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MOSFILM
Asociación Artística "Yunost" (Juventud)
RUSLAN Y LIUDMILA
Una película basada en el poema homónimo de A.S. PUSHKIN
Guión: A. PTUSHKO Con la participación de: S. BALOTIN
Realización: A. PTUSHKO
Cámaras: I. GUELEIN, V. ZAJAROV
Decorado: E. SERGANOV
Vestuario: O. KRUCHININA
Música: Tijon JRENNIKOV
Sonido: I. URVANTSEV
Subtítulos en español Pablo E. López Rodríguez
En los papeles principales:
Ruslán: Valeri KOZINETS Liudmila: Natalia PETROVA
Chernomor: Vladimir FIODOROV Naína: María KAPNIST SERKO
El príncipe Vladimir: A. ABRIKOSOV Finn: I. YASULOVICH
Farlaf: V. NEVINNIY
Rogdai: O. MOKSHANTSEV Ratmir: R. AJMETOV
Embajadores extranjeros: S. MARTINSON, N. NIKOLAYEV,
N. KUTÚZOV, SH. GAZIYEV
Cabeza: V. SHULGUIN Pescadora: E. KIWI ANTSON
Naína joven: N. JRENNIKOVA
Bufón: A. KRICHENKOV
Jefe de los pechenegos: O. JABALOV Jefe militar ruso: Yu. KIREYEV
Estos son hechos de días lejanos,
leyendas de tiempos remotos...
Pechenegos, los libero sin demora,
pero, recuerden el trato.
¡Que terminen desde ahora
sus incursiones a la Rus sagrada!
¡Venciste! ¡Has mostrado ser capaz
de cumplir con tu destino!
Vuela a Kiev, halcón sagaz!
Que tu paloma te espera con tino.
¡Gran Príncipe! ¡Nuestra tropa venció!
A los cautivos han liberado.
Otra vez, Ruslán al enemigo aplastó.
¡Está al llegar el héroe esperado!
¡Inviten a todos a una cena suntuosa!
¡La libertad de Rus al corazón alegra!
¡Quiero alzar la copa espumosa
por nuestro pueblo, por nuestra tierra!
¡Gloria eterna se ha merecido!
¡Vladimir, de Rus Soberano y padre!
¡Tu reino es el más favorecido,
por los triunfos militares!
Por lo visto, nos darán de narices. Padre, Liudmila con otro se casa.
Es el fin de las esperanzas felices. Ya es hora de regresar a casa.
¡No, espera! ¡Mi hora ya llegará!
Me avendré con los Jazaros y su kan.
Nuestra fiesta pronto será. ¡Ajustaremos cuentas con Ruslán!
¡Ah, paladín! ¡Me alegra verte, amado!
Tu victoria es mi premio anhelado. Por las noches y los días extensos,
Cuando, asomada a la ventana, miraba al camino.
Y en tierras lejanas creía ver combates violentos...
Pues yo esperaba por mi victoria
la recompensa de que llegaría a mi tierra natal, vivo y con gloria.
¡A tu lado, hermosa mía!
Ya la tienes, aquí estas, a mi lado,
¡Mi halcón sagaz, mi amado!
¡El reino de los Jazaros está en ruina!
Necesitamos nuevas tierras extensas:
Las que Vladimir a Liudmila destina.
¡Cásate y las tendremos! ¿Qué piensas?
¡No temas! ¡No hay doncella, que no sueñe con Ratmir ella!
Saldré del empeño airoso. ¡Serás el padre de mi esposa!
¡Estoy dispuesto a darlo todo,
para que él te reciba con decoro!
Le envío un obsequio esplendoroso el mejor corcel, uno brioso!
Mi hijo, se inteligente y sin entrar en discusión,
del matrimonio con Liudmila háblales.
El viejo príncipe necesita un apoyo sin dilación.
El apreciará tus estocadas mortales.
Mi novia por derecho ha de ser. ¡Basta ya, no puedo esperar!
¿Y si para la princesa no es un placer?
¡El padre su destino ha de determinar!
¡Farlaf! ¿Vas otra vez a parrandear?
¡Al festín de Kiev invitado estoy!
¡Detente!
Al menos un jarro he de saborear. ¡El mundo cristiano estará allí!
