All language subtitles for Me atrevo a amarte Capítulo 1 Gratis Telenovela Mexicana - TokyVideo

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Original subtitles

¡No! ¡No! ¡No lo toques!

¡Usted es podrazo del patrón!

¡Pero no le va a poner una mano encima a mi hijo!

¡Eres una criada y no me vas a dar órdenes!

¡Este es Cuenca de Soldado y le voy a dar el castigo que se merece!

¡En esta hacienda las reglas las impongo yo!

¡Aquí, aquí, aquí!

¡Aquí, aquí, aquí!

¡Aquí, aquí, aquí!

¡Aquí, aquí, aquí!

¡Aquí, aquí, aquí!

¡Aquí, aquí, aquí!

¡En esta hacienda las reglas las impongo yo!

¡Quítate!

¡Alejandro no le robó nada! ¡Por Dios! ¡Es tan solo un niño!

Contra el mister reloj de su esposa.

¿Quién lo robó? No sé quién fue.

¿La rata fuiste tú?

¡Usted nada más nos quiere echar de su hacienda porque mi hermana anda de amores con tu hijo!

¡Cállate, criada y guarada! ¡Quítate!

¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!

¡López!

¡Papá! ¡Papá!

¡Nosotros tenemos pobres, pero somos muy honrados!

¡Yo me largo de su hacienda ahorita mismo y me llevo a mis hijos!

¡Vámonos, Alejandro!

Ninguna criada es reta.

¿Sabe qué traen los perros? Andan muy agresados.

¡Claro que sí! ¡Cállate!

¡Suélten a los perros!

¿Pero qué pasa, papá?

Algunos delincuentes están y escapando de la hacienda.

Quiero que vayan tras ellos.

No te vayas, Crisanta. Déjame hablar con Valente. Él seguro te va a apoyar.

Ya parece. El patrón cree que le robamos, Débora.

Segurito lo inventó para corrernos de la hacienda.

Seguro cuando supo que el hijo que tú esperas es el joven Valente.

¡Ay, conijo viejo mentiroso!

¿Para qué te quedas, Débora?

El patrón nunca te va a separar ni a ti ni a tu chamaco.

¡Pues no le va a quedar nada!

Porque Valente me quiere.

¡Crisanta! El patrón mandó soltar a los perros.

¡Te tienes que ir ahorita mismo a la hacienda!

¡Agarra a tus chamacos y váyanse!

¡No quiero ni pensar que uno de los perros te ataque a uno de los niños!

Lo mejor sería llamar a la policía para que esos delincuentes caigan...

¡Escúchame!

Tengo que darme a respetar.

¡Apréndete que riesgo!

¡Corre, Vale! ¡Corre!

¡Que suelten a los perros! ¡Vamos!

¡Ustedes! ¡Quiero que vayan tras ellos!

¡Ahora! ¡Vamos!

¡No!

¿Quién es así a Fernando Pérez Soler?

¿Van las consecuencias?

¡Nadie!

¡No! ¡Por favor, deténganse!

¡Por favor! ¡Vámonos por las niñas!

¡Karmen!

¡Karmen!

¡Desgraciado!

¡Rápido! ¡Rápido! ¡Vayan a buscar ayuda!

¡Karmen no está bien! ¡Karmen! ¡Karmen! ¡Rápido!

¡Esos perros!

¡Dios mío!

¡Que esos perros no alcancen Yatris Antana a mis sobrinos!

¡Que no los encuentre!

¡Vamos, mi niño!

¡Valente!

¿Por qué soltaste a los perros? ¿Cómo pudiste?

¿Pero qué pasa? Están persiguiendo unos ladrones.

¡Ni mi hermana ni mis sobrinos son ningunos ladrones!

Si algo les pasa a esos niños con esos perros,

¡vas a cargar con esto por el resto de tu vida!

Voy a buscarlos.

Yo no quiero que mis perros los ataquen.

Ya viene la policía en camino.

A ver cómo les explica a mi papá que están persiguiendo unos inocentes.

¡Los perros! ¡Valente!

¡Los perros! ¡Valente!

¡Nadie nos va a poder perseguir!

¡Nadie nos va a poder perseguir!

¡Nadie nos va a poder perseguir!

¡Nadie nos va a poder perseguir!

¡Nadie nos va a poder perseguir!

Vamos, llegamos.

¡Ahí está, Alejandro!

¡Están muy feos!

¡Ni mi hermana ni sus sobrinos son ningunos ladrones!

¡Pero tú sí!

¡¿Ves esa piedra?!

