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SOLO CONFÍO EN UNA COSA DE UNA MUJER, QUE NO VOLVERÁ A LA VIDA

DESPUÉS DE LA MUERTE. ANTÍFANES

Hedda... Tesman.

¿Es cierto? ¿Esta es la casa de su marido?

Llámeme Hedda.

¿Podría contarnos lo que pasó anoche,

tal y como lo recuerda, antes del disparo?

No me acuerdo bien de todo.

Era una fiesta.

Lo haré lo mejor que pueda.

Recuerdo ver a una persona cubierta de sangre

- en mi vestíbulo. - Antes de eso.

- Gritaban mucho... - Antes.

¿Por dónde empiezo?

El principio.

¿Hedda?

Eileen Lovborg al teléfono.

Quiere hablar contigo. Insiste.

Eileen Lovborg, creía que no querías volver a hablarme.

Hedda Gabler. He oído que esta noche das una fiesta.

Sí. Para presentar al señor George Tesman y su señora en sociedad

y demostrar quiénes somos.

Quiénes no sois.

¿Vendrás?

Será como en los viejos tiempos.

Esperemos que no.

Hasta esta noche.

Eileen...

Cuidado, que paso con las patatas.

Te lo dije esta mañana, John. Quiero siete limones enteros.

- Buen trabajo, cariño. - Ponle más zumo.

Por fin una señora que sabe lo que hace.

Silvie, puedes hacerlo con más fuerza. Eso es.

Machaca bien las patatas. Bien.

Lo más rápido que puedas.

El hilo está suelto.

Nada de flores.

Sí, señora.

Hola. Quítelas.

Lo siento, señora.

Perdón.

¿Estás bien?

Flores. Flores por todas partes.

Buenos días, señora.

Fuera.

Buenos días, señoría.

Buenos días.

Juez Brack, llega pronto a la fiesta, ¿no?

Le he comprado esta casa, señora Tesman.

¿Lo castigo?

No me apunte con eso.

¿Se ha vuelto loca?

Ay, no. No le he dado, ¿no?

¿Su marido sabe que está ahí?

Pregúnteselo usted.

El juez nos dio el préstamo a pesar de tus payasadas.

Se lo devolveré con la cátedra y la donación.

Habla con el profesor Greenwood, ¿de acuerdo?

¿Con qué fin?

Él decide la cátedra.

Necesito su apoyo.

Y le gusta la gente como tú. Le gusta...

la gente bohemia y... No.

Si no se divierte esta noche, lo pagaré con creces.

Saldrá bien, Tesman. Será una velada amena.

Conocerás a mis amigos

y yo conoceré a tus compañeros.

Yo también tengo amigos. No seas grosera.

Pero son tus amigos. Son...

No, confía en mí. Son educados.

A Greenwood le encantarán. Y a ti.

Sí. Más vale que sea así.

Esta noche nada puede salir mal, Hedda.

- Hedda. Nada. - Te he oído.

Y no dejes esas armas a la vista.

Vale. Abróchame esto.

No, el collar no.

¿Ha vuelto a llamar Lovborg?

No.

Me sorprendió que estuviera invitada.

Olvidé mencionarlo.

Hedda.

¿Sí?

Todo esto está pasando porque tú querías. La casa, la fiesta.

Hemos invertido mucho dinero y esfuerzo... por ti.

Ojalá estés feliz.

¿No lo parezco?

Bailarás conmigo, ¿no?

Quizá.

Estás preciosa, cariño.

Gracias. Tú estás muy guapo.

Hola, profesor Greenwood.

- Gracias. - Gracias.

¿Brack sigue aquí?

Es prácticamente de la familia.

Sabe de negocios. Es útil.

Aprecia la diferencia.

Las gafas.

Señora Tesman, estaba...

Señor y señora Dunbar, qué bien que hayan venido.

- Un placer. - Gracias por venir.

- Me encanta su cosa de flores. - Gracias.

Juez Brack, ¿los acompaña?

- Claro. Adelante. - Gracias.

No es de mi gusto.

Profesor Greenwood,

gracias por venir.

- Buenas noches. Mi mujer, Tabitha. - Un placer.

¿Qué tal?

- Un placer. - Igualmente.

¿Champán, cariño?

- Gracias. - Por ahí.

Gracias.

- Muchas gracias. - Gracias.

- Es bastante oscura. - Baja la voz.

¿Has traído el porro?

Claro que sí. ¿Por quién me tomas?

- Madre mía. -¿Quién es?

Un hombre de aspecto peculiar.

¿Lleva un pendiente?

¿Quién es? No puede ser amigo de George.

- No lo sé. - No,

son amigos de la señora Tesman, sin duda.

Sí, haremos el truco de salón.

Le he visto hablar con Greenwood.

¿Desde cuándo lo conoce? ¿Lo conoce bien?

Bastante bien, la verdad. Desde hace unos diez años.

Puede que no me recuerde a la primera,

pero estuvimos en la universidad...

No sabíamos si estábamos en la dirección correcta.

Lo siento, Tabitha. ¿Qué decías?

Que nos hemos sorprendido al llegar.

Es muy bonita. Es más grande de lo que pensábamos.

Juez Brack, ¿conoce a la mujer del profesor Greenwood, Tabitha?

Dice que es pintora.

- Encantado. - Gracias.

Sea amable y tráigame uno de estos si va a por más.

Disculpen.

Qué maleducado. Para eso están los criados.

Pero sé que te gusta jugar.

¿Te he asustado antes con la pistola?

- No has venido a saludarme. -¿En serio?

- Me evitas. - Te encantan los retos.

- Pareces... -¿Qué?

Alterada.

La casa es preciosa.

- Más de lo acordado. - No empieces.

Ha venido la señora Ellison.

Dice que es amiga suya.

- Que pase. - Sí, señora.

Aquí tiene.

Qué amabilidad.

Dígame, ¿qué tipo de cuadros pinta?

¿De cosas bonitas?

Ay, no. ¿Ha venido andando?

Señora Tesman, siento interrumpir.

No sabía que estaba aquí, señora Ellison.

La habría invitado.

Solo quería hablarle de...

Solo para ver si...

¿Sí?

Eileen Lovborg.

¿Está aquí?

- Insisto, quédese. - No.

- Pero no vestida así. - Es que...

Vamos a cambiarle de ropa.

-¿Y sus invitados? - No me necesitan.

Tiene toda mi atención.

Solo quiero hablar con ella.

¿Cómo le ha ido? Desde que...

