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Padre celestial,
hoy me arrodillo ante ti, frente a tu omnipotente presencia…
para pedirte que me des fuerza.
Fuerza para superar todas mis tareas de hoy,
ya sean grandes o pequeñas.
Sé que es por tu voluntad que vivo, Señor.
Y sé que también es tu voluntad…
que hoy no sucumba a la debilidad.
No seré perezoso…
ni dejaré de hacer las cosas que tengo enfrente.
Gracias por tu eterna presencia, Señor,
y te lo pido en nombre de Jesús.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Me iré por unos días.
No serán muchos, pero tu madre está aquí y…
Ya sabes.
En fin, solo quería avisarte.
Me iré de viaje y…
ANÉMONA PARA EMERGENCIAS
Viking, Utsire Norte y Sur, Forties.
Viento del sudoeste, que virará al noroeste,
a velocidades de entre 22 y 40 nudos, quizás hasta 47 más tarde.
Lluvia y chubascos invernales, con visibilidad moderada y, luego, buena.
Cromarty, Forth, Tyne, Dogger.
Viento del sudoeste, que virará al oeste, a velocidades de 17 a 33 nudos y hasta 40.
Lluvias y chubascos, visibilidad moderada o buena.
Fisher, viento del sudoeste, que virará al oeste, de 17 a 40 nudos,
quizá hasta 47.
Lluvia y chubascos invernales, con visibilidad moderada y, luego, buena.
German Bright, Humber.
Viento del sudoeste, que virará al oeste,
a velocidades de entre 28 y 49 nudos, que luego disminuirán a 27 en Humber.
Lluvias y chubascos, con visibilidad moderada y, luego, buena.
Támesis, Dover, Wight, Portland, Plymouth.
Viento del sudoeste, entre 22 y 40 nudos. Ocasionalmente, llegará a 47 y virará…
Nuestra herencia.
Gracias.
Bendícenos, Señor, y bendice estos dones
que vamos a recibir.
Por Cristo, nuestro Señor…
¿Veinte años?
Bendito seas, hermano.
No me jodas.
Brian, cariño.
Brian.
Mi cielo.
¿Adónde se fue?
¿Quién?
¿Tu papá?
¿Fue a verlo a él?
Pero ¿qué mierda tiene que ver él, mamá?
- ¿Qué tiene que ver él? - Todo.
¿Qué?
¿Por qué heriste al chico?
- El cabrón se lo buscó, mamá. - Brian.
¿Dijo algo de tu papá?
Jem es mi papá.
¿Dijo algo de Ray?
Si tanto sabes, ¿para qué me preguntas?
No me contestes así.
Solo quiero que hablemos.
Casi matas a ese muchacho. ¿Me oyes?
Un asesino más en la familia ¿qué diferencia hace?
Ray no es un asesino.
Y aunque lo fuera,
¿por eso tú debes serlo?
Dame un abrazo.
Ray no es un asesino.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Querido Ray:
No sé si recibirás esta carta o si la leerás siquiera.
Pero tengo la esperanza y ojalá se cumplan mis plegarias
de que la leas.
Para empezar, quiero saber cómo estás.
El silencio sigue doliendo tras tantos años.
Y a menudo me pregunto si piensas en mí. En nosotros.
¿La leíste?
¿La leíste?
No, no la leí, carajo.
"Dales cerveza a los que están por morir
y vino a los amargados".
Amén.
Por Su Majestad, la reina.
¿No darás las gracias a Dios?
¿Solo lo haces antes de comer?
A Dios no le molesta si bebes unos tragos sin decir nada.
No te limpiaste el culo esta mañana. Vi mierda en tus calzones.
No, era de ayer.
Eres un mugriento.
¿Crees que la limpieza sea algo sagrado?
¿Cómo sabes que Dios no es sucio?
¿En la Biblia hay pruebas de que Dios se bañe tres veces por semana?
O se cambia la ropa interior.
No usa ropa interior ni dice sandeces como tú.
¿No?
¿Tendrá infinitos calzones?
Seguro que nunca los repite.
¿Le gustará usarlos ajustados?
¿O preferirá tener mucho espacio
para que sus enormes pelotas divinas se anden balanceando?
