Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
"El plan establecido para nuestra educación
"se vio interrumpido por la guerra.
"En lugar de lecciones matutinas,
"debíamos tejer calcetines;
"en lugar de bordar, hacer prendas caseras;
"y en lugar de la música del clavicordio,
"debíamos escuchar el estruendo de las trompetas
"y el tamborileo incesante.
"Sin importar a dónde fuéramos,
"y Dios sabe que exploramos casi toda Virginia,
"no oíamos más que el estruendo de la guerra.
"Nuestro antes pacífico país
se convirtió en una escena de terror y confusión".
Betsy Ambler.
Maya Jasanoff: Nuestras imágenes de la Revolución Americana
suelen ser de hombres con pelucas
en salones con paneles de madera.
Eso refuerza la imagen de la Revolución Americana
simplemente como una guerra de ideales.
Creo que le hacemos un flaco favor a la historia
y a las experiencias de quienes la padecieron
cuando ocultamos la violencia de la Revolución Americana
bajo las muy idealizadas imágenes que tenemos
de los Padres Fundadores
firmando documentos en Filadelfia.
Estados Unidos surgió de la violencia.
Una producción de Florentine Films.
"Me asomé a la bahía
"y vi algo que se asemejaba a un bosque de pinos podados.
"Cuando lo noté, no podía creer lo que veían mis ojos.
"Pero cuál sería mi sorpresa cuando, diez minutos después,
"la bahía estaba repleta de barcos.
Llegué a pensar que todo Londres flotaba en el agua".
Soldado Daniel McCurtin.
La mañana del sábado 29 de junio de 1776,
el coronel Henry Knox,
cuya artillería había convencido a los británicos
de abandonar Boston,
estaba desayunando con su esposa Lucy
en el segundo piso de una mansión confiscada
en el Número 1 de Broadway,
cuando también vio los barcos británicos
que el soldado McCurtin había visto acercarse
al puerto de Nueva York sin resistencia alguna.
"Por Dios.
"Apenas se puede concebir la angustia y la ansiedad.
"La ciudad era un alboroto, los disparos de alarma,
las tropas dirigiéndose a sus puestos".
Henry Knox.
Martha Washington
y las esposas de otros oficiales,
como Lucy Knox y su hija pequeña,
fueron evacuadas de la ciudad por seguridad.
La Armada Real ancló frente a Staten Island
y unos 10,000 soldados británicos
comenzaron a desembarcar.
Multitudes de leales
los vitoreaban al tiempo que pisaban tierra.
Stephen Conway: La Armada Real, como dijo un contemporáneo:
era las "alas del lienzo del Estado británico".
Permitía que los británicos se aparecieran en la costa,
casi en cualquier lugar, sin obstáculos.
"Esperamos un verano muy sangriento en Nueva York,
"ya que supongo que aquí
"apuntarán los principales esfuerzos del enemigo.
"Y lamento decir que no estamos preparados para ello
ni en hombres ni en armas".
George Washington.
La Revolución Americana.
En el verano de 1776, la revolución,
que había comenzado como una disputa
por los derechos de los súbditos británicos,
ya se había transformado en una guerra
por la independencia estadounidense.
Y a medida que la revolución se propagó
por todas las colonias,
miles de estadounidenses, tanto patriotas como leales,
fueron expulsados de sus hogares.
Betsy Ambler de Yorktown, Virginia,
de 11 años, y su familia
estuvieron entre los primeras refugiados.
Su madre padecía lo que Betsy llamaba
una "dolencia nerviosa".
En 1775, la conversación incesante sobre la guerra
y la vulnerabilidad de Yorktown a un ataque desde el agua
había atemorizado tanto a su madre,
que su padre decidió, según Betsy,
que la familia se mudara
"en busca de un refugio seguro para ella".
Los Ambler eran más afortunados
que la mayoría de las familias desplazadas.
Ellos y sus familiares
eran dueños de granjas y plantaciones
diseminadas por todo el estado
en las que trabajaban personas esclavizadas.
Primero se refugiaron en una pequeña casa
en la diminuta aldea de Newcastle
en el condado de Hanover.
Allí, la madre de Betsy dio a luz a otra hija, Lucy.
Puesto que Lucy hizo su aparición
poco después de la Declaración, recordó Betsy,
su padre la llamó su "única hija independiente".
El padre de Betsy,
ahora un patriota completamente comprometido,
había perdido su puesto remunerado
como recaudador de la aduana real,
y el bloqueo de la Armada real pronto asfixió los envíos
de los que provenían sus ganancias como comerciante.
"La guerra, si bien iba a terminar
"por sumir a mi familia inmediata
"en la pobreza y en toda clase de dificultades,
"era por la construcción de la independencia
"y la prosperidad de mi país.
"¿Y qué sacrificio
"no habría hecho un estadounidense,
"un virginiano, desde temprana edad,
por un fin tan anhelado?"
Betsy Ambler.
Episodio Tres
Los Tiempos que ponen a prueba el alma de los hombres.
"Me desconcierta qué hacer con esta ciudad.
"Está tan rodeada de aguas navegables profundas,
que quien domine el mar, debe dominar la ciudad".
General Charles Lee.
George Washington
había puesto a un ex oficial británico,
el general Charles Lee a cargo de fortificar
la ciudad de Nueva York y sus alrededores.
Los comandantes patriotas
temían no poder defender la ciudad por mucho tiempo,
pero esperaban hacer pagar a los británicos
el precio más alto posible por capturarla.
Dado que nadie podía decir por dónde
o cuándo llegarían los ataques británicos,
Washington se había visto obligado
a dispersar su ejército y sus 121 cañones
alrededor del puerto.
Rick Atkinson: Nueva York es un archipiélago,
un lugar donde confluyen islas.
Eso es un problema.
Si no controlan los accesos marítimos
en Nueva York y sus alrededores,
no es posible defender la ciudad adecuadamente.
Nueva York tenía uno de los mejores
puertos naturales de la costa atlántica,
y si bien la ciudad todavía ocupaba
tan solo una milla cuadrada
en el extremo más al sur de Manhattan,
era la segunda ciudad más grande
del recién creado Estados Unidos,
y la entrada al río Hudson.
Si el comandante británico, el general William Howe,
lograba capturarla,
sus fuerzas quedarían libres para ascender el río
y separar a la rebelde Nueva Inglaterra
de los demás estados.
Nathaniel Philbrick: De muchas formas,
toda la guerra es una campaña acuática.
Se trata de quien controle la costa,
pero también de quien controle los ríos y lagos.
Allí fue donde la lucha tuvo lugar,
donde fuera que el agua ofreciera
una forma de acceder al interior del país.
Tanto británicos como estadounidenses
consideraban que Nueva York y las comunidades agrícolas
que la rodeaban eran bastiones leales.
Los patriotas
habían acechado en las calles durante semanas,
maltratando a los leales.
Miles huyeron
con las pertenencias que podían cargar.
Cientos más fueron arrestados.
Varias docenas fueron llevados a Simsbury, Connecticut,
y encarcelados en una mina de cobre abandonada
a 70 pies bajo el suelo que los patriotas llamaban
"Catacumba de lealtad".
Un "Comité para Detectar y Frustrar Conspiraciones",
a cargo del abogado John Jay,
llevaba a cabo interrogatorios diarios.
Cuarenta hombres,
entre quienes estaba el alcalde de Nueva York,
fueron a prisión
por planificar el asesinato de George Washington.
Se determinó que un miembro
de la guardia personal de Washington
estaba involucrado.
Fue ahorcado ante la mirada de cuatro brigadas de tropas.
La ciudad había sido el hogar de 25,000 personas.
En el verano de 1776, solo quedaban 5,000.
Y los leales, que se habían quedado,
aprendieron a guardarse sus opiniones.
"Al ver esa gran cantidad de casas cerradas,
"cualquiera creería que la ciudad evacuó
"casi por completo.
"Todos los días llegan tropas,
"abren a la fuerza las casas cerradas
"para resguardarse.
La necesidad no conoce ninguna ley".
Soldados continentales y milicianos de diez estados
siguieron llegando a la ciudad.
A la larga, llegaron a haber 20,000
en Nueva York y sus alrededores.
Vivían en casas abandonadas,
arrancaban los suelos de parqué para usarlos como leña
y arrojaban basura por las ventanas.
A pesar de un toque de queda a las 10 de la noche,
las tropas iban en masa
a una madriguera de burdeles en West Side,
construidos en terrenos
de propiedad de la iglesia Trinity.
Sus clientes lo llamaban el "Terreno Sagrado".
En la tarde del 12 de julio, dos barcos británicos
soltaron sus anclas de Staten Island,
navegaron por el puerto hasta la punta de Manhattan
y comenzaron a navegar por el Hudson.
"Los cañones de la ciudad hicieron muy poco daño,
"ya que solo la mitad de los hombres
"que debían estar apostados allí lo estaban.
"Los otros estaban bebiendo
"en su lugar de residencia habitual:
el Terreno Sagrado".
Teniente Isaac Bangs.
Más tarde esa noche,
una flota británica aún más grande,
de más de cien barcos, comenzó a navegar
entre los Narrows hacia el puerto de Nueva York.
Su comandante era el hermano mayor
del general William Howe, el vicealmirante Richard Howe.
Los dos habían manifestado alguna vez
su simpatía por los colonos
y habían tenido el poder
de negociar con los líderes rebeldes
y emitir indultos
con la esperanza de evitar más derramamiento de sangre.
Pero mientras el almirante cruzaba el Atlántico,
el Congreso declaró
la independencia de Estados Unidos.
"Nos enteramos de la deplorable situación
"de los súbditos leales de Su Majestad,
"que los cazaban y les disparaban
"en los bosques y pantanos a los que huían
"para escapar de la furia salvaje
"de los rebeldes.
"También supimos que el Congreso había anunciado
"que las colonias eran estados independientes.
"Era una proclama
de la maldad y la locura de ese pueblo engañado".
Ambrose Selre.
"Para mi querida Betsey, mi esposa.
"Es difícil estar feliz
"cuando la mitad de mi cuerpo y alma está en casa.
"Pero aunque no lo creas, no soy más mortal aquí
"cerca de los cañones británicos de lo que lo sería estando feliz
"entre tus pacíficos y amorosos brazos.
Hasta que Dios me llame, soy inmortal".
Philip Vickers Fithian.
Philip Vickers Fithian de Cohansey, Nueva Jersey,
era un clérigo presbiteriano de 28 años recién casado,
recientemente nombrado capellán de una brigada de milicia.
Se había graduado
de la Universidad de Nueva Jersey en Princeton
y entre sus compañeros estaban Aaron Burr y James Madison.
Después de graduarse, pasó un año como tutor
en una plantación de Virginia
donde, al ver la crueldad "inhumana"
de la esclavitud de cerca,
les enseñó a los hijos del dueño la obra de la poeta esclavizada
Phillis Wheatley.
En Nueva York, Fithian terminó durmiendo
en el piso de la casa abandonada de un leal,
organizando encuentros de oración dos veces al día.
Después visitaba hospitales
repletos de hombres agonizando de disentería.
"Aquí debo visitar diariamente
"a muchos con enfermedades contagiosas.
"Pero eso no me desanima ni me desalienta.
"Estoy dispuesto a arriesgarme
"y sufrir del mismo modo que mis compatriotas,
porque tengo la convicción de que es mi deber".
Philip Fithian.
Friederike Baer: Cuando observamos con detenimiento
cómo eran esos regimientos,
vemos a muchas personas que no llevaban armas,
como mujeres, niños, sirvientes, personal médico y capellanes.
Y hay toda clase de personas
que son parte fundamental de esas fuerzas,
que cumplen con labores esenciales,
sin las cuales, creo, el ejército no funcionaría.
