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Es difícil aceptar la realidad De saber
que no puedo tenerte ya junto a mí Porque yo no sé
vivir con este amor Que vive aprisionado en mi alma
y dentro de mi corazón Amor cautivo que no puedo
liberar
Y tú no estás aquí y no te puedo ver. Te necesito pues sin ti no sé qué voy a
hacer. Amor cautivo dentro de mi corazón.
Te necesito bien.
Pero cómo puedo amarte si no estás.
Mi amor por ti sigue vivo.
Y grita desesperado.
Solo espera el beso amado.
Y no espera amor.
Amor cautivo dentro de mi corazón.
Amor cautivo. Te lo despido bien.
Pero cómo he de vivir si tú no estás.
Ya no hay razón.
a fingir de una buena vez si dices algo.
¡Salte, por favor!
Ya.
Tranquila. Yo no te voy a hacer daño, Alejandro.
Marta, ¿qué haces?
¡Suéltala! ¡Hazte para acá!
¿Qué pasa?
Le estoy tranquilizando. A ver, te callas y te sales.
Efraín. No tienes nada que hacer aquí. ¡Para afuera!
Tranquila, todo.
Tranquila, no te va a pasar nada.
¿Algo? Vamos.
Explícame, ¿qué pasó?
Eso trataba de hacer, pero no me da su oportunidad.
Le estoy calmando. ¿Que no ves que está aterrada?
Le tiene pánico a todo el mundo.
Además, creo que fui muy claro cuando te dije que nadie podía entrar a ese
cuarto sin mi autorización.
Pues sí, pero yo tuve que entrar porque Vanessa... Yo creo, yo creo que Marta
entró en shock. Yo creo que no lo hizo a propósito. ¿Cómo te atreves? Tú
entraste. Yo entré, yo entré porque Efraín, yo la vi muy mal.
Yo al principio pensé que era una terapia, pero después me asusté mucho.
como loca.
¿Cómo te atreves a decirlo? Lo que acaba...
Lo que acabas de hacer va mucho más allá de lo que yo pueda tolerar.
No solo me desobedeciste, faltaste a la ética de nuestra profesión. Efraín, lo
que yo trataba de... Quiero que te vayas.
Efraín... Ya no me digas nada más.
Desde ahorita eres un peligro para todos los pacientes.
Es que vete.
Te dije que cuidaras muy bien tu trabajo.
Y que no era bonito.
¿Y qué tiene
que ver ese psicópata con la fundación de mi mamá? No sé, seguramente está
relacionado con la gente que aparece en la foto con tu mamá.
¿Quiénes son?
Banquero, político, empresarios, gente que está vinculada con el corporativo
familiar. Pues, ahí está.
Si Alejandra es la hija de Nicolás Santa Cruz, ya tenemos un motivo para que
este tipo la haya tenido encerrada 10 años.
Ah, ¿y qué gana con eso?
A ver.
Si Alejandra Santa Cruz fuera la heredera de todas las facciones de
Santa Cruz, cuando ella desaparece y se congelan todas las facciones, nadie las
puede reclamar.
Entonces, ¿alguien se benefició de eso? ¿Alguien todavía se está beneficiando de
eso?
¿Pero quién?
¿Por qué no vamos a la fundación de una vez?
Checamos que Alejandra nos reconozca este hombre.
Así salimos un par de dudas, ¿no?
Félix.
Tenemos que hablar.
Y sin agresiones, sin humillaciones, como lo que somos.
Marido y mujer, por favor.
La primera en olvidar eso fuiste tú cuando me engañaste con Jorge, ¿no?
Tú tampoco me escuchas.
Ni siquiera me dejas explicarte qué es lo que siento, Félix.
Mira, no estoy con ánimos para hablar. No me siento bien, por favor.
¿No te sientes bien?
¿Qué tienes?
Félix, estás pálido. ¿Qué tienes? No, no, no.
Toma un poquito de agua. A mí me preocupa tu salud.
¿Te sientes muy mal?
No, no. No tanto como para morirme, así que no hagas planes alegres para el
futuro.
Ni dormida la dejan en paz, qué bárbaro.
No sé qué sueña, porque no puede hablar.
Pero las posiciones al dormir nos dicen muchas cosas.
¿Y qué te dicen mis posiciones?
Que yo me acuerde no te dejé dormir.