El instituto.

Sí. Ya.

¿Qué tal el señor Ellison?

¿Cómo van las cosas en casa?

Vamos, señora Ellison...

Por favor, pare. No me llame así.

Llámeme Thea.

Por supuesto.

Vamos a quitarle esta ropa, Thea.

Habla conmigo.

Amiga del colegio.

No éramos amigas en el colegio.

Me tirabas del pelo.

¿Sí?

Dabas mucho miedo.

No me acuerdo.

Cada vez que nos cruzábamos.

Una vez me dijiste que me lo quemarías.

Es increíble que no lo hiciera.

Que creo que este vestido podría servir.

¿Estarás mucho tiempo fuera de casa?

Sí.

¿Qué vas a hacer tú sola?

Trabajar.

-¿Con Eileen? - Sí.

No es tu color.

¿Y el dinero?

Escribo. Escribí el último con Eileen,

el que se agotó hace dos semanas.

-¿Lo han publicado? - Mi nombre no sale.

Pero tenemos el primer borrador del siguiente, y...

Es su mejor obra.

Es nuestro...

¿Vuestro bebé?

Sí, podría decirse que sí.

Mi nombre sale debajo del suyo.

¿"Thea Ellison"?

Clifton. No quiero el nombre de mi marido.

Sí el de tu padre. Levanta los brazos.

Es un poco tosca.

Dicen que la detuvieron por beber y alterar el orden.

Ha cambiado. Está más tranquila.

Tiene cuidado.

¿Ha cambiado?

Hice que dejara el alcohol.

Ahora entiende lo mal que le sienta.

Menuda impresión has causado.

- No lo creo. - No seas tímida.

Parece que has reformado a nuestro bichito del amor.

- Eso dice ella. -¿Sí?

Y tú estás aquí para que no se meta en líos, ¿no?

Va a venir, ¿no?

Sí.

Por favor, no digas nada.

Me preocupo.

¿Y dejaste a tu marido antes de lo planeado?

- Necesitamos otro cubierto. - Enseguida.

- Muévanse, vamos. -¿Cómo?

Vamos, vamos.

Perfecto.

¿Lo ves? Ningún problema.

Esta, amigos míos, es Thea Ellison.

Thea.

¿Sí?

Sí.

Quiero más, por favor. Gracias.

¿Traduce el griego clásico?

- Sí. - Me encantaría preguntarle algo.

No creería lo que he encontrado en estas bibliotecas.

Documentos antiguos, notas y papeles que nadie sabía que existían.

Aprovechó la luna de miel.

- No perdió el tiempo. - No.

¿Estuvo investigando en su luna de miel?

¿Los seis meses?

Sí.

¿No hizo nada más animado?

Hedda tiene un apetito insaciable.

Comimos en muchos restaurantes excelentes.

Sí, le encanta comer fuera.

Será amiga de la señora Tesman.

Sí.

Es Jane.

¿James? ¿Es nombre o apellido?

Apellido. Profesor John Henry James.

¿A quién miras?

- A nadie. - A todos.

Hay una mujer con la que Eileen... tenía cierto trato.

Y dice que intentó dispararle cuando Eileen la dejó.

Aquí no se hacen esas cosas.

Esa mujer ha vuelto.

Si está aquí cuando llegue,

la cosa se puede poner fea.

No te agobies, Thea.

Preocúpate por Eileen cuando llegue.

No quiero que pierda esta oportunidad.

¿Cuál?

En la universidad.

La cátedra y la donación.

No lo admite, pero necesita el trabajo.

No solo por su bienestar, sino por las deudas.

Le enseñará el manuscrito a Greenwood.

Espero que sirva, pero...

No hablemos de negocios aquí.

No me preocupa nada.

Conseguiré este puesto y empezaré a pagar mis deudas.

Eileen Lovborg solicitará tu puesto

en la universidad.

Con la donación y todo.

¿Qué?

Ha pedido que la consideren.

¿Estoy compitiendo con esa mujer?

Ha engatusado al profesor Greenwood.

-¿A él o a su esposa? - George.

¿Qué ha hecho?

¿Qué va a hacer?

Seguro que has oído los rumores.

He oído que ha cambiado.

- Ha dejado de beber. -¿En serio?

En casa de los Ellison.

¿Qué más da?

Nos casamos, pedimos dinero prestado.

Nos endeudamos porque el puesto era casi mío.

Pero ha vuelto a aparecer Eileen Lovborg.

No tengas miedo a la competencia.

Esto no es un juego.

Ni te importa.

Me importa muchísimo, mi amor.

Estoy deseando ver cómo acaba.

Odia deber dinero.

Ya le he dicho que no hay prisa.

Pero ojalá hubiéramos gastado menos.

Calla. Ven.

¿Adónde me llevas?

Que te calles.

Menuda casa.

Y algunos amigos de su mujer son muy interesantes.

Lo sé.

¿Qué es esto?

¿No será la llave de tu corazón?

De la caja de las armas.

La encontré en el desván.

Antes me disparaste con el arma del general Gabler.

¿Puedo comprártelas,

ya que las tienes?

Es lo único que me dejó.

Hay hijos ilegítimos a los que les ha ido peor que a ti.

Gracias por recordármelo.

¿Sabes cómo me llamaba mi padre?

Su cosita bonita.

Así que me dio sus cosas más bonitas.

Estas.

Siempre has sido una cosita bonita.

Te he echado de menos día tras día.

Yo también.

¿En serio?

¿No te lo estabas pasando genial?

Genial.

Tesman ha dicho que...

Para él fue genial.

El muy soso.

Tú lo has elegido.

Se me acababa el tiempo.

Bueno...

¿Qué sabes

- de la reaparición de Eileen Lovborg? -¿Qué pasa?

¿Cómo está?

Como tú has dicho. Va por buen camino.

Aún tiene amigos de baja estofa, pero son muy divertidos con moderación.

¿Por qué?

- Te gusta, ¿verdad? - No.

Te tiene pillada.

A mí no me pilla nadie.

¿Ah, sí?

Esta casa es asunto tuyo y de Tesman.

Esta casa siempre ha sido para ti.

Dijo que la necesitabas.

¿Te lo creíste?

Creéis que esta casa es la gran pasión de mi vida.

-¿No? - No.

Tesman solía acompañarme a casa el verano pasado.

Pasamos por aquí una noche y hubo una pausa en la conversación.

¿Compré esto por una pausa?

Fue una pausa deliberada.

