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UNA PRODUCCIÓN DE FLORENTINE FILMS.
Antes del amanecer del 10 de mayo de 1775,
menos de un mes después de Lexington y Concord,
unos 85 nativos de Nueva Inglaterra
remaron a través del extremo sur del lago Champlain
en silencio y con sus mosquetes preparados.
Su objetivo era una fortaleza dilapidada
en forma de estrella llamada Ticonderoga,
que los franceses habían construido
20 años antes
y que ahora ocupaban 50 soldados británicos
y 24 mujeres y niños.
Si la capturaban,
podrían evitar que las tropas británicas
atacaran desde el norte,
dar a los norteamericanos una zona de espera
en caso de que decidieran invadir Canadá
y tomar posesión de docenas de piezas de artillería
que las fuerzas que rodeaban Boston
necesitaban con desesperación.
Los hombres desembarcaron en silencio.
Los británicos se rindieron sin disparar una sola bala,
al igual que los nueve casacas rojas
apostados en Crown Point, un pequeño destacamento cercano.
Los norteamericanos tenían dos comandantes.
Uno era el coronel Ethan Allen,
el bebedor líder de los Green Mountain Boys,
un grupo de justicieros
que llevaba años defendiendo sus asentamientos
en la región de Vermont del noroeste de Nueva Inglaterra
contra neoyorquinos
que también reclamaban la tierra.
El otro era el coronel de milicia de Connecticut
de 34 años que recién había ascendido.
Provenía de una distinguida familia de Nueva Inglaterra
que pasaba por una mala racha.
Capaz pero arrogante,
sensible a los desaires,
se convertiría en uno de los comandantes
más importantes de la Revolución Americana.
Su nombre era Benedict Arnold.
LA REVOLUCIÓN AMERICANA
William Hogeland: Cuando es una guerra de disparos,
como Lexington y Concord, es una guerra.
De eso no hay duda.
Pero la independencia no estaba sobre la mesa
de ninguna manera en ese momento
como el objetivo de los norteamericanos.
La idea de la independencia seguía siendo controversial.
La posición oficial
era que la lucha era, en esencia,
para rectificar y que "las cosas volvieran a ser como antes.
Como cuando estaban bien, cuando nos dejaban en paz".
La matanza en Lexington y Concord
había profundizado las divisiones
entre los norteamericanos
desde Georgia a Nueva Hampshire.
Los "leales",
que seguían siendo leales a la Corona
y esperaban que las tropas de Su Majestad
restablecieran el orden pronto,
rechazaban a quienes estaban a favor de los milicianos
que tenían sitiado Boston y los llamaban "rebeldes".
Los "rebeldes" se hacían llamar "patriotas",
o whigs
en honor a los defensores británicos
de los derechos que garantizaba la constitución,
y denigraban de sus vecinos leales llamándolos "tories".
Alan Taylor: El término "patriota" es muy antiguo
y existía antes de la revolución.
Se refiere a personas que creen
que son los defensores de la libertad contra el poder.
Ahora, "rebelde" es un término que los británicos usaron,
y que los leales usaron,
para referirse a los que se llaman a sí mismos
"patriotas".
Entonces, ser un rebelde,
significa que rechaza la autoridad legítima
de su soberano, rey Jorge III del Imperio británico.
"Para mí está claro que estamos divorciados.
"La única cuestión es el momento adecuado
"para hacer una declaración explícita en palabras.
"Algunas personas necesitan tiempo
"para mirar a su alrededor, hacia atrás, a la derecha
"y a la izquierda,
"para entonces pensar y, después de todo eso, decidir.
"Otros, con tan solo un vistazo intuitivo
"ven el pasado y el futuro
"y juzgan con precisión de inmediato.
"Pero recuerden que no es posible
"hacer que trece relojes
den la campanada al mismo segundo".
John Adams.
UN REFUGIO PARA LA HUMANIDAD
Alan Taylor: Creo que la principal idea errónea
sobre la Revolución Americana es que fue algo que unió
a los norteamericanos
y que tan solo fue una guerra de norteamericanos
contra británicos.
Omitir la realidad de que fue una guerra civil
entre norteamericanos.
"Tiemblo al pensar en la guerra.
"Pero de todas las guerras, ¡una guerra civil!
Todo está en juego".
Sarah Mifflin.
En la primavera de 1775,
una mujer de Filadelfia llamada Sarah Mifflin
le escribió a un oficial británico
que había sido su amigo
antes de que el conflicto iniciara.
Él había sugerido que todo no era más
que un pequeño desacuerdo.
"No es ninguna objeción política.
"Es la pura verdad,
"que hasta el campesino más ignorante conoce,
"que ningún hombre tiene derecho
"a quitarle su dinero sin su consentimiento.
"Tengo claro que como persona libre
"solo puedo morir una vez,
pero como esclavo no seré digno de vivir".
Sarah Mifflin.
Unos 20,000 milicianos
de pueblos de todo Massachusetts,
así como de Connecticut, Nueva Hampshire y Rhode Island,
llegaron en masa a los campamentos improvisados
que mantenían a los británicos encerrados en Boston.
Los unía la ira contra los casacas rojas,
pero no mucho más que eso.
Eran milicianos, no soldados profesionales,
y se esperaba que lidiaran con crisis inmediatas,
no que participaran en campañas prolongadas.
Pocos tenían uniforme.
Muchos jamás habían estado a más de 50 millas de su hogar.
Su principal lealtad era hacia los pueblos
de donde provenían
y los vecinos a quienes habían elegido como funcionarios.
Cuando las balas se detuvieron y quedó claro que los británicos
no los atacarían,
comenzaron a irse a casa a plantar sus cultivos.
A cargo de toda esta fuerza menguante y desorganizada
estaba el general Artemas Ward,
comandante de la milicia de Massachusetts.
Desde su cuartel general en Cambridge,
entendió que para tener la esperanza de defenderse
de los británicos,
necesitaba reclutar un ejército de paga,
y lo necesitaba rápido.
"A dondequiera que vayan, estaremos a su lado.
"Nuestros huesos yacerán junto a los suyos.
"Estamos decididos a no estar en paz con los casacas rojas
"mientras estén en desacuerdo con ustedes.
"Si nos conquistan, nuestras tierras se perderán
"junto con las suyas.
"Pero si salimos victoriosos,
"esperamos que nos ayuden a recuperar
nuestros justos derechos".
Capitán Solomon Uhhaunauwaunmut.
Entre las tropas que llegaron a Cambridge
había una compañía de indígenas americanos
de Stockbridge, Massachusetts.
Philip Deloria: Stockbridge era una comunidad
de varias tribus con una larga historia de supervivencia
a la colonización,
en parte gracias a que adoptaron el cristianismo,
y también estrategias para relacionarse
con los colonos.
Venían de Massachusetts e hicieron parte
del asedio de Boston.
Ned Blackhawk: La mayoría de las naciones indígenas
se mantuvieron relativamente al margen
del conflicto durante los primeros años.
Pero muchas comunidades nativas,
en especial las que habían vivido
con los colonos por generaciones
llegaron a compartir lealtades y sensibilidades.
Por lo tanto,
muchas decidieron que lo que más les convenía
era unirse a las fuerzas revolucionarias
y alzarse en armas contra el Imperio británico.
Según el general Thomas Gage,
el comandante en jefe del ejército británico
en América del Norte,
la presencia de los hombres de Stockbridge
entre los rebeldes le daba libertad de llamar
a otros indígenas americanos a que se unieran a sus fuerzas
y combatieran a favor de la Corona.
Ningún bando reclutó a las personas esclavizadas
de Nueva Inglaterra.
El Congreso Provincial de Massachusetts
insistió en que estaba inmerso en una lucha para liberarse
de la "esclavitud" británica.
Según dijo, enlistarlos sería "inconsistente".
Pero los afroamericanos libres eran bien recibidos,
y por lo menos 35,
quizás hasta más de 50 hombres de color
habían combatido en Lexington y Concord,
y pronto serían más los que participarían
en una batalla más grande contra los británicos.
Soldados negros, blancos e indígenas americanos
sirvieron en regimientos más integrados
de lo que serían las fuerzas estadounidenses
durante casi dos siglos.
"¡¿Qué?!
"¿Diez mil campesinos mantienen silenciados
"a cinco mil soldados del rey?
Pues déjennos entrar y pronto habrá espacio para moverse".
General John Burgoyne.
El 25 de mayo de 1775
una fragata de la Armada Real llegó al puerto de Boston.
A bordo llegaron refuerzos británicos
y tres mayores generales.
John Burgoyne era el más pretencioso
y seguro de sí mismo de los tres.
Dramaturgo y soldado, siempre deseoso por avanzar,
menospreciaba a los rebeldes que tenían sitiada a Boston,
a quienes se refería como "una chusma en armas...
enardecida por... insolencia".
Henry Clinton
había pasado seis años de su infancia en Nueva York
cuando su padre había sido el gobernador real.
Era de voz suave, retraído, inseguro.
Alguna vez William Howe había expresado su simpatía
por la causa americana,
pero ahora veía la oportunidad
de realzar su reputación como soldado.
Fueron enviados a dar apoyo al general Gage,
a quien los ministros del rey consideraban demasiado tímido.
Todos los comandantes estuvieron de acuerdo
en que si lograban hacerse con los altos en Dorchester
y Charlestown,
podrían acabar con el asedio rebelde.
Rick Atkinson: Existían dos tierras altas
que eran de preocupación para los británicos.
Una es Dorchester Heights.
La otra son las tierras altas de la península de Charlestown,
que abarca Bunker Hill y Breed's Hill.
Si alguien ponía un cañón en la península de Charlestown
o en Dorchester Heights,
podría bombardear a las fuerzas británicas en Boston.
Los británicos decidieron tomarse Charlestown primero.
El plan llegó a oídos de los patriotas,
y al coronel William Prescott se le ordenó tomarse
y fortificar Bunker Hill,
la elevación más alta de la península de Charlestown.
Sin embargo, cuando Prescott y sus hombres llegaron al lugar,
de alguna forma se decidió que en lugar de eso
debían construir su propio fuerte
en la cima de una montaña no tan alta
que llegó a llamarse Breed's Hill.
Pero estaba cerca
tanto de los dos barcos de guerra en el puerto
y una tropa británica en North End, Boston.
Los hombres de Prescott
llegaron a trabajar con picos y palas
tratando de hacer el menor ruido posible
para no alertar a los británicos.
Pero cuando amaneció el 17 de junio de 1775,
el refugio solo iba a la mitad.
Un barco de la armada británica de veinte cañones
disparó hacia la colina.
Una bala de cañón decapitó al soldado raso Asa Pollard.
Para tranquilizar a sus hombres,
Prescott se subió al parapeto sin terminar
y gritó a los barcos: "¡Denme si pueden!"
El general británico Howe estaba seguro
de que se tomarían la colina "con facilidad".
Tan pronto llegara la marea de la media tarde,
Howe personalmente acompañaría a una gran fuerza a la cima
más al este de la península de Charlestown.
Los británicos intensificaron su cañoneo,
y el estruendo era tal que hizo vibrar las ventanas
en Braintree a diez millas de distancia,
en donde Abigail Adams se preguntaba
si "quizás ha llegado el día decisivo,
del que depende el destino de América", escribió.
Prescott se apresuró a reforzar su flanco izquierdo
y ordenó a varios de sus hombres que cavaran una zanja
y construyeran un parapeto de 165 pies.
A otros les ordenó reforzar una cerca de madera y piedra
que se extendía hasta el acantilado
con vista a la playa del río Mystic.
Al observar las posiciones americanas,
el general Howe creyó que se podían tomar la colina
con el llamado movimiento de "giro".
Mientras una columna asaltaba el refugio desde la izquierda
y otra, liderada por el mismo Howe,
atacaba de frente la cerca,
una tercera columna
entraría por la desprotegida playa del río Mystic,
se ubicaría tras los rebeldes,
haría girar sus líneas y los destruiría.
Ese tipo de ataques habían funcionado bien
contra ejércitos disciplinados en Europa.
Stacy Schiff: Nadie esperaba
que un montón de campesinos con mosquetes
contuviera a un ejército entrenado
que tenía órdenes de un general de verdad en Boston.