Deben ser enormes, como campanas de iglesia.
Debe tener una catedral de Canterbury ahí abajo.
Te irás al infierno, hermano.
¿Se reencontrará la familia?
El padre Rippon murió la semana pasada. Lo vi en el diario.
No leo los diarios.
¿Lo volviste a ver?
¿Es una pregunta?
Supe que lo internaron en un loquero hace unos años.
Por favor, lee la carta.
Cuando estuve de baja tras el tercer período de servicio,
en el que perdí a dos muchachos…
empecé a pensar en Rippon.
Cuanto más pensaba en él, más quería verlo
y ponernos al día.
Conversar sobre los viejos tiempos.
En fin, cuando volví, lo busqué.
No fue fácil encontrarlo.
Desde luego, lo habían trasladado mucho, como es normal.
Lo encontré en Huddersfield.
Debiste verme todo arreglado, de uniforme.
Teniendo en cuenta el estado en el que yo andaba siempre,
esa vez lucía muy bien.
Dejé el pantalón bajo el colchón por la noche.
Los pliegues estaban impecables adelante y atrás.
Me pasé la mañana puliendo las botas, parecían espejos.
Quedaron dignas de un desfile, Jem.
Estaba para trabajar en el palacio de Buckingham.
Uniforme número dos con medallas.
Lucía tan bien
que oía la voz de nuestra madre, que decía: "Vuelve a casa, hijo.
Queda todo perdonado".
El uniforme uno.
- ¿Qué? - En el palacio usan el uno.
Sí, es verdad. A eso me refiero.
Lucía tan bien que parecía el uno.
Supongo que para un ignorante, lo parecía.
Entonces, fui a su casa.
Una casita de campo adorable,
pagada por Su Santidad, sin duda.
Con canteros en las ventanas y un jardincito perfecto.
Los setos bien podados.
Toqué la puerta y ahí estaba él.
Bien limpio, todo reluciente.
Lo vi viejísimo.
Lo recuerdo como un tipo grande y fuerte.
Y ahí estaba entonces: un viejito flacucho con barriga.
Me sorprendió lo pequeño que parecía.
Le dije: "Padre Rippon, ¿verdad?
Recaudo fondos para la Asociación de Veteranos.
¿Puedo pasar un momento?".
Me di cuenta de que se impresionó. "Pasa, muchacho.
Bienvenido, hijo, pasa".
Estaba alterado, se movía sin parar.
Puso a hervir agua. Tenía porcelana fina y galletas, todo.
Me ofreció una taza de té.
Nos sentamos.
Nos sentamos en su salita ordenada y charlamos de esto y aquello.
Le pregunté si esa era su parroquia,
y dijo que no tenía parroquia en ese momento,
que estaba medio jubilado.
Le dije que seguramente era difícil,
tras tantos años de servicio.
Hablamos…
Hablamos de cómo estaba todo,
de la juventud ingobernable e impía.
Me preguntó
si yo era hombre de fe.
Y le dije
que la fe es muy importante en nuestra familia.
Me dijo: "Lo que más extraño es trabajar con jóvenes".
Casi me ahogo con la galleta.
En fin, ahí la conversación mermó un poco.
Y entonces, me dijo: "Disculpe, cabo, quizá quiera algo más fuerte".
Me lo quedé mirando un buen rato.
"¿Usted quiere algo más fuerte, padre?".
Se veía cómo lo invadía la emoción.
Él no lo podía creer.
Se le oscureció el semblante y le brillaban los ojos.
Me dijo: "Si quiere, sí". Empezó a levantarse.
Le dije: "Soy muy fuerte, padre Rippon".
Volvió a sentarse como si se hubiera caído.
Le pregunté:
"¿Quiere mirar?".
Me desprendí el pantalón. Creí que iba a darle un infarto.
Él no podía creerlo, estaba fascinado.
Entonces, me paré
y me fui desabrochando los botones de a poco.
Me bajé el pantalón.
Me bajé la ropa interior.
Le dije: "Aquí tiene".
"Acuéstese en el suelo", le dije.
Se acostó, deseoso de obedecer.
Le dije: "Pónganse como en la cruz, así se me para bien".
