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EL RÍO DE LA MUERTE
ALEMANIA
FRENTE DEL ESTE
ABRIL DE 1945
¡Hija!
¿Qué estás haciendo aquí?
- Pero, papé... - No debes venir aqui.
Ahora, vuelve a casa.
- Póngalo aquí. - Sí, doctor.
¿Qué quiere, capitán Schuster?
Estos experimentos deben acabar. Esta vez ha ido demasiado lejos.
- ¿No les ha hecho bastante? - Mejor a ellos que a usted.
No es una broma.
Lo he comprobado y no tiene autorización.
- A no ser que... - ¿Me ha estado controlando?
A nos ser que los abandone, enviaré un informe.
¿Cómo puedo persuadirle de que no lo haga?
¡No puede!
Debia hacerlo.
- El doctor Manteuffel. - A sus órdenes.
¿Heinrich, qué haces aqui?
Cambio de planes.
Los rusos han atravesado nuestras lineas.
- ¿Cómo? Dijiste que... - Lo sé, pero me equivoqué.
El Tercer Reich tiene menos de una semana de vida.
Debemos irnos dentro de tres dias.
¿Y mis experimentos? No puedo dejarlos.
No creo que los rusos lo entendieran.
¡El capitán Schuster!
Vamos, recoge tus tubos de ensayo.
Ya tendrás tiempo,
tiempo y dinero.
Dinero para continuar con tus locos experimentos.
No digas eso. ¡No me llames loco!
No hablaba en serio, Wolfy, lo sabes.
Tendrás un nuevo laboratorio.
Y esta vez daré resultado.
¿Cuánto le has robado al mariscal Göring?
Més que lo suficiente. El no lo necesita.
Nosotros, si.
Escucha, Wolfy, sólo la semana pasada,
un Tintoretto, un gigantesco Rubbens
- y un Gauguin. - El Fuhrer lo odia.
Decadente, lo sé.
Haremos dinero y més dinero.
Dinero, dinero y chicas.
Chicas, Wolfy.
Yo me quedaré con las chicas,
y tú conquistarás el mundo.
¿Cuánto tiempo tenemos?
Me han ordenado reunirme con nuestro amado Fuhrer,
en Berlín, en sus últimos días.
Un compromiso que no podré cumplir.
Entonces nos iremos juntos desde Wilhelmshaven.
Excelente.
Es un Armafiac del 87.
Nuestro Ultimo brindis en Alemania.
Pertenecia a un hombre al que adoraba.
Mi padre.
Quédatelo, llévalo como muestra de mi aprecio por ti.
¡Sólo llevaré este!
Para siempre.
¡Por el éxito de tus experimentos!
¡Y por mi nueva carrera como hombre de negocios en Sudamérica!
Nuestro destino.
Heil, Heinrich.
- Heil, Wolfy. - ¡Por Gauguin!
Exquisito.
PISTAS ALEMANAS DE WILHELMSHAVEN
Los otros aviones ya han despegado, doctor.
Sugiero que salgamos inmediatamente.
Nos expone a todos a un grave peligro.
No me gusta el peligro més que a usted,
pero debo esperar al mariscal Göring,
y no tengo intención de desobedecer sus órdenes.
Me formarán un consejo de guerra, pero maldito sea Göring y su corte.
- ¡Nos vamos ya! - El ya está maldito.
Esperaremos.
- No tenemos tiempo, vámonos. - ¡No!
Termine de cargar.
- ¡Deprisa! ¿Quieren morir aquí? - Usted morirá aquí.
¡Wolfy, tengo el Gauguin! ¡Tengo el...!
¡Maldito seas!
¡Te encontrará!
¡No pararé hasta que te arrepientas!
SELVA AMAZÓNICA RIO DA MORTE
ABRIL DE 1965
He llevado a la selva a toda clase de personas.
Muchos iban en busca de aventuras,
o eran soñadores,
pero este médico, ¿qué se le habrá perdido aquí?
Sea lo que sea, no es bueno.
La tiene, igual que los otros.
Y le esté devorando todo el cuerpo.
¿Por qué sólo a los indios?
Pregúntale si hay otros poblados con esta enfermedad.
Dice que hay un poblado del que los hombres no salen nunca.
A unos dias de aqui.
- Un lugar terrible. - Dígale que quiero ir.
