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¿Cuál es el primer derivado de la energía cinética respecto a la velocidad?
No sé.
¿Qué hace "cuac"?
No sé.
Niños, dejad vuestros estúpidos deberes un momento y fijaos en mamá.
Esta noche sale con su hombre.
¿Adónde le decimos a papá que has ido?
Salgo con vuestro padre.
Al menos él ha tenido el detalle de acordarse de mi cumpleaños,
no como ciertas dos personas que nacieron dolorosamente,
y en algún caso, al revés.
Te habríamos regalado algo, pero el año pasado dijiste:
"Si llego a estar tan vieja como la Sra. McKelvey,
"no quiero volver a celebrar mi cumpleaños".
La Sra. McKelvey tiene 50 años.
Cuando averigüe cuándo es vuestro cumpleaños, os vais a enterar.
El mío es en febrero. Soy acuario.
Un acuario vacío.
- ¿Adónde te lleva papá? - No lo sé.
Sólo me ha dicho que me ponga algo especial.
Espero que sea cena y baile en el Beef Trough.
Es nuestro local especial.
¡Peg, qué guapa estás!
Vas a dejar boquiabiertos a los de la bolera.
¿La bolera? ¿Me llevas a la bolera en mi cumpleaños?
¿Es tu cumpleaños?
Niños, esta noche mamá se sienta delante.
- Niños, ¿qué hacéis? - Los deberes. Se acercan los finales.
Pues dejadlos, que esto sí que es importante.
A ver, como todos sabemos,
mi buen amigo Puggy Weaver se va del barrio.
Es mi última oportunidad de quitarle el récord
ante sus sudorosos morros de cerdo.
Llevo semanas entrenando y evitando todo lo que me perjudica,
la carne roja, el vino tinto
y las pelirrojas.
Y las agotadoras duchas.
Detrás de todo gran hombre hay una mujer con la que no me casé.
En vosotros, niños, recae la encomiable tarea
de grabar mi victoria para la posteridad.
Demasiadas glorias Bundy se han perdido por falta de cámara.
Cielo, en nuestra luna de miel teníamos una cámara.
Pero siempre acababas antes que el flash.
Peg, si haces memoria, me iba muy bien hasta que entraste en la habitación.
Vamos, Peg.
Será el primer cumpleaños que no acabes borracha.
Niños, coged las cámaras. Peg, coge mi bola.
Al, es mi cumpleaños.
Tienes razón, Peggy, ya cojo yo la bola. Tú empuja el coche para arrancar.
¡En marcha!
- Listo, papá. - ¡Que voy!
Saca más.
Saca más.
- ¿Ha salido tu madre en la imagen? - Sí, papá.
Rebobina.
Hola. Soy Al Bundy y estoy en Jim's Bowlarama, bien y a tope.
¿Qué es esto?
Una placa con el mayor marcador de la historia de Bowlarama,
una placa en la que pronto pondrá: "Al Bundy".
MAYOR MARCADOR 256 - 26 DE ABRIL, 1985
Sí, Al Bundy, Al Bundy. Valiente, audaz y valeroso.
Loadas sean su fama y su gloria por mucho tiempo.
Ahora una foto, por favor.
Papá, socorro. ¡Me he quedado ciega!
¡A jugar!
¡Papá, papá!
¡Papá!
¡Qué peste!
Ah, Bundy.
Puggy, no te he reconocido con el puño saliéndote por la nariz.
Tengo entendido que te marchas. Supongo que te llevas a la mujer, los niños
y la fulana de 130 kilos con la quedas todos los viernes después del trabajo.
He venido por aquí para darte un regalito de despedida.
"El Rey" Al Bundy va a dejar tu récord
igual que te ha dejado el tiempo a ti la cara.
Peg, abre la cremallera.
La de la bolsa, Peg.
La bola tiene una mancha. ¡Peg!
Lo siento, chicas. Está pillado.
- Empieza a grabar. - Listo, papá.
Primer cuadro,
el legendario Bundy.
¡Strike!
Esta noche va a ser muy larga, mamá. ¿Quieres que pida dos cervezas?
Para ti. Yo me pido un helado con gominolas.
¡Strike!
Aún te queda mucho para llegar a 256, Bundy.
A tu mujer no tanto, Puggy.
Al, me aburro.
Peg, esto es una bolera. Seguro que encuentras algo que hacer.
Es que no me decido.
A ver. Tenis, bacarrá, música de cámara.
Ah, ya sé.
A lo mejor esos señores que se rascan el trasero están recitando poesía.
¡Peg, juega!
Ya, muy bonito.
No hay nada más penoso que una mujer jugando sola a los bolos.
Bueno, ya estamos aquí otra vez.
- ¿Marcy? - ¡Peggy!
