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�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
La gran saga de Kurukshetra se encuentra ahora en su etapa final.
Inesperado, imprevisto, e inevitable.
El tipo de final que mantiene viva cada historia hasta su conclusi�n.
Un giro aterrador lleno de enga�os y conspiraciones.
Un objetivo que fue confiado a cuatro personajes que, tal vez,
a�n estaban despiertos a estas horas de la noche, en su b�squeda.
�Ashwatthama? �El nuevo comandante?
�Pero qu� m�s queda en esta guerra,
Duryodhana?
Mis Samsaptakas empapados en sangre, los Sindhus decapitados,
el ej�rcito Narayani destrozado y los innumerables guerreros cuyos cad�veres
yacen ahora esparcidos en Kurukshetra.
Mi ej�rcito, mis soldados,
el sacrificio de todos mis grandes guerreros,
ahora todo eres t�, Ashwatthama.
Esta noche,
los Pandavas deben pagar el precio por la muerte de cada uno de mis soldados.
Juro por Shiva, el Destructor que hasta que mi
venganza se cumpla totalmente, ni yo me detendr�,
ni esta guerra llegar� a su fin.
Ellos asesinaron a mi padre. Yo voy a acabar con su linaje.
Entonces ofrecer� a los Pandavas como sacrificio
al fuego sagrado de esta guerra...
y ser�s el sacerdote oficiante, Pr�ncipe heredero Duryodhana.
Que as� sea, Ashwatthama. Que as� sea.
Que cada vez que respires pienses en un solo prop�sito.
La venganza. Haz lo necesario, lo que sea para poder lograrlo.
Tr�eme pruebas, Ashwatthama.
Las cabezas cortadas
de los cinco Pandavas.
Solo eso va a poder traer un poco de paz a mi alma. As� es. Si... esa gema que...
esa gema que llevas en tu frente, t��ela con sangre,
Ashwatthama. T��ela con sangre.
KURUKSHETRA: LA GUERRA DEL MAHABHARATA
"ASHUATAMA"
La noche estaba en su momento m�s obscuro y desafiando tal obscuridad estaba
la tormenta que rug�a en la mente de Ashwatthama.
Kripacharya y Kritavarma se quedaron dormidos
en el suelo en cuanto se recostaron. Pero Ashwatthama no pod�a
conciliar el descanso.
Nacido con el relincho de un caballo, Ashwatthama era el ni�o,
cuya gema en la frente lo proteg�a de todas las calamidades. Pero,
�qui�n lo iba a defender ahora de los peligros
que �l mismo estaba provocando?
Padre. S� que me est�s observando
desde all� arriba.
La responsabilidad que una vez fue la corona sobre tu cabeza ahora est� sobre
mis hombros.
El deber de hacer que el pr�ncipe Duryodhana salga victorioso.
Pero no entiendo c�mo se supone que debo cumplirlo.
Espera.
Oh, b�ho, se�or de la sabidur�a.
Si toda esta escena es solo un sue�o, que termine ahora.
Pero si eres una se�al que me est� enviando mi padre Dronacharya,
mu�strame el camino. Mu�strame el camino, oh b�ho.
Ahog�ndose en el ego y luchando contra la oscuridad,
Ashwatthama sigui� mirando la noche y buscando
un camino en todo ese vac�o de miedo.
Silencioso, pero intranquilo. Concentrado, pero bastante inquieto.
Y desde el abismo, se alz� una voz... "mata".
Un camino. Una verdad.
Se lo repiti� �l mismo... "mata".
�Ashwatthama? �Qu�...? �Qu� est�s haciendo?
Me estoy preparando, t�o Kripacharya.
Me preparo para el final de esta historia y de esta guerra.
�A estas horas? Es muy tarde.
El Se�or Shiva, el Destructor, me dio una se�al.
Si la orden se dio a esta hora, entonces su ejecuci�n tambi�n
debe ocurrir ya.