"Primero de agosto.
"Hay información más que confirmada
"de que casi cuarenta embarcaciones del enemigo
"llegaron esta tarde para unirse a la flota.
Todos estamos inseguros". Philip Fithian.
Los barcos que llegaron ese día
eran los rezagados
de una fallida expedición británica en Carolina del Sur.
Los gobernadores reales de las colonias del Sur,
que habían sido expulsados a barcos anclados en sus costas,
seguían insistiendo que la rebelión había sido obra
de una pequeña minoría de radicales,
que la abrumadora población leal de sus colonias
se alzaría en armas para apoyar a la Corona
si enviaban ayuda.
En junio, barcos de guerra británicos
se reunieron en el puerto de Charleston,
en donde sus 262 cañones abrieron fuego
contra un fuerte rebelde en la isla Sullivan.
Se dispararon más de siete mil balas de cañón.
La mayoría de las que dieron en el objetivo
fueron absorbidas
por los robustos muros de palmito.
Al interior del fuerte,
el coronel patriota William Moultrie
ordenó a sus hombres que "angustiaran" al enemigo
de cualquier manera con todo lo que tuvieran.
Lo hicieron.
Solo tenían 31 cañones,
pero demostraron tener una precisión letal,
derribando mástiles, perforando cascos
y despedazando marineros y capitanes.
Tan solo el barco insignia británico
recibió 70 disparos
y 111 tripulantes murieron o quedaron mutilados.
En la noche, la flota maltrecha se alejó.
"Nunca nos habían dado una paliza así",
recordó un marinero británico.
Tardaron tres semanas en reparar los daños de los barcos
antes de emprender su camino de regreso al norte
para unirse a las fuerzas que amenazaban Nueva York.
Los británicos
no intentaron recapturar una colonia sureña de nuevo
durante dos años y medio.
"Al parecer la intención del hombre blanco
"es destruirnos como pueblo.
"Pero cuento con muchos jóvenes que me apoyarían.
Y estamos decididos a tener nuestras tierras".
Tsi'yu-gunsini'.
En el verano de 1776, guerreros cheroquis
liderados por 'Tsi'yu-gunsini', "Arrastrando Canoa" en español,
comenzaron a atacar asentamientos fronterizos
al oeste de los Apalaches
en terrenos que ahora reclamaban Virginia y las Carolinas.
La Proclama Real de 1763
había prohibido expresamente a los colonos
comprar o mudarse a tierras indígenas
al oeste de los Apalaches.
Pero los oficiales británicos habían sido incapaces
de hacerla cumplir,
o de impedir a algunos indígenas americanos,
como el padre de Arrastrando Canoa,
que alquilaran o vendieran terrenos
a colonos y especuladores.
Kathleen DuVal: Pensamos en la revolución
como una guerra contra el imperio.
Pero rápidamente se convirtió en una guerra por el imperio.
Uno de los objetivos de la Revolución Americana
es hacerse con el Valle del Ohio y el Sur.
Es lo que los estadounidenses querían.
El Gobierno británico
les había impedido hacerse con tierras indígenas.
Entonces para los shawnees, los delawares,
los cheroquis y muchos otros pueblos,
la Revolución Americana fue una guerra
para proteger esas regiones de un enemigo
al que ya conocían bastante bien.
"Nuestra nación Shawnee, un gran pueblo,
"ha sido reducida a un puñado.
"Los pielroja,
"que alguna vez fueron amos de todo el país,
"ahora a duras penas
"tienen territorio suficiente para mantenerse en pie.
"Las tierras donde cazábamos ahora están densamente pobladas
"y cubiertas de fuertes con hombres armados.
"Y dondequiera que aparece un fuerte,
pronto aparecen pueblos y asentamientos".
Kathleen DuVal: En mayo de 1776, una delegación de shawnees,
delawares, anishinaabes y haudenosaunee
llegaron al pueblo cheroqui de Chota.
"ya fue suficiente.
Año tras año
han llegado colonos ilegales a nuestras tierras.
Ahora ha comenzado una guerra
que separa a esos colonos de su gobierno.
Este es el momento de atacar".
"Es mejor morir como hombres
"que desvanecerse poco a poco.
"Los cheroquis tienen un hacha.
Tómenla y úsenla de inmediato".
Los agentes británicos
que seguían en Territorio Indígena,
que habían armado a los cheroquis
para luchar contra los rebeldes,
ahora les pedían paciencia y que esperaran
hasta que llegaran las tropas británicas.
Arrastrando Canoa no escuchó a los británicos
ni a los mayores de la generación de su padre,
que abogaban por la diplomacia.
Reunió a los hombres jóvenes y se fue a la guerra.
Mataron y les arrancaron el cuero cabelludo a colonos
en la zona rural de Carolina y Virginia,
quemaron sus cabañas y cultivos, y ahuyentaron a su ganado.
Colin Calloway: El resultado fue,
tal como temían los jefes mayores,
que las colonias estadounidenses
enviaron ejércitos al Territorio Cheroqui
de inmediato.
De hecho, algunos dirigentes estadounidenses
dijeron, en otras palabras:
"esto era lo que estábamos esperando.
Ahora tenemos la justificación
para lanzar un ataque a gran escala
contra los cheroquis,
expulsarlos y tomar sus tierras".
"Nada reducirá a esos desgraciados más rápido
"que trasladar la guerra al corazón de su territorio.
"Pero yo no me detendría ahí.
"Nunca dejaría de perseguirlos hasta que no quedara ninguno
a este lado del Misisipi".
Thomas Jefferson.
Kathleen DuVal: En Carolina del Norte, Carolina del Sur,
Virginia y Georgia hay miles de milicianos
listos para unirse a la revolución.
Listos para enfrentar a Gran Bretaña.
Pero los británicos no están allá.
Allá no hay británicos contra quienes luchar.
¿Quién está allá para luchar?
Los cheroquis.
Unos 6,000 milicianos
invadieron el Territorio Cheroqui.
Destruyeron 36 pueblos,
incluida la aldea del mismo Arrastrando Canoa.
Philip Deloria: Esa fue una advertencia
para los demás pueblos.
Si creen que pueden mantener una alianza con los británicos,
¿adivinen qué vamos a hacer?
Vendremos a quemar todo.
Vamos a destruir sus cultivos, su maíz,
vamos a destruir la comida que tienen almacenada.
Les vamos a declarar la guerra total.
Demos a todos los pueblos indígenas
una muestra de lo que se avecina.
Al final,
los líderes cheroquis más ancianos pidieron la paz
y se vieron obligados a ceder otros cinco millones de acres.
Maggie Blackhawk: Los colonos
querían ser los dueños exclusivos de la tierra.
Y esa es una visión Occidental,
en contraste con los pueblos indígenas,
que tenían una relación más espiritual,
o más comprometida con la tierra.
A diferencia de sus mayores,
Arrastrando Canoa no se rindió.
Logró escapar hacia el oeste
con cientos de hombres y sus familias
y se asentaron a lo largo del arroyo Chickamauga
en el actual Tennessee, donde permaneció desafiante.
"No pude escuchar sus discursos de paz",
dijo Arrastrando Canoa.
"Mis pensamientos y mi corazón están en la guerra".
En 1776, las potencias imperiales
avanzaban por toda América del Norte.
Rusia, a lo largo de la costa de Alaska,
España en lo que se convirtió en la bahía de San Francisco,
los Lacota en las Colinas Negras
y los comanches en las Llanuras del Sur.
El 12 de agosto, frente a Staten Island,
en Nueva York,
Gran Bretaña,
la mayor potencia naval del mundo,
llegó con 107 barcos más.
A bordo había 8,600 soldados hessianos contratados.
Todo sobre los soldados alemanes buscaba intimidar:
sus uniformes bien ajustados
que los hacía ver más corpulentos de lo que eran.
Los bigotes, que muchos se dejaban crecer
cuando la mayoría de hombres se afeitaban bien,
los cascos de sus granaderos y fusileros
que los hacían ver más altos,
y una reputación de ferocidad tan generalizada
que algunos estadounidenses creían que eran caníbales
con un gusto especial por los bebés.
Friederike Baer: Creo que fue
una herramienta de propaganda eficaz.
Van a saquear nuestros hogares,
van a quemar nuestra aldea,
van a violar a nuestras mujeres.
Ese tipo de narrativas eran muy frecuentes,
sobre todo en la primavera del 76,
incluso antes de que los primeros alemanes
pusieran un pie en territorio estadounidense.
"En América del Norte no habrá paz
"hasta que derrotemos al ejército rebelde.
"Si el enemigo ofrece batalla en un campo abierto,
no debemos rechazarla".
General William Howe.
El general William Howe
y su hermano Richard
eran el comando conjunto de la fuerza de asalto marítima
más grande que Gran Bretaña había formado:
24,000 soldados,
que incluía a los 8,600 hessianos,
así como a 400 barcos
tripulados por unos 10,000 marineros y marines.
En la madrugada del 22 de agosto,
4,000 tropas británicas y hessianas
cruzaron los Narrows y desembarcaron en Gravesend,
en el extremo sureste de Long Island
botes llenos de tropas de asalto.
"El enemigo ha desembarcado en Long Island.
"Rápidamente se acerca la hora de la que dependen
"el honor y el éxito de este ejército,
así como la seguridad de nuestro país sangrante".
George Washington.
Más tropas siguieron desembarcando.
Pronto, más de 20,000 soldados británicos,
hessianos y leales ocupaban un campamento
que se extendía ocho millas, un poco más allá de la playa.
El general Washington recordó a sus hombres
la forma despectiva
en que los oficiales británicos les habían hablado.
Ahora era su oportunidad de probar
que estaban equivocados,
siempre y cuando se mantuvieran "tranquilos pero decididos".
"Recuerden que son hombres libres
"que luchan por las bendiciones de la libertad,
"que la esclavitud será su destino
"y el de su descendencia,
si no se comportan como hombres".
George Washington
Washington sabía que se aproximaba un ataque,
pero le preocupaba que el desembarco británico
en Long Island fuera una mera distracción,
por lo que dividió su ejército.
La mayoría se quedó en Manhattan,
mientras que unos 8,000 hombres,
la mayoría milicianos con poco entrenamiento,
se apostaron en Long Island,
donde el general de mayor confianza de Washington,
Nathanael Greene de Rhode Island,
había fortalecido una serie de fuertes y excavaciones
que iban desde Red Hook hasta la bahía de Wallabout.
La mayoría de las defensas estaban concentradas
cerca de los elevados acantilados
más cercanos a Manhattan llamados Brooklyn Heights
por la pequeña aldea de Brooklyn que se alzaba tras ellos.
Washington y sus generales creían que si los británicos
se tomaban ese terreno elevado, sus cañones dominarían la ciudad
del mismo modo que los cañones rebeldes
habían dominado Boston y su puerto
a inicios de ese mismo año.
Pero Nathanael Greene se enfermó y pronto lo reemplazó
el mayor general Israel Putnam de Connecticut,
cuyo espíritu combativo no compensaba
su falta de sentido estratégico o conocimiento del terreno.
Entre las fortificaciones de Brooklyn Heights
y el campamento británico se extendía una escarpada
y boscosa cresta llamada Gowanus Heights.
La atravesaban o rodeaban cuatro pasos:
Gowanus,
Flatbush,
Bedford
y Jamaica.
Con el visto bueno de Washington,
Putnam ordenó a 3,000 de sus hombres
atrincherarse y defender la cresta,
así como tres de los pasos.
De manera inexplicable,
el paso de Jamaica quedó prácticamente expuesto.
Rick Atkinson: Washington,
como comandante del ejército estadounidense,
cometió varios errores tácticos graves.
