All language subtitles for The.American.Revolution.2025.S01E03.1080p.AMZN.WEB-DL.DDP5.1.H.264-RAWR_track5_[spa]

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

"El plan establecido para nuestra educación

"se vio interrumpido por la guerra.

"En lugar de lecciones matutinas,

"debíamos tejer calcetines;

"en lugar de bordar, hacer prendas caseras;

"y en lugar de la música del clavicordio,

"debíamos escuchar el estruendo de las trompetas

"y el tamborileo incesante.

"Sin importar a dónde fuéramos,

"y Dios sabe que exploramos casi toda Virginia,

"no oíamos más que el estruendo de la guerra.

"Nuestro antes pacífico país

se convirtió en una escena de terror y confusión".

Betsy Ambler.

Maya Jasanoff: Nuestras imágenes de la Revolución Americana

suelen ser de hombres con pelucas

en salones con paneles de madera.

Eso refuerza la imagen de la Revolución Americana

simplemente como una guerra de ideales.

Creo que le hacemos un flaco favor a la historia

y a las experiencias de quienes la padecieron

cuando ocultamos la violencia de la Revolución Americana

bajo las muy idealizadas imágenes que tenemos

de los Padres Fundadores

firmando documentos en Filadelfia.

Estados Unidos surgió de la violencia.

Una producción de Florentine Films.

"Me asomé a la bahía

"y vi algo que se asemejaba a un bosque de pinos podados.

"Cuando lo noté, no podía creer lo que veían mis ojos.

"Pero cuál sería mi sorpresa cuando, diez minutos después,

"la bahía estaba repleta de barcos.

Llegué a pensar que todo Londres flotaba en el agua".

Soldado Daniel McCurtin.

La mañana del sábado 29 de junio de 1776,

el coronel Henry Knox,

cuya artillería había convencido a los británicos

de abandonar Boston,

estaba desayunando con su esposa Lucy

en el segundo piso de una mansión confiscada

en el Número 1 de Broadway,

cuando también vio los barcos británicos

que el soldado McCurtin había visto acercarse

al puerto de Nueva York sin resistencia alguna.

"Por Dios.

"Apenas se puede concebir la angustia y la ansiedad.

"La ciudad era un alboroto, los disparos de alarma,

las tropas dirigiéndose a sus puestos".

Henry Knox.

Martha Washington

y las esposas de otros oficiales,

como Lucy Knox y su hija pequeña,

fueron evacuadas de la ciudad por seguridad.

La Armada Real ancló frente a Staten Island

y unos 10,000 soldados británicos

comenzaron a desembarcar.

Multitudes de leales

los vitoreaban al tiempo que pisaban tierra.

Stephen Conway: La Armada Real, como dijo un contemporáneo:

era las "alas del lienzo del Estado británico".

Permitía que los británicos se aparecieran en la costa,

casi en cualquier lugar, sin obstáculos.

"Esperamos un verano muy sangriento en Nueva York,

"ya que supongo que aquí

"apuntarán los principales esfuerzos del enemigo.

"Y lamento decir que no estamos preparados para ello

ni en hombres ni en armas".

George Washington.

La Revolución Americana.

En el verano de 1776, la revolución,

que había comenzado como una disputa

por los derechos de los súbditos británicos,

ya se había transformado en una guerra

por la independencia estadounidense.

Y a medida que la revolución se propagó

por todas las colonias,

miles de estadounidenses, tanto patriotas como leales,

fueron expulsados de sus hogares.

Betsy Ambler de Yorktown, Virginia,

de 11 años, y su familia

estuvieron entre los primeras refugiados.

Su madre padecía lo que Betsy llamaba

una "dolencia nerviosa".

En 1775, la conversación incesante sobre la guerra

y la vulnerabilidad de Yorktown a un ataque desde el agua

había atemorizado tanto a su madre,

que su padre decidió, según Betsy,

que la familia se mudara

"en busca de un refugio seguro para ella".

Los Ambler eran más afortunados

que la mayoría de las familias desplazadas.

Ellos y sus familiares

eran dueños de granjas y plantaciones

diseminadas por todo el estado

en las que trabajaban personas esclavizadas.

Primero se refugiaron en una pequeña casa

en la diminuta aldea de Newcastle

en el condado de Hanover.

Allí, la madre de Betsy dio a luz a otra hija, Lucy.

Puesto que Lucy hizo su aparición

poco después de la Declaración, recordó Betsy,

su padre la llamó su "única hija independiente".

El padre de Betsy,

ahora un patriota completamente comprometido,

había perdido su puesto remunerado

como recaudador de la aduana real,

y el bloqueo de la Armada real pronto asfixió los envíos

de los que provenían sus ganancias como comerciante.

"La guerra, si bien iba a terminar

"por sumir a mi familia inmediata

"en la pobreza y en toda clase de dificultades,

"era por la construcción de la independencia

"y la prosperidad de mi país.

"¿Y qué sacrificio

"no habría hecho un estadounidense,

"un virginiano, desde temprana edad,

por un fin tan anhelado?"

Betsy Ambler.

Episodio Tres

Los Tiempos que ponen a prueba el alma de los hombres.

"Me desconcierta qué hacer con esta ciudad.

"Está tan rodeada de aguas navegables profundas,

que quien domine el mar, debe dominar la ciudad".

General Charles Lee.

George Washington

había puesto a un ex oficial británico,

el general Charles Lee a cargo de fortificar

la ciudad de Nueva York y sus alrededores.

Los comandantes patriotas

temían no poder defender la ciudad por mucho tiempo,

pero esperaban hacer pagar a los británicos

el precio más alto posible por capturarla.

Dado que nadie podía decir por dónde

o cuándo llegarían los ataques británicos,

Washington se había visto obligado

a dispersar su ejército y sus 121 cañones

alrededor del puerto.

Rick Atkinson: Nueva York es un archipiélago,

un lugar donde confluyen islas.

Eso es un problema.

Si no controlan los accesos marítimos

en Nueva York y sus alrededores,

no es posible defender la ciudad adecuadamente.

Nueva York tenía uno de los mejores

puertos naturales de la costa atlántica,

y si bien la ciudad todavía ocupaba

tan solo una milla cuadrada

en el extremo más al sur de Manhattan,

era la segunda ciudad más grande

del recién creado Estados Unidos,

y la entrada al río Hudson.

Si el comandante británico, el general William Howe,

lograba capturarla,

sus fuerzas quedarían libres para ascender el río

y separar a la rebelde Nueva Inglaterra

de los demás estados.

Nathaniel Philbrick: De muchas formas,

toda la guerra es una campaña acuática.

Se trata de quien controle la costa,

pero también de quien controle los ríos y lagos.

Allí fue donde la lucha tuvo lugar,

donde fuera que el agua ofreciera

una forma de acceder al interior del país.

Tanto británicos como estadounidenses

consideraban que Nueva York y las comunidades agrícolas

que la rodeaban eran bastiones leales.

Los patriotas

habían acechado en las calles durante semanas,

maltratando a los leales.

Miles huyeron

con las pertenencias que podían cargar.

Cientos más fueron arrestados.

Varias docenas fueron llevados a Simsbury, Connecticut,

y encarcelados en una mina de cobre abandonada

a 70 pies bajo el suelo que los patriotas llamaban

"Catacumba de lealtad".

Un "Comité para Detectar y Frustrar Conspiraciones",

a cargo del abogado John Jay,

llevaba a cabo interrogatorios diarios.

Cuarenta hombres,

entre quienes estaba el alcalde de Nueva York,

fueron a prisión

por planificar el asesinato de George Washington.

Se determinó que un miembro

de la guardia personal de Washington

estaba involucrado.

Fue ahorcado ante la mirada de cuatro brigadas de tropas.

La ciudad había sido el hogar de 25,000 personas.

En el verano de 1776, solo quedaban 5,000.

Y los leales, que se habían quedado,

aprendieron a guardarse sus opiniones.

"Al ver esa gran cantidad de casas cerradas,

"cualquiera creería que la ciudad evacuó

"casi por completo.

"Todos los días llegan tropas,

"abren a la fuerza las casas cerradas

"para resguardarse.

La necesidad no conoce ninguna ley".

Soldados continentales y milicianos de diez estados

siguieron llegando a la ciudad.

A la larga, llegaron a haber 20,000

en Nueva York y sus alrededores.

Vivían en casas abandonadas,

arrancaban los suelos de parqué para usarlos como leña

y arrojaban basura por las ventanas.

A pesar de un toque de queda a las 10 de la noche,

las tropas iban en masa

a una madriguera de burdeles en West Side,

construidos en terrenos

de propiedad de la iglesia Trinity.

Sus clientes lo llamaban el "Terreno Sagrado".

En la tarde del 12 de julio, dos barcos británicos

soltaron sus anclas de Staten Island,

navegaron por el puerto hasta la punta de Manhattan

y comenzaron a navegar por el Hudson.

"Los cañones de la ciudad hicieron muy poco daño,

"ya que solo la mitad de los hombres

"que debían estar apostados allí lo estaban.

"Los otros estaban bebiendo

"en su lugar de residencia habitual:

el Terreno Sagrado".

Teniente Isaac Bangs.

Más tarde esa noche,

una flota británica aún más grande,

de más de cien barcos, comenzó a navegar

entre los Narrows hacia el puerto de Nueva York.

Su comandante era el hermano mayor

del general William Howe, el vicealmirante Richard Howe.

Los dos habían manifestado alguna vez

su simpatía por los colonos

y habían tenido el poder

de negociar con los líderes rebeldes

y emitir indultos

con la esperanza de evitar más derramamiento de sangre.

Pero mientras el almirante cruzaba el Atlántico,

el Congreso declaró

la independencia de Estados Unidos.

"Nos enteramos de la deplorable situación

"de los súbditos leales de Su Majestad,

"que los cazaban y les disparaban

"en los bosques y pantanos a los que huían

"para escapar de la furia salvaje

"de los rebeldes.

"También supimos que el Congreso había anunciado

"que las colonias eran estados independientes.

"Era una proclama

de la maldad y la locura de ese pueblo engañado".

Ambrose Selre.

"Para mi querida Betsey, mi esposa.

"Es difícil estar feliz

"cuando la mitad de mi cuerpo y alma está en casa.

"Pero aunque no lo creas, no soy más mortal aquí

"cerca de los cañones británicos de lo que lo sería estando feliz

"entre tus pacíficos y amorosos brazos.

Hasta que Dios me llame, soy inmortal".

Philip Vickers Fithian.

Philip Vickers Fithian de Cohansey, Nueva Jersey,

era un clérigo presbiteriano de 28 años recién casado,

recientemente nombrado capellán de una brigada de milicia.

Se había graduado

de la Universidad de Nueva Jersey en Princeton

y entre sus compañeros estaban Aaron Burr y James Madison.

Después de graduarse, pasó un año como tutor

en una plantación de Virginia

donde, al ver la crueldad "inhumana"

de la esclavitud de cerca,

les enseñó a los hijos del dueño la obra de la poeta esclavizada

Phillis Wheatley.

En Nueva York, Fithian terminó durmiendo

en el piso de la casa abandonada de un leal,

organizando encuentros de oración dos veces al día.

Después visitaba hospitales

repletos de hombres agonizando de disentería.

"Aquí debo visitar diariamente

"a muchos con enfermedades contagiosas.

"Pero eso no me desanima ni me desalienta.

"Estoy dispuesto a arriesgarme

"y sufrir del mismo modo que mis compatriotas,

porque tengo la convicción de que es mi deber".

Philip Fithian.

Friederike Baer: Cuando observamos con detenimiento

cómo eran esos regimientos,

vemos a muchas personas que no llevaban armas,

como mujeres, niños, sirvientes, personal médico y capellanes.