Estuve pens�ndolo muy bien. Embriagados por su victoria,
van a estar desprevenidos.
Este es el momento de atacar su campamento y as� recuperar la victoria
que leg�timamente es nuestra.
Piensa con calma y sabidur�a, Ashwatthama.
Antes de que demos un paso as� de peligroso,
debemos consultar al rey Dhritrashtra y al primer ministro Vidura.
- La prisa... - �La prisa? De hecho, siento que
ya nos demoramos mucho. Kritavarma.
�Qu� pasa? �Vieron un le�n?
S�, el le�n est� aqu�. Y ahora se dispone a
cazar algunos ciervos.
Sin saber de la desgracia que se avecina, el narrador principal de esta historia,
Sanjay, duerme pl�cidamente en Hastinapura.
Es posible que, para �l,
esta guerra haya llegado a su fin con la derrota de Duryodhana.
Pero yo estoy despierto. Porque s� que, en la guerra, los guerreros pueden morir,
pero su venganza puede seguir viva.
Parece que aqu� hubo una gran celebraci�n por la victoria.
Ahora tendr�n un funeral igual de grandioso. Ning�n soldado est� alerta ni
- en guardia. Todos est�n dormidos. - Y no despertar�n hasta
que sea demasiado tarde.
Ah�. Ah� es la tienda del comandante.
Dhrishtadyumna, que mat� a mi padre, debe estar ah� dentro.
Y esa es la tienda de los Pandavas.
Los cinco deben estar ah�. El hip�crita Yudhisthira,
el demonio Bhima, el cobarde Arjuna y los completamente
in�tiles Nakula y Sahadeva.
Hoy los voy a liberar a todos de sus cuerpos mortales.
Pero primero, debo arrancar los colmillos de esa
serpiente venenosa de Panchal.
Yo soy el comandante. Con mi furia,
convertir� esta celebraci�n de victoria en una asamblea de luto.
Ustedes tres, deben quedarse a vigilar esta entrada.
Recuerden, no debe quedar ni una sola alma con vida.
Como ordene.
Ashwatthama, cobarde. Si deseas matarme, enfr�ntame como un verdadero Kshatriya.
�T� s� hiciste eso? �Eh? �No luchaste contra mi padre desarmado?
No eres un Kshatriya, Dhrishtadyumna. Eres una verg�enza.
Esta es la muerte que te mereces.
Shikhandi.
Miserable. Pecador.
Lo atacaste mientras dorm�a. Ni siquiera en el infierno encontrar�s
- refugio. - �Y d�nde vas a
encontrarlo t�, Shikhandi el eunuco?
Ni completamente hombre, ni completamente mujer.
Y ahora es el turno de los Pandavas.
Todo est� destruido. �Engendro!
Las cabezas de los cinco guerreros restantes del imperio Pandava.
Un regalo del comandante Ashwatthama al pr�ncipe heredero Duryodhana.
Los mataste. Realmente los mataste a los cinco.
Tal y como ordenaste, pr�ncipe heredero.
La noticia m�s alegre de estos �ltimos dieciocho d�as.
Mis o�dos anhelaban escuchar estas palabras.
Dame... Dame la cabeza de Bhima. D�mela.
El fue el que mat� sin ayuda a mis noventa y nueve hermanos.
Hoy es el d�a en que ungir� mi frente con la sangre de ese desgraciado.
�Qu� acabas de hacer, Ashwatthama?
Hice lo que me ordenaste, pr�ncipe heredero.
Todo el campamento de los Pandava est� destruido.
Todos y cada uno de los guerreros ah� presentes fueron asesinados.
Pr�ncipe, �qu� pasa? �No est�s satisfecho?
�Crees que esta cabeza que aplast� con tanta facilidad podr�a tratarse de la
- cabeza de Bhima? �Eh? - �Pero qu�...?
