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Yoruba
Zulu
Eres un desastre.
¿Por qué rechazaste ese trabajo?
¿Qué trabajo?
El que soñé que te ofrecía Lee Iacocca
al entrar en la zapatería.
¿Estás enfadada por un sueño?
Cuando estoy despierta no haces nada.
SALIDA FINAL
ASPECTOS PRÁCTICOS SOBRE EL SUICIDIO ASISTIDO
Al, deja el libro, quiero dormir.
¿Por qué no te buscas otro trabajo más?
Muchas familias viven con dos sueldos.
Peg, eso quiere decir que dos personas
de la misma familia trabajan.
Pero en esta familia no tengo dos maridos.
Venga, Al.
Solo tendrías que trabajar ocho horas más al día.
Pierdes más tiempo durmiendo.
Peg, ¿ves esta cara?
Es la cara de alguien que vende zapatos todo el día.
Ahora mira la cara que tendría si tuviera otro trabajo.
Bueno, no está tan mal.
Venga, cariño.
Si no lo haces por mí, piensa en Kelly y Bud.
¿No se merecen otras ocho horas?
¡Niños!
PRIMERO EN LA COLA PARA AMAR
PROPIEDAD DE LA CÁRCEL DE CHICAGO
No tengo nada más que decir.
Fuera.
Para terminar, Peg,
puedes acuchillarme o apalearme.
Puedes obligarme a mirar cuando nos acostamos.
Pero créeme, Peg, no puedes hacer ni decir nada
que me haga pensar en aceptar otro trabajo.
Se me olvidaba decirte que me he unido al Club del Disco,
así que hay que recortar gastos en la casa.
¡Papá, no hay teléfono!
¡No te preocupes, los llamo yo!
JACK DALLAS DETECTIVE PRIVADO
- ¿Sí? - Vengo por el trabajo.
Puede ser duro.
Jugué al fútbol en el instituto.
- ¿Cree que podrá? - ¿Usted qué cree?
Vamos a intentarlo.
El baño está ahí. Buena suerte.
Limpie eso también.
¡Ser detective privado!
Mujeres, balas volando por todas partes...
Es probable que alguna te alcance.
Yo sería un buen detective.
Al Bundy, los problemas son mi negocio.
Llevo fregona. Limpio el baño de un detective.
¡Dios!
¿Señor Dallas?
¡Quiero vivir!
- ¿Qué? - He dicho que me llamo Al Bundy.
Soy el socio de Jack Dallas.
Siéntese y enséñeme su cosa. Digo, cuénteme.
Cuénteme su caso.
Todo empezó hace unos meses.
Era una dama seductora.
Bien vestida, excepto por los tacones baratos.
Y era una belleza.
Tenía más curvas que una atracción de Disneylandia.
Pero no había turistas japoneses
delante de mí esperando para montarse.
Era un manjar
más caliente que la cena del vecino.
Por cierto, ¿por qué yo nunca ceno?
Bueno, ese es otro caso.
Dios mío, está cruzando las piernas.
¿Qué opina, señor Bundy?
¿Qué?
Sobre mi problema.
Supongo que debería haber estado atento.
¿Qué haría un detective de verdad?
Ya lo sé.
¿Qué?
Mi tío, el gran explorador, el coronel Franklin Van Pelt,
va a dejarle el famoso diamante,
conocido como el Ojo del Faraón, a un miembro de mi familia.
Sé que me lo va a dejar a mí. Y todos mis parientes también.
Necesito que venga a la ceremonia familiar
y me proteja en la donación.
¿Acepta el caso, señor Bundy?
Cruza las piernas al revés, nena.
¿Señor Bundy?
¿Qué?
El caso. ¿Lo acepta?
Necesito su ayuda desesperadamente.
Quería decirle la verdad,
pero al mirar sus muslos,
supe que tenía que llegar hasta el final.
Al menos hasta que le viera una teta.
No tengo mucho que ofrecer.
¿Qué le parecen cien dólares?
Lo pagaré.
Este era el caso.
Proteger a la muñeca de su familia.
Eran unos indeseables, pero el coronel
parecía un tipo decente.
Creo que sentía una conexión conmigo.