Auténticamente no se creía
que un montón de colonos improvisados
lograran defenderse de soldados entrenados.
Cuando la columna de la izquierda
se acercaba a Charlestown
y fue atacada por norteamericanos escondidos
en edificaciones abandonadas,
los barcos británicos incendiaron el pueblo
con granadas incendiarias.
Entonces, cerca de las tres y treinta,
los casacas rojas de Howe
comenzaron a subir por el lado derecho de la colina.
La primera fila estaba conformada
por granaderos altos y temibles;
tras ellos venía la infantería a pie.
Pero los hombres tuvieron que desmantelar
cercas de madera y muros de piedra
que bloqueaban su camino.
Tenían uniforme de lana.
El sol ardía.
Y, al igual que los habitantes de Nueva Inglaterra
que los esperaban en la cima,
algunos nunca habían ido a una batalla.
Rick Atkinson: La noción de que el ejército británico
es una fuerza probada en batalla y con experiencia es cierta,
son buenos, no hay duda al respecto,
sus oficiales son buenos.
En su mayoría son muy disciplinados.
Pero están igual de asustados
y son igual de novatos a los americanos.
A medida que la fuerza de Howe ascendía,
la infantería ligera por la derecha
iniciaba su maniobra de flanqueo a lo largo de la angosta playa
empeñados en ubicarse tras las defensas americanas,
convencidos de poder llegar hasta allá sin oposición.
Pero el coronel John Stark de Nueva Hampshire
y 60 de sus milicianos los estaban esperando.
Al ver la playa abierta a un ataque de flanqueo,
ordenó a sus hombres que levantaran una barricada.
Cuando los británicos se acercaron,
los patriotas abrieron fuego.
La infantería ligera se desintegró.
Los hombres de Nueva Hampshire siguieron disparando
hasta que los aturdidos sobrevivientes
comenzaron a retroceder hacia sus botes.
Tras ellos había cerca de cien muertos y heridos.
Stark recordó que yacían "tan apretados
como ovejas en un redil".
Entretanto,
en la parte alta de Breed's Hill,
Prescott y sus oficiales tranquilizaron a sus hombres:
los casacas rojas nunca llegarían a ellos
si esperaban a disparar hasta que se acercaran.
A noventa yardas,
un muro de piedra detuvo a los granaderos.
Cuando soltaron sus armas para destruir el muro,
los patriotas dispararon sus mosquetes.
Los oficiales británicos insistieron a sus hombres
que siguieran avanzando.
En lugar de eso, los soldados se quedaron donde estaban
e intentaron responder los disparos.
Los americanos tenían protección.
Los británicos no.
Los casacas rojas se separaron y se retiraron ladera abajo.
El general Howe dejó que sus líneas se reagruparan
y les ordenó volver a subir a la cima
con la esperanza de pasar por el espacio
entre el parapeto y la cerca de madera.
Él los acompañó.
Esta vez, los patriotas tras la cerca
esperaron a que los granaderos estuvieran a menos de 50 yardas
para abrir fuego.
Era difícil fallar.
Veintenas de soldados británicos cayeron muertos,
muriendo, gritando de dolor.
Rick Atkinson: Atacaron a los oficiales británicos
de manera deliberada,
y lograron reconocerlos
en parte porque todos usan casacas,
pero los oficiales usan casacas
que son casi de tonos bermellón
porque pueden costear los tintes más costosos
que hacen que las casacas resalten.
Francamente, los británicos creen que es injusto
intentar atacar a los oficiales, les parece impropio.
Pero los americanos lo siguieron haciendo
durante toda la guerra.
Los americanos celebraron
y esperaban que el general Howe hubiera tenido suficiente.
Rick Atkinson: Todos sus oficiales del estado mayor
estaban muertos o heridos.
Howe volvió a bajar de la montaña ileso,
sorprendentemente.
Pero tenía las medias llenas de sangre
de los hombres que habían recibido disparos
cerca de él.
El adolescente que tocaba el pífano,
John Greenwood, no había estado ese día.
Cuando oyó los disparos,
corrió para unirse a su regimiento.
"Todo parecía estar sumido en el mayor terror y confusión.
"Estaba aterrado y hubiera dado el mundo
"por no haberme enlistado como soldado.
"Entonces vi a un hombre negro
"con una herida en la parte de atrás del cuello.
"Pude ver la herida con claridad y la sangre
"que le bajaba por la espalda.
"Le pregunté si le dolía mucho porque parecía no importarle.
"Me dijo que no, que solo iría a que le pusieran un apósito
"y que pensaba regresar.
"No se pueden imaginar el ánimo inmediato que eso me dio.
"Desde ese momento comencé a sentirme valiente
y que era un soldado".
John Geenwood.
Desde la zona costera de Boston,
sus habitantes de los pueblos, entre ellos Isaac,
el hermano de John Greenwood,
vieron a los soldados británicos
remar con sus compañeros heridos desde Charlestown.
Dijo que se vieron "obligados a sacar la sangre...
como agua".
Y cuando comenzaron a salir hacia Charlestown
de nuevo con nuevas tropas,
Isaac recordó que “los soldados se veían pálidos como un muerto
cuando subieron a los botes,
porque pudieron ver claramente
las casacas rojas de sus hermanos segadas...
como el césped".
En la parte baja de Breed's Hill,
el general Howe estaba decidido a atacar a los americanos
una vez más.
En la parte alta, el coronel Prescott
sabía que a sus hombres se les agotaba la pólvora
y que muchos mosquetes
estaban inservibles de tanto disparar.
Esta vez, para que cada disparo contara,
les insistió a sus hombres que esperaran
hasta que el objetivo estuviera a treinta yardas.
"Tan pronto como el primer hombre era abatido,
llegaba el siguiente a ocupar su lugar",
recordó un miliciano.
"Era sorprendente verlos pisar a sus muertos...
como si hubieran sido troncos de madera".
"Disparamos
hasta que las municiones comenzaron a fallar",
recordó otro miliciano.
"Entonces nuestros disparos empezaron a disminuir,
y finalmente se extinguieron como una vela vieja".
Marines británicos con bayonetas
empezaron a trepar los parapetos.
Algunos americanos les tiraron piedras
o les lanzaron sus mosquetes como palos.
Otros treparon para salir del refugio y huyeron.
Todo terminó en cuestión de minutos.
Habían expulsado a los patriotas de Breed's Hill.
Murieron 150 americanos y 305 resultaron heridos.
Rick Atkinson: Los británicos triunfaron
porque expulsaron a los americanos
de la península de Charlestown.
Se tomaron Breed's Hill y se tomaron Bunker Hill.
Pero fue una victoria pírrica de primer orden.
Fueron cuatro de las horas de combate
más terribles
en la historia militar de Estados Unidos.
Ese día hubo miles bajas británicas.
Unos 220 soldados británicos murieron.
Stephen Conway: Un 40 por ciento de la fuerza de ataque murió
o resultó herida.
40 por ciento.
Fue una tasa de víctimas terriblemente alta.
Fue la tasa de víctimas más alta del ejército británico
hasta el primer día en el Somme, en 1916.
Fue sangrienta y eso tuvo un impacto sumamente profundo.
"La pérdida que hemos sufrido es mayor
de lo que podemos soportar", admitió el general Gage.
Dos hombres prominentes habían sido asesinados
durante la lucha final.
Mientras el mayor John Pitcairn
animaba a sus marines británicos a subir por los muros,
recibió un disparo que le atravesó el pecho
y cayó moribundo en los brazos de su hijo.
Los nativos de Nueva Inglaterra lo odiaban tanto
por haber liderado las tropas británicas
en la plaza de Lexington, que por lo menos cuatro hombres
se atribuyeron después el disparo fatal.
El doctor Joseph Warren,
presidente del Congreso Provincial de Massachusetts,
a quien los británicos consideraban
como el más "incendiario" de todos los líderes rebeldes,
había insistido en unirse a los hombres
que defendían Breed's Hill
y recibió un disparo en la cabeza.
El oficial británico a cargo del funeral
se jactó que habían "embutido al canalla con otro rebelde
en un solo hoyo
y que ahí podían descansar en paz él
y sus principios sediciosos".
"El sábado nos dio una muestra espantosa
"de los horrores de una guerra civil.
"Puede que no les sea difícil imaginar la angustia
"que sentimos al ver a ingleses destruyéndose entre sí.
"Que Dios conceda que la sangre que ya se derramó
"sea suficiente.
Pero no es razonable esperar que así sea".
Reverendo Andrew Eliot.
Cuando las noticias de la batalla,
que se conoció como la batalla de Bunker Hill,
llegaron finalmente a Londres,
el rey proclamó que "los ilusos" de América
estaban en un estado de "rebelión
abierta y declarada".
Ahora, cualquiera que apoyara su causa era un traidor.
El general Gage había estado en lo correcto:
jamás podrían acabar con la revolución
sin una fuerza arrasadora.
Pero Gage no tardó en ser enviado a casa
y en su reemplazo como comandante en jefe
quedó el general William Howe.
Howe lideró la lucha durante casi tres años
en un intento de acabar con la rebelión,
y se cuidó de no ordenar más ataques frontales
contra americanos atrincherados.
"Gran Bretaña, a expensas de tres millones,
"asesinó a 150 americanos en esta campaña,
"lo que equivale a 20,000 libras por cabeza.
"Y en Bunker's Hill ganó una milla de territorio.
"En ese mismo lapso nacieron 60,000 niños
"en América del Norte.
"Con base en ese dato,
"calculen el tiempo y el costo necesario
"para matarnos a todos
y conquistar todo nuestro territorio".
Benjamin Franklin.
"Es triste pensar
"que la espada de un hermano ha sido clavada
"en el pecho de un hermano,
"y que las otrora felices y pacíficas llanuras
"de América terminarán empapadas en sangre
"o habitadas por esclavos.
"¡Qué triste alternativa!
Pero ¿puede un hombre virtuoso dudar de su decisión?"
George Washington.
El 2 de julio de 1775,
el soldado Phineas Ingalls de Andover, Massachusetts,
escribió en su diario que "llovió"
y que "un nuevo general de Filadelfia"
había llegado a Cambridge.
Ese general nuevo era George Washington
de Virginia,
comandante del Ejército Continental
que acababa de crear el Congreso en Filadelfia.
Su llegada significaba
que la guerra en Nueva Inglaterra
a la que se habían unido Phineas Ingalls
y sus compañeros milicianos
estaba a punto de convertirse en una guerra americana.
Jane Kamensky: Washington era una figura
hacia la que las personas se inclinaban naturalmente
en busca de liderazgo.
Cuando se estableció el Ejército Continental
a finales de la primavera de 1775,
estaba claro que ningún otro podía ser el comandante en jefe.
Había algo respecto a su presencia
que lo convertía en la elección inevitable.
El Segundo Congreso Continental
se había estado reuniendo desde mayo,
y desde el primero estaba claro que George Washington,
de 43 años,
sería el comandante de su nuevo ejército.
Había liderado tropas durante la guerra Franco-India
y era de Virginia,
la colonia más acaudalada y poblada.
Los delegados de Nueva Inglaterra,
ansiosos por garantizar que la colonia
apoyara la guerra,
estuvieron a favor de nombrar al virginiano.
Washington también era uno de los hombres más ricos
de América del Norte,
que se beneficiaba del trabajo de veintenas de sirvientes
por contrato
y de más de cien personas esclavizadas
en su plantación del río Potomac,
en Mount Vernon.
Cultivaban tabaco y trigo,
maíz y lino,
molían harina,
destilaban whisky,
pescaban, salaban y vendían pescado.
Hacia el Oeste,
había amasado decenas de miles de acres de tierras indígenas.
Joseph Ellis: En la visión de futuro de Washington...
el futuro de América del Norte no es hacia el Este
y tampoco hacia Europa.
Es hacia el Oeste.
Ve el futuro y la próxima generación
como algo en lo que debían centrar
la consolidación del continente.
William Hogeland: Lo que define el inicio de su carrera
es su asombroso enfoque,
un enfoque implacable e intenso en sus propios intereses,
lo que lo hace igual a cualquier otro miembro
de su clase.
Es solo que se convirtió en George Washington.
A Washington le parecía inapropiado
mostrar su ambición abiertamente,
pero su mera apariencia lo hacía destacar en Filadelfia.
