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Original subtitles

"De una pequeña chispa

"que se encendió en Estados Unidos,

"brotó una llama que no se extinguirá.

"Sin ser devoradora,

"serpentea en su marcha de una nación a otra

"y conquista en una operación silenciosa.

"El hombre se encuentra cambiado

"y comprende que la fortaleza y el poder del despotismo

"consiste completamente en el temor a resistir

y que, para ser libre, basta con querer serlo".

Thomas Paine.

¡tun!

¡tun!

En pantalla: UNA PRODUCCIÓN DE FLORENTINE FILMS.

¡tún!

"Sabemos que nuestras tierras

"ahora son más valiosas.

"Los blancos creen que no conocemos su valor,

pero somos conscientes de que la tierra es eterna".

Canasatego, vocero de las Seis Naciones.

Mucho antes de que trece colonias británicas

se unieran para formar Estados Unidos,

las Seis Naciones de la Confederación iroquesa,

Seneca, Cayuga, Onondaga, Tuscarora, Oneida y Mohawk,

habían formado su propia unión a la que llamaron Haudenosaunee,

una democracia que había prosperado durante siglos.

"Encarecidamente recomendamos la unión.

"Somos una confederación poderosa.

"Al seguir los mismos métodos que usaron nuestros antepasados,

"adquirirán fuerza y poder renovados.

"Por lo tanto, sin importar lo que suceda,

nunca peleen entre ustedes".

En la primavera de 1754,

el célebre científico y escritor Benjamin Franklin

propuso que las colonias británicas

formaran una unión parecida.

Publicó la caricatura

de una serpiente cortada en pedazos

encima de una fuerte advertencia: "Únanse o mueran".

Pocas semanas después, en Albany, Nueva York,

Franklin y otros delegados de siete colonias

aceptaron su Plan de Unión,

y después, viajaron a casa a intentar venderlo.

Pero cuando el plan se presentó

en las capitales de las colonias,

todas las legislaturas lo rechazaron

porque no querían renunciar a su autonomía.

¡bum!

El plan murió, pero la idea sobrevivió.

Veinte años después, "únanse o mueran"

se convertiría en el grito de guerra

de la revolución más trascendental

de la historia.

LA REVOLUCIÓN AMERICANA

"Estamos en medio de la revolución más completa,

"inesperada y notable de todas en la historia de las naciones.

"Ahora nos encontramos ante propósitos

"de una gran magnitud,

"así como medidas que están estrechamente relacionadas

"con la vida y las libertades de millones de personas

que aún no han nacido".

John Adams.

¡bum!

La Revolución Americana

no fue tan solo un enfrentamiento

entre ingleses por tierras indígenas,

impuestos y representación,

sino una lucha sangrienta

que involucró a más de dos docenas de naciones,

tanto europeas como de indígenas americanos,

que en cierto modo

también llegó a ser sobre las aspiraciones

más nobles de la humanidad.

Se libró en cientos de lugares,

desde los bosques de Quebec

hasta las zonas rurales de Georgia y las Carolinas;

desde los embravecidos mares de Inglaterra, Francia

y el Caribe

hasta los pueblos y huertos de los territorios indígenas.

Las batallas tuvieron lugar en caminos, aldeas y ciudades,

junto a bosques y campos,

y a lo largo de vías navegables con viejos nombres americanos:

Susquehanna, Tennessee y Ohio;

Oriskany, Catawba y Chesapeake,

y a lo largo de aguas con nombres más modernos:

Charles, Hudson y Schuylkill;

Brandywine, Cooper y Ashley;

y por último, York.

La guerra surgió debido a innumerables agravios

que se presentaron contra el Parlamento británico

por parte de súbditos británicos

que residían a un océano de distancia

en trece colonias además desunidas.

También fue una violenta guerra civil

que enfrentó a hermanos,

vecinos y estadounidenses entre sí,

y acabó con la vida de miles de ellos.

"Por más grandes que sean

"las bendiciones que vengan

"gracias a una revolución en el gobierno,

"las escenas de anarquía, crueldad y sangre

"que suelen precederlas,

"así como la dificultad para unir a las mayorías

"a favor de cualquier sistema,

"son suficientes para que las personas

"que han sido testigos,

rechacen cualquier prospecto de derrocar imperios".

Abigail Adams.

La Revolución Americana

fue la primera guerra que se libró

proclamando los derechos inalienables

de todas las personas.

Cambió el curso de la historia de la humanidad.

Rick Atkinson: Es el mito de la creación,

nuestra historia.

Habla de quienes somos, de dónde venimos,

lo que creían nuestros antepasados,

y las cosas por las que estaban dispuestos a dar la vida.

Esa es la pregunta más profunda

que cualquier persona se puede hacer a sí misma.

Maya Jasanoff: La Revolución Americana

le dio a Estados Unidos una idea concreta

de un momento de origen,

algo que muchos países del mundo no tienen.

Y ha atribuido a esa época específica

y a esas personas en particular

un nivel de importancia que va mucho más allá

de lo que cualquier conjunto de sucesos o personas

puede soportar dentro de lo razonable,

que ha hecho que la forma

en que los estadounidenses piensan de ese periodo

sea muy irreal y distante.

Christopher Brown: Uno de los aspectos

más extraordinarios de la Guerra de Independencia

fue ver lugares tan distintos unirse en una sola nación.

No sé si a finales del siglo XVIII

existía en algún lugar del mundo

un Estado con una población

tan variada.

Por eso es extraordinaria la forma en que esa nación

termina cohesionándose,

no en torno a la cultura,

la religión ni la historia antigua.

Se unió en torno a un conjunto de propósitos

e ideales por una causa común.

"Acontecimientos como este

"rara vez, o nunca,

"han tenido lugar en el escenario

"de la actividad humana.

"¿Quién ha visto antes un ejército disciplinado

"formarse a partir de semejante materia prima?

"Aquel que no haya sido testigo,

"¿podría imaginar que hombres provenientes

"de diferentes partes del continente,

"con una fuerte disposición a despreciar y pelear

"con el otro,

se convertirían en un patriótico grupo de hermanos?"

George Washington.

PARA SER LIBRES

"Tenemos buenas razones

"para creer que su intención es expulsarnos.

"¿Por qué vienen a luchar en las tierras que Dios

"nos ha dado?

"¿Por qué no luchan en el país antiguo y en el mar?

¿Por qué vienen a luchar en nuestras tierras?"

Shingas, nación Lenape.

Durante varias generaciones,

conquistas violentas

y enfermedades del Viejo Mundo

habían diezmado las poblaciones nativas

entre el océano Atlántico y los montes Apalaches,

donde en el siglo XVIII ya se habían establecido

trece colonias británicas

al sur de la Canadá francesa

y al norte de la Florida española.

Cuando los especuladores de tierras y los colonos

pusieron sus ojos en el valle del río Ohio,

más allá de los Apalaches,

la cuestión primordial pasó a ser quién controlaría

el interior de América del Norte.

Tanto la Gran Bretaña protestante

como la Francia católica,

antiguos enemigos que ya se habían enfrentado

en tres guerras en América del Norte,

reclamaron la región.

Al igual que un montón de naciones indígenas

que habían vivido, cultivado y cazado en esas tierras

por cientos de generaciones.

En 1754, para consolidar el reclamo británico,

la colonia real de Virginia envió milicias

para proteger sus intereses en el Territorio de Ohio.

El pequeño ejército de milicianos

y un puñado de aliados indígenas

rodearon a un grupo de soldados franceses desprevenidos

y les dispararon.

Casi la mitad de los franceses murieron o quedaron heridos.

El resto se rindió.

Según uno de los indígenas que iba con los virginianos,

el primero que disparó contra el campamento enemigo

fue el comandante de la milicia, que tenía 22 años.

De ser así, George Washington hizo el primer disparo

de un conflicto mundial llamado La Guerra de los Siete Años

y sentó las bases de la Guerra de Independencia.

Poco después de su ataque sorpresa,

una fuerza franco-indígena rodeó a Washington y a sus hombres,

obligándolo, por primera y última vez en su vida,

a rendirse.

La carrera militar de un joven menos prominente

podría haber acabado ahí.

Pero Washington tuvo una segunda oportunidad al año siguiente

como ayudante de campo del general Edward Braddock,

el comandante británico que enviaron

a expulsar a los franceses del fuerte Duquesne.

Braddock estaba seguro

de que sus casacas rojas británicos de siempre

podrían derrotar con facilidad

a quien se interpusiera entre él y el fuerte.

Pero el 9 de julio de 1755,

una fuerza franco-indígena mucho más pequeña los superó.

Los británicos entraron en pánico.

Braddock fue herido de muerte.

El mando quedó en manos de Washington.

Le dispararon a dos caballos que montaba.

Balas de mosquete atravesaron su sombrero y su saco.

Ordenó la retirada

y logró sacar con vida del campo de batalla

a la mayoría de sus hombres.

Washington aprendió dos valiosas lecciones:

las tropas británicas no eran invencibles,

y no hay que avergonzarse de retirarse

si vivimos para luchar otro día.

Lo aclamaron como un héroe

y recibió el mando general de la milicia de Virginia.

Pero después de que su solicitud de tener un cargo real

en el ejército británico fuera rechazada,

se retiró del servicio militar en 1758

y regresó a su plantación en Mount Vernon,

lleno de resentimiento

por la forma en que los británicos

lo trataron.

Joseph Ellis: Llegó a considerar a las personas en Londres

como altivas con los americanos.

Piensan que él es inferior a ellos.

No le dieron un cargo.

Es que cuando a Washington le dijeron

que no le daban el cargo,

no pensó que fuera porque él era inferior,

pensó que fue porque los británicos

eran muy estúpidos.

"No existe un motivo suficiente

"que justifique por qué nosotros,

"los que damos nuestra vida y dinero

"en defensa de los dominios del rey,

"no tenemos derecho a igualdad de trato.

"No concebimos que ser americanos

"nos deba privar de los beneficios

que reciben los súbditos británicos".

George Washington.

¡bum, bum!

Vincent Brown: La guerra de los Siete Años

contra los rivales imperiales de Gran Bretaña,

Francia y España,

no solo se libró en América del Norte,

también en el Caribe, en África, en India y en Filipinas.

Entonces, si bien comenzó en el Territorio de Ohio

con una disputa entre los colonos y los franceses

y sus aliados indígenas,

rápidamente se convirtió en una campaña mundial

que llegó a Europa y al resto del mundo.

Para los legisladores británicos,

las colonias americanas eran tan solo una ficha

en un amplio tablero de ajedrez imperial mundial.

Esta lucha, que en América del Norte

se conoce como guerra Franco-India,

duró varios años

hasta que una serie de victorias británicas

a manos de tropas regulares y coloniales,

pusieron fin a la presencia del Imperio francés

en el continente,

le dieron la Florida española a los británicos

y triplicaron con creces

las tierras que reclamaba el rey de Inglaterra.

Colin Calloway: Francia le cedió todo su territorio

en América del Norte a Gran Bretaña.

Pero es como en los mitos griegos,

ten cuidado con lo que deseas, porque podría volverse realidad.

Los británicos llevaban 80 años

esperando y orando por vencer a los franceses

en América del Norte.

Y entonces lograron derrotarlos.

Las campanas de las iglesias sonaban.

Este es el momento que todos estaban esperando.

Pero entonces, todo comenzó a deteriorarse rápidamente.

Jane Kamensky: En América,

la britanidad estaba en todas partes.