Ninguno tan grave como el de Long Island.
Había sido topógrafo,
debió haber sabido la importancia
de entender por completo el terreno
que se quiere defender.
No lo entiende,
no sale a explorar el terreno hacia Jamaica,
que está al extremo de una formación glacial
y no se da cuenta de que los británicos
podían rodearlos.
La batalla de Long Island
comenzó en las primeras horas del 27 agosto de 1776,
y comenzó con una escaramuza por unas sandías.
Cerca de la medianoche,
centinelas de Pensilvania en la posada Red Lion,
al extremo derecho de las líneas estadounidenses,
alcanzaron a ver vagamente dos figuras
en un campo de melones.
Eran forrajeadores británicos
que iban delante de una gran fuerza
de casacas rojas
y esperaban darse un festín
antes de luchar contra el enemigo.
Los pensilvanos abrieron fuego.
Pocos minutos después,
una descarga de mosquetes británicos
desde el bosque
obligó a los estadounidenses a volver al campamento.
Con el ataque británico activo,
se le ordenó al general William Alexander
organizar una fuerza para intentar detenerlo.
Alexander y 1,600 hombres
tomaron posiciones al sur de una marisma
y un estanque junto al arroyo Gowanus,
al tiempo que 5,000 tropas británicas
avanzaban hacia ellos.
Sin árboles o muros de tierra para guarecerse,
las tropas estadounidenses y británicas
se pararon en línea, al estilo europeo,
y descargaron sus mosquetes y artillería contra el otro.
Un soldado de Maryland recordó
que "las balas y proyectiles volaban muy rápido,
y de vez en cuando bajaban una cabeza".
Entretanto,
en el centro de las líneas estadounidenses,
el fuego de cañones británicos
arrasaba los árboles sobre la cresta,
donde varios cientos de tropas
al mando del general John Sullivan de Nueva Hampshire
defendían los pasos de Flatbush y Bedford.
Regimientos hessianos y de montaña
avanzaban hacia ellos con bayonetas caladas,
y se retiraron varias veces
debido al intenso fuego estadounidense.
Washington, que observaba desde un fuerte en Cobble Hill,
estaba complacido con el avance de la batalla hasta ahora,
ambos frentes parecían resistir.
Pero también pidió enviar refuerzos
desde Manhattan.
"Nuestro sargento mayor nos informó que ordenaron
"que el regimiento fuera a Long Island.
"Me produjo una sensación desagradable,
"ya que era indudable
"que tendría que inhalar algo de pólvora.
"Entonces, los horrores de la batalla
"vinieron a mi mente en toda su atrocidad.
Ha llegado mi momento, pensé".
Joseph Plumb Martin.
El soldado Joseph Plumb Martin
de la milicia de Connecticut
tan solo tenía 15 años ese verano.
Era uno de los siete hijos
del ministro de un pequeño pueblo,
tan pendenciero
que no podía mantener una congregación.
Martin había querido enlistarse desde Lexington y Concord.
El 6 de julio de 1776, recordó: "había tomado la pluma,
la cargué con la cantidad fatal de tinta,
y escribí mi nombre...
Ahora era un soldado,
al menos de nombre, si no en la práctica".
Antes de que los botes
que transportaban a Martin y a sus compañeros soldados
pudieran cruzar el río Este hacia Brooklyn,
la balanza de la batalla había comenzado a inclinarse.
Los ataques británicos a los flancos estadounidenses
de la derecha y el centro
que el ejército de Washington parecía haber frustrado,
resultaron ser una mera "demostración"
con el objetivo de ocupar a las tropas
que de otro modo habrían luchado
en contra del ataque británico principal.
No tardó en iniciar por el flanco izquierdo.
Los británicos habían entrado
por el desprotegido paso de Jamaica.
Doce horas antes,
después de dejar sus fogatas encendidas
para confundir a los patriotas, el general Henry Clinton
había conducido a unos 10,000 soldados británicos y alemanes
hacia el norte, a lo largo de un camino sucio
grandiosamente llamado Avenida del Rey.
Avanzaron en silencio
guiados por tres voluntarios leales.
Rick Atkinson: Fue idea de Clinton.
Convenció a Howe de que era la forma de hacerlo,
en lugar de atacar de frente.
No querían otro Bunker Hill,
mejor rodearlos.
Entonces lidera
a unos diez mil hombres en la oscuridad, en silencio,
tan en silencio como pueden ir diez mil hombres
jalando artillería con caballos.
El plan funcionó a la perfección.
La columna británica, de casi dos millas de largo,
atravesó el paso y llegó a la aldea de Bedford,
bien atrás de las líneas estadounidenses
y a tan solo dos millas
de las principales fortificaciones
en Brooklyn Heights y a su alrededor.
El general Clinton
ordenó disparar dos armas en rápida sucesión,
la señal para que las tropas británicas
que asediaban a los estadounidenses
por el centro y la derecha avanzaran de forma simultánea,
atrapando a los hombres de John Sullivan en el medio.
Sullivan ordenó a sus artilleros girar sus armas
para atacar al enemigo que ahora venía por detrás,
pero mientras luchaban por hacerlo,
granaderos hessianos y escoceses de las Tierras Altas
treparon y cruzaron Gowanus Heights
mientras disparaban y atacaban con sus bayonetas.
Fue una derrota total.
"¡Sangre!
"¡Masacre! ¡Fuego!
"Tememos que muchos, muchos fallecieron.
Nunca había escuchado un estruendo tan horrible".
Philip Fithian.
Rick Atkinson: Los mosquetes suelen fallar a más de 80 yardas
y no sirven más allá de 120 yardas.
Por lo tanto,
la mayoría de las muertes son por bayoneta.
Y matar con bayoneta es horrible;
es una forma horrible de morir.
Esto fue ojo a ojo, nariz con nariz.
Fue muy íntimo.
Ese tipo de cercanía es aterradora.
Cientos de estadounidenses
se rindieron, incluso el general Sullivan.
"Su temor hacia las tropas hessianas era indescriptible",
recordó el comandante alemán, general Heister.
"Apenas nos vieron, se rindieron de inmediato
"y suplicaron de rodillas por su vida.
"Me sorprende que las tropas británicas
hayan conseguido tan poco contra esta gente".
General Heister.
"Pronto llegamos a Brooklyn.
"Comenzamos a toparnos con los hombres heridos,
"otra cosa que jamás había visto,
"algunos con heridas en los brazos,
otros en las piernas, y otros en la cabeza".
Joseph Plumb.
El combate que Joseph Plumb Martin
estaba a punto de presenciar
sería el último y el más sangriento del día.
¡pum, pum, pum!
Tres columnas británicas se acercaban
al general Alexander y sus tropas
por el flanco derecho estadounidense.
Hizo lo que pudo por reagruparlos,
pero la cantidad de atacantes era cada vez mayor.
Alexander retrocedió y al final,
en lugar de ver su comando destrozado,
instó a sus hombres a retirarse hacía la aldea de Brooklyn
al otro lado de las marismas que rodeaban el arroyo Gowanus.
"Los que sabían nadar lograron cruzar.
"Los que no sabían, se hundieron.
"Los británicos lanzaban cañonazos y metrallas
"sobre los estadounidenses como una lluvia de granizo.
"Muchos fueron asesinados en el estanque
y más se ahogaron". Joseph Plumb.
¡splash!
Para cubrir a sus desesperados hombres
y distraer a las tropas británicas
que les disparaban desde el interior
y alrededor de una vieja casa de piedra,
Alexander envió a unos 400 soldados de Maryland
directo a las armas del enemigo una y otra vez.
Menos de una docena regresaron ilesos
a las líneas estadounidenses.
El mismo Alexander se vio obligado a rendirse.
Un capellán hessiano escribió:
"fue una carnicería horrible.
Crucé el campo de batalla entre los muertos
y la mayoría estaban en pedazos".
Por lo menos 200 estadounidenses habían muerto
y unos 1,000 más fueron capturados.
Washington observó la matanza final
a través de su catalejo.
Al mediodía ya había terminado.
Los británicos creyeron que habían conseguido
lo que un general llamó
una "victoria barata y completa".
Rick Atkinson: Washington estaba destrozado
porque de inmediato se dio cuenta
de la catástrofe que había sucedido.
Lo único positivo fue que suficientes soldados
retrocedieron para formar una especie de defensa interna
alrededor de Brooklyn que frena a los británicos.
Se replegaron dentro de esas defensas.
Ahora están de espaldas al río Este.
La situación no podría ser más desesperada.
Washington
y la mayor parte de su maltrecho ejército,
ahora hacinados
dentro de las defensas en Brooklyn Heights,
esperaba que los británicos lanzaran un ataque sin cuartel
para destruirlos.
Los oficiales del general William Howe
lo presionaron
para que terminara lo que había empezado.
Pero en lugar de ordenar un ataque,
Howe se detuvo.
Sabía que la flota de su hermano Richard
estaba a punto de ingresar al río Este
para impedir que los rebeldes escaparan por el agua.
Los estadounidenses quedaron atónitos.
Israel Putnam dijo: "el general Howe
es nuestro amigo o no es un general.
Tenía a todo nuestro ejército en su poder".
Entretanto, de repente empezó una tormenta
que se mantuvo por los siguientes dos días.
Impidió que la flota del almirante Howe
ingresara al río Este.
A mediados del segundo día, Washington decidió tratar
de sacar a su ejército hacia Manhattan.
Rick Atkinson: Washington
envió la orden de traer todos los botes,
todos los barcos pesqueros, todas las canoas,
todo lo que flotara con mucho sigilo y en silencio
a la orilla que queda muy cerca del actual puente de Brooklyn
en el costado de Brooklyn.
Para tripular su desigual flotilla,
recurrió a dos regimientos
de marineros y pescadores experimentados,
negros, blancos e indígenas,
de los pueblos costeros de Massachusetts.
El coronel John Glover de Marblehead
lideraba uno de los regimientos.
Cuando cayó la noche, Washington ordenó a sus hombres
que empezaran a descender en silencio
de la cresta hasta la orilla, un regimiento tras otro.
"Me aferré a mi mosquete y me uní a las filas.
"Se nos ordenó estrictamente no hablar, ni siquiera toser.
Todas las órdenes se daban en susurros".
Joseph Plumb Martin.
Rick Atkinson: Llegó una brisa providencial
que les permitió izar las velas y cruzar el río Este.
Entonces, apareció una niebla más providencial
y ocultó lo que estaba sucediendo.
Durante toda la noche, John Glover
y sus hombres de Marblehead navegaron y remaron
de un lado a otro sin ser detectados,
transportando más de 9,000 hombres,
así como caballos, artillería y carretas de equipaje
a la seguridad de Manhattan.
Rick Atkinson: Cuando amaneció,
los británicos se dieron cuenta de que no había nadie.
Vieron los últimos botes desaparecer al otro lado del río
entre lo que quedaba de niebla.
Hicieron unos cuantos disparos sin sentido
a esa banda en retirada,
que incluía a Washington en uno de los últimos botes.
Los estadounidenses escaparon a la isla de Manhattan
y huyeron para luchar un día más.
La batalla de Long Island
fue la batalla más grande de la Revolución Americana.
Había sido una derrota devastadora
para George Washington y la causa patriota.
Pero su ejército seguía vivo.
"Braintree Massachusetts.
"Los mejores reportes que hemos recibido de Nueva York
"nos aseguran
"que nuestros hombres lucharon con valentía.
"No estamos desanimados, en absoluto.
"Si todos nuestros hombres se retiraran
"y fuéramos atacadas, se toparían
con una raza de amazonas en América del Norte".
Abigail Adams.
