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[turbina de avión]
¿¿Por cuántos días ahora?
¿¿Pa qué pensar en eso?
Sería estropear el poco tiempo que nos queda.
¿¿Es entonces poco?
En esta ocasión sí.
Lo que quiero decir es que, es que el tiempo será nuestro
por completo alguna vez.
No te inquietes, Antonio.
[música relajante]
[Raquel] Y pensar que nunca te pregunto nada.
Nunca he querido preguntarte nada.
En eso está la prueba de nuestro cariño.
Jamás interrogar el misterio del pasado,
si es que amamos nuestro amor.
Pero es tan difícil ser fuerte en la soledad,
y nos vemos tan de tiempo en tiempo.
No nos abandonemos nunca. Sería como la muerte.
Entonces cerremos los ojos y vivamos ese sueño.
Los conservaré cerrados para que mi alma no se escape
de este sueño.
Bésame otra vez, Antonio.
[hombre] La compañía mexicana de aviación anuncia
la partida de su siguiente vuelo 505 a México.
Se ruega a los pasajeros abordar el avión.
No puedo remediarlo, Antonio.
Es tan breve todo entre nosotros.
No te impacientes, te escribiré.
El 25 de septiembre estoy de regreso.
Adiós.
¿¿Qué? ¿¿Te ha conmovido?
Es curioso. Te has vuelto sentimental.
Grave defecto para los negocios.
No vayas a salirme ahora con que te estás enamorando.
Déjame.
Esto ha sido superior a mis fuerzas.
Antonio es distinto a los demás.
Pero no tengas cuidado, Nacho.
“Dijimos que nada podrá destruir nuestros lazos,
fuera de nosotros mismos.
No me acuses, soy yo la que los destruye.
Ninguno de los dos debía tener pasado, cierto.
Pero si tú llegaras a conocer el mío,
sabrías que no te merezco.
No quiero engañarte más tiempo,
y no me resigno tampoco a que sepas la verdad
que te he ocultado.
Olvídame.
Adiós”.
[timbre]
Pasa, José.
Aquí tiene la carta.
No olvidará mis instrucciones, ¿¿verdad?
Descuide, señorita Raquel, en cuanto venga ese señor
a preguntar por usted, se la entregaré personalmente.
¿¿Y si pregunta a dónde fue?
Dígale que no sabe nada. Buenas noches, José.
Buenas noches, señorita.
Y créame que la voy a echar mucho de menos.
[música triste]
[Antonio] Así, pues, ratificando nuestro contrato.
Les suplicamos que nos envíen su aprobación
lo más pronto posible.
Atentamente, en México Distrito Federal,
septiembre 25.
Septiembre 25...
Es el acta del consejo de ayer para su visto bueno, señor.
Mejor lo dejamos pendiente hasta mi regreso de Guadalajara.
Buenos días, señor.
Todo está dispuesto.
Aquí tiene usted el boleto para el avión.
Muchas gracias, Esteban.
Casi me había olvidado que vendrías.
Mira por esa ventana, hacia la calle de en frente.
Sí, señor.
[Antonio] Ese anuncio que están colocando, un perfume.
Deseo.
Sí, Deseo.
Dime, Esteban, ¿¿qué entiendes por deseo?
La palabra misma lo dice, señor.
Lo que uno anhela, lo que uno quiere.
En fin, lo que uno desea.
Exacto.
Pero, pero además, una fuerza que te obliga,
que te impulsa a obtener lo que quieres y a conservarlo
si ya lo has obtenido, ¿¿no es así?
Sí, señor.
Pero esa fuerza puede crecer, tomar cuerpo,
volverse libre y superior a ti.
Entonces termina destruyéndote, y lo que es peor,
destruyendo a los que están más próximos a ti.
[timbre de teléfono]
¿¿Elena?
¿¿Sí?
[Elena] Quise despedirme de ti.
Tengo una sorpresa.
Decidí suspender el viaje a Guadalajara.
¿¿Pero no tenías urgencia?
Ya no es necesario.
Lo que tenía que arreglar, lo he resuelto definitivamente.
Sí, iré enseguida.
Adiós.
Seguramente te habrá asombrado mi charla
sobre el deseo, pero tenía un propósito.
Desde hace mucho tiempo he adivinado tu deseo
de tomarte unas vacaciones.
Ten.
Señor, yo... en avión... Si yo no he volado en la vida.
[risa]
Volarse un avión es lo único peligroso, Esteban.
Señorita, terminaré de dictarle. Venga enseguida.
Espérame afuera. Iremos juntos a la casa.
Sí, señor.
Antonio, qué alegría me diste suspendiendo tu viaje.
Ahora, ahora soy completamente feliz.
Ven.
Verás cuántas cosas emprenderemos juntos.
Reformaremos todo, haremos más bonita la casa.
Sí, Elena, todo lo que quieras.
Mira, termina en la fuente.
Estará mucho antes de nuestro aniversario.
¿¿No crees que quedará muy hermosa?
Sí, muy bella.
Bella, pero incompleta,
lo que equivale a decir “no tan bella”.
Nadie puede afirmar que un incompleto
pierde belleza.
Ahí tienes la Venus de Milo.
[riendo] Cierto, y también
la Sinfonía Incompleta de Schubert.
La Venus de Milo.
Eso, acertaste.
Lo que le faltará a la fuente
cuando esté terminada, algo como una Venus.
Para mí será el mejor regalo de aniversario.
Eres terrible.