¿No querrás llevar a la joven al altar? ¿Esperas a Liudmila tu esposa hacer?
¡De verdad, que ya me debo casar!
¿Por qué el yerno de Vladimir no puedo ser?
Son opulentos los regalos del césar.
¡Veo que su pretendiente es un bribón!
Al casamentero no han de chasquear.
¡El príncipe consentirá la unión!
¡Eh, la gente! ¡Dese prisa!
¡Venga a la fiesta que Vladimir da!
¡Beba, cuando su hija menor el despose
con Ruslán, un valiente de verdad!
¡Disfrute, quien no tenga pereza burda!
¡Por lo visto, hoy es un día de curda!
¡Toma el cazo y bebe sin medida!
¡En este festín para todos hay bebida!
Ese es el casamentero de Bizancio.
¡Qué altanero, llegó pasado de hora!
¡Algunos le aludan sin cansancio! ¡Da tanto asco, que uno ríe y llora!
Deléitense, distinguidos huéspedes...
¡Así es, la corte lo pasa divino!
Las copas de oro llenen ustedes
Con la espumosa aguamiel y con vino.
Más tierna que un lirio es la princesa.
¡Las hijas de los eslavos son hermosas!
¡Qué talle más fino! y esas trenzas primorosas.
Su atractivo opaca al de las francesas.
¡En fin, la novia hemos perdido!
Ya es tarde para el gemido.
¿Y quién es ese príncipe radiante?
¡Ruslán? El suplicio de los pechenegos, su horror.
A Kiev protege con honor de sus incursiones constantes.
¿Quienes son esos tres, tan extraños, con la cabeza gacha allí sentados?
Los rivales de Ruslán, no te engaño. Por los celos están emponzoñados.
Ese es Rogdai, campeador denodado,
que con su espada ha ampliado de Kiev las ricas tierras.
- ¿Y aquél? - Farlaf, alborotador presumido.
En las borracheras nunca es vencido,
pero, es un mediocre en las guerras.
¿Y el tercero, que medita enajenado?
Es Ratmir, joven kan de los Jazaros.
¡Ah! Por eso están tristes, a un lado.
Sí, para ellos el festín es algo raro.
Hijos, mi bendición les doy. ¡Por la salud de ambos bebo!
Ruslán, entregarte de esposa, hoy,
al ser que más quiero, debo.
Siempre ámala, intensamente, pasa a su lado días de placer.
¡Y protege de todo mal a esta inocente,
como a tus ojos! ¡Así ha de ser!
Gran Príncipe, te he de prometer que la defenderé con mi vida.
¡Luchando por ella he de perecer,
pero no cederé a mi Liudmila querida!
¡Padre mío! La casa natal desde ahora abandonaré.
Sin ti, me rodea un desierto fatal,
¡Sólo en ti pensaré!
¡Rogdai! ¡Ratmir! ¡Farlaf! Escuchen.
Perdonen, que a los tres he excluido.
Otras novias para sí busquen.
¡Que Ruslán es su comprometido!
¿Ruslán?
¿Por qué no yo, sino él salió airoso?
¡Ah! Sólo a casa he de volver...
¡Se feliz, Ruslán, príncipe vigoroso!
¡Maldito seas mi rival! ¡Vas a ver!
Que suenes Gusli, con vigor celestial,
para cantar, con tu acompañamiento,
sobre Liudmila, de belleza angelical,
y Ruslán, héroe militar, un portento.
A los desposados, agorándoles placer,
la cama nupcial les han de preparar.
La costumbre antigua se ha de ejercer:
lúpulo verde encima les han de echar.
Y su lamparilla les ha de encender
Lel, el alegre dios del amor, sin par.
¿No desean jugar a las damas?
¡Les invita el príncipe a un partido!
¡La caza del jabalí nunca he temido,
pero jugar con el príncipe, agota más!
¡Estoy aquí, Liudmila, a tus pies!
Contigo buena suerte he tenido.
¡Soy tuya para siempre, como ves,
mi halcón sagaz...
Mi Ruslán querido!
¡Liudmila!
¡Liudmila!
- ¡El príncipe vence! - ¡Cómo siempre!
¡Ha sucedido una desgracia! ¡Padre!
¿Una desgracia? ¿Cuál? ¿A mi niña?
¡La raptó una fuerza desconocida!