Me acerqué unos pasos, hasta quedar por encima de él.
Olvidé mencionar un detalle, Jem.
Durante unos días, antes de ir a verlo,
me limité a ingerir solo cerveza y curri.
Y esa misma tarde, tomé unos cuantos laxantes.
Me costó medir el tiempo.
Estuve sentado en el auto un par de horas y no sentía nada.
Pero en cuanto sentí…
ese retorcijón,
le toqué la puerta.
Mientras estaba sentado, me iba saturando.
Te juro que ya me estaba por desbordar.
Estaba que explotaba.
En el ejército te enseñan a sonreír y aguantar, ¿no, Jem?
Nos encanta la agonía exquisita
del sacrificio.
Entonces,
estaba parado sobre él.
Le dije:
"No me reconoces, ¿no?".
"¿Qué?", me preguntó.
Le dije: "El pequeño Ray.
Soy tu pequeño Ray del hogar".
Tardó unos momentos y movía los ojos para todos lados.
Cuando cayó en cuenta,
el miedo fue como una corriente eléctrica.
Y empezó a brotarle un sudor apestoso.
"Por favor, no me lastimes. Por favor".
Le dije: "No te muevas.
Si te mueves un milímetro, te corto las bolas y la verga
y te las hago tragar.
Así te la chupas a ti mismo, para variar".
Ahora que lo pienso, qué pena que no aprendió a hacer eso antes.
No habría necesitado a nadie más.
Avancé un poquito,
me di vuelta, muy incómodamente,
pisándole los bracitos con los talones.
Se estremeció. Vi que le dolía, pero no se movía.
"Ahora, mira la tubería, padre".
Y me agaché.
Y le cagué encima.
Ahora bien…
la evacuación ocurrió en tres fases marcadas.
Primero, lo bañé.
Lo dejé bien pulidito.
Parecía una bandada de palomas emprendiendo vuelo.
Luego hubo unas olas de lava hirviendo.
Y finalmente, un… un buen…
un buen pastel de cumpleaños,
como si fuera cemento húmedo,
fue lo que me salió.
Él daba arcadas, escupía y no se atrevía a inhalar,
pero tenía que respirar.
Y yo me reía tanto
que temía caerme sobre mis propios desechos.
Y eso fue todo.
Me levanté.
Con unas toallas húmedas que había llevado,
me limpié
y me fui de ahí, liviano como una pluma.
¿Te lo creíste?
¿De ti también abusó?
No.
No me extraña.
Incluso a esa edad te tenían miedo.
¿Dónde estabas cuando a mí me cogía por el culo?
Abusó de mí.
Abusó de mí.
Tuvimos poca suerte con los padres, ¿no?
¿Ponemos música?
Puta madre. Qué asco.
¿Qué te pasa?
¿Todo bien?
Puta madre.
¿Por qué haces eso?
¿Por qué haces eso?
- ¿Por qué haces eso? - ¿Qué?
Comer así.
Ahora ya no quiero.
¡Vamos!
¡Estaba cruzando, idiota!
¡Mira por dónde vas, hija de…!
¿Nessa?
Nessa.
¿Hattie?
Dame un momento.
Mírate con esa bata blanca.
No te emociones. Solo soy una pasante, Nessa.
Pero te queda bien.
En una farmacia, cualquiera usa bata blanca.
¿Terminaste tus estudios?
Me quedan los finales.
- Esta es mi práctica profesional. - Claro.
Me alegra verte, Nessa.
Hace siglos que no sé nada de Brian.
¿Está bien?
¿Qué?
¿Qué?
Lo lastimé mucho, Hattie.
No sé qué…
La verdad es que no sé.
Es que…
no pude contenerme.
Le…
Le hice mucho daño.
- ¿Qué te dijo? - Ni siquiera me acuerdo, Hattie.
Bueno, sí me acuerdo…
Pero fue
una tontería, como siempre.
¿Sobre él?
Y yo…
Puta madre, yo…
No sé, es que…
Estuviste en East Tyrone, ¿no?
Déjame que recuerde.
Error.
Sabes muy bien dónde estuve.
En Crossmaglen.
El país de los bandidos.
Una unidad de servicio activo del IRA operaba en esa zona
y hacía de todo.
