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Original subtitles

Me paso todo el día pensando en ti.

Cientos de veces cojo el teléfono, marco tu número directo y... y cuelgo antes

de que suene.

Cuando veo un programa por la tele me digo, lo estará viendo él.

Habrá sentido lo mismo que yo cuando dicen tal cosa.

Te quiero tanto, mi amor.

Cuando hago alguna tontería, me digo, Dios mío, si él lo supiera.

Sigue, cariño.

Sé que tú no eres de los que pueden llevar una doble vida mucho tiempo.

Eres demasiado honesto, acabaría destruyéndote.

Y por eso, y porque tampoco quiero romper tu manera... No voy a romper

No se puede romper algo que ya está roto desde hace mucho tiempo.

Los matrimonios nunca se rompen cuando se rompen.

Siempre viene todo de atrás.

Únicamente la rutina, la costumbre.

En mi caso, una cierta conveniencia social los va manteniendo en pie.

Pero ahora es distinto.

Ahora estás tú, cariño.

Mi amor, mi amor, mi amor, te quiero.

Tengo que terminar ya.

Inmediatamente.

Ni un solo día más.

No, no, mi amor.

Tienes que esperar hasta que surja una crisis de gobierno.

Mi amor, mi amor, no te agobies. Oye, ¿qué te estás pasando con lo de mi amor,

mi amor, mi amor?

¿Por? Porque no se habla así, joder. Porque estás hablando como una mujer de

años y no como una chica de 20.

Estás equivocado. Las chicas de 20 son así.

Y dicen mi vida. Y mi amor, la que no lo dice es mi mujer. Ya, ya.

Bueno, vamos a ver, Federico.

Secuencia 24.

Habitación Hostal de San Marcos.

Interior, noche.

Menos lírico.

Eres una chica de 22 años.

Estudias cuarto de filosofía.

¡Mentalízate! El ministro... El ministro está en la cama.

Ella ha estado llorando en el cuarto de baño para que él no la viera.

Y cuando vuelve, él le dice, ¿qué te pasa?

¿Estás bien?

Venga, vamos.

Vamos.

Venga.

Vamos a dejarlo, hoy no es mi día. Para hacer algo bien necesito sentirme

cómodo, estar a gusto y no vestido así, de figuración distinguida.

Además, estoy nervioso porque no sé a qué hora voy a llegar a esa jodida boda

la hija de no sé quién. Mira, fíjate, son ya casi las seis y tengo que ir

todavía por el coche al taller.

Los que no tenéis coche no sabéis lo que tenéis. Y tenía que haber ido también a

la confianza. Y Pili debe estar ya con la cara hasta aquí. Y anda, que lleva

temporadita. Pues dile a Pili que tranquila, que al fin y al cabo no es

que se casa.

Mañana a las once. A las diez. A las diez y media.

Vale, a las diez y media. Pero ya ha duchado, ¿eh? Y a ver si te enteras,

Spielberg. Cada vez que una mujer casada asiste a una boda es como si ella

volviera a casarse un poco. Sí, ¿verdad? Pero te recuerdo, nupcias aparte, que

Balboa Fins está que se sube por las paredes. Porque por primera vez en su

ha pagado la mitad por adelantado. Como debe ser. ¿Por qué se joda?

Ah, ya.

Y le advierto, señor Benjex, que llevamos casi cuatro meses para treinta

y que no tenemos ni el título.

Anda, échale valor y no vayas a esa boda.

A ver si acabamos de una vez la 24.

¿Y por qué no se lo echas tú y te vienes conmigo al cóctel, eh? Nos enfrentamos

juntos al canapé envenenado y mientras seguimos hablando.

Eurobuilding, sal o lambar.

No, no, no. Yo paso de bodas, bautizos, entierros, comuniones, todo eso da

cáncer. Una de las razones de mi reparación con Maruja fue porque yo

estaba negando a ir a cualquier tipo de festejo social.

Oye, aquí nunca sale premio. Nunca.

Y no creas que lo hacía por capricho. Es que me salían granos en las ingles y en

los sobacos cada vez que iba un tumito de esos. Un amigo psiquiatra me lo dijo.

Alergia ceremonial. La raíz de todo, según él, estaba aquí, aquí, en el culo

alemán.

Quiso curarme, pero yo le dije que, polla, es que a mí el cerebro no es que

lo toque, que es de lo que vivo.

Está bien, ¿no? ¿Eh? ¿Qué tal?

Bueno, más o menos.

¿Qué cosas tiene mi novio?

Va a ser nuestra mejor película.

Sí, mi amor.

Cuidado con los de mayonesa.

¿Le has contado ya el argumento a tu padre?

Sí, mi vida.

Pues anda que luego llegas al cóctel, dices hola Pili y te dedicas a charlar.

Con todo el mundo menos conmigo.

Como si fuera viuda.

Igual que si fuera viuda.

Es que soy viuda.

No luches más con ellas.

Adoro tus arrugas.

Me pertenecen, las he visto nacer. Forman parte de los gananciales. Y que

digas.

La mayoría llevan tu firma.

Si pudiera, te las devolvería todas.

Y yo las aceptaría sin un titubeo, mi amor.

Vaya, ¿qué pasa?

¿Has conocido alguna jovencita que te llama mi amor y se te ha pegado?

Quita.

Nunca le digas mi amor a tu mujer.

Creerá que le estás tomando el pelo.

Dile simplemente, tú, oye.

¡Eh!

La película es un love story, una historia de amor, entre un cuarentón en

perpetuo reciclaje y además ministro, y una chica de 20 estudiante de filosofía.

Con menos hizo Shakespeare, Romeo y Julieta, pero si está muy claro, hombre.

la lucha ante el carroza modelo posguerra, lleno de asignaturas

chica super joven rebosante de Sins. ¿De qué?

De Sins, el abismo generacional.

Ya.

Abismo generacional.

Pero bueno, yo me voy a cagar en mi padre.

Escucha esto, Varelita, y tú también, Ionesco. Lo que yo quiero es una

¿entendéis? Una película.

¿Qué es una película, Matías? Díselo a estos.

Pues una historia de amor, don Dionisio, donde pasan muchas cosas y al final

termina bien.

Exacto. No te vayas, tenemos que hablar.

Vale. Algo entretenido donde pasan muchas cosas.

Amor, celos, odio, bodas equivocadas.

Algo donde se divierte la gente.

Y al final, te quiero mucho Purita, te quiero mucho Pepe. Y eso es el cine.

Y así son las películas. ¿Y si son tan fáciles, por qué no las escribes tú?

Porque no tengo tiempo. Mira qué gracioso. Si yo tuviera tiempo... Anda

me lo dijo Beth Cesario.

Parece que la estoy viendo.

Balboita, tú con tu imaginación harías unas historias maravillosas.

Perdonad, tengo que ir al lavabo.

Oye, no falla. Siempre que hablamos con él se levanta el tío para ir a mear. Es

que somos diuréticos. Acabarán vendiéndonos solo en farmacias. Y sin

Así que no me vengáis con un fil de esos de autor llenos de gente que se mira

mucho, donde no pasa nada y si pasa algo pasa todo muy leptito.

El público quiere historia.

Nada de tabarras personales.

Fede, deja ese premio. No ves que te veo por el espejo.

Oye, ¿cómo lo haces?

¿El qué? Eso, mear sin ruido.

Es que no he meado ni gota. Entonces va a ser de próstata.

Claro. Bueno, lo único importante en una película es acertar en lo principal.

Qué tío tan gracioso. ¿Y qué es lo principal?

Uy, qué listo. Si yo lo supiera... Si eso se supiera, el cine lo harían los

bancos. El banesto, el hispano, el...

El zaragozano. Eso.

Pero hay una cosa que está muy clara y que decimos mucho Alfred G. Cotillo.

El espectador tiene que estar sentado en su butaca como si estuviera encima de

una bomba de relojería. Pues eso.

Acción, amor, aventura, misterio.

Cine.

Así que vamos a dejarnos de abismos generacionales.

Yo tengo un hijo de 20.

Y mi hijo hace lo que yo digo y piensa lo que yo pienso. Pues muy bien.

Será la excepción que confirma el abismo.

Oye, no tienes muy lejos el chisme ese. Igual lo graba. No, si no tiene pilas.

¿Para lo que me pagan?

Además, me cortan todo lo que escribo.