En Boston, la Vieja Casa de Estado

está entre las calles Queen y King.

La librería londinense estaba a la vuelta de la esquina.

La cafetería de la Corona.

Una especie de ideal de moda,

de relevancia política,

de la base de los derechos propios

y de ese sentido de hogar.

Hablaban de Gran Bretaña como su hogar,

incluso cuando nunca habían estado allí.

El sábado 27 de diciembre de 1760,

una fragata británica llegó al puerto de Boston.

Trajo grandes noticias consigo.

El rey Jorge segundo había fallecido en octubre.

Ahora reinaba su nieto de 22 años como Jorge tercero.

Las multitudes vitoreaban.

Los bostonianos se sentían orgullosos de pertenecer

a lo que ahora era el imperio más vasto de la Tierra.

Alan Taylor: En el siglo XVIII,

se creía que el único pueblo en la Tierra

que lo había logrado eran los británicos.

Tenían una constitución mixta, una monarquía constitucional,

la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes

de elección popular.

Había un elemento de democracia,

uno de aristocracia y uno de monarquía.

Los tres se equilibraban y controlaban entre sí,

formando una combinación perfecta.

Vincent Brown: Se suele creer

que el Imperio británico en América

eran las trece colonias de América del Norte

que se convirtieron en Estados Unidos.

Pero, de hecho, Gran Bretaña tenía 26 colonias

en las Américas.

Y de lejos, las más importantes, las más rentables,

las de mayor relevancia militar

y las que tenían los mejores contactos políticos

eran las colonias del Caribe.

Los territorios que solían tener

la mayoría de personas esclavizadas

y las explotaban de forma más intensa,

tendían a ser las colonias más rentables.

Entonces, si vamos a América del Norte,

por ejemplo, Massachusetts

era la colonia menos rentable de Norteamérica

y tenía el menor porcentaje de personas esclavizadas.

La más rentable en América del Norte

era Carolina del Sur.

Luego, al ir a un lugar como Jamaica o Barbados,

en donde el 90 por ciento de la población

estaba esclavizada, eso ya es otro nivel.

Allí es donde se generaba dinero

y por eso allá se concentraban los barcos de guerra

de la Armada Real.

Pero las trece colonias contiguas

que se aferraban a la costa atlántica

eran las más pobladas.

La cantidad de colonos se había duplicado cada 25 años.

En 1763,

la población de blancos y negros,

ya era casi de dos millones.

Christopher Brown: Y esos colonos producen

para el imperio,

pero también consumen.

Ofrecen mercados.

Adquieren bienes producidos en Gran Bretaña.

Es el sector de mayor crecimiento

de la economía británica:

el comercio con América del Norte.

Stephen Conway: El Imperio británico

se expandió considerablemente

gracias a la guerra de los Siete Años.

Existe una verdadera inquietud

de que, a menos que el imperio se una de manera más sólida,

a partir de un control y una guía centrales,

este comenzará a fragmentarse, del mismo modo

que colapsó el Imperio romano.

Por más de 150 años,

Londres había tratado a sus colonias

de América del Norte

como lo que un político británico denominó

"negligencia saludable".

Todas las colonias hacían parte de los dominios del rey,

pero en la mayoría, las asambleas legislativas,

elegidas por hombres blancos con propiedades,

hacían leyes, recaudaban impuestos

y decidían cómo se gastaban.

La esclavitud era legal en todas partes,

desde Nueva Hampshire hasta Georgia.

Gran parte de las personas negras

que vivían en las colonias

habían nacido allí o en el Caribe.

Pero decenas de miles provenían de África Occidental

y habían sido capturadas en las actuales Senegal, Gambia

y Gabón;

Angola, Congo y Costa de Marfil;

Nigeria, Camerún y Ghana.

Christopher Brown: Creo que es fácil subestimar

la enorme diversidad y variedad en las colonias.

Casi la mayoría de los habitantes

de las colonias del sur eran africanos.

Había hugonotes franceses, había alemanes y escoceses.

Había escoceses-irlandeses.

Había indígenas, no solo en las fronteras,

también vivían en el corazón de las trece colonias.

Michael Witgen: La mayoría de la población

de América del Norte eran indígenas.

El 70, 80 por ciento del continente

seguía bajo control político, económico y militar

de los indígenas.

No era un lugar aparte,

un espacio atemporal donde los indígenas,

en cierto modo,

vivían en armonía con la naturaleza

y en donde no les preocupaba el mundo exterior.

Los indígenas querían las cosas buenas

que traían los europeos.

Los europeos querían las riquezas

que podían obtener de los indígenas.

Las potencias indígenas son tan importantes

para la economía de mercado mundial

como un lugar como Virginia o uno como Nueva York.

"Si hay un país en el mundo

"en el que la concordia,

"según el sentido común, sería menos esperada,

"es Estados Unidos.

"Al estar conformado por personas

"de diferentes países,

"que hablan idiomas distintos

"y se diferencian aún más en sus formas de culto,

parecería que la unión de ese pueblo era imposible".

Thomas Paine.

En Gran Bretaña,

el dos por ciento de la población,

lords y baja burguesía,

eran dueños de dos tercios de las tierras,

y durante siglos,

la mayoría de personas habían llevado vidas

"dependientes",

ya sea como aparceros que trabajaban las tierras

de los aristócratas,

o como jornaleros que trabajaban

para un empleador.

Para gran parte de hombres blancos libres en las colonias,

América del Norte

era la tierra de las oportunidades.

Alan Taylor: Quienes llegaban del norte de Gran Bretaña,

así como muchos escoceses-irlandeses,

solían sentir mucho resentimiento

por haber sido sacados de sus tierras

por terratenientes.

Por eso había una gran consciencia

respecto de cualquier tipo de imposición financiera

que pudiera convertirse en un callejón sin salida

que terminara con el tipo de dependencia

de la que habían escapado.

Las colonias eran predominantemente agrícolas.

Tan solo tres ciudades portuarias,

Filadelfia, Boston y Nueva York,

eran el hogar de más de 10,000 personas.

Y dos de cada tres agricultores eran independientes,

orgullosos dueños de sus tierras.

Otros eran sirvientes por contrato,

que esperaban poder prosperar por su cuenta también

una vez cumplieran con su contrato.

Kathleen DuVal: Para los estadounidenses,

la tierra y la libertad están entrelazadas.

Para los estadounidenses blancos,

la libertad se basa en no ser un campesino

en la tierra de alguien más.

Para los estadounidenses blancos,

preservar y fomentar esa libertad

significa hacerse con tierras indígenas,

no hay otra respuesta.

Colin Calloway: Los colonos de América del Norte

esperaban con ansias el glorioso día

en el que los franceses y sus aliados indígenas

fueran derrotados

y los súbditos británicos

pasaran sobre los montes Apalaches

en busca de tierras.

Maggie Blackhawk: En los mapas de la época

aparecen las colonias que se extienden bien

hacia el interior.

Generalmente vemos los mapas como benignos,

descriptivos y sin argumentos.

Pero de muchas formas son aspiracionales.

Son un argumento en lugar de una conclusión.

Kathleen DuVal: Cientos de naciones indígenas

seguían totalmente intactas y completamente independientes.

En el norte estaba la poderosa Confederación Haudenosaunee,

las Seis Naciones, como los mohawks y los senecas.

Al sur de estos estaban los shawnee,

que habían recuperado el valle de Ohio

en los últimos años

y habían formado una confederación inmensa

que se extendía desde los delawares,

o lenapes, al oriente

hasta las naciones poderosas,

como los anishinaabe de los Grandes Lagos.

Al sur de allí estaban los chickasaws, los cheroquis,

los choctaws, la Confederación Creek, o los muscoguis,

y cientos de naciones más pequeñas.

Estas naciones peleaban entre sí,

pero además, hacia finales del siglo XVIII

cada vez más estaban formando confederaciones más grandes,

en parte para intentar combatir a los colonos

que se habían estado asentando en sus tierras

en los últimos años.

En la primavera de 1763

inició lo que se llamó rebelión de Pontiac.

Guerreros de por lo menos una docena de naciones indígenas

invadieron gran parte de los fuertes británicos

a lo largo de los Grandes Lagos y el valle de Ohio

y atacaron asentamientos.

Asesinaron y capturaron a 2,000 colonos

y expulsaron a otros 4,000.

Muchos colonos respondieron

asesinando a cualquier indígena que vieran.

Colin Calloway: Al ver la situación,

los británicos dijeron:

"Bueno, acabamos de heredar todo este imperio.

¿Cómo demonios vamos a evitar que algo suceda

una y otra y otra vez?"

Los británicos llegaron a la conclusión

de que los indígenas americanos y los colonos

debían estar separados, al menos por un tiempo.

Así, en 1763, en una Proclama Real,

se prohibió asentarse o especular

con las tierras en todo el territorio

después de los Apalaches.

Ned Blackhawk: Se prohibió a los colonos blancos

trasladarse a las tierras del interior.

Las mismas tierras del interior por las que muchos colonos

creían que habían luchado.

Y muchos colonos se sintieron indignados

de que la Corona británica

le diera algún tipo de reconocimiento imperial

a esas poblaciones indígenas.

Después de la guerra de los Siete Años

surgió una especie de animosidad racial

y muchos colonos británicos

estaban resentidos con todos los indígenas.

Christopher Brown: No fue porque el Gobierno británico

tuviera una especial preocupación

por los indígenas americanos,

sino porque no querían que los colonos se dispersaran

y que controlarlos fuera más difícil.

Parte de la política británica

es que los colonos permanezcan cerca de la costa.

Y parte de la respuesta de los colonos es, "no,

perdón, no nos vamos a quedar."

Londres esperaba que la proclama

llevara paz a la frontera.

En lugar de eso,

enfureció a los potenciales colonos

listos para mudarse al oeste,

así como a especuladores de tierras frustrados

que querían amasar fortunas allá.

Colin Calloway: Eso fue una gran bofetada

y un golpe para aquella élite norteamericana colonial

que había estado disfrutando de esa inversión.

¿Y quiénes eran?

Nombres conocidos: Benjamin Franklin,

Thomas Jefferson, Patrick Henry,

George Washington.

Después de abandonar el sueño de servir como oficial

en el ejército británico,

George Washington se casó con una viuda

con una enorme riqueza,

Martha Dandridge Custis,

y acumuló todavía más riqueza

especulando en las tierras del oeste.

No tenía motivos para detenerse.

Dijo que la ley tan solo era una medida temporal

para "tranquilizar a los indígenas",

y ordenó a su administrador de tierras

que desafiara la proclama

y le consiguiera "las tierras más valiosas"

más allá de los Apalaches.

Philip Deloria: Creo que la Revolución Americana

en esencia, fue toda una cuestión de tierras.

Dar argumentos de corte político es fácil,

pero creo que, como base de todo eso,

estaba la posibilidad de la expansión

y el conflicto con los indígenas.

Ahora, para implementar esa odiada ley

y vigilar la frontera,

el Gobierno británico decidió apostar un ejército

de 10,000 hombres en América del Norte.

Tendría un costo enorme,

unas 360,000 libras esterlinas al año.

Londres no tenía ese dinero.

La deuda pública se había duplicado

después de años de guerra en cuatro continentes.

Gran Bretaña estaba en medio de una depresión posguerra

y los consumidores británicos ya estaban sobrecargados

con impuestos más altos que los súbditos

de cualquier otra monarquía europea.