He venido para acabar con la enfermedad,
pero debo encontrar su origen.
Dice que nos enseñará cómo llegar.
No quieren ir al poblado con nosotros.
Dicen que allí viven demonios.
Trabajan para usted, ¿no? Usted es quien les paga.
Bien, yo me voy a dormir.
Tenemos un buen día mañana.
Vamos, Anna, necesitas descansar.
Cuando pasas aquí mucho tiempo, echas de menos algunas cosas.
Pero de vez en cuando,
lo bueno llega a aquellos que esperan.
¡Anna!
Buenas noches, Anna.
Buenas noches, doctor.
Buenas noches, cariño.
Doctor, despierte. Tenemos problemas.
Dice que estamos locos, que sólo hay muerte subiendo el río.
Sí, es la enfermedad. Por eso debemos ir.
¿Qué le has dicho?
Mejor que no lo sepas.
Hay algo en esto que no me gusta.
Tal vez debería haber dicho que nunca estuve en esa parte del río.
A 500 millas de la civilización.
No debo pensar en eso ahora.
- ¿Cómo estás, papá, mejor? - Estoy bien.
¿Cómo estás tú?
¿No te habrán hecho daño, verdad?
Estoy bien.
Puede que la enfermedad se originase aquí.
Necesito más muestras de sangre.
¿John?
- ¿Está bien? - Podía estar mejor.
Toma, bloquea la puerta.
Vamos.
Podemos morir aquí dentro.
Usted haga lo que le diga. Anna, ponte allí.
Vamos.
¡Rápido!
Deme la mano.
No se paren.
¡John!
¡Levántate, papá!
Vamos.
¡Está muerto!
- ¡No! - ¡Está muerto!
¡Anna!
¡John, salva las muestras!
¡Alto!
¡Dejad que se vaya! La selva se encargará de él.
La has dejado allí.
¿Pero qué podía hacer yo?
¿Luchar contra toda una tribu?
Una tribu y un tipo con un arma.
Tiene que volver allí, amigo.
Tienes que rescatar a la chica.
¡No! Las muestras de sangre del doctor.
Tengo alucinaciones.
Bienvenido a casa, Hamilton.
¿Dónde está la banda de música por el regreso del héroe?
Ni siquiera os disteis cuenta de que había desaparecido.
No os importó.
Gracias, amigo.
¿Y cree que el asesino fue un hombre blanco?
Es toda una historia, Hamilton.
Y no se la ha contado a nadie.
Pero voy a decirle algo que debe saber.
No existe "La Cuidad Perdida".
Por eso la llaman la ciudad perdida,
porque no existe.
Es un mito, Hamilton. Olvídelo.
Tengo mapas que la sitúan.
¿Puedo quedármelos?
¿Me ayudará a llegar hasta allí?
No he dicho eso, pero me gustaría estudiarlos.
Ayúdeme y verá los mapas,
sino, volveré por la chica yo solo.
Aunque esos mapas fueran ciertos, cosa que dudo,
los dos sabemos que es imposible que un hombre vaya allí y vuelva.
Voy a ir a rescatar a esa chica.
Si es que aún vive.
Estaremos en contacto.
Vamos, tengo dinero.
¡Dale fuerte!
¡Acaba con él!
¡Vamos, apostad!
Vamos, apostad. ¡Apostad!
Gracias.
¿Nadie más quiere apostar?
Bien, cuatro a uno.
Tus cuatro, lárgate.
¡Vaya, John Hamilton! ¡El gran americano!
Sabía que habías vuelto, y también he oído otras cosas.
- Las palabras corren que vuelan. - No te lo discuto.
Tu aspecto es horrible.
Vengo del infierno.
- ¿Qué te parecería ir conmigo? - No, gracias.
He ido demasiadas veces.
Me lo imaginaba, ¿pero me equiparás, no?
Sí, ¿pero para qué vuelves? Ya te han pagado.
Si me comprometo a un trabajo, lo termino.
Está terminado. La chica ya estará muerta.
¡No lo está!
De acuerdo, si es así como lo quieres.
Mis costes más...
el treinta por ciento.
- Amigo. - ¿Amigo?
Nadie va a financiarme este viaje.
Estás decidido a volver, ¿verdad?
Está bien, mis costes más el diez por ciento.
Pero es mi última palabra.
Y en efectivo. No me fío de los locos.