Hijo, baja de todo tu estima, Efraín.
De verdad que yo no soy una de tus enfermeritas enamoradas, ¿eh? ¿Qué
No me digas que el prestigiado psiquiatra Efraín...
No se da cuenta cuando tiene enfrente una mujer enamorada.
Y vaya que no hablo de mí.
Pues la única mujer que yo veo aquí eres tú. Digo, y Alejandra que está
profundamente dormida.
Lo que pasa es que la corriste.
La verdad es que yo creo que fue un error haber corrido a Marta porque esta
enfermera de quinta sí está a tu altura.
Deberías pensar.
No soy tan baja como me quieres ver.
Yo te amo.
Félix. Félix.
¿Sabes qué es lo que más deseo en esta vida?
Que vivas muchos años.
Poder tener el tiempo para ganarme otra vez tu perdón, tu respeto.
Ganarte mi respeto.
Sí.
Por ti y por mi hijo.
Por el amor que me tuviste.
Por el amor que te tengo, aunque no me lo creas.
Yo te quiero.
Por favor.
Félix, ayúdame.
Ayúdame. No, no. Yo no sé qué más quieres que haga por ti.
Lo siento mejor.
Déjame solo, por favor.
Déjame solo.
¿Puedo pasar?
Adelante.
¿Esta visita es de amigo o de policía?
De policía.
¿Dime?
Quiero que veas a... Tendría que saber quién es.
No, tú no.
Pero Alejandra sí, necesito que lo vea.
A ver, ¿cómo?
Explícate.
Creo que este es el mismo Grijalva.
¿Y quieres que yo le enseñe la foto a Alejandra?
Puede recordar cosas que no esté preparada para soportar.
Lo sé.
Pero es lo único que tengo. Y Alejandra es la única que lo puede identificar.
Le tengo que preguntar a unos colegas.
Frank.
No tenemos tiempo de preguntarle a unos colegas.
Yo necesito saber que este es Grijalva.
Y saber a quién me estoy buscando.
Te entiendo, te entiendo, pero no sé si deba. No sé cómo vaya a reaccionar.
Ok.
Quédate con la foto.
Échame una mano, ¿no?
Te prometo que lo voy a intentar.
Te prometo. Bueno.
Oye, quería hablarte de otra cosa. De tu hermana.
¿Qué le pasó con Marta?
Tuve que despedirla.
¿Qué pasa, mamá?
Efraín me corrió.
Mamá, no confió en mí. Me tiró así, como un trapo. No me quiso escuchar.
Ay, hija.
Pero no te pongas así.
¿Y cómo quieres que me ponga, entonces?
A ver.
Te voy a servir un vaso con leche para... para que se te pase el coraje.
A ver.
Cuéntame.
Es que desde que, no sé, desde que llegó esa muchacha a la fundación, Efraín
cambió. Ahora es autoritario, me regaña, se enoja por todo.
Mamá, pero lo que más me dolió fue que no confiara en mí,
mamá. Ay, hija.
Pues el llanto que yo veo no es el de una profesionista ofendida.
Sino más bien el de una mujer celosa y herida.
Pues para mí no es un secreto que tú quieres a Efraín.
Estás enamorada de él.
No puedo creer lo que
veo en mis ojos.
¿No te imaginas la alegría que me da?
¿Qué? Ese mal humor es por el video que circula en la red.
Beatriz, no te pongas así.
Yo soy el ofendido.
Te mandé un mensaje para que nos viéramos y a cambio me mandaste a tu
Jorge, ve al grano. Sí, tengo que regresar a mi casa. A ver, ¿por qué te
verme?
Está bien.
Necesito saber si Félix le ha dicho algo de lo nuestro a mi mujer.
¿Y tú crees que a mí me va a decir algo Félix después de lo que pasó?
¿Sabes? Ya sé lo que te preocupa, Jorge.
A ti te preocupa que tu matrimonio se desmorone, ¿no?
¿Ves adivina qué?
¿Qué? Tú destruiste el mío.
Estoy viviendo un infierno en mi matrimonio gracias a ti.
Yo jamás debí haber caído contigo ni con nadie.
Déjame decirte una cosa, Beatriz.
Hace tiempo que tú debiste dejar a Félix y hacer una vida más placentera.
Y no sometida a un hombre que nada, absolutamente nada,
puede ofrecerte.