En serio, visita mañana el estudio de Demetrio
y escoge una buena escultura, algo de tu gusto, ¿¿de acuerdo?
De acuerdo.
Ah, en tu laboratorio encontrarás
el lote de libros que pediste a la biblioteca.
Llegó el doctor Vidaurri, señora.
Enseguida voy.
Elena, ¿¿te has sentido mal otra vez?
No es nada, querido.
El mismo tratamiento de siempre.
En cuanto esté la comida iré a buscarte.
[música de suspenso]
[Antonio] “Nos despedimos Raquel y yo
con la misma secreta inquietud.
¿¿Volveríamos a vernos?
¿¿Era esa la última vez o seguirían otras más?”
[música tranquila]
“Ahora puedo responder esas preguntas.
Después de una lucha terrible he vencido al deseo de Raquel.
La mujer que reencarnaba ha sido desterrada
de mi vida para siempre”.
[música de suspenso]
La Diosa arrodillada.
Así le llama Demetrio, aunque en todo caso
no es más que una simple mujer de rodillas,
como les gusta a todos los hombres ver a las mujeres.
¿¿Qué es lo que haces aquí? ¿¿Por qué hablas de ese modo?
Te previne que sería una gran desilusión
conocerme verdaderamente.
¿¿Me... me previniste?
¡Antonio, qué sorpresa verte por aquí!
Viniste a verla, ¿¿verdad? Mira, ¿¿no es excepcional?
Sí, tiene un nombre muy adecuado.
La Diosa arrodillada.
El nombre, si es mi obra maestra.
¿¿Quién te dijo que así se llamaba?
En tu estudio siempre hay voces misteriosas
que lo explican todo.
Mira, mira qué pureza de líneas.
El torso es absolutamente clásico.
El contorno de la pierna es lo más bello que he visto,
y la forma en su conjunto es la consumación
del más perfecto equilibrio.
Difícilmente pueda superarla nadie.
Vine a... a comprártela.
¿¿Comprármela?
Claro está, no podía esperarse menos de un conocedor como tú.
Es un... un regalo para Elena.
[Demetrio] Nada mejor.
Le regalas a tu esposa la inmortalidad.
Eso quiere decir que a mí me toca una parte.
¿¿Y cuánto me costará toda la inmortalidad?
[Demetrio] No hablemos de dinero ahora.
Es el aspecto que más me repugna.
Háblame de ella.
Te habrás enamorado sin duda. Sería mi mayor triunfo.
La hice para inspirar amor, para provocar deseo.
Y en efecto, lo logras.
Al mirarla siento como si lo reconociera,
como si una lejana evocación se hubiera convertido en mármol.
¡Justo!
La misma sensación que experimenté en Roma
frente a las obras de Miguel Ángel.
¿¿Cuándo puedo mandar a recogerla?
Es difícil precisarlo.
No está terminada, aunque lo parezca.
Confieso que soy profano, ¿¿qué le falta?
Todo.
El último golpe de cincel, el que le dará la vida.
Tendrás que esperar quién sabe por cuánto tiempo.
Un mes o acaso un año.
Si es antes de un siglo, te ruego me lo hagas saber
y mandes el recibo a la oficina.
Adiós, Demetrio.
Ya está, y el recibo lo estará mañana.
¿¿Compra estatuas habitualmente?
No te entiendo.
Habitualmente, ¿¿por vicio?
No quise decir eso.
Es que me parece un tipo extraño.
No, diferente.
Desde luego nada que se nos parezca.
¿¿Y ella?
Es inverosímil y sobrenatural que se llama
una verdadera esposa.
Sin duda algo insoportable.
Todo lo contrario, al menos para él.
La adora, mira por sus ojos.
¿¿Hasta cuando mira a otras?
Él no será capaz de ningún modo. Perderías el tiempo.
Tal vez.
[Raquel] No, Antonio.
Lo que ha sucedido demuestra que los dos tratamos
de huir, uno del otro.
No me lo reproches, Raquel.
Lo que hacemos a veces está determinado
por los impulsos más secretos y desconocidos.
Hoy al verte otra vez todo el recuerdo se me aglomeró
de golpe como una avalancha.
El recuerdo.
¿¿De qué sirven las palabras?
Frente a nosotros hay una realidad más grande
que todas las palabras.
Tú vives en un mundo y yo en otro.
Esa es nuestra realidad.
Pero hemos vuelto a encontrarnos
y no podemos sustraernos a lo que esto significa.
Sí, nuestra locura fue imaginar por un momento
que podíamos vivir sin el pasado.
No quieras arrebatarme ahora el derecho a lo último
que me queda, que es mi propio porvenir.
No te lo arrebato.
Quiero ser parte de él.
Llévame a mi casa, Antonio.
Es mejor que nos despidamos aquí.
Adiós.
[música de tensión]
[truenos]
[truenos]
[truenos]
[Antonio] “No hay nada peor que engañarse a sí mismo.
Toda mi lucha ha sido en vano.
Comprendo que es más fuerte que yo”.
[truenos]
[música emotiva]
[Esteban] La señora no debió bajar.
No tengas cuidado.
Me siento bien.
Debiera pensar. El esfuerzo es demasiado.
Mayores esfuerzos tendré que hacer aún.
[música emotiva]
¡Antonio!
[Antonio] ¿¿Qué es lo que haces aquí?
No debiste haber bajado de tus habitaciones.
El médico te lo ha prohibido.
