocas defensas y que estaba en mal estado.

De hecho, lo defendían unos 600 soldados continentales,

quienes habían reforzado las fortificaciones

ante la insistencia de unos oneidas

que se asentaron en el valle

y no compartían el entusiasmo de Joseph Brant hacia la Corona.

La Revolución Americana

estaba a punto de sumir a las Seis Naciones,

antes unidas, en su propia guerra civil.

Colin Calloway: Muchos oneidas

eran más cercanos a los estadounidenses.

Algunos se casaron con ellos.

En muchas instancias,

los oneidas estaban rodeados de colonos estadounidenses.

Cuando una columna de milicia de 800 patriotas,

al mando del general Nicholas Herkimer

llegó a Oriska,

un asentamiento oneida en el arroyo Oriskany

a tan solo ocho millas del asediado fuerte Stanwix,

sesenta jefes y guerreros oneida se les unieron.

Estaban listos para luchar junto a sus vecinos blancos

para frustrar la invasión británica.

Joseph Brant y sus hombres los estaban esperando,

junto a cientos de otros mohawks, senecas y leales.

En la mañana del 6 de agosto de 1777,

mientras la larga columna de Herkimer

avanzaba por un barranco y cruzaba un arroyo,

los leales les dispararon desde arriba

al tiempo que cientos de indígenas americanos

aliados con los británicos

corrían entre los sorprendidos hombres,

empuñando hachas de guerra, garrotes y cuchillos

para remover cuero cabelludo.

Darren Bonaparte: Fue una masacre.

Lo que pasó fue horrendo.

Incluso los indígenas que sobrevivieron a la guerra

dijeron nunca haber experimentado algo así.

Quizás unos 400 milicianos patriotas

yacían muertos,

junto con unos 30 de sus aliados oneidas.

Casi 100 soldados del bando británico murieron

o resultaron heridos, entre ellos 65 indígenas.

Los mohawks y los senecas estaban acostumbrados a combates

que dejaban muchas menos bajas, y quedaron estupefactos.

"Allí vi la mayor cantidad de cadáveres

"que había visto jamás y que nunca volveré a ver.

"En ese momento me pareció

"que la sangre fluía como un arroyo por la pendiente.

"Quedaban algunos con vida,

pero no hubo piedad hacia ellos".

Chainbreaker.

Darren Bonaparte: Recordamos la batalla de Oriskany

como uno de esos momentos

en que la Casa Comunal parecía estar en llamas.

El peor escenario de todos los tiempos,

nos estábamos matando entre nosotros en combate.

¿Para qué?

¿Para que alguien más reclamara nuestras tierras?

El fuerte Stanwix se mantuvo firme.

La artillería británica resultó ser demasiado ligera

para dañar sus muros reforzados.

Entonces, se supo que el general Benedict Arnold

y una gran fuerza de continentales

iban en camino a romper el asedio.

Los indígenas americanos aliados de los británicos

decidieron irse a casa, querían llorar a sus muertos.

Sin ellos, la causa estaba perdida.

Los soldados británicos que quedaban

se retiraron y regresaron a Canadá.

El otro ejército que Burgoyne alguna vez esperó

que se le uniera en Albany no llegaría.

Entretanto, el general Horatio Gates,

el nuevo comandante del Departamento Norte

del Ejército Continental,

estaba reuniendo a sus fuerzas de forma metódica

cerca de la villa de Saratoga para detener a Burgoyne.

"Filadelfia es el refugio de los desafectados.

"Hasta el aire es contagioso.

"En general,

"los cuáqueros son lobos disfrazados de ovejas.

"Y mientras se esconden

"tras el pretexto de escrúpulos polémicos,

resultan ser más peligrosos".

Philip Schuyler.

Si bien Filadelfia era el lugar donde los patriotas

estaban tratando de formar un gobierno nacional,

sus ciudadanos estaban profundamente divididos.

Christopher Brown: Creo que uno de los grandes ejemplos

de las dificultades

de cualquier tipo de lugar neutral

es lo que pasó con los cuáqueros durante la guerra.

Los cuáqueros eran conocidos pacifistas

y eso no era suficiente en la América revolucionaria.

Cuando se celebró el primer aniversario

de la independencia estadounidense en la ciudad,

ese julio,

los patriotas pidieron a los dueños de casas

que pusieran velas en las ventanas

como señal de lealtad a la causa.

La casa de Thomas y Sarah Fisher en la calle 2

permaneció a oscuras esa noche y le rompieron quince ventanas.

Los Fisher eran cuáqueros y, por lo tanto,

oficialmente neutrales: su fe, explicó un creyente,

afirmaba que "establecer y derrocar reyes y gobiernos

era una prerrogativa exclusiva de Dios".

Los patriotas acostumbraban saquear sus tiendas y bodegas

para abastecer al Ejército Continental.

Pero los Fisher eran desafiantes:

no aceptaban dinero continental

ni pagaban impuestos que financiaran la guerra,

y se negaron a denunciar al rey Jorge III.

El 23 de agosto,

los Fisher, cabalgaron hacia Stenton,

la casa de campo de la familia de Sarah cerca a Germantown.

"En el camino nos enteramos

"de la desagradable noticia

"de que el ejército de Washington pasaría por ahí.

"Nos topamos con varios carruajes

"y jinetes ligeros,

"y al llegar a Stenton descubrimos

"que la guardia personal de Washington

"se había tomado nuestra casa.

"Fueron educados y eran muy tranquilos.

"Y Washington se veía

extremadamente serio y pensativo".

Sarah Fisher

El 24 de agosto,

Washington desfiló con sus hombres

por las calles de Filadelfia.

Esperaba convencer a sus ciudadanos

de que su ejército sería capaz de defenderlos.

Muchos entre la multitud los vitorearon;

otros permanecieron inexpresivos.

Entre los oficiales

que cabalgaban junto a Washington ese día,

había un francés,

Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier,

el marqués de La Fayette.

El Congreso acababa de nombrarlo mayor general.

Tenía tan solo 19 años.

"El bienestar de Estados Unidos

"está íntimamente ligado a la felicidad de la humanidad.