Después dejas el teatro y empiezas a escribir cine y televisión. Y también

novel.

Ganas el Nadal con Muerte de un teléfono.

Sí.

¿Y qué?

También eres muy tímido, ¿eh?

Perdona, perdona, perdona.

Oye, Gorosenko, Gorosenko. ¿Qué pasa?

Pues yo comprendo que vos, como autor, estás nervioso, pero comprendeme vos a

mí. Con tanta interrupción no vamos a terminar nunca.

Pero ahora, chico, no es una cosa de nada.

Está bien, está bien.

Tranquilo, pide, tranquilo.

Che, pará, pará. La fucha, pará la carajo.

Pero no oís, pará todo.

Ah, parla, Bepi, parla, parla.

Verás, verás, a mí me parece que la hormiga tercera debería hablar con su

verdadera y no falseándola.

Pero dime, pibe, vos tenés que tener en cuenta que se trata de una

hormiga, ¿lo viste?

Pero coño, nadie sabe cómo hablan las hormigas. Ella es una actriz vestida de

hormiga tercera.

A mí eso de que hablen con voz de hormiga me parece, no sé, chico.

Además, vamos a ver, Goroshenko, ¿dónde están las 30 hormigas que deberían dar

sentido a esta cena? Aquí yo solo veo ocho.

Ah, eso a mí pregunta la producción.

¿Vos sabés lo que cobra una hormiga por dos fusiones diarias, eh?

Tenemos que cargarnos al ministro.

¿Cómo? Un atentado. ¿Un atentado? No.

Vamos a secuestrar al ministro.

A ver.

Sigue, sigue.

Es un falso secuestro.

El ministro le ha dicho a su mujer que está redactando un proyecto de ley en un

lugar X.

Entonces llaman de presidencia de gobierno. Es urgente.

La mujer les dice dónde está, pero claro, él no está porque le está a lo

está. O sea que no está. Está con Piggy.

En otro sitio.

Si no oír la radio, ni ver la tele.

Total, que el ministro no aparece.

Y viene el follón cuando se descubre la verdad.

Porque entonces hay que desmentir la noticia del secuestro.

Un secuestro nunca acaba con una carrera política, pero una historia de amor,

sí.

Cojonudo, cojonudo.

¿Cómo se nota que ha vuelto la mala?

Oye, estoy helado.

Esta manía tuya de escribir en exteriores está bien en verano, pero

están saliendo sabañales.

Es mi hija, ¿no?

Soledad.

Soledad.

¿Y eso qué quiere decir?

¿El patio de butacas vacío? ¿Que la película va a ser un fracaso?

Yo no miro tu película.

Eso es menos importante.

Te equivocas, Mala.

Eso es lo más importante para mí.

Mi vida es el cine.

Te agarras a las películas.

Porque todo lo demás te da miedo.

¿Dónde pone eso? ¿En qué carta lo pone?

Tienes que hablar con Sonia.

¿Por qué?

¿Le pasa algo?

Habla con tu hija.

Aunque solo sea por una vez.

Menos mal que no quiero creer en estas cosas, que si no es como para echarse a

temblar.

Está todo muy claro.

Ya, está muy claro que el mensaje es oscuro.

Todo es magia.

El jueves de la semana que viene estreno en el retorno de Jenny. Puedo sacar

localidades para el domingo.

¿Qué? ¿Hace?

Para mí no. Me voy el fin de semana.

¿A dónde?

De camping.

¿A dónde?

A la sierra.

A buscar viejo con una amiga.

Pues nos iremos tú y yo a verla.

Yo tampoco puedo, papá. Es que es el cumpleaños de Celia.

Ya.

¿Y quién es Celia?

Una amiga de clase. Es mi mejor amiga.

Bueno, pues nada. Entonces le daremos dos meses de permiso al Jedi.

Por favor, caballero, ¿podría ponerme un poco de leche fría?

¿Y de vuestra madre qué?

Mamá, bien.

¿Qué quiere decir bien? Que respira, que ve la televisión, que sigue haciendo

futi. No podría ser un poco más explícita, hija.

Papá, que empieza.

O sea, que mamá bien. Y papá bien.

Y las niñas bien también.

O sea, que muy bien porque todo es bien. Pues vamos a aburrirnos un ratito.

Vaya horas.

Dígame.

Sí.

Stanley Kubrick.

Dime.

Me deprimo despacio. ¿Cómo?

Que me deprimo despacio.

¿Y qué?

¿Estás bebido?

Un poco. Bueno, ¿qué? ¿Te gusta el título?

¿El título? ¿Qué título?

El título de la película Me deprimo despacio.

La frase que le dice el ministro a la chica en la 19.

A mí me pasa una cosa terrible.

Es que ya me deprimo despacio.

¿No te acuerdas?

Bueno, ¿te gusta o no?

Pues, por una parte, lo mutuo.

Pero por la otra...

Tampoco. Al que levanto ese armar va a ser a Balboa Fins.

Hasta mañana.

Me deprimo despacio.

Está muy claro, papá. Lo que me pasa es que no sé contar historias.

¿Hace que no viva una historia?

Pues...

Desde que tenía diez años y le di un beso a Marisa debajo del agua en

Torrelodones. Y es que he vivido siempre el estado de película.

Le lo digo a Fede todos los días. Fede, le hemos dedicado nuestra vida a John

Ford, a Spencer Tracy, a la RKO. Y la hemos jodido.

Siempre atentos a los mitos, a las películas.

Y se nos ha olvidado vivir nuestras propias vidas.

Y ya sé que tú me lo decías siempre, papá, no seas pesado.

Pero eso les pasa también a los políticos, a los médicos, a los músicos,

curas.

Y por eso, por eso no sabemos contar historias.

Porque en nuestras vidas no hay historias. En cambio, los John Ford y

esos amaron la vida antes que el cine. Que ese ha sido nuestro error.

Amar el cine y no la vida.

Si es que es acojonante, vamos.

Para nosotros la vida está en los 100 minutos que te tiras en la sala.

Porque luego, en la calle, es como si vivieras una película. ¿Quién soy yo?

o el Capitán Blue navegando en solitario y sintiendo el viento en las velas? ¿O

me vas a negar que no fui el más rápido junto con Johnny Guitar al norte de

Arizona?

Lo que pasa es que ahora uso lentes. Me siento cansado.

Estoy a punto de ser abatido por un muchacho borroso.

También a mí me hubiera gustado vivir rápido, morir joven y tener un cadáver

bonito, como Nick Romano.

Pero ya ves, me deprimo despacio con una película cojonuda, escrita por José

Manuel Varela y con Cántara.

Que no va a dar un duro, papá.

¿Qué tal va?

¿Tú sabes lo que es un flashback, Pili?

No. ¿Y de lo de Ávila qué pasa?

Estoy en ello.

Ya.

Pues un flashback, Pili.

Es que tú y yo nos queramos un poquito.

O sea, volver al pasado.

He tardado más de lo previsto.

Te habrás aburrido, ¿verdad?

Se está muy bien aquí.

Mira. Le he dicho a la superiora que había venido con una amiga y me ha dado

estos dulces. Son para ti.

Los hacen ellas.

Están buenísimos.

Gracias.

Son ellas, que cantan vísperas. Me gusta.

Todo es magia.

Y no es playback.

Lo hacen en directo.

Perdiguero, ¿sabéis que cuando se casó su hija contrató cien extras del

sindicato mitad y mitad?

Los llevó a Cordejo, les puso esboquín, a las tías traje largo y les hizo cantar

el aleluya de Mozart.

De Händel.

¿De qué? Que el aleluya es de Händel.

Bueno, lo que yo decía.

Perdiguero, me contó Schumer hace poco que le hicieron un análisis de sangre y

dio JB positivo.

Vámonos a otro país.

Con perdiguero teníais que trabajar vosotros.

No les deja decir ni acción ni corten a los directores. ¿Por qué se pierden

metro? ¿Y qué dicen?

Hip.

Dicen hip.

Eso dicen hip y se corta. Pero volvamos a lo nuestro.

¿Qué es eso que dices tú siempre de una chica sin?

Pili, la chica que se liga al ministro es una auténtica FM get in.

Mujer en FM.

Bebe refrescos en lata, usa vaqueros Calvin Klein, lee poesía, es sincera, no

cuelga con el vídeo ni con la tele y sobre todo, atento, siempre vive sin,

burbujas, sin alcohol, sin cafeína. Nuestro ministro es un hortera, pero se

hecho moderno.