Quien debe reconvenirte soy yo.
No has dormido un solo instante.
Es que... tenía que terminar un análisis.
Además, eso no tiene importancia.
[música de tensión]
No te has cuidado últimamente, Elena.
Yo soy la que debe cuidarte a ti,
aunque parezca una contradicción.
Presiento como si estuvieras en un grave peligro, Antonio.
Fantasías tuyas.
La mejor manera de que no me ocurra nada es estar
completamente seguro respecto a tu salud.
Puedes estarlo.
Soy mucho más fuerte de lo que imaginas.
Nadie podrá separarme de tu lado.
¿¿Por qué dices eso?
Las mujeres siempre adivinamos la proximidad de una amenaza.
Tú estás rodeada de fantasmas,
de sombras increíbles, de acechanzas que no existen.
¡El amor nunca se engaña!
Miro atrás de tus ojos,
atrás de tus desvelos y tus preocupaciones.
No quiero que estés solo.
He decidido no volver a la clínica de Rochester.
¿¿Cómo?
Lo que dices es una locura.
Tu salud no está para que juegues con ella.
¡La salud de nuestro amor es la que importa!
¡No insistas más!
Tal vez la comprometas realmente si te quedas.
Está bien.
Volveré a la clínica después de nuestro aniversario.
Siempre hay el riesgo de que sea el último.
[música de suspenso]
[Antonio] “Quizá encuentre una puerta de salida,
una de terminación,
la única, aunque sea la más extrema y dolorosa”.
[música de tensión]
Soy como el que regresa de una tempestad, Raquel.
Vagué horas enteras sin darme cuenta.
Solitario y aislado como dentro de una gran casa vacía.
Hubiera querido caminar sin descanso, sin interrumpir
una fuga de pronto me pareció imposible.
Entonces decidí volver, ¿¿comprendes?
Sería insensato llevar tu sombra conmigo
sin que pudiera desprenderme de ella.
Tu imagen estaba en todas partes,
viva y terrible hasta la desesperación.
Tú lo has querido, Antonio.
Intenté alejarte, pero has anudado otra vez
nuestros destinos.
Ahora deberás tener valor para tu verdad.
Para la verdad de los dos.
Te entregas a mí o me destruyes,
no hay términos medios,
porque nuestro amor habla otro lenguaje.
Dice “vida a la muerte. Fuego al frio
y el silencio palabra”.
Debes entender este idioma con tu propia vida.
Yo también me entrego a ti o me destruyo.
Tampoco me considero un término medio.
Y si nos amamos, no habrá antes ni después.
Será como el principio del mundo.
Tengo fuerzas para ese amor.
Lo juro.
Decídelo dentro de ti mismo, y si tienes esas fuerzas,
vuelve al lado de tu mujer.
Repítele mis palabras, las comprenderá.
¿¿Es tu condición?
Sí.
Ahora vete. Te espero.
[música de suspenso]
Ninguna noticia, señor. Nadie sabe dónde está.
[timbre de teléfono]
Pero eso no puede ser.
Siga usted buscando. En alguna parte tiene que estar.
Espero su llamada.
Gracias.
[música tranquila]
Adelante.
Es preciso que el señor conozca inmediatamente
el estado de su esposa.
Por cuanto a ella, debe guardar un reposo absoluto
y no salir para nada de sus habitaciones.
Yo regresaré después de medianoche.
Antonio.
Soy yo, señora.
¿¿Has sabido algo, Esteban? ¿¿Dónde está?
Ya viene, señora. No tardará en llegar.
Naturalmente.
Él no puede faltar en nuestro día.
Tengo que arreglarme.
Dile a María que suba para que me ayude.
¿¿No creerá, señora, más prudente esperarlo aquí
sin agitarse tanto?
Qué locura. ¿¿Te olvidas que es nuestro aniversario?
Será como siempre. Los mismos amigos,
la misma felicidad.
Anda, ve a llamar a María.
[música emotiva]
[Antonio] Perdóname, Elena.
Ya estás aquí. No quiero saber nada.
[música alegre en el piano]
[música tranquila en el piano]
- Buenas noches. - ¿¿Cómo estás, Antonio?
[murmullo]
[Raquel] Te esperé inútilmente.
Y si vine fue tan solo para conocer
la causa de tu determinación.
¿¿Ha sido desamor o cobardía?
Lo comprenderás si me permites explicártelo.
Si no es demasiado tarde para una explicación.
No cuenta el tiempo entre nosotros. Tú lo sabes.
Eso es lo terrible.
[música alegre en el piano]
Te repito que no te concedo un término medio.
No habrá antes ni después.
[aplausos]
[Demetrio] No es necesario presentarse.
Se advierte que usted la reconoció al instante,
La Diosa arrodillada.
Demetrio se obstina en decir que la naturaleza copia al arte.
[Demetrio] No es frase mía, pero soy digno de que le fuera.
Todo está dispuesto, señora.
Pasemos al comedor.
