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Ya viene papá.
No te rías. Se va a dar cuenta.
No sabe que mamá ha encargado un retrato suyo por 2500 dólares.
En serio. No te rías.
Vale. ¿Has dejado puesta la etiqueta con el precio?
No, en serio, no lo hagas. Podría matarlo.
Espera. Bud, ¿no le debemos lealtad al hombre?
Esa sí que es buena.
Creo que ya viene. Vale.
- Ponte seria. - De acuerdo.
Hola, chicos.
¿Qué?
¿Qué?
Nada. Es solo que te queremos mucho.
He tenido un día asqueroso y estoy de mal humor.
Vino una gorda que decía que calzaba el 38.
Le metí la pezuña en el zapato...
...y el pulgar se me quedó atascado en el talón.
Le entró el pánico, se enfadó y galopó por toda la tienda,
arrastrándome por el suelo detrás de ella.
Gracias a Dios, un trozo de mantequilla salió de su bolso
y pude salir.
No podemos hacerle esto. Tenemos que avisarlo.
- ¿Papá? - ¿Qué?
Nada.
Por cierto, ¿está vuestra madre arriba?
- No, papá. - Bien.
Así no tendré que verla esta noche.
Pies. Mujeres. Pies de mujeres. Mujeres. ¿Retrato?
No lo entiendo.
Ya tenía que haber pegado un grito.
Quizá subestimemos a papá.
Puede que se haya dado cuenta de que está descuidando a mamá
y lo estará considerando mientras observa orgulloso la cara
de su único amor verdadero.
¡No!
O puede que no.
¿Cómo te encuentras, papá?
Como un hombre que se ha caído de cabeza desde un segundo piso.
Agradecido de no estar con vuestra madre.
- ¿Cuánto llevo inconsciente? - Dos horas.
¿Por qué no habéis llamado al 112?
No me acordaba del número.
Bueno, da igual.
¿Sabéis qué pasó mientras estaba inconsciente?
Sí. Kelly abrió un botellín de cerveza con tus dientes.
No le hagas caso, papá. Era un refresco.
Tú también bebiste.
- Cállate. Está aquí papá. - Has empezado tú.
Por favor, me da igual lo que hayáis hecho.
Lo único que importa es
que vi a Dios.
Vale.
Kel, es posible que no pueda volver a vender zapatos,
pero podemos exhibirlo por las ferias.
Os aseguro que lo vi.
Papá, por favor, no le hables a nadie de esto,
porque nadie es tan tonto como para creer...
¿Cómo es Dios, papá?
No lo sé. No podía apartar la vista de sus zapatos.
- ¿Viste los zapatos de Dios? - Eran perfectos, chicos.
Ajustados, cada dedo rodeado de manera individual.
- Seguramente de piel muy suave. - ¿Qué le dijiste a Dios?
Le dije: "¿Dónde has conseguido esos zapatos?".
¿Tienes la oportunidad de hablar con el eterno creador
del tiempo, el espacio y el universo infinito,
y solo le preguntas por los zapatos?
¿Le has contado tus historias de fútbol?
Era Dios, idiotas.
Ya conoce mis historias de fútbol.
De hecho, le pregunté algo muy importante.
Qué calcetines llevaba. ¿Y sabéis qué dijo?
"No los necesito. Están cosidos".
¿Por qué tengo que ser yo la carne en un bocadillo de idiotas?
Bud, esto es importante.
Papá, la próxima vez que hables con Dios,
pregúntale quién se compra Dockers.
No puede molestarse a Dios con estas trivialidades.
Estamos hablando de zapatos.
Chicos, ya sé cuál es mi misión en la vida.
Dios me ha elegido para hacer los zapatos perfectos.
Los zapatos de Dios.
Chicos, dadme papel y lápiz, rápido.
Gracias. Anotad esto.
Tendréis zapatos con los dedos cosidos a ellos.