Atrás han quedado sus traumas, el de la fimosis, el de la eyaculación prematura,

todos estéticos. Como ves, es uno más de estos tres millones de españoles, barra

españolas, que se han hecho modernos.

Footing, golf, tenis, valium, canutos en días alternos, poco meter, media docena

de tarjetas de crédito, relojes que en el cine hacen pipipi, pipipipi,

la revista Time, cómics tipo Javi Metal y sobre todo, nuestro varón domado ha

descubierto el ordenador personal.

Los fines de semana se larga con los niños, la mujer y el perro a su viejo

molino, adecentado con sonido estéreo, vídeos diversos y alfombras disfajam, en

busca del trauma perdido en su primer ordenador. Pero eso es moderno, pero no

auténtico. Claro, por ello el encuentro de nuestro virus válido con la chica Sin

es... ¿Eh? Como el de Fausto con Margarita, una conmoción.

Eso, eso, claro.

Comprende que no ha vivido Balboa a pesar de sus casi 45 castañas, porque

su vida se ha estado preparando para vivir.

¿Comprendes, Balboa? ¿Dónde está mi vida?

¿Dónde está mi vida?

Y esa es la película.

La gran película.

Tengo que contárselo no sé cómo.

Veinticinco años de vida en común que se acaban.

Y si me apuras...

Todavía me da más cosa decírselo a Luisito.

¿Por qué? ¿Cómo se dice eso?

Aunque espero que comprenda que todavía soy joven para emprender una nueva vida.

Oye, ma.

No me apaño a llamarte mala.

No sabes lo bien que me ha venido desahogarme contigo.

Es que tenía que contárselo a alguien.

¿Puedo hacerte una pregunta?

¿Es verdad que puedes curar un cólico nefrítico con solo poner tus manos en el

riñón? Me lo ha dicho Fede.

Y más cosas.

Esa no es la pregunta que quieres hacerme.

Tú lo que quieres saber es si entre José y yo hay algo.

Hola. Qué bien huele.

¿Cómo estás?

La hermana Inés, mi hermana. ¿Qué tal?

Una amiga.

Acabo de tropezar con la palabra universo y he descubierto que es falsa.

qué es falso, la palabra o el universo?

No, no, no, todo, todo, todo.

El concepto y el término.

El universo no existe, existe el multiverso.

Claro, claro, claro.

Oye, vamos a descansar un ratito, ¿eh?

Y tranquilo, Fede.

Tranquilo que esto no es más que una película.

Cada uno de nosotros es un centro de sensaciones.

Ya.

Solo percibimos aquello que está en nuestra onda, en nuestra frecuencia.

¿Y qué nos importa eso a ti y a mí?

En la escena de la cama con la chica, el ministro acaba de descubrir eso.

Que existe un universo para cada cerebro sea el multiverso.

Pero no encuentro la forma de que se lo explique con sencillez.

Vamos a ver, Fede.

En la escena de la cama, ¿por qué no se limitan a lo de... ¿Te gusta?

Sí, mucho, mucho.

Incluso te dejo que digan un par de veces, mi amor, mi amor. Y al final,

de siempre, ¿te ha gustado?

Sí, mucho, mucho.

¿Pero qué quieres? ¿Una escena de cama como las que rueda todo el mundo a base

de jadeos? No, coño, pero tampoco es normal que el tío se ponga a recitar el

monólogo de Hamlet. No me jodas, Fede, que esto no son las hormigas.

La cama no es el lugar más adecuado para descubrir que el universo no existe.

Ahora me parece. No sé, creo yo.

Tenemos que meter el plano del autobús. ¿Cuál?

Tú has visto las caras de la gente cuando pasa un autobús delante de ti.

Ese autobús de las doce de la noche, semivacío.

Todos van para casa, pero envueltos en una tristeza casi mágica.

Esa sensación solo la puede dar el cine. Y también tenemos que meter el plano de

la monedita de la caja de ahorros. ¿Pero cuál?

Cuando el ministro vino a estudiar a Madrid y estaba sin tabaco, se sentaba

un banco en Cibeles y ahí se pasaba las horas muertas viendo cómo caía la

monedita.

Es una de las primeras cosas que le va a contar a la chica.

Oye, Fede, tú no vuelves a un ensayo más de las hormigas. El Goroschenko ese te

está comiendo el coco.

Te estoy hablando en serio. Hay que meter cosas de esas, aunque solo sea por

vez. La ventaja del cine americano que tanto nos gusta es que no cuenta

historias, sino fragmentos de historias. Pero eso... ¿Pero a dónde vas?

A buscarte un autobús. Pero esos fragmentos te dan la impresión de haber

una historia completa.

Pues eso.

Como hicimos nosotros con los viajantes, ¿ya no te acuerdas?

¿Cuál es el mejor fútbol que has visto nunca? El de Brasil, en el Mundial de

México. No, fue mejor el del Madrid en Glasgow.

¿Tú crees? Hombre, claro.

Final de la quinta Copa de Europa, 7 -3.

Un pinzón.

Picasso. Goya.

Un trabajo.

Arthur Miller.

Un músico.

Mozart. No, no, de cine. Ah, de cine. De cine Mancini.

¿Tu mejor año?

El 62.

Estrené la cerca en Bucarest.

Nació mi hijo.

Me operaron de hemorroides. Oh, qué alivio, oye. Me imagino. Y mi Atlética

recopa. ¿Y tu mejor año?

Ninguno. ¿Sabes una cosa?

No, no te rías, en serio.

¿Sabes una cosa? Cuando me separé de mi mujer llegamos a un acuerdo.

Ella se quedó con todo.

Eso es de Woody Allen.

Sí. Pero ¿y esto? ¿Y esto? A ver, a ver.

¿Cuál es la diferencia entre una orquesta y un cuarteto?

Yo qué sé, no sé cuál. Pues que la orquesta es lo que sale de Moscú y el

cuarteto lo que vuelve.

Oye, oye, eso está muy bien. Pues es mío, es mío.

Tenemos que meterlo en el mío. Claro.

Sonia, por favor.

De un amigo.

Es mi suegra.

Sonia.

Oye, soy papá.

Sí.

Que si podemos vernos mañana.

Para hablar un ratito.

El camping.

Ese tipo, ahí donde lo ves, en el diplodocus carnegei, era herbívoro.

¿Y tú cómo lo sabes?

Bueno, conozco a su familia desde hace mucho tiempo.

Ese individuo es un reptil dinosaurio del suborden de los auricios que

Oye, dime una cosa.

¿Tú eres feliz?

Dime el color. No vale el blanco y el negro.

El azul.

El gris.

¿Una novela? Cosechas Rojas. No, ¿por qué? Yo no te puedo acuerdar. La Isla

Tesoro. Cosechas Rojas también.

¿Un cineasta, aparte de los de siempre? Siempre Chaplin. Siempre Lubitsch. ¿Una

mujer? Una mujer, tres. ¿Qué me dices? Hombre, claro.

¿Un país?

España. ¿Un bandido?

John Dillinger.

¿Por qué John Dillinger?

Porque le mataron a la salida del cine. Ah, claro, claro.

¿Una canción?

Yesterday. ¿Una película? No vale las de siempre.

Casi todas las de pequeño, algunas de joven y casi ninguna de las de ahora.

¿Y tu película?

Tal como éramos.

Que era una película en donde dos tipos decían, dime un libro, un año, un

fracaso, un año.

¿Que la quieres hacer cómo?

¿En blanco y negro?

¿Y eso qué es?

¿Un café con una bola de mantecado?

A mí me va a dar algo con vosotros, ¿eh?

Primero el titulito. Me deprimo demasiado.

Despacio, me deprimo despacio. Y cuando tenga que venderse la televisión, ¿qué

hago? ¿La coloreo yo a mano?

Venga, hombre, vamos a ser serios.

Alboa Filso lo hace películas en color.

Lo otro déjaselo a tu amigo Woody Allen.

Bueno, que tengo prisa. ¿El guión te gusta o no? ¿Pero cuál de ellos? Porque

tres. No, solo es un guión con tres finales distintos.

¡Joder!

Haciende bien, Samuel Goldwyn, de los cojones. La película se llama Me deprimo

despacio. La vamos a hacer en blanco y negro y voy a rodar tres finales. ¿Pero

quién os habéis creído que sois vosotros? Los frescos del barrio. Somos

panaderos.