Dame una lista de lo que quieres, y veré lo que puedo hacer.
Creo que estás loco.
Consígueme lo que necesito.
Firmado: un amigo. Bien.
No será en este lugar.
¿Han encontrado lo que buscaban?
Aunque esto no.
¿Trabajan para el de los zapatos?
¿O tal vez son agentes?
No trabajamos para nadie que conozca.
¿Ha oído hablar del Dr. Manteuffel?
No, mi médico está en la ciudad.
Manteuffel era un médico nazi
que realizó cientos de horribles experimentos
con los prisioneros durante la guerra.
Creemos que ha encontrado su escondite.
¿Sí?
Pues no está en mi habitación, la han registrado.
Nos referimos a la ciudad perdida que ha encontrado
en el Río da Morte, Sr. Hamilton.
Un segundo.
¿Quiénes son ustedes?
Ella es Dalia, mi nombre es Pierre.
Trabajamos para unas personas de Viena.
Buscamos criminales nazis que escaparon después de la guerra.
¿Y qué quieren de mí?
Mejor dicho, ¿qué podemos hacer por usted, Sr. Hamilton?
Quiere volver allí, pero es muy difícil para un solo hombre.
Podemos ayudarle si nos lleva con usted.
Muchas personas pueden ayudarme.
- ¿Por qué iba a llevarles? - Sabe lo que queremos,
y sabemos lo que quiere. Es así.
Las otras personas puede que no sean tan sinceras.
¿Quieres una mesa o sólo mirar?
Eddie me dijo que le vería aquí.
Está por allí.
Parece que se divierte. ¿Quiénes son esos?
Son sus amigos.
Que te diviertas.
Usted hable con Hamilton sobre el dinero.
Sí, señor.
¿Sabes quién es?
Sorpréndeme.
¿Has oído hablar de Karl Bergen?
Me suena.
Ya lo creo, es el Bergen de Bergen's International.
Sí, he visto su fotografía en los periódicos.
Es dueño de medio mundo, ¿no?
Sí, y quiere compartirlo contigo y conmigo.
Quiere ir a la ciudad perdida.
Es curioso, todo el mundo quiere ir. ¿Por qué quiere ir él?
Es aficionado a la antropología. ¿No lo sabías?
No, no lo sabía.
Dice que si pudiera encontrar la tribu perdida,
culminaría el gran sueño de su vida.
- Es una bola que te ha metido. - No lo sé.
Puede ser muy persuasivo.
Y suele conseguir lo que se propone.
- Lléveles champán. - Sí, señor.
Saludos del Sr. Bergen.
Está bien, Eddie.
¿Tiene algo más que ofrecer?
¿Qué te parecen quince mil dólares?
- ¿Qué? No te he oído. - ¡Veinte mil!
- Habla más alto. - Eres un hijo de puta.
- Está dispuesto a pagar treinta. - Y yo a aceptar cincuenta.
No juegues con la gallina de los huevos de oro, John.
¡Tú no juegues conmigo, Eddie!
- Aceptaré cuarenta y cinco. - ¡Cuarenta! Es su última oferta.
Hecho. Preséntame a ese tipo.
Aquí no. El te llamará.
Le llamaré yo. Dame su número.
Creo que ha estado muy ocupado.
Estoy cansado, así que por qué no se va y me deja descansar.
Estará en Romano algunos días, tendrá tiempo para dormir.
No creo que me guste estar aquí.
Su motivo para querer ir
a la ciudad perdida no es sólo rescatar a esa chica.
Yo creo que ha encontrado algo allí,
pero si es así, se lo advierto:
cualquier cosa que encuentre pertenece al Estado.
Y el Estado, que represento,
- ejercerá su reclamación. - Eso es una tontería.
Además si encuentro algo o no, tendrá que fiarse de mi palabra.
Puede que sí, si es que le dejo ir.
Buenas noches.
Está bien.
Seguiremos en contacto.
Nuestra conversación no ha terminado.
¿Nunca coges el teléfono, cariño?
¿Diga?
¿Everson? Podemos darle la bienvenida a bordo.
Excelente.
No, venga aquí a las nueve, mañana por la mañana.
Buenas noches.
¿Nos vamos?
Sí.
Vamos a La Ciudad Perdida.
¿Querrás venir conmigo?
No me lo perdería por nada del mundo.