Deliberadamente retorcida.

Estaba muy nervioso intentando pensar en algo que decirme,

algo ingenioso. Y...

Supongo que me sentí... mal por él.

No sé, Roland. Se me ocurrió decir que quería la casa.

-¿Así, sin más? - Así, sin más.

¿Y?

De repente, estaba casada con él.

Y mi ocurrencia tuvo sus consecuencias.

Como suele pasar, Hedda. Nos pasa a todos.

A veces no puedo evitarlo.

Hago cosas que se me ocurren de repente.

No sé por qué.

Bueno...

Eileen.

¿No has oído nada?

Nada que pudiera perjudicar a George.

Aléjate de ella, Hedda.

Sigues siendo la hija del general Gabler. Y esa mujer es...

La competencia.

Para mí no.

Ven.

No te resistas.

No tienes poder sobre mí.

Yo controlo esto.

Yo digo cuándo.

-¿En serio, Hedda? -¿Qué?

Si sin querer me he resignado a una vida de pobreza,

será mejor que lo haga con estilo.

Sentía que no podía respirar.

Se pondrá bien. A mí me ha pasado.

¿Por qué no sube

y le aviso cuando llegue la doctora Lovborg?

De acuerdo.

No se encuentra bien.

Pobrecita.

No te preocupes.

Vamos con los demás.

Hedda, cariño. Música más animada.

¿Qué?

¿Qué te pasa?

Creía que iba a ser un fiestón.

Estabas desatada cuando me invitaste.

La música. Joder, Hedda.

Calla, Jane. Te he oído.

Algunos de mis invitados están inquietos. ¿Me ayudas?

Claro.

Dos...

Mucho mejor.

Ustedes.

- No. - Venga. Solo es un vals.

Está deseando.

Vamos, cielo.

Usted.

Puede que luego.

Le tomo la palabra.

-¿Querida? - No puedo.

Vamos.

Ahora les toca.

Georgie. ¿Me lo puedo llevar?

Hedda.

Gabler.

Doctora Lovborg.

Cuánto tiempo.

- Gracias por venir. - Gracias por invitarme, Tesman.

Señora Tesman.

Pase, por favor. Tómese una copa.

He traído a unos amigos, si no les molesta.

Cuantos más, mejor.

Entrad.

Es usted preciosa.

Encantadora.

Contrólate. Este es su marido, el doctor George Tesman.

¿Y el bar, George?

Ahí.

Vamos.

Por favor.

Dijiste que eran educados.

- Y lo son. - Hedda.

Esto no es... culpa mía.

Ya.

Doctora Lovborg,

he oído que su nuevo libro se ha vendido muy bien.

Qué emocionante.

Tengo una copia.

Aún no lo he leído, pero...

Ahórrese la molestia.

No hace falta ser humilde, doctora.

No lo soy. No es gran cosa.

Las críticas eran buenas.

Eso es lo que quería.

Por eso no puse nada controvertido en el libro.

¿El libro no trata sobre el sexo?

En la era clásica.

A nadie le escandaliza que la gente folle en cerámicas milenarias.

O quizá me equivoque.

En fin...

La obra de verdad es esta.

Una secuela de la primera.

¿Qué queda por tratar?

- El futuro. -¿De?

Del sexo. Sí.

¿Qué podemos saber del futuro de eso o de cualquier otra cosa?

Podemos señalar tendencias.

Nunca se me habría ocurrido escribir algo así.

Probablemente no.

Lovborg.

Señor Greenwood.

Me alegro de verla tan bien.

Gracias.

¿Una copa?

Muy tentador, pero no, gracias.

Prefiero agua o un refresco.

¿Un refresco?

¡George!

¿Tienes un laberinto?

¿Puedo verlo?

Es la única copia completa que tengo, y no la vas ni a tocar.

Hedda, cariño.

- Sí. - Ven conmigo.

Señora Tesman.

Hedda, querida.

Déjanos hablar.

Ven.

Hedda, espera. ¡Hedda!

¡Hedda!

Hedda, ¿dónde estás?

Hedda Gabler.

Casada.

Con George Tesman.

Sí.

Qué remedio.

¿Por qué te has rendido?

¿Qué?

Es tan...

Es amable.

Es académico, como tú.

- Es blanco. - Es...

- Y de clase media. - Tiene un buen trabajo.

-¿Sí...? - Quizá lo tenga.

¡Hedda!

¿Cuándo entenderás que todo lo que necesitas

debes construirlo tú misma?

¿Qué harás cuando se aburra?

Cuando te deje. Cuando te descubra.

Creo que saldrá bien.

No para de decir que quiere cuidar de mí,

darme lo que quiera.

¿Como esta casa ridícula?

Su ambición es más grande que su bolsillo.

El juez ayudó un poco.

Le prometió a mi padre que me cuidaría.

Una ayuda ocasional...

Menudo ménage à trois.

¡Hedda!

¿No me echas de menos?

Como a un apéndice.

Ahora eres feliz. De repente. ¿Eso es?

Es por la buena compañía.

- Un ojo rápido. - No.

No, Hedda.

- Hedda. - Hedda.

Ahí estás.

Las vistas en el Val d'Ampezzo

- eran impresionantes. -¿Sí?

¿Cómo se llamaban esas montañas?

Los Dolomitas.

Los Dolomitas, por supuesto.

- Por favor. - Qué montañas.

He oído que te has curado de tus vicios.

Nunca te curas de tus vicios. Te resistes a ellos.

-¿Y te resistes? - Sí.

¿Siempre?

Tres meses y tres días.

No me lo creo.

Me trae sin cuidado lo que creas.

La mujer que conocí no podía parar cuando empezaba.

Por eso nunca empiezo.

La boda de tu hermana.

Estabas borracha y drogada, si no recuerdo mal.

Por eso nunca empiezo.

¿Ha vuelto a hablarte?

¿Te deja ver a los niños?

Cállate, señora Tesman.

- Qué susceptible. - No.

Estoy enfadada conmigo misma por haber confiado en ti.

El poder que tenías sobre mí.

¿Crees que tenía poder sobre ti?

Sí, el que esgrimen las mujeres inteligentes que se aburren soberanamente.

¿Adónde vas?

¿Dónde está Thea? Estoy harta de correr por este ridículo seto.

Llevo menos de un día aquí

y ya estoy metida en tu frívola vida.

-¿Frívola? - Frívola y cobarde.

Pierdes el tiempo. Das vueltas como una cucaracha,

cumpliendo el sueño de un hombre.