[música de tensión]
[música de fiesta]
♪♪ Ya me casé ♪♪
♪♪ Me fastidié ♪♪
♪♪ Ya caí en las redes que me tendió la mujer ♪♪
♪♪ Para casarse bien hay que ser lista ♪♪
♪♪ Ser muy sumisa en la conquista ♪♪
♪♪ Más ya casada el genio hay que sacar ♪♪
♪♪ Pues el esposo no nos debe ya importar ♪♪
♪♪ Cuando se case usted, busque una esposa ♪♪
♪♪ Que sea elegante y muy hermosa ♪♪
♪♪ Pues de ese modo usted podrá tener ♪♪
♪♪ Durante su vida mucho tiempo que perder ♪♪
♪♪ Y ahora, señores, podrán ustedes ver ♪♪
♪♪ Lo que le pasa al hombre que buscó mujer ♪♪
♪♪ Yo no sé lo que es amor ♪♪
♪♪ Lo confieso con rubor ♪♪
♪♪ En mis brazos lo sabrás ♪♪
♪♪ Porque soy un profesor ♪♪
♪♪ Si no sé corresponder ♪♪
♪♪ No lo tome usted a mal ♪♪
♪♪ Mujercita de mi vida ♪♪
♪♪ Tienes alma de cristal ♪♪
[vítores]
♪♪ Yo conocí el amor ♪♪
♪♪ Es muy hermoso ♪♪
♪♪ Pero en mí fue fugaz y traicionero ♪♪
♪♪ Volvió canalla lo que fue glorioso ♪♪
♪♪ Mi ley es el placer por el bien ♪♪
♪♪ Amor, por ti bebí mi propio llanto ♪♪
♪♪ Amor, fuiste mi cruz, mi religión ♪♪
♪♪ Es justa la revancha ♪♪
♪♪ Y entre tanto ♪♪
♪♪ Sigamos engañando al corazón ♪♪
♪♪ Amor, por ti bebí mi propio llanto ♪♪
♪♪ Amor, fuiste mi cruz, mi religión ♪♪
♪♪ Es justa la revancha ♪♪
♪♪ Y entre tanto ♪♪
♪♪ Sigamos engañando al corazón ♪♪
♪♪ Sigamos engañando al corazón ♪♪
[vítores]
♪♪ Para ser feliz y vivir sin preocupación ♪♪
♪♪ No dejes hablar a tu corazón ♪♪
♪♪ Vivirás la vida sin saber lo que es sufrir ♪♪
♪♪ Es mejor gozarla y mejor reír ♪♪
♪♪ Para ti ♪♪
♪♪ Para mí ♪♪
♪♪ Debe ser ♪♪ ♪♪ Lo mejor no casarse ♪♪
♪♪ No casarse ♪♪
♪♪ Pues tú y yo el amor gozaremos mejor ♪♪
♪♪ Sin casarnos, sin casarnos ♪♪
♪♪ No me caso, pues si lo hago yo me muero ♪♪
♪♪ Ser soltera, eso es lo que yo prefiero ♪♪
♪♪ Para ti Para mí ♪♪
♪♪ Para usted es mejor olvidarse del amor ♪♪
♪♪ No me caso, pues si lo hago yo me muero ♪♪
♪♪ Ser soltera, eso es lo que yo prefiero ♪♪
♪♪ Para ti Para mí ♪♪
♪♪ Para usted es mejor olvidarse del amor ♪♪
[vítores]
♪♪ Eres tú un panameño ♪♪
♪♪ Porque en mis venas tengo sangre sensual ♪♪
♪♪ ¿¿Y qué eres tú? Un caramelo ♪♪
♪♪ Desde aquí te espero ♪♪
♪♪ Ver mi Panamá ♪♪
♪♪ ¿¿Qué eres tú? ♪♪
♪♪ Yo soy el dueño de la alegría que tienes ♪♪
♪♪ Mi Panamá ♪♪
Raquel.
¿¿Qué te pasa? Estás intratable estos días.
Ya es intolerable la borrachera de ese hombre.
No ha estado en su juicio desde que llegó.
Yo creo que has llevado este asunto demasiado lejos.
Ni siquiera sabes sus verdaderos propósitos.
No deja de cerrar aunque haya viajado
miles de kilómetros solo para pescarse una borrachera.
Aquí hay gato encerrado.
No puedes quejarte cuando he sabido sacar
tan buena utilidad de eso.
Pero es que si sigue aquí, nos puede meter en un lío.
Lo mejor sería sacarle una buena indemnización
y luego decirle adiós.
Eso sí, con toda cortesía.
Es lo mejor, decirle adiós.
[golpes a la puerta]
¿¿Qué quiere?
[ebrio] Que beban todos, hasta la última gota.
Hasta que se termine.
Sin términos medios.
El “estermío” le entrega.
No me comprendes, ¿¿no?
Toma.
Término medio.
Término medio...
[vítores]
Ve por un taxi.
¡Anda! ¿¿Qué esperas?
Antonio, ¿¿hasta cuándo vas a decirme
qué es lo que te hizo venir a Panamá?
Dime.
[música de tensión]
Este hombre está loco. Quería matarte.
Deberíamos entregarlo a la policía.
No, yo sé lo que le pasa.
Pero nos traerá complicaciones.
Cuanto antes nos alejemos de él, será mejor.
[golpes a la puerta]
[hombre] El taxi espera, señor.
Anda, llévalo al hotel. Yo hablaré con él mañana.
[timbre]
Adelante.
[Raquel] Soy yo, Antonio.
Vine a despedirme.
Espérame, por favor. Enseguida salgo.
[música de suspenso]
Traje tu encendedor.
Anoche lo dejaste en el camerino.
¿¿Y cómo te sientes?
Ya estoy bien. Gracias.
[música de suspenso]
[Raquel] Tengo que irme, Antonio.
¡Espérame! Tenemos que hablar.
No, no quiero llegar tarde al ensayo.