Te dejaste confundir por el parecido que tiene con Bhima y asesinaste a su hijo,
Sutasoma, en su lugar.
En ese campamento, debieron estar los Upapandavas.
Los confundiste con sus padres y mataste a sus cinco hijos.
No cumpliste con la orden que te hice, Ashwatthama.
Pero hiciste algo que ni el abuelo Bhishma, ni Karna,
ni tu padre Drona fueron capaces hacer.
Con tu acto, dejaste las celebraciones de victoria
de los Pandavas vac�as. Convertiste los triunfantes sonidos de
las caracolas en lamentos f�nebres.
Esto es tan glorioso como la derrota del Se�or Indra.
Pero en cuanto se enteren de esta noticia,
los cinco seguramente vendr�n a buscarlos.
Pues que vengan. Los cinco Pandavas, Krishna, Satyaki, que venga quien quiera.
Ashwatthama no le teme a nadie.
Que vengan todos.
Ya. V�yanse. Los cuatro deben irse ahora mismo.
Vayan por caminos separados.
Tu pr�ncipe heredero est� orgulloso de ti, Ashwatthama.
Miren, miren, est�n cayendo p�talos del cielo.
Los mensajeros del cielo me est�n llamando.
Pr�ncipe Duryodhana, por favor,
quiero que le diga a mi padre Drona c�mo mat� a Dhrishtadyumna y vengu� su...
�Pr�ncipe?
�Pr�ncipe!
No. Pr�ncipe... Pr�ncipe Duryodhana.
Pr�ncipe.
He perdido a mis cinco hijos en una sola noche.
Y su asesino, esa serpiente con la gema, Ashwatthama, �l sigue vivo.
Te prometo que no vivir� mucho m�s tiempo, Panchali.
Ya en otras ocasiones he cobrado venganza por ti. Hoy lo har� otra vez.
Lo juro por Sutasoma.
Traer� la gema de esa maldita serpiente y la pondr� a tus pies.
Pero primero tenemos que encontrarlo.
Ya debi� haberse dado cuenta de que no nos mat� a nosotros,
sino a nuestros cinco hijos.
Seguramente ya est� muy lejos de aqu�, escapando de nosotros.
Cielo, tierra, inframundo, debe estar en alg�n lugar.
Voy a revolver todos los oc�anos solo para encontrar a ese infeliz de Ashwatthama,
no habr� nada que me detenga.
No hay necesidad de que te compliques tanto.
Yo s� d�nde se encuentra esa serpiente, Arjuna.
Entonces debes guiarnos, hermano Bhima.
Hasta que me entreguen la gema de la cabeza de esa serpiente malvada,
no consumir� ni un grano de comida.
Aunque hacer eso me cueste la vida.
No te ahogues en la tristeza de lo que pas�.
Debes cultivar lo que est� por venir.
Piensa en el hijo de tu nuera Uttara.
Su vientre no solo est� albergando al hijo de Abhimanyu.
Tambi�n a tu nieto y al heredero del linaje Pandava.
Debes pensar en �l.
�Aqu�?
La ermita del gran sabio Vyasa.
�Recuerdas c�mo nos disfrazamos cuando nos escond�amos de los enemigos?
Me convert� en mujer. Brihannala.
En el reino de Matsya, ocult� mi identidad de esa
forma durante todo un a�o.
Pero solo t� te convertiste, Arjuna.
Porque la maldici�n de la ninfa celestial Urvashi te hizo eunuco.
Pero nosotros no est�bamos malditos.
�Recuerdas c�mo los cuatro ocultabamos nuestra identidad?
Fingimos ser brahmanes.
Estoy muy seguro de que Ashwatthama finge ser uno de estos brahmanes.
Solo tenemos que identificarlo.
Ah� est�, el cobarde. �Ashwatthama!
�Por qu� te escondes ah�, sinverg�enza?
Atacaste a unos ni�os que estaban dormidos.