Todos los ejércitos que participaron
en ambos bandos de la guerra iban acompañados
de una aldea nómada de civiles: hombres, mujeres y niños.
La mayoría de las mujeres eran las esposas de los soldados
que cuidaban a los heridos, lavaban, cocinaban
y remendaban para las tropas.
Algunas vendían provisiones, incluido el ron.
George Washington solía enfadarse
por tener que alimentar a todas las mujeres y niños,
pero también entendía, dijo:
"que tenía que proveerles de alguna manera
o perder a algunos de los soldados
más grandes y mejores en servicio
y que desertaran quizás a las filas enemigas".
Las mujeres trabajaban como espías,
y unas cuantas se disfrazaron de hombres
y lucharon hasta que las descubrieron.
Pero la mayoría contribuyó al esfuerzo de la guerra
lejos del campo de batalla.
"Preston, Connecticut.
"Querido esposo, espero que pueda tener el placer
"de tenerte en casa este invierno.
"Las angustias de la mente no se pueden explicar,
sobre todo cuando hay lazos de carne y sangre".
"Mi único consuelo en este momento
"son los queridos pequeños testimonios de nuestro amor,
"nuestros hijos.
"Cuando los miro, veo a mi amado,
"al que una causa tan gloriosa lo arrebata de mis brazos.
"Mi país.
"Oh, mi país.
Tu amorosa esposa hasta la muerte, Lois".
Lois Peters.
Con sus hijos, esposos y padres ausentes,
algunas mujeres convirtieron sus casas
en pensiones para pagar las cuentas.
En las granjas, las mujeres,
que ya cuidaban del hogar y los hijos,
ahora sacrificaban cerdos, cortaban y apilaban madera,
cultivaban trigo y lo llevaban al mercado.
"Los hombres dicen que no debemos entrometernos
"en asuntos políticos, no es nuestra esfera.
"Pero que no se crea que nada más somos capaces
"de cuidar la lechería, visitar el gallinero
"y ese tipo de asuntos domésticos.
"Nuestros pensamientos pueden elevarse.
"Podemos formarnos ideas
sobre asuntos de naturaleza superior".
Eliza Wilkinson.
"¿Es de sorprenderse
"que los negros se esfuercen por recobrar su libertad
"cuando a diario escuchan en las mesas de sus amos
"lo mucho que aplauden a los estadounidenses
por la defensa que están haciendo de la suya?"
John Purrier.
Jane Kamensky: La charla sobre la libertad
que se propaga por la América británica
se originó en cafeterías y en comedores.
Aparece en cartas y en panfletos.
Fragmentos de esos panfletos se recogen en periódicos
y viajan por toda la costa.
Hasta las cartas, al igual que los periódicos,
se leen en voz alta.
Sabemos que el lenguaje de la libertad es contagioso
y se filtra.
Y se filtra en el hecho
de que hay plantadores en Jamaica que dicen,
bueno, "esto me gusta,
así que tengan cuidado cuando hablan,
porque todas esas personas negras y morenos
que están ahí sirviéndoles alrededor del salón
tienen oídos".
"La señal debía darse primero
"haciendo un disparo
"en la plantación Batchelors Hall.
"Entonces debían levantarse en rebelión total,
"atacar las fincas
y dar muerte a todos los blancos que pudieran".
Sam.
Ese mismo verano de 1776,
en el noroeste de Jamaica,
hombres, mujeres y niños esclavizados
que vivían en 47 plantaciones conspiraron en secreto
para derrocar a sus esclavizadores,
con la esperanza de que la rebelión
se propagara por toda la isla
y uniera a las personas de ascendencia africana
que vivían allí, como igbos, criollos y coromantes.
Esta insurrección planeada fue una consecuencia accidental
de la Revolución Americana.
El veto estadounidense a comerciar con los británicos
impidió que los jamaiquinos esclavizados
accedieran a la comida que necesitaban para vivir.
Entonces, Londres ordenó
que casi la mitad de los soldados
que vigilaban la isla navegaran al norte
para apoyar a las fuerzas del general Howe en Nueva York.
Su partida, debía ser la señal
para que las personas esclavizadas se rebelaran.
Pero antes de poder llevar a cabo su plan,
descubrieron a un niño
vaciando la pistola de su supervisor
y lo obligaron a revelar lo que sabía de la conspiración.
El gobernador real declaró ley marcial.
La revuelta fue destruida.
135 personas fueron a juicio,
17 fueron ejecutadas,
11 fueron azotadas
y 45 fueron separadas de sus familias
y deportadas a otras islas.
Pero en ese verano y otoño
hubo otros levantamientos esporádicos,
o rumores de levantamientos,
entre trabajadores esclavizados en otras islas británicas:
San Cristóbal, Montserrat, Antigua, Barbados,
y todos desataron el temor
de los esclavizadores estadounidenses.
Vincent Brown: Las rebeliones de esclavizados
solían fracasar.
Entonces, ¿para qué luchar?
La esclavitud era sumamente espantosa.
Era un régimen de terror, ¿no?
Era algo muy, muy difícil de soportar.
La gente podía abusar, violar, torturar,
matar a las personas esclavizadas sin consecuencias.
Entonces,
cuando nos imaginamos esa situación,
esa clase de desesperación, queda claro por qué,
de tener la oportunidad, lucharían contra eso.
El 11 de septiembre de 1776,
tres delegados del Congreso Continental,
John Adams de Massachusetts,
Edward Rutledge de Carolina del Sur
y Benjamin Franklin de Pensilvania,
fueron a la casa de un leal en Staten Island
para reunirse con el almirante Howe,
que esperaba persuadir al Congreso
para negociar la paz.
Howe hizo todo lo posible para garantizar a los delegados
que todavía todo podía ser perdonado
solo si los norteamericanos
se olvidaban de la independencia.
"Si América del Norte cae", les dijo a los delegados,
"lo sentiría y lamentaría como la pérdida de un hermano".
Franklin respondió, "haremos nuestro máximo esfuerzo
para evitar esa mortificación a su señoría".
El secretario de Howe dijo:
"se reunieron, hablaron, se despidieron.
Y ahora no queda nada más que luchar".
No había marcha atrás.
Howe se disculpó con sus visitantes
por hacerles perder el tiempo.
Christopher Brown: Durante los primeros años de la guerra,
el Gobierno británico
de verdad pensó que una demostración de fuerza
haría que la mayoría de los estadounidenses
entraran en razón.
Y que los instigadores, los provocadores,
los responsables de la insurrección
serían capturados, asesinados,
o que sus vecinos dirían: 'suficiente.
La verdad,
no queremos entrar en guerra con nuestro propio país'.
"Por nuestra parte,
"la guerra debe ser defensiva.
"Debemos evitar a toda costa una acción general
"o poner algo en riesgo
"a menos que nos veamos obligados por necesidad,
cosa en la que nunca deberíamos vernos envueltos".
George Washington.
De regreso en la ciudad de Nueva York,
Washington de nuevo esperaba otro ataque británico,
y de nuevo no sabía dónde o cuándo podría ocurrir.
Entonces, de nuevo,
dividió lo que quedaba de su ejército.
El general Washington dejó al general Putnam
y a unos 3,500 hombres para que cuidaran la ciudad
y lideró a la mayoría de sus tropas
hacia el norte, a la diminuta aldea de Harlem.
Había milicianos apostados a lo largo del río Este
al otro lado de Long Island.
Joseph Plumb Martin
estaba con 500 soldados de Connecticut en Kips Bay.
Al mismo tiempo, cinco fragatas británicas
navegaron río arriba y anclaron en la orilla opuesta.
A las 11 de la mañana del 15 de septiembre,
abrieron fuego.
"Pensé que perdería la cabeza con el sonido.
"Salté como una rana hacia la trinchera
"y me quedé lo más quieto posible,
"y comencé a pensar en qué parte de mi cadáver
"se iría primero.
"Mantuvimos las líneas
"hasta que estuvieron casi sobre nosotros,
cuando nuestros oficiales ordenaron la retirada".
Joseph Plumb Martin.
Mientras Martin y sus camaradas corrían,
4,000 tropas enemigas comenzaron a desembarcar en Kips Bay,
incluso los hessianos
que mataron a varios estadounidenses
heridos con bayonetas y mutilaron a los muertos.
"Nuestros hombres eran todos milicianos,
"y los demonios del temor y el desorden
parecieron apoderarse de todos y de todo ese día".
Joseph Plumb Martin.
Entonces, el general Washington
apareció de la nada
y ordenó a sus hombres que huían formar una línea defensiva:
"¡Tómense los muros!", rugió.
"¡Tómense el maizal!".
Siguieron huyendo.
"¿Estos son los hombres
con los que debo defender a Estados Unidos?".
Washington era conocido
por ser reservado, seco, estoico.
Pero "quienes lo han visto profundamente conmovido",
recordó un amigo,
"podían dar fe de que su ira es terrible".
Parecía aturdido y espoleó a su caballo
hacia los hessianos que avanzaban.
Un ayudante sujetó las riendas de su caballo
y salvó a su comandante del peligro.
El coronel John Glover
y su regimiento de Marblehead, Massachusetts,
que acababan de ayudar a Washington
a escapar de Long Island, llegaron a toda prisa
y lograron frenar el avance británico.
Pero muchos patriotas
siguieron corriendo hasta alcanzar la seguridad
de las recias posiciones fortificadas estadounidenses
en la meseta conocida como Harlem Heights.
Los británicos
tardaron en perseguir a los rebeldes en fuga.
El general Howe quería esperar hasta que miles de tropas más
desembarcaran en la isla de Manhattan.
Ese retraso dio a Putnam
tiempo de guiar a sus hombres al norte,
fuera de la ciudad de Nueva York,
para unirse a Washington en Harlem.
Los británicos
entraron triunfantes a la abandonada ciudad.
"Las fuerzas del rey se apoderaron del lugar,
"por más increíble que parezca, sin una sola baja.
"Una mujer arrancó el estandarte rebelde
"y, después de haberlo pisoteado
"con una indignación lo más desdeñosa,
izó en su lugar la bandera de Su Majestad".
Ambrose Serle, secretario del almirante Howe.
Maya Jasanoff: La ciudad de Nueva York
se convirtió en el mayor bastión británico
de la Revolución Americana.
Cuando el Ejército Continental fue expulsado,
los patriotas no quisieron quedarse
y también se fueron.
Entretanto, los leales llegaron a la ciudad.
Llegaron personas del campo a refugiarse,
y la ciudad se convirtió
en una especie de ciudad guarnición.
Cientos de leales reafirmaron formalmente
su lealtad a Jorge III al firmar un documento
que llamaron su "Declaración de Dependencia".
Más leales llegaron en masa a la ciudad
en las semanas siguientes,
ahora ansiosos de alzarse en armas
por la causa del rey.
"Es la causa de la verdad contra la falsedad,
"de la lealtad contra la rebelión,
"del gobierno legal contra la usurpación.
En resumen, es la causa de la felicidad humana".
Charles Inglis.
A lo largo de la guerra,
hasta 50,000 norteamericanos se ofrecieron como voluntarios
para servir en las compañías de milicias leales
o en unidades provinciales adscritas al ejército británico:
el Regimiento Norteamericano del Rey,
los Rangers Norteamericanos de la Reina,
los Voluntarios Norteamericanos del Príncipe de Gales,
los Emigrantes Reales de las Tierras Altas
y la Legión Británica.
Todos conocían a alguien
que había luchado en el otro bando.
Incluso el hijo de Benjamin Franklin, William,
el depuesto gobernador real de Nueva Jersey,
siguió siendo leal a su rey, y por ello fue a prisión.
"Si hubiera seguido el mandato de mi propio juicio,
"Nueva York habría quedado reducida a cenizas.