Si llegamos hasta ahí, los perros no nos van a poder hacer nada.

hacer nada. Muchas veces has llegado hasta allá nadando. ¿Crees que lo podamos lograr?

Alejandro, Alejandro, tú eres el más grandecito. Y tú vas a cuidar a tu hermanita.

¡Mamá! ¡Las perras! ¡Las perras!

¡Retos! ¡No, no, no! ¡Liseta!

¡Liseta!

¡Mamá! ¡Mamá!

¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá!

¡Mamá!

Valiente me pidió que le dijera que ya viene la policía.

¡Enrique, claro que no necesitamos a la policía en la hacienda!

les pase nada, porque si no yo mismita les voy a decir que esto es su culpa.

¡No me callo!

No me callo porque usted se inventó que le robamos no sé qué cosa para corrernos de la hacienda.

¿Por qué no le gusta tanto que yo voy a tener un hijo de valiente?

Pero oígame bien, le guste o no, este niño va a ser su hijo.

Ni Dios padre debe saber de quién es ese bastardo.

No, oíganse de cualquiera.

¿Pandrón?

¿Dónde está Crisanta? ¿Dónde están mis sobrinos? ¿Dónde están? ¡No los veo!

Crisanta y su chamaco se aventaron al río y la corriente se los llevó.

¡No!

¿Están muertos?

¿Dónde están? ¿Están muertos?

Por su culpa.

¡Asesino!

¡Asesino!

¡Asesino!

Se le viene el chamaco patrón.

¡No!

En cuanto a la paz, un día ahí se la quema.

Porque el maldito que Fernando Pérez Soler mandó cerrar las vertientes del río para dejarnos sin agua.

¿Por qué no le vendes a Fernando las tierras que te pide?

Porque no se me da la gana.

Esas tierras ni siquiera eran tuyas.

Yo le gané esas tierras.

Y no pienso vendérselas. Ni ahora, ni nunca.

En ese caso nos vas a condenar a la rueda.

Porque vas a tener una parte del ojo de agua.

Pero sin el río, sin el río vas a terminar perdiendo todo lo demás.

Y le vas a dar el gusto a Fernando Pérez Soler de haberte derrotado.

Elfino.

¿Qué pasó patrón? ¿Qué se le ofrece?

¿Has conocido al bastardo o a esa criada?

No, todavía no.

Ya mandamos llamar al doctor, pero pues nada más no llega patrón.

Tuvimos que traer a la partera.

Mejor.

Te cuento muy bien, Elfino.

Quiero que cuando esa criatura nazca, la desaparezcas.

La desaparezcas.

La desaparezcas.

Diana.

Mami.

Hija mía, necesito que me hagas un favor enorme.

Sí, claro que sí, mami. Dime.

Ayúdame, ¿no?

Necesito convencer a tu padre para que por favor negocie con Fernando Pérez Soler.

Sí, por favor.

¿El papá de Valente?

Sí.

¿Mamá, es el muchacho más guapo de todo San Agustín?

Me gusta el hijo de Fernando.

Siempre me ha gustado, mamá.

Hasta podría decir que estoy enamorada de él.

Además de guapo, él es muy buena persona.

Es amable.

Es educado.

Sí.

Pero después de...

¿Qué, mi amor?

¿Qué, Diana?

Pues después de ser tan asediado por todas las chicas de San Agustín,

yo no voy a tener ninguna esperanza con él.

Aunque, la verdad, para mí, no va a haber ningún otro como Valente.

¡Valente!

No logré encontrar a Trisanta.

Veré hasta la bifurcación del río, mamá.

No, pues ya de ahí saben para dónde la arrastré al río.

Ya de camucho se los ha trabado el agua, pero no paró ese patrón.

¿Y los niños cómo están?

Están vivos gracias a usted, pero están muy tristes.

Uno de ustedes, llévenlos a la clínica.

Que los revisen y después los lleven a la sierra.

Y todos los demás, nos vamos a la ribera en este momento

y vamos a encontrar a Trisanta.

La vamos a reunir con sus hijos.

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Papá!

¡Papá!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay, Diana!

¡Ay!

¿Y, y buscás mi hija después?

No.

Desde que la rescataba, yo no le he reaccionado.

¡Puja!

Ya nada más recibo a esta criatura y voy pa' allá.

¡Ándale, puja y métete!

¡Ya puja!

¡Puja!

¡Ya viene!

¡Ya viene!

¡Ay, viene el bebé!

¡Ay, viene!

¿Ya nació el niño de Bébora?

Todavía no.