"Se convertirá en el merecido y seguro refugio de la virtud,

"la honestidad, la tolerancia,

la igualdad y de la libertad serena".

La Fayette

Stacy Schiff: La Fayette

no hablaba na palabra de inglés.

Solo tiene la certeza de que el continente americano

es en el que se hará un nombre, en el que se juega su gloria,

y está dispuesto a hacer lo necesario

para conseguir la independencia de Estados Unidos.

Europa estaba en paz por el momento

y La Fayette,

era tan solo uno de tantos jóvenes oficiales

de Francia, Baviera, Prusia y Polonia,

ansiosos por demostrar su destreza

en el campo de batalla en el Nuevo Mundo.

Pero La Fayette se destacaba.

Era tan adinerado que compró el barco

en el que él y una docena de aspirantes a oficiales

cruzaron el océano.

Su experiencia militar era mínima,

pero su padre

había sido asesinado por la artillería británica

cuando él tenía dos años.

"Dañar a Inglaterra es servir a mi país", dijo.

Y estaba decidido a convertirse en un mayor general de verdad

al mando de su propia división.

Iris De Rode: Para George Washington,

La Fayette era interesante.

Contaba con dinero

que podía invertir en comprar uniformes y suministros.

Tenía muy buenos contactos en la corte francesa

porque él mismo pertenecía a una familia muy poderosa.

Entonces, si lograba abogar por la causa

de la Revolución Americana en Francia,

podría conseguir un importante respaldo

desde Versalles.

A Washington le agradó desde el inicio,

pero no consideró darle un mando

hasta verlo en acción en el campo de batalla.

Hasta ese momento, dijo,

La Fayette sería parte de su estado mayor

y se consideraría parte de su "familia militar".

"Me siento en una situación muy dolorosa

"entre la esperanza y el miedo.

"Me temo que habrá combates y batallas sangrientas también.

"¿Por qué se le llama humano al hombre

"cuando se deleita tanto con la sangre, la matanza

"y la devastación?

"Incluso las naciones que se dicen civilizadas

"creen que vale la pena disputarse este pequeño lugar

así les cueste sangre".

Abigail Adams.

El 25 de agosto,

después de cinco miserables semanas en el mar,

el ejército de 16,000 hombres del general Howe

finalmente comenzó a desembarcar

cerca de la desembocadura del río Elk en Maryland.

Rick Atkinson: Estaban en pleno verano.

Hace un calor sofocante.

Esos hombres llevan semanas en los barcos.

Los caballos caían como moscas.

Pero desembarcaron en la cabecera

de la bahía de Chesapeake,

y salieron en busca de los estadounidenses.

"Casi todas las maniobras de guerra

"de América del Norte son iniciativas

"que se ven obstaculizadas por innumerables dificultades.

"Es imposible adquirir

"un conocimiento preciso del país,

"pues está atravesado por bosques, montañas,

ríos y pantanos por todas partes".

General William Howe.

Para bloquear el avance del enemigo

en Filadelfia,

George Washington interpuso a su ejército

de 14,000 hombres a lo largo del río Brandywine,

a unas 30 millas al Oeste de la ciudad.

La mayoría del ejército custodiaba Chadds Ford,

listos para enfrentar

al ejército de Howe en campo abierto.

Washington se aseguró de que sus hombres

supieran lo que estaba en juego.

"Si el enemigo es derrotado,

"se acaba la guerra.

"Un golpe audaz

"bastará para evitar más devastación y llamas.

Si nos comportamos como hombres, esta campaña será la última".

George Washington

El general Howe, que ahora acampaba

cerca de la aldea Kennett Square,

también estaba ansioso por una batalla culminante.

No creía poder acabar con la rebelión

de un solo golpe,

pero si lograba destruir el ejército de Washington

y tomarse Filadelfia,

su objetivo sería mucho más sencillo de alcanzar.

Su plan era dividir su ejército y rodear el de Washington,

tal como lo había hecho en Long Island el verano pasado.

Un poco menos de la mitad de su fuerza,

al mando del general alemán Knyphausen,

avanzaría hacia Chadds Ford

para mantener al ejército de Washington atrapado ahí,

preparado para un ataque total.

Entretanto,

el resto del ejército del general Howe,

al mando del general Cornwallis y del mismo Howe,

se desplazaría hacia el norte con el mayor sigilo posible

para atacar el flanco derecho del ejército rebelde.

Ese ataque sería la señal

para que Knyphausen en Chadds Ford

atacara al otro lado del Brandywine.

Si todo salía como estaba planeado,

el general Howe podría atrapar al ejército de Washington

entre ambas fuerzas.

De nuevo, Washington,

malinterpreta el terreno.

Ya ha cometido errores tácticos en la batalla de Long Island.

Y comete otro error en Brandywine.

No cree que haya vados en el río Brandywine

que los británicos puedan cruzar a salvo

para rodear a los estadounidenses.

No es cierto, sí hay vados.

Los británicos los encuentran, están bien informados.

Varios leales les sirven como guías

y les dan información sobre el terreno, la topografía,

les muestran en el mapa los lugares

por los que pueden sortear las posiciones estadounidenses.

En la madrugada del 11 de septiembre de 1777,

los generales Howe y Cornwallis

parten en la que será una tortuosa marcha de 17 millas

para ubicarse tras los estadounidenses.

Una mañana con una densa neblina ocultó sus movimientos.

El general Knyphausen y su columna

comenzó a avanzar hacia el Este poco después,

a lo largo del camino Great Post hacia Chadds Ford.

Unidades de avanzada del ejército estadounidense

habían tumbado árboles sobre el camino.

Fusileros ocultos en el bosque

disparaban contra las tropas enemigas.

La artillería estadounidense al otro lado del río

los atacaban con proyectiles.

Pero hacia media mañana, los hombres de Knyphausen

habían hecho retroceder

a las tropas de avanzada estadounidenses

al otro lado del Brandywine,

listos para cruzar el arroyo cuando les dieran la señal.

En su cuartel general, el general Washington

no estaba seguro de lo que pasaba.

Entonces, se acomodó para ver lo que creyó

sería un ataque frontal total a través de Chadds Ford,

justo lo que Howe quería.