Un momento que voy al lavabo.

Oye, Binbenders, ¿aquí quién es el que entiende de cine? Yo, naturalmente. Tú y

muy poquito entiendes de venderlo. Pero si cada día que pasa te vuelve más

plata. Y hasta empiezas a gustarle a los críticos. Y este es el fin. Solo unos

poquitos. Y bien que te gustó ir a Cana a recibir el premio de los viajantes,

cabrón, que tenía que haberlo recogido yo. Que tengo prisa. Hay media me

en el teatro. En cinco minutos me voy. Pero oye, Ponty, ¿cuántas películas has

hecho conmigo?

Demasiadas. No, demasiadas no. Seis. Seis. ¿Y has perdido dinero con alguna

ellas? No, ¿verdad? Pues entonces.

Porque ninguna era en blanco y negro.

Ninguna tenía tres finales. Y sobre todo...

Ninguna se llamaba, me deprimo demasiado.

Despacio, despacio. Prey Tite Gay Sam, coño.

Hombre, mira.

El refuerzo.

Seguro que lo de los autobuses es tuyo. Y lo de la monedita también. Porque a ti

cuando te vuelve la vela del absurdo hay que echarse a temblar. ¿Y qué?

Prey Tite Gay Sam, ¿qué?

Casablanca. ¿Has meado?

Ni gota. Ya, Casablanca, no soy tan ignorante. Próstata.

Tenía varios finales y parece ser que gustó. Solo tenía dos. Y sí, es de

próstata. ¿Qué pasa?

Escucha, Balboa Fins. Los mejores años de nuestra vida, que fueron los peores

años de nuestra vida, o al revés, como quieras, a mí me da lo mismo, los

llevamos enganchados a películas en blanco y negro. Eso le pasa a nuestro

ministro. Su infancia y su juventud están unidas al blanco y negro.

El colegio en Victoria, su primera novia, la pensión en la calle Silva, las

cinco copas del Real Madrid, el nodo, todo era en blanco y negro. Por eso

a contar su historia así, en grises. Déjame.

Estamos en los años 80, si no recuerdo mal, ¿no? Bueno, pues por cada película

que vemos de los años 80, vemos cinco de los años 40 por la tele. Estamos viendo

más cine de los años 40 que en los propios años 40.

¡Lárgate!

¿Y cómo eran las películas en esa época? Pues en blanco y negro. O sea que la

gente vía TV está súper acostumbrada al blanco y negro.

Balboa Films, de verdad, no es una postura. No es una postura, Snob. Yo te

imploro de tu hidalga compasión que me la deje rodar así.

En cuanto al final, ya veremos si el ministro dimite y se queda con la chica.

O si no dimite y deja a la chica.

O si dimita o no dimita, la chica le da puerta.

Bueno.

De ir a rodar a Portugal ni hablar.

Nada de bungalop en la playa de Nazaret.

O sea que volvemos al hostal de San Marcos.

Tampoco. ¿Ah, no?

Pero ¿se puede saber qué os ha hecho a vosotros en Guadarrama?

Que está aquí mismo.

Que se va y viene en el día. Media dieta.

O sea que de exteriores, playa y atardecer, nada.

Decorado cabaña, interior noche y un buen fuego de chimenea. Y queda

¿Ah, sí?

Ah, y la escena de cama también fuera. Quiero besos.

Besos y no polvos.

Besos como las películas de antes.

Es que no estáis al día.

La gente ahora se besa más que nunca. Iros a un parque y comprobarlo.

Se ha vuelto al beso a tornillo.

Estamos en una nueva era, un nuevo neorromanticismo.

Las chicas jóvenes en América apenas joden ya.

Quieren besos, amor, ternura.

En las películas españolas ya nunca se besa. Solo se jode.

Bueno, pues se embalmó a Phil Producciones Cinematográficas. De ahora

adelante se va a besar.

Quiero besos en primer plano.

Cara contra cara, labio contra labio. Supongo que sabrás cómo se hace eso. No.

Quiero besos de alta precisión.

Como decimos Melville, Roy y yo.

¿Qué?

¿Quién es el moderno? ¿Ah?

¿Quién no está al día?

¿Dónde has leído todo eso?

En ningún sitio. Me lo ha dicho mi hijo que piensa... Que piensa lo que tú

piensas y que hace lo que tú haces.

Pues sí, eso, eso.

Bueno, me voy.

El guión lo acepta, ¿no?

Sí, hombre, sí, lo acepto. Bueno, pues ya puedes ir diciéndole al señor

que voy a tirando copias, porque mañana vengo por el cheque. Oye, ¿se puede

saber qué te pasa que estás tan apagado?

Tristeza posfolio. Igual que otro siente la tristeza poscoitu, a este le da

siempre que termina un guión.

Siente como un vacío.

Ya.

Y se deprime despacio. Ah, se lo sabe.

Balboa Films.

Eres como una hoja seca que el viento arrastra de alcantarilla en

Pero te quiero.

Retorno al pasado.

Jacques Tourneur.

1947.

Blanco y negro.

Que no, que no. Lo que pasa es que tú eres su abuelo.

Trata de disculpar.

Pero yo soy su padre, ¿sabes?

Su padre. No puedo consentir.

Ah, pues eso. Eso, que una mierda de niña me hable de ese modo. Como si yo

un extraño.

Tenías que haberla oído.

Y ya la he llamado cuatro veces y nada.

Que no hay manera.

Bueno, ¿y qué quieres que haga?

¿Eh? ¿Que me quede con los brazos pulsados?

Sonia es casi una niña. No, oye, oye, no. De 20 años nada a 19.

Es mi hija y la quiero. La quiero.

No lo parezco.

Quiero y no deseo verla sufrir.

¿Pero quién coño llamará ahora?

Ya sé, ya sé que está nerviosa y asustada, pero eso no quita que... Pero

asustada no de su historia, sino de que yo esté al tanto del lío. Pero algo

tendremos que hacer, ¿no?

Hola. Hola.

¿Has perdido la llave?

Voy a prepararme unas hierbas y a dormir, que mañana madrugo.

¿A Ávila otra vez?

Oye, ¿por qué no os vais en la escoba? Es que la tengo en el taller.

Mira, yo no sé lo que pasa en Ávila ni me importa, pero fe de esta mosca.

¿Te preparo la infusión?

Sí, bueno, pero con una copa de anís.

Bueno, papá, vamos a dejar el asunto de hoy, ¿eh? Vamos a dejarlo que tengo

mucho que hacer.

Estoy cansado.

Además, mira, por mucho que hablemos tú y yo no se va a arreglar nada, de modo

que...

¿En cuántas semanas vais a hacer la película?

Pues mira, el plan de trabajo dice que en ocho. El siete.

Esto es, el siete. Él diré que baja hasta seis y media con equipo reducido.

jefe dice que naná, y tiene razón, porque esto en el Hollywood que se puede

hacer en cinco. Y sabes una cosa, que se puede hacer en cuatro.

Todavía no hemos empezado a rodar y ya me tienen loco entre los dos. Oye,

Matías. ¿Qué pasa ahora? El representante de Marisa, que por menos

nada y que si son dos sesiones te lo dejan cien mil.

Pero si yo con una peluca lo hago mejor que ella.

Que te he dicho que te largues, hombre.

Dile que lo olvide. Y mañana cuando vuelva a llamar, le cierran las dos

por 75.

Vale. Llama a Valero y contrata la grúa grande una semana.

Ya, ya, ya, no, ya. Que luego está siempre ocupada con publicidad. Y ojo,

Matías, se acabaron las coñas que esto no son las metabólicas. Si falla algo de

lo dicho, no ruedo.

No ruedo.

Nos vamos todos a tomar por el culo.

Hola, papá. Hola.

¿Qué pasa?

¿Cómo que qué pasa?

¿No querías hablar conmigo? Pero ahora no puedo, ¿no ves que no puedo?

Bueno, bueno.

Pues nada, hasta luego.

Oye... Nada, hombre, nada.

Si ya se ve que cuando estás trabajando no existes para nadie.

Dígame... ¿En cuánto lo hacemos por fin?

¿De parte de quién?

Cinco semanas. Un momento.

Y media con equipo reducido.

Matías, al teléfono. ¿Quién es? Oye, José, dos cosas nada más y me largo.

