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Trabajo en una zapatería y aun así no me alegro de llegar a casa.
Sr. Bundy, ¿quiere galletas de las exploradoras?
No. Lárgate.
No me diga que no tiene hambre.
Mi papá dice que come bichos y porquerías.
Vete a casa y dile a tu padre que tienes los ojos iguales a los del cartero.
Es comida.
Vale...
Dame una caja de esas pastas.
Sólo en efectivo, idiota.
Ahora no tengo efectivo. Dame un préstamo.
Cómase un bicho.
Repipi.
Dios mío.
"Querido Al:
"Siempre te quejas de que no hay cena.
"Sorpresa, te la he dejado en la mesa".
Te has comido mi cena, saco de pulgas.
Me muero de hambre.
Hola, cariño.
Al, nos lo hemos pasado en grande.
Steve nos ha llevado a todos al zoo.
Es la mejor hora para ir.
No hay colas ni nada.
Porque durante el día, todos los idiotas tienen que ir a trabajar.
Papá, a que no adivinas lo que hemos visto en el zoo con el tío Steve.
¿Una familia de buitres comiéndose los restos del padre?
No. Un gran gorila, de tu tamaño, rascándose.
Sí, con una mano donde debería tener los pantalones
y la otra...
¿Sabes cómo sujetas la cerveza?
Pues él también sujetaba algo.
Creo que era un mojón.
¿Dónde estuviste hoy a las 15:00?
Lo que más me gustó fue la jaula de los pingüinos.
Te hace pensar.
Son como yo pero con aletas.
Con aletas y sin sujetador de cierre fácil.
Deberías ser agradable conmigo.
Si no digo al guarda que ibas con nosotros,
estarías montado en un monociclo mientras te echan peces.
Ay, Dios mío, seguro que es Marcy.
Debería estar buscando trabajo.
Si sabe que me he estado divirtiendo, soy hombre muerto.
Entretenla.
Qué patético, ¿no?
No creo que Steve tenga lo necesario para no trabajar.
Casi se siente avergonzado.
Escucha, si alguna vez me ves así, pégame un tiro.
¿Puedo darte un puñetazo ahora por si no estoy aquí cuando eso ocurra?
Ah, hola, Marcy.
Hoy hemos ido al zoo con los niños
y nadie más.
- ¿Cómo te ha ido el día? - Fenomenal.
Desde que me relegaron a cajera de autobanco, todo es más emocionante.
Tratas con el público.
Sí, conducen hasta mi ventanilla, me piden una hamburguesa con queso,
me escupen y se largan.
Pero todos no son así.
Algunos tratan de tirar de mi mano por el hueco
antes de escupirme y largarse.
Así que entre eso y las alegres palabras: "Deprisa, vaca estúpida",
las 50 horas de trabajo semanales se me pasan volando.
Que no te afecte, Marcy.
Ignóralos, sigue rumiando y mantén los cuernos erguidos.
Disculpad, pero ¿no acaba de eructar un cerdo?
Yo sintiendo lástima por mí misma,
mientras que el pobre Steve lleva fuera todo el día buscando trabajo.
Debe de estar agotado.
Llega a casa incluso más cansado que yo.
¿Le habéis visto?
No, no estaba cerca del zoo.
A mí no me mires. El hambre me ciega.
Ay, Dios, qué día.
Marcy, no esperaba verte aquí.
Mierda. Quería estar en casa a tiempo para prepararte la cena.
Soy un desastre.
No te preocupes, cariño.
¿Has encontrado algo hoy, cielo?
No. Y no será por no intentarlo.
He oído de todo: "Demasiado viejo, demasiado joven, demasiado guapo".
Vamos a apartarnos, su nariz ya llega hasta aquí.
Vamos a casa, Steve. Te daré un masaje en los pies.
Estarás cansado de andar por ahí todo el día.
Cariño, tú trabajas tanto... Pero de acuerdo.
Eh, Sr. Rhoades, antes de que se vaya, tengo una pregunta sobre el zoo.
Cuando iba hoy en ese trenecito por la Tierra del Oso,
¿eran ositos de peluche de verdad como ha dicho Bud?
¿O viven en otro lugar como pienso yo?
Marcy, no puedo seguir ocultándotelo.
Hoy he ido al zoo y no he buscado nada.
Vale, Steve. Esta noche cuando estemos en la cama,
tampoco busques nada.
Supongo que no te vas a tomar bien esto.
Lo he estado pensando.
No quiero trabajar.
Es un aburrimiento.
Disfruto sin trabajar. Peggy dice...
Pues Marcy dice que vas a trabajar, parásito.
Como cabía la posibilidad de que hoy no salieras a buscar trabajo,
y así ha sido, hablé con tu antiguo jefe durante mi descanso de seis minutos
y ha aceptado recibirte.
Así que si te pones un traje limpio, te cepillas los dientes,
y te echas colonia para disimular ese olor a marsupial,
te atenderá mañana por la tarde.