¿Y tú qué estás haciendo aquí?

¿Qué no tenías que cuidar a mi esposa?

Yo tuve que traerle unas cosas a Doña Teresa.

Pero yo ahorita me voy con la Carmen.

¿Y cómo sigue mi flotita?

La pobre no ha despertado desde que la arrastró el caballo.

Y el doctor que no llega.

¿Sabes qué? Voy a ir a verla.

Ya nació el chamaco de la Débora.

¿Sabes qué?

Vete con mi Carmen.

¿Dónde?

¿El chamaco?

Está bien.

Está bien sanito.

Ahora sí te voy a dar una infección.

Para que se te baje la fiebre.

Vestido.

¿Doña Teresa?

¿Qué pasó?

Pues me tengo que llevar al niño.

Sí, ya sé que el patrón valiente es el papá.

Lléveselo pues.

Yo tengo que bajarle la fiebre a esta muchacha.

¿Después puede ir a ver a mi Carmen?

Se la encargo mucho.

A ella y a mi niño, por favor.

Yo solo soy un instrumento de Dios.

No es tu señor.

Es con él con quien debes encomendarte.

No conmigo.

¡Ay, Diosito Santo!

¡Dónde está la criaturita!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

Híjole.

No se mueve nadita.

Ni que sea malo broma.

Mejor voy por Doña Teresa.

¡Delfina!

¡Delfina!

Ya nació tu bebé.

Pero no llora ni se mueve nadita.

Ni que sea malo broma.

Mejor voy por Doña Teresa.

¿Qué pasó?

¿Qué pasó?

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¿Qué pasó?

¿Qué pasó?

¿Qué pasó?

¿No vas a sufrir y será que por fin serás mi hijo?

¿No?

Le digo que ya nació la criaturita, pero no se mueve nadita.

¿Qué hijo no?

¿Qué caray?

Pero si está vivito.

¿Dices que no lloró?

¡Qué gusto receberlos en 1100, vecinos!

Debe tratarse de algo muy importante para que hayan venido con esta lluvia.

Tengo que exigirte que liberes la fuente del río que pasa sobre mis tierras.

Lo que hago es un delito.

No me digas que la fuente se tapó.

Luego pasa por las piedras que arrastra la corriente.

No es mi culpa.

El río es de mis tierras, vecino.

Y no liberas el agua.

¿Qué?

Hazlo.

Demándame.

Además de gastar un dinero en abogados.

Para cuando el caso se resuelva, habrás perdido la cosecha y a tus animales.

Ahí tú dirás, vecino, si mejor nos arreglamos.

Ahora tú con él, vecinita.

Convénce a tu marido de que lo mejor para todos es llegar a un acuerdo.

A ver.

Si se trata de que las tierras del Ojo de Agua sean de los Pérez Oler,

yo diría que hay otra forma de lograrlo.

No pienso vendernos.

Sí, ya sé. Nadie está hablando de vender.

Sino de unirnos.

Es que podemos unir propiedades.

Los Pérez Oler podrán considerarse dueños de nuestras tierras si nuestros hijos se unen en matrimonio.

¿Y qué de nosotros?

Es que si Valente se casa con Diana,

nosotros podríamos ofrecerles como dot el matrimonio las tierras del Ojo de Agua.

Y Fernando le puede considerar a su hijo las tierras del río y así ya todos salimos ganando.

Mi hija no está dentro de ningún trato.

En eso sí que te equivocas.

Porque Diana va a estar de acuerdo.

¿Sabes por qué?

Porque tu hija está enamorada de Valente.

No encontramos a Crisanta.

Se la llevó el agua.

¿Dónde están sus hijos?

Están en la cocina, pero a los pobres no han querido comer.

¿Qué sabes del papá? ¿De sus niños?

Pues ese pobre lo mataron hace mucho por un río de tierras.

Los chiquitos ya nada más tienen a su tía Débora.

Te va a poner muy triste cuando sepa que no encontramos a su hermana.

Pues de eso quería hablarte, Valente.

A Débora se le vino el parto y...

El niño falleció.

El niño falleció.

Ella todavía no lo sabe.

Como tenía mucha fiebre, pues yo me llevé al niño y...

Pues hasta hace mucho rato vino el doctor y...

Pero pues primero habló con su papá y...

¿Con mi papá?

¿Para qué con mi papá?

Pues no sé, Valente, no sé.

No había nada que hacer.

Es el colmo que hayas involucrado a nuestra hija.

Aunque a ti no te guste la idea, tu hija se muere por Pérez Soler.