Y hay toda clase de personas

que son parte fundamental de esas fuerzas,

que cumplen con labores esenciales,

sin las cuales, creo, el ejército no funcionaría.

"Primero de agosto.

"Hay información más que confirmada

"de que casi cuarenta embarcaciones del enemigo

"llegaron esta tarde para unirse a la flota.

Todos estamos inseguros". Philip Fithian.

Los barcos que llegaron ese día

eran los rezagados

de una fallida expedición británica en Carolina del Sur.

Los gobernadores reales de las colonias del Sur,

que habían sido expulsados a barcos anclados en sus costas,

seguían insistiendo que la rebelión había sido obra

de una pequeña minoría de radicales,

que la abrumadora población leal de sus colonias

se alzaría en armas para apoyar a la Corona

si enviaban ayuda.

En junio, barcos de guerra británicos

se reunieron en el puerto de Charleston,

en donde sus 262 cañones abrieron fuego

contra un fuerte rebelde en la isla Sullivan.

Se dispararon más de siete mil balas de cañón.

La mayoría de las que dieron en el objetivo

fueron absorbidas

por los robustos muros de palmito.

Al interior del fuerte,

el coronel patriota William Moultrie

ordenó a sus hombres que "angustiaran" al enemigo

de cualquier manera con todo lo que tuvieran.

Lo hicieron.

Solo tenían 31 cañones,

pero demostraron tener una precisión letal,

derribando mástiles, perforando cascos

y despedazando marineros y capitanes.

Tan solo el barco insignia británico

recibió 70 disparos

y 111 tripulantes murieron o quedaron mutilados.

En la noche, la flota maltrecha se alejó.

"Nunca nos habían dado una paliza así",

recordó un marinero británico.

Tardaron tres semanas en reparar los daños de los barcos

antes de emprender su camino de regreso al norte

para unirse a las fuerzas que amenazaban Nueva York.

Los británicos

no intentaron recapturar una colonia sureña de nuevo

durante dos años y medio.

"Al parecer la intención del hombre blanco

"es destruirnos como pueblo.

"Pero cuento con muchos jóvenes que me apoyarían.

Y estamos decididos a tener nuestras tierras".

Tsi'yu-gunsini'.

En el verano de 1776, guerreros cheroquis

liderados por 'Tsi'yu-gunsini', "Arrastrando Canoa" en español,

comenzaron a atacar asentamientos fronterizos

al oeste de los Apalaches

en terrenos que ahora reclamaban Virginia y las Carolinas.

La Proclama Real de 1763

había prohibido expresamente a los colonos

comprar o mudarse a tierras indígenas

al oeste de los Apalaches.

Pero los oficiales británicos habían sido incapaces

de hacerla cumplir,

o de impedir a algunos indígenas americanos,

como el padre de Arrastrando Canoa,

que alquilaran o vendieran terrenos

a colonos y especuladores.

Kathleen DuVal: Pensamos en la revolución

como una guerra contra el imperio.

Pero rápidamente se convirtió en una guerra por el imperio.

Uno de los objetivos de la Revolución Americana

es hacerse con el Valle del Ohio y el Sur.

Es lo que los estadounidenses querían.

El Gobierno británico

les había impedido hacerse con tierras indígenas.

Entonces para los shawnees, los delawares,

los cheroquis y muchos otros pueblos,

la Revolución Americana fue una guerra

para proteger esas regiones de un enemigo

al que ya conocían bastante bien.

"Nuestra nación Shawnee, un gran pueblo,

"ha sido reducida a un puñado.

"Los pielroja,

"que alguna vez fueron amos de todo el país,

"ahora a duras penas

"tienen territorio suficiente para mantenerse en pie.

"Las tierras donde cazábamos ahora están densamente pobladas

"y cubiertas de fuertes con hombres armados.

"Y dondequiera que aparece un fuerte,

pronto aparecen pueblos y asentamientos".

Kathleen DuVal: En mayo de 1776, una delegación de shawnees,

delawares, anishinaabes y haudenosaunee

llegaron al pueblo cheroqui de Chota.

"ya fue suficiente.

Año tras año

han llegado colonos ilegales a nuestras tierras.

Ahora ha comenzado una guerra

que separa a esos colonos de su gobierno.

Este es el momento de atacar".

"Es mejor morir como hombres

"que desvanecerse poco a poco.

"Los cheroquis tienen un hacha.

Tómenla y úsenla de inmediato".

Los agentes británicos

que seguían en Territorio Indígena,

que habían armado a los cheroquis

para luchar contra los rebeldes,

ahora les pedían paciencia y que esperaran

hasta que llegaran las tropas británicas.

Arrastrando Canoa no escuchó a los británicos

ni a los mayores de la generación de su padre,

que abogaban por la diplomacia.

Reunió a los hombres jóvenes y se fue a la guerra.

Mataron y les arrancaron el cuero cabelludo a colonos

en la zona rural de Carolina y Virginia,

quemaron sus cabañas y cultivos, y ahuyentaron a su ganado.

Colin Calloway: El resultado fue,

tal como temían los jefes mayores,

que las colonias estadounidenses

enviaron ejércitos al Territorio Cheroqui

de inmediato.

De hecho, algunos dirigentes estadounidenses

dijeron, en otras palabras:

"esto era lo que estábamos esperando.

Ahora tenemos la justificación

para lanzar un ataque a gran escala

contra los cheroquis,

expulsarlos y tomar sus tierras".

"Nada reducirá a esos desgraciados más rápido

"que trasladar la guerra al corazón de su territorio.

"Pero yo no me detendría ahí.

"Nunca dejaría de perseguirlos hasta que no quedara ninguno

a este lado del Misisipi".

Thomas Jefferson.

Kathleen DuVal: En Carolina del Norte, Carolina del Sur,

Virginia y Georgia hay miles de milicianos

listos para unirse a la revolución.

Listos para enfrentar a Gran Bretaña.

Pero los británicos no están allá.

Allá no hay británicos contra quienes luchar.

¿Quién está allá para luchar?

Los cheroquis.

Unos 6,000 milicianos

invadieron el Territorio Cheroqui.

Destruyeron 36 pueblos,

incluida la aldea del mismo Arrastrando Canoa.

Philip Deloria: Esa fue una advertencia

para los demás pueblos.

Si creen que pueden mantener una alianza con los británicos,

¿adivinen qué vamos a hacer?

Vendremos a quemar todo.

Vamos a destruir sus cultivos, su maíz,

vamos a destruir la comida que tienen almacenada.

Les vamos a declarar la guerra total.

Demos a todos los pueblos indígenas

una muestra de lo que se avecina.

Al final,

los líderes cheroquis más ancianos pidieron la paz

y se vieron obligados a ceder otros cinco millones de acres.

Maggie Blackhawk: Los colonos

querían ser los dueños exclusivos de la tierra.

Y esa es una visión Occidental,

en contraste con los pueblos indígenas,

que tenían una relación más espiritual,

o más comprometida con la tierra.

A diferencia de sus mayores,

Arrastrando Canoa no se rindió.

Logró escapar hacia el oeste

con cientos de hombres y sus familias

y se asentaron a lo largo del arroyo Chickamauga

en el actual Tennessee, donde permaneció desafiante.

"No pude escuchar sus discursos de paz",

dijo Arrastrando Canoa.

"Mis pensamientos y mi corazón están en la guerra".

En 1776, las potencias imperiales

avanzaban por toda América del Norte.

Rusia, a lo largo de la costa de Alaska,

España en lo que se convirtió en la bahía de San Francisco,

los Lacota en las Colinas Negras

y los comanches en las Llanuras del Sur.

El 12 de agosto, frente a Staten Island,

en Nueva York,

Gran Bretaña,

la mayor potencia naval del mundo,

llegó con 107 barcos más.

A bordo había 8,600 soldados hessianos contratados.

Todo sobre los soldados alemanes buscaba intimidar:

sus uniformes bien ajustados

que los hacía ver más corpulentos de lo que eran.

Los bigotes, que muchos se dejaban crecer

cuando la mayoría de hombres se afeitaban bien,

los cascos de sus granaderos y fusileros

que los hacían ver más altos,

y una reputación de ferocidad tan generalizada

que algunos estadounidenses creían que eran caníbales

con un gusto especial por los bebés.

Friederike Baer: Creo que fue

una herramienta de propaganda eficaz.

Van a saquear nuestros hogares,

van a quemar nuestra aldea,

van a violar a nuestras mujeres.

Ese tipo de narrativas eran muy frecuentes,

sobre todo en la primavera del 76,

incluso antes de que los primeros alemanes

pusieran un pie en territorio estadounidense.

"En América del Norte no habrá paz

"hasta que derrotemos al ejército rebelde.

"Si el enemigo ofrece batalla en un campo abierto,

no debemos rechazarla".

General William Howe.

El general William Howe

y su hermano Richard

eran el comando conjunto de la fuerza de asalto marítima

más grande que Gran Bretaña había formado:

24,000 soldados,

que incluía a los 8,600 hessianos,

así como a 400 barcos

tripulados por unos 10,000 marineros y marines.

En la madrugada del 22 de agosto,

4,000 tropas británicas y hessianas

cruzaron los Narrows y desembarcaron en Gravesend,

en el extremo sureste de Long Island

botes llenos de tropas de asalto.

"El enemigo ha desembarcado en Long Island.

"Rápidamente se acerca la hora de la que dependen

"el honor y el éxito de este ejército,

así como la seguridad de nuestro país sangrante".

George Washington.

Más tropas siguieron desembarcando.

Pronto, más de 20,000 soldados británicos,

hessianos y leales ocupaban un campamento

que se extendía ocho millas, un poco más allá de la playa.

El general Washington recordó a sus hombres

la forma despectiva

en que los oficiales británicos les habían hablado.

Ahora era su oportunidad de probar

que estaban equivocados,

siempre y cuando se mantuvieran "tranquilos pero decididos".

"Recuerden que son hombres libres

"que luchan por las bendiciones de la libertad,

"que la esclavitud será su destino

"y el de su descendencia,

si no se comportan como hombres".

George Washington

Washington sabía que se aproximaba un ataque,

pero le preocupaba que el desembarco británico

en Long Island fuera una mera distracción,

por lo que dividió su ejército.

La mayoría se quedó en Manhattan,

mientras que unos 8,000 hombres,

la mayoría milicianos con poco entrenamiento,

se apostaron en Long Island,

donde el general de mayor confianza de Washington,

Nathanael Greene de Rhode Island,

había fortalecido una serie de fuertes y excavaciones

que iban desde Red Hook hasta la bahía de Wallabout.

La mayoría de las defensas estaban concentradas

cerca de los elevados acantilados

más cercanos a Manhattan llamados Brooklyn Heights

por la pequeña aldea de Brooklyn que se alzaba tras ellos.

Washington y sus generales creían que si los británicos

se tomaban ese terreno elevado, sus cañones dominarían la ciudad

del mismo modo que los cañones rebeldes

habían dominado Boston y su puerto

a inicios de ese mismo año.

Pero Nathanael Greene se enfermó y pronto lo reemplazó

el mayor general Israel Putnam de Connecticut,

cuyo espíritu combativo no compensaba

su falta de sentido estratégico o conocimiento del terreno.

Entre las fortificaciones de Brooklyn Heights

y el campamento británico se extendía una escarpada

y boscosa cresta llamada Gowanus Heights.

La atravesaban o rodeaban cuatro pasos:

Gowanus,

Flatbush,

Bedford

y Jamaica.

Con el visto bueno de Washington,

Putnam ordenó a 3,000 de sus hombres

atrincherarse y defender la cresta,

así como tres de los pasos.