Un súbdito británico promedio pagaba 26 chelines al año,

mientras que uno de Nueva Inglaterra

pagaba solo uno.

Colin Calloway: Entonces a alguna lumbrera

se le ocurrió, "pues cobremos impuestos

a los colonos nortemericanos".

Deben pagar su parte,

después de todo, libramos esta guerra por ellos

y para defenderlos.

En 1764,

el primer ministro George Grenville

propuso una serie de tres estatutos parlamentarios

con el propósito de que las colonias

contribuyeran a financiar su propia defensa.

La Ley Monetaria, que prohibía a los colonos

emitir su propia moneda,

enfureció a la aristocracia tabacalera de Virginia,

quienes se vieron particularmente afectados.

La Ley del Azúcar gravó con impuestos

las importaciones desde el Caribe,

y para hacerla cumplir, el ejército británico

envió 44 barcos para frenar el contrabando,

lo que enardeció a los colonos,

cuya economía se había beneficiado de eso

desde hace mucho.

El resto de las colonias no se vieron afectadas.

Londres dio por sentado que los norteamericanos

estaban muy desunidos,

demasiado divididos por sus propios intereses

para poder formar un frente unido.

Pero entonces,

Grenville presentó un tercer impuesto,

la Ley del Timbre.

Afectaría a casi todos los colonos en cada colonia.

Nadie podría obtener una licencia o un préstamo,

transferir terrenos o redactar un testamento,

obtener un diploma, comprar un periódico,

incluso comprar una baraja de cartas,

a menos que estuviera impreso o escrito en papel

hecho en Inglaterra

y que llevara un timbre repujado por el tesoro real,

por el cual tendrían que pagar.

Por primera vez,

el Parlamento planeaba gravar a las colonias

directamente.

La Ley del Timbre debía entrar en vigor

el primero de noviembre de 1765.

Alan Taylor: Los colonos dijeron,

"no a los impuestos sin representación".

En realidad quisieron decir

que nadie más que la asamblea legislativa

que habían elegido en cada una de las colonias

podía fijar impuestos.

Estos impuestos eran mínimos.

Pero ellos temían que, si cedían ante este precedente,

si pagaban el impuesto al timbre ahora,

¿qué les esperaría en el futuro?

En la Cámara de los Burgueses de Virginia,

Patrick Henry presentó una serie de resoluciones

que reafirmaban que solo la asamblea general

de esa colonia tenía "el derecho y el poder

de imponer impuestos" a sus ciudadanos.

Henry entonces declaró que, al igual que Julio César

tuvo a su asesino Bruto,

Jorge tercero debía entender que seguramente

algún detractor norteamericano

"se alzaría para defender a su país".

Cuando algunos delegados gritaron "¡traición!",

otros que estaban presentes recuerdan que este respondió,

"si esto es traición, ¡que se aproveche al máximo!".

En Boston, Samuel Adams, de 42 años,

organizó la oposición en contra de la Ley del Timbre.

Adams, que fracasó como cervecero

y recaudador de impuestos locales,

era un maestro de la propaganda.

Alguna vez explicó que su misión era

"mantener alerta la atención de mis conciudadanos

sobre sus agravios".

"Si pueden gravar nuestro comercio,

"¿por qué no nuestras tierras?

"¿O lo que producimos en nuestras tierras

"y todo lo que poseemos o usamos?

"Si nos imponen impuestos de cualquier manera

"sin tener una representación legal

"en el lugar donde se pagan,

"¿no quedamos reducidos de súbditos libres

al miserable estado de esclavos tributarios?"

Samuel Adams.

Stacy Schiff: En lo que se refiere

a maestros de la comunicación,

Samuel Adams sin duda era uno de ellos.

Tenía la increíble habilidad de traducir el concepto

a palabras fáciles de asimilar.

Por lo tanto, hacer que ideas

que podrían parecer bastante abstractas

pasaran a ser muy vitales e imperiosas.

Era incansable,

por lo que podía escribir una página tras otra, tras otra,

nuevas ofensas, nuevos delitos,

nuevas injusticias.

Los panfletistas se unieron a la causa

y declararon que la Ley del Timbre

era ilegítima.

La mayoría de los 24 periódicos semanales

de las colonias,

entre los negocios que se verían más afectados,

hicieron lo propio.

Los que no lo hicieron,

se enfrentaron al cierre

por parte de sus oficiales y aprendices.

Alan Taylor: Esos periódicos eran muy importantes.

El público colonial era más culto

que cualquier pueblo del mundo aparte de Escandinavia.

También estaba el voz a voz,

las conversaciones, sumamente esenciales.

Bernard Bailyn: Hablar de cómo gobernar a las personas

y de cómo estas son libres se volvió algo muy común.

Estas ideas llegaron a toda la población.

Esas ideas derivaron en protestas en las calles.

En Boston, en agosto de 1765,

se formó una multitud de hombres y un puñado de mujeres,

personas negras libres

y personas esclavizadas fugitivas,

trabajadores mal pagados o sin empleo

que despreciaban a los ricos y aprendices

en sus horas libres buscando problemas.

Colgaron una efigie del lugareño encargado

de distribuir los timbres

y después, invadieron la casa del vicegobernador,

destruyendo todo a su paso

y llevándose todos sus muebles y 900 libras en efectivo.

En Newport, Rhode Island,

otra turba rodeó al distribuidor de timbres,

lo obligó a renunciar

y a dirigir la multitud

con consignas de "propiedad y libertad".

En Charleston, Carolina del Sur,

manifestantes blancos contra la Ley del Timbre

marcharon por las calles gritando "¡libertad!"

Pero cuando personas esclavizadas

de Carolina del Sur repitieron sus consignas,

esclavistas asustados pidieron a las milicias

que patrullaran las calles.

El titular de Maryland fue expulsado de Annapolis

solo con la ropa que llevaba puesta.

Cuando llegó el momento de que la Ley del Timbre

entrara en vigor,

en ninguna de las trece colonias

había un oficial dispuesto a hacerla cumplir.

Stacy Schiff: Creo que en gran medida

hemos suavizado parte de nuestra revolución.

Creo que olvidamos la mayoría de la lucha callejera,

de la anarquía,

de las provocaciones que se produjeron.

"Una nube negra parece cernirse sobre nosotros.

"Me parece que aquí el gobierno llegará a su fin

porque las personas están enloqueciendo".

James Parker.

Cuando una turba rodeó el cuartel general

del ejército británico en la ciudad de Nueva York,

el general Thomas Gage

se aseguró de que sus hombres no dispararan

por el temor a que, según dijo, 50,000 colonos enojados

invadieran la ciudad y estallara una guerra civil.

El general Gage comandaba a todos los soldados británicos

de América del Norte.

Había sido enviado para mantener la paz en la frontera.

En lugar de eso,

terminó enfrentado con colonos

que estaban convencidos de que les estaban negando

sus derechos como ingleses.

Gage comprendió lo que estaba sucediendo.

"Entre ellos,

el espíritu democrático es fuerte".

"La cuestión no es si la Ley del Timbre es inconveniente

"o la incapacidad de las colonias

"de pagar el impuesto,

"sino que esta va en contra de sus derechos

y no está sujeta al poder legislativo de Gran Bretaña".

Thomas Gage.

Stephen Conway: Thomas Gage estaba casado

con una norteamericana.

Poseía tierras en las colonias.

En muchas formas, estaba integrado

en la sociedad colonial.

Creo que estaba especialmente reacio

a entrar en conflicto.

Alan Taylor: En el mundo colonial,

y en el mundo europeo, la democracia tenía mala fama.

Era sinónimo de "anarquía".

Su reputación era de ser turbulenta,

un sistema que explotaban los políticos despiadados

llamados "demagogos".

Personas que eran complacientes

con las pasiones de la gente del común

para incitarlos a lograr que hicieran cosas apasionadas,

para conseguir que el gobierno les sirviera

y para explotar las propiedades de más personas adineradas.

Por tanto, la democracia

no es la aspiración para provocar una revolución.

La revolución genera las condiciones

para que la gente aspire a tener una democracia.

Entretanto,

cientos de comerciantes en Nueva York,

Boston y Filadelfia

se comprometieron a boicotear los bienes británicos

hasta que se derogara la Ley del Timbre.

Para sostener la oposición, algunos abogados,

comerciantes y artesanos cualificados

establecieron una asociación, los Hijos de la Libertad,

que pronto tuvo sedes desde Portsmouth, Nueva Hampshire,

hasta Charleston, Carolina del Sur,

trabajando unidas.

"Hasta ahora, las colonias siempre estaban en desacuerdo

"y tontamente sentían celos de las demás.

"Ahora están unidas por la defensa común

"contra lo que consideran opresión,

"y pasará mucho tiempo para que olviden

el peso que les da esta unión cercana".

Doctor Joseph Warren.

Las colonias ahora representaban

una tercera parte del comercio británico.

Algunos fabricantes se vieron obligados a cerrar

debido al boicot.

Miles de trabajadores se quedaron sin empleo.

Los ayuntamientos de 27 pueblos comerciantes

y manufactureros ingleses imploraron que se derogara.

A mediados de febrero de 1766,

el gabinete británico estaba buscando la forma

de superar el impasse.

Le pidieron a Benjamin Franklin,

que en ese entonces vivía en Londres

como cabildero de Pensilvania,

que se presentara ante la Cámara de los Comunes,

con la esperanza de que escuchar

al orteamericano más famoso del mundo

sirviera de algo.

Franklin respondió pacientemente 174 preguntas.

¿Cómo era la actitud de los colonos

hacia Gran Bretaña

antes de que se aprobara la Ley del Timbre?

"La mejor del mundo.

"No solo sentían un gran respeto

"sino un gran aprecio por Gran Bretaña,

"por sus leyes, sus costumbres, sus modales,

"incluso cierta debilidad por tendencias,

lo que incrementó bastante el comercio".

Benjamin Franklin.

Le preguntaron:

¿Aceptarían las colonias llegar a un acuerdo ahora?

Contestó que no, que era cuestión de principios.

¿Podría una fuerza militar forzar a los colonos

a pagar el impuesto?

Franklin dijo que no.

"Supongamos que envían tropas

"a América del Norte.

"No encontrarán a nadie armado.

"Entonces, ¿qué deben hacer?

"No pueden obligar a un hombre que no quiere

"a adquirir los timbres.

"No se van a encontrar una rebelión,

puede que, de hecho, la inicien".

Benjamin Franklin.

Ocho días después de la declaración de Franklin,

la Cámara de los Comunes votó para derogar

la Ley del Timbre.

Los trabajadores británicos volverían a las fábricas.

Los buques mercantes navegarían de nuevo

hacia las colonias.

En abril, cuando la noticia llegó a América del Norte,

los Hijos de la Libertad se disolvió.

Parecía que sus derechos como ingleses

habían sido restaurados.

Nueva York encargó una estatua

del rey Jorge con una toga romana

para ser ubicada en el Bowling Green,

en la punta de Manhattan.

Pero a comienzos del verano de 1767,

el Gobierno británico,

que seguía en problemas por la deuda de la guerra,

consiguió aprobar cinco leyes nuevas,

las Leyes de Townshend.

Una de ellas, en especial, enfureció a los colonos.

Impuso cuatro impuestos nuevos

a cuatro artículos fabricados en Inglaterra:

vidrio, plomo, papel y pinturas de colores,

y a un quinto artículo, el té,

que se cultivaba en China,

pero que se reexportaba desde Gran Bretaña

y era el preferido de los colonos,

tanto ricos como pobres.