Entretanto, los hombres de Howe y Cornwallis

habían cruzado dos vados corriente arriba

que les llegaban a la cintura y marcharon por horas

bajo el intenso calor sin detenerse.

Las fatigadas tropas británicas y alemanas

se detuvieron a descansar en las laderas desnudas

de Osborne's Hill.

Allí permanecieron el tiempo suficiente

para que Washington

se enterara del inminente ataque por su flanco

y ordenara a tres brigadas

abandonar sus posiciones a lo largo del río

para formar una línea defensiva en otra colina

donde estaba la casa de reuniones de Birmingham:

los hombres de John Sullivan de Maryland y Delaware,

los de William Alexander de Pensilvania y Nueva Jersey

y los virginianos de Adam Stephen,

unos 3,000 soldados.

Cerca de las cuatro de la tarde,

Howe ordenó a su mucho más grande ejército

avanzar en tres columnas perfectamente disciplinadas.

Tiradores estadounidenses

les dispararon desde un huerto de manzanas.

La artillería estadounidense destrozó sus filas.

Los casacas rojas seguían llegando.

La brigada de Sullivan se rompió y huyó,

pero los demás aguantaron.

Hombre 2: "Había un fuego infernal de cañones

"y mosquetería,

"con gritos incesantes de: '¡Hacia la derecha!

"¡Hacia la izquierda!

"¡Alto!

"¡Fuego!

"¡Ataquen!'

"Las balas rozaban el suelo,

"los árboles crujían por encima de nosotros,

"la artillería partía las ramas,

la metralla hacía caer las hojas como si fuera otoño".

Nathaniel Philbrick: Una batalla como Brandywine

produjo sufrimiento en ambos bandos.

Fue un infierno en muchos sentidos.

Cañonazos que atravesaban el bosque,

astillas que mataban a los hombres,

les arrancaban los brazos, las piernas.

Los estadounidenses, superados en número,

retrocedieron cinco veces

y cinco veces lograron avanzar de nuevo

hasta que se quebraron.

Si el general Nathanael Greene y sus refuerzos

no hubieran corrido unas cuatro millas

en menos de 45 minutos para cubrir su retirada,

podría haber sido una derrota aplastante.

De regreso en Chadds Ford,

el sonido de la batalla en Birmingham Hill

había sido la señal para que el general Knyphausen

enviara a su ejército a través del Brandywine.

Los patriotas que quedaban no lograron aguantar.

Washington ordenó la retirada.

Cayó la noche.

El general Howe se lamentó

de que si hubiera tenido más tiempo,

habría conseguido

la "destrucción total" del ejército rebelde.

Rick Atkinson: Los estadounidenses

solo escaparon por la gracia de la noche.

Los británicos

no podían seguir persiguiéndolos en la oscuridad.

Es una grave derrota para ellos

porque dejó la puerta abierta hacia Filadelfia.

"Nos dieron otra paliza.

"Pero creo que nos fue tan bien como podía esperarse.

"No vi a nadie desesperado.

"Tampoco escuché lamentos desesperados.

"Siempre tuvimos palabras de consuelo entre nosotros:

"'Vamos, chicos, la próxima vez lo haremos mejor'.

Ese era el espíritu del momento".

Capitán Enoch Anderson.

El espíritu del momento no era generalizado

entre el abatido ejército de Washington

que se tambaleaba entre la oscuridad.

Cientos de hombres se escabulleron entre el monte

y se fueron a casa,

lo que hizo imposible un conteo exacto de las bajas.

Pero se cree que más de 1,000 estadounidenses

fueron asesinados, heridos y capturados

durante la batalla de Brandywine,

casi dos veces más bajas

de las que sufrieron los británicos.

"Nuestros estadounidenses,

"tras resistir con firmeza durante un buen tiempo,

"finalmente fueron derrotados.

"Mientras yo intentaba reagruparlos,

"los ingleses me honraron con un disparo de mosquete

"que me provocó una herida leve en la pierna.

"Pero esa herida no es nada.

"La bala no tocó huesos ni nervios,

solo debo permanecer acostado un tiempo".

Marqués de La Fayette.

"Necesité de todo mi valor y cariño

"para mantener la decisión de seguir a mi esposo.

"Además de los peligros del mar,

"me advirtieron que estaríamos expuestos

"a que los salvajes nos comieran

"y que las personas en América del Norte

se alimentaban de carne de caballo y gatos".

Baronesa Friederike Riedesel.

Cuando el general alemán Friedrich Adolph Riedesel

salió de Europa en 1776 para unirse a la campaña norte

del general Burgoyne,

dejó a su esposa embarazada

y sus dos pequeñas hijas en casa.

Pero tan pronto pudo,

después del nacimiento de su tercera hija,

la baronesa Riedesel,

cruzó el Atlántico con las tres niñas.

A mediados de agosto, se unió a su esposo

y al ejército de Burgoyne en el fuerte Edward.

"Al comienzo todo iba bien.

"Nos aferrábamos a la dulce esperanza

"de una victoria segura

"y de llegar a la 'tierra prometida'.

"Y cuando estábamos cruzando el Hudson,

"el general Burgoyne exclamó,

"'los ingleses nunca pierden terreno',

quedamos sumamente entusiasmados".

Baronesa Riedesel

El 13 de septiembre de 1777,

dos días después de la derrota de Washington

en la batalla de Brandywine,

el ejército del general Burgoyne en Nueva York

comenzó a cruzar el Hudson cerca de Saratoga

por un puente de botes cubiertos de tablones.

Oficiales y hombres, mujeres, niños, caballos, ganado,

carretas y piezas de artillería, tardaron tres días en cruzar.

A unas diez millas al sur de Saratoga

los esperaban los 6,900 continentales

y 1,300 milicianos del general Horatio Gates,

atrincherados a lo largo de Bemis Heights,

una extensa meseta con el río Hudson a la derecha

y a la izquierda

resguardada por acantilados boscosos y escarpados.

El coronel Tadeusz Kosciuszko,

un voluntario polaco con los estadounidenses,

eligió el lugar y dispuso campamentos,

parapetos y emplazamientos de artillería

por todo el lugar en tres cuartos de milla.