Medía 1,90 más o menos,
mientras que la altura promedio
de los hombres que lideraría en batalla
era de 1,70.
Además, era el único de los delegados
que se vestía como soldado todos los días.
William Hogeland: Creo que Washington
siempre fue fascinante.
En parte porque solía ser muy misterioso,
muy reservado en sus formas.
No hablaba mucho de lo que estaba sintiendo
en su interior.
Joseph Ellis: Era una persona
que creaba espacio a su alrededor por naturaleza,
y pobre de aquel que se atreviera
a entrar sin ser invitado.
Martha entró en ese espacio.
Lafayette entró en ese espacio.
Quizás Hamilton entró en ese espacio.
"Su porte de dignidad marcial es tal
"que podrías reconocer que es un general
"y un soldado entre diez mil personas.
"En Europa no existe un rey
que no parecería un 'criado personal' a su lado".
Benjamin Rush.
Rick Atkinson: Su mente está hecha para la acción.
Está dispuesto a asumir responsabilidades.
Tiene una memoria excepcional.
Según Thomas Jefferson, es el mejor jinete de su época.
Está hecho para liderar a otros hombres
en la oscuridad de la noche,
una cualidad muy escasa y valiosa
en cualquier comandante.
"Me he embarcado en un océano tempestuoso,
"desde el cual, quizás, no sea posible hallar
algún puerto amigo". George Washington.
Washington aceptó que él y su ejército
estarían subordinados al control civil del Congreso,
pero todavía no se veía a sí mismo
como un revolucionario.
Aún tenía la esperanza de liderar lo que llamó
una "protesta leal",
como si Jorge III fuera a desautorizar al Parlamento
de alguna forma
para restaurar los derechos de los colonos británicos.
De camino a Cambridge, se encontró con un mensajero
que llevaba una carta con noticias
sobre la terrible masacre que había tenido lugar
en Breed's Hill.
Rick Atkinson: Llegó a Cambridge a inicios de julio de 1775
como virginiano y comandante, casi de forma exclusiva,
de los milicianos de Nueva Inglaterra.
No sabía qué pensar de ellos
y ellos no sabían qué pensar de él.
En privado no tiene nada bueno que decir
sobre los nativos de Nueva Inglaterra.
Es como si fueran de países distintos.
Pero su trabajo es convertir a esa manada,
a ese grupo de fuerzas milicianas
en un ejército nacional.
Washington pensó que estaría al mando
de una fuerza de veinte mil hombres.
De hecho, menos de catorce mil eran aptos para servir.
Le garantizaron que tendría 15 toneladas de valiosa pólvora,
solo tenía cinco.
El 6 de agosto llegó una compañía
de 95 fusileros desde Virginia,
evidencia concreta de que los norteamericanos
más allá de Nueva Inglaterra se ofrecerían para luchar.
Tuvieron que marchar casi 500 millas en tres semanas.
Su líder era el capitán Daniel Morgan,
corpulento, pendenciero y que había sido carretero.
Llevaba en su espalda las marcas de los latigazos
que recibió durante la guerra Franco-India
después de dejar inconsciente a un oficial británico
que lo había insultado.
Pronto llegaron más fusileros de Pensilvania y Maryland,
así como más virginianos.
Sus rifles eran más precisos que los mosquetes de cañón liso
que usaban los patriotas.
Sus cañones acanalados hacían girar las balas
que volaban de forma más recta y certera.
Un soldado británico los llamó
"los hacedores de viudas y huérfanos
más letales del mundo".
Pero los fusileros también eran hombres de la frontera.
Su acento era distinto al de Nueva Inglaterra,
se vestían diferente
y no les gustaba ninguna clase de disciplina.
Alan Taylor: Lo que va a resultar de esta revolución
son intentos de crear una identidad nacional
norteamericana.
Un hombre como George Washington se volvió bastante elocuente
en un intento de persuadir a la gente.
"No son carolinenses",
"no son neoyorquinos",
"no son nativos de Nueva Inglaterra".
"Somos norteamericanos".
A lo largo de toda la revolución,
al lado de Washington, siempre estuvo William Lee,
el sirviente esclavizado que llevó consigo
desde Mount Vernon.
Jane Kamensky: Creo que debemos pensar en Washington
como la figura sin la cual la libertad de Estados Unidos
no se habría conseguido,
y también como el esclavista de 317 hombres,
mujeres y niños.
Actuó como esclavista, como lo hacían los esclavistas.
Compraba y vendía personas.
Destrozó familias.
No busquen estatuas doradas de hombres de mármol.
No lo fueron.
Y nosotros tampoco lo somos.
Y nadie lo es.
Washington era impaciente,
ansioso por enfrentarse al enemigo.
En septiembre, propuso preparar un ataque por agua
contra Boston.
Sus oficiales lo disuadieron.
Rick Atkinson: Washington tenía mucho que aprender.
Hay muchas cosas que no conoce
porque lleva 16 años sin portar el uniforme.
Sabe muy poco de artillería.
Sabe muy poco de fortificaciones.
No sabe nada de logística continental.
Así que carga una pila de libros con él.
Nathaniel Philbrick: Generalmente,
antes de tomar una decisión importante,
Washington consultaba a sus generales de división
sobre qué hacer.
Y de forma inevitable,
terminaba haciendo lo que sugiriera
Nathanael Greene.
El general Nathanael Greene
de Rhode Island,
un cuáquero que llegó a ver el pacifismo
como poco práctico frente a lo que llamó
el "negocio de la necesidad",
dijo que esperaba que los británicos
hicieran una movida
para que los norteamericanos
pudieran "venderles otra colina al mismo precio"
que habían pagado por Breed's Hill.
Pero los británicos tampoco se atrevieron
a organizar un ataque
contra las fuerzas de Washington.
El recuerdo de la última batalla estaba demasiado fresco.
El estancamiento continuó por otros seis meses.
En Boston, soldados y civiles padecieron.
Había muy poca leña.
Los soldados arrancaron los bancos de las iglesias
y demolieron casas enteras
para tratar de mantenerse calientes.
De 40 embarcaciones que Inglaterra e Irlanda
despacharon para abastecer la ciudad,
32 nunca llegaron.
Unas desviadas por vientos desfavorables hacia el Caribe
y otras incautadas por los patriotas.
"En nombre de Dios,
"¿qué están haciendo en Inglaterra?
"¿Nos olvidaron?
"Porque no hemos recibido un solo barco en tres meses
"con ninguna clase de provisiones.
"Por lo tanto,
nuestras miserias se han multiplicado".
Oficial Británico.
"En 1770, construí una casa, una presa,
un aserradero y una molienda en el oeste del río Connecticut.
"Aquí mi situación era sencilla y tan independiente
como siempre había querido".
John Peters.
Antes de la guerra, John Peters, educado en Yale,
era el hombre más respetado de Moretown,
en Vermont,
donde vivía con su esposa Ann y sus hijos.
En 1774, sus vecinos lo escogieron
para representarlos
en el Primer Consejo Continental.
Pero cuando Peters llegó a Filadelfia
y percibió que los demás delegados
"querían desatar una rebelión en serio",
se negó a ser parte de eso y se fue a casa.
De regreso, patriotas desconfiados
lo detuvieron cuatro veces;
en Wethersfield, Hartford, Springfield
y por último en el mismo Moretown,
donde "otra turba amenazó con ejecutarlo",
recordó, "por ser enemigo del Congreso".
Su propio padre,
un coronel en la milicia rebelde de Connecticut,
instó a sus compañeros patriotas a ser "severos" con su hijo
para volverlo un "amigo de América".
"La turba me visitó una y otra vez.
"Me confinaron a los límites del pueblo
y amenazaron con matarme si infringía sus órdenes".
John Peters
Incluso en ese momento
Peters se negó a traicionar a su "rey y su conciencia".
En lugar de eso, bajó la cabeza
con la esperanza de no involucrarse en la lucha.
"Jamás pensé que los problemas
"serían tan grandes o que durarían tanto tiempo.
"Procuré mantenerme al margen, pero fue imposible.
La locura de la gente crecía cada día más".
John Peters.
Rick Atkinson: El lago Champlain es como una lágrima de 90 millas
que se extiende desde la frontera canadiense
hasta casi llegar al río Hudson.
Si uno controlaba el lago Champlain,
controlaba el punto de entrada a Nueva York
más obvio desde el norte, y a Canadá desde el sur.
Lo demás era naturaleza.
Nathaniel Philbrick: Los norteamericanos
vieron una oportunidad.
Si lograban tomarse Montreal, si se tomaban Quebec
y se hacían con el control del San Lorenzo,
podrían tener a los británicos justo donde los querían.
A finales del verano de 1775,
1,200 tropas de Nueva York y Nueva Inglaterra
se reunieron en Ile aux Noix,
justo al interior de la provincia de Quebec.
Su comandante, Richard Montgomery,
tenía órdenes del Congreso Continental
de "tomar posesión inmediata" de la guarnición británica
en Montreal y seguir hacia el norte.
El objetivo final era eliminar la provincia
como amenaza militar
y quizás convertirla en la decimocuarta
colonia norteamericana.
No esperaban tener mucha oposición:
en toda la provincia
solo había unos 700 soldados británicos.
Entonces, George Washington
solicitó una expedición adicional
a través de los bosques de la provincia de Maine
en Massachusetts
para sorprender y capturar la ciudad de Quebec
en el río San Lorenzo.
Para liderarla,
Washington eligió a Benedict Arnold.
Rick Atkinson: Durante los dos primeros años
de la guerra,
Benedict Arnold fue el mejor comandante táctico
en ambos bandos.
Tenía el don manifiesto de poder motivar a los hombres,
a nivel táctico,
y lograr que hicieran lo que quería
bajo circunstancias difíciles.
Arnold emergió
de la captura del fuerte Ticonderoga
con una reputación mixta:
había discutido con oficiales rivales
y se enfureció tanto cuando cuestionaron sus gastos
que simplemente renunció a la milicia y se fue a casa.
Pero después de la muerte de su esposa,
dejó a sus tres hijos con su hermana
y se unió al Ejército Continental de Washington.
Le dijo a un amigo,
“una vida ociosa en estas circunstancias
no sería más que una muerte lenta".
Washington creía que Quebec
de seguro sería "una presa muy fácil".
Pero agregó, "no hay tiempo que perder".
Stephen Conway: A los norteamericanos
no les molestaba el concepto de imperio.
Por el contrario, eran grandes entusiastas.
Por una buena razón lo llamaron “Ejército Continental”
y “Congreso Continental”.
Tenían la ambición de incorporar a Canadá,
la Florida,
y a todo el continente de América del Norte.
El 25 de septiembre,
desde un astillero en el río Kennebec en Maine,
Benedict Arnold y su fuerza de 1,100 hombres
salieron hacia Canadá.
"Si no se castiga a las personas
"de los cuatro gobiernos de Nueva Inglaterra
"por sus actos de rebelión y piratas,
"solo los alentará a ir más lejos.
He decidido destruir parte de sus pueblos y flotas".
Vicealmirante Samuel Graves.
En octubre, el vicealmirante Samuel Graves,
comandante en jefe de la Base de América del Norte
de Su Majestad,
anunció sus planes de arrasar con los puertos de Marblehead,
Salem, Cape Ann, Ipswich,
Newburyport, Portsmouth,
Saco, Falmouth y Machias.
Todos eran bases desde las cuales corsarios,
saqueadores patriotas, amenazaban a la flota británica.
Graves envió al teniente Henry Mowat
y cuatro barcos a que ejecutaran sus órdenes.
Mowat empezó en Falmouth, la actual Portland, en Maine.
Mowat les dio a sus casi 2,000 habitantes
dos horas para,
dijo, "retirar sin tardanza a los seres humanos"
antes de que comenzara el bombardeo,
y después aceptó reconsiderarlo
a cambio de que sus habitantes entregaran todas sus armas
y pólvora a la mañana siguiente.
Como no lo hicieron,
los barcos británicos abrieron fuego.
El cañoneo duró más de siete horas
y se dispararon más de 3,000 proyectiles
y balas huecas llenas de material combustible.
A media tarde,
los grupos de desembarco llegaron a la orilla.
Arrojaron antorchas por las puertas y ventanas
de casas y locales.