Eran muy buenos, muy hábiles.
Astutos.
Cruzaban la frontera sin que los vieran.
Jugábamos al gato y al ratón. Nos turnábamos para ver quién era el gato.
Casi nunca sabíamos bien qué éramos.
Podías tenerlos en la mira, listo para disparar
y, mientras, ellos ya te habían disparado una bala a toda velocidad a la nuca.
La semana antes de atrincherarnos,
encontramos y desactivamos tres explosivos improvisados enormes.
Mataron a tiros a un adiestrador canino y al perro
y derribaron un helicóptero.
Todo en una semana.
El ejército irlandés esperaba resultados…
y no lo defraudaron.
Bombas incendiarias,
explosivos improvisados, granadas, morteros,
fusiles, ametralladoras pesadas…
Estaban mejor equipados.
¿Qué pasó?
PRIVADO, NO ACERCARSE
¿Son las flores que cultivaba papá?
¿Anémonas?
Escribo como si hubieras leído mis demás cartas.
Las ganas de hablarte y contarte todo son fuertes,
pero esto no se trata de mí, sino de Brian.
Brian te necesita.
Nunca te había pedido esto así.
Está en problemas.
¿Te vas?
¿No estás a gusto con el alojamiento?
Cuando te fuiste,
Nessa te escribió todos los días. ¿Por cuánto tiempo?
Cuando huiste al bosque cojeando,
ella no quiso interferir con tu decisión.
Por unos años, pensamos que un día aparecerías.
Ella no sabía si recibías sus cartas,
mucho menos si las leías.
Sabías del embarazo.
No le contestaste jamás.
¿Revisaste mis cosas?
Vuelve a tu vida de ensueño, imbécil de mierda.
Tienes a mi mujer, a mi hijo, tienes mi puta vida.
¿Qué mierda más quieres?
Tú fuiste el que se fue. Tú. No seas tan egocéntrico.
Esto no se trata de ti, es la realidad.
Se trata de Brian.
El pobre hijo único de un fugitivo demente.
¿No quisiste darle hermanos para que jugara?
Eres un tipo robusto.
¿No pudiste hacerle un hijo?
Ella siempre rezó por ti.
Sigue haciéndolo.
Dile que no se moleste.
Y papá también rezaba por ti.
Lo hizo a diario mientras vivió.
¿Te volviste blando?
¿Ese desgraciado?
Él sí que rezaba, ¿verdad?
Rezaba cuando se quitaba el cinturón y también después.
Quedaba sudado de tanto esfuerzo.
Rezaba bien seguido.
Aprendimos de violencia del campeón regional número uno,
y eso que tenía buena competencia.
¿Quién sabe? Quizás
en el campeonato de dominó de la Legión Real Británica
lo querían todos.
Todo uniformado, sacando pecho.
Sí, la patrulla de largo alcance. Esa sí fue una guerra.
Solo había arena.
Te mataban los alemanes o lo hacían las moscas.
Él no hablaba así.
Exacto, no hablaba para nada, ¿verdad?
Tuve tiempo suficiente para llenar los putos silencios por él.
¿Qué pretendes que haga, hermano?
- Lo sabrías si hubieras leído la carta. - ¡La leí, carajo!
Leí la puta carta,
pero ¿qué mierda?
¿Qué quieres?
No puedes hacer nada, Jem.
Y ella tampoco.
No tendré una epifanía.
Así que vuelve con tu puta familia y resuélvelo.
No quieres que me vaya.
¿Por qué diablos dejaste que el chico se uniera al ejército?
Eso no lo hice yo. Fuiste tú, viejo.
Mira, si bien yo crie al muchacho,
¿crees que no es un terco desgraciado igual que tú?
Yo no tuve nada que ver.
Yo le di mi opinión.
No quería que lo hiciera, que siguiera nuestros pasos.
Pensé que él solo buscaba…
En fin, más allá de lo que yo piense o no,
¿realmente crees que tu hijo no haría algo solo porque alguien se lo dijera?
Mira, ahora está ausente sin justificación
y, por mucho que lo quieran, sabes bien
que el Ministerio de Defensa no es nada compasivo.
No harán la vista gorda para siempre.