De manera inexplicable,

el paso de Jamaica quedó prácticamente expuesto.

Rick Atkinson: Washington,

como comandante del ejército estadounidense,

cometió varios errores tácticos graves.

Ninguno tan grave como el de Long Island.

Había sido topógrafo,

debió haber sabido la importancia

de entender por completo el terreno

que se quiere defender.

No lo entiende,

no sale a explorar el terreno hacia Jamaica,

que está al extremo de una formación glacial

y no se da cuenta de que los británicos

podían rodearlos.

La batalla de Long Island

comenzó en las primeras horas del 27 agosto de 1776,

y comenzó con una escaramuza por unas sandías.

Cerca de la medianoche,

centinelas de Pensilvania en la posada Red Lion,

al extremo derecho de las líneas estadounidenses,

alcanzaron a ver vagamente dos figuras

en un campo de melones.

Eran forrajeadores británicos

que iban delante de una gran fuerza

de casacas rojas

y esperaban darse un festín

antes de luchar contra el enemigo.

Los pensilvanos abrieron fuego.

Pocos minutos después,

una descarga de mosquetes británicos

desde el bosque

obligó a los estadounidenses a volver al campamento.

Con el ataque británico activo,

se le ordenó al general William Alexander

organizar una fuerza para intentar detenerlo.

Alexander y 1,600 hombres

tomaron posiciones al sur de una marisma

y un estanque junto al arroyo Gowanus,

al tiempo que 5,000 tropas británicas

avanzaban hacia ellos.

Sin árboles o muros de tierra para guarecerse,

las tropas estadounidenses y británicas

se pararon en línea, al estilo europeo,

y descargaron sus mosquetes y artillería contra el otro.

Un soldado de Maryland recordó

que "las balas y proyectiles volaban muy rápido,

y de vez en cuando bajaban una cabeza".

Entretanto,

en el centro de las líneas estadounidenses,

el fuego de cañones británicos

arrasaba los árboles sobre la cresta,

donde varios cientos de tropas

al mando del general John Sullivan de Nueva Hampshire

defendían los pasos de Flatbush y Bedford.

Regimientos hessianos y de montaña

avanzaban hacia ellos con bayonetas caladas,

y se retiraron varias veces

debido al intenso fuego estadounidense.

Washington, que observaba desde un fuerte en Cobble Hill,

estaba complacido con el avance de la batalla hasta ahora,

ambos frentes parecían resistir.

Pero también pidió enviar refuerzos

desde Manhattan.

"Nuestro sargento mayor nos informó que ordenaron

"que el regimiento fuera a Long Island.

"Me produjo una sensación desagradable,

"ya que era indudable

"que tendría que inhalar algo de pólvora.

"Entonces, los horrores de la batalla

"vinieron a mi mente en toda su atrocidad.

Ha llegado mi momento, pensé".

Joseph Plumb Martin.

El soldado Joseph Plumb Martin

de la milicia de Connecticut

tan solo tenía 15 años ese verano.

Era uno de los siete hijos

del ministro de un pequeño pueblo,

tan pendenciero

que no podía mantener una congregación.

Martin había querido enlistarse desde Lexington y Concord.

El 6 de julio de 1776, recordó: "había tomado la pluma,

la cargué con la cantidad fatal de tinta,

y escribí mi nombre...

Ahora era un soldado,

al menos de nombre, si no en la práctica".

Antes de que los botes

que transportaban a Martin y a sus compañeros soldados

pudieran cruzar el río Este hacia Brooklyn,

la balanza de la batalla había comenzado a inclinarse.

Los ataques británicos a los flancos estadounidenses

de la derecha y el centro

que el ejército de Washington parecía haber frustrado,

resultaron ser una mera "demostración"

con el objetivo de ocupar a las tropas

que de otro modo habrían luchado

en contra del ataque británico principal.

No tardó en iniciar por el flanco izquierdo.

Los británicos habían entrado

por el desprotegido paso de Jamaica.

Doce horas antes,

después de dejar sus fogatas encendidas

para confundir a los patriotas, el general Henry Clinton

había conducido a unos 10,000 soldados británicos y alemanes

hacia el norte, a lo largo de un camino sucio

grandiosamente llamado Avenida del Rey.

Avanzaron en silencio

guiados por tres voluntarios leales.

Rick Atkinson: Fue idea de Clinton.

Convenció a Howe de que era la forma de hacerlo,

en lugar de atacar de frente.

No querían otro Bunker Hill,

mejor rodearlos.

Entonces lidera

a unos diez mil hombres en la oscuridad, en silencio,

tan en silencio como pueden ir diez mil hombres

jalando artillería con caballos.

El plan funcionó a la perfección.

La columna británica, de casi dos millas de largo,

atravesó el paso y llegó a la aldea de Bedford,

bien atrás de las líneas estadounidenses

y a tan solo dos millas

de las principales fortificaciones

en Brooklyn Heights y a su alrededor.

El general Clinton

ordenó disparar dos armas en rápida sucesión,

la señal para que las tropas británicas

que asediaban a los estadounidenses

por el centro y la derecha avanzaran de forma simultánea,

atrapando a los hombres de John Sullivan en el medio.

Sullivan ordenó a sus artilleros girar sus armas

para atacar al enemigo que ahora venía por detrás,

pero mientras luchaban por hacerlo,

granaderos hessianos y escoceses de las Tierras Altas

treparon y cruzaron Gowanus Heights

mientras disparaban y atacaban con sus bayonetas.

Fue una derrota total.

"¡Sangre!

"¡Masacre! ¡Fuego!

"Tememos que muchos, muchos fallecieron.

Nunca había escuchado un estruendo tan horrible".

Philip Fithian.

Rick Atkinson: Los mosquetes suelen fallar a más de 80 yardas

y no sirven más allá de 120 yardas.

Por lo tanto,

la mayoría de las muertes son por bayoneta.

Y matar con bayoneta es horrible;

es una forma horrible de morir.

Esto fue ojo a ojo, nariz con nariz.

Fue muy íntimo.

Ese tipo de cercanía es aterradora.

Cientos de estadounidenses

se rindieron, incluso el general Sullivan.

"Su temor hacia las tropas hessianas era indescriptible",

recordó el comandante alemán, general Heister.

"Apenas nos vieron, se rindieron de inmediato

"y suplicaron de rodillas por su vida.

"Me sorprende que las tropas británicas

hayan conseguido tan poco contra esta gente".

General Heister.

"Pronto llegamos a Brooklyn.

"Comenzamos a toparnos con los hombres heridos,

"otra cosa que jamás había visto,

"algunos con heridas en los brazos,

otros en las piernas, y otros en la cabeza".

Joseph Plumb.

El combate que Joseph Plumb Martin

estaba a punto de presenciar

sería el último y el más sangriento del día.

¡pum, pum, pum!

Tres columnas británicas se acercaban

al general Alexander y sus tropas

por el flanco derecho estadounidense.

Hizo lo que pudo por reagruparlos,

pero la cantidad de atacantes era cada vez mayor.

Alexander retrocedió y al final,

en lugar de ver su comando destrozado,

instó a sus hombres a retirarse hacía la aldea de Brooklyn

al otro lado de las marismas que rodeaban el arroyo Gowanus.

"Los que sabían nadar lograron cruzar.

"Los que no sabían, se hundieron.

"Los británicos lanzaban cañonazos y metrallas

"sobre los estadounidenses como una lluvia de granizo.

"Muchos fueron asesinados en el estanque

y más se ahogaron". Joseph Plumb.

¡splash!

Para cubrir a sus desesperados hombres

y distraer a las tropas británicas

que les disparaban desde el interior

y alrededor de una vieja casa de piedra,

Alexander envió a unos 400 soldados de Maryland

directo a las armas del enemigo una y otra vez.

Menos de una docena regresaron ilesos

a las líneas estadounidenses.

El mismo Alexander se vio obligado a rendirse.

Un capellán hessiano escribió:

"fue una carnicería horrible.

Crucé el campo de batalla entre los muertos

y la mayoría estaban en pedazos".

Por lo menos 200 estadounidenses habían muerto

y unos 1,000 más fueron capturados.

Washington observó la matanza final

a través de su catalejo.

Al mediodía ya había terminado.

Los británicos creyeron que habían conseguido

lo que un general llamó

una "victoria barata y completa".

Rick Atkinson: Washington estaba destrozado

porque de inmediato se dio cuenta

de la catástrofe que había sucedido.

Lo único positivo fue que suficientes soldados

retrocedieron para formar una especie de defensa interna

alrededor de Brooklyn que frena a los británicos.

Se replegaron dentro de esas defensas.

Ahora están de espaldas al río Este.

La situación no podría ser más desesperada.

Washington

y la mayor parte de su maltrecho ejército,

ahora hacinados

dentro de las defensas en Brooklyn Heights,

esperaba que los británicos lanzaran un ataque sin cuartel

para destruirlos.

Los oficiales del general William Howe

lo presionaron

para que terminara lo que había empezado.

Pero en lugar de ordenar un ataque,

Howe se detuvo.

Sabía que la flota de su hermano Richard

estaba a punto de ingresar al río Este

para impedir que los rebeldes escaparan por el agua.

Los estadounidenses quedaron atónitos.

Israel Putnam dijo: "el general Howe

es nuestro amigo o no es un general.

Tenía a todo nuestro ejército en su poder".

Entretanto, de repente empezó una tormenta

que se mantuvo por los siguientes dos días.

Impidió que la flota del almirante Howe

ingresara al río Este.

A mediados del segundo día, Washington decidió tratar

de sacar a su ejército hacia Manhattan.

Rick Atkinson: Washington

envió la orden de traer todos los botes,

todos los barcos pesqueros, todas las canoas,

todo lo que flotara con mucho sigilo y en silencio

a la orilla que queda muy cerca del actual puente de Brooklyn

en el costado de Brooklyn.

Para tripular su desigual flotilla,

recurrió a dos regimientos

de marineros y pescadores experimentados,

negros, blancos e indígenas,

de los pueblos costeros de Massachusetts.

El coronel John Glover de Marblehead

lideraba uno de los regimientos.

Cuando cayó la noche, Washington ordenó a sus hombres

que empezaran a descender en silencio

de la cresta hasta la orilla, un regimiento tras otro.

"Me aferré a mi mosquete y me uní a las filas.

"Se nos ordenó estrictamente no hablar, ni siquiera toser.

Todas las órdenes se daban en susurros".

Joseph Plumb Martin.

Rick Atkinson: Llegó una brisa providencial

que les permitió izar las velas y cruzar el río Este.

Entonces, apareció una niebla más providencial

y ocultó lo que estaba sucediendo.

Durante toda la noche, John Glover

y sus hombres de Marblehead navegaron y remaron

de un lado a otro sin ser detectados,

transportando más de 9,000 hombres,

así como caballos, artillería y carretas de equipaje

a la seguridad de Manhattan.

Rick Atkinson: Cuando amaneció,

los británicos se dieron cuenta de que no había nadie.

Vieron los últimos botes desaparecer al otro lado del río

entre lo que quedaba de niebla.

Hicieron unos cuantos disparos sin sentido

a esa banda en retirada,

que incluía a Washington en uno de los últimos botes.

Los estadounidenses escaparon a la isla de Manhattan

y huyeron para luchar un día más.

La batalla de Long Island

fue la batalla más grande de la Revolución Americana.

Había sido una derrota devastadora

para George Washington y la causa patriota.

Pero su ejército seguía vivo.

"Braintree Massachusetts.

"Los mejores reportes que hemos recibido de Nueva York

"nos aseguran

"que nuestros hombres lucharon con valentía.

"No estamos desanimados, en absoluto.

"Si todos nuestros hombres se retiraran

"y fuéramos atacadas, se toparían

con una raza de amazonas en América del Norte".