Primera, quiero un guión. Pero todavía no te han dado un guión. A ver, Manolo,

un guión para Federico.

Pero ¿qué pasa, Manolo? ¿Qué pasa? ¿Es que el guionista no tiene derecho a

Joder, ya sabes que los tiene todos Balboa. Pues pídele uno. Acaba de salir

los tiene bajo llave, ya lo sabe. La madre que lo parió. No te preocupes,

tendrás tu guión. Palabra. Ahora sí que sí, ahora sí que sí. Mi trabajo me ha

costado. ¿Qué os parece?

El permiso de circulación. Escuchar.

Sí, sí.

O sea que ya tenemos... ¿Qué, que no?

Pues muchas gracias. Un saludo.

Dile que se lo meta en los cojones, ¿quieres?

Métetelo en los cojones, que aquí no toca a nadie, que van a un concierto,

gilipollas. Vamos, devuélvelo inmediatamente, hombre, será posible.

Y que si vas a ver el estreno. ¿Qué estreno?

Oye,

¿qué hacen ahí esos niños?

¿Qué hacen ahí esos niños?

¿Qué hacen ahí esos niños?

¿Qué hacen ahí esos niños? Ah, yo no sé.

Los ha traído el regidor.

¿Qué coño, niños?

Son enanos.

Vamos a ver, disculpen, por favor. Son tan amables, tienen la bondad de salir.

Ha habido una equivocación, perdónenme. Ya me extrañaba a mí, porque enanos en

el guión no hay, ¿verdad? No.

Bueno, que si vienes al estreno.

¿Pero qué estreno?

Ah, sí, el de las hormigas, se me había olvidado.

Así que es esta noche, ¿eh?

Chicos, si es que tenemos un lío, quiero empezar a rodar el 24.

Y todavía no hemos localizado los exteriores.

Mañana me recoges a las siete, ¿no? Sí, te recojo yo en casa. Bueno, cada día

más temprano, más temprano, claro, más temprano, más temprano. Ya lo verás otro

día. ¿Qué te parece?

No me gusta.

Verás, José... Que no me gusta.

Escúchame, José, es que me hubiera gustado que vieras a la hormiga tercera.

una chica que... Pero ¿por qué no te gusta? ¿Por qué no me gusta?

La hormiga tercera se llama Amelia y es una chica que podría hacer muy bien la

hermana de Phil.

Dígame.

Te la estás poniendo, ¿eh?

Yo, bueno, ya sabes que soy un hombre de poco, joder. ¿De parte de quién?

Entonces para mí, mándame.

Dile que se presente como hormiga tercera y con eso ya sé yo de qué va.

teléfono. ¿Quién es?

Un tío sobre una conferencia que tienes que dar no sé dónde.

Lo que faltaba.

¿Y ahora qué le digo yo a este?

Oye, Fede.

¿Por qué no das tú la charla por mí y te ganas unos duros? No, no, no. Eso es lo

de siempre. No, a mí no me lío. Pero si tú lo cuentas muy bien... Yo te voy a

contar, déjame tranquilo. Oye, Fede, va a ser imposible que vaya al teatro. A

las nueve tenemos una reunión con todo el equipo.

Es a las nueve, ¿no? Sí, a las nueve.

Sí, no acabará hasta pasada a las doce, por lo menos.

Esto... ¿Por qué no venir luego a casa y tomamos una copa? Por aquí, por aquí,

caballeros. Bueno, ya veremos. Hasta luego. Bueno.

Pásamelo allí.

¿Pero qué haces ahí? Siempre revolviendo mis papeles.

Siempre molestando.

Siempre. José, a lo mejor hay problemas con el BMW del ministro. No te es igual

un Seat, ¿verdad?

No, mejor una moto.

Una moto. Una moto para que el ministro se lleve a la chica a la sierra. ¡Una

moto! ¡Una moto!

¡Una moto! A ver, dígame.

No, yo no soy don Matías. ¡Soy la madre de don Matías!

Y será un día nuevo, distinto, como el primero de la creación.

Y nos reconoceremos, porque en ese día la luz de la libertad iluminará a todos

los hormigueros.

Pobre, se ha dormido.

Y es que estás no sonoro.

Ya se lo advertí a Fede.

Pero ya has visto, cuando algo se le mete en la cabeza...

¿Y esos enanos?

¿Qué hacen ahí esos enanos?

¿Y Fede? ¿Dónde está Fede?

Está aparcando.

Tu plaza de garaje está ocupada por un coche...

Pequeño. De color verde esmeralda. Muy bonito.

Ah, sí, el del gilipollas ese del noveno izquierda letra D. Oye, el gilipollas

ese del noveno izquierda letra D ha vuelto a dejar su higo de mierda en tu

de garaje. Habrá que decirle algo, ¿no? Estoy informado, no volverá a ocurrir.

Anda, ponte cómodo que se está calentando el gaitero.

¿El gaitero? ¿Por qué?

¿Es que hay algo que celebrar?

¿Qué pasa?

¿Suspendieron el estreno?

No, por desgracia.

Al empezar el segundo acto, se había ido medio teatro. Pues mira, si el público

se ha aburrido, mañana tendrás buena crítica. Y yo lo sabía. Sabía que iba a

un desastre. ¿Pero qué se puede esperar de un tipo que confunde la ironía con la

violencia? Me ha sacado las hormigas con casco de motorista. Toda la segunda

parte con casco de motorista.

Sí, vos tranquilo, Federico. Hay que conseguir que la catarsis purifique la

puesta en escena por medio de una actuación distanciada y rebelde. ¡Hijo

gran puta!

¡Sí, hijo de la gran puta!

El debut es puro teatro de la angustia, una dramaturgia de la purificación como

el mono vechudo de Don Elche que ha cantido por él.

¡Hijo de la gran puta!

Todo el arranque lo ha borrado. Al levantarse el telón, ya sabes, debíamos

la impresión de estar en la puerta de un hormiguero. Bueno, pues nada. Y sí,

dividiremos el escenario en dos mitades. El horror y la piedad. El horror es la

tierra. Abajo, la piedad es el cielo.

Arriba. Y además, el muy cabrón se ha cargado todo el final de la primera

cuando las hormigas rojas se pelean con las hormigas azules para deleite de las

hormigas incoloras.

¿Hormigas incoloras?

A esas no las he visto.

¿También se las cepilló Gorotchenko? ¿Pero qué me decís? Sí, Gorotchenko se

cepilló todo lo que le salió de las bolas.

Las incoloras constituyen la raza dominante. Las que pase lo que pase

viven bien porque sus cuerpos son transparentes y se tiñen del color de

mandan en cada momento.

Claro, pero es que no he entendido nada. Bueno, con este montaje no hay quien lo

entienda.

Viste, lograremos un impacto superior que consiguió el teatro de la crueldad.

Vamos a Broadway, viejo. Si vamos a Broadway nos tiran con bazoca. Pues

es que yo quiera defender a Gorochengo, que ya sabes que le odio, pero siempre

te dije que tu obra tenía un montaje muy difícil.

Que era prácticamente irrepresentable. ¡Eh!

Difícil puede, pero irrepresentable nada. Hace 20 años la montaron de

los de educación y descanso en el parque móvil y lo hicieron muy bien. Acuérdate

lo que dijo Marquerie.

Pues no, no me acuerdo. Pues eso.

Bueno, che, vení, vení conmigo.

Ayúdame a traer la copa directamente, ¿eh? Déjalo, José. No te molestes. Ya es

muy tarde.

Yo no bebo alcohol. Me despierta.

Ah, bueno.

Un momento, un momento, un momento, un momento.

Vamos a aclarar esto de una vez.

Aquí hemos venido a tomar una copa con José para celebrar el fracaso de las

hormigas. Que tú no quieres tomarte la copa con José, pues no te la tomas. Que

aquí Sondra la Misteriosa, la reina de Sangrilao, quien cojones sea, no quiere

tomarse la copa con José, pues no se la toma. Pero yo me la tomo, ¿está claro?

Yo me tomo una copa con José porque para eso hemos venido. ¿O no hemos venido

para eso, eh? No, no, contesta. ¿A qué hemos venido? ¿Hemos venido o no hemos

venido para eso? Oye, que a ti se te ha subido el fracaso a la cabeza. No, no,

que lo diga, que lo diga. Aquí hemos venido a tomar una copa con José, pues

me la tomo. Che, vos tranquilo, Federico, va a ser un estreno

de la gran puta.