Allí estaré yo para asegurarme de que dices: "Acepto"
a cualquier cosa que te proponga.
Me temo que mañana no podrá ser.
Iba a llevar a Peggy y a los niños al acuario.
Bueno, cariño, creo que estarías algo incómodo allí
con mi pie donde tu madre te metía el termómetro.
Ver a Marcy así de firme
me recuerda cómo debe ser un hombre de verdad.
Yo también me voy a plantar.
Mañana, cuando llegue a casa, quiero mis zapatillas y mi periódico
antes que Buck.
También quiero mi cena antes que Buck.
Soy la Marcy de esta casa. He dicho.
Así está escrito y así debe hacerse.
"Ponga las bolitas de queso en agua y observe como se inflan.
"Manténgalas alejadas de los niños."
Hola, cariño. Hoy deberías habernos acompañado.
Nos lo hemos pasado genial.
Le dimos una hamburguesa a un tiburón,
luego le dieron una patata a un pez
que explotó.
Y, papá, había esos perritos calientes que te gustan tanto.
Mamá se metió dos en la boca imitando a una morsa.
¿Le importa a alguien que no haya comido estos días?
- No demasiado. - Realmente no. No.
Pareces algo deprimido, Steve.
¿Qué pasa? ¿Ha cerrado el tren chu-chú?
Algo peor, Al. Es Bosco.
¿El caramelo líquido?
Escupiré en un vaso y lo mezclaremos.
No.
Me refiero a la tortuga pigmea del Caribe del acuario.
Parecía muy deprimida.
¿Vendía zapatos a las demás tortugas?
No.
La tienen metida en un pequeño tanque. Debe pesar 100 kilos.
Se siente tan fuera de lugar como tú en una biblioteca.
Mantiene la cabeza erguida como un soldado,
pero sólo es fachada.
Deberías verlas, Al.
Las dos con la naricilla apretada contra el cristal.
Apenas se distinguen.
No, la tortuga es la del problema.
¡Ah, es verdad!
Tenía que encontrarme hoy con Marcy en mi antiguo banco.
Ay, tío, la Sra. Rhoades va a destriparte como a un pez.
Yo sé cómo manejar a la Sra. Rhoades.
Le haré lo que me ha estado rogando durante toda la semana.
Mi famoso suflé de chocolate.
Sí, tardo unas dos horas,
pero un hombre debe cumplir.
Un drogadicto armado
ha intentado robar en el banco principal de Chicago esta tarde.
Su intento fracasó por la intervención de una valiente mujer, Marcy Rhoades,
a la que intentó retener como rehén.
Se equivocó de mujer, ¿verdad, Sra. Rhoades?
¿Le duele esa herida de bala que le atraviesa la mano?
No mucho, Waldo.
Lo que me duele es que mi marido sea un fracasado.
Hoy has vuelto al zoo, ¿verdad, Steve?
Será mejor que el suflé esté esponjoso.
¿Cómo ha capturado al ladrón exactamente?
Cuando apretó su arma contra mi estómago,
hice aquello que tenía ganas de hacer.
Vomité en el suelo.
Se resbaló y se quedó inconsciente.
Pero el arma se disparó y una bala me atravesó la mano, una herida seria.
Pero no hablemos más de mí.
¿Qué tal el día, Steve?
Creo que me iré a casa a recoger mis cosas para irme de misionero.
Si viene por aquí, no me habéis visto.
Decidle que he salido a buscar trabajo. Se lo creerá.
Después de todo, estará atiborrada a analgésicos.
Hola.
Hola, Marcy. He estado buscando trabajo.
¿Qué tal?
- ¿Ves esta mano, Steve? - Sí.
¿Ves esta otra?
Vaya, adiós a la excursión en barco de mañana.
Gracias por traerme aquí, Al.
Siento que tuvieras que verme así.
Me enorgullezco de comportarme siempre como una dama.
¡Eh, tú, gilipollas!
¡Trae un par de cervezas!
Chicos, un brindis por el hombre trabajador, el último héroe americano.
¿Verdad?
- Sí. - Sí.
Tenemos que ganarnos la vida y ¿qué recibimos a cambio?
- ¡Cero! - ¡Cero!
¿Y qué más?
- ¡Nada! - ¡Nada!
¿Por qué seguimos haciéndolo?
- ¡Porque somos estúpidos! - ¡Somos estúpidos!
Un brindis por el estúpido hombre trabajador.
- ¡Por nosotros! - ¡Por nosotros!
¿Sabéis qué me toca los huevos?
Después de que se han casado, no les importa su aspecto.
Ni siquiera se afeitan, ¿verdad, chicos?
- Es verdad. - Sí, cierto.
Bueno, yo no me puedo quejar.
Por lo menos vivo con una que trabaja, me hace la cena
y no le importa masajearme los pies después de un día duro.
Sí, pero tu madre se está haciendo mayor.
Además las madres no son mujeres auténticas.
Hablo de ésas con las que te casas.
Me refiero a que cuando llegas...