Abigail Adams.

Todos los ejércitos que participaron

en ambos bandos de la guerra iban acompañados

de una aldea nómada de civiles: hombres, mujeres y niños.

La mayoría de las mujeres eran las esposas de los soldados

que cuidaban a los heridos, lavaban, cocinaban

y remendaban para las tropas.

Algunas vendían provisiones, incluido el ron.

George Washington solía enfadarse

por tener que alimentar a todas las mujeres y niños,

pero también entendía, dijo:

"que tenía que proveerles de alguna manera

o perder a algunos de los soldados

más grandes y mejores en servicio

y que desertaran quizás a las filas enemigas".

Las mujeres trabajaban como espías,

y unas cuantas se disfrazaron de hombres

y lucharon hasta que las descubrieron.

Pero la mayoría contribuyó al esfuerzo de la guerra

lejos del campo de batalla.

"Preston, Connecticut.

"Querido esposo, espero que pueda tener el placer

"de tenerte en casa este invierno.

"Las angustias de la mente no se pueden explicar,

sobre todo cuando hay lazos de carne y sangre".

"Mi único consuelo en este momento

"son los queridos pequeños testimonios de nuestro amor,

"nuestros hijos.

"Cuando los miro, veo a mi amado,

"al que una causa tan gloriosa lo arrebata de mis brazos.

"Mi país.

"Oh, mi país.

Tu amorosa esposa hasta la muerte, Lois".

Lois Peters.

Con sus hijos, esposos y padres ausentes,

algunas mujeres convirtieron sus casas

en pensiones para pagar las cuentas.

En las granjas, las mujeres,

que ya cuidaban del hogar y los hijos,

ahora sacrificaban cerdos, cortaban y apilaban madera,

cultivaban trigo y lo llevaban al mercado.

"Los hombres dicen que no debemos entrometernos

"en asuntos políticos, no es nuestra esfera.

"Pero que no se crea que nada más somos capaces

"de cuidar la lechería, visitar el gallinero

"y ese tipo de asuntos domésticos.

"Nuestros pensamientos pueden elevarse.

"Podemos formarnos ideas

sobre asuntos de naturaleza superior".

Eliza Wilkinson.

"¿Es de sorprenderse

"que los negros se esfuercen por recobrar su libertad

"cuando a diario escuchan en las mesas de sus amos

"lo mucho que aplauden a los estadounidenses

por la defensa que están haciendo de la suya?"

John Purrier.

Jane Kamensky: La charla sobre la libertad

que se propaga por la América británica

se originó en cafeterías y en comedores.

Aparece en cartas y en panfletos.

Fragmentos de esos panfletos se recogen en periódicos

y viajan por toda la costa.

Hasta las cartas, al igual que los periódicos,

se leen en voz alta.

Sabemos que el lenguaje de la libertad es contagioso

y se filtra.

Y se filtra en el hecho

de que hay plantadores en Jamaica que dicen,

bueno, "esto me gusta,

así que tengan cuidado cuando hablan,

porque todas esas personas negras y morenos

que están ahí sirviéndoles alrededor del salón

tienen oídos".

"La señal debía darse primero

"haciendo un disparo

"en la plantación Batchelors Hall.

"Entonces debían levantarse en rebelión total,

"atacar las fincas

y dar muerte a todos los blancos que pudieran".

Sam.

Ese mismo verano de 1776,

en el noroeste de Jamaica,

hombres, mujeres y niños esclavizados

que vivían en 47 plantaciones conspiraron en secreto

para derrocar a sus esclavizadores,

con la esperanza de que la rebelión

se propagara por toda la isla

y uniera a las personas de ascendencia africana

que vivían allí, como igbos, criollos y coromantes.

Esta insurrección planeada fue una consecuencia accidental

de la Revolución Americana.

El veto estadounidense a comerciar con los británicos

impidió que los jamaiquinos esclavizados

accedieran a la comida que necesitaban para vivir.

Entonces, Londres ordenó

que casi la mitad de los soldados

que vigilaban la isla navegaran al norte

para apoyar a las fuerzas del general Howe en Nueva York.

Su partida, debía ser la señal

para que las personas esclavizadas se rebelaran.

Pero antes de poder llevar a cabo su plan,

descubrieron a un niño

vaciando la pistola de su supervisor

y lo obligaron a revelar lo que sabía de la conspiración.

El gobernador real declaró ley marcial.

La revuelta fue destruida.

135 personas fueron a juicio,

17 fueron ejecutadas,

11 fueron azotadas

y 45 fueron separadas de sus familias

y deportadas a otras islas.

Pero en ese verano y otoño

hubo otros levantamientos esporádicos,

o rumores de levantamientos,

entre trabajadores esclavizados en otras islas británicas:

San Cristóbal, Montserrat, Antigua, Barbados,

y todos desataron el temor

de los esclavizadores estadounidenses.

Vincent Brown: Las rebeliones de esclavizados

solían fracasar.

Entonces, ¿para qué luchar?

La esclavitud era sumamente espantosa.

Era un régimen de terror, ¿no?

Era algo muy, muy difícil de soportar.

La gente podía abusar, violar, torturar,

matar a las personas esclavizadas sin consecuencias.

Entonces,

cuando nos imaginamos esa situación,

esa clase de desesperación, queda claro por qué,

de tener la oportunidad, lucharían contra eso.

El 11 de septiembre de 1776,

tres delegados del Congreso Continental,

John Adams de Massachusetts,

Edward Rutledge de Carolina del Sur

y Benjamin Franklin de Pensilvania,

fueron a la casa de un leal en Staten Island

para reunirse con el almirante Howe,

que esperaba persuadir al Congreso

para negociar la paz.

Howe hizo todo lo posible para garantizar a los delegados

que todavía todo podía ser perdonado

solo si los norteamericanos

se olvidaban de la independencia.

"Si América del Norte cae", les dijo a los delegados,

"lo sentiría y lamentaría como la pérdida de un hermano".

Franklin respondió, "haremos nuestro máximo esfuerzo

para evitar esa mortificación a su señoría".

El secretario de Howe dijo:

"se reunieron, hablaron, se despidieron.

Y ahora no queda nada más que luchar".

No había marcha atrás.

Howe se disculpó con sus visitantes

por hacerles perder el tiempo.

Christopher Brown: Durante los primeros años de la guerra,

el Gobierno británico

de verdad pensó que una demostración de fuerza

haría que la mayoría de los estadounidenses

entraran en razón.

Y que los instigadores, los provocadores,

los responsables de la insurrección

serían capturados, asesinados,

o que sus vecinos dirían: 'suficiente.

La verdad,

no queremos entrar en guerra con nuestro propio país'.

"Por nuestra parte,

"la guerra debe ser defensiva.

"Debemos evitar a toda costa una acción general

"o poner algo en riesgo

"a menos que nos veamos obligados por necesidad,

cosa en la que nunca deberíamos vernos envueltos".

George Washington.

De regreso en la ciudad de Nueva York,

Washington de nuevo esperaba otro ataque británico,

y de nuevo no sabía dónde o cuándo podría ocurrir.

Entonces, de nuevo,

dividió lo que quedaba de su ejército.

El general Washington dejó al general Putnam

y a unos 3,500 hombres para que cuidaran la ciudad

y lideró a la mayoría de sus tropas

hacia el norte, a la diminuta aldea de Harlem.

Había milicianos apostados a lo largo del río Este

al otro lado de Long Island.

Joseph Plumb Martin

estaba con 500 soldados de Connecticut en Kips Bay.

Al mismo tiempo, cinco fragatas británicas

navegaron río arriba y anclaron en la orilla opuesta.

A las 11 de la mañana del 15 de septiembre,

abrieron fuego.

"Pensé que perdería la cabeza con el sonido.

"Salté como una rana hacia la trinchera

"y me quedé lo más quieto posible,

"y comencé a pensar en qué parte de mi cadáver

"se iría primero.

"Mantuvimos las líneas

"hasta que estuvieron casi sobre nosotros,

cuando nuestros oficiales ordenaron la retirada".

Joseph Plumb Martin.

Mientras Martin y sus camaradas corrían,

4,000 tropas enemigas comenzaron a desembarcar en Kips Bay,

incluso los hessianos

que mataron a varios estadounidenses

heridos con bayonetas y mutilaron a los muertos.

"Nuestros hombres eran todos milicianos,

"y los demonios del temor y el desorden

parecieron apoderarse de todos y de todo ese día".

Joseph Plumb Martin.

Entonces, el general Washington

apareció de la nada

y ordenó a sus hombres que huían formar una línea defensiva:

"¡Tómense los muros!", rugió.

"¡Tómense el maizal!".

Siguieron huyendo.

"¿Estos son los hombres

con los que debo defender a Estados Unidos?".

Washington era conocido

por ser reservado, seco, estoico.

Pero "quienes lo han visto profundamente conmovido",

recordó un amigo,

"podían dar fe de que su ira es terrible".

Parecía aturdido y espoleó a su caballo

hacia los hessianos que avanzaban.

Un ayudante sujetó las riendas de su caballo

y salvó a su comandante del peligro.

El coronel John Glover

y su regimiento de Marblehead, Massachusetts,

que acababan de ayudar a Washington

a escapar de Long Island, llegaron a toda prisa

y lograron frenar el avance británico.

Pero muchos patriotas

siguieron corriendo hasta alcanzar la seguridad

de las recias posiciones fortificadas estadounidenses

en la meseta conocida como Harlem Heights.

Los británicos

tardaron en perseguir a los rebeldes en fuga.

El general Howe quería esperar hasta que miles de tropas más

desembarcaran en la isla de Manhattan.

Ese retraso dio a Putnam

tiempo de guiar a sus hombres al norte,

fuera de la ciudad de Nueva York,

para unirse a Washington en Harlem.

Los británicos

entraron triunfantes a la abandonada ciudad.

"Las fuerzas del rey se apoderaron del lugar,

"por más increíble que parezca, sin una sola baja.

"Una mujer arrancó el estandarte rebelde

"y, después de haberlo pisoteado

"con una indignación lo más desdeñosa,

izó en su lugar la bandera de Su Majestad".

Ambrose Serle, secretario del almirante Howe.

Maya Jasanoff: La ciudad de Nueva York

se convirtió en el mayor bastión británico

de la Revolución Americana.

Cuando el Ejército Continental fue expulsado,

los patriotas no quisieron quedarse

y también se fueron.

Entretanto, los leales llegaron a la ciudad.

Llegaron personas del campo a refugiarse,

y la ciudad se convirtió

en una especie de ciudad guarnición.

Cientos de leales reafirmaron formalmente

su lealtad a Jorge III al firmar un documento

que llamaron su "Declaración de Dependencia".

Más leales llegaron en masa a la ciudad

en las semanas siguientes,

ahora ansiosos de alzarse en armas

por la causa del rey.

"Es la causa de la verdad contra la falsedad,

"de la lealtad contra la rebelión,

"del gobierno legal contra la usurpación.

En resumen, es la causa de la felicidad humana".

Charles Inglis.

A lo largo de la guerra,

hasta 50,000 norteamericanos se ofrecieron como voluntarios

para servir en las compañías de milicias leales

o en unidades provinciales adscritas al ejército británico:

el Regimiento Norteamericano del Rey,

los Rangers Norteamericanos de la Reina,

los Voluntarios Norteamericanos del Príncipe de Gales,

los Emigrantes Reales de las Tierras Altas

y la Legión Británica.

Todos conocían a alguien

que había luchado en el otro bando.

Incluso el hijo de Benjamin Franklin, William,

el depuesto gobernador real de Nueva Jersey,

siguió siendo leal a su rey, y por ello fue a prisión.

