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Si realmente tienes todo lo que yo quiero, estar en la acción yo ahora no
A ti te quiero como el humo que usted para al final y lo que necesito es
vivirte. Además, para ser honesto, necesito sexo y es por eso que ocurre
esto. Una ruptura con una a cambio de una aventura. Sorry, abuelo.
Si realmente tienes todo lo que yo quiero, estar al lado suyo ahora no
ti te quiero como el humo asuste para el final, y lo que necesito vivir te hace
mal. Historias de amor ocurren en todos lados, y tengo un motivo universal por
el que no paro. Para ser honesto, necesito sexo, y es por eso que ocurre
esto. Una ruptura con una a cambio de una aventura.
Hormigas.
Eso parecían y eso es lo que eran.
Hormigas ocultando sus lánguidas fantasías cotidianas.
Porque las tenían.
Todos las tenían.
Todos teníamos fantasías ocultas.
Yo más que ninguno.
Eran como el azúcar que endulza el café desde la negación misma de su
existencia.
Ya no las veíamos, pero estaban allí.
La fantasía.
Podíamos percibir su dulce sabor desde la oscuridad.
En esa época decían que cuando hacías el amor con una mujer, lo hacías con
varias a la vez.
Pero después, al final, inevitablemente te quedabas solo con una.
La que habías encontrado bendita entre todas las mujeres.
La que te había entregado el alma.
¿Se te estaba quedando esto?
¡Qué tonta!
O tal vez no se te estaba quedando y lo dejaste a propósito.
No pensarás.
Te voy a cagarte, ¿verdad?
¿Quién sabe?
Vas a estar varios días lejos de mí.
Se te podría presentar una oportunidad y... Bueno.
Un anillo como este podría complicarte las cosas.
¿O no?
En ese caso, ¿por qué dejarlo olvidado en el baño?
Si se me presentara una situación como tú dices, me lo saco ya.
¡Y estás conmigo!
Para que no me olvide.
Buenas tardes.
¡Hola!
Por fin, Andrés, te estábamos esperando.
Bien como tú, ¿eh? A mí me habría encantado tener un almuerzo con velador.
Sufía se fue de viaje.
Tenía que despedirme con caballeros. ¿De viaje dónde?
De España.
¡Qué envidia!
Bueno, supongo que te enteraste que tenemos un nuevo cliente, un futuro
candidato a aconsejar. ¿Ah, sí?
¿Y cómo se ve la cosa?
¡Trabajo duro, cariño! Como dicen los maestros, yo creo que vamos a tener que
entrar a picar.
Bueno, los invito a pasar a la mesa para que empecemos a trabajar, ¿eh?
Sandra, ¿nos puedes traer café, por favor?
Gracias.
Yo, 47 años, soltero. ¿47 años, soltero? O sea, pésimo, hay que casarlo.
Calma, Rutanito.
Nuestro amigo necesita una asesoría de imagen, no que le caquemos la vida.
Ay, Andrés, tú eres un hombre felizmente casado, no deberías hablar así.
No voy a hablar en serio. Mire, yo insisto. La gente vota por hombres y
de familia. Gracias.
O sea, imagínate, un tipo soltero siempre va a despertar las sospechas del
público. ¿Qué hace de noche?
¿Dónde y con quién se mete? ¿Cuáles son sus cochinas costumbres?
Oye, la turbiedad no es patrimonio exclusivo de los solteros, amiga.
Bueno, ¿seguimos?
A ver, lo que está claro aquí es que ese tipo, con esa facha de cinco de la
mañana después de las fondas, con ese chaleco de lana, por favor, miren ese
pelo, esa guata.
¿Por dónde quiere tirarse este pastelito? Lo barnechea.
Barnechea. Déjame hasta ahí. Oye, discúlpame, pero en Barnechea vive N
da y se trae.
Oye, pero no por eso le van a poner este espantapájaros por delante.
Mínimo de dignidad, la gente se merece cantidad también.
Permiso.
¿Sí?
Sí, con otra empresa.
¿Quién habla?
¿Quién habla?
Ok, más tarde, Tots. Nos vemos un beso. Chao.
¿Mervioso? La puta madre, Anderson.
No quiero bajar, bueno.
Buen viaje.
Y aunque aquí no hay números oficiales de manejo fondo, diría entre los 75
millones de dólares y los 200, lo que es muy buen para el país.
Isabel, soy yo, Andrés.