"Acudí al Congreso con ese propósito,
"pero me lo prohibieron tajantemente.
"La Providencia, o algún buen hombre honesto,
"ha hecho más por nosotros de lo que estábamos dispuestos
a hacer por nosotros mismos".
George Washington.
"21 de septiembre de 1776.
"Estamos sumamente alarmados por un incendio
"que se debió propagar de manera asombrosa.
"Porque aunque estamos
"a seis millas y media del pueblo,
"podíamos ver un alfiler en el suelo
con la luz de las llamas".
Teniente Loftus Cliffe.
La ciudad de Nueva York estaba en llamas.
A la mañana siguiente,
el teniente irlandés Loftus Cliffe,
quien ya había sobrevivido a tres batallas,
salió a caminar por sus calles, que seguían ardiendo.
"No puedo describir la miseria
"de un pueblo muy bonito
"casi tan grande como Cork, ahora destruido.
"Dos iglesias, la casa del gobernador,
"así como otras hermosas edificaciones están en ruinas,
"después de haber sido incendiadas al mismo tiempo
"en diferentes lugares a mitad de la noche.
"El objetivo era destruir el pueblo.
"Oh, Washington,
¡por lo que tienes que responder!"
Loftus Cliffe.
El origen del incendio siguió siendo un misterio.
Pero el general Howe,
estaba convencido de que habían sido los rebeldes.
Al día siguiente,
cuando unos soldados trajeron a un espía estadounidense
capturado tras las líneas británicas,
no tuvo piedad.
Howe ordenó que el capitán Nathan Hale,
miembro de una unidad élite de espionaje
establecida por George Washington,
fuera colgado a la mañana siguiente.
Un oficial británico recordó que,
de camino a la horca,
Hale "mostró una gran compostura y determinación".
Encima de su cuerpo,
soldados británicos colgaron un letrero que decía:
"George Washington", el hombre al que todos culpaban
del incendio en la ciudad de Nueva York.
Alan Taylor: Es mucho lo que depende del desempeño
de George Washington, no solo en el campo de batalla,
sino en su relación con el Congreso,
en su relación con los estados
y en su relación con los soldados.
George Washington
entiende que su función no es solo militar,
también es política.
Tiene que proyectar dignidad.
Tiene que proyectar autoridad.
Debe hacerlo al tiempo que muestra deferencia
hacia el Congreso.
No puede convertirse en un dictador.
"Hemos sido enviados a la vida
"en una época en la que habrían deseado vivir
"los más grandes legisladores de la antigüedad.
"¿Cuándo, antes de la época presente,
"habían tenido tres millones de personas poder total
"y una oportunidad justa de formar y establecer
"el gobierno más sabio y feliz
que pueda idear la inteligencia humana?"
John Adams.
Mientras Washington y Howe
se enfrentaban en Nueva York,
en Filadelfia
el Congreso Continental estaba trabajando para adoptar
los Artículos de la Confederación,
que buscaban unir a los trece estados formalmente,
y al mismo tiempo garantizar la independencia de cada uno,
como un primer paso tentativo hacia un gobierno permanente
del nuevo Estados Unidos.
Alan Taylor: Cuando pensamos en nuestra Revolución Americana,
pensamos, claro
está en la independencia de Gran Bretaña.
Eso es algo muy importante.
Pero también es necesario pensar
en que de ahí se formó el gobierno republicano.
Lo que también es la formación de la unión de nuestros estados.
Y esas tres cosas eran todas grandes apuestas.
No tenían precedente,
nunca se había formado una república
a partir de una revolución.
Y las trece colonias
habían tenido amargas rivalidades entre sí.
Por lo tanto, formar una unión,
a partir de esos estados sería tan complicado
como lograr independizarse de Gran Bretaña.
El Congreso debatió el borrador de los Artículos
durante semanas
en el primer piso de la Casa de Gobierno de Pensilvania,
en donde se había declarado la independencia en julio.
Los retrasaron una serie de problemas,
como distribución, controversias fronterizas,
impuestos y la autonomía de cada estado.
Stacy Schiff: En esos años,
el Congreso fue una asamblea contenciosa
y no necesariamente muy eficaz.
Sí, estaban conduciendo una guerra,
sí, estaban fundando un país,
pero también había muchas disputas internas.
Había una inercia tremenda.
Había más comités
de los que cualquiera podía contar.
Y había comités secretos.
Por ejemplo, la primera persona que enviaron a Francia
a pedir ayuda a los franceses para la revolución,
fue sin conocimiento del resto del Congreso.
Como le dijo John Jay
más adelante a George Washington,
"en el Congreso hay tanta intriga
como en el Vaticano.
Y tan poca reserva como en un internado".
Entretanto,
un piso más arriba en el mismo lugar,
la Mancomunidad de Pensilvania
organizó una convención independiente
para establecer su gobierno.
En los demás estados
se realizaron reuniones similares.
Todas las constituciones nuevas
garantizarían libertad de prensa,
juicios justos y el debido proceso de ley,
y se aseguraban de que el poder residiera,
no en gobernadores autocráticos,
sino en legisladores elegidos por hombres con propiedades.
Pensilvania fue un paso más allá.
Crearon la constitución más igualitaria
del nuevo Estados Unidos,
con una Declaración de Derechos
y una asamblea unicameral elegida por hombres trabajadores
que pagaran impuestos, así como propietarios,
cosas que generaron preocupación
en muchos de los delegados en el primer piso.
William Hogeland: La constitución de Pensilvania
era radical,
según la cual cualquier hombre blanco y libre
podía votar y presentarse a cargos públicos,
algo nunca antes visto, prácticamente en ninguna parte.
Las personas estaban decididas a convertir la revolución
en una revolución social real,
una revolución económica real
y lograr que los trabajadores libres,
los hombres, hombres blancos, tuvieran voz en el gobierno,
una idea radical en esa época.
John Adams no estaba de acuerdo.
Samuel Adams no estaba de acuerdo.
Richard Henry Lee no estaba de acuerdo.
Cuando John Adams leyó esa constitución,
su respuesta fue; "¡santo Dios!"
"En este nuevo código de leyes,
"recuerden a las mujeres
"y sean más generosos y favorables con ellas
"que sus antepasados.
"No pongan tal poder ilimitado en manos de los maridos.
"Recuerden que todos los hombres serían tiranos si pudieran.
"Si no se presta especial atención y cuidado a las damas,
"estamos decididas a fomentar una rebelión
"y no nos consideraremos sujetas a ninguna ley
en la que no tengamos voz ni representación".
Abigail Adams.
"Esto no tendrá fin.
"Surgirán nuevas demandas.
"Las mujeres reclamarán el derecho al voto.
"Los jóvenes entre 12 y 21 creerán que no se ha prestado
"atención suficiente a sus derechos,
"y todo hombre que no tenga un centavo
"exigirá tener la misma voz que cualquier otro
"en todos los asuntos del Estado.
"Esto tiende a confundir y destruir cualquier distinción
"y derribar todas las jerarquías
hasta dejarlas a un mismo nivel común".
John Adams.
William Hogeland: La idea de que los Fundadores
estaban a favor de la democracia es falsa.
Pero también es un error creer que el hecho
de no ser demócratas
es una especie de defecto o error,
algo que les faltaba.
Se oponían rotundamente a la democracia.
La democracia llegó a Estados Unidos,
con todos los problemas que implicaba,
pero en realidad no como objetivo directo
de la Revolución Americana,
sino como una consecuencia inesperada.
Cuando Pensilvania ratificó su constitución,
los debates sobre los Artículos de la Confederación
en el primer piso eran tan acalorados
y la posibilidad de un acuerdo era tan remota,
que los delegados decidieron posponer la discusión.
Thomas Jefferson,
frustrado y preocupado por su esposa enferma,
regresó a casa, a Virginia,
el lugar al que seguía llamando "mi país".
"Campamento cerca de Kingsbridge.
"En medio de tanta angustia y de las ruinas
"de esta espantosa guerra, sigo vivo y siendo tuyo.
"Nuestros enemigos nos persiguen de cerca de un lugar a otro.
"Todos los días le pido a Dios que tú, mi querida esposa,
seas feliz por siempre". Philip Fithian.
Días después de escribir a su esposa,
el capellán, enfermo de disentería,
que había matado a tantos de los hombres
cuyos últimos momentos él había llenado de oraciones.
Lo trasladaron a un hospital de campaña.
No se pudo hacer nada por él.
"Ocho de octubre.
"Esta mañana hacia las diez,
"el señor Fithian cerró los ojos en este mundo
y se ha ido al mundo espiritual".
Andrew Hunter.
La noticia de la derrota estadounidense
en Long Island a finales de agosto
no llegó a Londres sino hasta el 10 de octubre.
Se recibió con lo que un cortesano llamó:
"derroche de alegría".
El rey le prometió al general Howe
el título de caballero.
Ahora que los estadounidenses habían visto que desafiar
a los soldados británicos era inútil,
seguramente entrarían en razón y buscarían la paz.
No todos los ingleses estaban de acuerdo.
"Londres.
"Al impresor de Public Advertiser.
"Señor, considero que la reciente victoria
"en Long Island
"ha dejado una gran impresión en el público británico.
"Los amigos del Ministerio creen que todo está ganado,
"los de América del Norte, que todo está perdido.
"Puesto que la última batalla fue a nuestro favor,
"creemos que ganaremos la siguiente.
"Pero la libertad implica mucha muerte,
"y la valentía de los hombres libres
"es igual en ambos lados del Atlántico.
"Cada día los norteamericanos tienen mejores armas
y más odio".
"Este es tan solo el inicio de las penas:
ninguno se beneficia, ambos sufren".
"Ticonderoga parece ser
la última parte del mundo que Dios creó,
y tengo razones para creer que la terminó en la oscuridad.
Está claro que nunca se concibió para ser habitada por el hombre,
ya que la mayoría de quienes intentaron asentarse
fallecieron debido a la peste o por la espada".
General Anthony Wayne.
En el otoño de 1776,
tan solo la mitad de los 11,000 norteamericanos
que había en Ticonderoga y Crown Point
en el lago Champlain eran aptos para servir:
la amenaza de la viruela estaba cediendo,
pero miles padecían otras enfermedades.
La moral se debilitó aún más debido al antagonismo
entre los hombres del supuesto Estados Unidos.
Los neoingleses peleaban con los pensilvanos
tan seguido que tuvieron que ser enviados a orillas opuestas
y construir una fortificación aparte
en una cima llamada monte Independencia.
Tras la retirada de los norteamericanos
de la ciudad de Quebec a inicios de 1776,
la llegada de los británicos por el Hudson
parecía inevitable.
Antes de que el ejército del general británico
Guy Carleton
pudiera incluso llegar al Hudson,
tenía que navegar hacia el sur
y tomarse los dos fuertes estadounidenses
en Crown Point y Ticonderoga,
y antes de poder hacer eso,
tenía que reunir una flota en el extremo norte del lago.
Eso tomó meses.
Colin Calloway: Esa vía fluvial es un corredor.
Ha sido llamado:
"Ruta de guerra de las naciones",
donde los guerreros indígenas de Canadá atacaban a lo largo
del Valle de Champlain y del río Hudson.
Así que era como una puerta abierta.
Los estadounidenses solo tenían cuatro barcos
para enfrentar a la flota británica.
Se necesitaban muchos más.
El comandante de Ticonderoga,
el exmayor británico Horatio Gates,
nombró a su oficial más emprendedor
a cargo de ese trabajo.
Benedict Arnold,
seguía cojeando por la herida que había recibido en Quebec
y seguía enojado por haber sido acusado
de robar suministros durante la retirada de Montreal.