Te veré esta noche en el cabaret.
[música de suspenso]
¿¿Recogió usted el cable, señor Ituarte?
¿¿Qué cable?
El que dejé en su cuarto hace un rato.
Ah, sí.
Tome.
[Nacho canta “Fígaro”]
Ah, por fin, qué calamidad. ¿¿Cuánta ropa usa una mujer?
Yo mismo tuve que hacer tus maletas.
Que si las medias, que si las pantaletas,
que si la fajita, que si la...
Cuanto...
El vapor partirá a las 5:00 de la mañana.
Cielo y mar, y al destino abierto.
Volver a nuestra asistencia libre y peregrina.
¿¿No es esto maravilloso?
“Adiós, Panam”.
Nacho, no voy contigo.
¿¿Cómo?
Tú estás bromeando.
Eso sería arrojarlo todo por la ventana.
Siempre he vivido arrojando algo muy mío por la ventana.
Hemos caminado juntos por todas partes,
pero tan solo porque eso era lo único que nos unía,
caminar sin sentido.
Ahora ha terminado.
¿¿Pero qué es lo que te ha hecho cambiar así?
Esto.
Ajá.
Entonces no fue muerte natural, ¿¿verdad?
¿¿Y tú sabías que su esposa había muerto?
- Sí. - ¿¿Y por qué me lo ocultaste?
Pensé que era mejor para ambos.
Bajo de punto de vista, ¿¿comprendes el significado
de ese cablegrama?
¿¿Qué? El que su mujer haya muerto
en forma extraña significa muchas cosas.
¿¿Quieres decirme ahora que...?
Sí, he comprendido que Antonio me quiere de verdad,
que no soy un simple capricho para él.
Y que ya libre de obstáculos, vino para entregarse a mí.
Libre de obstáculos por obra de su propia mano.
Porque escúchame, Nacho, Antonio ha matado por mí.
[risa]
Qué fácil eres para dejarte engañara
por tus propias intenciones.
Has forjado en tu imaginación un mundo triunfal
y extraordinario, donde tú eres la Diosa
cuyos pies se consuman todos los sacrificios.
No te ciegues por la idea
de que un hombre haya matado por ti.
Tú no conoces a Antonio.
Él es capaz de todos los extremos.
No siempre encontrarás un hombre que proceda como yo.
Claro, el despecho te impide ver las cosas.
¿¿Qué culpa tengo yo de no haberte podido querer?
Quizá tengas razón.
Raquel, hoy era el día más feliz de mi vida.
Compréndeme, Nacho.
Puede que sean suposiciones mías,
pero encontré esto escondido en su encendedor.
Cianuro.
Aquí hay veneno bastante para matar a un caballo.
No habrá querido dártelo a ti.
Perdona.
Puede que tengas razón.
Todo indica que Antonio envenenó a su esposa.
¿¿No es esto una prueba categórica?
¿¿Qué piensas?
¿¿Sabes, Nacho?
Ahora no es solo mi propio amor lo que me ata,
sino que debo tener entereza para jugarme el destino
de Antonio sin miedo a las consecuencias.
Nuestra pasión me ha hecho su cómplice.
[golpes a la puerta]
[hombre] Prevenidos.
Nuestro número de despedida.
♪♪ Para ser feliz y vivir sin preocupación ♪♪
♪♪ No dejes hablar a tu corazón ♪♪
♪♪ Vivirás la vida sin saber lo que es sufrir ♪♪
♪♪ Es mejor gozarla y mejor reír ♪♪
♪♪ Para ti Para mí ♪♪
♪♪ Debe ser ♪♪ ♪♪ Lo mejor no casarse ♪♪
♪♪ No casarse ♪♪
♪♪ Pues tú y yo el amor gozaremos mejor ♪♪
♪♪ Sin casarnos, sin casarnos ♪♪
♪♪ No me caso, pues si lo hago yo me muero ♪♪
♪♪ Ser soltera, eso es lo que yo prefiero ♪♪
♪♪ Para ti ♪♪
♪♪ Para mí ♪♪
♪♪ Para usted es mejor olvidarse del amor ♪♪
♪♪ Para ti ♪♪
♪♪ Para mí ♪♪
♪♪ Debe ser ♪♪ ♪♪ Lo mejor no casarse ♪♪
♪♪ No casarse ♪♪
♪♪ Pues tú y yo el amor gozaremos mejor ♪♪
♪♪ Sin casarnos, sin casarnos ♪♪
♪♪ No me caso, pues si lo hago yo me muero ♪♪
♪♪ Ser soltera, eso es lo que yo prefiero ♪♪
♪♪ Para ti Para mí ♪♪
♪♪ Para usted es mejor olvidarse del amor ♪♪
♪♪ No me caso, pues si lo hago yo me muero ♪♪
♪♪ Ser soltera, eso es lo que yo prefiero ♪♪
♪♪ Para ti Para mí ♪♪
♪♪ Para usted es mejor olvidarse del amor ♪♪
[vítores]
Te espero a las 23:30 en mi cuarto.
♪♪ ¿¿Y qué eres tú? Un caramelo ♪♪
♪♪ Porque en mis venas tengo sangre sensual ♪♪
¿¿Quiere usted que venga a servir?
Lo haré yo mismo.
Feliz año, señor.
Sí, feliz año.
[timbre]
Buenas noches, Antonio.
Buenas noches.
¿¿Te hice esperar mucho? Fue sin querer, te lo juro.