Los cañones patriotas

dominaban el camino del río hacia Albany.

Los oficiales tenían una vista clara

del accidentado terreno al otro lado

que los británicos tendrían que recorrer:

barrancos profundos y densos bosques,

intercalados aquí y allá

por campos de cultivo medio despejados.

La mayoría de exploradores indígenas de Burgoyne

ya se habían ido,

así que si bien sabía que los estadounidenses

estaban en algún punto delante de él,

no tenía cómo saber cuántos había

ni en dónde estaban situados con exactitud.

El 19 de septiembre, se propuso averiguarlo

para después intentar atravesar las líneas enemigas.

Dividió a su ejército en tres columnas.

El general escocés Simon Fraser, con casi 3,000 soldados,

se dispuso a ubicar el flanco enemigo,

esperando poder encontrar un terreno alto

desde el cual disparar a los rebeldes.

220 soldados bajo el mando del general alemán Riedesel

se acercaron a lo largo del camino del río.

El mismo Burgoyne, lideró la columna del medio,

de unos 1,700 soldados, para atacar el que él creía

que era el centro de las líneas estadounidenses.

El general Gates,

que observaba desde Bemis Heights,

estaba feliz de esperar.

Esta era su primera comandancia en batalla

y era un hombre cuidadoso y cauteloso.

Las columnas de Fraser y Riedesel se retrasaron.

Pero los hombres de Burgoyne lograron atravesar el bosque

hasta llegar a un claro llamado Freeman Farm,

en donde los fusileros

del general Benedict Arnold y Daniel Morgan

salieron a enfrentarlos.

Rick Atkinson: El general Burgoyne pidió refuerzos.

Riedesel, un comandante muy bueno,

de inmediato envió algunos refuerzos desde el río

para atacar a los estadounidenses

por el flanco derecho.

Así logra detener con éxito

el impulso de los estadounidenses.

La primera batalla de Saratoga, la batalla de Freeman Farm,

básicamente fue un empate.

Se puede decir

que los británicos tuvieron éxito

porque lograron mantener el terreno.

Pero en general, es un resultado inconcluso.

Burgoyne no había localizado

las principales posiciones rebeldes

en Bemis Heights

y había perdido 591 hombres,

casi el doble de los que habían perdido los patriotas.

Y, a diferencia del general Gates,

Burgoyne,

no tenía una posibilidad real de reemplazarlos.

"Fui testigo de todo el incidente

"y cada disparo me hacía estremecer,

"podía escuchar todo.

"Vi una gran cantidad de heridos.

"Y lo más desgarrador de todo, es que incluso

"llevaron a tres de ellos a la casa

en la que yo me encontraba". Baronesa Riedesel

Kathleen Duval: Piensen en cómo se ve

un campo de batalla después de un enfrentamiento.

Está lleno de cadáveres, de sangre y marcas de violencia.

Y el trabajo de las mujeres era ocuparse de esos cadáveres,

limpiarlos, identificarlos de ser posible

y supervisar la sepultura de esos cuerpos.

Parte del trabajo de la guerra es lidiar con la muerte.

"Aunque logramos repelerlos con pérdida,

"nosotros también quedamos debilitados.

"Los cuerpos de los caídos

"a duras penas estaban cubiertos de lodo.

"Y el único tributo de respeto hacia los oficiales caídos

"fue sepultarlos por separado y no en la fosa común.

"La destrucción llega volando,

"la ruina llega como un torbellino,

"arrasando con los mejores oficiales

"y a veces con batallones casi por completo,

desde sus cimientos más firmes".

Roger Lamb.

"Agobiada y exhausta

"por el incesante cambio de mal a peor,

"mi pobre y afligida madre

"aceptó viajar más allá de las montañas

"hacia Winchester.

"Era un nuevo mundo para nosotros, sin duda alguna,

tosco y salvaje como la naturaleza".

Betsy Ambler.

Betsy Ambler y su familia,

de Yorktown, Virginia,

habían estado viajando desde el inicio de la guerra

en busca de un lugar que se adaptara

a la frágil salud de su madre

y en el que pudieran protegerse de los británicos.

Durante décadas, Winchester, Virginia,

en el valle de Shenandoah,

había sido estación de paso

en el Gran Camino de las Carretas

que los colonos tomaban a través de la zona rural

de Filadelfia hacia las Carolinas.

Puesto que era tan tierra adentro,

Winchester tenía nuevas funciones:

era un lugar relativamente seguro

para almacenar suministros militares

y material bélico,

un lugar seguro para los refugiados

y un lugar para albergar prisioneros de guerra.

Los sospechosos de ser leales

solían ser exiliados a Winchester también.

"Comúnmente entablábamos amistad

"con hombres agradables

"que habían sido condenados al destierro

"en este lugar gris acusados de 'desafección',

"como se le llamaba a la gran causa de la libertad.

"Entre los condenados

abundaban distinguidos cuáqueros de Filadelfia".

Betsy Ambler.

Uno de esos cuáqueros era el esposo de Sarah Fisher,

Thomas.

A medida que las tropas avanzaban hacia Filadelfia,

el Congreso y las autoridades locales

estaban convencidos de que él

y otros siete cuáqueros adinerados

se comunicaban con el enemigo.

Los arrestaron, y cuando volvieron a negarse

a jurar lealtad al nuevo gobierno,

los subieron a carretas

y los llevaron custodiados a Winchester.

Sarah Fisher, ahora sola en Filadelfia,

tenía dos hijos pequeños que cuidar

y casi ocho meses de embarazo.

"Me siento abandonada y desolada,

"y el mundo parece un desierto gris,

"casi sin ninguna mano protectora visible

"que nos resguarde de los feroces lobos y leones

"que merodean en busca de presas

"para devorar a aquellos inocentes inofensivos

que no los acompañan en su crueldad y violencia".

Sarah Fisher.

El único crimen de su marido,

dijo Sarah Fisher,

fue verse a sí mismo como súbdito de Gran Bretaña.

Pero se sentía dichosa de ver que los rebeldes

y sus simpatizantes,

incluidos los miembros del Congreso Continental,

ahora huían de la ciudad

por temor a la llegada del enemigo

después de la derrota estadounidense en Brandywine.