Cobarde comandante de un ej�rcito derrotado, mu�strate.
Ni tu pr�ncipe heredero Duryodhana est� vivo, y tampoco tu padre.
�Qui�n va a venir a salvarte ahora? �Eh?
Mu�strate.
No te preocupes por m�, Bhima. Piensa en ustedes.
Si mi padre logr� convertir a unos estudiantes
in�tiles en grandes guerreros, piensa en lo bien que entren�
a su propio hijo.
Puede que mi padre ya no est� aqu�, pero sus habilidades,
sus armas y sus conocimientos ahora son m�os.
Y eso es m�s que suficiente para ustedes.
Oh, Brahmastra, arma divina de fuego. Doce gritos claman tu nombre.
Tu eco vuela a trav�s de los tres mundos. Saludos infinitos a tu ascenso.
Fuego feroz, inquebrantable y radiante. Brahmastra,
nos inclinamos con reverencia y aspiraci�n.
Hilo de Brahma, brillante como el ocre. Atraviesas el oc�ano, portador del poder.
Guardi�n eterno, llama del origen,
fuego que se mueve a trav�s de la muerte y el nombre.
Me inclino ante el silencio profundo,
el lamento de la tierra y el gran barrido del cielo.
Rompedor de l�mites, oh luz astral.
Oh, Brahmastra, Brahmastra, gloria, poder y todo el derecho.
Arjuna, tienes que detener el
ataque de Ashwatthama.
Claro que debemos hacerlo. Pero �c�mo lo hago, Keshav? �C�mo? Este tonto, con su
- maldita furia... - Acaba de invocar al Brahmashirastra.
Si no lo detenemos, caer� una lluvia de fuego del cielo,
Arjuna, y va a destruir toda la naturaleza.
Pero Ashwatthama es invencible en este momento, Keshav.
Si no puedes detener a Ashwatthama, entonces det�n su arma.
Para salvar la Tierra de esta destrucci�n,
debes utilizar el arma m�s temible que posees.
Que mi hermano-disc�pulo Ashwatthama encuentre la paz. Oh, Brahmashirastra,
calma el fuego de su arma.
Oh, grandes guerreros.
D�ganme si esta sigue siendo la misma guerra que comenzaron por el trono
de Hastinapura.
�Para qu� esta batalla y estas armas? Porque despu�s de usarlas,
ni Hastinapura ni ninguna vida quedar�n presentes.
Nunca antes en la historia ning�n guerrero ha empu�ado estas armas.
A�n est�n a tiempo.
Dejen atr�s ese deseo de venganza personal y recuperen sus respectivas armas.
Calma, Ashwatthama.
�Pero qu� est�s haciendo, Ashwatthama?
Obedece la orden que d� ahora mismo y retira tu arma de inmediato.
�Por qu� est�s confundido? Haz lo que te digo.
El conocimiento incompleto es m�s peligroso
que la ignorancia, venerable sabio.
Ashwatthama no cambi� el rumbo de su arma por cumplir ning�n juramento o por
el deseo de venganza.
La verdad es que simplemente no tiene el conocimiento de c�mo retirar su arma.
Debido al temor hacia el car�cter iracundo de su hijo,
el gur� Drona nunca le ense�� qu� hacer para retirar el Brahmashirastra.
Para �l, siempre fue el �ltimo recurso.
Perdona a esa peque�a criatura que crece en el vientre de Uttara, Ashwatthama.
Si no lo haces, no habr� ninguna forma en que puedas
enmendar esa transgreci�n.
Padre m�o.
Todas las madres asustar�n a sus hijos con historias sobre tu indigno hijo,
todas lo har�n, excepto Uttara.
No... No...
�Escuchan este silencio sepulcral?
Se trata del grito extinguido de ese ni�o sin vida.
Hoy, todo el linaje de los Pandavas ha llegado a su fin.