Gates había desestimado a los detractores de Arnold,
"Los hombres de poco mérito siempre sienten celos
de aquellos que tienen mucho".
"Pronto el enemigo
"tendrá una fuerza naval considerable.
"Estoy seguro de que nos visitarán pronto.
"Ruego que me envíen por lo menos
cien buenos marineros lo más pronto posible".
Benedict Arnold.
Arnold transformó
el pequeño asentamiento de Skenesborough,
a veinte millas de Ticonderoga, en un ajetreado astillero.
Esperaba tener una flota de al menos 30 embarcaciones,
pero debió conformarse con tan solo 15.
"Quiero llegar hasta la isla Valcour,
"que tiene un buen puerto y en donde tendremos la ventaja
de atacar al enemigo en el lago abierto".
Benedict Arnold.
Cuando la flotilla británica
finalmente zarpó al sur por el lago Champlain,
Carleton comandaba
casi el doble de embarcaciones que Arnold,
con más del doble de armas,
con 700 tripulantes veteranos
y con más de 10,000 soldados británicos y alemanes,
así como 400 aliados indígenas.
Arnold y su flota los esperaban en una ensenada,
ocultos tras la isla Valcour.
Cuando la flota de Carleton pasó,
cuatro barcos estadounidenses salieron al lago
para enfrentar a los británicos,
con el mismo Arnold dirigiendo los cañones
de su barco insignia, el Congreso.
En la tarde,
las flotas habían luchado hasta un punto muerto.
Los estadounidenses
habían perdido dos embarcaciones,
pero lograron hacer estallar un cañonero británico.
Cuando cayó la noche, Carleton ordenó a su flota
mantener a los estadounidenses atrapados
para poder destruirlos al día siguiente.
Pero a las siete en punto, cuando la niebla cubría el lago
y Carleton y sus oficiales cenaban bajo cubierta,
Arnold formó sus barcos maltrechos
en una sola fila y les ordenó que,
con los remos cubiertos y en completo silencio,
se deslizaran lentamente
más allá del escuadrón británico.
Cuando Carleton por fin les dio alcance,
comenzó una batalla continua que duró dos días.
El arsenal británico infligió un daño constante.
Arnold finalmente ordenó encallar su barco insignia
y cuatro embarcaciones más en la bahía de Buttonmould
y prenderles fuego.
Él y sus hombres escaparon hacia el bosque.
Cuando llegaron a Crown Point,
Arnold se dio cuenta de que las fortificaciones
no podrían resistir un ataqué británico de verdad
y ordenó que las quemaran.
"Llegué a las cuatro de la mañana a Ticonderoga",
recordó Arnold,
"extremadamente agotado y enfermo
tras haber pasado casi tres días sin dormir ni recibir alimento".
"La Providencia ha querido proteger al general Arnold.
"He conocido pocos hombres que hayan escapado por un pelo
tantas veces en un lapso tan corto de tiempo".
Horatio Gates.
Nathaniel Philbrick: Esa no fue una victoria
para los estadounidenses,
pero fue uno de los grandes combates de la guerra naval.
Y ocurrió en un lago.
Los británicos se convencieron de que tomarse Ticonderoga
sería mucho más difícil de lo que habían pensado.
Las fuerzas estadounidenses en Ticonderoga
habían llegado a los 15,000 hombres
y sus fortificaciones habían sido reforzadas.
Ahora Carleton creía que para tomarse el fuerte,
sería necesario un asedio prolongado.
Entonces comenzó a nevar.
Una vez el lago se congelara
sería difícil abastecer a sus tropas,
y una retirada sería imposible.
Carleton se dio la vuelta y se retiró,
y finalmente se dirigió al cuartel de invierno
en la ciudad de Quebec muy al norte.
Los británicos
comenzaron a planificar una segunda invasión,
más grande, para la primavera siguiente.
"Los rebeldes se han posicionado en colinas
"y fortificaciones supremamente sólidas
"que se extienden hasta Kingsbridge.
"Sus soldados prefieren trabajar a pelear,
"los nuestros prefieren pelear a trabajar,
"pero el general Howe está decidido
a que no nos lancemos de cabeza contra sus defensas".
Loftus Cliffe.
Durante casi un mes,
los ejércitos de Washington y Howe
se enfrentaron con cautela en Harlem Heights,
como recordó un teniente estadounidense,
"tan en silencio
como si estuvieran a mil millas de distancia".
Al tener tiempo libre, los soldados de ambos bandos
se aventuraban a la zona rural circundante,
saqueaban casas, aterrorizaban a los civiles
y después quemaban sus casas para encubrir sus crímenes.
Friederike Baer: El saqueo era más o menos
una parte aceptable de la guerra en el siglo XVIII.
A todos los generales británicos,
hessianos y estadounidenses les preocupa.
A Washington le preocupa.
Sus soldados saquean y él les dice:
"¿pueden parar? están alienando a las personas".
Washington se quejó ante el Congreso
que los milicianos eran indisciplinados,
desobedientes, proclives a huir en lugar de pelear,
"dañinos" para la causa.
Para empeorar las cosas,
los alistamientos de doce meses en el Ejército Continental
que habían iniciado
en el invierno anterior en Boston,
pronto se acabarían.
A finales de año, Washington tendría que volver
a formar y entrenar un ejército completo.
Sabía que apelar solamente al patriotismo
ya no funcionaría.
"Cuando los hombres están irritados
"y sus pasiones enardecidas,
"corren de prisa y con entusiasmo
"hacia las armas.
"Pero después de que pasan esas primeras emociones,
"esperar que se guíen por cualquier otro principio
"más que no sea su propio interés,
"es buscar algo que nunca ha pasado
y que, me temo, nunca pasará". George Washington.
El Congreso aceptó autorizar 88 batallones nuevos.
La cantidad que debía proporcionar cada estado
dependía de su población libre.
Los estados
nunca llegaron a estar cerca de cumplir esas metas.
"La política del Congreso
"ha sido de lo más absurda y ridícula,
"enviando a milicianos en manadas
"que vienen y van todos los meses.
"Quienes vienen de su hogar,
"con las tiernas sensaciones de la vida doméstica,
"no están equipados con la valentía natural
"suficiente para soportar
"las espantosas escenas de la guerra.
"Para pasar sobre hombres muertos,
"para oír los quejidos de los heridos sin inquietarse.
"Diría que son pocos los hombres que pueden soportarlo,
"a menos que la costumbre los haya endurecido
o el orgullo militar los fortalezca".
Nathanael Greene.
El 11 de octubre, 150 embarcaciones
se abrieron paso por el río Este hacia el estrecho de Long Island
con 4,000 soldados británicos y hessianos.
Su objetivo era ubicarse tras las fuerzas de Washington
en el norte de Manhattan.
Para impedirlo,
Washington inició una retirada a gran escala
a lo largo de la ribera oeste del río Bronx
por 18 millas al norte hasta la sede
del condado de Westchester, White Plains.
Cuando las fuerzas británicas llegaron el 28 de octubre,
las líneas estadounidenses se extendían por tres millas
por toda la aldea,
con su flanco derecho anclado en la poco protegida
Chatterton Hill.
El general Howe
envió a dos columnas a subir la ladera.
Como era de esperar,
los milicianos patriotas se dispersaron,
pero los Continentales se resistieron.
A medida que los británicos se acercaban,
un coronel de Connecticut les dijo a sus hombres:
"Dispárenles a las piernas.
"Un hombre herido es mejor que uno muerto,
porque necesitan dos para sacarlo y así se van tres".
Pero la artillería británica sufrió terribles bajas.
"Una bala de cañón
"arrasó con el pelotón del teniente Young,
"que estaba junto al mío.
"La bala primero le voló la cabeza de Smith,
"un hombre corpulento y pesado, y se la destrozó por completo.
"Luego, le arrancó el brazo a Chilson,
"después atravesó las entrañas de Taylor.
"¡Qué escena tan espantosa de ver!,
"las piernas, brazos, armas y mochilas de esos hombres
en una pila".
Soldado Elisha Bostwick.
Al caer la noche,
Washington se retiró hacia el este de White Plains.
Una vez más, el general Howe tan solo hizo
un esfuerzo a medias por seguirlo.
Friederike Baer: En esencia, los británicos
dejaron que Washington escapara de nuevo.
Estaban desperdiciando las oportunidades
de poner fin a la guerra en ese momento.
"¿Es por la incapacidad o de manera deliberada
"que nuestro comandante ha dejado perder
"estas grandes oportunidades?
Me inclino por la segunda opción".
Capitán William Bamford.
Stephen Conway: Hay ocasiones en las que el general Howe
en particular parece contenerse para dar el golpe final.
Existe la sensación, un sentimiento encontrado,
en conflicto, sobre si los norteamericanos
son realmente enemigos o súbditos descarriados
que necesitan un incentivo para regresar al redil.
Cuando Howe regresó a Manhattan,
Washington cruzó el Hudson rumbo al sur.
Creyó que lo más probable era que Howe
atravesara Nueva Jersey a toda prisa
y se tomara Filadelfia
antes de que llegara el invierno.
Una vez más,
había juzgado mal a su adversario.
De hecho, Howe,
quería tomarse dos fuertes en lados opuestos del Hudson
que impedían que los barcos británicos
navegaran río arriba, el fuerte Lee en Nueva Jersey
y el fuerte Washington en la isla de Manhattan,
una rudimentaria fortificación de tierra
en forma de estrella a 265 pies sobre el río.
El primero sería el fuerte Washington.
Los cañones británicos golpearon el fuerte con fuerza,
así como la larga línea de trincheras y reductos
que lo rodeaban.
Las tropas británicas
que atacaron desde el sur y el este
tuvieron relativamente pocos problemas
para hacer retroceder a los defensores
tras los muros del fuerte.
Pero para las tropas hessianas,
al mando del general Wilhelm von Knyphausen,
que atacaron desde el norte, la tarea fue mucho más difícil:
trepar una ladera rocosa cubierta por las ramas
enmarañadas de árboles caídos y tan empinada
que debían agarrarse de los arbustos para levantarse
mientras les disparaban constantemente desde arriba.
"Ante nosotros, al lado y unos encima de todos,
"vimos a nuestros desventurados camaradas destrozados,
"muertos en el suelo entre su propia sangre.
Hasta el aire parecía estar lleno de temor".
Teniente Johann Friedrich von Bardeleben.
Margaret Corbin,
esposa de un artillero de Pensilvania,
estaba junto a su esposo
cuando este recibió una herida mortal.
Ella tomó su lugar y mantuvo un ataque tan letal
que se convirtió en blanco de los disparos hessianos.
Finalmente,
recibió heridas de metralla en la mandíbula y el pecho,
y perdió la movilidad de su brazo izquierdo.
Tres años después, se convirtió en la primera mujer
en recibir una pensión de invalidez de por vida,
pero por la mitad que recibían los hombres heridos.
Con el tiempo,
los mosquetes estadounidenses se atascaron por uso excesivo.
Los defensores se replegaron
y tuvieron que rendirse casi 3,000 hombres.
Los británicos cambiaron el nombre
del fuerte Washington a Knyphausen
por el victorioso general alemán.
Cuando los maltratados prisioneros hacían su caminata
de 12 millas hacia la ciudad de Nueva York,
soldados británicos y leales
se ubicaron a lado y lado del camino,
abucheándolos e insultándolos.
Los oficiales solían ser perdonados
después de prometer no volver a alzarse en armas.
Pero los soldados rasos no tenían esa opción.
En lugar de eso,
los amontonaban en prisiones improvisadas ya abarrotadas
con cientos de prisioneros traídos desde Quebec,
Long Island y Kips Bay.
No había cobijas, muy poca leña y a veces no había comida.