"Personas tan confundidas,

"yendo de un lado a otro

"como si no supieran hacia dónde ir o qué hacer.

"Carretas traqueteando, caballos galopando,

"mujeres corriendo, niños llorando,

"delegados huyendo,

"y en general, la mayor consternación,

miedo y terror que se puedan imaginar".

Sarah Fisher.

George Washington

todavía esperaba impedir, de algún modo,

que los británicos ocuparan Filadelfia.

Ordenó al general Anthony Wayne y a su división de Pensilvania

que atacaran la retaguardia del ejército que se acercaba,

pero leales en la región advirtieron al general Howe

que Wayne y sus hombres

acampaban cerca de la taberna Paoli,

y este envió a 1,700 hombres a lidiar con ellos.

A medida que se acercaban por el bosque

en la noche del 20 de septiembre,

se les ordenó remover la piedra de su mosquete

por temor a que el arma de alguien

se disparara y alertara a los rebeldes que dormían.

Apuntaron con sus bayonetas

y salieron de detrás de los árboles

con lo que un oficial británico recordó

como "unos gritos que hicieron eco en la madera".

"La infantería ligera atacó a todos

"los que se le atravesaron con bayonetas.

"Eso y los quejidos de todos los heridos

"es una de las escenas más espantosas que he visto.

Todos los hombres que disparaban eran asesinados de inmediato".

Teniente Martin Hunter.

Al menos 53 patriotas fueron apuñalados hasta morir,

y más de 200 resultaron heridos o fueron capturados.

Los estadounidenses

lo recordarán como la masacre de Paoli.

Washington perdió la esperanza de mantener Filadelfia.

Seis días después de la masacre, el 26 de septiembre de 1777,

el general Cornwallis

entró con 3,000 soldados británicos

triunfantes a Filadelfia.

"Las tropas comenzaron a entrar hacia las 10.

"Una banda musical tocaba una canción,

"que más adelante supe que se llamaba

"'Dios salve al gran Jorge, nuestro rey'.

"Después siguieron los soldados, sin ligereza frívola

"o un júbilo vulgar,

"sino con una gravedad propia de la ocasión

reflejada en sus rostros".

Sarah Fisher.

El general Howe,

con 8,000 tropas más en Germantown,

estableció su cuartel general en Stenton,

la casa de campo de Sarah Fisher que hasta hace pocas semanas

había sido ocupada por George Washington.

En Brandywine,

el general Howe había repetido las tácticas

con las que había ganado la batalla de Long Island.

Ahora Washington esperaba repetir

su exitoso ataque sorpresa en Trenton

al atacar a Howe en Germantown a comienzos de octubre.

El plan de Washington era ambicioso y complicado.

El éxito dependería de dividir a su ejército

de 11,000 hombres en cuatro columnas

que marcharían durante millas en la noche

por caminos mal señalizados para llegar de manera simultánea

a los extremos norte y oeste a las 5 de la mañana en punto

del 4 de octubre.

Entonces, al amanecer,

debían irrumpir en el pueblo por cuatro caminos distintos.

Sería la primera vez durante la revolución

que Washington se atrevería a lanzar a su ejército

contra la principal fuerza británica.

Las columnas de John Sullivan y Anthony Wayne

rápidamente arrasaron con los destacamentos británicos

al norte del pueblo.

Los hombres de Wayne

pronto estuvieron frente a frente

con la infantería ligera británica,

los mismos soldados que habían masacrado

a tantos de sus camaradas en Paoli hacía dos semanas.

"Los nuestros

"se abrieron paso con sus bayonetas

"y se vengaron con creces por el ataque de aquella noche.

Los soldados no reprimieron su rabia y su furia".

Anthony Wayne.

Los estadounidenses

siguieron haciendo retroceder a los británicos

por todo el pueblo

y los llevaron de un patio cercado a otro.

"La fortuna le sonrió a nuestras armas.

"El enemigo estaba quebrado,

"disperso y corriendo en todos los cuarteles.

Nos tomamos todo su campamento". Anthony Wayne.

¡bum!

Ante los estadounidenses,

que avanzaban,

el teniente coronel británico Thomas Musgrave

ordenó que la mitad de su regimiento,

entre 100 y 120 soldados, se escondieran

dentro de la casa más grande de Germantown,

el hogar de Benjamin Chew,

el leal exmagistrado de Pensilvania.

Sus paredes tenían dos pies de ancho.

Musgrave ordenó a sus hombres que bloquearan la puerta

y las ventanas del primer piso con muebles.

Abajo, sus hombres debían atacar con bayonetas

a cualquiera que se atreviera a entrar,

al tiempo que otros disparaban contra los rebeldes que pasaran

desde las ventanas del segundo piso.

Rick Atkinson: A Washington le aconsejaron evitarlos,

pasar por el lado,

aislarlos,

mantener el impulso.

Pero Henry Knox

insistió en que debían tomarse la casa de inmediato.

Afirmó que "sería poco militar

dejar un castillo en nuestra retaguardia".

Washington estuvo de acuerdo.

Con artillería volaron la puerta y dañaron estatuas del patio,

pero no lograron atravesar las paredes.

Los continentales de Nueva Jersey

atacaron la casa una y otra vez,

pero los derribaban en el patio y la escalinata.

A medida que avanzaba el asedio sobre la casa de Chew,

el grueso del ejército estadounidense pasó de largo

y siguió haciendo retroceder a los británicos.

Un triunfo británico parecía posible.

"En ese momento se desató quizás

"la niebla más espesa

"de la que haya sido testigo el hombre,

"la cual, junto con el humo,

"provocó una oscuridad casi como la de medianoche.

"No era posible diferenciar entre amigo y enemigo

a cinco yardas de distancia". Elias Dayton.

Cuando los hombres que se habían adentrado más,

oyeron la frenética balacera que todavía venía

de la Casa Chew,

creyeron que el enemigo de algún modo

estaba detrás de ellos.

Ahora, los patriotas,

fueron los que comenzaron a retroceder.

El mismo general Cornwallis lideró el contraataque.

Sus hombres liberaron a los hombres de Musgrave

de la Casa Chew

e hicieron retroceder a los estadounidenses

por los caminos por los que los habían seguido

hasta el pueblo.