Editores de periódicos y panfletistas

denunciaron los nuevos impuestos.

Los Hijos de Libertad, de regreso y más combativos,

hicieron un llamado para volver a boicotear

los bienes británicos.

Las mujeres,

que solían tener un papel subordinado en la vida pública

y casi no tenían derechos legales,

se unieron por miles a la resistencia,

como "Hijas de la Libertad".

Annete Gordon-Reed: Las crisis hacen que la gente cambie.

Y esta les dio a las mujeres ideas distintas

de lo que debían estar haciendo.

Kathleen DuVal: Las mujeres eran

las principales consumidoras en la sociedad colonial.

Eran las que se aseguraban de que los boicots

tuvieran éxito.

Las mujeres dejaron de tomar té.

Comenzaron a hacer sus propias telas.

Comenzaron a hacer juguetes para sus hijos.

Y no solo dejaron de comprar artículos británicos

y comenzaron a hacerlos ellas mismas,

lo anunciaron.

Alan Taylor: Una de las principales formas

de teatro político

durante del movimiento de resistencia

era cuando un pastor invitaba a las mujeres de la comunidad

a ir a la iglesia

para pasar el día hilando y tejiendo telas.

Hacían una competencia entre comunidades

para saber cuál producía más telas caseras.

Se publicaba en el periódico.

Y elogiaban a esas mujeres

como grandes patriotas norteamericanas

por haber hecho tantas telas caseras.

Kathleen DuVal: Los reporteros informaban,

"Las damas de Boston",

"Las damas de Nueva York son las más patriotas.

Están en la primera línea de este movimiento de protesta".

Si las mujeres no hubieran hecho eso,

la revolución no habría llegado a ninguna parte.

"Que las Hijas de la Libertad

"se levanten con nobleza,

"Y aunque aquí no tengamos voz más que una negativa,

"manténganse firmes y resueltas para hacerles ver

"que en lugar de nuestra libertad,

preferimos renunciar al té".

Hannah Griffitts.

"Quisiera que América se enorgulleciera

"de su grandeza,

"no una grandeza establecida sobre el yugo a otras naciones,

"sino sobre una base más equitativa.

"Si bien tal estado de felicidad y un gobierno tan justo

"pueden parecer un sueño utópico para algunos,

"tú y yo fácilmente podemos imaginar naciones

y estados bajo planes más liberales".

Mercy Otis Warren.

La filósofa política

e historiadora Mercy Otis Warren

publicó obras y poemas

que satirizaban a los oficiales reales

con nombres como juez Exiguo

y señor Gastalón.

Ninguna mujer tuvo un papel más importante

para promover la resistencia.

Las tensiones con Inglaterra siguieron en aumento.

En Boston, en junio de 1768,

la Armada Real incautó un barco llamado Liberty.

Su dueño era John Hancock,

el comerciante más rico de la ciudad,

miembro prominente de los Hijos de la Libertad

y un experimentado contrabandista.

Una gran multitud enfurecida se formó en el muelle.

"Aquí las turbas son muy distintas

"de aquellas en la Vieja Inglaterra.

"Estos Hijos de la Violencia atacan casas, rompen ventanas,

"apedrean y atacan a varios caballeros

que trabajan en la aduana".

Ann Hulton.

"La ciudad ha estado bajo una especie

"de tiranía democrática por bastante tiempo ya.

"Y no es seguro para las personas

expresarse en contra del sentir de los demagogos en el poder".

Thomas Gage.

Por órdenes de Londres,

el general Gage

envió dos regimientos de soldados regulares

desde Nueva Escocia,

no para defender Boston, sino para controlarla.

La mayoría de bostonianos estaban consternados.

Serena Zabin: En tiempos de guerra,

un ejército tiene sentido.

Se necesita, claro está.

Pero un ejército en tiempos de paz

es un ejército permanente.

Y si tienes un ejército en tiempos de paz,

la creencia es que su única función

es volverse en contra de súbditos

inocentes pobres.

"¡Tener un ejército permanente!

"¡Santo Dios!

"¿Qué puede ser peor para un pueblo

"que ha saboreado las delicias de la libertad?

"Hemos llegado a una crisis de descontento.

"La confianza se acabó.

"Y en el momento en que se derrame sangre,

se acabarán los afectos".

Reverendo Andrew Eliot.

"El espíritu de la emigración

"a América del Norte,

"que parece ser una epidemia en Gran Bretaña,

"probablemente despoblará a la Madre Patria

"y convertirá a nuestro antiguo reino

"en el balneario de búhos y dragones,

"así como de otros animales solitarios,

"que le temen a la luz

y les desagradan los seres humanos".

El Edinburgh Amusement.

El aumento constante en las tensiones

entre Inglaterra y sus colonias norteamericanas

no redujo el flujo constante de ingleses,

escoceses-irlandeses, alemanes

y una pequeña cantidad de judíos inmigrantes,

ansiosos por forjarse una nueva vida

en el interior de América del Norte.

Christopher Brown: Parte de lo que en realidad

diferenciaba a la experiencia norteamericana

era la cantidad de colonos europeos

que llegaban a América del Norte.

Y no paraban de llegar.

Quince mil al año.

Ya había una especie de imperio a la vista.

Miles de recién llegados

y colonos norteamericanos

tomaron el Great Wagon Road, o Gran Camino de las Carretas,

que iba de Filadelfia hasta las Carolinas.

La zona rural allí

ya era el hogar de pueblos indígenas

como catawbas y cheroquis.

"En general, es el mejor país del mundo

"para que un hombre pobre venga y prospere.

"Y entre más se adentran en el territorio,

"la tierra es más rica y mejor.

"Aquí, un hombre de escasos recursos,

"que esté en una situación precaria en su país,

"puede al mismo tiempo asegurarse una vida cómoda

"e independiente y salir adelante por sí mismo

"y su descendencia.

Aquí se toleran todas las formas de culto cristiano".

Scotus Americanus.

Alan Taylor: La América colonial era un lugar muy protestante.

Y se fundó cuando la norma en Europa

era que el soberano de turno

era el que establecía la religión que se debía seguir.

El congregacionalismo era la iglesia establecida

en casi todas las colonias de Nueva Inglaterra.

La religión oficial en gran parte del Sur

era la Iglesia anglicana.

Pero a quienes pertenecían a otra religión

les molestaba que las asambleas legislativas de las colonias

los forzaran a pagar los salarios de clérigos

que no eran sus pastores.

Los más molestos con esto,

eran los colonos de la zona rural

de las Carolinas: baptistas,

presbiterianos, luteranos y metodistas.

Alan Taylor: Lo que sus pastores les decían

sobre si resistirse a su soberano

o apoyar a su soberano

es lo correcto como su deber cristiano

tiene una gran relevancia.

"Nací en Boston, en América del Norte,

"en el año 1760.

"Los problemas comenzaron cuando estaba en la escuela.

"Me dijeron que el día del juicio estaba muy cerca,

"que la luna se convertiría en sangre

y que el mundo ardería".

John Greenwood.

Poco después del mediodía

del sábado primero de octubre de 1768,

John Greenwood, de ocho años,

salió de su casa en North End, en Boston,

y salió corriendo hacia el muelle.

Allí, anclados en un gran arco,

vio catorce barcos de guerra británicos

con sus cañones apuntando hacia la ciudad.

Los botes pululaban entre los barcos

y el final de Long Wharf,

llevando a cientos de casacas rojas regulares.

El ejército de ocupación del general Gage había llegado.

Las multitudes que bordeaban la calle

en su mayoría estaban en silencio y taciturnas.

Pero la historia que se estaba escribiendo

no fue lo que impresionó al joven John Greenwood ese día.

Fue la irresistible música

que tocaban los hombres y niños afrocaribeños

de uniformes coloridos.

"Me gustaba escuchar el pífano

"y los tambores que tocaban los británicos,

"me las arreglé para conseguir un pífano roto

"y lo arreglé poniéndole masilla en la grieta

"luego aprendí a tocar varias melodías.

Esa fue la causa de mis desgracias".

John Greenwood.

Poco después,

el joven ya tocaba lo suficientemente bien

para tocar el pífano en una milicia local.

"La bandera de nuestro país", recordó,

"era la bandera inglesa".

No serían ingleses para siempre.

La mitad de las tropas recién llegadas

se alojaban en cuarteles en Castle Island,

pero las órdenes de Londres habían sido claras.

Dijeron que era "voluntad de su Majestad"

que el resto de las tropas "se acuartele en esa ciudad".

Boston fue una ciudad ocupada durante 17 meses.

El traqueteo de los tambores despertaba a sus habitantes

cada mañana.

Era habitual que detuvieran a los transeúntes

para registrarlos.

Muchos soldados habían llegado con sus esposas e hijos;

otros cortejaban a las chicas de Boston

o eran cortejados por ellas.

Durante la ocupación, 40 soldados se casaron,

y más de cien de sus hijos fueron bautizados.

Pero algunos soldados se embriagaban,

robaban a las personas, insultaban a las mujeres

y profanaban el Sabbat.

Había riñas, apuñalamientos, demandas y contrademandas.

En Londres,

Benjamin Franklin estaba preocupado.

"Cualquier imprudencia

"por parte del cálido pueblo de Boston

"o de algún soldado podría provocar un alboroto.

"Y si se derrama sangre una vez,

"no podremos anticipar qué tan lejos

podría llegar el problema".

Benjamin Franklin.

En la noche del 5 de marzo de 1770,

hubo forcejeos entre bostonianos y soldados británicos

por toda la ciudad.

En la Casa de Aduanas,

una ultitud de hombres jóvenes

rodearon a un centinela solitario

y le lanzaron pelotas de nieve y pedazos de hielo.

Seguro de que se avecinaba un levantamiento

en toda la ciudad,

el capitán Thomas Preston

corrió al lugar con varios granaderos armados.

Los recibieron con más pelotas de nieve,

piedras y caparazones de ostra.

Calaron sus bayonetas.

Serena Zabin: Alguien comenzó a tocar

las campanas de la iglesia,

que en Boston es una señal de incendio.

Varias personas llevaban baldes

para unirse a una cadena de agua.

Algunos son atraídos por el sonido.

Es muy fuerte.

De hecho, es imposible saber qué sucedió,

solo que una persona gritó "fuego".

¡pum, pum!

Y lo único de lo que tenemos certeza

es que cuando se disipó el humo,

había cinco personas muertas o heridas de muerte.

El primero fue un trabajador del muelle,

alto, mitad indígena americano y mitad afroamericano

llamado Crispus Attucks.

El segundo fue un fabricante de cuerdas

llamado Samuel Gray que estabajunto a Attucks.

El tercero fue James Caldwell, un marinero que, según se dice,

estaba en la ciudad visitando a la chica

con la que esperaba casarse.

La multitud atemorizada comenzó a dispersarse.

Isaac, el hermano mayor de John Greenwood

también estaba allí y escapó ileso,

pero una bala rebotó e hirió a su amigo Samuel Maverick

en la espalda.

Murió a la mañana siguiente.

Maverick, un aprendiz, había compartido cama

en el hogar de los Greenwood con John

cuando este tenía nueve años,

quien recordó que después de la muerte de su amigo,

dormía en total oscuridad con la esperanza

de "ver su espíritu".

Serena Zabin: La gente comenzó a discutir

sobre lo que había pasado incluso antes de irse a la cama.

Paul Revere hizo el que es quizás

el grabado más famoso del siglo XVIII,

al que llamó "La masacre sangrienta".