Tendréis calcetines sujetos a vuestros zapatos.
Y otras cosas que saldrán inmediatamente.
Soy yo, Al Bundy,
el que calzará a la plebe.
No descansaré hasta que todos los pies tengan zapatos.
¡Aleluya!
Nunca he estado tan orgullosa de él.
Dios os ha creado a los dos. Piensa en lo orgulloso que estará.
A ver si lo entendemos.
Vuestro padre está en su cuarto fabricando los zapatos de Dios.
¿Y Peggy?
Al ver la delicada salud de papá, cogió el retrato,
se quedó con el dinero y se fue al carnaval.
¿Lleva ahí arriba 40 días y 40 noches?
Bueno, 40 días y 39 noches.
Hizo una pausa para ver El planeta de las tetas .
Dijo que Dios se lo ordenó.
- ¿Se pondrá bien, señora D'Arcy? - ¿Podría estar peor?
Atención, sostengo los zapatos de Dios.
¿Y quién le sostiene el cerebro?
Sí, he trabajado durante 40 días y 40 noches.
Dejad que llueva. Tendréis zapatos.
Esto hará maravillas con el valor de mi propiedad.
¿Eres digna de mirar estos zapatos?
Cepíllate los dientes.
A nadie le importan tus estúpidos zapatos y nadie cree...
Déjame mirar estos zapatos, Al.
¿No estarás hablando en serio?
Marcie, ¿no lo entiendes?
¿No ves la gloria y la majestad de lo que acabo de ver?
El perfecto gancho publicitario.
Ya veo las vallas publicitarias.
"Al conoce a Dios, y Dios conoce sus zapatos".
Será un éxito en ventas, Marcie.
¿Cuánto dinero tenemos?
Tengo varios miles de dólares.
Tú tienes lo justo para el café.
Partiré para mostrar los zapatos de Dios
y los multiplicaré.
Deja que vaya contigo, Al, para aprender.
- ¿Cuánto cobraremos por par? - No quiero saber nada de precios.
Ese es tu trabajo. Tú eres el de marketing.
Hola, muñeca, soy el Gran Maestro H.
Me preguntaba si pasarías conmigo al asiento trasero
para un viaje tan salvaje, que hay que tener 21 años.
Sí, ese era mi padre caminando por la autopista en bata.
Adiós.
Dicen que somos unos ignorantes,
pero, por lo visto, todos leen el periódico.
Yo no, y sigo creyendo en papá.
No tanto como cuando intentó caminar
por el lago Michigan para llevar sus zapatos a Canadá,
pero empezará a fabricar esos zapatos.
Cinco mil pares.
¿De dónde habrá sacado el dinero?
¿Me he dejado por aquí mi nuevo Rolex?
Qué despistada estoy últimamente.
Primero pierdo el reloj.
Y después no logro recordar
un cheque de 25 000 dólares al portador
que parece que llené con la letra de otra persona.
Por cierto, ¿ha visto alguien a mi futuro difunto marido?
¿Quién quiere ver los prototipos?
Tenemos miles de ellos saliendo de la cadena de montaje.
A ver, Jefferson,
antes de que le diga al bebé por qué su padre está enterrado
en cuatro o cinco tumbas diferentes,
¿puedes decirme dónde está todo mi dinero?
En publicidad, nena.
Contactamos con programas para que sacaran a Al.
Debería salir pronto.
¿En qué programa iba a salir?
MARY LA MIEDOSA
Bienvenidos a la sesión matinal Momia Tenebrosa de Mary la miedosa.
Antes de volver a nuestra película,
¿Qué hay en el baño?,
tenemos una sorpresa para vosotros, chicos.
Nuestro invitado especial es Al Bundy, vendedor de zapatos.
Ya he visto este programa. Es estupendo.
¿Has pagado para que salga ahí?
Cada vez que llamaba a Oprah, estaba almorzando.
Vamos por buen camino, nena.