- Cumple el tuyo. - Por favor.

Venga, trabaja. Escribe.

Haz lo que sea, haz algo.

Me fui de casa de mi madre a los 17.

Cuando encontró tu libro de sexo lésbico. Lo sé todo.

No sabes nada.

Pues sí.

Yo también he investigado.

¿En secreto, supongo?

Donde nadie pueda sospechar.

Para no manchar tu reputación.

Siempre.

Hedda, podrías conseguir mucho más.

Mírame a mí. Podrías hacer cualquier cosa.

¿Como qué?

¿Ser profesora?

Dime, ¿cuántas mujeres hay en la universidad? Dando clase.

Dos.

Y las dos son blancas, supongo.

Lo que tú digas.

Te molesta que no te eligiera.

Me molestó. Entonces.

Ya no. No desde hace mucho tiempo.

¿Desde Thea?

Sé que sigue ahí.

He visto su bolso en la entrada.

Las cucarachas pueden vivir sin cabeza una semana.

¿Perdona?

Está arriba.

Hedda.

Menuda pareja. Thea y tú.

Es genial.

El acoso la convenció de que era estúpida.

Me lo creo.

Dejar a su marido por una promesa y una mención dice mucho.

Sí, dice que es valiente.

Cuidado. Me vas a poner celosa.

¿Qué?

¿Aún te gustan las pistolas?

Sí.

¿Por qué no me disparaste?

¿Al irte?

Al irme.

Porque querías que lo hiciera.

Por supuesto.

¿Qué?

Cobarde por naturaleza.

Ese no fue mi mayor acto de cobardía.

¿Ahora eres más valiente?

Claro que no.

¿Dónde está Thea?

La segunda puerta.

¿Dónde estabas?

Llamé a tu casa, pero dijeron que te habías ido.

Tenía que irme.

No te alegra tener compañía.

Sí que me alegra.

Es que...

Estoy pensando que, cuando todo el mundo se vaya,

la casa se me hará grande, ¿no?

Si no puedo ni dar fiestas como quería...

Quizá podría hacer que Tesman se interesara por la política.

No, querida, la política no es lo suyo.

No le pega ni lo más mínimo.

Quizá, pero ¿no podría facilitarlo yo?

¿Obligarle?

-¿Por qué obligarle a fracasar? - Te lo he dicho.

¿Crees que es imposible que se convierta

en ministro?

¿Ministro?

Para ser ministro, necesitaría dinero.

- Mucho dinero. - Dinero, dinero, dinero.

¿Qué te pasa?

¿Es imposible?

¿La cátedra?

¿Sinceramente?

Quizá... Me sorprende tanto como a ti la nueva Lovborg.

Vuelve por la puerta grande,

es atrevida y provocativa, y es una mujer.

Eso gusta hoy en día. Con moderación.

Preocúpate por otra cosa.

Seguro que tienes más responsabilidades.

Algo más... urgente.

Nunca pasará eso.

- Nunca. -¿Por qué no?

Sería una madre pésima.

Se me daría fatal.

Elegiste la opción segura.

La única opción, la verdad. Para alguien como tú.

Ya no puedes hacer nada.

Haz tu papel y no te metas en líos.

Que el profesor Greenwood no tenga el vaso vacío.

Ese de ahí.

Sí, señora. Muy bien.

¿Qué desea, señor?

- Un manhattan. - Muy bien.

Disculpen.

He oído hablar mucho de usted, señora Tesman.

No tanto como para no llamarme así.

Si vamos a ser amigos.

¿Quiere ser mi amiga?

¿Qué ha oído?

Que antes de ser domesticada, era como el fuego.

Menudo poeta.

-¿Es obvio? - Como todo lo demás.

Háblame de mí.

¿Sabes que lo haría?

Pero estás demasiado sobrio para tanta sinceridad.

Estoy de acuerdo.

En ese caso...

Un martini para el caballero.

Y uno para la señora Greenwood.

Acabarás arruinada.

Seré una esposa arruinada.

No seré una mujer arruinada.

Cuando publiquen el libro,

nadie podrá decir nada en nuestra contra.

Lo harán.

Pero no importará.

Tranquila.

Están todos borrachos y no saben lo que ven.

Qué imagen tan bonita.

¿Puedo quedarme el vestido esta noche?

Lo lavaré y te lo devolveré mañana.

- No os vais, ¿no? - Mejor resistirse a la tentación.

Vamos, Eileen, eres más fuerte que eso.

- Vamos. - Qué pena.

He venido a decirte que el profesor Greenwood

quería hablarte de tu libro.

El nuevo.

¿Ha preguntado por mí?

Y está con la guardia baja.

Hedda, te necesito abajo.

Solo un momento.

Ya.

Por supuesto.

¿Qué hacías ahí arriba?

¿Has hablado con el profesor Greenwood?

La tesis central define la empatía como un trastorno.

Eso es muy interesante.

Yo he llegado a conclusiones similares.

¿Adónde le ha llevado?

Bueno, no hace falta empatía...

- Señora. - No, gracias.

¿De qué te ríes?

Hedda la va a liar. Lo sé.

No pasa nada.

Tú mantente lejos de sus garras.

Disculpen.

¿Cuándo vas a hablar con él?

Cuando acabe con Tesman.

Profesor Greenwood, ¿le gusta el whisky?

Sí. Muchísimo.

Pues necesita otro.

- Vamos. -¡Qué bien!

Has venido a enseñarle el libro. Adelante.

¿Me acompaña?

Profesor, yo le acompaño.

Seguro que Hedda viene.

Verá cuánto has cambiado. Todo el mundo lo verá.

No hay que tener miedo.

No tengo miedo.

Vamos.

Mantén la compostura. Si puedes.

- Hola. - Hola.

-¿Una copa, señora? - No, gracias.

¿Qué tramas?

Nada en absoluto.

Debería irme antes de que pase algo terrible, ¿no?

No seas tonta.

Hay que irse cuando pase algo terrible

y antes de que llegue la policía.

Eres tremenda.

Hedda.

-¿Le interesa? - Señora Tesman.

Una fiesta maravillosa. Una mezcla ecléctica.

Quería asegurarme de que fuera divertida.

No podíamos hablar de tumbas, libros y la Edad de Bronce toda la noche, ¿no?

Estoy deseando leer su libro, Eileen. Suena fascinante.

Podría conseguirle una copia.

Si quisiera escribir una reseña anticipada en su diario.