Pasó algo terrible Tengo que hablar contigo y con Arturo Voy para allá
¿Andrés? ¿Qué pasó?
Habla de una vez, portombrero.
Secuestraron a Sofía.
¿Pero qué estás diciendo? ¿Te volviste loco o qué?
¿Es una broma?
No, Arturo.
No es una broma.
Secuestraron a mi mujer.
Me acaban de llamar para avisarme.
Pero si...
Ella iba a viajar. Me llamó anoche para despedirse. La Sofía se escuchaba a
Reggio. Tiene que ser un error.
¡No, Isabel!
No es un error.
Les estoy diciendo que son hijos de... ¡Hijos de puta! ¡Me acaban de llamar!
Fue hace un momento.
Sofía iba a tomar el avión.
¿Preguntaste en el aeropuerto?
Sí, Arturo.
No soy tan imbécil como tú crees.
Llamé.
Le dijeron... Le dijeron que su filla no se había embarcado.
Dios mío, mi niña, la van a matar. No, si la secuestraron, no la van a matar.
¿Hablaste con ellos? ¿Qué es lo que quieren? No sé.
¿Cómo mierda puedo saberlo, Arturo?
Todavía no han exigido nada.
Tienes que hacer algo. Yo no quiero que le hagan daño a mi niña, por favor.
Tienes que hacer algo. Sí, sí, sí.
¿Aló?
Soy yo, Andrés Baeza.
Háblenme, por favor.
¿Cómo está mi mujer? ¿Dónde la tienen?
Déjame hablar.
Mamá, ayúdame.
Arturo, ayúdame, por favor.
Sofía, soy Arturo.
Te vamos a sacar de esto.
Tranquilízate. No hagas ninguna locura.
Tranquila, tranquila, Isabel, por favor.
¿Cómo mierda quieres que me tranquilice?
Es un juego.
La cosa va en serio.
Oye, ¿el André ha vuelto?
No, parece que el almuerzo, el velador, lo dejó agotado.
Es que a lo mejor no estaba tan conforme con que la sucia viajara.
Y se preocupó de dejarla bien satisfecha antes de partir para que no mirara para
el lado.
Algo tan típico los hombres.
Oye, que eres patúa y tú que sabéis de hombres. A ti los hombres te han durado
menos que un peor un canazo.
Oye, no, porque no esté casada con Zeta. No voy a saber de los hombres.
Justamente porque sé de los hombres es que no he firmado el famoso contrato
el juez.
Voy a llamar a investigación.
No, Arturo.
Arturo, no podemos hacer esto. ¿Cómo que no?
Estos tipos son unos delincuentes. La policía es la única que sabe tratar con
gente como esta.
Además, para eso pagamos impuestos.
¿Cómo puede empezar a hablar de los malditos impuestos en un momento como
Arturo? Sencillamente porque los impuestos financian la seguridad del
guste o no. Lo único que yo tengo claro, Arturo, es que no quiero que esto
termine en una desgracia.
Ellos me advirtieron que si llamaba a la policía, Sofía iba a pagar las
consecuencias.
Arturo.
Arturo.
Si todavía me amas, yo te ruego.
Te exijo.
Te imploro, mi amor, que por favor no le cuentes a nadie lo que está pasando.
La vida de mi hija está en peligro. Es mejor que hagas lo que dice Andrés.
Déjame a mí.
Aló.
Sí, habla Turo Montesinos.
Pero...
Quieren hablar con el marido.
Sí, soy yo.
¿Qué?
¿Qué? ¿Qué dijeron? ¿Cómo está?
¿Qué es lo que quieren?
Un millón de dólares.
¿Por qué me asustaste?
Tanto miedo te doy después de 30 años de matrimonio carmencha. Feliz
aniversario, mi amor.
Qué lindo.
Te acostaste, ¿eh?
¿Cuándo se me ha olvidado, eh?
Toma.
Esto es para que relienten de envidia todas las viejas en el restaurante donde
vamos a celebrar esta noche.
Qué cosa más linda.
No tenía el parque.
Ya, ya, ya, ya, véalo luego y deja de hacerse la tontorrona ahí.
Mírelo nomás.
Qué precioso.
Y justo el color que yo quería.
Muchas gracias.
Muchas gracias.
Al tiro te traigo tu regalito porque lo tengo en la pieza, ¿ya?
No. ¿Qué pasa?