Para ella, créeme, no hace ningún sacrificio casarse con él.

¿Ah, sí?

Ajá.

¿Por qué no mejor me dejas saber?

Tú mejor no digas nada.

¿Por qué no me dejas saber?

¿Por qué no mejor me dejas saber?

Tú mejor no digas nada.

Yo me encargo de hablar con ella y manejar la situación...

...porque pareciera que tú no quieres arreglar las cosas.

Oye...

Lo lamento mucho, Valente.

Cuando llegué ya había fallecido.

Supe que la madre tuvo fiebre muy alta y eso pudo afectar a la criatura.

Pero...

Si tú quieres, claro.

¿Puedo mandar a hacer una autopsia?

No.

No le va a devolver la vida.

Mi niña.

Disculpe, patrón.

Es que no pude evitar escucharles.

No puedo creer que vayan ustedes a casar a la señorita Diana para sus negocios.

No sé si está usted interesado...

...en saber que el joven Valente...

...embarazó en una jornalera.

Sí, sí.

Y ahora anda muy horonda por el pueblo y por los campos...

...diciendo que él se va a ocupar tanto de ella como del niño.

¿Se imagina esa vida para la señorita Valente?

¿Valente se quiere casar conmigo?

Eres preciosa.

Eres bien avenida, de buena familia.

¿Qué te parece la idea?

Mi vida si te gustaría casarte conmigo.

Sí, sí.

Sí, claro que me gustaría, mamá.

Pero bueno, yo...

...primero tengo que hablar seriamente con él.

Y solamente así voy a aceptar.

¿Casarme con la hija de los del rancho La Paz?

No.

No debiste comprometerme de esa manera, papá.

Y tú no debiste darle tanta importancia a esa criada ambiciosa.

Voy con Diana Paz a callar unos rumores sobre tus idioteses...

...con esa cría de su bastardo, que afortunadamente murió.

¿Cómo puedes hablar así?

Era mi hijo, era tu nieto.

Valente, por favor, abre los ojos.

No eres el único que ha estado con esa mujerzuela.

A mí nadie me quita de la cabeza que quiso endilgarte el hijo de otro.

Ya, ya. Tú hablas así de ella porque la desprecias.

Pero yo te voy a demostrar que el hijo de Débora es mío...

...porque voy a pedir una prueba de paternidad.

Que te quede bien claro, papá.

No la pienso abandonar.

Y mucho menos me voy a casar con Diana Paz.

¿Puede, patrón?

¿Qué quieres, Delfino?

Es que doña Pérez, la partera, anda sospechando, patrón.

Como ella recibió al chamaco, sabe que venía bien...

...y pues anda, pregunte, pregunte.

Dale ese dinero y que se largue de la hacienda.

Y adviértele que sin algo valora su vida...

...más le va a costar.

Con ese medicamento te vas a sentir mucho mejor.

Gracias, doctor.

Qué bueno que llegues.

¿Dónde está el niño? Tera me dijo que te lo llevaste tú.

Me retiro para que puedan hablar, con permiso.

No te preocupes, no te preocupes.

Ya lo quiero.

Ya, ya, ya.

Ya, ya, ya.

Ya, ya, ya.

Ya lo quiero conocer.

Y como es niño, estoy segura que se va a parecer muchacho.

Amora.

Es un niño muy...

Es un niño muy...

Es un niño muy...

Lo siento mucho.

¡No!

¡No!

¡No!

¡No!

¡No!

Vaya.

Hasta que vienes a vernos.

¿Por qué te quedas ahí?

Acércate.

Ven a conocer a tu hijo.

Mira, está bien hermoso.

Mira.

Sí, está muy bonito.

¿Y lo dices con esa cara?

Ni parece que te dé gusto.

Perdóname, suerte, es que...

Me asusté mucho con lo que te arrastró el caballo y eso.

Te pusiste muy mal.

Diosito y la Virgen han sido muy buenos con nosotros.

Mira, nuestro bebé está bien.

Y eso es lo más importante.

¿Es cierto?

¿Qué pasó con la crisis ante sus criaturas?

Alas, mi hija.

Tengo un perdón a mi mamá.

Tu mamá empezó antes de vos en el río.

Está muerta.

Vamos, maquita.

¿Tú todavía no estás bien?

Claro que estoy bien, Delfino.

Yo no he perdido a nadie.

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

¿Y tú?

Ni siquiera encontraron el cuerpo de Crisanta.

No tiene una tumba para que sus niños puedan llorarle.

Míralos.

Pobrecitos.

Perdieron a su mamá.