Aunque no lo reconozca, Las hormigas es su obra favorita.

Un trabajo de juventud.

La escribió al poco tiempo de conocernos.

Está dedicada a mí.

El caso es que tenía pensado plantearle hoy el problema.

Pero con todo esto no sé cómo hacerlo.

Deja pasar unos días.

Si se lo dices ahora, le dolerá más.

No hay manera, mala, no hay manera.

Lo he intentado, hablé con Sonia y nada.

Resultó todo fatal.

Papá, no seas hipócrita.

Eso me dijo.

Y se acabó.

No supe qué contestarle.

Un padre como yo no tiene nada que hacer.

¿Por qué?

Porque ella tiene razón.

Soy un padre que la ve de vez en cuando, que la lleva al cine, que le pregunta

si estudia mucho.

Y poco más.

¿Con qué derecho voy a meterme ahora en su vida?

Pero me fastidia.

Porque la quiero.

La quiero mucho, aunque nunca sé cómo decirse.

Hay gente que está muy bien como amiga de sus amigos, pero no como padre. Y ese

soy yo.

Y esa es la cosa.

Que sale con un tipo casi de mi edad y que en el mejor de los casos le

complicará la vida un tiempo.

No.

¿Por qué no?

Porque ese tipo no es como tú te imaginas.

¿Ah, no?

¿Y cómo es ese tipo?

Secuencia 34.

Sé que estoy en desventaja contigo y que siempre voy a estarlo.

Pero no por la edad.

Poco importa que yo tenga 42 y tú 20.

Estoy en desventaja porque voy a necesitar siempre tu sensatez, tu

tu equilibrio emocional.

Emocionalmente, ¿sabes?

Yo sigo siendo un niño.

Un niño que tiene miedo a la vida.

Muy bonito.

Bueno, pero eso... ¿Pero eso qué?

¿Que no vale?

¿Que es mentira lo que escribes?

Sí. No.

Bueno, pero una cosa es el cine y otra mucho más peligrosa la vida.

Además, mi hija no es esa chica del guión.

¿Seguro?

Seguro.

Me parece que te necesito porque en ti he encontrado algo que nunca he sentido

en mi entorno familiar.

Mis padres, mi gente, me han visto siempre de una manera distinta como de

soy. Creo que los hijos nunca somos ante los padres como de verdad somos.

Un extraño pudor nos lo impide, a ellos y a nosotros.

Contigo, en cambio, tengo la sensación de que la vida está bien, que es

estupendo arreglarse para ir a verte, que es estupendo esperar una llamada de

teléfono tuya, que es estupendo entrar en cualquier sitio y pensar en ti, oír

una música y sonreír o ponerme triste.

¿Te has fijado que nuestras canciones, Paras, Tres y San Serrat, no suenan

si no estamos juntos?

¿Qué?

Es largo.

Este párrafo es largo, se lo he dicho a Fede.

Si el mundo se gumba en la alcántara, no sirve.

Mejor será que no empieces mañana a rodar.

¿Por qué no hablas con él?

Porque no sé.

Sabría escribir mi escena con él, pero hablar... No sé.

Ya.

Cafetería. Plano general.

La cámara encuadra al padre de Sonia y entraba y le acompaña hasta la mesa

le espera el tipo.

Plano corto del tipo, contraplano del padre... ¿Por qué no hablas tú con él?

Ya he hablado.

¿Y qué?

Es una buena persona.

Separado. ¿Como yo?

Tiene dos hijos.

¿Como yo?

Uno de nueve y otro de siete años.

Y quiere a Sonia.

La quiere de verdad, ¿eh? Nada de bobadas.

¿Pero quién es ese tipo?

¿Dónde lo ha conocido?

En la facultad.

Es profesor de Sonia.

Catedrático de teoría económica.

Oye, José, ¿y un hombre tan romántico como tu padre?

¿Qué piensa de este asunto?

Se lo habrás comentado, ¿no?

¡Me deprimo! ¡Cuarenta y nueve, tres segundas!

Acción.

Traveling.

Dígame.

Sí.

¿De parte de quién?

Un momento, por favor.

Niña, ven.

¿Qué? Al teléfono.

¿Quién es, abuela?

Dice que un amigo, pero yo creo que es tu padre.

¿Sí?

Hola, papá.

¿Y de qué tenemos que hablar?

Papá, lo del camping es asunto mío. Corta.

Atiende de una vez que no te lo vuelvo a repetir. Yo conozco a la mala desde

hace mucho tiempo, pero no sé quién es.

Sé que viene y que va, que aparece y desaparece de la vida de José, que

sobre él una muy buena influencia, que es un poco rara, pero que es muy buena

persona, ya has visto. Le dije que te acompañara a Vila, ya has visto. Anda,

vamos por el chorizo.

Y no sé más.

A mí todas esas cosas que a ti te quitan el sueño de si se acuestan o no se

acuestan me traen sin cuidado.

No, no.

Ese. Pero el que me hace daño.

José tiene su vida y yo la mía.

Por cierto, las dos igual de ricas.

En fin.

El padre de la mala fue marido mercante.

Capitán. Tejijón.

Y estaba casado aquí.

Pero en Río. En Río de Janeiro.

Se rompió una pierna durante una borrachera en pleno carnaval.

Y entonces conoció una mestiza.

Y engendró en ella una hija durante la convalescencia.

¿Qué te parece?

Pues que últimamente lees mucho la Biblia, porque eso de... Y engendró en

Bueno, pues el marino mercante.

Vivió desde entonces con el corazón dividido.

Porque amaba con pasión a la brasileña y a la niñita, pero tenía... Oye, oye,

¿tenemos mermelada de limón? Sí. ¿Y pepinillos?

¿Que sí?

¿Sigo o no?

Bueno,

pues el marino también quería a su mujer de España.

Y a su hijo.

Porque tenían un hijo de 15 años. ¿Y ese niño era?

Era tu amigo José Manuel Varela.

O sea que José y la mala son hermanos de padre.

Y la mala se llama Graciela dos Santos Varela Liriña.

¿Qué? ¿Y a ti quién te ha contado eso?

Ella, la mala.

Y la mala se llama la mala porque es el nombre que le puso la madre de José.

Porque murió convencida de que a su marido en Río le dieron un bebedizo de

O que la brasileña, para seducirle, le hizo la macumba.

que en Río de Janeiro no se puede ni andar de vacuna.

Estos no son los autobuses que pone en el guión. Hay que repetirlo. De acuerdo.

Los autobuses que pone en el guión son los de las doce de la noche.

Semibacíos. En movimiento.

Planos más amplios.

Así.

Esta toma está bien.

Bien.

Es mejor que la primera.

Muy bien.

En el foco.

Mala, quiero pedirte algo.

¿Lo de todos los años?

Sí.

No.

¿Por qué no?

Porque no.

Pero si tú me quieres y yo te quiero, seríamos felices.

Sé buena, mala.

No. ¿No qué?

¿Que no me quieres, que no te quiero o que no quieres quedarte conmigo?

Sí te quiero.

Si me quieres. Y no quiero quedarme contigo.

Me gusta depender de alguien.

Que alguien me cuide.

Me gusta jugar con la linterna mágica.

Hacer películas.

Pero fuera de esto... Ya sé que mi vida no tiene sentido.

¿Has pensado alguna vez que tu oficio de hacer películas es una película más que

tú te inventas?

No sé qué quieres decir.

¿Seguro?

Todo es magia.

No te entiendo.

Pero es igual.

Es maravilloso estar aquí un domingo por la mañana.

escuchando a Bach y untando una tostada con un poco de metafísica.

Querida mamá, te entiendo muy bien. Son cosas que ocurren. Algo parecido, pero

más vulgar es lo que me pasa a mí con la montaña.

Que me llama y tengo que ir a ella.

Ojalá papá sepa también entenderte y mostrarse generoso.

Tú te mereces ser muy feliz.

Besos, te quiero.

Luisito.

No sabes lo que significa para una madre tener un hijo que escribe así. Tu hijo

escribe fatal.

No tiene estilo, ni fuerza, ni sencillez. Es un cursi y un relamido. La

me llama.

Redacta igual que cuando estaba en el colegio.

Fede, por favor, no bebas más.

Mi función en esta casa la he cumplido.