El ejército británico tenía un gran afán

de tergiversar la historia

y decir que fue en defensa propia.

Pero el relato de la masacre es el que se mantiene.

Un quinto hombre,

un curtidor llamado Patrick Carr,

falleció varios días más tarde.

Diez mil dolientes acompañaron los féretros de los fallecidos

hasta el cementerio Old Granary.

"El fatal cinco de marzo

"no puede ser olvidado jamás.

"Los horrores de esa espantosa noche

"están grabados profundamente en nuestros corazones,

"cuando nuestras calles se mancharon con la sangre

"de nuestros hermanos

"y nuestra mirada se vio atormentada

por los cuerpos mutilados de los muertos".

Joseph Warren.

No todos estaban de luto.

Un clérigo anglicano, Mather Byles,

le preguntó a otro:

"¿Qué es mejor,

que nos gobierne un tirano a tres mil millas de distancia

o tres mil tiranos a menos de una milla?"

El capitán Preston fue declarado inocente

de ordenar a sus hombres que abrieran fuego.

Los otros ocho soldados fueron a juicio por separado.

El primo menor de Samuel Adams, John Adams,

arriesgó su reputación

al ser el abogado de los solados.

La mayoría de sus clientes también fueron absueltos,

pero dos fueron declarados culpables de homicidio.

Les hicieron una marca en el pulgar derecho

para que no pudieran declararse inocentes

en caso de ser acusados de otro delito.

El Gobierno británico se sintió aliviado

con el resultado de los juicios.

La mayoría de soldados

fueron enviados a Castle William,

su fortaleza portuaria.

Una vez, los colonos norteamericanos

habían forzado a los británicos a dar marcha atrás.

El Parlamento ya había derogado todas las Leyes de Townshend

menos una: solo quedaba el impuesto sobre el té.

"Yorktown no tenía rival en Virginia:

"su imponente vista, su vasta extensión de agua

"y su excelente puerto.

"Era la capital de la riqueza y la elegancia

"y estaba en una de las situaciones

"más agradables de América del Norte.

Al menos así parecía ser en mi imaginación infantil".

Betsy Ambler.

Betsy Ambler tenía seis años en 1771

y era la hija mayor de una prominente familia

de Yorktown, Virginia.

Un joven Thomas Jefferson

había aspirado alguna vez a casarse con su madre, Rebecca,

pero en su lugar ella se casó con Jacquelin Ambler,

quien insistió en que todas sus hijas

recibieran una buena educación.

Era plantador y comerciante en Yorktown,

el ajetreado puerto de aguas profundas

cerca de la capital colonial de Virginia, Williamsburg.

Africanos esclavizados entraban a América del Norte

por los muelles de Yorktown,

y el tabaco que ellos cultivaban salía por ahí

hacia el resto del mundo.

Si bien el padre de Betsy

era el recaudador real de aduanas,

él y su familia eran cada vez más comprensivos

con el clamor de libertad de sus vecinos.

"Joven como era,

"la palabra 'libertad',

"que resonaba constantemente en mis oídos,

"parecía transmitir la idea de todo lo que era deseable

"en la Tierra.

"Es cierto que, para alcanzarla,

debía dejar atrás cualquier comodidad".

Betsy Ambler.

"Thomas Hutchinson, gobernador de Massachusetts:

"Ahora hay cierta disposición en todas las colonias

"para dejar que se calme la polémica con el reino.

"Hancock y la mayoría del partido están más calmados

"y todos son cada vez menos virulentos,

a excepción de Samuel Adams".

Thomas Hutchinson.

Durante dos años,

Samuel Adams mantuvo un flujo constante de ensayos

en los que advertía una y otra vez

que la calma solo era temporal

y que el Parlamento seguía empeñado en Imponer la tiranía.

RECUERDEN, COMPATRIOTAS,

ES MEJOR QUE LES ARREBATEN SUS LIBERTADES A LA FUERZA

A QUE SE DIGA QUE RENUNCIARON A ELLAS,

INCLUSO DE FORMA IMPLÍCITA.

Jane Kamensky: Quienes estaban interesados en mantener

el relato político vivo y en crecimiento,

tuvieron que trabajar muy duro

para mantenerlo en primera plana.

Definir el problema como algo presente

en la mente de las personas del común.

¿Por qué me importaría eso como mujer?

¿Por qué me importaría como un pequeño agricultor?

En 1772, acontecimientos fuera de Boston

le dieron a Adams la munición que necesitaba

para difundir su mensaje radical por todas las colonias.

En abril, cuando el dueño de un aserradero

fue acusado de apropiarse de unos pinos reservados

para hacer mástiles para los barcos reales,

una turba expulsó del pueblo

a los oficiales británicos que llegaron a arrestarlo.

En junio, cuando el Gaspée,

una goleta de la aduana británica,

encalló mientras perseguía a unos contrabandistas,

los iracundos habitantes de Rhode Island

le prendieron fuego.

Ese otoño, Adams se enteró

de que, a partir del año siguiente,

el tesoro británico pagaría el salario

de los funcionarios más importantes de Massachussets

con las ganancias del té,

incluidos todos los jueces de la colonia.

La principal lealtad de los jueces

ahora sería hacia la Corona, no los colonos.

No habría forma de garantizar la imparcialidad de la justicia.

Adams redactó una vehemente respuesta.

"Entre los derechos

"naturales de los colonos se cuentan:

"primero, el derecho a la vida;

"segundo: a la libertad;

"tercero: a la propiedad;

"junto con el derecho a respaldarlos

y defenderlos de la mejor manera posible".

Samuel Adams.

Se enviaron copias impresas de sus escritos

a asambleas populares por toda la colonia.

Los llamados comités de correspondencia

no tardaron en poner en contacto a defensores de la resistencia

en más de cien pueblos y distritos de Massachusetts.

Con el tiempo,

su red se expandió a otras colonias.

Stacy Schiff: Los comités de correspondencia

eran una iniciativa para intentar

que todas las colonias estuvieran en la misma página,

para que sintieran que tenían una causa común,

un término que no se había usado mucho antes de eso.

Y básicamente fue gracias a esos comités

que el espíritu revolucionario se diseminó

a través de todas las colonias.

"No permitamos que la mano de hierro

"de la tiranía viole nuestras leyes

"y se apodere del emblema de la libertad.

"¿No es hora ya de que el pueblo de este país

"declare de manera explícita

si serán hombres libres o esclavos?"

Samuel Adams.

"No es necesario

"que señale lo absurdo de sus esfuerzos por la libertad

"al tiempo que albergan personas esclavizadas

"en sus casas.

"Si son conscientes de lo que es la esclavitud en sí misma

"y de sus consecuencias, un mal terrible,

"¿por qué no se compadecen y liberan a los pobres,

afligidos y esclavizados africanos?"

Caesar Sarter.

Jane Kamensky: La esclavitud como metáfora

hace parte de la conversación desde el inicio.

Hay esclavitud en todas partes,

hay personas que anhelan la libertad.

Nada refleja mejor el deseo de libertad

que las dificultades de los pueblos sometidos.

"Joven como era,

"por un destino aparentemente cruel

"Fui arrebatada del asiento feliz de África:

"¿Qué dolores insoportables deben sufrir?

"¿Qué penas operan en el pecho de mis padres?

"De acero era el alma y por ninguna miseria movida

"Que de un padre arrebató a su amado hijo:

"Tal, tal es mi caso.

"¿Y puedo entonces sino orar

Que otros nunca sientan el yugo tiránico?"

Phillis Wheatley.

Phillis Wheatley fue raptada de Senegambia

en África Occidental y llevada a Massachusetts

cuando era una niña pequeña.

Le cambiaron el nombre por el Phillis,

el barco esclavista que la trajo,

y la familia Wheatley, que la compró.

En Boston, los Wheatley se encargaron de educarla

y, siendo adolescente, todavía esclavizada,

su libro "Poemas sobre diversos temas,

religiosos y morales"

se popularizó a ambos lados del Atlántico.

Fue el primer libro publicado por una escritora afroamericana.

"¿Hasta qué punto concuerdan

"el clamor por la libertad y la disposición contraria

"a ejercer poder opresivo sobre otros?

"Creo humildemente que no se requiere

la perspicacia de un filósofo para saberlo".

Phillis Wheatley.

"De todo corazón deseo que no haya

"ni un solo esclavo en la provincia.

"Siempre me ha parecido una estrategia de lo más perversa:

"luchar nosotros por lo que robamos

"y saqueamos a diario a aquellos que tienen

"el mismo derecho a la libertad que nosotros.

Ya conoces mi opinión sobre el tema".

Abigail Adams.

"Hombres de razón y virtud,

"defensores de la libertad americana,

"alcen la voz contra este vicio que degrada la naturaleza humana

"y acaba con ese lazo universal de benevolencia

"que debería unir a todos los hijos de los hombres

"en una gran familia.

"La planta de la libertad es de una naturaleza tan frágil

"que no puede prosperar por mucho tiempo

en la vecindad de la esclavitud".

Benjamin Rush.

Christopher Brown: Parte de lo que sucedió

en los años antes de la Guerra de Independencia

es que en cierto modo,

las libertades salieron del contexto nacional.

No se trata de libertades inglesas

sino de libertades trascendentes.

Son las libertades que tienen todas las personas

por el simple hecho de ser humanos.

"Los norteamericanos

"descubrieron algo, o creen haber descubierto algo,

"y es que queremos oprimirlos.

"Nosotros descubrimos algo,

"o creemos haber descubierto algo,

"y es que ellos tienen la intención de rebelarse.

"Nuestra severidad hizo

"que su mal comportamiento aumentara.

"No sabemos cómo avanzar.

"Ellos no saben cómo retirarse.

Una de las partes tiene que ceder".

Edmund Burke.

En octubre de 1773,

siete barcos zarparon desde Plymouth, Inglaterra,

hacia puertos norteamericanos.

Sus bodegas de carga estaban llenas de cajas de té.

Todo el té pertenecía a la Compañía

de las Indias Orientales, que la Corona había fletado,

y que estaba al borde de la bancarrota.

Para salvar a la compañía, Lord North, el primer ministro,

había logrado que se aprobara una nueva Ley del Té,

diseñada para debilitar el contrabando

y reducir el costo del té.

Jane Kamensky: Para el Parlamento

era una situación "gana-gana".

Fortalecer la Compañía de las Indias Orientales,

integrarla más como una organización gubernamental

y al mismo tiempo ofrecer a los norteamericanos

té más barato que no fuera de contrabando.

Pero los colonos comerciantes,

que se habían lucrado de manera abundante

del contrabando,

interpretaron la nueva ley como un ataque más

contra los derechos de los norteamericanos.

John Adams escribió que era necesaria

una resistencia inmediata

debido a este "ataque contra un principio fundamental

de la constitución británica".

Ningún norteamericano había aobado el impuesto del té,

por lo tanto, ninguno debía pagarlo.

Se debía persuadir o forzar

a los agentes designados por el Gobierno

para que se rehusaran a recibir té.

En Charleston, Carolina del Sur, los Hijos de la Libertad

"convencieron" a un agente de rechazar un embarque

dirigido a él.

En Filadelfia, el gobernador de Pensilvania

persuadió al capitán de un barco

para que navegara de regreso a Gran Bretaña.

En Boston, cuando llegaron tres de los barcos cargados de té,

miles de bostonianos y simpatizantes

de pueblos cercanos

se reunieron en la Antigua Casa de Reuniones del Sur.