¡Vete, vil! ¡Mi yerno dejaste de ser!
¡A Liudmila no pudiste defender!
Tú prometiste, por tu vida...
¡Hijos piedad! ¡Piedad, hermanos! ¡Tengan piedad de un pobre anciano
que su arrojo nunca olvida!
¿Quién ahora consiente
y a mi hija irá a salvar?
Por esa hazaña, al más valiente...
-¡Sufre, canalla, ponte a llorar! ¡Pues a tu señora debías cuidar!-
...como novia mi hija le daré
con la mitad del reino de mis antepasados.
¡Yo seré!
¡Pobre desposado!
¡Yo voy!
¡Yo!
¿Farlaf con Rogdai de compañero?
¡Y yo!
¿Incluso el kan Ratmir parte gozoso?
¡A ensillar! El mundo entero
galoparemos muy gustosos.
Su ausencia no ha de persistir,
por ella iremos como el viento.
¡Que sus manos fuertes puedan resistir, para que me devuelvan el aliento!
Lo reconozco, amigos, por la fuerza logré salir tras la proeza.
¿He de ver pronto a ese gigante?
¡Ay, cuánta sangre será derramada por víctimas del amor celoso!
¡Alégrate, mi fiel espada! ¡Alégrate, mi corcel fogoso!
¡Amigos! ¡Vamos a separarnos
y que la suerte nos proteja!
Que cada corcel no sienta el freno,
Y se aleje por el camino que escoja
¡Sé, hijo mío, bienvenido!
¡Salud Ruslán el poderoso!
Veinte años hace que solo vivo,
en las tinieblas, he sufrido.
Por fin llegó el día esperado
y previsto, aún sin verte,
Ya sabes que nos ha unido la suerte,
siéntate y óyeme ahora.
Escucha, Ruslán, tu ofensor
rapta beldades desde antaño.
Se llama el Mago Chernomor, de la sierra de Medianoche es el amo.
Nada más puedo decir:
mi hijo, en tu poder dejo ya
la suerte de tu porvenir.
Perdóname, si soy un atrevido.
Cuéntame ahora, sé paciente:
¿quién eres, noble confidente?
¿Quién al desierto te ha traído?
Amable hijo, ya ves,
mi lejana patria he olvidado.
Severa tierra.
Natural finés,
en valles sólo por nosotros vistos,
tras el rebaño común he ido;
siendo aún joven despreocupado, vi robledales en selva espesa,
arroyos, cuevas, acantilados
y distracciones de la pobreza.
Pero en aquel silencio dichoso
no viviría mucho de mozo.
Me atrapó mi suerte con inquina...
¡Ah, adalid, caí prendado de Naína!
Emocionado, le confesé mi amor.
¡Naína! ¡Me atrapó tu esplendor!
¡Mi alma pura te entregaré!
¡Pastor, jamás te amaré!
Se me ocurrió entonces, abandonar los campos fineses
por la vorágine marina, con mis mesnadas, navegar,
y merecer con la gloria militar: el favor altivo de Naína.
Pero yo vivía por Naína.
En las batallas y festines mi alma retorcía la pena ladina,
quería ver la costa fines.
Regresé al fin de tierras apartadas
y te traje, mi tesoro,
Corales, perlas y oro.
Yo los obtuve con mis mesnadas, Matando a enemigos, sin escatimar.
¡Te amo, Naína, en mi amor nadas!
¡Héroe, nunca te he de amar!
Entonces, ávido de amor irremisible,
decidí, en mis penas invencibles,
a Naína, con magia, atraer;
en la fría virgen imposible
amor con hechizos encender.
Me retiré al mundo de naturaleza
a la solitaria selva umbría;
allí, aprendiendo brujerías,
viví incontables años.
¡Héroe, nunca te he de amar!
¡Héroe, nunca te he de amar!
Pero, el gran momento llegar sentí:
un misterio terrible descubrí.
Con el ardor de mi pasión dije rápido la mágica oración.
¡Ahora, Naína, eres mía!
Ya vencedor me veía.
¡Naína! ¿Tú?
¿Será posible?
¿Dónde la belleza has dejado?
¿Acaso el cielo ha provocado en ti ese cambio incomprensible?
Di, ¿cuántos años sin cuenta
pasé, sin alma y sin amada?