La noticia de la destrucción de Falmouth
se difundió rápidamente.
Los puertos a lo largo de la costa
se prepararon para el próximo ataque.
Washington y el Congreso
ya habían comenzado a armar barcos
para hacerse con cargamentos del enemigo
para abastecer al ejército.
El Congreso votó para ordenar la construcción
de trece fragatas
para el nuevo Ejército Continental.
Nathaniel Philbrick: Para tener una armada en el siglo XVIII,
se necesitaba una flota de barcos,
las máquinas más sofisticadas del mundo
en aquella época.
Y eran muy costosos.
Para construirlos, se necesitaba toda clase
de poder económico y tecnológico.
Gran Bretaña lo tenía.
Las colonias en realidad no.
Así que contemplar el enfrentarse
a semejante potencia naval era casi una locura.
El comandante patriota más exitoso era John Manley,
un capitán de barco de Marblehead.
Logró incautar siete embarcaciones británicas
antes de finalizar el año,
que incluían un barco de artillería
que llevaba 100,000 piedras de escopeta, 2,000 mosquetes
y 30,000 balas de cañón en la bodega,
cosas que el Ejército Continental
necesitaba con urgencia.
El almirante británico Graves
finalmente decidió no atacar más puertos.
Pero el daño ya estaba hecho.
"El barbarismo salvaje y brutal de nuestros enemigos
"es la demostración absoluta de que no queda
"el menor rastro de virtud,
sabiduría o humanidad en los británicos".
"Por lo tanto, esperamos romper pronto
"todo tipo de relación con Gran Bretaña
"y convertirnos en una Gran República
de las colonias norteamericanas unidas".
El New England Chronicle.
"En cada pecho humano, Dios ha implantado un principio
"al que llamamos amor por la libertad.
"Es impaciente ante la opresión y anhela la liberación.
Afirmaré que ese mismo principio vive dentro de nosotros".
Phillis Wheatley.
George Washington
estableció su cuartel general en Cambridge
en la espléndida casa de un leal
que había huido a Inglaterra.
Una mañana, poco después de mudarse,
vio a un afroamericano de seis años
llamado Darby Vassall columpiándose en la verja.
Vassall recordó haber dicho que había nacido en la casa;
y que sus padres trabajado allí.
Washington lo invitó a pasar a comer algo,
tenía muchas tareas para él.
Cuando Darby le preguntó qué tipo de salario recibiría,
Washington pensó que la pregunta era impertinente e "irracional".
Darby Vassall vivió hasta una edad muy avanzada
y, cuando le preguntaban,
le gustaba decir que, en su experiencia,
George Washington "no era un caballero",
ya que esperaba que un niño trabajara gratis.
Washington también se sorprendió de ver a soldados negros
acampando con sus vecinos blancos.
Washington era escéptico
de que pudieran llegar a ser buenos soldados,
así que convenció al Congreso Provincial de Massachusetts
para que no los enlistara más,
aunque decenas de ellos habían luchado en Breed's Hill.
Christopher Brown: Creo que a Washington le preocupaba
lo que eso podría significar para la esclavitud
y los esclavistas.
Supongo que estaba alarmado por las formas
en que podría terminar afectando a la institución.
Los afroamericanos esclavizados
solo eran el dos por ciento de la población
de Nueva Inglaterra,
pero un 40 por ciento de virginianos
estaban esclavizados,
y los plantadores como Washington
vivían atemorizados
de que se levantaran en su contra,
al igual que lo habían hecho las personas esclavizadas
en la isla británica de Jamaica
tres veces en los últimos 15 años.
"Cuando esclavizas a los hombres,
"los privas de la mitad de su virtud
"y los obligas a vivir contigo en un estado de guerra.
"¿No hay peligro por darles este tipo de trato?
¿Acaso no viven en temor a una insurrección?"
Olaudah Equiano.
El creciente discurso sobre la "libertad"
había atraído a aquellos que menos la tenían
y más la anhelaban.
Desde Nueva Inglaterra hasta Carolina del Sur,
personas esclavizadas
se ofrecieron a ayudar a los británicos
si les concedían la libertad.
En noviembre de 1775, el gobernador real de Virginia,
Lord Dunmore,
quien había tenido que huir con unos 300 soldados,
marineros y leales a unos barcos anclados
en la bahía de Chesapeake,
hizo una proclamación que parecía confirmar
las peores pesadillas de los esclavistas.
Prometía la libertad a los hombres esclavizados
propiedad de rebeldes
que estuvieran dispuestos a tomar las armas
y ayudar a reprimir el levantamiento.
Rick Atkinson: El comercio de personas esclavizadas
de Gran Bretaña era el más grande del mundo.
Aun así, los británicos creían que si lograban convencer
a suficientes personas esclavizadas
de abandonar a sus amos en el Sur
y alzarse en armas
contra los rebeldes norteamericanos,
tendrían una fuente de mano de obra
y también desestabilizarían a las economías
de los estados sureños.
Vincent Brown: Los británicos no estaban contra la esclavitud
en la década de 1770.
Sus colonias en el Caribe
son las más rentables de las Américas
y están firmemente comprometidos con la esclavitud.
Pero, de manera oportunista,
al ver la posibilidad de incitar a las personas esclavizadas
de levantarse en contra de los colonos rebeldes,
lo hacen.
Annette Gordon-Reed: Para las personas esclavizadas,
esta era una forma de salir de una situación
que parecía insuperable.
Y les dio el ímpetu
para participar en eso.
En una especie de caos de la guerra
hallaron una oportunidad.
Una forma de escapar de su situación.
"El Virginia Gazzette."
"Más vale, negros, que no se dejen tentar
"por esta proclamación que será su ruina.
"No sé si seguirán mi consejo o no.
"Pero lo que sí sé es que sin importar
"si nosotros sufrimos o no, al abandonarnos,
con toda certeza ustedes sí sufrirán".
La proclamación de Dunmore
hizo que los esclavistas sureños se pusieran del lado
de los revolucionarios.
Edward Rutledge de Carolina del Sur
habló por muchos: la proclamación de Dunmore
tiende, "en mi opinión, a conseguir la separación
eterna de Gran Bretaña y las colonias
de manera más efectiva que cualquier otro recurso".
Christopher Brown: Dunmore dijo
que solo quería que se unieran a él
las personas esclavizadas de los rebeldes...
sin especificar cómo se pueden diferenciar entre sí
o si existe alguna especie de censo
sobre a quién pertenece cada uno.
Dunmore no era abolicionista.
No liberó a ninguno de los 57 seres humanos
que él mismo mantenía esclavizados.
Los patriotas los capturaron
y los vendieron para financiar su causa.
"Miércoles.
"Anoche después de acostarnos, Moses, el criado de mi hijo,
"Joe, Billy, Postillion, John, Mulatto Peter,
"Tom, Panticore, Manuel y Lancaster Sam
huyeron hacia Lord Dunmore".
Landon Carter.
Ahora, los fugitivos corrían en masa
a los barcos del gobernador,
deslizándose silenciosamente por los ríos y arroyos
de marea que desembocaban en la bahía de Chesapeake.
87 hombres, mujeres y niños
de una sola plantación en Virginia
huyeron hacia Dunmore.
"Anoche huyó del suscriptor un hombre negro llamado Charles,
"una persona muy astuta y sensata
"que puede leer y escribir.
"Se cree que intenta llegar hasta Lord Dunmore.
"Su fuga no es debido a queja alguna
"ni al temor de ser azotado,
"sino a su determinación por alcanzar la libertad
como él la concibe".
El administrador de la plantación
de George Washington le advirtió:
"No hay un solo hombre entre ellos
que dudaría en irse si creyera que puede lograrlo...
La libertad es dulce".
Tenía razón.
La primera persona esclavizada que escapó de Mount Vernon
se llamaba Harry Washington.
Nació en algún lugar cerca del río Gambia
en África Occidental.
Lo capturaron, lo enviaron al otro lado del océano,
y en 1763, George Washington lo compró.
La libertad siempre estaba en sus pensamientos.
Había intentado escapar en 1771,
pero lo capturaron y lo regresaron.
Cuatro años después, vio su oportunidad.
Erica Dunbar: Después de la proclama de Lord Dunmore,
Harry Washington se dio cuenta de que era su oportunidad.
Se unió a los británicos
en contra de quienes habían sido sus amos alguna vez.
George Washington dijo que Lord Dunmore
era un "monstruo"
y un "architraidor
de los derechos de la humanidad".
"Si no acabamos con ese hombre
"antes de la primavera,
"se convertirá en el enemigo más formidable
"de América del Norte.
"Su fuerza aumentará al igual que una bola de nieve
"que rueda cada vez más rápido.
"Nada menos que privarlo de la vida o la libertad
le devolverá la paz a Virginia".
George Washington.
Veintenas de fugitivos fueron capturados
y recibieron castigos brutales.
Algunos fueron asesinados y otros vendidos
para compensar a sus dueños.
Pero unos 800 hombres
lograron llegar a la flota de Dunmore,
junto con casi la misma cantidad de mujeres y niños.
Los hombres aptos para servir
fueron enlistados en una unidad especial
llamada "Regimiento etíope de Dunmore".
Sus comandantes eran hombres blancos,
pero por primera vez en su vida recibían un salario.
"La proclamación tuvo un efecto maravilloso.
"Los negros llegan en hordas desde todos los distritos.
"Y si tuviera unos cuantos hombres más,
"marcharía de inmediato hacia Williamsburg,
con lo que pronto obligaría a toda la colonia a rendirse".
Lord Dunmore.
Impulsado por los refuerzos,
Dunmore ocupó Norfolk
y ordenó que se construyera una empalizada en el Gran Puente
que pasaba por encima del río Elizabeth
para bloquear el único camino al pueblo desde el Sur.
Unos 700 patriotas excavaron al otro lado del río
y, el 9 de diciembre de 1775,
cuando las tropas de Dunmore atacaron a través del puente
para expulsarlos,
más de cien de sus hombres, blancos y negros,
fueron asesinados.
"Lucharon, sangraron y murieron como ingleses",
recordó un hombre.
El ejército improvisado de Dunmore,
incluido lo que quedaba del regimiento etíope,
huyó hacia el mar.
Junto a ellos se fueron decenas de familias leales de Norfolk
y lugares cercanos,
la mayoría escoceses, como Dunmore.
Ahora estaba al mando de una ciudad flotante,
que incluía balsas en las que los más pobres
luchaban por sobrevivir.
Christopher Brown: La proclamación de Dunmore
convirtió el conflicto en Virginia
en una auténtica crisis.
Pero también esclareció las diferencias, ¿no?
Establece que uno de los bandos en este conflicto
está comprometido con la esclavitud
de manera desigual.
Y luego tenemos el otro bando, nuestro bando,
que está completamente comprometido con ella.
Para algunos patriotas,
eso es todo lo que necesitan saber.
Genera la sensación
de que este es un conflicto existencial
de una forma en que no lo era antes.
"Estos lords de sí mismos, estos reyes de mí,
"estos semidioses de la independencia.
"Se ha propuesto liberar a los esclavos,
"algo que, sin duda,
"no pueden sino elogiar los amantes de la libertad.
"¿Cómo es que los gritos más estridentes por la libertad
provienen de quienes azotan a los negros?"
Doctor Samuel Johnson.
"Connecticut
"no quiere ningún hombre de Massachusetts en su cuerpo.
"Massachusetts cree que no hay necesidad
"de incluir a alguien de Rhode Island en el suyo.
"Si hubiera podido prever lo que he vivido
"y lo que quizás me espera,
"nada sobre este planeta me habría convencido
de aceptar esta comandancia".
George Washington.
Ahora, por primera vez
George Washington enfrentaba el problema
que lo perseguía una y otra vez.
Cuando el periodo de alistamiento expiraba
a final de año,
la mayoría de su ejército simplemente desaparecía.
Para reforzar sus filas, Washington persuadió
a los gobernadores de Massachussets
y Nueva Hampshire
para que le enviaran 5,000 milicianos.
Los recién llegados eran tan hoscos,
que los soldados veteranos
los llamaban "hombres de mala cara".
Washington le preguntó al Congreso
si podía tener unidades indígenas
en su ejército.
Si bien generó debate,
muchos indígenas se unieron a sus filas.