"Si hubiera seguido el mandato de mi propio juicio,

"Nueva York habría quedado reducida a cenizas.

"Acudí al Congreso con ese propósito,

"pero me lo prohibieron tajantemente.

"La Providencia, o algún buen hombre honesto,

"ha hecho más por nosotros de lo que estábamos dispuestos

a hacer por nosotros mismos".

George Washington.

"21 de septiembre de 1776.

"Estamos sumamente alarmados por un incendio

"que se debió propagar de manera asombrosa.

"Porque aunque estamos

"a seis millas y media del pueblo,

"podíamos ver un alfiler en el suelo

con la luz de las llamas".

Teniente Loftus Cliffe.

La ciudad de Nueva York estaba en llamas.

A la mañana siguiente,

el teniente irlandés Loftus Cliffe,

quien ya había sobrevivido a tres batallas,

salió a caminar por sus calles, que seguían ardiendo.

"No puedo describir la miseria

"de un pueblo muy bonito

"casi tan grande como Cork, ahora destruido.

"Dos iglesias, la casa del gobernador,

"así como otras hermosas edificaciones están en ruinas,

"después de haber sido incendiadas al mismo tiempo

"en diferentes lugares a mitad de la noche.

"El objetivo era destruir el pueblo.

"Oh, Washington,

¡por lo que tienes que responder!"

Loftus Cliffe.

El origen del incendio siguió siendo un misterio.

Pero el general Howe,

estaba convencido de que habían sido los rebeldes.

Al día siguiente,

cuando unos soldados trajeron a un espía estadounidense

capturado tras las líneas británicas,

no tuvo piedad.

Howe ordenó que el capitán Nathan Hale,

miembro de una unidad élite de espionaje

establecida por George Washington,

fuera colgado a la mañana siguiente.

Un oficial británico recordó que,

de camino a la horca,

Hale "mostró una gran compostura y determinación".

Encima de su cuerpo,

soldados británicos colgaron un letrero que decía:

"George Washington", el hombre al que todos culpaban

del incendio en la ciudad de Nueva York.

Alan Taylor: Es mucho lo que depende del desempeño

de George Washington, no solo en el campo de batalla,

sino en su relación con el Congreso,

en su relación con los estados

y en su relación con los soldados.

George Washington

entiende que su función no es solo militar,

también es política.

Tiene que proyectar dignidad.

Tiene que proyectar autoridad.

Debe hacerlo al tiempo que muestra deferencia

hacia el Congreso.

No puede convertirse en un dictador.

"Hemos sido enviados a la vida

"en una época en la que habrían deseado vivir

"los más grandes legisladores de la antigüedad.

"¿Cuándo, antes de la época presente,

"habían tenido tres millones de personas poder total

"y una oportunidad justa de formar y establecer

"el gobierno más sabio y feliz

que pueda idear la inteligencia humana?"

John Adams.

Mientras Washington y Howe

se enfrentaban en Nueva York,

en Filadelfia

el Congreso Continental estaba trabajando para adoptar

los Artículos de la Confederación,

que buscaban unir a los trece estados formalmente,

y al mismo tiempo garantizar la independencia de cada uno,

como un primer paso tentativo hacia un gobierno permanente

del nuevo Estados Unidos.

Alan Taylor: Cuando pensamos en nuestra Revolución Americana,

pensamos, claro

está en la independencia de Gran Bretaña.

Eso es algo muy importante.

Pero también es necesario pensar

en que de ahí se formó el gobierno republicano.

Lo que también es la formación de la unión de nuestros estados.

Y esas tres cosas eran todas grandes apuestas.

No tenían precedente,

nunca se había formado una república

a partir de una revolución.

Y las trece colonias

habían tenido amargas rivalidades entre sí.

Por lo tanto, formar una unión,

a partir de esos estados sería tan complicado

como lograr independizarse de Gran Bretaña.

El Congreso debatió el borrador de los Artículos

durante semanas

en el primer piso de la Casa de Gobierno de Pensilvania,

en donde se había declarado la independencia en julio.

Los retrasaron una serie de problemas,

como distribución, controversias fronterizas,

impuestos y la autonomía de cada estado.

Stacy Schiff: En esos años,

el Congreso fue una asamblea contenciosa

y no necesariamente muy eficaz.

Sí, estaban conduciendo una guerra,

sí, estaban fundando un país,

pero también había muchas disputas internas.

Había una inercia tremenda.

Había más comités

de los que cualquiera podía contar.

Y había comités secretos.

Por ejemplo, la primera persona que enviaron a Francia

a pedir ayuda a los franceses para la revolución,

fue sin conocimiento del resto del Congreso.

Como le dijo John Jay

más adelante a George Washington,

"en el Congreso hay tanta intriga

como en el Vaticano.

Y tan poca reserva como en un internado".

Entretanto,

un piso más arriba en el mismo lugar,

la Mancomunidad de Pensilvania

organizó una convención independiente

para establecer su gobierno.

En los demás estados

se realizaron reuniones similares.

Todas las constituciones nuevas

garantizarían libertad de prensa,

juicios justos y el debido proceso de ley,

y se aseguraban de que el poder residiera,

no en gobernadores autocráticos,

sino en legisladores elegidos por hombres con propiedades.

Pensilvania fue un paso más allá.

Crearon la constitución más igualitaria

del nuevo Estados Unidos,

con una Declaración de Derechos

y una asamblea unicameral elegida por hombres trabajadores

que pagaran impuestos, así como propietarios,

cosas que generaron preocupación

en muchos de los delegados en el primer piso.

William Hogeland: La constitución de Pensilvania

era radical,

según la cual cualquier hombre blanco y libre

podía votar y presentarse a cargos públicos,

algo nunca antes visto, prácticamente en ninguna parte.

Las personas estaban decididas a convertir la revolución

en una revolución social real,

una revolución económica real

y lograr que los trabajadores libres,

los hombres, hombres blancos, tuvieran voz en el gobierno,

una idea radical en esa época.

John Adams no estaba de acuerdo.

Samuel Adams no estaba de acuerdo.

Richard Henry Lee no estaba de acuerdo.

Cuando John Adams leyó esa constitución,

su respuesta fue; "¡santo Dios!"

"En este nuevo código de leyes,

"recuerden a las mujeres

"y sean más generosos y favorables con ellas

"que sus antepasados.

"No pongan tal poder ilimitado en manos de los maridos.

"Recuerden que todos los hombres serían tiranos si pudieran.

"Si no se presta especial atención y cuidado a las damas,

"estamos decididas a fomentar una rebelión

"y no nos consideraremos sujetas a ninguna ley

en la que no tengamos voz ni representación".

Abigail Adams.

"Esto no tendrá fin.

"Surgirán nuevas demandas.

"Las mujeres reclamarán el derecho al voto.

"Los jóvenes entre 12 y 21 creerán que no se ha prestado

"atención suficiente a sus derechos,

"y todo hombre que no tenga un centavo

"exigirá tener la misma voz que cualquier otro

"en todos los asuntos del Estado.

"Esto tiende a confundir y destruir cualquier distinción

"y derribar todas las jerarquías

hasta dejarlas a un mismo nivel común".

John Adams.

William Hogeland: La idea de que los Fundadores

estaban a favor de la democracia es falsa.

Pero también es un error creer que el hecho

de no ser demócratas

es una especie de defecto o error,

algo que les faltaba.

Se oponían rotundamente a la democracia.

La democracia llegó a Estados Unidos,

con todos los problemas que implicaba,

pero en realidad no como objetivo directo

de la Revolución Americana,

sino como una consecuencia inesperada.

Cuando Pensilvania ratificó su constitución,

los debates sobre los Artículos de la Confederación

en el primer piso eran tan acalorados

y la posibilidad de un acuerdo era tan remota,

que los delegados decidieron posponer la discusión.

Thomas Jefferson,

frustrado y preocupado por su esposa enferma,

regresó a casa, a Virginia,

el lugar al que seguía llamando "mi país".

"Campamento cerca de Kingsbridge.

"En medio de tanta angustia y de las ruinas

"de esta espantosa guerra, sigo vivo y siendo tuyo.

"Nuestros enemigos nos persiguen de cerca de un lugar a otro.

"Todos los días le pido a Dios que tú, mi querida esposa,

seas feliz por siempre". Philip Fithian.

Días después de escribir a su esposa,

el capellán, enfermo de disentería,

que había matado a tantos de los hombres

cuyos últimos momentos él había llenado de oraciones.

Lo trasladaron a un hospital de campaña.

No se pudo hacer nada por él.

"Ocho de octubre.

"Esta mañana hacia las diez,

"el señor Fithian cerró los ojos en este mundo

y se ha ido al mundo espiritual".

Andrew Hunter.

La noticia de la derrota estadounidense

en Long Island a finales de agosto

no llegó a Londres sino hasta el 10 de octubre.

Se recibió con lo que un cortesano llamó:

"derroche de alegría".

El rey le prometió al general Howe

el título de caballero.

Ahora que los estadounidenses habían visto que desafiar

a los soldados británicos era inútil,

seguramente entrarían en razón y buscarían la paz.

No todos los ingleses estaban de acuerdo.

"Londres.

"Al impresor de Public Advertiser.

"Señor, considero que la reciente victoria

"en Long Island

"ha dejado una gran impresión en el público británico.

"Los amigos del Ministerio creen que todo está ganado,

"los de América del Norte, que todo está perdido.

"Puesto que la última batalla fue a nuestro favor,

"creemos que ganaremos la siguiente.

"Pero la libertad implica mucha muerte,

"y la valentía de los hombres libres

"es igual en ambos lados del Atlántico.

"Cada día los norteamericanos tienen mejores armas

y más odio".

"Este es tan solo el inicio de las penas:

ninguno se beneficia, ambos sufren".

"Ticonderoga parece ser

la última parte del mundo que Dios creó,

y tengo razones para creer que la terminó en la oscuridad.

Está claro que nunca se concibió para ser habitada por el hombre,

ya que la mayoría de quienes intentaron asentarse

fallecieron debido a la peste o por la espada".

General Anthony Wayne.

En el otoño de 1776,

tan solo la mitad de los 11,000 norteamericanos

que había en Ticonderoga y Crown Point

en el lago Champlain eran aptos para servir:

la amenaza de la viruela estaba cediendo,

pero miles padecían otras enfermedades.

La moral se debilitó aún más debido al antagonismo

entre los hombres del supuesto Estados Unidos.

Los neoingleses peleaban con los pensilvanos

tan seguido que tuvieron que ser enviados a orillas opuestas

y construir una fortificación aparte

en una cima llamada monte Independencia.

Tras la retirada de los norteamericanos

de la ciudad de Quebec a inicios de 1776,

la llegada de los británicos por el Hudson

parecía inevitable.

Antes de que el ejército del general británico

Guy Carleton

pudiera incluso llegar al Hudson,

tenía que navegar hacia el sur

y tomarse los dos fuertes estadounidenses

en Crown Point y Ticonderoga,

y antes de poder hacer eso,

tenía que reunir una flota en el extremo norte del lago.

Eso tomó meses.

Colin Calloway: Esa vía fluvial es un corredor.

Ha sido llamado:

"Ruta de guerra de las naciones",

donde los guerreros indígenas de Canadá atacaban a lo largo

del Valle de Champlain y del río Hudson.

Así que era como una puerta abierta.

Los estadounidenses solo tenían cuatro barcos

para enfrentar a la flota británica.

Se necesitaban muchos más.

El comandante de Ticonderoga,

el exmayor británico Horatio Gates,

nombró a su oficial más emprendedor

a cargo de ese trabajo.

Benedict Arnold,

seguía cojeando por la herida que había recibido en Quebec

y seguía enojado por haber sido acusado

de robar suministros durante la retirada de Montreal.