Mejor que no, Carmencha, porque nuestro dormitorio ya está ocupado.
Yo te avisé que tenía que traer una persona a la casa.
Ay, pero justo hoy día.
Y en nuestro dormitorio, Toño.
Hermencha, es un favor que me pidieron.
Tú sabes muy bien de quién se trata. Entonces hay que darle la mejor pieza de
casa.
Ya lo habíamos hablado, vieja.
Oye, ¿sabes lo que pasa contigo? Es que a ti nadie te ha domesticado. Ese es tu
problema. Ay, domesticado, por favor.
Yo pensaba que se trataba de sentirse feliz.
Ay, por favor, Lucía, pero ¿de qué estás hablando? Qué ingenuo, de qué felicidad
me hablas y la felicidad atonta, paraliza. Bueno, al principio puede que
sienta feliz, pero después con los años todo se va transformando en una mierda
de costumbre y son muy pocos los que se libran de la enfermedad de la costumbre,
¿eh? Por favor, no te hayas tomado ni primer pisco a favor de la noche y ya
estás hablando como una mujer casada al borde del fracaso.
Paso con mi amiga que conocí hace 15 años atrás y que se jactaba de tener
orgasmos. Oye.
¿No sabes que se le adelantó la menopausia? Mira, estoy demasiado sobria
responderte estas preguntas tan capciosas, amiga. Así que nos vemos en
hour y ahí te resuelvo todo lo que quieras, Lidia. Oye, ¿sabes que a lo
voy a demorar un poco porque tengo que ir a buscar unos examen?
En todo caso, va a ser un trámite cortito porque tú sabes que yo odio a
médicos. ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma?
Sí, un poco.
Es el colon.
¿Tú crees que una niña como yo es capaz de perforar su propia tripa a punta de
nadie? Ya. Chao, amiga.
Chao, nos vemos. ¿Me esperáis?
Sí.
Por lo menos podrías decirme de qué favor se trata, ¿no? No.
¿Para qué?
¿Para que andes toda preocupada después? No, no, no. Además, yo lo tengo todo
pensado. Esta señora se queda a dormir en nuestro dormitorio. Y nosotros
ocupamos la pieza que era de Gabriel.
¿Pero cómo se te ocurre si nosotros no cabemos en la cama de Gabriel?
Si es un par de días nomás, pues cálmena.
Oye, además, en ese dormitorio vamos a poder estar más apretaditos, más
calientes. Ay, no sé yo.
Tú sabés cómo es poder enredar. Yo me voy a hacer un atado de complicaciones.
Yo creo que no voy a poder con esta señora metida aquí en la casa. No, eso
que no.
Hoy es nuestra fiesta de aniversario.
Y nadie, ninguna cuestión nos va a echar a perder la fiesta.
Además, te voy a llevar a un lugar entretenido y romántico.
¿Ya?
¿Ya?
No me confíes.
Ya,
ya.
Millón de euros.
¿Ese tipo es tan loco?
Estamos en Chile, esto no es una película. No sé, Arturo, entiende, eso
que piden.
Esas son las condiciones.
¿De dónde vamos a sacar un millón de dólares? ¿De dónde vamos a sacar un
A ver, dime.
¿De tu empresa?
¿De tus asesorías comunicacionales? ¿De adónde?
Arturo, por favor, no es el momento. No, es que este tipo es increíble. Cree que
la plata cae del cielo, que la cagan las palomas.
¿Pero cómo se te ocurrió hace...
una cosa así. Dime, dime. ¿Cómo no negociaste?
¿Tú crees que esto es como negociar una maldita mesa de directorio donde todos
se miran las caras, todos se conocen?
No, Arturo.
Con esta gente no es así.
Ya, perfecto. Se negocia. Con esta gente, con cualquier gente, se negocia.
negocia! Ya, y ahora déjanos solos.
¿Pero qué vamos a hacer?
Tú no vas a hacer nada inútil.
Yo voy a resolver esto.
Voy a conseguir esa plata mañana, más tardar.
Ahora déjanos solos.
Solo recuerda que... que se trata de la hija de Isabel.
De todo modo... te agradezco.
No me recuerdes nada. Ni me agradezcas nada.
Ándate. Déjanos solos. Averigua algo.
Ya alguna cosa viene en tu vida alguna vez.
Denise, ¿cómo que no te puedes quedar?
No podemos dejar sola a esta señora en la casa.