Al dice que se cayó desde la ventana de su dormitorio, porque se asustó
al ver el retrato de su mujer.
Dice que vio a Dios antes de tocar el suelo.
¿Qué pasó luego, Al?
Verás, Mary la miedosa,
vi los zapatos de Dios.
Cuéntanos cómo fue, Al.
Mary, lo creas o no,
la gente se ríe de mí por haber visto los zapatos de Dios.
Me lanzan cosas, me tiran piedras y hasta perro enfermos.
Y sé quiénes sois los responsables.
Me las pagaréis, lo juro.
Pero yo seguiré perseverando con mi mensaje.
Ahí lo tenéis, chicos y chicas.
Al Bundy.
Deberíais mirar debajo de la cama esta noche por si lo veis.
Y ahora, vamos con la película.
Me dijeron que podía vender mis zapatos en este programa.
- Me lo prometieron. - Oye, ¿qué quieres que haga?
Solo soy una mano en un calcetín.
¡Serás un calcetín lleno de agujeros si no me dejas promocionar mis zapatos!
Tengo una misión sagrada.
Seguridad, por favor.
Son los zapatos de Dios y son muy cómodos.
Los calcetines van adjuntos.
- Chicos, si estáis junto al teléfono... - Yo los llevo. ¿Veis?
- 112. ¿Puede salir esto en pantalla? - ¡Te mataré, Mary!
PARA AYUDAR A MARY LA MIEDOSA, MARQUE EL 112
Véndelos, muchacho. La próxima parada, Ted Koppel.
Seguro que Koppel le da la media hora entera.
Bueno, quizá 15 minutos.
El resto se lo dedicará al hombre sin cabeza hallado en el lago.
- ¿Cuándo ha ocurrido eso? - Pronto, cariño.
Apúntalos con tu bastón, papá. Conviértelos en serpientes.
Eso no es un bastón,
es la rama que le tiró uno de los chicos del barrio.
¿Qué más da?
Lo importante es que los zapatos están en cámara. Eso es, amigo.
Idiota.
¿Has invertido mi dinero en la visión de ese hombre?
Confía un poco en mí, nena.
Esto es solo para que se suelte ante las cámaras.
Haré que su cara se haga famosa.
GENTE DE LA QUE REÍRSE
Bienvenidos a Gente de la que reírse.
Soy el doctor Jonathan Blue.
Hoy presentaremos a personas que han tenido lesiones en la cabeza
y aseguran haber visto a Dios.
Empezaremos con Bob.
Cuando comía en un restaurante,
una camarera me golpeó con la bandeja
y vi a Dios en mi plato de sopa.
Me dijo: "No pidas el pastel de carne".
Vale, Bob. ¿Lola?
Me caí de la mesa cuando bailaba y ahí estaba.
Le di cambio para un billete de cinco dólares.
Gracias, Lola.
Y ahora, un hombre que no solo ha visto a Dios,
sino que también hace negocios con él.
Al Bundy.
Señoras y señores,
demostraré el poder de los zapatos.
Los voy a soltar y los verán flotar a mi alrededor.
Genial, Al.
Ahora contestaremos algunas llamadas.
El primero es Jerry, un camionero de Iowa.
¿Qué quiere preguntar a los que han sido tocados?
Me gustaría ver bailar a la chica.
Pasamos a la siguiente llamada.
Derrick, de Peoria.
Derrick, ¿tiene alguna pregunta sobre una experiencia extracorporal?
Sí, tengo un Bonneville del 85
y las molduras laterales no se sujetan...
Derrick, extracorporal no se refiere a extras del coche.
Bueno, ¿puedo ver bailar a la chica?
Doctor, creo que hay otra llamada.
Vale. Adelante.
Una pregunta para el chalado de los zapatos.
¿Sí?
Me llamo Bu... Bob. Sí, Bob.
¿Ha pensado en lo que su locura le causa a su familia?