Gates había desestimado a los detractores de Arnold,

"Los hombres de poco mérito siempre sienten celos

de aquellos que tienen mucho".

"Pronto el enemigo

"tendrá una fuerza naval considerable.

"Estoy seguro de que nos visitarán pronto.

"Ruego que me envíen por lo menos

cien buenos marineros lo más pronto posible".

Benedict Arnold.

Arnold transformó

el pequeño asentamiento de Skenesborough,

a veinte millas de Ticonderoga, en un ajetreado astillero.

Esperaba tener una flota de al menos 30 embarcaciones,

pero debió conformarse con tan solo 15.

"Quiero llegar hasta la isla Valcour,

"que tiene un buen puerto y en donde tendremos la ventaja

de atacar al enemigo en el lago abierto".

Benedict Arnold.

Cuando la flotilla británica

finalmente zarpó al sur por el lago Champlain,

Carleton comandaba

casi el doble de embarcaciones que Arnold,

con más del doble de armas,

con 700 tripulantes veteranos

y con más de 10,000 soldados británicos y alemanes,

así como 400 aliados indígenas.

Arnold y su flota los esperaban en una ensenada,

ocultos tras la isla Valcour.

Cuando la flota de Carleton pasó,

cuatro barcos estadounidenses salieron al lago

para enfrentar a los británicos,

con el mismo Arnold dirigiendo los cañones

de su barco insignia, el Congreso.

En la tarde,

las flotas habían luchado hasta un punto muerto.

Los estadounidenses

habían perdido dos embarcaciones,

pero lograron hacer estallar un cañonero británico.

Cuando cayó la noche, Carleton ordenó a su flota

mantener a los estadounidenses atrapados

para poder destruirlos al día siguiente.

Pero a las siete en punto, cuando la niebla cubría el lago

y Carleton y sus oficiales cenaban bajo cubierta,

Arnold formó sus barcos maltrechos

en una sola fila y les ordenó que,

con los remos cubiertos y en completo silencio,

se deslizaran lentamente

más allá del escuadrón británico.

Cuando Carleton por fin les dio alcance,

comenzó una batalla continua que duró dos días.

El arsenal británico infligió un daño constante.

Arnold finalmente ordenó encallar su barco insignia

y cuatro embarcaciones más en la bahía de Buttonmould

y prenderles fuego.

Él y sus hombres escaparon hacia el bosque.

Cuando llegaron a Crown Point,

Arnold se dio cuenta de que las fortificaciones

no podrían resistir un ataqué británico de verdad

y ordenó que las quemaran.

"Llegué a las cuatro de la mañana a Ticonderoga",

recordó Arnold,

"extremadamente agotado y enfermo

tras haber pasado casi tres días sin dormir ni recibir alimento".

"La Providencia ha querido proteger al general Arnold.

"He conocido pocos hombres que hayan escapado por un pelo

tantas veces en un lapso tan corto de tiempo".

Horatio Gates.

Nathaniel Philbrick: Esa no fue una victoria

para los estadounidenses,

pero fue uno de los grandes combates de la guerra naval.

Y ocurrió en un lago.

Los británicos se convencieron de que tomarse Ticonderoga

sería mucho más difícil de lo que habían pensado.

Las fuerzas estadounidenses en Ticonderoga

habían llegado a los 15,000 hombres

y sus fortificaciones habían sido reforzadas.

Ahora Carleton creía que para tomarse el fuerte,

sería necesario un asedio prolongado.

Entonces comenzó a nevar.

Una vez el lago se congelara

sería difícil abastecer a sus tropas,

y una retirada sería imposible.

Carleton se dio la vuelta y se retiró,

y finalmente se dirigió al cuartel de invierno

en la ciudad de Quebec muy al norte.

Los británicos

comenzaron a planificar una segunda invasión,

más grande, para la primavera siguiente.

"Los rebeldes se han posicionado en colinas

"y fortificaciones supremamente sólidas

"que se extienden hasta Kingsbridge.

"Sus soldados prefieren trabajar a pelear,

"los nuestros prefieren pelear a trabajar,

"pero el general Howe está decidido

a que no nos lancemos de cabeza contra sus defensas".

Loftus Cliffe.

Durante casi un mes,

los ejércitos de Washington y Howe

se enfrentaron con cautela en Harlem Heights,

como recordó un teniente estadounidense,

"tan en silencio

como si estuvieran a mil millas de distancia".

Al tener tiempo libre, los soldados de ambos bandos

se aventuraban a la zona rural circundante,

saqueaban casas, aterrorizaban a los civiles

y después quemaban sus casas para encubrir sus crímenes.

Friederike Baer: El saqueo era más o menos

una parte aceptable de la guerra en el siglo XVIII.

A todos los generales británicos,

hessianos y estadounidenses les preocupa.

A Washington le preocupa.

Sus soldados saquean y él les dice:

"¿pueden parar? están alienando a las personas".

Washington se quejó ante el Congreso

que los milicianos eran indisciplinados,

desobedientes, proclives a huir en lugar de pelear,

"dañinos" para la causa.

Para empeorar las cosas,

los alistamientos de doce meses en el Ejército Continental

que habían iniciado

en el invierno anterior en Boston,

pronto se acabarían.

A finales de año, Washington tendría que volver

a formar y entrenar un ejército completo.

Sabía que apelar solamente al patriotismo

ya no funcionaría.

"Cuando los hombres están irritados

"y sus pasiones enardecidas,

"corren de prisa y con entusiasmo

"hacia las armas.

"Pero después de que pasan esas primeras emociones,

"esperar que se guíen por cualquier otro principio

"más que no sea su propio interés,

"es buscar algo que nunca ha pasado

y que, me temo, nunca pasará". George Washington.

El Congreso aceptó autorizar 88 batallones nuevos.

La cantidad que debía proporcionar cada estado

dependía de su población libre.

Los estados

nunca llegaron a estar cerca de cumplir esas metas.

"La política del Congreso

"ha sido de lo más absurda y ridícula,

"enviando a milicianos en manadas

"que vienen y van todos los meses.

"Quienes vienen de su hogar,

"con las tiernas sensaciones de la vida doméstica,

"no están equipados con la valentía natural

"suficiente para soportar

"las espantosas escenas de la guerra.

"Para pasar sobre hombres muertos,

"para oír los quejidos de los heridos sin inquietarse.

"Diría que son pocos los hombres que pueden soportarlo,

"a menos que la costumbre los haya endurecido

o el orgullo militar los fortalezca".

Nathanael Greene.

El 11 de octubre, 150 embarcaciones

se abrieron paso por el río Este hacia el estrecho de Long Island

con 4,000 soldados británicos y hessianos.

Su objetivo era ubicarse tras las fuerzas de Washington

en el norte de Manhattan.

Para impedirlo,

Washington inició una retirada a gran escala

a lo largo de la ribera oeste del río Bronx

por 18 millas al norte hasta la sede

del condado de Westchester, White Plains.

Cuando las fuerzas británicas llegaron el 28 de octubre,

las líneas estadounidenses se extendían por tres millas

por toda la aldea,

con su flanco derecho anclado en la poco protegida

Chatterton Hill.

El general Howe

envió a dos columnas a subir la ladera.

Como era de esperar,

los milicianos patriotas se dispersaron,

pero los Continentales se resistieron.

A medida que los británicos se acercaban,

un coronel de Connecticut les dijo a sus hombres:

"Dispárenles a las piernas.

"Un hombre herido es mejor que uno muerto,

porque necesitan dos para sacarlo y así se van tres".

Pero la artillería británica sufrió terribles bajas.

"Una bala de cañón

"arrasó con el pelotón del teniente Young,

"que estaba junto al mío.

"La bala primero le voló la cabeza de Smith,

"un hombre corpulento y pesado, y se la destrozó por completo.

"Luego, le arrancó el brazo a Chilson,

"después atravesó las entrañas de Taylor.

"¡Qué escena tan espantosa de ver!,

"las piernas, brazos, armas y mochilas de esos hombres

en una pila".

Soldado Elisha Bostwick.

Al caer la noche,

Washington se retiró hacia el este de White Plains.

Una vez más, el general Howe tan solo hizo

un esfuerzo a medias por seguirlo.

Friederike Baer: En esencia, los británicos

dejaron que Washington escapara de nuevo.

Estaban desperdiciando las oportunidades

de poner fin a la guerra en ese momento.

"¿Es por la incapacidad o de manera deliberada

"que nuestro comandante ha dejado perder

"estas grandes oportunidades?

Me inclino por la segunda opción".

Capitán William Bamford.

Stephen Conway: Hay ocasiones en las que el general Howe

en particular parece contenerse para dar el golpe final.

Existe la sensación, un sentimiento encontrado,

en conflicto, sobre si los norteamericanos

son realmente enemigos o súbditos descarriados

que necesitan un incentivo para regresar al redil.

Cuando Howe regresó a Manhattan,

Washington cruzó el Hudson rumbo al sur.

Creyó que lo más probable era que Howe

atravesara Nueva Jersey a toda prisa

y se tomara Filadelfia

antes de que llegara el invierno.

Una vez más,

había juzgado mal a su adversario.

De hecho, Howe,

quería tomarse dos fuertes en lados opuestos del Hudson

que impedían que los barcos británicos

navegaran río arriba, el fuerte Lee en Nueva Jersey

y el fuerte Washington en la isla de Manhattan,

una rudimentaria fortificación de tierra

en forma de estrella a 265 pies sobre el río.

El primero sería el fuerte Washington.

Los cañones británicos golpearon el fuerte con fuerza,

así como la larga línea de trincheras y reductos

que lo rodeaban.

Las tropas británicas

que atacaron desde el sur y el este

tuvieron relativamente pocos problemas

para hacer retroceder a los defensores

tras los muros del fuerte.

Pero para las tropas hessianas,

al mando del general Wilhelm von Knyphausen,

que atacaron desde el norte, la tarea fue mucho más difícil:

trepar una ladera rocosa cubierta por las ramas

enmarañadas de árboles caídos y tan empinada

que debían agarrarse de los arbustos para levantarse

mientras les disparaban constantemente desde arriba.

"Ante nosotros, al lado y unos encima de todos,

"vimos a nuestros desventurados camaradas destrozados,

"muertos en el suelo entre su propia sangre.

Hasta el aire parecía estar lleno de temor".

Teniente Johann Friedrich von Bardeleben.

Margaret Corbin,

esposa de un artillero de Pensilvania,

estaba junto a su esposo

cuando este recibió una herida mortal.

Ella tomó su lugar y mantuvo un ataque tan letal

que se convirtió en blanco de los disparos hessianos.

Finalmente,

recibió heridas de metralla en la mandíbula y el pecho,

y perdió la movilidad de su brazo izquierdo.

Tres años después, se convirtió en la primera mujer

en recibir una pensión de invalidez de por vida,

pero por la mitad que recibían los hombres heridos.

Con el tiempo,

los mosquetes estadounidenses se atascaron por uso excesivo.

Los defensores se replegaron

y tuvieron que rendirse casi 3,000 hombres.

Los británicos cambiaron el nombre

del fuerte Washington a Knyphausen

por el victorioso general alemán.

Cuando los maltratados prisioneros hacían su caminata

de 12 millas hacia la ciudad de Nueva York,

soldados británicos y leales

se ubicaron a lado y lado del camino,

abucheándolos e insultándolos.

Los oficiales solían ser perdonados

después de prometer no volver a alzarse en armas.

Pero los soldados rasos no tenían esa opción.

En lugar de eso,

los amontonaban en prisiones improvisadas ya abarrotadas

con cientos de prisioneros traídos desde Quebec,

Long Island y Kips Bay.