Este es el momento más feliz
de mi vida.
Eh, Hamilton, el Sr. Bergen le está esperando.
Eh, eh, eh, por allí.
¡Hijo de puta!
Ya encontraré el camino, no te molestes.
Ha hecho una gran entrada, Sr. Hamilton.
El caballero que intenta levantarse del suelo, es el Sr. Tracy.
Un hombre de seguridad de mi compañía.
¿Por qué no sube? Le presentaré a los demás.
Bienvenido, Sr. Hamilton.
Esta es María, mi secretaria.
Y una buena amiga.
Al Sr. Hiller ya le conoce.
John, este es el Sr. Fanjul.
El primer columnista de mi cadena de periódicos.
No conozco sus artículos. No hablo muy bien portugués.
- Es una pena. - Sí.
Hechas las presentaciones,
¿por qué no echamos un vistazo a los mapas?
De acuerdo.
¿Qué clase de mapas son estos?
Mis mapas.
Aunque lograra hacerse con ellos,
sin mis explicaciones, no les serviría de nada.
Saldremos de aquí, de Romano.
Iremos en el mayor helicóptero que encontremos.
Otro helicóptero llevará el equipo y combustible.
Seguiremos el curso del río hasta aquí,
- y luego iremos a pie. - Bien.
Y nos aproximaremos a la ciudad en silencio.
¿Por qué hemos de hacerlo así, Sr. Bergen?
Esos indios son peligrosos.
Lo ha dicho usted mismo.
No recuerdo haber dicho nada sobre los indios.
Adelante, Sr. Hamilton.
- ¿Qué tal le ha ido? - Todo en orden.
¡Hamilton!
Tranquilos.
¿Qué querrá?
Salga del coche.
Suba, Hamilton.
Quiero que me haga un favor. Este es el Sr. Serrano.
Un experto del gobierno en cuestiones indias.
Está muy interesado en estudiar a eso indios
que dice haber visto en la ciudad perdida.
Tal vez pueda ilustrarle de vez en cuando en deferencia a mí.
¿Por qué no?
Espero su llamada.
Le llamaré.
¿Qué tal te va?
Sabes una cosa, Johnny,
cuando me desperté esta mañana,
me sentí muy culpable. Así que me dije a mí mismo:
puede que vaya a confesarme antes de que sea tarde.
¿Tú a la iglesia?
Vamos, vete mejor a un prostíbulo.
Al fin de cuentas es casi lo mismo.
- ¿Has visto al otro piloto? - No, pero no andará muy lejos.
- Buena suerte. - Gracias.
- Buenos días, Sr. Bergen. - Buenos días, Sr. Hiller.
Me alegro de verle, Sr. Bergen.
- ¿Quién es ese? - Otro miembro de la expedición.
- Es nuestro intérprete. - Creo que somos demasiados.
¿No habrá hablado con nadie sobre esta misión?
Por lo que veo a su novio no le gusta la compañía que traigo.
Ven aquí, María.
Long John, no nos esperes. Adelántanos, nos vemos abajo.
De acuerdo, nos veremos en un par de horas.
Casi se me olvida.
Vera me ha pedido que te lo recuerde.
No olvides la cena del martes. Va a cocinar algo muy especial.
Si es como la última, acabaremos reventados.
¿Qué diablos es eso?
¡Falla un motor!
¡Perdemos altura!
- ¡Allí, aterrice! - ¿Qué se cree que hago?
¿Long John, puedes oírme? ¡Cambio!
¡Long John! ¡Mierda! ¿Johnny, me oyes?
¡Abróchense los cinturones!
¡Long John! ¡Johnny!
- Johnny, vamos. - Deprisa, puede explotar.
- Mi maletín, lo necesito. - Vamos, rápido.
¡Vamos, abajo! ¡ Aléjense!
¡Aléjense, puede explotar!
¿Qué ha sido eso?
¡Cúbranse!
¡Sr. Bergen, al suelo!
¿Quiénes son? - Piratas de río.
¡Cobarde! ¡Vuelve! Eres un traidor.
Vamos, gallinas. ¡Volved, gallinas!
Yo os enseñaré. ¡Cobardes, volved!
Hamilton, se dan la vuelta. ¡Volved, gallinas!
Es usted insoportable, Serrano.
Volverán.
Tenemos que defendemos, cavar trincheras.