Los británicos habían ganado de nuevo.

"Cabalgué por el campo de batalla

"y, con sorpresa y admiración, me acerqué a la casa

"que había defendido el valiente coronel Musgrave.

"Unos 30 defensores murieron

"o resultaron heridos durante la batalla.

"Conté a 75 estadounidenses muertos.

"Las habitaciones de la casa

"estaban plagadas de balas de cañón

"y parecían un matadero

"por todas las salpicaduras de sangre.

Allí se salvó a todo el ejército inglés".

Johann Ewald.

Para los estadounidenses,

lo que había sido una victoria segura,

porque parecía que podrían hacer retroceder a los británicos

hasta Filadelfia,

se convirtió en una derrota bastante significativa.

Washington volvió a escapar, pero hubo cientos de bajas.

Los británicos capturaron a unos cuantos estadounidenses.

Y la que había sido una mañana gloriosa,

se convirtió en una noche muy sombría.

En su informe al Congreso,

Washington trató de poner la mejor cara que pudo

ante su humillante derrota.

"En general, se podría decir que fue un día

"más desafortunado que perjudicial.

"No sufrimos una pérdida significativa de hombres

"y recuperamos toda nuestra artillería,

"salvo una pieza.

"El enemigo no se benefició para nada del enfrentamiento.

"Y nuestras tropas,

"que no se desmoralizaron en lo más mínimo,

"ganaron lo que ganan todos los soldados jóvenes

al entrar en combate". George Washington.

Jane Kamensky: Yo creo que es muy bueno en eso,

la táctica clave de una fuerza de insurrección,

que es vivir para luchar otro día.

Y logra jugar con éxito a ese juego largo

de evitar que acaben con ellos.

Joseph Ellis: Washington

no es el mejor comandante de campo.

Pero es resiliente.

Y entiende la clase de guerra que está librando.

En algún punto alcanza el entendimiento,

y es un entendimiento básico:

no tiene que ganar.

Los británicos tienen que ganar.

Él solo tiene que no perder.

"Las colonias habían crecido

"bajo constituciones de gobierno tan distintas,

"había una variedad tal de religiones,

"las conformaban naciones tan diferentes,

"sus costumbres, modales y hábitos se parecían tan poco,

"habían tenido tan poco contacto entre sí

"y su conocimiento de las demás era tan imperfecto,

"que unirlas bajo los mismos principios teóricos

"y el mismo sistema de acción

fue una labor muy complicada sin duda".

John Adams.

Tras huir de Filadelfia,

el Congreso Continental se reunió de nuevo

en el tribunal de un pequeño condado en York,

Pensilvania.

Los delegados

tan solo habían tardado 27 días el año anterior

para debatir

y declarar la independencia de Estados Unidos,

pero les tomaría 526 días

dar forma a los Artículos de la Confederación.

En parte, se buscaba que los Artículos

fueran una demostración a Francia

de que las trece antiguas colonias

podían actuar unidas de forma eficaz,

pero el resultado no fue un gobierno.

Maggie Blackhawk: Necesitaban tener una forma

de financiar las guerras,

necesitaban dirigir guerras,

necesitaban poseer

y redistribuir tierras indígenas,

pero los Artículos estaban cargados

de tanto compromiso político

que no era un gobierno centralizado funcional.

Los Artículos de la Confederación

eran adrede débiles y limitados.

Cada estado

seguía siendo una república más o menos independiente

que protegía celosamente su "soberanía" y "libertad".

El Congreso no tenía facultades para fijar impuestos,

es decir, no podía pagar

a los soldados del Ejército Continental.

Incluso,

antes de que los Artículos pudieran entrar en vigor,

debían ser ratificados por todos los estados.

En eso tardarían 39 meses más.

"Los ejércitos estaban tan cerca

"que no había una sola noche sin tiroteos.

"No se podía ir en busca de alimento

"sin que un gran destacamento custodiara la operación.

"No creo que ningún oficial o soldado

haya dormido en ese periodo".

General John Burgoyne.

Durante 18 días

después de la batalla de Freeman Farm

cerca de Saratoga,

los ejércitos estadounidense y británico

fortalecieron sus defensas y tuvieron constantes refriegas,

pero permanecieron en donde se habían quedado

cuando se acabó la batalla.

Entretanto, los leales refugiados

siguieron llegando al campamento británico,

lo que obligó a Burgoyne

a reducir en un tercio las raciones.

Las deserciones, en especial entre los soldados alemanes,

se elevaron tan rápido que el barón Riedesel

prometió a sus soldados diez guineas

por cada desertor que trajeran de vuelta,

y cinco guineas,

si tenían que dispararle por resistirse.

A las once de la mañana del 7 de octubre,

Burgoyne sacó a unos 1,500 hombres

de su campamento y formó una larga línea delgada

a lo largo de dos campos de trigo sin cosechar

al oeste de Freeman Farm:

casacas rojas a la derecha, alemanes en el centro

y granaderos británicos de élite a la izquierda.

Mientras varios de sus hombres recogían el trigo

que su campamento necesitaba con desesperación,

Burgoyne y varios de sus oficiales

subieron al techo de una cabaña de madera,

con catalejos,

para ver si había alguna salida

alrededor del flanco izquierdo rebelde.

Los grandes árboles les impidieron ver algo,

pero los estadounidenses

que patrullaban esa tierra de nadie, los vieron.

Hubo disparos.

Desde Bemis Heights el general Gates,

entonces ordenó al cuerpo de Daniel Morgan

y a las brigadas del brigadier general Enoch Poor

que atacaran a los británicos por ambos flancos.

Asesinaron al general Fraser.

Los casacas rojas se desmoronaron.

Entonces Benedict Arnold

galopó hacia el campo de batalla.

Parecía estar en todas partes,

liderando un ataque contra los británicos en el centro,

corriendo entre las fuerzas

entre un enjambre de balas de mosquete

para reagrupar a otro regimiento

para que pudieran arrasar con los defensores

desde dos cabañas fortificadas.

Instó a sus agotados hombres a tomarse un reducto

en el que había unos 200 granaderos alemanes.