Quizá por una semana, con suerte.
Y entonces, la Policía Militar vendrá a casa y se lo llevará.
Pero eso es lo de menos.
Conocí a suficientes almas perdidas, Ray,
y en este momento, tu hijo está muy mal.
Así seas o no creyente, aquí hay fuerzas en juego, es la realidad.
No pretendo que hagas nada, Ray. No quiero nada.
Nessa…
Nessa cree que, si lo vieras y hablaras con él,
si le dieras respuestas,
las cosas cambiarían.
Y puede que sí.
Antes de que sea tarde.
Brian atacó brutalmente a un muchacho. Lo hizo pedazos.
Está convencido de que, si no los separaban, lo habría matado.
Y esto lo persigue desde la primaria.
"Tu padre es esto, tu padre es aquello.
¿Está en un loquero? ¿Está herido?
El hombre invisible, Ray Stoker".
Por favor.
Solo dime.
Si no vas a ayudar,
me iré de aquí ya mismo.
Me dio sed.
¿Sigue consciente? Qué bien.
Pídales a los niños que se vayan.
No conviene que vean esto.
Respire hondo conmigo.
Sí, cúbralo con una manta.
- No, no lo mueva. - Está en la calle.
Repito: no lo mueva, señora.
Y no le quite el casco.
Va muy bien.
Sé que es mucha sangre.
Para entonces, no dejaba de tocarme, parecía un pulpo.
Y yo movía la cabeza para tratar de respirar aire puro.
Él debió pensar que me gustaba,
porque no dejaba de acercarme esa boca apestosa.
Cielos…
No se rendía, pero…
No te miento.
El aliento le olía a mierda, Nessa.
¿Alguna vez te pasó?
Gracias.
- Toma. - Gracias.
También traje papitas. Te gustarán.
De queso y cebolla.
Me quedé sin batería. No me tardo.
No me tardo.
SARGENTO RS
Es hermoso, amable, gracioso, leal.
Se parece mucho a ti en muchos sentidos. Es curioso, ¿no?
En fin, te suplico, por el bien de Brian…
que, por favor, vengas a casa y hables con él.
Permítele que te conozca al menos.
Y quizás, a lo mejor, él pueda avanzar
y dejar atrás la ira demoníaca que tanto lo consume.
Rezo por que estés bien y te dignes a responder.
Dios te bendiga.
Te ama por siempre, Nessa.
¿Qué?
¿Qué?
¿Qué? ¿Qué carajo?
La viva imagen.
¿Qué?
- La viva imagen. - ¿La viva imagen de quién?
Vete a la mierda.
Vete mucho a la mierda.
¿De nuestro padre, que está en el cielo? No me jodas.
Supongo que un poco sí.
Supongo que sí soy un viejo amargado.
Le iba bien, ¿verdad?
¿A quién?
- Al muchacho. - ¿Al muchacho?
A Brian
le iba bien. Muy bien.
Le ven mucho futuro.
No puede evitarlo. Los demás muchachos lo siguen.
- ¿En serio? - Sí.
Recordarás cómo es tener hambre y frío y llevar tres noches sin dormir.
Es sálvese quien pueda.
Pero Brian
tiene fuerza de sobra.
Aunque esté agotado, sigue cuidando a los demás.
Y le prestan atención a eso.
Cuando pasaste la selección y entraste al regimiento,
me enorgullecí mucho.
Y me dio muchísima envidia.
Pensé: "Quiero eso.
Quiero algo así".
Supongo que ofrecerme de voluntario en la 14.ª Compañía
era una forma de acercarme.
Cuando estaba en Bradbury Lines con ustedes,
me parecía que estaba
al alcance, pero…
No fue por mí que se enlistó.
Fue por ti.
A pesar de toda la mierda
que sufrió en todos estos años, era una idea que él tenía.
Era el espacio donde tú debías estar lo que buscaba,
lo que le fascinaba.
Y ahora le teme hasta a su sombra.
No sabe quién eres.
No sabe nada de ti.
Salvo las viejas historias de cuando éramos jóvenes.
Ya sabes, el mal genio, las peleas callejeras, el vandalismo.
Tú y yo éramos un peligro en esa época.