Nada de lo que digas o hagas va a convencerme.
Y si en algún momento viví un pequeño instante de placer contigo, no se
con todos los verdaderos momentos de profundo amor que he vivido junto a mi
esposo. No te conocía ese lado romántico. Qué dulce eres, Beatriz.
Si Félix te oyera, se pondría a llorar de la emoción.
En el paso de los años, los hombres se vuelven cursis.
Como quinceañeras.
Burlaste.
Húrlate.
Pero también convéncete de que lo nuestro se terminó.
No hay, ni podrá haber absolutamente nada contigo, jamás.
Nunca. ¿Me entiendes?
Lo nuestro nunca debió haber pasado. Y en lo que a mí respecta, jamás pasó.
Hola, Ángela.
Hola. Hola, Ángela.
Hola. ¿Alguna novedad con la paciente?
Sigue sin hablar y después del incidente de hoy, pues, todo mal.
¿Cuál incidente?
Aparentemente Marta entró sin permiso de Efraín y la alteró un poco. ¿Un poco?
Mi amor, Marta se puso como loca.
De verdad que yo no sé qué hubiera pasado si no entro a defender a
A ver, Marta se puso como loca.
Pues Marta es una profesional.
Y tú estabas defendiendo a Alejandra.
¿De verdad crees que si yo veo que alguien agrede a un paciente no haría
Bueno, esa es la versión que tú tienes de la historia.
Bueno, eso fue lo que hice, Ángela.
Yo no sé qué hubiera pasado si no hubiera entrado a defender a Alejandra.
El caso, Fernando, es que Efraín corrió a Marta y tú bien sabes que Marta lleva
la mitad de los pacientes... Perdón, perdón. ¿Efraín corrió a Marta?
Ajá. ¿Y con qué autoridad lo hizo? Si yo soy el director de la fundación.
Exacto.
Ángela, te voy a pedir que me mantengas informado de todo lo que pasó con esta
paciente, ¿sí? Todo.
Claro, Fer, por supuesto.
Con permiso.
Ángela. Dime.
Gracias.
Me pregunto si seguirás pensando igual cuando seas una joven y atractiva viuda.
¿Cuánto tiempo crees que le quería feliz de vida, eh?
Sobre todo si sigue empeñado en no dejarme a cargo de la presidencia del
Tú no mereces ese puesto.
Yo me merezco todo.
Y lo tendré.
Tengo a su mujer y también voy a tener su cargo.
Y tú nunca vas a poder negarme ni dejarme.
Porque en el fondo de tu corazón aún gritas para que te haga mía.
No te mientas, Beatriz.
Sé que te mueres porque en este instante te arranqué la ropa.
Atrévete.
Quiero ver.
Hay mucha tristeza en lo que hemos hecho contigo.
Te sacamos de un encierro para darte paz, tranquilidad.
Y mira lo que hemos logrado.
Amor, ¿podrías dejar de hablar con el vidrio?
Alejandra no te escucha.
Además, deberías dejarle el caso a Efraín. La verdad es que tú eres el
y deberías estar pensando en otras cosas y no obsesionarte con este caso.
No lo entiendes, Vanessa.
Alejandra me pidió ayuda y yo no le voy a fallar.
A ver, a ver, a ver.
¿Cómo es eso de que te pidió ayuda si Alejandra no habla?
No, no, no, no, no, no, no, no.
Vas a ser tú la que va a venir a rogarme para que te dé un beso.
Tarde o temprano entenderás que no puedes vivir sin mí.
Yo no te necesito, Beatriz.
En cambio, tú a mí.
¿A dónde crees que vas?
¿Mis papás están aquí?
Tu mamá salió hace un momento y tu papá está recostado, se sintió mal.
¿En serio?
¿Pero qué tiene? ¿Le hablaron a su médico?
No, no.
Tú lo conoces y dice que no es necesario.
No entiendo cómo mi mamá se va y lo deja aquí si se siente mal.
Bueno, voy a verlo.
O sea, ¿habló contigo?
Lo digo por su lenguaje corporal, por su expresión, por su mirada, no sé.
Si yo te digo lo que pienso de tu lenguaje corporal, de tu expresión, de
mirada, te vas a enojar mucho conmigo.
¿Por qué no mejor vamos con tu mamá? Nos está esperando.
Sí, ¿verdad?
Vamos.
