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Volvemos enseguida con los números ganadores de la lotería.
Recuerden, esta semana hay un bote de 32 millones.
¡Treinta y dos millones!
Es mucho dinero.
Incluso dividido entre tres.
¿No nos olvidamos de alguien?
Dios, qué vergüenza.
Quería decir entre cuatro.
Claro que le daremos algo a Buck.
Ya sé lo que haré con mi parte.
Voy a compartirla con los pobres.
Sí, las pobres chicas
que aún no saben lo que es despertarse con Bud entre manos.
Al menos tú sí lo sabes.
Además, no te mereces una parte entera.
A fin de cuentas, te dejaron en la puerta unos duendes.
Al menos al nacer, me dieron una palmada
y no dije: "Gracias.
Me gusta en plan duro".
Mamá, ¿le hablé al médico cuando nací?
Claro que no, cielo.
No supiste hablar hasta los diez años.
Chicos, quiero que os tratéis bien.
No voy a estar siempre con vosotros.
Sobre todo si nos toca.
¡Ya salen los números! ¡Léelos, Bud!
Vale.
- El siete. - Sí.
- Dieciséis. - Sí.
- Dieciocho. - Sí.
- Veintidós. - Sí.
- Veintiocho. Y treinta y cuatro. - Sí.
¿Cuántos teníamos?
Ninguno.
Dios, doce semanas seguidas y nada.
¿Es eso un récord, mamá?
Para mí no.
Hijo mío.
Hija mía.
Dios mío.
Al, es el tercer día seguido que llegas contento a casa.
Me han hecho un chequeo hace poco y estoy bien.
Así que, ¿por qué estás tan contento?
¿Y si te digo que he aprendido a aceptar mi trabajo...
...y empiezo a apreciar...
...lo que significáis para mí?
- Pensaríamos que mientes. - Y tendríais razón.
Al, suéltalo. ¿Qué pasa?
Vale, supongo que no pasa nada si te lo digo.
Una chica ha entrado en la tienda
y ha flirteado conmigo.
Creo que le gusto.
En serio, es admiradora de los zapatos.
¡Admiradora de los zapatos!
¿Por qué os reís?
Por nada. Mucha gente cree que eso es cosa de roqueros.
Pero se ve que no hay nada más seductor que un calzador.
Tiene gracia, mamá.
¿Qué pasa, mamá?
Vuestro padre me engaña.
¡Claro que no!
Sé que sí.
Tengo un poco más de treinta y ya me engañas.
Te diré dos cosas.
Nunca te engañaría.
Y si tú tienes un poco más de treinta,
yo solo estaba un poco borracho en nuestra boda.
Vale, si te molesta,
no hablaré de mi admiradora. No es tan importante.
¡Sí!
Chicos, tengo que saberlo.
También tengo que ir al baño, así que seré breve.
Quiero que os coléis en la zapatería mañana
y espiéis a vuestro padre.
Vale, lo haremos, pero te diré que no te está engañando.
¿Qué es ese ruido?
Dios mío.
Es la ducha.
¡Se está bañando!
Lo ha perdido.
¿No hay un escondite mejor?
Viene aquí cada vez que vende un zapato.
Perdón.
Esto será interesante.
Me preguntaba qué haría papá durante el día.
ABIERTO
CERRADO
Hemos abierto.
CUATRO HORAS MÁS TARDE
Dan ganas de ir a la universidad, ¿verdad, Kel?
¿Qué quieres decir?
UNA HORA MÁS TARDE
Dios, no se ha movido.
Tres dólares y veinticinco centavos la hora.
¿Cómo se pueden permitir pagarle?
Espera, creo que se mueve.
UNA HORA MÁS TARDE
¡Pasajeros al tren!
UNA HORA MÁS TARDE
- ¡Es la admiradora! - ¡Es la admiradora!
¡Señor!
Coja un número.
¿Qué número tiene?
El uno.
- ¿Qué desea? - Que me devuelvan el dinero.
Los zapatos que me vendió son tan inútiles como un peine para usted.
Me los puse una sola vez y se rompieron por los lados.
Deje que le explique. Es como un ascensor.
Estos zapatos tienen un límite de dos toneladas.
¿Y si le clavo las suelas directamente en los pies?
Le dará mejor tracción para tirar del carro del hielo.
¡Le llamará mi abogado!
¿Es del bufete de Häagen y Dazs?