Y Débora perdió a su bebé.

Yo estaría loca de dolor si fuera mi bebé el que hubiera perdido.

Patrón, patrón.

Vinieron a traerle esto.

De parte del doctor.

Muchas gracias.

¿Y eso qué es?

Son las pruebas de patanidad que pedí.

¿Y?

El niño no es mío.

Ya lo dije.

Esa mujer suela.

Lo único que quería era engatuzar.

¡Valente!

¿Todo este tiempo te he estado viendo la cara?

Menos mal que ya te diste cuenta.

Espero que ahora sí saques la casta, Valente.

Eres un personal.

No puedes permitir que una cualquiera te siga enredando.

Lo que tienes que hacer, mi hijo, es ponerla en su lugar.

Sacarla de la hacienda.

Es más, hoy mismo tráetela y quítala de encima para siempre.

¡Hasta mamás!

El cinturón de mi papá.

Valente, tú mandaste sacar las cosas del cuarto.

Nos vas a acomodar en mi casita.

No, Débora.

No, Débora.

Mandé sacar tus cosas porque quiero que hoy mismo deje la hacienda.

Pero no me dijiste que no me ibas a abandonar.

Que me ibas a apoyar.

¿Cómo voy a cuidar de mi sobrino sin tu ayuda?

Ya oíste, mi hijo.

¡Párguense!

Valente, yo ni siquiera puedo trabajar.

No nos puedes dejar así.

Acabo de dar casi luz a nuestro hijo.

A nuestro bebécito.

No me intentes contagiarme con eso.

Ese niño ni siquiera era mío.

No digas eso.

Te lo juro.

¡No jures!

¡No te jures!

¡Es que quería verme, por favor!

No jures, hermano.

Mi hijo ya sabe la verdad.

Ya sabe que eres una cualquiera.

Así que, lárgate.

Si no quieres que los mande a echar.

Ya, basta.

¡Fuera de mi hacienda!

No es justo lo que me están haciendo.

Pero en esta vida todo se paga.

Y yo le voy a rogar todos los días a mi Dios

para que me haga justicia.

Y ustedes van a pagar.

Y no solo por esto,

sino por la muerte de Crisanta.

Y cuando ese día llegue,

espero

que se acuerden muy bien de mí.

Los maldigo.

¡Los maldigo!

¡Los maldigo con todas las muertes de mi corazón!

¡Vámonos!

¡Vámonos!

¡Vámonos!

¡Largámonos de aquí!

Ya.

Ya, ya.

Olvídate de esos infelices.

Hazme caso, Valente.

Soy tu padre y quiero lo mejor para ti.

Y por eso vamos a pedir la mano de Diana Paz.

¿Vamos?

Ya estamos, papá.

Primero me gustaría hablar con ella.

Ella también quiere hablar contigo.

Para mí era muy importante que supieras lo que me pasa

y créeme que te voy a entender perfecto

si tú ya no te quieres casar en esta boda tan repentina.

Diana, primero que nada,

quiero reconocer y agradecer tu sinceridad.

Porque además de hermosa, eres una buena mujer

con grandes principios.

Y ahora más que nunca estoy convencido de seguir adelante.

Si tú estás de acuerdo,

nos casamos en una semana.

Claro, por supuesto que estoy de acuerdo.

Queridos hermanos,

hoy nos encontramos reunidos en la casa del Señor

para celebrar el sagrado matrimonio de nuestros hermanos Ayacuchan.

Inhala.

Exhala.

Inhala.

Exhala.

Marciano,

díselo a Dios.

Se va a dar por esto, maldita Iberizuela.

Te juro,

algún día vas a morir.

Pero, José Valente, es algo que...

que soñé hace muchísimo tiempo.

Siempre te he amado.

Y estar hoy, aquí,

mirándome en esos hermosos ojos tuyos

me hacen sentir que eres el hombre perfecto

que yo he querido ser.

Tus ojos

me hacen sentir que eres el hombre perfecto para mí.

Lo eres.

Gracias.

Yo te prometo

que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para merecer todo.

Y sobre todo,

para hacerte feliz.

Gracias.

Gracias.

Muchas gracias.

Te vale.

Te hagas feliz a mi hija.

Nunca voy a olvidar

hacerte hacer situación para casarte con ella.

Es cierto que en alguna no se dieron las mejores circunstancias,

pero le aseguro

que me considero el hombre más afortunado del mundo

por contar con el amor sincero de Diana.

Y yo voy a hacer absolutamente todo para merecerlo.

Yo sé que no me equivoqué al casarme con alguien.