Solo el tiempo necesario para prepararte
un escenario como el que te mereces.
¿¿No era Demetrio el que decía “el marco justo
para una obra de arte”?
Demetrio, qué lejano está todo eso, ¿¿verdad?
[Antonio] Sí, muy lejano.
[Raquel] A veces pienso que hemos tenido que recorrer
caminos tan extraños para llegar al mismo punto.
Todo ha sido tan raro.
Mi presencia aquí no deja de serlo también.
Tal vez.
¿¿Por qué huiste esta mañana?
¿¿De qué tuviste miedo?
De tantas cosas.
Un miedo feliz del que todavía no me libro.
Lo que todavía no es una respuesta.
¿¿Por qué huiste en esa forma?
Es que veía las cosas con otros ojos,
sometiéndome sin protestas a la inevitable
y tremenda presencia de tu esposa.
Pero ahora que lo sé todo, ya no tengo ninguna reserva.
Si has sido capaz de matar por amor,
yo también me siento capaz de compartir ese crimen.
Toma.
¿¿Ahora pretenderás tenerme en tus manos por completo?
Lo cierto es que estamos uno en las manos del otro.
Yo también voy a la deriva.
También he roto las amarras tras de mí.
¿¿Prefieres que yo misma te lo lea?
De la actitud que tú tengas después de oírlo
depende todo para mí.
Sin embargo, debes saber su contenido.
Creo que es lo honrado de mi parte.
Te llaman de México porque hay presunciones
de que tu esposa no murió de muerte natural,
y tu abogado parece tener algunas dificultades.
Tuve miedo de entregártelo, y si lo abrí,
fue por creer que era de ella.
[música de tensión]
Qué dura batalla he tenido que librar
para ganar tu corazón.
[motor]
Pero qué tontería. Si olvidamos que está muriendo el año.
[hombre] Ha terminado el año.
A los que nos escuchan, todo género de felicidades.
Dicha y bienestar para los que viven,
y un recuerdo lleno de gratitud
para quienes ya no están entre nosotros.
Dicha y bienestar para los que vivimos, Antonio.
Para los que vivimos.
Gracias.
No desempaques sino lo más indispensable.
[Raquel] ¿¿Qué? ¿¿Nos vamos enseguida?
Sí.
Estaremos aquí el menor tiempo posible.
Cuánto me alegro, Antonio.
Ahora sí creo en nuestra nueva vida.
Tendré que dejarte por unas horas.
Necesito entrevistarme con mi abogado.
Ajá.
Seguramente llamarán de la agencia de pasajes
para confirmar la hora de salida.
Partiremos para Nueva York al amanecer.
Nueva York, y luego Europa. Nos casaremos en Italia.
Volveré enseguida.
[música de suspenso]
Señor, lo esperaba mucho más temprano.
¿¿Tuvo el señor buen viaje?
Sí, Esteban. Muchas gracias.
El licenciado Jiménez ha llamado varias veces por teléfono.
¿¿Cómo decías?
Que el licenciado Jiménez ha preguntado por usted.
El señor querrá descansar.
Voy a disponer inmediatamente su recámara.
Espera.
Parece que... que nada ha cambiado desde entonces.
¿¿Quién sabe, señor?
Las cosas parece que no cambian nunca
y que siempre están en su lugar, pero no es lo mismo.
Les falta el calor. Ellas también mueren.
Meses enteros sin encender la chimenea.
Todo se ha vuelto triste y frío en esta casa, señor.
[timbre de teléfono]
¿¿Licenciado?
Un momento.
¿¿Qué le digo?
[Antonio] No deseo hablar con nadie.
El señor le ruega que lo disculpe.
Pide que deje usted el recado.
Está bueno.
Así se lo diré, licenciado.
Hasta luego.
El licenciado Jiménez dice que vendrá enseguida.
Quiere hablarle de algunas diligencias
en relación con el seguro de su difunta esposa.
Además, dijo que le urge saber los nombres
de los testigos para la solicitud
del nuevo matrimonio del señor.
Dios me ha dado vida para contemplar estas cosas.
¿¿Qué le vamos a hacer?
Lo lamentas, ¿¿verdad, Esteban?
¿¿Quién soy yo para lamentarlo, señor, sino apenas
un viejo servidor que conoció a la difunta, su esposa,
cuando ella era poco más que una chiquilla?
Ojos vemos, corazones no sabemos.
Vaya yo a saber lo que pasa dentro de su corazón, señor.
Tendrá usted sus razones para hacer lo que hace,
aunque convengo sí que para ningún hombre
es llevadera la soledad.
Para ninguno.
No hay peor castigo que la soledad, Esteban.
No te vayas todavía. Quédate un rato más.
Háblame de ella.
Temo apenarlo, señor, con recuerdos que de paso
a mí mismo me entristecen.
Esta chimenea...
ha envejecido tanto que...
ahora deja escapar el humo.
El señor quiere recuerdos, es natural.
Su viaje de usted fue para aliviarse
de todo eso, ¿¿no es así?
Mi viaje, mi viaje fue como el que se propone apagar
un incendio con un mar de combustibles.
Pero háblame, háblame de ella.
Fue, con perdón de usted, una muchacha tranquila y dulce,
pero en el fondo muy firme y llena de ánimo.
¿¿A qué has venido? ¿¿Por qué me miras así? Vete.
No repitas ofensas de las cuales tendrás que arrepentirte.
Ahora estoy yo en turno para hablar.
No quiero oír nada.