Bueno, no puedo nomás, pues, papi.
Tengo una prueba súper heavy mañana y yo caché que voy a estar toda la noche
estudiando donde mi compañera. Yo le avisé a las dos hace una semana que
que traer a esta señora a la casa. ¿Cómo se te fue a olvidar, pues, hija? Bueno,
se le olvidó nomás, pues, mi amor. Ya, postergamos la celebración para otro día
y punto.
Pucha, mami, yo no quería.
Es que esta prueba es importante, po. Ya, ya, está bien, no.
Usted tiene que cumplir con sus obligaciones.
Ya no le falta nada para recibirse de secretaria. ¿Cómo va a descuidar su
estudio? Y más encima, por culpa nuestra, no, po, mi amor. ¿Cómo se lo
Oye, Carmen, ¿y qué pasa con nuestra cena romántica vieja?
¿Y por qué no le piden a Gabriel que se venga a quedar?
Ay, chicas, el Gabriel ya no vive acá en esta casa.
Él tiene su mundo, su vida.
Oye, oye, oye, no es mala idea, de verdad. No sé.
Una de esas, digo yo.
No nos quedamos con los crepos hechos, pues, Carmen.
¿Por qué no lo llamas tú?
Mira, estoy segura que es él.
Y la volvieron a hacer, ¿ah?
Felicitaciones, vieja.
Supongo que van a celebrar el acontecimiento.
¿Cómo?
¿Y qué hace un señor alojando en la casa?
Ah, el papá.
Bueno.
Sí, claro que puedo, pues, vieja.
Además, justo tengo que lavar una ropa y tú sabés que lavar a mano no es muy
fuerte.
Sí, sí, sí, ya te tengo que cortar, vieja, porque tengo que atender a una
paciente.
Sí, sí, un beso grande para los dos. Ah, oiga, y prepárense la noche porque les
tengo una sorpresita.
No, porque ya puedo contar cómo me va a hacer una sorpresa.
Ya, ya, ya, chao, chao, chao, chao.
Eh, discúlpeme.
Usted debe ser Lucía Moreno, ¿no? Sí, doctor.
¿Quiere que me saque la ropa?
No, no. No hace falta.
¿Trae sus exámenes?
Sí.
¿Qué pasa?
¿Es algo grave?
Señora.
Gracias.
Permiso.
¿Qué pasa, Arturo?
¿En qué estás pensando?
En la plata.
¿No la tienes?
Es mucha.
Isabel, es mucha.
Bueno, pero... ¿La vas a conseguir, no es cierto? ¿La vas a conseguir?
Nunca pensé estar metido en una mierda como esta.
Ay, Arturo.
Arturo, contéstame.
Tú le dijiste a Andrés que...
Mañana ibas a tener esa plata aquí.
No juegues con esto, por favor. Se trata de la Sofía.
Dime qué estila vas a conseguir.
Por favor, mi amor, no me dejes sola.
Si quieres yo... Yo... Te la devuelvo más adelante.
¿Y cómo?
No tienes un peso, Isabel. ¿Cómo me vas a devolver?
La secuestraron porque saben que yo tengo plata y que yo voy a pagar el
¿Por qué me hablaste?
Perdóname.
Es verdad que yo no tengo nada, Arturo.
Pero se trata de mi hija.
Arturo.
A mí...
No me importa, yo estoy dispuesta a quedar en deuda contigo por el resto de
vida, pero por favor, te lo ruego, ayúdame en esto.
Aunque la Sofía no sea hija tuya, ella siempre, siempre te ha querido
como un padre.
Eso es verdad.
No lo abandones.
Sofía, mi niña, ¿dónde estás?
No sé, mi niña.
Solo quería decirte que no me vuelvas a dejar sola.
No, mi amor.
Pobrecita. Algo muy terrible debe haberle pasado.
Pero qué elegante, por favor.
¿Y usted hasta cuándo se va a hacer el afuerino, mijito?
Cierto, ¿por qué no usa su llave?
Porque le gusta hacerse el interesante, ¿no, Herma?
Igual cuando yo me vaya voy a hacer lo mismo.
Es que es parte del juego, como ustedes saben.
Así me siento menos culpable de usar tu lavadora, viejita. Mi amor, ¿cómo que tu
lavadora? ¡Nuestra lavadora! Todo lo que hay en esta casa es de todos nosotros.