Turno del número dos.
¿Número dos?
Dios mío.
Kel, creo que podemos irnos.
Papá solo está engañando a mamá con la muerte.
Perdón, pero esa debe de ser mi cena.
No tan deprisa.
No es Buck. Ella saldrá corriendo.
Estás muy guapo hoy, Al.
Te he traído unas magdalenas.
Está tan buena como tú.
Dios, da asco lo que puede hacer una falda corta con un hombre.
¿Puedes enseñarme algo con un tacón de diez centímetros?
Sí que puedo.
Aquí está.
¿Cómo te queda?
De maravilla.
Me encanta ver a un hombre a cuatro patas.
Muchas manos me han tocado los pies,
pero las tuyas son muy fuertes
y muy suaves.
Es por el fútbol.
En el equipo, si hacía falta una mano fuerte y suave...
No me hables de fútbol. Cuéntame algo emocionante.
Háblame de vender zapatos.
Recuerdo un frío día de invierno del 68.
Yo solo era un joven tuercebotas.
No pares, cariño.
¿Sabes, Bud?
Puede que esa sea la admiradora.
Algún día serás un buen mueble para algún hombre.
Así que le miré el pie y dije: "No necesito tomar medidas.
Tienes la talla treinta y siete, nena".
- ¡Dios mío! - Sí, ya lo sé.
Bud, tenemos un problema. ¿Cómo se lo decimos a mamá?
¿Y se lo decimos a mamá?
- Hola, mamá. - Hola.
¿Qué habéis descubierto?
Vamos a ver. Se merece saberlo.
Pero se enfadará con papá.
Y lo pasará mal.
¿Traiciono a papá sin escuchar su versión?
Menudo dilema.
Me pregunto qué pensará Kelly.
Rayos y centellas Los espíritus van a hablar
¿Son espíritus amistosos, Bullwinkle?
Chicos, ¿habéis descubierto algo?
Estuvo sentado durante horas. Luego fue al baño.
Se miró el reloj e insultó a una señora gorda.
Y no olvides a la chica guapa que le tiró los tejos.
Sí, eso. Pero no pasó nada.
Sí, no se acostaron ni nada.
Solo le cosquilleó los pies, se comió sus magdalenas y se fue.
Dios mío.
¿No es solo sexo?
¿También come con ella?
No te preocupes. No es nada.
Bud ha llegado más lejos con alguna chica. ¡Bud!
¿Cómo es ella, Kelly?
- Bueno... - Un momento.
Vamos a dejar lo de la admiradora.
Sabes muy bien que he ligado más...
Al, puedes olvidarte de volver a acostarte conmigo.
Ya lo había olvidado.
¿Qué he hecho?
Te han visto comiéndote las magdalenas de tu amante.
Creo que es hora de que nos vayamos.
En serio. He estado con muchas.
No se las ve porque me gusta mantener el sexo en privado.
Y lo haces muy bien.
Nadie ha adivinado de qué sexo eres.
Al, ¿quieres explicarte?
Bueno, salí del instituto, perdí las ganas de vivir y aquí estoy.
¿De qué estamos hablando?
Me has engañado con esa admiradora de los zapatos.
¿Se trata de eso?
Nunca la he tocado.
Le gusto.
No puedo evitarlo. No puedo esconder mis encantos.
No puedo evitar que mi culo tenga la forma del vendedor de zapatos.
Moldeado por años de agacharse y levantarse,
hasta convertirse en la manzana firme y redonda que tienes delante.
Es como acusar al pájaro de volar.
Lo sabemos todo.
Si alguien quiere hablar, ya sabéis que soy tranquila y objetiva.
- Bueno, solo diré... - Aparta, cerdo.
Sé que debe de ser difícil para ti.
Cuéntamelo todo. Puedes llorar sobre mi hombro.
- Marcie, estoy preocupada. - Habla al micro.
Las de la peluquería tienen derecho a enterarse.
Me siento traicionada.
¿Hablo lo bastante alto?
Al, quiero que sepas que no te juzgo.
- Gracias, amigo. - ¿Qué tal fue?
¡No la he tocado!
¿Lo hizo todo ella? ¡Dios, me encanta!
Eso no es todo.
Comió magdalenas. Nunca come nada de lo que hago.
Si alguna vez hubiera hecho algo para él,
ahora me sentiría como una tonta.