Tengo una idea mejor.
¿Amigo, dónde estás?
Vamos, enciéndalo.
- ¿Joao, qué ha pasado? - Felix ha muerto. Lo han matado.
¡Mirad eso!
Venga, salgamos de aquí.
Buen trabajo, Dalia.
Creo que recibieron el mensaje.
Espero que podamos hacer navegar el barco.
Espero que Silver nos esté esperando. Sino, estaremos en apuros.
Estará allí.
¿Cuánto crees que pagó Bergen por esa puta?
Diez veces más de lo que te ha pagado a ti.
Eh, alto ahí, amigo.
A ti sólo te ofrecieron oro al fin del arco iris.
Bergen se ha traído lo mejor. Nosotros tendremos que esperar.
¿Hamilton, quiere que le releve?
Hiller lo cogerá cuando me canse.
- Eh, gracias por lo de antes. - De nada.
¡Mirad!
Tranquilos, son de la tribu Chipoti.
Si no les atacamos, nos dejarán en paz.
Hemos chocado con algo.
Es una red.
¡Mierda!
- Voy a liberar la hélice. - Bien.
Buen trabajo, John.
Pudimos con ellos.
¡Fuera de aquí, bastardos!
Listo para zarpar.
¿Qué le pasa a su amigo Bergen, ronca?
Es usted implacable.
En mi último viaje, no hice un buen trabajo.
No dejaré que me vuelva a pasar.
Y ahora usted nos hace pagar por ello.
Yo no le invité a venir.
Bergen me paga a mí,
pero usted, ¿cuál es su interés?
- No creo que Bergen sea su tipo. - ¿Cuál es mi tipo?
Creo que aún no lo han fabricado.
He conocido a unas cuantas mujeres, pero esta,
es como una principiante que no sabe por dónde se anda.
El bueno de Long John no nos ha olvidado.
¿Johnny?
¡John!
Habrá ido a buscar comida. ¡Johnny!
¿No dijo que esos indios eran inofensivos?
- Esto no lo hizo la tribu Chipoti. - ¿Entonces quién lo hizo?
- No lo sé. - Me da igual quién lo hiciera.
Esto empieza a sobrepasar mis honorarios.
- Tiene razón, es demasiado arriesgado. - ¡Quieren callarse!
¿A qué creía que se estaba comprometiendo, Sr. Hiller?
- Sr. Bergen, yo puedo pilotarlo. - Sometámoslo a votación.
- Para ver quién quiere volver. - ¡Nadie va a volver!
Excepto usted que no es más que un cobarde. Váyase.
Tranquilo, tenemos derecho a decir lo que pensamos.
Aceptó mi dinero.
Por lo que a mí respecta, no tiene nada que decir.
Déjele hablar.
Señor Hamilton.
Siento mucho lo de su amigo,
pero una tragedia como esta
hace necesario que permanezcamos unidos.
Por favor, ¿podemos hablar?
Sé que le interesará mucho lo que tengo que decirle.
Está bien. Esperen, enseguida vuelvo.
Mi verdadero nombre es Steinberg.
Soy judío.
Al comienzo de la guerra, me llevaron a Dachau.
Con mi mujer y mis dos hijos.
Mis hijos fueron a la cámara de gas.
La cámara, démela.
Es un espía.
Trabaja para Kellner. ¡Admítalo!
Había un médico nazi.
Realizaba experimentos con los prisioneros.
Mató a mi mujer.
Murió gritando.
Después de la guerra,
igual que muchos nazis, se fue a otro país.
Me he gastado una fortuna buscándole.
Ahora estoy cerca de él.
Lo sé.
- ¿Cómo está tan seguro? - Sé que está en la cuidad perdida.
Y le busco.
Con un deseo mayor del que he sentido en mi vida por cualquier otra cosa.
Es como un amor. ¿Lo entiende, Hamilton?
Un amor mortal.
Estamos atrapados. Debemos volver.
No, seguimos.
He estado hablando con el Sr. Hamilton.
Y estamos de acuerdo en que debemos terminar lo que hemos empezado.
Cueste lo que cueste.
Hiller, arranque el helicóptero.
Nos volvemos.
Ninguno de ustedes es de fiar.
Ahora, Karl,
dígales quién es usted, y lo que quiere.
- Vamos, no sea loco. - Hablo en serio. ¡Dispararé!