Y usted también es de nuestra familia, aunque le gusta andar por ahí con un
colchón y un... Ya, ya, ya, no empecemos.
El cabo sabe muy bien lo que hace. Además, mientras traiga detergente, da
mismo si toca el timbre o no toca el timbre.
No solo traje detergente, miren la sorpresita que les tengo.
¡Leandro!
¡Ay, ya cayó bomba! ¡Hola, familia!
¡Buenas noches!
¡Chao, chao!
¡Por favor, que hice mi ropa! Te culminó tu trabajo, hostia carmesita.
Ahora soy chofer de limosina. A ver cuánto te dura vos, Leandro.
¿Cuánto le duró la última pega a tu amiguito Gabriel?
Hasta lejos, maní.
Bueno, pero eso no es lo importante ahora, vos. Lo importante es que si
una pega a otra, así con tanta facilidad, es porque estoy en busca de
destino, ¿cachai?
Y yo sé que cuando le pegue el palo al gato, va a terminar fijándose en mi
acuerdo.
Bueno, ya. No más chachas.
Señor y señora Figueroa, los he venido a buscar para llevarlos de paseo donde
ustedes quieran.
Así que esta era la sorpresa.
Poder salir a pasear en limusina.
Con este incluyo. Así que, feliz aniversario, viejito.
Sáquenle el jugo a este gil nomás.
Si quieren hacerse cariñitos dentro de la limusina, le viene Leandro que sube
vidrio y lo va a comer. con todo confianza. Ah, y hasta un frijol en la
trasera. No, aparte de frijol, aparte hoy día, compadre, le instalé un
Bueno, bueno, nos vamos.
Su carroza os espera, por favor, acompáñenme.
Cuidado, cuidado.
Ya, vamos.
Cualquier cosa, problema con la señora, usted... No hay problema.
Chao. Páselo bien, ¿ya? Gracias.
Una ensaladita y una mechada en el refrigerador para que no pase hambre, mi
amor. Ay, ¿por qué es que me echáis? Nosotros tuvimos que comer poroto en la
mañana.
Pura la comida, pa' eso.
Pásalo bien, ya. Cuidado, cuidado.
Yo creo que debería estar estrictamente prohibido que una colega buscara a otra
como pretexto para esperar a su marido a la hora del happy hour. No me trates
como si fuera una gran voluntaria, ¿ya?
Si tú sabes que a mí me encanta salir con ustedes.
¡Me encanta!
En todo caso, Germán cada vez te deja menos salir con tu amiga.
No es lo que estás pensando.
En serio.
No hay que ver, sería ridículo que Germán sintiera celos del tiempo que
mis amigas. Pero si eres tonta, Emilia, si no es de nosotras que está celoso. Lo
que pasa es que él está preocupado porque nosotras te podemos guiar por el
camino. Y la verdad es que tiene toda la... ¿Viste que eres ridícula?
Para que tú sepas, yo soy una mujer felizmente casada. Y Germán no es ningún
hongro como tú crees.
Lo que pasa es que... Lo que pasa es que no hay nadie que no sucumba ante esta
exquisita forma de embriaguez.
Hola, Germán, ¿cómo estás?
Mira, tuve que suplicarle a Emilia que se quedara para no perder mi segundo
Sauer gratis.
Tú sabes que dos Sowers son una multitud para una mujer casada como yo.
Hola, Rosario.
Hola. Vamos.
Pero, por favor, si estamos recién en el primer brindis.
Siéntate, Germán. Si justamente estábamos hablando de ti.
Qué lata.
Discúlpanos, pero no contamos con mucho tiempo. Tenemos que ir a buscar a la
niña. ¿Vamos? Sí, es verdad. Nos está esperando.
A la niña. Oye, la niña tiene 18 años. Toma más picosagos que ustedes. Dos
puntos, por favor. Ya quédense. No sea agua fiesta, Germán. Rosario, buenas
noches. Que disfrutes tu happy hour.
Hasta mañana.
Chao.
¿Ya vamos?
Sí, vamos, vamos.
Buenas noches.
No voy a dejar sola a la Sofía.
Si está en mis manos, nada malo le va a pasar.
Te lo juro.
¿Y qué vas a hacer, Arturo?
Bueno, ahora voy a salir, voy a reunir al directorio para ver cómo consigo esa
plata lo antes posible.
¿Y qué puedo hacer yo mientras tanto?
Duerme un rato, descansa.