Es cierto que mataste a un ni�o no nacido, Ashwatthama. Y en este momento,
el nieto de Arjuna ya no est� vivo.
No.
Pero escucha de nuevo y podr�s o�r el dulce llanto de una nueva vida.
Si t� tienes el poder de quitar la vida, yo tengo el poder de concederla.
Ashwatthama, �acaso pensaste que,
si yo soy capaz de crear todo este universo, salvar
la vida de un beb� estar�a fuera de mi alcance?
T�, tu ira guardada,
y todos tus poderes juntos no pueden hacer nada para da�ar esta creaci�n mientras
yo exista.
Y yo siempre existir�.
La impureza de tus pensamientos te hace indigno de la gema en tu frente que
te protege.
Yo, Vasudev Krishna, declaro que la bendici�n de la
inmortalidad ser�, en cambio, una maldici�n para ti.
Las eras cambiar�n, las dinast�as cambiar�n,
las vidas de todas las criaturas de la Tierra y el significado mismo de la
vida cambiar�n. Pero t� vagar�s eternamente
por esta Tierra, cargando el peso de tus iniquidades
para siempre, Ashwatthama.
El dolor de tus heridas no te dejar� dormir. Suplicar�s por la muerte,
pero la muerte no llegar�.
El ni�o al que intentaste matar de forma imperdonable este d�a,
sentar� las bases de un imperio lleno de gloria,
Ashwatthama. Mientras que,
para ti,
no quedar� m�s remedio que seguir viviendo
como testigo de su legado y su valor.
Duryodhana. Mi... mi... mi propio hijo. Gandhari,
nunca fui capaz de ver a mi propio hijo.
Pero hoy, puedo experimentar claramente
la agon�a tras su muerte.
El momento ha llegado, Gandhari. El momento ha llegado.
La guerra de los hombres termina en el campo de batalla,
pero la guerra que se libra en el coraz�n de una mujer nunca termina realmente.
A ellas se les permite pisar los campos de Kurukshetra solo para realizar
los �ltimos rituales a sus hijos.
�A qui�n puedo considerar responsable de esta terrible guerra que se libra...
en mi alma, mi rey?
Lo hecho, hecho est�.
�De qu� sirve ahora buscar a quien responsabilizar
por todo lo que pas�?
Alguien tiene que responder a todas mis preguntas.
Y s� bien qui�n tiene esa responsabilidad.
El primer cap�tulo trat� sobre Kurukshetra.
El eco de esta guerra de Kurukshetra resonar� en todas las �pocas.
�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
Una guerra por la verdad. Un campo de batalla.
�Esto es Kurukshetra!
El orgullo reina en todas las mentes.
Mezquindad disfrazada de deber.
Miradas despojadas de prop�sito.
�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
Un ojo saborea el dulce n�ctar.
El otro traga veneno mortal.
Un ojo saborea el dulce n�ctar.
El otro traga veneno mortal.
Ese es el destino en esta guerra.
Es un teatro de sufrimiento.
Los dioses lo saben y los hombres lo ignoran.
La �nica salvaci�n es la muerte.
Las reglas de la vida son misteriosas.
�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
Para los que duermen, el sue�o parece real.
Cuando despiertan, no es m�s que una sombra.
Alma, luz, cuerpo, sombra.
Yo soy la luz, yo soy la sombra.
Yo me creo y me manifiesto.
�Yo soy Krishna! �Yo soy Krishna! �Yo soy Krishna!
�Krishna!
�Krishna!
�Krishna!
�Krishna!
�Krishna!
�Krishna!
Yo soy la luz. Yo soy la sombra.
Aquello que tiene un fin
es todo una ilusi�n.
Ac�rcate y f�ndete conmigo. El final es el final.
La tierra est� abajo, las estrellas, arriba. Esto es Kurukshetra.
Esto es Kurukshetra.
�Esto es Kurukshetra!
�Esto es Kurukshetra!
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