Te he dado un hijo y lo he criado.

Vive su vida y no me necesita.

Tú tienes tus libritos, tu teatrito, tus peliculitas.

Tus libros, tu teatro, tus películas.

Perdona.

Pero yo no tengo ni eso.

Tú vives rodeado de cosas que te gustan.

Y que llenan tu tiempo.

No.

Se acabó.

No pienso seguir más mano sobre mano.

Y antes de que sea demasiado tarde.

Pues muy bien.

Pero escúchame atentamente. Y mira que te hablo frío, tranquilo, sin nervios.

Si te vas de esta casa pequeña, hazte a la idea de que... No, eso sí que no,

Fede. No empieces a representar a John Wayne, que esto es muy serio.

Olvida por un momento el cine, ¿quieres?

Es terrible vivir con una persona que a cada nueva situación se pone a tomar

notas mentalmente como si fuera a servirle para su próximo guión.

Vaya, vaya, de modo que mi dulce Pili, Pili Lapizpireta, mi querida Pili, tiene

también escondido su frasquito de veneno.

Pues nada, mujer, adiós y que te vaya bien.

Al menos a partir de ahora seré de verdad en esta casa lo que siempre he

para vosotros dos. ¡Un fantasma!

¡Un simple fantasma!

Y si quiero hablar como John Wayne, hablo como John Wayne. ¡Y como la madre

le parió a John Wayne!

¡Hostias!

No decías que había forzacao.

Mi amor.

Se mete monja.

¿Quién? Pili.

No.

¿Cómo que no?

Que no, que para eso prefiero que deje al ministro.

Se mete monja. ¿Pero quién?

Pili. ¿Quién es Pili? Mi mujer.

Cojones. Pili Martínez de Lorenzo. Mi mujer se mete moja.

¿Y eso?

Ya ves.

No lo entiendo.

Yo tampoco.

Perdón. Son las dos y media.

No. Las dos y veintiocho.

Ya estamos.

Para mí el doce, pero en vez de dos salchichas pueden ser dos croquetas.

Ese es el nueve.

No.

Porque el nueve lleva ensaladilla rusa y este trae lechuga.

Bien. ¿Y el señor?

Verbú con ginebra.

Otro.

Sí, otro.

Porque este me lo voy a beber enseguida.

¿Ves?

Lo veo.

Pues habla, llévatelo.

¿Qué le pasa? ¿Por qué está tan enfadado?

No es que esté enfadado, es que es antipático.

Pues mira, Ingrid Bergman estaba muy guapa de monja en las campanas de Santa

María. ¿No te acuerdas?

Ya.

Carmelita, que encima te lo vas a tomar a broma.

Y yo que de morio sé.

¿Pero dónde voy yo con un hijo alpinista y una mujer monja?

A la capa.

¿Has dicho monja?

¿Monja? ¿Seguro?

Uy, que todo Dios va a pensar que vivir conmigo es más aburrido que irse a un

convento.

Y no es para tanto.

¿Verdad, José?

Chico, yo no sé.

Gracias.

Pídete algo de comer. Yo es que estoy en ayudas desde ayer.

Y luego está lo otro.

Ahora que soy yo.

¿Divorciado? No.

¿Viudo?

Tampoco.

¿Soltero? Pues tampoco.

Oye, oye, están estupendas las corquetas. Has tenido la idea

las salchichas.

Muy bien, de acuerdo.

Bueno, muy bien, quédate ahí, quédate ahí.

Eso es, mójate los labios.

Mójate los labios.

Eso es, ¿todo bien?

¡Silencio! ¡Silencio!

¿Pero quién coño entra ahora?

Con que cerrada, ¿eh, Paquito? Es que han entrado dos matillas y el señor

Alcántara. Perdón, perdón.

Bueno, vamos a ver si es verdad que nos callamos todos.

Motor. Rodando. Me deprimo. 44 -1 primera.

Tómate la acción, Víctor.

Ya sé que no te lo crees, pero yo soy un niño.

Emocionalmente sigo siendo un niño.

Un niño que tiene miedo a la vida.

Tú nunca llegarás a comprenderlo.

Cuando no hay pan, te regalan tabúes.

Mi amor, me paso todo el tiempo pensando en ti.

Veo una película por la tele y me digo, ¿la estará viendo él?

¿Habrá sentido lo mismo que yo cuando dicen tal cosa?

Dirás que como no tengo mucha experiencia de otras historias. Y es

Decirte todo esto no significa mucho.

Pero es que te quiero tanto, mi amor, que cuando hago cualquier tontería me

digo...

Dios mío, si él lo supiera.

Corta.

No, no me gusta. Vamos a hacer otra.

¿Cuándo se ha ido?

Esta mañana, a las ocho.

Le he llevado yo a Barajas.

Y menos mal que hoy había vuelo.

Oye, que son tabúes.

Yo creo que son coños o algo así.

Pero qué incultos, Alex.

Los tabúes es una tribu de indio, como los chelopis, los chilenes, los

arapajoes... ¿Qué pasa?

No, nada.

Pásate.

Balboa.

Su hijo, muerto.

Trae un cigarrillo.

Una sobredosis.

Lo encontraron anoche en el hotel.

En tango.

Balboa se ha ido ahora en avión.

Bueno, vamos a rodar.

Fede, no te vayas. Quiero que hablemos del arranque.

Estoy pensando en poner una voz en off del ministro.

Oye, Manolo, no decís nada hasta el final.

De acuerdo.

¡Patricia, vamos!

¡Silencio! ¡Silencio!

¡Motor! ¡Rodando! ¡Me deprimo! ¡44 .1, segunda!

¡Dos de la acción!

Ya sé que no te lo crees, pero yo soy un niño.

Emocionalmente sigo siendo un niño.

Abismo generacional.

Aquí está el abismo.

Leerlo si queréis.

Y enteraos.

Aunque no vale para el cine, nadie paga por saber la verdad.

Esto es todo lo que me queda de un hijo de 19 años.

Un cuaderno.

Donde dice que su vida es un infierno.

Y su padre un pobre diablo.

Un trozo de madera sin sensibilidad con el que jamás ha podido hablar.

¿Y sabéis una cosa?

Ese padre del que habla...

Os doy mi palabra.

No soy yo.

No puedo ser yo.

Su padre le quería, le quería mucho.

Le quería con lo común.

De niño, no pronunciaba bien la R.

Y yo iba a su cuarto todas las noches y le hacíamos eso de él.

En las calles carretas había un perrito.

El mayor.

Me hubiera gustado seguir besándole.

¿Por qué cuesta tanto decir?

Te quiero.

¿Tú qué eres, escritor?

¿Qué va a ser mi vida ahora?

Sin esos 19 años.

19 años.

¿Os dais cuenta?

Diez y nueve años.

Vivo.

Solo tenía diez y nueve años.

Balboa, yo soy muy mal dialoguista.

Nunca he sabido escribir bien.

Y menos aún decir esa línea tan sencilla de... te quiero.

A lo mejor por eso vivo hasta ahora en una montaña.

Hasta que un día ponga mal una de esas clavijas que se meten en la roca.

Veníamos a buscarte para ir a cenar.

Esta mañana he visto proyección de toda la semana.

Está muy bien.

No la hagas larga.

Procura no pasar de hora cuarenta.

Ah, y gracias.

Otra noche salimos.

Muchas, muchas felicidades para todos en nombre de Televisión Española. Ya

estamos en el año nuevo.

Acabamos de estrenar 1984.

Estos son sus primeros balbuceos y ya ven, no pueden ser más alegres. Nuestras

cámaras lo recogen deseando transmitir y llevar hasta ustedes esta misma alegría

que se respira y se escucha en la Puerta del Sol.

Alegría traducida en abrazos, canciones, felicitaciones, música, sonido de

cohetes, trajas y vatos.

Todo aquello que suene está representado en la Puerta del Sol.

Atrás ha quedado ya 1983,

un año que ya ha pasado a la historia.

Ahora ya nos encontramos en las primeras vueltas del reloj de 1984.

Feliz año.

Tomamos la copa para celebrar.

Gracias, no me apetece.

Feliz año.

Salud. Salud.

Te acompaño.

Que te diviertas mucho.

Y acuérdate de mí, sé buena.

Que a ver a qué hora me vienes, ¿eh?

Dame un beso.

Feliz año, papá.

Vamos con tu paso doble.