Venga a saludar a mis amigos.

Todavía no creí que seas mi esposo.

Te voy a presumir.

Ven, por favor.

Estaba comentando, Olivia,

los planes que tengo

para los terrenos en Ojo de Agua.

Tú no vas a poner un pie en esas tierras

hasta que nos firmemos un acuerdo

sobre las aguas del río.

Y entérate una vez.

En la sesión que yo firmé,

dejé muy claro

que el Ojo de Agua será de mi hija

hasta que yo muera.

¿Cómo ves?

No sabes lo emocionante que se siente

cuando el padre te dice,

los declaro marido y mujer.

Y, bueno, casarse con el amor de tu vida,

con el hombre que soñaste,

es increíble. No puedo ni decirlo.

¡Déjalo!

No te vas a quedar con el Ojo de Agua

si es esa tu intención.

No sé en qué concepto me tenga don Dionisio,

pero se ve que en uno muy equivocado.

Yo no estoy interesado en las tierras de su hija.

Y tampoco vamos a aceptar un solo centavo suyo

porque a partir de este momento

vamos a vivir con lo que yo pueda darle.

A ver, papá, ¿qué te pasa?

¿Por qué insistes en pelear con Valente?

Es mi esposo y quiero que lo respetes, por favor.

Lo siento muchísimo, de verdad, que...

No, no, no.

Me apena, me apena y espero que pronto se le pase.

No tienes que explicarme nada ni por qué avergonzarte.

Diana, quiero proponerte algo.

Yo no quiero que el pasado de nuestras familias

destruya nuestro matrimonio.

Quiero que a partir de hoy

seamos solamente tú y yo.

Me parece perfecto

que solamente seamos tú y yo.

¿Qué?

¡Olivia!

Ahora entiendo tu interes para apoyar a este.

Resulta que soy un amante.

Ay, qué caray, Consuelo, que lo sepas así, pero...

Ante lo evidente,

ni cómo negar que entre Olivia y yo hay, pues...

buen entendimiento, ¿eh?

Como dices tú,

es mejor que lo sepas de una buena vez.

No solo te voy a dejar sin tierras,

también te voy a dejar sin mujer.

¿Cómo va esto?

No, no, no, por favor, por favor, no, no, déjame.

¿Déjame qué?

Que lo suplico, que lo suplico, por favor,

que lo suplico, por favor.

¿Cuánto tiempo llevas?

¿Meses? ¿Años?

¿Cuánto tiempo llevas?

No puedes hacerme esto a mí, ¿está claro?

No, todo lo tenías conmigo,

casa, amor, familia.

¿Qué te sirvía?

Te voy a decir.

No, no, no, no, no, con eso, Perico, no,

esta también es finta.

¡Hijito!

¡Hermana!

Ustedes ya no están aquí

por culpa de los perusuners

pero esos malditos

van a tener que pagar por todo el daño

que nos hicieron

tarde o temprano

van a pagar

¡Van a pagar!

¡Van a pagar!

¡Van a pagar!

¡Van a pagar!

¡Van a pagar!

¡Van a pagar!

¡Van a pagar!

Yo no tengo la culpa de que tu marido

no se descubriera

¿Ah, no?

Pero bien que te llenaste la boca

¿Y si le tenías que decir

que le ibas a quitar a su mujer?

Y la cara que puso

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ya!

¡Ja, ja, ja!

Es que yo todavía no puedo creer que el mismo día

de nuestra boda

tu papá y mi mamá

ni siquiera entiendo para que fueron

Pueblo, no, no, no entiendo.

Nadie lo sabe, hija.

Nadie lo sabe.

Hicieron su último viaje juntos.

Ya no se hace tarde.

Que nos hemos perdido.

Ay, papá.

Ay, Dios mío.

Mi mamá, mi mamá, mi mamá.

Me siento tan solo.

Sin tu madre.

Sin ti.

Ahora que te has casado.

No, papito, papito.

No digas eso, por favor.

Oye, venme.

Valente, yo no te vamos a dejar.

¿Verdad?

Por supuesto, Janosa.

¿Lo ves?

¿Es tan importante?

¿De qué eres, pues, un viejo

que solamente sabe de cultivos,

de ganado?

¿De qué?

Pues de mucho, papito.

De mucho.

Y ahora Valente va a estar a cargo de su hacienda y...

Y tu experiencia

le va a servir muchísimo.

¿Verdad? ¿No lo crees?

Por supuesto que sí.

Es verdad.

Es verdad.