Ahora sí con esto tengo para vivir un ratito.
Pero no he acabado contigo, Victoria.
Todavía me faltan unas sorpresitas.
¿Ya te sientes mejor, papá?
No te preocupes.
Estoy acostumbrado a convivir con mis achaques.
Y ya me tomé las medicinas. ¿Y cómo te pones a tomar vino, papá?
Una de las pocas bebidas que me están permitidas.
Las enfermedades no solo te hacen la vida más dura, sino también más
Pero yo supongo que no es de mis achaques de lo que quieres hablar.
No, no, la verdad es que...
Pues quiero saber qué está pasando contigo y con mi mamá, papá.
Porque siento como que esta familia se está derrumbando.
¿De qué me estás hablando, hijo? De las cosas que... No, esta familia no se va a
derrumbar.
No, mi hijo.
Mientras yo vivo, tú no tienes de qué preocuparte porque no hay razón para
Tu madre y... ¿Qué tienes?
¿Estás bien?
¿Qué pasa, papá? ¿Estás bien?
Papá, ¿qué...?
Papá.
Iris. ¿Qué tienes? ¿Te duele, papá?
Iris.
Papá. A ver, a ver, a ver.
¡Iris!
Papá, papá.
¡Iris!
Solo quiero darte las gracias.
¿Cómo?
Me contó mi mamá lo que hiciste por ella y... Y estoy muy agradecida. Ah, eso.
Bueno, pues nada, tú sabes que uno por una lady hace lo que sea.
Bueno, ya, ¿eh?
Tampoco te me creas la gran cosa que estás muy lejos de parecerte un héroe.
Y no se me han olvidado las groserías que me has hecho.
Yo sabía que te era muy bueno pasar, ¿verdad?
Termina de tu suba.
Y luego te me vas porque bien que te sabes cobrar los favores, ¿verdad?
Medio refri desapareció.
Hola, hola.
Hola.
Hola, Cruz.
¿Está mi mamá?
Sí, está en su cuarto, acostada.
Voy a verla.
No, ahora no, ahora no. Yo te aconsejaría que la dejaras descansar. La
ver después.
Cruz, pero no la voy a molestar.
Solo quiero hablar con ella un segundito.
Por favor, no la pongas nerviosa con algún asunto delicado.
Ella necesita tranquilidad.
No te preocupes.
¿Tú crees que es José? hacerla recordar para que revive el infierno por el que
pasó?
No, no creo que sea justo.
De hecho, no creo que sea justo nada de lo que vivió esta mujer. Pero así es.
Y ya está.
Hazme un favor, Frank. Solo inténtalo.
Ninguna de estas ni siquiera reacciona como tú crees.
Su bienestar está por encima de cualquier cosa, así que no voy a hacer
la pueda lastimar.
El tipo que la lastimó, Edmundo Grijalva, está suelto.
Yo necesito ese testimonio. ¡Nada más déjame interrogarla!
No lo puedo permitir.
No por ahora.
Yo no te estoy pidiendo permiso.
Y no voy a tomármelo como respuesta.
¿Ok? ¿Y qué piensas, Roberto?
Que no se te olvide que yo traje a Alejandra aquí y yo me la puedo llevar
quiera. ¿No se me olvida?
Y sé que no vas a cumplir con tu amenaza. Es por su bien.
¡Por su bien y por de mucha gente más!
Yo necesito ese testimonio.
Estamos hablando de Grijalva.
El mismo que mató a Eugenia.
Alejandra no está lista para declarar.
Yo soy su doctor y lo puedo certificar. Y lo que va a hacer eso es que no la
pueda sacar de aquí.
No puede certificar nada.
Alejandra está legal aquí. Sí, porque tú la trajiste aquí.
Si la reportas, puedes perder tu trabajo.
No creo que te quieras arriesgar a eso.
Gracias por el café.
¿Estás bien?
Sí.
Tienes que ocuparte más de ti, madre.
Quiero que te cuides, quiero que cuides tu salud.
Quiero que te diviertas.
¿Por qué no te vas de viaje con mi papá? Váyanse a Europa o a un crucero por
ahí. Es que no siento ganas de alejarme, hijo. Yo quiero estar con ustedes.
Mamá, pero no nos va a pasar nada. Ya estamos grandes y llevan dos meses y no
nos va a pasar nada.
Porque ella nunca viaja, mamá.