Cinco hijos de una mujer mohegana
llamada Rebecca Tanner
murieron luchando por los patriotas
durante la guerra.
En diciembre, Washington cambió de opinión
sobre enlistar afroamericanos.
En parte se debió a su urgente necesidad de hombres,
pero también al llamado de los mismos veteranos negros
o de sus oficiales.
Washington escribió al Congreso Continental:
"Se me ha informado que los negros libres
que han servido en este ejército
se sienten muy inconformes por haber sido descartados".
Ya podían enlistarse de nuevo.
Jane Kamensky: Washington llegó a Cambridge
con el "no rotundo" de un plantador de Virginia.
Pero también está dispuesto a cambiar,
a pensar sobre toda la fuerza de combate potencial
y si los hombres negros
pueden jugar un papel en eso.
Creo que muchas personas, la mayoría de personas
de su posición social,
habrían empezado donde él empezó
y se habrían quedado ahí.
Así que creo que como comandante tenía cierta flexibilidad,
que es lo único que puede tener el comandante
de una fuerza revolucionaria.
Aunque la decisión fue impopular siempre,
al final de la guerra, unos 5,000 afroamericanos
habían servido en el Ejército Continental.
Vincent Brown: Muchas de las decisiones
sobre por quién luchar,
con quién alinearse,
son profundamente locales.
No necesariamente tienen que ver
con grandes ideales, ¿no?
Así que cuando la gente cree que hay una oportunidad
con los británicos,
puede que se alineen con ellos y huyan a las líneas británicas.
Pero cuando el ejército patriota en cierto modo
abrió sus filas a los negros,
muchos de los negros creyeron que podrían obtener
ventajas, concesiones e incluso, algún día, cierto estatus,
por luchar junto a los patriotas.
No se trata de quiénes son los buenos y los malos.
Se trata de qué puedo obtener por tomar esta decisión, ahora,
en este lugar, en este instante, con estas personas.
El nuevo ejército de Washington,
una mezcla de soldados de todo tipo
que habían decidido quedarse,
novatos y milicianos temporales,
ahora llegaba casi a los 8,000 hombres.
Pero solo dos tercios eran aptos para servir.
Esos hombres todavía seguían pasando frío,
no estaban bien armados, estaban mal pagados,
pero igual seguían manteniendo a los británicos
atrapados en Boston.
"Puede que no exista un caso como el nuestro
"en los anales de la historia.
"Es muy probable que jamás se haya intentado mantener
"un puesto unido a un disparo de mosquete del enemigo
"durante seis meses, sin pólvora,
"y al mismo tiempo disolver un ejército y reclutar otro,
estando cerca de unos veinte regimientos británicos".
George Washington.
"Las estimaciones más conservadoras
"indican que esta rebelión le costará a Gran Bretaña
"diez millones de libras y veinte mil vidas.
"Entonces, en nombre del cielo,
"¿cuál es el objetivo de la guerra?
"¿Vamos a desperdiciar tanto dinero y tantas vidas
"para probar un punto que, cuando así sea,
no valdrá ni el uno por ciento de nuestro dinero?"
Maya Jasanoff: En el Parlamento británico hubo varios debates.
Hay personas que se inclinaban hacia un lado y decían,
"deberíamos darles más autonomía a las colonias.
Debemos flexibilizar las limitaciones
que le hemos impuesto.
Debemos pensar en formas
en las que pueden tener representación".
La guerra en América del Norte
no tenía una popularidad universal en Inglaterra.
Las colonias estaban a 3,000 millas.
El escenario de la guerra sería mucho más grande
que cualquiera
en el que hubiera combatido antes
el ejército británico.
Seguramente sería costosa,
sangrienta y probablemente prolongada.
El jefe del ejército y el comandante naval
más distinguido de Inglaterra
se negaron a participar en la guerra.
El alcalde y los concejales de la ciudad de Londres
le pidieron al rey que lo reconsiderara.
Era mucho mejor dar a los norteamericanos
sus "derechos y libertades", afirmaron,
que imponer "las terribles operaciones
de su poder militar".
Pero el nuevo secretario de estado para América,
Lord George Germain,
se mantuvo decidido a aplastar la rebelión,
y a hacerlo con una única campaña contundente.
Si la guerra se alargaba,
el mismo rey Jorge
temía que los antiguos enemigos católicos de Gran Bretaña,
Francia y España
terminaran apoyando la causa rebelde.
"La guerra rebelde que ahora se libra
"se ha vuelto más general
"y evidentemente se lleva a cabo con el objetivo
"de establecer un imperio independiente.
"El objetivo es demasiado importante,
"el espíritu de la nación británica
"demasiado elevado
"y los recursos con los que Dios la ha bendecido
"son demasiados como para renunciar
"a tantas colonias que ha plantado con gran esmero,
"que ha cuidado con tanto cariño
"y protegido y defendido a un elevado costo
de sangre y dinero".
Jorge III.
Rick Atkinson: El rey Jorge no era un ogro.
No era un tirano.
A diferencia del estereotipo
que la mayoría de los estadounidenses tienen de él,
de hecho era un hombre bastante extraordinario.
Stephen Conway: Era un monarca constitucional muy bueno.
De hecho, en 1775 declaró:
"Estoy librando la guerra de la legislatura".
En otras palabras, estaba luchando
por los derechos del Parlamento
sobre las colonias norteamericanas.
No por sus derechos, sino por los del Parlamento.
Pero cuando la guerra comenzó,
se vio a sí mismo como comandante en jefe
garantizando que esta guerra fuera eficaz.
La armada británica era la más grande del mundo,
pero el ejército británico,
conformado solo por voluntarios,
en teoría contaba con menos de 50,000 oficiales
y soldados.
En realidad era mucho más pequeño,
tan solo un tercio del ejército francés,
y diseminado por el mundo,
desde Irlanda hasta India,
desde el Mediterráneo hasta el Caribe.
Un oficial advirtió: "A menos que los casacas rojas lluevan,
no sé cómo haremos para conseguir
todo lo que queremos".
Joseph Ellis: Los británicos debieron darse cuenta
de que sería un conflicto extremadamente difícil
y quizás imposible de ganar.
Estaban seguros de dos cosas:
su poder militar era invencible,
por lo tanto, no tenían la necesidad de ceder.
Y segundo,
que cualquier compromiso sobre la soberanía,
la soberanía del Parlamento,
instaría a la independencia
por parte de los norteamericanos.
Tenían una especie de teoría "dominó":
si perdían las colonias norteamericanas,
después perderían Canadá
y después el Caribe.
De modo que Jorge III y sus ministros
están convencidos de que lo que estaba en juego
era nada menos que el futuro del Imperio británico.
"Nuestro comandante, Arnold,
"era una persona extraordinaria.
"Valiente y querido por los soldados,
tenía un poder de persuasión impresionante".
Soldado John Joseph Henry.
Benedict Arnold y sus hombres
progresaron lentamente de camino al río Kennebec
como parte de la invasión de las colonias a Canadá.
Habían empacado sus provisiones en 220 botes de fondo plano
construidas para ellos por orden de George Washington.
Lo único que Arnold sabía sobre los bosques
en los que se adentrarían sus hombres
era gracias a un mapa británico de hacía 15 años
que parecía indicar que la ciudad de Quebec
estaba a 180 millas
y que podrían llegar allá en tan solo 20 días.
La distancia real resultó ser de 270 millas.
Nada podría haber preparado a Arnold para el calvario
que él y sus hombres estaban a punto de padecer.
El Kennebec resultó estar lleno de cascadas y rápidos.
Rocas sumergidas rasgaron el fondo de los botes.
En 72 horas, un cuarto de sus provisiones
se perdieron o arruinaron.
Un hombre escribió que en las mañanas,
las ropas húmedas estaban cubiertas de hielo,
grueso como una hoja de vidrio.
En el décimo día,
Arnold comenzó a racionar la comida que quedaba,
solo tocino y harina.
En el día 19 nevó
y después llovió de manera implacable
durante días.
Después, volvió a nevar.
Nathaniel Philbrick: Las Américas
son un continente inmenso.
Hay tornados, huracanes, tormentas de nieve.
Los cambios de clima que hoy predecimos
con semanas de anticipación
azotaban a las personas del siglo XVIII por sorpresa.
No solo luchaban entre sí.
De una forma profunda,
están luchando contra el clima de América del Norte,
su geografía y su topografía.
Es un lugar complejo para librar una guerra.
Después de un mes de penurias,
el oficial que lideraba el batallón
que cerraba la marcha,
declaró que era una misión suicida,
se dio la vuelta con sus 300 hombres
y regresó a casa
con muchas de las provisiones que quedaban.
Los hombres de Arnold entonces se vieron obligados
a sobrevivir con velas,
corteza de árbol y sopa hervida de cuero crudo.
Una compañía mató al perro de Terranova de su capitán
y se lo comió.
De los 1,100 que salieron de Cambridge,
más de la mitad se devolvieron,
fueron escoltados a casa como inválidos
o murieron en el camino.
Finalmente, 45 días después de haber partido, y no 20,
los hombres de Arnold vieron las torres y murallas
de la ciudad de Quebec
que se alzaban al otro lado del río San Lorenzo.
Nathaniel Philbrick: Nadie, en especial los británicos,
podía creer que de repente estaban allá.
Después de esto Arnold se ganó su reputación.
Llegó a ser conocido como el "Aníbal americano"
por su capacidad para llevar a sus hombres
por montañas y por lograr cosas que parecen imposibles.
Entretanto, las fuerzas norteamericanas
lideradas por el general Montgomery
se habían tomado Montreal con facilidad.
Entonces, Montgomery y 300 de sus hombres
partieron a lo largo del río San Lorenzo
para encontrarse con Arnold.
Juntos, planearon el ataque a la ciudad de Quebec.
Rick Atkinson: Se dieron cuenta
de que tenían que tomar una decisión difícil.
O atacaban en ese momento,
o muchos de sus hombres se irían.
Sus alistamientos habían expirado.
Tenían frío.
En Canadá estaban en pleno invierno.
En la ciudad fortificada
solo había apostados unos 300 soldados británicos.
Entonces, el general Guy Carleton,
gobernador real de Canadá,
ordenó a todos los hombres sanos
dentro de sus murallas prepararse para la batalla.
Quien se negara, tendría que irse
o sería acusado de espionaje.
Pronto, 1,800 hombres protegían las murallas
de la ciudad.
El plan norteamericano requería de dos pequeñas
y ruidosas maniobras de distracción
para alejar a los defensores
de los verdaderos objetivos del ataque.
Al mismo tiempo, Arnold y sus hombres
rodearían la ciudad de Quebec desde el norte,
mientras el general Montgomery se aproximaba desde el sur.
Juntos asaltarían las empinadas murallas
de la ciudadela.
"Querido padre: si recibes esta carta,
"será la última que te escriba con esta mano.
"Solo Dios sabe cuál será mi destino.
"Pero sin importar cuál sea,
"no puedo resistir la necesidad que siento
"de asegurarte que no siento reticencia alguna
"de arriesgar una vida que considero prestada
"y para ser usada cuando mi país lo necesite.
Tu hijo que tanto te quiere, John Macpherson".
"Fue una tormenta atroz.
"Corrimos en fila india
"mientras cubríamos el seguro de nuestra arma
con la solapa de la casaca y con la cabeza agachada".
John Joseph Henry.
Los norteamericanos lanzaron su ataque
a las cuatro de la mañana del 31 de diciembre de 1775,
bajo el manto de una tormenta de nieve tremenda.
Muchos hombres se habían puesto en el sombrero
trozos de papel que decían "libertad o muerte".
¡bum, bang!
Todo salió mal.
Las maniobras de distracción no engañaron a nadie.
Los hombres de Arnold
quedaron bajo un fuego implacable
desde las murallas superiores
y el enemigo había ubicado barricadas formidables
en su camino.
Cuando un fragmento de bala rebotó
y le atravesó la pierna izquierda,
Arnold tuvo que ser llevado de regreso al campamento.
El capitán Daniel Morgan de Virginia asumió el mando.
Logró guiar a sus hombres a través de una barricada
solo para encontrarse con otra.
Intentó treparla cuatro veces,
pero entonces decidió esperar a que Montgomery y sus hombres
la atravesaran.