Ahora, sin Fernando al frente de tu hacienda,

creo que...

vas a necesitar ayuda, muchacho.

Aprendamos de nuestras pérdidas.

Y por supuesto que siempre...

vas a contar conmigo.

Gracias.

Te amo.

Para destruir el maldito legado de Fernando Pérez Soler,

ese infeliz se va a reconocer en la tumba

cuando usted lo haya visto a su pisa.

Y juro que lo haré.

Claro que tengo muy presente que el primer pagaresta por vencer.

Por supuesto que cumpliré a tiempo, Quijano.

No necesita recordarme que mi hacienda está en garantía.

Tendrá su dinero el día acordado.

Buenas tardes.

Ay, viejo.

Desde tu muerte, las cosas no han ido bien en la hacienda, papá.

Pero vamos a recuperarnos.

No voy a perder tu legado, ¿eh?

Valente, mi amor.

Como todas las mañanas, te traigo tu cafecito de la hoña

con unas de mis galletas recién horneadas.

Las de vainilla, que tanto te gustan, mi cielo.

Te las pongo a ti, amor.

Ay, no sé qué les pones a esas galletas.

Que saben deliciosas, ¿eh?

Amor.

Sí, ese es mi ingrediente especial.

A ver, dale una mordidita.

¿Qué tal, eh?

¿Sí?

¿Sabes?

Ahora con los años es increíble el parecido que tienes con tu papá.

Cualquiera podría confundirnos.

La diferencia es que mi suegro tenía muy mal carácter.

Todo el mundo le tenía mucho miedo.

En cambio a ti, mi cielo, la gente te tiene respeto,

te da mucho aprecio.

A diferencia de don Fernando, tú eres muy generoso, amor.

Eres amable, siempre te preocupas por los demás.

Siento tan orgullosa de ti.

Eres el mejor hombre del mundo.

Ay.

Sí.

Y eso te lo debo a ti, mi vida.

Soy así.

Es porque tengo a mi lado a la mujer más maravillosa.

Mi cielo, desde el día de nuestra boda yo supe que serás el mejor esposo.

Y hoy, 25 años después, lo confirmo.

Y además eres un gran papá.

Sí.

No le puedo pedir más a la vida teniéndote a ti,

a nuestras hermosas hijas y nuestro hogar.

¿Qué pasa, mi cielo? ¿Dije algo malo?

Ahora estás ocupado. ¿Qué pasa?

Nada, mi vida.

Apuraciones del trabajo nada más.

Le pagaré a su yerno, deben ser unos días, padrino.

Si no paga, podría perder la hacienda.

¿Te la suena, no?

Que haya tanta plaga en esta época.

¿O no es?

Por fin voy a morar.

Me imagino que el maldito de Fernando

está revolcando sin los sucios.

Con rabia, con coraje.

Esta vez, nadie me va a impedir que yo me apodere de esa hacienda.

¿Y bueno, por qué vamos al pueblo este?

Yo traje botas y zanahorio porque salimos de fiesta.

Avisa.

No, no. Veremos algunos ranchos que creo que están muy bien como para expandir la empresa de lácteos.

¿Y tiene que ser precisamente en San Agustín?

Porque a mí no me queda claro que esos ranchos sean una buena inversión.

Oye, dime la verdad. ¿Quieres regresar al lugar donde naciste?

No, no. Fue mi tía Débora la que insistió mucho en que buscáramos por aquí.

La verdad creo que sí, a la que quiero volver a San Agustín.

¿Después de tantos años?

Desde que me ayudó a invertir esa fortuna que me dio y crecí aquí.

Sí, como si tuviera la necesidad de volver a este lugar.

Como si tuviera algo, algo pendiente.

¿Qué?

Tuvieron que pasar 25 años para que yo pueda regresar a Bengal.

¿Por qué?

Por ti, Crisanta.

Por mis sobrinos.

Por la traición de tu padre.

Pero sobre todo por ti.

Y...

Llegó la hora de que pagues por todo el daño que nos hiciste, Valente Pérez Soler.

Lo juré.

Y voy a cumplirlo.

Aquí me lleven, listo para desayunar.

Ay, qué bueno, papi. Alito.

Hola.

Vayan pasando, por favor, al proveedor. Le voy a avisar a las niñas que ya vamos a desayunar.

Ya les alcanzan un rato, mamá.

Primero me voy a dar una vuelta por la hacienda.

Estamos a pocos días de iniciar la cosecha y quiero asegurarme de que todo va perfecto.

Esta cosecha es muy importante, ¿verdad, papá?

Así es, Victoria.