Hiller, arranque el motor.
¡No dé un paso más!
Bien, sigamos.
¿Se da por sentado que el resto seguimos?
¿Pero qué pasa con el helicóptero?
Si lo llevo de vuelta, Hamilton, alguien cuidará de él.
¿Eres voluntario?
Soy el único que puede volar a no ser que quieras retroceder.
De acuerdo, pero te lo advierto, Eddie,
si decides jugárnosla, te encontraré,
y cuando lo haga, te abriré en canal de arriba a abajo.
Puedes apostar por ello.
Está bien.
Llevemos estos suministros al barco y vámonos.
Eddie, nos veremos dentro de una semana.
¡Pierre, Dalia!
¡Hijos de perra!
¿Dónde está? Sí.
¡Cuidado!
El depósito arde.
Va a explotar.
¡Que todo el mundo salte del barco!
Hamilton.
Puede que nos sirva.
Gracias.
¿A cuánto está la ciudad perdida?
¿A pie?
Tres o cuatro días.
Sr. Hamilton,
hay algo muy importante que debe saber.
La investigación de Manteuffel
era financiada por un oficial nazi llamado Heinrich Spaatz.
Planeaban escapar juntos después de la guerra
con una fortuna considerable.
Por alguna razón, le disparó a Spaatz una bala en la rodilla.
Spaatz sigue con vida, Sr. Hamilton.
- ¿Está bien? - Sí.
Puedo cuidar de ella, gracias, Sr. Hamilton.
¿Cómo cuidó de su mujer y de sus hijos en Dachau?
Atentos, chicos.
- Buscad por ahí. - Sí, coronel.
Vamos.
¡Allí está!
No lo haría si fuera usted.
He oído que presume de haber pilotado un helicóptero en Corea.
Acaba de salvar su vida.
- ¿Qué es eso? - Señales del territorio Tuli.
Son caníbales.
¡Caníbales!
Según mis mapas, estamos cerca del poblado.
Sigamos.
Pero los Tuli nunca están mucho tiempo en un sitio.
No creo que nos miren mal.
Sr. Hamilton.
No pasa nada.
Ellos sólo se comen a sus enemigos.
- Dígale que nos dan suerte. - No hablo su lengua.
¿No me dijo antes que sí?
¿Pero qué hacemos? ¡Eh!
Que se queden con las armas. El jefe parece hablar en serio.
Vamos.
¿Dónde estará ese puesto secreto del gobierno?
Diaz dice que el helicóptero está sin combustible.
Las personas, algunas veces, tenemos reacciones extrañas.
Vamos.
- No puede andar. - Déjelo, nosotros seguimos.
No podemos dejarle solo. Yo le llevaré.
- ¡Déjelo! - Ni hablar.
Está bien, Hamilton. Suelte su arma.
¡Vamos!
¿Y ahora qué, coronel?
Seguiremos.
¿Alguna orden más, coronel?
Está apuntando al jefe de policía.
¿Quién es este?
¿Quiere decirme lo que sucede?
Eso es lo que sucede.
Bienvenidos a nuestro pequeño rincón del mundo.
- ¿Qué tal? - Bien. Tuve que traerlos.
Ahora, Sr. Hamilton,
desobedeció mis órdenes y no tiene derecho a estar aquí.
Usted me amenazó.
La daré una lección. Vamos a dar un pequeño paseo.
¿Adivina a dónde? A La Ciudad Perdida.
Hasta el fin.
¡En marcha!
¿Qué hacemos con Hiller? No podemos dejarle aquí.
Yo le llevaré, aún está con vida.
Ya no.
- ¡Hijo de...! - Quieto o disparo.
¡Quíteme las manos de encima!
¡Muévete! ¡Vamos, muévete!
- ¡Abran! - Sí, mi coronel.
Vamos, rápido.
El agua más pura del mundo.
Tiene poderes curativos que son legendarios.
Los indios dicen que viene del centro de la Tierra.
Y desde aquí, mi pequeño arroyo crece.
Surte a todos los ríos y océanos.
Algo casi impensable. ¿No es así?
¿Nadie más sabe que está aquí?
Nadie.
Bienvenidos.
El doctor Manteuffel, supongo.
¿Hemos pasado la inspección?
Qué heroísmo haber guiado a esta pareja por la selva,
por ríos peligrosos, indios salvajes, y todo por salvar a una chica.