Pues ya pasó el tiempo y todo el mundo cambia, hijo.
Mamá, yo sé que la gente cambia.
Pero ya últimamente tengo como más triste, como más apagada.
Yo creo que es la edad, hijo.
Y era otra época.
Nada más es eso, ya.
Diego, no encuentro a tu mamá por ningún lado.
Me voy a ir con mi papá en la ambulancia, pero tú sigues insistiendo,
Iri. Ya le hice todas las llamadas que podía hacerle a sus amigas y hasta al
club. Pues insiste más, por favor.
Manténme informada de cualquier cosa.
Dios mío.
¿Qué hice?
Beatriz, salir de aquí echa una furia. ¿Qué pasó?
Nada, nada.
No pude saber si Félix le ha dicho algo a mi esposa.
De lo que sí estoy seguro es que a Beatriz este berrinche se le va a pasar
pronto. Yo solo espero que tu obsesión por ella no nos meta en más problemas de
los que ya tenemos.
El problema no es Beatriz.
Ella solo es el medio para demostrarle a Félix que soy capaz de conseguir todo
lo que me propongo.
Beatriz es una mujer herida. No la subestimes.
Pueden ser más peligrosas que el peor de tus enemigos.
Y además, ella todavía tiene mucha influencia sobre Félix.
Tenía, Isaías, tenía.
Si hiciste lo que te pedí, Félix ya no es una preocupación para nosotros.
Yo cumplí como siempre.
Solo estoy esperando la confirmación de que Beatriz es ahora la viuda de Félix
del Valle.
Entonces me voy a mi casa.
Quiero estar con Victoria cuando reciba la noticia de la muerte de su padrino.
Esta verdad, sí.
Me gusta que se hayan alejado de todos sus amigos, de mis tíos, de los socios
la empresa.
¿Sabes que últimamente he estado pensando mucho en algunos de ellos?
¿Sí? Sí, ¿tú te acuerdas de la familia Santa Cruz?
¿De Nicolás Santa Cruz te acuerdas?
Nicolás Montacruz.
¿Estás bien?
Te voy a traer una pastilla. ¿Qué quieres? No, hijo, por favor.
Yo ya me tomé un par de pastillas. No te preocupes. Es que no te entiendo.
¿Por qué tanto interés en ese señor si tú apenas lo conociste? Es que Ramiro
está haciendo una investigación acerca de los casos no resueltos en este país.
Y bueno, nunca nadie supo quién mató a Nicolás Santa Cruz ni por qué lo
Bueno, yo lamento no poder ayudarlos, pero... Pero yo no conocía a Nicolás
Cruz. Además, no me gusta hablar del pasado.
Ay, Fernando, no me siento bien.
Perdón, perdón, madre. Tranquila, tranquila. No te quería molestar. Tú
a mí nunca me molestas.
Es que te extraño mucho.
Y a veces me siento muy sola.
Nada.
Pero tú sabes que tienes que levantar el teléfono, llamarme y aquí voy a estar.
Siempre voy a estar aquí contigo, no me gusta verte a ti.
Bueno, yo ya no quiero que te preocupes por mí.
Tú ya bastante tienes con la fundación.
Pero también tengo tiempo para ti.
Siempre voy a tener tiempo para ti.
Sírveme otra hernia, por favor.
¿Puedo invitarte a otro trago?
Déjeme en paz, ¿quiere?
El mundo debe estar loco. Si no, ¿cómo explicar que una mujer como tú está tan
sola?
Vete al diablo.
¿Ahora sí me entendiste?
Todos los hombres son unos patanes.
Este está más ligero que el del baño.
Ya veo bastante.
Yo decido cuándo es bastante, ¿no crees en mí?
Cárgamelo.
¿Cómo lo dejaste?
¿Se siente mejor?
No mucho.
Está muy intranquila, Cruz.
Debe ser el cansancio. Estos días ha estado muy ajetreada.
Bueno, ¿y le pudiste preguntar eso?
Sí, me dijo que casi no conoció a Nicolás Santa Cruz.
Pero estaba muy raro.
¿Nicolás Santa Cruz? ¿Tú le mencionaste ese nombre a tu madre?
Sí. ¿Por qué?
Se tiene raro.
¿Hay algo que no me estás diciendo, Cruz?
Oiga, está saliendo muy bueno, ¿eh?
Gracias.