Esto no es tan lamentable como parece.
Me han dicho que es un buen sitio para conocer hombres.
Y así es. La semana pasada conocí a dos.
Se fueron juntos, claro está.
Toma ya, vida de soltera.
Sí, es el lugar ideal para encontrar uno bueno.
No está mal salir con médicos o abogados,
pero si de verdad se quiere sentar cabeza...
No hay nada como un jugador de bolos.
Cuarto cuadro,
firme y decidido, Bundy coge su bola
a sabiendas de que sólo necesita dos strikes y ocho bolos de nada
para hacer migas el récord de cierto cochinillo.
Qué cara más larga pones, Puggy.
Bundy el Poderoso va a lanzar.
Juega de una vez, zapatero.
Al, cielo, acabo de hacer cuatro strikes seguidos.
Cállate, Peg.
¡Strike!
Cielo, sí que es emocionante. ¡Cuatro strikes seguidos!
Nunca lo había hecho. Ven, tienes que verlo.
Peg, por favor, no me obligues a matarte, que es tu cumpleaños.
Está bien. Ya me callo.
¿Cielo?
CENTRO DEPORTIVO
Han quedado en pie el 2, el 4 y el 10.
Debes derribarlos todos y hacer un strike
si quieres superar mi récord.
¿Qué querías, Peg?
- Pues desearte suerte, nada más. - ¡Lárgate, mujer!
¡Sólo me queda un strike!
¡Strike!
- ¿Estás listo, Bud? - Listo, papá.
¿Kelly?
Bien hecho, Kelly.
Aquí me lo juego todo.
¡Strike!
¡Lo he logrado, 257! ¡Lo tengo grabado!
¡Mi vida no es inútil!
¡Qué alegría! Nada puede estropearme este momento.
¡Strike!
¡Eh, la tía del vestido de noche lleva seis strikes seguidos!
Llevas seis strikes seguidos, Peggy.
¿Cuál será el récord del Bowlarama?
Peg, he terminado. Ya podemos irnos a casa.
Ahora no puede irse. Esta jugando una partida asombrosa.
Sí, papá. Mira.
Tres strikes más y tu récord se va a hacer puñetas.
Papá, ¿puedes sudar hacia aquí?
Al, ¿a que estaría bien que superara tu récord?
Sí, sería ponerle la guinda a mi tumba.
¿Algún consejo para los perdedores del mañana?
Espero que alguien te filme cuando lean mi testamento.
Me da igual. No me preocupa.
Bud, tu madre tiene una media de 60, igual que en el instituto.
Es imposible que siga...
- ¡Strike! - ...haciendo strikes.
Verás, debes saber que en los bolos cualquiera acierta por chiripa.
Pero a la larga, el juego está pensado para que sólo los que saben...
¡Strike!
¡Quítame ese trasto de la cara!
Peg, cielo, estaba pensando que éste no es lugar para pasar la velada.
Vas toda arreglada. Es tu cumpleaños.
Ya sé. ¿Y si nos vamos a casa, me quito la camisa y me frotas la espalda?
No, no puedo, cielo. ¿No lo has oído? Llevo ocho strikes seguidos.
Tú quédate aquí. Voy a superar tu récord.
Qué maravilla de cumpleaños.
Una copita de cicuta con hielo, ¿papá?
Aún no. Me queda un cartucho por quemar.
Observa.
Peg.
Por favor, anota este strike en mi honor. Me harás feliz como a ninguno.
Verás... He apostado dinero por ti, Peg.
Hazlo por mí, nena. Hazlo, cielo.
Ésta se va por la tronera.
¡Strike!
¡Nuevo récord de la bolera!
¡Increíble!
Sólo resta decir adiós, ¿eh, papá?
Es igual. No es para tanto.
Anote lo que anote, volveré y lo superaré.
Jugaré todas las noches de mi vida hasta que el récord sea mío.
No puede estar tan mal. ¿Cuánto lleva, 260?
- ¡Strike! - 270, papá.
No es imposible. No es imposible.
Al, cielo, te necesito.
Marcy dice que estoy a tres bolas de la partida perfecta.
¡La partida perfecta! Pero estoy nerviosa, cielo.
Es decir, ¿y si la cago como tú en nuestra luna de miel?
Al, ayúdame.
¡Escuchadme todos!
Aquí hay una mujer que va a por la partida perfecta.
Está un poco nerviosa, así que quiero silencio.
O sea, nada de comentar que le tiemblan las manos, le fallan las fuerzas
o que el vestido está pasadísimo de moda
en éste su enésimo cumpleaños.
Hale, tira, cielo.
¡Recordad, silencio absoluto!
Eres la roña de los pies de Satanás.
Sé lo que tramas. Quieres sabotear a tu propia esposa.