Que puede estar viva o no.
Ya puede descansar, Sr. Hamilton.
Su papel ha terminado.
Los otros dos, no entiendo por qué.
¿Por qué un hombre ya mayor quiere venir hasta aquí?
- Les dejaré quedarse. - Bien.
- Vamos, andando. - Quíteme las manos de encima.
- Adentro con él. - A la orden.
No intentes nada y pórtate bien.
¡Cierra!
Dios mío.
Este es el lugar que estaba buscando el doctor.
Toda esta gente.
De tantas tribus.
¿Qué ha hecho Manteuffel con ellos?
- Abre la puerta. - A la orden.
¡Anna!
Estoy viva, por ahora.
No me toques.
Mi padre estaba equivocado.
No sólo los indios pueden coger la enfermedad.
¿Pero cómo?
- Es obra de Manteuffel, él... - Se acabó la conversación. Salga.
Algunas veces me dejan cuidar a estas personas.
Darles consuelo.
Antes de que mueran.
Adiós, John.
Ya pensaré algo.
Sí, tenía razón, coronel. Esta es la ciudad perdida.
Esto es el poder.
La fórmula de muerte más poderosa inventada por el hombre.
¿Y saben por qué?
Porque eliminará solamente a los débiles,
a los repulsivos y a la basura de este mundo.
Es un arma perfecta.
Porque los elegidos no tienen nada que temer.
Está claro que su regreso tiene una gran repercusión en nuestro futuro.
- Habla inglés. - Hablo muchas lenguas.
Ese hombre está consumido por el Mal.
Y usted ha regresado para destruirlo.
Es la profecía.
¿Qué pasa aquí?
¿De qué están hablando?
Fuera de aquí.
Vaya a ocuparse de esos animales.
¡Vamos!
¡Sálvala!
¡Quite esas manos! ¡Apártese!
¿Lo ve? La profecía ya ha comenzado.
Estamos aquí para ayudarle.
¡Alto!
Vaya a ver qué pasa.
- ¿Qué sucede? - Ha escapado.
¡No!
¡No!
No podrá paramos, Hamilton. Este país será nuestro.
¡Nada podrá!
No se ocupe de ellos.
Encontraremos la forma de silenciarlos.
Debe entrar en el templo. Trepe hasta la boca.
Allí está la entrada.
Hitler sufrió y murió.
Sufrió por nosotros. Murió por la raza aria.
En veinte años, nadie me ha sucedido.
Yo estoy listo.
Listo para atacar.
Estás más loco que nunca, Wolfy.
¿Quién es usted?
Wolfy quería ser el Führer. Wolfy quería ser rey.
Aquí tengo el anillo de tu padre, Wolfy.
Tú me lo diste.
¡Heinrich Spaatz!
Sí, yo soy tu diablo, Wolfy.
Te dije que te encontraría.
Intentaste matarme, pero sólo me diste en la rodilla.
Hasta hoy he andado con bastón. Este bastón.
Este bastón que te ha estado esperando.
¿Tienes un arma?
Gracias.
¿Por qué rodilla empezamos primero?
¡No!
- ¡No! - Wolfy.
No, por favor.
¡Suelta el arma!
Tenga cuidado o volaremos todos.
Usted, Hamilton, aléjese de esos dos.
Bien hecho, María. Dame la pistola.
No. Tú vuelve atrás con el otro alemán.
¿Qué estás haciendo, María?
Dr. Manteuffel,
esto es lo que le hizo a mi padre.
Al capitán Schuster.
Usted lo mató a sangre fría.
¿Schuster? ¿Es su hija?
Estaba allí cuando lo mató.
No tenía ni idea.
María, cómo has debido de sufrir.
Tú estabas allí también, en el campo de concentración.
Te vi andar sobre el cadáver de mi padre.
No.
- Yo te quiero, María. - Sí, ya lo creo que sí.
Me has traído hasta él. Ahora os tengo a los dos.
Yo soy tu pequeña, tu ángel, ¿no?
¡Mira tu ángel de la muerte!
¡Arded en el Infierno los dos!
Muchos de mis sueños se desvanecen.
Pero este...
no lo olvidaré nunca.
Lo único real,
es la selva.
Cuando me despierto,
sé que sigue estando ahí.
EL RÍO DE LA MUERTE
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