No sé qué haría sin ti, Arturo.
Ya, ya, descansa. Está tranquila, ¿eh?
Yo me encargo de todo.
¡Ah, Lucía! Cualquiera que te viera pensaría que vienes de otro Happy Hour.
¿Retiro?
Bienvenida, señorita Lucía. ¿A qué se le ofrece? Tenemos Campari, tenemos todos
los vodkas, Happy Hour, tal vez tenemos los vinos, la cerveza, el ron... Ninguna
de las anteriores, Carlitos. Solo privacidad.
Hay que ver tal primero, me parece bien.
Me parece que la señorita quiere hablar antes de tomarse un trago. Yo te llamo.
Pero que sea rapidito, porque el Happy Hour le queda poco minutito.
Ya, amiga.
Supongo que tanto misterio melodramático tiene una muy buena razón.
Ya, cuéntame, ¿quién fue el chico que te comió el coco?
Me voy a morir, Rosario.
¿Y te vieron el cosmopolita? ¡Ándate, Carlos! ¡Desaparece! ¡Ándate!
¿De qué estás hablando, Lucía?
Es una broma, ¿no es cierto?
Sí, así me parece de pésimo gusto, te lo juro.
Me quedan dos meses de vida.
Recórtala, Lucía. Si no conozco a nadie que tenga mejor salud que tú. No es
gracioso.
Lo único gracioso...
Es que hoy me sacaron los partes.
Y no los voy a poder pagar porque la situación es en tres meses más.
Ya, por luz y cortalada, ¿de qué mierda estáis hablando?
¿De qué me estáis hablando, de verdad? Si siempre dijimos que yo me iba a morir
primero. Yo tuve tifus, yo tuve hepatitis, yo tuve piel en el frito y tú
eres la loca pendeja que anda corriendo debajo de la lluvia y nunca se enferma,
nunca estornuda, nunca se resfría. ¿De qué estás hablando?
¿Quieres ver?
Esta es mi cita con la muerte, amiga.
Justamente aquí.
Mírame, Rosario.
Mírame a los ojos.
Tú sabes cuando estoy mintiendo.
El médico me lo acaba de decir.
Estos médicos vienen hablando pura juega. No puede ser, amiga. No puede
imposible. Si tú estás bien.
Me quedan sesenta días y sesenta noches. Y no pienso gastar un minuto en decirte
paso por paso lo que me dijo el médico cuando dio los exámenes. Pero Lucía, si
lo único que te dolía era el colon.
¿Para qué fuiste al médico? ¿Para qué hiciste esos putos matasalos? Pues
muérenos, somos unos carniceros. No entienden nada. No entienden que tú
una vida, Lucía. No entienden que yo te quiero.
No sacas nada con enojarte.
O putear contra los médicos.
La única verdad es que me estoy muriendo.
Y que te necesito.
Que te quiero, mi hija.
Te necesito en este momento, en Malacueva.
Arturo me había dicho que por primera vez hiciera algo bien en mi vida.
Y eso estaba haciendo Sofía.
Te estaba buscando.
Pero era tan difícil.
Santiago de Chile debía ser la única ciudad del mundo donde las calles
tres veces de nombre.
Rápidamente la confusión empezaba a volverme loco.
Gracias por ver el video.
¿Cómo que qué onda?
Apenas nos vemos en la semana y eso sí parece que te importa un carajo.
No quieres que sepamos nada de mí.
Vives enfrascada ahí en tu mundo.
Pero tampoco hay necesidad de agredirte, hermano. Hay necesidad.
Yo sé de lo que hay necesidad. Esta niñita necesita disciplina, necesita
Necesita aprender a escuchar y a respetar. Es música nomás, papá.
No estoy escuchando ni a Bin Laden, ni a la ETA, ni al CAEDA, ni a nadie.
Solamente es música.
No estoy tan seguro de eso.
Butch pensaba que los talibanes eran un grupo de error, ¿sabía?
Ya, pues, Javier, acórtala tú también, ¿sí? ¿Por qué no podemos tener un viaje
en paz?
¿En paz? ¿En paz con quiénes?
Ustedes lo único que hacen es hacer lo que a ustedes se les ocurra.
Y no han considerado que yo no soy la niñita que va atrás de su chiquita de
paseo.
Me da lata, me da plancha, me da vergüenza cuando me van a buscar a la
universidad. Hablas como si fuéramos unos monstruos.