Sé que estás haciendo esto por mi hija.

Últimamente, Valente no se ha sentido muy bien de salud.

Y no quiero que ande recorriendo la hacienda a caballo hasta que el doctor lo reviste, ¿verdad?

Para eso es que yo, que me sea el derecho de redes central, estoy haciéndolo, papá.

Claro que sí, hija. Y me da mucho orgullo decirlo.

Ay, no, hijo, no es mi hipoteca.

Escolpen.

Patrón, malas noticias.

¿Qué pasa, Delfino?

Encontramos un brote muy fuerte de plaga en la hacienda.

No lo puede ser. ¿Voy a revisar?

Si quieres, puedo llevarte en la camioneta, Victoria.

No, no hay falta, quédese. Tengo más duro que dar caballo.

Vamos.

Vamos.

Y los enes.

Me queda muy grande la hierba.

Sobreno.

No recuerdo nada de este lugar.

¿Y fue donde me contaste que moría tu mamá?

Sí.

Así es.

Su cuerpo jamás apareció.

Nunca tuvimos una tumba donde prohibirla.

Y esa es una de las razones por las que nunca volvemos.

Además de que esa parte de mi vida la tengo...

completamente perdida en la memoria.

Bueno, pero ya te explicaron que eso fue por el shock que viviste.

Tu mente lo bloqueó.

Como haya sido, Ángel, no vinimos solo por negocios.

Si encontramos una propiedad que realmente valga la pena, compraremos.

Y si no, buscaremos migración allá.

No habrá nada que me retenga San Agustín.

Aquí.

Cuéntame cómo se siente saber que perdiste un amor como este.

Cuéntame cómo se siente saber que perdiste otra oportunidad.

Cuéntame cómo va tu camino.

Sé que un amor como el mío no te vas a encontrar.

Cuéntame cómo se siente saber que perdiste otra oportunidad.

Cuéntame cómo se siente saber que perdiste otra oportunidad.

Cómo se siente el vacío.

Sé que sientes el frío en los alrededores.

Yo te di un amor muy sincero.

Tú pedí mis caricias y besos.

No me vengas a llorar.

Cuéntame cómo se siente saber que perdiste un amor como este.

Cuéntame cómo se siente saber que perdiste otra oportunidad.

Cuéntame cómo se siente saber que mi cuerpo no vas a tocar.

Yo te di un amor muy sincero.

Yo te di mis caricias y besos.

No me vengas a llorar.

Pues a mí sí me gusta la idea de vivir en un rancho.

Un sitio donde nadie me conozca.

Donde nadie me busque.

Donde nadie separe mi problema.

A veces siento que cuando la gente se da cuenta,

le doy pena o me da como un hecho raro.

Me gusta.

Cuando se enojaba levantaba la cera así como tú.

Bien.

Madre, que en paz descanse.

Sabes que estaría muy orgullosa de ti.

Y vea cómo llevas la de locos.

¿Mi mamá ya llamó?

No, seguramente debe estar llegando a San Agustín.

¿Cómo es San Agustín?

¿Ahí enamoré a mi mamá?

Sí, es ahí donde voy a comprar el rancho.

Llegó la hora de ajustar cuentas pendientes.

La hice de la nada y apenas alcanzé a verte.

¿Te encuentras bien?

No, pues sí, cómo me vas a ver.

Si me hubieras hecho la fregada,

otro poquito y le rompí las zancas a mi yegua.

¿Qué?

¿Me parece chistoso o qué?

No, no, es que...

te preocupas más por el caballo que por ti misma.

Pues sí, porque mi brioso no es solo un caballo,

es mi mejor amiga, fíjese.

Somos como almas gemelas

y no le recomiendo hacerle enojar, ¿eh?

Así que mejor antes de ir más despacito

que este camino no es piso de carreras.

Tienes razón.

Por nada en el mundo quiero pelearme

con semejante hermosura.

Oiga, no, no quiere pasarse de listo conmigo

que yo no le he dado pie para que me diga esas cosas.

¿Qué le pasa?

No, en realidad estoy hablando de la yegua.

Estoy bien.

Briosa, ¿verdad?

Corole, pues se ve que en San Agustín

hay mujeres muy vapas,

como que me está gustando este lugar.

¿Y a ti qué?

¿Te gusta la briosa?

Pero no solo porque es muy rosa,

sino porque se nota que es sincera,

salvaje

y muy valiente.

¿Ves?

Por alguien así sí

me atrevo a amar.

Vámonos.

Vámonos, mi bro.

Ya no.

Ya no.

Ya no.

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