Supongo que debería prestarle atención.
- ¿Qué? - Está pisando a mi gato.
Perdón.
Ahora vuelvo.
Voy al coche a coger mi abrigo.
El tío tiene la casa helada.
Al verla salir me di cuenta
de quién es el "bomp" del "bomp sh-bomp".
Creo que lo he dicho en voz alta.
En fin.
Miré a la familia. Se notaba que odiaban al viejo.
Sí, pagaba las facturas,
pero por sus zapatos,
se notaba que era más estirado que la cara de Joan Rivers.
Pero si me tenían miedo o me odiaban, lo disimulaban bien.
Está bien, frutas y verduras,
es la hora de saber cuál de vosotros, escoria,
se lleva el tesoro de la familia Van Pelt.
Tío...
...no nos importa la joya.
Solo queremos que vivas eternamente.
Menuda forma de lamerme el culo.
Muy bueno, coronel Van Sanders.
- ¿Quién es usted? - Su peor pesadilla.
Un vendedor de zapatos con placa.
No.
Mi peor pesadilla es una ramera con las manos frías.
Bueno, comadrejas, no os voy a hacer esperar más.
El nuevo propietario...
...del Ojo del Faraón...
...va a ser...
- ¿Quién ha apagado la luz? - ¿Quién me ha tocado los pechos?
¡No me maten, soy un vendedor de zapatos!
¿Qué ha pasado?
Que nadie se mueva. Sospecho de todos y de ninguno.
¿Qué están mirando?
¡Mamacita!
Ha matado a nuestro querido tío.
Es más, ha robado el Ojo del Faraón.
¡Mamacita!
A ver si me aclaro.
Buscabas un trabajo de conserje,
aceptaste un caso, ¿y ahora te acusan de asesinato?
Básicamente.
¿Me das ahora la paga?
¡Me acusan de asesinato, idiotas!
La policía va a entrar
para llevarme al calabozo. Necesito ayuda.
Tengo un plan, papá.
Tenías que ser tú, cielo.
La policía estará vigilando
los aeropuertos y las estaciones de tren y autobús.
Pero hay una salida.
Puedes hacer un túnel hasta China.
Una vez vi a Bugs Bunny hacerlo.
El pato Lucas no lo encontró.
Cielo, si voy a la silla eléctrica, ¿te sentarías en mi regazo una última vez?
Sería un honor.
Papá, está claro que no puedes esconderte aquí.
¿Por qué? ¿Crees que vendrán aquí primero?
No, va a venir una chica y, la verdad, me avergüenzo de ti.
Al, lo acabo de oír por la radio.
Ofrecen 50 000 dólares por ti.
Tenemos que actuar. Ponte este sombrero.
Ponte este abrigo.
Ponte estas esposas.
¡Lo tengo! ¡Vengan a matarlo!
¡Disparen!
¡Dispare! ¡Dispare con la pistola!
Así que salí corriendo.
Tú también lo harías si te buscaran
y te hubieras comido un burrito pasado.
Es increíble cuántos servicios cerrados hay en Chicago de noche.
Estaba cansado de correr.
Sabía lo que tenía que hacer.
Creo que tienen un problema de fontanería.
Bueno,
les he reunido a todos esta noche,
porque sabía que la persona que tuviera el diamante
no vendría.
Pero hemos venido todos.
Pues olviden que he dicho eso.
Quería decir que el asesino...
...es usted.
¿Y en qué se basa?
En absolutamente nada.
Por eso la culpable es usted.
Lo siento, todo el mundo sabe que me aterra la oscuridad.
Me quedé helada.
¿Quién me ha tocado los pechos?
Yo. Tenía que comprobarlo.
Y llegamos a usted.
Le clavó el cuchillo con una mano
y cogió el diamante con la otra.
No se conocen a muchos idiotas de verdad.
Lo que nos deja con el asesino.
Usted.
Venga, Leonard, admítalo.
Usted fue la mente criminal que creó este intrincado plan.
¿Tiene algo que decir?
¿Papá?
Vale.
Entonces quizá he sido yo.
Lo siento, Al.
Quería creerle.
Voy a llamar a la policía.