Declararon que el té debía quedarse a bordo

y ser enviado de regreso a Gran Bretaña.

El 16 de diciembre de 1773,

cientos vieron desde la orilla entre 50 y 60 hombres,

ricos y pobres,

todos con burdos disfraces de indígenas americanos,

que se subieron en botes en dirección hacia los barcos.

Philip Deloria: Se disfrazaron de indígenas.

Es una expresión de lo que significa

ser americano.

Al decir que eres indígena, afirmas pertenecer a este lugar,

como aborigen, como parte del continente.

Estás trazando una línea muy marcada

entre la Madre Patria y tú.

Los hombres abrieron 342 cajas a golpes

y lanzaron más de 46 toneladas de té a la bahía.

No atacaron ninguna otra propiedad.

Cuando uno de los atacantes fue visto

mientras llenaba los bolsillos de su abrigo

con puñados de té, este recibió "moretones graves".

Alan Taylor: Fue un ataque contra la propiedad

de la Compañía de las Indias Orientales,

así como un ataque contra el orgullo

y el poder del Parlamento.

Fue algo muy serio.

Protestar contra los impuestos es una cosa,

destruir propiedad privada

valuada en miles de libras esterlinas,

eso es otro nivel.

El rey se había vuelto tan impopular

en algunos barrios de Manhattan

que a los funcionarios reales les pareció prudente

poner una valla de hierro alrededor de su estatua.

Ni siquiera una ley que advertía

que habría graves consecuencias para cualquiera que se atreviera

a vandalizar la estatua

impidió que un neoyorquino disparara una bala de mosquete

a su mejilla y otra a su cuello.

"El estudio del carácter humano

"revela a la vez una imagen hermosa

"y deformada del alma.

"Allí se halla un principio noble

"arraigado en la naturaleza del hombre.

"Pero cuando los controles de la consciencia

"se dejan de lado o se debilita el sentido moral,

la humanidad se oscurece".

Mercy Otis Warren.

"Hace unas noches

"se ejerció la crueldad más aterradora

"contra un anciano llamado Malcolm.

"No existe una ley que contemple un castigo

"para uno de los peores crímenes que sea más severo que esto:

una cruel tortura".

Ann Hulton.

En Boston, en enero de 1774,

un niño pequeño en un trineo chocó sin querer

con un funcionario de aduanas de bajo rango

llamado John Malcolm,

que lo maldijo y amenazó con pegarle.

Cuando George Hewes, que había ayudado a arrojar té

a la bahía de Boston, trató de intervenir,

Malcolm lo golpeó con su bastón y lo dejó inconsciente.

A Malcolm lo sacaron a rastras de su casa.

Lo desnudaron casi por completo,

lo bañaron en brea caliente quemándolo,

y después lo cubrieron con plumas.

Maya Jasanoff: Cubrir a alguien con brea y plumas

se nos ha enseñado como algo casi cómico

porque vemos a esas personas

cubiertas por completo en plumas de pollo.

Pero es algo espantoso.

Se vierte brea hirviendo sobre la piel de una persona.

Las quemaduras son inimaginables.

Y todo forma parte también

de una especie de espectáculo de violencia

que forma parte importante de eso.

Es que por eso es que los cubren con plumas,

en parte es porque tratan de humillar

y avergonzar a la víctima.

Cientos abuchearon a Malcolm

mientras lo arrastraban por las heladas calles

durante cinco horas.

Sus agresores paraban de vez en cuando para azotarlo.

Pasó ocho semanas en cama antes de poder levantarse.

"Boston ha sido el cabecilla

"de toda la violencia y la oposición

"a la implementación de las leyes en este país.

"Por lo tanto, Boston no solo debe responder

"por su propia violencia,

sino también por haber incitado disturbios en otros lugares".

Lord North, primer ministro.

Según dijo, Lord North

esperaba hacer que América del Norte

"yaciera postrada a sus pies".

Y agregó que "deben temerte antes de que puedan amarte".

Ahora que habían destruido propiedad de la Corona,

estaba claro que gran parte de América del Norte

no tenía miedo.

North hizo lo posible por cambiar eso.

En el proceso, intentó acabar con cualquier vestigio

de autogobierno,

tan apreciado por el pueblo de Massachusetts.

Primero, el primer ministro convenció al Parlamento

para que derogara la antigua carta de la colonia,

después volvió a disolver la asamblea de elección popular

y limitó las asambleas populares en pueblos y aldeas

a solo una por año.

El puerto de Boston permanecería cerrado

hasta que todos sus habitantes pagaran por todo el té

que tan solo 60 de ellos habían destruido.

Eran casi cinco libras por contribuyente,

más de lo que ganaba un artesano al mes.

Alan Taylor: Eso significa que no entrarían

ni saldrían barcos,

no habría trabajo para los marineros

ni para los comerciantes.

Eso significaba hambruna en Boston.

Los oficiales británicos

ahora también tenían el poder de confiscar casas

y establos vacíos para alojar a sus tropas.

Los norteamericanos condenaron estas nuevas leyes

y las llamaron "Leyes Intolerables".

El general Gage, de permiso en Inglaterra,

fue citado por Jorge tercero.

Le dijo al rey lo que quería escuchar.

Dijo que el pueblo de Massachusetts

se hacía pasar por "leones",

pero si Inglaterra enviaba tropas suficientes,

sin duda terminarían siendo "muy mansos".

El general Gage recibió un nuevo cargo:

gobernador de Massachusetts,

además de comandante en jefe,

y una nueva misión: hacer cumplir las nuevas leyes,

acabar con la resistencia de Boston

y demostrar a todas las colonias

la estupidez de desafiar a su rey y a su Parlamento.

Gage y cuatro regimientos frescos

zarparon con destino a Boston a mediados de abril de 1774.

Christopher Brown: Para el Gobierno británico,

esto era una acción policial.

Si lograban castigar a Boston y cerrar Massachusetts,

contener la rebelión,

las demás colonias recibían el mensaje

y restablecerían el orden entre quejas.

Creo que el Gobierno británico se sorprendió

al ver la forma en que las otras doce colonias

se unieron para apoyar la causa de Massachusetts.

Alan Taylor: La Revolución Americana no se iba a dar

a menos que Virginia estuviera de acuerdo.

Y los líderes de Massachusetts lo sabían.

No iba a ser fácil.

Existían prejuicios muy arraigados

entre ambas regiones

por sus diferencias en su diversidad étnica

y la naturaleza de sus culturas.

Y antes de eso no habían tenido ningún tipo

de confianza mutua.

Pero en Virginia, la Cámara de los Burgueses

declaró un día de "ayuno, humillación y oración"

en solidaridad con el pueblo de Massachusetts,

y cuando el gobernador real Lord Dunmore

declaró que la mera idea era un insulto al rey

y disolvió la asamblea,

sus miembros volvieron a reunirse en la cantina Raleigh

de Williamsburg.

Los virginianos advirtieron que "un ataque

contra una de nuestras colonias hermanas...

es un ataque contra toda la América británica",

y convocaron un Congreso Continental en Filadelfia

en septiembre para evaluar la forma en que las colonias

podían resistir unidas.

Las trece colonias, a excepción de Georgia,

en donde la gente temía perder la protección

de los británicos en caso de una guerra indígena,

aceptaron asistir.

Lo que logró el primer ministro con su esfuerzo

para intimidar a las demás colonias

mediante su castigo a Massachusetts

fue comenzar a unirlas.

"Lebanon, Connecticut.

"Ayer, las campanas del pueblo comenzaron a repicar temprano

"con un toque solemne y continuaron todo el día.

"Todas las tiendas del pueblo permanecieron cerradas

"y en silencio.

"Nuestros hermanos en Boston están sufriendo

"por sus nobles esfuerzos por la causa de la libertad,

"la causa común de toda América,

"y estamos dispuestos a unir nuestras fuerzas

por los derechos y privilegios de nuestro país".

La noticia de una nueva ofensa

por parte de los ministros del rey,

la Ley de Quebec, las uniría todavía más.

Maya Jasanoff: Los británicos decidieron que tenía sentido

otorgar cierto grado de libertades civiles

a los católicos francófonos de Quebec

para integrarlos al Gobierno británico

y garantizar que su población

pudiera convivir con la autoridad británica

de alguna manera.

Los protestantes,

que veían el papado como una tiranía,

quedaron indignados.

En la ley también se ampliaban las fronteras de Quebec

al oeste y el sur,

lo que enfureció más a los especuladores de tierras

y a los potenciales colonos.

Kathleen DuVal: Para los colonos británicos,

la Ley de Quebec fue una bofetada más.

El Gobierno británico, con todas estas leyes,

se veía cada vez más como el problema

en lugar de, el protector que se suponía que era.

Ese verano,

comenzando en el oeste de Massachusetts,

en un pueblo tras otro,

multitudes de hombres armados furiosos

obligaron a renunciar a concejales, jueces

y magistrados que habían sido nombrados

por el general Gage.

Los jurados se negaban a servir y los tribunales cerraron.

Cuando Gage se enteró de que en los pueblos

alrededor de Boston rebeldes habían comenzado

a sacar sigilosamente parte de la valiosa pólvora

que cada pueblo tenía asignada para su defensa,

envió 250 soldados al polvorín de piedra

en Charlestown para confiscarla.

Los enojados colonos vieron la redada

como una provocación más.

De manera desafiante,

la Asamblea de Massachusetts se reconstituyó

y pronto se dispuso a establecer

una fuerza provincial de combate clandestina

con decenas de miles de soldados.

En Nueva Inglaterra

había milicias locales organizadas desde los inicios

en caso de algún problema con los indígenas.

Se esperaba que todos los hombres

entre 16 y 60 años se armaran y se unieran.

También se sugirió que cada pueblo

asignara un cuartel de sus milicianos

a una compañía especial,

según dijeron, lista para actuar "en cualquier momento".

Las colonias vecinas siguieron el ejemplo

de Massachusetts.

La Asamblea de Connecticut instó a cada pueblo

a duplicar sus reservas de pólvora,

balas y piedras de escopeta.

Rhode Island

ordenó a todos los oficiales de la milicia

que prepararan a sus hombres para "marchar...

en ayuda de cualquier colonia hermana"

cuando fuera necesario.

"Al parecer, la línea de conducta

"ya fue trazada.

"Los Gobiernos de Nueva Inglaterra

"están en estado de rebelión.

"En los enfrentamientos se decidirá si siguen siendo

súbditos de este país o independientes".

Rey Jorge III.

"Filadelfia.

"La regularidad y elegancia de esta ciudad son impactantes.

"Se encuentra sobre una franja de tierra

"de unas dos millas de ancho entre los ríos Delaware

"y Schuylkill.

"A algunos les desagrada la uniformidad de la ciudad.

"A mí me gusta.

"La calle Front está cerca del río,

"y luego vienen las calles 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9.

"Las calles transversales llevan nombres de bosques

"y árboles frutales: calle Pear, calle Apple,

calle Walnut, calle Chestnut, entre otras".

John Adams.

En el otoño de 1774,

cuando doce colonias enviaron delegados

al Congreso Continental,

Filadelfia era el lugar natural para reunirse.

Era el hogar de unas 40,000 personas

y una de las ciudades más pobladas

de la América británica, más grande que Nueva York

y más de dos veces el tamaño de Boston.

Los delegados se reunieron en el recién construido

Carpenters' Hall

con la esperanza de desarrollar una forma de resistencia común

y de algún modo seguir siendo parte del imperio.