Pero ahora él…
No sé. Se mira las manos
como si fueran de alguien más.
¿Qué?
Rumores, viejo. Rumores.
Hasta que me digas qué pasó, solo tendremos eso.
Sé que nunca te hablé debidamente de tu padre,
y eso estuvo mal de mi parte, Brian.
Jem y yo creímos que podíamos darte una buena vida
y creo que, en parte, lo hicimos.
Pero…
no debieron ser fáciles para ti
todos estos años.
Que esto te acechara siempre.
En cada cena familiar.
En cada cumpleaños, cada Navidad, cada ocasión especial.
Y supongo que no…
haberte hablado del tema…
era mi forma
de protegerte de ello.
¿Qué sabes del conflicto norirlandés?
Hoy dormiremos afuera.
Lo perdí en etapas.
Lo perdí en etapas.
Tras los primeros servicios,
ya era bastante difícil llegarle.
Cuando se ofreció para una misión especial,
en cuanto levantó la mano,
pareció que se fue a otro mundo.
Pero no fue solo eso. Él quería eso.
Estaba animado, entusiasmado.
Se despidió mucho antes de irse.
Y cuando volvió, se había cerrado.
Te sentabas con él en la cocina
y te miraba como si estuvieras a cien metros de distancia,
como si fueras un simple conocido
y él tratara de entender quién eras.
Yo estaba embarazada de ti.
Cada vez tenía más panza,
y él parecía ir consumiéndose.
Me sentía un gigante torpe que vivía con un hombrecito,
con miedo de pisarlo y aplastarlo.
Y un día se fue
y entendí que ya lo venía esperando.
Ray nunca me contó lo que pasó allí.
Intenté contactar
a algunos de sus compañeros,
los que estuvieron con él, pero no me dijeron nada.
Se los habrá prohibido el Ministerio de Defensa.
Así que solo sé lo que te estoy contando.
Pero yo conocía a Ray.
Lo conocía más que a mí misma.
Y como dije, esos muchachos no podían contar nada.
Pero te diré una cosa: lo querían y lo respetaban.
Y nunca me dieron… Nunca me dieron ni un indicio
de que él hubiera hecho algo que lo avergonzara.
Pero nos abandonó, ¿no?
Nos abandonó.
¿Eso es para enorgullecerse, mamá?
¿Por qué se fue?
¿Por qué nos dejó?
Crimen de guerra.
Así lo llamó: un crimen de guerra.
¿Un puto crimen de guerra?
La guerra fue el puto crimen…
y nosotros fuimos los soldados fantasma.
Nuestra misión allí era hacer vigilancia, nada más.
Nos atrincheramos de noche.
Eran dos vigías.
El nuestro estaba en un seto en un camino de tierra
que bordeaba la granja.
Vigilábamos el galpón de ordeñe,
que estaba a poco más de diez metros, cruzando el campo.
Ya lo habíamos revisado como respuesta a una pista.
Llegaron poco después del alba.
Ya sabíamos que había un fabricante de bombas,
pero no conocíamos al muchacho que iba con él.
Nuestra información era de fiar, pero no hubo movimientos por dos días.
Comenzamos a dudar si habrían escapado, si habría algún… túnel o entrada oculta
que no habíamos visto al revisar.
Yo estaba escribiendo el informe cuando explotó la bomba.
La explosión fue tan fuerte que ni se oyó.
La fuerza de la explosión me atravesó cada célula del cuerpo.
Se apoderó de mí,
me dejó sin nada.
Solo caos.
El techo entero del galpón salió volando entre el humo negro,
como en las caricaturas.
Las paredes se ensancharon y se abrieron.
Empezaron a llover escombros.
"¿Nos están atacando? ¿Saben que estamos aquí?
¿Se desharán de todo?". A veces hacen eso.
Ya sabes cómo era.
Si creían que los habían descubierto, detonaban la artillería y se largaban.
Y esperábamos que llegara alguien,
pero aún no ocurría nada.
Entonces, oímos a un muchacho gritar.
Como dije, solo estábamos vigilando. No estábamos equipados para nada serio.
Solo teníamos armas de mano y dos rifles entre todos.