Quieta, nena.
¿Dónde estaba al apagarse la luz?
- Estaba bajo la lluvia. - ¿En serio?
Yo creo más bien que usted es la asesina.
- ¡Dios mío! - ¡Es ridículo!
- No tiene pruebas. - ¿No?
Siéntese.
Yo digo que esa noche no llegó a salir.
Esperó junto a la puerta,
apagó la luz, se mojó con un jarrón
¡y apuñaló a su tío!
Aún no ha demostrado nada.
Como le dijo el hombre en el váter al que esperaba: "Dame tiempo, pequeño".
Al conocernos, me fijé en sus zapatos.
Los mismos que lleva puestos ahora.
Yo antes vendía zapatos.
Durante años.
De adolescente. No de adulto,
porque un hombre no se dedicaría a eso.
Y reconocí estos zapatos.
Los tacones de aguja malayos A220.
Tan baratos que solo los llevan
vagabundas y mujeres de vendedores de zapatos.
No pudo haber salido esa noche ni ninguna noche,
porque estos zapatos son tan malos,
que se deshacen al entrar en contacto con el agua.
Bueno, muñeca.
¿Qué tiene que decir?
- ¡Fui yo! - ¿En serio?
No. Lo odiaba.
Y os odiaba a todos.
Iba a donar el diamante a un museo.
Lo podría haber cogido yo.
Ha estado increíble.
Me ha descubierto.
Llévesela, teniente.
Me encerrarán durante veinte años.
¿Me esperará?
¿Para qué? Ya será vieja.
Buen trabajo, señor Bundy.
Soy el conservador del Museo de Ciencias.
Como recompensa, le ofrezco este cheque de 50 000 dólares.
Me miró de una forma rara.
Quizá esperaba que no cogiera el cheque.
O quizá no esperaba que me ensuciara los calzoncillos.
Supongo que nunca lo sabré.
Cincuenta mil dólares.
Cincuenta mil dólares.
Cincuenta mil dólares. ¿Es de verdad? Es de verdad.
¿Qué?
Al, estás haciendo ruidos de felicidad en sueños.
Pensé que te pasaba algo.
¡Un momento!
¡Un momento!
¿Dónde están los 50 000 dólares?
Los del caso del Ojo del Faraón.
¿Qué dices?
No podía ser un sueño.
Cariño, te traeré una aspirina.
Podemos resolver el caso de la mujer que necesita sexo.
Pero no podía ser un sueño.
¡Niños!
Bud, deprisa.
¿He sido detective o fue un sueño?
Quizá fue un sueño, papá.
¿Te llaman "Rapero Urbano Gran Maestro H" o fue un sueño?
¡Venga ya, papá!
- Ni siquiera Bud es tan patético... - Un momento. ¿Gran Maestro H?
A las chicas les encantaría.
Puedo ponerme la gorra del revés.
¡Voy a escribir mi primer rap ahora mismo!
¿Y si lo titulas "En serio, soy un tío"?
Peg, no fue un sueño.
Cariño, voy a por esa aspirina.
Mejor te traigo dos.
- Niños, ya basta. - ¡Te odio!
¡Niños!
Una pregunta rápida.
¿Vuestra madre está...?
¿Asqueada contigo?
¿Decepcionada económica y sexualmente?
¡No! Eso me da igual, idiotas.
¿Está embarazada?
¿Marcie?
¿Crees que está loco?
Debe de estarlo. No ha preguntado por ti.
Cariño, me he tomado la última aspirina.
Supuse que te dolería la cabeza antes de ir a trabajar.
¿A qué viene eso?
Soñaste que tenías cincuenta mil dólares
y aun así volviste conmigo.
Eso dice mucho. Dice que me quieres de verdad.
¿Por qué soñaría eso?
Porque me quieres.
- No. - Sí.
No, es que...
...es demasiado tarde para conseguir a otra.
¿Lo ves? No era tan difícil.
Peggy quiere a su osito detective.
Cariño, ¿sabes qué quiero hacer ahora?
¿Lo mismo que yo?
Pues vamos allá.
Tú coge los platos. Yo pido la pizza.
¡Sí, nena!
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