Las ratas correteaban
por la paja enlodada que cubría el suelo.
"En general,
"los hombres se asemejaban a cadáveres
"más que a seres vivos.
"De hecho, ya muchos de ellos estaban en la tumba.
"Y los que quedaban
parecían estar muy adelantados hacia ese mismo destino".
Capitán Jabez Fitch.
A finales de 1776,
miles de prisioneros estadounidenses
ya habían muerto.
En ese momento,
los británicos habían empezado a meter a los prisioneros
en barcos de transporte en desuso
anclados en el río Este.
Las condiciones allí eran peores que en tierra.
Rick Atkinson: Morían de frío, morían de desnutrición,
de enfermedades: viruela, tifus, fiebre tifoidea, disentería.
Nosotros teníamos barcos prisión cerca de Albany
en los que soldados británicos y leales
estaban en condiciones terribles.
Es una parte deplorable de la historia
de la Revolución Americana.
Temprano, el 20 de noviembre de 1776,
unos 5,000 soldados británicos y hessianos cruzaron el Hudson
y comenzaron a luchar para subir la resbaladiza pared de roca
de 440 pies de las Palisades de Nueva Jersey,
tan empinada que los patriotas
no creían que fuera posible escalarla.
El comandante británico
era el general Charles Cornwallis,
quien después ordenó a sus hombres
que marcharan al sur hacia el fuerte Lee,
a seis millas.
El general Nathanael Greene
ya había comenzado a evacuar a sus hombres
cuando el enemigo se tomó el fuerte Washington.
Entonces, les ordenó a todos los que quedaban
que se fueran de inmediato.
"Los rebeldes huyeron como conejos asustados.
"No quedó ni uno de esos bandidos.
"Dejaron un poco de cerdo en mal estado,
"algunas proclamas grasientas
"y parte de las cartas del sinvergüenza ese
de "El sentido común",
que podremos leer a nuestras anchas".
En la noche,
Green y la mayoría de sus 2,000 hombres
habían logrado unirse a la fuerza de Washington
en New Bridge, en el río Hackensack.
"Marchaban de dos en dos,
"se veían andrajosos, algunos iban descalzos
"y la mayoría iban envueltos en sus mantas.
"La noche siguiente,
"los británicos acamparon al otro lado del Hackensack.
"Podíamos ver sus fogatas, a unas cien yardas entre sí,
"brillando intensamente en la penumbra de la noche
por más de una milla a lo largo del río".
Reverendo Theodore Roneyn.
A medida que su ejército se replegaba
por todo el estado,
seguido por Cornwallis con una fuerza mucho mayor,
Washington esperaba presentar batalla de algún modo,
en algún lugar.
Pero Cornwallis tenía órdenes del general Howe
de evitar un enfrentamiento.
Desde la posición de ventaja de Howe,
no había necesidad de otra gran batalla:
el ejército rebelde se reducía cada día.
Lo que un oficial denominó "el demonio de la deserción"
se había diseminado en las filas de Washington,
sus hombres se desviaban hacia las zonas rurales.
Cuando Washington solicitó 5,000 tropas más a los estados,
la mayoría lo ignoraron.
Su ayudante de campo, Joseph Reed,
expresó la constante frustración del general.
"Me invade el asombro cuando miro alrededor
"y veo que de aquellos que hablaban
"con tanta grandilocuencia sobre la muerte y el honor,
"quedan tan pocos.
"Me doy cuenta de que sus bullosos
"Hijos de la Libertad
son los más silenciosos en el campo de batalla".
Joseph Reed.
Para agravar las cosas,
el segundo al mando de Washington,
el general Charles Lee, que estaba apostado
en el condado de Westchester con un ejército considerable,
respondía con una excusa tras otra
a las repetidas solicitudes de ayuda
por parte de Washington.
Lee, que despreciaba a Washington
y esperaba algún día poder reemplazarlo
como comandante en jefe,
no se veía a sí mismo
como sujeto a las órdenes de Washington.
El 30 de noviembre,
los británicos emitieron una proclamación
que buscaba restablecer su autoridad en Nueva Jersey:
cualquiera dispuesto a jurar
"obediencia pacífica a Su Majestad"
en los siguientes 60 días,
recibiría un "indulto libre y general".
Más de 3,000 residentes de Nueva Jersey
aceptaron la oferta,
y miles respondieron al llamado
para que los leales se unieran a la lucha
junto a los soldados británicos.
El gobierno patriota de Nueva Jersey, huyó.
Pero mientras el general Howe ofrecía indultos,
sus soldados exigían suministros a los civiles.
¡toc, toc, toc!
Edward Lengel: Quienes sufrían las peores consecuencias
eran los civiles.
Si se ponen en los zapatos de alguien,
digamos una madre de familia que está en su granja,
entienden que lo poco que tienen para sobrevivir
puede ser destruido en un instante.
"Los leales conducen a los implacables extranjeros
"a los hogares de sus vecinos
"y despojan a mujeres y niños indefensos
"de sus ropas y alimentos.
"Después de saquearlos de esa manera,
"esos salvajes suelen ultrajar a las madres e hijas,
"y obligan a padres e hijos
a ser testigos de su brutalidad".
Nathanael Greene.
Stephen Conway: A medida que un ejército avanza
y ocupa nuevos territorios, suceden cosas espantosas.
Hay muchos casos de violación y abuso sexual contra mujeres.
Tristemente, es algo común en todas las guerras.
Mary Campbell
del condado de Hunterdon, Nueva Jersey,
relató ante un juez
lo que le habían hecho soldados británicos.
"Mary Campbell, esposa de Daniel Campbell,
"afirma que en algún momento en diciembre,
"varios soldados pertenecientes al Ejército del Rey
"de Gran Bretaña entraron a la casa de su padre.
"Dos de ellos la tomaron por los brazos
"y la sacaron a rastras de la casa
"hasta un viejo taller cerca de la residencia,
"abrieron la puerta a golpes y la metieron allí
"a pesar de sus gritos y súplicas,
"y juraron que la matarían con una bayoneta
si no se callaba".
"Tres de aquellos soldados accedieron carnalmente su cuerpo
"de forma sucesiva,
"y ella en aquel momento se encontraba
de cinco meses de embarazo".
Firmado por Mary M. Campbell.
En Pennington, 16 mujeres
huyeron de soldados británicos hacia el bosque,
solo para que las arrastraran de regreso
y las abusaran en repetidas ocasiones.
Un oficial británico admitió que tal comportamiento
estaba "destinado a hacerles perder amigos y ganar enemigos".
Y así fue, y la gente no tardó en vengarse.
Los milicianos de Nueva Jersey se volvieron a alzar en armas,
no tanto por devoción a la causa revolucionaria
y más por el enfado que les producía
lo que les estaban haciendo a ellos y a sus familias.
"Ahora es peligroso para nosotros
"viajar por Nueva Jersey.
"Los villanos asaltan a nuestros hombres
"cuando están solos o en grupo, sin armas.
"Esconden sus rifles entre los arbustos, zanjas,
"lugares así.
"Cuando ven a uno o varios hombres
"de nuestro ejército, les disparan a la cabeza
"y rápidamente esconden sus rifles
y hacen como si no supieran nada".
Capitán Friedrich von Münchausen.
"No hay jóvenes que hayan mostrado tal agilidad
"para retirarse como los nuestros.
"Nuestros soldados son los mejores del mundo
en esto".
Teniente coronel Samuel Webb.
Hackensack, Acquackanonk, Newark, Spanktown,
Nuevo Brunswick, Princeton, Trenton,
los estadounidenses
retrocedieron unas 70 millas en 12 días.
El 2 de diciembre,
Washington comenzó a llevar a su ejército
al otro lado del río Delaware hacia Pensilvania.
Las malas noticias para la causa patriota
no paraban.
El general Henry Clinton desembarcó 7,000 soldados
británicos y hessianos en Newport, Rhode Island,
sin hacer un solo disparo.
Al igual que en la ciudad de Nueva York y en Nueva Jersey,
parecía que habían perdido Rhode Island.
Las fuerzas británicas
estaban a tan solo 60 millas de Filadelfia,
y las rutas para salir de la ciudad
estaban repletas de refugiados atemorizados.
El Congreso negó lo que llamó rumores
"falsos y malintencionados"
de que planeaban salir de la ciudad,
y después huyeron hacia Baltimore.
El general Charles Lee por fin hizo caso
a los ruegos de Washington
y había estado trasladando su fuerza lentamente
a través de Nueva Jersey.
En la noche del 12 de diciembre, se escabulló de su campamento
hacia una taberna aislada en Basking Ridge.
Un leal dio aviso a los británicos.
El lugar fue rodeado por dragones
que apresaron al segundo al mando
del Ejército Continental.
Un capitán hessiano estaba pletórico:
"Capturamos al único general rebelde
a quién teníamos razones para temer".
Pero entonces,
el general Howe canceló su campaña de forma abrupta.
El invierno se avecinaba.
El Congreso Continental estaba huyendo.
Estaba seguro de que tendrían tiempo suficiente el próximo año
para destruir lo que quedaba del ejército de Washington
y acabar con la rebelión de manera definitiva.
Durante la retirada de Howe
y la mayoría de su ejército hacia Nueva York,
dejaron tras ellos una cadena de 17 guarniciones
que se extendían
desde el río Hudson hasta el Delaware.
Rick Atkinson: Las cosas
no podían ser peores para Washington y su ejército,
así como para la esperanza de la causa
en diciembre de 1776.
Cuando se adentra en Pensilvania
y mira hacia el otro lado del río Delaware,
son muy, muy pocas las opciones que tiene.
Lo expulsaron de Nueva York,
su ejército se redujo a quizás unos 3,000 hombres,
en algún punto le escribe a su hermano y dice:
"creo que este juego está por terminar".
No permite que sus hombres sepan que está tan abatido.
Pero se siente bastante desanimado.
Pero su ejército
había comenzado a crecer de nuevo.
El general William Alexander,
que había sido liberado por los británicos,
llegó con 1,000 refuerzos andrajosos.
Apareció una milicia de Filadelfia de mil hombres.
El general John Sullivan,
que también quedó libre por un canje,
llegó con 2,000 hombres más
que habían estado al mando del capturado general Lee.
El 22 de diciembre, el músico de pífano de 16 años
John Greenwood y otros 600 neoingleses
también llegaron al campo tambaleándose.
Las solicitudes de Washington por ayuda
habían llegado hasta Ticonderoga,
y aquellos hombres llevaban casi un mes viajando.
Ahora Washington
tenía cerca de 6,000 hombres aptos para servir.
La cuestión era lo que podría hacer con ellos
en los diez días que quedaban
antes de que sus alistamientos se vencieran
y la mayoría de sus soldados, mejor entrenados,
regresaran a casa.
"Nuestra causa es desesperada y sin esperanza,
"a menos que aprovechemos esta concentración de tropas
"para asestar algún golpe.
La demora en este momento significa la derrota total".
Joseph Reed.
Washington decidió atacar
la guarnición de Trenton, Nueva Jersey,
habitada por unos 1,500 hessianos
al mando del coronel Johann Rall.
La mayoría de los habitantes del pequeño pueblo
habían huido
y sus casas habían sido convertidas en barracas.
Washington trazó un plan de ataque
audaz y ambicioso
en el que cruzarían simultáneamente
tres pasos del congelado río Delaware
y que debía iniciar la noche de Navidad.
Ochocientas tropas de Pensilvania y Rhode Island
debían cruzar río abajo cerca de Bristol
y marchar hasta el segundo puesto de avanzada
de los hessianos en Burlington.