No había cobijas, muy poca leña y a veces no había comida.

Las ratas correteaban

por la paja enlodada que cubría el suelo.

"En general,

"los hombres se asemejaban a cadáveres

"más que a seres vivos.

"De hecho, ya muchos de ellos estaban en la tumba.

"Y los que quedaban

parecían estar muy adelantados hacia ese mismo destino".

Capitán Jabez Fitch.

A finales de 1776,

miles de prisioneros estadounidenses

ya habían muerto.

En ese momento,

los británicos habían empezado a meter a los prisioneros

en barcos de transporte en desuso

anclados en el río Este.

Las condiciones allí eran peores que en tierra.

Rick Atkinson: Morían de frío, morían de desnutrición,

de enfermedades: viruela, tifus, fiebre tifoidea, disentería.

Nosotros teníamos barcos prisión cerca de Albany

en los que soldados británicos y leales

estaban en condiciones terribles.

Es una parte deplorable de la historia

de la Revolución Americana.

Temprano, el 20 de noviembre de 1776,

unos 5,000 soldados británicos y hessianos cruzaron el Hudson

y comenzaron a luchar para subir la resbaladiza pared de roca

de 440 pies de las Palisades de Nueva Jersey,

tan empinada que los patriotas

no creían que fuera posible escalarla.

El comandante británico

era el general Charles Cornwallis,

quien después ordenó a sus hombres

que marcharan al sur hacia el fuerte Lee,

a seis millas.

El general Nathanael Greene

ya había comenzado a evacuar a sus hombres

cuando el enemigo se tomó el fuerte Washington.

Entonces, les ordenó a todos los que quedaban

que se fueran de inmediato.

"Los rebeldes huyeron como conejos asustados.

"No quedó ni uno de esos bandidos.

"Dejaron un poco de cerdo en mal estado,

"algunas proclamas grasientas

"y parte de las cartas del sinvergüenza ese

de "El sentido común",

que podremos leer a nuestras anchas".

En la noche,

Green y la mayoría de sus 2,000 hombres

habían logrado unirse a la fuerza de Washington

en New Bridge, en el río Hackensack.

"Marchaban de dos en dos,

"se veían andrajosos, algunos iban descalzos

"y la mayoría iban envueltos en sus mantas.

"La noche siguiente,

"los británicos acamparon al otro lado del Hackensack.

"Podíamos ver sus fogatas, a unas cien yardas entre sí,

"brillando intensamente en la penumbra de la noche

por más de una milla a lo largo del río".

Reverendo Theodore Roneyn.

A medida que su ejército se replegaba

por todo el estado,

seguido por Cornwallis con una fuerza mucho mayor,

Washington esperaba presentar batalla de algún modo,

en algún lugar.

Pero Cornwallis tenía órdenes del general Howe

de evitar un enfrentamiento.

Desde la posición de ventaja de Howe,

no había necesidad de otra gran batalla:

el ejército rebelde se reducía cada día.

Lo que un oficial denominó "el demonio de la deserción"

se había diseminado en las filas de Washington,

sus hombres se desviaban hacia las zonas rurales.

Cuando Washington solicitó 5,000 tropas más a los estados,

la mayoría lo ignoraron.

Su ayudante de campo, Joseph Reed,

expresó la constante frustración del general.

"Me invade el asombro cuando miro alrededor

"y veo que de aquellos que hablaban

"con tanta grandilocuencia sobre la muerte y el honor,

"quedan tan pocos.

"Me doy cuenta de que sus bullosos

"Hijos de la Libertad

son los más silenciosos en el campo de batalla".

Joseph Reed.

Para agravar las cosas,

el segundo al mando de Washington,

el general Charles Lee, que estaba apostado

en el condado de Westchester con un ejército considerable,

respondía con una excusa tras otra

a las repetidas solicitudes de ayuda

por parte de Washington.

Lee, que despreciaba a Washington

y esperaba algún día poder reemplazarlo

como comandante en jefe,

no se veía a sí mismo

como sujeto a las órdenes de Washington.

El 30 de noviembre,

los británicos emitieron una proclamación

que buscaba restablecer su autoridad en Nueva Jersey:

cualquiera dispuesto a jurar

"obediencia pacífica a Su Majestad"

en los siguientes 60 días,

recibiría un "indulto libre y general".

Más de 3,000 residentes de Nueva Jersey

aceptaron la oferta,

y miles respondieron al llamado

para que los leales se unieran a la lucha

junto a los soldados británicos.

El gobierno patriota de Nueva Jersey, huyó.

Pero mientras el general Howe ofrecía indultos,

sus soldados exigían suministros a los civiles.

¡toc, toc, toc!

Edward Lengel: Quienes sufrían las peores consecuencias

eran los civiles.

Si se ponen en los zapatos de alguien,

digamos una madre de familia que está en su granja,

entienden que lo poco que tienen para sobrevivir

puede ser destruido en un instante.

"Los leales conducen a los implacables extranjeros

"a los hogares de sus vecinos

"y despojan a mujeres y niños indefensos

"de sus ropas y alimentos.

"Después de saquearlos de esa manera,

"esos salvajes suelen ultrajar a las madres e hijas,

"y obligan a padres e hijos

a ser testigos de su brutalidad".

Nathanael Greene.

Stephen Conway: A medida que un ejército avanza

y ocupa nuevos territorios, suceden cosas espantosas.

Hay muchos casos de violación y abuso sexual contra mujeres.

Tristemente, es algo común en todas las guerras.

Mary Campbell

del condado de Hunterdon, Nueva Jersey,

relató ante un juez

lo que le habían hecho soldados británicos.

"Mary Campbell, esposa de Daniel Campbell,

"afirma que en algún momento en diciembre,

"varios soldados pertenecientes al Ejército del Rey

"de Gran Bretaña entraron a la casa de su padre.

"Dos de ellos la tomaron por los brazos

"y la sacaron a rastras de la casa

"hasta un viejo taller cerca de la residencia,

"abrieron la puerta a golpes y la metieron allí

"a pesar de sus gritos y súplicas,

"y juraron que la matarían con una bayoneta

si no se callaba".

"Tres de aquellos soldados accedieron carnalmente su cuerpo

"de forma sucesiva,

"y ella en aquel momento se encontraba

de cinco meses de embarazo".

Firmado por Mary M. Campbell.

En Pennington, 16 mujeres

huyeron de soldados británicos hacia el bosque,

solo para que las arrastraran de regreso

y las abusaran en repetidas ocasiones.

Un oficial británico admitió que tal comportamiento

estaba "destinado a hacerles perder amigos y ganar enemigos".

Y así fue, y la gente no tardó en vengarse.

Los milicianos de Nueva Jersey se volvieron a alzar en armas,

no tanto por devoción a la causa revolucionaria

y más por el enfado que les producía

lo que les estaban haciendo a ellos y a sus familias.

"Ahora es peligroso para nosotros

"viajar por Nueva Jersey.

"Los villanos asaltan a nuestros hombres

"cuando están solos o en grupo, sin armas.

"Esconden sus rifles entre los arbustos, zanjas,

"lugares así.

"Cuando ven a uno o varios hombres

"de nuestro ejército, les disparan a la cabeza

"y rápidamente esconden sus rifles

y hacen como si no supieran nada".

Capitán Friedrich von Münchausen.

"No hay jóvenes que hayan mostrado tal agilidad

"para retirarse como los nuestros.

"Nuestros soldados son los mejores del mundo

en esto".

Teniente coronel Samuel Webb.

Hackensack, Acquackanonk, Newark, Spanktown,

Nuevo Brunswick, Princeton, Trenton,

los estadounidenses

retrocedieron unas 70 millas en 12 días.

El 2 de diciembre,

Washington comenzó a llevar a su ejército

al otro lado del río Delaware hacia Pensilvania.

Las malas noticias para la causa patriota

no paraban.

El general Henry Clinton desembarcó 7,000 soldados

británicos y hessianos en Newport, Rhode Island,

sin hacer un solo disparo.

Al igual que en la ciudad de Nueva York y en Nueva Jersey,

parecía que habían perdido Rhode Island.

Las fuerzas británicas

estaban a tan solo 60 millas de Filadelfia,

y las rutas para salir de la ciudad

estaban repletas de refugiados atemorizados.

El Congreso negó lo que llamó rumores

"falsos y malintencionados"

de que planeaban salir de la ciudad,

y después huyeron hacia Baltimore.

El general Charles Lee por fin hizo caso

a los ruegos de Washington

y había estado trasladando su fuerza lentamente

a través de Nueva Jersey.

En la noche del 12 de diciembre, se escabulló de su campamento

hacia una taberna aislada en Basking Ridge.

Un leal dio aviso a los británicos.

El lugar fue rodeado por dragones

que apresaron al segundo al mando

del Ejército Continental.

Un capitán hessiano estaba pletórico:

"Capturamos al único general rebelde

a quién teníamos razones para temer".

Pero entonces,

el general Howe canceló su campaña de forma abrupta.

El invierno se avecinaba.

El Congreso Continental estaba huyendo.

Estaba seguro de que tendrían tiempo suficiente el próximo año

para destruir lo que quedaba del ejército de Washington

y acabar con la rebelión de manera definitiva.

Durante la retirada de Howe

y la mayoría de su ejército hacia Nueva York,

dejaron tras ellos una cadena de 17 guarniciones

que se extendían

desde el río Hudson hasta el Delaware.

Rick Atkinson: Las cosas

no podían ser peores para Washington y su ejército,

así como para la esperanza de la causa

en diciembre de 1776.

Cuando se adentra en Pensilvania

y mira hacia el otro lado del río Delaware,

son muy, muy pocas las opciones que tiene.

Lo expulsaron de Nueva York,

su ejército se redujo a quizás unos 3,000 hombres,

en algún punto le escribe a su hermano y dice:

"creo que este juego está por terminar".

No permite que sus hombres sepan que está tan abatido.

Pero se siente bastante desanimado.

Pero su ejército

había comenzado a crecer de nuevo.

El general William Alexander,

que había sido liberado por los británicos,

llegó con 1,000 refuerzos andrajosos.

Apareció una milicia de Filadelfia de mil hombres.

El general John Sullivan,

que también quedó libre por un canje,

llegó con 2,000 hombres más

que habían estado al mando del capturado general Lee.

El 22 de diciembre, el músico de pífano de 16 años

John Greenwood y otros 600 neoingleses

también llegaron al campo tambaleándose.

Las solicitudes de Washington por ayuda

habían llegado hasta Ticonderoga,

y aquellos hombres llevaban casi un mes viajando.

Ahora Washington

tenía cerca de 6,000 hombres aptos para servir.

La cuestión era lo que podría hacer con ellos

en los diez días que quedaban

antes de que sus alistamientos se vencieran

y la mayoría de sus soldados, mejor entrenados,

regresaran a casa.

"Nuestra causa es desesperada y sin esperanza,

"a menos que aprovechemos esta concentración de tropas

"para asestar algún golpe.

La demora en este momento significa la derrota total".

Joseph Reed.

Washington decidió atacar

la guarnición de Trenton, Nueva Jersey,

habitada por unos 1,500 hessianos

al mando del coronel Johann Rall.

La mayoría de los habitantes del pequeño pueblo

habían huido

y sus casas habían sido convertidas en barracas.

Washington trazó un plan de ataque

audaz y ambicioso

en el que cruzarían simultáneamente

tres pasos del congelado río Delaware

y que debía iniciar la noche de Navidad.

Ochocientas tropas de Pensilvania y Rhode Island

debían cruzar río abajo cerca de Bristol

y marchar hasta el segundo puesto de avanzada

de los hessianos en Burlington.