Hola, Betty. Hola, Mavis. Nos vemos el martes.
Bueno, estoy dolida. Muy dolida.
¿Alguien quiere oír mi versión?
No hace falta. Eres un tramposo y un mentiroso.
Conozco a una abogada
que masticará a Al y lo escupirá.
Yo la usaría para machacar a mi marido
si se atreviera a mirar a otra mujer mientras tenga su apellido.
¿Verdad que sí, bollito mío?
Sería lo justo, culito de bombón.
Veo que tendré que matarla.
Vale, ya basta. Tengo que anunciar una cosa.
Entiendo que creyerais
que he engañado a mi mujer. Es la madre de mis hijos.
Bud estaba con nadie sentado en un árbol
B, e... No sé qué, no sé qué, y e
Pero soy un hombre de palabra y no la he engañado.
Espero que os disculpéis.
¿Quién va primero?
Muy bien.
Si Buck hablara se pondría de mi lado.
Si hablara, estaría con Johnny Carson.
Que triunféis vendiendo zapatos. Me voy.
Ninguno de vosotros tiene derecho a mirarme el trasero.
Creen que soy culpable. Debí haberlo hecho.
Me entran ganas de volver, comer magdalenas
y, antes de dormir, darle los mejores 30 segundos de su vida.
Las oportunidades nunca llegan cuando las quieres.
Tómame, zapatero.
- ¿Cómo has entrado? - Una escalera.
Estaba colgada de la ventana de tu hija.
- ¿Llevas algo debajo? - Solo un par de zapatos de tacón.
Mire, señorita. No aceptaré esa clase de comportamiento.
En esta casa no hay sexo y no lo habrá el resto de mi vida.
Háblame de zapatos.
Era un día cálido de agosto.
Las cajas de zapatos latían... No, no puedo.
Mi mujer se llama...
...como sea. Tienes que irte.
No puedes hacer nada para que me vaya.
No quiero ponerme serio, pero no me das alternativa.
¡Quítate los calcetines! ¡Los calcetines!
Al, ¿te has quitado los zapatos ahí arriba?
Aquí abajo hay gente respirando, por Dios.
No se merece un hombre como tú.
Pruébame a mí.
¡Peg! ¡Peg!
¡Peg!
¡Peg!
¿Qué pasa, Al?
Nada.
¿Y Marcie y Jefferson?
Se me ha escapado que aún lloras con el final de Bambi .
Están corriendo la voz.
Creía que había confianza entre nosotros.
Yo también, traidor.
Peg, tenemos que hablar.
No sé de qué tenemos que hablar.
Puedo entender tus otras mentiras.
El aumento de diez centavos que conseguiste en 1972.
Los M&M's que habías escondido en el bote de aspirinas.
Sí, lo sabía.
Pero esto es distinto, Al.
¿Cómo me haces esto?
Sabes lo sensible que soy.
Escucha, Peg.
Si te dejara, no sería por otra mujer.
No quiero otra mujer.
Aunque podríamos comprar otro televisor.
Me gustaría uno de esos de pantalla múltiple.
A veces hay partido y a la vez ponen una película de tetas.
Tener que cambiar de canal me pone un poco...
...nervioso.
Bueno, déjalo. De todas formas...
...nunca te he engañado y nunca te engañaré.
- ¿En serio, Al? - En serio, Peg.
Pero tuve la ocasión.
¿Y qué te lo impidió?
No lo sé.
Yo sí.
Es porque llevamos veinte años casados.
Tenemos los mismos recuerdos.
Las mismas decepciones. La misma vida.
Cualquiera ya nos habría dejado.
Pero nosotros no podemos y nunca lo haremos,
porque sabes que estamos hechos el uno para el otro.
Dios mío, es eso.
Nunca he estado tan deprimido.
Al, me quieres.
- Dame un beso. - Peg, te dije que no me tocaras.
Vamos arriba, cielo.
¿Por qué no?
Ya he tocado fondo.
¿Qué pasa, Al?
No puedo subir.
¿Por qué?
Porque estoy tan cachondo que quiero hacerlo ya.
¡Al!
- Deja que me ponga cómoda. - Vale, Peg.
No, cariño, primero quiero abrazarte.
Al, cielo, dime una cosa.
¿Te llegó a tentar esa mujer?
¿Un poquito siquiera?
No.
Porque a tu edad, seguramente fue tu última oportunidad.
Ya lo sé.
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