A ver si encontramos espacio.

Bueno, tengo que irme.

¿Dónde está mi mujer?

En el laberinto, creo.

Buenas noches, señoras.

- Doctora Lovborg. - Profesor Greenwood.

Nos vemos pronto.

Un placer.

Roland, ¿qué tal?

- Reginald. - Me alegro de verle.

- Lo siento mucho, profesor. - Muchas gracias.

-¿Has oído eso? - Sí. Es increíble.

- Está pasando de verdad. - Te lo prometí.

-¿Un martini, señora? - Bebe algo, pareces sedienta.

No bebo.

Eileen, una copa no es nada.

Ella tampoco bebe.

¿Nunca? Creía que solo bebías menos.

Yo no he dicho eso.

¿Y si te obligo?

Sería cosa tuya.

¿No me harías caso?

En eso, no.

Creo que deberías.

Es ridículo. Es absurdo.

-¿En serio? - Para Thea vale, pero no para ti.

Puedes escribir tus libros

y dar clase en la universidad,

y quizá consigas trabajar con ellos,

pero nunca te respetarán si creen que no puedes beber

- como los chicos. - Hedda.

Ya viste la cara de Greenwood cuando pediste un refresco.

Como una fragilucha.

-¿Qué has visto? - Desprecio.

Estoy acostumbrada.

Al desprecio por tus gustos, sí.

Pero por tu mente...

Por tu carácter.

Da igual lo que piense.

Una mujer de principios.

¿Qué te dije antes?

- No te agobies tanto. -¿Agobiarse?

¡Hedda!

Compruébalo tú misma.

Este estado de pánico mortal, se parecía a esto.

¿Pánico mortal por mi culpa?

Tranquila, Eileen. Solo le pidió a Tesman que te cuidara en la universidad.

¿Cuidarme?

- Para no meterte en líos. - Hedda.

¿Como mi niñera?

- No. - Supongo.

- No. - Algo así.

-¿Qué estás haciendo? -¿Yo?

Con todo lo que hemos pasado,

¿vienes aquí y metes a mi colega en mis asuntos?

Debe pensar que...

De los académicos a las cotillas de la esquina.

Cobarde por naturaleza.

A su salud.

Eileen.

Por favor, llámame doctora Lovborg cuando estemos con mis colegas.

Creo que iré a hablar con su marido, señora Tesman.

¿Por qué eres así?

Ya debes de conocerla.

Ay, Dios.

Mantendrá el control. Ya verás.

Sé quién eres.

No quieres que ella controle.

No soy tonta, Hedda.

No, no eres tonta.

Eres muy lista, ¿verdad?

Muy valiente.

Quizá debería quemártelo, después de todo.

Suéltame.

Si estropeas esto, nunca te lo perdonará.

Creo que sí. Puede salir mal.

Es totalmente revelador.

¿Quieres ir a nadar?

-¡Sí! -¿Vamos todos?

¡Atención! ¡Vamos a nadar!

-¡Sí! -¡Vamos!

- Pero no tengo bañador. - No lo necesitas.

¿Nadamos?

Doctora Lovborg, ¿me permite?

- Ven, querida. - No. Nos vamos.

¿A qué tienes tanto miedo, Thea?

Vamos, cariño. Vamos. Venga.

- Eileen. - Thea, ven.

Gracias, cariño.

Vamos a nadar.

No, estoy bien cerca del fuego. Gracias.

Quien no se moja no gana.

No seas aburrida.

No soy aburrida. Hace frío.

Jane, dile que no sea sosa

y se meta en el lago.

Thea, no seas sosa

- y métete en el lago. - No.

- Vamos. - Thea.

- Sé valiente. -¡Thea!

¡Thea!

¡Thea!

¡No!

¡Eileen!

¡Eileen! Necesito...

¡Deja de reírte de mí!

¡Eileen! ¡No!

¡Ay, Dios!

Ay, madre.

¡Mierda!

¿Me avisas si se nos va de las manos?

El poder conlleva ciertas libertades, George.

Disfrútalas.

Thea, espera.

- Estás siendo... - Vamos.

No le des importancia.

Se recompondrá. Deja que se calme.

Lo pagaré por la mañana.

¿Puedo mirar?

Haces lo que te da la gana, ¿no?

Por supuesto.

Si no, ¿qué sentido tendría?

Ay, madre.

Lo siento mucho.

¿Tabitha?

Tabitha...

- Lo mataré. -¡No, Reginald!

¿Quién era ese hombre?

Vamos.

¿Cómo te atreves?

Espera a que salga mi libro. Ya lo verás.

Eso es lo que dijo David.

¿Está aquí fuera?

Sí. Llevo horas sin ver a ese idiota.

Venga ya. No salpiques.

-¡Reginald! ¡Para! -¿Quién era ese hombre?

- Lo voy a matar. - Mierda.

- No ha sido nada. - Joder.

Abrid la puta puerta.

- Abrid la puta... ¡No! -¡Mierda!

- Dios mío, ¿ese es David? -¡David!

David, ¿qué haces?

¡Reginald!

- Venga ya. -¿Quién era?

¿A quién estaba montando?

Venga, vamos.

Menudo drama.

Vamos. No podemos perdérnoslo. Venga.

Disculpen.

Hola, chicos. ¿Os sobra uno?

Me temo que no. Es posible que...

¿Quién quiere bailar?

Uno... Solo uno.

¿Bailamos?

Música, por favor.

¿Listos?

¿Quién se la ha follado?

Dispararé al que se acuesta con mi mujer.

Se va a quedar sin balas.

¿Qué clase de arma es?

¿Qué más da?

El arma nos define.

Eso decía mi padre.

Parece una Webley.

Yo también le dispararía.

-¡Hedda! - Pues sí.

Pero...

Si baja el arma, todo será olvidado y perdonado.

¿Verdad, Brack?

Aún no se ha cometido ningún delito.

¡Tú!

Joder, qué gente.

Acaban de hacer la obra.

El primer día y ya están decididos a destruir la casa.

Y una casa tan bonita.

¿Es tan bonita como la tuya?

No, pero creo que mis jefes tienen más dinero.

Si tienen algo, ya tienen más que estos dos.

Esta casa va de vuelta al banco.

Quizá sea la última fiesta

antes de que la conviertan en una atracción turística.

¿Su propia casa?

Abierta al público.

Es parte del trato, por lo visto.

Reciben una subvención para las reformas,

llevan el mantenimiento y se la quedan por muy poco.