"Es imposible imaginar cómo lucían esos hombres.

"Al principio me pareció

"que, si nos daban la orden de marchar,

yo no podría hacerlo".

Nathaniel Bacheller.

Pero cuando Arnold dio la orden,

Bacheller y sus camaradas se pusieron de pie

y volvieron a avanzar

gritando

al tiempo que se abalanzaban al frente del reducto.

Arnold lo rodeó, entró a la fuerza

y exigió a sus defensores que se rindieran.

La mayoría se rindieron o huyeron,

pero uno disparó su mosquete

y destrozó la pierna izquierda de Arnold,

la misma

en la que había sido herido en Quebec dos años antes,

y mató a su caballo, que cayó encima de él.

Arnold, sin poderse mover, siguió gritando órdenes

hasta que la lucha amainó y lo pudieron sacar del lugar.

"Arnold era nuestro general de combate",

recordó uno de sus hombres.

"Era el hombre más valiente que existía".

Nathaniel Philbrick: Creo que se puede decir

que Benedict Arnold debe ser considerado

como el héroe de Saratoga.

Fue una maniobra muy agresiva al final

que selló la victoria de los estadounidenses.

Los británicos

regresaron tambaleando a Saratoga,

cargando a los heridos.

"Diez de octubre. Saratoga.

"Comenzó un cañoneo espantoso,

"principalmente dirigido a la casa

"en la que nos estábamos resguardando,

"quizás porque el enemigo creía

"que era el cuartel general de todos los generales.

"¡Ah! No había más que soldados heridos y mujeres.

"Finalmente nos vimos obligados a ocultarnos en un sótano.

"Mis hijas estaban acostadas en el suelo

"con la cabeza en mi regazo.

"Mi angustia me impedía cerrar los ojos.

"Once balas de cañón atravesaron la casa

"y las podíamos oír claramente por encima de nuestras cabezas.

"Un pobre soldado,

"al que le iban a amputar la pierna,

"perdió la otra por una bala de cañón

en plena operación". Baronesa Riedesel.

¡bum!

Los milicianos seguían incorporándose

al ejército de Gates,

que ya alcanzaba los 17,000 hombres.

El 13 de octubre, los estadounidenses

ya tenían al ejército de Burgoyne

completamente rodeado.

"Con cada hora que pasaba,

"la situación del ejército se volvía más crítica,

"y la esperanza de salvación se reducía cada vez más.

"Ni siquiera podíamos encontrar un lugar para los heridos

"donde pudieran estar seguros.

"Los enfermos y los heridos se arrastraban

"a un rincón tranquilo del bosque,

donde se acostaban a morir".

General Riedesel.

Stephen Conway: Saratoga

fue un duro golpe para los británicos.

Quedó claro que todas las viejas suposiciones

sobre que el ejército británico era una fuerza profesional

que tarde o temprano superaría

a los aficionados estadounidenses,

todas esas suposiciones quedaron en entredicho.

Los aficionados estadounidenses

habían derrotado a los británicos.

Para ellos, no fue solo una derrota militar,

fue un golpe psicológico

de proporciones bastante considerables.

Esa tarde, Burgoyne reunió a sus oficiales.

Estaban atrapados, sin comida ni forraje.

Votaron por comenzar a negociar con el general Gates.

Los mensajes fueron y vinieron

de un campo a otro durante tres días.

"Durante el cese al fuego,

"un soldado del noveno regimiento,

"de apellido Maguire,

"bajó a la orilla del río con algunos de sus compañeros

"y comenzaron a hablar con algunos estadounidenses

"en la otra orilla.

"De repente, Maguire se lanzó como un rayo

"lejos de sus compañeros y saltó al río.

"En ese mismo instante,

"uno de los soldados estadounidenses se lanzó al agua

"casi que con el mismo impulso desde la otra orilla.

"Los soldados en ambas orillas los vieron nadar apresuradamente

"hacia la mitad del río, donde se encontraron.

"Se abrazaron llorando.

"Eran hermanos.

"Uno estaba con los británicos

"y el otro con los estadounidenses,

"sin saber hasta ese momento

que estaban en combate uno contra el otro".

Roger Lamb.

En la mañana del 17 de octubre,

aceptaron los generosos términos del general Gates.

Él y Burgoyne,

se encontraron entre sus líneas y se dieron la mano.

Burgoyne presentó su espada ante Gates,

quien se la devolvió,

como lo dictaba la costumbre militar.

Burgoyne culpó a otros por la derrota

hasta el día de su muerte: a Lord Germain, el general Howe,

sus aliados leales, alemanes e indígenas,

a todos, menos a él.

"Todo el ejército se rindió y se entregó

"como prisioneros de guerra a nuestro ejército.

"Era algo que jamás se había escuchado,

"que jamás se había visto,

"que tantos hombres se entregaran a nosotros.

"Regocíjense, oh, estadounidenses.

"Alégrense y alaben al Señor,

que ha hecho cosas maravillosas por ustedes".

Ezra Tilden.

Un ejército británico entero

se había visto obligado a deponer las armas:

un teniente general, dos mayores generales,

tres brigadieres,

350 oficiales comisionados y de estado mayor,

5,900 soldados rasos

y aproximadamente 600 mujeres y niños.

Junto con ellos, los estadounidenses incautaron

30 piezas de artillería, 60 carretas, 1,500 espadas,

3,400 bayonetas y 4,600 mosquetes y rifles.

A los ayudantes canadienses y leales de Burgoyne

se les permitió ir a Canadá,

mientras que más de 6,000 prisioneros británicos

y alemanes

debían marchar a Boston

y desde allí ser enviados a Europa,

con la promesa de jamás regresar.

Pero cuando llegaron allí,

se enteraron de que el Congreso se había negado a ratificar

el acuerdo de Gates con Burgoyne.

Después de pasar meses en campamentos improvisados,

los enviaron de regreso al sur.

"Jamás imaginé que la creación

"hubiera producido un grupo tan miserable

"de criaturas con figura humana:

"pobres hombres, sucios y demacrados,

"una gran cantidad de mujeres

"que parecían ser bestias de carga,

y niños, algunos muy pequeños que nacieron por el camino".