Pero Montgomery nunca llegó.
Poco después de entrar a la ciudad,
él, John Macpherson
y once soldados más fueron asesinados.
"El enemigo,
"con la ventaja de tener el terreno en frente,
"una tremenda superioridad numérica
"y armas secas y mejores, atacó con un poder arrollador.
"Hacia las nueve de la mañana se hizo evidente
que debíamos rendirnos".
John Joseph Henry.
Treinta norteamericanos yacían muertos.
389 fueron tomados como prisioneros,
incluido Daniel Morgan.
Arnold, aunque estaba herido de gravedad,
no fue capturado y juró intentar tomarse la ciudad de nuevo
antes de que llegaran refuerzos.
"No tengo intención de abandonar
"esta orgullosa ciudad
"hasta que entre a ella triunfante.
"La Providencia que me ha acompañado
durante tantos peligros, me sigue protegiendo".
Benedict Arnold.
"Cada vez me convenzo más
"de que el hombre es una criatura peligrosa,
"y que el poder,
"conferido a muchos o a unos pocos,
"siempre es ambicioso,
"y como la tumba, grita, 'dame, dame'.
"Me hablan de los grados de perfección
"que puede alcanzar la naturaleza humana, y lo creo,
"pero al mismo tiempo lamento que nuestra admiración
"se deba a la escasez de ejemplos.
"Cuando lo analizo, me inquieta el destino
"de nuestra monarquía, o democracia,
o lo que sea que se establezca".
Abigail Adams.
En el Día del Año Nuevo de 1776,
George Washington ordenó que se elevara una nueva bandera
de la "Unión Continental" en la parte de alta
de Prospect Hill con vista a la Boston ocupada.
La bandera británica
seguía en la esquina superior izquierda.
Pero según dijo,
sus trece franjas rojas y blancas
se concibieron como "un elogio a las Colonias Unidas".
A excepción de la ciudad de Boston,
los patriotas ya controlaban las 13 colonias.
Varios gobernadores reales
habían huido a barcos en altamar,
igual que Dunmore.
Pero en las colonias, la gente seguía muy dividida.
Parte de la población libre
estaba a favor de la independencia.
Otros se sentían consternados de pensar en romper con el rey.
Un virginiano escribió que abandonar Gran Bretaña
era "disolver los lazos de religión, de juramentos,
de leyes, de idioma, de sangre...
que nos mantienen unidos bajo la influencia
de un padre en común".
Otros seguían "desafectados",
sin favorecer a ningún bando
y esperaban poder seguir con su vida
mientras sus compatriotas,
que sospechaban de su neutralidad,
luchaban en la guerra.
Pero los acontecimientos estaban cambiando opiniones.
Annette Gordon-Reed: Lo que sucedió en el periodo previo
a todo esto, hizo sentir a las personas
que quizás podrían valerse por sí mismos.
Eran diferentes a las personas en Gran Bretaña.
Se dieron cuenta de que se estaban alejando.
"Si debemos establecer
"un gobierno independiente en América del Norte,
"una república nos dará solidez,
"resistencia, actividad,
"valentía, fortaleza y empuje.
"Pero hay tanta vileza, tanta venalidad y corrupción,
"tanta avaricia y ambición,
"unas ansias tales por dinero y comercio
"en todas las clases y rangos de hombres,
"incluso en América del Norte,
"que a veces me cuestiono si existe la virtud pública
necesaria para sostener una república".
John Adams.
Alan Taylor: Los líderes de la Revolución Americana
necesitan el apoyo popular.
Los líderes de la Revolución Americana
tendrán que prometer
que habrá mayor movilidad social,
un mayor respeto por la gente del común,
una participación política a futuro más amplia
de la que ha habido en el pasado colonial
al relajar las estructuras de autoridad,
incluidas las de la autoridad religiosa.
Si llevan a cabo una revolución
y necesitan el apoyo de miles de personas del común,
hombres y mujeres,
¿qué ganan ellos?
Gordon Wood: Hasta el siglo XVIII la gente creía
que todo siempre sería igual.
Pero la idea de que podían hacerse cargo
y cambiar su cultura,
esa fue la base fundamental de la Ilustración,
que el hombre puede cambiar.
"El sol nunca brilló sobre una causa de mayor valor.
"No es el asunto de una ciudad, un país, una provincia
"o un reino, sino de un continente.
"Todo lo que es correcto o natural
"aboga por la separación.
"Todos los rincones del viejo mundo
"están plagados de opresión.
"La libertad ha sido perseguida en todo el mundo.
"¡Oh! Recibamos a los fugitivos y preparemos con el tiempo
"un refugio para la humanidad.
"Tenemos el poder de comenzar el mundo de nuevo.
"Una situación similar a la actual
"no se había presentado desde los tiempos de Noé.
El nacimiento de un nuevo mundo está a nuestro alcance".
Thomas Paine.
El 9 de enero de 1776,
se publicó un panfleto en Filadelfia
titulado "El sentido común",
el panfleto más importante
en la historia de Estados Unidos.
Estaba firmado simplemente como "un inglés".
Su autor, un recién llegado a América del Norte,
era Thomas Paine, de 38 años.
Hijo de un fabricante de corsés cuáquero
y su esposa anglicana,
Paine fracasó en el oficio de su padre,
perdió a su primera esposa y a su hijo en el parto,
fue despedido como recaudador de impuestos,
padeció el colapso de un segundo matrimonio sin hijos
y vio cómo se subastaban sus pertenencias
para pagar sus deudas.
Durante su viaje de ocho semanas desde Gran Bretaña
se contagió de tifus
y cuando el barco llegó a Filadelfia,
lo tuvieron que sacar cargado, moribundo.
Pero Paine era un maestro con las palabras
y combinaba hábilmente la última filosofía de la Ilustración
con referencias bíblicas que todos conocían.
Y era un feroz enemigo de la aristocracia
y la monarquía.
Stacy Schiff: Ciertamente
es un documento mucho más radical
que sus predecesores.
"El sentido común" se esparció por las colonias
como un acelerante.
Todo el mundo lo leyó.
En periódicos de todas las colonias
se publicaron fragmentos de "El sentido común".
El panfleto vendió decenas de miles de copias.
Alan Taylor: Fue un éxito en ventas sin precedentes.
En las colonias ningún libro se leyó
tanto como "El sentido común" a excepción de la Biblia.
Bernard Bailyn: Fue un ataque indiscriminado
contra todo el mundo británico, político y cultural.
Con una prosa contundente.
Ningún panfletista norteamericano
había escrito con un lenguaje tan duro y extremo.
William Hogeland: Hizo que las personas escucharan
y pensaran en un momento en el que el Congreso
nunca habría considerado al rey personalmente,
al rey Jorge III, al "rey de Inglaterra".
Siempre decían cosas como, "ah, es que no lo entiende.
Nuestro problema es el Parlamento".
"El rey nos tiene que ayudar".
Llamó "bestia" al rey y lo publicó.
Era un intelectual de la clase trabajadora.
Su ideología era radicalmente democrática,
de muchas formas.
Eso lo diferenció de otros Fundadores famosos.
"La sucesión hereditaria
"es un insulto y una imposición a la posteridad.
"Porque, al nacer iguales todos los hombres,
"ninguno desde su nacimiento pudo tener derecho
"a establecer su propia familia
"con diferencia sobre todas las demás
"a perpetuidad.
"Una de las pruebas más sólidas de la insensatez
"del derecho hereditario de los reyes
"es que la naturaleza lo desaprueba.
"De lo contrario, no haría burla tan seguido
al darle a la humanidad un asno en lugar de un león".
Thomas Paine.
Bernard Bailyn: Ese panfleto sacudió la mente de la gente
sobre la posibilidad de tener un mundo distinto.
"'El sentido común'
"tocó una fibra que necesitaba ser tocada
"para hacerla vibrar.
"El país estaba listo para independizarse
y solo necesitaba que alguien se lo dijera al pueblo".
Soldado Ashbel Green.
William Hogeland: Algunos de Los Fundadores y otros
pensaron que ese era el momento de volver a empezar.
Comenzar un mundo nuevo sí es posible.
Y en esa época debió haber sido extremadamente emocionante.
Creo que todavía nos emociona,
el que seamos producto de un momento revolucionario
en el que el mundo quedó de cabeza.
"Mis compatriotas aceptarán
"la idea de la independencia a regañadientes.
"Veo que "El sentido común" está generando
"un cambio maravilloso
en la mentalidad de muchos hombres".
George Washington.
No todos cambiaron de opinión.
Hannah Griffitts,
la poetisa de Filadelfia
que en 1768 había instado a las mujeres norteamericanas
a boicotear los bienes británicos,
estaba horrorizada.
Jane Kamensky: La idea de que reformar el imperio
al dejar de comprar té o prendas importadas
conduciría a la locura
de la cuestión de la independencia
era algo que para ella era imposible de aceptar.
Paine logró
que muchos se sumaran a la revolución.
Pero allí fue cuando ella se apartó.
Para algunos norteamericanos,
"El sentido común" confirmó sus peores miedos.
El leal de Vermont, John Peters,
que seguía recibiendo amenazas de muerte
por parte de sus vecinos patriotas,
llegó a su punto de quiebre.
"A menudo asediado por la turba
"y apresado una vez por los descontentos,
"dejé a mi familia, mis propiedades y labores,
"y huí a Canadá para evitar que me hicieran daño
y apoyar la causa británica contra sus enemigos".
John Peters.
"La escasez de armas es tal,
"que no debemos escatimar en gastos ni esfuerzos
para conseguirlas".
George Washington.
Rick Atkinson: Washington tiene rodeada a Boston.
El problema es que no tiene las grandes armas necesarias
para hacer que los británicos en Boston
se sientan amenazados de verdad.
Tiene cierta artillería, pero no es suficiente.
Suelen ser cañones de campaña.
Sabe que en Ticonderoga,
que está a varios cientos de millas de distancia,
hay más de 80 armas británicas
que incautaron Benedict Arnold e Ethan Allen.
Entonces le dice a Henry Knox,
“Ve a Ticonderoga y trae todo lo que puedas".
Henry Knox era un corpulento
y amigable librero de 25 años de Boston
que había aprendido todo lo que sabía
sobre artillería e ingeniería militar
leyendo libros que tenía en su tienda
y cuando sirvió en la milicia de Boston.
Se había ganado la admiración de Washington
cuando supervisó la construcción de fortificaciones en Roxbury.
Rick Atkinson: Washington, que tiene muy buen ojo
para el talento de sus subordinados,
se dio cuenta de que ese hombre,
que ni siquiera usaba uniforme en ese momento,
tiene algo que llama la atención de Washington
y el potencial que demuestra Henry Knox
es algo que Washington reconoce de inmediato.
Antes de partir,
Knox le escribió una carta a su esposa embarazada, Lucy,
que había huido de Boston
y dejó a sus padres y hermanos leales.
"Mantente animada, mi querida,
"y no te asustes cuando te diga que el general
"me ordenó ir hacia el Oeste, hacia Ticonderoga.
"No temas, que no iremos a ninguna batalla.
Nada más me encargaré de unos asuntos".
Henry Knox.
Knox llegó hasta los fuertes
que se habían tomado
y encontró 55 armas para llevar:
39 cañones, 14 morteros y 2 obuses.
Todas pesaban más de 64 toneladas.
La tarea de Knox
era transportarlas por 300 millas
hasta el valle de Hudson, a través de los Berkshires
hasta llegar a Boston.
Caballos y manadas de bueyes
transportaron las armas por tierra
hasta el extremo norte del lago George.
Desde ahí, las llevaron en una pequeña flota de barcazas
durante más de 30 millas contra vientos gélidos
hasta el fuerte George en el extremo sur.
"Fabricamos 42 trineos sumamente resistentes
"y conseguimos 80 yuntas de bueyes
"para arrastrarlas hasta Springfield,
"donde espero conseguir ganado fresco
"para llevarlas hasta el campamento.
'Esperamos que caiga una buena nevada,
lo que facilitará su transporte".
Henry Knox.
La nieve que Knox esperaba
se volvió impredecible.
A veces era demasiado delgada para deslizar los trineos,
y a veces demasiado pesada para moverse.