Poco para ellos, no para nosotros.

Prácticamente en ruinas antes de que aparecieran.

No le veo mucho sentido,

pero la señora deseaba esta casa con fervor, por lo visto.

Ni siquiera tiene bastante servicio.

Estas chicas están contratadas por una noche.

Soy la única empleada, y porque trabajaba para su tía.

Es una buena mujer. Pero malcría a su sobrino, Tesman.

Tengo un hijo como él, obsesionado con los libros.

Ahora da clase. Nunca ha sido tan feliz.

No como Tesman. Cuanto más consigue, más quiere.

Y ahora va y se casa.

Pobre gilipollas.

Te he estado buscando.

Hedda Gabler.

Menudo espectáculo.

¿Satisfecha?

¿Qué?

Solo quiero mirarte.

- Eileen. -¿Por qué me has hecho beber, Hedda?

Quería hablar contigo.

¿Por qué no...?

No estabas siendo tú.

He cambiado, eso es todo.

La gente no cambia.

Por lo visto.

¿Crees que...?

¿Que tú y yo...?

De haber accedido...

Nunca lo habrías hecho.

Cobarde por naturaleza.

Sí.

Pero ¿crees que...?

He intentado no pensar en ti, Hedda.

Si hubiera podido,

las cosas habrían sido distintas.

Podría haber sido tu compañera en todo esto.

Haber hecho lo que dijiste.

Construir algo contigo. Podría haber sido...

Feliz.

Sí.

Creía que nunca iba a poder ser feliz.

Creía...

...que ser desgraciada era lo que merecía...

...lo que recibía...

...por mi vida indecente.

Desde entonces he aprendido que no soy así.

Pero tú nunca podrás ser feliz.

Creo que tenías razón.

Puedo.

Pero así no.

- Así no. - Lo tienes todo.

No tengo nada.

No sientes nada.

Te quiero.

Fue una locura.

Si me hubiera quedado,

habría muerto, por tu mano o la mía.

¿Para qué has venido?

Para asegurarme de que no te quería.

¿Y?

No te quiero.

Thea dejó su vida por mí.

Ella... me hizo mejor.

Me enseñó a ser valiente.

La quiero.

Tenía que asegurarme de que podía dárselo todo.

Lo tienes todo calculado.

No te enfades.

No lo estoy. Deberías ir con ella. Pero...

Tus "peros" tienen bordes afilados.

Pero, primero, termina lo que empezaste.

Ve a la biblioteca, habla con tus colegas.

- No. - Jugaste con las chicas.

Ve con los chicos.

Estoy muy borracha.

Estás bien.

Ven. Ven aquí.

Muy bien.

Perfecta. Vamos.

¿No estás enfadada?

Yo... Dios, Eileen.

¿Alguien quiere algo?

Un old-fashioned.

Yo también.

Tres martinis de ginebra. De acuerdo.

¿Qué pasa con la chica?

¿Qué chica?

Thea.

Trabajamos juntas en el libro.

¿Eso es todo?

No.

¿Es su musa?

Musa.

"Musa" es la palabra de un hombre

para mujeres de las que aprenden, a las que a veces roban

y no quieren reconocerlo, pero que se quieren follar.

O se están follando.

¿Eso está en el diccionario?

En el Merriam-Webster.

¿Está en su libro?

¿Qué más hay en su libro?

¿Cómo se le ha ocurrido?

Sabía que tenía que escribir este libro

después de una conversación muy esclarecedora con un joven en un bar.

Fui con una amiga mía. Está aquí. Diana.

Era tarde, antes de cerrar, y pensamos:

"¿Por qué no? Solo una más".

Le gustan los escenarios, un poco de espectáculo,

así que fuimos a Cissy's.

¿Ese antro de perdición?

No sean mojigatos.

Entramos, nos sentamos en el bar, encendí un cigarrillo,

Diana pidió su whisky

y charlamos con los camareros.

Y había dos.

Altos. Bien.

Con el mentón hundido. Mal.

Pero típicos de su estilo.

¿Y qué estilo es ese?

Hijos bastardos olvidados por los señores.

Coqueteamos un poco.

Obviamente, conmigo no iba a ninguna parte.

Después empezaron a aburrirnos y nos fuimos a una mesa.

Cuente el folleteo, Eileen.

Vale.

Estábamos ahí sentadas.

Diana se quejaba del soso de su marido, Richard,

un aburrido y un mezquino.

Y le escuché tanto como puede alguien que ya ha decidido

no perder el tiempo intentando complacer a un hombre.

Y entonces mi camarero de mentón retraído se acercó,

se colocó en la mesa de al lado y dijo:

"Hola, me pareces preciosa.

¿Puedo olerte los pies?".

¿Y qué respondió?

Dije: "¿Para qué?".

Y respondió:

"Es lo mío. Me gusta. No seas tímida".

-¿Lo suyo? -¿Le dejó?

Claro que no, panda de pervertidos.

Le dije que prefería mis encuentros sexuales

consentidos y en privado.

¿Eso era sexual?

Eso pensé.

Quizá toda la gente tenga un algo suyo, que le guste,

que sea diferente, puede que nuevo.

Y a medida que algunas de esas filias ocultas se normalizan,

me pregunto por qué las del presente

no van a ser normales en el futuro.

Todos oleremos pies y nos masturbaremos dentro de diez años.

A saber qué se le ocurre, juez Brack.

Seguro que será mucho más escandaloso.

¿Cuáles son esas cosas nuevas?

Compre el libro.

O venga a una de mis charlas en la universidad.

Prometo que les daré a sus mujeres una copia del libro gratis.

¿Te molesta la diversión, criatura miserable?

Si quieres irte, vete.

Es inútil esperarla como una doncella.

Esto es demasiado.

- Estoy preocupada. - No.

Estás más fea si te preocupas.

No me iré sin ella.

Muy bien. Pues entra y dile que suelte el vaso.

¿Es a ella a quien quieres?

¿O al libro?

Ojalá te atragantes.

Aún no está decidido.

Y si me lo dan a mí, hay muchas universidades

que te contratarían. Estoy segura.

Necesito el dinero, Eileen.

Estoy casado...

Con Hedda Gabler.

Sí que necesitas el dinero.

Hedda Tesman.

Se me olvida.

¿Dónde está tu mujer?

Suele estar acompañada de hombres folloneros.

No la conoces muy bien, ¿no?

Conozco a Hedda Gabler desde que era una niña

y desfilaba con su padre en caballos de primera.