Ochocientos milicianos de Pensilvania

debían cruzar y tomarse el puente

sobre el arroyo Assunpink

e impedir que los hessianos escaparan

cuando comenzara la batalla.

Durante el ataque principal,

el mismo Washington guiaría a 2,400 continentales

para cruzar el río por McConkey's Ferry

y luego dar inicio a la marcha de nueve millas al sur

hacia su objetivo.

"Solo los primeros oficiales

"sabían hacia dónde íbamos.

"Nunca escuché a algún soldado decir nada

"ni tampoco que se preocupara por a dónde los llevaban

"o dónde estaba.

"Bastaba con saber que debía ir

"a donde le ordenara su comandante.

"Era lo mismo pasar por fuego o por agua,

"ya que nada podía ser peor

que las condiciones en las que estaban".

John Greenwood.

Thomas Paine,

que había estado con el ejército de Washington

mientras se retiraba a través de Nueva Jersey,

acababa de publicar un nuevo ensayo

que buscaba restaurar el ánimo decaído llamado:

"La crisis americana".

Cuando el ejército de Washington se puso en marcha en Navidad,

patriotas a lo largo del río lo habían leído

y les había dado inspiración.

"Estos son los tiempos

"que ponen el alma de los hombres a prueba.

"El soldado de verano

"y el patriota de los buenos tiempos

"se apartarán de servir a su país

"en estos tiempos de crisis.

"Pero quien ahora permanezca firme,

"merece el amor y agradecimiento de hombres y mujeres.

"La tiranía, al igual que el infierno,

"no es fácil de derrotar.

"Sin embargo, nos queda este consuelo:

"entre más difícil sea el conflicto,

más glorioso será el triunfo". Thomas Paine.

Al anochecer comenzó a caer una lluvia helada

cuando los estadounidenses

estaban trepando a las barcas y los cargueros

que conformaban la improvisada flota de Washington.

Las aguas del río eran rápidas

y estaban llenas de remolinos y pedazos de hielo irregulares.

De algún modo, el coronel John Glover

y sus marineros de Massachusetts, de Marblehead,

los mismos que habían rescatado al ejército de Washington

después de la batalla de Long Island

y que detuvieron el avance de los británicos

después de Kips Bay,

logró cruzar de forma segura con 2,400 hombres,

unos 50 caballos y 18 cañones.

John Greenwood

fue de los primeros en llegar a la orilla.

"Tuvimos que esperar a los demás para cruzar.

"Así comenzamos a desmontar las cercas

"y hacer fogatas para calentarnos,

"ya que la tormenta llegó tan rápido que llovía,

"granizaba, nevaba, helaba y soplaba un huracán.

"Tanto, que cuando giré de frente hacia el fuego,

"mi espalda estaba congelada.

Evité morir girándome de un lado a otro".

John Greenwood.

Washington esperaba completar el cruce a medianoche

para que sus hombres llegaran a Trenton

antes del amanecer.

Pero el último bote no llegó a la orilla

hasta las tres de la mañana.

Y aunque Washington todavía no lo sabía,

el hielo había impedido a otras dos fuerzas

cruzar el río.

Si iban a tomarse Trenton,

sería solo con el ejército de Washington.

Cuando él y sus hombres

comenzaron a avanzar hacia el pueblo,

la nieve que caía, el intenso frío

y la dificultad de arrastrar 18 armas

por un camino congelado con baches

retrasó el avance.

"Cuando nos detuvimos, me senté en un tronco

"y estaba tan entumecido que quería dormir.

"Y si hubiera dormido sin que me vieran,

"habría muerto sin darme cuenta.

"Pero la buena suerte me acompañó como siempre.

El sargento Madden se me acercó, me despertó y me hizo caminar".

John Greenwood.

Otros dos soldados sí se durmieron,

y murieron congelados.

En un cruce, la columna se dividió en dos.

Washington se fue con Nathanael Greene

y giró a la izquierda hacia la calle Pennington.

John Sullivan y sus hombres, incluido John Greenwood,

giraron a la derecha a lo largo de la calle River.

Ambas columnas

llegaron a la posición indicada a las afueras del pueblo,

que todavía dormía, antes de las ocho.

Los hombres de Nathanael Greene

comenzaron a atacar desde los bosques llenos de nieve.

Un oficial recordó:

"la tormenta se mantuvo con gran violencia,

"pero estaba a nuestras espaldas,

por lo que estaba de frente al enemigo".

Centinelas hessianos los divisaron entre la nieve,

dispararon y después retrocedieron

ante la mirada de terror de los pocos habitantes

que quedaban en el pueblo.

"El amanecer gris

"trajo consigo el sonido de tambores y de disparos.

"Los soldados hessianos que se resguardaban

"en nuestra casa huyeron a toda prisa.

Todo era estruendo y confusión".

Martha Reed.

Los soldados alemanes

se formaron lo mejor que pudieron,

preparados para luchar.

Pero Henry Knox había ubicado un cañón

y obuses en la cabecera de las calles King y Queen

que atravesaban el centro del pueblo.

Cuando el comandante alemán, Johann Rall,

subió a su caballo y ordenó a sus hombres atacarlos,

Knox recordó:

"esas armas, despejaron las calles

en un abrir y cerrar de ojos".

Algunos hessianos se dispersaron.

Siguieron breves tiroteos feroces.

"Mi madre, mis hermanos y yo

"nos ocultamos en el sótano para huir de las balas

"que entraban a la casa.

"Nuestro vecino murió en la puerta de su casa

"y, una bala alcanzó al herrero

"mientras se encerraba en el sótano.

Muchos otros resultaron heridos por disparos fortuitos".

Martha Reed.

Mientras la columna de Nathanael Greene

atravesaba el pueblo desde el norte,

la columna de John Sullivan entraba por el sur.

"Abrieron fuego directamente hacia nosotros,

"pero no pude ver que mataran a nadie.

"se dio la orden de cargar las bayonetas

"y lanzarnos al ataque.

"Cuando estuvimos a la distancia de un disparo,

"volvieron a dispararnos a quemarropa.

"Nos agachamos y no le dieron a nadie.

"Antes de que pudieran volver a cargar sus armas,

"ya estábamos a menos de tres pies de ellos.

Huyeron como demonios aterrados".

John Greenwood.

El coronel Rall

cayó de su caballo tras un disparo,

herido de muerte.

"Finalmente

"los expulsamos del pueblo hacia un vergel cercano.

Esos pobres hombres quedaron completamente rodeados".

Henry Knox.

Todo acabó en menos de 45 minutos.

En la nieve yacían 22 hessianos muertos o agonizando,

y 83 más estaban heridos.

Novecientos fueron capturados.

Solo dos estadounidenses habían muerto,

los dos que se congelaron

antes de que comenzara la batalla,

y solo cinco resultaron heridos,

incluido un artillero de Virginia

llamado James Monroe, quien se salvó

cuando un médico local logró detener el sangrado.

Al tiempo que llevaban a los prisioneros hessianos

a Filadelfia,

Washington publicó un volante en el que declaraba que,

puesto que no habían entrado a la guerra

"de manera voluntaria, sino a la fuerza",

debían ser vistos no como enemigos

sino como "personas inocentes".

Friederike Baer: Desde el comienzo,

los estadounidenses

decidieron tratar bien a los soldados alemanes.

Es una decisión estratégica.

Presentan a esos soldados como víctimas inocentes

de un contrato entre dos déspotas.

Sus gobernantes los envían y los venden por dinero,

para luchar en una guerra que no es de ellos.

En otras palabras, son víctimas de la tiranía,

similar a nosotros.

Quizás una cuarta parte

de los 23,000 hessianos que sobrevivieron a la guerra

decidieron quedarse

y volverse ciudadanos de la nación

contra la que lucharon

para que no se formara,

y muchos de los que volvieron a casa

regresaron, esta vez con sus familias.

"La pequeña escala de nuestros mapas nos engañó.

"Y puesto que la palabra 'América'

"ocupa casi el mismo espacio de "Yorkshire',

"creemos que los territorios que representan

"son de un tamaño similar, a pesar de que Charleston

"está a la misma distancia de Boston

"que Londres de Venecia.

"Emprendimos una guerra contra agricultores y granjas

dispersos por un vasto y salvaje continente".

talán-talán!

"Filadelfia.

"Este acontecimiento

"le ha dado un nuevo impulso y vitalidad a la causa,

"y ha puesto en su lugar a los tories,

"quienes creían que el asunto estaba resuelto

"y a toda hora esperaban la llegada

"de las tropas del rey sin ninguna resistencia.

"Las cosas comienzan a pintar mejor.

"El ejército del general Washington

ahora es digno de respeto".

Reverendo David Griffith.

Puede que el ejército de Washington

fuera ahora "digno de respeto",

pero igual estaba a punto de desintegrarse.

Los regimientos continentales de Nueva Inglaterra,

sus soldados más disciplinados y experimentados,

planeaban volver a casa en tan solo cinco días,

dejándolo con tan solo 1,400 hombres

para enfrentar lo que temía que fuera

una rápida represalia del enemigo.

Ahora,

tenía que persuadir todos los que pudiera

de quedarse, al menos un poco más.

En la víspera de Año Nuevo en Trenton,

Washington pidió a sus agotados regimientos

que se reunieran para hablarles.

Un sargento recordó que los elogió por su valentía,

y "de la forma más afectuosa, nos imploró que nos quedáramos".

Pero cuando terminó

y los tambores llamaron voluntarios,

ni un solo hombre se ofreció.

Washington habló una vez más.

"Mis valientes camaradas,

"han cumplido con todo lo que les he pedido

"e incluso más de lo que se podía esperar.

"Pero su país está en juego, sus esposas, sus hogares,

"y todo lo que les es querido.

"Están agotados debido a la fatiga y las dificultades,

"pero no podemos prescindir de ustedes.

"Si aceptan quedarse un mes más,

"prestarán su servicio a la causa de la libertad

"y a su país,

"algo que seguramente nunca podrán hacer

"bajo otras circunstancias.

"Ciertamente,

la presente es la crisis que decidirá nuestro destino".

George Washington.

"Esta vez", recordó el sargento,

"los soldados sintieron la fuerza de su llamado.

Uno le dijo a otro: 'me quedaré si te quedas'.

Varios dieron un paso adelante,

seguidos inmediatamente de casi todos

los que eran aptos para servir".

Al final,

más de 6,000 soldados neoingleses

aceptaron quedarse seis semanas más.

En el día de año nuevo de 1777,

con el refuerzo de milicias dispersas

y cuatro regimientos frescos de continentales

que venían de Pensilvania,

George Washington estaba de nuevo al mando

de unos 6,500 hombres.

John Greenwood no estaba entre ellos.

"En ese entonces

"padecía de una comezón tan terrible

"que se me pegaban los pantalones a los muslos

"y estaba cubierto de cientos de piojos.

"Le dije a mi teniente que me iría a casa

"y me dijo, 'por Dios,

"espero que no nos vayas a abandonar,

"siendo el alma y el espíritu de este grupo.

"Serás promovido'.

Le dije que no me quedaría para ser coronel".

John Greenwood.

24 meses antes, un John Greenwood de 14 años

había caminado de Maine hasta Massachusetts

y se había unido a la causa estadounidense,

con la esperanza de poder volver a ver a sus padres

en la Boston ocupada por los británicos.

Ahora debía caminar más de 300 millas a casa,

en donde su padre,

se encargó de meter sus prendas al horno

y lo fumigó con azufre

antes de poder volver a entrar al hogar

que había añorado por tanto tiempo.

Por ahora,

la revolución tendría que seguir sin él.

Pero seguiría, gracias a los sacrificios que él

y sus compañeros soldados habían hecho

y la victoria que habían conseguido

cuando la victoria parecía imposible.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.