Cuando explotó ese Semtex, debimos reportarlo, avisarles a ustedes.
No sé por qué,
pero, por algún motivo, entramos.
Nos acercamos.
Supongo que fue en la locura de salir a pelear.
Comenzamos a gatear al cobertizo.
Podían estar apuntándonos con armas,
podía haber otra bomba adentro. No lo sabíamos.
Íbamos gateando, con la cabeza gacha,
y nos acercábamos cada vez más. Solo oíamos…
El único sonido eran los gritos.
Obviamente, queríamos encontrar a uno vivo, para que hablara.
Era tanto el humo que apenas veías lo que tenías enfrente.
Resultó que solo eran ellos dos, el maestro y el aprendiz.
Y el tipo debió estar parado entre la bomba y el muchacho.
No había ni restos de él,
salvo por sus dientes, enterrados en la cabeza del muchacho.
Poco después supe que era su sobrino.
Y cuando entramos, debí resbalarme
con algún pedazo de él, porque estaba cubierto de…
Cuando me levanté, estaba cubierto de ese líquido que era él.
El muchacho estaba en el suelo.
Le faltaban…
Estaba vivo, a duras penas,
pero le faltaban algunos pedazos.
Sus tripas estaban desparramadas y llamaba a su mamá a los gritos.
Tenía los dientes del tipo enterrados en la cabeza.
Yo estaba parado junto a él mientras mis compañeros revisaban todo.
Me paré junto a él.
El muchacho estaba muriendo, Jem.
Le veía el miedo en los ojos.
El puto odio.
Me miraba con odio.
No podía tener más de 16 o 17 años.
Era más joven que Brian ahora.
Me estaba gritando.
Me rogaba que le disparara.
Así que le disparé.
¿Se estaba muriendo?
Sí, Jem. El infeliz se estaba muriendo.
No lo maté. El cabrón se mató solo.
El cabrón se mató solo.
Yo solo le di un empujoncito. Desgraciado de mierda.
¿Dónde iban a poner la bomba? ¿En un bar, un centro comercial, un club?
Gente inocente habría volado en pedazos. Cuánta misericordia.
Al final, terminaron matándose.
¿Y yo soy el asesino? Desearía…
Desearía haberlo dejado morirse.
Desearía haberlo dejado sufrir todo lo posible.
Tirado, con las tripas desparramadas, llamando a su mamá.
Debí dejarlo ahí.
Debí llamar una ambulancia
y decir que no había apuro.
No digo que le haya hecho un favor, pero eso hice, carajo.
Él me rogó que lo hiciera.
Diecisiete años, temblando en el suelo.
Y acabé con él…
solo para callar los gritos.
Y eso es todo. No pasó nada más.
Sí. Mira, desde luego, los muchachos sabían.
Ellos sabían lo que hice y no lo cuestionaron.
El muchacho agonizaba
y, de todos modos, nadie habría podido sacarle información.
No habría sobrevivido. Nadie dijo nada. Nadie lo cuestionó.
Nadie dijo nada.
Pero fui a la sala de operaciones de la unidad.
Ya habíamos terminado.
Volvimos a las barracas y tuve que pasar parte.
Por cómo estaba el chico, creí que no me harían preguntas, pero…
Se pusieron como locos
los soldaduchos y los altos mandos.
Así que, luego,
el oficial al mando me llamó a su oficina.
Se notaba que estaba estresado.
Su cabezota gorda parecía un grano a punto de explotar.
"Según las reglas del combate justo, eso fue un crimen de guerra, sargento".
Ya empezamos.
Me miraba fijo.
"Esto no puede saberse.
El muchacho era una amenaza.
Alzó su arma".
"No, no hizo eso, señor".
Le grité en la cara
que no había hecho eso.
Tenía los brazos destrozados.
Le dije que quería irme, pero me dijo que no podía.
Que me recompusiera y que no fuera tonto.
Que me tomara unos días, que viera a un terapeuta y estaría bien.
Que nadie se enteraría.
Allí estaba, parado frente a él,
y me brotaban las lágrimas.
Si me preguntaban cómo me llamaba, no hubiera sabido.
Entonces, me tomé unos días,
pero no bastaron para que el médico viera que había
una herida que no iba a cicatrizar.