- ¿Es que no tienes límites? - Bueno, no te besaría por una apuesta.
¿No puedes dejarla disfrutar una noche?
Con lo poco que tiene. Está casada contigo. Ya has visto qué hijos tiene.
Y ahora tiene la oportunidad de pasarlo en grande
en vez de pasarlas moradas.
Venga, ve a animarla.
Peg...
Nuestros hijos han muerto en una avalancha.
- Lanza, Peggy. - Bien.
Lanza como el viento. Todos te apoyamos.
Supongo que no puedo hacer más de 300.
De todas formas, los bolos nunca me han gustado.
Esos 20 años de práctica han sido para prepararme para lo que me gusta de verdad.
Sentarme en el jardín para que los buitres me picoteen los ojos.
No lo va a lograr, papá.
Tiene una posibilidad entre un millón de lograr la partida perfecta.
- Ni los profesionales... - ¡Strike!
- ¡Sí! - ¡Sí!
¡Uno más! Uno más y lo habrá logrado.
Dios mío, estarás hecho polvo.
Kelly, ven aquí.
A ver, niños, ¿sabéis lo que estamos presenciando?
- ¿La partida perfecta? - No, no.
La maldición de los Bundy.
Es lo que nos impide ser felices. Es inútil resistirse.
Es lo que nos diferencia de los fracasados normales.
Sí, ellos pueden tener sus momentos, pero nosotros no.
Nosotros nunca.
Pero mamá está teniendo uno insuperable y es una Bundy.
Ella no es una Bundy de verdad.
Veréis, vuestra madre sólo es Bundy por matrimonio.
Forma parte de la maldición.
Pero nosotros somos Bundy de sangre.
Estamos condenados.
- Adelante, Bundy. - Adelante, Bundy.
Al, cielo.
Éste va por ti.
- Ya lo sé, Peg, ya lo sé. - Bien.
¡Sí, sí! ¡Ya puedo volver a jugar!
¡Puedo volver a jugar!
¡No!
¡Lo logré, lo logré! ¡Dios mío! ¡Al, Al!
¡Cielo, he logrado la partida perfecta! ¿No estás orgulloso de mí?
¿Al?
¿Al?
Hola. Garrett Glaser, de Últimas noticias.
Hoy se ha evitado por poco una tragedia
cuando un hombre, que volvía de una bolera
en la que su mujer hizo una partida perfecta, entró en una casa en llamas
y salvó a una familia de 10 y al perro, Winky.
- Sr. Bundy, ¿qué le impulsó a hacerlo? - Verá, yo siempre he sido un triunfador.
Y los triunfadores siempre están presentes en el momento del triunfo.
Sr. Bundy, por aquí se comenta que va a presentarse a alcalde.
No digo que no vaya a presentarme.
Pero si me presento, vayan preparando la cerveza y los sobornos
porque, como ya he dicho, soy un triunfador.
- ¡Bundy, Bundy! - ¡Bundy, Bundy!
- ¡Bundy, Bundy! - ¡Bundy, Bundy!
- ¡Bundy! - ¡Bundy!
Mamá, ¿por qué mira papá la pantalla apagada?
No lo sé.
Pero parece contento.
A lo mejor se ha vuelto loco, mamá.
Bueno, tampoco hace falta cerebro para vender zapatos.
Niños, ayudadme a poner mi gran trofeo delante de los pequeñitos de papá.
- Buenas noches, cielo. - Buenas noches, papá.
Buenas noches, papá.
Hola a todos, soy Roy Firestone.
Nuestro invitado de esta noche ha batido todos los récords
tanto en ataque como en defensa.
Les presento a la futura leyenda Al Bundy, el "pegajoso".
Al, veo que llevas tu camiseta de fútbol
tres meses después de acabar la temporada.
Es que me queda bien, Roy, y a las tías les chifla.
Al, a ver si podemos hablar en serio un rato.
La partida de bolos perfecta de tu mujer, en la que anotó 300 puntos,
¿te ha afectado mentalmente de algún modo?
Podría haberme afectado, Roy, si no tuviera otra cosa en la vida.
AL BUNDY EL "PEGAJOSO"
Pero, entre la NFL, los contratos publicitarios
y, claro está, recibir el título de Sir de manos de la Reina de Inglaterra...
Qué narices, que la chica disfrute su momentito de gloria.
Si hubiera una palabra...
Una palabra que definiera tu esencia, Al,
¿cuál sería?
Triunfador.
Al Bundy, señoras y señores.
Marido, padre, jugador de fútbol,
torero, aviador,
inventor de los calzoncillos para siete días.
Verdaderamente, el hombre total.
Gracias por tu compañía, Al. Muchas gracias.
Tú pagas, Roy.
Enseguida volvemos con ustedes.
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