El general y Hedda.

Pasaban galopando por mi casa cada domingo.

Iba con ese traje negro, ya sabes cuál.

- Con la pluma... - La pluma, sí.

Con la pluma.

Mi madre...

Una vieja amargada.

Se me acercaba y me decía:

"Mira a esa zorra

- haciendo el ridículo". - Eileen, Eileen, Eileen.

No.

¿Qué más podemos hacer, chicos?

La noche es joven.

Tengo mucha sed.

Cuidado.

Estoy bien.

¿Qué? ¿Cuento otra historia?

Si te quitas la ropa.

Léenos algo de tu nuevo libro.

O del anterior. Da igual.

Zorra.

Bueno, ya basta. Ya basta.

Ya basta.

-¡Puta! - Ven...

-¿Qué has dicho? - Eileen.

-¿Qué has dicho? - Eileen.

Cálmate. Estás haciendo el ridículo.

¿Qué más da?

Conseguiré el trabajo.

Tendré todo lo que quiera

y tú tendrás a Hedda Gabler por ahí

haciendo lo que le plazca con quien le plazca.

Hedda Tesman... me quiere.

Hedda Gabler solo se quiere a sí misma,

y Hedda Tesman no existe.

¿Te ha gustado?

¿Cómo retener...

a una mujer así? ¿Cómo puedes controlarla?

Con una cuerda.

Eres un hombre con suerte.

Es un premio, sin duda, pero no es un caballo,

no la puedes domesticar.

Sí.

A veces me gustaría poder darle con una fusta.

Puede que le guste.

Eso también sale en mi libro.

Tu puto libro.

Creo que nunca le he oído hablar mal, señor Tesman.

¿Puedo leerlo?

Está bien.

¿Y mi bolso?

¿Y mi bolso?

Puede que esté...

Mírame. Soy la persona más aburrida...

¡Eileen!

Vaya entrada. Toma, cariño.

Gracias.

¿Dónde está?

-¿Qué? -¿Lo estabas leyendo otra vez?

- No... -¡El libro, imbécil!

-¿Dónde está? -¡Eileen!

¿Qué haces?

- No lo sé. - No lo hagas.

- Suéltala. - Suéltame.

¿Estás loca?

Tienes que parar. ¡Ya basta!

Eileen, estás... ¿Qué haces?

Para. ¡Suéltala!

¡Quita, joder!

Ay, Dios.

- Lo siento mucho. -¿Estás bien?

- Por Dios, ¿qué haces? -¿Dónde está?

-¿Qué? -¡El manuscrito!

Eileen, no tengo ni idea de lo que me hablas.

Cabrón asqueroso.

Sé que lo has cogido.

Por Dios. Sí, claro, lo tengo

y lo he vendido al mejor postor.

No saldremos de la casa hasta que aparezca.

Disculpen.

Por favor, ayuden.

Ayuden a buscar el manuscrito de la doctora Lovborg.

Sí, lo he notado.

Vamos a buscar el puto manuscrito.

Vamos a buscar esa mierda.

Tengo un mal presentimiento.

A veces es demasiado, ¿sabes?

Eso no es el manuscrito, cariño.

Venga, métete un poco.

Sí.

¿Qué estamos buscando?

No tengo ni idea.

Bajo los asientos.

¿Hay algo?

¿Y si...?

Eh.

Aquí. Otra página.

Y ahí hay otra.

No lo entiendo.

El viento. Debe de...

El manuscrito debe de...

Eileen.

Lo siento mucho.

- Ay, Dios. - No.

- Suéltame. -¡Eileen!

No, voy a cogerlo. Voy a cogerlo.

-¡No! - Eileen.

- Eileen, se ha perdido. Tranquila. - No.

-¡No! Ay, no. - Se ha perdido. Dejadla.

Ay, no.

Ay, no.

- Cierra la puerta. - Thea...

Te he buscado por todas partes.

No me mires así. Sé lo que hago.

Voy a poner fin a su reinado.

Solo necesito un arma para usarla contra esa mujer.

Bueno...

No puedes matarla. Lo he intentado.

Necesito algo incriminatorio

o...

¿Qué ha pasado?

Haz como si no me hubieras conocido. ¿No lo deseas a veces?

No puedo hacer eso.

Sabes que no puedo.

Debes hacerlo.

No.

Lo he perdido...

Thea.

¿El qué?

El manuscrito.

Lo he perdido.

No.

Estará por ahí.

He buscado por todas partes.

- No. - Por todas.

No, tiene que...

Tiene que estar...

Se ha perdido.

¡No está!

Está en el fondo del lago.

El lago.

¿Eileen?

Haga lo que haga,

siempre estarás en la cuerda floja.

Es demasiado difícil.

¿Por qué eres así?

¿Me quieres?

Solo tanto como tú a mí.

¿Te basta con eso?

No, Eileen,

no me basta.

No lo dices en serio.

Thea.

Pides más de lo que puedo dar.

Thea.

Más de lo que se puede pedir.

- Por favor, Thea. - Haz...

-¡Por favor! - Haz lo que quieras.

Ya no me incumbe.

¡Thea! Por favor.

¡Lo digo en serio!

De acuerdo.

Vete. No te necesito.

Vamos.

Puta ama de casa patética.

Ahí está la antigua Eileen. Infeliz y engañándote

- cuando estás feliz... - Me usas y te largas.

- ...y a gusto. -¡No te necesito!

Eres una calamidad.

- Coges lo que quieres... - Me utilizas para sentir

- que tu vida significa algo. -¡Sé lo que soy!

Tu vida no significa... nada.

Voy a encontrar mi libro.

Y se publicará con mi nombre en la portada,

al lado del tuyo.

Y nada de esto importará.

Lo siento mucho, Eileen.

No lo encuentro.

No lo sientes en absoluto.

Es justo lo que querías.

Quería que fueras fiel a ti misma.

Que tuvieras valor.

¿Así?

No.

Thea me ha dejado.

¿Por qué me forzaste?

Porque estabas perdida.

Necesitabas fuerza para ser tú misma.

Pues no me queda para vivir.

Todos mis colegas me han visto hacer el ridículo.

La única persona a quien quería se ha ido.

No puedo soportar otra deshonra, Hedda.

No puedo.

Hacer lo que quieras y...

ser quien elijas tiene sus límites.

Y sus consecuencias.

Caerás de pie.

¿De dónde sacas ese poder, Hedda?

¿De dónde?