Y a nosotros lo único que nos interesa es tu bien.
Pero si no quieres entender nada, nada de nada.
Sí, eso es verdad, Javiera.
Eso es cierto.
Desde que entraste a la universidad estabas toda alborotada. Nosotros te
desconocemos completamente.
Pero es porque nunca me conocieron entonces.
Porque yo estoy bien.
Yo soy mejor que nunca para que sepan.
¿Ah, sí?
Se nota.
Parece que estuvieras drogada.
Ah, no.
Eso sí que no es verdad. No es cierto, ¿no, Javiera?
Pero mamá, ¿qué más se te ocurre? Obvio que no.
Córtenla. Déjenme tranquila, porfa.
Si quieren saberlo, no, no me droguen. Soy la única sobria de todo mi curso.
¿Están contentos?
Está bien, amor, que yo creo en ti.
Lo que pasa es que estás tan rara, Javiera.
¿Por qué no comemos juntos esta noche, conversamos como antes, ya?
Mañana.
Esta noche tengo una fiesta.
¿Una fiesta?
Sí. Mañana es sábado, tengo derecho, ¿no?
Sí, si tienes derecho, claro, está bien.
Pero eso sí, nosotros te vamos a buscar y te vamos a dejar.
¿Ya? ¿Dónde es tu fiesta?
No te preocupes, mamita.
Me voy a pasar a buscar a Natalia.
Natalia.
Serenita va a ir a la casa.
¿Sí? ¿Algún problema?
Sí.
Oye, igual es un poquito grande.
¿Estás seguro que no me va a doler?
Oye, y... ¿Es tu primera vez?
No, pero igual.
No te vienes de que asustar.
Mira, la segunda vez duele menos que la primera.
Y la tercera, menos que la segunda.
Si tú lo decís.
En todo caso, dicen que el dolor está ligado al placer.
Esa es una declaración demasiado, Jaco. Es una pendeja como tú, ¿eh? Yo no soy
una pendeja.
Y haz tu mejor trabajo.
Porque soy una pendeja exigente.
Mmm, exigente.
Un tatuaje aquí es un regalito.
¿Vos cacháis?
O sea que por más que andís con tanga en el verano, nadie te lo va a ver.
Estas rosas con llamas son sólo con los privilegiados.
Eso, si te queda bueno.
A ver, yo soy el mejor en el rubro, ¿ok? Así es.
Bueno, me quedo.
Me lo hice yo solito.
Porque hay muy poca gente que puede decir lo mismo.
Un espejo y yo.
Nadie más.
Tocar para creer el corazón.
Veamos si estas balas pueden hacerme volar.
¿Te gustan, pendeja?
No, no me gustan.
Sí, soy yo quien habla.
¿Gabriel? ¿Qué Gabriel?
¿Gabriel Figueroa?
¿El doctor Figueroa? ¿Te acuerdas?
Claro, cómo olvidarlo, doctorcito.
¿Para qué me llama?
¿Para darme el tiro de gracia?
No,
no, quería... Quería saber cómo estabas.
La verdad, es la primera vez que doy una noticia como la que te di hoy y...
¡Presidencia! Para mí también es la primera vez que recibo una noticia.
La primera vez que me dicen que me voy a morir.
Pero entre tú y yo hay una gran diferencia.
Porque así hay una segunda y una tercera vez. En cambio para mí la primera es la
vencida.
Bueno, quería saber cómo estabas. Si necesitabas hablar con alguien.
Me da mucho gusto que me estés llamando.
No, no, no, por favor, no tienes por qué darme explicaciones.
Es obvio que sientes rabia, es obvio que yo sea el demonio en todo este asunto y
lo sumo.
Bueno, estemos en contacto, ¿te parece?
Gracias.
Uti.
¿Dónde estoy yo?
Amor, amiga.
Le pegué la punta.
¿Necesita algo?
Nada.
Ah, ¿ustedes eran...? Sí.
Es que me corté.
¿Cómo fue?
Hice una mierda de vídeo que me hizo sufrir.
Y ando un poco distraída. Es mucho.
Me voy a desangrar.
No, no, no.
Tranquila, tranquila, ¿ya? Yo te curo.
Ven. Ven.
Ven, ven.
Eso. Ahí sí.
Buenas noches, don Arturo.
Buenas noches, Frank.
Qué raro, ¿no es el mío?
Sí, soy yo.
¿Qué pasa?