¿Cuantos años?
Exactamente cuarenta.
Ya cumplí los setenta, desolada.
Pero no sufras: no es gran cosa perder la ingrata juventud.
Quizás hoy sea una gibosa,
quizás, más canosa que tú.
Tal vez, no sea la de antaño:
Vivaz, locuaz, con menos años.
Pero, no creas que soy una embustera,
te revelo un secreto: ¡soy hechicera!
Somos viejos, lo reconozco
Pero, ¡Sólo ahora al corazón conozco!
Sé que es amigo agradecido Para el amor dulce nacido.
Mi alma vive, estoy ardiendo.
Me ahoga el ansia de adorar...
Ven que te quiero abrazar...
¡Amado mío! me estoy muriendo...
¡Oh! No, indigno,
Has perturbado mi destino,
Lograste al fin el amor de Naína
Mas la desprecias. ¡Gallina!
¡En todo hombre vive la traición!
Culpable soy, pero sin razón;
¡Tiembla verdugo de mi honor!
¡Vengaré mi herido pudor!
la vieja bruja, claro está,
porque ama aún su alma oscura, también a ti te odiará;
mas no es eterna la amargura.
¡Adiós, te desea suerte un viejo!
¡Nunca olvides mis consejos!
¡Ruslán!
¿Dónde estás esposo mío?
¡Ruslán!
¡Ruslán!
¡Consuélate princesa hermosa!
¡No llores ni sufras en vano!
En esta rosaleda maravillosa,
has de olvidar las penas y el susto.
Sin mi adorado y prisionera,
no seré yo quien vivir quiera.
Que sepas, el que por viles placeres,
entre agasajos me atormenta,
no tengo miedo a sus poderes:
¡antes la muerte, que esa afrenta!
Entre tanta hermosura divina
deberías cantar, muy alegre.
Aquí, las fuentes, como aves, trinan,
brotan flores de diamante.
No quiero yo tus toldos ruines,
tus sosos cantos ni festines.
No he de comer ni de escuchar,
¡Moriré aquí, entre tus jardines!
Pensó y empezó a almorzar.
¡No te acerques monstruo asqueroso!
¡Renacuajo! ¡Vil barbado!
¡Mi barba! ¡hálenla! ¡No la arranquen, desenrédenla!
¡Renacuajo! ¡Malvado...
¡Giboso barbado!
Dichoso quien al descampado, beba vino de buen sabor,
lo pruebe en un rincón retirado, y no piense en el dolor...
Afortunado quien goza, en calma, sin inquietud...
¿Ruslán! ¡Sólo y sin corcel!
Ahora me habrás de conocer.
¡Te mato...! Barro los estorbos...
¡Sálvenme, dioses, no sean sordos!
¡Deshonesto, te he de alcanzar! ¡Tu cabezota he de cortar!
¡Llegó tu muerte, ser medroso!
- ¿Farlaf? - ¡Sí! ¡Soy yo, Rogdai! ¡Se piadoso!
¿A Farlaf con Ruslán he confundido!
¡Debo de estar bebido!
¿Te equivocaste? ¡Eso no es nada!
¡Allí lo veras! Inicia una galopada.
De pie, campeón, reina la calma.
Nadie en el campo, no hay un alma.
Mejor que escuches mi consejo
trotar mundo es riesgo añejo.
Cerca de Kiev, en tu heredad, busca la paz y la soledad.
De ti y de mí, ya lo verás,
Liudmila no se escapará.
¡Eh! Tú, ¡alto, jinete osado!
¡Por fin te he alcanzado!
Hace tiempo que te busco, merodeador.
¡Aquí está el campo del honor,
Donde la muerte encontrarás!
¡Las novias de otros no perseguirás!
¡Muere! ¡So traidor, por envidioso!
¡Has perdido el combate bochornoso!
¡Farlaf! Mi bello, ¿que te pasa?
¡Por milagro, vivo, llegué a casa!
Apenas te mantienes parado...
En dos días ni migajas he tragado.
Tuve que enfrentarme a un gigante.
Mi espada hechizó el bribón.
Pero yo pude en un instante ¡Partirle la cabeza con este bidón!
¡Oh, mi amado! ¿Eres un campeador!
¡De la verdad, un firme defensor!