Ochocientos milicianos de Pensilvania
debían cruzar y tomarse el puente
sobre el arroyo Assunpink
e impedir que los hessianos escaparan
cuando comenzara la batalla.
Durante el ataque principal,
el mismo Washington guiaría a 2,400 continentales
para cruzar el río por McConkey's Ferry
y luego dar inicio a la marcha de nueve millas al sur
hacia su objetivo.
"Solo los primeros oficiales
"sabían hacia dónde íbamos.
"Nunca escuché a algún soldado decir nada
"ni tampoco que se preocupara por a dónde los llevaban
"o dónde estaba.
"Bastaba con saber que debía ir
"a donde le ordenara su comandante.
"Era lo mismo pasar por fuego o por agua,
"ya que nada podía ser peor
que las condiciones en las que estaban".
John Greenwood.
Thomas Paine,
que había estado con el ejército de Washington
mientras se retiraba a través de Nueva Jersey,
acababa de publicar un nuevo ensayo
que buscaba restaurar el ánimo decaído llamado:
"La crisis americana".
Cuando el ejército de Washington se puso en marcha en Navidad,
patriotas a lo largo del río lo habían leído
y les había dado inspiración.
"Estos son los tiempos
"que ponen el alma de los hombres a prueba.
"El soldado de verano
"y el patriota de los buenos tiempos
"se apartarán de servir a su país
"en estos tiempos de crisis.
"Pero quien ahora permanezca firme,
"merece el amor y agradecimiento de hombres y mujeres.
"La tiranía, al igual que el infierno,
"no es fácil de derrotar.
"Sin embargo, nos queda este consuelo:
"entre más difícil sea el conflicto,
más glorioso será el triunfo". Thomas Paine.
Al anochecer comenzó a caer una lluvia helada
cuando los estadounidenses
estaban trepando a las barcas y los cargueros
que conformaban la improvisada flota de Washington.
Las aguas del río eran rápidas
y estaban llenas de remolinos y pedazos de hielo irregulares.
De algún modo, el coronel John Glover
y sus marineros de Massachusetts, de Marblehead,
los mismos que habían rescatado al ejército de Washington
después de la batalla de Long Island
y que detuvieron el avance de los británicos
después de Kips Bay,
logró cruzar de forma segura con 2,400 hombres,
unos 50 caballos y 18 cañones.
John Greenwood
fue de los primeros en llegar a la orilla.
"Tuvimos que esperar a los demás para cruzar.
"Así comenzamos a desmontar las cercas
"y hacer fogatas para calentarnos,
"ya que la tormenta llegó tan rápido que llovía,
"granizaba, nevaba, helaba y soplaba un huracán.
"Tanto, que cuando giré de frente hacia el fuego,
"mi espalda estaba congelada.
Evité morir girándome de un lado a otro".
John Greenwood.
Washington esperaba completar el cruce a medianoche
para que sus hombres llegaran a Trenton
antes del amanecer.
Pero el último bote no llegó a la orilla
hasta las tres de la mañana.
Y aunque Washington todavía no lo sabía,
el hielo había impedido a otras dos fuerzas
cruzar el río.
Si iban a tomarse Trenton,
sería solo con el ejército de Washington.
Cuando él y sus hombres
comenzaron a avanzar hacia el pueblo,
la nieve que caía, el intenso frío
y la dificultad de arrastrar 18 armas
por un camino congelado con baches
retrasó el avance.
"Cuando nos detuvimos, me senté en un tronco
"y estaba tan entumecido que quería dormir.
"Y si hubiera dormido sin que me vieran,
"habría muerto sin darme cuenta.
"Pero la buena suerte me acompañó como siempre.
El sargento Madden se me acercó, me despertó y me hizo caminar".
John Greenwood.
Otros dos soldados sí se durmieron,
y murieron congelados.
En un cruce, la columna se dividió en dos.
Washington se fue con Nathanael Greene
y giró a la izquierda hacia la calle Pennington.
John Sullivan y sus hombres, incluido John Greenwood,
giraron a la derecha a lo largo de la calle River.
Ambas columnas
llegaron a la posición indicada a las afueras del pueblo,
que todavía dormía, antes de las ocho.
Los hombres de Nathanael Greene
comenzaron a atacar desde los bosques llenos de nieve.
Un oficial recordó:
"la tormenta se mantuvo con gran violencia,
"pero estaba a nuestras espaldas,
por lo que estaba de frente al enemigo".
Centinelas hessianos los divisaron entre la nieve,
dispararon y después retrocedieron
ante la mirada de terror de los pocos habitantes
que quedaban en el pueblo.
"El amanecer gris
"trajo consigo el sonido de tambores y de disparos.
"Los soldados hessianos que se resguardaban
"en nuestra casa huyeron a toda prisa.
Todo era estruendo y confusión".
Martha Reed.
Los soldados alemanes
se formaron lo mejor que pudieron,
preparados para luchar.
Pero Henry Knox había ubicado un cañón
y obuses en la cabecera de las calles King y Queen
que atravesaban el centro del pueblo.
Cuando el comandante alemán, Johann Rall,
subió a su caballo y ordenó a sus hombres atacarlos,
Knox recordó:
"esas armas, despejaron las calles
en un abrir y cerrar de ojos".
Algunos hessianos se dispersaron.
Siguieron breves tiroteos feroces.
"Mi madre, mis hermanos y yo
"nos ocultamos en el sótano para huir de las balas
"que entraban a la casa.
"Nuestro vecino murió en la puerta de su casa
"y, una bala alcanzó al herrero
"mientras se encerraba en el sótano.
Muchos otros resultaron heridos por disparos fortuitos".
Martha Reed.
Mientras la columna de Nathanael Greene
atravesaba el pueblo desde el norte,
la columna de John Sullivan entraba por el sur.
"Abrieron fuego directamente hacia nosotros,
"pero no pude ver que mataran a nadie.
"se dio la orden de cargar las bayonetas
"y lanzarnos al ataque.
"Cuando estuvimos a la distancia de un disparo,
"volvieron a dispararnos a quemarropa.
"Nos agachamos y no le dieron a nadie.
"Antes de que pudieran volver a cargar sus armas,
"ya estábamos a menos de tres pies de ellos.
Huyeron como demonios aterrados".
John Greenwood.
El coronel Rall
cayó de su caballo tras un disparo,
herido de muerte.
"Finalmente
"los expulsamos del pueblo hacia un vergel cercano.
Esos pobres hombres quedaron completamente rodeados".
Henry Knox.
Todo acabó en menos de 45 minutos.
En la nieve yacían 22 hessianos muertos o agonizando,
y 83 más estaban heridos.
Novecientos fueron capturados.
Solo dos estadounidenses habían muerto,
los dos que se congelaron
antes de que comenzara la batalla,
y solo cinco resultaron heridos,
incluido un artillero de Virginia
llamado James Monroe, quien se salvó
cuando un médico local logró detener el sangrado.
Al tiempo que llevaban a los prisioneros hessianos
a Filadelfia,
Washington publicó un volante en el que declaraba que,
puesto que no habían entrado a la guerra
"de manera voluntaria, sino a la fuerza",
debían ser vistos no como enemigos
sino como "personas inocentes".
Friederike Baer: Desde el comienzo,
los estadounidenses
decidieron tratar bien a los soldados alemanes.
Es una decisión estratégica.
Presentan a esos soldados como víctimas inocentes
de un contrato entre dos déspotas.
Sus gobernantes los envían y los venden por dinero,
para luchar en una guerra que no es de ellos.
En otras palabras, son víctimas de la tiranía,
similar a nosotros.
Quizás una cuarta parte
de los 23,000 hessianos que sobrevivieron a la guerra
decidieron quedarse
y volverse ciudadanos de la nación
contra la que lucharon
para que no se formara,
y muchos de los que volvieron a casa
regresaron, esta vez con sus familias.
"La pequeña escala de nuestros mapas nos engañó.
"Y puesto que la palabra 'América'
"ocupa casi el mismo espacio de "Yorkshire',
"creemos que los territorios que representan
"son de un tamaño similar, a pesar de que Charleston
"está a la misma distancia de Boston
"que Londres de Venecia.
"Emprendimos una guerra contra agricultores y granjas
dispersos por un vasto y salvaje continente".
talán-talán!
"Filadelfia.
"Este acontecimiento
"le ha dado un nuevo impulso y vitalidad a la causa,
"y ha puesto en su lugar a los tories,
"quienes creían que el asunto estaba resuelto
"y a toda hora esperaban la llegada
"de las tropas del rey sin ninguna resistencia.
"Las cosas comienzan a pintar mejor.
"El ejército del general Washington
ahora es digno de respeto".
Reverendo David Griffith.
Puede que el ejército de Washington
fuera ahora "digno de respeto",
pero igual estaba a punto de desintegrarse.
Los regimientos continentales de Nueva Inglaterra,
sus soldados más disciplinados y experimentados,
planeaban volver a casa en tan solo cinco días,
dejándolo con tan solo 1,400 hombres
para enfrentar lo que temía que fuera
una rápida represalia del enemigo.
Ahora,
tenía que persuadir todos los que pudiera
de quedarse, al menos un poco más.
En la víspera de Año Nuevo en Trenton,
Washington pidió a sus agotados regimientos
que se reunieran para hablarles.
Un sargento recordó que los elogió por su valentía,
y "de la forma más afectuosa, nos imploró que nos quedáramos".
Pero cuando terminó
y los tambores llamaron voluntarios,
ni un solo hombre se ofreció.
Washington habló una vez más.
"Mis valientes camaradas,
"han cumplido con todo lo que les he pedido
"e incluso más de lo que se podía esperar.
"Pero su país está en juego, sus esposas, sus hogares,
"y todo lo que les es querido.
"Están agotados debido a la fatiga y las dificultades,
"pero no podemos prescindir de ustedes.
"Si aceptan quedarse un mes más,
"prestarán su servicio a la causa de la libertad
"y a su país,
"algo que seguramente nunca podrán hacer
"bajo otras circunstancias.
"Ciertamente,
la presente es la crisis que decidirá nuestro destino".
George Washington.
"Esta vez", recordó el sargento,
"los soldados sintieron la fuerza de su llamado.
Uno le dijo a otro: 'me quedaré si te quedas'.
Varios dieron un paso adelante,
seguidos inmediatamente de casi todos
los que eran aptos para servir".
Al final,
más de 6,000 soldados neoingleses
aceptaron quedarse seis semanas más.
En el día de año nuevo de 1777,
con el refuerzo de milicias dispersas
y cuatro regimientos frescos de continentales
que venían de Pensilvania,
George Washington estaba de nuevo al mando
de unos 6,500 hombres.
John Greenwood no estaba entre ellos.
"En ese entonces
"padecía de una comezón tan terrible
"que se me pegaban los pantalones a los muslos
"y estaba cubierto de cientos de piojos.
"Le dije a mi teniente que me iría a casa
"y me dijo, 'por Dios,
"espero que no nos vayas a abandonar,
"siendo el alma y el espíritu de este grupo.
"Serás promovido'.
Le dije que no me quedaría para ser coronel".
John Greenwood.
24 meses antes, un John Greenwood de 14 años
había caminado de Maine hasta Massachusetts
y se había unido a la causa estadounidense,
con la esperanza de poder volver a ver a sus padres
en la Boston ocupada por los británicos.
Ahora debía caminar más de 300 millas a casa,
en donde su padre,
se encargó de meter sus prendas al horno
y lo fumigó con azufre
antes de poder volver a entrar al hogar
que había añorado por tanto tiempo.
Por ahora,
la revolución tendría que seguir sin él.
Pero seguiría, gracias a los sacrificios que él
y sus compañeros soldados habían hecho
y la victoria que habían conseguido
cuando la victoria parecía imposible.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.