Parecen luces para un entierro.
Ay, amiga, son luces solamente.
Luces de esta ciudad de mierda.
Que cada día nos tiene más neurótica.
Corriendo de un lado para otro como imbéciles.
La pura verdad.
Me siento perdida.
Desenchufada.
¿Qué se hace en un momento así?
¿De qué se habla?
No sé.
Podemos hablar de...
De mino, de sexo, de sushi.
Es mi hija.
Siempre tratando de subirme el ánimo.
También podemos hablar del libro que nunca escribí, del hijo que nunca tuve y
del puto árbol que nunca planté.
Tengo tanta pena que casi ni respiro.
Entonces tienes derecho a tu último deseo.
Juan Pablo.
Sea morir cuando le cuente.
Amiga, perdona, no quise decir eso. Me refería a que Juan Pablo, no sé, se va a
poner triste cuando le cuente.
Él te quiere mucho.
Yo también lo quiero mucho.
Sí, sí.
No.
Ay.
¿Tú dijiste algo de un último deseo?
Sí, claro, pero no entiendo.
Juan Pablo.
¿Juan Pablo qué?
Él es mi último bestia.
Quiero pasar una noche con él.
Quiero pasar una noche con tu marido.
Es una talla, ¿cierto?
Una talla muy fome por lo demás.
Amiga, no me hagas estas cosas que en este momento te lo juro que me lo creo
todo.
Ya, por Lucía.
Estoy escuchando. Dime que era una talla.
Hablando en serio, huevo.
Ya, por Lucía, no me asustes, por la cresta. Ah, bueno, se me pasó por la
No pensé que iba a ir a armar un escándalo así.
¿Un escándalo?
Mira, amiga, tú... Tú sabes que yo te adoro.
Eres mi mejor amiga, pero... Pero de ahí a prestarte a Juan Pablo, ¿por qué se
te ocurrió una cosa así?
No sé, fue cuando sonó el celular.
Se me ocurrió, me dijiste lo del último deseo.
Se me cruzó por la muerte.
Ya, olvídate, ya.
No he dicho nada.
¿Y eso te haría feliz?
¿Pasar una noche con mi marido te haría feliz?
Ya, olvídate.
Que si eso te haría feliz, yo... Yo podría hablar con Juan Pablo.
Estoy loca.
Sí, weona.
¡Estoy loca! ¡Estoy estéril!
Esto te va a herder un poco.
Pie de princesa, ¿eh?
Suaves, bien cuidados.
Se nota que no han tenido que recorrer mucho para llegar donde han llegado.
¿Me vas a curar o vamos a empezar una discusión sobre la lucha de clase?
Se nota que sabes lo que haces.
¿Eres paramédico o algo así? Soy médico.
Soy médico, pero claro, no debo casar con el perfil de los médicos a los que
estaba acostumbrada.
¿Será porque no tengo el delantal blanco puesto?
Perdona, no quise ofenderle. Ya está.
Ahí está.
En unos días más puedo volver a las pasarelas.
No soy malo.
Deberías serlo.
Algo hay que dedicarse en la vida, ¿no?
Uno no puede andar por ahí encerrado dependiendo de los demás.
Soy arquitecto y no dependo de nadie.
Pero claro, ¿a ti qué te importa?
¿Quieres comer?
No.
¿Tienes algo de beber?
¿Podrías vestirte, por favor?
Sí, bien, gracias.
Después te lo doy.
Ya, espera, está bien.
Me visto.
Gabriel.
Isabel. Isabel.
Isabel, despierta.
Despierta. Escúchame por la cresta. Isabel.
No se va a reír de mí ese hijo de puta.
¿Te vas a acostar?
Todavía no, mi amor. Más ratito.
Bien. Yo estoy cansado. Me voy a acostar.
Hasta mañana.
Juan Pablo.
¿Qué pasa?
Te quería hacer una pregunta.
Ven, siéntate aquí.
Se trata de la Lucía.
Quiero que me digas una cosa, pero que me digas la verdad.
Si yo te pidiera que pasaras una noche con ella, con la Lucía, ¿tú lo harías?
¿Cómo que pasaras una noche?
Si yo te pidiera que te acostaras con la Lucía, ¿tú lo harías?
Ya. ¿Te ayudó a subir a la pieza? No.
Yo puedo sola.
Será bueno.
¿Sí? ¿A quién buscas?
Legendario.
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