De ti menos que de nadie.
Claro, es como si oyeras a tu propia conciencia,
pero no quiero hacerte reproches.
¿¿Olvidas que soy tu amigo y que a pesar de todo
seguiré siéndolo?
¿¿Qué ha pasado con Antonio?
No quiero dar explicaciones. Sabré manejarme sola.
Se necesita ser terca.
Lo que quiero es ayudarte, como si nada hubiera ocurrido.
¡Habla!
Ya te imaginarás lo que ha pasado.
Te abandonó.
Ya te lo decía.
Y por desgracia, tenías razón.
Me dejé cegar por la idea de que mató por mí.
Explícate.
Mató, pero tan solo debido a un venturoso error.
Yo era a la persona.
Miserable.
¿¿Cómo fue? ¿¿Te lo dijo?
Por propia confesión.
Debió pasar momentos muy amargos.
Déjate de sensiblerías y comprende lo que esa
confesión significa.
Yo no te entiendo.
Desde que le conociste eres otra.
Si él se ha portado mal,
¿¿por qué no pagarle la misma moneda?
O mejor dicho, ¿¿por qué no cobrarse ese daño
en moneda constante y sonante?
Al fin y al cabo no sería más que una justa reparación.
Nada de tus métodos, Nacho. Permíteme que use los míos.
[riendo] Ah, los tuyos.
Tú ya no estás en condiciones siquiera de pensar en métodos.
Te has portado en una forma infantil,
absurda, y estos son calificativos amables.
Podría usar otros.
Me abandonas en Panamá como un trasto inútil
después de que te aconsejé tan oportunamente.
Y ahora resulta que no quieres aprovecharte
de una situación privilegiada.
Nadie dice que no.
Solo reclamo el derecho de hacerlo a mi manera.
Naturalmente estaríamos así, en condiciones inmejorables
para la formación de una subsidiaria químico industrial.
Las ventajas que ofrece esta perspectiva
no pueden escaparse a nadie.
Tendríamos acceso a mayor cantidad de materias primas
que hasta ahora...
[María] Perdone, señor Ituarte.
Una señorita desea verlo.
¿¿Cómo se atreve a interrumpirnos?
Perdone, pero, dice que es su prometida.
Hola, querido.
Perdóname, pero necesitaba verte.
Imagínate, acabo de estar en la compañía de seguros,
y en el contrato hay una cláusula inaceptable.
La compañía se reserva el derecho de hacerme
la autopsia si lo cree necesario para pagar el seguro
de mi fallecimiento.
¿¿No es monstruoso?
¿¿O habré entendido mal?
Bueno, ¿¿y no me presentas a tus amigos, Antonio?
[Antonio] Señores.
La señorita Raquel Serrano, mi prometida.
Señorita.
A sus órdenes.
Señorita.
Mucho gusto.
Y perdónenme esta interrupción por parte mía.
Créanme que fue involuntaria.
Pero estaba indignada. Bueno, los dejo.
Y desde luego quedan ustedes invitados a nuestra boda.
[murmullos]
Hasta luego, Antonio.
Te espero a cenar.
[murmullos]
Don Antonio, en nombre de mis asociados
y en el mío propio, nuestras más sinceras felicitaciones.
Y ahora el señor Villarreal dará lectura al proyecto presentado
por el señor Ituarte, respecto a la formación de la sociedad
mercantil subsidiaria de química industrial, sociedad anónima.
Proyecto que para la formación de una sociedad anónima,
tienen concertado los señores Antonio Ituarte...
[piensa] [Antonio] Autopsia,
ahora es dueño de mi secreto
y pretenderá usarlo hasta lo último.
Me obliga a casarme.
Soy el asesino de mi esposa.
A casarme.
Si exhuman el cadáver, podrán comprobarlo.
Asesino de mi esposa.
No hay alternativa posible.
Casarme.
Declaro en nombre de la ley y de la sociedad,
que quedan ustedes unidos en legítimo matrimonio
con todos los derechos y peyorativas que la ley otorga,
y con las obligaciones que impone.
[música dramática]
¿¿Por qué todo lo que le ordeno parece disgustarle?
Obedezco, señora.
Sí, pero en contra de sus sentimientos.
Dígame lo que le pasa. Lo escucho.
Hubiera querido decírselo sin que usted lo pidiera.
Usted ha tratado de desterrar de esta casa el recuerdo
de mi señorita Elena.
Aunque ella ya no es nada más que una sombra,
esa sombra es más fuerte que usted,
y acabará por vencerla.
No lo debe olvidar.
Eso es todo.
[Nacho] Señora de Ituarte.
El marco justo para una obra de arte.
Más que una Diosa.
Ahora sí puede decirse que estás en el pináculo.
Belleza, lujo, fortuna,
¿¿qué más puede desearse en la vida?
Claro, para ti en eso se cifra.
¿¿Y en qué más puede cifrarse? Conozco la vida.
Demetrio hizo de ti una escultura, yo hice más.
Yo hice una mujer.
Eres mi mejor obra.
Yo esculpo en carne viva.
Pero bueno, yo no quería hablarte de ello, pero en fin.
Aunque soy muy modesto, hasta un hombre
como yo necesita ciertos honorarios.
¿¿Podrías facilitarme, digamos, unos 100 000 pesos?
Con eso solucionaríamos todo, incluso mi silencio.
Por favor, Nacho, comprende mi situación.
La señora de Ituarte tiene la palabra. Escucho ansioso.