Sobre todo a su hijo.
Póngase los pantalones, se lo ruego.
Vaya a trabajar, gañán.
¿Bud, eres tú?
Te lo advierto, papá. No quiero vivir así.
¿No entiendes que ya es difícil conseguir una cita...?
No hay más que chiflados. Pasemos a la siguiente llamada.
¿No hay más llamadas?
Vale, muñeca, baila.
No ha estado tan mal.
Vamos, nena.
Sigo creyendo que este asunto de Dios atraerá a los tontos.
Pero, por favor.
Lo único bíblico de todo esto es la proporción de su fracaso.
¿Me permitís que intervenga?
Acepto que lo de los zapatos de Dios es una tontería.
Pero no lo es más que la piedra magnética, el anillo del humor
o cualquier programa del domingo de la NBC.
La cuestión es,
¿por qué no le damos una oportunidad? Podría funcionar.
¿Por qué no ha funcionado?
Porque era una idea estúpida, papá.
Si lo piensas bien,
quizá Dios ni necesite zapatos.
Se puede permitir una buena moqueta.
Y si necesitara algo,
como un batido, pilas o algo así,
seguro que las tiendas del cielo no tienen letreros que digan:
"Sin camisa o sin zapatos, no se despacha".
Y aunque los tuvieran,
¿quién le va a quitar un cigarrillo de la boca a Dios?
¿No has pensado en todo esto?
No, cielo. No es eso.
Lo he pensado, junto con otras cosas.
Por ejemplo, ¿para qué serviría una silla
si dobláramos las rodillas al revés?
Un profesor se jubiló por esa pregunta.
Bueno, algo se ha sacado.
¿Qué, papá?
Se están llevando el coche de Marcie.
No sabía que tenía un adorno en el capó.
No, eso es lo que queda de Jefferson.
Por lo menos, ya no sufre.
Te noto deprimido, papá, y eso no está bien.
Míralo por el lado positivo.
La mayoría de los hombres que han fracasado como tú,
ya habrían probado la fría navaja haciéndose el harakiri .
Pero tú no, papá.
Tú sigues intentándolo y eso es lo que te hace ser quien eres.
Y mientras no se lo digas a mis amigos, te quiero.
Gracias, muñequita.
Has logrado que papá se sienta mucho mejor.
Este es mi papi.
A eso me refería.
La mayoría de los hombres no agitarían los brazos, pero tú lo intentas.
¿Papá?
¿Tú otra vez?
¿Eres Dios?
No. Soy Sidney Rimhollow.
Era vendedor de zapatos en las afueras de Tulsa.
Se me ocurrió este modelo en 1925.
No vendí ninguno.
Por suerte, tenía una mujer encantadora y dos hijos,
que contrataron a un tipo para que me matara.
¿Por qué no me dijiste que los zapatos no eran buenos?
Pensabas que era Dios. Así que te seguí la corriente.
No te irás de rositas. Se lo contaré a Dios.
- ¿Dónde está? - No se le puede molestar.
Está viendo la serie California .
No entiendo por qué no quitan ese programa.
¿Dónde está mi nube, mi arpa y mi virgen?
Lo siento, Al, aún no estás muerto.
Pero esta vez, no volverás con las manos vacías.
Escucha. Tengo una idea...
¿Veis, chicos? No hay razón para que sigáis preocupados por mí.
Ahora tengo instrucciones divinas.
Sid y yo pensamos juntos y se nos ocurrió una idea.
El calzador de la abundancia.
Es una combinación entre zapatería y hamburguesería.
Mientras comes, te pruebas los zapatos.
Por cierto, ¿he dicho que las hamburguesas
tendrán forma de calzador?
No, papá. No lo has dicho.
Bueno, el mérito de la idea no es mío, sino de John Wayne.
¿Sabéis cuál será el eslogan?
"Si no va calzado, por Dios será invitado".
Eso acabará con los rumores de mi locura.
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