- Yo... - Claro, ya lo sé.

Pero en mi caso,

todo lo que soy, todo lo que tengo, es porque soy un puto genio.

Porque sé escribir

y pensar,

porque convencí a esos trogloditas salidos

de que tenían que escucharme.

Este libro...

Habría sido indiscutible.

Innegable.

Incluso después de este... desastre.

Me habrían protegido del ridículo porque...

yo tendría razón.

Ahora estoy sola y no soy nada.

Ahora... solo soy una mujer.

¿Qué vas a hacer ahora?

Acabaré con esto cuanto antes.

Haz lo que debas hacer.

Espera.

Espera aquí.

Eileen.

Eileen.

Eileen.

Quiero que te la quedes.

Debiste usarla entonces.

Puedes usarla ahora.

Adiós...

Hedda Gabler.

¿Eileen?

¡Eileen!

Hedda.

Hedda, ¿estás ahí?

Hedda.

Qué desastre.

Tenemos que encontrar el manuscrito.

He visto a Eileen. Está destrozada.

¿Qué haces?

No.

Hedda.

Aún se puede salvar algo.

¿Por qué salvarlo?

Hedda,

es el trabajo de su vida.

¿Y tu vida?

-¿Y la mía? - Hedda.

¿Has perdido la cabeza?

No. Espera.

Puedes salvar algunas.

Si es lo que quieres, George.

Pero si lo encuentra, conseguirá tu trabajo.

Señora Ellison.

¿Se va?

Estoy buscando el manuscrito.

Creo que han perdido la esperanza.

-¿Eso cree? - Sí, hemos buscado en todas partes.

Te lo mereces.

Hedda, ¿qué has hecho?

Lo que había que hacer.

¿Y si Brack se entera?

Sería mejor no volver a hablar de ello.

¿Qué te pasa?

-¿Por qué...? - Lo he hecho por ti.

¿Por mí?

Quería que te libraras de esa mujer.

No soportaba la idea de que vivieras así.

No, solo querías dinero.

- Querías... - Que tuvieras lo que querías.

Quería que fueras feliz.

- Feliz. Fuerte. -¿Sí?

¿En serio?

Y...

Lo necesitábamos.

Hablo en plural porque...

¿De verdad?

-¿Sí? - Sí, pero cálmate.

George, mírame.

Te estoy mirando, Hedda.

Nadie debe saberlo.

Me quieres...

Hedda Tesman.

Haz eso. Haz eso con la boca.

No.

- Hedda. - Hazlo tú.

Ojalá se te haya pasado.

Vamos, no...

¡No seas así!

¡David, déjala!

-¡Por Dios! - Ni se disculpa.

Aún respira. ¿Cómo detenemos la hemorragia?

Vale, adentro.

Ponedla aquí.

Ponedla aquí con cuidado. Cuidado con la cabeza.

Despacio. Está respirando.

Sangra muchísimo.

Eileen.

Eileen, no...

- No sé qué hacer. - Por Dios.

-¿Qué hacemos? - No lo sé.

Cuidado con la cabeza.

- Eileen. - Tómale el pulso o algo.

Eileen.

Mierda.

¿Qué ha pasado?

-¿Qué ha pasado? -¡No sé qué ha pasado!

- Dios mío. - Se ha pegado un tiro.

Una ambulancia.

Hedda.

Necesita una ambulancia.

¡Hedda!

¡Hedda! ¡Ya!

Dios mío.

No lo decía en serio.

No lo decía en serio, Eileen.

Dios mío.

Gracias, señor. ¿Y vio la pistola después de eso?

No. Nadie la ha vuelto a ver.

¿Es cierto? ¿La casa es de su marido?

¿Podría contarnos lo que pasó...?

¿Cronológicamente o por secciones?

Por secciones, porque es dispersa y...

- Excelente. He usado esa técnica. -¿Va todo bien?

Aparte de lo obvio.

¿De qué hablas?

- Vamos a reescribir el libro. -¿Sí?

Podemos tenerlo listo para el próximo trimestre.

Y si muere, tendréis todo el dinero.

O lo terminamos a tiempo, o la doctora Lovborg no tendrá nada.

Si sobrevive.

Y si no te centras en tu investigación, Tesman...

Nos iremos a una casa más pequeña.

Estas secciones, creo...

¿Puedo ayudar?

- No. - No.

Disculpa.

¿Le preocupa algo, señora Tesman?

Es muy preocupante, ¿verdad?

¿Cómo estaba Eileen al final?

Anoche estuvisteis a solas, ¿no?

En medio del caos.

Fue un momento.

¿En la alcoba?

Fue un momento.

¿Han preguntado por el arma?

¿Qué arma?

El arma en cuestión.

El arma con la que Eileen se disparó.

Parece que no la encuentran.

El profesor Greenwood cree que es suya, porque anoche la perdió.

Seguro que hablarán con él pronto.

Ahora quieren verte a ti.

¿Y qué les digo?

Roland, no me provoques.

Anoche dispararon dos armas.

Una era la del profesor Greenwood

y la otra era tuya.

¿Eso vas a decir?

Diré que tengo el arma que disparó Lovborg.

¿La tienes?

- Sí. -¿Y de quién es?

Lo sabes.

Pero ¿qué vas a decir?

Bueno,

eso depende.

De qué se me ocurre.

Era una buena idea, Hedda.

Ejecutada con descuido, pero...

Nunca pensé que lo haría aquí.

Pensé que encontraría un lugar bonito.

Querida.

Imagínate el escándalo...

cuando descubran que el arma pertenecía al gran general Gabler.

Su bella hija bastarda se la dio a una lesbiana

que intentó matar a uno en la casa que Hedda no puede pagar.

¿Qué van a pensar?

No se me había pasado por la cabeza.

Por suerte, no hay peligro de eso.

Mientras yo no diga nada.

No te resistas.

No. ¡No!

No.

La gente se acostumbra a lo inevitable, Hedda.

Para. ¡Vale, ya basta!

¡No! ¡Hedda!

-¡No! -¡Hedda!

¿Cómo te atreves?

Después de todo lo que he hecho por ti.

Me perteneces.

Yo tengo el control.

¡Hedda!

¡Hedda!

¡Hedda!

¡Hedda!

¡Hedda!

¿Dónde está?

¡Hedda!

¡Hedda!

¡Hedda, es Eileen!

¡Se ha despertado! Hedda...

Subtítulos: Diana Ardoy Chica

Supervisión Creativa Clara Montes

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