- Yo era… Era, como dijo él… - Tranquilo.
…"una persona inestable".
Un peligro para mí y para otros,
que en nuestro trabajo, era perjudicial para el negocio.
Debía irme a casa. Entonces, me declararon no apto
y debí volver a la unidad.
Registraron mi partida y me devolvieron con mi regimiento.
Al poco tiempo, terminé en las calles de Sheffield,
frente a la puerta de mi casa.
Un civil y un…
un criminal de guerra secreto y asqueroso.
Sí, ya llevaba casi 15 años de servicio. Me quedaba poco tiempo de todas formas.
¿Podrías haberlo salvado?
Es que lo salvé, Jem. Lo salvé.
Lo salvé de sufrir más dolor.
Me habría gustado verlo sufrir un poco más.
Así que sí lo salvé. Lo salvé de eso.
¿Por qué le disparaste?
¿Podríamos haberlo mantenido vivo?
En ese entonces, yo sabía que no.
En ese entonces…
En ese entonces…
Oye.
Todos hemos hecho cosas.
Todos, Ray.
No necesito que me exoneres, Jem.
Quizá podría haberlo salvado. Quizá no podría haberlo salvado.
Quizá disfruté matarlo o quizá no.
Quizá me dio pena o quizá odiaba al infeliz.
No lo sé, Jem. No lo sé.
Pero no necesito que me exoneres.
Cometí el crimen y sigo cumpliendo mi condena.
No le debo nada a nadie.
No le debo nada a nadie.
Mucho menos a ti.
¿Cuántos avemarías debo rezar por eso?
Y se quedó callado, malhumorado.
Sus ojos buscaban la salida.
Había rumores, como bien sabes,
de que había enloquecido allí,
de que había perdido la cabeza.
De que había sido parte de cosas malas.
Incluso de que había matado a un civil desarmado.
Y la vergüenza…
La vergüenza parecía aplastarlo.
Y más allá de lo que haya pasado, la vergüenza.
Cuesta imaginar cómo puede afectarte la vergüenza.
Tu padre era muy orgulloso, Brian. Era muy orgulloso.
¿Orgulloso?
No entiendes.
Dedicó su alma entera a ser soldado.
- Así como tu papá Jem, ¿sabes? - Escucha lo que dices.
Y quitarle eso a alguien…
Quitarle eso es como quitarle su nombre.
¿Cómo puedes ser tan razonable?
No fui razonable en su momento.
Y si no hubiera sabido
que esperaba un hijo, si no hubiera sido por ti,
no sé qué habría hecho.
Así que sí.
Nos abandonó.
Lo lamento.
¿Y eso lo crees o lo sabes?
Porque esto pienso yo, mamá.
Pienso que era un asesino
y un cobarde.
Porque solo alguien débil y cobarde puede abandonar a su familia así.
- No hables de él. No lo conoces. - No, tienes razón, no lo conozco.
Ese es el problema, ¿no? Que no conozco al infeliz.
Sé todo lo que necesito saber sobre ese… desgraciado de mierda.
Y que es un agujero negro enorme en medio de nuestra vida.
No hables así de él.
No hables así de nadie en mi presencia.
Y menos de quien te dio la vida, que es una bendición.
¿Una bendición?
¿Por qué todo en esta puta casa debe ser una bendición?
Tú me diste la vida.
Él me dio una…
una maldición.
Todos estos años…
Todos estos años…
¿Todos estos años, qué, carajo?
¿Cómo hiciste…?
Los inviernos… Digo, el aislamiento…
¿Cómo hice qué?
¿Cómo me las arreglé yo solo?
Esto aún no termina, Jem.
Haces que parezca que…
No voy a fingir que no lo pienso de vez en cuando,
pero esta es mi vida, Jem.
¿Y tiene que ser así?
"El hombre,
como la hierba son sus días.
Florece como la flor del campo,
que pasó el viento por ella, y pereció.
Y su lugar no la conocerá más".
Etcétera, etcétera.
Amén, carajo.
Buenas noches, Ray.
¿Brian?
¿Brian?
Oye.
Ya tengo que irme.
¿Qué haces? Imbécil.
Anémona
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