No sería nada fácil.

Colonias vecinas se enfrentaron por las fronteras.

Las pequeñas temían

que las más grandes las dominaran.

Y la mitad de los delegados eran abogados,

les encantaba discutir.

"Esta asamblea es como ninguna otra

que haya existido.

Todos los hombres son 'grandes hombres':

"un orador, un crítico, un estadista.

"Por lo tanto, ante cada pregunta,

"todos deben hacer alarde de su oratoria,

su crítica y sus habilidades políticas."

John Adams.

Stacy Schiff: Tenemos a un grupo de hombres

que en esencia vienen de países distintos,

que practican religiones diferentes,

que tienen costumbres distintas

y que en realidad es la primera vez que se conocen.

Nadie está realmente seguro de qué hacer al principio.

¿Se supone que es una negociación?

¿O es otra iniciativa para un boicot?

¿O es una especie de ruptura grave con la Madre Patria?

"Su plan es atemorizar e intimidar.

"Pero si suponemos lo peor,

"no hay nada que temer más

"que a las provincias de Nueva Inglaterra.

"En cuanto a los sureños, hablan duro,

"pero no pasan de las palabras.

"La cantidad de esclavos en las entrañas de sus colonias

"y los indígenas a sus espaldas

siempre los mantienen callados".

Thomas Gage.

El general Gage le aseguró a Londres

que el Congreso era un "grupo variopinto"

y con pocas opciones de llegar a nada.

Entre el "grupo variopinto"

estaban algunas de las principales

figuras políticas de las colonias:

Samuel y John Adams de Massachusetts,

John Jay, un joven abogado de Nueva York

convencido de que se debía llegar a una solución

que no fuera ir a la guerra con la Madre Patria,

y Patrick Henry,

quien afirmó que los lazos con Gran Bretaña

ya se habían roto:

"Ya no existen diferencias entre virginianos,

pensilvanos, neoyorquinos y nuevos ingleses", dijo Henry.

"No soy virginiano sino americano".

Pero un compañero delegado de Virginia

habló en nombre de muchos.

La "independencia" no era lo que quería

cualquier "hombre pensante en América del Norte".

"No sabría decir en dónde

"se debería trazar la línea entre Gran Bretaña

"y las colonias,

"pero claramente estoy de acuerdo

"con que se debe trazar una.

"Ha llegado la crisis

"en la que debemos revindicar nuestros derechos

"o someternos a cualquier imposición que nos lancen,

"hasta que la costumbre y el hábito nos convierta

"en esclavos dóciles y desdichados,

como los negros que sometemos con tanta arbitrariedad".

George Washington.

Joseph Ellis: En 1774,

la mayoría de gente decía que eran británicos.

No decían que eran americanos.

El cambio se dio en el 75 y el 76,

y el principal motivo fue la creación

de la llamada Asociación Continental.

La Asociación fue el motor de la revolución.

La Asociación Continental

no era un comité sino un programa escalonado

que prohibía a los norteamericanos

importar bienes británicos

a partir del primero de diciembre de 1774,

adquirir bienes británicos

desde el primero de marzo de 1775

y prohibía la exportación de bienes americanos

a Gran Bretaña desde el 10 de septiembre

si Londres no había cedido a sus demandas para entonces.

Entre los llamados "bienes británicos"

que los delegados querían boicotear

estaban los africanos esclavizados,

a quienes acordaron no importar

a partir del primero de diciembre de 1775.

Los delegados hicieron planes para reunirse

en un Segundo Congreso Continental

en Filadelfia en seis meses.

John Adams escribió:

"Debemos cambiar nuestros hábitos, nuestros prejuicios,

nuestro paladar, nuestros gustos al vestir,

en muebles, carruajes, arquitectura, etc."

Para garantizar que los norteamericanos lo hicieran,

se esperaba que cada comunidad

estableciera su propio Comité de Seguridad

para "observar con atención

la conducta de todas las personas".

En la primavera de 1775,

unos 7,000 hombres ya habían sido elegidos

para servir en dichos comités en todas las colonias.

Su trabajo era espiar a sus vecinos,

abrir su correspondencia

y escudriñar los registros de los comerciantes

en busca de transacciones sospechosas.

La mayoría de los sospechosos de no seguir el boicot

o a quienes se les escuchaba criticar a la resistencia

eran marginados,

sus nombres y presuntos crímenes se publicaban en los periódicos

y a sus vecinos se les prohibía incluso hablarles.

Joseph Ellis: En cada pueblo, cada caserío, cada aldea

había un Comité de Seguridad e Inspección.

Iban de casa en casa.

Había que hacer un "juramento de lealtad".

Había millones de conversaciones.

Y es ahí cuando sucede el cambio.

"Si hemos de ser esclavizados,

"que lo haga un rey por lo menos,

"no un grupo de miembros de un comité advenedizos

"y sin ley.

"Si he de ser devorado,

"que me devoren las fauces de un león

"en lugar de ser roído hasta la muerte

por ratas y alimañas".

Reverendo Samuel Seabury.

Acosados, avergonzados, rechazados,

censurados y en ocasiones atacados,

quienes se oponían a la resistencia, o "leales",

creían que los Comités de Seguridad

eran más tiránicos de lo que jamás podría ser

el Parlamento.

Nathaniel Philbrick: Había un sentido de brutalidad

asociado a la causa patriota que decía,

"no, estás equivocado y nosotros estamos en lo correcto".

Ser leal no significaba que eras malo,

solo que tenías un gran sentido de lealtad hacia el país

que había hecho posible hasta este punto

que las colonias americanas prosperaran.

Alan Taylor: Básicamente,

los leales eran los conservadores.

Son aquellos que creen en la ley y el orden.

No les gustan las turbas.

No les gusta que un comité les diga qué hacer.

No creen que el rey Jorge tercero sea un tirano.

"Nos preparamos para la guerra.

"¿Para pelear contra quién?

"No contra Francia o España,

"a quienes nos acostumbramos a ver como enemigos naturales,

"sino contra Gran Bretaña, nuestra Madre Patria.

Se me retuerce el corazón de solo pensarlo".

Andrew Eliot.

"Si estalla una guerra civil

"entre Gran Bretaña y sus colonias,

"o bien la Madre Patria, por un tremendo esfuerzo,

"puede arruinarse a sí misma y también a América del Norte,

"o bien los norteamericanos,

"mediante una contienda prolongada,

"alcancen la independencia.

"Y en ese caso,

"mientras al otro lado del Atlántico

"se establece un nuevo imperio,

"extenso y floreciente de hombres libres,

"ustedes quedarán con la mera posesión

de sus islas nubladas".

Catharine Macaulay.

El general Gage le advirtió a Londres:

"Todo el continente...

se ha sumado a la causa de la ciudad de Boston".

"Si creen que diez mil hombres

"son suficientes, envíen veinte mil.

"Al final se habrán ahorrado sangre y dinero.

"Una gran fuerza es aterradora

"y logrará que muchos se unan a ella.

"Una mediana fomentará la resistencia

y no ganará amigos".

Pero al general Gage

le enviaron muchos menos hombres de los que esperaba.

Y le ordenaron actuar de forma decidida contra los rebeldes

y arrestar a sus líderes.

Samuel Adams y John Hancock huyeron de Boston

y se refugiaron con amigos en Lexington,

un pueblo pequeño de tan solo 750 habitantes

y 400 vacas,

de camino al pueblo más grande de Concord,

a unas 18 millas al noroeste de Boston.

Gage planeó enviar tropas a través de Lexington

hasta Concord

cuando supo que allí ocultaban armas y provisiones

para un ejército rebelde de tamaño considerable.

El éxito dependería de la más estricta reserva.

Tarde en la noche del 18 de abril de 1775,

despertaron a 700 soldados británicos

sin decirles a donde iban

y marcharon en silencio por las oscuras y vacías

calles de Boston.

Una flota de botes los esperaba para cruzar el río Charles

hasta los pantanos de Cambridge.

Por más cuidado que tuvieron los británicos

para mantener en secreto sus planes,

el doctor Joseph Warren,

uno de los principales rebeldes de Boston, se enteró.

Rick Atkinson: No es posible movilizar a mil hombres

fuera de Boston sin provocar una respuesta.

Los líderes de los rebeldes norteamericanos

enviaron la advertencia.

Dos hombres, William Dawes

y un platero llamado Paul Revere,

fueron enviados por rutas distintas

para advertir a Samuel Adams y los demás en Lexington

que los británicos, en efecto, iban hacia allá.

Antes de que los hombres se fueran,

Revere se encargó de que dos linternas

se iluminaran en el campanario de la iglesia Old North

lo suficiente para alertar

a los simpatizantes en tierra firme

que los soldados estaban cruzando hacia Cambridge

por el río

en lugar de ir por tierra por Roxbury.

"El tiempo jamás podrá borrar

"los horrores de aquel grito de medianoche,

"cuando nos despertaron de un apacible sueño

"de la estación

"con la alarma urgente de que mil tropas

"de Jorge tercero

"avanzaban para asesinar a los pacíficos habitantes

de las aldeas circundantes".

Hannah Winthrop.

Poco después de medianoche

en la mañana del 19 de abril de 1775,

Revere llegó a Lexington

y a la casa en que se ocultaban Adams y Hancock.

"¡Los soldados se acercan!", gritó.

Los dos rebeldes huyeron en la oscuridad.

Los milicianos de Lexington, recién levantados,

se vistieron, reunieron las armas que tenían

y se apresuraron hacia la plaza del pueblo.

Su comandante era el capitán John Parker,

un agricultor

que, al igual que la mayoría de sus 70 hombres,

había luchado junto a los británicos

en la guerra Franco-India.

Entonces, antes del amanecer,

alguien avistó seis compañías de casacas rojas,

unos 250 hombres, que se acercaban rápidamente.

Los lideraba a caballo el mayor John Pitcairn,

un veterano escocés que despreciaba a los colonos.

El capitán Parker sabía que no podía

detener a los británicos,

pero quería impresionarlos

con la determinación de sus hombres.

Parker les dijo que no dispararan primero.

Un soldado británico gritó, "bajen las armas, villanos,

rebeldes, y dispérsense".

Rick Atkinson: Comenzaron a dispersarse.

Muchos se habían dado la vuelta para irse.

Se oyó un disparo...

y nadie sabía de dónde había salido.

Eso provocó que se disparara indiscriminadamente,

sobre todo por parte de los británicos.

No fue una batalla ni tampoco una escaramuza,

fue una masacre.

Se había derramado sangre.

Ahora, el hombre a tu izquierda tenía un disparo en la cabeza,

Tu vecino, a la derecha, estaba muy mal herido.

Ya no era posible dar vuelta atrás.

Ocho milicianos murieron

en la plaza de Lexington.

Nueve más resultaron heridos.

Los demás huyeron.

Rick Atkinson: El hecho de que los británicos

abrieran fuego contra su gente,

que es como lo perciben los norteamericanos,

generó tal indignación que llevó la resistencia

a otro nivel,

genera el sentimiento de que nos están matando,

y la única respuesta que podemos dar

es matarlos tan rápido como sea posible

y en la mayor cantidad que podamos.

Los británicos

siguieron avanzando hacia Concord,

que ahora solo estaba a seis millas y media de distancia.

Entretanto, otros jinetes se dispersaron

por la zona rural para correr la voz

de lo que había sucedido.

Milicianos de pueblos cercanos se apresuraron hacia Concord.