Hannah Winthrop.

Finalmente,

los prisioneros marcharon más de 600 millas

hasta Charlottesville, Virginia,

y más adelante a otros campos en Virginia,

Maryland y Pensilvania.

Muchos fallecieron.

Cientos escaparon.

Algunos se reintegraron

al ejército británico en Nueva York,

otros se unieron al Ejército Continental

o simplemente desaparecieron entre la población.

Para cuando los prisioneros de Saratoga fueron liberados

en 1783,

solo quedaban unos cuantos de esos 6,000.

"Quedan muy pocos vegetales.

"Los carniceros tuvieron que matar buenas vacas lecheras.

"Una mujer caminó dos millas afuera del pueblo

"por tan solo un huevo.

Esa es la terrible situación en la que nos encontramos".

Sara Fisher.

En un comienzo, los leales de Filadelfia

habían recibido a las tropas británicas

con los brazos abiertos,

pero cuando la temperatura bajó, los dueños de casas

se vieron obligados a recibir a los oficiales en sus hogares,

sin importar si querían y, según escribió Sarah Fisher,

pronto hubo "relatos terribles del libertinaje

de los oficiales ingleses que engañaban a las jóvenes".

Sarah Fisher se sentía especialmente aislada y sola,

pero pronto dio a luz a una niña,

a quien llamó Hannah, en honor a su madre fallecida.

Las patrullas estadounidenses

dificultaban la búsqueda de alimentos

en la zona rural circundante por parte de los británicos.

Cada vez escaseaban más las provisiones.

Los precios se dispararon.

El general Howe debía buscar la forma

de que la Armada Real enviara alimento, suministros

y equipos por el río Delaware hasta Filadelfia.

Las fuerzas estadounidenses ocupaban dos fuertes:

el fuerte Mifflin en la isla Mud,

y el fuerte Mercer en Red Bank, en Nueva Jersey.

Los británicos

trabajaron para destruirlos durante semanas.

Thomas Paine escribió que, los estadounidenses sitiados

no tenían "nada para protegerse más que su valentía".

Joseph Plumb Martin

estaba entre los últimos estadounidenses

que evacuaron el fuerte Mifflin.

"Cada soldado de un ejército

"cree que sus servicios puntuales son esenciales

"para que la guerra que está librando continúe,

"como los servicios de los generales

"más influyentes.

"Y ¿por qué no?

"¿Qué harían los oficiales sin aquellos hombres?

"Absolutamente nada.

"Los grandes hombres reciben grandes elogios,

los pequeños hombres, nada". Joseph Plumb Martin.

Los dos fuertes cayeron.

Ahora el Delaware estaba libre para los envíos británicos.

El ejército de Howe

podría pasar tranquilo el invierno en Filadelfia.

En Diciembre, George Washington llevó a su ejército

a cuarteles de invierno

en un remoto lugar montañoso y boscoso

al noroeste de Filadelfia, llamado Valley Forge.

En Francia, Benjamin Franklin supo muy poco

de lo que sucedía en América del Norte

durante siete largas semanas.

Entonces, el 4 de diciembre,

un jinete entró estrepitosamente en su patio

gritando que traía importantes noticias.

Franklin se apresuró a recibirlo.

"Señor", preguntó.

"¿Se tomaron Filadelfia?"

"Sí, señor", dijo el mensajero.

Franklin, abatido,

se dio la vuelta para volver a entrar.

"Pero, señor", dijo el jinete, "tengo mejores noticias que eso.

El general Burgoyne

y todo su ejército son prisioneros de guerra".

Tan solo unos meses antes,

Franklin había escrito que solo se necesitaría

"un asunto menor"

para que los franceses

entraran a la guerra con Gran Bretaña.

Sin duda, la rendición de un ejército entero

era un asunto importante.

El conde de Vergennes,

el ministro de relaciones exteriores francés,

cuya armada recién reconstruida estaba lista para la guerra,

vio la victoria en Saratoga y las acciones tentativas

de las antiguas colonias para formar un gobierno central

como la mejor evidencia hasta el momento

de que una alianza entre Francia y Estados Unidos

podría acabar con los británicos.

Luis XVI estuvo de acuerdo.

"Estados Unidos triunfa", dijo, "e Inglaterra pierde".

Alan Taylor: La rendición de Burgoyne en Saratoga

fue un golpe fatal que impresionó a los franceses.

Pero a los franceses también los impresionó

la supervivencia de George Washington.

Seguía aguantando.

Su ejército seguía luchando.

Puede ser que los británicos

hubieran logrado entrar a Filadelfia,

pero no habían acabado con el ejército de Washington.

Iris De Rode: Es arriesgado enviar a tu ejército

a luchar con otro ejército que quizás nunca gane.

Pero hay más cosas por contar, porque los franceses

no solo están esperando que ellos ganen.

Están esperando a que su ejército esté listo.

Por fin, su armada estaba lista, su ejército estaba listo.

De nuevo eran lo suficientemente fuertes

y estaban seguros de que este era el momento adecuado

para unirse a los rebeldes.

En París, el 6 de febrero de 1778,

comisionados de Francia y Estados Unidos

firmaron dos tratados.

En el primero se reconocía

la independencia de Estados Unidos de América

y se establecían relaciones comerciales

entre ambos países.

En el segundo, el Tratado de Alianza,

se prometió apoyo total a la causa estadounidense

por parte del ejército y de la armada de Francia,

así como de su tesoro.

Stacy Schiff: La importancia de la alianza con Francia,

en términos prácticos,

es que hoy en día estaríamos hablando de una ayuda

de entre 25 y 30 mil millones de dólares.

Estamos hablando de un esfuerzo de guerra

que las colonias

no habrían podido hacer por sí solas,

y la idea de que una potencia extranjera

financiara ese esfuerzo

y de que habría sido imposible sin ellos.

Ese es el episodio

en el que no nos gusta pensar mucho

por nuestro sentido de que la independencia

fue algo que conseguimos por nuestra cuenta.

Si bien las noticias

tardarían casi tres meses en cruzar el Atlántico,

un levantamiento

entre súbditos británicos en América del Norte

estaba a punto de provocar otra guerra mundial.

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