A usted, hasta luego.
¿Y?
¿Cómo está Marta?
Triste.
Pues es que Efraín no debió haberla tratado así, amor.
La verdad, ella tendría que haber... Pues dado su versión de las cosas, ¿no
crees?
Ella está dejando su vida en esta fundación.
Pero ya sabes, hay gente muy ingrata.
Y me lo dices a mí.
Te matas trabajando y al final nadie te lo agradece.
Ay, mi amor, ya suelta eso.
La paso mucho tiempo.
Tú sabes que yo siempre soñé con jubilarme como policía.
Y miren lo que terminé.
Como un simple vigilante en una fábrica de barrio.
Claro, hay que reconocer que nunca fui demasiado bueno.
Y eso que le echaba ganas, ¿eh?
No es cierto.
Eso no es verdad.
Tú fuiste muy buen policía. A tu modo.
¿Sí?
¿Qué tiene de especial el nombre de Nicolás Santa Cruz para mi madre?
¿Yo qué voy a saber?
Tú siempre sabes, Cruz.
Además, tú conociste a Nicolás.
Si a tu madre no le gustó que andes preguntando por ese señor, es porque ese
señor y la familia Bustamante Arismendi...
Se enemistaron hace años. Tuvieron problemas.
¿Sabes por qué?
El asunto fue que se distanciaron mucho y al poco tiempo Nicolás Santa Cruz
murió.
Lo asesinaron.
También sabías eso, ¿no?
La verdad es que a mí ya me empieza a fallar la memoria, la vista, las
presiones, la edad.
¿Qué pasó hace tanto tiempo? ¿Fueron qué?
¿Diez años?
Esas cosas feas, mejor olvidarlas, ¿no?
Y ustedes no deberían remover esas aguas.
¿Puedes decir cómo era la relación de mi papá con Nicolás?
Ya le dije todo lo que sé.
Me voy a la cocina, que Pancha y Carmen me van a quemar la comida. ¿Se van a
quedar a comer?
Sí.
¿Y eso de qué me sirvió?
Si no fui honesto cuando debí serlo.
Si no hubiera seguido esas órdenes, yo hubiera atrapado a las vecinos de
Santa Cruz.
Y ahora no puedo contarle nada de esto a mi hijo.
Me moriría de la vergüenza.
No, la verdad es que yo no he logrado ninguno de mis sueños.
Ni esta casa he logrado mantener.
Si no hubiera sido por ti, por tu trabajo.
Bueno.
Y como lo más importante en la vida es el dinero, ¿verdad?
Ay, cariño.
Mira, yo tengo al mejor marido y mis hijos tienen al mejor papá.
¿Qué más puedo pedir?
Eso es lo más difícil que hay en el mundo y tú, tú lo lograste.
Gracias, flaca.
Gracias por apoyarme siempre.
Voy por mi mochila. Se me hace tarde.
Buenas tardes, señora.
Disculpe, ¿sigue viviendo aquí el teniente Rufino Estrada?
Sí, es mi esposo, pero ya se retiró hace mucho tiempo.
Dígame, ¿quién lo busca?
Un viejo amigo.
Dígale que soy Alfredo Linares.
Quedé con mi mamá, que íbamos a ir a la casa para ver todos los planes de la
boda. Ya habrá tiempo para eso, ¿no?
Ahorita quiero esperar a mi papá porque quiero que me explique qué relación
había entre los Santa Cruz y mi familia.
¿Y tiene que ser hoy?
¿Por qué tanto interés, Fernando?
Mi amor, cada minuto que pasa, cada día que pasa, es un minuto que el asesino
Eugenio está suelto.
¿Puedes entender qué es lo más importante para mí ahorita?
Raimundo Figueroa.
Este es tu nuevo nombre.
¿Aquí tiene?
Identificación y pasaporte.
Un nuevo nombre, pero con tus datos y tus huellas digitales.
Raymundo.
¿Y quién soy?
Se trata de un profesor de biología.
Vivía en Morelia, Michoacán.
Es donde salía muy poco.
Allá mismo murió en un accidente de tránsito.
¿Está completo?
¿Cuándo te falla?
Nada más no te dejes agarrar.
Raymundo.
Amor, yo creo que te estás confundiendo.
Tantas personas que conocen a tu papá.
Tanta gente que viene aquí.
Debes de estar confundiéndote con otra persona.