Al cruzar los Berkshires,
los bueyes transportaron la artillería
por montañas tan altas
que desde la cima, recordó Knox,
"casi que podíamos ver todos los rincones de la Tierra".
A donde fuera que llegaran,
agricultores y pobladores salían a verlos.
"Llegamos a Westfield, Massachusetts,
"y vimos que muy pocos de sus habitantes,
"incluso de los más ancianos,
"habían visto un cañón alguna vez.
"Nos beneficiamos bastante de esa curiosidad.
"Mientras ellos se entretenían hablando de nuestras armas,
"nosotros disfrutábamos hablar de las bondades de su cidra
y su whisky".
John P. Becker.
Al tiempo que el convoy de bueyes
se abría paso,
Knox se adelantó solo a Cambridge.
Le informó a Washington que la artillería
que le había sido prometida
estaría a su disposición en las próximas semanas.
Cuando el último de los cañones de Knox
llegó al ejército de Washington,
el control de Inglaterra sobre Boston
quedó condenado al fracaso.
Rick Atknison: Es una de las expediciones
más extraordinarias
en la historia de Estados Unidos.
Llegó a Cambridge y dijo, "jefe, ya llegué.
Traje cincuenta armas.
Están estacionadas a las afueras de la ciudad
para cuando las necesite".
Washington le dijo, "eres el mejor",
y puso a Knox a cargo de la Artillería Continental.
La noche del 4 de marzo de 1776,
unos 3,000 hombres y 300 equipos
trabajaron para ubicar 20 o más armas pesadas
en Dorchester Heights.
"Cinco de marzo.
"Hoy al amanecer descubrimos dos reductos
"en las colinas de Dorchester Point,
"y dos obras más pequeñas en sus flancos.
"Las construyeron todas durante la noche
"con una rapidez similar
"a la del genio de la maravillosa lámpara de Aladino.
"Desde esas colinas dominaban toda la ciudad.
"Teníamos que sacarlos de su posición
o abandonar la ciudad".
El general Howe, que no estaba dispuesto
a sacrificar a más hombres,
decidió salir de Boston hacia Halifax,
en Nueva Escocia, donde esperaba reagruparse.
Viajó con 10,000 soldados y sus dependientes,
así como 1,100 hombres, mujeres y niños leales
que tendrían que empezar de nuevo en otro lugar.
Entre ellos estaba la familia política
de Henry Knox.
Su esposa Lucy escribió: "He perdido a mi padre,
a mi madre, a mi hermano y a mis hermanas".
"Qué guerra tan horrenda.
"Hermano contra hermano, padre contra hijo.
"No sé quiénes fueron sus primeros promotores,
"pero Dios lo sabe.
"Y me temo que sentirán el peso de Su venganza.
"Es una lástima que en el poco tiempo
"que pasamos en este mundo,
"no podamos disfrutar con nuestros amigos,
sino que pensemos en formas de destruirnos entre nosotros".
Lucy Knox.
Con la evacuación de Boston,
no quedó ninguna guarnición británica
en ninguna de las colonias rebeldes.
Serena Zabin: Creo que a todos les sorprenden
los triunfos de los patriotas.
Tanto así que están convencidos de que el apoyo de Dios
o la virtud de la causa
es lo que les está ayudando a ganar.
Una de sus metáforas preferidas es la batalla de Jericó.
Están convencidos de que lo único que necesitan
es que el ejército con el bien de su lado
llegue y toque una trompeta,
y que los muros se van a caer.
Algunos norteamericanos
creían que la guerra había terminado.
La asamblea legislativa le agradeció a George Washington
por su servicio
y le deseó "tranquilidad y satisfacción"
en su retiro.
Pero Washington sabía que no.
Le informó al Congreso que "partiría hacia Nueva York
de inmediato con el resto del ejército".
Estaba seguro de que la siguiente maniobra
de Howe sería atacar ese puerto tan importante estratégicamente.
A mediados de abril de 1776,
él y su esposa Martha,
y varios miembros de la casa ya vivían allá.
Entretanto, el Congreso envió a un empresario de Connecticut
llamado Silas Deane a París
para comprar municiones y suministros en secreto,
y para explorar la posibilidad
de formar una alianza con Francia.
Stacy Schiff: En este punto
en realidad convergen dos cuestiones.
Una es, si vamos a volvernos independientes,
si vamos a crear una nación de algún modo,
un concepto realmente inédito y desestabilizador,
¿cómo lo haremos?
No tenemos absolutamente ninguna forma de hacerlo.
Entonces, tendremos que buscar
la ayuda de una potencia extranjera.
Eso plantea la cuestión de una Declaración.
La cuestión es qué debe suceder primero.
"La independencia es el único vínculo
"que puede unirnos y mantenernos juntos.
"Cada día nos convence más de su necesidad.
"En vez de mirarnos entre sí con sospecha
"o curiosidad dudosa,
"extendamos a nuestros vecinos un apretón de manos
"de amistad sincera.
"Y que no se escuche entre nosotros nada que no sea:
"un buen ciudadano, un amigo abierto y decidido,
"y un virtuoso defensor de los derechos de la humanidad
y de los Estados Libres e Independientes de América".
Thomas Paine.
brrrrom...
"No hay palabras para describir,
"ni imaginación que alcance para visualizar
"las escenas de miseria que soportan los soldados,
"quienes emiten quejidos constantemente
"y piden asistencia en vano.
"El más estremecedor de todos los espectáculos
"fue ver un establo atestado de hombres con ese trastorno,
muchos de los cuales no pueden ver, hablar o caminar".
Doctor Lewis Beebe.
Esa primavera, colonos de ambos bandos
se vieron asolados por un enemigo en común:
la "variola mayor", viruela.
El virus, altamente contagioso, había dejado marcados,
ciegos o matado a cientos de miles
de América del Norte
durante los últimos dos siglos y medio.
La Revolución Americana coincidió con una epidemia
en todo el continente que duró siete años
y cobró unas 100,000 vidas más:
de negros, blancos e indígenas americanos.
Colin Calloway: Los ejércitos que van de un lado a otro
son el entorno ideal para la propagación
de enfermedades.
Y una de las epidemias de viruela más grandes,
o por lo menos mejor documentadas,
y quizás epidemias en plural,
fue la de la época de la Revolución Americana.
La viruela era la enfermedad temida por la humanidad.
Solo existían dos armas contra la viruela:
aislar a las víctimas
para evitar que contagiaran a otros
o inocular a los sanos el virus de manera deliberada
en una incisión
con la esperanza de que la infección
no fuera fatal
ni contagiara a otros antes de darles inmunidad.
George Washington conocía la enfermedad
de primera mano,
ya que lo había dejado marcado de por vida cuando era joven.
Pero en un inicio rechazó la inoculación de sus soldados:
si todos eran inoculados,
todo su ejército quedaría incapacitado durante semanas.
Si lo hacía de forma gradual
y un soldado inoculado con la enfermedad
era dado de alta muy pronto,
podría contagiar a toda su compañía.
En lugar de eso, cualquiera con síntomas de viruela
era aislado en un hospital especial
con guardias que mantenían a los visitantes afuera.
Entretanto,
a bordo de la ciudad flotante de Lord Dunmore
en la bahía de Chesapeake,
los hombres de su Regimiento Etíope y sus familias,
amontonados en pequeñas embarcaciones segregadas,
no eran inmunes y ni fueron inoculados
hasta después de que la enfermedad
los estaba asolando.
Al igual que el tifus.
"La enfermedad ha sido muy perjudicial
"y se ha llevado una gran cantidad
"de nuestra gente, sobre todo entre los negros.
"Si no hubiera sido por este padecimiento horrendo,
"estoy seguro de que tendría 2,000 negros
"con los que sin duda habría podido penetrar
hasta el corazón de esta colonia".
Lord Dunmore.
A finales de mayo,
Dunmore trasladó su flota desvencijada
al norte de la isla de Gwynn,
atraído por unas 400 vacas que había allí
y con las que esperaba alimentar a sus seguidores.
Pero la viruela y el tifus lo siguieron.
Los fugitivos seguían llegando donde Dunmore,
entre seis y ocho al día,
y fallecían casi al mismo ritmo.
Con el tiempo, Dunmore y su flota
se vieron obligados a salir de la isla
por los ataques de milicianos virginianos
desde tierra firme.
Dejaron atrás cientos de hombres, mujeres
y niños afroamericanos enfermos.
Un virginiano que llegó a la isla uno o dos días después
jamás pudo olvidar lo que vio.
"Al llegar, nos invadió el horror
"al ver la cantidad de cuerpos en estado de descomposición
"cubiertos con menos de una pala de tierra.
"Otros agonizaban.
"Algunos habían llegado hasta la orilla
"y solo podían manifestar su angustia por medio de señas.
"Mis ojos jamás habían sido testigos de semejante crueldad,
"por la cual sus autores nunca podrán expiar su culpa
en este mundo".
El experimento de emancipación de Dunmore
terminó en tragedia.
Pero en los siguientes siete años de la guerra,
decenas de miles de personas esclavizadas
huyeron hacia los británicos
creyendo que era más posible que los representantes del rey
cumplieran su anhelo de libertad que los revolucionarios.
Annette Gordon-Reed: Optar por la libertad
es una apuesta que hace que las personas
asuman toda clase de riesgos.
Con la idea de que puedas estar en una situación
en la que tus hijos, los hijos de tus hijos
y los hijos de los hijos de tus hijos
serían esclavizados,
entiendo el querer arriesgarse a morir para impedirlo.
Esa misma primavera,
la viruela acabó con el sueño americano
de capturar Canadá también.
Durante más de cuatro meses,
Benedict Arnold, que ahora era general,
había continuado con el bloqueo a la ciudad de Quebec
con la esperanza de montar un segundo asalto exitoso
antes de que las temperaturas descongelaran el hielo
que bloqueaba el río San Lorenzo
y los británicos pudieran recibir refuerzos.
Pero en mayo,
la mitad de esos americanos
que se quedaron estaban enfermos.
Entonces, llegaron barcos de guerra
y de transporte de la Armada Real,
llenos de tropas, con miles más en camino.
Los americanos huyeron.
Las fuerzas británicas,
lideradas por el general Guy Carleton
y el general John Burgoyne, los persiguieron,
pronto con el apoyo de aliados indígenas americanos.
Darren Bonaparte: A nosotros,
mi pueblo que vivía en el río San Lorenzo,
los británicos nos reunieron y dijeron.
"Los norteamericanos están invadiendo.
Los van a matar a todos".
Enviamos a cien a que ayudaran a los británicos
a sacarlos de la región de Montreal.
Uno por uno, los norteamericanos
abandonaron sus puestos de avanzada.
Llegaron refuerzos,
pero tres cuartas partes de los recién llegados
no eran inmunes a la viruela.
"El camino pasaba junto al río,
"frente a la ciudad de Montreal,
"y podíamos ver a los soldados británicos
"casacas rojas en la otra orilla.
"Estaban tan cerca de nosotros
"que si no nos hubiéramos retirado en ese momento,
"habríamos sido capturados,
"porque eran seis veces más que nosotros
"además, estábamos medio muertos por enfermedades
y falta de ropa".
John Greenwood.
El joven músico de pífano John Greenwood
estaba entre esos refuerzos cuando Arnold ordenó
a sus hombres abandonar Montreal.
Casi 2,000 se enfermaron.
Con el tiempo, se agruparon en Ile aux Noix,
a la espera de su turno para que los transportaran
al sur por el lago Champlain a Crown Point y Ticonderoga.
Entre 20 y 60 hombres se enfermaban cada día
y entre 15 y 30 fallecían.
Se cavaron dos fosas grandes en las que apilaban
a los muertos todas las noches,
como recordó un hombre,
"sin más cobertura
que los harapos que vestían al morir".
A finales de junio
terminó la invasión norteamericana de Canadá,
diez meses después de haber comenzado.
Participaron 12,000 soldados.
Unos 5,000 murieron, quedaron heridos,
fueron capturados,
murieron de enfermedades o desertaron.
Los sobrevivientes ahora acampaban de regreso
en las orillas del lago Champlain,
donde la campaña había comenzado.
"Nuestro ejército en Crown Point
"es un espectáculo de miseria que llena de horror
"la mente humana.
"Nuestras desgracias en Canadá son suficientes
"para conmover hasta el corazón más duro.