Un hombre dijo,

"parecía como si llovieran hombres de los cielos".

No se movilizaron por el recuerdo

de la Ley del Timbre o del impuesto sobre el té.

"Siempre nos habíamos gobernado a nosotros mismos",

recordó un hombre,

"y así debía ser siempre".

En Acton, a seis millas al oeste de Concord,

40 milicianos se reunieron en la casa de su comandante,

el capitán Isaac Davis, un armero de 30 años.

"Esa mañana mi esposo habló muy poco.

"Parecía serio y pensativo.

"Mientras conducía a la compañía fuera de la casa,

"se dio la vuelta y parecía tener algo para decir.

"Solo dijo, 'cuida muy bien de los niños'

y poco después lo perdí de vista".

Hannah Davis.

Los británicos tomaron dos puentes

que cruzaban el río Concord

y se dispersaron por todo el pueblo.

Ingresaron a las casas y allanaron graneros

y cobertizos.

La mayoría de armas y provisiones

que esperaban encontrar

habían sido enviadas a otra parte

o estaban bien escondidas.

Sin embargo, abrieron 60 barriles de harina a golpes

y destrozaron varios soportes de madera para cañones

antes de prender fuego a todo.

Rick Atkinson: Los comandantes norteamericanos

en el lugar tomaron la decisión de no luchar en Concord,

sino que se retiraron a través del río Concord,

por el North Bridge

para así esperarlos al otro lado.

En ese momento, unos 400 milicianos

estaban apiñados en una ladera que daba al North Bridge,

con órdenes estrictas de no disparar

a las tropas del rey

a menos que les dispararan.

Pero cuando vieron que salía humo del pueblo,

llegaron a la conclusión que Concord se estaba incendiando.

Rick Atkinson: En North Bridge, los soldados norteamericanos,

los milicianos vieron lo que pasaba

y se dijeron, "están quemando nuestro pueblo.

¿Vamos a dejar que quemen nuestro pueblo?"

Y fue entonces que se dirigieron al puente.

Tres compañías de soldados británicos

ahora vigilaban el puente.

Isaac Davis, el armero de Acton,

fue elegido para liderar la columna

que se dirigió al puente.

De repente, sin una orden,

un casaca roja disparó su mosquete.

La primera línea de tropas británicas

siguió con una descarga desordenada.

Una bala de mosquete

atravesó el pecho de Isaac Davis,

cortó una arteria y salpicó de sangre

a dos de los hombres que venían tras él.

Abner Hosmer, otro miembro de su compañía,

recibió un disparo en la cabeza.

"Malditos sean", gritó un capitán de la milicia.

"¡Disparen, soldados!, ¡disparen!"

Al menos ocho casacas rojas resultaron heridos,

incluidos cuatro oficiales.

Los británicos empezaron a retroceder

y se echaron a correr.

Cuando un soldado herido intentó levantarse

y trató de seguirlos,

un miliciano le partió el cráneo con un hacha.

Los soldados británicos se reagruparon

y comenzaron su larga marcha de regreso a Boston.

"Antes de que las tropas salieran del pueblo,

"nos dispararon desde las casas y detrás de los árboles.

"Todavía no llevábamos ni media milla

"cuando nos dispararon desde todas partes,

"pero sobre todo desde la retaguardia,

"donde la gente se había ocultado en las casas

a esperar que pasáramos para disparar".

John Barker.

Rick Atkinson: Cada paso se hace más intenso.

El sonido de las balas que pasan a su alrededor.

El sonido de las balas impactando a los soldados,

ese golpe seco profundo como si golpearas una alfombra,

gritos de hombres que caen heridos

entre los británicos.

Y de repente pareciera que es posible

destruir esa columna.

Los británicos iban en completo caos

mientras se tambaleaban hacia Lexington.

Pero ahora, en el camino frente a ellos

había más de mil refuerzos muy necesarios.

Dos cañones británicos arrasaron la plaza de Lexington

y una bala atravesó el muro del templo.

Incendiaron varias casas.

Pero los casacas rojas

seguían siendo superados en número

y bajo un ataque implacable.

Retomaron su retirada hacia Boston.

"Nos retiramos durante quince millas

"de un fuego incesante que nos rodeaba

"como un círculo en movimiento y nos seguía a todas partes.

Fue imposible no perder una buena cantidad de hombres".

General Hugh Percy.

Stephen Conway: La retirada de Concord

fue un suceso realmente aterrador

para muchos soldados británicos.

Debió haber sido una experiencia traumática,

por decir lo menos,

recibir disparos de todos lados por parte de personas

que jamás creíste que te iban a disparar.

En la aldea de Menotomy,

la lucha fue de casa en casa.

Un miliciano de nombre Amos Farnsworth

recordó que entró a una casa

y se dio cuenta de que un charco de sangre

cubría parte de sus zapatos.

"El sangriento campo de Menotomy

"estaba cubierto de cuerpos mutilados.

"Nos encontramos con un entrañable padre

"con una carreta que buscaba a su hijo asesinado,

recogiendo a sus vecinos que habían caído en la batalla".

Hannah Winthrop.

En Boston,

las multitudes vieron a los casacas rojas

regresar a duras penas.

Los británicos sufrieron 273 bajas,

incluyendo 73 muertos.

Noventa y cinco norteamericanos recibieron disparos

durante la batalla

y 49 de ellos murieron.

Los familiares avanzaban a lo largo del camino

en busca de hijos, hermanos y padres desaparecidos.

Esa noche en Acton, Hannah Davis y sus hijos

observaron cuando los hombres

de la compañía de su esposo Isaac,

entraron a su casa cargando su cuerpo.

"Estuvo en mi habitación

"hasta el funeral.

"Los amigos de Abner Hosmer, parte de la compañía,

"y de James Hayward,

"que fue asesinado en Lexington en la tarde,

"trajeron sus cuerpos a la casa,

en donde se realizó el funeral de los tres".

A medida que el 19 de abril

llegaba a su fin,

unos 14,000 hombres armados de 58 pueblos

y aldeas de Massachusetts se reunían en Boston.

Y a medida que se difundió la noticia de la masacre,

se les empezaron a unir más hombres de Rhode Island,

Nueva Hampshire y Connecticut,

hasta que se formó un semicírculo de diez millas,

de cientos de fogatas,

que se extendía de Roxbury a Chelsea, aislando Boston.

El general Gage ordenó a sus hombres

que cavaran y se prepararan para un sitio.

Rick Atkinson: Los británicos están bastante seguros en Boston

porque tienen armamento y hombres suficientes

para impedir que los norteamericanos

los expulsen de Boston.

Y tienen la Armada Real.

Pero, en esencia, están rodeados.

No es un sitio propiamente dicho

porque tienen acceso al puerto de Boston

para traer suministros y traer refuerzos

de ser necesario.

Pero no pueden salir de lo que es Boston.

En ese momento,

el Imperio británico en Nueva Inglaterra

se reducía a una milla cuadrada de Boston.

"Cuando reflexiono

"y comprendo que la lucha fue entre aquellos

"cuyos padres eran hermanos

"apenas unas cuantas generaciones antes,

"la idea me estremece.

"Y no hay forma de saber en dónde acabarán

nuestras desgracias".

John Andrews.

Rick Atkinson: Cuando la guerra inicia,

esta nunca sigue el libreto que uno ha preparado para ella.

El objetivo de los británicos es, ante todo,

suprimir la rebelión

y darle una lección a esos bandidos.

Es obligarlos a reconocer la primacía del Parlamento

y de la autoridad del rey.

Así que se ha tomado la decisión de usar la fuerza

bajo la presunción de que no durará mucho.

Pero se extenderá por ocho años, ocho años.

Sangre, dinero, catástrofe,

realmente, para el Imperio británico.

Así que esos primeros disparos en Lexington,

en la mañana del 19 de abril de 1775,

tendrían profundas repercusiones.

"Todo el país estaba conmocionado

"y no se hablaba más que de guerra,

libertad o muerte".

John Greenwood.

Ese abril,

John Greenwood tenía 14 años.

Su padre lo había enviado lejos dos años antes

a Falmouth, ahora Portland, Maine,

a aprender ebanistería como aprendiz de su tío.

Pero cuando se enteró de lo sucedido

en Lexington y Concord,

pidió que le permitieran regresar a Boston

para asegurarse de que sus padres y hermanos

estaban bien.

Le preocupaba que todos "fueran asesinados

por los británicos".

Tardó cuatro días y medio en caminar las cien millas

hasta Boston.

"Cuando paraba en las cantinas,

"sacaba el pífano y tocaba un par de canciones.

"Me preguntaban de dónde venía

"y hacía dónde iba.

"Les decía que iba a 'luchar por mi país'.

"Quedaban sorprendidos de que un niño tan joven

fuera tan valiente".

Cuando John llegó a Charlestown,

esperaba tomar un ferry hacia Boston.

Pero un guardia lo detuvo.

Nadie podía entrar a la sitiada ciudad.

Serena Zabin: Ser un civil en Boston era aterrador

sin importar tu afiliación política.

Las mujeres y los niños en particular

están buscando la forma de salir.

Cerca de 12,000 personas de una población

de 16,000 logran salir.

Al no poder hallar a sus padres

entre los refugiados,

dos jóvenes milicianos invitaron a Greenwood

a sus aposentos en Cambridge:

la casa desocupada y saqueada de un clérigo leal

que había huido hacia los británicos.

Sus amigos lo instaron a unirse a su compañía

para tocar el pífano, y aceptó.

"Me dijeron que solo sería por ocho meses,

"que me pagarían ocho dólares mensuales

"y que pronto sacarían a los británicos de Boston

para que tuviera la oportunidad de ver a mis padres".

John Greenwood.

"Gran Bretaña ha hallado la manera de unirnos.

"El general Gage sacó la espada e inició la guerra,

"cuyo final puede que no lleguen a ver

los más jóvenes entre nosotros".

Benjamin Franklin.

Benjamin Franklin

regresó a casa desde Londres a tiempo

para asistir al Segundo Congreso Continental

que se reunió en la sede de gobierno

de Pensilvania en Filadelfia

tan solo tres semanas después de Lexington y Concord.

Asistieron delegados de las trece colonias,

pero se mantuvieron divididos

entre quienes esperaban una reconciliación

y aquellos que, como John Adams, estaban convencidos

de que la revolución era inevitable.

"El cáncer está demasiado arraigado y extendido

"como para que se cure con cualquier otra cosa

que no sea extirparlo por completo".

John Adams.

El general británico Hugh Percy

envió una advertencia desde Boston

a sus superiores en Londres.

"Quien crea que los norteamericanos

"son una turba desorganizada se llevará una gran sorpresa.

"Cuentan con hombres que saben muy bien

"lo que están haciendo.

"Pueden estar seguros de que,

"ahora que los rebeldes han tenido tiempo de prepararse,

están decididos a llegar hasta el final".

Hugh Percy.

"Vaya escenario el que se ha abierto

"ante nosotros.

"Si miramos atrás, nos sorprendemos

"con lo que ha pasado.

"Si miramos hacia adelante, el panorama nos hace estremecer.

"Nuestro único consuelo radica en la justicia de nuestra causa.

"Nuestras comodidades mundanas ahora están en riesgo,

"nuestros seres más cercanos y queridos

"ponen en riesgo su vida y sus propiedades.

"Ojalá Dios les conceda la sabiduría

"y la integridad necesarias para la gran causa

con la que están comprometidos".

Abigail Adams.

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