No, te juro que no me estoy confundiendo.
Estoy seguro que esa gente venía a las fiestas que hacían mis papás.
Mira nada más.
Y aquí tenemos a los tortolitos y esa sorpresota.
Venimos a ver a la señora Victoria.
¿Ah, sí? Sí. Para hablar de la boda, me imagino, ¿no? Se quedan a comer.
Sí. Así me cuentan qué planes tienen para celebrar este matrimonio por todo
alto. Sí, señor. Queremos que esta boda sea la boda del año.
Así será.
Paz, sí nos vamos a quedar a comer, pero hay algo más que te quiero preguntar,
algo muy importante.
¿Más importante que tu boda?
Quiero que me cuentes todo lo que sabes acerca de Nicolás Santa Cruz.
Muchas gracias, señor.
Al contrario, es un honor, comandante.
No, ya no.
Esos tiempos ya quedaron en mi atrás.
Permiso. No, no digas eso, Linares.
Ser policía se lleva en la sangre.
Tú eras de los buenos.
¿Y dices eso porque eres mi amigo?
No, no, no. No solo por eso.
Lo digo porque es la verdad.
Tú eras el mejor.
¿Recuerdas aquel caso?
¿El de Nicolás Santa Cruz?
¿El caso Santa Cruz? Por supuesto que me acuerdo.
Todos nos acordamos, ¿no?
Mi hijo lo mencionó hace poco.
¿Ah, sí?
Pues fíjate si es curioso.
¡Qué barbaridad!
Hacía mucho que no sabía de ti.
Déjate de rodeos, Linares.
Te conozco.
¿No estás aquí para que recordemos los viejos tiempos?
¿Sabes qué?
Sigues teniendo olfato de policía.
¿Y tu hijo?
¿Qué tan buen policía es?
Hola, pa.
Ese es mi hijo.
No sabía que tenías visita, perdón.
Javier Estrada, mucho gusto.
Mucho gusto.
Alfredo Linares.
El comandante Alfredo Linares.
Bueno, pues, te dejo en buenas manos.
Me tengo que ir a trabajar.
No te preocupes.
Aquí me quedo con tu hijo.
Gusto en verte.
Cuidado, papá.
Linares, por favor, adelante.
Gracias.
Mamá, la tienda está sola.
Pasa, por favor.
¿Recibiste mi nota?
Así que quieres de abrir el caso, Santa Cruz.
A ver, mi pregunta es, ¿por qué?
Digo, ¿como para qué?
Toma, siéntate.
Tengo razones para creer que el asesinato de Santa Cruz está ligado con
que estoy investigando.
¿Ah, sí?
¿Qué caso?
¿Tú sabes que no te puedo enseñar este expediente?
Así que no puedes decirme nada, pero pretendes que yo sí te diga todo de mi
investigación.
No me parezca un trato justo.
Gracias.
Linares.
¿Vamos a encender?
El cigano mata.
Encontramos a una joven secuestrada.
No sé cuánto tiempo llevaba secuestrada, pero es la hija de Nicolás Santa Cruz.
Me estás... Me estás hablando de Alexandra.
Me estás hablando de Alexandra Santa Cruz.
¿Estás bien?
Tuviste una pesadilla.
Tienes que hablar conmigo para que yo sepa qué tienes en la cabeza.
Qué es lo que te pasa, qué es lo que te atormenta.
Tranquila, tranquila.
Tienes que hablar conmigo.
Nicolás Santa Cruz.
¿Y a qué viene esa pregunta?
Es para una investigación que está haciendo Ramiro. Es para su tesis de
que es sobre los grandes casos policíacos de este país.
Ok.
Pues no, yo no puedo darte mucha información.
A Nicolás Santa Cruz apenas se lo conocí.
¿Qué no trabajamos juntos en el banco?
Bueno, cuando yo entré a trabajar él ya iba de salida. Se fue de viaje a los
pocos días de que yo empecé.
En realidad, él nunca se interesó en los negocios del banco.
Lo lamento, Nando, pero de Nicolás Santa Cruz es muy poco lo que yo puedo
decirte.
Pero que tal vez pueda ayudarte es tu mamá.
Ella lo conoció muy bien.
Hasta iban a casarse. De no aparecer yo en la vida de tu madre, ahora tal vez
llevarías el apellido Santa Cruz.
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