"La viruela es diez veces más terrible que los británicos,
canadienses e indígenas juntos".
John Adams.
“Nuestros problemas se están convirtiendo
en una crisis", advirtió John Hancock,
presidente del Congreso Continental.
"Y la campaña que se aproxima muy seguramente
determinará para siempre
el destino de América del Norte".
En ese momento, Francia había prometido en voz baja
proporcionar algunas armas y dinero,
pero para dar apoyo abiertamente
exigía que el Congreso rompiera todos sus vínculos
con Gran Bretaña.
John Adams escribió a un amigo: "Todos los días,
la independencia nos acecha...
como un torrente".
El 15 de mayo, el Congreso hizo un llamado
a las trece colonias
para que establecieran sus propios gobiernos.
Al adoptar constituciones nuevas,
las colonias se convertirían en Estados soberanos.
Al día siguiente, los delegados se enteraron
de que los británicos,
desesperados y sin aliados en Europa,
habían contratado miles de tropas extranjeras
para acabar con la rebelión.
Algunos príncipes alemanes habían aceptado dárselos,
a un costo.
La mayoría venían de Hessen-Kassel y Hessen-Hanau,
así que los norteamericanos les decían "hessianos".
"Ay, británicos", se lamentó un hombre de Rhode Island,
"qué bajo han caído al contratar extranjeros
para que corten la garganta de tus hijos".
"La nación británica ha llegado al último extremo.
"Debemos esperar una dura prueba este verano,
"con los británicos, hessianos, indígenas, negros,
"y cualquier carnicero que el amable rey de Inglaterra
pueda contratar en nuestra contra".
Josiah Bartlett, Nueva Hampshire.
Friederike Baer: Los norteamericanos usaron
la decisión del Gobierno británico
de contratar soldados extranjeros
para la guerra
en contra de sus súbditos británicos,
si hasta cierto punto vemos esta guerra
como una guerra civil, la usaron como una herramienta
para generar resistencia contra Gran Bretaña,
movilizar a los hombres para que, en esencia,
se alcen en armas contra los invasores
y, finalmente, apoyen la independencia.
El 7 de junio, Richard Henry Lee de Virginia
presentó resoluciones en el Congreso
en las que declaró que "estas Colonias Unidas
tienen derecho
y serán Estados libres e independientes...
eximidas de cualquier lealtad a la Corona británica".
Entretanto, una carta a un periódico de Pensilvania
firmada únicamente como ‘Republicus',
decía que era hora de que los norteamericanos independientes
"se llamaran a sí mismos de algún modo",
y propuso "Estados Unidos de América".
Se estableció un comité de cinco hombres
para redactar un documento que indicara las razones
de tomar una decisión tan trascendental.
A Thomas Jefferson de Virginia, de 33 años,
se le asignó escribir el primer borrador.
Se inspiró en Aristóteles, Cicerón, John Locke
y la Declaración de Derechos de Virginia
que había redactado su amigo George Mason.
Pero su objetivo, afirmó, era sintetizar lo que llamó
"una expresión de la mente norteamericana".
Trabajó en una habitación rentada en Market Street,
impulsado por tazas de té
que le llevaba su empleado de 14 años, Robert Hemings,
hijo de una sirviente esclavizada,
Elizabeth Hemings, y el suegro de Jefferson.
"Cuando en el curso de los acontecimientos humanos
"se hace necesario para un pueblo
"disolver los vínculos políticos
"que lo han ligado a otro
"y tomar entre las naciones de la Tierra
"el puesto separado e igual
"a que las leyes de la naturaleza
"y el Dios de esa naturaleza le dan derecho,
"un justo respeto al juicio de la humanidad
"exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.
"Sostenemos como evidentes estas verdades:
"que todos los hombres son creados iguales;
"que son dotados por su Creador
"de ciertos derechos inalienables;
"que entre estos están la vida, la libertad
y la búsqueda de la felicidad".
Thomas Jefferson.
Gordon Wood: Todo en lo que creemos
salió de la revolución.
Nuestras ideas de libertad, igualdad,
es el acontecimiento determinante
de nuestra historia.
"Todos los hombres son creados iguales".
Esa es la oración más famosa e importante
de nuestra historia.
Si no la celebramos,
no tenemos razón para ser un pueblo.
Y Lincoln lo sabía.
Por eso fue que dijo "todo honor a Jefferson".
Thomas Jefferson estaba proponiendo algo
completamente nuevo y radical en el mundo.
Afirmó que era el "derecho" de los norteamericanos,
"su deber", el "derrocar" la tiranía
y aprender a autogobernarse.
"Que para garantizar estos derechos
"se instituyen entre los hombres los gobiernos,
"que derivan sus poderes legítimos
"del consentimiento de los gobernados;
"que cuando quiera que una forma de gobierno
"se haga destructora de estos principios,
"el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla
"e instituir un nuevo gobierno
"que se funde en dichos principios,
"y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio
"ofrecerá las mayores probabilidades
de alcanzar su seguridad y felicidad".
Thomas Jefferson.
Puesto que nadie tenía la autoridad sobre nadie
por derecho de nacimiento,
Jefferson afirmaba que todo el poder legítimo
provenía de las personas,
incluso sí él, dueño de cientos de seres humanos,
jamás podría hacer realidad esa afirmación
en su propia vida.
Annette Gordon-Reed: Su relación con la esclavitud
es fundamental.
Esa institución marcó su vida de principio a fin,
aunque sabía que estaba mal.
¿Cómo puede saber que está mal y hacerlo de todos modos?
Bueno, esa es la cuestión humana para todos nosotros.
Alan Tayor: Recordamos la Declaración de Independencia
principalmente por su preámbulo de introducción,
las oraciones más famosas de nuestra historia,
y desde entonces citadas como un mandato
para ampliar las libertades de otros pueblos.
Pero la mayoría del documento es otra cosa.
Es una lista de delitos
que presuntamente cometió el rey.
Es decir que cuando los líderes patriotas
deciden que quieren independizarse,
deben convencer a su pueblo en las colonias,
ahora estados,
de que el rey renunció a su justa autoridad.
El propósito de la Declaración de Independencia
es declarar que el rey ya no es su soberano.
La mayoría de los pueblos
habían sido súbditos a lo largo de la historia,
viviendo bajo gobiernos autoritarios.
Jefferson escribió: "Toda la experiencia ha demostrado
que la humanidad está más dispuesta a padecer,
mientras los males sean tolerables".
El enemigo ahora era el mismísimo Jorge III,
no el Parlamento.
En la Declaración se le denunció como no "digno
de ser el gobernante de un pueblo libre",
culpable de 18 "agravios y usurpaciones",
todas con el objetivo de establecer,
"un despotismo absoluto".
Denunció que había invadido "los derechos del pueblo",
de enviar "manadas de oficiales a hostigarlos",
de imponerles un ejército permanente en tiempos de paz,
de imponerles impuestos
sin el consentimiento de los colonos
y que ahora estaba en guerra con ellos.
La proclamación de Dunmore había exacerbado los miedos
de levantamientos de esclavizados,
y los informes sobre que el gobernador de Canadá
había enlistado indígenas americanos
para enfrentar la invasión allá
enardeció más al Congreso.
En el decimoctavo y último cargo contra el rey,
Jefferson hizo todo lo posible por aprovechar su ira.
"Ha alentado las insurrecciones domésticas
"entre nosotros
"y ha tratado de inducir
"a los habitantes de nuestras fronteras,
"los despiadados indios salvajes,
"cuya norma de lucha es la destrucción indiscriminada
de todas las edades, sexos y condiciones".
Thomas Jefferson.
Proclamar la igualdad de "todos los hombres"
era una idea realmente revolucionaria,
pero esa igualdad todavía no se extendía
a indígenas americanos,
negros esclavizados o libres, los pobres o las mujeres.
El listado original de "agravios" de Jefferson
también incluyó la acusación de que Jorge III
era de algún modo responsable por el comercio esclavista
en el Atlántico.
Lo llamó "una cruel guerra
en contra de la naturaleza humana".
Los demás delegados se negaron a incluir esa denuncia.
La Declaración de Independencia se ratificó de manera formal
el 4 de julio de 1776.
Tan solo 1,337 palabras que cerraban con la oración:
"Y en apoyo de esta Declaración,
con absoluta confianza
en la protección de la Divina Providencia,
empeñamos nuestra vida,
nuestra hacienda y nuestro sagrado honor".
Cuando el delegado de Rhode Island
Stephen Hopkins, que tenía parálisis,
firmó el documento,
se dice que declaró: "Mi mano tiembla, pero mi corazón no".
Se leyó por primera vez en voz alta
ante una multitud entusiasta
en el patio de la Casa de Estado de Filadelfia el 8 de julio.
Pronto se publicó en 29 periódicos
y fue recibida con desfiles y salvas de celebración
a lo largo del recién creado Estados Unidos.
"Boston, Massachusetts.
"Cuando el coronel Crafts leyó la proclamación,
"se prestó mucha atención a cada palabra
"y en todos los rostros había felicidad.
"El escudo de armas del rey se retiró de la Casa de Estado,
"así como cualquier vestigio de él
"de todos los lugares donde estuvieran,
"y se incineraron en la calle King,
"o calle del rey.
"Así termina toda la autoridad real
en este estado, y todas las personas dicen 'Amén'".
Abigail Adams.
El 9 de julio, en Nueva York,
el general Washington ordenó que se leyera
la Declaración a sus tropas.
El oír la lista de presuntos delitos del rey Jorge
enardeció tanto a los hombres,
que algunos corrieron hacia Broadway
hasta Bowling Green,
ataron la estatua del rey con cuerdas
y la tumbaron al suelo.
Trozos de la estatua se enviaron por tren
hasta Litchfield, Connecticut,
donde los patriotas derritieron el plomo dorado
para hacer balas,
42,088 en total.
Mucho más al norte, en el fuerte Ticonderoga,
los maltrechos sobrevivientes de la fallida invasión a Canadá
se reunieron para que les leyeran la Declaración.
Al final, dijo un testigo,
"el semblante de todos los hombres era,
'ahora somos un pueblo,
tenemos un nombre entre los Estados del mundo'".
Entre quienes oyeron la lectura de la Declaración
estaba el soldado Lemuel Haynes,
un afroamericano libre de Granville, Massachusetts.
Él entendió de inmediato lo que podría significar
para las personas como él,
y escribió un ensayo titulado "Ampliar la libertad aún más".
"La libertad es una joya que le fue entregada al hombre
"desde el gabinete del cielo.
"A Dios le ha complacido hacer 'de una sola sangre
"a todas las naciones de los hombres
"para que habiten sobre la faz de la Tierra'.
"Puesto que todos pertenecen a la misma especie,
"es razonable concluir que la libertad es tan valiosa
"para un hombre negro como lo es para un hombre blanco,
"y que la esclavitud es igual de intolerable
para el uno como para el otro".
Lemuel Haynes.
Maggie Blackhawk: La Declaración de Independencia
fue sumamente importante para las personas marginadas.
Les dio un espacio de argumento moral,
les dio un espacio de argumento legal
que podía aprovecharse para reformar la democracia
en Estados Unidos y hacerse parte de ella.
Iban a utilizar cada recurso disponible
para que esa democracia se hiciera realidad
y para hacer realidad esas visiones,
esos valores, en lugar de una hipocresía.
"Londres, revista The Gentleman's.
"La Declaración norteamericana no honra de ninguna manera
"la erudición ni la honestidad de sus autores.
"'Sostenemos', dicen, 'como evidentes estas verdades'.
"¿Que todos los hombres son creados iguales?
"Cualquier campesino sabe que no fue creado igual.
"Ciertamente no es una razón para que los norteamericanos
se rebelen".
Rick Atkinson: El rey Jorge estaba decidido
a no permitir que los norteamericanos
se independizaran.
Al igual que sus ministros principales,
él creía que el efecto dominó del levantamiento norteamericano
terminaría con la disolución del Imperio británico.
El sol nunca se pone en el Imperio británico.
Esa oración se acuñó en 1773,
y Jorge estaba decidido a que nunca se pusiera
mientras él fuera el monarca.
Y el rey envió una gran flota a Nueva York,
con miles de tropas, para evitar que eso sucediera.
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