Ah, ¿sabes dónde está tu nieta? Pues en su casa, divirtiéndose con una loca, con

su hermanita, su madre y su abuela.

¿No ves que el tipo está con sus hijos? A ver, ella en casita, en casita,

esperando que llame.

Pues qué bien.

El año que viene será distinto, mi amor.

¿No pasaremos juntos en Venecia o en Nueva York?

Ya, ya.

¿Te acuerdas?

Siempre ponían suspiros de España en Radio Madrid a entrar las doce.

Y a ti se te saltaban las lágrimas.

Pues claro que sí, papá.

Sí.

Sí.

Sí, los pasodobles son cojonudos.

Te ponen la carne de gallina.

Como dice Fede, nos han confundido mucho con lo de la españolada.

Hemos sentido vergüenza de muchas cosas nuestras.

Son maravillosas.

A mí lo que más me gustaba en el colegio era borrar el encerado.

Siempre salía voluntario.

Y es que yo desde pequeñito he necesitado olvidar.

Cuando sea mayor quiero escribir un libro de amnesias. Me parece muy bien.

Y ese libro será la detallada relación de todo cuanto haya conseguido

olvidar.

¿Y por qué?

Será un libro inolvidable.

No, coño, será un libro olvidable.

Mi padre siempre dice... ...detrás de cada libro...

...hay una tarde aburrida.

Por cierto, oye, ¿cuándo vas a enterrar a tu padre? Perdona, chico, pero lo tuyo

con tu padre... ...jue, macho, eres... Eres carne de diva. Y ya va siendo hora

de que dejes descansar al pobre hombre en paz.

Oye, a ver si te crees que yo soy gilipollas y que no sé que mi padre está

muerto.

La cosa es... que si me cargo a mi padre definitivamente, ¿con

quién voy a hablar?

Pero oye, tu padre te habla de verdad. Lo llegas a ver.

No.

Siempre es una voz en off.

Oye, ¿qué quieres?

Hay gente que se muere y no obstante sigue estando viva.

Yo le hablo a mi padre de lo que quiero y él me responde y no hay más.

Yo con mi mujer también podía hablar de todo.

Menos de muchas cosas.

Por eso te digo que deberíamos ser como los mejillones.

Los mejillones nos llevan la tira de ventaja a los humanos.

¿En qué? En el asunto de la comprensión.

Es que tú no sabes lo que les pasa a los mejillones.

No, ilústrame.

Los mejillones cambian de sexo.

Ahora son hembras una temporadita, luego son machos.

Y así varias veces a lo largo de su vida.

Ahora son hembras una temporadita, luego son machos.

Es una solución cojonuda, porque así no hay problemas a la hora de entenderse. Y

pueden vivir toda la vida juntos.

Tú sabes cómo viven los mejillones.

Pues así, a piñaditos, codo con codo los tíos.

La palabra mejillón.

Juro a los mexillones sean machos buenos.

¿Entiendes? Nuestro verdadero drama, ¿tú sabes cuál es?

Pues te lo voy a decir.

Que nos hemos hecho mayores sin darnos cuenta. Y yo te pregunto, ¿tú sabes por

qué?

Escucha, la palabra mexillón que viene del gallego mexillón con X es un nombre

vulgar porque el verdadero nombre... el nombre científico. Hostia, Federico, que

te he hecho una pregunta.

¿A mí?

¿Tú sabes por qué nos hemos hecho mayores sin darnos cuenta?

Pues por una cosa muy sencilla. Porque nosotros no hemos vivido... ¿Ah, no? No.

Nos han vivido. Siempre hemos vivido vidas que no eran nuestras vidas porque

nuestras vidas solo hay historias de otras vidas.

Tú estás...

¿Estás seguro? ¿Tú estás seguro de eso?

Completamente, completamente, Federico. Somos irreales. Vivimos en un estado de

península, en un estado de literatura.

Claro que, pero en el momento de los patronos, la

parte inventada de nuestra vida contiene cierta lengua.

Scott Fitzgerald entierna el mundo.

¿Pero qué coño tiene que ver eso con los mejillones, que es de lo que estábamos

hablando? El verdadero nombre científico, te decía, es Mitinus Edulis.

Tú estás mamado, ¿eh?

Tú estás la hostia de mamado.

Si fuéramos como los mejillones...

Si disfrutáramos de su condición sensual, periódica y administrativa,

güey, cada cierto tiempo yo sería mi mujer y mi mujer sería mi marido.

Y sin problemas, oye, porque eso le daría al matrimonio un cari flexible

y hasta polivalente.

No me ha gustado nada que me corten la ardera de la cama donde una chica habla

de la generación polivalente. Siempre me cortan. ¿Por qué me lo has cortado?

Porque le hemos dedicado nuestra vida al cine.

Y el cine ha pasado por encima de nosotros y nos ha aplastado.

Claro que Hollywood sí que hizo una cosa buena por nosotros.

Ayudó a agrietar nuestro glorioso imperio. Nos informó de que ser

era ser lo más importante del mundo.

Los chistes iban y decían.

Va un francés, y un alemán, y un americano, y un español, y un

ruso, y un ruso, y un ruso. Todos éramos gilipollas.

Todos éramos gilipollas, menos nosotros.

Llegaba el sábado, te iban al fin del barrio. Cuatro tardes, sesión continua y

salías despondado, despondado, despondado. Después de haber visto a

Mitch, un Chalton, un Heston, un Clark Cable. Y hasta el prendón moral.

Todos tan altos, tan rubios, con aquellos pechos.

Y aquellas mollas en los brazos.

Despondadito, despondadito te metías en la cama. Y al día siguiente, cuando se

lo comentaba al profesor de Educación Política, Canales y Puertos, te decía...

¡Maricones! ¡Maricones!

¡Todos esos artistas son maricones!

¡Eso sí que era un imperio, joder!

Claro, enseguida contraatacaban diciendo, lo que un español lo alcanza

punta de la mano, lo alcanza con la punta de la espada. Eduardo

Marquina... Bueno, entonces, como para batir la espada con error crítico, con

bola en carne, entonces, joder, a base de tiempo logramos retirarnos.

Y lo que hacen los hijos de los jóvenes leones en el leti, ¡para arriba, para

arriba, para arriba! ¡Y hostia marinera!

Tampoco hemos acertado eso. Ahora están de moda los enanos.

Están Leymour, Boudéard, Al Pacino y Dastijón.

Oye, que me acabo de dar cuenta.

Que yo hoy no he sacado el coche.

... ... ... ...

Desde muy niño siempre he sentido fascinación por las grandes ciudades.

Son ardientes y tiernas como un último abrazo.

Está muy oscuro, ¿no?

Siempre dicen que se corrige el laboratorio, pero ya ves. ¿Qué es lo que

me había dicho? La verdad y con la mentira.

Es casi siempre las grandes ciudades donde las pasiones amorosas se pasean

peligrosamente.

En la ciudad nada es lo que es.

En la ciudad...

siempre se parte de cero.

Hacía tres meses que había sido nombrado ministro y hasta entonces apenas había

experimentado grandes cambios en mi vida privada.

La conocí de una manera fortuita.

Todas las historias importantes comienzan siempre de una manera

Oye, que no hay manera. El gilipollas ese del noveno izquierda letra D ha

a dejar su mierda de coche en tu plaza de garaje.

Pero no le has dicho nada.

¿Y la periodista?

Dice que se está casada. Y además me ha dicho que se lleva bien con su marido.

Desde luego.

No vuelvo a un estreno hasta el próximo.

Anda, cógete un vaso.

Se ha ido.

Bueno, pues habrá que ir pensando en otra película.

Algoa Fins quiere una medieval.

Ya.

Dice que se van a poner de moda.

Puedo hablar con tu padre.

¿Sabe usted una cosa?

Su hijo y yo también no somos tan raros.

Lo que pasa es que estamos hechos del material con el que se fabrican los

sueños.

Eso es todo.

William Shakespeare y Sam Spade.

No ha

habido

luz mayor en todos los tiempos que la que refleja Eva Hartman.

Diga. ¿Es Dix?

Sí. Soy Coby.

Hola, ¿qué hay, Coby? Me ha dado tu número 1.

Ya. Escucha, Dix.

¿Te gustaría tomar parte en algo grande?

Y también dos huevos duros.

Y también dos huevos duros.

En lugar de dos, son tres.

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