- ¿Naína, tú! Verte me alegro. . Te saludo, mi colega.
Una mala noticia te tengo que decir.
Se acerca un enemigo fiero.
¡Pasando montañas, nieves y heleros
Ruslán, el vengador, está por venir!
¡Gracias, estimada Naína! Pero, no le temas, divina.
¡Mientras la barba esté entera,
que conmigo ha crecido, obra natal,
ninguna amenaza es certera,
nadie me puede hacer mal!
- ¿Qué será de Ruslán, el atrevido? - Está perdido.
- ¿Será eliminado? - Será exterminado.
Me lo puse de nuevo: ¡Ya no estoy!
Me lo quito luego y... ¡Aquí estoy!
¡Excelente!
¡Bien, señor brujo, ya verás
quién en peligro ahora se siente!
Si domino este truco de veras, ¡me libero ahora de los desvelos!
¡Tan sólo el gorro invisible asiente, me ponga al revés sobre el pelo!
¡Vengan, esclavos, desen prisa! ¡Vengan, confío en su esmero!
¡Quiero que hallen a esa Liudmila! ¡Corriendo! ¿Me oyen? ¡Así lo quiero!
¡Si conmigo han pensado bromear,
con esta barba los he de estrangular!
Aquí estoy yo, sin gorro. ¡Eh, tontos! ¿Quién me toca?
¿Quieres medir fuerzas conmigo?
¡Te haré pasar hambre de castigo!
¡No la encontrarán ni en un año!
¡Ah! ¡Mi gorro me ha hecho daño!
Busqué en el jardín, por todos lados, A lo largo del torrente y del lago.
En la glorieta no está su rastro.
¡La princesa se fue hace rato!
Se nota en los campos, noche entrante;
el viento sube en marejadas.
Es tarde, oh, joven caminante,
acude ya a nuestra morada.
Aquí la noche es plácida, calmante,
de día hay festín ruidoso.
Ven al llamado amistoso.
¡Acude, oh, joven caminante!
Aquí hallarás bellas deslumbrantes,
sus tiernas palabras y suaves besos;
Ven al secreto embeleso.
¡Acude, oh, joven caminante!
¿Quién te vino, campo, a sembrar de tanto hueso y tantos despojos?
¡Eh! ¡Ya veo que puedes respirar!
¡Despierta! ¿Oyes cabeza con piojos?
¡Oye, largo de aquí!
¡Es de noche y quiero dormir!
¿Para qué me molestas? ¡Me intrigas!
¡Te pido que, si puedes, me digas!
¿Cómo hallar, entre bosques el camino al castillo de Chernomor?
¿Con él invicto quieres combatir?
¡Hay de ti! ¡Tu fuerza no alcanzará!
Porque Chernomor es invencible.
Como a una mosca te aplastará.
Apenas te mantienes en la montura esa.
¡Cállate, hueca cabeza!
¡Aunque he venido calmo y manso, mal te verás si me abalanzo!
¡Oh, si estás inflamado de ira
A ver, tócame, inténtalo. Mira...
¡Cuidado! ¡Pues dañas tu fina tez!
¡Valor, oh, grande, oh, paladín! ¡Siquiera golpéame con el revés,
antes que expire ese rocín!
¡Basta paladín, que has vencido! Tu férrea mano me ha convencido.
Te estaba probando: Eres quien hace años estaba esperando.
¡Escucha héroe cual ha sido mi suerte!
¡También yo fui un paladín fuerte!
Pero el destino me envió a un traidor,
un rival, a mi hermano menor.
Ese es Chernomor, un mago taimado,
barbudo enano engendrado.
Desde la infancia me odiaba,
Mi notable estatura le agraviaba.
Cierta noche, sin que ruido metiera,
se me acercó y, como una fiera,
con la espada me llegó a decapitar.
Pero, mantuvo mi cabeza viva,
una espada mágica me hizo cuidar.
¡Viviré, mientras desquite no reciba!
Héroe, cuidado por la suerte, adiós.
Toma mi espada y vete con Dios.
Pero, recuerda, por doquier, ¡En la barba del enano está su poder!
Con la espada la has de cortar, para con su fuerza acabar.
Confío en que tu consejo influya,
y la espada al malvado destruya.
Fin de la primera parte
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