Es ese tono, Nacho.
No sé cómo explicar, pero las cosas han cambiado.
[irónico] Se ve, se ve,
Pídeme cualquier cosa, menos dinero.
No quiero parecer ante los ojos de Antonio
como una vulgar estafadora.
Él no comprendería.
Veo que te has transformado y te felicito, pero si para ti
el crimen de tu esposo fue una declaración de amor,
para mí sigue siendo un cheque en blanco.
Los hechos sin brutales, pero son los hechos.
Sé que tu amor propio está herido.
Mil veces te he repetido que yo no tengo la culpa.
Si quieres vengarte, puedes hacerlo.
Estoy decidida a todo.
Yo también tengo mis armas.
Está bien.
¿¿Es esta tu forma de terminar?
¡Sí, esta es mi forma de terminar!
[música dramática]
[Antonio] Habla, Raquel. Dime todo.
Hazme salir de esta horrible pesadilla.
Era más que eso, Antonio, peor que el infierno.
No era poco el riesgo de aparecer ante tus ojos
en una forma equívoca, pero cuando te fuiste a despedir
de mí, pude comprender en un solo instante
que me amabas, que no habías dejado de amarme nunca.
Y es imposible renunciar a esa verdad maravillosa.
Estuve a punto de creer que no llegarías nunca
a pronunciar estas palabras.
Ahora comprendo que nos une algo indestructible,
algo que está más allá de nosotros mismos.
No podemos retroceder ya, Raquel.
Iremos juntos hacia la salvación, o hacia la muerte.
Te ayudaré a disipar esas honras que te encadenan.
Por terrible que sea nuestro pecado,
tenemos derecho a nuestra parte en el cielo.
Antonio Ituarte y señora.
A su llegada a Nueva York ya habrá
a su disposición fondos en el Banco de América.
- Pierda cuidado. - Muchas gracias, licenciado.
Que tengan un feliz viaje.
¿¿El señor Antonio Ituarte?
Sí.
No puede abandonar la ciudad.
Hay una orden de arraigo en su contra.
[Jiménez] ¿¿Cómo es eso? Yo soy su abogado, sírvase explicarse.
[policía] Es una orden judicial.
El señor está acusado del asesinato
- de su primera esposa. - [Jiménez] Eso es una locura.
Tranquilícese usted.
Interpondré inmediatamente un amparo
y depositaré una fianza.
Esto no puede ser sino una maniobra interesada.
No es tan fácil despojarse de una sombra servicial.
¿¿Qué dijo?
No, nada. Pensaba en voz alta.
Tenga usted confianza que todo se arreglará satisfactoriamente.
Nada importa si estamos juntos, Antonio.
[música dramática]
Juro que es inocente.
¿¿Qué dato objetivo puede usted aportar al respecto?
Hechos materiales, ninguno, así como no podría
demostrar que usted, señor agente, fuese un asesino.
Antonio no mató.
Nadie que ame verdaderamente puede ser un criminal.
No pueden ser más conmovedoras sus palabras,
señora, pero carecen de valor en absoluto.
Pido, señor agente, se rechace el testimonio de la señora
por carecer de validez, pues se trata
de la esposa del acusado.
En todo caso, ella puede resultar cómplice
en el crimen, si como espero, puedo comprobarlo.
¡No me importaría serlo! Él es inocente!
A nombre de la acusación, pido que sea exhumado
el cuerpo de la víctima y se verifique la necropsia.
[bullicio fuera del cuarto]
Este documento ratifica el certificado
del doctor Vidaurre.
“Los médicos legistas convencionados
por esta procuraduría rinden el dictamen siguiente.
Primero, en el cadáver de la señora de Ituarte
no se encontró signo alguno de envenenamiento.
Segundo, se encontró una hipertrofia
cardiaca concomitante.
Y tercero, la señora Elena Gálvez de Ituarte
murió por la ruptura súbita de un aneurisma aórtico”.
Para reafirmar los hechos, quiero que se me permita,
señor licenciado, abducir un último testimonio.
[licenciado] Concedido.
[bullicio fuera del cuarto]
A pesar de habérselo prohibido el médico,
ella bajó a la fiesta.
Cuando se retiraron todos los invitados,
menos la señora Raquel y su acompañante,
el señor, que había sido requerido
por el doctor Vidaurre, salió del salón.
Repentinamente mi señorita Elena
se mostró muy nerviosa, muy nerviosa.
Su misión ha terminado en esta casa, señora.
Puede retirarse.
Vámonos, Demetrio.
[Demetrio] Buenas noches, señora.
[Esteban] Parecía a punto de sufrir otro síncope,
y como si no tuviera fuerza para sostenerla en la mano,
el contenido de su copa se derramó sobre la alfombra.
[música de tensión]
Esteban, llama al señor...
No tuve que cumplir la orden porque el señor llegaba ya
en aquel momento.
Yo naturalmente me retiré para no ser indiscreto.
[música de tensión]
[Raquel] ¡Antonio!
[llorando] Ya estás libre, Antonio.
La fe en nuestro amor no has salvado.
La fuerza de nuestro amor ha hecho un milagro.
No mataste, Antonio, no.
Ella murió su propia muerte.
Ninguna sombra volverá a pesar sobre nosotros jamás.
Nadie ha podido desatarnos.
La lucha ha terminado para siempre, Antonio.
¡Antonio!
¡Antonio!
¡Antonio!
[música triste]
[llanto]
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