Cuando llegas a casa arrastrándote después de un día duro, ¿qué quieren?
- ¡Cariño! - ¡Cariño!
No entienden que es más trabajo para nosotros.
Lo último que un hombre quiere ver al terminar del día es a una mujer.
¡Eh, mira ésa!
Eh, Al. ¿Sabes qué más me molesta?
Cómo cambian.
Cuando me casé con Steve, era un cerdo ambicioso y materialista.
Hubiera pisado a una anciana por un dólar.
Dios mío, cómo me excitaba.
Ahora es un hombre que lleva calzoncillos con caballitos de mar.
Al, ¿y si Steve no vuelve a trabajar?
Enciérrate en el baño y no tengas hijos.
Eh, chicos.
¡Hijos!
Un ejemplo.
¿Ves a ese hombre de la esquina?
Neil Cockran. Ocho hijos.
Tiene 30 años.
Steve y yo pensábamos tener hijos.
Dios mío, ¿te imaginas qué vida?
Yo, la única que trabajo con un par de críos pidiéndome dinero.
Prefiero un puñal en la garganta.
Lo siento.
Supongo que lo que me molesta de Steve no es sólo que no hablemos,
sino que es la primera vez que le guardo secretos.
Le guardo un secreto a pesar de que sé que no está bien.
Al, quizá puedas ayudarme.
Espera un poco, Marce.
Sé que me encuentras atractivo, pero...
No eres la primera que intenta seducirme, pero...
No puede ser. Pertenezco a otra.
Y más importante aún, te encuentro físicamente repulsiva.
No me gustas, mono pelado.
Eh, no te pongas así, patas de alambre.
De todas formas...
¿Recuerdas que atrapé a ese ladrón de bancos?
Bueno, lo que oculté a Steve es que me dieron una pequeña recompensa.
¿Cuánto?
25.000 dólares.
Eh, camarero.
Un whisky para la señora y una baraja para mí.
Es terrible estar inconsciente.
Las cosas que imaginas.
He imaginado que dos duendes y un gigante pelirrojo
buscaban en mis bolsillos.
Luego, una mujer con bigote me daba un beso en la boca.
Era Buck. Pensó que tu lengua era su hueso de goma.
No puedo andar por la vida recibiendo golpes.
Parece que no hay solución.
Marcy quiere que busque un trabajo, así que buscaré trabajo.
Olvídate de Marcy durante un minuto. ¿Qué quieres hacer?
Quiero ser vaquero.
En los trabajos de vaquero sólo aceptan hombres.
¿Cuál es tu segunda opción?
Bueno...
Esperaba hacer algo especial,
algo que llevo pensando todo el día,
pero no tengo valor.
Oh, Steve.
Sé que para ti soy un bombón,
pero no puede ser.
Primero, pertenezco a otro. Segundo...
No darías la talla.
No puedo ni imaginármelo.
Olvídalo. ¿Qué más da lo que yo quiera?
A mí sí me importa, Steve.
Mira, mañana tienes que salir y buscar algún trabajo de mierda
que te esclavice sólo para contentar a Marcy.
¿De verdad que no me deseas?
Bueno.
Es igual, antes de eso, te debes a ti mismo
hacer algo que te agrade.
Peggy, tienes razón.
Voy a hacerlo.
- Deséame suerte. - Buena suerte.
Me desea.
Última llamada.
Vamos, Marcy, es una apuesta de bar normal.
El que acierte en el cuenco desde más lejos gana 25.000 dólares.
- ¿Vamos? - Apuesto cinco pavos por la chica.
No sé.
Quizá el olor de este cheque vuelva a espabilar a Steve.
Quizá le recuerde los buenos tiempos
cuando íbamos al barrio pobre de la ciudad,
parábamos el coche cerca de un anciano y le pedíamos cambios de mil.
Qué tiempos.
No sé, quizá haya sido demasiado dura con él.
Voy a contarle a Steve lo del dinero.
Mirad.
Y para terminar, la historia de un auténtico idiota.
Esta noche un amo de casa en paro que se considera amante de la naturaleza,
creyendo que la última tortuga pigmea del Caribe nacida en cautividad era infeliz,
irrumpió en el acuario del zoo, robó la tortuga
y la soltó en el Lago Michigan.
STEVE RHOADES DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE CHICAGO
Al parecer, este amante de la naturaleza no sabía que es una tortuga de agua salada.
Testigos presenciales declararon que Bosco intentó salir del agua valientemente,
pero este desaprensivo parado la volvía a lanzar dentro
desde la orilla cantando Nacido libre.
Bosco, te echaremos de menos.
Se ha establecido una fianza de 25.000 dólares.
En opinión de esta reportera, demasiado poco.
Creo que ya sé qué debo hacer.
¿Vas a pagarle la fianza?
Que se pudra.
Me compraré un Jaguar nuevo.
Eh, Bundy, ¿preparado para saldar la cuenta?
Preparado.
Libre
Como la hierba
Libre como el viento
Libre
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